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Contratos

El documento aborda la teoría general del contrato, destacando su importancia en la práctica contractual y la evolución de su definición en el Código Civil y Comercial de Argentina. Se analizan las características esenciales de los contratos, su naturaleza jurídica, y su relación con el orden público y la tutela constitucional. Además, se clasifica los contratos en paritarios y celebrados por adhesión, enfatizando las diferencias en el poder negociador entre las partes.

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Contratos

El documento aborda la teoría general del contrato, destacando su importancia en la práctica contractual y la evolución de su definición en el Código Civil y Comercial de Argentina. Se analizan las características esenciales de los contratos, su naturaleza jurídica, y su relación con el orden público y la tutela constitucional. Además, se clasifica los contratos en paritarios y celebrados por adhesión, enfatizando las diferencias en el poder negociador entre las partes.

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UNIDAD 1

Contratos

El estudio de la teoría general del contrato encuentra relevancia en ser una condición
necesaria para la práctica contractual. Por un lado, para una correcta redacción de
contratos, por otro, para una correcta comprensión, interpretación, argumentación y
solución de casos contractuales.

Contratos; Concepto y naturaleza jurídica

Vélez.

En el código de Vélez existía, en su Art, 1137, la siguiente definición: “Hay contrato


cuando varias personas se ponen de acuerdo sobre una declaración de voluntad común,
destinada a reglar sus derechos”. El consentimiento ya era el elemento central.

Vélez dio pie a la “Teoría del acto jurídico contractual” en su distinción entre contrato y
convención, afirmando que “todo contrato es una convención, pero no toda convención,
aunque tenga efectos civiles, es contrato.”

Código Civil y Comercial

Los contratos en general se encuentran legislados en el título II y III del libro III. En el
Art. 957 del CCYCN se encuentra definido el mismo, dice “Contrato es el acto
jurídico mediante el cual dos o más partes manifiestan su consentimiento para
crear, regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales”.

Implicó grandes cambios y mejoras con respecto a la definición del código anterior,
siendo más preciso, y en especial, se cambia la palabra “personas” por “partes”, en
razón de que una parte del contrato puede estar integrada por más de una persona (por
ejemplo, tres hermanas heredan un inmueble, quedando en la situación jurídica de
condominas).

Los verbos utilizados en la definición dan cuenta de los múltiples efectos jurídicos que
se pueden producir por medio de los contratos. Así, ejemplo de contrato creativo es el
de compraventa; de contrato modificativo el de cesión de derechos, y el de contrato
extintivo los diversos acuerdos para poner fin a contratos, como la rescisión bilateral, la
transacción o el arbitraje. Leiva Fernandez señala que no todos los verbos parecen
necesarios, y que el concepto quedaría igual de íntegro y completo mencionando crear,
regular y extinguir relaciones jurídicas patrimoniales.

Características o elementos básicos del contrato, además de la voluntariedad y


licitud, son los siguientes:

Se trata de un acto jurídico bilateral o plurilateral. El contrato como acto jurídico


siempre será bilateral por requerir la presencia de dos o más partes, pudiendo luego
distinguirse si se trata de un negocio generador de obligaciones para una o varias partes,
en tanto que el acto jurídico (género) puede ser también unilateral, y emanar de una sola
voluntad, como es el caso del testamento.

Se trata de un acto entre vivos. El contrato se celebra para producir efectos en vida de
los contratantes, recordando que se encuentran prohibidos los contratos sobre herencia
futura.

Se trata de un acto de índole patrimonial (creditorio). El contrato genera obligaciones


cuyas prestaciones deben ser, más allá del interés de las partes (el cual puede ser no
patrimonial), apreciables en dinero o susceptibles de valoración económica.

Distinción del contrato y…

Ley: es obligatoria para todos los que habitan el país, y tienen interés general o
colectivo. El contrato es obligatorio solo para las partes, hay un interés individual y no
colectivo.

Acto administrativo: aquellos que emanan de un órgano administrativo en el


cumplimiento de sus funciones. Pueden ser contractuales o no. En aquellos de
naturaleza contractual, debemos distinguir si el estado actúa como persona de derecho
público (se aplica el derecho administrativo) o privado (se aplica el CCyCN).

Sentencia: el contrato es un acuerdo de dos o más personas (bilateral) y la sentencia es


la decisión del órgano judicial (es un acto unilateral). El contrato señala el comienzo de
una relación jurídica y la sentencia da solución a las divergencias nacidas de un
contrato. La sentencia tiene ejecutoriedad, es decir, puede ejecutarse mediante fuerza
pública, y el contrato no. La sentencia resuelve cuestiones patrimoniales y no
patrimoniales, y el contrato solo es patrimonial.

Convención colectiva: puede tratar sobre cuestiones patrimoniales o


extrapatrimoniales, y el contrato solo patrimoniales.

Naturaleza Jurídica

El contrato es un acto jurídico bilateral o plurilateral de contenido material entre


vivos, por lo que se deben aplicar las disposiciones del libro I, título IV, CCYCN,
relativa a los hechos y actos jurídicos (conf. Art 1003 CCYCN).

El acto jurídico es el género y el contrato la especie. La importancia del género radica


en la extensión de su ámbito de aplicación.

Recordemos que el acto jurídico es “el acto voluntario lícito que tiene por fin inmediato
la adquisición, modificación o extinción de relaciones o situaciones jurídicas (Art. 259
CCYCN).”

Así también, el acto voluntario se encuentra definido en el Art. 260 CCYCN,


definiendo que aquel es el ejecutado con discernimiento, intención y libertad (elementos
internos), que se manifiesta por un hecho externo (elemento externo).

El discernimiento es la habilidad de conocer y distinguir lo útil y ventajoso de lo


nocivo y perjudicial. Los vicios de este elemento interno de la voluntad cercenan la
misma, con potencial de exterminarla. Estos son: la privación de la razón, los actos
ilícitos de los menores de diez años, y los actos lícitos de los menores de trece años.

La intención es el discernimiento aplicado a un caso concreto. Se quiere hacer lo que


se sabe. Sus vicios son el error y el dolo-vicio (como aquel que interfiere en la
formación del acto jurídico a través del ardid, maquinación o engaño).

La libertad es la autodeterminación o facultad de elegir entre distintas opciones. Su


vicio es la violencia (tanto fuerza irresistible como amenaza). Los vicios de los
elementos internos de la voluntad, cuando aparecen en la etapa inicial del negocio,
tornan a este, en claudicante. Esta situación implica que, al contrato como acto jurídico
bilateral patrimonial, le sean aplicables, en los supuestos de restricción de capacidad o
incapacidad, error, dolo o violencia, en la voluntad relativa de las partes, las
disposiciones de nulidad absoluta o relativa previstas en el cap. 9 del título IV del libro I
CCYCN.

La manifestación es el elemento externo de la voluntad por un hecho exterior. Esta


puede realizarse a través de declaraciones o comportamientos, este último entendido
como cualquier hecho del lenguaje que se valga de símbolos para transmitir ideas.
Puede ser expresa o tácita, según el CCYCN en su Art 262.

La regla es que el silencio no es manifestación de voluntad. Pero las excepciones nos


dan a entender que el valor del silencio llega a depender no de su expresividad, sino de
la carga o del deber de hablar, es decir, de las circunstancias idóneas para volcar los
efectos jurídicos del propio silencio. Desde una perspectiva tripartita de la teoría general
del contrato, podemos coincidir con Leiva Fernández en que, en un contrato de
consumo, una cláusula que otorgue valor de manifestación de voluntad al silencio, sería
abusiva. En este sentido, en el derecho del consumidor, nunca el silencio o la
conducta evasiva del consumidor podrá ser interpretada como aceptación.

La relación de los contratos con los hechos y actos jurídicos es de suma importancia en
cuestiones como los vicios de los actos jurídicos -lesión, fraude, simulación-, las
ineficacias estructurales del negocio jurídico, entre otras.

