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Estados Civiles en el Derecho Español

El documento aborda el concepto de estado civil en el derecho español, que abarca diversas situaciones como nacionalidad, vecindad civil, estado marital, filiación y edad. Se discuten las características del estado civil, su eficacia, y la importancia de su inscripción en el Registro Civil, destacando que no todos los hechos registrados constituyen estados civiles. Además, se analizan situaciones controvertidas y la distinción entre relaciones fácticas y jurídicas en el contexto del estado civil.

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Estados Civiles en el Derecho Español

El documento aborda el concepto de estado civil en el derecho español, que abarca diversas situaciones como nacionalidad, vecindad civil, estado marital, filiación y edad. Se discuten las características del estado civil, su eficacia, y la importancia de su inscripción en el Registro Civil, destacando que no todos los hechos registrados constituyen estados civiles. Además, se analizan situaciones controvertidas y la distinción entre relaciones fácticas y jurídicas en el contexto del estado civil.

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TEMA 3: EL ESTADO CIVIL DE LA PERSONA.

VECINDAD CIVIL.
VECINDAD ADMINISTRATIVA. DOMICILIO.

ESTADOS CIVILES ADMITIDOS EN EL DERECHO ESPAÑOL

En ocasiones, y coincidiendo con el significado vulgar de la expresión, la ley identifica


“estado civil” solo con las situaciones o cualidades relacionadas con el matrimonio
(fundamentalmente soltero y casado). Pero la mayoría de las veces cuando el legislador se
refiere al estado civil lo hace con un contenido más amplio, comprensivo de una pluralidad
de situaciones distintas.

En términos coloquiales (y en impresos y formularios, incluso oficiales), la expresión estado


civil se hace coincidir con el hecho de estar casado o no (soltero, divorciado o viudo); sin
embargo, en términos propiamente técnico-jurídicos, la significación del estado civil es
mucho más amplia.

El problema es que el legislador español no enumera cuales son los estados civiles que se
admiten en nuestro ordenamiento y es esta una labor que debe llevar a cabo el intérprete
(doctrina y, sobre todo, jurisprudencia). La doctrina civilista mayoritaria estima como estados
civiles los relacionados con:

1)​ La nacionalidad (con relación a la nacionalidad existen los siguientes estados


civiles –español, extranjero y apátrida-).

Extranjeros: se considera extranjero al que carece de la nacionalidad española; apátridas:


toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado y nacionales:
dentro de éstos hay que distinguir entre originarios y por adquisición derivada.

2)​ La vecindad civil (según esté el sujeto sometido a la legislación civil común o foral).
Hay que distinguir entre los que gozan de vecindad civil común, aragonesa, balear,
catalana, gallega, navarra, vasca.
3)​ Por relación al matrimonio (soltero, casado, viudo, divorciado).
4)​ La filiación (por relación a los padres): hijo matrimonial, hijo extramatrimonial, hijo
adoptivo.
5)​ La edad (por relación a la fecha de nacimiento); hay que distinguir básicamente
entre mayor de edad, menor de edad, emancipado y sin emancipar. Estado civil de
mayoría de edad/la menor edad constituye otro estado civil.
6)​ La adopción de medidas de apoyo a personas con discapacidad. Habrá que
distinguir los supuestos de representación legal del discapacitado de los de mera
intervención de sus actos.

Tradicionalmente se consideraban estados civiles los relacionados con la incapacitación y


con la modificación judicial de la capacidad y la prodigalidad. Tras la Ley 8/2021, de reforma
de la legislación civil y procesal para el apoyo a las personas con discapacidad en el
ejercicio de su capacidad jurídica, habrá que estar a si se han establecido medidas de
apoyo que afecten al ejercicio de la capacidad jurídica de la persona.

1
Situaciones discutidas:

Se discute si deben ser consideradas o no, en la actualidad, como estados civiles:

1)​ El sexo: Tradicionalmente ha venido siendo considerado como una cualidad natural
determinante de un estado civil de hombre y estado civil de mujer,
fundamentalmente por la distinta capacidad reconocida a unos y otras. El principio
de no discriminación por razón de sexo (artículo 14 de la CE) y la progresiva
equiparación jurídica del hombre y la mujer ha llevado a muchos autores a negar la
consideración del sexo como cualidad de estado. Para otros, en cambio, no hay
duda de que es un estado civil, puesto que sigue teniendo trascendencia jurídica la
distinción (por ejemplo: la determinación de la maternidad y la paternidad se
someten a reglas distintas, como consecuencia del distinto papel que ocupan la
mujer y el hombre en la reproducción).
2)​ La condición política: Es más que dudoso que la condición política, a la que se
hace referencia en algunos Estatutos de Autonomía y que se corresponde con la
vecindad administrativa, sea un estado civil (la vecindad administrativa hace
referencia al lugar en el que una persona está empadronada).
3)​ La declaración de ausencia.
4)​ Las situaciones de insolvencia legal (declaración de concurso, quiebra o
suspensión de pagos).

