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CNTF 3

Este documento es una traducción gratuita de un libro de Chantal Fernando, cuyo propósito es difundir el trabajo de la autora entre lectores hispanohablantes. La sinopsis presenta una historia de fantasía romántica donde la protagonista oculta su vínculo con un guerrero que la odia, lo que desencadena una serie de eventos complicados. El documento también incluye créditos, un índice y una dedicatoria emotiva a una amiga fallecida.

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CNTF 3

Este documento es una traducción gratuita de un libro de Chantal Fernando, cuyo propósito es difundir el trabajo de la autora entre lectores hispanohablantes. La sinopsis presenta una historia de fantasía romántica donde la protagonista oculta su vínculo con un guerrero que la odia, lo que desencadena una serie de eventos complicados. El documento también incluye créditos, un índice y una dedicatoria emotiva a una amiga fallecida.

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2

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3
CRÉDITOS
Traducción

Mona

Corrección

Karikai

4
Diseño

Bruja_Luna_
ÍNDICE
IMPORTANTE _____________ 3 CAPÍTULO DIECISIETE _______76
CRÉDITOS ________________ 4 CAPÍTULO DIECIOCHO ______81
SINOPSIS _________________ 7 CAPÍTULO DIECINUEVE _____84
DEDICATORIA _____________ 8 CAPÍTULO VEINTE__________88
PRÓLOGO ________________ 9 CAPÍTULO VEINTIUNO ______92
CAPÍTULO UNO ___________ 11 CAPÍTULO VEINTIDÓS_______98
CAPÍTULO DOS ___________ 15 CAPÍTULO VEINTITRÉS _____102
CAPÍTULO TRES ___________ 19 CAPÍTULO VEINTICUATRO __107
CAPÍTULO CUATRO ________ 23 CAPÍTULO VEINTICINCO ____112
CAPÍTULO CINCO__________ 27 CAPÍTULO VEINTISÉIS ______116
CAPÍTULO SEIS ___________ 32 CAPÍTULO VEINTISIETE _____120
CAPÍTULO SIETE __________ 35 CAPÍTULO VEINTIOCHO ____126
CAPÍTULO OCHO __________ 38 CAPÍTULO VEINTINUEVE ___132
CAPÍTULO NUEVE _________ 42 CAPÍTULO TREINTA _______136
5 CAPÍTULO DIEZ ___________ 48 CAPÍTULO TREINTA Y UNO __140
CAPÍTULO ONCE __________ 53 CAPÍTULO TREINTA Y DOS __144
CAPÍTULO DOCE __________ 56 CAPÍTULO TREINTA Y TRES __148
CAPÍTULO TRECE __________ 61 EPÍLOGO ________________153
CAPÍTULO CATORCE _______ 65 EXILED PRINCE ___________155
CAPÍTULO QUINCE ________ 68 ACERCA DE LA AUTORA ____156
CAPÍTULO DIECISÉIS _______ 72
6

Chantal Fernando
Autora Bestselling del New York Times and USA Today
SINOPSIS
Dicen que jugar con el destino es peligroso.
Pero yo elegí jugarlo.
Cuando descubro que mi pareja predestinada es el guerrero que me odia a
mí y a los de mi especie, tomo una decisión: ocultar el vínculo.
Gran error.
Ahora, tengo que ver cómo se entrega a todo el mundo.
A todos menos a mí.
Y cuando la verdad salga a la luz, ¿volverán a ser nuestros mundos los
mismos?

Masked Fate es el tercer libro de la nueva y


apasionante serie de fantasía romántica de Chantal
Fernando.

7
DEDICATORIA
Para Eileen,
Estabas tan ilusionada con este libro y te dolió no poder leerlo nunca.
Gracias por todo el amor y la alegría que trajiste al mundo de los libros.
Siempre atesoraré el tiempo que pasamos juntas y las risas que compartimos.
Descansa en paz, amiga mía.

8
PRÓLOGO
Soren
Hace cinco años

Sin saber cuánto tiempo llevo en esta celda húmeda y helada, me doy cuenta
de que ya no puedo sentir mi cuerpo. Necesito desesperadamente un sanador y no
sé cuánto duraré antes de que el destino corte la cuerda de una vez por todas. Mi
túnica, antes color hueso, es ahora roja por la sangre seca, suciedad y sudor.
Fue estúpido confiar en una bruja.
Ebony resultó ser una princesa y una maldita psicópata.
En un segundo estábamos coqueteando y al siguiente utilizó un conjuro para
dejarme inconsciente y llevarme ante la Reina Bruja. Lleva semanas torturándome,
buscando información para acabar con el rey Tane, para conocer sus puntos débiles
y las formas de entrar en el castillo protegido. No sé qué le hizo el Rey Fae, pero ella
lo odia.
Y se está desquitando conmigo, uno de sus jóvenes guerreros fae. También
soy el mejor amigo de su hijo, el siguiente en la línea de sucesión al trono, el príncipe
Rave.

9 Siempre supe que mi polla me iba a meter en problemas, pero pensaba más
en embarazar a una mujer, no en ser torturado en una puta mazmorra.
Mi mente no se ha roto.
Me subestimó.
Sé que Rave me estará buscando.
Y moriría antes de compartir cualquiera de sus secretos.
Puede que no le haya dado ninguna información que ayude a su malvado
plan, pero mi cuerpo no ha aguantado muy bien.
Todo duele.
Tengo la boca seca como papel de lija.
Y justo cuando pienso en lo sediento que estoy, aparece ante mí la reina
Sharna, con sus crueles ojos violetas llenos de alegría.
—Ahora, dime, guerrero, ¿a quién más se ha estado follando el rey Tane? —
pregunta, con las fosas nasales encendidas.
El infierno no tiene más furia que una mujer despreciada.
Me ha preguntado de todo, desde información sobre el castillo, nuestros
guardianes, nuestro ejército e información personal sobre su ahora ex amante, pero
nunca pierdo mi determinación.
—Que te jodan —grito, cerrando los ojos mientras me llega el dolor.
Siento su espada atravesar mi piel y, mientras la sangre caliente me gotea
por todo el pecho desde la garganta, me pregunto: ¿esto es?
Cuando estoy a punto de rendirme y aceptar mi destino, unas voces penetran
en mi conciencia desvanecida.
Los gritos desgarradores de una bruja.
Sigue la fuerte voz de Rave:
—Soren, te tenemos. Ahora estás a salvo. Está muerta. Mierda, aguanta hasta
que te llevemos a un sanador.
—Es malo, Rave...
—¡No! Lo va a conseguir —gruñe Rave.
Un decreto de un Príncipe de las Sombras.
Y entonces...
...nada más que negrura.

10
CAPÍTULO UNO
Pandora
—¡Rave, vuelve a ponerte la ropa! —Astrid grita, luego se vuelve hacia mí y
baja la voz—. ¿Tiene que montar un espectáculo para todas las mujeres cada maldita
vez?
—Me encanta verte dar órdenes al Rey de las Sombras. —Sonrío a la Reina
Astrid—. Nunca pasa de moda.
—Alguien tiene que mantenerlo alerta. —Sonríe, dándome un codazo
juguetón con el hombro.
—¿Quién diría que serías del tipo celoso y posesivo? Creía que eso era cosa
de Rave —me burlo.
—Pero mira su cuerpo. —Suspira suavemente, sus ojos color avellana
devoran a su compañero.
No se equivoca, no es que lo vea así, pero el Rey Fae tiene músculos para
días.
El hombre en cuestión recoge su túnica de la hierba y se la vuelve a poner
mientras los dos siguientes luchadores suben al ring.
11 Sí, es un azotado. Astrid podría decirle que destruya el mundo entero, y él lo
haría con una sonrisa sádica.
Rave tiene un lado que es pura oscuridad, y sólo Astrid puede controlarlo.
El destino ayude al reino si algo le sucede a ella.
Rave ha sido mi amigo desde la infancia, y su compañera predestinada se ha
convertido rápidamente en una de mis mejores amigas. De hecho, ella conoce mi
mayor secreto y, de alguna manera, se lo ha guardado. Astrid es vidente y sanadora,
y es increíblemente poderosa. Pero su lealtad es lo que la hace valer su peso en oro.
Después de no estar rodeada de muchas mujeres en las que pueda confiar, Astrid
es un soplo de aire fresco.
Paso mucho tiempo con ellos en Aravelle, el Reino Fae, aunque soy la Reina
Bruja y tengo mi propio reino, Allyria, que gobernar.
Si te soy sincera, me gusta más aquí.
Es mi escape.
Y él está aquí.
Lo sé, debo ser masoquista.
—¿Has estado trabajando en tu magia vidente? —le pregunto, sabiendo que
ha estado concentrada en ampliar su don y aprender a controlarlo. Su padre, Zython,
la traicionó cuando planeó entregarla a Declan, un señor de la guerra íncubo, para
saldar una deuda. Ninguno de los dos ha sido tratado, y sé que probablemente
tengamos otra guerra en nuestras manos.
—Sí, sigo sin poder ver el pasado, pero controlo mucho mejor lo que quiero
ver —responde, golpeando con los dedos el brazo de su sofá de cuero—.
Básicamente, ahora soy más que una simple casamentera.
Astrid parece tener muchas visiones de las parejas predestinadas de la gente.
Muchos darían lo que fuera por esa información, pero supongo que no ayuda mucho
en la batalla.
Tampoco me ayuda porque hace tiempo que sé quién es mi pareja.
Soren.
El mejor amigo y mano derecha de Rave. Es conocido por ser un fuerte
luchador, el mejor rastreador de los ocho reinos y por follarse a todo lo que camina.
Es un hombre de folla y deja conocido por acostarse con mujeres sólo una
vez.
Soren ha hecho de las aventuras de una noche un estilo de vida.
No se ha repetido.
Por supuesto, mi compañero tenía que ser un maldito odiador de brujas con
problemas de compromiso.
Por eso evité que descubriera la cruda realidad: que la bruja a la que apenas
12 puede mirar es su compañera predestinada. A veces me pregunto si estoy haciendo
lo correcto, pero al fin y al cabo, Soren odia a las brujas y, después de todo lo que
ha pasado, entiendo por qué.
Pero eso no significa que no duela.
Soren es un comodín: nunca sabes qué lado de él te vas a encontrar. Es un
rompecorazones y una puta, pero también el más relajado y divertido. Tiene un
sentido del humor endiablado, al menos para cualquiera que no sea yo. Es un buen
hombre. Un guerrero. Es el que hace que la gente se sienta cómoda, pero también
tiene mal genio y le gusta tener el control. No, no como él lo necesita. He oído
rumores sobre lo que prefiere en el dormitorio. Es dominante hasta la mierda y trata
a sus mujeres como si fueran sus juguetes personales.
Y sobre todo, me odia.
—¿Y qué estás haciendo tú con tu situación de pareja? —pregunta, haciendo
girar los dedos alrededor del extremo de su larga trenza. Es hermosa, con ojos
almendrados de color avellana y una figura por la que las mujeres morirían.
—Lo mismo que la última vez que preguntaste. No estoy haciendo nada —
respondo, frunciendo los labios.
Sí, conoce mi secreto más oscuro.
—Pandora...
—Es lo que hay —murmuro.
Duda unos instantes antes de hablar:
—Sabes, quiero a Soren y no quiero ser una perra mezquina, pero creo que
tienes que darle una lección. Besa a alguien. Fóllate a alguien. Disfruta de tu vida. No
se merece que le seas leal con la forma en que te trata.
—No he sido leal. Le di a August mi virginidad, ¿recuerdas?
—Bueno, pues vuelve a subirte a él porque te mereces que alguien te adore,
y a menos que le digas la verdad a Soren, va a seguir siendo un imbécil.
Hablando del diablo, Soren aparece como invocado, con sus espadas
gemelas atadas a la espalda. Últimamente las usa en lugar de sus habituales espadas
cortas. Viste todo de negro, con una túnica que deja ver su pecho liso y bronceado
y las mangas remangadas para dejar al descubierto sus antebrazos acordonados.
Quiero trazar las venas a lo largo de allí con mi lengua.
—Mi reina —saluda Soren a Astrid. Sus palabras son formales, pero el suave
toque que le da en la mejilla es todo menos eso. Sé que están muy unidos, pero no
puedo evitar sentir una pizca de celos cada vez que veo lo cariñoso que es con ella.
La sensación de ardor en el pecho no es nueva, pero aun así me cuesta respirar.
Inclina la cabeza hacia mí. Sus ojos grises, sombreados por pestañas oscuras
y pesadas, solo se posan en mí una fracción de segundo, y tengo suerte incluso de
conseguirlo.
Los ojos de Astrid se cruzan con los míos en señal de compasión, pero no
13 dice nada. Sé que quiere hacerlo, pero no lo hará por mí.
—Soren, ¿dónde has estado?
Se pasa la lengua por el labio superior, que está un poco más hinchado que
el inferior, y sonríe.
—Estaba haciendo algo de cardio como calentamiento.
Astrid hace un leve gesto de dolor y cierra los ojos antes de respirar hondo.
—Soren...
—Follar, luego pelear. Mi vida no puede ser mejor que esto.
Y la mía claramente no puede empeorar.
Sé que Soren se acuesta con cualquiera, pero cree que aún no ha encontrado
a su pareja, así que no puedo culparlo. Pasé una noche con August, el mejor amigo
de Astrid, y me sentí tan culpable que no pude volver a hacerlo.
Soren no lo sabe, pero yo sí.
Puede que haya tenido una noche de satisfacción física, pero el vacío en
forma de Soren sigue ahí.
August quería seguir viéndome, pero le dije que no podía, por muy bueno que
fuera en la cama. Tampoco era justo para él.
Soren es su amigo, y toda la situación está jodidamente complicada.
Sigo cavando más hondo en este pozo de mentiras que me he creado.
—Me alegro de que tengas un buen día —responde Astrid en tono seco,
aclarándose la garganta. Sus ojos se posan en el collar que llevo, el diamante negro
que oculta el vínculo entre Soren y yo—. Sabes, Pandora, August estuvo
preguntando por ti el otro día.
—¿Lo hizo? —Respondo, frunciendo el ceño.
¿A qué está jugando?
Soren me devuelve la mirada y arquea las cejas.
—Espero que sepa dónde se mete con una bruja.
Astrid vuelve la cabeza hacia él.
—¿Perdona? Discúlpate, Soren. No todas las brujas son malvadas. Pandora
es una de mis mejores amigas y confío en ella con mi vida.
—No me disculpo por decir la verdad. La mala sangre es la mala sangre —
responde, estirando el cuello de un lado a otro, llamando mi atención sobre la brutal
cicatriz que va de un lado a otro de su garganta.
La prueba de que alguien intentó acabar con su vida y fracasó.
Y ese alguien fue mi madre.
Mala sangre.
14 No estaba allí cuando Soren fue secuestrado y torturado en Allyria.
Yo no era reina entonces, ni siquiera estaba en el Reino Brujo.
Pero aun así me hace responsable.
Y esa es la razón por la que nunca me quitaré este collar.
Me quedaré sentada, sufriendo en silencio mientras mi compañero
predestinado folla con cualquier mujer dispuesta, preguntándome cómo podría
haber sido mi vida si las cosas hubieran sido diferentes.
Pero no lo son.
Y esta es mi realidad.
Normalmente evito al máximo estos pensamientos sobre él porque no tienen
sentido.
Y duelen.
Soren es todo lo que siempre he querido y lo único que nunca tendré, mierda.
CAPÍTULO DOS
Soren
Ver a Pandora siempre es duro. A veces, sólo mirarla me hace retroceder a
una época que preferiría olvidar, cuando era más débil, y me produce vergüenza.
Intento bloquearlo y fingir que no me afecta, pero es difícil cuando ella está cerca.
Y siempre parece estar cerca.
Ella no estaba en el Reino Brujo durante mi estancia allí, pero no me cabe
duda de que sabía lo que estaba ocurriendo.
Intento ignorarla en la medida de lo posible, pero es jodidamente difícil, sobre
todo cuando atormenta mis sueños.
Sus ojos violetas son del mismo color que los de su madre, pero enmarcados
con pestañas más gruesas y oscuras.
Pero ahí acaban las similitudes. Pandora es menuda, con el cabello negro
azabache que le llega a la barbilla y los labios carnosos y marcados por una cicatriz.
No puedo mentir. Es llamativa, hermosa incluso, pero no es realmente mi tipo.
La anterior Reina Bruja era malvada por dentro y por fuera, y aunque todo el
mundo responde por Pandora, no confío en ella... ni un poquito.
15 La manzana nunca cae lejos del árbol, ¿verdad?
Se me dibuja una sonrisa en los labios al pensar en la hermosa fae rubia que
he tenido en mi cama esta mañana y en cómo la he atado al gancho del techo sobre
mi cama, con una mordaza en la boca, mientras le azotaba el trasero antes de
follármela por detrás mientras llevaba mi máscara de cuero y calavera negra favorita.
Tengo mis manías en el dormitorio, y hay una fila interminable de mujeres
dispuestas a satisfacerlas.
Me gusta el control, un poco de dolor y dar a mis parejas mucho placer.
Créeme, nadie ha dejado malas críticas en mis actuaciones.
De hecho, las mujeres siempre intentan volver por más.
Lo que no me gusta son los accesorios.
Así que me follo a cada mujer sólo una noche.
Eso es todo lo que consiguen.
Estoy esperando a mi compañera predestinada y, si nunca la encuentro,
seguiré disfrutando de mi vida como hasta ahora: haciendo el trabajo del destino y
complaciendo a la población femenina.
Sin embargo, después de ver a Rave y Astrid juntos, quiero eso. Y cuando
encuentre a mi pareja, haré lo que sea para hacerla feliz.
Dejando atrás a las dos reinas, me dirijo al ring de combate y me quito las
espadas antes de levantar el brazo por detrás para quitarme la túnica.
—Por fin lo conseguí. —Rave sonríe, cruzando los brazos sobre el pecho. Sus
ojos se posan en Sinda y Tor, dos guerreros de nuestro ejército, que están luchando
con espadas.
Inclinando la cabeza hacia un lado, observo el impresionante juego de piernas
de los guerreros.
—Estaba de mal humor y ahora no. Lo necesitaba.
—Siempre lo haces —responde divertido.
Antes de Astrid, Rave y yo solíamos follar con mujeres al mismo tiempo. Lo
sabía todo sobre lo que me gustaba en el dormitorio, y trabajábamos bien en equipo.
Aún lo hacemos, pero ahora sólo fuera del dormitorio.
Mirando a Astrid que se ríe de algo que ha dicho Pandora, no puedo evitar
añadir:
—Sabes, si alguna vez cambias de opinión sobre compartirla... .
—Debes de tener ganas de morir esta mañana —gruñe Rave, dándome una
palmada en la nuca. El humo oscuro que flota en el aire es una amenaza a la que voy
a prestar atención, por muy fácil que sea irritarlo.
Rave puede ser el Rey Fae, pero también es mi mejor amigo.
16 A veces me muevo entre dos aguas, pero siempre le muestro el respeto que
se merece como gobernante en público.
Sin embargo, cuando estamos solos, se acabaron las apuestas, y él sigue
siendo mi mejor maldito amigo, el que vino conmigo a hacerme un piercing en la
polla y ha compartido conmigo más coños de los que dos hombres deberían ver.
—¿A quién me enfrento primero? —pregunto, crujiéndome los nudillos.
—Nico —responde, señalando con la cabeza a su hermano de cabello
castaño y ojos azules, que en estos momentos está observando mientras su
compañero elegido, Sinda, lucha con orgullo en los ojos. La pareja predestinada de
Nico murió antes de que pudiera unirse a ella, así que es agradable verlo feliz de
nuevo—. Zython quiere hablar con Astrid.
Zython es el rey de los íncubos y padre de Astrid. Ella lo conoció hace poco,
pero él la traicionó, haciendo un trato para entregarla a un señor de la guerra llamado
Declan. Sabemos que hay algo más en la historia, pero aún no sabemos qué es.
—¿Crees que es seguro que vayamos a Chaos? —pregunto, frunciendo el
ceño—. ¿O vas a permitir que entre en Aravelle?
Un músculo trabaja en su mandíbula.
—Estaba pensando que podríamos reunirnos en algún lugar neutral. Astrid
quiere escuchar lo que tiene que decir, pero no confío en él. Los íncubos todavía la
quieren.
Astrid es la primera súcubo nacida en un siglo y, por tanto, para frustración
de Rave, es una mercancía caliente en nuestro reino.
—Axe, Kai y Bane no dejarán que le pase nada —le aseguro, hablando de los
hermanos de Astrid. Bueno, Bane no es su hermano. Bane es el pupilo de Zython,
un Príncipe Demonio exiliado, que se la quiere follar, pero eso es otra historia.
—No dejaré que le pase nada —afirma, con las sombras bailando en sus iris.
Bastardo posesivo.
Nico señala con la cabeza el ring, ahora vacío, y yo sonrío dándole una
palmada en el hombro al rey mientras paso junto a él. Algunas de las fae que trabajan
en el castillo se detienen para admirar la vista, y no puedo evitar sonreír cuando sus
ojos recorren mi cuerpo.
—¿Mano a mano? —pregunta Nico, quitándose el cinturón.
Asiento y me pongo en posición de combate. Empezamos a rodearnos y Nico
intenta golpearme primero, apuntándome a la cara.
—No puedo dejar que le hagas daño a esta cara bonita todavía. —Sonrío y él
se ríe, esta vez apuntándome al hígado. Me alejo justo a tiempo y le devuelvo el golpe
en la mandíbula, desequilibrándolo. Aprovechando la ventaja, le propino unas
patadas al cuerpo.
Por el rabillo del ojo, veo a Pandora acercarse al ring y a Elios a su lado. El
17 príncipe fae más joven le sonríe y estira la mano para tocarle la nuca. Por alguna
razón, es jodidamente molesto: primero August, ¿y ahora el hermano de Rave? ¿Está
tratando de jugar con todo el grupo o algo así?
Nico me da un fuerte golpe en la mandíbula, y aparto la mirada de la bruja y
la dirijo de nuevo a mi oponente. No es que me importe una mierda lo que haga o a
quién le esté chupando la polla.
Seguimos asalto tras asalto hasta que le hago sangre con un puñetazo en la
nariz. Astrid sube al ring a continuación, mirando a su alrededor en busca de un
oponente, pero nadie se atreve.
Ella frunce el ceño a Rave, que suspira y asiente con la cabeza a Pandora.
¿Va a enfrentarse a mi reina? Todos hemos dedicado tiempo y esfuerzo a entrenar
a Astrid, especialmente Rave, y es una oponente formidable.
Pero desde que se convirtió en reina, nadie quiere luchar contra ella por
respeto.
Eso, y que todo el mundo está cagado de miedo de Rave, pero obviamente
permite a Pandora ese honor.
Reina contra reina.
Todo lo que necesitamos es una maldita lluvia para que las mujeres se mojen
y den un buen espectáculo. Puede que Pandora me ponga de los nervios, pero tiene
un pequeño cuerpo apretado y un par de tetas que no dejaría de mirar.
¿Dónde está ese bastardo, Bane, cuando lo necesitas? Su magia
meteorológica sería muy útil en este momento.
Y gracias a Dios que Rave no puede leer mis pensamientos.
Nunca he visto pelear a las brujas.
¿Siquiera puede luchar?
Todo lo que sé es que Astrid va a destruirla.

18
CAPÍTULO TRES
Pandora
El combate cuerpo a cuerpo nunca ha sido mi fuerte, pero eso no significa
que no esté entrenada. Soy una reina. No esperamos a que otros nos salven. Me
aseguré de aprender a protegerme. Soy muchas cosas, pero una damisela en apuros
no es una. Astrid es potencialmente una de las fae más fuertes vivas, pero hay
algunas cosas que una bruja puede hacer que un fae no. Es por eso que vienen a
nosotros para sus guardias, hechizos y encantamientos. También nos resulta difícil
mantener la compostura porque, bueno, normalmente estamos bebiendo vino juntas,
no peleándonos entre nosotras. Le tiembla el labio al verme y empiezo a reírme sin
poder evitarlo.
Oigo a Rave murmurar algo que suena como
—Por el amor de Dios —lo que nos hace reír aún más.
—Vamos, tenemos que hacer algo —le digo, poniendo los puños delante de
mí—. Vamos a rodearnos hasta que todo el mundo se aburra.
Se ríe y pone los pies en posición de combate.
—Yo soy la que quería pelear, pero no contigo. No se siente bien golpear a
mi mejor amiga, y mírate... eres tan linda y pequeña.
19 Pongo los ojos en blanco.
—No soy mucho más pequeña que tú.
—¡Lucharé contra ella! —Oigo gritar a Vale. ¿Cuándo salió el hijo de Rave a
mirar?
Al final, Rave se harta de nosotras, sube al ring y se echa a Astrid al hombro.
Se da la vuelta y me señala con el dedo.
—Nos vemos en la sala del trono. Necesito hablar contigo.
Oh-oh. Eso suena siniestro.
—¿Estoy en problemas? —grito tras él.
Seguramente, no puede estar enojado porque no ataqué a su compañera.
—Tú también —le dice Rave a Soren, que asiente y lo sigue.
Me apresuro a alcanzarlo.
—¿Qué crees que quiere?
Soren me mira y aprieta los labios, como si no quisiera hablarme. Sé que no
le caigo bien, pero ya me está cansando. Ese hombre sí que sabe guardar rencor.
Abre la boca para replicar cuando una hermosa mujer rubia corre hacia él,
rodeándole el cuello con los brazos y subiéndose a él como a un árbol. Mis dedos se
clavan en mis palmas. No es fácil pasar por alto las marcas alrededor de su muñeca,
como si la hubieran sujetado, y las grandes marcas de los dedos en la pálida piel de
su cuello.
—¡Soren! Te he echado de menos.
—Te vi esta mañana —responde, aclarándose la garganta.
—Lo sé —responde ella, relamiéndose los labios. Sigue caminando a mi lado,
al mismo ritmo que ella, que cuelga de él como un accesorio. Sintiéndome incómoda
y con el estómago revuelto, acelero el paso para no tener que ver más, pero el
bastardo hace lo mismo con facilidad, sus largas piernas no me dejan llegar
demasiado lejos delante de él. Intenta bajarla, pero ella sigue agarrada a él,
besándole el cuello—. Quiero estar en su cama esta noche, Amo.
¿Amo?
Me ahogo con el aire.
¿Hace que sus mujeres lo llamen Amo?
El destino debe haber estado ebrio cuando me dio este guerrero como mi
compañero predestinado.
—Sólo una noche, ése fue el trato, cariño —responde, se detiene y le
murmura algo. No lo oigo porque me alejo corriendo de él como si me ardiera el
trasero.
No sé si sentir celos o pena por la larga lista de mujeres con las que ha estado,
20 pero creo que siento un poco de ambas cosas.
Cuando entro en la sala, Rave está sentado en su Trono de las Sombras, con
los dedos vibrando en el hueso de los reposabrazos. Nunca he visto un trono de
aspecto más aterrador en mi vida, pero qué otra cosa podía esperar del ahora Rey
de las Sombras.
Astrid está sentada junto a él en su trono de terciopelo dorado y negro, y me
dirige una mirada, intentando conversar en silencio, aunque no tengo ni idea de lo
que intenta decirme. Supongo que Rave está a punto de decir algo que no me
gustará. Vale está de pie junto a Astrid, pero ella le susurra algo, y él sonríe y se
marcha, con su pequeña espada colgando a un lado.
—¿Dónde está Soren? —pregunta frunciendo el ceño.
—Él... quedó atrapado —respondo, mis ojos parpadean hacia Astrid—. Una
de sus... mascotas.
Sacude la cabeza, frunciendo el ceño.
—Me pregunto qué pensará su futura compañera cuando descubra que ha
estado con la mitad de la población femenina.
Ese es, por supuesto, el momento exacto en que entra en la habitación,
sonriendo con satisfacción.
—¿Es esto lo que hemos venido a discutir? Y, mi reina, creo que mi
compañera estará contenta con las experiencias que me aseguré de tener para
poder darle todo el placer que se merece.
Miro a cualquier parte menos a él, mis ojos vuelven a Astrid, que suspira
pesadamente.
—Así que, los quería a los dos aquí por una razón, y es que tenemos que
averiguar más sobre este señor de la guerra que quiere a mi compañera —gruñe
Rave, con la mandíbula tensa—. Así que se me ha ocurrido un plan, pero voy a
necesitar la ayuda de los dos.
—¿Cuál es el plan? —pregunta Soren, cruzando los brazos sobre el pecho,
con las piernas abiertas. Lleva las espadas a la espalda y parece preparado para la
guerra. La arrogancia con la que se comporta no debería ser atractiva, pero lo es. Es
seguro de sí mismo, dominante, y sabe que es muy sexy.
Es molesto.
No sé por qué me han convocado a esta reunión, pero si puedo hacer algo
para ayudar, lo haré.
Rave sonríe, llevando sus ojos azul hielo a su mejor amigo.
—Me alegro de que preguntes. El Reino Goblin está organizando una fiesta
para celebrar que uno de los príncipes ha encontrado a su pareja. Hemos oído que
Milana, la hija de Declan, estará allí. Necesito a alguien que le saque información, ¿y
quién mejor que Romeo por aquí?
Soren sonríe, estudiando a Rave.
21 —¿Quieres que la seduzca?
—No —suelta Astrid, sacudiendo la cabeza—. No, no queremos que te la
folles, Soren.
—¿No quieres que use mi mejor y más afilada arma? —responde, con el labio
crispado.
Frotándome distraídamente el pecho, intento mantener una expresión neutra.
Ahora comprendo por qué Astrid me miraba con algo parecido a la lástima.
—Haz lo que debas. Intenta tu persuasión. Tenemos que averiguar lo que
Declan ha planeado, y Milana es la clave para ello —responde Rave, frunciendo el
ceño hacia Astrid—. ¿Hay algo que no me estás diciendo?
Se lame los labios, estudiándome a mí y luego a Soren.
—No toques a Milana, Soren. Me importa una mierda si es rubia o de tu tipo.
No es tuya.
Los ojos grises de Soren brillan de confusión, pero asiente con la cabeza,
inclinándose ante su reina.
—Persuasión será.
—Y Pandora, esperábamos que no te importara ir con él —añade Astrid, con
expresión inexpresiva. Esto no hace más que empeorar—. Te enviaremos una
invitación por separado, y no será obvio que le cubres las espaldas si pasa algo.
¿Así que tengo que ir a ver a mi pareja seducir a otra mujer delante de mis
ojos?
Sé que es demasiado peligroso para Astrid ir y demasiado obvio para Rave,
así que su plan tiene sentido. Soren es encantador y un conocido mujeriego, así que
nadie pensaría nada de él coqueteando con mujeres. Y como miembro de la realeza,
se esperaría que yo estuviera allí.
Pero mierda.
¿Estar a solas con Soren en otro reino?
No sé si podré hacerlo.
Soren gira su cuerpo hacia mí, con los ojos entrecerrados. Parece que el
sentimiento es mutuo.
Pero Astrid y Rave me han pedido que lo haga, y por ellos, estoy de acuerdo.
—Estoy dentro.
—Gracias. Te lo debemos —responde Rave, inclinando la cabeza hacia un
lado y observándome—. Pero sólo un aviso, Salem estará allí.
Vaya, los éxitos siguen llegando.
Salem es un metamorfo con el que una vez estuve comprometida. Por suerte,
cuando mi madre murió, también lo hizo ese acuerdo porque Salem está
22 completamente loco. Es desquiciado, salvaje y psicótico. También es muy posesivo
y, como una vez fui suya, le cuesta olvidarlo, aunque nunca me haya querido. Los
metamorfos pueden ser así, especialmente los lobos como Salem y sus dos
hermanos. Los trillizos son dominantes y fuertes por separado, pero juntos son
imparables. No sé cómo los soporta su hermana pequeña, Saylor. También tienen
un hermano mayor, Shadow, pero nadie sabe dónde desapareció.
—No me debes nada. Los amigos no llevan la cuenta.
—Familia, quieres decir —dice Astrid, sus ojos gentiles—. Y eso es lo que
eres para mí, Pandora.
Familia.
Se me calienta el corazón.
Me pregunto si sabe lo mucho que significa para mí.
Rave se vuelve hacia Soren, juntando las cejas.
—Cuidado con Salem cerca de Pandora.
—Por supuesto —promete Soren.
Bueno, supongo que eso es todo.
Voy a una misión con mi compañero predestinado, que no sabe que es mi
compañero y me odia, para ver cómo seduce a otra mujer.
Con mi antiguo prometido.
¿Qué podría salir mal?

CAPÍTULO
CUATRO
Soren
No hay nada que no haría por mi rey y mi reina, pero viajar a otro reino sólo
con la bruja no es exactamente mi idea de un momento divertido. Por no mencionar
que Astrid dejó claro que no se me permite follarme a Milana, la mujer de la que
debo sacar información, lo cual es otro punto en contra de esta misión. Sin embargo,
nunca he estado en el Reino Goblin, así que no puedo decir que no me intrigue. Los
goblins son criaturas reservadas y rara vez salen de su territorio. Son conocidos por
su fuerza, tamaño y magia oscura.
—¿Estás listo para irnos? —pregunta Pandora con su voz suave y melódica
23 cuando salgo del castillo. Lleva un vestido de satén esmeralda que se ciñe a su
cuerpo como una segunda piel, con sus pechos presionando el tejido. Su aroma a
cereza me golpea y hace que mi polla se retuerza contra su voluntad. Sus labios
carnosos están pintados de rojo fuego, cubriendo la cicatriz que tiene allí. Ese gran
diamante negro se posa en su pecho como siempre, llamando mi atención.
Se pasa un mechón de su sedoso cabello negro por detrás de la oreja y
arquea una ceja. Entonces me doy cuenta de que está esperando a que le responda,
pero en lugar de eso me he quedado mirándola.
¿Qué me pasa? Necesito echar un polvo esta noche, y no con la malvada
tentadora que tengo delante.
—Sí, estoy listo —digo, cruzando los brazos sobre el pecho y estudiándola—
. Rave ha dejado claro que debo protegerte, así que quiero saber dónde estás en
todo momento. ¿Cuál es tu historia con Salem? ¿Tu madre también lo torturó?
Mierda.
No sé qué me hizo decirlo porque normalmente no hablo de ello. No quiero
que ni ella ni nadie sepa lo mucho que me jodió estar en esa mazmorra. Aunque
supongo que suelo ignorarla. Así que ahora que tenemos que pasar tiempo juntos,
supongo que me resulta difícil mantener la boca cerrada. Sólo he estado con ella dos
putos minutos y ya estoy dando demasiadas pistas. Por eso normalmente finjo que
no existe.
Algo que no puedo descifrar pasa por su rostro, y sus ojos violetas
relampaguean de dolor.
—No te preocupes por Salem. Puedo encargarme de él.
—Eso no es lo que dijo Rave.
—Rave sólo está siendo protector —dice, levantando la barbilla—. No tienes
que preocuparte por mí, Soren. Consigue la información que necesitas de Milana y
luego podemos volver a ignorar la existencia del otro.
Aprieto los labios.
—De acuerdo, bien.
Suelo tener mucho encanto y humor fácil, pero esta bruja sabe cómo meterse
en mi piel y apretar todos mis putos botones.
Como si no fuera a cuidar de ella. Nada le pasará a ella bajo mí cuidado.
Le ofrezco la mano para que los dos acabemos en el mismo sitio cuando nos
desvanezcamos, y ella duda antes de aceptarla. Me saltan chispas por el brazo
cuando nos tocamos, pero ella agacha la cabeza, lo que me hace preguntarme si me
lo he imaginado. Sus manos son tan pequeñas y suaves. Frágiles.
Cuanto antes me aleje de ella, mejor.
Cruzamos las puertas del Castillo de los Goblins y mis ojos se abren de par
en par al verlo todo. Unos arbustos oscuros y espinosos rodean las puertas de hierro
24 y no dan una cálida bienvenida. Pandora y yo compartimos una mirada, y sus labios
se crispan mientras comienza a subir por la larga entrada. El cielo está nublado y
oscuro, y el aire está helado. Aquí hace mucho más frío que en Aravelle.
—¿Quieres mi capa? —le pregunto, con los dedos ya en el cuello,
desanudando el nudo.
Pero niega con la cabeza.
—No, está bien. Estará caliente ahí dentro.
Mis ojos se posan en sus duros pezones y aprieto la mandíbula. No sé qué le
pasa a Salem, pero dudo que pueda mantenerse alejado de ella con ese aspecto.
—¿Deberíamos entrar por separado? —pregunta, y sí, probablemente
deberíamos, pero no me gusta esa idea.
—No pasa nada. Nadie prestará atención.
Mis dedos se deslizan por la daga que llevo en la cadera mientras contemplo
las grandes gárgolas a cada lado del camino empedrado, con sus ominosos ojos de
piedra clavados en nosotros.
—No los mires —susurra Pandora, manteniendo la mirada al frente.
Frunzo el ceño, desvío la mirada y miro hacia la puerta, donde un gran hombre
goblin recibe a los invitados. Mide unos dos metros y medio, tiene la piel verde y
cuernos en la cabeza. Sus ojos negros se vuelven hacia nosotros mientras subimos
las escaleras.
—Reina Pandora. —Se inclina, le sujeta la mano y le da un beso en los
nudillos. Me entretengo pensando en darle un puñetazo en la cara—. Bienvenida a
nuestra casa.
—Gracias. Estoy muy contenta de estar aquí —responde ella, ofreciéndole
una amable sonrisa. Se pone delante de mí y desaparece entre la multitud.
—Guerrero Soren —me saluda el goblin, haciendo una reverencia—. El Rey
Rave nos dijo que vendría de visita en su lugar.
Sonrío, lo saludo y salgo en busca de la bruja, molesta porque ha
desaparecido a los dos minutos de llegar. Pronto me llama la atención su vestido
esmeralda, de pie junto a la mesa de bebidas, con una copa de vino en la mano. No
ha perdido el tiempo.
Está hablando con Halia, la princesa sirena, alguien con quien Rave solía
acostarse antes de encontrar a Astrid.
Al ver que está a salvo, recorro el salón de baile en busca de mi objetivo. No
tardo mucho en encontrarla, con un largo vestido rosa y el cabello rubio ondeando
tras ella. No está con su padre, Declan, sino con el rey Zython, el padre de Astrid.
Una parte de mí quiere acercarse y darle un puñetazo en la cara por intentar saldar
una deuda utilizando a mi reina, pero mi instinto me dice que puede que haya algo
más en la historia. O tal vez sólo tengo esperanzas. Sé que Zython quiere que Milana
se case con Axe, su heredero, y me pregunto si por eso Astrid la ha prohibido. Sería
justo que no quisiera que me follara a su futura cuñada.
25 Aun así, soy un hombre al que le gusta lo prohibido, y no voy a mentir, es una
mujer preciosa. En el momento en que Zython se aleja de ella, me deslizo hasta ella,
mostrándole mi sonrisa que hace que se caigan las bragas y que suele conseguir
siempre lo que quiero.
—Si hubiera sabido que había tantas mujeres hermosas en estos eventos,
habría asistido a más —digo, recogiendo dos copas de vino de una camarera que
pasa y dándole una a ella.
Toma la copa y arquea una ceja mientras sus ojos azules parpadean
divertidos y suspicaces.
—Supongo que eso explica por qué nunca te había visto antes.
Tomo su mano y aprieto mis labios contra sus nudillos.
—Soren. ¿Y tú eres?
—Milana —responde, sonriendo ampliamente. Parece dulce y no se parece
en nada a la criatura ladrona de valles que sabemos que es. También era amiga de
Vera y la hija de un sombrío señor de la guerra que quiere tener hijos con Astrid sólo
por el linaje. Hasta ahora, todos estos hechos apuntan hacia alguien que
probablemente esté en su época de villano.
—¿Estás soltera, Milana? —pregunto, observando a propósito sus muñecas
desnudas—. No unida, al menos.
Se mueve sobre sus pies y se muerde el labio inferior.
—Probablemente tendré un matrimonio concertado, pero aún no hay nada
firmado.
—Qué... romántico —me burlo, mientras vuelvo a mirar a la bruja y la veo
rodeada de dos hombres. Entrecierro los ojos. Sin embargo, no parece angustiada.
De hecho, si pestañea con más fuerza, podría salir volando. No hace falta escoba.
—Entonces, ¿quién es el afortunado? —insisto, necesitando saber más.
—Axe, el heredero íncubo —responde, y me acerco más a ella, contemplando
su bonito rostro.
Alargo la mano para tocar el costado de su suave mejilla, la miro a los ojos y
sé que los míos se han vuelto de un gris oscuro, casi negro.
—¿Y qué planes tiene tu padre para la reina Astrid? —pregunto, con mi tono
lleno de magia persuasiva.
Sus ojos azules se quedan en blanco mientras habla, incapaz de controlar su
boca. La escucho con atención y sonrío cuando consigo lo que necesito.
Entendido.