Tutela constitucional del contrato

La constitucionalización del derecho privado constituye una innovación profunda del


CCYCN, estableciéndose una comunidad de principios entre la CN, el derecho público
y el derecho privado. Siguiendo esta orientación encontramos el Artículo 1 del CCyCN,
que denota “Fuentes y aplicación. Los casos que este Código rige deben ser resueltos
según las leyes que resulten aplicables, conforme con la Constitución Nacional y los
tratados de derechos humanos en los que la República sea parte. A tal efecto se tendrá
en cuenta la finalidad de la norma…”.
En materia contratos, la constitución no menciona expresamente la libertad de
contratación, pero si desarrollamos argumentos para entenderlo como un derecho
implícito:

-Es emanación directa de la autonomía personal, según Art. 19 CN.

-Constituye un aspecto de la libertad de trabajar, conforme al Art. 14 CN.

-Es parte de la libertad económica, siendo la competencia de un bien de incidencia


colectiva, conforme al Art. 43 CN.

-Es una posición jurídica que integra, como tal, el concepto de propiedad protegido
por la CN en su Art. 17.

En tal orden, la norma del art. 965 CCYCN, expresa “Derecho de propiedad. Los
derechos resultantes de los contratos integran el derecho de propiedad del contratante”,
incorporándose así al criterio de la CSJN en “Avico c. de la Pesa. 1934”.

Explica Rosatti que la Constitución de 1853/60 reconoce en el artículo 14 el “derecho a


comerciar”, tal derecho “lleva implícita la libertad de contratación”, de la cual se
exterioriza clásicamente en un triple aspecto: 1) La libertad de elegir el cocontratante; 2)
la libertad de celebrar el contrato; 3) la libertad de determinar el contenido del contrato.
Seguidamente se explica que, dada la dinámica del capitalismo, se desprenden tres
exteriorizaciones típicas del concepto clásico de contrato:

La libertad de elegir con quién contratar.

La libertad de celebrar el contrato.

La libertad de determinar el contenido del negocio.

Las distintas cláusulas de orden constitucional constituyen el fundamento supremo de la


autodeterminación y de la autorresponsabilidad de las personas, y además las mismas
son de una importancia sustancial en los negocios, dado que justifican la crisis de la
“libertad contractual” irrestricta, y denota la necesidad de una intervención subsidiaria,
excepcional y prudente por parte del estado en los negocios.
Esto último nos conecta con la idea de…

Orden Público

El “orden público” constituye una noción molecular dentro del sistema normativo.
Podríamos identificarlo como aquel conjunto de normas que concretan los consensos
mínimos de índole social, económica, religiosa, de principios y valores en un estado
determinado. El orden público actúa como limitante del obrar de los particulares o
impone determinadas conductas o comportamientos, con fines de dirección de la
economía o de protección de los débiles.

En los contratos, el orden público cuenta con distintas disposiciones, por ejemplo:

Art. 279 CCYCN: Que el acto jurídico no sea contrario al orden público. Reiterado
en los contratos en el Art. 1004 CCYCN.

En el libro III, título II, cap. 1, Art. 958, CCYCN, se encuentra la libertad de
contratación, en la cual se menciona que “las partes son libres para celebrar un contrato
y determinar su contenido, dentro de los límites impuestos por la ley, el orden público,
la moral y las buenas costumbres”. En el artículo 252 del DNU 70/2023, se sustituye
este artículo quitando las nociones de “moral y buenas costumbres”.

El DNU 70/23 también modifica, en su Art. 253, las facultades de los jueces, que
disponía previamente que las excepciones se encontraban cuando sea “a pedido de las
partes cuando lo autoriza la ley, o de oficio cuando se afecta el orden público”,
quedando de la siguiente manera: “Art. 960 CCYCN. Facultades de los jueces. Los
jueces no tienen facultades para modificar las estipulaciones de los contratos, excepto
que sea a pedido de una de las partes cuando autoriza la ley”.
Clasificación de los contratos en el código civil

En el Código de Vélez se legisla una clasificación del contrato en cuatro categorías


distintas: bilaterales y unilaterales, onerosos y gratuitos, consensuales y reales, y
nominados e innominados.

Clasificación Tripartita

El nuevo orden contractual, previsto por el CCyCN conforme la ley 26.994, instancia en
donde se incorporarán normativamente los contratos celebrados por adhesión y las
relaciones y contratos de consumo. La clasificación no tiene nada que ver con los “tipos
contractuales”.

El CCyCN, en rigor, tiene un sistema con dos categorías autónomas, los contratos
paritarios y los contratos de consumo, radicando la particularidad de los contratos
celebrados por adhesión a cláusulas generales predispuestas en el procedimiento de
formación del consentimiento, encontrándose cercenada la libertad de configuración, en
cabeza del adherente.

En consecuencia, podemos encontrar:

contratos paritarios negociados (la compraventa de un inmueble al vecino para


agrandar nuestra casa).

o paritarios celebrados por adhesión, (la contratación empresaria, como son los
contratos de franquicia, concesión o distribución. También los contratos celebrados con
profesionales con título habilitante).

y contratos de consumo negociados (la compraventa de un automóvil usado en una


concesionaria, en donde suele negociarse el precio, la forma de pago, la entrega en parte
del pago de otro vehículo, etc.).

o de consumo celebrados por adhesión (La mayoría de contratos de consumo son


celebrados por adhesión, es decir, el consumidor se limita a aceptar las condiciones
predispuestas por la empresa proveedora).

La presencia del principio protectorio, así como la injerencia del legislador y jueces, en
el vínculo negocial, va in crescendo desde los contratos discrecionales, pasando por los
contratos por adhesión (donde el principio pasa por la etapa de formación), hasta llegar
a su mayor extensión en los contratos de consumo (en los cuales el principio se
encuentra en todas sus fases).

Contratos Paritarios

Estos contratos constituyen el modelo de negocios del contractualismo clásico francés.


Se definía, en su origen, como “el acuerdo de dos o más personas que han llegado al
mismo mediante la posibilidad de un debate en pie de igualdad…”. Pero, ante el avance
de la contratación masiva entre partes de desigual poder negociador, se visualiza que los
contratos “entre iguales” solo queda circunscripto a contratos entre empresas,
absorbiendo la casi totalidad de la realidad contractual los contratos entre desiguales.

Así, Claudia Wagner concluye: “Contratos paritarios o discrecionales son aquellos


celebrados entre personas jurídicas, sociedades o empresas, pero la gran diferencia de
poder económico que a veces se presenta entre las mismas empresas, lleva a sostener
que también hay situaciones de abuso de la gran empresa sobre la pequeña”.

Contratos celebrados por adhesión a cláusulas generales predispuestas


(Modelo “Tómalo o déjalo”)

A modo de inicio, aclara Mosset Iturraspe, en su obra “Contratos”, que los contratos
celebrados por adhesión a cláusulas predispuestas no constituyen un tipo contractual
específico, sino un modo celebratorio. Su particularidad se encuentra en que en la
redacción de las cláusulas y reglas internas (configuración del contenido negocial), solo
interviene una parte, denominada predisponente o proferente, quien, por esa posición
contractual supra ordinada, goza de un mayor poder de decisión que la otra parte,
denominada adherente, a quien solo le resta la facultad de aceptar in totum las
condiciones preconfiguradas, o bien negar su consentimiento. Por tanto, existe una parte
fuerte y una parte débil.

Destacaba Atilio Alterini que estos contratos con cláusulas predispuestas representan un
instrumento adecuado para la economía de masas, debido a su ahorro significativo
propio de una economía de escala, así como el ahorro de tiempo al evitar ir a
discusiones individuales.

Este modelo se encuentra del artículo 984 al 989 del CCyCN, y definido en el 984: “El
contrato por adhesión es aquel mediante el cual uno de los contratantes adhiere a
cláusulas generales predispuestas unilateralmente por la otra parte o por un tercero, sin
que el adherente haya participado en su redacción”.

Las cláusulas deben ser comprensibles o autosuficientes (art. 985 primer párrafo), y su
redacción debe ser clara, completa y fácilmente legible (art. 985 segundo párrafo). Se
tienen por no convenidas (nulidad parcial) aquellas que efectúan un reenvío a textos o
documentos que no se facilitan a la contraparte del predisponente, previa o
simultáneamente a la conclusión del contrato.

En caso de incompatibilidad o contradicción entre una cláusula general y una particular,


se hace prevalecer la particular (conforme al art. 986 CCyCN). Ahora, con
independencia de la regla normativa, el intérprete deberá valorar el contenido con una
mirada a favor del adherente (conf. art.987 CCyCN) y de la justicia contractual.