La mayoría de la doctrina entiende que ninguna de esas situaciones es propiamente de


estado civil.

El problema de las relaciones de hecho:

En la realidad social se producen situaciones puramente fácticas, paralelas a relaciones


jurídicas, pero que permanecen al margen de su regulación legal (menores emancipados de
hecho, guardador de hecho de menores, cónyuges separados de hecho, uniones de hecho,
etc). En algunas ocasiones, el ordenamiento reacciona frente a estas situaciones ya
consumadas, atribuyéndoles consecuencias jurídicas propias o bien otras semejantes a las
previstas para las relaciones o situaciones a cuya sombra permanecen (emancipación,
guardador legal, separación judicial, matrimonio, etc). Se trata, en principio, de
consecuencias aisladas y, a posteriori, porque precisamente lo que caracteriza a estas
situaciones es su existencia al margen del Derecho. Por lo mismo, no constituyen estados
civiles, ni se les puede aplicar su régimen jurídico.

CONCEPTO

La doctrina civilista mayoritaria, sostiene la idea de “posición del hombre en la sociedad”, y


desde esta perspectiva, el estado civil es una situación jurídica. Situación jurídica en cuanto
que hace referencia a determinada manera de estar las personas en la vida social. El
estado civil determina su posición ante el Derecho, o lo que es lo mismo, su consideración
por el ordenamiento jurídico.

El estado civil de una persona viene determinado por la suma de las posiciones que ocupa
con relación a esas circunstancias valoradas como esenciales por el ordenamiento (una
persona puede ser hijo matrimonial, mayor de edad, casado, español y de vecindad

2
aragonesa). Los estados civiles se adquieren y modifican, unas veces, por meros hechos
jurídicos (por ejemplo, el estado civil de nacionalidad española se tiene por haber nacido de
madre o de padre español); otras veces, mediante decisiones de la autoridad, en particular
sentencias (por ejemplo, divorcio); y, finalmente, en no pocos casos, por actos jurídicos
voluntarios (como el reconocimiento de la filiación extramatrimonial o el matrimonio ya que
el estado civil de casado se tiene por haber contraído matrimonio válidamente). El estado
civil de mayor de edad se tiene por haber alcanzado los dieciocho años, conseguir el estado
civil de mayoría de edad no requiere de ningún tipo de reconocimiento o declaración: se
produce de manera automática, como asimismo todos los efectos que le son propios.
Efectos que, por otra parte, se producen no solo en el ámbito civil (que en muchas
ocasiones la tiene en cuenta), sino que alcanzan también al resto del ordenamiento jurídico
(administrativo, político, etc).

Cada una de esas situaciones jurídicas en que puede encontrarse la persona lo es respecto
de determinado hecho que el ordenamiento valora (se es mayor o menor de edad en
función del tiempo transcurrido desde que se ha nacido); o respecto de determinada
institución jurídica (se es casado o soltero en relación al matrimonio; se es aragonés o
catalán en relación a la vecindad civil, por ejemplo). De tal manera que, para cada uno de
esos hechos o instituciones jurídicas consideradas como fundamentales, la persona solo
puede ocupar una posición y tener una cualidad o condición (no se puede ser, a la vez,
mayor y menor de edad, o casado y soltero). Un estado no excluye a todos los demás, sino
solo al estado contrario (ser casado no excluye ser mayor de edad o ser español, sino solo
ser soltero).

Cada uno de los estados civiles se integra por un conjunto de facultades, derechos y
obligaciones (por ejemplo: participar en sus herencias, respectivamente, los padres y los
hijos; no contraer matrimonio el ya casado).

EFICACIA DEL ESTADO CIVIL

Cada uno de los estados civiles sintetiza unos efectos jurídicos propios. Así por ejemplo, la
nacionalidad atribuye a la persona un conjunto de derechos y deberes (derecho a acceder a
las funciones y cargos públicos); la vecindad civil determina la sujeción a uno de los
ordenamientos civiles españoles –por la vecindad civil se determina el sometimiento al
Código Civil o a uno de los derechos forales-; la filiación atribuye la cualidad de hijo, que
otorga al hijo una posición determinada en la familia y por esa vía en la comunidad social
(entre otros efectos determina los apellidos, el derecho a alimentos, derechos sucesorios,
etc); el matrimonio (obligación de convivencia, deber de ayuda y socorro, de alimentos, de
contribución a las cargas, derechos sucesorios como por ejemplo el usufructo del viudo/a).

