0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 73 vistas 31 páginas Cuadernos Historia 16
El documento aborda la historia de los judíos en España medieval, desde su llegada en la Era Cristiana hasta su convivencia y eventual expulsión. Se destaca la evolución de su situación social y económica, así como su integración en la vida cultural y administrativa bajo el dominio musulmán. A lo largo de los siglos, los judíos experimentaron tanto tolerancia como persecución, reflejando las complejas dinámicas de la sociedad española de la época.
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HUNAN
historia 16
Judios en la Espafia medievalCUADERNOS
historia 16
1: Los Fenicios » 2: La Guerra Civil espafola © 3: La Enciclopedia * 4: El reino nazari de Gra
rad » 5: Flandes contra Felipe il" 6: Micenas » 7: La Mesta "8 La Desamorizacion » 8: La
Reforma protestante "10: Espafa y Ia OTAN » 11: Los orlgenes de Cataluha "12: Roma co
tra Cartago "13: La Espafe de Alfonso X » 1: Esparta "15: La Revolucion usa 16: Li
Mayas 17. Le peste negra » 18: El nacimiento del castollano » 18: Prusia y Ios origenes de
Alemanie = 20: Los coltas en Espahe 21: El nacimianto del Islam + 22: La ll Republica Espa-
fla” 23: Los Sumerios * 24: Los comuneros 25: Los Omeyas » 26: Numancia contra
Roma 27: Los Aztecas » 28: Economia y sociedad en la Espana del siglo XVII» 29: Los
‘Abbasies » 30: El desastre del 98» 31, Alejandro Magno » 32: La conquista de México » 33: 61
‘34: El boom econémico espafol » ‘Mundial (1) 36: La
2)» 37: EI Mercado Comin © 38:
: Tartesos 41: La diegr
‘lento de Italia » 44: Arte y cultura de la llustracion espatio _
na de Aragon en el Mediterrineo 4: El nacimiento del Estado de Isracl » #8: Las Germs
fis © 4: Los incas " 50: La Guerra Fria » 1: Las Cortes Mediovales » 62: La conquista
Pert ° 3: Jaime ly su 6poce * S8: Los Etruscos "55: La Revolucion Mexicana 6: La cultu
‘epafola del Siglo de Oro 57: Hitlor al poder » 58: Las guorras cantabras 63: Los origenes
{del monacato » 60: Antonio Pérez » 61: Los Hittas » 62: Don Juan Manuel y su époce » 63: Si-
| mn Bolivar » 64: La ragencia de Maria Cristina ” 65: La Segunde Guerra Mundial (1) » 66: La
Segunda Guerra Mundial (2) » 67: La Segunda Guerra Mundial ly 3) » 68 Las herejias medie-
vales " 69: Economia y sociedad en la Espana del siglo XVIII = 70: Elreinado ds Alfonso Xil~
71: El nacimiento de Andalucia 72: Los Olmecas » 73: La caida del Imperio Romano " 74:
medievales "72: Arte y cultu
Conquista de Canarias » 80: La religion romana «81: El Estado espatiol en
2: El «crack» del 29 » &: La conquista de Toledo » 84: La sociedad colonal en América
Latina "85: E1 Camino de Santiago "96: La Guerra de los Treinta Aios "87: El nacionalismo
Catalin » 68: Las conferancias de paz y la creacion de le ONU » 89: El Trienio Liberal » 90: El
Sospertar de Africa "91: El nacionalismo vasco 82: La Espafa del Greco » SL
40 remensa » 94: La Independencia del mundo arabe » 95: La Espana de Recarsdo » 8:
‘de Carlos V » 96: El Tercer Mundo ¥ #! pr
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Depa aga M4 596, — 1985
mm mmIndice
LOS JUDIOS EN ESPANA
Judios y juderias
Por José Luis Lacave 4
Profesor de Historie Meciova.
Universidad Complutense de Madrid
De la convivencia a la expulsion
Por Julio Valdeén 16
CCatedtico de Historia Madioval
Universisod de Velladol
Vida cotidiana
Por Juan G. Atienza 2
Escritor
Las aljamas espafiolas,
Cronologia
Bibliografia
28B
108 sUD05 EN ESPARA. 3
aPor José Luis Lacave
Profesor de Historia Medieval. Universidad Complutense de Madrid
(CUANDO legaron los jusios a Espana? La
Tesouesta a esta pregunta ha sido
motivo de polémica desde la misma Edad
Media. Diversas y variadas argumentaciones
sostienen la alla antigledad de las comuni-
Gades judias en la Peninsula lbérica. Ahora
bien, si nos atenemos a datos fables, fun-
damentalmente de cardcter epigratico, hemos
de situar en los alrededores del comienzo de la
Era Cristiana la llegada de judios en nimero
4 108 suotos en EsPan
suticlente para_constituir comunidades bien
diferenciadas, Esos datos indican como muy
probable una entrada masiva de judios en His-
ania con motivo de la gran diéspora que tuo
lugar tras la destruccién de Jerusalén por el
futuro emperador Tito en el afo 70 d. de C.
De todos modos, parece claro que para el
siglo IV la poblacién juda era ya muy nu:
merosa_en la Peninsula Ibérica y las” islas
Baleares. Lo revela la creocupacién de losobispos reunidos en el Concilio de Illiberis
celebrado en los primeros afos de esa cen
turla: su interés en separar a cristianos y
judios @ impedir el proselitismo de estos. ui
timos demuestra la convivencia entre ambas
Poblaciones. Igualmente, la carta del obispo
menorquin Severo, escrita un siglo més tarde,
en el afio 418, pone de manifiesio que la
poblacién judia' se hallaba_plenamente inte
{grada en la vida hispanorromana:
Incrir 00 sinagoga do Santa ara sBtore, en Toledo
(quarts, arial Judes spares, segdn deat ge rbio
‘dl acire Bars an i cota de Toragone uct,
tno) Fords oe Deutwanor9, de un manson
abi opal dl i Xi a). Boeri de see
8 Aareds, Sons (Seechel
Durante el perfodo arriano de la dominacién
visigoda, los judios se beneticiaron de cierta
Tolerancia. Algunas leyes del Cédigo Teodo-
siano, discriminatorias’ para ellos, se inclu-
yeron’ en el Breviario de Alarico, pero puede
decirse que, en general, si vida’ discurria por
‘cauces trangullos. Su base de subsistencia, lo
mismo que para visigodos e hispanorromanos,
era, sin duda, la tierra, que cultivaban por si
mismos © con ayuda ‘de esclavos. Algunosdesempefiaban el papel de administradores de
haclendas propiedad de cristianos. De los
documentos existentes se deduce que hab
aban sobre todo en los nucleos culturalmente
mas avanzados: la capital, Toledo, y las 'e-
giones meridionales y orientales de la Penin-
Sula, especialmente la costa mediterranea, sin
olvidar las islas Baleares o cludades de fuerte
raigambre romana como Mérida. Sabemos
también que observaban los preceptos fun:
damentales del judaismo: la circuncisién, el
sébado y las fiestas, las leyes alimenticias y
las relativas al matrimonio y los esclavos.
Con la conversién de Recaredo al catolicis-
mo, la situacién de los jucios cambia radical-
mente; los monarcas visigodos comienzan a
Perseguirlos segun era usual entonces en todo
el orbe caldlico. Sisebuto sera el gran impulsor
de la politica antiudia y a partir de su reinado
¥-a tod lo largo del siglo VII proseguira esta
legislaci6n no ya discriminatoria, sino -hostil
que culmina en el afto 694, durante el reinado
de Egica, reduciendo a la esclavitud toda la
poblacién judia y confiscando sus bienes
Convivencia judeo-drabe
Ante este panorama, no es de extranar que
los judios recibieran alborozados la llegada de
los arabes ni que éstos, pocos en numero,
utiizaran a aquélios en ia guarda de los Iu:
gares fortficados de las cludades conquis
{adas, tales como Sevilla, Granada, Oérdoba y
Toledo, segin recogen tradiciones posteriores.
En otros pases conquisiados por los ‘musul:
manes también se establecieron colonias de
mercaderes judios junto a las guarniciones
militares “arabes.
En realidad son muy escasos los datos que
tenemos acerca de la vida judia en Al-Andalus
antes del siglo X. En general, los judios se
edicaban al comercio y a la artesania de
pieles, cueros, telas y Joyas y residian junto a
las murallas, en las zonas fortficadas de las
‘cludades. Al principio los musulmanes no per:
mitieron que la comunidad judia de Cérdoba
creciera, pero en la segunda mitad de! siglo X
se habia convertido en la mayor y mas rele
vante juderia de Al-Andalus, tanto por su
numero como por su nivel cultural y social, En
el siglo IX se tenia a Lucena por una ciudad
judia_y en el siglo X competia en cultura ra-
binica con la capital de los califas. También
Sevilla contaba con una juderia importante y
nuttida, A Granada, como a Tarragona, la
designaban los gedgratos arabes de los siglos
X al XII con el apelativo de ciudad judla. Apar-
te de las citadas, en el sur tenian también
luderia de cierto relieve Almeria, Jaén y Cal
Sena, y mds al oeste, Mérida y Baja, esta ul-
tima en Portugal
Al norte, Toledo conservaba una abundante
Poblacién judia, como pone de manifiesto su
6 105 2000s EW ESPANA
amplio barrio, que en Io esencial se mantuvo
sin cambios al pasar la ciudad a manos cris
tianas. En lo que luego seria Aragon son de
destacar las juderias de Zaragoza y Catalayud
y, dentro del valle del Ebro, parece también
importante la de Tudela, aunque no tenemos
de ella datos anteriores a siglo XI. En la parte
oriental de la Peninsula, con una densidad de
oblacién judia comparabe a la de Andalucia,
las de mayor relieve eran en esta época Bar’
elona, que pronto pasaria a manos eristianas,
‘Tarragona, como ya hemos dicho, y Tortosa
Los arabes no quisieron trastrocar el orden
‘social existente antes de la conquista, Los
judios, como los cristianos, gozaron de au-
fonomia nacional y religiosa.’ Las tribus musul-
manas que llegaban de Oriente no se amol
aban con facilidad a las normas de la vida
ciudadana, y los gobernantes, faltos de hom-
bres aptos ‘entre los suvos, precisaban fun.
cionarios judios. Asi éslos’ acuparon cargos
diversos en la Corte del califa cordobés y en la
administracién de! Estado, como ocurria tam:
bién en el califato de Bacdad. Desde el punto
de vista de la religién, la situacion de los
Judios transcurrié sin dificultades durante toda
esta época e incluso parece que Al-Andalus
as a ser un refugio zara ios adeptos al
Judafsmo.