Contratos de Consumo

Un contrato de consumo es un acuerdo celebrado entre un consumidor y un proveedor


en el marco de una relación de consumo, con el objetivo de adquirir bienes o servicios
para uso final. Está regido por un plexo normativo compuesto por el artículo 42 de la
Constitución Nacional, la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor y sus modificaciones,
el Código Civil y Comercial de la Nación (arts. 1092 a 1122), la Ley de Lealtad
Comercial (DNU 274/19) y la Ley de Defensa de la Competencia (Ley 27.442), entre
otras normativas específicas según el tipo de relación.

Se caracteriza por la existencia de un principio protectorio, basado en la vulnerabilidad


del consumidor, y la imposición de deberes accesorios a cargo del proveedor, como la
información adecuada, la seguridad y el trato digno.
Plexo normativo para contratos de consumo:

Artículo 42 CN.

Ley 24.240 y modificaciones. Art. 3 ley 24.240.

Código Civil y Comercial, libro III, título III (arts. 1092 a 1122).

Ley de Lealtad Comercial, hoy DNU 274/19.

Ley de Defensa de la Competencia, hoy ley 27.442.

Naturalmente, este plexo normativo es el común denominador a estudiar en todas las


relaciones y contratos de consumo, sin perjuicio de que, conforme al tipo de relación
jurídica en particular, deberá revisarse la normativa específica. Por ejemplo, si
analizamos el caso de un paciente frente a una empresa médica, deberemos revisar la
ley 26.529 (derechos del paciente).

En relación al Art. 42 CN, nos dice Rosatti que procura asumir la problemática del uso
y consumo desde distintos ángulos (educación, salud, seguridad, economía), a la vez
que comprende cuestiones tradicionalmente reguladas por el derecho privado (relación
consumidor-fabricante, relación consumidor-oferente) y aspectos propios del derecho
público (regulaciones macroeconómicas sobre monopolios, normas educativas, etc.).
Estas nociones dan lugar a un derecho de consumo transversal, es decir, que la relación
de consumo atraviesa al derecho de las obligaciones, contratos, público y privado.

El principio protectorio en materia de consumo radica en la posición de vulnerabilidad


de una de las partes de la relación jurídica (el consumidor) respecto a la otra parte (el
proveedor).

Los vicios de las cosas adquiridas en la contratación de consumo no requieren las


notas de gravedad y de ocultos para la procedencia de la garantía.

Aspectos necesarios para la comprensión de las relaciones de consumo:

Relación jurídica o relación de consumo. Desde una perspectiva amplia, nos referimos
a las problemáticas del consumidor como una problemática de todos, tanto pobres como
ricos, instruidos e ignorantes, de ciudad y de campo… Por otro lado, desde una
perspectiva restringida o legal, se vuelve necesario indagar en su alcance contemplado
por el legislador. Aquí se presenta el Art. 1092 CCyCN, que en su primera parte define
“Relación de consumo es el vínculo jurídico entre un proveedor y un consumidor”,
teniendo posibles fuentes un hecho o acto jurídico, unilateral o bilateral, una práctica o
técnica de marketing.

El consumidor es definido en función del destino que le asigna a los bienes o servicios
que dispone:

Consumidor Directo: “La persona humana o jurídica que adquiere o utiliza, en forma
gratuita u onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de
su grupo familiar o social” (Art. 1, ley 24240 y art. 1092 CCyCN).

Consumidor indirecto es quien “sin ser parte de una relación de consumo como
consecuencia o en ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios, en forma
gratuita u onerosa, como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o
social” (Art. 1, ley 24240, segundo párrafo). Aquí se presenta el usuario, que es quien
usa sin contratar, pudiendo ser un invitado, familiar o tercero. La noción de consumidor
indirecto o fáctico “incluye al no contratante que resulta dañado por un producto
elaborado, como también al pasajero transportado y a quienes se les extiende los efectos
del contrato de consumo como, por ejemplo, al conductor autorizado en el seguro
automotor o al beneficiario en el seguro de vida”.

El consumidor expuesto es el que “de cualquier manera está expuesto a una relación
de consumo” (bystander). Por ejemplo, el que extendió a los organizadores de un
espectáculo público la responsabilidad por accidente para indemnizar los daños
provocados a quien se encontraba en las inmediaciones de un estadio deportivo. En el
Art. 1096 CCyCN encontramos su referencia, mencionando a todas las personas
expuestas a las prácticas comerciales.

Consumidor en situación vulnerable, refiriéndose a la posición de inferioridad ya


antes explicada del consumidor promedio. Aquí también se encuentran los
consumidores hiper vulnerables, entendiéndose a discapacitados, adultos mayores,
niños, etc.

Las personas jurídicas como consumidores cuentan con dos modos de tratarlos según
su fin. Según Aparicio, teoría finalista: Si no tienen fines de lucro, será factible
atribuirles la condición de consumidor, por ejemplo en el caso de una fundación o
asociación que adquiera bienes o servicios para cumplir con su actividad o transmitirlos
a título gratuito. Si tienen fines de lucro ya se vuelve difícil revestirlos del carácter de
consumidor, porque todos los actos que realiza, están vinculados con la actividad de
producción o intercambio profesional. Según la teoría maximalista, los que adquieran
bienes o servicios deben ser considerados consumidores siempre.

La importancia del asunto cabe en que, si no se los considera consumidores, existe la


imposibilidad de formular denuncias y articular pretensiones en expedientes ante la
Dirección de Defensa del Consumidor, así como la imposibilidad de gozar del beneficio
de gratuidad de los expedientes judiciales.

El proveedor es, según el art. 2 de la ley 24.240, “toda persona física o jurídica de
naturaleza pública o privada, que desarrolla de manera profesional, aun ocasionalmente,
actividades de producción, montaje, creación, construcción, transformación,
importación, concesión de marca, distribucion y comercializacion de bienes y servicios,
destinados a consumidores y usuarios”. El uso de la palabra “empresa” como sujeto de
la relación de consumo tiene utilidad práctica, pero se debe entender que no es sujeto de
derecho como las sociedades, asociaciones, fundaciones cooperativas, el consorcio de
propiedad horizontal, etcétera. Sino que la misma constituye un concepto de orden
económico.

Con respecto a la palabra “u ocasionalmente” surge un problema: Si una persona se


muda a un departamento ya equipado y decide publicar por redes, por única vez, la
venta de muebles de su cocina, ¿podría considerarse proveedor o profesional? La
respuesta negativa se sobrepone. Para serlo debería ser una actividad que realice
habitualmente y de forma profesional. Los vendedores callejeros, en cambio, son
proveedores.

Sujetos excluidos de la ley 24.240 son los profesionales liberales y el transporte aéreo.

En los deberes accesorios de conducta encontramos:

el deber de información, que tiene varias manifestaciones, por ejemplo en cuanto a la


identificación de las mercaderías mediante el etiquetado, a la prevención respecto de sus
riesgos, a la denominación del origen del producto”. Este deber se manifiesta antes,
durante y después del contrato, en virtud del artículo 4 de la ley 24.240. La información
adecuada no solo se incumple por defecto, sino también por exceso, fenómeno conocido
como “sobreinformación”.
el deber de seguridad, de índole objetivo, con bases en el art 1710 y 1723 CCyCN y
en los artículos 5 y 6 de la ley 24.240. Aquí se exige una conducta activa en relación
con la protección de los consumidores.

el trato digno, que busca evitar las prácticas comerciales abusivas, como aquellos
consumidores que en locales comerciales son expuestos a un control abusivo, invocando
razones de vigilancia, exceso en trámites burocráticos, largas colas para acceder a un
servicio, falta de respuesta, mala atención, avergonzar al consumidor, entre otras.

Contratos conexos

Los contratos conexos son aquellos que, aunque sean autónomos e independientes entre
sí, están vinculados por una finalidad económica común previamente establecida. Es
decir, uno de ellos es determinante para el otro en la consecución del resultado final
buscado por las partes.

Hay conexidad cuando dos o más contratos autónomos se hallan vinculados entre sí por
una finalidad económica común previamente establecida, de modo que uno de ellos ha
sido determinante del otro para el logro del resultado perseguido.