CARACTERÍSTICAS

Carácter personal del estado civil:

Se atribuye al estado civil un carácter personal en cuanto que, unido a la persona, la califica
(es español, aragonés, mayor de edad, casado…); y define, por lo tanto, su posición jurídica
básica en la sociedad. Se entiende que toda persona tiene un estado civil (o una pluralidad
de estados civiles).

3
La inherencia del estado civil a la persona significa, además, la facultad de cambiar el
propio estado civil, dentro de los límites fijados en la ley, pero no la facultad de alterar el
estado civil de otra persona.

Lo que implica que no se transmiten “iure successionis” a los herederos (no forman parte de
la herencia). El artículo 659 del CC dice que “la herencia comprende todos los bienes,
derechos y obligaciones de una persona, que no se extingan por su muerte”.

Orden público:

Puesto que a través del estado civil se define la situación jurídica básica de la persona en la
sociedad, resulta lógico que el estado civil sea considerado como materia de orden público.
El Estado tiene interés en su determinación y fijeza. De ahí que el estado civil sea
irrenunciable, indisponible e imprescriptible.

Es materia de interés público, por lo que en los pleitos y procedimientos que versen sobre
ella, es obligada la intervención del Ministerio Fiscal en representación de la comunidad.

Carácter imperativo de sus normas:

El estado civil está contemplado como materia de orden público, y las normas que lo
regulan tienen por ello carácter imperativo.

Es solo el legislador el que establece las causas por las que se adquiere o se pierde un
estado civil, o se puede modificar, lo mismo que sus efectos.

En consecuencia, la autonomía de la voluntad tiene un papel muy reducido (artículo 1.255


del CC). Es el legislador el que establece las causas de adquisición o pérdida de un estado
civil, así como su contenido.

Las normas dispositivas son aquellas que solo se aplican en defecto de una manifestación
de voluntad específica por parte del sujeto o sujetos que pueden realizarla. Pero, en el caso
de que falte esta manifestación, se aplica la norma dispositiva. Las normas imperativas son
aquellas cuya aplicación no pueden evitar los particulares en ningún caso (son de obligado
cumplimiento por los particulares).

Ejemplo de norma imperativa y norma dispositiva en el contrato de compraventa: entrega de


cosa por precio (norma imperativa). El momento del pago en la compraventa es el
estipulado por las partes y, en su defecto, es en el momento de la entrega de la cosa
(norma dispositiva).

Eficacia “erga omnes”:

El estado civil tiene eficacia general, es decir, frente a todos, “erga omnes”.

Dicho en otros términos, la ley no permite que el estado civil valga en relación a unos y no
en relación a otros.

Estabilidad:

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Como consecuencia del carácter de orden público, se hace referencia a la necesidad de
seguridad, estabilidad y cierta permanencia del estado civil. Esto no significa que el estado
civil sea inmodificable, pero sí significa que se exigen ciertas garantías y solemnidades para
las declaraciones de voluntad que, según la ley, originan cambios en el estado civil.

Permanencia y estabilidad opuesto a lo instantáneo o transitorio.

Por ejemplo: es solemne el matrimonio, que necesariamente ha de celebrarse en la forma


prevista por la Ley, hasta el punto de que ciertos defectos de forma pueden ser causa de su
nulidad –por ejemplo, que falten los testigos- (artículo 73.3 del CC).

Es solemne el reconocimiento de la filiación no matrimonial, que debe hacerse en


testamento, documento público, o manifestación ante el encargado del RC (artículo 120 del
CC).

O la emancipación por concesión de los que tienen la patria potestad, que se otorga por
escritura pública o comparecencia ante el encargado del Registro Civil (artículo 241 del CC).

O la declaración de opción de la nacionalidad española prevista en el artículo 20 del CC,


que ha de hacerse ante el encargado del Registro Civil o ante notario.

Consecuencias de carácter patrimonial

Junto al contenido estrictamente personal del estado civil, pueden existir también unas
consecuencias de carácter patrimonial en cada estado civil (por ejemplo: el derecho a
heredar como consecuencia de la filiación; la pensión por desequilibrio en caso de divorcio).

De acuerdo con la jurisprudencia, a las consecuencias patrimoniales ni le son aplicables las


reglas del régimen jurídico del estado civil, ni le son atribuibles sus caracteres.

