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Presagio de Carnaval 5

El relato describe una celebración familiar en un contexto de mestizaje, donde se entrelazan las tradiciones y la cotidianidad de los personajes. A medida que avanza la historia, se exploran las relaciones interpersonales y las tensiones emocionales, especialmente entre Sabina, Ángela y Renzo, en un ambiente cargado de simbolismo cultural. La narrativa culmina en una reflexión sobre la identidad y la soledad, mientras los personajes enfrentan sus propias realidades y expectativas.

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Presagio de Carnaval 5

El relato describe una celebración familiar en un contexto de mestizaje, donde se entrelazan las tradiciones y la cotidianidad de los personajes. A medida que avanza la historia, se exploran las relaciones interpersonales y las tensiones emocionales, especialmente entre Sabina, Ángela y Renzo, en un ambiente cargado de simbolismo cultural. La narrativa culmina en una reflexión sobre la identidad y la soledad, mientras los personajes enfrentan sus propias realidades y expectativas.

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Liliana Bodoc Presa9io de carnaval

El mestizaje era fácil de apreciar en la acumulación de madre. En medio de las conversaciones cruzadas, algún
íconos de yeso que atiborraban el mueble más impor- hombre celebró esa suerte.
tante de la casa: un aparador que cualquier anticuario -Me pongo en su lugar -dijo. señalando al niño.
habría venerado. Ningún Calque sabía desde cuándo ese El silencio descendió hasta las sobras de los platos.
mueble estaba entre ellos. Nadie tampoco tuvo el cuida- Algunos ojos se dirigieron al atrevido. Otros, al esposo
do de guardar la pata que se le quebró el día que deci- que debía responder. La mujer se cubrió rápido, alzó al
dieron cambiarlo de lugar, y que fue reemplazada por niño y entró a la casa.
tres ladrillos. Detrás de eso había un pasado mestizo que debía
Era mestizo el fondo que, en tres de sus costados, sin resolverse en alguno de los idiomas posibles.
contar el que ocupaba la casa, mostraba la esencia de las -¿Usted, compadre, lo dice por las tetas de la madre suya?
razas que allí se habían mezclado. Dos muros medianeros Una de las ancianas Calque respiró fuerte y se apuró a
levantados con cuanta cosa sirviera a ese fin imponían ofrecerle al esposo la olla con chicharrón. De su respuesta
la presencia de la conquista y de la propiedad. El tercer dependía el final del festejo.
costado estaba abierto al mundo para que todos fueran y -Sírvame, claro.
vinieran sin que el adentro y el afuera, el mío y el ajeno, El hombre aceptaba comer en esa mesa, con todos los
fueran cosas sencillas de distinguir. presentes. La fiesta podía seguir con su alegría y su tristeza.
Justo en ese costado. para evitar incendios, se prendie- Después del incidente, Sabina y otros tan jóvenes y
ron los fuegos para freír y asar. Una mesa y tres tablones más que él se fueron a fumar detrás de un amontona-
se colocaron donde las irregularidades del terreno permi- miento de chapas y cajones. No porque alguno de los
tían suficiente horizontalidad y equilibrio. presentes fuese a escandalizarse por eso, sino para no
Comida jugosa, picante, que aprecia criarse en su caldo. perder la delicia de los escondites.
Mucha y demasiada, porque después de tanto comer A las seis de la tarde los peores borrachos entraron a la
quedó para recalentar a la tarde. casa a dormir en la frescura del adobe.
Chicha que se traía en baldes. Jugo artificial que corría Sabina, el homenajeado, el que se iba lejos, siguió con
en jarras de plástico para alargar el alcohol. los más aguantadores y con las mujeres, que separaban
Los Calque despedían a otro que no iba a volver. Y la los restos, esto para los perros, esto para las gallinas. Y
tarde avanzaba. metían en un tacho con agua y jabón los platos sucios.
Pasadas las diez de la noche Sabina Calque apartó un
Una de las tías jóvenes daba de mamar. Ella sentada, poco al que ocupaba su colchón. Y se tiró a dormir, ves-
el niño de pie, hablando en secreto con las tetas de su tido y desesperado.

