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Crímenes y misterios en San Pedro

En el pueblo de San Pedro de los Vinos, la oficial de policía Alicia Contreras investiga la muerte sospechosa del comisario Perales, descubriendo que fue asesinado con manzanas envenenadas. La trama se complica cuando se revela que Daniela, otra oficial, es la madre del hijo del comisario, lo que lleva a un enfrentamiento violento. En otro relato, los oficiales Andrade y Miranda descubren un fraude fiscal, pero al encontrar una caja de dinero en una casa, son atrapados por una anciana que utiliza un sistema de seguridad para retenerlos como rehenes.
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Crímenes y misterios en San Pedro

En el pueblo de San Pedro de los Vinos, la oficial de policía Alicia Contreras investiga la muerte sospechosa del comisario Perales, descubriendo que fue asesinado con manzanas envenenadas. La trama se complica cuando se revela que Daniela, otra oficial, es la madre del hijo del comisario, lo que lleva a un enfrentamiento violento. En otro relato, los oficiales Andrade y Miranda descubren un fraude fiscal, pero al encontrar una caja de dinero en una casa, son atrapados por una anciana que utiliza un sistema de seguridad para retenerlos como rehenes.
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La manzana asesina

Érase una vez, un pequeño pueblo llamado San Pedro de los Vinos. En
él, la comisaría de su pequeño cuerpo de policía se encontraba de luto,
pues recientemente había fallecido el comisario jefe, Ernesto Perales.
Aunque era un hombre mayor, su muerte sorprendió a muchos, lo que
hizo que el dolor se embargara mucho más. Pero la oficial de policía
Alicia Contreras no se creía el cuento de que había muerto durmiendo en
su hogar, tranquilamente. ―Yo no me creo esa versión ―decía Alicia a
sus compañeros. ―Era un hombre mayor. Tiene a su familia, le debemos
respeto a su memoria y su descanso Alicia ―le replicó Daniela, una de
las compañeras. Sin embargo, otra oficial, Carmen Rangel, escuchaba
con cierto interés las teorías de su compañera Alicia. A ella, tampoco le
parecía muy correcto el relato de la muerte del comisario Perales. Ambas
se dispusieron a hablar con la forense encargada, que no tuvo problema
en, antes de que el cuerpo fuese enterrado, hacerle una autopsia.
Cuando esta autopsia fue realizada, se llevaron una gran sorpresa.
Aunque el comisario Perales era un ávido consumidor de manzanas, la
sorpresa fue que en su estómago tenía manzanas, pero envenenadas,
¿pero quién era la bruja de Blancanieves de esta historia? ― ¿Pero quién
lo ha matado? ―preguntó Carmen, exaltada. ―Yo creo saberlo.
Recientemente, Daniela había tenido un hijo. Ella nunca dijo quién era el
padre, ni tampoco fue un tema de importancia. Algunos de los
compañeros, habían afirmado que su hijo tenía un gran parecido al
comisario Perales, algo que habían tomado como una cortesía. ―¡Has
sido tú quien lo ha matado! ―le gritó Alicia a Daniela. Esta última, sacó
su arma y sin mediar tintas le disparó, sin conseguir matarla. Los demás
compañeros le dispararon a Daniela, que después de ser detenida y
llevada al hospital, confesó su crimen pasional. Autor: Martín Pérez
Ibarra

