El Canon Del Antiguo Testamento
El Canon Del Antiguo Testamento
Samuel Pagán
Introducción
160
En Alejandría, la colección de obras clásicas que podían servir de modelo literario se identifica con la
palabra “canon”. Ciceron, Plinio y Epicteto utilizaban el mismo vocablo para designar algún conjunto de
reglas o medidas. Véase A. Paul, La inspiración y el canon de las Escrituras (Estella: Editorial el Verbo
Divino), 1985, p. 45.
Desde el siglo II de la era cristiana, el término kanon se empleó para referirse a “la
161
regla de fe” ,al ordenamiento religioso (se empleaba su forma plural “cánones
162
eclesiásticos”) y la parte invariable y fija de la liturgia. En la Edad Media los
libros jurídicos de la iglesia se identifican con los “cánones”. La Iglesia Católica, a
demás, llamaba “canon” al catálogo de sus santos, y “canonización” al
reconocimiento de la veneración de algunas personas que han llevado vidas piadosas
y consagradas al servicio cristiano.
De acuerdo con los diversos relatos evangélicos, Jesús utilizó las Escrituras hebreas
para validar su misión, sus palabras y sus obras. (Véase Mr. 1:14; Lc. 12:32). Los
primeros creyentes continuaron esa tradición hermenéutica y utilizaron los textos
hebreos – y particularmente sus tradiciones al griego – en sus discusiones teológicas
y en el desarrollo de sus doctrinas y enseñanzas. De esa forma la iglesia contó, desde
su nacimiento, con una serie de escritos de alto valor religioso.
161
Los Padres de la iglesia emplearon la palabra kanon para designar “la regla de la traducción” (Clemente
de Roma), “la regla de fe” (Eusebio de Cesarea), “la regla de verdad” (Ireneo) y “la regla de la iglesia”
(Clemente de Alejandría y Orígenes). Véase la obra citada en la nota anterior.
162
De ese uso lingüístico se deriva la designación de “canónigos” para identificar a los religiosos que vivían
en comunidad la “vita canonica”; es decir, vivían de acuerdo con el ordenamiento eclesiástico establecido.
163
F.F. Bruce, The Canon of Scripture (Downer Grove: InterVarsaty Press, 1988), p. 17.
164
J. C. Turro y R. E. Brown, “Canonicidad”, Comentario Bíblico de San Jerónimo V (Madrid: Ediciones
Cristiandad, 1972), p. 56.
246
De particular importancia es el uso que Jesús hace del libro del profeta Isaías (61:1-
2), según se relata en Lucas 4:18-19. El Señor, luego de leer el texto bíblico, afirmó:
Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros (Lc. 4:21, RVR). Este relato
pone de manifiesto la interpretación cristológica que los primeros cristianos hicieron
de las Escrituras hebreas. El objetivo primordial de los documentos judíos, desde el
punto de vista cristiano, era corroborar la naturaleza mesiánica de Jesús de Nazareth
(Lc. 24:27). De esa forma la Biblia hebrea se convirtió en la primera Biblia cristiana.
Con el paso del tiempo, la iglesia le dio el nombre de “Antiguo Testamento”, para
165
poner de manifiesto la novedad de la revelación de la persona y misión de Cristo .
166
Los libros de la Biblia hebrea son 24, divididos en tres grandes secciones:
La primera sección, conocida como Torah (“Ley”), contiene los llamados “cinco
libros de Moisés”: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
De acuerdo con esa teoría, la Torah fue la primera en ser reconocida como canónica,
luego del retorno de los judíos a Judá, al concluir el exilio de Israel en Babilonia (ca.
Siglo V a.C.). Posteriormente los Nebi’im fueron aceptados en el canon,
posiblemente al final del siglo III a.C. y finalmente, los ketubim – que representan la
última sección de la Biblia hebrea – fueron incorporados al canon al final del siglo I
170
d.C., al concluir el llamado “Concilio” de Yamnia .
El reconocimiento de la autoridad religiosa de algunas secciones de la Escritura
hebrea pueden verse en el Antiguo Testamento (Ex. 24:3-7; Dt. 31:26; 2 R. 23:1-3;
Neh. 8:1-9.38). Sin embargo, ese reconocimiento de textos como “palabra de Dios”
no revela que la comunidad judía pensara en un cuerpo cerrado de escritos que
sirviera de base para el desarrollo religioso y social del pueblo incluso algunos
profetas reconocían la autoridad y el valor de mensajes proféticos anteriores ([1] f.