26
CAPÍTULO CINCO
Pandora
Soren está mirando a Milana a los ojos como si quisiera nadar en ellos, y yo
estoy bebiendo vino y frunciéndole el ceño desde el otro lado de la habitación.
—Estás impresionante esta noche, reina Pandora —ronronea el príncipe
Raiden, el heredero metamorfo, y puedo sentir su mirada en mis pechos. Le devuelvo
la mirada y estoy a punto de responderle cuando Salem se acerca a él. Hacía mucho
tiempo que no lo veía, y casi había olvidado lo amenazador que es este hombre.
Es alto.
Muy alto.
Y construido.
Sus hombros son anchos y todo su cuerpo es puro músculo. Su túnica blanca
le cruza el pecho y sus fuertes piernas parecen troncos de árbol.
Miro fijamente sus pálidos ojos verdes, vacíos de emoción. Fríos. Muertos. No
hay nada en esos ojos excepto puro dominio. Un escalofrío me recorre la espalda.
—Vaya, pero si es mi prometida —gruñe, con un músculo en la mandíbula.
—Ex prometida —corrijo, arqueando la ceja—. Nuestro compromiso murió
27 junto con mi madre.
Astrid me dijo que cuando lo conoció, él hizo hincapié en que yo era su ex
prometida, así que no sé por qué ha cambiado de opinión, aparte de que está loco.
Salem tiene muchas personalidades, dependiendo de su estado de ánimo. Podría
haberme ignorado fácilmente y fingir que no me conocía esta noche. Nunca sé qué
versión de él voy a tener.
Sonríe, lenta y calculadamente.
—Una vez mía, siempre mía.
Mierda.
Por eso intento evitar a Salem todo lo que puedo. Simplemente no está
cuerdo. Probablemente podría encontrarme con él dentro de un siglo y seguiría
llamándome suya. No porque le guste, porque estoy segura de que no, sino porque
es un cabrón posesivo y no le gusta que otros jueguen con sus juguetes.
—No es así como funciona, Salem —respondo, tomando otro sorbo de vino.
No dejo que mis ojos se aparten de él porque no se aparta la mirada de un monstruo.
Raiden se desliza, no queriendo meterse en medio de lo que sea esto,
dejándome a solas con él. No lo culpo. Nadie quiere desatar la locura que Salem
mantiene a fuego lento bajo la superficie.
—Funciona como yo quiero que funcione, Pandora —responde,
escudriñando a la multitud. Su cabello negro sigue tan corto como siempre, es el
único de los trillizos que lo lleva así. Siempre he querido preguntarle cómo se hizo
las cicatrices -una en la mejilla y otras en los brazos-, pero nunca me he atrevido a
entablar conversación con él sobre algo demasiado personal—. ¿Con quién estás
aquí?
Inclinando la cabeza hacia un lado, me pregunto cómo responder.
—Amigos.
No quiero decirle que estoy aquí sola, y tampoco puedo mencionar que estoy
aquí con Soren, así que vago va a tener que ser.
Se acerca a mí, se inclina para decirme algo cuando aparece Soren, con un
plato de comida en las manos. Lo ha llenado de todo tipo de cosas, como tarta,
sándwiches elegantes y fruta.
Pero en vez de comer de él, me lo da.
—Come.
Sin saber cómo reaccionar, lo miro boquiabierta antes de aceptar el plato,
para luego mirarlo confusa.
Demasiado para fingir que no nos conocemos.
¿Y por qué me trae comida?
28 ¿Está borracho o algo así?
O tal vez sea un sueño.
Me pellizco casualmente, y sí, duele.
No es un sueño.
Puede que al final haya recibido demasiados golpes en la cabeza en ese ring
de lucha.
—¿Es este tu amigo, Pandora? —pregunta Salem, sonriendo—. Soren,
¿cómo estás? Haciendo la voluntad del Rey Rave, supongo.
—Sólo he venido a pasármela bien —responde Soren, acercando la copa a
sus labios carnosos y firmes. Su labio superior, más grueso que el inferior, es tan
tentador que me obligo a apartar la mirada.
—Bueno —gruñe Salem, haciendo crujir sus gruesos nudillos—. Quizás
puedas pasar un buen rato lejos de mi prometida.
Los ojos grises de Soren parpadean, se traga el resto del vino y deja la copa
en una mesa.
—Si no tiene anillos de apareamiento ni un anillo en el dedo, estoy bastante
seguro de que es una bruja libre.
Soren o tiene bolas de acero o es idiota.
O quizá sea una mezcla de ambas.
No sé por qué presiona a Salem, pero antes de que pueda decir nada, la
hermana de Salem se acerca, con su largo cabello negro cayéndole por la espalda,
mezclándose con su vestido amarillo ceñido a la figura. Suele vestir con colores vivos
o ropas más excéntricas. Me encanta ver su ropa cada vez que me la encuentro. Es
una mujer hermosa y con curvas, y como siempre, no puedo apartar la vista de ella.
Lleva sus habituales guantes negros. Nunca la he visto sin ellos. Sus ojos marrones
como la miel desprenden calidez y se iluminan cuando me ve.
Es tan diferente a su hermano.
Estos dos no podrían ser más diferentes.
No sé cómo las mismas personas las parieron.
—Pandora. —Sonríe, sus labios se levantan—. Cuánto tiempo sin verte. Estás
preciosa.
Apoya la mano enguantada en el brazo de su hermano y él ni se inmuta. Es la
única persona que he visto capaz de hacerlo. Ni siquiera sus otros hermanos se
atreverían a tocarlo. Como hermana menor y única hija, Saylor está sobreprotegida
y mimada. Su mecanismo para lidiar con toda la testosterona de su vida parece ser
el humor seco y el ingenio. Es un desastre caliente, pero me encanta.
—Igualmente —le respondo, dándole un abrazo con un solo brazo para evitar
tocar a Salem—. ¿Cómo has estado?
—Bien, gracias. ¿Y quién es él? —pregunta mirando a Soren con curiosidad.
29 —Soren —se presenta, tendiéndole la mano.
Me sorprende que Soren no haya conocido a Saylor antes. Sé que Rave se
acostó con ella, pero supongo que no fue una de las mujeres que compartieron.
Carraspeo y tomo su mano entre las mías, impidiendo que la toque. Ignoro
las chispas que me suben por el brazo y me fuerzo a sonreír. He visto a Salem
apuñalar a un hombre en el pecho solo por tocarle la mano, y aunque mi futuro
compañero puede ser un idiota, no quiero que eso le ocurra a él pronto.
No sé cómo sobrevivió Rave, pero no creo que Salem le ofrezca el mismo
perdón a Soren.
Los ojos castaño miel de Saylor, tan diferentes a los de todos sus hermanos,
destellan de alivio.
—Lo siento, mi hermano está loco. Quiero decir, todos lo están. Pero éste es
el peor.
Salem gruñe, con los ojos todavía clavados en mí, entrecerrados y sin revelar
nada, mientras Soren sonríe, usando nuestras manos unidas para acercarme a su
lado.
—Ya veo. Bueno, ha sido un placer conocerte, Saylor. Y Salem, ha sido
interesante volver a verte.
Salem mira nuestras manos y frunce el ceño.
—Quítale las manos de encima... ahora.
—Ya no es tu prometida, Salem —frunce el ceño Saylor, dándole un codazo
en el brazo—. Pandora puede hacer lo que quiera. Oh, mira, Silver y Sage están allí
comiendo todos esos pastelitos de queso y fresa que te gustan. Será mejor que nos
vayamos, o no quedará ninguna.
Salem frunce el ceño, olvidándose de mí y apartando a su hermana.
—De nada —me arrulla con un guiño.
Soren y yo los vemos marcharse. Lentamente vuelve la cabeza hacia mí y me
suelta la mano, mirando hacia donde me tocó con desdén.
—Esa familia está como una puta cabra. —Ladeando la cabeza, añade con
crueldad—: La tuya probablemente habría encajado perfectamente.
Sí, okey. Esa declaración dolió. Pero no le doy la satisfacción de saber que
dio en el blanco.
—¿Tienes lo que vinimos a buscar? —pregunto, y él asiente—. Entonces
larguémonos de aquí.
—Primero, come algo —ordena, señalando con la cabeza el plato que me ha
traído, aún en mi otra mano. La confusión me invade. ¿Por qué le importa que coma?
Nunca antes había mostrado ningún tipo de preocupación por mí.
Casi aturdida, tomo uno de los pasteles, le doy un mordisco e intento ignorar
el repentino brillo dominante de sus ojos.

30 —Buena chica —murmura, sus ojos grises se oscurecen.


Mierda.
No puedo seguir sus cambios de humor. Un segundo me mira como si no
valiera nada y al siguiente me llama buena chica.
¿Qué quiere de mí?
No sé cómo manejarlo cuando es amable conmigo.
Sé que me odiará en cuanto salgamos de aquí. Recordará quién soy y volverá
a ignorar mi existencia, y sí, duele, carajo. ¿Qué tan triste es que esté feliz con las
pequeñas migajas de amabilidad que me está dando esta noche?
Que me mire a los ojos y me trate como a una mujer y no como a una bruja
malvada es un progreso.
Me como un bocadillo y le paso el plato. Termina lo que queda y señala la
puerta con la cabeza.
—Rave se alegrará cuando te lleve a casa de una pieza.
Por supuesto.
Sólo me soporta porque su rey se lo ordenó.
¿Qué otra razón podría haber?
Porque al fin y al cabo, no soy más que la hija del monstruo que le hizo daño.

31
CAPÍTULO SEIS
Soren
—Declan ha accedido a que Milana se case con Axe y se convierta en la
próxima Reina Íncubo —les digo a Rave y Astrid. Estamos sentados afuera, en una
de las mesas exteriores, cenando y bebiendo una copa de vino—. Al parecer, Zython
tenía una deuda de por vida con Declan, y lo único que quería era tu mano, Astrid.
—¿Es una forma bonita de decir que quería que yo tuviera sus hijos para su
linaje? —responde en tono seco, con la tristeza parpadeando en sus ojos color
avellana ante la mención de su padre.
—Sí —digo, echándome hacia atrás en la silla—. Y eso sin que sepa lo de tu
sangre de ángel. Pero Milana dijo que Zython no quería aceptarlo. Al final, le dijo a
Zython que si no te entregaba, los iba a matar a ti y a Axe.
—¿Por qué este Declan tiene tanto poder? —Rave pregunta, su mirada
recorre suavemente a su compañera—. Deberíamos matarlo, como te dije.
Cualquiera que sea una amenaza para lo que es mío tiene que morir.
Ah, Rave. Es un simple hombre.
Y muy violento.

32 —Bueno, está el ejército de inadaptados que comanda, guerreros todos de


diferentes reinos. No sabríamos exactamente a qué nos enfrentaríamos, pero creo
que podríamos lograrlo —admito, golpeando con el dedo la copa que tengo en la
mano—. Le pregunté a Milana qué magia posee su padre. Al parecer, es un gran
secreto porque no es de dominio público.
—¿Y? —Rave presiona, inclinándose hacia delante.
—Tiene manipulación mental —le digo, estudiando a Astrid—. Y creo que se
metió en la cabeza de Zython. No creo que traicionara voluntariamente a su única
hija. Y por lo que dijo Milana, Declan es extremadamente fuerte. Tenemos que
asegurarnos de que nuestras barreras mentales están listas antes de enfrentarnos a
él.
Sus ojos se abren de par en par y brillan con algo que parece esperanza.
—¿Así que crees que tal vez no me traicionó?
—No lo sé —admito, no queriendo que se adelante antes de tener todos los
datos—. Pero es algo que debemos considerar.
—Pandora dijo que Salem estaba allí —musita, estudiándome—. ¿Cómo fue?
En cuanto volvimos a Aravelle, la bruja habló con Astrid y regresó a Allyria, el
Reino Brujo. Parecía que no podía alejarse de mí lo suficientemente rápido, lo cual
me parece bien.
—Intentó sacar alguna mierda posesiva, pero Saylor lo distrajo y salimos de
allí —explico, sonriendo ante la mirada entrecerrada que Astrid le envía a Rave—.
No te preocupes, tu preciosa brujita está bien.
—¿Saylor? ¿No es la hermana de Salem con la que te acostaste? —le
pregunta a Rave, arrugando la nariz.
Se le eriza un músculo en la mandíbula y sé que en cuanto estemos solos me
matará por sacar el tema.
—Una vez. Me acosté con ella una vez, y fue hace mucho tiempo.
Le quitó la virginidad, pero de ninguna manera voy a sacar ese tema. A veces
me gusta provocar y remover la mierda, pero no tengo ganas de morir. Con la tensión
aumentando de repente, decido excusarme y volver a mi habitación, donde me
espera una sorpresita de postre. Había elegido la habitación más grande de la
primera planta por una razón: puedo colar mujeres dentro y fuera sin que nadie me
vea. Utilizo la magia para desbloquear la puerta, entro en mi habitación poco
iluminada y encuentro a la fae exactamente donde la dejé, con las manos atadas al
cabecero y las cremosas piernas abiertas esperándome. Un pequeño gemido se
escapa de sus labios al verme y separa aún más los muslos.
Qué buena chica.
Sin decir una palabra, me desnudo, me quito metódicamente cada prenda de
ropa, la doblo y la coloco en mi tocador. Me pongo la máscara de calavera,
33 haciéndole saber que la escena ha comenzado. La tensión sexual en la habitación
es casi tan intensa como mi polla, que se endurece. Puede que sólo pase una noche
con cada mujer, pero eso no significa que sólo me las folle una vez. Esta tarde ya me
he hartado de la preciosa rubia, y para cuando salga el sol, me la habré follado a
fondo. Lo que no hago es dejar que se queden a dormir. Cuando terminamos de
follar, se van. No puedo dormir con nadie en quien no confíe, y nunca bajaré la
guardia de esa manera.
No habla hasta que se le habla. Tiene una palabra de seguridad y sabe que
usarla pondrá fin a cualquier juego entre nosotros. Me arrodillo en la cama y me
pongo a horcajadas sobre ella. Se relame los labios mientras contempla mi cuerpo
desnudo y sus ojos se detienen en el piercing que hay bajo la cabeza de mi polla.
Abre la boca pero luego la cierra, lamiéndose los labios.
—Puedes hablar, mascota.
Traga saliva, con los ojos fijos en mi cuerpo.
—Por favor, fóllame, amo —me suplica.
Vuelvo a sentarme y deslizo los dedos por sus pechos, pellizcándole los
pezones, antes de levantar las manos para desatarla. Se frota las muñecas y me mira,
esperando mi siguiente orden.
—De rodillas —le ordeno, dejándole espacio suficiente para darse la vuelta—
. Trasero al aire, mascota. Ya sabes cómo me gusta.
Levanta el trasero redondo, separa los muslos para que pueda ver los dos
agujeros. Le doy unos golpecitos en su suave coño, que ya está húmedo y listo para
mí. A pesar de lo tentadora que parece, no voy a poner mi boca sobre ella. Ni en sus
labios ni en su coño. Nunca lo hago. Tenía que guardar algo para mi predestinada
compañera además de las palabras te amo y su coño será el único que me haga
adorarla de esa manera. A lo largo de los años me he preguntado qué haría si a mi
pareja no le gustara ser dominada y controlada en el dormitorio. Siendo así, ahora
forma parte de mí, pero no siempre ha sido así.
Sólo desde que perdí involuntariamente el control tuve la necesidad
imperiosa de recuperarlo.
Sin embargo, lo que más me excita en el dormitorio es complacer a mi mujer.
Me encanta hacer que se corran una y otra vez hasta que apenas pueden salir de
aquí.
Deslizo dos dedos en su interior y la acaricio hasta que jadea y pide más.
—¡Por favor, amo, necesito más!
—Tendrás lo que te den —gruño, azotándole el trasero con tanta fuerza que
cae hacia delante sobre el colchón. Se moja aún más y sus jugos gotean por mis
dedos.
Y entonces agarro mi látigo de la pared y le doy lo que realmente quiere.

34
CAPÍTULO SIETE
Pandora
Allyria no se parece en nada a Aravelle, y no sólo porque aquí suela nevar. El
castillo de ladrillo negro es hermoso pero frío, y no me refiero a la temperatura. No
hay risas ni una familia cariñosa que me dé la bienvenida cada vez que vuelvo. Aun
así, admiro los cerezos en flor cubiertos de nieve que rodean los muros del castillo y
el rayo de sol que brilla entre las esponjosas nubes grises. Aquí sigue habiendo
belleza y, además, me aseguro de que toda mi gente esté bien atendida. Aquí nadie
pasa hambre ni carece de un lugar seguro al que llamar hogar. El castillo no está
vallado, es muy abierto y está rodeado de hectáreas y hectáreas de espeso y
frondoso bosque.
Mi hermana pequeña, Ebony, vive en el ala este: no nos soportamos. Siempre
ha sido así. Ella se parece mucho a nuestra madre, mientras que yo me parezco a
mi padre, al que mataron cuando yo tenía unos dieciocho años. Ebony es
manipuladora, calculadora y cruel. Acabaría con mi vida si tuviera la oportunidad y
fuera más poderosa que yo, y ambas lo sabemos. Eso no significa que no intente
hacerme daño cuando puede, la última vez me tomó desprevenida e intentó
estrangularme. Tuve que fingir ante Astrid y Soren que los moretones me los había
hecho mientras disfrutaba en el dormitorio, pero, por desgracia, eso dista mucho de
35 la verdad. Sabe que no puedo matarla por el hechizo de separación que me hizo mi
madre y se aprovecha de ello. La cicatriz que tengo en el labio me la hizo intentando
apuñalarme con un cuchillo.
Aunque el hechizo me impide matarla, es una maldición unidireccional.
Podría matarme si quisiera.
Y vaya si quiere.
Pero yo fui bendecida con la magia y el poder, y lo único que le ha quedado
es amargura y un corazón tan negro como su nombre.
Mi magia por sí sola podría proteger a todo el reino si fuera necesario. Y
considerando que nuestro número es mucho menor que el de otros reinos, eso es
un hecho increíblemente importante. Ni siquiera tengo muchos guardias alrededor
del castillo porque la única persona de la que necesito protección vive aquí.
—Has vuelto. —Ebony sonríe al entrar en la biblioteca. Estoy sentada en mi
sillón de cuero favorito, viendo caer la nieve a través de la gran ventana ovalada.
Puedo ver mi fuente favorita desde aquí, el agua que normalmente fluye ahora se ha
convertido en hielo. Pensé que disfrutaría de un poco de paz antes de socializar esta
noche, pero parece que no va a ser así.
Ebony lleva un vestido largo de terciopelo rojo y una gargantilla negra al
cuello. Tiene los mismos ojos violetas que yo, pero su cabello es rojo en lugar de
negro. No nos parecemos demasiado en los rasgos faciales, y ella es mucho más
alta que yo. Aunque soy bajita, incluso menuda, tengo curvas en los sitios adecuados.
Ebony es más como una modelo.
»Kainan te estaba buscando.
Kainan es mi primo, un fuerte hechicero y mi consejero. Se asegura de que
el reino funcione sin problemas cuando yo no estoy e intenta mantener a raya a mi
hermana. Créeme cuando te digo que es un trabajo a tiempo completo.
—Lo veré esta noche en la cena benéfica —respondo, me llevo la copa de
vino a los labios y bebo un sorbo, sin apartar los ojos de ella. Sigo pensando en Soren
y en la noche que nos hemos visto obligados a pasar juntos. Me quedo con esos
pequeños destellos de sí mismo que me da cuando se olvida de mantener la guardia:
la forma en que me trajo la comida sin pensar y se aseguraba de que comiera algo,
y cómo se sentía su piel contra la mía durante esos breves roces.
Apuesto a que está con otra mujer ahora mismo.
Mierda.
Supongo que no puedo hablar, considerando que tuve esa única noche con
August, pero quería que el dolor cesara. Quería salir de mi cabeza y simplemente
disfrutar de algo por una vez. Le di a August mi virginidad. Ni siquiera le dije que era
virgen, y se quedó un poco horrorizado cuando vio la sangre. Mirando hacia atrás,
debería haberle advertido. No quería que se detuviera, y lo hizo bien para mí. Al
menos pude experimentar ese tipo de intimidad, aunque sólo fuera una noche. A
36 veces me apetecen las caricias más sencillas, aunque nunca lo admitiría en voz alta.
Sé que parezco segura de mí misma, fuerte y poderosa. Nadie pensaría que
no me han tocado. He aprendido a llevar esa máscara, a poseerla. Tengo que hacerlo
como reina. A veces me pregunto si la llevo tanto que ya sólo soy yo.
—No me han hablado de ninguna cena benéfica —se enfurruña Ebony,
cruzando los brazos sobre el pecho—. Sigo siendo una princesa. Debería estar al
corriente de todos los acontecimientos del castillo. Ni siquiera estás aquí la mitad del
tiempo.
—No tengo tiempo para esto, Ebony. Kainan planifica mi agenda. Si quieres
saber qué pasa, averígualo —respondo, poniéndome en pie y dándole la espalda
para marcharme.
Soren mencionó la mala sangre, y la verdad es que la tengo con mi hermana.
Nunca tendremos una relación normal y cariñosa, y hace tiempo que lo he aceptado.
—Sabes, si quieres renunciar e irte a vivir con los fae, puedo asumir el cargo
de reina —dice.
Ella lo desea.
Nunca dejaría mi reino con su marca de maldad.
Unas horas más tarde, estoy vestida con un vestido envolvente de seda
púrpura, sentada en mi trono, con Kainan de pie a mi lado. Sus ojos oscuros se
entrecierran al ver a Ebony entre la multitud.
—Adiós a las buenas vibras —murmura, cruzando sus poderosos brazos
sobre el pecho. Lleva un traje negro perfectamente entallado y el cabello oscuro
recogido. Es alto, mide más de metro ochenta y tiene la constitución de un
guerrero—. Me pregunto qué se guardará en la manga esta vez.
—Es tan drenante —respondo, sonriendo cuando un niño pequeño corre
hacia mí, tirando de mi capa. Lo levanto para que se siente en mis rodillas—. Hola,
pequeño brujo.
Me sonríe con los dientes.
—Hola.
Hemos invitado a cenar a los niños del orfanato, ya que todo el dinero de esta
noche irá directamente a ellos.
—¿Disfrutaste de la comida?
Asiente, acurrucándose contra mí. Se me derrite el corazón. Aunque tengo
37 que mantener la guardia alta y no puedo relajarme exactamente cuando estoy aquí,
estos momentos hacen que todo merezca la pena.
Duele saber que nunca tendré a mi compañero sentado a mi lado como rey.
Pero es lo que es.
Aunque Soren supiera lo que es para mí, nunca querría sentarse en el trono
del reino que una vez lo torturó.
El destino debe odiarme para enviarme por ese camino.
Forzando una sonrisa, bajo y me mezclo con mi gente. Cuando estoy lejos de
Aravelle, me duele el corazón, pero cuando estoy allí, también me duele.
No hay forma de salvarme de esto.
Pero al menos de esta manera, lo estoy salvando.
CAPÍTULO OCHO
Pandora
Nunca he visto nada más sexy que Soren montando a caballo.
Sin camisa.
Sus marcados abdominales se tensan con sus movimientos, con una ligera
capa de sudor en el pecho. De repente se me seca la boca y quiero apartar la mirada
antes de que me descubra, pero no encuentro la voluntad de hacerlo. Volver a este
espectáculo de perfección masculina después de unos días de ausencia me
recuerda por qué siempre vuelvo. Su cuerpo está inmaculado, sin tatuajes ni runas,
con un montón de músculos acordonados y una piel bronceada y suave a la vista,
sin un gramo de grasa en ninguna parte. Mis ojos se clavan en la V que desciende
hacia su...
—Estás babeando. —Astrid sonríe y me da un codazo en el hombro,
devolviéndome a la realidad.
—¿Por qué es tan jodidamente perfecto? —Gimo, tragando con fuerza,
repentinamente sedienta—. Ese cuerpo debería ser ilegal.
Astrid se ríe, jugando con el extremo de su trenza.

38 —Sabes, si le dijeras la verdad, eso sería todo tuyo. Cada... centímetro.


—Sí, o simplemente me rechazaría —susurro en voz baja, frotándome la
nuca—. Sabes que nunca podrá ser. —Me fijo en las otras mujeres que rodean los
establos, sus ojos también puestos en su cuerpo, y un repentino ataque de celos me
golpea. Ese guerrero es mío. ¿Cómo se atreven a quedarse admirándolo?—. ¿Y por
qué tiene que exhibirlo así?
Astrid pone los ojos en blanco.
—Es Soren.
No hace falta ninguna otra explicación. Le encanta llamar la atención, y
probablemente se haya follado a todas las mujeres que lo miraban.
Es más suyo que mío.
Pertenece a todos menos a mí.
Su compañera predestinada.
Y sí, eso duele.
Frotándome distraídamente el pecho, de repente tenso, me doy la vuelta y
miro a mi amiga.
—¿Qué me he perdido?
—Bueno, August, Bane y mis hermanos vinieron a visitarme —vacila,
frunciendo el ceño—. Aún no se lo he dicho a Rave porque no quiero recordarle que
Bane bebió de mí, pero Bane dijo que mi sangre le produjo algunos efectos
secundarios.
—¿Qué tipo de efectos secundarios? —pregunto, frunciendo el ceño.
—Los que podrían hacer que otros chupasangres quisieran probar —dice
suavemente, apoyando la mano en mi hombro mientras se inclina hacia mí. Me
pregunto si sabe que es una de las únicas personas que me da calor físico. Para
alguien que está hambrienta de contacto, significa más de lo que ella pueda
imaginar—. Dijo que se sentía más poderoso y que tenía visiones en sueños. Sólo
duró unos días y luego desapareció.
—Mierda —susurro—. Como si necesitaras más razones para que la gente
quiera secuestrarte.
—Lo sé. —Hace una mueca, sus ojos color avellana parpadean con
preocupación—. Ya tenemos bastante con lo nuestro.
»Les pregunté a Axe y Kai sobre lo que Milana le dijo a Soren, si Zython tal
vez no tuvo opción de traicionarme, pero se mantienen herméticos. No sé por qué,
pero me está molestando.
—Quizá intentan protegerte —le digo, rodeándola con el brazo.
—Tal vez. De cualquier forma, nos estamos preparando para la guerra en
caso de que Declan y su ejército intenten venir por mí. ¿Quieres ir a ver cómo Elios
y Nico se pelean en el ring? Se han acostumbrado a resolver todo tipo de discusiones
allí dentro. Es divertido de ver.
39 Mi mirada vuelve a Soren, que acaba de saltar de su caballo, con aspecto de
dios vikingo, y encuentra sus ojos en nosotras. Ata su caballo y empieza a caminar
hacia nosotras. No puedo evitar fijarme de nuevo en su cuerpo perfectamente
esculpido, y el calor se me acumula en el bajo vientre. Mis pezones se tensan cuando
se acerca a nosotras y su aroma a canela invade mi organismo.
Sólo tiene ojos para Astrid, con una sonrisa sexy y traviesa.
—¿Disfrutaste del espectáculo?
Soren tiene la sonrisa más cálida y genuina, pero nunca me apunta a mí.
—Estaré a punto de hacerlo cuando mi compañero suba al ring —responde,
sujetándome de la mano y tirando de mí hacia el castillo—. ¿Quieres enfrentarte a él
hoy? Estaba de muy buen humor.
—No, gracias, mi cara es demasiado bonita —dice con voz cantarina y se
pone a nuestro lado. Se eleva sobre nosotras y ralentiza sus largas y musculosas
piernas para igualar nuestro paso. Sigue sin camisa y sólo lleva un pantalón holgado
que le cae sobre las caderas. Intento fingir que no noto el contorno de su polla a
través del suave material gris, pero a cada paso que da, lo que parece una gruesa y
pesada polla se presiona contra sus pantalones.
Mierda.
¿Viene aquí vestido así?
Bien podría estar desnudo.
Justo cuando creo que va a ignorarme, me mira con expresión inexpresiva.
Cuando murmura:
—Bruja —no se nota nada de su tono juguetón.
Okey, no es el mejor saludo, pero al menos ahora me reconoce. Supongo que
ese viaje al Reino Goblin hizo algún progreso.
—Guerrero —respondo, girando la cara para mirar al frente.
Se podría cortar la tensión con un cuchillo, aunque no sé por qué. Al parecer,
basta una palabra mía para cambiar el ambiente que nos rodea. Lo miro y veo la
firmeza de su mandíbula cuadrada que antes no tenía.
Nico y Elios ya han empezado a darse de golpes mientras nos acercamos,
ambos sin camisa y flexionando los músculos.
—¿Por qué pelean? —pregunto, estudiando a los dos hermanos.
Es Soren quien responde:
—Elios prendió fuego a la habitación de Nico.
—¿Por qué? —pregunto, con los ojos muy abiertos. Elios es el más dulce de
los hermanos y el más tranquilo. No los conozco tan bien como a Rave, pero Elios
parece tener esa típica energía de hermano menor. Es el más despreocupado y el
que sonríe más rápido.
—Ni idea, no lo dirán. —Astrid se encoge de hombros, sus ojos van a Rave,
40 de pie junto a Cove con los brazos cruzados—. Volveré.
Soren y yo nos quedamos solos, lo que resulta muy incómodo. Jugueteo con
el dobladillo de mi túnica morada, preguntándome si debería decir algo.
¿Qué le dices a alguien a quien quieres pero te odia?
—¿Vienes a la fiesta de esta noche? —me pregunta de repente, con tono
cortante. Trago saliva y me giro hacia él. Sé que no cree que deba estar aquí. Y
puede que no. Pero es mi vía de escape de toda la mierda que me espera en Allyria.
Y él está aquí.
—Astrid me invitó —respondo, sintiendo la necesidad de defenderme. No
quiere que esté aquí e intenta hacerme sentir que no soy bienvenida.
—Tu reino debe de funcionar solo —murmura, frunciendo el ceño. Se pasa
la mano grande por la parte central y más larga de su cabello rubio, aparentando
frustración.
Sólo por mi proximidad.
—No soy mi madre, Soren —susurro con voz ronca, con la mirada fija en mis
botas de cuero negro—. Siento lo que te hizo. De verdad. Pero no soy ella.
Nunca hemos hablado abiertamente del pasado.
Siempre ha hecho pequeños comentarios hirientes, y yo siempre me he
sentido culpable y me he echado atrás.
Guarda silencio unos instantes, pero puedo sentir la tensión que irradia. ¿Le
sorprende que haya sacado el tema?
Mi barbilla se levanta de repente con la fuerte presión de la punta de sus
dedos pulgar e índice. Me mira fijamente a los ojos.
Frío.
Evaluador.
—Tienes sus ojos, bruja —murmura, soltándome y dando un paso atrás,
poniendo distancia entre nosotros—. Y su sangre. Fui torturado en tu casa y atraído
por tu hermana.
—Yo no estaba en el reino en ese momento. No sabía...
—¿No sabías qué? ¿Que estaba siendo retenido en una mazmorra y utilizado
para intentar vengarse de un hombre que tu madre se estaba follando? ¿Me estás
diciendo que no tenías ni idea? Me cuesta creerlo.
Mi madre se acostaba con el padre de Rave.
Así es como Rave y yo nos hicimos amigos porque nos dejaban salir juntos
mientras ellos estaban juntos.
No sé qué pasó, pero mi madre se sintió despechada y quiso vengarse del
rey Tane.
Ebony trajo a Soren hacia ella.
41 —Soren...
—No confío en ti, bruja. Y nunca lo haré.
Dice bruja de una forma tan despectiva que me hace estremecer.
¿Y sabes qué?
No merezco esta mierda.
Su mierda.
No debería pagar por delitos que no he cometido.
Necesito soltar esa culpa que llevo dentro porque no es más que una
enfermedad tóxica, que lentamente intenta desgarrar mi autoestima.
Soren es mi debilidad, pero es hora de que me cierre a él antes de que me
arrastre a algún lugar del que no pueda volver.
Esta no soy yo.
Nunca dejaría que nadie me hablara como él lo hace.
Que sea mi compañero y mi madre le haya hecho daño no significa que tenga
que darle carta blanca para que me trate así.
Me rodeo con los brazos, con un nudo en el estómago, y observo su espalda
musculosa mientras se aleja.
Sí, no habrá final feliz para mí.
Al menos no con Soren.
Y ya es hora de que haga las paces con eso.