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Se despertó y era día de marcharse. Renzo no hacía esfuerzos por disimular porque total,
En la casa ya no quedaban visitas. Nadie más que la en esa zona, la plaza estaba vacía. Excepto por el boli-
gente que vivía allí, y ni siquiera todos, porque sus dos viano.
cuñados se habían ido al trabajo. Sus hermanas y sobri- Sobre todas las cosas, lo irritaba que Ángela le quitara
nos aún dormían. al asunto su verdadera importancia.
Solamente su madre estaba sentada en la cocina, como -A lo mejor en tu casa están acostumbrados a vomitar
si no hubiera dormido por esperarlo. durante la comida ...
-Bueno -le dijo-o Usted se va. Renzo preguntó tantas veces qué carajo te pasó, Ángela,
La madre de Sabina vertió en un jarro un poco de que al fin la muchacha de cejas espesas decidió explicar-
tinta de té y lo llenó de agua hirviente. Eso, acompañado le que hacía ya varios meses que le costaba retener la
de un buñuelo de los que habían quedado del festejo, fue comida, no tenía hambre y cuando tenía, le daban ganas
a parar a la mesa frente a Sabina, que estaba pensando de llorar. Entonces prefería no comer. Ella sabía bien que
que ya no podía volver. tenía mucha suerte en la vida, como Graciela le había
Sabina Calque no se apuró con su desayuno por- dicho. Pero cada mañana se despertaba más triste.
que sabía que, después del último sorbo, no quedaban Renzo y la debilidad no se llevaban bien. Y era ese
excusas. desprecio por la sinrazón y por la emotividad exacerbada
Su madre, hasta donde él sabía y había visto, nunca el que le impedía concebir límites a la voluntad. Si uno
había llorado. Tampoco iba a hacerla ese día. quería dejarse de joder, uno podía.
La madre de Sabina Calque trajo una estampita reli- -Ahora, si se te antoja hacerte la loquita y andar dicien-
giosa y se la mostró al hijo que se marchaba. do que la comida te hace llorar y que el vómito es culpa
-Mire, hijo. Es San Miguel y tiene alrededor su corte de la soledad, yo desaparezco. Desaparezco, Ángela. Yo,
de ángeles arcabuceros. En las ciudades donde usted va desaparezco.
tiene que cuidarse de ellos. Mírelos bien, ponga en su Sabina Calque se había quedado mirando con fijeza el
cabeza esta estampita así los recuerda y, donde los vea, lugar del escándalo.
pase callado. Mírelos con fijeza, hijo, y vea que estos Ángela de Lyon se pasaba las manos por las rodillas
ángeles andan con arcabuces. No se engañe. Llévelos con agudas y bellas. El yuyero podía jurar que la mujer tenía
cuidado. Trátelos como conviene, como se trata al viento. las palmas transpiradas de pena. Primo ladró para pedir
Procurando ir a favor. más golosinas navideñas, y Calque ni siquiera lo oyó, tan
absorto estaba en considerar cuánto tiempo iba a sopor-
-zl'uedo saber qué carajo te pasó, Ángela? tar Ángela de Lyon sin derrumbarse, porque ya estaba de

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papel, con los ojos demasiado abiertos para una persona Por entonces Ángela ya vivía en su propia tristeza.
viva. Y la boca con un contorno violeta que no le corres- Una casa silenciosa y llena de juguetes viejos con los que
pondía y mostraba un trastorno que los tíos Calque Ángela tropezaba. Allí vivía y planchaba sábanas ama-
hubieran tomado con todo respeto y preocupación. rillentas con las que luego se envolvía para bailar. Pero
Fue en medio de esa abstracción que Renzo descubrió como ya no tenía espejos, bailaba frente a las ventanas;
al yuyero. pero como las ventanas se iban empequeñeciendo, Ángela
-¿Qué mira el boliviano? bailaba frente a los azulejos de la cocina. En los azulejos,
-Nada. No mira nada -Ángela lo tomó del brazo para su imagen se veía globosa y deforme. Eso le daba tanto
distraerlo-. Al final no estás escuchando lo que te digo. miedo que vomitaba lo que aún no había comido.
Renzo se levantó del banco y empezó a caminar con
Ángela detrás pidiéndole que se tranquilizara, que el La tarde del veintiséis de diciembre Renzo se fue insul-
pobre Sabina no les había hecho nada. tando a los fracasados, a los poca cosa.