Jer. 7:25 y Ez. 38:17). Pero la idea de agrupar las colecciones de dichos y mensajes
proféticos en un cuerpo de escritos tomó siglos en hacerse realidad.
Posiblemente la primera referencia a una colección de escritos de esa naturaleza se
encuentra en Daniel 9:2. Allí se alude a la profecía de Jeremías, referente a la
duración del exilio en Babilonia, que encontró entre un grupo de “libros” (Jer. 25:11-
14).
168
Josefo, el historiador jurídico, en el primer volumen de su tratado contra Apión, alude a 22 libros que
contienen la historia judía. Estos libros son los mismos 24 de la Biblia hebrea en un orden un poco diferente:
En la primera sección incluyen los 5 libros de Moisés; en la segunda agrupa 13 – posiblemente al añadir los
5 libros a los 8 de la división tradicional: Job, Ester, Daniel, Crónicas y Esdras-Nehemías –; los cuatro libros
en la sección final pueden ser Salmos, Proverbios, Eclesiastes, y Cantar de los Cantares. Flavio Josefo,
autobiografía – Contra Apión (Madrid: Editorial Gredos, 1994): 1:38-41.
169
Esta teoría fue popularizada por H. E. Ryle en 1892; véase Bruce, p. 36.
170
Luego de la destrucción del templo y el colapso de la comunidad judía en Jerusalén, en el año 70 d.C., un
grupo de judíos, liberados por el rabino Yohanan ben Zakkai, se organizó al oeste de Judea en una
comunidad conocida como Yamnia (o Yabne). El objetivo principal del grupo era discutir la reorganización
de la vida judía sin las instituciones religiosas, políticas y sociales relacionadas con el Templo. En Yamnia
los rabinos no introdujeron cambios al canon judío; únicamente revisaron la traducción que había recibido.
Bruce, pp. 34-36; J.P. Lewis, “What do we mean by Janneh?” JBR 32 (1964), pp. 125-132; R.T. Beckwith,
The Old Testament canon of the New Testament Church (London: 1985), pp. 278-281
La documentación que reconoce la división tripartita del canon de la Biblia hebrea
171
es variada. En primer lugar, el Talmud babilónico acepta la autoridad religiosa y la
inspiración de los 24 libros de las Escrituras judías. A demás discute el orden de
tales libros.
172
En el prólogo a la traducción del Eclesiástico – también conocido como la
Sabiduría de Jesús ben Siria – el nieto de ben Sira, traductor del libro, indica que su
abuelo era un estudioso de “la Ley y los Profetas, y los otros libros de nuestros
padres”. Si esos “otros libros de nuestros padres” son los Ketubim, la obra reconoce,
ya en el 132 a.C., el ordenamiento tradicional de la Biblia hebrea.
171
Baba Batra, 14b-15a
172
El prólogo de esta obra, que se incluye entre los libros Deuterocanónicos, posiblemente se redactó luego
de que el nieto del autor emigrara de Palestina a Alejandría, en el año 132 a.C. véase: Alexander A. Di Lella,
“Wisdom of Ben-Sira”, ABD-6: 936.
173
La ausencia del libro de Ester entre los documentos hasta ahora encontrados en el Mar Muerto puede ser
accidental; aunque puede revelar también la precepción que la comunidad tenía de ese libro: a demás de no
contener el nombre de Dios y destacar la fiesta de Purim, presenta cierta afinidad con los ideales de Judas
Macabeos, que entre los miembros de la comunidad eran rechazados; Turro y Brown, p. 67.
Lamentablemente los miembros de la comunidad de Qumrán no dejaron
documentación escrita que nos indique con claridad cuáles de los libros que
mantenían en sus bibliotecas constituían para ellos parte del canon.
Sin embargo, el evaluar las copias de los textos encontrados y analizar sus
comentarios bíblicos, podemos indicar, con cierto grado de seguridad, que el canon
en Qumrán incluía: la Torah, los Nebi’im y los Salmos
(posiblemente con algunos salmos adicionales); incluían también los libros de
174
Daniel y de Job .
Posiblemente ya para el comienzo de la era cristiana había un recuerdo básico entre
los diferentes grupos judíos respecto a los libros que se reconocían como
autoritativos. Lo más probables que, con relación al canon judío, durante el siglo I
d.C. se aceptaban como sagrados los 24 o 22 libros de la Tanak – acrónimo formado
a partir de las tres divisiones de la Biblia hebrea: Torah, Nebi’im y Ketubim –, pero
la lista no se fijó de forma permanente hasta el final del siglo II o a comienzos del III
de la era cristiana.