Paredes invisibles

Los oficiales Roberto Andrade e Ignacio Miranda se dirigieron a una


pequeña casa ubicada en un barrio de clase media de la ciudad. Fueron
destinados a entrar en ella, porque se encontraban investigando sobre
un fraude fiscal enorme, producto de la corrupción que habían
perpetrado unos funcionarios del gobierno local. A eso de las seis de la
tarde, los policías llegaron a la casa. Traían una orden judicial que les
permitía entrar. Para comenzar, Andrade y Miranda tocaron la puerta.
Nadie contestó. Volvieron a tocar y escucharon unos pasos. Una linda
viejecita les abrió la puerta. Los policías, amablemente, le explicaron la
situación y las razones por las cuales tenían una orden de cateo para
entrar a la casa. La señora entendió la situación aunque les explicó que
ella no tenía ninguna relación con las personas investigadas y que no las
conocía. De cualquier manera los oficiales debían entrar, algo que la
señora aceptó. Posteriormente, los dos policías comenzaron a registrar la
casa. La anciana les indicaba que no iban a encontrar nada, pues ella
era la única que vivía en esa casa desde que enviudó. Sin embargo, en
ningún momento interrumpió la labor policial. ―Parece que no vamos a
encontrar nada, Ignacio ―le dijo Roberto Andrade. ―No se ve ningún
indicio de dinero escondido, tal y como las investigaciones indicaban.
Creo que esto es un fiasco ―le contestó. Finalmente, los oficiales
salieron al gran patio trasero de la casa, que a la vez era un jardín con
muchos árboles. ― ¿Recuerdas que el señor Vallenilla, uno de los
investigados en la trama, es amante de los bonsáis? ―le preguntó
Miranda a Andrade. ―Ciertamente. Es verdad. Miranda hizo ese
comentario mientras señalaba una parte del jardín lleno de bonsáis, de
todo tipo. Los bonsáis estaban dispuestos por filas. Cada una de ellas
tenía bonsáis de un tipo. En una había pequeños árboles de naranja, en
el otro había pequeños árboles de limón y así consecutivamente. Una de
las filas que más destacaban era la de árboles tipo bonsáis que parecían
auténticamente japoneses. De hecho, había varias de estas filas. ―
¿Excavamos? ―preguntó Andrade. ―Por supuesto ―contestó Miranda.
Aunque no tenían herramientas para excavar en la tierra, los policías
comenzaron a hurgar por los lugares donde estaban sembrados los
bonsáis con la mano. ―Creo que estoy tocando algo firme ―dijo con
efusividad Miranda. ― ¡Muy bien! 1 Docente de Grado: Zeballos Raúl
700041900-ANTONIOQUARANTA-SEXTOgrado- Segundo Ciclo –EDUC.
PRIMARIA En efecto había sido así. Les llevó un par de horas lograr
desenterrar toda una gran caja que estaba sellada por los cuatro
costados. ―Ahora el reto es abrirla ―afirmó Andrade. Aunque fue
bastante complicado, gracias a un martillo que los policías consiguieron,
lograron romper uno de los costados de la caja. Con mucha paciencia,
fueron deshaciéndose de gran parte de una de la superficie de la caja
para poder abrirla. En poco tiempo ya habían podido abrirla. ― ¡Bien
hecho! ―entonaron al unísono. Dentro de la caja había miles de billetes
envueltos en ligas, de varias denominaciones. Se pudo constatar que
dentro de la casa estaba escondido dinero. Los oficiales cargaron la caja
hasta el interior de la casa y se percataron que no había rastros de la
anciana que les había abierto la puerta. No le dieron importancia a este
hecho y se dispusieron a salir. Cuando intentaron hacerlo, pasó algo
inverosímil, que sin duda Andrade y Miranda nunca hubiesen esperado.
― ¡Hay una pared invisible! ―exclamó Miranda. Los oficiales de policía
pudieron abrir la puerta de la casa sin inconvenientes y podían ver el
exterior de la casa. Sin embargo, ¡no podían salir! ― ¡No entiendo qué
está pasando! ―gritó Andrade. De pronto, la dulce viejita apareció con
una mirada maquiavélica., apuntándoles con un arma. ― ¡No podrán
salir! Esta casa está protegida con un sistema que activa un campo
electromagnético que bloquea todas sus entradas. Rápidamente,
Andrade se dispuso a sacar su arma, cuando se percató que no estaba.
Miranda hizo lo mismo. ― ¡Son tan tontos que les he quitado las armas
cuando estaban desenterrando la caja! ―gritó la vieja. Los policías
estaban impactados. No sabían qué hacer. Eran conscientes de que la
vieja los había tomado por rehenes. ― ¡Dejen la caja y huyan, si quieren
vivir! Los dos policías se miraron de una forma cómplice y soltaron la
caja. De inmediato, arrancaron a correr fuera de la casa. ―No podemos
contar nada de esto en comisaría ―dijo Andrade. ―Por supuesto que no
―sentenció Miranda.

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