-Ahora resulta que es el pobre Sabino ... ¿y desde cuán- Ángela de Lron se quedó mirando la estela sono-
do es Sabino ese boliviano de mierda? ra que dejó el auto. Y parecía tan cerca de derrumbarse
Lo era desde que el tío sanador eligió un nombre para que Sabina Calque ofreció cruzar la calle para llamar a
salvarlo. Era Sabina Calque desde que partió de Tarabuco. Graciela.
El yuyero vio venir a Renzo y se puso de pie sin pre- -No hace falta -respondió Ángela-. Me siento un rati-
potencia y sin miedo. to, y se me pasa.
Sabina Calque no era alto, ni podía decirse que tuvie- -Está bien.
ra proporciones de peleador. Sin embargo, asustaba de Más que nada en el mundo, Ángela quería que el
él una escondida flexibilidad, una capacidad de salto y yuyero la tocara. No como un hombre, sino como una
vuelo que detuvo en seco el ímpetu de Renzo. raza. Sentir en la frente las manos piadosas de los tíos
-Así que pobre Sabina -dijo para disimular que no Calque, recibir alivio gracias a una virtud para dialogar
quería seguir con su bravuconada-o Entonces que el con los males y llegar a un acuerdo.
pobre Sabina te limpie los vómitos -dio dos pasos y vol- Ángela buscaba un modo de acercarse al cuerpo flexi-
vió a mirarla-: iPelotuda! ble y oscuro del yuyero.
El auto blanco arrancó como a Renzo le gustaba. Y si -¿Qué es ese borde de carne en la muñeca? -señaló.
Tarabuco entero hubiese estado delante, le habría pasado -Un callo, de cargar la valija con yuyos.
por encima. -¿re duele? -y acercó las yemas de los dedos.
-Ya no.
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Ángela tanteaba el aire dulce que rodeaba a Sabina. El departamento de Graciela lucía limpio. Y no por-
-¿Cómo es Tarabuco? que la prolijidad la desvelara, sino porque estaba sola,
-Lindo en carnaval. realmente sola. Y la soledad de una mujer suele mostrar
-¿y cómo es el carnaval de ustedes ... ? pocas salpicaduras de grasa en la cocina, y poco ennegre-
-Es bueno. Uno se ríe. Todos se ríen. Mis tíos decían cimiento en la pared cabecera de la cama. Por eso, qui-
que gracias a los disfraces sabemos que no somos impor- zás, Graciela aceptó sin fastidio el desorden brutal al que
tantes. Mijaílla sometía durante sus visitas de fines de semana,
Desde la vidriera de Lyon, Graciela se lamentaba por desde la siesta del sábado hasta el lunes por la mañana,
la escena que le tocaba ver. Discutir con un chico como cuando Graciela se levantaba para ir a Lyon y le entrega-
Renzo y ponerse a conversar con el yuyero ... Según ba, lavada y planchada, la ropa sucia que el vendedor de
pensaba, las cosas estaban tomando mal color. Y un olor harinilla le había llevado en una bolsa de nylon atada con
fuerte. varios nudos.
-iNena! -grító-. ¿Cuánto tiempo más vas a demorarte? Después de un buen domingo, Graciela sugirió una
invitación. Cualquier tarde de esas podría invitar a la
-Nena -Graciela había tomado la decisión de poner- mamá de Mijaíl a tomar el té. Pero Mijaíl no estaba listo
le límites a Angela-. No tengo que decirte que te quiero para responderle.
como si fueras una hermana menor. Por eso mismo estoy La cita familiar le olía a noviazgo. Marina se iba a
obligada a decirte las cosas como son. ¿Qué hacías hablan- encariñar con Graciela y después iba a andar jodienda
do con el boliviano? A mí no me molesta atender sola, para que él la tomara en serio, que parece una buena
me arreglo con los ojos cerrados. Pero si tengo que decir- mujer y es mejor que te lleve algunos años, y a ver, Mijaíl,
te la verdad, andás un poco rara. Lo último que quiero, si te enderezás, porque yo vivo con el corazón en la boca,
Ángela, es que te ofendas conmigo. Pero desde que estás mirá que trabajé para criarte, ¿qué buscás, hijo, que un
tan flaca y tan pálida estamos vendiendo mucho menos. día te traigan muerto? Porque yo sé muy bien en lo que
No sé cómo explicarte .. Ya no lucís tanto. Hasta Mijaíl me andás, y ojalá que tu padre no se entere, esté donde esté...