INSCRIPCIÓN EN EL REGISTRO CIVIL

El Registro Civil constituye la prueba de los hechos inscritos. Tiene por objeto hacer constar
oficialmente los hechos y actos que se refieren a la identidad, estado civil y demás
circunstancias de la persona. En particular, son inscribibles en el Registro Civil los
siguientes hechos: 1) El nacimiento, 2) La filiación, 3) El nombre y los apellidos y sus
cambios, 4) El sexo y el cambio de sexo, 5) La nacionalidad y la vecindad civil, 6) La
emancipación y el beneficio de la mayor edad, 7) El matrimonio. La separación, nulidad y
divorcio, 8) El régimen económico matrimonial legal o pactado, 9) Las relaciones
paterno-filiales y sus modificaciones, 10) La propuesta de nombramiento de curador y las
medidas de apoyo previstas por una persona respecto de sí misma o de sus bienes, 11) Las
resoluciones judiciales dictadas en procedimientos de provisión de medidas judiciales de
apoyo a personas con discapacidad, 12) Los actos relativos a la constitución y régimen del
patrimonio protegido de las personas con discapacidad, 13) La tutela del menor y la defensa
judicial del menor emancipado, 14) Las declaraciones de concurso de las personas físicas o
la intervención o suspensión de sus facultades, 15) Las declaraciones de ausencia y
fallecimiento, 16) La defunción (artículo 4 de la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil
modificado por la Ley 8/2021, de 2 de junio, por la que se reforma la legislación civil y
procesal para el apoyo a las personas con discapacidad en el ejercicio de su capacidad

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jurídica). Están en el Registro Civil casi todos los estados civiles que son; pero no son
estados civiles todos los hechos que están en el Registro Civil.

En el Registro Civil son inscribibles hechos que no tienen reconocido el carácter de estado
civil, pero son precisos para acreditar la existencia o inexistencia de la persona (inscripción
del nacimiento e inscripción de defunción); o para su identificación (por ejemplo, el nombre).

No todos los hechos que son inscribibles en el Registro Civil afectan propiamente al estado
civil de las personas, como sucede con las declaraciones de concurso, quiebra o
suspensión de pagos. Es decir, no todos los hechos inscribibles en el Registro Civil
constituyen estados civiles, como ocurre con el nacimiento, la muerte o la ausencia.

Además, hay estados civiles –por ejemplo, la mayoría de edad- cuya prueba resulta de un
hecho o de la combinación de varios de los hechos inscritos en el Registro Civil, pero que
en sí mismos no son objeto de inscripción (la mayoría de edad –que no se inscribe- se
desprende de la fecha del nacimiento).

VECINDAD CIVIL

La VC es una consecuencia necesaria de la coexistencia de los diversos regímenes


jurídico-civiles existentes en España, el comúnmente denominado derecho civil común, de
una parte y derechos forales, de otra.

El artículo 14.1 del CC establece que “la sujeción al derecho civil común o al especial o foral
se determina por la vecindad civil”.

No rigen normas civiles absolutamente iguales en toda España, sino que, junto al derecho
civil común, hay otros, los derechos civiles forales (Galicia, País Vasco, Navarra, Aragón,
Cataluña e Islas Baleares).

La persona estará sometida al derecho civil que rija en el territorio cuya VC posea.

Si la pertenencia a una comunidad nacional es un estado civil de la persona –se es español,


francés, etc; se tiene nacionalidad española, francesa-; la pertenencia –dentro de la
comunidad nacional- a otra comunidad regional constituye también otro estado civil –dentro
de ser español, se es castellano, catalán, navarro, etc-. Al anterior estado civil se le
denomina nacionalidad, a este estado civil se le denomina vecindad civil.

Solo se tiene una VC, solamente una, no es posible la “doble vecindad”.

La VC se encuentra regulada en los artículos 14 y 15 del CC. Los artículos 14 y 15 del CC


han recibido su actual redacción de las Leyes 11/1990, de 15 de octubre, sobre reforma del
CC en aplicación del principio de no discriminación por razón de sexo, y, 18/1990, de 17 de
diciembre, sobre reforma del CC en materia de nacionalidad, respectivamente. Como los
propios títulos de esas dos leyes reflejan, ninguna de ellas tenía como objetivo principal la
reforma de la VC.

Por ejemplo: Las legítimas: En el CC la legítima de los hijos es 2/3 y, la de los padres, es
1/2 o 1/3. En Galicia la legítima de los hijos es 1/4 y no hay legítima de ascendientes.

6
El artículo 808 del CC dice que “Constituyen la legítima de los hijos y descendientes las dos
terceras partes del haber hereditario de los progenitores”. El artículo 809 del CC estipula
que “Constituye la legítima de los padres o ascendientes la mitad del haber hereditario de
los hijos y descendientes, salvo el caso en que concurrieren con el cónyuge viudo del
descendiente causante, en cuyo supuesto será de una tercera parte de la herencia”.

ADQUISICIÓN

ORIGINARIA

Por razón de la filiación se adquiere –realmente se atribuye- originariamente la VC que


tienen los padres. El artículo 14.2 del CC dice que “tienen VC en territorio de derecho
común, o en uno de los de derecho especial o foral, los nacidos de padres que tengan tal
vecindad”.

El artículo 14.2 del CC requiere como presupuesto necesario que ambos progenitores
tengan la misma VC.

Es el criterio del “ius sanguinis” siendo indiferente, en este supuesto, que los padres estén o
no estén casados.