CAPÍTULO NUEVE
Soren
Hacía tiempo que no celebrábamos una fiesta en el castillo, y el cumpleaños
de Cove era la excusa que necesitábamos. Como en Beltane, hay una gran hoguera
afuera, mucha comida, bebida y baile. Me doy cuenta de que la bruja se ha puesto
un vestido negro de seda que deja ver sus pechos redondos, sorprendentemente
grandes para lo pequeña que es. También tiene un trasero curvilíneo, hecho para
atormentarme. Me siento nervioso cuando está cerca, y no sé por qué, pero no me
gusta. Tampoco me gusta cómo me mira.
Me deja sintiéndome desnudo y fuera de control.
Necesita irse y volver a su propio reino.
Un dedo recorriendo mi bíceps me distrae de mis cavilaciones.
42 —Soren.
Inclino la cabeza hacia un lado y estudio a la fae. Cabello castaño, ojos
marrones y una sonrisa que se acerca.
—¿Te conozco?
—Esperaba conocerte esta noche —responde ella, lamiéndose el labio
inferior.
Una cosa sobre las mujeres, hablan.
Sé que tengo una reputación, lo que significa que no necesito buscar
demasiado para conseguir lo que quiero.
—Veré adónde me lleva la noche —le respondo, sin querer prometerle nada
por si aparece una oferta mejor. No es mi tipo habitual, pero quizá sea hora de
cambiar un poco las cosas.
Se inclina más cerca y baja la voz.
—Sé a dónde quiero que me lleve la noche.
Y entonces, delante de toda la puta fiesta, se deja caer sobre la hierba de
rodillas, mirándome y esperando indicaciones como el maldito juguete que es.
Al sentir que me miran, me giro y veo a Astrid y a la bruja mirándome
fijamente, sus ojos violetas parpadean con algo que parece dolor antes de
enmascarar su expresión.
Con el ceño fruncido, vuelvo a mirar a la mujer arrodillada.
—He dicho que ya veré. —Y me alejo, dejándola allí.
No puedo dejar que se atrevan a demasiado ahora.
—Estás frío como una piedra. —Rave sonríe mientras viene a ponerse a mi
lado, ofreciéndome un poco de cerveza.
—Tienen que saber cuál es su sitio —le contesto, dándole una palmada en el
hombro—. No quiero que ninguna se ponga demasiado cómoda, ¿sabes?
—Dudo que alguien pueda sentirse cómoda después de que la cortaras al
terminar la noche. Mierda, te la habría chupado delante de toda la fiesta —responde,
la diversión bailando en sus ojos azul hielo—. Y ni siquiera es tu cumpleaños.
Gruño, mis ojos recorren la multitud.
—A la reina le habría encantado.
Astrid me habría mirado mal el resto de la noche.
—¿Qué reina? —Rave responde, estudiándome.
—Sólo hay una reina que me importe —respondo, dando un largo sorbo a la
cerveza helada.
—Mmm —responde Rave, y luego maldice en voz baja. Sigo su línea de visión
para ver a Astrid y Pandora tomando chupitos juntas, parece que van camino de
43 emborracharse. Astrid abraza a la bruja, su cuerpo tiembla mientras se ríe de algo.
Rave deja su bebida en la mesa detrás de nosotros, y sé que ahora se mantendrá
sobrio para vigilarlas.
—¿En cuántos problemas podrían meterse? —pregunto, arqueando la ceja—
. Tenemos a la guardia real rodeando los perímetros. No les pasará nada.
—Nunca se es demasiado cuidadoso, incluso con lo poderosas que son
ambas.
—¡Soren, ven a bailar conmigo! —grita una rubia mientras me llama con un
gesto de la mano.
Sonriendo, dejo al rey con sus responsabilidades y me voy a disfrutar de las
mías.
Alguien tiene que ser el alma de la fiesta.
Horas después, estoy a punto de trasladar la diversión a mi dormitorio. Estoy
mirando a mi alrededor en busca de esa fae de cabello rojizo cuando Astrid me
agarra del brazo, perdiendo el equilibrio y riendo. La bruja está en su otro brazo,
también con un poco de peor aspecto.
—Espero que Rave use sus sombras conmigo esta noche. ¿Alguna vez te han
tocado por todas partes? ¿Como restringida por la maldita oscuridad? —le pregunta
a Pandora, riéndose.
La bruja, que aún no se ha fijado en mí, suspira pesadamente.
—No, porque no me he acostado con un papá de las sombras, Astrid. Ya lo
sabes. Sólo me he acostado con August, y fue una vez. —Hace una pausa y luego
añade—: Pero, ¿sabes lo que dicen?
Esa información me hace enarcar las cejas.
¿Sólo se ha follado a August?
Por su forma de comportarse, supuse que tenía más experiencia que eso.
—¿Qué dicen? —pregunta Astrid, mirándome como si acabara de darse
cuenta de que estoy allí. Una mirada extraña cruza su rostro.
—Dicen que nadie folla como un guerrero —casi grita Pandora. Se tambalea
un poco, pero Astrid la sujeta—. Y creo que es verdad... pero puede que necesite
acostarme con otro para asegurarme.
Astrid me da un golpecito en el brazo.
—¿Y Soren? Todos sabemos que tiene más experiencia que nadie.

44 Pandora me mira, con los ojos en blanco.


—No estoy preparada para un polvo de odio.
En lugar de reír, los ojos color avellana de Astrid brillan con algo. ¿Tristeza?
—No te odia. ¿Verdad, Soren? El Soren que yo conozco es distinto al que él
te muestra.
Mierda.
¿Dónde está Rave? Tiene que venir y salvarme de esta mierda-jodida-ahora.
Aprieto la mandíbula cuando veo que Cove se marcha con la fae que se
arrodilló por mí, pero lo dejo pasar cuando me recuerdo que es su cumpleaños.
Ese puede ser mi regalo para él.
—Oh, definitivamente me odia. Estoy pagando por los pecados de mi madre.
Pero está bien. Puedo encontrar a alguien más con quien tener sexo borracho.
¿Dónde está August? Si me lo follo otra vez, mi número no subirá, sin embargo.
Astrid asiente con la cabeza como impresionada por las matemáticas de niña
de Pandora.
—En realidad es una buena idea. Una vez le vi la polla a August cuando lo
atrapé follándose a una mujer por detrás. —Baja la voz y dice algo que no puedo oír,
y la bruja se ríe—. Vi un poco de Soren en Beltane —continúa, sonriéndome.
Mis ojos se abren de par en par, preguntándome por qué mi polla y yo
estamos siendo arrastrados a su loca conversación de borrachas.
¿Dónde está Rave?
—Pero eso fue antes de que se hiciera el piercing. ¿Te enteraste? —pregunta
a Pandora, que niega con la cabeza, parpadeando furiosamente—. Rave se fue con
él. Qué linda pareja de amigos tienen ustedes dos.
Ambas reinas miran mis pantalones.
—¿Puedo verlo? —pregunta la bruja con inocente curiosidad en el tono. Su
lengua rosada se desliza por su carnoso labio inferior. Mi polla se endurece al
instante y sus ojos se abren de par en par.
Mierda.
—Astrid, ¿quieres que Rave me mate con sus malditas manos? Aparta la
mirada de mi entrepierna —gruño, y luego dirijo mis ojos a la bruja—. Y tú... —Me
detengo porque está borracha, así que no tiene sentido intentar razonar con ella—.
Ojos fuera. Vuelve a tu reino a buscar pollas de brujo.
Pero hay algo que no me cuadra. Me siento... fuera de lugar. No puedo
precisar por qué, y no voy a perder mi tiempo tratando de averiguarlo.
Astrid me estudia, frunciendo el ceño.
—Sabes, Soren...
45 —¿Por qué todo el mundo está mirando la polla de Soren? —Rave gruñe,
frunciendo el ceño a su compañera. La atrae a su lado y ella trepa por su cuerpo
hasta que sus piernas rodean sus caderas y sus manos se posan en su trasero.
—Soren, ¿puedes llevar a Pandora a su habitación, por favor? —pregunta
Rave, enterrando su cara en el cuello de Astrid.
¿Por qué yo?
—Rave….
—Ahora, Soren. Tengo que ir a follarme a mi compañera y recordarle a quién
pertenece —gruñe, emitiendo gemidos mientras se aleja.
Realmente echo de menos los días en que Rave era mejor compartiendo.
—Puedo caminar sola —afirma Pandora en tono cortante, y luego camina en
la dirección equivocada, casi tropezando.
Suspirando pesadamente, la agarro por el brazo y la conduzco hacia el
castillo.
Al principio se resiste, frunce el ceño, pero acaba cediendo con un suspiro.
—Soy toda una reina adulta, Soren. Puedo encontrar el camino a la habitación
de invitados. Que seas un rastreador no significa que tengas que dirigirme.
Se me escapa una carcajada.
—No te ayudo porque sea rastreador, sino porque estás borracha. No
querríamos que le pasara nada a nuestra bruja residente, ¿verdad?
—Lo harías —murmura, deteniéndose y volviéndose hacia mí cuando
entramos en el castillo. Mis ojos se posan en la piedra negra que siempre lleva al
cuello, atraído por ella por alguna razón—. Probablemente lo celebrarías si me
ocurriera algo. Pero entonces, ¿a quién culparías?
No voy a entrar en esto con ella ahora.
En lugar de eso, me agacho para levantarla por encima del hombro.
—¡Bájame! —gruñe, pellizcándome el trasero. Cuando no reacciono, me da
una nalgada que me hace sonreír.
Es la primera vez que una mujer es la que me azota.
Cuando llegamos a su suite de invitados, levanta el cuerpo y pone la mano en
la cerradura, permitiendo que se abra. Al entrar, huele a ella, a cerezas y un toque
de coco.
Casi tirada en la cama, sus ojos violetas me miran, desprevenidos por lo que
se siente como la primera vez.
Hay dolor en ellos.
Dolor profundo, sin filtro.
Y... ¿anhelo?
No sé por qué me mira así, pero con la cabeza ligeramente ladeada, la estudio
46 durante un largo momento.
La madre de esta bruja me quitó algo y rompió algo dentro de mí.
Me hizo sentir débil, y yo soy un guerrero.
Eso no me gusta una mierda.
Nunca debería sentirme débil.
Nunca debería haberme roto.
Esos ojos violetas que me lo recuerdan recorren mi rostro, aparentemente en
guerra con algo.
Puedo ver el momento en que sus paredes vuelven a subir.
—Eres un idiota, ¿lo sabías? —murmura, sentándose de repente para
quitarse el vestido.
A continuación se quita el sujetador y deja al descubierto un conjunto de tetas
perfectas y bonitas, más de un puñado con pezones marrones que me hacen agua
la boca.
Mierda.
Su cuerpo es un sueño, todo piel suave y cremosa y seductoras curvas
envueltas en un diminuto paquete.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto, tratando de sonar casual.
—Me voy a la cama —responde ella, tirando de las sábanas de seda negra
sobre su cuerpo.
Mi polla está dura cómo la mierda, lo que me molesta porque ella es la última
persona con la que debería reaccionar así.
Me largo de allí y vuelvo a la fiesta, mi polla necesita liberarse.
Se mete con mi cabeza, y no me gusta una mierda.
Necesito alejarme de la bruja.

47
CAPÍTULO DIEZ
Pandora
Doy vueltas en la cama y suspiro. La habitación sigue dando vueltas, y
después de tener a Soren aquí conmigo y ver cómo sus ojos grises recorren mi
cuerpo desnudo, me duele todo el cuerpo. Me pregunto si tendríamos sexo por odio,
¿sería capaz de darse cuenta de que soy su compañera? Astrid me dijo que había
un brillo dorado a su alrededor cuando estaba con Rave, casi empujándolos a
completar el vínculo. ¿Mi hechizo evitaría que eso sucediera?
Yo sobria, sabría que no debería arriesgarme, pero yo borracha estaba
cachonda y quería a su maldito compañero.
Salgo de la cama y decido que esta noche es la noche de las malas
decisiones. Me envuelvo en una bata de seda verde, salgo al pasillo y me dirijo al
dormitorio de Soren. No llego a su puerta cuando lo encuentro, con una mujer de
rodillas frente a él, chupándole la polla. Bueno, no parece que esté chupando mucho.
Su gran mano está en su cabello, sujetándole la cabeza mientras le folla la garganta.
Duro.
Mierda. ¿Por qué pensé que buscarlo era una buena idea?
Siento una opresión en el pecho y, de repente, no puedo respirar bien.
48 —¡Eso es, sé una buena mascota y tómalo todo! —Gime, sus ojos se cierran
y echa la cabeza hacia atrás. Los músculos de su cuello se tensan, y sus caderas
aceleran el ritmo—. Trágate mi polla, tómala toda. ¡Mierda! Sí, ahógate.
La mujer amordaza su cuerpo, lo que parece excitarlo aún más.
Es magnífico.
Hermoso.
Un gemido sale de mi garganta.
Lentamente, gira la cabeza para mirarme fijamente, con sus ojos hambrientos
entrecerrados hasta convertirse en rendijas.
Y entonces se corre en su boca, sin apartar la mirada.
Y mi corazón se rompe un poco más.
Su voz es áspera y dura.
—Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Seguro que te dejé en otro sitio, bruja.
Se saca de la boca de la mujer y mis ojos se posan en su polla perforada. Es
grande, gruesa y larga, y aún tiene semen en la cabeza.
Se la pasa por los labios, sonriéndome.
—Entra en mi habitación, cariño. No he terminado contigo —retumba, pero
sigue observándome con una intensidad que debería asustarme.
La mujer hace lo que se le dice, y Soren se acerca a mí, sin molestarse en
guardarse esa polla monstruosa que tiene.
Me rodea la garganta con su mano áspera, bajando la cara.
—Estás arruinando mi buen humor y mi polla dura. Vuelve a la cama, ahora.
Sí, es magnífico.
Y es hermoso.
Pero también es cruel.
Para mí, al menos.
—A mí me sigues pareciendo bastante duro —consigo decir—. Más duro de
lo que estabas antes, de hecho.
Sí, por fin me doy cuenta de que aunque me odie, su cuerpo me desea.
Ninguna cantidad de magia va a detener eso, ningún maldito hechizo.
Debe de ser jodidamente confuso para él, pero ahora mismo, parece que no
puedo reunir ninguna simpatía.
Nunca he estado tan tentada de quitarme este collar y hacerle partícipe de mi
maldita miseria.
Mi dedo la recorre, tocando la fría piedra negra.
Sonríe y me toca la mejilla con la misma mano que hace unos segundos
49 acariciaba el cabello de aquella fae.
—Sé que tengo una reputación por follarme a muchas mujeres, pero tengo
límites.
Con ese comentario de despedida, se marcha.
Y pierdo un poco más de mí misma.

—No puedo creer que haya hecho eso —gruñe Astrid a la mañana siguiente.
Está tumbada a mi lado en la cama mientras compartimos un plato de fruta, queso y
pan, y repasamos todo lo que pasó anoche. Nunca lo había hecho, pero creo que es
algo que todas las mujeres deberían hacer después de una buena noche. O una
mala, por así decirlo.
—No debería haberlo seguido. —Gimo, cubriéndome la cara con las manos—
. Elegí ocultarle este vínculo, y necesito dejarlo en paz ahora.
—O decirle la verdad —responde ella, masticando pensativamente—. Merece
saberlo, Pandora.
Hago una pausa mientras mis dedos alcanzan una uva verde.
—¿Has tenido alguna visión sobre lo que pasa?
Niega con la cabeza.
—No, y sabes que el futuro siempre está cambiando. Todo depende de los
caminos que elijas. Cuando descubriste que era tu pareja, deberías haber dejado
que el destino avanzara de forma natural. Que uses tu magia para detenerlo va a
tener un precio. Sólo que aún no sé cuál va a ser.
—Creo que ya estoy pagando el precio.
—Lo siento...
—Anoche creí que me iba a estallar el pecho. No puedo seguir haciéndome
esto —murmuro, y finalmente me meto la uva en la boca.
Tiene razón.
Debería haber dejado que pasara, y si me odiaba, me odiaba. No habría
cambiado nada. Todavía me odia. Sólo que ahora se ha alargado más, además le he
estado mintiendo.
He metido la pata y no sé cómo arreglarlo.
No teníamos que completar el vínculo de apareamiento si él no quería, pero
al menos habría sabido la verdad.
Pero tal vez soy egoísta porque aún no estoy lista para que él lo sepa.
50 He elegido este camino y tengo que ceñirme a él.
—August tenía que haber venido anoche, pero no lo hizo. —Suspira,
cambiando de tema—. Estoy preocupada por él.
—¿Por qué, qué pasó? —pregunto, frunciendo el ceño.
—Le conté algunas... noticias. No se lo tomó bien —admite, tragando saliva—
. Y está escondido en Chaos, al que no puedo volver hasta que lleguemos al fondo
de lo que pasó con Zython. Ahora mismo todo es un lío.
—Tú y Rave no lo son —le recuerdo con una sonrisa.
Sonríe, una mirada soñadora se apodera de su rostro.
—Es verdad. Ha sido un largo camino, pero lo estamos consiguiendo. Es difícil
seguir enfadada con él cuando Vale es tan increíble. —Hace una mueca, inclinando
la cabeza hacia un lado—. Y cómo Vera se ha ido.
Irse, o estar muerta.
—¿Y cómo está Bane? —le pregunto sonriendo.
Estos dos tienen algún tipo de conexión, y no tiene sentido que nadie intente
negarlo. Sé que debe matar a Rave, aunque él no estaba cerca para ver cómo se
desarrollaba. Definitivamente era más Bane el que estaba por Astrid, pero si ella no
tuviera a Rave, definitivamente creo que habría ido allí.
Quiero decir, no puedo culparla.
Bane es muy sexy, cubierto de tatuajes y runas, con el cabello y los ojos
oscuros.
El pecado personificado.
—Ha sido mucho menos intenso desde que se enteró de que su pareja está
ahí fuera —responde, apoyándose de nuevo en mi almohada—. Somos amigos.
Estábamos destinados a estar en la vida del otro, pero sólo como amigos. Y Rave lo
sabe.
—Probablemente la única razón por la que Bane sigue vivo.
—Bueno, eso y cómo Bane trató a Vera —añade, suspirando—. Pero
volviendo a ti, creo que deberías contárselo a Soren. La forma en que te trata no está
bien, y sé que si supiera la verdad, cambiaría todo. Lo que llevas encima es muy
pesado, Pandora. Es hora de que compartas la carga.
Carga.
La verdad es que llevo tanto tiempo cargando sobre mis hombros el peso de
los demás que ni siquiera sé qué se sentiría al ser libre.
Rave entra furioso en mi habitación y frunce el ceño cuando ve a su reina en
la cama conmigo. Para fastidiarlo, me acurruco contra ella y le beso la sien.
—¿Vienes a unirte a la fiesta?

51 Rave me mira con el ceño fruncido y sus ojos azules como el hielo se tornan
negros. El rey está desquiciado cuando se trata de su compañera, y es muy divertido.
Oigo a Soren llamar a Rave, luego mete la cabeza.
—¿Qué demonios me estoy perdiendo aquí?
—Quita las manos, Pandora —gruñe Rave, tirando de Astrid en sus brazos—
. La única cama en la que estás es la mía, nena.
Le besa el cuello y ella ríe roncamente.
No miro a Soren.
No puedo.
Incluso cuando siento que su mirada me abrasa la piel.
Me doy cuenta de que Astrid tiene razón en una cosa.
O se lo digo o acepto que no es mío y sigo adelante.
Vivir una vida sin tener en cuenta a Soren.
Vivir una vida en absoluto.
Sin dejar de mirar a Astrid, Soren los sigue sin decir palabra.
Le prometí que me quedaría.
¿Pero después de esta noche?
Comienza mi plan para distanciarme de mi compañero secreto.

52
CAPÍTULO ONCE
Soren
Estoy borracho por segunda noche consecutiva.
No sé lo que me pasa, pero hay algo raro. Me siento desorientado y no me
gusta una mierda, pero no sé qué me pasa. Suspiro cuando la mujer de anoche cae
en mi regazo y sonrío hasta que me doy cuenta de que está enfadada.
—¿Qué pasa, cariño? —le pregunto, levantándole la barbilla para mirar sus
húmedos ojos azules.
Apoya la cara en mi pecho y le acaricio la espalda con la mano. No volveré a
follármela, pero eso no significa que no tenga corazón.
—Quiero volver a estar contigo esta noche, amo —suelta, y yo me quedo
quieto. Pensé que algo iba realmente mal, no que llorara por no volver a tener mi
polla.
—Ya conoces las reglas, cariño —le digo al oído—. Sólo una noche, y es para
que no te encariñes.
Aunque quizá sea demasiado tarde para ésta.
—Haré lo que quieras —responde mirándome fijamente—. ¿Quieres que me
53 ponga debajo de esta mesa ahora mismo y te chupe la polla? Te la chuparé.
Mierda.
No voy a mentir, estoy tentado.
Pero no.
No echo de menos su mirada de loca, y sé que podría llegar a ser un poco
difícil quitármela de encima si cedo.
Intenta besarme en el cuello y yo miro a mi alrededor, chocando mis ojos con
los de la bruja. Astrid la rodea con el brazo y le dice algo en voz baja, y yo frunzo el
ceño cuando una única lágrima cae de sus ojos violetas.
¿Por qué está molesta?
¿Qué pasa con las mujeres aquí esta noche?
De repente siento una opresión en el pecho, así que recojo la cerveza y me
la bebo de un trago. La bruja tenía razón en una cosa: cuando la vi allí de pie y
observando anoche, me corrí más fuerte que nunca.
Lo que me molestó.
Cuando se quedó allí como si quisiera cambiar de lugar con la mujer que se
ahogaba con mi polla, me sentí tentado.
Lo que me molestó aún más.
De repente, necesitando un poco de aire fresco, me levanto con la mujer en
brazos y la pongo suavemente en pie antes de largarme de allí.
No puedo respirar.
Y cuando una parte profunda de mí me insta a volver al comedor, la ignoro.
Por primera vez en mi vida, mis instintos están apagados.
Y no me gusta una mierda.

—¿Qué te pasa? —me pregunta Rave, acariciando distraídamente a Apollo.


Ambos estamos en nuestros caballos, revisando el perímetro del castillo.
—Nada. No lo sé —admito, escudriñando la exuberante tierra que nos
rodea—. Sólo me siento un poco... fuera de lugar.
—Tengo una misión para ti esta noche en el Reino Metamorfo, pero si quieres
quedarte, puedo enviar a otra persona —responde, estudiándome—. Pandora va a
estar allí, y necesito asegurarme de que esté a salvo.
—¿Por qué siempre estás preocupado por ella? —pregunto, con los labios
54 apretados.
Hace dos semanas que la bruja no viene por aquí. Por alguna razón, anoche
soñé con ella y todavía no puedo quitármela de la cabeza. Escuchar su nombre me
inquieta.
—Porque es mi amiga y una buena mujer —responde, frunciendo el ceño—.
No sabes nada de Pandora, Soren. Estás ciego cuando se trata de ella. No es su
madre. Te lo he dicho un millón de veces.
Guardo silencio durante unos largos segundos.
—Haré lo que necesites que haga.
—Bien —responde, pasándose el pulgar por la mandíbula—. No sabe que voy
a enviar a alguien allí, pero le ha dicho a Astrid que va a asistir a la fiesta de
cumpleaños del príncipe Raiden.
—¿Por qué iría a donde vive Salem? —gruño, con la mandíbula tensa.
—Pandora es imprudente. Siempre lo ha sido y siempre lo será —responde,
y no se me escapa el cariño que hay en su tono—. Siempre antepone a los demás a
ella misma, y por eso siempre me aseguro de mantenerla a salvo. Porque si no lo
hago yo, nadie lo hará. —Astrid adora a Pandora, y no dejaré que le pase nada.
Tampoco confío en su malvada hermana. Si alguien es como su madre, es ella.
La sola mención de Ebony hace que mis manos se cierren en puños. Hace
tiempo que la quiero muerta, pero se sabe que nunca abandona su reino. Aunque,
si alguna vez tengo la oportunidad, la tomaría en un segundo.
—Odio a esa puta —refunfuño, y Rave sonríe satisfecho.
—Te vengarás —promete, y luego se vuelve hacia mí con una sonrisa
lobuna—. Una carrera hasta tu casa.
Sale corriendo, riendo, con sombras juguetonas que se arremolinan tras él.
Este es un lado del rey que la mayoría de la gente nunca verá.
Sonriendo para mis adentros, lo persigo.

55
CAPÍTULO DOCE
Pandora
Me veo muy caliente esta noche.
Y ya estoy borracha.
Mi vestido de terciopelo negro abraza cada curva y levanta mis pechos, y mis
ojos violetas son oscuros y ahumados. Las cosas en casa han sido estresantes, por
no decir otra cosa, así que cuando Astrid mencionó que necesitaba que alguien
estuviera pendiente de Laurel, la vidente del Rey Metamorfo, le dije que podía
hacerlo por ella. Sin embargo, lo que más necesito es esta noche fuera, lejos de mi
hermana y de todas mis responsabilidades.
Necesito una distracción.
Así que, con la bebida en la mano, me mezclo con la multitud, riéndome de
algo que ha dicho Halia, la princesa sirena, cuando siento que alguien se coloca
cerca de mí.
—Mira quién ha entrado en mi guarida —ronca Salem con su voz grave y su
mano en mi codo. Me gira para que lo mire. Sé que no le gusta que lo toquen, así
que el hecho de que sus dedos se posen en mí me hace sentir jodidamente
preocupada.
56 Sonríe mientras sus ojos verde claro recorren mi cara.
—¿No pudiste mantenerte alejada?
—No estoy aquí por ti —respondo, cruzando los brazos sobre el pecho. Su
mirada se posa en mis pechos—. Hay otras personas en este reino, ¿sabes?
Se pasa la lengua por el labio inferior.
—La última vez que estuviste aquí, fue porque estábamos comprometidos.
—Todavía te aferras a eso —murmuro, y él inclina la cabeza hacia un lado y
me observa como un lobo a su presa—. Ya no estamos comprometidos. No somos
compañeros. No nos queremos ni nos interesamos. ¿Por qué...?
Se ríe y se hace de noche. Sorbo el resto de mi bebida.
—No siempre se trata de nada de eso. Eras mía, lo que significa que eres mía.
No renuncio a nada que sea mío.
Tomo otra copa de champán de un camarero que pasa. Me siento como si
fuera a necesitarla.
—Voy a ir a desearle feliz cumpleaños a Raiden...
—No, no lo harás —gruñe, tirando de mí contra su cuerpo mucho más grande
y extremadamente duro. Baja los labios hasta mi oreja—. ¿Alguna vez te has follado
a un cambiaformas, reina Pandora? Sabes que soy un cambiaformas lobo, lo que
significa que tengo un nudo. Puedo darte más placer del que hayas experimentado
en tu vida.
—No me interesa...
—Mírate, jodidamente ruborizada. —Gime como si le excitara—. No eres
virgen, ¿verdad?
Tragando con dificultad, niego con la cabeza.
—No, no lo soy, pero no estoy...
No sé por qué le contesto.
Cederle un milímetro a Salem es peor idea que seguir a Soren hasta su
dormitorio. Salem podría decidir matarme antes de darme placer, pero la adrenalina
que me corre por las venas es exactamente lo que estaba deseando.
Es oficial, lo he perdido.
—¿Pero qué? —pregunta, con su lengua rozando la concha de mi oreja—.
¿Alguien ha probado alguna vez este coño?
Después de tanto rechazo por parte de Soren, se siente bien que te deseen.
Mi ego se ha desinflado tanto que nunca pensé que Salem fuera a cambiar eso, pero
aquí estamos.
—Sí —admito, tragando saliva—. Un hombre lo ha hecho.

57 Gruñe.
—He esperado jodidos años para follarme lo que es mío. Y luego te alejaron
de mí. Eso no me gusta. Te imaginé como mi reina, debajo de mí, encima de mí,
delante de mí... y luego ni siquiera pude probarte. ¿Y otro idiota sí?
—Salem...
Sus labios bajan hasta mi cuello y, mierda. Se siente tan bien. Cierro los ojos
y gimo. Esto es lo que anhelo: ser deseada y tocada. Que me adoren, aunque solo
sea por una noche.
Salem se pone de pie y me quita la copa, la deja sobre la mesa y me sujeta
de la mano para sacarme del salón de baile.
Lo dejo.
Cuando la culpa empieza a golpearme, me imagino a Soren.
Ni siquiera el momento en que lo vi follarse la boca de aquella mujer, pero me
imagino cuando ella se sentó en su regazo, y él la abrazó, acariciándole la espalda.
La consoló. La miró a los ojos y le ofreció algo que ni en un millón de años me
ofrecería a mí: amabilidad y calidez genuina.
Me dolió más que la corrida de él en su boca.
A la mierda.
Ahora estoy concentrada en mí misma y en mis necesidades.
Me arrastra por un pasillo hasta la primera habitación a la que llegamos, que
parece un despacho. Me levanta sobre el escritorio blanco del centro y me sube el
vestido hasta dejar al descubierto mis bragas negras.
Luego me las arranca con un movimiento suave.
Sus dedos tocan la parte interior de mi muslo antes de retroceder, admirando
la vista de mi coño desnudo.
—Mierda... —gruñe, sus dedos se crispan como si quisiera tocarme de nuevo.
Es el hombre más grande que he visto, así que cuando se arrodilla frente a mí, sigue
siendo más grande que yo.
—Tengo hambre —es todo lo que dice antes de agarrarme las nalgas con
cada mano y llevarme a su boca.
Un golpe de su lengua grande y áspera, y pierdo todo pensamiento
coherente.
Me come como si llevara años esperándolo.
Como si estuviera hambriento.
Tal como dijo que sería.
Me chupa el clítoris con avidez y empiezo a ver estrellas.
—Salem...
Sus dedos se clavan en mis nalgas, casi dolorosamente, lo que no hace sino
aumentar mi placer.
58 Y entonces me vengo.
En voz alta.
Y entonces la puerta se abre, y mis ojos se abren de golpe cuando Soren
entra con la espada desenvainada y la mirada asesina.
Asimila la escena mientras Salem se levanta y se limpia la boca con el dorso
de la mano.
Me bajo de la mesa, me vuelvo a poner el vestido y rodeo a Salem para ver a
Soren.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Su mandíbula cuadrada está tensa por la tensión.
—Rave me envió a... Te oí gritar y pensé que estabas en peligro.
—Como puedes ver, está jodidamente bien —responde Salem con voz
engañosamente tranquila.
El ya pesado aire de la habitación se vuelve sofocante. ¿Por qué Astrid no me
dijo que iban a enviar a Soren aquí esta noche? No tenía pensado encontrármelo.
¿Por qué no puedo simplemente disfrutar de un maldito orgasmo sin todo el
drama?
—Vamos, bruja, te vienes conmigo —ordena Soren, con la espada aún
desenvainada.
No lo entiendo.
Puede ver que estoy bien, así que ¿por qué quiere que vaya con él?
¿Le ha pasado algo a Astrid?
—¿Astrid está bien? —pregunto, frunciendo el ceño—. ¿Qué ha pasado?
Su rostro se ensombrece.
—Ella está bien. Pero vas a volver conmigo. Ahora mismo.
—Y una mierda —gruñe Salem, acercándose a Soren—. ¿De qué demonios
crees que la estás protegiendo? ¿De que la follen bien?
Soren desliza su espada a la espalda y da un paso adelante, mirando a Salem
fijamente a los ojos.
—Vas a olvidar todo lo que ha pasado hoy entre Pandora y tú. —Empuja
fuerza detrás de sus palabras, y de repente me doy cuenta de que está usando su
persuasión. Su magia palpita en el aire, tan densa que casi puedo saborearla—. Vas
a salir de esta habitación. No la buscarás.
Salem sacude la cabeza como si intentara desalojar el pensamiento, pero
finalmente asiente y sale de la habitación.
¡Qué demonios!
¿Qué tan poderoso es este hombre? Veo a Soren como un guerrero y un
luchador. No sabía que también era una fuerza mágica.
59 —¿Qué fue eso? —susurro-grito, levantando las manos—. No me voy de aquí
contigo. Estoy aquí porque quiero.
—¿Qué fue eso? ¡Yo debería hacerte esa pregunta! Se supone que tienes
que mantenerte alejada de Salem y de su locura, pero en vez de eso, le estás
abriendo tus malditas piernas. ¿En qué demonios estabas pensando?
—No es asunto tuyo para quién abro las piernas —respondo apretando los
dientes—. Como dijiste, ¿estaba arruinando tu buen humor y tu polla dura? Estás
arruinando mi maldito buen humor y mi coño mojado, que podría haber recibido más
atención si no me hubieras bloqueado el orgasmo. Así que por favor vete.
Sus ojos se encienden.
—¿De eso se trata? Tú fuiste la que merodeaba por la puerta de mi habitación,
bruja.
—No, se trata de que quiero sentirme bien. Otros hombres me desean, Soren.
Soy una mujer hermosa... bruja y todo eso. Esto no tiene nada que ver contigo. Ni
siquiera sabía que estarías aquí esta noche.
Un músculo trabaja en su mandíbula.
—Ni siquiera sé por qué demonios nos estamos peleando, pero vámonos a
casa.
A casa.
Mi casa no está con él.
Me dispongo a pasar junto a él, pero me agarra del brazo y siento un
hormigueo en la piel por el simple contacto.
Mi cuerpo aún lo desea.
Pero aún no se ha enterado de que no me quiere de vuelta.
—No me pongas a prueba, bruja. Sigo las órdenes del Rey Rave, y él te quiere
a salvo.
Y luego me saca de allí.
Y cuando aterrizamos de vuelta en Aravelle, estoy echando humo.