Estos contratos se interpretan unos por medio de los otros, atribuyéndoles el sentido
apropiado que surge del grupo de contratos, su función económica y el resultado
perseguido.

Clasificación en el CCYCN

En el CCyCN, cap. 2 del título II del libro III, se encuentra diseñado el conjunto de
normas que capta características sustanciales de los contratos, agrupados en pares,
teniendo como elemento central el consentimiento, sin necesidad de la entrega de la
cosa.

A continuación, los distintos binomios:

Contratos unilaterales y bilaterales (o plurilaterales): Se los clasifica de esta


forma teniendo en cuenta si una o ambas partes quedan obligadas con la celebración del
negocio. Su ámbito de aplicación son los contratos obligatorios. Serán unilaterales
cuando una de las partes se obligue hacia la otra sin que ésta quede obligada, y serán
bilaterales cuando las partes se obligan recíprocamente la una hacia la otra (conf. art.
966 CCyCN). Esta clasificación conlleva los siguientes efectos:

Resolución: en los contratos con prestaciones recíprocas se puede aplicar el pacto


comisorio o cláusula resolutoria expresa o implícita.

Suspensión de cumplimiento: la característica de bilateralidad es necesaria para la


operatividad del instituto de suspensión.

Tutela preventiva: en los bilaterales, si una parte ha sufrido un menoscabo significativo


en su capacidad de cumplir o en su solvencia, la otra parte puede suspender su propio
cumplimiento debido a la grave amenaza de daño, producto del detrimento de la otra
parte. En los unilaterales no es posible ejercer esta acción, solo el derecho de retención.

Los contratos plurilaterales son aquellos con más de dos partes, teniendo las mismas
reglas de los bilaterales pero con una característica asociativa de fin común entre las
partes, pudiendo encontrar aquí los contratos asociativos (que pueden ser con o sin
personería jurídica, ejemplos pág. 60 tdc.), la cesión de deudas y el fideicomiso.

Pluralidad ocasional: El contrato funciona con dos partes pero pueden agregarse al
mismo (posteriormente) otras partes. Pero ello no influye en sus efectos.

Pluralidad estructural: El contrato necesita de más de tres partes. Corresponde a su


naturaleza jurídica. Posee dos características, que las partes no están en un pie de
igualdad y no tienen una función común. Ejemplo: fideicomiso.

Pluralidad funcional: El contrato necesita de más de tres partes. Se diferencia de la


estructural por sus características, que son las siguientes: Tienen una función común,
como los socios, y están en un pie de igualdad.

Contratos a título oneroso y a título gratuito.

Conforme a lo dispuesto en el Art. 967 CCyCN, los contratos son a título oneroso
cuando las ventajas que procuran a una de las partes les son concedidas por una
prestación que ella ha hecho o se obliga a hacer a la otra, y son a título gratuito cuando
aseguran a uno o a otro de los contratantes alguna ventaja, independiente de toda
prestación a su cargo. Su ámbito de aplicación se extiende a todos los contratos, y los
contratos asociativos se distinguen aquí.

Efectos de esta clasificación:

Obligación de saneamiento: la responsabilidad por garantía constituye un típico


elemento de los contratos onerosos.

Acción revocatoria (arts 339, inc. b, y 340, CCyCN): Procede en materia de fraude en
los negocios jurídicos, cuando estos son a título gratuito, aunque el adquirente sea de
buena fe, es suficiente para la declaración de inoponibilidad del acto que haya causado
la insolvencia del deudor. Cuando el negocio es oneroso, la acción revocatoria sólo
procede si el deudor actúa con intención fraudulenta, y el adquirente con dolo o culpa en
el fraude, agravaba la insolvencia del transmitente…

Lesión e imprevisión: arts. 332 y 1091 CCyCN. Son elementos naturales de los
contratos onerosos.

Interpretación: si el contrato es a título gratuito, se debe interpretar en el sentido menos


gravoso para el obligado, y si es a título oneroso, en el sentido que produzca un ajuste
equitativo de los intereses de las partes (art. 1068, CCyCN).

Heredero aparente: art. 2315, CCyCN. Actos del heredero aparente. Son válidos los
actos de administración del heredero aparente realizados hasta la notificación de la
demanda de petición de herencia, excepto que haya habido mala fe suya y del tercero
con quien contrató.

Son también válidos los actos de disposición a título oneroso en favor de terceros que
ignoran la existencia de herederos de mejor o igual derecho que el heredero aparente, o
que los derechos de éste están judicialmente controvertidos.

El heredero aparente de buena fe debe restituir al heredero el precio recibido; el de mala


fe debe indemnizar todo perjuicio que le haya causado.

Adquisición de derechos por parte del subadquirente de buena fe en un acto a título


oneroso. Encontrado en el art. 392 CCyCN. “Nadie puede transmitir a otro un derecho
mejor o más extenso del que posee”.
Contratos conmutativos y aleatorios.

Son una subespecie de contratos onerosos (conf. art. 968 primera parte, CCyCN),
siendo conmutativos cuando las ventajas para todos los contratantes son ciertas. Las
ventajas o pérdidas se encuentran determinadas para las partes al momento de la
celebración, aunque el valor patrimonial puede variar. En cambio, son aleatorios
cuando las ventajas para uno de ellos o para todos dependen de un acontecimiento
incierto (y voluntariamente aceptado por las partes). Aleatorios por naturaleza son, por
ejemplo, renta vitalicia (art. 1599, CCyCN), el contrato de lotería y rifa (art. 1613,
CCyCN), apuestas (arts. 1609 a 1613 CCyCN), etc. Y aleatorios por voluntad de las
partes son, por ejemplo, el riesgo de la cosa que no llega sin existir culpa del vendedor,
la cesión de herencia efectuada con dudosa, etc.

El efecto de estos contratos es la entidad del riesgo, valuable y medible.

Contratos formales (solemnes absolutos y solemnes relativos) y ad


probationem.

Los contratos son formales sólo cuando la ley o las partes impone alguna forma
determinada, caso contrario, rige la libertad de formas.

Teniendo en cuenta los arts. 285, 969, 1015 y 1018, CCyCN, se deducen:

Contratos formales solemnes absolutos: la inobservancia o el no respeto de la forma


conlleva necesariamente la nulidad del contrato (Ejemplo, la donación de inmuebles
debe hacerse por escritura pública, bajo sanción de nulidad).

Contratos formales solemnes relativos: en estos casos, la forma es requerida para que
el contrato despliegue sus efectos propios, pero no se impone bajo sanción de nulidad.
El no respeto de la forma no implica despojar al acuerdo de todo valor, pero tal omisión
conlleva que el contrato solo valga como un negocio en que las partes se obligan a
cumplir con la formalidad. Ejemplo: boleto de compraventa de inmuebles (conf. arts.
1017 inc. a, y 1018, CCyCN), la cesión de derechos hereditarios o de derechos litigiosos
referidos a derechos reales sobre inmuebles (art. 1618, CCyCN).
Contratos formales a efectos de la prueba (ad probationem): en estos supuestos la
inobservancia de la formalidad no afecta la validez del contrato, sino que dificulta la
prueba de la celebración y contenido del mismo. Por ejemplo, la fianza (art. 1579,
CCyCN).

Resumen práctico:

●​ Solemnes absolutos: Si no cumplen la forma, son nulos.


●​ Solemnes relativos: Si no cumplen la forma, siguen existiendo, pero
con efectos limitados.
●​ Ad probationem: La falta de forma no invalida el contrato, pero sí
dificulta probarlo.

Contratos nominados e innominados.

Esta categoría se encuentra en el art. 970, CCyCN. El elemento distintivo radica en la


existencia o no de una regulación legal. Para los tipificados en la ley, se reserva la
denominación de nominado, en tanto los que no lo están, se llaman innominados, que se
puede dividir según su forma: atípica pura (creación meramente de las partes, único) o
de mera tipicidad social (conocido por la sociedad).

En cuanto a los efectos de esta clasificación, su relevancia subyace en la programación


de la finalidad práctica del negocio (nominados), o qué normativa será aplicable en caso
de los innominados (siendo el orden de aplicación el del art. 970 CCyCN).