Se plantea problema si los padres tuvieran distinta VC. La solución la prevé el artículo 14.3
del CC y es doble:

En primer lugar, “los padres (…) podrán atribuir al hijo la VC de cualquiera de ellos en tanto
no transcurran los seis meses siguientes al nacimiento o a la adopción”.

La contemplación del plazo señalado pretende evitar que los padres jueguen con la VC del
hijo, requiriéndoles una decisión al respecto de forma rápida. El plazo concedido es de
caducidad y, en consecuencia, una vez transcurrido, el encargado del Registro Civil no
debería admitir manifestación alguna por parte de los padres, aunque actuaren de común
acuerdo.

En segundo lugar, si no se ha hecho lo anterior en el plazo indicado, se establece un triple


criterio de subsidiariedad:

1)​ el hijo tendrá la VC de aquel progenitor respecto del cual la filiación haya sido
determinada antes.
2)​ en su defecto -lo normal es que la filiación se determine simultáneamente a padre y
a madre- tendrá la del lugar del nacimiento.
3)​ en el caso infrecuente de que no se dé el primero y no conste el lugar de nacimiento,
la vecindad de derecho común.

La VC común utilizada como último criterio de solución del tema, provocó un cierto malestar
en algunas comunidades autónomas y dio pie a un recurso de inconstitucionalidad
planteado por la Diputación General de Aragón. Entendía la recurrente que la regla era
discriminatoria frente a la igualdad con que deberían ser tratados los distintos regímenes
jurídicos- civiles españoles. El Tribunal Constitucional en su sentencia 226/1993, de 8 de
julio, desestimó tal pretensión de inconstitucionalidad.

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DERIVATIVA

Se prevén dos supuestos de adquisición derivativa de la VC: por opción y por residencia.

En ciertos supuestos la adquisición derivativa de la VC (es decir, el cambio de la vecindad


anterior) se produce por el mero transcurso del tiempo y sin manifestación en ese sentido
por parte del interesado. Ello puede suponer que una persona ostente determinada VC sin
saberlo.

Hay dos casos de opción:

1)​ El hijo puede optar por la VC del lugar de su nacimiento o por la última vecindad de
cualquiera de sus padres (artículo 14.3 del CC).

Se le marca un plazo muy concreto: desde que cumpla 14 años y hasta que transcurra un
año después de su emancipación o mayoría de edad. Si ejerce la opción antes de estar
emancipado o de alcanzar la mayoría de edad, precisa el complemento de capacidad
–asistido, dice el texto legal- de su representante legal (si no estuviera emancipado, habrá
de ser asistido en la opción por el representante legal).

2)​ Cualquiera de los cónyuges no separados, ya sea legalmente o de hecho, podrá, en


todo momento, optar por la VC del otro. Así lo dispone el artículo 14.4 del CC tras
declarar que “el matrimonio no altera la VC”.

Hay dos casos de adquisición por residencia –artículo 14.5 del CC-:

1)​ Por residencia continuada durante 2 años, siempre que el interesado manifieste ser
ésa su voluntad. Esta manifestación se hará constar en el Registro Civil.

Una vez transcurridos dos años de residencia en dicho territorio, el interesado podrá hacer
la declaración cuando guste e “ipso iure” se producirá el cambio de VC.

2)​ Por residencia continuada de 10 años, sin declaración en contrario durante este
plazo (declaración de conservación de su VC anterior), que también se hará en el
Registro Civil.

Es el caso más habitual de adquisición derivativa de una VC, pues en la práctica no es


frecuente que la persona que cambia de domicilio y va a territorio con distinta VC en el
mismo haga la declaración de conservación de su VC anterior.

Ahora bien, una vez transcurrido el plazo decenal sin manifestación alguna del interesado
¿se adquiere automáticamente la VC que corresponda por el lugar de residencia? La
respuesta afirmativa a dicha pregunta parece imponerse, atendiendo, de una parte, al tenor
literal del artículo 14.5 y, de otra, a lo dispuesto en el artículo 225 RRC “el cambio de VC se
produce ipso iure por la residencia habitual durante 10 años seguidos en provincia o
territorio de diferente legislación civil, a no ser que antes de terminar este plazo el
interesado formule declaración en contrario” (de conservación de su VC anterior).

Si se trata de un menor de edad (no se computa el tiempo en que el interesado no pueda


legalmente regir su persona), cuando este menor llegue a la mayoría de edad, podrá, en el

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plazo de 10 años, a contar de la fecha de la mayoría de edad, hacer la declaración de
conservación de su VC anterior.

OTRAS CUESTIONES DE INTERÉS

-​ El artículo 14.3 del CC dice que “la privación o suspensión en el ejercicio de la patria
potestad, o el cambio de vecindad de los padres, no afectarán a la VC de los hijos”.
Por lo tanto, se prevé expresamente la ausencia de efectos de la privación o
suspensión de la patria potestad o el cambio de vecindad de los padres, respecto a
la VC de los hijos.