60
CAPÍTULO TRECE
Soren
Sabes que estamos jodidos cuando yo soy la voz de la razón.
¡No sé cómo no ve la terrible idea que fue enrollarse con Salem! Está loco. Y
si no la dejó en paz antes, seguro que no lo hará ahora, por eso lo hice olvidar que
había pasado. No suelo mostrar a la gente lo que puedo hacer con mi persuasión y
lo poderoso que soy, pero no pude evitarlo.
Le estaba saboreando el coño.
Y me hizo ver rojo.
Mía.
¿Qué demonios pasa?
Aparto ese pensamiento y rezo para conseguir algún tipo de claridad mental.
¿Pandora?
Ella es lo más alejado de mi mente.
Ella es la hija de mi enemiga.
Es una bruja.
61 Ella es todo lo que no quiero.
—Tienes jodido coraje —me grita, señalándome el pecho con el dedo. Tiene
las mejillas sonrojadas y esos intensos ojos violetas están desorbitados por la ira—.
¿Quién te crees que eres, Soren? Dudo que Rave te ordenara bloquearme el coño.
No lo hizo.
—Dijo que te mantuviera a salvo. Lo siento, pero eso incluye ser devorada
por un monstruo. Salem es un maldito asesino, y he oído que incluso lo han retirado
del servicio porque sigue matando a todo aquel con el que entra en contacto. No
puede seguir órdenes y deja cada misión en un baño de sangre. Es un asesino a
sangre fría.
La oigo murmurar algo sobre asesinar su coño, y con esas palabras, quiero
matar a Salem con mis propias manos.
—Voy a volver —gruñe, y mi mano se enrosca alrededor de su brazo.
—No vas a ir a ninguna parte, bruja —gruño, atrayéndola contra mi cuerpo.
Mierda, es suave en todos los sitios y se me mete en la piel como nadie. Quiero
azotarle el trasero hasta que se ponga rojo y aprenda que no debería estar follando
con asesinos psicópatas.
Se queda quieta, dejando que su cuerpo se apriete contra el mío, y luego
levanta la cara para mirarme.
—No sabes dónde ha estado esa boca suya —susurro, aparentemente
incapaz de dejar pasar esta mierda.
Pone los ojos en blanco.
—Probablemente en menos sitios de los que ha estado la tuya. Todo el mundo
sabe que te follas a cualquiera que sea rubia y esté dispuesta a actuar como tu
esclava sexual.
—No beso a ninguna de esas mujeres. Y no las chupo. Guardo mi boca para
mi compañera —le digo, agarrándole la barbilla entre el pulgar y el dedo. No sé por
qué se lo digo. Quizá para acallar su juicio sobre mi saludable vida sexual.
Los ojos violetas parpadean con algo que parece posesividad antes de que
los blinde.
—¿Esas mujeres te dejan follártelas sin ni siquiera un beso? ¿Seguro que no
usas tu persuasión con ellas?
—Nunca he tenido que hacerlo —gruño las palabras, su comentario me
molesta sobremanera—. Y que insinúes eso me ofende. No me conoces, bruja. Pero
nunca he obligado a una mujer a follarme.
—¿A cuántas mujeres te has follado? Por fin consigo un orgasmo del segundo
hombre que me ha tocado, y me sacas a rastras de allí. Sin ninguna razón...
—Oh, hay una maldita razón —digo bruscamente, agachándome para tocar
el diamante negro que lleva en el cuello.
62 Se aparta de mí y se lleva las manos a las caderas.
—¿Qué te pasa? Aparte de que eres un controlador, odioso, hijo de puta...
—¿Qué está pasando aquí? —Rave pregunta, entrando en la habitación, sus
ojos corriendo entre nosotros.
—Soren me arrastró de vuelta aquí sin razón —Pandora hace pucheros,
quejándose con mi mejor amigo.
Como si él fuera a salvarla de mí.
Los ojos azul hielo de Rave vuelven a mí, su ceja arqueada.
—Te dije que te aseguraras de que estuviera a salvo, no que la secuestraras.
—No estaba jodidamente segura —digo en tono cortante, cruzando los
brazos sobre el pecho.
—Sí, lo estaba —responde, frunciendo el ceño—. Y se suponía que tenía que
estar vigilando a Laurel por Astrid, y no pude hacerlo por su culpa.
Se me cae ligeramente la mandíbula.
—¿De verdad? Porque desde donde yo estaba, no parecía que estuvieras
buscando a la vidente. Parecía que estabas...
—¡Oh, mi destino, Soren! No es un crimen para mí querer tener a un hombre
grande y fuerte adorándome de rodillas de vez en cuando.
—¡Pregúntale quién era ese hombre grande y fuerte, Rave! —Me enojo,
reviviendo la imagen en mi cabeza.
Ese maldito cambiaformas.
Rave se restriega una mano por la cara y, de repente, las sombras nos rodean
en señal de advertencia.
—Soren, ¿desde cuándo te importa a quién está viendo Pandora?
—Cuando es Salem, el bastardo del que me dijiste que la salvara en la última
fiesta.
Rave estudia a Pandora un momento y suspira.
—Soren, Pandora es una bruja adulta. Una reina. Puede tomar sus propias
decisiones. Quería que estuvieras allí para protegerla si estaba en peligro.
Sé que debe estar preguntándose dónde tengo la cabeza ahora mismo.
El problema es que estoy tan despistado como él.
No tenía ninguna razón real para traerla de vuelta aquí si ella no quería.
Y los tres lo sabemos.
—Lo estaba —respondo, con la mandíbula tensa—. Por sus propias
decisiones estúpidas.
Rave ahora me mira como si hubiera perdido la maldita cabeza, y puede que
lo haya hecho.
63 —Mira con lo que he estado lidiando. —Pandora suspira, jugueteando con la
raja de su vestido. Sé que no lleva bragas porque las vi en el suelo antes de sacarla
de allí desvaneciéndonos—. Tienes que controlar a tu guerrero, Rave. Tal vez la
próxima vez, enviar a alguien más para estar conmigo.
—¿Crees que quiero estar siguiéndote a todas partes? —ladro, pasándome
una mano por la parte más larga del cabello—. Necesito un maldito trago. Siéntete
libre de irte a casa, bruja, donde perteneces.
Se queda callada, mirándose los pies calzados con tacones.
—Bueno, estoy segura de que este no es mi sitio, ¿verdad, Soren?
Se aleja.
Y mejor que no sea de vuelta a los brazos de tronco de árbol de Salem.
—Soren, qué demonios... —Rave gime justo cuando Astrid entra en la
habitación—. ¿Por qué están discutiendo como un viejo matrimonio?
—¿Y ahora qué? —Astrid pregunta, deslizándose junto a su compañero.
Rave le besa la cabeza y sonríe.
—Soren arrastró a Pandora mientras se enrollaba con Salem. Está molesta.
Astrid frunce el ceño y me mira. Tiene una mirada extraña que no sé
interpretar.
—¿Adónde ha ido?
—No lo sé. Se marchó después de que Soren le dijera que volviera a su reino,
que es donde debe estar —la pone al día, con clara desaprobación en su tono.
Astrid se acerca a mí y me toca la mejilla, ignorando los gruñidos de su
compañero.
—Sé amable con ella o ignórala. Pero, por favor, Soren, deja de ser cruel con
ella. No puedo soportarlo más. Imagínate cómo se siente ella.
Trago saliva y asiento con la cabeza.
¿He sido cruel?
Le dije que tiene mala sangre, como su madre, pero ¿es eso cierto?
Ya no lo sé.
Pero el nudo en mi estómago lo dice todo.
De regreso a mi habitación, me detengo antes de hacer algo de lo que pueda
arrepentirme.
Como perseguirla y disculparme.

64
CAPÍTULO
CATORCE
Pandora
El humo me despierta y empiezo a toser, me arde el pecho.
Al abrir los ojos, tardo un momento en darme cuenta de lo que está pasando.
Mi habitación está ardiendo.
Salto de la cama y me alejo todo lo que puedo de las llamas, apoyando la
espalda contra la esquina de mi habitación.
Cuando intento desvanecerme para escapar, no puedo.
—Mierda —susurro, presa del pánico. Respiro entrecortadamente mientras
mi mente trabaja más de la cuenta intentando averiguar cómo voy a salir de aquí.
Alguien ha hechizado mi dormitorio, así que no puedo entrar ni salir.
Esa es la única explicación.

65 Rave le hizo esto a Astrid una vez.


Estoy encerrada aquí.
—¡Kainan! Ayuda —grito, corriendo hacia la ventana e intentando empujarla
para abrirla. No se mueve a la primera, y además está hechizada. Murmuro un
conjuro y uso mi magia para empujar a través de la reja. Cuando se abre, miro la
larga caída. Las llamas han alcanzado la puerta, que es mi única salida. Tengo que
correr entre el fuego o saltar dos pisos. Sé qué opción prefiero. Sentada en el borde
del alféizar de la ventana, dejo colgar las piernas mientras me subo al tejado y me
preparo para saltar. Poniendo las manos delante de mí, dejo que mi magia llame al
viento, dejando que me lleve y amortigüe mi caída. Aterrizo lo bastante fuerte como
para que me duela un montón, puede que incluso me rompiera el brazo izquierdo,
pero ignoro el dolor.
Esto tiene escrito Ebony por todas partes.
Lleva intentando deshacerse de mí desde que salió de la vagina de mi madre.
El personal sale corriendo, seguido de Ebony y Kainan, que no lleva más que
una pijama roja de seda.
Sólo arde mi habitación.
Y sólo se había conjurado mi habitación.
Kainan está a mi lado, con la mano apoyada en mi hombro.
—¿Estás bien?
Asiento con la cabeza, sujetándome el brazo herido con el otro.
—Rompí la protección de mi ventana. Si no hubiera podido dominar esa
magia, no habría podido saltar.
Quería que me quemara viva.
Y si durmiera como un bebé lo hubiera hecho.
—Me alegro de que estés bien, Pandora. Alguien debe de tenerla muy tomada
contigo. —Ebony sonríe mientras pasa junto a mí y vuelve al castillo como si nada
emocionante hubiera pasado.
—Mejor suerte la próxima vez —murmuro para mis adentros.
—Ni siquiera bromees con eso —sisea Kainan, volviéndome hacia él—.
Tenemos que encargarnos de ella, Pandora.
—Lo sé —susurro—. Tengo que salir de aquí. Volveré mañana.
—Me ocuparé de tu habitación —me asegura mi primo.
Sin otro sitio a donde ir, vuelvo al lugar del que dije que intentaría alejarme.
Es medianoche y no quiero despertar a Rave y Astrid.
Camino hacia la habitación de invitados, donde suelo dormir, y me detengo al
ver a Soren, con el torso desnudo, dirigiéndose a su cuarto. Me mira de arriba abajo,
frunce el ceño y se acerca corriendo, inclinando mi cara hacia arriba con los dedos
para que lo mire.
66 —¿Qué pasó?
Me relamo los labios secos y miro mis pantalones de dormir rotos y mi top
ceniciento a juego, que tiene algunas manchas de hierba de la caída.
—Nada —miento, intentando rodearlo, pero me sujeta suavemente la muñeca
ilesa al pasar y me detiene.
—No me mientas, bruja —murmura, y me quedo quieta mientras me examina
sin prisas—. ¿Estás herida? ¿Qué te has hecho en el brazo?
—Nada, estoy bien...
—¿Qué. Mierda. Pasó? —exige, con un tic muscular en la mandíbula—.
Dímelo ahora, Pandora.
—Me caí —respondo, tratando de mantener mis ojos en los suyos y no mirar
su pecho y abdominales perfectamente musculados.
Me mira fijamente como buscando cualquier señal de engaño.
—¿Te caíste? —dice incrédulo.
—Sí. Mira, Soren, he pasado una noche muy mala y estoy cansada. Y sé que
no me quieres aquí, pero no tengo a dónde ir —admito con la voz entrecortada. Odio
mostrarme débil, pero estoy agotada y, a estas alturas, sólo quiero irme a la cama—
. No hay ningún otro sitio en el que me sienta segura.
Me recoge el cabello detrás de la oreja y me examina el brazo.
—Parece roto.
—Lo sé —admito, haciendo una mueca de dolor.
De repente, me levanta, con cuidado de mi brazo, y me lleva a mi habitación.
Cierro los ojos y respiro su aroma: canela y consuelo.
Hogar... si alguna vez lo permitiera.
Su cambio constante entre calor y frío me agota, pero le permito que me
tumbe en la cama y me arrope.
—No te muevas —me ordena, dejándome sola en la habitación.
Unos diez minutos más tarde, vuelve con Astrid, con el cabello alborotado
como si el papá de ciertas sombras aladas hubiera estado pasándole las manos por
él.
—¿Qué ha pasó? —pregunta, corriendo hacia mí.
—Siento interrumpir tu fiesta sexual con mis heridas. —Sonrío, y pone los
ojos en blanco mientras me pasa las manos calientes por el brazo, luego cierra los
ojos, usando su magia curativa.
—¿Cómo se siente? —me pregunta, estirando el brazo para probarlo.
—Como nuevo. Gracias —digo, apoyando mi mano en la suya.

67 —De nada. Tenemos que hablar de esto mañana. —Me planta un suave beso
en la sien y vuelve a la cama.
Soren me estudia unos instantes en silencio antes de darse la vuelta para
marcharse. Se detiene junto a la puerta y agarra el marco con la mano.
—Aquí estás a salvo, bruja.
El tono en el que dice bruja parece más suave esta vez.
O tal vez estoy muy cansada.
—Quédate —le suplico, mi voz es un suave susurro—. No quiero estar sola
ahora.
Vacila, luego se mete en la cama conmigo y se queda encima de la sábana.
No me importa.
Está aquí conmigo en mi momento de debilidad.
Está aquí cuando lo necesito.
Aunque sólo sea por esta noche.
Lentamente, me acerco a su cuerpo inmóvil. No dice nada ni me aparta, así
que me pongo a su lado y entierro la cara en su pecho.
No se mueve.
No respira.
Estoy a punto de alejarme cuando su brazo me abraza.
Sólo entonces me invade el sueño.

CAPÍTULO QUINCE
Soren
Mientras desayuno sentado frente a Pandora, siento una extraña e inquieta
sensación en el pecho al mirarla. Evita mi mirada, pero no me gusta su aspecto
vulnerable, el mismo de anoche. Tiene los hombros encorvados, como si cargara
con el peso del mundo, y su chispa habitual se ha apagado.
Y no me gusta una mierda.
¿Qué me pasa?
Cuando me pidió que me quedara anoche, sabía que no debía. Pero estaba
asustada y no quería estar sola, así que la abracé toda la noche. Salí de la habitación
antes de que se despertara esta mañana.
—¿Qué pasó exactamente anoche? —pregunto, atrayendo todas las miradas
hacia mí—. Necesitamos los detalles.
68 Rave y Astrid comparten una mirada, y Pandora baja el tenedor con un fuerte
estruendo que resuena por todo el comedor.
—Nada que te concierna —responde en tono cortante.
Tiene razón, pero, por alguna razón, no puedo evitarlo.
—Teniendo en cuenta que normalmente me envían para protegerte, creo que
sí —respondo, echándome hacia atrás en la silla—. Por no mencionar que fui yo
quien te encontró vagando por el pasillo anoche e hizo que Astrid te curara.
Me estudia, con una mirada contemplativa.
—Mi hermana intentó matarme. Otra vez. ¿Estás contento? Tal vez ustedes
dos puedan encontrar algo en común al querer que me vaya.
La sala permanece en un silencio incómodo durante unos largos segundos.
Aprieto los puños.
—Ella. Intentó. ¿Matarte? —pregunto despacio, pronunciando cada palabra.
Me invade la rabia más pura. No sé de dónde viene. Sé que no tengo derecho a
sentir nada por ella, esa bruja que siempre me ha dejado descontrolado.
—Sí, prendió fuego a mi habitación y la protegió para que no pudiera salir. —
Suspira, mostrando Rave una mirada sucia—. ¿Te suena familiar?
Las sombras se desplazan desde el suelo hacia arriba. Sé que Rave nunca
haría daño a Pandora, pero instintivamente quiero moverme para protegerla. Algo
está pasando. Me estoy perdiendo algo, y tengo que averiguar qué es antes de que
me vuelva loco.
—Sabes que nunca haría daño a mi compañera —responde Rave, frunciendo
el ceño.
—Lo sabe —responde Astrid, poniendo los ojos en blanco. Apoya la mano en
el antebrazo de Rave—. Sólo te está recordando lo idiota que fuiste.
Sólo ella podía salirse con la suya llamando idiota al Rey de las Sombras.
Astrid se dirige entonces a Pandora.
—Hay que ocuparse de tu hermana. Esto ya ha durado demasiado.
—Lo sé —susurra Pandora, bajando la mirada hacia su plato todavía lleno.
—Come —ordeno, levantando la barbilla hacia su comida.
—No me digas lo que tengo que hacer —responde, pero esta vez no hay
ardor en sus palabras. Está agotada.
—No te cuidas y le estás dando a tu hermana lo que quiere —le digo, mi tono
ahora es suave.
Sus ojos violetas se entrecierran, pero recoge el tenedor y da un bocado. No
me pierdo la mirada que comparten Rave y Astrid.
69 —Llevo mucho tiempo queriendo eliminarla, Pandora —gruñe Rave, la ira
afilando sus facciones—. Creo que es hora de que me tomes la palabra.
—Kainan está de acuerdo contigo —dice, tragando el bocado de una fresa.
—¿Quién demonios es Kainan? —gruño, preguntándome por qué Astrid luce
de repente una sonrisa de comemierda que no se molesta en ocultar.
—¿Por qué te importa, Soren? —pregunta, aun sonriendo.
No tengo una respuesta a eso porque ¿por qué me importa? Siempre he
dicho que odiaba a Pandora y no sólo a ella sino a todas las brujas después de lo
que me pasó en su reino.
Pero no era justo por mi parte, ¿verdad?
—Rave me dijo que la protegiera. ¿Cómo voy a hacerlo si no lo sé todo?
Sí, sé que me estoy agarrando a un clavo ardiendo, pero no sé qué demonios
me pasa.
—Te pedí que la vigilaras dos veces, no que fueras su guardaespaldas
personal el resto de tu vida —responde Rave, con los labios curvados por la
diversión.
Cabrón.
Todavía no me han dicho quién es Kainan. Obviamente no está apareada, ya
que sus muñecas están desnudas, pero tal vez tiene un hombre en su vida. O tal vez
ella sabe quién es su pareja, pero no ha completado el vínculo.
El nudo en el estómago me dice que no me gusta mucho ninguna de esas
opciones.
Mierda. Necesito que me chupen la polla y dejar de sentirme tan jodidamente
nervioso por cualquier cosa que tenga que ver con Pandora.
Su madre era un monstruo
Su hermana es un monstruo.
Quizás no estoy enfadado por ella porque ya odiaba y quería muerta a Ebony.
Así que ahora, Pandora y yo tenemos eso en común.
¿Cómo se dice?
¿El enemigo de mi enemigo es mi amigo?
Sí, eso es lo que es.
Ahora estamos en el mismo bando con un interés muy común.
Rave me dijo una vez que Pandora es una bruja increíblemente fuerte, lo que
me hace preguntarme por qué deja que su hermana la trate así. Supongo que al final
del día, nadie quiere asesinar a su hermano. Yo soy hijo único, pero veo cómo es
Rave con sus hermanos. Por mucho que la cagaran, no creo que pudiera matarlos
nunca.
A menos que hirieran a Astrid, entonces todas las apuestas se cancelarían.
70 —¿Alguna vez deja Allyria? —Le pregunto a Pandora, preguntándome si esa
información es cierta.
Sacude la cabeza, su cabello negro cayendo sobre su suave mejilla.
—La verdad es que no.
Giro la cabeza para mirar a Rave.
—Bueno, yo digo que nos presentemos sin avisar y visitemos a la bruja. ¿Qué
te parece?
Sus ojos se clavan en los de Pandora.
—Creo que ya es hora. Sé que es tu hermana pequeña, pero si tenemos que
elegir entre tu vida y la suya, ya sabes cuál elegimos.
Cierra los ojos con fuerza, pero asiente.
—No lastimen a Kainan.
Entrecierro los ojos y aprieto la mandíbula.
—Si lo quieres vivo, será mejor que alguien me diga quién es entonces.
—Es mi primo y mi mano derecha —responde Pandora, estudiándome con
los ojos entornados. Me fijo en lo largas y espesas que son sus pestañas oscuras, y
luego me pregunto por qué me fijo en algo así. Murmura algo en voz baja que suena
como—: Echo de menos los días en que me ignorabas.
Bueno, una maldita lástima.
La ignoré porque no podía lidiar con el pasado y su conexión con él.
Pero es importante para mis amigos más cercanos, y no puedo fingir que ya
no existe.
—Quédate aquí. Nosotros nos ocuparemos —anuncio tras unos segundos de
silencio—. ¿Qué tipo de protecciones o hechizos de bruja tienes en tu castillo?
—No podrás entrar sin que te inviten —responde, con el orgullo parpadeando
en sus ojos—. Al menos, no sin una fuerte magia de bruja.
—Tendremos que atraerla entonces.
No he matado a una mujer antes, pero por Ebony, estoy más que feliz de
hacer una excepción.
Rave eliminó a la anterior Reina Bruja cuando yo estaba desangrándome,
apenas viva, así que no pude vengarme.
Pero al menos puedo tener esto.
Y podré seguir durmiendo como un bebé, sabiendo que el reino y Pandora
están más seguros.

71
CAPÍTULO
DIECISÉIS
Pandora
Nadie, y quiero decir nadie, se escandaliza más que yo cuando Salem viene
de visita.
A Aravelle.
Y apareció delante de nosotros, entrando, desvaneciéndose y haciendo caso
omiso de todas las malditas protecciones contra la entrada de extraños.
He oído el rumor de que la magia de Salem le permite ser invisible e ir a
cualquier parte sin ser detectado. El hecho de que esté aquí ahora mismo y no fuera
de las puertas del castillo me hace estar más segura de que lo que he oído es cierto.
Eso, o tiene una magia excepcionalmente poderosa.
Sé que August puede pasar por cualquier pabellón sin pensárselo dos veces,
así que ya se sabe.

72 —¿Cómo sabías que estaba aquí, Salem? —pregunto, relamiéndome los


labios repentinamente secos. Con Rave, Soren y Sinda fuera para ver qué pasa en
mi reino, me pone un poco nerviosa que haya aparecido y esté sentado frente a
Astrid y yo. Tor, el jefe de la guardia real, nos vigila desde la esquina del comedor.
Pero cuando Nico y Elios aparecen, sé que ha pedido refuerzos. No creo que un
hombre sea suficiente para acabar con Salem. Es el metamorfo más grande que he
visto, y eso es mucho decir.
—Me lo dijo la princesa Ebony —responde, con sus ojos verde claro brillantes
y algo más que no puedo definir.
No está trabajando con mi hermana, ¿verdad? Ahora mismo no puedo fiarme
de nadie. Pero entonces su mirada se desvía hacia mis pechos, sus ojos se vuelven
brumosos y entrecerrados.
—¿Fuiste a mi reino a buscarme?
—Lo hice —responde, pasando el pulgar por su afilada mandíbula—. Tu
hermana es una perra, por cierto. Tiene suerte de que la dejara viva.
Si no lo hubiera hecho, nos habría resuelto un gran problema.
Comparto una rápida mirada con Astrid, que se chupa los labios para no
reírse.
¿Qué demonios es esto?
¡Espera! ¿Es una llamada de sexo?
¿Una desvanecimiento de sexo?
—Salem, ¿por qué estás aquí? —pregunto frunciendo el ceño.
—No sé, tenía ganas de verte —dice con voz ronca, mostrando un par de
afilados caninos mientras se pasa los dientes por el labio inferior.
¿Está borracho?
Oh, mi destino.
Ha venido a follarme.
—Agradezco el esfuerzo —digo lentamente, aclarándome la garganta—. Pero
estoy en medio de una crisis y, por desgracia, ahora no es el mejor momento para
que... eh... sigas tus impulsos.
Para ser justos, me chupó e hizo que me corriera, y luego lo dejé colgado,
pero no es como si no tuviera otras opciones ahí afuera para correrse.
No, espera. Soren le jodió la mente, así que no recordará eso. Entonces, ¿por
qué está aquí? ¿Quizás recuerda algo de eso? ¿Quién sabe cómo funciona todo eso
de la persuasión mental?
—Huiste de mí en la fiesta antes de que pudiera pasar algo de tiempo contigo
—responde, sonriendo satisfecho.
Así que no se acuerda.
Bien.
73 Su mente no puede recordar, pero al parecer, su polla sí porque ha venido a
cobrar, actuando como si le debiera dinero o algo así.
Mierda, su polla cree que le debo un coño.
—No estamos juntos, Salem —suelto, mirando a Astrid en busca de ayuda,
pero ella se limita a observar este espectáculo de mierda con los ojos muy abiertos.
Más le valdría sacar palomitas.
Me alegro de que Soren no esté aquí ahora mismo porque esta es la razón
exacta por la que me dijo que era estúpido hacer algo con Salem.
Tenía razón.
Uno para Soren.
Cero para Pandora.
—Eres mía hasta que yo decida que no lo eres —responde en tono
despreocupado, como si estuviéramos hablando del tiempo.
Mi boca se abre y luego se cierra.
—No creo que funcione así. Además, Astrid vio a tu pareja predestinada en
una de sus visiones. ¿No te habló de eso?
Sí, estoy mintiendo y arrastrando a Astrid en esto, pero no me importa.
Los ojos de Salem se dirigen a ella.
—Oí que eras vidente. ¿Quién es mi compañera entonces?
Se deshizo de Bane por Astrid, así que tal vez esto funcione para mí también.
—¿Por qué no se lo preguntas a Laurel, ya que vive en tu reino? —pregunta
ella, observándole atentamente—. ¿Cómo está?
Oh, cierto, se suponía que tenía que estar viendo a Laurel pero fallé en esa
misión.
—Está bien, ¿por qué no iba a estarlo? —responde, echando un vistazo a
todos los hombres situados alrededor de la habitación, observándonos. Se vuelve
hacia mí—. Sabes que, si quisiera llevarte, nadie en esta habitación podría
impedírmelo, ¿verdad?
La temperatura de la habitación desciende.
Bueno, supongo que colgar la tarjeta de su pareja predestinada no funcionó.
Las sombras se desprenden de los dedos de Astrid.
—¿Es eso una amenaza, Salem? He estado jugando limpio hasta ahora. De
hecho, todo esto me parecía divertido, pero nadie viene aquí y amenaza a mis
amigos. —La siento extender un escudo para cubrirme y protegerme—. ¿Sabes que
a una persona se la puede matar desde dentro hacia fuera? Podría hacerte hervir la
sangre hasta hacerte explotar, todo con un pensamiento insignificante.
Astrid definitivamente ha estado pasando demasiado tiempo con Rave.
74 Pero Salem sólo sonríe, y la energía dominante que de repente brota de él es
sofocante.
Tor, Nico y Elios rodean a su reina, con las armas desenfundadas, listos para
defenderse.
—Si atacas a nuestra reina, empezarás una guerra. Una guerra que perderás
—advierte Nico, la tierra tiembla bajo nuestros pies, su magia a punto de estallar—.
¿De verdad quieres enfadar al Rey Sombra?
El fuego chisporrotea desde las palmas abiertas de Elios.
—No lo sé, tal vez sea divertido. Nunca he luchado contra un cambiaformas.
Estoy a punto de decirles a todos que se calmen cuando Soren entra en la
habitación, observando la escena. Rápidamente se abalanza sobre mí y me levanta
con suavidad, pero con fuerza, para colocarme detrás de él, protegida por su enorme
cuerpo.
—Llevo afuera treinta minutos —ladra, se vuelve y me mira como si yo fuera
el problema. Lleva una túnica gris sin mangas que deja ver sus bíceps ondulados y
unos pantalones que se ajustan perfectamente a sus muslos fuertes y musculosos.
Lleva dos espadas gemelas a la espalda, que asoman por encima de sus anchos
hombros. Su cabello rubio está desordenado, como si se lo hubiera pasado varias
veces por los dedos, y su labio superior, más grueso, parece más besable que
nunca—. Salem, no sé por qué demonios te han dejado entrar aquí, pero vete. Ahora
mismo. Pandora no es tuya, ni nunca lo será.
La furiosa mirada de Salem se topa con la característica sonrisa de Soren, lo
que debe de enfurecer a Salem porque, de repente, se transforma. El gigantesco
hombre se transforma en el lobo negro más grande que he visto en mi vida, y sus
labios se despegan para mostrar unos dientes afilados. Suelta un gruñido gutural
que me produce escalofríos.
Una de sus patas debe ser tan grande como mi cabeza.
—¿Y ahora qué? —pregunto, sacando mi magia a la superficie, dispuesta a
usarla para defendernos a todos—. Y no me digas que te lo dije.
—Ni lo sueñes —ruge, girándose hacia mí. Nuestros ojos se cruzan y se
sostienen, y la intensidad de sus hermosos ojos grises casi me hace olvidar a la bestia
que gruñe detrás de nosotros.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto, pero entonces me doy cuenta de que
no me quiere detrás de él mientras saca sus espadas de la vaina. En cuanto las tiene
en las manos, gira sobre sí mismo y me da la espalda.
—Vamos, perro —ronronea Soren mientras Astrid extiende su escudo sobre
todos nosotros.
Salem está a punto de atacar, agachado y preparado para el impacto, cuando
de repente se paraliza, inclinando la cabeza hacia un lado como si escuchara algo.
Luego gruñe, bajo y áspero, y desaparece en el aire.
75 No sé qué pasó, pero estoy agradecida por ello.
Soren aparta sus espadas y se gira hacia un lado, mostrando su apuesto perfil.
Y luego lo estropea mirándome por encima del hombro y gruñendo:
—Te lo dije, carajo.
Hijo de puta.
CAPÍTULO
DIECISIETE
Soren
Dejamos a las mujeres solas durante treinta minutos, como máximo. Tal vez
incluso veinte. Y entonces vuelvo, y están sentadas allí con el maldito Salem, que
estaba mirando a Pandora de una manera que no me gustó una mierda.
Como si fuera suya.
No voy a mentir, volver a Allyria fue duro. He evitado ese reino como la peste
desde que Rave me salvó de sus mazmorras, y nunca pensé que volvería allí. No
voluntariamente, al menos. Creo que Rave notó que me costaba, por eso me sugirió
que volviera.
Sólo que llegué a casa a este espectáculo de mierda.
Intento frenar mi mal genio, que sólo la bruja parece sacar cuando Astrid
habla.
—¿Dónde está Rave?
76 —Todavía está buscando mierda en Allyria —respondo, tratando de
calmarme después de ver a ambas mujeres en peligro. Todos los hombres de esta
sala se habrían movido para proteger a Astrid, como corresponde a su reina.
Pero, ¿quién protegería a Pandora?
Su hermana intenta matarla en su propio reino, y aquí se queda ella para
defenderse, mierda.
Volví para preguntar a Pandora por su ejército. Quiero saber cuántos
soldados tiene y si le son leales. Y por suerte, lo conseguí.
—¿La bruja malvada sigue viva entonces? —presiona Astrid, apoyando su
mano en el hombro de Pandora y apretándolo.
—Por ahora —respondo, cruzando los brazos sobre el pecho—. Ahora mismo
hay demasiados testigos en los alrededores del castillo, pero volveremos por la
noche.
No queremos que nadie intente culpar de su muerte a Pandora ni causar
problemas si Ebony tiene gente leal a ella en el reino.
Y en cuanto a este personaje Kainan, no sé si confiar en él todavía. Rave y
Sinda se quedaron atrás para vigilarlos y saber a qué nos enfrentamos.
—Olvidé lo helado que es allí. —Más bien lo bloqueé porque el tiempo que
pasé allí fue un infierno—. Rave está ahora mismo detrás de uno de tus arbustos,
cubierto de nieve.
Mira mi túnica sin mangas y sonríe.
—Sí, probablemente debería haberte advertido sobre eso. Allyria es tan fría
como mi corazón.
¿Advertirme? Como si no hubiera estado allí antes. ¿Olvida tan fácilmente lo
que me pasó ahí abajo?
—No me lo creo ni por un segundo —objeta Astrid, y luego se da la vuelta
para hablar con sus guardaespaldas, que aún no han salido de la habitación.
Mi mirada se posa en el collar de Pandora, y no puedo apartar la vista del
gran diamante negro, casi como si me llamara. Lo lleva desde que tengo uso de
razón, desde que Rave me salvó del calabozo de su madre.
Pandora se da cuenta de que lo miro y se lo mete bajo el escote del vestido.
Está ocultando algo.
No sé lo que es, pero quiero averiguarlo.
No, necesito averiguarlo.
Rave y Sinda vuelven a entrar y trazamos un plan para acabar con la Princesa
Bruja. Rave está furioso porque Salem amenazó con hacer daño a su compañera, y
si no andamos con cuidado, podríamos encontrarnos con aún más enemigos. A estas
alturas, los malditos pueden ponerse en fila.

77

Acaba de ponerse el sol cuando encuentro a Pandora sentada afuera sola.


—¿Qué estás haciendo aquí afuera? —le pregunto, sentándome a su lado en
el banco de madera. Este lugar es precioso, con vistas a los jardines, y es un sitio
perfecto para sentarse cuando necesitas pensar.
—Sólo disfruto de la paz antes de volver a casa —responde, tocándose
distraídamente el collar.
—¿Qué te pasa con eso? —le pregunto, inclinando la cabeza hacia su
cuello—. Está hechizado, ¿verdad? Puedo sentir la atracción de la magia.
No sé por qué se lo admito por fin, pero cuando se pone rígida, sé que tengo
razón.
Está ocultando algo.
Quiero saber qué es.
Si ella es una amenaza para este reino de alguna manera...
Mis padres ya han muerto, pero cuando mi madre vivía me decía:
—Comprueba siempre las raíces de tus plantas.
Una punzada de culpabilidad me golpea porque en el fondo sé que Pandora
no es como su madre o su hermana. Sus raíces no son las mismas que las de ellas,
pero aun así procede de ellas. Puede que no la odie como antes, pero no confío
plenamente en ella. Y con mi historia con su familia, creo que no es descabellado
que me sienta así.
—No es nada —contesta y se levanta para marcharse. Alargo la mano para
rodear su muñeca y detenerla.
—Quítatelo —le exijo, sin apartar los ojos de los suyos. No sé por qué le digo
que lo haga, solo que lo necesito.
—No —responde, sus ojos violetas se entrecierran hasta convertirse en
furiosas rendijas—. ¡No me digas lo que tengo que hacer, Soren! ¿Quién te crees
que eres?
No quería hacer esto, pero repito mi orden, y esta vez, pongo mi persuasión
en ella. Sé que mis ojos probablemente están cambiando de color en este momento,
la dominación y la magia que fluye a través de mi voz obligándola a hacer lo que se
le dice.
Intenta luchar contra ello.
Le tiemblan las manos, tratando de impedir que levante la mano y desabroche
el delicado broche detrás de su bonita nuca. Sus mejillas están sonrojadas y sus ojos
78 me lanzan dagas, brillantes de furia...
... y miedo?
¿De qué podría tener miedo?
El collar cae a la hierba y ella jadea, se rodea con los brazos y cierra los ojos
de golpe.
Y entonces me doy cuenta.
La conexión entre nosotros explota.
Ese tirón.
Esa atracción de energía, poder y puro deseo y necesidad.
Nuestra magia palpita en el aire, anhelando unirse, ser uno.
Sus ojos violetas se abren y me miran fijamente. Parece tan jodidamente
insegura y asustada. Lo único que quiero es estrecharla entre mis brazos y
protegerla.
Pero no hay forma de protegernos de la verdad.
Mis ojos se abren de horror mientras el dolor puro mezclado con el anhelo se
apodera de mi existencia.
No, no, no.
Mi cabeza niega mientras intento procesar lo que me dicen mis ojos y mi alma.
¿Cómo es posible?
Me duele el pecho y siento como si me hubieran cortado el aire de los
pulmones.
La hija de la bruja que me torturó, la bruja con la que no he sido más que un
maldito idiota todo este tiempo, es mi compañera predestinada.
Y me lo ocultó.
¿Desde cuándo lo sabe?
¿Por qué no me lo dijo?
¿No me quiere?
Necesito malditas respuestas.
—No —susurro, con la mente vagando por todas las cosas que he dicho,
todas las cosas que he hecho.
Pasan ante mis ojos, a cámara lenta, torturándome.
Haciendo que me cuestione todo.
Me vio con mi polla en la boca de otra mujer.
Le dije que tenía límites, insinuando que ella no las cumplía.
Mala sangre.
He sido un monstruo para la única mujer que me bendijo el destino.
79 Mi alma gemela.
Mi voz sale estrangulada.
—¿Por qué?
¿Por qué me lo ocultó?
La acusación sale disparada de su mirada, mezclada con una emoción
indefinible. Se rodea con los brazos en señal de protección. Me lo ha ocultado a
propósito y no le gusta que ahora sepa la verdad. ¿Qué siente ahora? Daría cualquier
cosa por leer su mente.
—Me odiabas. Acababas de ser rescatado de mis mazmorras. No podía... —
Traga duro—. Me odiabas, Soren.
—Esa no era tu decisión —susurro, con el corazón destrozado. Me siento mal
del estómago por cómo la he tratado. Es la única persona a la que debería haber
apreciado y la he tratado como a mi enemiga. Se mueve en el banco, como si
quisiera salir corriendo, así que la agarro del brazo y la atraigo hacia mí antes de que
pueda irse.
Si se va, me iré con ella.
Dondequiera que vaya, la seguiré.
La levanto, me la echo al hombro y me dirijo a mi habitación.
—Soren, ¿a dónde vamos? —pregunta intentando zafarse de mi agarre—. Sé
que no quieres esto, y lo siento, ¿de acuerdo? Intenté salvarte de esto. Lo intenté,
carajo. Podemos intentar romper el vínculo si no quieres esto.
Me detengo en seco.
Mierda.
¿Qué he hecho?
¿He estropeado tanto lo nuestro como para que ella quiera romper el vínculo?
¿Vivir sin una pareja predestinada? Nadie hace eso.
¿Y si lo jodí todo antes de empezar?
Todo el mundo anhela la conexión, el poder y el amor incondicional de su
pareja predestinada. El hecho de que me diga eso me hace sentir mal.
Justo cuando pensaba que esto no podía doler más de lo que ya duele.
—No romperemos nada más que el cabecero de mi habitación —gruño,
azotándole el trasero—. Y no vuelvas a decir eso, pequeña bruja. ¿Me oyes?
Chilla, golpeándome la espalda con sus pequeños puños.
¿Romper el vínculo?
Debe estar bromeando.
Ahora que sé la verdad, nunca la dejaré ir.
¿Y si me odia?
80 Pasaré el resto de mi vida compensándola.
CAPÍTULO
DIECIOCHO
Pandora
Antes de empezar a recorrer el dormitorio, me coloca suavemente en el
centro de su enorme cama. Echo un vistazo a mi alrededor y veo el gran armario, la
puerta que da al cuarto de baño y su pared de espadas de lujo. Aparte de eso, la
habitación está vacía. Me invaden las emociones. Estoy muy enfadada porque usó
su magia y me obligó a quitarme el collar, pero también me siento muy liberada al
soltar la verdad, como si me hubiera quitado un peso de encima.
Soren ahora sabe la verdad.
Aunque decidamos no completar el vínculo, él sabe la verdad, y yo dormiré
mejor por la noche sabiéndolo.
Al incorporarme, mis dedos tocan sus sábanas de seda blanca y me pregunto
cuántas mujeres habrá tenido en su cama. Me siento mal y me deslizo hasta el borde
del colchón, con los pies apenas tocando el suelo.
81 —¿Qué pasa? —pregunta frunciendo el ceño.
—¿Están limpias estas sábanas? —suelto, mirándolas con desagrado.
¿Cuándo fue la última vez que se folló a una de sus mascotas?
Una emoción indefinible parpadea en sus ojos antes de agacharse y tocarme
suavemente la mejilla.
—Sí, son sábanas frescas.
Me tiro del labio inferior con los dientes, aun sintiéndome incómoda.
—Mierda —lo oigo murmurar, cerrando los ojos con fuerza antes de volver a
abrirlos.
Soren se pasa los dedos por el cabello, alborotando el largo, normalmente
perfectamente peinado.
—¿Quién más lo sabía? —pregunta finalmente.
Sólo Astrid, pero nunca se lo diré. No voy a meterla en este lío más de lo que
ya está. No sé si alguna vez se lo dijo a Rave, y nunca se lo he preguntado.
Decido guardar silencio, lo que debe de llevar a Soren al límite de su
paciencia, porque entra furioso en el cuarto de baño, dejando la puerta ligeramente
abierta. Abre el grifo y, como sigue sin salir después de veinte minutos, decido entrar
a investigar. Lo encuentro de pie bajo una fuente de agua, con las palmas de las
manos contra la pared y la cabeza inclinada. No tengo ducha en mi cuarto de baño,
así que sé que la suya debe estar hecha a medida. Hay sitio de sobra para más de
dos personas, y ese nudo vuelve a abrirse paso en mi pecho. Su musculosa espalda
se flexiona mientras respira hondo, y no puedo evitar admirar su trasero firme y
redondo. Tiene la constitución de un guerrero: ángulos perfectos y duros.
Pero parece más derrotado de lo que nunca lo he visto, con su alto cuerpo
encorvado.
E incluso después de todo lo que ha pasado entre nosotros, eso no me gusta.
Pero no puedo arreglarlo.
Mi familia le hizo daño, y él me hizo daño a cambio.
No de la misma manera, no, pero me lastimó igual.
—¿Estás bien? —pregunto, apartándome del agua para no mojar mi vestido
de lino.
—Eso debería preguntártelo yo —responde, suspirando mientras se gira para
mirarme—. Lo siento mucho, Pandora. Lo siento mucho por todo, carajo. —La
desesperación en su voz hace que me duela el pecho.
Forzando una pequeña sonrisa, me aseguro de mantener mis ojos en los
suyos. No quiero que me descubra mirando más bajo.
—Siento no habértelo dicho. Simplemente no sabía cómo, y no quería que te
doliera más de lo que ya estabas herido.
Su expresión se desmorona aún más ante mis palabras.
82 »Me voy a la cama. ¿Quizás podamos hablar más por la mañana?
Puede que nos hayamos ablandado un poco en los últimos días, pero no es
suficiente. Hay tanto dolor, arrepentimiento y pena entre nosotros. Él no lo sabía. Sé
que no lo sabía, y eso es culpa mía, pero eso no hace que mi corazón roto deje de
doler ni borra los últimos años.
Sus cejas se fruncen.
—No. Quédate aquí esta noche. No quiero perderte de vista ahora. —Hace
una pausa y luego añade—: Por favor —casi como una ocurrencia tardía. Es como
si no estuviera acostumbrado a decirlo.
Y con todas las mujeres normalmente a sus pies para hacer su voluntad, estoy
segura de que no.
Mi primera reacción es correr, alejarme de él para poder pensar con claridad,
cosa que no puedo hacer cuando estoy cerca de él. Mi corazón se acelera, mi cuerpo
palpita de magia y libertad después de haber estado contenida durante tanto tiempo
por mi hechizo. Me siento más en mi propia piel de lo que me he sentido en mucho
tiempo. Ahora es mi corazón el que está a punto de recibir un latido.
—No lo sé, Soren...
Cierra el grifo y se acerca a mí, y no puedo evitarlo: mis ojos se posan en su
enorme, hermosa y durísima polla. Tiene un piercing en la cabeza y se me hace agua
la boca.
—Ojos aquí arriba, brujita —dice con voz ronca, su nombre para mí ahora es
suave, incluso cariñoso, ahora que las cosas han cambiado.
Levanto los ojos, siguiendo su orden sin que tenga que usar nada de su magia.
Hablando de eso:
—No vuelvas a usar la persuasión conmigo, Soren. Te daré una gratis, pero
la próxima vez te va a costar.
Sus ojos se habían vuelto negros con remolinos grises cuando usó su magia.
Fue espeluznante. Su brazo musculoso se extiende por detrás de mí para agarrar
una toalla blanca y esponjosa, cayendo pequeñas gotas de agua sobre mí en el
proceso.
—Lo siento. Sabía que algo iba mal. Me estaba llamando... No puedo
explicarlo.
Creo que cuanto más interactuábamos Soren y yo, más luchaba el vínculo de
pareja contra mi magia. Debería haber sabido que no podría esconder mi secreto
para siempre.
»¿Cuándo lo supiste? —pregunta, secándose bruscamente como hacen los
hombres.
—Mientras tú estabas en nuestras mazmorras, yo estaba en el Reino de los
Cambiantes, conociendo a Salem y creando una red para nuestra nueva alianza. No
83 sabía que estabas allí. Cuando volví, Rave ya te había encontrado y salvado. Cuando
fui a visitarte a Aravelle, te vi afuera con Rave. Ustedes estaban peleando, y aún
estabas herido por lo que te hizo mi madre. Tu cuello... —Me detengo, recordando
el desastre sangriento que fue una vez—. Me sentí mal por lo que te hizo, Soren. Y
en cuanto sentí el vínculo, me asusté y salí corriendo.
—Me pareció percibirte una vez —admite, cuelga la toalla y me levanta la
barbilla con el pulgar y el índice. Apoya la otra palma contra la pared—. Sólo por un
momento. Creí que me estaba volviendo loco. —Traga saliva, se le hace un nudo en
la garganta—. Esto me ha jodido, Pandora.
No sé lo que quiere de mí en este momento.
¿Espera que de repente nos convirtamos en una pareja feliz?
Me odiaba.
Y que seamos compañeros no cambia nada de lo que ha dicho.
Sus duras palabras hacen que mi pecho se apriete incómodamente.
—No sé qué decir, Soren. Pero necesito tiempo para pensar...
—Has tenido años para pensar, brujita —responde en un murmullo bajo.
Apoya la frente en la mía y cierra los ojos—. Yo he tenido quince minutos. ¿Por qué
tú necesitas espacio y yo no?
Mierda.
—No lo sé, Soren —susurro, con la voz entrecortada—. Puede que sea yo la
que de repente haya encontrado algunos límites. —Y entonces vuelvo a Allyria.
Las lágrimas resbalan por mis mejillas en cuanto aterrizo en la cama.