Por los sigios Vil al X, el Talmud se impuso
netamente en el mundo tebraico unificando et
judaismo de Occidente cor el de Oriente, pero
al mismo tiempo las comunidades occideniales
‘se fueron haciendo cada vez mas auténomas
Independientes. Al desplonarse el mundo an
tiguo, surgi claramente el problema de la
relacion de los judios con la sociedad y el Es-
tado no judo. En tanto se conservaran vivos el
ideal mesianico y la esperanza de la reden
cién, no podia cesar del todo una cierta sen-
ssacién de antagonismo ertre el pueblo hebreo
y el poder dominante. Pe'o en la practica los
Judios comenzaron a dar sefales de adaptarse
ala vida de los paises de la Diaspora,
Los cristianos, siguiendo las ensehanzas de
San Agustin, someiieron a los judios a la si-
tuacién juridica de servi regis. Los musulmanes
No tenian conciencia de un principio tan ex-
plicito como éste, pero en la practica actuaban
como si lo tuvieran; sus principes utlizaban a
los judios para sus fines personales, lo que a
SU vez abrié a éstos las pvertas de la sociedad
musulmana y les permitié alcanzar posiciones
econdmicas y sociales de relieve, llegando in
cluso a la categoria de cortesanos del califa. A
4 vez, los judios velan este desarrollo con muy
buenos ojos. La posicion del cortesano judio se
consideraba un don de Dies; era éste como un
enviado de la Divina Providencia para defender
2 SU pueblo en tiempos ce afliccién,
Uno de estos cortesanos judios es Hasday
ibn Saprut, la_primera personalidad _hispa
‘nojudia cuya vida y obta conocemos con
detalle. Parece que fundamentalmente fueToledo ene so X ini dl cic Eiarancs, Bore de E Escort
médico de la Corte de Abd-ar-Rahman Ill. Bien
versado en lenguas, sirvié también al califa
como diplomatico en sus negociaciones con
los reinos cristianos y de ese modo tuvo cierta
influencia en la politica exterior del califato.
Desempené un papel primordial en los pactos
de Abd-ar-Rahmén con el rey de Leén Sancho
el Gordo y la abuela de éste, dofia Toda de
Navarra y fue también el encargado de recibir
fen Cérdoba al emisario del emperador Otén I,
acontecimientos celebrados en encendidos
versos por los poetas hebreos que gozaban del
Mmecenazgo de Hasday: Dunas ben Labrat y
Menahem ben Saruq. Parece que también tuvo
a su cargo ciertas fases de la administracion
financiera del califato, de modo especial la
recaudacién de los impuestos portuarios y
aduaneros.
Hasday ibn Saprut sirvié de modelo a los
umerosos hombres de Estado judios que
florecieron en Espafa durante los cinco siglos,
siguientes. Su triple faceta de médico,
plomatico y financiero la veremos abundan-
Temente repetida entre los judios que desem-
pefiaron cargos de relieve en los reinos cris-
tianos. La tradicién asocia al nombre de Has-
day y a su tiempo el establecimiento de nuevos
centras de ensenanza de le ley |udia indepen
dientes del Oriente y los inisios de la literatura
hebrea en Espana.
En poco tiempo, la brillantez alcanzada por
los hispano-judios én el saber rabinico acabaria
haciendo de Al-Andalus el centro de! pueblo
judio y Su guia espiritual, posicion hasta enton-
ces ocupada por Babllonia. La pléyade de
ostas, graméticos, filbsofes y cientificos que
2 partir de este momento se sucedieron entre
los judios espafoles elev6 ¢ muy allas cotas la
cultura judia y la literatura hebraico-espafola,
hasta el punto de conocerse el periodo que en:
tonces se iniciaba como la Edad de Oro de la
literatura hebrea postbiblica. Todo ello tue
posible por el bienestar que gozaron fos judios
en Al-Andalus, como luego en los reinos cris:
tianos, al menos hasta el siglo Xill, y por su
estrecho contacto con. la alta clvllzacion
rade, en cuya cultura vivieron inmersos.
‘Al poco de comenzar el siglo XI, el poderoso
califato de Cérdoba estallé hecho pedazos,
dando lugar a los reinos de tallas. Acerca de
la vida de los judios en esta época, tenemos
bastantes datos del reino de Granada y menosrca de Grane
del_de Zaragoza. De modo general se con:
sidera que los principes de pura sangre arabe
algjaron a los judios de sus dominios mientras
‘que los beréberes y eslavos, carentes de cul-
tura, Ios atrajeron. Pero no fue la etnia ri la
cultura el factor mas importante a la hora de
acoger a los judios. El trato que éstos reci-
bieron vari a tenor de las estructuras poll.
ticas. Alla donde el rey se convirtié en un
Qodernante absoluto sobre una poblacién no
Precisamente amistosa, los judios pasaban a
‘Ser el apoyo fiel, necesario para segurar o|
régimen. Algunas’ ciudades de los reinos de
laifas fueron auténticos focos de la cultura
hhebrea y bastantes judios aleanzaron puestos
prominentes en la Corte de aquellos reyes,
En los reinos de taifas
El mas importante de los hombres de Estado
judios de aquella época fue Semuel ha-Naguid
Visir de los reyes granadinos, fue a la vez
godernante, caudilo militar, erudito rabinico y
uno de los mas grandes’ postas hebraico:
espafioles. Precisamente sus propios poemas
1 105 JUoIos ew ESPARA,
son Ia fuente principal pata el conocimiento de
‘su vida. Durante treinta affos y medio de conti-
‘huas guerras, condujo rersonalmente la po-
litica interior y exterior dal reino de Granada
No pocos de sus actos tuvieron como movil
fundamental la detensa del pueblo judio y esta
fue en ocasiones la causa de las guerras con
Almeria 0 Sevilla. Pero todo el mundo podia
ver que un judio era el verdadero gobernante:
de Granada y los musuimanes ortodoxos tenian
Clavada esa espina. A su Tuerte, su hijo Yoset
ha-Naguid neredd ‘el cargo de visir y durante
Giez afios pudo mantenerse en el poder. Pero
el afio 1066, Yosef fue asesinado y con é
‘murieron muchos judios por todo el reino, Sin
embargo, no pasaron muchos aflos sin que los
Judios desempeiasen de ruevo altos cargos en
Granada.
En los demas reinos Je talfas las condi
clones de vida de los judios no eran muy
iferentes, aunque sin llegar a la preponderan
cla que tuvieron en Granada. En e! siglo XI la
mayoria de las cludades se relieve de la Es:
aa musulmana tenian juseria, Muchos judios
‘se hicieron entonces expertos en la politica y
la administracién piblica, aunque las masasEntrada dean ac de bari judo oe Toteo
seguian ganandose Ia vida con el cultivo de la
tierra, la artesania y el pequerio comercio. Los
magnates judios de esta época, como luego
Jos. de los teinos cristianos, eran grandes
terratenientes y financieros y también hombres
cultos que, como los musulmanes a quienes
emulaban, ‘protegian a postas y eruditos ra-
binicos como auténticos mecenas. Por otra
parle, estos hombres ricos e instruidos con in-
fluencia en la Corte, que constituian un pe
‘quero grupo dentro de a numerosa poblacién
judia, tenfan en sus manos el gobierno interno
de su comunidad. Eran ellos quienes dictaban
la ley en las juderias y quienes decigian lo que
se podia 0 no se podia hacer, incluso en
materia religiosa
‘La poesia hispano-hebrea, nuestra principal
fuente para la época, refleja Tundamentalmente
la vida de las clases superiores judias, la gente
de ciudad y los cortesanos, que gozaban de
los placeres de este mundo —el vino, las
mujeres, los palacios y jardines—, de las
letras y las ciencias. La religiosidad tradicional
de los judios vivia en armonia con la cultura
profana. Los jovenes de estas familias, junto al
Talmud y la gramatica hebrea, estudiaban
Inzenogaroro do un jc on un rab anino
Iitaeed oe Bolas Avtar, Zarag
postica, llosotia, medicina, astronomia, et-
étera,' Es en esta época también cuando la
ambicién poltica, la pasiér erdtica y el deseo
de un conocimiento racionalista calaron
profundamente en la comunidad judia, dando
lugar @ un estilo de vida radicalmente’distinto
al de los judios askenazies.
Todo esto pudo suceder gracias a la ne-
gligencia y laxitud religiosa y moral de los
‘gobernantes musuimanes de entonces. Pero la
Situacion de los judios en Al-Andalus cambio
totalmente con la llegada ce los almorévides y
luego de ios almohades. E fanatismo religioso
de los nuevos invasores hizo dificil su vida en
‘aquellos reinos y muchos \udios escogieron el
‘camino de la hulda hacia el norte cristiano. El
‘centro de la vida judia pasaria asi a los reinos
de Castilla y Aragon.
Los reinos cristianos
Mientras en la Espafia rrusulmana los judios
alcanzaban el grado de bievestar y cultura que
hhemos visto, en los pequerios principados cris-
tianos del norte existian unas cuantas juderiasdispersas, y por lo general pequefias, de las
‘que poseemos muy pocos datos, La principal
era de Barcelona, de la que tenemos noticias
ya desde el siglo IX. A partir de fines del si-
‘lo X abundan ios documentos que nos hablan de
ropiedades de los judios en los alrededores de
Barcelona y en todo lo que habia sido la Marca
Hispénica. Anotemos de paso que el nombre
de una cludad dei Ampurdan, Vilajuiga, parece
aludir @ una fundacion judia 0, al menos, a que
Ja mayoria de sus habitantes éran judios.
Del primitive Aragén y de Navarra hay
menos datos. Algunos documentos del siglo XI
hacen referencia a judios en Jaca, Pamplona,
Estella, Ruesta y Montclis. Najera, a caballo
entre Gastilla y Navarra, contaba con una im:
Portante juderia en ese siglo, En el condado de
Castila habla ya judios a fines del siglo x,
siendo Castrojeriz la _poblacion de la qué
tenemos ‘mas datos. En esa misma centuria
era ya importante la juderia de Leén, y son
relativamente abundantes los documentos que
an testimonio de la propiedad judia de tierras
en el reino, especialmente cerca de la capital
Mucho mas escasos fueron siempre los judios
fen Galicia, de donde sabemos que en el si
glo XI algunos vivian en los alrededores del
Monasterio de Celanova, En lo que luego tue
Portugal destaca Coimbra: su juderia esta
documentada ya desde el sigio X
En esta época la base de subsistencia de los.
judios era la tierra; ellos mismos cultivaban sus
‘campos, aunque ya despuntaba una clerla ten=
dencia a los oficios urbanos y al incipiente
Comercio. Los documentos nos hablan de vez
fen cuando de judios sastres, zapateros,
plateros y orfebres y también de judios de
Gicados al comercio de la seda o €! lino. Por 1o
general gozaban de igualdad de derechos con
los cristianos; pero su situacién juricioa no era
exactamente la de hombres libres, pues tenian
luna especial dependencia del rey, ‘cercana a la
servidumbre. Prueba de ello es que el conde
de Barcelona heredé los bienes de los judios
muertos cuando Almanzor tomé la ciudad y
ue la multa que se imponia por herir a un
Judio no se pagaba a la familia de éste, sino al
Monarca. Los derechos de los judlos' se es:
tablecian por medio de privilegios que el rey
otorgaba a las aljamas,
En todas partes se consideraba a los judios,
como una propiedad real y como tal eran
protegides de los reyes y sefiores; cuando
fallaba esa proteccién, estaban expuestos a
todos los peligros. De vez en cuando surgla al-
guna ley u ordenanza discriminatoria contra
ellos, pero en la practica no se sentian moles-
tados.