-​ La recuperación de la nacionalidad española conlleva consigo la adquisición de la


VC que ostentara el interesado al tiempo de su pérdida. Esta solución es lógica
teniendo en cuenta lo que significa recuperar la nacionalidad anterior: si no se
recuperara en las mismas condiciones que se perdió, no se podría hablar de
recuperación, sino de modificación a tenor del artículo 15.3 del CC.

-​ Todo extranjero que adquiere la nacionalidad española ha de adquirir, también,


determinada VC.

Los criterios para fijar la VC tendrán en cuenta, en la medida de lo posible, la voluntad del
interesado, suprimiéndose la preferencia injustificada otorgada, hasta la Ley 18/1990, a la
VC común.

La reforma de diciembre de 1990 tuvo como finalidad eliminar la preferencia que en la


redacción anterior del CC se atribuía a la llamada VC común “la adquisición de la
nacionalidad española lleva aparejada la vecindad civil común, a menos…”, e instaurar un
trato de igualdad entre los distintos derechos civiles vigentes en España.

El artículo 15.1 del CC establece que “el extranjero que adquiera la nacionalidad española
deberá optar, al inscribir la adquisición de la nacionalidad, por cualquiera de las vecindades
siguientes:

a)​ La correspondiente al lugar de residencia.


b)​ La del lugar del nacimiento.
c)​ La última vecindad de cualquiera de sus progenitores o adoptantes.
d)​ La del cónyuge.”

VECINDAD ADMINISTRATIVA

La VA es objeto de regulación por parte de la legislación de régimen local (Ley 7/1985, de 2


de abril, reguladora de las Bases del Régimen Local, modificada por las Leyes 4/1996 y
27/2013).

La vecindad administrativa hace referencia al lugar en el que una persona está


empadronada.

9
Se exige a “todo español o extranjero que viva en territorio español estar empadronado en
el municipio en que resida habitualmente”; previéndose también que “quien viva en varios
municipios deberá inscribirse únicamente en el que habite durante más tiempo al año”.

El concepto de VC no debe confundirse con el de VA. A diferencia de lo que sucede con la


VC, predicable solo respecto de los españoles, también pueden tener VA los extranjeros
que vivan en España. La VC no requiere propiamente residencia.

La condición de vecino de determinado municipio se adquiere por la inscripción en un


registro administrativo, el padrón municipal. El conjunto de personas inscritas en el padrón
municipal constituye la población del municipio pues el padrón es el registro administrativo
donde constan los vecinos de un municipio. Acreditación: Una certificación del padrón
municipal es la forma habitual de acreditar la VA.

Así la VA que resulta de la inscripción en el padrón del municipio en el que se reside


habitualmente no afecta a la aplicabilidad de los distintos derechos civiles territoriales, sino
que comporta los derechos y obligaciones previstos en la Ley: derecho de sufragio en las
elecciones locales, participar en la gestión municipal, contribuir con sus prestaciones a la
realización de las competencias municipales, acceder a los aprovechamientos comunales,
etc.

DOMICILIO

El CC se ocupa del domicilio en el título III del Libro I, al que dedica solo dos artículos: el 40
y el 41.

El artículo 40 del CC dispone que “para el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las
obligaciones civiles, el domicilio de las personas naturales es el lugar de su residencia
habitual y, en su caso, el que determine la Ley de Enjuiciamiento Civil (LEC)”.

El artículo 41 del CC se ocupa del domicilio de las personas jurídicas.

El artículo 18 de la Constitución española dice que “el domicilio es inviolable. Ninguna


entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial,
salvo en caso de flagrante delito” (flagrante delito: el autor de los hechos es sorprendido
durante la comisión del delito o bien inmediatamente después de haberlo cometido). La
inviolabilidad del domicilio constituye un auténtico derecho fundamental de la persona.

El artículo 19 de la Constitución española reconoce a los españoles “el derecho a elegir


libremente su residencia y a circular por el territorio nacional”. Es decir, cada uno puede
establecer su residencia en donde le venga en gana, sin necesidad de autorización previa
(como lamentablemente ocurre en los regímenes dictatoriales), pues se considera que la
fijación del domicilio forma parte de “las libertades públicas inherentes a la dignidad de la
persona”.

Clases de domicilio

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El domicilio basado en la residencia habitual se denomina domicilio real, ahora bien, el
domicilio también puede ser fijado por la ley (domicilio legal) o por las partes (domicilio
electivo).

Domicilio real

Al domicilio basado en la residencia habitual se le denomina domicilio real.

La residencia habitual es aquella en la que una persona vive la mayor parte del año.