CAPÍTULO
DIECINUEVE
Soren
Sus palabras se repiten en mi cabeza toda la noche. Después de dar vueltas
en la cama con apenas una hora de sueño, a la mañana siguiente noto los ojos
inyectados en sangre.
Tal vez soy yo quien de repente encontró algunos límites.
No me cabe duda de que me merecía ese golpe de despedida, y sin duda dio
en el blanco.
No podría sentirme peor aunque lo intentara.

84 Después de ducharme, le pido a Celeste, que trabaja en el castillo, que me


encargue una cama, un colchón y sábanas nuevos. Le digo que necesito que me lo
lleven hoy mismo a mi dormitorio.
No quiero volver a ver esa mirada en los ojos de mi compañera.
Si se invirtieran los papeles, yo también me sentiría jodidamente mal.
Destruyo todos mis juguetes sexuales y los sustituyo por algunos que podrían
gustarle si alguna vez decide explorarlos conmigo. Pruebo la resistencia de las
esposas y el peso de la paleta de cuero, sonriendo para mis adentros antes de
guardarla en el armario.
Astrid está sentada en el comedor con Rave cuando entro, desayunando
juntos y riéndose de algo que ha dicho el otro. Mis ojos tocan las bandas de
apareamiento de sus muñecas y me pregunto si alguna vez llevaré las mismas.
—¿Lo sabían los dos? —pregunto en voz baja, sentándome frente a ellos.
Astrid se endereza y me mira con ojos brillantes.
—¿Te encuentras bien? Pareces agotado, Soren.
—¿Saber qué? —Rave pregunta, frunciendo las cejas.
—Pandora es mi compañera —digo, observando sus reacciones.
Cuando los ojos azul hielo de Rave parpadean de asombro, sé que no lo sabía.
Pero cuando Astrid hace un leve gesto de dolor, sé que lo hacía y no nos lo
dijo a ninguno de los dos.
—¿Por qué no me lo dijiste? ¿Cómo pudiste no decírmelo?
—Le hice una promesa a Pandora. ¿Cómo tú no lo sabías? —pregunta
suavemente, apoyando las manos en la mesa—. Quiero decir, en lo más profundo,
Soren, en lo más profundo de tu alma. ¿Cómo no lo supiste?
—Supongo que estaba cegado.
Con odio.
Con amargura.
Con venganza.
Aprieto las manos a los lados.
—¿Lo sabías y no me lo dijiste? —Rave pregunta a Astrid, frunciendo el ceño.
—Se lo prometí a mi mejor amiga —responde ella, estirando la mano para
tocarle el antebrazo—. Y no quería que Soren se enfadara contigo también. Esto lo
tienen que resolver ellos, Rave. No podemos obligarlos a ver lo perfectos que son el
uno para el otro. —Se vuelve hacia mí—. ¿Cómo te enteraste?
—Usé mi magia para que se quitara el collar —admito, frotándome la nuca.
Astrid silba.
—¿Un buen comienzo, entonces?

85 —¿Dónde está ahora? —pregunta Rave, atrayendo a su reina hacia él


acercando su silla.
—Se fue a casa anoche.
Prefiere estar cerca de una hermana que intenta matarla que de mí.
Aprieto los puños. Estoy furioso con ella por haber mantenido esto en secreto,
pero también, la culpa se revuelve en mis entrañas. La he tratado mal y no sé cómo
arreglarlo.
Mierda, qué desastre.
Es una mezcla de emociones que no sé cómo manejar.
—No puedo creer que sea tu compañera —murmura Rave, pasándose una
mano por el cabello oscuro—. ¿Y ocultó el vínculo con su magia de bruja?
Asiento con la cabeza, me sirvo jugo de naranja y me obligo a beber un sorbo.
—Sí, ese collar con el diamante negro que siempre lleva.
Se restriega una mano por la cara.
—Mierda, Soren. Lo siento.
—No lo sientas. Ya lo siento bastante por todo —refunfuño.
Hace una pausa y pregunta:
—¿Cuándo te vas para arrastrar su trasero hasta aquí?
Astrid pone los ojos en blanco.
—Los hombres alfa son todos iguales. Hagas lo que hagas, no hagas un Rave
y la encierres en tu habitación.
—Encadénala a tu cama —sugiere Rave, ignorando los jadeos de indignación
de Astrid.
—Ha sido un idiota con ella —le recuerda.
—Sí, pero ella se lo ocultó —le dice Rave con calma.
Mi mejor amigo.
Siempre me cubre las espaldas.
»Ambos están equivocados —continúa, lanzándome una mirada poco
impresionada.
Bien, puede que no.
—Sí, se lo ocultó porque él le hizo sentir que la odiaba tanto que se sentiría
decepcionado al descubrir que el destino la había elegido para él. —Astrid suspira,
jugando con el extremo de su trenza—. Es una situación difícil para los dos, lo
entiendo. Ella no te lo dijo, y tuvo que ver...
—¿Ver qué? —pregunto, con el pecho apretado.
—Ver cómo te follabas a todas las rubias que podías. Rubias sumisas. Tu tipo
es literalmente lo opuesto a todo lo que ella es. Imagina cómo se sintió.
86 —¡No me habría follado a nadie más si lo hubiera sabido! —exclamo,
cubriéndome la cara con las manos—. Nunca engañaría a mi pareja. Sí, me acosté
por ahí y me la pasé bien, pero eso fue porque, por lo que yo sabía, estaba
extremadamente soltero y no tenía una pareja predestinada en ese momento.
Guardé partes de mí para mi compañera predestinada, para Pandora, para
tener algo que darle.
Algunas primicias.
Aunque no sea mucho.
La culpa se apodera de mi pecho. Ella es una maldita reina y yo un guerrero
que lo ha estropeado todo.
—Lo sé —responde Astrid, con ojos color avellana—. Pero eso no cambia
cómo se debió sentir. Me mataría tener que ver a Rave con su polla en la boca de
otra mujer.
Me estremezco.
—¿Ella te habló de eso?
Mierda.
Odio que me haya visto así. Realmente me molesta, y ahora, detesto aún más
cómo actué con ella.
No me va a querer después de esto.
No sin luchar.
Y es justo.
Puede que ella haya sacado la pajita más corta cuando le toqué, pero tengo
una gran polla con la que voy a compensarla.
Y sé cómo usarla.
No estoy por encima de usar todo lo que tengo para conseguir a Pandora
donde yo quiero.
Mía.
Es mía.
Darme cuenta de ello me tranquiliza.
No es de extrañar que siempre sintiera el impulso de alimentarla, incluso
cuando detestaba el suelo que pisaba. Era como si mi cuerpo lo supiera antes que
mi mente, y quisiera que la alimentara. Verla comer. Llena. Saciada. Cuidada.
Pronto le daré de comer mi polla también.
Pandora será la mujer más satisfecha de los ocho reinos.
No importa lo que quiera, sé que nunca podré alejarme.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta Rave, besando la sien de nuestra reina.
87 Tiene las cejas fruncidas, como si le preocupara el jodido plan que se me ha ocurrido.
—Voy a hacer que se enamore de mí —declaro, sonriendo para mis adentros.
Lista o no, brujita.
Voy por lo que es mío.
CAPÍTULO VEINTE
Pandora
Antes incluso de que llame a la puerta, lo siento.
No sé cómo ha entrado en mi castillo, pero supongo que Kainan lo dejó entrar.
Por suerte para mí, Ebony ha salido por la noche con algunos de sus amigos.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto mientras abro la puerta. Entra en
mi habitación, con su aroma a canela, mirando a su alrededor. Es extraño tenerlo en
mi espacio. Aquí no viene nadie, suelo estar yo en otros reinos. Va vestido de pies a
cabeza con unos pantalones de cuero negro y una túnica de lino, con sus espadas a
la espalda.
Finalmente, sus ojos grises se posan en mí y me recorren lentamente de pies
a cabeza. Se lame los labios, pero luego inclina la cabeza hacia un lado, frunciendo
el ceño.
—¿De quién es esa camisa?
—¿Qué? —pregunto frunciendo las cejas. Miro hacia abajo y toco el tejido
marrón desgastado de la camisa de August que dejó aquí cuando se quedó a dormir
aquella noche.

88 Mierda.
—Soren...
Me rodea lentamente.
—¿De quién es, brujita?
Tragando saliva, admito la verdad.
—Es de August. Es sólo algo que me pongo en la cama a veces...
—Quítatela. Ahora —refunfuña, y aunque su tono es autoritario, no usa su
persuasión.
Aun así, ¿quién se cree que es?
—No puedes entrar en mi reino y decirme lo que tengo que hacer —le digo,
cruzando el brazo sobre el pecho, lo que no hace sino atraer su atención hacia mis
pechos.
—Soy tu compañero —afirma, sus ojos parpadean con ira y... ¿celos?—. No
llevarás la ropa de ningún otro hombre aparte de la mía. Ahora, quítatela. No me
hagas repetírtelo. Ya es bastante malo saber que August llegó a... tocarte.
Es la rápida mirada de vulnerabilidad en sus ojos la que me hace arrancarme
la camisa del cuerpo, dejándome de pie en nada más que unas bragas negras.
—Eres jodidamente perfecta —dice en un tono ronco, pasándose la lengua
por el labio superior. No puedo evitar mirar hacia abajo y ver cómo su polla se tensa
contra sus pantalones—. Mierda, brujita... las cosas que quiero hacerte...
Me aclaro la garganta, abro el armario, saco un vestido largo de algodón
negro y lo deslizo sobre mi piel desnuda.
—¿Ya estás contento?
Toma la camisa de August y la parte en dos, tirándola a mi papelera.
—Seré feliz cuando te des cuenta de que eres mía. —Ladea la cabeza—. Pero
por ahora, me conformo con que estés a salvo. Rave dijo que volviera a Aravelle esta
noche.
Lo que significa que tienen un plan para vigilar a Ebony.
Sé que no tengo por qué sentirme culpable después de todo lo que me ha
hecho, pero al fin y al cabo, es mi hermana.
»Intentó quemarte viva —me recuerda—. Y no eres tú quien lo está haciendo.
Yo me encargaré.
—No soy de las que se sientan y dejan que otros se ocupen de sus problemas
—le contesto, sentándome en la cama y haciéndole un gesto para que haga lo
mismo. Sus ojos se oscurecen al contemplar mis sábanas de terciopelo antes de
hacerlo—. La mataría si pudiera, pero mi madre me hechizó para asegurarse de que
nunca pueda hacerle daño.
Su mandíbula se tensa.
—¿Pero ella puede hacerte daño?
89 Asiento lentamente.
Gruñe por lo bajo y se inclina hacia delante para tocarme suavemente la cara,
con el dedo índice y el pulgar en la barbilla.
»Sé que la he cagado cuando se trata de ti, pero ahora estoy aquí. Y nadie
volverá a hacerte daño, Pandora. Pasaré el resto de mi vida protegiéndote,
adorándote y compensando todo el mal que he hecho. —Entonces baja la cara para
besarme dulcemente, rozando apenas mis labios con los suyos. Luego se aleja,
observando atentamente mi reacción. Sus dedos siguen en mi barbilla, sujetándome,
y sus ojos escrutan los míos.
Sí, soy una reina.
Pero no voy a mentir: que te cuiden suena bien.
No tomar decisiones todo el tiempo suena como unas malditas vacaciones.
Como hija mayor, reina y líder, que un hombre tome las riendas y tenga el
control resulta muy atractivo.
Que Soren me quiera es todo lo que siempre he soñado.
Pero no puedo olvidar todo lo que ha pasado entre nosotros.
—¿Es duro para ti estar aquí? —suelto la pregunta—. ¿Por qué el otro día
viniste con Rave al castillo y tuviste que regresar y ahora vienes por tu cuenta? Debe
traerte malos recuerdos.
—Nunca pensé que volvería aquí —admite, con la garganta trabajándole
mientras traga saliva—. Pero ella está muerta. Y este es tu reino ahora. Estoy aquí
por ti. No puedo seguir viviendo en el pasado.
Mis ojos se abren ligeramente ante sus palabras. Lo que ocurrió en aquella
mazmorra caló hondo en Soren, así que para él decir algo así es enorme.
Con un profundo suspiro, apoya su frente contra la mía.
»Ojalá me hubieras dicho la verdad, brujita. Cambiaría tantas cosas que han
pasado entre nosotros. Ojalá pudiera cambiarlo todo, mierda.
—Entonces no estabas preparado —susurro.
Vi su mirada en aquel momento. Era una cáscara del guerrero que una vez
fue. Mi madre se llevó una parte de él. Si se hubiera enterado entonces de que estaba
atado a mí, no sé cómo lo habría manejado.
—No era tu elección. —gruñe, levantando la cara y colocándome el cabello
detrás de la oreja—. Hemos perdido tanto tiempo...
—Me odiabas, Soren —le recuerdo, frunciendo el ceño—. Me ignoraste
durante años y luego empezaste a ser cruel conmigo.
Sus ojos grises brillan de dolor.
—¿Y tú qué estabas haciendo? Sabías que eras mía. Lo sabías. Y aun así te
follaste a August, sabiendo que me pertenecías. Le diste a sabiendas lo que era mío.
90 Aun así, dejaste que Salem te comiera el maldito coño. Sí, yo fui un idiota, pero no
sabía lo que éramos el uno para el otro. Tú... Lo sabías.
Se me hace un nudo en el estómago.
—Tuve que verte con una mujer tras otra, sabiendo que eras mi pareja. Te
has acostado con cientos de mujeres, ¿pero te molesta que yo me haya acostado
con una maldita persona?
—Sabías que eras mía. Yo no lo sabía.
Sé que no vamos a llegar a ninguna parte con esto ahora.
Nos duele demasiado.
—Sí, no lo sabías. —Asiento con la cabeza, poniendo las manos en su duro
pecho para apartarlo, necesitando espacio. No se mueve—. Me trataste como a una
mierda porque querías hacerme pagar por algo que hizo mi madre, algo que yo no
sabía que estaba haciendo. Y te dejé hacerlo porque me sentía culpable de que fuera
mi propia madre la que te hiciera daño. Intenté compensar el trauma que ni siquiera
te infligí dejando que me trataras menos de lo que merecía. Pensé que estaba
haciendo lo correcto, Soren. Creí que te protegía. Liberándote.
Se abalanza hacia atrás como si lo hubiera abofeteado.
—Pandora...
Levanto la mano para detenerlo.
—No, ya he terminado de hablar de esto. Volvamos a Aravelle.
Sus ojos recorren mi cara.
—No hemos terminado de hablar de esto.
Ignorándolo, me alejo sin decir una palabra más.

91
CAPÍTULO
VEINTIUNO
Soren
Las mujeres siempre me han resultado fáciles.
Soy un guerrero y un hombre atractivo y dominante. Siempre tengo el control,
y ellas siempre están dispuestas a darme lo que me dé la gana para probar lo que
es ser mía.
Tengo fama de ser encantador. También soy conocido por tener un poco de
mal genio.
Sin embargo, sentado frente a mi compañera en el comedor, mi encanto
parece fallarme. Y tampoco puedo dejarme vencer por mi mal genio, así que en lugar
de arrastrarla a mi habitación y decirle que se ponga de rodillas para que le dé una
lección por haberme ignorado toda la noche, me siento aquí miserablemente,
bebiendo cerveza.
Intenté compensar el trauma que ni siquiera te infligí dejando que me trataras
92 menos de lo que merecía. Sus palabras suenan una y otra vez en mi cabeza. Y tiene
razón. La tomé contra ella, le dije que tenía mala sangre por culpa de su madre, y se
lo eché en cara cuando ella no había sido más que amable.
Nada más que una amiga leal a Rave y Astrid.
Se ríe de algo que le dice Rave, y sé que no es tan jodidamente gracioso. Con
la mandíbula apretada, miro a mi reina, que sonríe en mi dirección, con la diversión
bailando en sus ojos color avellana.
Pandora da un mordisco a su pollo sazonado, y mis ojos se calientan al verla
masticar y tragar. Nunca me ha importado que una mujer coma, pero con ella disfruto
demasiado. Solo quiero alimentarla y follármela el resto de nuestras vidas. Arquea
una ceja y se da cuenta de que la miro, y estoy a punto de decirle que siga comiendo
cuando Tor entra en la habitación, inclinándose ante Rave.
—Mi rey, hay un Silver y un Sage a las puertas, pidiendo hablar con usted.
Todos compartimos una mirada.
¿Qué hacen aquí los hermanos trillizos de Salem?
De pie con Rave, nos acercamos a la puerta principal y encontramos a los
hermanos allí de pie. Silver sonríe al vernos, las runas de su cuello se mueven sobre
su piel. Lleva el cabello largo y plateado suelto alrededor de la cara, mientras que
Sage lleva su larga melena negra en su trenza habitual. Dos pares de ojos verde
claro se posan en mi rey.
—Rey Rave, sentimos interrumpir. Queríamos disculparnos en persona por
las recientes acciones de nuestro hermano Salem —dice Sage, inclinándose por la
cintura.
Silver hace lo mismo, luego se estira hasta su altura completa.
—No sabíamos lo que había planeado. —Su cabeza se inclina hacia un lado—
. Aunque tampoco creo que lo sepa nunca.
Rave asiente para que se abran las puertas y los dos entran.
—Acompáñenme a cenar —ordena Rave, y ambos asienten, siguiéndonos.
Cuando estamos todos de vuelta en la mesa, hablo antes de que Rave pueda:
—Dile a tu hermano que se mantenga alejado de mi compañera.
Puedo sentir cómo sus ojos se dirigen a mis muñecas desnudas.
—No sabíamos que era tu compañera —responde Sage, volviéndose hacia
Pandora—. Lo ocultaste muy bien, Reina.
Pandora pone los ojos en blanco.
—No sabía que era mi compañero cuando me comprometí con Salem.
Pero sabía que era su compañero cuando lo dejó comerle el coño.
Le dio a ese psicópata asesino un gusto gratis.
Mis manos se cierran en puños a los lados.
93 —Algo lo llamó para que se fuera de aquí. De lo contrario, habría sido un baño
de sangre. Se había transformado.
Silver hace un gesto de dolor, pero sonríe cuando una camarera le sirve una
copa de vino.
—Lo volvimos a llamar. Le dijimos que habíamos encontrado una pista sobre
nuestro hermano, Shadow. No sabíamos qué tramaba. Nos bloqueó de su mente, así
que fue una afortunada coincidencia que lo llamáramos. Pero hemos hablado con él,
y no volverá a suceder, especialmente ahora que Pandora ha encontrado a su pareja
predestinada.
Había oído que los hermanos podían enlazar mentes, y supongo que el rumor
es cierto.
—No, no volverá a ocurrir —gruñe Rave, mirando fijamente a los dos
metamorfos por encima de su copa. Sus ojos pasan del azul hielo al negro, las
sombras flotan a su alrededor—. A menos que quieras una guerra entre nuestros
reinos. Las mujeres de este castillo deberían poder sentirse seguras sin que
aparezcan hombres desquiciados reclamando su atención.
—Se asentará cuando encuentre a su propia pareja —responde Sage, pero
sus ojos parpadean con incertidumbre, delatándolo.
No creo que nada que no sea una decapitación resuelva lo de ese lobo.
Y si toca a mi pequeña bruja una vez más, ese podría ser un posible resultado.
No me importa si es del tamaño de una maldita casa.
—Bueno, hasta entonces, manténgalo fuera de mi reino —ordena Rave,
enseñándoles los dientes—. Tienen suerte de que no les haya pasado nada a mi
compañera ni a la reina Pandora, o ahora mismo estaríamos teniendo una
conversación muy diferente.
—Tomo nota —responde Silver, compartiendo una mirada con su hermano.
Entonces decide cambiar de tema—. Ha estado tranquilo en el frente.
Los ojos de Rave se entrecierran hasta convertirse en rendijas.
—Sí, así es. ¿Qué sabes tú?
Sage da un sorbo a su vino, estudiando al rey.
—Sólo lo que la vidente ha visto. El ejército de Declan vendrá por ti.
Astrid se sienta más erguida.
—¿Laurel vio eso?
Asiente, relamiéndose los labios.
—De hecho, lo hizo, ayer mismo...
—Me gustaría verla —responde Astrid, inclinándose hacia delante en su silla.
—Nadie más que el rey la ve estos días.
—¿Cuántos hombres? —Rave pregunta, inclinando la cabeza hacia un lado
94 en consideración. No parece preocupado. Parece casi emocionado ante la idea de
conseguir finalmente destruir al íncubo que quiere a su compañera.
—Unos mil —responde Sage, dejando su copa—. Y esa información es
nuestra disculpa por las acciones de Salem.
Ambos terminan su vino y se levantan.
—Debemos regresar ahora, pero hasta la próxima.
Una última reverencia y desaparecen.
—¿Qué te parece? —Le pregunto a Rave, cruzando los brazos sobre el
pecho—. ¿Vamos tras ellos o dejamos que vengan aquí?
—Creo que los dejaremos venir aquí. Estamos preparados para cualquier
cosa que intenten lanzarnos —responde frotándose la mandíbula con la mano.
—Tengo cien brujas y brujos si los necesitas —ofrece Pandora.
Rave sonríe.
—Ya tenemos a la más fuerte.
Sus mejillas enrojecen y me pregunto de qué demonios están hablando. Estoy
a punto de preguntar cuando mi día va de mierda a peor, y aparece la última persona
del reino a la que quiero ver ahora mismo.
August.
Ese maldito traidor.
No he sido más que bueno con el hombre, y él fue y tomó lo que era mío.
Intento controlarme, pero veo rojo.
Antes de que nadie pueda detenerme, me levanto de la silla, me abalanzo
sobre él y lo arrojo al otro lado de la habitación. Lo toma desprevenido y se da un
golpe contra la pared, pero se levanta enseguida con la confusión reflejada en sus
ojos castaños. Se pasa la mano por los rizos y se atreve a mirar como si fuera yo el
bastardo.
—Justo cuando pensaba que esta noche iba a ser aburrida —oigo decir a
Rave.
¿Y hay diversión en su tono?
—¿Qué demonios, Soren? —gruñe August, mirando a Astrid—. ¿Has perdido
la maldita cabeza?
—Soren, él no lo sabía —suelta Pandora, y su silla chirría al levantarse. Antes
de que pueda acercarse a nosotros, le doy un puñetazo en la nariz antes de que
Rave me agarre por detrás y las mujeres corran hacia August. Pandora levanta la
mano para tocarle la mejilla, y me vuelvo loco.
—Pandora, aléjate de él —gruñe Rave cuando intento cargar contra él de
nuevo.
Nos mira, sus ojos violetas se redondean. Astrid la agarra del brazo y tira de
ella para alejarla de August. Cuando está a una distancia segura, dejo de forcejear y
95 respiro hondo. No recuerdo cuándo, si es que alguna vez, he estado así de
descontrolado. Mataría a alguien por tocarla.
—¿Siempre es así? —le pregunto a Rave, y se ríe por lo bajo.
—No siempre será tan malo una vez que completes el vínculo, pero sí.
—Mierda. Quiero matarlo —murmuro, moviéndome sobre mis pies—. ¿Puedo
golpearlo un poco?
—No puedo dejar que hagas eso. Astrid me mataría —refunfuña, aflojando su
agarre sobre mí.
Astrid le habla a August en voz baja, para que no la oigamos. August levanta
la cabeza y clava sus ojos en los míos.
—Soren, no sabía que era tu compañera. Lo siento, hermano. No volveré a
tocarla.
—No volverás a tocarla —ordeno, la magia palpita en el aire. Sí, no estoy por
encima de usar mi magia. Le dije que no volvería a usarla con ella, pero no dije nada
de los demás.
August asiente, la fuerza que hay detrás de mis palabras lo retiene.
Satisfecho, me vuelvo hacia Pandora, que me observa atentamente, abrazada
a sí misma.
—¿Estamos bien? —me pregunta August, cruzándose de brazos. Ahora
forma parte de la Guardia Real de Chaos, la capital del Reino de los Íncubos, y ha
ganado aún más músculo que la última vez que lo vi. También hay una dureza nueva
en sus ojos.
Pandora me mira con el ceño fruncido.
—Estamos bien —respondo entre dientes apretados.
August me estudia.
—Te lo tomaste con calma conmigo, considerando que le quité la virginidad
a tu compañera.
—Hijo de puta —gruñe Rave cuando ya ni siquiera él puede contenerme.
Invoca a sus sombras, que me levantan en el aire, reteniéndome.
—¡Te voy a matar, carajo!
Le quitó la virginidad.
Así que, hasta hace poco, era virgen.
¿No podía haberme esperado un poco más?
Quiero destruirlo.
¿Cómo demonios se atreve a quitarme algo tan sagrado?
—¿Por qué le dijiste eso? —Astrid pregunta, usando su magia para crear un
escudo a su alrededor—. ¿Tienes ganas de morir?
96 —Mejor sacarlo todo a la luz —responde August, estirando el cuello de un
lado a otro. Todavía tiene la nariz roja de sangre—. Sólo quiero hacer esto una vez
con él.
—Soren, él no lo sabía —dice Pandora, levantando la cara para mirarme
fijamente, estoy colgando en el aire como un idiota furioso—. No puedes enfadarte
con él.
—Puedo, y lo haré, carajo —gruño, contemplando la posibilidad de usar mi
magia para que Rave me libere y así poder matar al único hombre que ha estado
dentro de mi compañera.
Cierro los ojos e intento controlarme.
Sé que estoy siendo hipócrita.
Me he acostado con muchas mujeres.
Muchísimas.
Pero sólo he besado a otra, y fue a la mujer con la que perdí la virginidad. Y
cuando la besé y me di cuenta de lo personal que se sentía, no lo hice con nadie
más.
Estaba guardando eso para mi compañera.
Y nunca he probado un coño.
Estaba guardando eso para ella también.
¿Qué ha guardado ella para mí?
Salem ha tenido su coño en su boca, y es imposible que no haya besado a
August. Parece un tipo de besos.
—Me alegro de que hayas venido a vernos. Ha pasado mucho tiempo —le
dice Astrid a August, iniciando una conversación despreocupadamente, como si yo
no estuviera en el aire sobre ellos.
August una vez quiso a Astrid, así que no sé por qué Rave no me deja matarlo.
—¿Recuerdas cuando quería tu pareja, Rave?
Los ojos de Rave parpadean con sombras.
—No me lo recuerdes, carajo.
—Bueno, déjame bajar y me vengaré por los dos. —Sonrío, y probablemente
parezco desquiciado.
Porque así es exactamente como me siento.
—Tus hermanos y Bane quieren que vengas mañana a Chaos —le dice
August, ignorándome por completo.
—¿Y Zython? —pregunta mordiéndose el labio inferior.
—Estará allí —promete August, volviéndose hacia Rave—. Pueden venir
todos. Estará a salvo.

97 —Sí, lo hará —responde Rave, con un tono tan frío como sus ojos. Me mira—
. ¿Podemos terminar nuestra cena?
—Me iré —afirma August, besando a Astrid en la sien, lo que provoca que
Rave gruña como un animal—. Nunca tocaría a la pareja de nadie, Soren. No lo sabía,
y espero que puedas perdonarme.
Y luego desaparece.
Algo me golpea.
—¿Cuándo se hizo lo suficientemente fuerte como para desvanecerse?
Todos compartimos una mirada.
¿Qué demonios está pasando en Chaos?
Rave me baja al suelo y me abalanzo sobre mi brujita, atrayéndola contra mí.
Suspira pesadamente, pero deja que la abrace.
Al menos no me está alejando.
Eso es algo, ¿verdad?
CAPÍTULO
VEINTIDÓS
Pandora
—Mierda —gruñe Soren cuando salgo, donde están todos reunidos, vestidos
con pieles de combate y completamente armados—. ¿A dónde crees que vas con
ese aspecto?
—Puede que no sea capaz de matarla, pero aún puedo ayudar. Conozco el
castillo mejor que nadie, y nadie luchará contra mí —digo, apretando los labios rojos.
También quiero asegurarme de que ni mi personal ni Kainan resulten heridos en el
fuego cruzado.
Consideré quedarme atrás y fingir que mi hermana no estaba a punto de ser
asesinada, pero necesito enfrentarme a esto. Es malvada, con sangre o sin ella, y no
estaré a salvo hasta que me enfrente a ella.
—¿Segura que puedes con esto? —me pregunta Soren, colocándome el
cabello detrás de la oreja. Baja la voz—. Rave es un asesino a sangre fría, y ni siquiera
98 él mató a la madre de su hijo.
—No voy a dar el golpe de gracia —respondo, apoyando las manos en su
pecho. Mis dedos se flexionan sobre sus sólidos pectorales. No tengo ni idea de lo
que estoy haciendo con Soren. Sé que lo quiero, pero también sé que no lo he
perdonado—. Pero no voy a esconderme. Hagámoslo.
Acerca sus labios a mi oreja. Me pregunto si le importa que no sean
puntiagudas como las suyas.
—Luces jodidamente sexy ahora mismo.
—¿De verdad? ¿Aunque no sea rubia ni una fae? —pregunto, sonriendo
satisfecha. Me hizo daño. Y aunque todo lo que siempre quise fue a él, todavía siento
ese dolor. No va a desaparecer porque de repente me desea y quiera tratarme bien.
Giro sobre mis talones para ir a hablar con Rave, pero sus dedos rodean mi
muñeca, deteniéndome.
—No quiero a nadie más que a ti. Y nunca lo haré —dice, con sus ojos
recorriendo mi cara—. Mi pasado es sólo eso, brujita. Sólo miro hacia adelante.
—Qué conveniente para ti —murmuro, poniendo los ojos en blanco.
—¿Están listos? —Rave pregunta, acercándose.
—Yo la mataré —afirma Soren, y Rave asiente.
Sinda se acerca a mí, sus amables ojos verdes me buscan. Siempre ha sido
un encanto.
—¿Estás lista para esto, Reina Pandora?
Lamiéndome los labios repentinamente secos, le ofrezco una pequeña
sonrisa, que él me devuelve.
—Estoy lista.

El frío es lo primero que me golpea. En segundo lugar, Ebony está sentada en


el jardín, organizando una cena para sus amigas, un grupo de brujas malvadas a las
que estoy segura de que ha envenenado contra mí.
—¿Qué es esto? —pregunta cuando repara en nosotros y se levanta. No
todos los días traigo gente a Allyria.
Nos movemos como una unidad, y sus tres amigas están con ella. Es
imposible que nos ganen.
Uno solo de nosotros podría derrotarlas a todas.

99 —¡Guardias! —grita, pero niego con la cabeza, diciéndoles que se retiren.


