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Tipos y características de documentos legales

El documento aborda las falsedades documentales, definiendo el concepto de documento y sus características, así como las distintas clases de documentos (públicos, oficiales, mercantiles y privados). Se detalla la tipificación penal de la falsificación de documentos por autoridades o funcionarios públicos, estableciendo las modalidades de falsedad y las penas correspondientes. Además, se menciona la falsificación cometida por imprudencia grave, diferenciando entre las acciones dolosas e imprudentes en este contexto.

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Tipos y características de documentos legales

El documento aborda las falsedades documentales, definiendo el concepto de documento y sus características, así como las distintas clases de documentos (públicos, oficiales, mercantiles y privados). Se detalla la tipificación penal de la falsificación de documentos por autoridades o funcionarios públicos, estableciendo las modalidades de falsedad y las penas correspondientes. Además, se menciona la falsificación cometida por imprudencia grave, diferenciando entre las acciones dolosas e imprudentes en este contexto.

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FALSEDADES DOCUMENTALES.

I. INTRODUCCIÓN.

1. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO.

Para la resolución de este apartado hay que remitirse a lo indicado con carácter general en la
lección anterior. Recuérdese que allí se optaba con carácter global por un objeto de protección
pluriofensivo, en el que se tutelan los intereses generales aglutinados por la seguridad del tráfico jurídico
como concreción de la fe pública depositada en el valor probatorio de los documentos.

2. CONCEPTO DE DOCUMENTO.

Se llega de este modo a la vigencia y alcance del art. 26 del Código Penal, que define legalmente el
documento como “todo soporte material que exprese o incorpore datos, hechos o narraciones con eficacia
probatoria o cualquier otro tipo de relevancia jurídica”. El legislador se decanta claramente por la teoría
más amplia, posibilitando incluir en el concepto, además del documento escrito o documento papel,
cualquier otra hipótesis como: cintas de video, magnetofónicas, disquetes informáticos, etc.

3. CARACTERISTICAS DEL DOCUMENTO

De lo expuesto se entiende que la característica que definen a un documento son:

1. Que se incluya en un soporte material.

2. Que semejante manifestación o declaración ha de ser atribuible a una o varias personas. El


documento a través de la firma o rúbrica o por la adecuada identificación del autor ha de
presentarse personalizado.

3. Su vocación para entrar en el tráfico jurídico.

4. La capacidad del documento para producir efectos en el tráfico jurídico.

Algunas características más han sido puestas de manifiesto por la doctrina desde una
perspectiva más general. Así, que el documento sea comprensible y creíble, genuino y veraz. En cualquier
caso, parece acertada la simplificación jurisprudencial que reiteradamente ha concretado una triple
función del documento: la perpetuadora, (refleja la manifestación de voluntad o de conocimiento de
alguien), la probatoria (posibilita probarla) y la garantizadora (permite identificar al autor de la declaración).
Sin la conculcación de estas funciones esenciales de todo documento no cabe la falsedad.

4. DOCUMENTOS PÚBLICOS

A las clases de documentos públicos se refiere de manera descriptiva el artículo 317 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil diciendo que “a efectos de prueba en el proceso, se consideran documentos públicos:

1. Las resoluciones y diligencias de actuaciones judiciales de toda especie y los testimonios que de
las mismas expidan los Secretarios Judiciales.
2. Los autorizados por notario con arreglo a derecho.
3. Los intervenidos por Corredores de Comercio Colegiados y las certificaciones de las operaciones
en que hubiesen intervenido, expedidas por ellos con referencia al Libro Registro que deben llevar
conforme a derecho.
4. Las certificaciones que expidan los Registradores de la Propiedad y Mercantiles de los asientos
registra les.

5. Los expedidos por funcionarios públicos legalmente facultados para dar fe en lo que se refiere al
ejercicio de sus funciones.
6. Los que, con referencia a archivos y registros de órganos del Estado, de las Administraciones
públicas o de otras entidades de Derecho público, sean expedidos por funcionarios facultados para dar fe
de disposiciones y actuaciones de aquellos órganos, Administraciones o entidades.

5. DOCUMENTOS OFICIALES.

El número 3 del Art.596 de la LECr incita a la confusión al estimar, como se ha dicho, públicos los
expedidos por funcionario público, que es la característica esencial de los documentos oficiales.