Un contrato es denominado atípico puro cuando es una creación meramente de las


partes, sin tener ninguna relación con la costumbre, los usos y las prácticas y, por
supuesto, no encontrarse previsto normativamente, lo cual no resulta habitual.

Un contrato presenta tipicidad social cuando es conocido por la sociedad en cuanto a su


contenido básico y hasta posee un nombre; sin embargo, carece de regulación legal.
Otras clasificaciones

Clasificación de los contratos según el tiempo.

Teniendo en cuenta el tiempo como circunstancia relevante en los contratos, estos


pueden ser de ejecución inmediata o diferida, y de ejecución instantánea o continuada
(de duración).

Contratos de ejecución inmediata son aquellos en los que la prestación debe


cumplirse o comenzar a cumplirse (según sea, a su vez, de ejecución instantánea o de
duración) al momento del perfeccionamiento del acuerdo de voluntades.

Contratos de ejecución diferida son aquellos en los que media cierto tiempo para el
comienzo o exigibilidad del cumplimiento de la prestación, ya sea por la existencia de
un plazo suspensivo o de una condición de igual naturaleza.

Contratos de ejecución instantánea son aquellos en los cuales no existe una distancia
temporal entre el inicio y el fin de la ejecución de la prestación (independientemente de
que dicha ejecución haya sido inmediata a la celebración de la convención o diferida).

Contratos de ejecución continuada (de duración): Son aquellos contratos en los que
se necesita de una prolongación de tiempo para el cumplimiento de la prestación (art.
1011, CCyCN).

Clasificación social y económica

Contratos de cambio: aquellos destinados a la circulación de la riqueza, sirviendo


también a la transmisión de la propiedad. En ellos, los intereses de las partes son
antagónicos. Pueden ser onerosos (compraventa, permuta) o gratuitas (donación).
Admite una subclasificación en la cual podrían existir contratos de cambio en donde se
transfiera el dominio del bien (compraventa, permuta, donación) o solamente su
tenencia (comodato, locación o depósito).

Función de previsión: contratos en los que las partes tienen por fin precaverse o evitar
determinados riesgos propios de la vida en sociedad (renta vitalicia, el contrato de
seguro y sus variables).
Función de custodia: la nota característica de estos contratos se encuentra en la
existencia de una cosa ajena que se entrega para su guarda y conservación, siendo el
depósito el ejemplo por antonomasia; también aparecen el garaje, el servicio de caja de
seguridad, la custodia de títulos, entre otros.

Función de garantía: quien contrata busca brindar seguridad respecto del


cumplimiento de otro contrato (principal). Por ejemplo, la fianza, la promesa del hecho
ajeno, el fideicomiso en garantía.

Función de cooperación o colaboración: en estos contratos, dos o más partes poseen


una finalidad común y unen sus esfuerzos. Podemos encontrar aquí al contrato
plurilateral de organización societaria, las uniones transitorias de empresas, las
agrupaciones de colaboración, la franquicia, los contratos de agencias, la concesión y el
mandato.

Función de recreación: con estos contratos las partes buscan entretenimiento, por
ejemplo, los contratos de juegos y apuestas, espectáculos deportivos, las funciones de
cine, las obras de teatro, etc.

Función de gratuidad: se realizan en pos de una liberalidad, por ejemplo, renta


vitalicia gratuita, comodato y donación.

Función de crédito: a través de estos modelos de negocios, las partes buscan liquidez,
por ejemplo, mutuo, préstamo bancario y apertura de crédito, o acceso inmediato a
determinados bienes que no podrían ser adquiridos al contado (leasing financiero).

Contratos según el Orden Público económico

de dirección, en donde los poderes públicos se proponen realizar ciertos objetivos


económicos.

de protección, que tiende a resguardar a una de las partes, y particularmente el


equilibrio de las partes.

de coordinación, mediante el cual el estado cumple una función de arbitraje en la


economía de mercado.
UNIDAD 2
ELEMENTOS, PRESUPUESTOS Y CIRCUNSTANCIAS DEL
CONTRATO

Ingresando de lleno a la noción del contenido o sustancia del contrato, resulta


importante lo vinculado a cómo se encuentran estructurados estos elementos en el
negocio jurídico (teoría tradicional y moderna).

La teoría tradicional distingue tres elementos en materia de contratos: los esenciales,


los naturales y los accidentales.

Los elementos esenciales son el consentimiento, el objeto y la causa. Estos son


aquellos que deben encontrarse necesariamente en todos los contratos, so pretexto de
afectar su validez y eficacia.

Los elementos naturales son aquellas consecuencias que se derivan de la naturaleza


jurídica de un determinado contrato, de modo que se dan de pleno derecho sin necesidad
de una manifestación expresa de las partes, siendo necesaria tal voluntad,
exclusivamente, para excluirlos o modificarlos. Ejemplos: la obligación de saneamiento
en los contratos a título oneroso (arts. 1033 y ss., CCyCN); la cláusula resolutoria
implícita, en los contratos bilaterales (art. 1087, CCyCN), la lesión (art. 322, CCyCN),
la imprevisión (art. 1091, CCyCN).

Los elementos accidentales son pactos que las partes incorporan de común acuerdo al
contrato; por lo tanto, dependen exclusivamente de la voluntad de los contratantes,
mencionando, entre los ejemplos clásicos, el plazo, el cargo y la condición. Alterini
agrega a estos una amplia gama de elementos: cláusulas de finalidad del contrato, de
lugar de pago, de seña, resolutorias expresas, penales, de arbitraje, etcétera.

La distinción moderna propone un sistema ternario según el cual se distinguen los


presupuestos, los elementos y las circunstancias, siendo el segundo (elementos),
comprensivo de los modos de ser del acto en sí, aislado tanto de la relación jurídica que
en él se desarrolla como de otros hechos exteriores a él, se considera al acto en relación
a la relación jurídica cuyo desarrollo constituye. Las circunstancias se refieren a los
modos de ser del acto en relación con el resto del mundo exterior.

Son presupuestos aquellas condiciones previas al negocio jurídico en particular, y


por tanto independientes del mismo, que en caso de ausencia o anormalidad devienen
en una invalidez general para contratar. Aquí se contemplan:
La capacidad de obrar: cada parte del contrato puede estar integrada por uno o más
sujetos que deben ser capaces.

Legitimación para contratar: este requisito implica la idoneidad jurídica del agente
para ser sujeto de la relación que se desarrolla en el acto. Es decir, constituye una
situación jurídica de un sujeto en relación con un bien, por ejemplo, para donar debe
tenerse el dominio de la cosa al tiempo de contratar (conf. art 1551, CCyCN), para dar
una cosa en locación, comodato o depósito, basta con la tenencia de la misma (conf.
arts. 1187, 1192, 1533, 1365 y 1910, CCyCN). O respecto de otro sujeto, como por
ejemplo, en la representación, se necesitan facultades expresas para vender, permutar o
hipotecar inmuebles, o dar en locación inmuebles por más de tres años (conf. arts. 375.
incs. e y k, CCyCN).

La idoneidad del objeto: basta aclarar aquí que un bien ilícito, inmoral o contrario a las
buenas costumbres tendrá tal condición independientemente del contrato en particular
que se celebre; por otro lado, que la imposibilidad material o jurídica deberá apreciarse
en relación con el negocio en particular o el tipo contractual del caso (por ejemplo, no
se podrá asegurar por responsabilidad civil un automóvil destruido totalmente, en tanto
no habrá riesgo alguno objeto del negocio, no pueden hipotecarse bienes muebles ni
prendarse bienes inmuebles).

Las circunstancias pueden ser identificadas como el contexto, medio o ambiente en el


que se celebra el contrato, como así también en el que se ejecuta y extingue el negocio.
Se encuentran constituidas por las condiciones de “tiempo” y “lugar”, desplegando un
sinnúmero de matices de importancia sustancial para el negocio jurídico, también
comprendiendo las condiciones macroeconómicas, las cuales, en determinados
supuestos, son idóneas para resolver o adecuar el contrato (conf. arts. 955 y 1091,
CCyCN), siendo relevante en el nuevo entorno digital.

A los elementos señalados deben sumarse hechos susceptibles de condicionar el


reglamento contractual, como lo fue el COVID-19, o situaciones de emergencia.