Escuchan.
Soren se acerca a ella. Rave y Astrid lo siguen. Tres peligrosos guerreros
furiosos y dispuestos a luchar para protegerme y matar en mi nombre.
Sinda está a mi lado, vigilándome.
Astrid se acerca a Ebony y la mide. Ebony es más alta que ella e intenta usar
eso para intimidarla.
—¿Qué quieres? Lo que sea que Pandora te haya dicho, no es la verdad.
Astrid sonríe y empieza a rodear a su presa. Ebony se aleja de la mesa y sus
amigas la siguen.
—Intentaste matar a mi mejor amiga —dice Astrid, ladeando la cabeza—. Una
reina. Eso es un crimen castigado con la muerte. Sé que Pandora no puede matarte.
—Sonríe, mostrando unos dientes blancos y rectos—. Pero eso no significa que yo
no pueda.
Ebony levanta la vista y sus ojos se posan en Soren. Rápidamente me pongo
delante de él, sintiéndome protectora, aunque solo le llegue al pecho.
—Nunca pensé que volvería a verte por aquí —ronronea, riéndose para sí
misma—. Tienes mejor aspecto que la última vez que te vi.
Sus grandes manos se posan en mis hombros. No sé quién está sujetando a
quién, pero funciona. Ebony mira entre nosotros, alzando sus oscuras cejas.
—¿Por fin has encontrado a un hombre que te quiera, hermana? No pensé
que sería alguien que se sintiera atraído por mí primero. Sabes que fui yo quien lo
atrajo hasta aquí para entregárselo a mamá, ¿verdad? —Sonríe, sus ojos crueles
bailando con diversión—. Siempre te gustó jugar con mis juguetes sobrantes.
—Nunca te toqué —ladra Soren desde detrás de mí.
Se ríe, un sonido de carcajada.
—No, pero te he tocado.
¿Qué carajo?
¿Está diciendo...
—Pasaste mucho tiempo inconsciente, Soren. ¿Seguro que recuerdas todo
lo que pasó ahí abajo? —me susurra, provocándome un ataque de ira caliente.
¿Qué le hizo?
Ojalá pudiera matarla yo misma.
—Puedes hablar todo lo que quieras —digo, encogiéndome de hombros,
fingiendo calma—. De cualquier manera, vas a morir aquí esta noche, perra enferma.
Y entonces la ataco.
Le doy un puñetazo en la cara y empiezo a golpearla con los puños. Cuando
sus amigas intentan intervenir, Astrid salta a la pelea. Ebony es más grande que yo,
pero la rabia que siento en este momento es inigualable, y la aprovecho para tomar
100 la delantera.
Nadie hace daño a mi compañero.
Nadie.
Me empujan al suelo cuando, de repente, sus tres amigas son levantadas en
el aire por las sombras, el movimiento característico de Rave.
—Basta de jugar —exige, rompiéndoles el cuello a todas a la vez.
Santo cielo, es un salvaje.
Todas caen con un fuerte golpe mientras yo me vuelvo a poner de pie y
empujo a Ebony para que se arrodille.
Soren da un paso adelante y saca una espada de su espalda.
—No pude matar a tu madre, pero al menos puedo matarte a ti. ¿Nunca
volverás a lastimar a mi compañera?
—¿Tu compañera? —pregunta, con los ojos desorbitados justo antes de que
Soren le corte el cuello.
Igual que mi madre le hizo a él.
Cae al suelo, su sangre gotea en la hierba, mi magia empieza a chisporrotear
a mi alrededor.
Soren me abraza por detrás y me besa el cuello.
—Nunca volverá a intentar hacerte daño.
Trago saliva con dificultad, asiento con la cabeza y me doy la vuelta para
mirarlo.
—Sobre lo que dijo...
—No recuerdo nada, pero no quiero volver allí —dice pasándose los dientes
por el labio inferior. La idea de que ella se aprovechara de él me hace sentir náuseas.
¿Qué clase de monstruo era? ¿Por qué esperé tanto para hacer algo con ella?
Debería haberle dicho a Rave que la matara hace mucho tiempo.
La tensión entre nosotros aumenta hasta hacerse insoportable.
—Deberíamos irnos —susurro.
Me escruta con los ojos entrecerrados.
—Deja que me ocupe de ti esta noche. Puedes volver a odiarme mañana.
No lo odio.
Nunca lo he hecho.
Creo que nunca podré.
—Yo debería cuidar de ti después de lo que ella ha dicho —digo, con lágrimas
en los ojos.
—Vamos, esta noche nos quedamos en mi habitación —decide, sujetándome
la mano y entrelazando nuestros dedos.

101 Sintiéndome vulnerable, lo dejo.


Y cuando nos lleva a su dormitorio, no me resisto.
CAPÍTULO
VEINTITRÉS
Soren
Odio que Pandora escuchara lo que dijo Ebony.
Y le mentí.
Si he de ser sincero, sabía que algo así había ocurrido, y a veces mis
pesadillas me envían imágenes borrosas de ella tocándome y luego encima de mí.
Nunca se lo he contado a nadie. Es mi sucio secreto que he guardado tras
una puerta cerrada en mi mente.
No quiero que Pandora se sienta más culpable de lo que ya se siente, y lo que
me hizo su familia no es culpa suya.
Ya ha llevado suficientes cargas, y ahora estoy aquí para hacerme cargo.
Ahora mismo, tengo a mi pequeña bruja en mi habitación, y no podría estar
más contento. No quiero presionarla porque sé lo asustadiza que es, así que tengo
102 que ir con cuidado. Le doy una de mis túnicas para que duerma y se va al baño a
cambiarse. Ignorando mi polla dura, no puedo apartar la vista de ella cuando sale.
Sus piernas desnudas están perfectamente formadas y tonificadas, sus caderas
redondas ocultas por la tela. Lleva el cabello negro revuelto como si acabara de
follar, y nunca he deseado tanto a nadie.
—¿Tienes una cama nueva? —pregunta tocando el cabecero de madera
oscura.
—Sí, todo nuevo. Serás la única que ha estado en ella —le digo en voz baja,
con la esperanza de que se sienta cómoda en lo que ahora es también su dormitorio.
Permanece en silencio, sin revelar nada.
»¿Necesitas algo? —pregunto, queriendo alcanzarla y tocarla pero
deteniéndome.
—No, estoy bien. ¿Qué es esto? —pregunta, tomando mi máscara de
calavera negra.
Mi corazón se para y mi polla se pone aún más dura.
Mierda.
Olvidé deshacerme de eso.
Esto la hará salir corriendo.
Traza el hueso en el exterior de la máscara, frunciendo el ceño.
—Esto da un poco de miedo.
Me aclaro la garganta y pienso en cómo responder. No quiero que haya
mentiras entre nosotros, pero tampoco quiero darle más razones para rechazar la
unión conmigo.
—La llevo a veces cuando... —Mierda. No soy alguien que se sienta incómodo
nunca, pero esta mujer me hace sudar. Me doy cuenta de que es porque nunca antes
me había importado tanto lo que pensara una mujer.
Sus ojos se abren de par en par y su boca forma una O perfecta.
—¿Te pones esto cuando follas con tus sumisas?
Mierda, ¿cómo sabe llamarlas así?
Suspirando, cierro el espacio que nos separa, le quito la máscara y la tiro a la
papelera.
—No sé qué habrás oído de mí, pero me gusta tener el control en el
dormitorio. Pero si no te gusta, no pasa nada. Puedo ser lo que necesites que sea. Y
si hago algo que no te gusta, dímelo y pararé enseguida.
No sé cómo lucharía contra mi naturaleza, pero por ella, lo intentaré, carajo.
—De acuerdo, ya me lo imaginaba, pero ¿qué te gusta de llevar la máscara?
—pregunta, frunciendo el ceño mientras intenta comprender.
—Me gusta que me da anonimato, y las mujeres saben que tengo ganas de
103 jugar, supongo. Me gusta el control y ser dominante. Me gusta poner reglas y que se
cumplan. Me gusta sobrepasar los límites. Y dar placer, mezclado con un poco de
dolor —le explico, deslizando la mano por debajo de su cabello para agarrarla por la
nuca, sujetándola para que no pueda huir o desvanecerse sin que yo la siga—.
Cuando llevo la máscara, suelo tener ganas de un poco más de dolor. Pero nunca
haría nada que no te gustara, brujita.
—Hay mucho que desentrañar ahí —dice, parpadeando lentamente—.
Gracias por explicármelo.
Luego se levanta de puntillas para darme un beso en la cicatriz del cuello.
Me estremezco.
—Mierda.
Con todas las mujeres con las que he estado, nada se ha sentido más íntimo.
No estoy acostumbrado a dar o recibir ese tipo de afecto. Mis mascotas no
tienen permitido tocarme, así que este tipo de intimidad es totalmente nueva para
mí.
Deseo desesperadamente esto con ella.
—Ven, vamos a la cama —dice, deslizando las mantas y metiéndose bajo las
sábanas de seda.
¡Mierda!
Ella.
En mi cama.
Admiro la vista durante unos segundos, me quito la ropa y me deslizo a su
lado.
—Soren, ¿estás desnudo? —susurra—. ¿No puedes al menos ponerte unos
pantalones cortos o algo?
—Así es como duermo todas las noches —respondo sonriendo—.
Deberíamos mostrarnos nuestro verdadero yo ahora que somos pareja, ¿no crees?
Pone los ojos en blanco.
—Sólo mantén tu verdadero yo lejos de mí porque ahora mismo, me está
pinchando en el costado.
Riendo, con la mano en la polla, la alejo de ella.
—No hagas caso, brujita. Lo haré hasta que estés preparada para dejarme
follarte y hacer que te vengas una y otra vez. Gritarás mi nombre. ¡Mierda! Estoy
deseando probarte.
Me pongo de lado, la agarro suavemente por las caderas y la vuelvo a acercar
a mi pecho para yo ser la cuchara grande. Suspira y gimo suavemente mientras
mueve su redondo trasero contra mí.
Murmura algo en voz baja.
—¿Qué dijiste? —le pregunto.
104 —Dije que dejes de tentarme con esa polla monstruosa que tienes —repite,
con tono ronco.
Mierda.
Mis dedos se deslizan por la curva de sus pechos mientras beso el lateral de
su cuello. Nunca había deseado a una mujer tanto como ahora.
—¿Puedo hacer que te vengas, brujita? Deja que me ocupe de ti.
Jadea cuando le pellizco suavemente los pezones.
—Duele...
—Di que sí —le raspo la oreja, mordiéndole el lóbulo.
Siento el escalofrío que le recorre la espalda.
Y en cuanto jadea:
—Sí —le quito las sábanas, la tumbo boca arriba y le separo los muslos.
—Quítatela —exijo, tirando de la túnica, queriéndola desnuda.
Escucha como una buena brujita, tirando de ella por encima de su cabeza.
Sentado, me tomo un momento para admirar la perfección de mi compañera.
—Eres perfecta —alabo, mirándola a los ojos mientras bajo la cara hacia su
suave coño. Fates, huele bien, y está tan mojada que sé que desea esto tanto como
yo.
Lamiéndola lentamente, mis ojos se cierran al sentir el primer sabor en mi
lengua.
—Tan jodidamente dulce. —Gimo, agarro la parte trasera de sus muslos y me
tumbo boca abajo, poniéndome cómodo.
Voy a estar aquí un tiempo.
Observándola de cerca, sin querer perderme ninguna de sus reacciones,
separo más sus muslos y vuelvo a saborearla, mi boca devorándola.
—Oh destinos. Okey, eres bueno en eso —murmura, haciéndome sonreír.
Gime mi nombre y pierdo el control.
Chupándole el clítoris, deslizo dos dedos hasta los nudillos en su interior,
enroscándolos mientras mis labios y mi lengua toman todo lo que ella tiene que
ofrecer.
»Mierda, Soren —gime, su orgasmo la golpea. Sus muslos tiemblan y sus
dedos buscan mi cabello, tirando de él. Su espalda se arquea maravillosamente, y
nunca he visto un espectáculo más erótico.
Cuando se tumba sin fuerzas, exprimiendo oleada tras oleada de placer, beso
el interior de sus muslos para darle un pequeño respiro antes de que mi boca vuelva
a su coño, lamiendo todos sus dulces jugos.
Mierda.
105 Me alegro de haber guardado esto para ella.
La pongo boca abajo. Le agarro el trasero con los dedos, bajo la cabeza y
sigo lamiéndola por detrás. Estoy duro como una maldita piedra, pero se trata de
ella.
—Podría hacer esto toda la noche —gruño, jugando con su clítoris. Tengo la
cara mojada y no me gustaría que fuera de otra forma.
—Soren —gime, sus muslos empiezan a temblar de nuevo.
—Vente para mí, brujita —gruño, y su cuerpo escucha, sus gemidos
sensuales aún más fuertes que antes—. Para que puedas seguir órdenes.
—Mierda —grita, apretando los dedos contra el colchón.
La agarro con la palma de la mano por la nuca, la levanto para que se siente
sobre mis muslos y le beso el cuello. Sigue jadeando y sus pechos suben con cada
respiración.
Introduzco la mano entre los dos y le acaricio el coño posesivamente. Apoya
la cabeza en mi hombro.
—No aguanto más.
—Tomarás lo que te dé —susurro, chupando con fuerza para dejarle marcas.
Quiero que todos sepan a quién pertenece.
Aunque aún no esté preparada para admitirlo.
Mi polla resbala contra su humedad y gimo.
—Fóllame —me suplica, empujando contra mí—. Te quiero dentro de mí.
Ahora.
—Esta noche es sólo para ti —respondo, pero no hay convicción en mi tono.
La deseo tanto, carajo.
Me toma con su mano y me empuja dentro de ella, presionándome. Y
entonces empieza a moverse, y me pierdo para ella.
»Una vez que me folle este coño, es mío y sólo mío. ¿Entiendes?
—Sí —susurra.
Con la mano alrededor de su garganta, me la follo lentamente, saboreando el
momento, sin apartar los labios de su piel.
La magia surge a nuestro alrededor, incitándonos a completar el vínculo.
Por difícil que sea, ignoro el brillo dorado.
Quiero todo de ella, pero sólo cuando esté lista.
—Vas a venirte por mí otra vez, ¿verdad, brujita? —Ordeno en un tono ronco.
—Sí, sí. —Suspira.
—Esa es mi niña buena.
106 Quiero follármela hasta la sumisión hasta que sepa que es mía y que ningún
otro hombre la tendrá jamás.
Si ella no tenía todo de mí antes...
...seguro que ahora sí.
CAPÍTULO
VEINTICUATRO
Pandora
Los flashbacks me golpean nada más despertarme. Soren me folló hasta que
salió el sol. Debí venirme al menos seis veces, y él se corrió dos antes de que me
desmayara de puro agotamiento. Probablemente podría haber seguido, su
resistencia es increíble. Ha sido, con diferencia, la mejor noche de mi vida, y no
puedo arrepentirme. Me vuelvo hacia él y veo que sigue dormido boca arriba, con
las pestañas oscuras abanicándole las mejillas. Tiene un brazo por encima de la
cabeza, girado hacia mí. Las sábanas se le amontonan a la altura de la cintura, lo que
me permite ver de cerca su cuerpo. Observo cómo sube y baja su pecho. Sin poder
evitarlo, recorro con el dedo los duros músculos de su abdomen mientras el corazón
me martillea en el pecho.
Había soñado despierta con tener un momento así con él desde que tengo
memoria.
Es la perfección.
107 Esculpido por el propio destino.
Cada centímetro de él está duro.
Mi compañero está hecho para follar y pelear.
Y adorar el cuerpo de una mujer porque eso es exactamente lo que hizo
anoche.
El brillo dorado de la magia que nos rodeaba era etéreo y me empujaba a
conectarme con él. Estuve a punto de decirle que lo hiciera de una maldita vez, pero
me alegro de no haberlo hecho.
Necesito escuchar a mi cabeza en vez de a mi coño.
Mis dedos bajan hasta tocar los musculosos abdominales de la parte inferior
de sus caderas, que conducen a su enorme polla, que en ese momento está dura,
cubriendo las sábanas. Levanto la cabeza y me encuentro con sus ojos grises,
hambrientos y de ojos pesados, clavados en mí. Un sonido grave retumba en su
pecho.
—Sigue —gruñe, levantando las manos detrás de la cabeza y mirándome.
Aparto la seda y me chupo los labios mientras contemplo su hermosa polla. Anoche
no renunció a ningún control, dominando mi cuerpo, así que nunca tuve la
oportunidad de explorarlo. Mi dedo recorre el piercing de su cabeza, y Soren emite
un sonido profundo y sexy en el fondo de su garganta. Lo acaricio despacio, bajo la
lengua y la deslizo sobre él. Sabiendo que es imposible que me lo meta entero en la
boca, lo intento de todos modos, empujándolo hasta el fondo de la garganta.
—Mierda —gime, enrollando mi cabello alrededor de su puño—. Mírame
mientras me chupas la polla, Pandora.
Destinos.
Su tono dominante me hará hacer cualquier cosa que me diga.
Es tan jodidamente sexy.
Levanto la mirada y no la aparto mientras lo lamo y lo chupo. Se me
humedecen los ojos cuando lo llevo demasiado lejos y me atraganto con su longitud.
Sus ojos se oscurecen, mostrándome que le gusta, así que vuelvo a hacerlo.
Me tira del cabello hacia atrás, utilizándolo para controlarme, y luego baja
lentamente mi boca hacia él.
—Te gusta cuando te doy de comer mi polla, ¿verdad, brujita?
Mi coño palpita ante sus palabras.
»Golpea mi muslo si es demasiado.
Gimiendo, asiento con la cabeza mientras él sigue tomando el control.
»Voy a correrme en tu boca y te vas a tragar hasta la última gota.
Nunca he tragado antes.
Con August, entré en pánico y lo escupí.
108 Pero cuando Soren se corre, me lo trago todo con facilidad, con los ojos
clavados en su cara mientras el placer lo consume. Es intenso e íntimo, y no puedo
apartar la mirada.
Una vez que ha terminado, sigo lamiéndolo, su polla sigue dando espasmos.
Cuando habla, su voz es grave y áspera.
—Ven aquí, cariño.
De acuerdo, me gusta demasiado que me llame así. A horcajadas sobre él,
me inclino hacia delante y le beso la boca. Me sujeta la nuca y profundiza el beso
hasta que casi jadeo.
—Podría acostumbrarme a despertarme así —murmura contra mis labios
mientras me siento sobre su enorme polla, gimiendo mientras me llena muy fuerte.
—Yo también —susurro, cabalgándolo despacio. Me mete los pezones en la
boca, mordiéndolos hasta que mis movimientos aumentan, necesitando más.
—Tomas esta polla muy bien —retumba—. Estás empapada.
De repente, me agarra por las caderas y la mirada feroz y ardiente de sus ojos
grises me hace saber que me va a follar a fondo. Me pone boca arriba, con las piernas
alrededor de sus hombros, y me penetra una y otra vez hasta que grito. Casi me
avergüenzo de lo mojada que estoy, con el interior de los muslos empapado, pero
Soren mira fijamente hacia donde estamos unidos y gime, soltando una maldición al
terminar.
—Mierda, qué caliente. —Me reparte besos por toda la cara. Luego me
estudia, con una emoción indefinida parpadeando en sus ojos—. Eres todo lo que
esperaba que fuera mi compañera. Eso y más.
—Antes tenías una opinión muy distinta de mí —le recuerdo, volviendo a
levantar lentamente mis muros.
—Lo sé, y lo siento. Fui un idiota —admite, apoyando su frente contra la mía—
. ¿Puedes perdonarme?
¿Puedo?
Es fácil decir simplemente que sí, pero sé que algunas de las cosas hirientes
que dijo e hizo no van a desaparecer porque ahora sea su pareja y haya decidido
que soy lo suficientemente buena.
—Lo intentaré.
Me entierra la cara en el cuello.
—Nunca le había hecho un oral a una mujer. Tú eres la primera. Y serás la
última. Por no mencionar, que nunca me he despertado con una mujer antes. Nunca
he confiado en nadie lo suficiente como para dormir a su lado.
¡Espera! ¿Qué?
—¿Hablas en serio? —pregunto, agarrándole la nuca—. Nunca has...
¿entonces cómo eres tan bueno?
109 ¿Y nunca durmió junto a ninguna de sus mascotas?
¿Significa eso que ya confía en mí?
Se ríe con un sonido profundo y delicioso.
—Sólo hice lo que era natural y seguí las respuestas de tu cuerpo. Me dices
sin palabras lo que te gusta, cariño. Sólo tengo que escuchar.
Levanta la cabeza para besarme.
—Tampoco besé nunca a todas esas otras mujeres. Era demasiado personal.
Demasiado íntimo. Sé qué crees que has tenido que compartirme con muchas otras
mujeres, pero quizá no de todas las formas que piensas.
—Todavía tienen algo de ti —susurro contra sus labios.
—Nunca más —dice, profundizando el beso—. Cuando estoy dentro, estoy
dentro. Sólo te seré leal. Puede que me haya follado a muchas mujeres, brujita, pero
sólo he hecho el amor contigo. Ninguna se compara contigo. Ninguna antes de ti
cuenta.
Me observa con satisfacción masculina, con un brillo posesivo en los ojos.
Dice todo lo correcto, por fin usa su encanto conmigo, pero no sé hasta qué
punto puedo confiar en él.
Algunos quieren completar su vínculo porque les da más poder y magia.
Soren nunca ha mencionado mi magia. De hecho, creo que ni siquiera sabe
exactamente lo que puedo hacer.
No le importa.
Sólo quiere a su compañera predestinada, aunque venga en forma de bruja
perteneciente a la línea familiar de las mujeres que una vez le hicieron daño.
Creo que Soren necesita control porque hubo un tiempo en que no lo tenía.
Y esa vez fue por mi propia carne y sangre.
Monstruos.
Los hay de todos los tipos y formas.
Me alegro de que ambas estén muertas, lo que me da aún más poder.
—Tengo que volver —le digo mientras me pasa su enorme mano por la
espalda.
—Voy contigo —responde como si fuera lo más natural del mundo.
—Soren...
Sus ojos se desvían hacia mi boca.
—No estoy preparado para dejarte. Acabo de encontrarte y no estamos
unidos. Me volveré loco si me dejas atrás.
Mierda.
—Sólo voy a asegurarme de que todo está bien después de que Ebony... —
110 No quiero mencionar su nombre después de lo que oí anoche—. Kainan se
encargará de todo, pero tengo que comprobarlo. Y luego, si Rave quiere que me una
a ellos cuando vayan al Reino de los Íncubos, lo haré.
Abre la boca y una repentina expresión de incertidumbre se dibuja en su
atractivo rostro.
—¿Así que no quieres que vaya?
Mierda.
—Ah, no. No hay necesidad, Soren.
—¿No? —repite la palabra como si nunca la hubiera oído antes—. Eres mía,
brujita. Eso significa que donde tú vas, yo voy.
Destinos.
Este hombre es conocido por ser el mejor rastreador de los ocho reinos.
Si quiere seguirme, nada se lo impedirá.
Y cómo un guerrero rudo que folla como un dios también puede hacer que
me derrita con sólo una mirada es preocupante.
Me tendrá envuelta alrededor de su dedo meñique si se lo permito.
—Ven, dúchate conmigo —murmura, conduciéndome a su cuarto de baño.
Nos deslizamos juntos bajo el agua tibia y me sorprendo cuando me lava
suavemente el cabello y el cuerpo. Creo que nunca me he sentido tan cuidada. La
forma en que se concentra en mí es intensa, pero en el buen sentido.
¿Le hace esto a todas sus mascotas?
¿Es por eso que siempre están esperando otra prueba de esto?
¿De él?
—¿En qué estás pensando? —me pregunta, devolviéndome al momento.
Sacudo la cabeza, cierro los ojos y dejo que el agua me bañe. Cuando percibo
sus movimientos, vuelvo a abrir los ojos, solo para encontrarlo arrodillado en el suelo
frente a mí, mirándome.
—Nunca me he puesto de rodillas ante una mujer —dice pasándome los
dedos por los muslos. Mi coño empieza a palpitar como si tuviera su propio latido.
Me levanta la pierna derecha y me la pone sobre el hombro, con la cara justo delante
de mí sexo.
Mierda.
Verlo, este hombre conocido como Amo, arrodillado ante mí, es embriagador.
Me está dando otra primicia.
Se está sometiendo a mí.
Pero sé que sería una tonta si pensara que soy yo quien tiene el control.
Y entonces su lengua se desliza sobre mí, y mis manos se entierran en su
espeso cabello rubio, intentando acercarlo más a mí, suplicando en silencio que me
111 dé más.
—Mírame, brujita —gruñe en un tono bajo y peligroso.
Un pequeño grito de placer me abandona mientras sigo su orden, nuestras
miradas se fijan y se sostienen.
Y entonces me levanta la otra pierna por encima del hombro y se pone de pie
conmigo, empujándome de espaldas contra la pared para mantenerme inmóvil
mientras me come el coño como si fuera su última comida.
Me agarro a su cabello para intentar mantener el equilibrio y sé que todo ha
terminado cuando Soren me chupa el clítoris y desliza dos dedos en mi interior,
llevándome al límite.
Cuando no puedo más, levanta la cara, la imagen de la satisfacción masculina.
—Todavía tengo hambre.
—Mierda. Soren...
—Tengo mucho que compensar —ronronea, pasando su lengua sobre mí—.
Voy a limpiar este coño desordenado antes de follármelo.
Y entonces empieza a comerme otra vez, provocándome otro orgasmo.
»Voy a arruinarte para cualquier otro hombre, brujita. Mía.
Nunca lo admitiría en voz alta, pero ya lo ha hecho.

CAPÍTULO
VEINTICINCO
Pandora
—¿Ni siquiera tuviste la conversación de los anticonceptivos? —pregunta
Astrid con una sonrisa burlona, y me observa mientras me tomo la tisana.
Sacudo la cabeza.
—No, y no he tomado nada. Aunque supongo que él sí, porque no ha
embarazado a ninguna de sus mascotas.
Astrid arquea una ceja.
Mis palabras suenan amargas incluso a mis oídos.
Soren y yo regresamos rápidamente a mi reino, y todo estaba como lo dejé.
Si Ebony tiene otros amigos o partidarios que se enfadarían por su muerte, ninguno
ha hecho ningún movimiento. No sé si lo harán. No era el tipo de persona que
112 infundía lealtad.
—¿Y con August?
—Lo sacó —admito, haciendo una mueca de dolor. No es el mejor método
anticonceptivo. Imagínate si me deja embarazada.
A Soren le habría encantado.
Hablando del diablo, por supuesto, Soren elige ese momento para entrar en
la cocina, buscándome.
—¿Quién lo sacó? —pregunta, y sus ojos grises se oscurecen como una
tormenta amenazadora.
Astrid y yo nos quedamos en silencio, e incluso en este momento de tensión,
no puedo evitar notar cómo sus músculos se tensan contra su túnica negra.
—Pandora —ladra, y mis ojos se despegan de sus bíceps.
—Nada, sólo charla de chicas —respondo, poniendo los ojos en blanco.
Intenta dominar su temperamento y no lo consigue, sus ojos grises parpadean
con una promesa de muerte. No debería encontrar sus celos tan sexys, pero después
de todas las mujeres con las que he tenido que verlo, no puedo evitar sentir una
pequeña satisfacción.
Llámame mezquina, pero es justo que él sienta lo mismo que yo.
Alarga la mano para agarrarme la nuca, un movimiento posesivo que me hace
morderme el labio.
—Mierda, he creado un monstruo —murmura, besándome justo debajo de la
oreja—. Ahora, dime de qué estabas hablando.
Astrid nos mira, se aclara la garganta y se apresura a salir.
—Nunca hablamos de anticonceptivos —digo, echándome el cabello hacia
atrás, detrás de la oreja—. Así que sólo tomé un poco de té.
—¿Y August simplemente se retiró y esperó lo mejor? —sisea, con los dedos
apretando mi nuca—. Debería haber matado a ese bastardo.
—Es decir, puede que estuviera con las hierbas, no lo sé. Pero yo no, y
cuando se retiró, supuse que él tampoco —explico, lamiéndome los labios
repentinamente secos—. Pero ahora que nos acostamos regularmente, pensé en
tomar un poco por si no lo había hecho.
—Siempre he sido cuidadoso —promete, besando suavemente mis labios—.
Nunca he querido tener hijos con nadie que no fuera mi pareja.
—¿Así que no hay pequeños Sorens por ahí? —pregunto, la idea me hace
sentir ligeramente enferma.
Se ríe.
—No, desde luego que no. —Sus manos se mueven para tocar mi
estómago—. Sólo tú serás la madre de mis hijos, brujita. Y si te dejo embarazada,
seré el hombre más feliz del mundo.
113 —¿Qué, aunque me quede embarazada ahora mismo? —pregunto, con los
ojos muy abiertos.
Me besa la frente y siento su sonrisa en mi piel.
—Sí, incluso ahora mismo, mierda. Deja de tomar el té. No lo necesitas.
¿Por qué él lo toma o porque quiere dejarme embarazada?
—Te estás adelantando. Ni siquiera nos hemos unido —le recuerdo.
—Estoy listo cuando tú lo estés.
—Soren...
—Sé lo que quiero. Ya estoy listo. Solo estoy esperando a que me alcances
—murmura, levantándome para sentarme en la encimera de madera y colocándose
entre mis piernas.
—Si nos unimos, puede que consiga tu magia rastreadora, y entonces sabré
exactamente dónde estás en todo momento. Podemos perseguirnos por los ocho
reinos —bromeo.
Si consigue mi magia negra, podría ser más una maldición que otra cosa.
Los ojos de Soren se iluminan divertidos.
—¿Y qué pasa cuando te atrape, cariño? —Acerca sus labios a mi oreja—.
Soy un rastreador. Me gusta la persecución... nunca lo olvides. Esa mierda son los
preliminares para mí.
—¿Qué no son juegos preliminares para ti? —Sonrío, suspirando cuando
empieza a besarme por el lateral del cuello—. No me extraña que necesitaras tantas
mujeres para satisfacerte.
Ha sido otra preocupación para mí.
Soren está acostumbrado a la variedad, y mucha.
¿Seré suficiente para él? Entiendo que ahora es nuevo y divertido para él,
pero ¿qué pasará al cabo de unos años? ¿Echará de menos jugar con sus mascotas?
Me muerde suavemente la piel, amonestándome.
—Eso no es algo de lo que tengas que preocuparte nunca. Esto de aquí es
todo lo que siempre he querido. Soy más feliz que nunca. Y seré aún más feliz
cuando completemos el vínculo y seas mía para siempre.
Lo hace parecer tan fácil.
Como si no me lo hubiera dicho ni una vez, yo no estaba a la altura de sus
mujeres.
Como si no pudiera soportar ni siquiera mirarme.
—Mírame —me ordena, y mis ojos van directos a los suyos—. Sal de tu
cabeza, brujita. No hay nadie más a quien quiera.
—Ya veremos —murmuro, inclinándome para besarlo. No pienso más, solo
114 quiero sentir. Soren se apodera del beso, sus labios exigentes. Estiro los dedos para
acariciarle la polla bajo el mono de combate, y gime contra mi boca.
—Va a ser incómodo ir a Chaos a matar a August con una puta erección —
refunfuña, y no puedo evitar reírme.
—Déjalo en paz. ¿Imagina si mato a todas las mujeres con las que has estado?
El reino de Rave perdería la mitad de su población.
—Te voy a dar unos azotes en el trasero por eso —refunfuña, con los ojos
oscurecidos.
La idea me hace apretar los muslos alrededor de sus caderas, y no
desaprovecha el movimiento.
Soren no se pierde nada.
Su sonrisa es cómplice.
—Te gusta esa idea, ¿verdad, brujita? Mierda, estás hecha para mí —dice
con una reverencia posesiva, apoyando la frente contra la mía—. Puedo aguantar lo
que me arrojes, cariño... mientras estés aquí conmigo.
Hace difícil proteger mi corazón.
Rave aparece frente a nosotros, acechando en su forma de humo.
—¿Estás listo?
Soren asiente, poniéndose en pie.
Su personalidad, a veces fría, no oculta la violencia contenida de su
musculosa constitución.
Mierda, es perfecto.
¿Y por ahora?
Es todo mío.

115
CAPÍTULO
VEINTISÉIS
Soren
Dondequiera que vaya Pandora es a donde iré. Puede intentar deshacerse de
mí todo lo que quiera, pero es mía, y cuanto antes lo acepte, mejor. Mi magia de
rastreo ya la tiene grabada en mi mente, y como un rastreador vivo, siempre estoy
al tanto de ella. No hay ningún lugar al que pueda ir sin que yo sea capaz de
encontrarla, a menos que decida llevarse al hijo de Rave, Vale, con ella para que use
su magia de vacío para bloquear su ubicación, pero ella nunca haría eso.
Tomado de su mano, nos adentramos en el Reino de los Íncubos, que era
como un segundo hogar para Astrid.
Pero ahora no sabemos qué esperar, considerando que aún no estamos
seguros de si su padre la traicionó. Sin mencionar que sus hermanos ni siquiera han
venido a visitarla desde entonces. Si Axe y Kai hacen algo para lastimarla, los mataré
yo mismo.

116 Estamos frente a sus puertas de hierro, esperando a que nos dejen entrar. No
suelto a Pandora y la mantengo cerca de mí. No puedo prometer que no atacaré a
August en cuanto lo vea; solo de pensar que él fue el primero me dan ganas de
enterrarlo a dos metros bajo tierra.
Mi brujita suspira y se recoge el cabello detrás de la oreja. Se comporta como
si no me hubiera pasado toda la noche con la boca en su dulce coño, y sé que sigue
dolida por cómo actué en el pasado.
Pero eso era antes.
Ahora todo ha cambiado.
Y tiene que darse cuenta de ello.
Anoche estuvo perfecta. Tan receptiva y todo lo que siempre he querido en
una compañera. Es sumisa por naturaleza en la cama y le encantó que tomara el
control y le diera exactamente lo que necesitaba.
Soy el fae vivo más afortunado.
Si lo hubiera visto antes.
Bane se acerca a la puerta para dejarnos entrar. Vestido de negro de pies a
cabeza, con tatuajes y runas que cubren cada centímetro de su cuerpo excepto la
cara, el Príncipe Demonio es un enemigo que no me gustaría tener. Es conocido por
su magia meteorológica y por su capacidad para oler las líneas de sangre. Ambas
son formas de magia excepcionalmente raras.
Su cabello oscuro ha crecido mucho desde la última vez que lo vimos, cuando
se lo cortó como sacrificio para un hechizo protector para Astrid. Siempre ha sentido
debilidad por nuestra reina y se la habría robado a Rave si hubiera tenido la
oportunidad.
Me alegro de que no haya tocado a Pandora porque no quiero añadir a nadie
más a mi lista negra.
Con August y Salem es más que suficiente.
Los ojos oscuros de Bane se desvían hacia donde están mis manos sobre mi
compañera, y sus cejas se alzan, pero no dice nada.
—Astrid —saluda con una sonrisa—. Me alegro de verte de nuevo por aquí.
—¿Dónde está mi padre? —pregunta cruzando los brazos sobre el pecho.
Bane inclina la cabeza hacia el castillo.
—Vengan dentro. Hemos preparado una cena para todos.
Lo seguimos hasta el comedor, donde están sentados sus dos hermanastros
y su padre. Todos se levantan cuando entramos, y Zython mira a su hija con amor
en sus ojos verdes. Amor y... arrepentimiento.
¿En qué nos estamos metiendo ahora mismo?
Me muevo, colocándome ligeramente delante de mi pequeña bruja para
protegerla si es necesario. Veo que Rave hace lo mismo con Astrid.
117 Kai me mira, con los labios curvados en las comisuras.
—¿Se ha congelado el infierno y Soren se ha domesticado? Nunca pensé
que llegaría el día.
Me aseguro de que mis bloqueos mentales estén activados porque sé que
ese cabrón puede leer la mente. Bajando la cabeza, le susurro a Pandora:
—Pon tus escudos, o sabrá lo bien que devoré tu dulce coño anoche.
Se sonroja y me da un codazo en el estómago.
—Queremos una explicación, ahora —exige Rave, con sus sombras oscuras
enroscándose a su alrededor.
Zython asiente y traga con dificultad, con la garganta en tensión.
—Nunca te traicioné, Astrid. Te amo. Eres mi única hija y la mejor sorpresa
de mi vida.
—¿Así que no trabajabas con el viejo Rey Vampiro? ¿No le dijiste que yo era
vidente? —pregunta Astrid, levantando su orgullosa barbilla—. Y si es así, ¿por qué
no has venido a verme? Me han dejado de lado. No entiendo... —se interrumpe, con
la mirada perdida.
Rave se eriza, cuadrando los hombros.
—Mataré a todos en este maldito reino si la has traicionado. Ella me impidió
venir aquí y destrozarlos a todos, pero ahora estoy aquí. Así que vayan con mucho
cuidado.
Astrid le pone la mano en el brazo, intentando contenerlo.
—Déjanos explicarte —dice Axe, acercándose a Astrid. Cuando va a tocarla,
las sombras salen disparadas y lo empujan hacia atrás—. ¿Recuerdas antes de que
los vampiros te secuestraran?
Ladea la cabeza y asiente.
—Sí, descubriste que era vidente con tu magia de espejos.
Axe es un espejo, lo que significa que puede copiar la magia de alguien
cercano.
—Sí, lo hice porque tuve una visión —dice, pasándose el pulgar por la barba
incipiente de la mandíbula—. Astrid, te vi en nuestro reino siendo asesinada. Te vi
morir. Y hasta que no nos ocupáramos de ello, no te queríamos aquí. No podíamos
arriesgarnos.
—Y nunca te traicioné... no a propósito. No lo haría —añade Zython,
frotándose la nuca—. Cuando me reuní con Declan, usó su magia contra mí. Me sacó
la información que quería y se metió con mi mente. Lo siento, Astrid. Nunca te habría
entregado voluntariamente.
—Entonces, ¿está solucionado? —Rave pregunta, sus ojos parpadeando
negro—. ¿Quién intentó matar a mi compañera?
Axe mira al suelo, de repente parece incómodo.
118 —En la visión, Declan te mató, Astrid. Consiguió llevarte, y cuando no pudo
mantenerte a raya, te mató. Y te sacó de aquí. ¡De nuestro maldito reino!
—Por eso no podías estar aquí —añade Zython, con el dolor grabado en el
rostro—. Hablé con Laurel y me dijo que cualquier cambio que hiciéramos podría
haber alterado la línea temporal o el resultado. Así que necesitábamos que la
situación estuviera lo más controlada posible.
—¿Está muerto? —pregunta Rave, luchando por contener sus sombras, que
empiezan a llenar la habitación, casi sofocantes en su ira palpitante. Ira y miedo.
En un camino futuro, pierde a Astrid.
Y tiene miedo.
Yo también.
—No, pero lo tenemos —añade Bane, con sus ojos oscuros clavados en
Astrid—. Está en las mazmorras.
—¿Cómo? —pregunto, queriendo saber cómo llegó a sus manos infame
caudillo.
Todos los hombres comparten una mirada, y Axe suspira, pasándose una
mano por su largo cabello.
—August nos dijo que Milana era su pareja predestinada. Y usamos eso para
traerlos a ambos aquí.
Se me abren los ojos ante ese dato que nadie ha compartido conmigo.
¿Milana, la hija de Declan, de quien obtuve la información, es la pareja
predestinada de August?
¿Milana, que era amiga de Vera, la madre de Vale?
No me extraña que Astrid me prohibiera tocarla.
—¿Dónde está ahora? —pregunta Astrid, frunciendo el ceño. Se inclina hacia
Rave, que al instante la rodea con los brazos y le besa la sien.
Bane asiente con la cabeza en dirección a las mazmorras.
—¿Y a August le parece bien que tengas a su compañera aquí abajo? —
sondea, subiendo el tono—. ¿Y dónde demonios está?
Bane vuelve esos ojos oscuros y fríos hacia mí.
—Pensamos que sería menos molesto si no estuviera aquí.
—Y sí, August fue quien ideó el plan —añade Zython, con un atisbo de orgullo
en los ojos.
¿También ha adoptado a August?
—Eso es jodido —murmura Astrid mientras Pandora alarga la mano y se la
sujeta.
Y lo es.