Por el domicilio la persona resulta jurídicamente localizada –a los efectos que sea- en un
lugar, pero el de domiciliado no es un estado civil como el de casado o el de español, por
ejemplo.

Se puede definir el domicilio como “el lugar de residencia habitual de la persona, en cuanto
medio principal para su localización jurídica”.

El domicilio o sede jurídica de la persona, supone una relación entre persona y espacio, que
hace del lugar donde habitualmente reside aquélla el centro de sus actividades jurídicas.

La relevancia del domicilio incidirá en la localización jurídica de la persona, a efectos de


notificaciones, citaciones o determinación de la competencia de los Tribunales. Así, el
domicilio del demandado determina la competencia territorial de los jueces (artículo 50 de la
LEC). El domicilio del deudor es el lugar en que debe efectuarse el pago (artículo 1.171 del
CC). Debe tenerse en cuenta cual es el domicilio del causante para interpretar algunas
disposiciones testamentarias (artículos 747 y 749 del CC). Para la tramitación del
expediente previo a la celebración del matrimonio, es competente el encargado del registro
civil correspondiente al domicilio de cualquiera de los cónyuges (artículo 51 del CC).

No hay acuerdo sobre el sentido de la locución “residencia habitual”. Según una primera
opinión (concepción romanista) –para algunos autores, actualmente minoritarios, y tal como
acogen más de una vez las sentencias del TS- el concepto de domicilio se compone de dos
elementos complementarios: 1) el hecho físico de la residencia efectiva en un lugar
determinado –elemento material, corpus- 2) el propósito o la intención de la persona de
residir de modo permanente o estable en dicho lugar. El primer elemento “corpus” se
expresa con la palabra “residencia” y el segundo elemento espiritual “animus” viene
requerido por el calificativo “habitual”.

Según otra segunda opinión –adoptada por la generalidad de los autores actuales,
siguiendo la tesis del profesor De Castro- nuestro CC ha abandonado la doctrina romanista
de que el concepto de domicilio se formaba por la unión de “corpus” y de “animus”, doctrina
que adolecía de graves inconvenientes, y que requería averiguaciones sobre cuál era la
intención –el animus- del sujeto en cuestión. Según esta opinión el elemento espiritual no es
un componente necesario del concepto de domicilio, sino que basta con considerar la
residencia habitual en el sentido de residencia efectiva.

Hay que rechazar la primera opinión pues el artículo 40 del CC solo pide un elemento
material (corpus). Por ello al exigir el artículo 40 (1) del CC “residencia habitual” solo
requiere: 1) estar de asiento en un lugar, 2) que se trate de residencia normal y presumible

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para el futuro próximo – residencia de presumible continuación- (ese es el sentido de
“habitual”).

El CC equipara domicilio con residencia habitual. Abandona la concepción romanista del


domicilio de acuerdo con la cual el elemento esencial del mismo es la intención o voluntad
de permanecer en el lugar en cuestión. Con ello, tanto el concepto como la prueba del
domicilio quedan simplificados, al quedar relacionados únicamente con una circunstancia
material y objetiva, en la que se prescinde de todas las dificultades inherentes a la
averiguación de la intención de la persona en cuestión.

Por otra parte, cabe señalar que, aunque no sea lo normal nada obsta a que alguien
carezca de residencia habitual o bien que tenga varias residencias habituales.

Es innegable la posibilidad de tener, a la vez, varias residencias habituales. Por ejemplo, la


persona que tiene asuntos y casa abierta en dos ciudades vecinas, viviendo indistintamente
en cualquiera de ellas. Es equivocado pensar que entonces se tiene alternativamente el
domicilio en el punto en el que en cada momento se esté. Ello porque no se cesa de residir
en un lugar por el solo hecho de ausentarse materialmente de él. En el citado ejemplo lo
exacto no es decir la ciudad A es ahora la residencia habitual, y mañana ya no lo es la
ciudad A, sino la ciudad B. Por el contrario, sería exacto afirmar que son ahora y en todo
momento residencias habituales las ciudades A y B, una que se utiliza unos días, y otra que
se utiliza otros días.

En cuanto a la falta de domicilio, también se presentan casos reales de personas que


carecen de residencia habitual, por ejemplo: vagabundo, navegante que recorre países sin
más hábitat que su barco.

No hay necesidad de pretender fijar un domicilio artificiosamente, puesto que para


desempeñar su papel –del domicilio-, cabe acudir al lugar de simple residencia, o al
paradero del sujeto.

Puede darse en una persona residencia en vez de domicilio, en los casos vistos de falta de
domicilio. La inexistencia de una residencia habitual ha obligado a recurrir al concepto de
residencia simple a los efectos de localización jurídica de las personas.

