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Liliana - Barg Los Vínculos Familiares

Liliana Barg analiza la familia como una construcción social histórica, donde los roles y relaciones están influenciados por contextos culturales y transformaciones sociales. La autora destaca la importancia del habitus en la percepción y relaciones familiares, así como las tensiones entre protección y conflicto dentro del núcleo familiar. Además, aborda la crianza de hijos autónomos, enfatizando la interdependencia entre autonomía y complicidad en las dinámicas familiares, y cómo diversos factores sociales y económicos impactan en la construcción de la identidad del niño como 'hijo'.
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Liliana - Barg Los Vínculos Familiares

Liliana Barg analiza la familia como una construcción social histórica, donde los roles y relaciones están influenciados por contextos culturales y transformaciones sociales. La autora destaca la importancia del habitus en la percepción y relaciones familiares, así como las tensiones entre protección y conflicto dentro del núcleo familiar. Además, aborda la crianza de hijos autónomos, enfatizando la interdependencia entre autonomía y complicidad en las dinámicas familiares, y cómo diversos factores sociales y económicos impactan en la construcción de la identidad del niño como 'hijo'.
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Liliana Barg

I. Los Vínculos Familiares

Construcción Histórica y Cultural de la Familia:

Barg enfatiza que la familia no es una institución estática ni natural, sino una

construcción social histórica. Esto implica que los roles, normas y relaciones familiares

están condicionados por el contexto cultural y las transformaciones sociales.

La familia se configura a partir de procesos históricos que reproducen tanto las

desigualdades como las tradiciones, estableciendo un marco en el que se valoran ciertos

comportamientos y se estigmatizan otros.

El Papel del Habitus y las Prácticas Cotidianas:

Inspirada en las ideas de Bourdieu, Barg muestra cómo el habitus (las

disposiciones adquiridas a lo largo de la vida) influye en la forma en que cada miembro

de la familia percibe, actúa y se relaciona. Estos hábitos se internalizan desde la infancia

a través de las prácticas cotidianas, permitiendo que la familia se constituya como un

espacio de reproducción del “sentido común” y de las normas sociales, pero también

como un lugar donde se pueden cuestionar y transformar esas mismas normas.

IMPORTANTE:

Mediante rituales y prácticas simbólicas (como las celebraciones, el uso de apellidos y

la conservación de recuerdos familiares), se refuerza la identidad grupal y se asegura la

continuidad de las formas de vida y de pensamiento. Esto es crucial para entender cómo, a

través de la familia, se construye el sentido de pertenencia y se garantiza la reproducción

social.

Mientras que, por un lado, la familia es un espacio de protección y contención,

por otro puede ser el escenario de conflictos, abuso y exclusión. Estas tensiones reflejan
la dualidad inherente a cualquier relación humana, donde los lazos afectivos se

entremezclan con relaciones de poder, generando tanto cohesión como potenciales

rupturas.

Los vínculos primarios familiares son la base de los sentimientos más profundos que

experimenta el ser humano. Estos lazos generan emociones tanto positivas (amor,

protección, contención) como negativas (odio, discriminación, inseguridad).

Barg sostiene que, desde el nacimiento, el niño se ve inmerso en un entorno

donde las relaciones familiares influyen directamente en la formación de su identidad y

en su capacidad para relacionarse con el mundo.

Los sentimientos que surgen en el seno familiar configuran la manera en que el

niño aprenderá a expresarse, a confiar y a enfrentar conflictos. Además, la formación de

estos vínculos se da a partir de dos elementos interrelacionados:

Lo Instituido: Representa el conjunto de normas, roles y modelos tradicionales

que rigen la vida familiar, es decir, cómo "debe" ser la familia según la cultura y la

sociedad.

Lo Instituyente: Se refiere a las condiciones concretas de existencia y a las

representaciones culturales y sociales que cada familia vive en su realidad diaria.

La interacción entre ambos determina el clima emocional de la familia y, por ende, el

desarrollo emocional y social del niño.

II. Lo familiar como campo y la familia como cuerpo

Lo familiar como campo:

La familia se entiende como un campo de relaciones donde coexisten diferentes

posiciones sociales y donde se efectúan luchas por el poder y los recursos.


Este campo es autónomo, pero también se encuentra subordinado a estructuras

más amplias, como el campo de la producción económica.

Existen luchas no solo a nivel de poder, sino también por el reconocimiento

social, lo que refleja tensiones internas y contradicciones dentro del grupo familiar.

Se destacan las distintas formas de poder que pueden manifestarse en la familia,

incluidos el autoritarismo y la discriminación, afectando las relaciones entre géneros y

generaciones.