Teorías modernas: la teoría unitaria pretende unificar el análisis de la formación y los


efectos, de lo estático y de lo dinámico, mediante los conceptos de estructura y función;
la estructura es el conjunto de elementos recíprocamente relacionados. Se estudian las
relaciones entre la declaración de la voluntad, objeto, causa, forma y presupuestos. Es
una situación estática.
La función es el conjunto de operaciones jurídicas susceptibles de calificación para la
constitución, regulación, interpretación, transmisión o extinción de las situaciones
jurídicas subjetivas. Es dinámico.

La teoría sistémica concluye que los enfoques estáticos y dinámicos son importantes
pero insuficientes. El contrato forma parte de un sistema económico y debe adecuarse al
mundo con las reglas del mismo.

Consentimiento

El consentimiento es un elemento esencial de los contratos, es decir, hace a la sustancia


del negocio. Es el elemento central. Para definirlo, en el Código de Vélez, en su art.
1137 se encontraba como “declaración de voluntad común destinada a reglar sus
derechos”. Salvat lo define como un acto bilateral, un acuerdo de voluntades. Otros
autores entienden que el consentimiento es un acto individual, una adhesión respectiva
que resulta de la oferta de uno de los contratantes y la aceptación del otro.

El consentimiento es la declaración de voluntad común, que surge de una oferta y de


una aceptación, con aptitud para producir obligaciones (Lorenzetti).

En términos metodológicos, debemos señalar que el CCyCN, en el capítulo 3 del título


II del libro III, en la sección 1. (arts. 971 a 983, CCyCN), contiene un diseño normativo
del proceso de formación del consentimiento, legislando minuciosamente sus dos
términos, la oferta y la aceptación.

Los modos de manifestación de la voluntad de las partes, susceptibles de arribar al


consentimiento, se ha visto cuando se desarrolló la distinción entre contratos, hechos y
actos jurídicos, en la distinción de declaraciones y comportamientos.

Resulta pertinente señalar que el entorno digital y la contratación electrónica, ha venido


exigir una actualización a la teoría. Basta mencionar por ahora que la manifestación de
voluntad en este universo fáctico particular (digital) asume los más variados usos (luego
se tratará firma digital). Coinciden Ordoñez y Bielli en que los sistemas modernos de
comunicación favorecen la proliferación de nuevas maneras de contratar, llevando al
principio de libertad de formas a su máxima expresión. El lenguaje digital se encuentra
impregnado de hábitos comunicacionales de la sociedad posmoderna, la cual implica un
desafío para el intérprete jurídico. Leiva Fernandez dicta que, para admitir a los emojis
como manifestación de la voluntad, deben ser “inequívocos”, con la complejidad
propia del sistema digital.

Los modos de manifestación de la voluntad de las partes para llegar al consentimiento


pueden clasificarse en función de cómo se expresan las voluntades y cómo se actualizan
las teorías en el contexto moderno. Destacamos los siguientes puntos clave:

Declaraciones y comportamientos:

○​ El consentimiento puede manifestarse a través de declaraciones


explícitas (verbales o escritas) o de comportamientos tácitos que
evidencien la intención de vincularse contractualmente.
○​ Estos modos fueron desarrollados en el análisis de contratos, hechos y
actos jurídicos, donde la conducta puede ser tan relevante como una
expresión verbal o escrita.

Entorno digital y contratación electrónica:

○​ El entorno digital amplía los modos de manifestación de la voluntad.


○​ La firma digital y electrónica representan ejemplos modernos, donde se
utiliza tecnología para garantizar la autenticidad y validez de la voluntad
de las partes.
○​ Los sistemas de comunicación modernos permiten nuevas maneras de
contratar, extendiendo el principio de libertad de formas.
○​ En el ámbito digital, es fundamental que los actos sean inequívocos para
evitar interpretaciones ambiguas (por ejemplo, el uso de emojis como
manifestación de voluntad requiere claridad en su intención).

Lenguaje digital:

○​ La posmodernidad introduce complejidades adicionales, ya que las


manifestaciones de voluntad pueden estar impregnadas de usos sociales
del lenguaje digital, lo que exige un esfuerzo interpretativo del jurista.
○​ Según Leiva Fernández, el uso de medios digitales, como los emojis,
solo puede ser aceptado si su sentido es claro y no da lugar a dudas.
Aptitud para producir obligaciones

○​ En todos los casos, la manifestación de voluntad debe ser adecuada para


producir efectos jurídicos, es decir, generar obligaciones que las partes
estén dispuestas a cumplir.

Oferta
La disposición del art. 972, CCyCN, define “la oferta” como “la manifestación dirigida
a persona determinada o determinable, con la intención de obligarse y con las
precisiones necesarias para establecer los efectos que debe producir de ser aceptada”.
Un importante sector de la doctrina (Lorenzetti, Alterini) ha sostenido que la oferta es
un acto jurídico unilateral y recepticio.
El autor sostiene que la oferta es una manifestación de voluntad, pre-negocial y
compleja. Siguiendo a Spota, podemos decir que la oferta es una exteriorización o
declaración de voluntad unilateral y recepticia que tiene por destinatario al aceptante, y
agregamos, por finalidad, la concretización del consentimiento.
De la definición normativa desprendemos los siguientes requisitos:
Destinatario determinado o determinable: La oferta es una manifestación recepticia,
por tanto debe estar dirigida a sujetos determinados o determinables. En caso de ser a
sujetos indeterminados, solo se considera como una invitación a que le hagan ofertas,
excepto que de sus términos resulte vinculante (conf. art. 973 CCyCN).
Vinculante: La norma del art. 972 es categórica: la oferta debe darse “con la intención
de obligarse”, en tanto, al manifestarse la voluntad en el marco de un plan de negocios,
el legislador, obliga al proponente por el plazo de vigencia de la oferta, el cual puede
estar determinado o ser determinable.
Completa y auto-suficiente: La parte final del enunciado del artículo 972, CCyCN,
manda que la oferta debe reunir “las precisiones necesarias para establecer los efectos
que debe producir en caso de ser aceptada”. Este requisito, tiene su correlato con la
aceptación, implica una acción del oferente de configurar al menos los elementos
esenciales particulares del negocio que propone celebrar.

Aceptación
La aceptación conforma el segundo término necesario para la formación del
consentimiento. La norma del artículo 978, CCyCN, prescribe que “Para que el contrato
se concluya, la aceptación debe expresar la plena conformidad con la oferta. Cualquier
modificación a la oferta que su destinatario hace al manifestar su aceptación no vale
como tal, sino que importa la propuesta de un nuevo contrato, pero las modificaciones
pueden ser admitidas por el oferente si lo comunica de inmediato al aceptante”.
Sostenemos que la aceptación es una declaración o manifestación unilateral de voluntad,
recepticia, dirigida al oferente, que tiene por finalidad la concretización del
consentimiento.
Los requisitos son los siguientes:
Plena conformidad con la oferta: La aceptación debe ser lisa y llana, lo cual no es otra
cosa que sea total e incondicionada, debiendo expresar la plena conformidad con la
oferta; así, cualquier modificación a la oferta hecha por su destinataria al manifestar la
aceptación importa una contraoferta (conf. art 978, CCyCN).
Subsistencia: la oferta supone que esta no debe haber caducado por expiración de su
plazo de duración, o por la muerte o incapacidad del oferente. Se debe tener en cuenta
que la oferta caduca cuando el proponente o el destinatario de ella fallecen o se
incapacitan, antes de la recepción de su aceptación (art. 976, CCyCN). No resulta
ocioso mencionar que, en caso de ser extemporánea, por haber sido efectuada por el
destinatario, vencido el plazo de vigencia, lo que caduca es la obligatoriedad de la
oferta, su carácter vinculante para el proponente, pero podrá quedar aquello como una
facultad de este.