Y también, es lo frecuente, residencia a la vez de domicilio, el que con un domicilio real


sufre una operación en un lugar distinto –hospital- o se presenta a unos exámenes o va a la
playa.

En el primer caso sí que tendrá trascendencia jurídica la residencia. En el segundo caso no


tendrá trascendencia jurídica la residencia, ya que solo tendrá trascendencia jurídica el
domicilio.

La residencia propiamente dicha: La residencia que no es habitual, pero que tiene cierta
permanencia, como las estancias que no llegan a la habitualidad definidora de domicilio, por
su carácter accidental, en un hospital, por ejemplo, ocasional, para unos exámenes o la
preparación de una oposición, por ejemplo, o de temporada, de verano, por ejemplo.

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El paradero (residencia de simple paso o tránsito) que ni siquiera tiene permanencia, la
ciudad en donde está el artista mientras dura su actuación, el hacer noche en un largo viaje,
las ciudades que se recorren en un viaje de turismo, por ejemplo.

Domicilio legal

Al domicilio establecido por la ley, sin tener en cuenta la residencia habitual, se le denomina
domicilio legal.

Por lo tanto, el domicilio legal es el impuesto como domicilio por una norma legal,
prescindiendo de la residencia habitual.

Se califica también de “necesario”, en cuanto impuesto por un precepto, a diferencia del


“real” que como en principio puede ser libremente elegido por la persona, se llama,
asimismo, “voluntario”.

Al domicilio legal se refiere el último inciso del primer párrafo del artículo 40 del CC “y, en su
caso, el que determine la LEC” (LEC: Ley de Enjuiciamiento Civil) y el segundo párrafo del
artículo 40: el domicilio de los diplomáticos. Dicho párrafo segundo del artículo 40 dispone
que “el domicilio de los diplomáticos residentes por razón de su cargo en el extranjero será
el último que hubieren tenido en territorio español” Impone la ficción de un domicilio en
España para el diplomático que lo tiene realmente en el extranjero -su domicilio en España
será el último que en España hayan tenido-.

Respecto al domicilio legal el artículo 40.1 del CC se remite a la LEC. No obstante, dicha
remisión hay que entenderla a la LEC de 1881, de acuerdo con las reglas establecidas en
los artículos 64 a 68 de la LEC. En la actualidad dichos preceptos ya no están vigentes, en
cuanto tales preceptos han sido derogados por la LEC de 2000. La LEC de 2000 ha
derogado estas reglas, pero no las ha sustituido por otras equivalentes. La LEC de 1881
establecía el domicilio de los comerciantes (el del pueblo donde tuvieren el centro de sus
operaciones), el domicilio de los hijos sujetos a patria potestad (el de sus padres), el de los
menores e incapacitados (el de sus guardadores), el de las mujeres casadas, el de los
empleados, el de los militares, etc.

La LEC de 2000 en el artículo 50.3 dispone que “los empresarios y profesionales en los
litigios derivados de su actividad empresarial o profesional, también podrán ser
demandados en el lugar en que desarrollen dicha actividad”. Naturalmente que los
empresarios y profesionales, además de este domicilio que fija la ley para los efectos
procesales, tienen como domicilio general el que resulte de lo previsto en el artículo 40 del
CC (lugar de su residencia habitual).

Domicilio electivo

El domicilio electivo es el lugar que eligen las personas para localizar “domiciliar” ciertos
actos jurídicos.

A modo de ejemplo las partes pueden designar un sitio para la consumación de un contrato
–artículo 1.171 del CC- o para la realización de una hipoteca –artículo 130 de la Ley
Hipotecaria- o el lugar en donde debe realizarse un pago. Así ocurre, por ejemplo, cuando

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se indica que el pago del alquiler se realizará mediante transferencia bancaria o en la oficina
del arrendador (artículo 1.171 del CC).

Es decir, se habla de domicilio electivo para identificar el lugar de ejercicio de un derecho o


más frecuentemente del cumplimiento de una obligación designado por las personas
interesadas en cualquier relación jurídica, con independencia del domicilio real de las
mismas. Este llamado domicilio electivo o, también, domicilio de elección lo único que
implica es una derogación convencional de los efectos del domicilio real o legal, respecto de
una determinada relación jurídica.

En tales casos, la utilización del término domicilio no deja de ser una licencia lingüística
pues realmente no hay consideración alguna del lugar de residencia habitual de persona
alguna, sino una mera utilización instrumental de un lugar determinado como espacio físico
de imputación de una concreta actividad de relevancia jurídica. En tal sentido, suele
insistirse, el llamado domicilio electivo no es un verdadero domicilio.

Por otra parte, es evidente que, aunque el CC no lo regule de forma expresa, la licitud de
fijación de cualquier domicilio electivo es innegable en relación con todas las actividades
humanas que pueden regularse a través del “principio de la autonomía privada” –artículo
1.255 del CC-.

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