Es muy difícil determinar con precisión los criterios que se aplicaron para establecer
la canonicidad de los libros. Algunos estudios han supuesto que entre los criterios se
encontraban el carácter legal del escrito y la idea de que fueran inspirados por
Dios.Otros, sin embargo, han indicado que cada libro debía aceptarse de acuerdo con
la forma que celebraba o revelaba la manifestación de Dios. Ese criterio brindaba al
175
libro la posibilidad de ser utilizado en el culto .
174
Aunque en Qumrá se han descubierto fragmentos de libros Deutrocanónicos (Carta de Jeremías, Tobí y
Eclesiástico) y Pseudoepígrafos (por ejemplo, Junileos y Enoc) es muy difícil determinar con precisión si
eran reconocidos con la misma autoridad con que se aceptaban los libros “bíblicos”; Bruce, pp. 39-40;
Turro y Brown, p. 67.
175
Turro y Brown, pp. 64-65.
La Septuaginta: el canon griego
176
Sobre la “diáspora” judías, los siguientes libros pueden orientar al lector: John Bright, La historia de
Israel: Edición revisada y aumentada (Bilbao: escleé de Brouwer, 2003 4?), pp. 521-585; S. Hermann,
Historia de Israel: En la época del Antiguo Testamento (Salamanca: Sígueme, 1985).
177
Fundada por Alejandro el Grande en el 331 a.C.
178
Ernst Wurthwein, The text of the Old Testament: An Introduction to the Biblia Hebraica (Grand Rapids:
W.B. Eerdmans Publishing Co., 1979), 49-53.
179
FILON. Vida de Moisés. 2, 37.
Aunque Filón y Josefo indican que solamente la Torá o el pentateuco se tradujo al
griego, los escritores cristianos añadieron a la leyenda de la Septuaginta la
traducción de todo el Antiguo Testamento, contados entre ellos libros que no
formaban parte de las Escrituras hebreas. Pseudo-Justino, en el siglo III, incluso
indica que vio personalmente las celdas en las cuales trabajaron, por separado, cada
180
uno los traductores de la Septuaginta. Estas adiciones a la antigua leyenda judía
revelan el gran aprecio que la iglesia cristiana tenía de la Septuaginta.
186
Melitón de Sardis (ca. 170) utilizó la expresión “Antiguo Testamento” para identificar las Escrituras
judías; Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica. Traducción de Argimiro Velasco Delgado (Madrid: B.A.C.,
1973), 4.26. Posteriormente Tertuliano (ca. 200), al referirse a las Escrituras cristianas, las llamó “Nuevo
Testamento”. Bruce, pp. 84-86; Turro y Brown, pp. 88-89.
187
La edición de 1979 del Nuevo Testamento en griego de Nestlé-Aland (pp. 897-904), incluye una lista de
citas del Antiguo Testamento en el Nuevo. Esa lista identifica las citas y las alusiones a la Septuaginta y a
otras versiones griegas del Antiguo Testamento. Véase, además, Robert G. Bratcher, ed., Old Testament
Quolations in the Testament, London: USB, 1976.
188
Bruce, pp. 48-52
La gran aceptación de la Septuaginta entre los primeros cristianos hizo que la
comunidad judía, con el paso del tiempo, rechazara esa traducción griega como una
versión adecuada de las Escrituras hebreas. En discusiones teológicas en torno al
nacimiento de Jesús, los cristianos citaban el texto griego de Isaías para indicar que
la “virgen”, no “la joven”, “daría a luz” (cf. Mt. 1:23 e Is. 7:14 gr.). Además, algunos
manuscritos de la Septuaginta incluso contienen adiciones cristianas a textos del
189
Antiguo Testamento (por ejemplo, Sal 13; 95).
Cuando las discusiones teológicas entre judíos y cristianos demandaron un análisis
exegético riguroso, la Septuaginta – que en algunas secciones demostraba un estilo
libre en la traducción y que, además, se basaba en un texto hebreo antiguo – fue
relegada y condenada en los círculos judíos. Posiblemente ese rechazo judío explica
el por qué la mayoría de los manuscritos de la Septuaginta que se conservan el día
190
de hoy proviene de grupos cristianos.