Tratativas contractuales
Ubiquémonos dentro de las fases del contrato distinguidas por la doctrina, la
generación, la perfección y la consumación. Aquí nos adentramos en la etapa de
generación o formación del negocio.
En la teoría contractualista, se ha indagado sobre la delimitación del periodo
precontractual en miras de identificar desde cuando las partes eran responsables en
relación con el negocio, de qué tipo de responsabilidad se trataba y cuál era la
dimensión del deber de responder.
En el estudio de las tratativas contractuales, no existe aún contrato válido, es decir, no
puede exigirse el cumplimiento del contrato, encontrándose el negocio solo en situación
embrionaria, en el iter contractus. Esta situación jurídica puede devenir en un acuerdo
válido de voluntades (contrato) o en una mera frustración del negocio, sin
consecuencias legales; no obstante, la frustración del negocio, en un conjunto
importante de casos, puede generar responsabilidad civil, ya sea en razón de algún vicio
estructural del negocio, de una ruptura intempestiva de las negociaciones o de un
incumplimiento de deberes de conducta preexistentes al consentimiento.
Naturalmente, el iter contractus tendrá correlación directa con el tipo negocial de que se
trate. El universo de casos que surgen aquí por cuestiones antes del contrato no siempre
tienen una subsunción homogénea en las soluciones traídas por el legislador. Así, en
esta etapa precontractual la doctrina distingue varios pasos: a) tratativas
preliminares. b) confección de una minuta o borrador. c) Intercambio de cartas de
intención. d) acuerdos parciales.
Consentimiento entre presentes y ausentes
Son contratos “entre presentes” aquellos en los que la oferta es hecha a una persona
presente físicamente o formulada por un medio de comunicación instantáneo. En ambos
supuestos, sin fijación de plazo para la aceptación, en los cuales la oferta sólo puede ser
aceptada inmediatamente (conf. art. 974, segundo párrafo y 980, inc. a, CCyCN).
Repárese aquí que la presencia física de los precontratantes no es un requisito necesario,
exigiendo el legislador la “inmediatez” en la comunicación entre los sujetos.
Son contratos “entre ausentes” aquellos en los que entre los precontratantes existe una
distancia geográfica, y no cuentan o no utilizan un medio de comunicación instantáneo
(ejemplo, el proponente envía la oferta al destinatario a través del correo postal, de un
correo electrónico o de un emisario sin facultades para recibir la aceptación).

Acuerdos parciales
Existe una multiplicidad de negocios en los que los sujetos vinculados antes del contrato
despliegan una etapa de “negociación” precontractual, en las que perfilan sus intereses
de acuerdo con la finalidad del tipo contractual del caso. En esos casos, las partes
arriban a “pequeños acuerdos”, regulados en el artículo 982 CCyCN: “Los acuerdos
parciales de las partes concluyen el contrato si todas ellas, con la formalidad que en su
-caso corresponda, expresan su consentimiento sobre los elementos esenciales
particulares. En tal situación, el contrato queda integrado conforme a las reglas del
capítulo 1. En la duda, el contrato se tiene por no concluido. No se considera acuerdo
parcial la extensión de una minuta o de un borrador respecto de alguno de los elementos
o de todos ellos.” Estamos en presencia de acuerdos parciales, por ejemplo, si en una
compraventa, está pactada la cosa y el precio del dinero.
Se legitiman los acuerdos parciales y se le otorga obligatoriedad en tanto haya
consentimiento sobre los elementos esenciales del respectivo contrato.

Contratos preliminares
Leiva Fernández, citando a Sconamiglio, indica que “hay contrato preliminar cuando
ambas partes o una de ellas, se obligan a estipular luego un contrato, que por contraste
se suele llamar definitivo. En este caso, los estipulantes se comprometen
irrevocablemente desde un comienzo a la celebración de un contrato futuro, cuyo
contenido debe ser determinado en el contrato preliminar”.
Nicolau, luego de sostener que el contrato preliminar es un acuerdo ya concluido, aun
cuando tiene un contenido acotado, por cuanto se trata de una prestación de hacer,
consistente en el perfeccionamiento del contrato definitivo, sostiene que estos contratos
no deben ser ubicados en el periodo precontractual, siendo que en este caso existe un
contrato perfecto, y nace la obligación de perfeccionar el contrato definitivo”.
El art. 994, CCyCN, contempla “los contratos preliminares deben contener el acuerdo
sobre los elementos esenciales particulares que identifiquen el contrato futuro
definitivo”. Esta promesa tiene un año de vigencia, contemplado en la segunda parte del
artículo.

Contratos celebrados por adhesión a cláusulas generales predispuestas (tómalo o


déjalo).
A modo de inicio, aclara Mosset Iturraspe, en su obra “Contratos”, que los contratos
celebrados por adhesión a cláusulas predispuestas no constituyen un tipo contractual
específico, sino un modo celebratorio. Su particularidad se encuentra en que en la
redacción de las cláusulas y reglas internas (configuración del contenido negocial), solo
interviene una parte, denominada predisponente o proferente, quien, por esa posición
contractual supra ordinada, goza de un mayor poder de decisión que la otra parte,
denominada adherente, a quien solo le resta la facultad de aceptar in totum las
condiciones preconfiguradas, o bien negar su consentimiento. Por tanto, existe una parte
fuerte y una parte débil.

Destacaba Atilio Alterini que estos contratos con cláusulas predispuestas representan un
instrumento adecuado para la economía de masas, debido a su ahorro significativo
propio de una economía de escala, así como el ahorro de tiempo al evitar ir a
discusiones individuales.

Este modelo se encuentra del artículo 984 al 989 del CCyCN, y definido en el 984: “El
contrato por adhesión es aquel mediante el cual uno de los contratantes adhiere a
cláusulas generales predispuestas unilateralmente por la otra parte o por un tercero, sin
que el adherente haya participado en su redacción”.

Las cláusulas deben ser comprensibles o autosuficientes (art. 985 primer párrafo), y su
redacción debe ser clara, completa y fácilmente legible (art. 985 segundo párrafo). Se
tienen por no convenidas (nulidad parcial) aquellas que efectúan un reenvío a textos o
documentos que no se facilitan a la contraparte del predisponente, previa o
simultáneamente a la conclusión del contrato.

En caso de incompatibilidad o contradicción entre una cláusula general y una particular,


se hace prevalecer la particular (conforme al art. 986 CCyCN). Ahora, con
independencia de la regla normativa, el intérprete deberá valorar el contenido con una
mirada a favor del adherente (conf. art.987 CCyCN) y de la justicia contractual.