La familia como cuerpo:

Bourdieu conceptualiza la familia como un "cuerpo", que aúna a sus miembros y

constituye una entidad con identidad y cohesión.

Este "cuerpo" se caracteriza por compartir un sentido común y una estructura

que permite la transmisión de patrimonio y valores entre generaciones.

La familia como cuerpo también implica el cumplimiento de un mandato social

de vivir en familia, reforzando la importancia de la cohesión y la solidaridad entre sus

miembros.

Campo:

espacio social configurado por relaciones de poder y de posición entre distintos

agentes. Un campo es un conjunto de posiciones interrelacionadas donde los individuos

y grupos luchan por la distribución de recursos y capitales (económico, cultural, social,

simbólico) que les otorgan poder y estatus en la sociedad. Se considera que cada campo

opera bajo sus propias reglas y lógicas de funcionamiento, generando una estructura de

relaciones que puede ser jerárquica y competitiva.


Campo Doméstico:

El "campo doméstico", por su parte, se refiere específicamente al contexto de la

vida familiar. Es un espacio donde se cruzan diferentes representaciones sociales y

donde se llevan a cabo interacciones que pueden estar influidas por mandatos culturales,

creencias, actitudes y condiciones materiales de existencia. Dentro del campo doméstico

se manifiestan dinámicas de poder, afectos, y, a menudo, también conflictos, donde los

miembros de la familia pueden experimentar tanto jerarquías como posibilidades de

autonomía y libertad en sus relaciones

Implicaciones sociales y culturales:

En el contexto del campo familiar, se representan diversas formas de vivir la

familia: desde estilos de vida tradicionales hasta formas más modernas que coexisten.

Las condiciones externas (como la economía, educación y acceso a servicios)

influencian fuertemente las dinámicas familiares.

Se enfatiza el papel de las mujeres en la mediación de las relaciones familiares,

siendo frecuentemente responsables de mantener el sentido de pertenencia y cohesión.

Construcción social del vínculo familiar:

La construcción del sentimiento familiar y la cohesión se renueva mediante

rituales y prácticas que perpetúan la existencia del grupo.

Se menciona la importancia de la comunicación y el intercambio de experiencias

entre familias como forma de fortalecer los vínculos.

III. Para intervenir con familia

Para intervenir con la familia, es necesario iniciar un proceso de investigación a

través de diferentes técnicas y estrategias .


Los trabajadores sociales deben problematizar sobre el objeto de la intervención

y su redefinición como objeto de conocimiento.

Se debe evitar separar el objeto de conocimiento del de intervención, para no

crear un vacío entre las preocupaciones teóricas y la realidad de la intervención.

IV. Algunos indicadores de riesgo vincular y de recursos adaptativos en la

madre y el hijo

Los indicadores de riesgo en el niño incluyen mutismo, retracción, lentificación

en aprendizajes, expresiones de angustia y uso del cuerpo para vehicular emociones.

Los indicadores de riesgo en la madre incluyen dificultad para decodificar las

demandas del hijo, rechazo a la lactancia materna, vínculo inconsistente y sobre

exigencia al hijo.

Los recursos adaptativos en los niños incluyen psicomotricidad relacionada con

la exploración espacial, interés por el conocimiento, capacidad de simbolización y

tolerancia a la frustración.

¿Que plantea la autora acerca de criar un hijo autónomo e independiente?

La autora plantea que criar un hijo autónomo e independiente implica un proceso

que requiere una combinación de afecto, establecimiento de límites y la capacidad de la

madre (u otros cuidadores) para acompañar al hijo de manera consistente. Destaca que

es fundamental que la madre pueda leer y decodificar adecuadamente las demandas del

niño, lo que incluye dar respuestas adecuadas a sus necesidades y mantener una

presencia afectuosa y constante.

Sin embargo, también menciona que existen indicadores de riesgo que pueden

obstaculizar este desarrollo, como la inconsistencia en el vínculo, la dificultad para


anticipar separaciones y la imposición de cargas que no corresponden a la edad del niño.

Estas condiciones pueden causar dificultades en la construcción de un sentido de

autonomía en el niño, llevando a conductas que reflejan angustia o inseguridad.

La autora enfatiza que los recursos adaptativos son cruciales tanto para el niño

como para la madre. Para el niño, estos incluyen una capacidad adecuada de

exploración, simbolización y sociabilidad, que son fundamentales para su desarrollo

hacia la autonomía. Para la madre, tener matrices de maternaje positivas y la capacidad

de establecer límites también es esencial. En última instancia, la crianza de un hijo

autónomo e independiente es un proceso complejo que está influenciado por las

dinámicas familiares, contextos sociales y condiciones materiales de existencia, lo que

implica considerar tanto la capacidad de la madre como las interacciones sociales en las

que se desarrolla la familia.