La politica judia de la Reconquista
Hasta mediados del siglo XI, los reyes cris-
tianos se contentaron con sacar provecho de
las luchas fratricidas de ios diversos Estados
Musuimanes. Pero a parir de entonces co
menzaron a descender hacia el sur con de-
idide propésito de conquista, Aunque al prin:
cipio la lucha tuvo la fiereza propia de una
Querra de ‘religion, especiamente cuando inter
Venian cabalieros’europeos, acostumbrados a
los excesos antijuridicos, pronto se impuso una
politica mas realista,
Las guerras continuas dejaban _amplios.
territorios devastados que los reyes conquis:
tadores necesitaban reposlar con la mayor
rapidez posible. A fin de atraer pobladores, os
monarcas no hacian distngos en cuanto al
caracter de éstos y la generosidad fiscal y la
‘gualdad juridica que una operacién de este
tipo conllevaba solia atraer a los judios, es
pecialmente a los miles de ellos que hulan de
los almoravides, primero, y de los almohades,
después. Era necesatio, ‘ademés, promover ei
comercio en las ciudades y organizar la ad:
Iministracién de los territorios conauistados. La
sociedad cristiana estaba ‘ormada fundamen
talmente por guerreros y campesinos, sin ex:
eriencia ni gusto alguno ror la vida ‘adminis
trativa 0 el comercio, mientras los judios. sf
tenian experiencia en’ esos campos, con el
faditamento de que conocian los nuevos’ te-
Fritorios y_ vivian ya en las. ciudades recien
tomadas. Ademas, habiaban arabe y resultaba
Natural utlizarlos’ como intérpretes y_ dlp:
maticos.
‘A mayor abundamiento, el influjo de Ia alta
cvilizacién arabe Impulsaba a los reyes cris
tianos @ imitar ta poltica de los reinos de
taifas, donde los judios habian ocupado los
mas Variados puesios en la administracién eo-
latal. En los Estados musumanes el prestigio.
Que irradiaba el destacar en el cultivo de las
Ciencias 0 las letras servia a la vez para as
cender a cargos de influencia y poder en ia
Corte y ios judios se habian dedicado con es-
mero y brillantez a aquellos menesteres. Ahora
‘curria lo mismo en la Corte de los reyes cris
tianos.
Por Jitimo, entre los crislianos de los siglos
XI a Xil, sobre todo en Casilla, apenas existia
la figura’ de lo que hoy llamemos un financiero.
‘Aqui los judios acaudalados tenan un ancho
‘campo para explotar su talento. Adelantaban a
los reyes, obispos y nobles las sumas que
Precisaban para la guerra o para las nece
Sidades de su casa, con lo que a la ver que
aseguraban su posiciin econmica y politica
Se hacian imprescindibles er la conduccién del
Estado,
Esta politica trajo como consecuencia una
situacion de general tranqulidad y_bienestar
para los judios en la Espafa cristiana, es
ecialmente favorable si la comparamos con lo
Que por entonces ocurria en toda Europa. Ni
qué decir tiene que la inmigracién judia tue
frecuente en los diversos reinos peninsulares.
Los judios se establecian en las ciudades bajo
eela proteccién det rey, o del seffor local, o de un
monasterio, y en’ condiciones fijadas por
egociaciones. colectivas 0 individuales. Era
Corriente su avecindamiento en ios castilios, y
cuando se fundaban nuevas ciudades se ies
asignaban solares para la construccién de sus
viviendas y tiendas.
El rey a veces concedia a algunos nobles,
obispos 0 abades e| especialisimo derecho dé
tener judios. Mas, por lo general, se consi-
deraba a ésios propiedad personal del monar:
ca. Semejante concepto, derivado de las en
seflanzas de los Padres de la Iglesia, se
define explicitamente en el fuero de Teruel
Los judios son siervos de! rey y pertenecen ai
tesoro real. Los fueros y cartas-pueblas de la
6poca por io comin se orientaban sobre el ee
de la igualdad de derechos para cristianos,
judios y musulmanes; ahora bien, esa igualdad
se referfa a la comunidad judia en general, no
a los individuos en particular, y en la practica
‘s6lo se aplicaba al Derecho Civil, no al Penal;
¥y desde luego la igualdad polttico-social sélo se
hacia efectiva en casos extraordinarios, es-
ecialmente con los magnates judios, La
‘comunidad judia, la aljama, eva una entidad
politica separada; pagaba al tesoro real sus
corny
Imouestos especiales y gozaba de autonomia
‘administrativa y judicial. Un oficial del Estado
tenia a su cargo todo lo referente a ella,
Los judios “de talento y de mayor poder
econémico aprovecharon a poliiica de la
Reconquista para escalar los més altos puestos
de la administracién estatal y convertitse en
cortesanos del rey. En sus manos estaba con
frecuencia la recaudacion ce los impuestos y
fen general lo que hoy llamariamos Hacienda
Pabiica. Solian acceder a le Corte y al poder
por su pericia en las laboras administrativas;
por su conocimiento de las lenguas, que ios
hacia ttiles en la diplomacie; por su cultivo de
la medicina y ta astronomia, que les facilitaba
la amistad y a veces incluso la intimidad con la
familia real, lo que les permitia influir en la
politica general; y sobre todo por su labor de
financieros.
De este modo surgieron en los diferentes
reinos cristianos una serie de hombres de Es-
tado judios, que en Castilla se sucedieron has-
ta el momento mismo de la expulsion y en
Aragén hasta finalizar el siglo Xill, con algin
aso posterior. Destaquemos entre ellos a
Yoset ion Ferruzel, llamado Cidiello, Yehuda
bn Ezra, Semuel’ ibn Sosén, Isnac de la
Les JUDIOS EN ESPANA 11Maleha, Abraham el Barchilén, Jugaf de Ecija,
Semuel Levi, Meir Alguadex, Abraham Ben:
veniste, Abraham Seneor e Ishac Abravanel en
Castilla; y a Eleazar, Yehuda de la Caballeria,
Mosé Alconstantini, Yose! Ravaya y Hasday
Crescas en Aragén; en Navarra el mas notable
fue Yosef Orabuena.
Estos magnates y sus familias tenian una
cconsideracién similar a los nobles y su com
Porlamiento era también parejo. Terratenientes
‘con propiedades muchas veces donadas por
los reyes en pago a los servicios prestados,
gozaban de inmunitas, estaban exentos de
agar impuestos y conseguian privilegios es.
Peciales incluso dentro de las juderias, en su
Vida interna, que ellos gobernaban a su antojo,
Formaban una verdadera aristocracia judia. Ai
tiempo usaban su ascendencia en la Corte para
que as leyes fueran favorables a los judios y
las juderias dependian en buena medida de su
suerte. La mayoria de su pueblo vela con
agrado su posicién y su actuacién reconocién-
doles un origen davidico, el mayor tinte de
honor para un judfo; hasta la segunda mitad
del siglo XIII nadie les discuti6, aunque su vida
no guardase mucha relacién con los preceptos
de [a ley judia.
A fines del siglo XIII
Al finalizar el siglo XIII, la poltica de ta
Reconquista estaba en trance de liquidacién;
ya [Link] de esa centuria puede darse
Por concluido el proceso historico-politico
Mediante el cual los judios pasaron de vivir
bajo una dominacién musulmana a otra cris:
tiana. Conviene, pues, examinar la vida de los
judios entonces.
En Castila la juderia més grande, no s6lo en
ndmero, sino también en importancia eco-
némica 'y cultural, era Toledo, a distancia do
las demas. En Andalucia destacaban Sevilla,
Cordoba, Jerez y Jaén, que entonces comen:
zaban @ rehacerse y engrandecerse. En Ex.
‘tremadura,” Caceres, Plasencia y Badajoz. En
el norte, Burgos, y entre ésta y Toledo habie
tuna serie de juderlas de similar tamano e im
portancia: Palencia, Sahagun, —Villadiego,
‘Carrion de los Condes, Valladolid, Medina dei
Campo, Pehafiel, Avila, Segovia, Soria, Me-
dinaceli, Guadalajara, Cuenca, Huete y Ta:
lavera, Al oeste habia pocos judlos, siendo de
mencién Le6n, Salamanca y Zamora. Fuera
do éstas, habla otras menores (Haro, Miranda
de Ebro, Vitoria, Ayilon, Maqueda, Ocaha, et
cétera). En el siglo XIV se incrementaron las
juderias rurales, sobre todo en Andalucia y Ex
‘remadura:
En Navarra habia_tres juderias grandes.
Tudela, Pamplona y Estella: luego, otras mas
pequefias, como Oiite, Tafalia, Peralta, Puente
la Reina, etcétera. En Aragon y Catalufa,
Zaragoza y Barcelona desempefiaban un pape
similar a Toledo en Castila. Dentro de Aragon
gran también notables Calatayud, Huesca,
Teruel, Jaca, Monzén, Barbastro, Daroca,
Tarazona y Aicafiz. En’ Catalufia. descollaban
asimismo Gerona, Perpignan, Lérida, Tar
gona y Tortosa y, en el sigio XIV, también
florecieron Vich, Manresa, Cervera, Tarrega,
Santa Coloma de Queralt, Montbianch y Be:
sald, entre otras. En el reino de Valencia des-
tacaba la capital, Valencie, y junto a ella, Cas
tellén de la Plana, Jétiva y Murviedro o Sagun
{o. Finalmente hemos de citar la juderia de
Mallorca, de gran esplencor econémico y cul:
tural en él sigio XIV, y Murcia.
Por regia general, pcblaban las _juderas,
medianas y pequefias humildes artesanos y
Pequefios ‘comerciantes. Oficios habituales
eran los de sastre, zapatero, joyero, herrero,
pellejero, guarnicionero, alfarero + tintorero.
Junto a’ ellos, los tenderos, propietarlos de
tienducas como las que hoy todavia pueden
verse en los paises arabes y donde se comer-
Claba principalmente con telas y pafos. Solia
haber, asimismo, en todas las juderias aigunos
adinerados e intelectuales, més numerosos en
las llamas grandes, sin que faltaran los
médicos y algunos rabinos y estudiosos de la
Tora 0 ley judia, estos titimos generalmente
mantenidos por ‘la_comunidad. Todos ellos,
siempre que podian, ademas de ejercer su
oficio procuraban adquirir algin terreno, sobre
todo vias, que por lo comun ellos mismos
labraban y culdaban,
No siempre vivian agrupados, pero en esta
6poca el barrio judio solla estar en el centro de
la ciudad, junto al castillo del seftor del lugar
y, alli donde habia catedral, alrededor 0 no
Iejos de ella. En las juderias medianas y
Pequefias no era frecuenie que ios judios se
dedicaran al préstamo, aunque siempre habla
alguno que daba dinero a crédito para comprar
‘grano u otras mercanclas. Desde luego, los
‘grandes prestamistas y los grandes financieros
¥ arrendadores de impuestos estaban en las
‘grandes aljamas como Toedo, Zaragoza, Bar
celona 0 Burgos.