preguntó el otro día qué te pasaba. Yo no te voy a negar Aunque aquel domingo el vendedor de harinilla se las
que, para ser boliviano, este Sabina tiene su encanto. Pero arregló para cambiar de tema, empezaba a gustarle la
en tu lugar no le daría alas a esa clase de gente. Vas a ter- vida en un departamento con cortinas, agua fría y calien-
minar teniendo problemas con Renzo por culpa del yuye- te, alfombra en el baño para no resbalarse. La costumbre
ro y después vas a llorar, Ángela. Vas a llorar. de acompañar a Graciela al supermercado empezaba a
resultarle divertida. Sobre todo porque, si hacía las cosas

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bien, hasta podía mantener su habitual circuito de venta. -No digo que tenga algo que ver. Digo que ella le
y su posición de caudillo en el barrio de pobres. está dando demasiado lugar al boliviano. Mucha cari-
Graciela actuaba como una perrita perdida y adoptada, ta, mucha pregunta sobre Bolivia. No puedo entender,
de esas que se encariñan con sus salvadores y a fuerza de teniendo un novio como Renzo. Está bien que sea linda,
lengüetazo s consiguen un lugar en el mundo. Animalitos pero ya ni eso. ¿Le viste las piernitas de tero? Además, me
de Dios que evitan dar problemas con tal de recibir cari- ayuda cada vez menos.
cias. La conversación volvía a perderse. Mijaíl tuvo que
regresarla a su sitio.
-Puedo cortarte las uñas de los pies. De paso te cuen- - Pero zviste algo?
to algo que te va a dejar con la boca abierta -ofreció -Vi que el boliviano le puso las manos en la cabeza
Graciela, y agregó-: Algo sobre Ángela y Sabino. como si estuviera haciendo una de esas curaciones de
-¿Ángela y Sabino? -los nombres y sus cuerpos se indios.
unían por primera vez en la imaginación inquieta de - iAh! Entonces, el yuyero la tocó.
Mijaíl-. ¿Qué pasa con Ángela y Sabino? -Te dije que ibas a quedar con la boca abierta.
-Como pasar, no sé qué pasa. Pero esa chica está inso-
portable. Lástima que no fuiste a la plaza, porque los Los cinco libros estaban guardados en el mueble, sin
habrías visto, dale que te dale a la charla. regreso. y ya era natural que Mijaíl cuchicheara y trafica-
-¿y Renzo tampoco fue? -Mijaíl se incorporó. Las ra con lo peor del barrio.
uñas de los pies podían esperar. Después de transformarse en vendedor de harinilla,
-Fue. sí. Y tuvieron flor de pelea porque parece que Mijaíl dejó de interesarse por la historia de su padre. Solo en
Ángela lo dejó muy mal frente a su familia en la mesa de una ocasión volvió a preguntarle por el hombre de zancos.
navidad. Lo hizo para escuchar sobre su muerte. Y la madre contó.-
Como siempre que la situación lo entusiasmaba, Mijaíl - Ese día volvió llorando de la calle. Decía que había
se rascó entre las piernas. muertos en la ciudad. Me dijo que tenía que irse, y que
-Ella dice que se sintió mal por la comida. ¿re parece no podía llevarme. Me acarició la panza y me pidió que
que el vitel toné puede caerle mal a alguien? La cosa es te diera los libros. No lo vi más. Al poco tiempo supe que
que vomitó sobre la mesa. lo habían matado, me lo dijo uno de sus amigos. Él tenía
Posiblemente porque lo del vómito no le pareció dema- sus ideas ... por eso lo conocí. Mirá si un muchacho estu-
siado grave, Mijaíl derivó hacia lo importante. diado y tan lindo iba a venir al barrio a hacer teatro para
-¿y qué tiene que ver Sabino? los pibes si no hubiera tenido sus ideas. Yo le decía que
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siempre iba a haber ricos y pobres, que eso no tenía arre- Después del almuerzo, que ni siquiera quiso probar,
glo, pero no había caso, tu papá era como era. Yo todavía durmió un rato en el sillón. Muy poco. Enseguida des-
hablo con él. Le gustaba hablar. Y cantar. Conocía muchas pertó sobresaltada porque había soñado que entraban
canciones que no pasaban por la radio. Ya me las olvidé, ladrones a Lron.
pero eran lindas. i Cantaba de bien ... !Y bajito. Bueno, a mí -No hagas caso -dijo su padre, que seguía resolvien-
me cantaba bajito. do juegos de palabras. Y a propósito de eso, preguntó-:
¿Ciudad de Bolivia?