En cualquier caso, tanto la jurisprudencia como la doctrina se han empeñado en delimitar una cierta
separación de contenidos.

Múltiples son las concreciones jurisprudenciales sobre supuestos incluibles dentro del concepto.
Ejemplifiquemos algunas: títulos académicos expedidos oficialmente, certificaciones académicas, actas de
proclamación de candidaturas a concejales, libro‐registro de entradas en una comisaría de aguas, actas
provisionales y definitivas de exámenes, documentos de altas en la Seguridad Social, certificado de “fin de
obra” dirigido a ser presentado y surtir efectos ante un Organismo público dependiente de la
Administración, la solicitud de duplicado del permiso de conducir, las tarjetas provisionales expedidas por la
Jefatura de Tráfico, el permiso de conducir, las recetas autorizadas por los médicos de la Seguridad Social, en
cuanto que se trata de una organización público‐social, los billetes de lotería y, como ya ha sido dicho, los
documentos de identidad.

6. DOCUMENTOS MERCANTILES.

Documentos mercantiles son fundamentalmente los regulados o constituidos con arreglo al Código
de Comercio o a las leyes especiales de esta naturaleza.

La jurisprudencia y parte de la doctrina emplea el concepto en cuanto simbiosis de expresión de


acto mercantil y carácter probatorio de derechos y obligaciones. Así se ha matizado que deben estimarse
documentos mercantiles no sólo los expresamente regulados como tales en el Código de Comercio o en
otras leyes mercantiles, sino también todos aquellos que recojan una operación de comercio o tengan
validez o eficacia para hacer constar derechos y obligaciones de tal carácter o sirvan para demostrarlas.

En este sentido, se han considerado como documentos mercantiles las letras de cambio, cheques,
pagares, castas, órdenes de crédito, títulos de valores, cartas de porte, pólizas de seguros, pólizas de
fletamiento, declaraciones de bienes, inventario y balances de situación para acreditar solvencia, etc.

7. DOCUMENTO PRIVADO.

Nuestra legislación distingue claramente entre documento público, oficial o mercantil y documento
privado, otorgándole incluso a la falsedad de éste una sección independiente. Sin embargo, su relación es
obvia. La doctrina y jurisprudencia lo desarrollan de una manera residual. Serán documentos privados todos
aquellos que no ostenten la condición de públicos, oficiales ni mercantiles y que creen o prueben algún
derecho posible de vulnerar o resulte de él la obligación que afecte a terceras personas.

El Tribunal Supremo ha incluido, entre otros, como documentos privados, las participaciones de
lotería, que no los billetes de lotería, las facturas de una compañía de electricidad, los vales de gasolina, las
cartas, las entradas de los espectáculos, los anuncios, las circulares de las juntas de un colegio de
abogados, los contratos privados de compraventa, etc.
8. OTROS DOCUMENTOS.

Además de los anteriormente enumerados, el Código Penal admite como documentos los
despachos transmitidos por servicios de telecomunicación, a los que equipara, a los públicos, oficiales y
mercantiles y los certificados.

El despacho telegráfico es el telegrama ya salido de la esfera de poder de los servicios de


telecomunicaciones. El certificado es el documento que se certifica. Por certificar hay que entender “hacer
cierta una cosa por medio de un documento”. Es, como ha sido dicho, la verdad legal.

II. FALSIFICACIÓN DE DOCUMENTOS PÚBLICOS, OFICIALES Y MERCANTILES COMETIDA


POR AUTORIDAD O FUNCIONARIO PÚBLICO.

Artículo 390.

1. Será castigado con las penas de prisión de tres a seis años, multa de seis a veinticuatro meses e
inhabilitación especial por tiempo de dos a seis años, la autoridad o funcionario público que, en el
ejercicio de sus funciones, cometa falsedad:

1.º Alterando un documento en alguno de sus elementos o requisitos de carácter esencial.

2.º Simulando un documento en todo o en parte, de manera que induzca a error sobre su
autenticidad.

3.º Suponiendo en un acto la intervención de personas que no la han tenido, o atribuyendo a las
que han intervenido en él declaraciones o manifestaciones diferentes de las que hubieran hecho.

4.º Faltando a la verdad en la narración de los hechos.