La aljama
La institucién juridica que agrupaba a todos
los judios de un lugar y regia la vida interna de
la juderla recibia el noribre de aljama (en
hebreo: cahal), equivalents al de municipio en
tre los cristianos. Al frente de la aljama, en
Castila, estaban’ los ancianos (viejos, suelen
ecir Ios documentos), los adelantados, que en
hebreo se llamban muccademin, y los’ jueces,
en hebreo, dayyanim, Los ancianos y los
adelantados eran’ individuos pertenecientes a
familias distinguidas y on sus manos estaba la
administracion de la aljama, la gestion de los
impuestos y a veces también la administracién
de la justicia. Por su parte el dayydn o juez era
lun cargo politico decisoria, equivalente al al:
calde en el municipio. No se le exigla ser
erepprecisamente muy entendido en las _leyes
rabinicas, pero estaba obligado a asesorarse
on los tabinos para dictar sentencia. Con lo
dicho se entiende naturalmente que las
‘querellas entre judlos se dirimian por sus
tribunales propios y sus leyes propias, es
ecir, las talmidicas, aunque quien se ‘con:
siderase perjudicado tenia derecho de apelar al
tribunal real
Los rabinos, aunque no formaban parte de
los dirigentes de la aljama en sentido estricto,
estaban autorizados a tomar cuantas medidas
ccreyesen oportunas, incluso las més drdsticas,
ara mantener la’ disciplina religiosay la
moralidad de la comunidad, y su influencia
sobre sus convecinos era, desde iuego, muy
grande, Citemos también como cargos mas 0
menos ‘fijos el bedin, una especie de policia de
la aljama, los servidores de la sinagoga y el
sohet o matarife
Por encima de las allamas estaba el rab
mayor, cargo que instauré Alfonso el Sabio y
que tena autoridad sobre todos los judios del
feino; sus funciones s2 relacionaban con la
justicia y con el reparto de impuestos entre al:
Jama y aljama. A partir del sigio XIV son cada
vez més frecuentes las asambleas de te
ppresentantes de todas las aljamas del reino de
Castilla, que en el siglo XV se convirlieron en
tuna institucién fija para el ordenamiento de los
intereses comunes de la poblacion judla, tanto
respecto a los imouestos como a los asuntos
judiciales 0 cualquier otro asunto grande o
equerio, religioso 0 poitico
En Aragén y Cataluna la organizacién interna
de las aljamas era mas compleja y mas
evolucionada. No habia [Link]
‘como en Castilla y cada aljama era totalmente
auténoma y se preciaba de serio. En el modo
de regirse, los judios del reino aragonés es-
aban mucho mas apegados que los caste-
lianos a las leyes locales e imitaban con
frecuencia la manera de gobemarse de ios
municipios. Asi, la aljama de Barcelona tenia
al frente un Consejo de los Treinta, a imitacién
Jel Consejo de Ciento municipal.” Los cargos
ditigentes de la Comunidad recibian los nom
bres de adelantados, neemanim, secretarios,
berorim, claveros, lesoreros, tasadores, et!
cétera, cada uno con su funcién propia, por Io
‘general similar a las funciones que hemos des:
Cito para los dirigentes castellanos
La aljama vigilaba estrechamente el cum-
plimiento religioso de los habitantes de la
Juderia, asi como sus costumbres y su mo-
ralidad, y se encargaba de dictar el herem 6
anatema contra aque! miembro cuyo compor-
famiento se juzgata pemicioso para el con-
junto.
El herem suponia un terrible castigo, sobre
todo moral, para el que lo sutra: los ‘demas
judios estaban obligades a hacerie el vacio y
no era posible para 61 ningun tipo de vida en
‘comunidad ni desde el punto de vista religioso
14 Los JUD. ESPANA
nii_desde cualquier otro. La aljama perseguia
especialmente al malsin, un tipo especial de
delator, @ quien los ladies espanoles, por
privilegios otorgados por los reyes. podian in-
cluso condenar a muerte, cosa impensable en
otros paises,
La aljama cobraba sus propios impuestos,
casi siempre gravando la came y el vino, oF
denaba los precios del mercado de la juderia y
fen general viglaba su vida econémica. Tam
bién regulaba la construccién en el barrio
ludio, autorizaba la apertura de nuevas tiendas,
rohibla el juego de dads o el lujo, etcétera
También se preocupaba de la asistencia a los
poores y de la ensefianca en su primer nivel
Los hijos de los ricos aprendian con profesores
particulares y estudiaban Talmud, postica,
filosofia, medicina, astronomia y otras cien:
cias, Las academias talmidicas de ios grandes
Fabinos no estaban iégicamente destinadas a
proporcionar una educaciin popular.
En las juderias hispanes era general en esta
Spoca la monogamia, pero en los circulos in:
fluidos por la civiizacion musulmana se encon-
‘raban todavia individuos que tomaban dos es-
osas 0 tenian concubinas y esclavas. Por
todas partes habia también judios que no
hhacian mucho caso de las prescripciones
religiosas, bien por escepticismo, bien por
negligencia o ignorancia.
La sociedad judia estaba dividida en dos
clases sociales: un grupo formado por unas
cuantas familias, la aristocracia, y la masa de
humildes artesanos y tenderos. Aquellos tenian
el poder en las aljamas las gobernaban im-
poniendo su criterio, esteban muy influldos de
averroismo y su estilo oe vida, mas bien di
soluto, no era muy apropiado ‘para_un judio
desde’ el punto de vista de la religion, Hasta
entonces eslo no estaba mal visto por las
masas, pero en la segunca mitad del siglo XII
‘con el surgimiento de la Cabala, aparecieron
luna serie de reformadores religiosos y 80
ciales. En las juderlas espafiolas comenzaban
entonces las luchas sociales, que serian muy
intensas en 01 siglo XIV.
Declive y catastrofe
‘Aunque entre la comunidad cristina y la
judia, como tales comunidades, existia un cier-
to entrentamiento religioso de modo permanen-
te y una descontianza mutua, entre los indi-
viduos de una y otra grey eran frecuentes las
Felaciones amistosas. Se visitaban unos a otros
fen sus respectivas fiestas y se interesaban por
su liturgia y sus costumtres. €] médico judo
solia ser nombrado médice del municipio, entre
los burgueses de una y otra religién eran
habituales las relaciones profesionaies y per-
sonales, los comerciantes judios empleaban
trabajadores cristianos y jos artesanos. judios
tenian clientes jos cristianos. Al judio respelable, sus convecinos cristianos le daban el
titulo de Don (en catalén: En) o en su caso el
de Rabi. Por lo general, sobre todo en las
cludades pequefias, los judios no llevaban ves-
limentas especiales que les distinguieran; s6lo
en Cataluia vestian la capa redonda, una es-
pecie de sotana larga con capucha parecida a
la de los fralles. La sefal distintiva en la ropa,
por lo comin una ruedecita roja, que a veces
Imponian las leyes, se ocultaba con facilidad,
Desde Iuego los judios cortesanos nunca se
Vieron obligados a llevar ropas o sefales dis-
tintivas,
Indudablemente fa situacién de los judios en
festa 6poca era muchisimo mejor en los reinos
hispanos que en el resto de Europa, pero, no
obstante, existia cierta sensacion’ de inse-
‘guridad: las tensiones religiosas y raciales es.
aban ah. A medida que la campana misionera
de la Iglesia se intensificaba y que los reyes de
Castilla, Aragén 0 Navarra, abolida ya la
politica’ de la Reconquista, iban adoptando la
politica de los monarcas ‘europeos, las con-
iciones de vida de los judios se deleriorabah,
Hacia
expulsion
AA lo largo del siglo XIV Ia situacién de los
judios se fue empeorando paulatinamente por
causas internas y externas que no podemos
analizar en este articulo. Finalmente, en el afio
1991, disturbios antijudios estallaron por toda
Castila, penetrando también en el. reino
aragonés. Los saqueos y matanzas de las
juderias comenzaron en. Sevilla, donde la
poblacién habia sido incitada por el arcediano
Ferran Martinez. Enseguida la muerte recorrié
las Juderias rurales andaluzas y Cordoba. Slo
los que pedian e! bautismo o lograban huir, se
salvaban. Mas tarde, el saqueo y la matanza se
extendié a Toledo,” Madrid y Burgos. En el
reino aragonés, las juderias de Valencia y Bar-
celona quedaron aniquiladas para siempre, a
pesar de las medidas precautorias que habian
tomado las autoridades. También sufrié mucho
Mallorca y hubo saqueos en Gerona, Tortosa,
‘uizd Tarragona, Lérida y todas las juderias
valencianas, con excepcién de Murviedro. Las
juderias propiamente aragonesas se_salvaron
Gracias a la presencia del rey en Zaragoza,
Las de Navarra, que habian conocido el sa-
‘Gueo en 1328, sé libraron ahora
El rey de Aragén Juan |, con la ayuda de
Hasday Crescas, emprendié la labor de re
hacer las juderias catalanas y valencianas,
pero en los casos de Barcelona y Valencia
fracasé totalmente. Ademas, esta labor terminé
pronto. Hasta 1420, més 0 menos, tanto en
Castiia como en Aragén fue constante la
ppromulgacién de leyes discriminatorias para los
Judios, Las conversiones fueron muy nume:
rosas en estos aftos. La politica del Papa Luna,
la Disputa de Tortosa, las predicaciones de
sce de profaracions,sgin a etabo doa Sante
‘imaad de Vitra oe ie Manges, Faragane
Vicente Ferrer y el ambiente general contri
buyeron a ello, Entre 1381 y 1420 la mayor
parte de las sinagogas se trocaron en iglesias.
Poco a poco, ‘sin embargo, la situacion se
fue establlizando, En Caialufia y Valencia
quedaron algunas juderlas modestas (las prin
cipales, Gerona, Cervera y Murviedro), y en
Aragon, y sobre todo en Castila, la situacién de
los judios volvié a ser como antes. La vida
judia, aunque més modestamente que antafio,
tomé a desarrollarse con las mismas carac:
teristicas de fines del siglo XIll. En Castilla in
cluso aumenté la poblacién judia y el numero
de juderias, que en la segunda mitad del si
{glo XV se extendian por todas partes. La atencién
de la politica del Estado eslaba ahora puesta
fen los conversos. S6lo ctando los casos de
judaizantes fueron haciérdose escandalosos
comenz6 a pensarse en lo perjudicial que era
para el buen adoctrinamiento catélico de los
Conversos la cercana presencia de los judios.
Finalmente, en 1492, los Reyes Catdlicos or-
denarian la expulsién general de los judios;
unos afios después eran expulsados de Na-
varra. Asi terminaba la histaria medieval de los
judios en Espana.
0S JUDIOS EN ESPARA 16De la convivencia a la expulsion
Por Julio Valdeén
Catedritico de Historia Medieval. Universidad de Valladolid
CRISTIANOS ¥y juaios convivieron pacttica
‘mente durante mucho tiempo en los
diversos reinos medievales de la Peninsula
Ibérica. Esto no significa que ambas comu:
nidades hubieran establecido una tregua en el
terreno de las ideas. Antes al contrario, las ar-
mas ideoldgicas nunca dejaron. de estar
Preparadas para el combate. A los ojos de los
Cristianos, los judios eran un pueblo deicida
Hablan cometido el més hortendo de los
ccrimenes imaginables, el asesinato de Dios. Si
'5e aceplaba a los hebreos en tierras cristianas
fa Unicamente con la esperanza de ver cum:
plidas las profecias que anunciaban la conver-
sién final de los judios a la fe catdlica, Ahora
bien, la hostilidad ideolégica no fue obstéculo
Para que, salvo en determinados momentos,
Por lo demas excepcionales, reinara relativa
‘armonia entre cristianos y judios hasta los arios.
finales det siglo XIN
Los monarcas cristianos habian_protegido
decididamente a los israelitas, considerandolos
posesion particular (eran los servi regis).