Pero al fin Renzo le llevó a Ángela un regalo de seis de Respondiste Tarabuco con alegría. i Si te hubieses visto
enero. la cara, Ángela!
- Los Reyes me pidieron que te diera un regalito. -No puede ser, tiene cinco letras.
Ángela sonrió. - Entonces no sé.
-Te perdonan -dijo Renzo. Y aclaró-: Mi mamá y mi -¿Para qué mierda ponen ciudades de Bolivia habien-
abuela te perdonan lo de navidad. do tantas capitales famosas?
Ángela siguió sonriendo, aunque de un modo ligera- Ángela dijo que salía un rato a caminar, que no iba
mente más débil. lejos.
-¿No estás contenta?
Ángela se retorció el cabello a un costado para disimu- Pero a una madre no se la engaña fácil, Ángela. Yo
lar su decepción. supe que ibas a hacer el camino de todos los días, igual
-Sí claro que estoy contenta. que si fueras a trabajar. Aunque era domingo.
-Bueno. Entonces, cualquier día de estos te llevo a casa.
Te perdonaron, Ángela. Todos en esa familia la perdo- -Ángela de Lron -saludó Sabino Colque. Se le notó el
naron. asombro de verla allí un domingo por la tarde.
Afortunada Ángela, todos te perdonan. -Vine porque tuve un sueño -Ángela explicó-o Soñé
que entraban ladrones a Lron, y me quedé preocupada ..
Era el último domingo de enero, fácil de recordar por Sabino Colque asintió porque conocía la seriedad de
el calor agobiante y el cielo oscuro. esos asuntos. Ángela sonrió, y señaló la tienda inalterada.
El hermano menor de Ángela miraba televisión. El -Por suerte, me equivoqué.
padre resolvía palabras cruzadas. El yuyero tuvo pena de decirle que no siempre los
La tristeza empezaba a matarla. Y nadie, excepto la sueños hablan claro. Y que muy pocos podían saber qué
mujer del portarretratos, parecía notarlo. cosas estaban advirtiendo.
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Pero Ángela no quería irse, entonces señaló al perro. En el camino, Sabino Colque habló del carnaval de
-¿Ya él? ¿De dónde lo sacaste? San Pedro, lo más parecido a Bolivia que tenía a mano. Y
Sabino le contó la historia. dijo que, a veces, si la gente sabía cómo bailar al costado
-¿y tus tíos? ¿De verdad eran sanadores? de las procesiones y cómo comportarse, la gente se sana-
El yuyero estaba respondiendo cuando el sol empezó ba. Porque el carnaval era una batalla contra la muerte.
a caer. Entonces, la invitó a saludarlo.
Ángela aceptó, a pesar de que ya tenía transpirada la Tu insólita tristeza te puso la respuesta en la boca.
nuca debajo del cabello. Se paró junto al yuyero. Procuró Respondiste que irías. Y yo, que te conozco, supe que no
parecerse a él y conseguir su misma gracia. Por eso actuó estabas hablando por cortesía. Aceptaste ir al carnaval de
con la seriedad de una niña que juega a ser otra persona. San Pedro. Y apretaste la cartera contra tu cuerpo como
El saludo empezaba en los vientres. El de Ángela pidiéndome autorización.
era un plato de oro, el de Sabino, un plato de arcilla.
Los talones tenían que aplastar la tierra. Y en el torniquete -r.Sírnbolo del iridio?
del torso había que olvidar los huesos. Desde la planta -No sé.
del pie hasta el pecho se arrastraba la tristeza. Después -¿Qué vamos a cenar, Ángela?
había que patear con fuerza, y detenerse antes de llegar al -Ya veo.
piso. En el aire, a los costados, retorcer la soledad de cada Ángela se descalzó apenas entró a la casa. Enseguida
uno ... sacó de la cartera la fotografía de su madre para devol-
verla al portarretratos, vacío sobre el mueble.