2. Será castigado con las mismas penas a las señaladas en el apartado anterior el
responsable de cualquier confesión religiosa que incurra en alguna de las conductas descritas en los
números anteriores, respecto de actos y documentos que puedan producir efecto en el estado de las
personas o en el orden civil.

1. SUJETOS DE ESTE DELITO

Como sujeto activo del delito tenemos, en primer lugar y directamente, a la autoridad o funcionario
público y, con carácter asimilable, a los responsables de cualquier confesión religiosa, exigiéndose en ambos
casos que la conducta se desarrolle en el ejercicio de sus funciones.

El sujeto pasivo del delito, en atención al bien jurídico tutelado de carácter colectivo y pluri‐
objetivo, es la sociedad, no entendida en su conjunto, sino como aquel sector que se circunscribe al
ámbito de las relaciones jurídicas

2. OBJETO MATERIAL.

En relación al objeto material está casi todo dicho cuando se ha analizado el documento en sus
diversas facetas, curiosamente en este tipo, que hemos calificado de básico en la estructura de las
falsedades documentales, no sólo no se definen los documentos aquí integrados, sino que tampoco se
menciona clase alguna. Lógicamente por la ubicación sistemática y por las continuas remisiones de otros
tipos que sí especifican, atiende a documentos públicos, oficiales y mercantiles.

3. MODALIDADES COMISIVAS.
El núcleo esencial de la acción delictiva está configurado en todos estos delitos, por el verbo
falsificar.

El Código Penal vigente regula cuatro hipótesis:

1ª.‐Alteraciones de elementos esenciales del documento.

El número 1 del art. 390 menciona los tres requisitos que la configuran: la existencia de un
documento verdadero, legítimo y auténtico; una conducta activa de alteración sobre el documento; y
que dicha alteración recaiga sobre un extremo esencial.

Alteración es la acción de alterar. Alterar es cambiar la esencia o forma de una cosa, en esta
hipótesis de un documento público, oficial o mercantil. Las posibilidades son múltiples y, entre ellas cabe
incluir algunas de las contenidas expresamente en la redacción anterior como contrahacer o fingir letra,
firma o rúbrica; alterar fecha verdadera; realizar intercalaciones que varíen su sentido, etc.

La alteración o falsedad ha de ir dirigida a un elemento esencial. La esencialidad es equiparable a la


idoneidad de la alteración. El comportamiento falsario sobre elementos accidentales del documento no
configuraría este tipo penal. Se han descrito como elementos esenciales del documento: el lugar, la fecha,
los intervinientes y el contenido relevante para la eventual futura prueba. Dada la estructura y alcance de
la conducta que rige esta modalidad, no parece aceptable la posibilidad de su realización omisiva.

2ª.‐Simulación de documento.

El número 2 del art. 390 se refiere a la falsedad “simulando un documento en todo o en parte, de
manera que induzca a error”. Dos elementos configuran este supuesto: 1º.‐ La simulación en documento en
todo él o en parte, y 2º.‐ la necesidad de que induzca a error sobre su autenticidad.

Simular es representar una cosa, fingiendo o imitando lo que no es. Ha de fingirse sobre un
documento bien en su totalidad, esto es, la creación falsaria íntegra del documento, o bien
parcialmente, como por ejemplo documentos con espacios en blanco que se han de completar, recetas de la
Seguridad Social, letras de cambio, permisos de conducir, permisos de circulación, etc. El documento
simulado ha de inducir a error sobre su autenticidad.

3ª.‐ Suposición de intervenciones inexistentes en un acto o atribución de declaraciones o


manifestaciones diferentes a las realizadas.

El número 3 del art. 390 está integrado por una doble opción: suponer en un acto la intervención de
personas que no la han tenido y atribuir declaraciones o manifestaciones diferentes a las realizadas por las
personas intervinientes en él.

La primera de las modalidades se organiza sobre el verbo suponer, que significa dar por sentado y
existente una cosa, esto es, la intervención de personas que no la han tenido. La referencia a personas ha
de ser física y también las jurídicas.

La segunda hipótesis se construye alrededor del verbo atribuir, cuya acepción más significativa es
la de achacar, imputar, pudiéndose destacar cinco requisitos para la configuración de esta conducta:
existencia de acto que ha de constar documentalmente, intervención de al menos una persona distinta
al sujeto activo, formulación de manifestaciones o declaraciones por parte de las personas o persona
aludidas, atribución alterada de las mismas por el sujeto activo, dicha alteración ha de ser vertida sobre
puntos esenciales, cambiando sustancialmente el sentido del documento.