Una vez que la comunidad judía rechazó la Septuaginta, se necesitó una versión
griega que la sustituyera. Entre esas nuevas traducciones de las Escrituras hebreas al
griego se pueden identificar tres: las versiones de Aquila y Símaco, y la revisión de
Teodosio. En la famosa Hexapla de Orígenes se encuentran copias de estas
191
traducciones al griego.
Aquila, que era un discípulo del gran rabí Akiba, produjo una versión
192
extremadamente literal de los textos hebreos. Aunque el vocabulario usado revela
dominio del griego, la traducción manifiesta un literalismo extremo y un apego
excesivo a las estructuras lingüísticas del texto hebreo. Posiblemente por esas
mismas características esta traducción griega sustituyó a la Septuaginta y fue muy
popular en círculos judíos por el año 130 d.C.
193
La traducción de Símaco (c. 170 d.C.). Se distingue no por su fidelidad al texto
hebreo, sino por el buen uso del idioma griego. De acuerdo con Eusebio y San
194
Jerónimo, Símaco era un judío cristiano ebionita.
189
Wurthwein, p. 53.
190
Bruce, pp. 45-46
191
Orígenes era un teólogo cristiano de Alejandría que, durante los años 230-240 d.C. compilo diversos
textos de las Escrituras hebreas en columnas paralelas. El orden de las versiones en la Hexalpa es el
siguiente: (1) el texto hebreo; (2) El texto hebreo transliterado al griego; (3) Aquila; (4) Símaco; (5) La
Septuaginta; (5) Teodocion.
192
WURTHWEIN. Pg. 53; BRUCE, p.53.
193
WURTHWEIN.Pg. 53-54
194
Según Epifanio, Símaco era un samaritano convertido al judaísmo.
195
Teodoción, de acuerdo con la tradición eclasiastica, era un prosélito que revisó
una traducción al griego ya existente, basada en los textos hebreos. Algunos
estudiosos piensan que la traducción revisada fue la Septuaginta; otro, sin embargo
196
opinan que el texto base de Teodoción fue anterior a la versión de los setenta.
La iglesia y el canon
Una vez que finalizó el período del Nuevo Testamento, la iglesia continuó utilizando
la Septuaginta en sus homilías, reflexiones y debates teológicos. Una gran parte de
los escritores cristianos de la época utilizaban libremente la Septuaginta y citaban
los libros que no se encontraban en el canon hebreo.
La iglesia occidental, a fines del siglo IV, acepto un número de libros del Antiguo
Testamento, entre los cuales se encuentran algunos deuterocanónicos que aparecen
en la Septuaginta. Los teólogos orientales, por su parte, seguían el canon hebreo de
las Escrituras. Tanto Orígenes como Atanasio insisten en que deben aceptar en el
canon únicamente los 22 libros del canon judío; y San Jerónimo, con su traducción
conocida como “Vulgata Latina”, propagó el canon hebreo en la iglesia
197
Occidental.
A través de la historia, la iglesia ha hecho una serie de declaraciones entorno al
canon de las Escrituras. Al principio, estas declaraciones se hacían generalmente en
198
forma de decretos disciplinarios;
Posteriormente, en el Concilio de Trento, el tema del canon se abordó de forma
directa y dogmática.
El concilio de Trento se convocó en el año 1545 en el contexto de una serie de
controversias con grupos reformados en Europa.199 Entre los asuntos considerados se
encontraba la relación de la Escritura con la tradición y su importancia en la
transmisión de la fe cristiana.
195
WURTHWEIN. Pg. 54
196
Leonard J. Greenspoon, “Theodotion, Theodotion’s versión”, en ABD vol. 6, pp. 447-
448 197Turro y Brown, pp. 69-70.
198
Entre los concilios que hicieron declaraciones importantes referentes al canon se pueden identificar los
siguientes: el Concilio de Laodicea (c. 360); el Concilio de Roma (382); y el Concilio de Florencia (1442). A.
Paul, pp. 52-54.
199
Justo L. González, La era de los Reformadores (Miami: Caribe, 1980), pp. 65-75.
En el Concilio de Trento se discutió abiertamente la cuestión del canon, y se
promulgó un decreto con el catálogo de libros que estaban en el cuerpo de las
200
Escrituras y tenían autoridad dogmática y moral para los fieles. Se declaró el
carácter oficial de la Vulgata Latina, y se promulgo la obligación de interpretar las
Escrituras de acuerdo con la tradición de la iglesia, no según el juicio de cada
persona.