Buscás con la mirada algo que vuela y saltás para atraparlo. Como sea, nadie había notado la ausencia de las muje-
res. Muertas las dos.
Domingo, verano y noche, no importa en qué orden
ni en qué proporción, las tres dimensiones ya estaban en Sabino Colque estaba muy lejos de Tarabuco cuando
la plaza. lo alcanzó su día trágico.
Sabino Colque ofreció acompañarla hasta el colectivo El carnaval había terminado poco antes. Atardecía en
que la llevaba de regreso a su casa. Allá donde todo con- la plaza. Mijaíl acababa de irse. Y los artesanos levanta-
tinuaría idéntico. Su padre en la cocina, cruzando letras, ban sus puestos.
tomando coñac. Su hermano sumido en conspiracio- Colque y su perro empezaron a caminar hacia la pen-
nes interplanetarias. Sin que ninguno de ellos notara su sión donde dormían y compartían la sopa. Fue entonces
ausencia. Ni la ausencia de la fotografía. cuando Sabino oyó el sonido de las persianas metálicas
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de Lron. Recordó que era jueves. Y que desde el domin- era indispensable que el boliviano recordara quién era y
go en San Pedro, Ángela no había vuelto al banco de la dónde estaba. Por eso, para recobrar su orgullo, decidió
plaza. pagar una pateadura de esas que ponen las cosas en su
Tomó el camino habitual. En una esquina, esperaban sitio y obligan a los infelices a cambiar de plaza y de
los ángeles arcabuceros. costumbres.
Mírelos, hijo. Mírelos con fijeza y vea que estos ánge- Para asustar a un yuyero boliviano no hacía falta ir
les, blandos y carnales como mujercitas, empuñan arca- lejos.
buces. Un baldío tapiado es un sitio donde los ángeles arca-
buceros actúan a sus anchas. Un lugar del mundo donde
Sabina los conocía bien, de modo que procuró hacerse las leyes se escriben y se borran con la sangre apropiada,
invisible. Pero los ángeles arcabuceros le cortaron el paso la de quienes no tiene defensa posible. Un baldío es el
para pedirle legalidades impensables. cielo donde los fuertes mandan, y nadie se asoma aunque
Flanqueado por el destino, el yuyero pensó que nadie se escuchen gritos y lamentos.
en el mundo iba a darse cuenta de que, esa noche, él no Es cosa sabida que, a la hora de dar una pateadura por
llegaba a su cama. Recordó a su perro: "Espéreme, Primo. encargo, a la hora de moler a golpes a un desconocido,
Yo vuelvo". lo más difícil es dar el primer golpe. Y para eso hay que
Con un nombre de perro fue suficiente. buscar el modo de enojarse. Se trata de poder resucitar, en
-iCierto que el perro es primo tuyo! una coyuntura cualquiera, el odio de las razas.
-Si el perro es primo tuyo, también es boliviano. Los ángeles arcabuceros tenían que enojarse, y Sabina
-¿Es boliviano el perro? no lo facilitaba. Porque Sabina Calque había aprendido
-¿y tiene permiso? que debía irles a favor.
-A ver los papeles del primo boliviano de Sabina. Claro que la harinilla de Mijaíl chorreaba sobre los
-¿No tiene papeles? nervios de los ángeles, y el pago acordado con Renzo
-Entonces, el perro también viene con nosotros. picaba en las palmas de las manos. Pero todavía no era
~os ángeles arcabuceros se llevaron a Sabina Calque y bastante. Era necesario revolver los fondos.
a su perro. La tragedia, al fin, se arremangaba. Le humillaron el país leproso donde había nacido. Pero
Calque permaneció callado.
Renzo tuvo motivos de casta para desear, con toda el Le humillaron la madre que lo parió, india roñosa. Le
alma, que el boliviano recibiera un susto. Porque aun- desparramaron los yuyos por el baldío. Le acercaron la
que Ángela ya hubiese empezado a provocarle náuseas, brasa del cigarrillo a los ojos. Lo manosearon.

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