Numerosos hebreos hab/an ocupado puestos
claves en la maquinaria gubemamental, tanto
del reino castellano-leonés como de la Corona
de Aragon, y desempefiado un papel de pri
mera magnitud en el orden intelectual, segin
‘se puso de manifiesto en la denominada Es-
cuela de Traductores de Toledo. Las duras dis
osiciones antisemitas de! Concilio de Letran
de 1215 (entre otras cosas se ordenaba que
los israelitas llevaran un signo distintivo que los
identificara externamente) no fueron llevadas a
Ja prdctica en tierras hispanas. A escala
popular, la inquina antijudia estuvo amorti
uada, tanto por la expansién generalizada que
Vivieron los feinos cristianos durante ios
siglos XI-xill, como por el hecho de que en
esas centurias apenas atizaran los predica-
dores el fuego antisemita. Por otra parte, la
necesidad de atraer pobladores a los reinos
cristianos y la urgencia de contar con artifices
‘en menesteres especializados (el comercio del
dinero, el conocimiento de lenguas, la practica
de la medicina, etc.) explican que los judios,
muchos de los cuales habian huldo de Al
Andalus al producirse las invasiones de al-
moravides y almohades, fueran no s6lo to-
lerados en la Espana sepientrional, sino incluso
bien recibidos.
La mutaci6n del siglo XIV
Este panorama sufrié una mutacién radical
en el transcurso del siglo XIV. Ciertamente a lo
largo del siglo XIII un conjunto de factores de
lamas variada indole, contribuyé a impulsar
las corrientes antisomitas. Pero fue en la cen:
turia siguiente cuando la. hostiidad de las
‘masas populares cristianes hacia los judios al-
canzé su punto de saturacién que culminé en
los sangrientos pogroms de 1391.
‘Anora bien, zpor qué se pasé en la deci
mocuarta centuria de lo que hasta entonces
habia sido una relativa armonia a la brusca
fuptura de la convivencia entre las comuni
dades cristiana y judia? Sin duda las propias
fisuras de la comunidad hebraica la debiltaron
grandemente, facilitando el ataque de sus
enemigos. Desde el punto de vista social era
‘muy nitida la diferencia entre la minoria de
judios potentados, que gozaban de grandes
Drivilegios y tenian estrechas relaciones con
eyes y magnates cristianos, y la amplia masa
de pequefios comerciantes, artesanos, a
briegos, etc., victimas por excelencia de las
jas dei pueblo cristiano, La distancia entre
‘ambos grupos se observéba igualmente en el
terreno de las creencias teligiosas. Los miem-
bros de la oligarquia, muy influidos por
‘Averroes y Maiménides, habian reducido por lo
‘comdn sus creencias & un vago deismo. Las
masas populares, por el contrario, segulan
files a la tradicién mosaica. En jos aflos fi-
ales det siglo XIll irrumpieron con fuerza entre
los sectores populares las ideas misticas de la
Cébala. La vida licenciosa de los judlos cor.
tesanos y su tibieza religiosa fueron fustigadas
sin contemplaciones por los pielistas. De esta
manera se acentuaban las tensiones en el seno
de a propia comunidad heoraica
Pero la quiebra de la convivencia entre cris:
tianos y judios tiene su exalicacién, fundamen
talmente, en el complejo entramado de re-
laciones’ que existian ertre ambas comuni-
dades. En este sentido es preciso distinguir
dos aspectos, uno ideolégco, otro econdmico-
social. ES evidente que la ‘hostiidad de los
Cristianos a los judios tenia sus raices en
elementos estrictamente religiosos. Pero la
animosidad antisemita se alimentaba dia a dia
‘como consecuencia de los continuos races que
‘surgian entre los miembros de ambas ci
Munidades. La presencia frecuente de_ in
viduos insraelitas en la maquinaria hacendistica
fegia, la patticipacién hebraica en tare:
recaudatorias y, por encima de todo, la préc:
tica del préstamo usurario por adictos a la ley
to de ric y este dl Arcade yA,
‘cgi aristara julia dla
Mrmosaica, constitulan motivos de triccién per-
manente. La situacién se agravaba en’ los
periodos de crisis. La depresian generalizada
Que Vivieron_los reinos hispénicos, y el oc:
cidente de Europa en general, desde finales
del siglé Xill, sirvié para reavivar la animad-
version hacia los judios, especialmente en
aquellos paises en que éstos ocupaban puestos
estacados en la vida politica y social
Ahora bien, a queja de las masas populares
cristianas contra los hebreos, ghasta qué punto
‘obedecia al papel objetivo que éstos desem
efiaban en el comercio del dinero en los
lengranajes fiscales de la Corona y hasta donde
hhundia sus raices en motivos especiticamente
feligiosos? Es innegable que el sustrato
Ideoldgico _antijudio funcionaba como una
cobertura de apoyo, presente en todo momen:
0, pero la violencia antiserita s6io cobraba
fuerza ante circunstancias economicasy
Sociales conoretas. En estas circunstancias,
los judios se convertian en el chivo expiatorio
de todos los males. Esto sucedi6, sin lugar a
udas, en el siglo XIV en los diversos reinos
hispanicos. Pero al mismo tiempo el antijudais-
‘mo funcionaba como una valvula de escape de
las tensiones sociales de aquel tiempo,
Persecuciones en Navarra,
Catalufia y Castilla
Las arremetidas contra la poblacién hebrea
fueron in crescendo a io largo de la dec
Mmocuarta centuria, lo mismo en tierras na.
varras que catalanas 0 castellanas. El primer
Chispazo de violencia generalizada se produjo
en Navarra. Las [Link]
Nlevadas @ cabo por los pastorelos en el sur de
Francia en los primeros aflos del siglo eje
cieron, sin duda, su influencia. En 1328, coin-
ciidiendo con ia muerte del manarca Carlos IV
y la crisis dindstica abierta, bandas de ma-
ladores de judios, alentadas’ por predicadores
Incendiarios (como el _franciscano Pedro
Oligoyen) se lanzaron al asalto de las aljamas
hebraicas del reino navarro. La juderia de Es
tella tue arrasada, sufrienda, asimismo, gran
es perdidas las de Funes, San Adrian, Viana y
olros lugares. Pamplona, y en cierta’ medida
Tudela, no padecieron dichos estrages, debido
a la Vigilancia ordenada por las autoridades.
Resulta imposible conocer el nimero de vic:
timas de estos sucesos. La afitmacién de al
unos cronistas_hebraicos, que hablan de
10,000 judios muertos, es insostenible. Pero el
impacto emocional causado por los pogroms
fue muy fuerte. Las autoridades navarras or
enaron la detencién de Olligoyen, presunto
ingpirador de las matanzas, e impusieron multas
en as localidades donde habia habido violencia
antjudia,
La propagacién de la Peste Negra, a me:
18 Los [Link] en EsPana
diados del siglo XIV, prociclé el rebrote del an.
tiludaismo en tierras hispanicas. La idea de
que los hebreos habian sido los causantes de
|a ditusién de la epidemie, al corromper el aire
y envenenar las aguas, circulé por toda Eu:
fopa, dando lugar en algunas regiones a
sacudidas antiudias, particularmente ene!
valle del Rhin. En tierras hispanas la violencia
antinebraica_generada por la llegada dela
mortitera epidemia se destacé en Cataluna, La
hostilidad popular que se respiraba en el Prin
cipado contra los prestamistas hebre0s_ con:
tribuy6, sin duda, a la favorable acogida del
tumor que hacia ‘de los judios los iniciadores
de la peste. El barrio judio de Barcelona fue
asaltado a los pocos dias del inicio de los es
tragos de la epidemia en la cludad (el 17 de
mayo de 1348). Pedro el Ceremonioso procuré
contener la avalancha, pero no pudo impecir
‘ue se produjeran ataques contra otras aljamas
judaicas, asi Montblanct, Tarrega, Cervera,
Villafranca del Panadés 'y Lérida No hay
noticias, en cambio, de que la oleada anti:
semita $8 propagase faoa tierras aragonesas
© valencianas. Tampoco se conocen pogroms
fen la Corona de Castilla a consecuencia de la
Peste Negra. Pero la violencia antijudia de las
tierras catalanas, aunque imposible de medir
fen términos cuantitativos, habla supuesto un
‘nuevo y peligroso paso en la escalada contra
los israeiitas dela Peningula bérica,
En la Corona de Castilla la safa antjudaica
fencontré un precioso aliado en el pretendiente
al trono Enrique de Tresamara, Frente a la
Politica filojudia del mona'ca Pedro I, su her
Manastro aireé en su propaganda él antise-
Imitismo. Con motivo de la guerra fratricida en-
tre Pedro 01 Cruel y el bastardo Enrique (1366
1968), numerosas juderias de Castilla fueron
vietimas de tropelias. En unos casos los
Protagonistas de los asaltos fueron combatien:
{es extranjeros, franceses de B. Duguesclin o
ingleses del ‘Principe Negro, que habian
‘acudido a Castilla a ayudar a uno U otro de los
Tivales. Esto sucedié, por ejemplo, en Brivies:
ca, Aguilar de Campoo 0 Villadiego. En otras
‘ocasiones fue el propio problo menudo de las
ciudades el que se lanzd al ataque de las
juderias (asi en Valladolid, Segovia o Avila)
Pero quiza la mas quebrantada por los acon.
tecimientos de la guerra ‘ratricida de Castilla
fue la juderia de Toledo, pues a sus cuantiosas
pérdidas humanas hay que aftadir las drasticas
medidas tomadas contra ella en 1369 por Enri:
ue Il, ya_vencedor de la contienda’ Recor:
demos lo que dijo de estos sucesos el cronista
hebraico Josef ha-Kohen: Los judios que habla
‘en Toledo bebieron la copa del vertigo.
Murieron muchos... en aquellos nefastos dias.
‘Qued6 un exiguo nimero, pero aun después de
haberse quitado de encima el castigo de la
guerra no tuvieron tranqulldad, porque el mal-
vado don Enrique agravé sobre ellos su yugo.
‘Aunque una vez en el trono el monarea Trastamara se viera precisado a contar con la
colaboracién de los hebreos, lo clerto es que
habla propiciado un clima ‘antiudio que se
tradujo en las peticiones, cada dia mas dis:
ccriminatorias para la odiada comunidad, de los
procuradores de las cludades en las Cortes.
Los «pogroms» de 1391
Este rosario de persecuciones, testimonio
indiscutibie de las tensas relaciones entre cris
tianos y judios, desembocé en las pogroms de
1991. Las matanzas, iniciadas en Andalucia y
rapidamente propagadas a otros puntos de las
lierras hispanas, hicieron vivir a los judios de
Espafia los dias mas amargos de su existencia.
En la Corona de Castilla el clima popular an-
tijudio habia adguirido en las vitimas decades
del siglo XIV proporciones, sin duda, gigantes
‘cas. Los judios, segin la imagen transmitida
or Lopez de Ayala en su Rimado de Palacio,
eran como aves de rapifia, pues se hallaban
dispuestos en todo momento @ vever /a sangre
de los pobres cuytados. Las predicaciones an-
tisemitas proliferaban. Por si fuera poco, los
Pontifices (asi Gregorio Xi en 1875) recordaban
‘a los monarcas castellanos que en modo al
‘guno debian proteger a la grey judaica. Todo
hacia presagiar un fatal deseniace.