¿Qué dice la autora acerca de la autonomía y la complicidad?

La autora aborda la autonomía y la complicidad en el contexto de las dinámicas

familiares, señalando que estos dos conceptos son interdependientes y pueden coexistir

de manera compleja.

Autonomía: La autora sostiene que la autonomía de los individuos, incluidos los

niños dentro de las familias, está limitada por estructuras sociales más amplias y las

condiciones en las que se encuentran. A pesar de que cada miembro de la familia puede

desear ejercer su autonomía, las posiciones diferenciadas que las organizaciones

sociales dictan restringen estas posibilidades. A esto se suma el contexto del sistema

capitalista y las decisiones políticas que pueden influir en cómo se configura la vida

familiar .
Complicidad: En cuanto a la complicidad, la autora indica que no todos los

miembros de una familia internalizan de la misma manera la disposición a conformarse

con la visión dominante del grupo o a actuar como una unidad. Aunque puede haber una

integración en ciertos momentos, también existe un potencial de ruptura frente a la

dominación y las normas establecidas. La complicidad puede implicar un apoyo tácito a

las dinámicas familiares predominantes, pero también puede llevar a contradicciones y

resistencias por parte de sus miembros .

Interrelación entre ambos conceptos: La autora enfatiza que el campo doméstico

está marcado por tensiones entre la autonomía individual y la complicidad hacia una

visión familiar común. A menudo, la dominación masculina en las estructuras familiares

puede limitar la autonomía de los miembros, particularmente de las mujeres, siendo

ellas responsables de la integración y el cuidado. En este sentido, la complicidad puede

reforzar la cohesión familiar, pero a costa de la autonomía individual, generando

tensiones internas .

En conclusión, la relación entre autonomía y complicidad en el contexto familiar

es compleja y dinámica. Mientras la autonomía de los individuos puede verse limitada

por la necesidad de cumplir con las expectativas y normas familiares, también existe un

potencial para la resistencia y la ruptura de esas normas, lo cual puede enriquecer las

interacciones familiares y facilitar un desarrollo más autónomo.

¿Qué podrías decirme del título: ¿cómo se convierte un niño en un hijo? ¿Hay
implicancias que aborde la autora que permita entender mejor esta idea?

El título "¿cómo se convierte un niño en un hijo?" sugiere una exploración de los

procesos de socialización y de construcción de identidad dentro del contexto familiar.

La autora aborda esta cuestión al señalar diferentes implicancias que ayudan a entender
cómo un niño es configurado no solo como un individuo, sino también como un

miembro de una unidad familiar específica.

Vínculo afectivo: La autora enfatiza la importancia de la relación afectiva entre

la madre (o los cuidadores) y el niño. Es a través de la atención a las necesidades

emocionales y de desarrollo del niño que se establece un sentido de pertenencia y

conexión que integra al niño en la estructura familiar. Este vínculo no solo permite que

el niño se sienta querido, sino que también le proporciona un marco para el desarrollo

de su identidad como "hijo”.

Normas y expectativas familiares: A medida que el niño crece, comienza a

internalizar las normas, expectativas y valores de la familia. El proceso de socialización

permite que el niño adopte comportamientos y actitudes que son considerados

adecuados dentro de su contexto familiar. Esta internalización es fundamental para que

un niño se convierta en un "hijo", ya que implica una conformidad a las dinámicas y

roles familiares.

Condiciones sociales y económicas: La autora también señala que el contexto

socioeconómico y las condiciones exteriores impactan en las posibilidades del niño de

convertirse en un hijo dentro de la familia. Factores como la pobreza, la violencia y el

acceso a recursos afectan la capacidad de los padres para crear un ambiente de crianza

que favorezca el desarrollo integral del niño.

Condiciones de dominación: Asimismo, menciona que hay dinámicas de

dominación y poder en el ámbito familiar que pueden influir en esta transformación,

destacando cómo la dominación masculina puede establecer límites y normas que

afectan al niño en su desarrollo como persona y como hijo dentro de la familia.

Construcción de la identidad: La transición de un niño a un hijo también se

relaciona con la construcción de identidad, donde el niño empieza a comprender su


lugar en el mundo familiar y las relaciones que lo rodean. Esta construcción se da a

través del aprendizaje de roles y la socialización que experimenta en su entorno familiar

y comunitario.

En resumen, la autora aborda múltiples dimensiones que impactan en cómo un

niño se convierte en un hijo, desde la afectividad y las normas familiares hasta las

condiciones sociales y la dinámica de poder en la familia. Estas implicancias

proporcionan un marco comprensivo para entender no solo la identidad del niño, sino

también su rol y pertenencia dentro de la estructura familiar.

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