119 Espero que Milana perdone a August.


—¿Cuál es el plan? —pregunta mi brujita, hablando por primera vez—.
Supongo que no tenemos mucho tiempo hasta que su ejército esté a las puertas.
Zython inclina la cabeza.
—Matar a Declan.
—Y entonces vamos a la guerra —termina Bane. Los truenos crepitan afuera,
el fuerte sonido atronador hace una declaración.
Declan quiere a nuestra reina.
Y ahora tendremos su cabeza.
CAPÍTULO
VEINTISIETE
Pandora
Mientras todos los que tienen polla se dirigen a las mazmorras,
probablemente duros ante la idea de torturar a nuestro enemigo, Astrid y yo vamos
a buscar a August. No sabía que Milana era su pareja, y con ella en las mazmorras,
tengo que preguntarme dónde está su cabeza.
—No le harán daño, ¿verdad? —pregunto, frunciendo el ceño.
Astrid niega con la cabeza.
—No, no desde que es su compañera. Esa es una línea que no cruzarán.
Depende de August manejarla.
—No parece que esté haciendo un buen trabajo —murmuro, preguntándome
cómo demonios acabará esto. Me vuelvo hacia la vidente que está a mi lado—. ¿Qué
más sabes que no hayas compartido?
Se ríe.
120 —Muchas, muchas cosas, mi querida amiga. —Se detiene y se vuelve hacia
mí—. ¿Soren conoce tu magia?
Sacudo la cabeza.
—No, a menos que Rave le haya dicho algo. Creo que nunca me ha visto usar
la magia. Probablemente piense que sólo sirvo para hechizos y pociones.
—Definitivamente sabe que eres buena para enmascarar hechizos. —Sonríe,
divertida con su propia broma. Nos detenemos ante la puerta de su habitación, y
Astrid llama con fuerza—. ¿August?
Responde un August sin camiseta, entrecerrando sus ojos marrones. Se
rasca distraídamente su duro pecho.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Vine a ver cómo te va con lo de tú compañera en la mazmorra —dice Astrid
amablemente, ofreciéndole una pequeña sonrisa.
—Bueno, creo que todavía estoy borracho —responde, riendo sin humor—.
No sé qué hacer. No puedo ganar en esta situación. Ella me odia. Es la hija de nuestro
enemigo. Nuestro enemigo al que estamos a punto de matar.
Se dirige de nuevo a su habitación, dejando la puerta abierta, así que lo
tomamos como una invitación y lo seguimos dentro, sentándonos en un sofá de
cuero frente a su cama.
August se recuesta en la cama, mira fijamente al techo y murmura:
—Con ustedes dos aquí dentro, probablemente moriré pronto, así que nada
de esto importará de todos modos.
—Ya entrará en razón —le digo, intentando que se sienta mejor—. Eres un
buen hombre, August. Y cuando te conozca, se dará cuenta.
Se pone de lado para mirarnos.
—Ni siquiera me mira.
—Dale tiempo —añade Astrid, echando un vistazo a su habitación—. Y tal
vez, no sé, sácala de la celda.
—Se largará en cuanto salga de allí —refunfuña, pasándose una mano por su
rizado cabello castaño—. Si la dejo ir, se unirá a su ejército para luchar contra
nosotros. No quiero que le hagan daño. No quiero tener que luchar contra mi propia
compañera.
Plantea buenas cuestiones.
—Al menos asegúrate de que está cómoda —sugiero.
—La están cuidando —responde, sentándose en el borde del colchón—. Y
está lejos de Declan.
—Bien —responde Astrid, sentándose a su lado y tocándole el hombro—.
121 Siento que esta sea la mano que el destino te ha deparado, August. Pero al final todo
saldrá bien.
—¿Lo prometes? —pregunta, apoyando la cabeza en su hombro.
—Te lo prometo —responde ella, besándole la mejilla—. Cualquier cosa que
necesites, estamos aquí para ti.
Se pone a su lado y me pasa el brazo por el hombro.
—¿Y cómo te va con todo, Pandora?
Me encojo de hombros.
—No puedo quejarme, supongo. Ser compañera del Amo Hombre Puta no
está tan mal.
Al menos no me tiene en un calabozo.
Y si lo hiciera, sería de sexo.
August ríe un sonido profundo y áspero que me hace sonreír.
—Es un guerrero fuerte con un buen corazón. Cuidará de ti.
—¿Sólo tienes cosas buenas que decir de él incluso después de que intentara
matarte? —Me burlo.
—Yo habría hecho lo mismo —responde sonriendo.
Entonces me doy cuenta de que Milana probablemente nos odiará a Astrid y
a mí algún día, teniendo en cuenta que ambas tenemos una historia con August.
—Todavía podrías —añade Astrid, dándole un codazo con el hombro, lo que
hace que choque conmigo—. Dependiendo de la historia de Milana.
—Tiene un historial de secuestros de niños —refunfuña, mirándose las
manos. Milana intentó una vez secuestrar a Vale, y ninguno de nosotros lo ha
olvidado—. Sólo espero que el destino sepa lo que estás haciendo.
¿No lo hacemos todos?
—Lo hace —promete Astrid, poniéndose de pie—. Ahora baja a cenar. Nos
ocuparemos de Soren.
August gira la cabeza de repente, estudiándome.
—¿Sabías que era tu compañero cuando te entregaste a mí?
Asiento lentamente.
—Sí. Nunca pensé que descubriría la verdad sobre nosotros.
O que Soren me quisiera.
Agacha la cabeza.
—Peligroso juego el que estabas jugando.
Le toco el hombro.
—No me arrepiento. Soren se ha acostado con medio reino, así que puede
soportar que yo me acueste con otro hombre.

122 August sonríe, se levanta y me ofrece la mano.


—No sabes cómo funcionan los hombres. En cierto modo, eso es casi peor.
Con ese comentario de despedida, entra en su cuarto de baño mientras Astrid
y yo nos dirigimos a las mazmorras.
Encontramos a nuestros compañeros frente a quien supongo que es Declan,
con un aspecto un poco desmejorado. Unos grilletes mágicos le rodean los tobillos
y está sentado con la espalda apoyada en la fría pared de piedra. El cabello rubio le
cae sobre la frente y sus ojos son fríos y azules. Es un hombre alto y fornido, un
guerrero. Y aunque es mayor, yo lo consideraría atractivo.
Pero sus ojos están muertos.
No hay amabilidad ni calidez en ellos.
En este momento, están clavados en Astrid, la mujer que quería pero nunca
tuvo en sus manos.
—Reina Astrid.
—Declan —responde ella, recorriéndolo con la mirada—. He oído que me has
estado buscando.
—Siempre supe dónde estabas —responde, con una sonrisa de suficiencia
en sus finos labios—. Sólo que no podía llegar a ti.
Sin los grilletes que contienen su magia, ¿quién sabe de lo que sería capaz
con su manipulación mental?
—Y ahora nosotros hemos llegado a ti —responde Astrid, levantando la
barbilla.
Soren tira de mí hacia su lado con su gran mano rodeando mi cintura.
—Vamos, salgamos de aquí.
Cuando Rave se acerca a la celda, sé por qué Soren quiere sacarme de aquí.
Tiene los ojos negros como el carbón y una sonrisa cruel en los labios.
Rave va a matar a Declan, sin arriesgarse a que la visión de Axe se haga
realidad.
—Llévate a Astrid contigo —ordena Rave y Soren asiente, pero Astrid niega
con la cabeza.
—No, me quedo —responde ella, sacando su daga de rubí y haciéndola girar
entre sus dedos de punta roja.
Soren mira a su rey, que asiente una vez.
Luego me levanta y me lleva fuera.
—Puedo caminar, sabes.
Sus labios se curvan divertidos.
—Lo sé, cariño. Sólo quería que salieras de allí antes de que decidieras
quedarte también.

123 —Me alegro de saltarme la sesión de tortura —admito, enterrando la cara en


su cuello. Se estremece y me doy cuenta de lo insensibles que han sido mis palabras.
No debería bromear con esas cosas, no cuando él ha vivido semejante infierno.
Hace una pausa cuando casi llegamos al comedor.
—Hueles diferente. ¿Por qué hueles como otro hombre?
Pongo los ojos en blanco.
—Astrid y yo fuimos a estar con August.
Continúa caminando hasta que llegamos a la mesa con la mesa llena, pero no
hay nadie.
¿No podía esperar el asesinato hasta después de la cena?
Bueno, más para mí.
—¿Le tocaste? —me pregunta finalmente mientras me sienta en una silla.
—Soren...
Se sienta a mi lado, con la mandíbula marmórea y los dedos crispados como
si quisieran alcanzar sus espadas gemelas.
»Es un amigo. Fuimos a asegurarnos de que estaba bien con todo el asunto
de Milana.
—Puedes asegurarte de que está bien a un metro de distancia —responde
entre dientes apretados. Aun así, empieza a servirme un plato lleno de todo lo que
se ofrece y más de lo que podría comer de una sentada—. No me gusta que te haya
conocido de esa manera, brujita. Me dan ganas de matarlo con mis propias manos.
—Hace una pausa y luego añade—: Y tal vez sacarle los ojos.
—Descriptivo —murmuro, divertida mientras me desliza el plato lleno.
—Ahora come —ordena, y en lugar de servir su propia comida, me observa
atentamente con una copa de vino en la mano mientras me llevo el tenedor a los
labios, masticando y tragando un bocado de pollo.
—¿No vas a comer? —pregunto, y sus ojos parpadean con otro tipo de
hambre.
—Lo que quiero ahora va a tener que esperar —responde en un tono ronco,
mientras sus ojos recorren mi cuerpo. Toma con los dedos un trozo de pan recién
hecho y me lo lleva a la boca. Hace un sonido grave y profundo cuando le doy un
mordisco, y no me pierdo el brillo dominante de sus ojos mientras sigue mirándome
comer.
—¿Qué te pasa que quieres que coma? —pregunto, dando un mordisco a la
patata.
—Me gusta cuidarte —responde, pasándose los dientes por el labio inferior—
. Siempre te quiero llena. Ya sea de comida o de polla... —Hace una pausa y aclara—
: Mi polla.
Le sacudo la cabeza.

124 —Suerte que me gusta comer entonces, ¿eh? Y no me da vergüenza el


público.
La comisura de sus labios se levanta.
—Lo tendré en cuenta.
¡Espera! ¿Qué?
—Me refería a comer. No con el sexo —suelto, y él se ríe, tomando por fin
algo de comida para él.
—Nunca dejaría que nadie te viera así, brujita. Eres mía, y me siento bastante
posesivo por ello.
Ahora tiene dos apodos bonitos para mí, y yo no tengo nada para él. Decido
probar uno, sabiendo que le gustará. Me niego a llamarlo Amo, como todos los
demás, pero este podría servirme.
—Todavía no soy suya, señor.
Saboreo las palabras en mi lengua. Era eso o papá.
La idea de que me controle en el dormitorio es jodidamente caliente, pero la
de ser una más de sus mascotas me aprieta el pecho. Sé que tengo que olvidarlo,
aunque sea más fácil decirlo que hacerlo.
Soren deja el tenedor y gira el cuerpo para mirarme. Sus ojos grises y
hambrientos se cruzan con los míos antes de apretarme la mandíbula.
—No empieces algo que no puedas terminar, brujita.
Me mira a la boca. Está a un segundo de tumbarme aquí mismo, sobre la
mesa, y hacer lo que quiera conmigo.
Pero entonces Bane entra en la habitación, y Soren vuelve sus ojos, ahora
entrecerrados, hacia él.
—¿Interrumpo algo?
—Sí —responde Soren al mismo tiempo que yo digo—. No.
Pateo a Soren por debajo de la mesa. Esta es una sala pública, y no estamos
en nuestro reino. Soren actúa como si Bane irrumpiera en nuestro dormitorio
privado.
Respira hondo y recoge más pan para llevármelo a los labios.
—¿Por qué la alimentas a la fuerza? —pregunta Bane, sonando demasiado
divertido. Acerca una silla para sentarse con nosotros y sonríe mientras se sirve un
poco de vino tinto. Me fijo en su mano tatuada. Algún día será un bonito collar para
alguien—. ¿Es una de tus manías?
Totalmente.
—Preocúpate de tus propias manías, Bane —responde Soren en tono
sombrío—. A mí me gusta cuidar de mi compañera.
Riéndome, dejo caer accidentalmente el cuchillo al suelo. Al agacharme para
125 recogerlo, veo que Soren extiende rápidamente la mano y cubre con la palma el
borde afilado de la mesa para que no me golpee la cabeza con él.
Cuando vuelvo a incorporarme, sus ojos están fijos en Bane, pero su mano
sigue cubriendo la esquina.
Es tan protector, y no sólo en su loca forma de hombre alfa, que quiere matar
a todo el que me mira.
También es jodidamente dulce.
Y es en estos momentos cuando me pregunto por qué aún no lo he hecho
mío.
CAPÍTULO
VEINTIOCHO
Pandora
—¿Estás segura de que deberíamos estar aquí ahora mismo? —le pregunto
a Astrid, echando un vistazo a la concurrida concurrencia de Rita's Stomping Ground,
nuestro abrevadero local en Aravelle. Ambas salimos juntas de Chaos, diciendo a
Soren y Rave que volveríamos al castillo, pero en lugar de eso, Astrid sugirió que
saliéramos a tomar algo.
—Sí, está bien. Aquí es terreno neutral... nadie puede tocarnos —responde
sonriendo con una cerveza en la mano—. Y nadie me reconocerá. Necesito un trago
y un rato de chicas después de tanta tortura.
A menos que Rave aparezca.
Con su reputación de matar primero y preguntar después, la gente sigue
pronunciando su nombre en susurros temerosos, incluso en su propio reino.
—Lo mismo, y ni siquiera estaba allí —respondo, levantando mi vaso y
126 chocándolo contra el suyo.
Rita, la dueña y madre de Sinda, se acerca y nos abraza cariñosamente a las
dos.
—Qué especial me siento teniendo a dos reinas aquí esta noche. —Sonríe y
deja algo de comida sobre la mesa—. Por favor, coman y beban todo lo que quieran.
Y Astrid, por favor, dile a mi hijo que tiene que venir a verme más.
—Se lo diré —promete, curvando las comisuras de los labios. Rita sonríe y se
va corriendo a la mesa de al lado—. ¿Cómo es Soren en la cama?
Casi me atraganto con la uva que acabo de meterme en la boca. Ladeo la
cabeza y considero cómo responderle.
—Generoso y con mucha experiencia. Tan bueno, que momentáneamente
dejó de importarme cómo llegó a ser tan talentoso en la cama.
Se ríe.
—Al menos eso tiene sus pros.
—Está obsesionado con comerme el coño... —Hago una pausa—. Y darme
de comer.
—Bueno, ¿sabes lo que pienso? Si no comprueba si has comido o necesitas
que te coman, no es él —responde con cara seria.
Se me escapa una carcajada y de repente me alegro de que me haya
arrastrado hasta aquí. Esto es exactamente lo que necesito ahora. Estoy a punto de
preguntarle si deberíamos pedir unos chupitos cuando se abren las puertas de la
posada y entran tres metamorfos.
—Mierda —murmura Astrid, con los ojos avellana entrecerrados. La magia
pulsa a su alrededor, preparándose para defendernos si es necesario.
Todo el mundo se detiene al ver a los trillizos. Se elevan por encima de todos
los que pasan, sus anchos hombros se tocan mientras caminan hacia el bar. La
violenta energía que los rodea es imperdible. Salem está en medio, un poco más
grande que sus hermanos y el único que lleva el cabello corto. Mira por encima de
la multitud, fijamente a cualquiera que se atreva a establecer algún contacto visual
hasta que bajan la mirada: una muestra de dominio depredador. Rezuma arrogancia,
incluso más que sus hermanos, y murmuro una maldición cuando sus ojos verde
claro se posan en mí. Sus labios se curvan, una mirada diabólica entra en su mirada
mientras gira sobre sus talones, cambiando de dirección para acercarse a mí.
—Hijo de puta —murmuro.
Salem agacha la cabeza, mirándome.
—Bueno, si no es el último coño que soñé que probé.
—¡Oh, mi destino! —gimo, restregándome la mano por la cara avergonzada.
Astrid, por su parte, se echa a reír. A partir de ahora, ya no es mi mejor amiga—. ¿Te
han dicho alguna vez que eres un completo idiota?
127 —Nadie que aún respire —responde encogiéndose de hombros y sentándose
a mi lado. Se acerca y yo me alejo. Lo hacemos otras dos veces antes de que sus
hermanos se pongan a nuestro lado, ambos con el ceño fruncido.
—Salem, ya hablamos contigo de esto —gruñe Silver, cruzando los brazos
sobre el pecho—. No necesitamos que Rave y Soren vengan por nosotros. Vámonos.
Salem los ignora, sus ojos verde claro-clavados en mi perfil.
—No estoy aquí para causar problemas. Siento haberme cambiado la última
vez y haber estado a punto de comer algo que no fuera tu dulce coño, Pandora.
Sage se ríe entre dientes mientras las cejas de Silver le dan en la raya del
cabello.
No puedo evitar mirar a Astrid, cuya cara se está poniendo roja mientras
intenta contenerse, pero sus ojos bailan con humor. Nunca en mi vida había tenido
tantas ganas de abofetear a la Reina Fae como ahora. ¿Me mataría Rave si lo hiciera?
—Gracias por tus disculpas, Salem —respondo.
Sonríe y me da palmaditas en la cabeza como un perro.
—Buena reina —ronronea, acariciándome la cara. ¿No es este el metamorfo
conocido por odiar el contacto físico? ¿Está borracho? Eso, o por fin ha perdido la
cabeza—. Sé que ahora tienes un compañero, y lo respeto. Pero primero fuiste mía,
y no lo olvidaré. Así que si alguna vez quieres que alguien lo mate, acude a mí
primero, ¿de acuerdo? Acabaré el trabajo, le cortaré la cabeza y luego te follaré en
un montón de su sangre.
Mierda.
Asiento con la cabeza, aclarándome la garganta.
—Lo recordaré, gracias.
Suspira, parece desanimado.
—Es una pena, sabes. Creo que te habrías tomado mi nudo como una
profesional.
Astrid echa ahora la cabeza hacia atrás, perdiendo cualquier resto de
autocontrol.
—Probablemente lo habrías hecho, ¿sabes? Suena como algo en lo que
serías buena, Pandora.
Lo siento, Rave. Voy a asesinar a tu alma gemela.
Salem asiente, con una mirada pensativa en su rostro apuesto pero aterrador.
Esta es fácilmente la noche más extraña de mi vida.
—Creía que no te gustaba que te tocaran —decido señalar, con la esperanza
de alejar la conversación de su nudo, por el que, para ser sincera, siento cierta
curiosidad. Nunca he visto el nudo de un metamorfo, pero he oído que cuando tienes
sexo, se expande y mantiene a la mujer atrapada en él durante un rato después.
128 O algo parecido.
Mi mirada se posa en su entrepierna, preguntándome si eso es un pro o un
contra de estar con un metamorfo.
Salem sigue mi línea de visión y sonríe, reajustándose.
—No lo diré si no lo haces. Y no, no me gusta que nadie me toque. Pero tú
eres diferente. Y no me estás tocando... yo te estoy tocando a ti.
Destinos.
Hay mucho que desentrañar, pero no voy a hacerlo.
Me aclaro la garganta y le tiendo la mano.
—¿Amigos?
Me mira la mano y, de repente, sonríe y me la estrecha. Satisfecho quizá con
nuestra conversación, me rodea con el brazo y me atrae hacia sí.
Y así es como Soren me encuentra, y entra en la posada con Rave a su lado.
Sus manos golpean la mesa y la habitación palpita con la magia dominante.
Su expresión insinúa una violencia pura y desenfrenada.
—¡Quita tus malditas manos de mi compañera! Voy a matarte, Salem. Me
importa una mierda lo grande que seas. Está claro que eres estúpido cómo la mierda.
—La magia de Soren se filtra a través de su tono, la orden brota de sus palabras.
—¿Amo? —Una mujer rubia jadea, acercándose a él. Tienes que estar
jodidamente bromeando. Levanta la mano para tocarlo, pero Soren se aparta,
ignorándola. En su lugar, sus ojos se clavan en Salem cuando está a punto de cargar
contra él.
Rave suspira, sus sombras salen para retener a Soren. Salem, por su parte,
me acerca más de lo que lo haría cualquier hombre cuerdo e inteligente en esta
situación. Sus hermanos lo levantan de la silla y salen corriendo de allí antes de que
se desate una guerra, todo porque Salem está completamente loco.
Rave suelta a Soren, que me levanta de la silla y me echa por encima del
hombro, su mano aterriza en mi trasero con una dura bofetada.
Me lleva directamente a su dormitorio, donde me tumba en el colchón y se
pone encima de mí.
—Por favor, dime, brujita, ¿por qué demonios Salem tenía sus manos
alrededor de mi maldita mujer?
Su voz es áspera, dura, y llena de celos.
—Vino a disculparse —le digo mirándolo a los ojos. Levanto la mano para
tocarle la mandíbula y respira hondo, intentando calmarse—. Y está como una puta
cabra, así que no quise empezar ningún drama. Me abrazó, y entonces entraste tú.
Su mano se mueve para rodear mi garganta.
129 —Ningún otro hombre puede tocarte. —Unos labios firmes y carnosos me
recorren el cuello—. Pero lo sabes, ¿verdad?
—Soren...
—Mírame —me ordena, y ni siquiera me doy cuenta de que tengo los ojos
cerrados—. Te voy a enseñar exactamente lo que les pasa a las niñas malas.
Mierda.
Estoy tan excitada ahora mismo, pero al mismo tiempo, también quiero tener
la última palabra.
—No soy una de tus mascotas, Soren.
Los ojos grises parpadean de ira y, por un momento, me pregunto por qué
demonios lo estoy presionando ahora. Me quita la ropa hasta dejarme desnuda y se
acerca a su armario, que abre con una llave que saca de su cajón. Tiene una sonrisa
malvada en la cara que no me gusta un carajo, y cuando saca una paleta de cuero,
lo miro con el ceño fruncido.
»Soren, ¿qué estás...?
Se sienta en la cama y me pone sobre su regazo, con el trasero desnudo
delante de él. Me acaricia la suave piel y murmura algo sobre la perfección antes de
darme con la pala en el trasero.
—¡Ay! —chasqueo, retorciéndome para alejarme de él.
Me sujeta y me da otros dos golpes. Me palpa el trasero y la parte posterior
de los muslos, calmando el ardiente cosquilleo antes de deslizar un dedo dentro de
mi coño.
—Estás mojada, brujita. Te gusta esto, ¿verdad? Claro que te gusta. Por eso
eres jodidamente perfecta para mí.
Otros cinco golpes de la paleta, y entonces gime, dejándola caer al suelo.
Nos vuelve a tumbar a los dos en la cama y ordena:
—Ahora, siéntate en mi cara.
Esto no me parece un castigo.
¿O tal vez el castigo ha terminado y ahora me recompensa?
A horcajadas sobre su cara, con las manos en el cabecero, me agarra por las
caderas y me empuja el coño hacia sus labios, aparentemente sin importarle si puede
respirar, porque se asegura de que todo mi peso recaiga sobre él. Me lame con
movimientos largos y húmedos antes de rodearme el clítoris con la punta de la
lengua, como a mí me gusta.
Gruñe y gime contra mi coño. Es un hombre al que le encanta comerme, y
eso solo hace que me moje aún más.
Los hombres que comen coños para su propio placer son un tipo peligroso.
Pero cuando estoy a punto de venirme, se detiene y me levanta para que
vuelva a estar tumbada boca arriba.
130 —¿Por qué te detuviste?
—Arrodíllate para mí —gruñe, y hago lo que me dice mientras se levanta y se
desnuda, mostrando ese cuerpo perfectamente musculado y esa polla gruesa y dura.
Se me hace agua la boca. Agarro la base de su polla y le beso la punta.
—Déjame alimentarte —murmura, deslizando su polla contra mis labios. Me
abro de par en par para él mientras me alimenta centímetro a centímetro.
Él y su obsesión por alimentarme.
Por suerte para él, siempre tengo hambre.
Estaba al límite antes de que se detuviera, así que estoy empapada y
desesperada por liberarme, lo que sólo hace que me entusiasme más mientras tomo
todo lo que puedo de él hasta que llega al fondo de mi garganta.
—Eso es, puedes tomarlo todo —me elogia, pasándome el pulgar por el
lateral del cuello—. Respira por la nariz. Así. Buena mamada, mujer.
Gimo, aunque soy yo quien le está dando placer, sólo por sus palabras.
Mierda.
No puedo apartar la mirada de sus duros músculos abdominales y de cómo
se tensan con cada movimiento de sus caderas mientras empieza a follarme la boca.
Sé que cuando su respiración se vuelve más agitada, está a punto de
correrse.
—Estás haciendo un jodido buen trabajo. Esa es mi chica.
Su voz es grave.
Y cuando termina en mi boca, tan profundamente que apenas puedo
saborearlo, observo la felicidad en su expresión y la leve sonrisa que se dibuja en
sus labios.
Me sonríe salvajemente.
—Mierda, tu dulce boca es perfecta.
—Fóllame, por favor, señor —gimo, echándome hacia atrás y abriendo los
muslos. Espero que llamarle Señor sea la palabra mágica para que me deje venirme.
—Ruega por ello, brujita —dice con voz ronca, sentándose a horcajadas
sobre mí y acercando sus labios a mi oreja—. Las chicas malas no suelen correrse.
Así que puede que tengas que esperar un poco más hasta que crea que has
aprendido la lección.
Oh destinos.
Me meto entre los dos y empiezo a acariciarme el clítoris, pero me sujeta las
muñecas con la mano.
—No, no te toques. Toma lo que te dé. Y ahora mismo, después de ver las
manos de otro hombre sobre ti, un hombre que ha probado lo que es mío, no estoy
de muy buen humor.

131 —Por favor, señor —le ruego, mi cuerpo deseando liberarse gana a mi
terquedad—. No dejaré que vuelva a tocarme. Se lo prometo.
—Hmm —refunfuña, bajando para chuparme los pezones. Creo que nunca
me había excitado tanto. ¿No debería enfadarme con él por jugar a esto conmigo?
¿Por hacerme trabajar para llegar al orgasmo porque es un idiota posesivo al que no
le gusta que Salem me toque?
Pero por alguna razón, no lo hago.
De hecho, me encanta.
Estoy muy necesitada y quiero que termine lo que empezó.
Y sé que será aún mejor cuando me lo dé.
Estoy en el momento con él, y mi cuerpo está a sus órdenes.
—Separa los muslos. —La orden es firme.
No tengo que pensar en qué hacer.
Mi mente puede bloquear todo lo demás y yo sólo puedo sentir.
Y de repente, lo entiendo.
CAPÍTULO
VEINTINUEVE
Soren
La forma en que me está mirando ahora mismo me hace querer darle todo lo
que quiera. Pero mierda, necesita saber que es mía y que no puede ir por ahí dejando
que otros hombres la toquen. Necesita establecer un vínculo conmigo, para que yo
deje de sentirme tan jodidamente loco, y ambos podamos estar conectados de esa
manera el resto de nuestras vidas. Dado nuestro pasado, no he querido presionarla,
pero no puedo aguantar más. El resplandor dorado de la magia que nos rodea me
recuerda al maldito elefante dorado que hay en la habitación.
Deberíamos sellar el trato, por así decirlo, y unir nuestra magia y nuestras
vidas para la eternidad.
No sé cómo pasé de tenerle fobia al compromiso y ni siquiera follarme a una
mujer más de una noche a querer ponerme de rodillas y rogarle, pero aquí estamos.
Cómo han caído los poderosos.

132 Llevo mi boca de nuevo a su dulce y jugoso coño, la llevo al límite una y otra
vez, pero no la dejo terminar. Casi me corro al sentir lo mojada que estaba por la
paletada, su hermoso trasero caliente y rojo.
Le encantó.
Y esto también le va a encantar.
Suplica, suplica y gime tan fuerte que se me pone dura como una puta piedra,
pero sigo dándole largas. Cree que la estoy castigando, y quizá sea así, pero cuando
la deje venirse, se va a sentir jodidamente increíble y le va a encantar. Voy a
asegurarme de que seré el único al que quiera el resto de su vida.
—Soren —sisea, empujando mi cabeza hacia su coño y levantando las
caderas—. Por favor, no dejaré que vuelva a tocarme. Necesito venirme.
—Qué glotona —digo contra la cara interna de su muslo, mordisqueando su
suave piel. Luego la levanto en brazos, la rodeo con las piernas y la empujo contra
la pared. Acerco mis labios a su oreja y le susurro—: Ahora voy a follarte, y tú vas a
aceptarlo, ¿verdad?
—Sí, señor —responde besándome el cuello—. Por favor, úsame.
—Voy a ser indulgente contigo, brujita. La próxima vez no seré tan indulgente
—le advierto antes de deslizarme dentro de ella de un fuerte empujón. Me rodea el
cuello con los brazos, aferrándose a mí mientras empiezo a penetrarla profunda y
lentamente. Puedo sentir el momento en que se viene sobre mi polla, apretándose a
mi alrededor mientras empieza a gritar más fuerte que nunca. No puedo apartar los
ojos de su cara. Sus gritos se convierten en gemidos mientras sigo follándola, ahora
con más fuerza, y el fuerte sonido de nuestros cuerpos golpeándose llena la
habitación.
—Quiero que te unas a mí, brujita —gruño, agarrándola con la mano por el
cuello mientras la miro a los hermosos ojos violetas. La magia se enrosca a nuestro
alrededor, ahogándonos en su brillo dorado—. Quiero esto, a ti, para siempre. Ahora
no, pero pronto.
Nunca la he presionado sobre esto, y podría funcionar a mi favor o en mi
contra.
—Pronto —asiente, dedicándome una pequeña sonrisa, y la esperanza me
llena el pecho.
No siento nada más que puro alivio.
Va a ser mía.
Mis caricias pronto alcanzan un ritmo brutal.
Al sentir el cosquilleo familiar en mis bolas, me corro dentro de ella con un
gruñido profundo, luego apoyo mi frente contra la suya, todavía dentro de ella.
—Te amo, Pandora.
Sus ojos se abren de par en par y me planta un suave beso en los labios.
—Dicen que hay una delgada línea entre el amor y el odio.
133 —Nunca te he odiado.
—Soren...
—Siento cómo te he tratado —vuelvo a decirle, deslizando los dedos por su
nuca—. Eres leal y valiente. Apasionada. Estuviste dispuesta a negar tu propia
felicidad pensando que así me regalarías la mía. Eres desinteresada. Más allá de lo
que podría haber soñado. Y pasaré el resto de mi vida compensándotelo.
—Ni siquiera me has preguntado por mi magia —murmura, y yo inclino la
cabeza hacia un lado, observándola embelesado.
—Sé que tienes algo de magia elemental de bruja y que se te dan bien los
hechizos y todas esas cosas de brujas —respondo, preguntándome por qué saca
ese tema—. Pero no me importa qué magia tengas. Sólo te quiero a ti.
¿Sabe cómo me envuelve entre sus dedos? Haría cualquier maldita cosa por
esta bruja. Mataría por ella, moriría por ella, y todo lo demás.
—Tengo miedo —admite en voz baja.
—¿De qué tienes miedo, dulzura? —le pregunto en tono amable mientras le
retiro el cabello de la cara.
—Todo parece demasiado bueno para ser verdad. —Suspira, juntando las
cejas—. Esto es todo lo que siempre he querido, Soren. Y nunca pensé que lo
conseguiría. Y ahora supongo que estoy esperando a que caiga el otro zapato.
—Esto es real —le aseguro—. No me voy a ninguna parte. Soy tuyo.
Quise decir lo que dije. Estoy enamorado de ella, y puedo esperarla todo el
tiempo que necesite mientras esté conmigo.
La levanto de la pared y la llevo a la cama, bajo las sábanas de seda y me
tumbo con ella encima, aún conectados.
Beso su sien y acaricio suavemente su espalda.
Todo esto es nuevo para mí. Nunca he tratado así a una mujer, pero con
Pandora se siente natural.
—¿Estás bien? —pregunto. La pondría a ella primero, incluso antes que mis
deseos y necesidades.
Asiente.
—Si hubiera algo que no me gustara, te lo diría. —Mirando hacia atrás, creo
que elegí a propósito mujeres opuestas a ella. Subconscientemente, sabía que ella
era algo para mí. ¿Por qué si no nunca toqué a una mujer que me recordara a ella?
Elegía rubias, lo opuesto a su sexy cabello negro. Supongo que no quería follar y
descartar a nadie que se pareciera remotamente a ella.
Volvería a pasar por la tortura a manos de su madre si eso significara que
puedo conservar este momento.
Quedármela.
134 Mía.
Nos dormimos así.