La ‘chispa estallé en Andalucia. En las
cludades del valle del Guadalquivir se habian
desarrollado, a partir de la reconquista cris:
tiana, florecientes juderias. Es posible que esta
situacién hublera generado una especial
animosidad popular contra los hebreos. Pero
quien supo encauzar este estado de animo,
royectandolo de manera decidida y violenta
Contra los judios, fue un eolesiastico, el tris:
temente oélebre Ferran Martinez, arcediano de
Ecija. En sus incendiarias predicaciones an-
tisemitas no hacia sino repetir Io que el propio
Jesucristo habia dicho de los judios en los
Evangelios. Al menos eso_afiimaba Ferran
Martinez cuando el rey de Castilla Juan I, en
1982, y el arzobispo de Sevilla Pedro Gonzalez
Barroso, en 1389, le recriminaron el contenido
de sus prédicas. Pero la actitud apaciguadora
de las autoridades no sirvio de nada. La furia
Popular antijudia habia adquirido dimensiones
lales que, en cuanto se present6 una ocasién
favorable (el fallecimiento de Juan | en 1391 y
a minoridad de Enrique Ili) la violencia se
desatd incontenibie,
‘A comienzos de junio del citado afio 1391
llegaron noticias a la Corte, que se encontraba
en Segovia, de cémo e! pueblo de Sevilla avia
robado fa Juderia, 6 que eran tornados Chris-
tianos los mas Judios que y eran, ¢ muchos de
ellos muertos, sein el testimonio de Lépez de
Ayala. Los pogroms se propagaron répidamen:
te @ otras localidades proximas, como Alcalé
de Guadaira, Carmona, Ecija 0 Santa Olalla y,
unos dias mas tarde, llegaron a Cordoba, des:
Excena de profaracions lita y repvesenacitn de! supicio
or ede ao gan a Reta Gea Santon Yade donde se difundieron a Ubeda, Baeza, Jaén y
otras poblaciones del alto Guadalquivir. La
violencia antjudia se proyecto, asimismo, tanto
hacia los territorios de la Corona de Aragon
como hacia la Meseta castellana, Villa Real,
Huete, Cuenca, Toledo 0 Madrid conocieron
igualmente sacudidas populares contra la
poblacién hebraica, si bien con menor inten:
sidad que las producidas en Andalucia Bética
Por lo que se retiere a la Corona de Aragén,
fueron muchas las aljamas judaicas asaltadas:
Valencia (e| 9 de julio; los atacantes persi
guieron. simulténeamente a los_musulmanes
de la ciudad), Barcelona (el 2 de agosto; a la
gente del comin que partcipé en el pogrom se
‘sumaron algunos soldados que se fallaban
concentrados en la villa en espera de ser en:
Viados a Sicilia), Mallorca (el ataque al cal! Tue
protagonizado por campesinos y menestrales),
Gerona, Lérida, Perpifién, etc. La oleada de
violencia fue perdiendo fuerza’ a medida que
Penetraba hacia el interior de ia Peninsula
Las matanzas de 1391 tuvieron una impor-
tancia decisiva en el futuro de los judios his
anos. No sblo perecieron muchos israelitas,
sino que los bienes de las aljamas saqueadas
fueron objeto de la rapiia de los asaltantes.
Todo esto (atirma Lopez de Ayala, refirisndose
4 los sucesos antijudios de 1381) fue cobdicia
de robar, segund parescié, mas que devocion.
Resulta de todo punto imposible hacer un
balance de las pérdidas ocasionadas entre la
Poblacion hebrea por los pogroms citados. Se
ha hablado de unos, 250 judios muertos en
Valencia y de unos 300 en Barcelona. Pero en
general ios datos que se han barajado son
‘nadmisibles. En cualquier caso, la principal
consecuencia de las matanzas de 1391 fue la
conversién masiva de judios al cristianismo.
Numerosos hebreos adoptaron esa postura
simplemente para salvar su vida, pero sin el
menor convencimiento religioso. De esa forma
surgia en el horizonte de ios reinos hispénicos
lun nuevo problema, el de los converses 0
cristianos nuevos. Por lo que respecia @ los
Judios, su numero decrecié bruscamente a raiz
{de los pogroms. Muchas aljamas, hasta enton:
‘ces florecientes, entraron en una etapa de lan:
‘quidez. Otras desaparecieron.
La solucién final: la expulsi6n
EI Ultimo siglo de vida de los judlos en
tierras hispanas fue ciertamente contradictorio.
‘Sin duda el gojpe sufrido por las juderias de los
Teinos cristianos de la Peninsula Ibérica a fines
Jel siglo XIV habia sido muy duro. Veamos un
ejemplo ilustrativo: Io acaecido en la juderia de
Sevilla. Antes de las matanzas de 1891 era la
segunda del reino de Castilla, sélo superada
Por la de Toledo, con unas 400 familias como
Minimo, Después de aquellos sucesos la al
jama desparecié, siendo entregados sus bienes
28 105 sUDOS eV ESPARA
@ diversos colaboradores 4el rey Enrique Ill. A.
‘mediados del siglo XV, judos que todavia vivian
en la ciudad de la Giralda (unas 50 familias)
estaban dispersos y empobrecides.
Las predicaciones antijidaicas continuaron,
estacando en este terreno San Vicente Ferrer
Los cristianos pusieron 2n marcha un pro:
grama de ofensiva doctrinal; puede servir de
ejemplo la Disouta de Tortosa de 1413, En el
mbito legal se adoptaron nuevas disposiciones
hostiles ala grey judaica, como las de Castilla
de 1412, Tampoco faltaron los asaltos popu:
ares contra las juderias (recordemos el que
se produjo en Cordoba en 1408). Pero a pesar
de tantos obstaculos, los judios peninsulares,
hablando en. términos generales, pudieron
recuperarse del bache en la primera mitad del
siglo XV y alcanzar lo que L. Suarez ha
denominado una parcial reconstruccién. En
tiempos de Juan I de Castila nuevamente en:
contramos a judios en puestos claves de la
‘maquinaria gubernamental
‘Sin embargo, las juderlas hispdnicas tenian
sus dias contados. Los pogroms de 1391
habjan demostrado hasta qué punto resultaba
ificl la convivencia entre cristianos y judios,
La tradicional tolerancia hispénica de_siglos
anteriores se habia deteriorado grandemente
fen la Baja Edad Media, dando paso a un clima
de tension permanente, er el que, légicamen-
te, los judios jugaban el papel mas debil. A las
motivaciones religiosas de base se habian
afiadido otras de indole socio-econdmica,
haciendo de los hebreos la victima propicia:
toria, Después de 1391 y de las conversiones
masivas al cristianismo, la comunidad judaica
3e encontraba enormemense debilitada. Asi se
fue preparando el terreno Je lo que, en clerta
‘medida, puede considerarse la solicién final
el judaismo hispanico, el decreto de expulsion
de marzo de 1492.
La comprensién histérica de la medida de
expulsion, independientemante del juicio que
hoy nos'merezca, tiene que inscribirse ne-
Ccesariamente en las coordenadas de los relnos
hispénicos en la segunda mitad del siglo XV.
Una Monarqu‘a centralizada, como la de los
Reyes Catdiicos, requeria una base religiosa
uniforme, y ésta, légicamente, tenia que
roporcionarla la ‘fe crisliana. No cabe la
menor duda de que la propia languidez de las
juderias hispénicas en la decimoquinta centuria
facilit6 el camino. Ladero ha demostrado cémo
‘a mediados del siglo XV el papel de los he-
breos en las. actividades hacendisticas de la
Corona habia decrecido enormente. Asimis-
mo, la presion de las oligarquias urbanas, en
donde los conversos jugaban un papel prepon
derante (los cristianos nueves, para detender-
$e, acusaban a sus [Link] correligionarios,
los Judios, de ser el auténiico céncer social),
jugé su papel. Al final, uros 100.000 judios,
Segin las estimaciones mas prudentes, aban’
donaron los. reinos hispan cos.Jao cn rae regent ye ode Inurl el rascro dl cecal de Taragors, sito XN)
Por Juan G. Atienza
Eseritor
E+ ecortido consciente por el émbito de las antiquas juderlas espafolas consttuye, atin hoy,
‘experiencia apasionante que podria recomendarse a tantos estudiosos —profesionales
© no— de la Historia, todavia integrados en los viejos moldes de la manipulacién poltica y rell:
giosa. Para bien o para mal —yo creo que para muy mal— so ha conformado un especitico es
‘uema de nuestro pasado, construido sobre conveniencias, filias, foblas, excusas, lustificaciones
y banderias més 0 menos oficiales, que debian defender, incluso histéricamente, actitudes de-
‘erminadas de ver el mundo, tanto en el pasado como en el presente. Cuando todavia hay gen-
tes y grupos de presién cultural que ponen en duda la radical importancia de la presencia judia
en la Peninsula Ibérica medieval, un paseo por sus cludades y pueblos viene a demostrarnos,
sin lugar a discusién, que aquellos ochenta, cien 0 trescientos mil hebreos (jléstima que ni en
las cifras llequemos @ estar de acuerdo!) repartidos por la piel de toro a ambes lados de la fron:
‘era politica y religiosa, que dividia los reinos cristianos de Al-Andalus, cortribuyeron radical-
‘mente a la definicién del perfil sociologico de aquellos Estados,
Los sUDI08 EN ESPARA. 21La presencia de comunidades judias en la
Espafia medieval se advierte de modo decidido
‘como consecuencia, casi paralela, de la
primera gran expansién cristiana hacia el sur y
de la invasion almordvide, dos echos que
venian a romper —aunqué por causas bien
distintas— la estructura politica de los reins
de taifas en los que se habia {ragmentado e|
antiguo terrtorio califal de Al-Andalus, lugar
donde el pueblo judio conocié sus maximos
momentos de libertad, de influencia y de es
plendor peninsular. La huida masiva de he:
breos ante los fandticos almordvides coincidia
‘con la reconquista cristiana de territorios casi
abandonados durante siglos enteros y, sobre
todo, con la ocupacién de ciudades que, por
desercién de sus habitantes isldmicos 0 por la
repoblacion apresurada después de mucho
tiempo de haber permanecido précticamente
esiertas, se encontraban faltas de la infraes
‘tructura que permitiera el reinicio de las ac-
tividades urbanas.
Los miles de judios que entraban en tierra
cristiana huyendo del desmoronamiento de las
taifas isiémicas eran bien recibidos por la ad-
Tministracién cristiana, porque muchos de ellos,
al contrario de las oleadas campesinas y
‘querreras bajadas de los territorios del norte,
llevaban consigo una profunda experiencia del
firme desarrollo cludadano andalus’. Se encon
traban por ello en éptimas condiciones para
colaborar en Ia revitalizaci6n de los nucieos
Uurbanos, aportando conocimientos, actividades
y hasta costumbres que permitirian recomenzar
fa vida comunal_compartiendo la proteccién de
las murallas, las obligaciones de la vida colec:
tiva, la_aun muy relativa presién demogratica y
la —aun relativa también— sujecién a los mo!
des de una convivencia positive, dentro del
Fecinto murado 0 en los campos ‘de labor in
mediatos,
Pero los judios trafan consigo a los terrtorios
Feconquistados una ventaja_mas sobre los
repobladores cristianos: llevaban en su sangre
lun duro éxodo arrastrado desde siglos y, con
@1, la firme voluntad de levantar un hoger y
rehacer la vida en muy corto tiempo y en cual-
Quier sitio. Por eso eran portadares de apenas
lo imprescindibie, lo estrictamente necesario
para reiniciar aquellas actividades que pudieran
femprenderse de inmediaio y ofrecieran las
méximas garantias de una supervivencia pronta
y segura.