Además, el concilio aceptó con igual autoridad religiosa y moral los libros
201
protocanónicos y deuterocanónicos, según se encontraban en la Vulgata.
Entre los reformadores siempre hubo serias dudas y reservas en torno a los libros
deuterocanónicos. Finalmente, los rechazaron por las polémicas y encuentros con los
202
católicos. Lutero, en su traducción de 1534, agrupó los libros deuterocanónicos
en una sección entre los dos Testamentos, con una nota que indica que son libros
“apócrifos”, y que aunque su lectura es útil y buena, no se igualan a la Sagrada
Escritura. La Biblia de Zúrich (1527 -29), en la cual participó Zuinglio, relegó los
libros deuterocanónicos al último volumen, pues no los consideró canónicos. La
Biblia Olivetana (1534-35), que contiene un prólogo de Juan Calvino, incluyó los
deuterocanónicos como una sección aparte del resto de los libros que componen el
canon. La Iglesia Reformada, en sus confesiones “Galicana” y “Bélgica” no incluyó
los deuterocanónicos. En las declaraciones luteranas se prestó cada vez menos
atención a los libros deuterocanónicos.
200
Este decreto tenía una importante historia particular: en los prefacios a su Nuevo Testamento de 1522,
Lutero había descartado los libros deuterocanonicos y había cuestionado la inspiración de los Hebreos,
Santiago, Judas y Apocalipsis. A. Paul, p. 53. Hans Kung, La Iglesia (Barcelona: Herder, 1975), pp. 375-380,
425, 501. Ludwig Hertling, Historia de la Iglesia (Barcelona: Herder, 1989), pp. 330-347.
201
Las copias de la Vulgata contiene frecuentemente los libros de 1 y 2 Esdras y la Oración de Manasés; sin
embargo, estos no fueron aceptados por el Concilio.
202
En el resumen de las respuestas reformadas a la situación del canon seguimos a Turro y Brown, pp. 71-73.
203
Bruce, pp. 105-106.
204
Samuel Pagán, “La Revisión Valera de la Traducción Reina…”, La Biblia en las Américas (1989): 10-11.
La traducción al castellano de Casiodoro de Reina – publica en Basilea en 1569 –
incluía los libros deuterocanónicos, de acuerdo con el orden de la Septuaginta. La
posterior revisión Cipriano de Valera – publicada en Ámsterdam en 1602 – agrupó
los libros deuterocanónicos entre los Testamentos.
205
Bruce. Pgs. 110-111; Turro y Brown, Pg. 72.
206
G. Báez-Camargo, p. 27
207
Bruce, Pgs. 111-114.
208
Normas para la cooperación interconferencial en la traducción de la Biblia (Roma: Imprenta Políglota
Vaticana, 1987).
Cánones judíos y cristianos de las Escrituras
209
El contenido básico de los libros de Macabeos es el siguiente: 1 Mac relata la persecución y la resistencia de
los judíos por los años 175-164 a.C. desde una perspectiva macabea; 2 Mac incluye parte de la misma historia de
persecución y resistencia, pero desde el punto de vista fariseo; 3 Mac describe la amenaza a la comunidad judía
de Alejandría por los años 221-203 a.C.; 4 Mac presenta una meditación piadosa de los martirios descritos en 2
Mac. Estos libros de incluyen como un apéndice al final de la Septuaginta.
Ketubim: Escritos Libros Poéticos: Libros Poéticos:
210
Salmos Salmos Job
Job Proverbios **Odas Proverbios Salmos
Rut Eclesiastés (=Qohelet) Proverbios
Cantar de los Cantares Cantar de los Cantares Eclesiastés(= ohelet)
Qohelet (=Eclesiastés) Job Cantar de los Cantares
Lamentaciones *Sabiduría de Salomón Sabiduría
Ester *Sabiduría de Jesús ben Eclesiastés (= Sirácida)
Daniel 1-12 Siria (=Sirácida)
Esdras-Nehemías **Salmos de Salomón
Crónicas (2)
Libros proféticos: Los Doce: (= Libros proféticos:
Oseas, Amós, Miqueas…) Isaías
Jeremías
Lamentaciones
210
El libro de los Salmos contieneun Salmo adicional que no aparece en el canon hebreo: el 151, del cual
existen copias tanto en griego como en hebreo. Véase, J.A. Sanders, The Psalms Scroll of Quram Cave 11.
Discoveries in the Judea Desert, Oxford, 1965.
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