Es tarde cuando Rave llama a mi puerta. Me aseguro de arropar a Pandora y


le doy un beso en la coronilla antes de seguirlo al pasillo.
—¿Ahora? —pregunto, sabiendo por qué está aquí.
Asiente, cruza los brazos sobre el pecho y se apoya en la pared.
—Tenemos toda la información que vamos a sacarle. Es hora de que muera.
—¿Y Milana?
—August va a mantenerla allí. Depende de él lo que le pase a su compañera.
—Se encoge de hombros, apartándose de la pared y poniéndose frente a mí—. No
eres sólo mi mejor guerrero, Soren. Eres mi mejor amigo —dice, aclarándose la
garganta. Sí, no es exactamente el tipo de hombre emocional. Me apoya la mano en
el hombro—. Y sé lo leal que me eres. Pero parece que estás destinado no sólo a
ser un guerrero, sino también un rey por derecho propio.
—Pareces sorprendido —me burlo sonriendo.
Sonríe, mostrando sus dientes blancos y rectos.
—Siempre pensé que estabas demasiado cómodo teniendo a la gente de
rodillas delante de ti.
Ladrando una carcajada, sacudo la cabeza.
—¿Estás diciendo que ya no me necesitas, mi rey?
—Siempre tendrás un lugar aquí, lo sabes —responde, mirando hacia la
puerta de mi habitación—. Pero ahora tu pareja será lo primero.
Tiene razón, y lo sé.
Compartimos una sonrisa.
—Supongo que no quieres compartirla —se burla, y le gruño mientras echa
la cabeza hacia atrás y se ríe.
Siempre lo hemos compartido todo.
Pero aquí es donde trazamos la línea.
—Cualquier otra cosa —respondo sonriendo.
135 —Cualquier otra cosa —repite con un movimiento de cabeza.
Y luego vamos a Chaos a matar a Declan.
CAPÍTULO
TREINTA
Pandora
Extiendo la mano y encuentro sábanas geniales en lugar de Soren. Me pongo
boca arriba y miro al techo, con los recuerdos de la noche anterior golpeándome.
Me dijo que me amaba.
Quiere que nos unamos.
¿Realmente podemos hacer que esto funcione?
¿Puedo confiar en él?
Tras una ducha rápida, me preparo y voy a buscar el desayuno y a Soren, en
ese orden. En lugar de eso, me topo con Astrid en el pasillo del comedor y sonrío
cuando me mira con el ceño fruncido.
—¿Y cómo te fue la noche después de que Soren te llevara celosamente?
Me arden las mejillas al recordar todo lo que me hizo anoche. Pero no puedo
136 dejar de pensar en cómo terminó la noche, y en cómo me abrazó toda la noche.
Nunca había sentido eso, ese calor y esa seguridad. Astrid solía ser la única persona
que me demostraba afecto, y ahora Soren me lo da a raudales, y me asusta lo mucho
que no quiero perderlo.
—Estuvo bien.
—Apuesto a que sí. —Sonríe, dándome un codazo juguetón con el hombro—
. Siento no haber podido parar de reír anoche, pero Salem está jodidamente
desquiciado. Me sentí mal por él porque creo que te quería de verdad.
Salem siempre ha sido un comodín, y sólo pensaba que me veía como una
posesión. Pero anoche, sin duda actuó de forma diferente, mostrando otra de sus
múltiples personalidades. Si mi madre no hubiera herido a Soren y Rave no la hubiera
matado, me habría tenido que casar con Salem.
Es una locura cómo funciona el destino.
—Encontrará a su propia pareja —respondo, y me detengo al oír una voz de
mujer que pronuncia el nombre de Soren. Agarro a Astrid de la mano y tiro de ella
hasta que se detiene.
—¿Qué? —dice con la boca.
—Pero aún no estás vinculado, amo —dice la voz en tono de bebé—. ¿Estás
seguro de que te dará lo que necesitas y sabrá cuidarte?
Mis dedos se tensan y Astrid chilla.
Lo siento, digo, aflojando mi agarre sobre ella.
Sé que debería salir y manejar la situación, pero quiero oír lo que dice. Quiero
ver cómo lo maneja sin saber que puedo oírlos.
—Ya estoy tomado, mascota —murmura, y mis ojos se entrecierran al oír esa
palabra salir de sus labios. Ya no debería llamar así a ninguna otra mujer. Si quiere
establecer un vínculo conmigo, esos días ya han pasado para él—. Y mi compañera
me dará todo lo que necesito y más. Y lo que es más importante, yo seré todo lo que
ella necesite.
Okey, eso fue algo dulce, pero no borra que la llamara mascota.
Sin poder evitarlo, echo un rápido vistazo al interior de la habitación y veo a
Soren de pie frente a los fogones, cocinando algo. ¿Sabe cocinar? La mujer, a la que
reconozco como la fae que se sentó en el regazo de Soren una noche durante la
cena, está de pie junto a él, mirándolo con adoración y asombro.
—¿Deja que la castigues? —le pregunta cuando salgo al pasillo y sigo
espiando—. ¿Te pones la máscara y la obligas a someterse a ti?
No se ha puesto la máscara. De hecho, la tiró porque la había usado con otras
mujeres.
No quiero que deje de ser quien es, pero tampoco quiero ser una mascota
más para él.
137 ¿Soy suficiente para él?
—Eso no es asunto tuyo —responde Soren, con un tono grave y cauteloso—
. Sólo pasamos una noche juntos y no puedes cuestionarme. Conoce tu lugar,
mascota.
—Ni siquiera es tu tipo. Te gustan las rubias...
Suelta una carcajada grave y divertida.
—Mi pequeña bruja es exactamente mi tipo. Es la mujer más hermosa que he
visto.
—¿Cómo puedes estar con una bruja después de lo que te pasó? Todo el
mundo sabe lo que pasó entonces y...
La interrumpe.
—Me importa una mierda lo que todo el mundo crea saber. Sí, mi compañera
es bruja, y es perfecta. Espero tener hijitas brujas que sean como ella. No necesito
darte explicaciones, y esta es la última conversación que tendremos sobre esto.
Siento que estés dolida, pero no puedo darte nada más. Todo lo que soy y tengo es
para mi compañera.
—¡Ni siquiera se ha unido a ti!
Al parecer, su mascota no sabe cuándo rendirse.
—Y esperaré eternamente por ella si eso es lo que necesita —responde en
un tono tranquilo y serio.
Hay una pausa larga, y entonces ella estalla, dejando de jugar limpio cuando
no consigue lo que quiere.
—Si tu compañera es tan jodidamente preciada para ti, entonces ¿por qué
pasaste tu tiempo follándote a toda la población femenina en lugar de buscarla? Si
la hubieras esperado, no estaría en esta situación de pasar vergüenza allá donde va
sabiendo que todas las mujeres del reino ya te han chupado la polla. ¿Sabe ella con
cuántas mujeres de este castillo te has acostado?
Bien, mierda.
Astrid me rodea con el brazo.
—No la escuches. Soren está obsesionado contigo.
Eso no cambia el hecho de que lo que está diciendo es la verdad.
Soren habla, con un tono más frío que nunca.
—Amo a mi compañera, y es la única mujer que me importa. ¿Quieren saber
por qué las llamo a todos mascotas? Es porque no recuerdo ninguno de sus
nombres. Todos se mezclan en una orgía gigante, y ni siquiera puedo recordar nada
de ustedes. Ahora te vas a ir de este castillo y te vas a buscar otro maldito trabajo
porque si me entero de que has molestado a mi compañera de alguna manera, te
mato.
Astrid y yo nos miramos con los ojos muy abiertos.
138 —No puede despedirme —grita la mujer, y luego empieza a llorar a lágrima
viva.
Estoy juzgando a Soren por rodearse de este tipo de mujeres.
—Fuera de aquí, ahora —gruñe Soren y la criada sale corriendo,
congelándose al vernos de pie en el pasillo.
—Volverá con nosotras —se burla, secándose las lágrimas—. No es hombre
de una sola mujer, y pronto se aburrirá de ti.
Expresa mi mayor temor, y eso hace que mi pecho se apriete
incómodamente.
—Vete y no vuelvas —ordena Astrid, con cara de querer abofetear a la mujer,
pero se contiene.
—Astrid...
—Habla con él —me dice, frotándome la espalda con su cálida palma—. Sí,
tiene un pasado, pero nunca arruinaría lo que tiene contigo. Lo creo de verdad,
Pandora.
Bueno, ya es una.
—Tengo que irme —le susurro, besándole la mejilla antes de volver a mi
reino.
Sé que estoy tomando el camino más fácil, pero necesito pensar.
Puede que Soren quiera pertenecerme ahora, pero antes de mí, pertenecía a
todas las demás.
¿Alguna vez voy a estar bien con eso?

139
CAPÍTULO
TREINTA Y UNO
Soren
He terminado de preparar el desayuno de Pandora cuando Astrid entra en la
cocina.

—¿Desde cuándo cocinas?


—Quería hacer algo bonito por mi pareja. —Sonrío, asegurándome de que el
plato de tocino, huevos, pan fresco y fruta tenga un aspecto lo bastante
presentable—. Tardé más de lo que esperaba, pero quería prepararle algo yo mismo.
Me encanta verla comer y voy a darle esta comida con la mano. Saber que la
he preparado para ella y que voy a ver cómo se la come me pone cachondo.
—Se ha ido —suelta Astrid, observando atentamente mi reacción.
—¡Qué! ¿Por qué? —pregunto, frunciendo el ceño. La había dejado dormida,
quería llevarle la comida a la cama—. ¿Está bien? ¿Ha pasado algo?
140 —Oyó tu conversación con la criada —explica, haciendo una mueca—. Se
enfadó.
Mierda.
Por fin había conseguido algo con ella anoche, que bajara un poco sus muros
y me dejara entrar, y ahora hemos dado dos pasos atrás.
—Sólo la quiero a ella —digo, suspirando pesadamente—. Ninguna de esas
otras mujeres significó nunca nada para mí, Astrid.
—Le dijo a Pandora que te aburrirías, y que no eres hombre de una sola mujer
—dice Astrid, haciendo girar el extremo de su trenza alrededor de sus dedos—. Y si
yo estuviera en su lugar, eso me habría dolido mucho porque, en el fondo de su
mente, probablemente lo esté pensando. Tengo que lidiar con las ex de Rave
apareciendo por todas partes, y sé cómo se siente. Pero con Pandora, ya tienes un
pasado complicado, y creo que ella está realmente luchando por confiar en ti.
—¿Qué debo hacer para demostrarle que nunca la engañaré? Sólo le seré
leal.
Mi historia sexual viene a morderme el trasero. Para empezar, no debería
haberme follado a nadie que trabajara en los terrenos del castillo. Nunca pensé en
cómo se sentiría mi futura pareja porque nunca me imaginé encontrando a la mía.
Se sentía como una quimera futura, no como una realidad.
—Sigue demostrándole que hablas en serio. Sigue probándote a ti mismo. Y
deja de estar a solas con mujeres que te has follado, y por el amor del destino, deja
de llamarlas tus mascotas. —Gime, poniendo los ojos en blanco—. Te quiero, Soren,
pero a veces para alguien que se ha follado a tantas mujeres, puedes ser muy denso.
—Estoy aprendiendo —refunfuño, pasándome la mano por el cabello,
frustrado. Nunca he tenido una relación y lo estoy intentando, pero cometeré algunos
errores. Le paso a Astrid el plato de comida—. Dile a Rave que voy a Allyria.
Dondequiera que vaya mi pequeña bruja, la seguiré.
Y si quiere enfadarse conmigo, no pasa nada, pero lo haremos bajo el mismo
puto techo. No quiero darle tiempo para construir sus muros de nuevo, y no quiero
ningún espacio entre nosotros.
Está nevando a mares cuando llego a Allyria; el castillo de ladrillo negro y los
grandes cerezos en flor que lo rodean están cubiertos por un manto blanco. Es
precioso, así que me tomo un momento para admirarlo y disfrutar de la tranquilidad.
Este lugar fue una vez mi infierno, pero ella lo ha cambiado. El hogar de Pandora es
mucho más tranquilo, con menos gente alrededor que en casa. Sé que su población
es mucho menor que la de los fae, pero tampoco hay muchos guardias alrededor.
Por no mencionar que el castillo no tiene vallas que lo rodeen, está todo abierto. Eso
no me gusta nada. Cuando entro, me recibe una entrada con velas. La energía ha
cambiado aquí desde que Ebony se fue, y es visiblemente perceptible, una nueva
calidez se filtra en el castillo que no estaba allí antes. Sé que mi compañera lo trajo
aquí. Ha pasado de ser una tierra desolada a un paraíso invernal. Un lugar en el que
141 podría criar a mis futuros hijos. El fuego crepita en una enorme chimenea cuando
paso por la sala de estar y me dirijo a su dormitorio.
—¿Soren?
El alto y musculoso mago se detiene ante mí, mirándome de cerca.
Kainan.
—¿Sí? —pregunto, cruzando los brazos sobre el pecho.
Mi mirada se posa en la espada que lleva en la cadera. No tengo ningún
problema con el primo de Pandora, pero no lo conozco, así que me pongo en
guardia. Sé que ella confía en él, pero no me gusta que no se limitara a matar a
Ebony cuando vio cómo trataba a Pandora.
—Es una buena reina —empieza, con la voz baja para que no se oiga por el
pasillo—. Una líder amable pero feroz. Cuida de todos los huérfanos y se asegura de
que todos en nuestro reino tengan un lugar al que llamar hogar.
—Lo sé —respondo, preguntándome a dónde quiere llegar. Mis ojos se abren
de par en par cuando me doy cuenta—. ¿Crees que me la voy a llevar de aquí?
—Ella ya está mucho en el Reino Fae porque tú estás allí —responde,
moviéndose sobre sus pies—. Sí, puedo dirigirlo todo bastante bien en su lugar, pero
el reino la necesita. Es la única que puede protegernos.
No había pensado más allá de nuestra unión, y no me di cuenta hasta ahora
de que probablemente tendré que comprometerme y vivir aquí con ella. No me gusta
dejar a Rave y Astrid, especialmente siendo la mano derecha de Rave y el guerrero
más fuerte.
Por no hablar de su mejor amigo.
Pero Pandora es reina, y no puedo pedirle que dé la espalda a su reino. Ella
hace que funcione, moviéndose entre ambos, y yo también puedo. Tengo que hablar
con Rave y Astrid para asegurarme de que están de acuerdo con eso.
—La apoyaré como reina —le aseguro, poniendo la mano en su hombro—.
No tienes por qué preocuparte.
—La apoyarás como rey —responde, arqueando la ceja—. Espero que estés
preparado para ello.
Mierda.
No pensé en eso. Si nos unimos, seré el Rey del Reino Brujo.
Puedo decir sinceramente que no es algo que pensara que ocurriría en mi
vida. Estoy feliz de ser simplemente su consorte.
No necesito ningún título.
Sólo la necesito a ella.

142 Encuentro a Pandora sentada en su cama con las rodillas contra el pecho y
la espalda apoyada en el cabecero.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta frunciendo el ceño.
—Tú estás aquí.
Dejo las armas sobre la mesa junto a su cama y la estrecho entre mis brazos
para que se siente en mi regazo. Su aroma a cereza huele a hogar.
—Siento mucho que hayas oído todo eso, cariño. Lo eres todo para mí. Lo
sabes, ¿verdad? Nunca habrá nadie más. Ni siquiera he pensado en otra mujer
desde el momento en que supe que eres mía. Y nunca lo haré.
—¿Cómo sabes que no te aburrirás dentro de unos años? —me pregunta,
enterrando la cara en mi cuello—. ¿Y si no soy suficiente para ti sexualmente? ¿Y si
todas las cosas que dijo son ciertas?
Apretando los dientes, levanto su cara para que me mire, sujetando su barbilla
entre el pulgar y el índice.
—Eres más que suficiente para mí. Eres más de lo que jamás imaginé. Pasaré
el resto de nuestras vidas demostrándote lo mucho que te amo y lo leal que te seré.
—Soren...
—Quiero unirme a ti, Pandora. Eso significa que quiero entregarme por
completo a ti y compartir todo lo que soy contigo. Compartiré mi magia, mi cuerpo,
mi alma. Todo lo que tengo es tuyo. ¿Crees que haría algo para joder eso? Esta es
la única boca que quiero —gruño, besando sus labios. Mi mano se mueve para
acariciar posesivamente su coño—. Este es el único coño que quiero. —Le aprieto
el corazón con la otra mano, sintiendo cómo se acelera—. Te quiero toda. Soy
jodidamente tuyo, ahora por favor sé mía.
Sentándola de nuevo en la cama, me arrodillo ante ella, haciendo algo que
nunca he hecho por otra persona en mi vida.
Me someto a ella.
Sus ojos violetas se abren de par en par al darse cuenta de lo que estoy
haciendo.
—Estoy a tus órdenes, brujita.
Le estoy dando lo más importante de mi vida, aparte de ella.
Mi control.

143
CAPÍTULO
TREINTA Y DOS
Pandora
Soren está arrodillado ante mí, con sus ojos grises clavados en mí, esperando
a que le diga lo que quiero. Me doy cuenta de que tengo que confiar en él y aceptar
su pasado, o me comerá viva cada vez que nos encontremos con una mujer a la que
se haya follado. Repitiendo la conversación en mi cabeza, Soren le dijo todas las
cosas correctas excepto llamarla su mascota. Me defendió y le dijo que bajo ninguna
circunstancia volvería a estar con ella. Fueron sus palabras las que realmente
tocaron un punto sensible para mí, expresando las preocupaciones que tengo en el
fondo sobre nuestra relación. ¿Y si le doy todo de mí y me hace daño? Él está siendo
vulnerable conmigo en este momento, y yo tengo que hacer lo mismo a cambio.
Soren empieza a besarme las piernas desnudas, empezando por las
pantorrillas y subiendo hasta el interior de los muslos.
—¿Qué quieres, ama mía?

144 Mierda, sí que se está metiendo en esto.


—Quiero que dejes de llamar mascotas a todas las mujeres que te has follado
—afirmo, frunciendo los labios—. Tus cualquier cosa. Si eres mío, ya no vas a tener
un maldito harén, Soren. Y tampoco vas a estar ahí para ellas emocionalmente, y no
estás obligado a darles cuidados posteriores para siempre sólo porque fuiste su amo
durante una puta noche.
Y sé que eso es lo que hacía, pero ya no tienen esa faceta suya.
Me abre los muslos, deslizando el vestido con sus cálidas manos, y frota su
mejilla contra la cara interna de mi muslo.
Me gusta de rodillas.
Pero me encanta que sea él quien tenga el control.
—Desnúdate y súbete a la cama —le exijo, y él obedece, desnudándose hasta
que mis ojos se deleitan con su cuerpo duro y musculoso, su guerrero afilado a la
perfección. Se tumba en la cama, con su polla dura y perforada sobresaliendo
orgullosa. Incluso dejándome llevar la voz cantante hoy, la dominación le sale por los
poros. Así es él. La tensión entre nosotros aumenta cuando me arrodillo en la cama,
le doy un lento repaso pero sin tocarlo. Aun así, espera pacientemente mi siguiente
orden, apoyando las manos detrás de la cabeza y mirándome con ojos grises
encapuchados.
Es hermoso.
Mortal.
Y todo jodidamente mío.
Y sí, duele que haya repartido trozos de sí mismo por los ocho reinos, pero
de entre todas las mujeres de cualquier reino que exista, el destino me eligió a mí
para él.
Y a él para mí.
Eso significa algo.
Hemos pasado por un infierno para llegar a este punto, y ambos merecemos
un poco de felicidad. Y supongo que eso significa poner mi corazón en juego por
este guerrero que siempre he querido pero que siempre estuvo fuera de mi alcance.
Nuestros ojos no se apartan el uno del otro.
Cuando Soren me mira, me mira a mí. Sé que tengo toda su atención. Está
tan en sintonía conmigo, y es intenso.
Me quito el vestido y las bragas de las piernas, me pongo a horcajadas sobre
él y me hundo lentamente sobre su gruesa y dura polla. Sus manos se dirigen a mis
caderas, levantan las suyas y me follan por debajo, desde abajo.
—Te amo, brujita —gruñe, penetrándome con un ardor y una desesperación
que me tienen húmeda y necesitada de él.
—Yo también te amo, Soren —digo ronca, con la voz entrecortada.
Pierde el ritmo, sus ojos parpadean de sorpresa y luego de una emoción
145 indefinible. Renunciando a jugar al sumiso, me tumba boca arriba y me levanta los
brazos por encima de la cabeza, sujetándome las muñecas con la mano.
—Dilo otra vez —me exige, mordiéndome el labio inferior con los dientes—.
Necesito oírtelo decir.
—Te amo —susurro, correspondiendo a cada una de sus embestidas.
Me folla más fuerte.
—Más alto —me ordena, y gimo cuando sus labios rozan los míos antes de
apartarse y esperar a que le dé lo que quiere.
Lo que necesita.
—Te amo —grito, y sus labios se lo tragan, su lengua baila con la mía mientras
sigue follándome con todo lo que tiene.
De repente, se sale de mí y me tumba boca abajo, poniéndome una almohada
bajo las caderas. Pero en vez de follarme otra vez, me entierra la cara en el coño por
detrás y empieza a lamerme como un muerto de hambre.
—Mierda —gimo, agarrándome a la almohada, con los ojos cerrados mientras
el placer me consume.
Dioses, es bueno en eso.
Me vengo en un santiamén, con las piernas temblorosas mientras me golpea
una oleada tras otra de placer. Soren no se separa de mi clítoris hasta que casi me
desplomo sobre el colchón.
El brillo dorado de la magia se eleva desde el suelo hacia arriba, deseando
que sigamos nuestro destino y unamos nuestros poderes.
—Soren.
Su nombre sale como una plegaria, y se queda quieto, girándome
suavemente para que quede boca arriba, con la almohada cayendo de la cama al
suelo.
Sus ojos escrutan los míos y es como si mirara dentro de mi alma.
—Quiero esto —susurro, agarrándolo por la nuca y atrayéndolo hacia mí—.
Únenos. Hazme tuya.
—¿Estás segura? —pregunta, con la garganta trabajándole mientras traga—
. Lo deseo tanto, dulzura. Pero quiero que tú también lo desees.
Asiento y planto un profundo beso en sus suaves labios.
—Sí.
—Mierda —maldice mientras vuelve a deslizarse dentro de mí. Estoy tan
mojada por el orgasmo y él está tan duro que lo siento por todas partes. Nuestra
magia empieza a entrelazarse mientras me folla, serpenteando a nuestro alrededor.
La habitación empieza a brillar tanto que todo lo consume mientras su magia se
derrama dentro de mí, y la conexión no se parece a nada que haya sentido antes.
Soren está dentro de mí. Y no solo en mi cuerpo. Somos dos mitades de la misma
146 alma.
—Mi brujita perfecta —susurra, sus ojos parpadean negros mientras consume
no sólo la luz que hay en mí, sino también el lado oscuro y muerto.
De repente, todo es demasiado, y ambos nos unimos, nuestro poder y magia
ondulando por nuestra piel mientras el vínculo empieza a establecerse. Siento un
cosquilleo en las muñecas y las cintas que nos unirán de por vida aparecen a la vista
de todo el reino. Soren se mira las manos que me cubren la cara y nota sus bandas
doradas. El resplandor de la magia dorada hierve a fuego lento hasta que ambos
podemos respirar tranquilos y la presión cede.
Soren respira hondo y me pasa la yema áspera del pulgar por la mejilla.
—Fue increíble —dice con voz ronca, lamiéndose el labio inferior—. ¿Estás
bien?
Asiento con la cabeza.
Inspecciona mí cara.
»¿No te arrepientes?
—No —respondo con sinceridad cuando se separa de mí y se pone a mi lado,
apretando mi cuerpo contra el suyo.
Sus labios se curvan en una hermosa sonrisa, llena de auténtica felicidad.
—Soy el hombre vivo más afortunado.
Baja la cabeza para besarme y sonrío contra su boca.
»Ahora eres mía.
—Siempre he sido tuya —le responde mientras me recorre el cuello con los
labios. Me hace el amor una vez más antes de meternos juntos en la bañera,
disfrutando de la nueva conexión.
Puedo sentir sus emociones, casi como si fuera una extensión de mí, y es una
sensación muy íntima. Permitiendo que mi cuerpo se adapte a la magia extraña que
se extiende a través de mí, me siento bien. Fuerte. Indestructible.
Como si ahora fuera quien siempre debí ser.
Una vez vestidos, llevo algo de comida a la cama.
—Sabes que te estaba preparando el desayuno esta mañana —dice, dando
un mordisco al queso—. No he cocinado en mi vida, pero quería darte de comer.
Levanta la mano, espera a que abra la boca y me da un bocado de pan con
mantequilla y miel. Me observa como a su presa mientras mastico y trago, con sus
ojos brillantes de dominación.
—¿Tenemos hambre? —pregunta en tono ronco cuando vuelvo a abrir la
boca.
—Siempre —respondo, relamiéndome los labios.
Sus labios se ensanchan en una sonrisa ladeada y complacida.
147 —Quiero que termines de comer, luego tomaré mi postre. Voy a lamerte el
coño hasta que grites por mí, brujita. Y luego voy a pintar tu piel con mi semen.
Sus palabras me provocan una punzada de necesidad, pero lo único que hago
es sonreír, recoger una fresa y comérmela despacio.
Demasiado despacio.
—Debería haber sabido que mi compañera predestinada sería una mocosa
—refunfuña, y yo me río, me agacho en el último cajón y saco algo para él.
—¿Qué es eso? —pregunta, con su gran palma acariciándome el trasero.
Saco la máscara que había hecho para él. De plata y oro blanco, sigue siendo
una calavera, parecida a la que llevaba antes, pero esta empieza en la nariz, dejando
visibles los ojos.
Sus cejas se levantan cuando se la doy, con una mirada de curiosidad
bailando en sus ojos.
—No quiero que cambies lo que eres y lo que te gusta...
—Sólo estar contigo es lo que me gusta. No necesito nada más. Me encanta
el sexo que tenemos, cariño. Necesitaba distracciones y juegos con las otras mujeres
para mantenerlo interesante. Contigo, no. Tú eres suficiente.
Le agradezco que me lo diga, pero sigo queriendo que me folle con la
máscara puesta.
—Póngasela, señor.
Su pecho sube y baja.
—Ponte de rodillas, brujita.

CAPÍTULO
TREINTA Y TRES
Pandora
Después de pasar todo un día y una noche en la cama, Soren y yo nos
reunimos con Kainan y lo ponemos al día de los problemas con Declan y del hecho
de que la guerra está de nuevo a nuestras puertas. Ahora que estamos unidos, tengo
que tomar muchas decisiones sobre la gestión de mi reino. Puedo nombrar a Soren
consorte o rey, o podría renunciar y seguir a Soren a Aravelle, dejando que Kainan
me sustituya.
Pero siempre he sabido que no tomaría la segunda opción. No dejaré a mi
148 gente, pero puedo seguir visitando el Reino Fae como hasta ahora, así que de
cualquier forma, creo que podemos hacer que funcione.
—Sabes que no puedo abandonar mis responsabilidades, ¿verdad? —le
pregunto mientras caminamos de la mano por la nieve, con nuestras nuevas bandas
doradas de apareamiento rozándose.
—Lo sé —responde, deteniéndose bajo mi cerezo en flor favorito—. Puedo
ver a nuestros hijos creciendo aquí, haciendo muñecos de nieve y corriendo por los
jardines.
Arqueo una ceja oscura.
—¿Niños?
Le tiembla el labio.
—Sí, me gustaría tener hijos. ¿A ti no?
—Quiero decir, sí —respondo, relamiéndome los labios helados—. Algún día.
Nunca he pensado demasiado en ello porque nunca pensé que esto sería una
realidad para mí. Me agacho y suelto la mano de Soren para recoger un puñado de
nieve. Le doy forma de bola, me alejo de él, le tiro la bola de nieve a la cara y me
escondo detrás del árbol.
Soren se ríe, un sonido profundo que me arranca una sonrisa.
—Me gusta la persecución, brujita. ¿O lo has olvidado?
—No he olvidado nada —respondo, preparando otra bola de nieve—.
Recuerdo lo que dijiste. 'Esa mierda es como los preliminares para mí'. —Imito su
tono grave, y se ríe más fuerte.
El sonido es justo lo que necesita este castillo.
Y entonces corro hacia el bosque, y mi rastreador me persigue.

—Realmente ganaste contra la vieja Reina Bruja —oigo que le dice Rave a
Soren cuando entro en el comedor, con una sonrisa burlona en los labios.
Levanto las cejas.
—Esto tengo que oírlo.
Rave se ríe.
—Tus hijos medio faes serán los siguientes en la línea de sucesión al trono.
Estamos tomando el poder lentamente, un reino a la vez.
—Oye, tus hijos tendrán sangre de súcubo y de ángel —señala Astrid,
149 sonriendo—. Perdón por diluir tu línea, papá sombra.
Los ojos de Rave parpadean ardientes, y Soren y yo compartimos una mirada.
Pongo los ojos en blanco y él tuerce el labio.
—Mi preciosa compañera —murmura, poniéndose de pie y tendiéndome la
mano. Desde que estamos en nuestra propia burbuja, volver aquí ha sido un golpe
de fría y dura realidad.
Rave mató a Declan.
Milana sigue en el calabozo.
August es un maldito desastre.
Y con la muerte del imbécil, hemos traído la guerra sobre nosotros.
La mano de Soren se entrelaza con la mía.
Levanto la vista y contemplo su atractivo perfil.
No todo está perdido.
Estoy vestida de cuero, lista para una batalla inminente.
Sinda entra en la habitación, Nico a su lado y sus hombros se tocan. Van
vestidos de guerra, armados con espadas y dagas.
—Se están moviendo.
Sólo llevo una daga encima.
No necesito armas.
Soy mi propia arma.
—¿Cuántos? —Rave pregunta, besando la parte superior de la cabeza de su
compañera.
—Tienen unos mil soldados —responde Nico, con la mandíbula tensa—. Tal
vez más. Sage tenía razón. Y no sabemos a qué magia nos enfrentamos. Tenemos
unos seiscientos guerreros.
Rave asiente, girándose ligeramente hacia mí, y yo asiento a su vez.
Puedo igualar esas probabilidades.
—¿Cuánto tiempo tenemos? —pregunto.
—Unas horas —responde Sinda, estirando el cuello de un lado a otro—. Nos
prepararemos.
Tres horas después, el ejército de Declan está en nuestras tierras. Todos nos
dirigimos a través del bosque a un claro abierto y los esperamos.
Mis ojos se entrecierran hasta convertirse en rendijas cuando veo a su líder.
Astrid frunce el ceño cuando Rion se adelanta, con los dedos apretando la
empuñadura de su espada. Su cabello rizado le despeina la frente, sus ojos rojos
clavados en Rave. La cicatriz que le atraviesa la ceja y se desliza por la mitad de la
mejilla le da un aspecto aún más ominoso. Es poderoso, el aire chisporrotea con la
150 promesa de su magia. Este es el hombre que una vez intentó secuestrar a Astrid, el
que finalmente terminó de nuestro lado, o eso creímos cuando salvamos a su
compañera del Rey Vampiro.
Pero también es el hombre que le dijo a Astrid que Zython la había
traicionado.
¿De verdad pensaba eso? Ahora me pregunto si realmente intentaba ayudar
o sólo causar discordia entre nosotros.
—Así que salvamos a tu compañera, ¿y así es como nos pagas? —Astrid grita,
sombras nadando alrededor de sus piernas.
—Queremos a Declan y Milana —responde Rion, ignorando sus palabras. La
estática parpadea en sus palmas, amenazándonos en silencio.
Trajimos a la mitad de nuestros soldados aquí, y el resto está vigilando el
castillo.
Soren se pone delante de mí, medio bloqueando mi cuerpo a modo de
protección. Está preocupado, y puedo sentirlo a través del vínculo.
Y se pregunta por qué Rave no.
—Declan está muerto —grita Rave, sombras pulsando en el aire—. Y
cualquier otro que amenace a mi compañera seguirá en su lugar.
—¿Dónde está Milana? —pregunta Rion, su postura llena de tensión.
—Milana se queda aquí —afirma August.
Mierda.
—Entonces no nos dejas otra opción —responde Rion, enseñando los
colmillos antes de hacer una señal a sus guerreros.
Cierro los ojos e invoco mi magia oscura, la que intento no tocar. Soren jadea
y sé que puede sentirlo todo.
—¿Brujita? —refunfuña, sacando su espada y poniéndose en guardia—.
¿Qué estás haciendo?
—Protegiéndonos a todos —respondo, agachándome y poniendo las manos
sobre la hierba.
Se vuelve negro.
Muerte.
No habrá nada más que muerte.
El ejército de Rion avanza, y nuestra primera línea hace lo mismo. El metal
choca contra el metal, y la magia chisporrotea por el campo.
Y entonces mi propio ejército de muertos vivientes aparece detrás de mí.
Sombreados en la oscuridad, parecen más demonios sombríos que muertos
vivientes.
Pero eso es lo que son: guerreros caídos que vuelven a luchar a mis órdenes.

151 —Eres una nigromante —jadea Soren, y oigo a Rion gritar de furia.
Y entonces llegan Bane, Zython, Axe, Kai y su ejército.
Nuestras cifras se han triplicado.
Bane da un paso al frente, vestido con su habitual traje negro. Su cabello
corto se ha alargado y le cae sobre la frente. Sus ojos oscuros recorren la zona antes
de posarse en Astrid, como si estuviera comprobando que se encuentra bien, y luego
en Rion.
Caen relámpagos delante de nosotros y retumban fuertes truenos.
Papi Tormenta está muy, muy enfadado.
—¿Cómo demonios acabas de llamarlo? —Soren gruñe, y mis ojos se abren
de par en par, sin darme cuenta de que lo he dicho en voz alta.
—¿Acabas de enterarte de que tu compañera es una nigromante, y te molesta
más que llame a Bane papi de la tormenta? —le susurro y le grito.
Sonríe.
—Ahora estoy un poco más relajado, sabiendo que mi reina tiene su propio
maldito ejército de muertos. ¿No ibas a avisarme de eso?
—Me gusta mantenerte adivinando. —Sonrío, levantando los brazos en el
aire.
Rion llama a todos sus guerreros hacia adelante, y yo me vuelvo hacia los no
muertos, pronunciando tres palabras que cambiarán el resultado de esta guerra.
—Mátenlos a todos.
Por eso no necesito puertas altas, muchos guardias ni un gran ejército.
Soy mi propio maldito ejército.
Y nadie jode a la gente que me importa.

152
EPÍLOGO
Bane
Derribando a tres hombres con mi rayo, dejo a Rion por Rave y atravieso el
ejército. Pero estoy distraído. Hay una llamada de la magia a mi alrededor que me
deja sintiéndome inquieto.
La mitad del ejército de Rion huye cuando ve a los muertos vivientes, y no los
culpo. Esta no es una lucha que van a ganar.
Rave lucha contra Rion, sombras contra electricidad.
Pandora lucha junto a Soren, que le cubre las espaldas mientras ella comanda
su ejército.
Lo tienen bajo control.
Y entonces es cuando la veo.
Está junto a Salem, Sage y Silver, tres hombres a los que nunca volvería a ver
si tuviera la oportunidad, es mi maldita compañera predestinada.
Y es impresionante.
Perfecta.
153 Cabello negro largo y liso que le llega hasta la curva del trasero, ojos castaños
como la miel y un cuerpo curvilíneo y redondeado al que estoy deseando ponerle las
manos encima.
Lleva una camiseta de tirantes azul brillante, pantalones de cuero negro y
botas con una flor morada en el cabello. No está vestida para luchar, y tengo que
preguntarme qué demonios está haciendo aquí. También lleva guantes negros que
parecen fuera de lugar con sus brazos desnudos, y mis pies se mueven
instantáneamente hacia ella.
—Mierda —pronuncian sus labios afelpados, sus ojos miel de pestañas
oscuras se abren de par en par al sentir el pulso mágico entre nosotros.
Y entonces me doy cuenta de quién es exactamente.
La hermana menor de los trillizos.
Saylor.
Es una ilusionista.
Y conocida por ser un comodín, una mezcla de mortal y loca consentida.
Mis ojos se mueven entre sus hermanos, que ahora me miran como si
quisieran matarme, cuadrando los hombros.
No puedo arriesgarme.
En un movimiento rápido, que nadie ve venir. Los empujo hacia atrás con una
fuerte ráfaga de viento, protegiéndola al mismo tiempo. Luego la levanto y me la echo
al hombro, sacándola de allí antes de que tengan oportunidad de atacar.
Mi compañera predestinada no va a estar de pie en medio de un campo de
batalla, vestida para una puta fiesta en la playa. Hemos ganado de todos modos,
especialmente con el ejército de Pandora. Definitivamente no vi venir eso, no de la
dulce y pequeña bruja.
—¿Qué demonios estás haciendo? —sisea Saylor, pellizcándome el trasero
con sus dedos enguantados.
Tomando lo que es jodidamente mío.

Continuará...

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EXILED PRINCE
(Fated Love Book 4)

155 Disponible el 10 de febrero del 2025


ACERCA DE LA
AUTORA

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Chantal Fernando, autora superventas del New York Times y el USA Today,
vive en Australia Occidental.
Amante de todo lo romántico, Chantal es autora de los bestsellers Dragon’s
Lair, Maybe This Time y muchos más.
Cuando no está leyendo, escribiendo o soñando despierta, disfruta de la vida
con sus tres hijos y su familia.
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