Tal vez por es0, los primeros quehaceres en
los que se detecta la presencia de judios son,
aparte los propios de la administracién clu:
dadana —que ya habian ejercide con éxito en
la Espana califal y en los reinos de taifas—, la
equefia artesania, el pequefio comercio y algo
ue podriamos llamar medianerfa, que consis:
tia en hacer negocio como intermediario de
todo tipo de productos y de asuntos. imagi
ables, desde la pobre bisuterla, que llevaban
colgada encima los medieros do Cuello —los
mas pobres, los que vendian directamente los
productos que previamente habian adquirido en
otra parte—, hasta las transacciones. comer-
ciales a gran escala que realizaban los me-
dieros de ofdo y que formaban la mas abi-
garrada gama de negocios, desde fletes en
eros de naves llegadas de Oriente o de Ber
beria hasta arregios matrinoniales con impor
{antes intereses econdmicos de por medio.
Curioso que una de las primeras noticias de
Judios en la Catalunia medieval se refiera a uno
de ellos, precisamente a un Jud 0 Judacot
que lievé noticias de Barcelona a Carlos el
Calvo, alla por los afos finales del sigio IX, y
‘ajo para el obispo de la ciudad, de parte del
Fey carolinglo, diez libras de plata destinadas a
la reparacién de su iglesia. Curioso iguaimente
Comprobar que estas actividades de los. in-
termediarios se conservaron a lo largo de toda
la estadia hebrea en la Peninsula, ya que en el
aflo 1415 surge la prohibicion dé elercer esta
Profesién 2 ios judios por parte del Papa Luna
—Benedicto Xill— y todavia vuelve @ confir-
marse dicha prohibicién er 1481, por una or-
denanza de Fernando el Catdlico a los hebreos
de la aljama de Zaragoza
Propiedad transferible
Si desde los primeros tiempos los judios se
distinguieron, politica y juridicamente, de cris
tianos y musulmanes, fue por el hecho de ser
considerados propiedad real. Como puede
suponerse, era esta una figura mucho mas ad-
ministrativa que juridica. Significaba, en la
letra, que los judios dependian directamente de
la Corona, que le pertenecien y se encontraban
bajo su alta proteccion. Pero tal circunstancia,
en la vida diaria de la juderia 0 del call!
apenas se nolaba por otra cosa que por el
hecho de librar directamente los tributos @ los
cobradores reales; 0 porque las multas que
debian abonar ios cristianos por matar a un
Judio no se las pagaban a la familia del muer-
fo, sino al rey; porque, a fin de cuentas, en las
revueltas populares 0’ hasta noblliarias’ contra
el poder real, siempre se alacaba a los judios
antes que a cualguier olre estamento ciuda
dano, precisamente por ser considerados como
Patrimonio privado de los reyes. Atacar la
Juderia era, en los siglos XI 0 Xli, lo mismo
que atacar directamente una propiedad del
soberano.
Como "es I6gico, esta clrcunstancia se
proyectaba a otras entidades paralelas cuando,
or alguna causa, el rey mismo hacia donacion
de_una aljama o'de un determinado grupo de
judios a otro poder subsidiario, personal 0
olectivo. Por e0, los judios de Palencia —es
tun ejemplo entre’ muchos otros— se encon
traban, por decision de Afonso Vill, bajo la
tutela ‘del cabildo catedralitio. Y cuando, en
tiempos de Sancho IV, se desaté la ira ‘clu:dadana contra los abusos de los canénigos, los
hebreos de la aljama palentina fueron objeto de
ssaqueo y de la matanza que el pueblo no puco
realizar en la catedral misma. De este modo,
or un lado 0 por otro, las comunidades he:
reas eran, demasiado a menudo, chivo ex
platorio de’ quienes se cebaban en ellas por
odios y rencillas que a los judios solo les
tocaban de rechazo.
Claro esta que esa misma circunstancia de
‘ser propiedad real fue también, en su conjunto,
el motivo de! progreso de las juderias cas
tellanas y catalana-aragonesa a lo largo de los
siglos XI al XIll. Un progreso siempre relativo,
Siempre precario, pefo no por ello menos
cierto. Durante este tiempo, la pequena vida
‘comunal de las aljamas se’ fue allanzando y
adquirié entidad propia. La juderia, al contrario
del «ghetto» del centro y del norte de Europa, no
era el lugar donde los judios quedaban apar
tados del resto de la poblacién, sino la autén:
tica ciudad judia que ia comunidad israelita
habia elegido libremente para estructurar su
vida y desarrollar sus costumbres, para estar
cada cual rodeado de los suyas y' protegerse,
‘material y moraimente, de la contaminacién de
ideas y habitos de otto pueblo —el cristiano.
recisamente— con el que habia de convivir
por necesidad, pero que, segin Ia tradicién
hebrea, siempre viva y constantemente recor
dada por los rabinos, era el pueblo de Edom,
que, lo mismo que Esai, de su espada vivird
(Gen. 27, 40). Es decir, que el pueblo judio,
Por principio religioso, tenia visceral conciencia
de que el cristiano estaba biblicamente dest
nado a hacer la guerra y a verter la sangre de
‘sus semejantes,
No resulta exagerado aliemar que, en estas
circunstancias y con este modo de ver la vida
Yy sentirla, la comunidad hebrea considerase la
aljama como el escudo protector que no s6l0
la defendia de os peligros exteriores —es sig
nificativo ver ain, pertectamente conservadas,
las “murallas interiores que rodearon juderias
como las de Sagunto 0 Villadiego—, sino que
albergaba todo un comportamientd que se
trataba de conservar a toda costa y en toda su
Pureza, aglutinando al pueblo en una unidad
‘que nada ni nadie podia destrui.
Una sociedad en pie de marcha
Por privilagio real, incluso por fuero en
muchas ocasiones, la juderia se regia, dentro
de su estricto recinto, por leyes propias que
ada o muy poco tenian que ver con las que
‘ordenaban la vida en el exterior. Los ancianos,
© adelantados (mucaddamim, del arabe ai:
‘mucaddam) podian perseguir, prender, juzgar y
condenar a los malhechores, como ‘esta de
bidamente documentado en la aljama de
Calatayud. Habia jueces judios (dayyanim) y un
fiscal piblico, el bedin, que ejercla al mismo
a joi valerian eno plana ae Tosi, 1754
“Sst sagin mins dl siglo XV bieeca Nacional, Pos)tiempo las funciones de policfa. En los calls de
la Corona de Aragén se hacia distincién entre
@l papel ejercido por los jueces religiosos (los
eroré aberot) y los civiles (los beror6 tibeot),
‘que se sucedian en elecciones intemnas, por
medio de cénclaves secretos.
Estas prerrogativas _motivaban _a_menudo
diferencias radicales entre las diversas aljamas
peninsulares, pues si en unas se daba —y era
‘aso corrienie— un agudo y exacto sentido de
la solidaridad, hasta el punto de organizar
cajas o bolsas de fondo comunitario para aten
der de forma global a los tributos y librar de
los a los indigentes, como sucedia en Mont-
blanc, en olras —por regia general las més
numerosas, las de las ciudades mas importan-
tes—, las familias mas pudientes, detentadoras
genéticas del mando y de la inflvencia, dis-
Ponian a su gusto del reparto tributario’ que,
como casualmente, siempre les libraba a ellos
de la carga mas pesada y siempre dafaba en
mayor —o hasta en tolal— grado a los
‘econémicamente més débiles. En Tudela, ocho
‘grandes familias se repartieron el poder’ en la
juderia durante sigios. En Zaragoza fue notoria
la rivalidad por los cargos internos entre los
Caballeriay los Constantin. En Mallorca fue
casi_incesante la lucha por la influencia entre
los Faquin y los Natjar.
Frente a estas oligarquias familiares, po-
seedoras casi absolutas del poder econémico y
hasta de la fuerza cultural, buena parte de los
moradores de la juderla eran analfabetos,
pobres y faltos de los mas necesatios recur.
508. En el mejor de los casos, poseian 0
Geciaraban poseer (y nadie sabria decir si esto
lo hacian los judlos navarros s6lo para evacir
el pago de sus tributos) la casa, una pequefa
parcela de tierra, la cama y su correspondiente
Juego de ropa. Aungue se vino ignorando sis
tematicamente, es muy cierto, por lo que se
refiere a las parcelas cultivadas, que los judios
espafioles_no fueron enemigos. del trabajo
agricola. En la comarca riojana de Haro y en
‘Guadalajara poseyeron pequerios vinedos. Y de
los de Huesca se dice en los documentos que,
pro magna parte, eran laboratores. sive cul-
fivatores agrorum et vinarum. Todo lo cual no
impide el hecho de que, precisamente por su
ancestral temor al éxodo inesperado, la mayor
parte de los hebreos prefirieron dedicarse a
actividades que no supusieran una dependen-
cla excesiva de bienes inmuebles difciles 0
Imposibies de llevar consigo en caso de una de
lantas expulsiones a las que estaban secular
mente habituados,
Tal vez por eso, muchos judios peninsulares
se dedicaron a ia artesania menuda, ma
nejable, delicada. Los hebreos gozaron tama
de expertos orfebres. En Orense fabricaron
calices y cruces para los templos cristianos.
En Santiago de Compostela tuvieron pract
camente el monopolio de la fabricacién de
recuerdos y amuletos de azabache, tan so-
licitados desde siempre for los peregrinos de
la ruta jacobea. De hecho, la calle que aun
hoy da acceso al lugar conde estuvo ubicada
la antigua juderfa de Santiago sigue llamandose
de la Azabacheria. En Ba’celona y en Marsella
‘estacaron expertos trabajadores del coral; en
Perpinan, los lluminadores de libros sagrados;
fen Mallorca, los cartégrafos, y, en general,
hhubo judios’expertos encuadernadores de i:
bros, cuidadosos sederos, grandes sastres que
tuvieron como clientes a nobles, a obispos y a
andnigos. E incluso los hubo, como Guillén y
Yojanan de Levi, que destacaron entre los
mejores pintores de retatlos de su tiempo (el
siglo XV) y cuyas obras pueden alin admirarse
fen Daroca, en Tarazona y en el museo dio-
ccesano de Vic.
La familia, Ia ley
Como contraste con estos privilegios ar-
tesanos, pero dentro siempre del mismo con-
texto dé pequefio comerci familiar, facilmente
liquidabie © transportable, abundaron los mer-
achilles mas humildes: los chatarteros, los
Topavejeros, los traperos_udios de las grandes
¥y las pequefas ciudades, los que intentaban
vender su humilde génere en el recinto mismo
de la juderia, pero eran, de hecho, obligados a
instalar sus tenderetes’e1 el barrio cristiano,
ara estar asi mejor cortrolados por los ins
pectores de la municipalidad. Hasta tal punto
ebieron ser corrientes entre los israelitas estas
actividades humildes que, aun a principios del
siglo XV, Salomé Alami' cuenta, cémo todo
dficio vii era llamado en Castilla trabajo judo.