4º. ‐ Faltar a la verdad en la narración de los hechos.

El número 4 del art. 390 exige la presencia de un soporte auténtico y legítimo sobre el que se
comete la acción falsaria y sobre el que se realiza el atentado a la veracidad mediante manifestaciones
falsas sobre elementos esenciales del mismo. La jurisprudencia más reciente ha aunado esfuerzos para
concretar los requisitos esenciales para que pueda darse esta falsedad en documento público, oficial y
mercantil, sólo cometida por autoridad o funcionario: existencia de un escrito conteniendo
manifestaciones destinadas a surtir efecto en el ámbito jurídico y que recoge una manifestación de
voluntad; proceder el documento de una persona dotada de fe pública, por lo que , en principio, su
contenido debe aceptarse como auténtico por la comunidad social; la mutatis vero o alteración de la
verdad al incluir bajo el amparo de la fe pública un hecho no cierto; que tal declaración sea esencial,
dotando así de trascendencia a la falsedad cometida.

4. ELEMENTO SUBJETIVO.

Los tipos del art. 390 son todos de comisión dolosa, lo que no quiere decir sino todo lo
contrario, que no sean asumibles las formas imprudentes que están desarrolladas en el artículo siguiente
con las particularidades que en su momento se verán.

5. FORMAS ESPECIALES DE APARICIÓN DEL DELITO.

Se ha calificado a la falsedad documental como un delito de los llamados instantáneos, pues para su
estimación basta con una actividad momentánea. Esta apreciación ha sido discutida, como lo ha sido su
naturaleza formal o de simple actividad. Para unos, basta con la sola puesta en peligro del bien jurídico
protegido, esto es, con la simple actuación falsaria; para otros, se necesita un resultado como
modificación del mundo exterior, palpable y efectiva.

III. FALSIFICACIÓN PREVISTA EN EL TIPO ANTERIOR COMETIDA POR AUTORIDAD O


FUNCIONARIO PÚBLICO POR IMPRUDENCIA GRAVE.

Artículo 391.

“La autoridad o funcionario público que por imprudencia grave incurriere en alguna de las
falsedades previstas en el artículo anterior o diere lugar a que otro las cometa, será castigado con la pena
de multa de seis a doce meses y suspensión de empleo o cargo público por tiempo de seis meses a un año.”

El art. 391 contempla prácticamente las mismas hipótesis anteriores pero cometidas por
imprudencia grave. Declara punible la comisión de una falsedad en documento público, oficial y mercantil, a
través de alguna de las modalidades previstas en el art. 390 realizada por autoridad o funcionario público, o
que diere lugar a que otro la cometa.

Los sujetos activos son los mismos con la exclusión de los responsables de cualquier confesión
religiosa. Cuestión problemática es la referencia que el tipo hace a la posibilidad de que con la
actuación imprudente de la autoridad o funcionario otro cometiere alguna de las modalidades del art. 390.
Para la doctrina más reciente se está equiparando a una autoría (de falsedad imprudente), una forma
participativa en un delito doloso de falsedad cometido por otro. En consecuencia, ese otro no sería
sujeto activo de ese delito, sino otro de falsedad generalmente cometida por particular porque así lo sea
directamente o porque lo haga otro funcionario o autoridad, pero no en el ejercicio de sus funciones.

Tanto el objeto material como las modalidades falsarias son las mismas del art. 390. La gran
diferencia, como ha sido dicho, entre uno y otro precepto radica en la culpabilidad. Ese delito del art. 391 ha
de ser cometido por imprudencia grave. Ésta hay que equipararla con la tradicionalmente denominada
temeraria. La imprudencia grave a la que se refiere el texto ha de dar lugar no a una falsedad en sentido
genérico, sino a una de las cuatro formas contempladas en el art. 390.
IV. FALSEDAD EN DOCUMENTO PÚBLICO, OFICIAL O MERCANTIL, COMETIDA POR
PARTICULAR.

Artículo 392.

1. El particular que cometiere en documento público, oficial o mercantil, alguna de las falsedades
descritas en los tres primeros números del apartado 1 del artículo 390, será castigado con las penas de
prisión de seis meses a tres años y multa de seis a doce meses.

2. Las mismas penas se impondrán al que, sin haber intervenido en la falsificación, traficare de
cualquier modo con un documento de identidad falso. Se impondrá la pena de prisión de seis meses a un año
y multa de tres a seis meses al que hiciere uso, a sabiendas, de un documento de identidad falso.

Esta disposición es aplicable aun cuando el documento de identidad falso aparezca como
perteneciente a otro Estado de la Unión Europea o a un tercer Estado o haya sido falsificado o adquirido en
otro Estado de la Unión Europea o en un tercer Estado si es utilizado o se trafica con él en España.

Respecto al apartado 1º, todos los comentarios realizados en el análisis del art. 390, son válidos
aquí, excepto en lo estrictamente separador:

Sujeto activo es el particular. Por exclusión particular es el que no es funcionario ni autoridad ni


responsable de cualquier confesión religiosa en las circunstancias establecidas por el párrafo segundo del
art. 390. También se incluye en este concepto de sujeto activo la autoridad o funcionario que en el momento
de la comisión de la falsedad no se encuentre en el ejercicio de sus funciones.

A diferencia de lo que ocurre en las falsedades cometidas por funcionario o autoridad, en éstas
realizadas por particular sólo se regula la comisión dolosa. Por tanto, es un delito exclusivamente doloso.

Respecto a la conducta que se considera ilícita, se hace una remisión a los tres primeros números
del art. 390.1, es decir, considera delito al particular que:

Altere un documento en alguno de sus elementos o requisitos de carácter esencial.


Simule un documento en todo o en parte, de manera que induzca a error sobre su
autenticidad.
Suponga en un acto la intervención de personas que no la han tenido, o atribuyendo a las que han
intervenido en él declaraciones o manifestaciones diferentes de las que hubieran hecho.

Los apartados 2º y 3ª fueron introducido por la Ley 5/2010, con el fin de solventar problemas
de tipicidad que surgían al afrontar determinados hechos que tenían un difícil encaje con la regulación
anterior, como era la utilización de un permiso de conducción falso supuestamente expedido por las
autoridades de otro estado de la UE y que no se podía acreditar que la falsificación se había realizado en
España.

Concretamente en el apartado 2º, se tipifica como delito el tráfico de un documento de


identidad falso, así como su utilización a sabiendas. Igualmente en el segundo párrafo, se realiza la
aclaración respecto a que es irrelevante el país que supuestamente hubiera expedido dicho documento, así
como el lugar de falsificación o adquisición, siendo suficiente su utilización o tráfico en España.

La Circular de la Fiscalía General del Estado de fecha 19 de febrero de 1997 difundida a los Fiscales y
cursada a las Unidades por la Jefatura de Servicios de la Agrupación de Tráfico en escrito núm. 87 de fecha
14 de marzo de 1997, sobre "falsificación, sustitución, alteración u omisión de la placa de matrícula de
un vehículo a motor" dice en su apartado de conclusiones lo que sigue:
1.º. La placa de matrícula de un vehículo automóvil es documento de carácter oficial, a tenor del
art. 26 del CP.
2.º. La falsificación o la alteración de la placa constituyen delitos de falsedad en documento
oficial del art. 390. 1.1.º del CP.

3.º. La sustitución de la placa es delito de falsedad en documento oficial del art. 390.1, en las
modalidades falsarias, de los apartados 1º y 2º, del CP.

4.º. La omisión de la placa ha devenido en conducta atípica en el CP; sancionable, en su caso,


como infracción administrativa.

5.º. Las anteriores consideraciones son extensibles a la falsificación de los números de bastidor o de
motor que se reputan delito de falsedad en documento oficial.

V. FALSEDAD DE USO DE DOCUMENTOS PÚBLICOS, OFICIALES O MERCANTILES


FALSOS.

Artículo 393.

“El que, a sabiendas de su falsedad, presentare en juicio o, para perjudicar a otro, hiciere uso de
un documento falso de los comprendidos en los artículos precedentes, será castigado con la pena inferior en
grado a la señalada a los falsificadores.”

Si en los precedentes artículos hemos visto como se castigaba la realización de falsificaciones sobre
los documentos en el presente artículo lo que se castiga es la utilización de los mismos con consciencia de su
falsedad.

Son dos las modalidades comisivas, usar documento falso para presentarlo en juicio o para
perjudicar a otro.

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