Ocasionalmente, los judios se ligaban,
mediante compromisos comerciales 0. labo:
rales, con cristianos y aun, muy a menudo,
con dignatarios de la Iglesia. Y es curioso
comprobar cémo en tales contratos se es
tipulaba frecuentemente que si el, prestatario
‘moria antes de haberlo cumplido, su hijo
seguirla sujeto a las obligaciones que se
hhabian pactado. Aparte lo que semejantes con
diciones implicaban en si'mismas, creo que
hechos como éste, plenamente aceotados y
reconocidos por las comunidades judias, eran
consecuencia légica_de unas ligaduras. fa:
miliares que se maniuvieron —firmemente
tabadas_entre los pobladores de las aljamas.
El hijo seguia inapelablemente el oficio del
padre, heredaba sus utensilios y sus clientes y,
Muy corrientemente, se creaba toda una fa:
rmilia que seria precisamente conocida por la
actividad Unica que venia desarrollando a lo
largo de generaciones. 1 caso de los Cres-
bree espaol sige XV spin of Baabo Gs Epa
{oros, de Jaume Huguet, iaeo de ts cataal de Barlors
Ira. Pra tr dente a ts det
‘Sundagore (orion, os ante de Ma
‘oan, ce Maen, metzonand frp oe sve
[SO 87 lec, contol Aapeco de oes Ob Catyud
Zaragoc abi!
eeSS
El pasado judio de Espafia se encuentra ma-
nifestado de forma patente en multitud de po-
blaciones que todavia conservan claros vest
‘Gis del prolongado periodo de convivencia que
los miembros de esta religion mantuvieron con
i predominante eristianismo, La practica tota-
lidad de las regiones del pais conserva este le-
‘gado material, que a lo largo de los siglos ha
sido ignorado 0 destruido. En la mayor parte
{de los cas0s esta destruccién ha sido realizada
{de forma inconsciente, como consecuencia del
proceso evolutivo —y en general desordenado
€ incontrolado~ experimentado por los nicleas
urbanos peninsulares,
De entre este conjunto resulta posible desta-
car algunas de las juderias mas caracteristicas
¥ mejor conservadas, que ofrecen de la forma
és adecuade los rasgos definitorios de un
cconcepto habitacional propio, ilustrador acerca
de los modes de vida mantenidos por aquella
‘comunidad sobre nuestro sual,
La ciudad de Cordoba, patria del pensador
Maiménides, presenta la mas completa juderia
conservada en la regién andaluza y, dentro de!
Conjunto espafiol, comparable a la de Toledo.
Junto a los mérgenes de! Guadalquivir, a anti
‘ua aljama rodea al edifico de la Mezquita y
lene en la sinagoga su punto central de refe-
Tencia. Esta, @ pesar del proceso de deterioro
sufrido, conserva elementos suficientes para
cconsiderar sus funciones originales y su misma
estructura fisica
La juderia 0 call de Gerona es ol mas desta-
ado conjunto existente en Catalufa. Situado
entre la colina coronada por la catedral y las
crilas del. rio Onyar, este barrio conserva on
‘gran medida sus caracteres propios, puestos
{de manifesto de forma especial tras su reciente
restauracion, que lo ha convertido en la mas
perfecta aljama existente hoy en nuestro pals.
La pequefia poblacién cacereha de Hervas
mantiene hasta hoy el mejor eiemplo integral
de juderia medieval habitada de forma perma:
nonte. La comunidad alli establecida fue una
de las mas importantes de Castila, y de esta
realidad proviene el dicho que afirma xn Her
vis, judlos los més». La ajama se mantiene
précticamente intacta, Io que le confiere su
valor representativo; sus edificios —en frase de
Juan G. Atienza— estén allien un milagro de
Dervivencia temporal, tal como los debieron uti
lizar los judios. Légicamente, este hecho ha
Sido posible debido al casi nulo proceso evolu-
tivo experimentado por el pueblo, situado en
tuna de las comarcas més deprimidas de la Pe-
insula,
La ciudad aragonesa de Tarazona tuvo en
tiempos dos barrios judios situados en su zona
més elevada, alrededor del antiguo alcézar ra
be, hoy espacio ocupado por el palacio episco-
Las aljamas espanolas
pal. El rico tratamiento del ladrilo, tan espect
fico de la region, obtiene en la arquitectura he
brea de Tarazona alguna de sus mejores plas-
Imaciones, de las que son eemplo las casas vo-
ladas todavia exstentes,
Toledo ha constituido de forma tradicional e
mas notable centro judio peninsular, a partir ya
{de los primeros asentamientos hebreos realiza-
dos durante la Antiguedad. La comunidad tuvo
tuna gran incidencia sobre el proceso evolutiva
{ela ciudad hasta el misme momento de la ex-
pulsién. Hoy, la extensa alama se sitéa sobre
la pendiente ‘meridional de casco urbano que
‘desciende hacia ol rio Tajo. Dentro de este am-
bito se conserva gran cantidad de restos de la
presencia jucia, entre ellos ls dos sinagogas ar
Quetipicas, Santa Marla la Blanca y Ei Transit.
Palacios, casas de vecindad, establecimientos
de bafios piblicas, etc., sitven todavia para
ofrecer una idea acerca de la importancia que
tuyo esta comunidad, simboo maximo de la con-
juncién de culturas y religions que sirvid como
base para la formacion del particular espirity
hispano.
La ciudad catalana de Tortosa muestra de la
forma mas visible el entramado urbano de su
juderia. A los pies de la colina coronada por los
Festos del antiguo castillo templario, se situa
tn barrio que todavia hoy nosee fuertes rasgos
hebreos, tanto en su irazado como en la mis-
ma construccién de los edificios que lo inte-
gran. Tortosa aporta con dlo un perfecto mo-
elo de ajama erigida en e territorio de la Co-
ona de Aragon.
Tudela, situada junto al Ebro en la comarca
navarra de la Ribera, conté en 6poca medieval
con la comunidad judia mae numerosa del viejo
Reino. La aljama se situabe alrededor del cas-
tilo, y se hallaba dotada de numerosos esta
blecimientos comerciales todavia hoy porcep-
tibles en sus trazas oniginsles. Caso especial
‘mente interesante es el presentado por la exis-
tencia de una sinagoga en e interior mismo del
claustro catedralicio, La cudad es, por otra
arte, patria de uno de los personajes més sig-
hificativos del judaismo ibérico, Benjamin de
Tudela, que en el siglo XIil realiz6 un periplo
viajero que le condujo hasta las estnibaciones
del Himalaya
tras poblaciones espafiolas cuentan asimis-
smo con destacados vestigios de nuestra cultura
hebrea; de entre ellas cabe destacar a Barce-
Jona, Granada, Lucena, Segovia, Sevilla, Va-
lencia y Zaragoza, De hecho, la practica tote
‘idad del espacio peninsular se encuentra jalo-
‘nado por estos elementos, que hablan por si
‘mismas de la trascendencia que la civilizacion
Judia tuo 6 lo largo de nuestro desarrollo his-
1otico.ques _mallorquines es ejemplar. Cresques
Abraham, hijo y nieto de cartégrafos, tue el
autor del célebre Atlas Catalin llamado de
. conservado en la Biblioteca Nacional de
! su hijo Yafuda, que se convirtio al cris
tianismo a faiz de lag persecuciones de 1991 y
fomé el nombre de Jaume Ribas, paso a Por-
tugal y trabajd largos aftos como responsable
de los mapas de la escuela nautica de Sagres.
Los judios espanoles cuidaron siempre, a
veces hasta la exageracién, de la solidez @ in-
disolubilidad del vinculo familiar y del cum-
plimiento a rajatabla de los principios morales
del pueblo hebreo. Esta obsesién, repetida
sébado a sdbado en el recinto de la’sinagoga,
era como una necesidad visceral para el judlo
peninsular, que, de este modo, trataba de dis-
tinguirse de cualquier relajacion de costuribres
propia de los edomitas del otro lado de los
ufos de la aljama. Leyendo hoy las listas de
faltas y castigos que se adjudicaban los judios.
¥ que estén reflojadas en el Libro de los
Fueros de Castilla, nos damos cuenta de que
la estricia observancia —al menos en la le-
tra— de las normas talmidicas formaba cuer-
0 con la vida cotidiana mas inmediata. Asi,
eran consideradas como faltas gravisimas herit
a otro judio (en sdbado), sentarse contra la
Pared de la propia vivienda con las piemas
colgando (en sébado), llevar bestias enca-
denadas al_abrevadero (en sébado) 0 dejar
‘pa colgada (en sabato, neiuralmente) fuera
Reglas rigidas hasta la exageracién, que
cumpiian los més pobres y se. saltaban lim-
iamente los présperos, aunque la relajacion
de éstos era constantemente denunciada por
rabinos estrictos, como aquel Tadros ben
‘Yehuda Halevi, que en sus sermones dejé cons:
tancia del libertinaje de los judios poderosos
en la Toledo de Alfonso el Sabio, anatema-
tizando el concubinato de los judios ricos con
‘sus criadas ismaelitas —musulmanas—: Por-
que Israel, pueblo santo, no debe hacer impura
su descendencia en las entrafas de extranjeras
ni engendrar hijos para la idolatria. Esta ob-
sesién por la conservacién de la pureza de
sangre se revela incluso en los estudios de la
Kabala, y 01 mismo Moisés de Len, en el
Zohar, abla de Yosi, e! Acemilero, hijo de no
judia y violador de no judias, y cita el libro de
los Nameros (25, 1,3) para forzar ta idea: Ef
pueblo comenzé a prostituirse con las hijas de
Moab... y la célera de Yavé se encenci6 con
tra Isr
Las raices del odio
Curiosamente, en cambio, aparte los ha-
bituales anatemas eclesidsticos oficiales contra
el pueblo presuntamente matador de Cristo, los
Cristianos medievales de la Peninsula Ibérica
1 fueron antijudios en razén de creencia o por
prurito racial. La mezcla de pueblos era de:
masiado obvia entre nues:tos antepasados.
Hubo, eso si, matanzas casi increbbies dé
Judios, constantes saqueos de las juderias,
vejaciones y discriminaciones sin tasa. Y, sin
embargo, no habia cristiano que sintiera ascos
or ponerse en manos de un médico hebreo, ni
ey que no atendiera las predicciones astro-
légicas de un rabino kabaista, ni obispo 0
canénigo que tuviera reparo en ‘dejarse cortar
848 sotanas 0 sobrepellices or sastres judios,
fii pérroco que necesitase fumigar con
humerios benditos los calices 0 los cande-
labros de altar labrados por orfebres de la al-
jama.
Habra que pensar que, al menos en su
‘igen, los odios al pueblo judio formaron parte
de lo que podriamos llamar una desviacién.
Constantemente se daba la circunstancia, a 10
largo de toda la Edad Meda, de que reyes,
nobles y jerarcas de la iglesia recibian de
judios acomodados el dinero que necesitaban,
bien para campafias militares © para gastos
suntuarios. “A cambio de ese dinero adelan-
tado, aquellos poderosos hebreos compraban
1 derecho de cobrar sus tributos, y con sus
productos se resarcfan —a menudo con
‘creces— del capital previemente desembol-
Prine piping oe edstn ce
Gromer, 120, de Stor ha 2a,
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