Incapacidad e inhabilidad para contratar

La capacidad es la aptitud que tiene un individuo para ejercer o realizar ciertas tareas y
cometidos.
En nuestro sistema, debemos tener en cuenta determinadas cuestiones importantes para
comprender la habilidad y capacidad para contratar:
1. La persona humana es el centro del sistema, el CCyCN basa su estructura en la
existencia de una esfera de individualidad personal en la que hay derechos
fundamentales y decisiones insustituibles.
2. Es necesario distinguir la capacidad de otro presupuesto del contrato, la legitimación.
La capacidad de hecho y derecho constituyen cualidades intrínsecas y abstractas de la
persona, tienen base en consideraciones externas y abstractas porque son reconocidas
prescindiendo de determinado acto o efecto. La legitimación se refiere a la calificación
requerida al sujeto para ser titular de una determinada relación jurídica.
3. La capacidad en el CCyCN, en sentido metodológico con enfoque en los contratos,
debe estudiarse: por los artículos 22 a 50, CCyCN, referidos a la capacidad; los artículos
382 a 397, referidos a la ineficacia de los actos jurídicos. Finalmente, las inhabilidades
para contratar, art 1000 a 1002, CCyCN.
Art 1000, CCyCN, libro III, título II: “Efectos de la nulidad del contrato. Declarada la
nulidad del contrato celebrado por la persona incapaz o con capacidad restringida, la
parte capaz no tiene derecho para exigir la restitución o el reembolso de lo que ha
pagado o gastado, excepto si el contrato enriqueció a la parte incapaz o con capacidad
restringida y en cuanto se haya enriquecido”.
Exponen Rivera, Crovi y Di Chiazza que, “decretada la nulidad del contrato por haber
sido celebrado por una persona con capacidad restringida o incapaz, la parte capaz debe
restituir lo recibido por el incapaz o persona con capacidad restringida, mientras que
este último solo debe devolver el bien si aún lo conserva en su patrimonio o si con ese
bien ha adquirido otro (ej, por permuta o venta). Más allá de esto, no se puede evitar el
principio de la equidad y el “enriquecimiento sin causa”, por lo que, en los supuestos en
los que la persona con capacidad restringida o incapaz se haya enriquecido con el
negocio, no operará el efecto de excepción a la regla en materia de nulidades, de volver
las cosas al estado anterior al negocio. La carga de la prueba del enriquecimiento
subsistente estará en cabeza de la parte capaz”.
No resulta un dato menor establecer la naturaleza de los actos realizados por incapaces
de ejercicio, si cae bajo la órbita de la nulidad absoluta o relativa, dadas las
consecuencias jurídicas disímiles propias de uno u otro supuesto (legitimados para
solicitarla, prescripción o no de la acción, saneamiento o no por confirmación). En este
orden, Aparicio sostiene que la sanción de los actos realizados por los incapaces de
ejercicio es la nulidad relativa (conf. art. 386, CCyCN).
La disposición del art. 1001 CCyCN, prescribe: “No pueden contratar, en interés propio
o ajeno, según sea el caso, los que están impedidos para hacerlo conforme a
disposiciones especiales. Los contratos cuya celebración está prohibida a determinados
sujetos tampoco pueden ser otorgados por interpósita persona”.
La norma materializa el axioma consistente en que “la incapacidad de derecho no puede
ser suplida ni aun con la actuación de representantes legales”, diferencia sustancial con
la incapacidad de ejercicio, en la cual las personas incapaces o con capacidad
restringida pueden ejercer sus derechos por medio de representantes (conf. art 100,
CCyCN).
Las inhabilidades especiales se encuentran en el Art. 1002 de manera enumerativa del
CCyCN. Se pasarán a explicar brevemente cada una:
1)​ Funcionarios públicos, respecto de bienes cuya administración o
enajenación están o han estado encargados; quedan comprendidos en la
disposición aquellos empleados públicos que cuentan con poder decisorio dentro
del marco de su competencia. No importa si pertenecen a la planta permanente o
transitoria, sino las facultades que les confiere el cargo, como las decisiones que
pueden tomar en nombre del estado.
2)​ Los jueces, funcionarios y auxiliares de justicia, árbitros y mediadores, y
sus auxiliares, respecto de los bienes relacionados con procesos en los que
intervienen o intervinieron; razones de índole ética y moral, pero también de
naturaleza práctica (velando por la evitación de conflicto de intereses de un
deterioro de legitimidad y prestigio del poder judicial) llevan a imponer la
prohibición de contratar a los jueces, funcionarios, árbitros, mediadores y demás
auxiliares de la justicia, en tanto en tal contexto prima el principio protectorio
sobre la correcta administración de justicia, cuestión eminentemente de “orden
público”.
3)​ Los abogados y procuradores, respecto de bienes litigiosos en procesos en
los que intervienen o han intervenido. La finalidad es preservar la actuación
ética del profesional del derecho que debe beneficiar los intereses del cliente y
no los propios.
4)​ los cónyuges, bajo el régimen de comunidad, entre sí. La prohibición general
para contratar entre sí impuesta a los cónyuges resulta contradictoria con la
evolución propia en la materia, en donde el margen de autonomía de la voluntad
en cuestiones patrimoniales se ha extendido a tal extremo que hoy en dia los
cónyuges pueden optar, incluso, por un régimen de separación de bienes. Así,
quedan prohibidos no sólo los contratos que implican la transferencia de la
propiedad de bienes -donación, compraventa, permuta y cesión de derechos-
sino también el mutuo, depósito, la fianza, la constitución de derechos reales en
favor del otro cónyuge, el fideicomiso en el cual uno de los cónyuges es
fideicomitente y el otro beneficiario o fideicomisario al cual deba transmitirse
finalmente la propiedad, la dación en pago, etc.
Excepciones relevantes son que, los cónyuges pueden celebrar contrato de
mandato (conf. art 459, CCyCN). Y que pueden integrar entre sí sociedades de
cualquier tipo y las reguladas en la sección IV del cap. 1 de la Ley General de
Sociedades (conf. art. 27, LGS).

OBJETO
El legislador guarda silencio en relación a su concepto, por lo que queda en tarea de la
doctrina delimitarlo.
La doctrina clásica del derecho francés, sostenía que el contrato no tiene objeto, sino
efectos, constituidos estos por la producción de obligaciones.
Otra tesis formula una distinción entre objeto inmediato (obligación generada) y el
mediato, que a su vez, sería el objeto de la obligación creada (cosa o hecho, positivo o
negativo).
Otra tesis asimila el objeto del negocio a la operación jurídica considerada, siendo el
contrato una operación jurídico económica en donde las partes pretenden realizar un
propósito, crear, modificar, transmitir o extinguir relaciones jurídicas obligacionales.
Los hermanos Mazeaud lo definían como “el objeto del contrato es la operación jurídica
que las partes pretenden realizar, distinguiéndose esta operación de las prestaciones
prometidas que son el objeto de la obligación”.
El autor, tomando una perspectiva descriptiva y simplificadora, cree correcto el
concepto de Alberto Bueres, que lo define como “el objeto de los actos jurídicos está
constituido por su materia, es decir, por hechos (positivos o negativos) y los bienes
(cosas y derechos)”. Para identificar al objeto, debemos preguntarnos ¿qué se contrata?
Así, en la compraventa será la cosa, en la cesión será el bien, en el mandato será el acto
jurídico, en la locación será la cosa, en el contrato de obra y servicio será la conducta
positiva, y así sucesivamente.
Requisitos
La disposición del artículo 279, CCyCN, manda: “El objeto del acto jurídico
No debe ser un hecho imposible
o prohibido por la ley,
contrario a la moral,
a las buenas costumbres,
al orden público
o lesivo de los derechos ajenos
o de la dignidad humana.
Tampoco puede ser un bien que por un motivo especial se haya prohibido que lo sea”.

Licitud
Aquí la ilicitud va en línea con el sentido amplio, material, también propio de la
responsabilidad civil, y no con la ilicitud formal, propia de aquel numerus clausus
vigente en derecho penal, con fundamento en otro orden de razones y principios. Esta
consideración amplia, material, de la ilicitud en el negocio jurídico, ensancha la órbita
de casos comprendidos, en tanto no solo será ilícita la contratación sobre un objeto
expresamente prohibido, sino también aquellos contrarios a la moral, el orden público y
las buenas costumbres.
Diversos supuestos de la ilicitud del objeto:
Objeto prohibido: se trata de prohibiciones determinadas por vía legislativa y a
menudo en forma específica. Por ejemplo, el depósito de gran cantidad de droga ilícita o
la comercialización sin autorización estatal de armas de guerra.
Objeto contrario a la moral y las buenas costumbres: la moral, al igual que el orden
público y las buenas costumbres, constituye un límite a la autonomía de la voluntad o
libertad de contratación (conf. arts, 279, 958 in fine, 962, 1004, 1014, CCyCN).
Siguiendo a Company, para entender la moral en los negocios y la identificación de las
buenas costumbres, debemos recurrir a la ética normativa, la cual somete al reglamento
contractual a un test de validez a la luz de los derechos humanos, y los consecuentes
consensos mínimos y universales en función de la dignidad humana.
Pensemos en distintos ejemplos, como ser el tráfico de influencia, un contrato de obra
para que el contratista realice al comitente su tesis doctoral, pactos de honorarios
exorbitantes, etc. Así como también analicemos las siguientes prácticas contrarias a las
buenas costumbres: a) Desplegar conductas que estereotipan o estimulan patrones
socioculturales sustentados sobre la desigualdad de género; b) Utilizar procedimientos
de reclamación o cobranza intimidatorios o que generen situaciones denigrantes para el
consumidor o su familia; c) Largos tiempos de espera para la atención al cliente.
Estas prácticas devendrán en ilícitas.
Objeto contrario al orden público: En caso de violación de este parámetro legal,
también difuso o afectado de cierta falta de determinacion en su contenido, la sancion
que recae es la de nulidad del negocio juridico. Para ejemplificar al orden público,
podemos traer a colación el derecho del consumidor, en tanto todas sus disposiciones
son de esta naturaleza (art. 65, LDC) y, por tanto, no pueden ser alteradas por la
naturaleza de las partes en perjuicio del consumidor.
Contratos lesivos de derechos o bienes de terceros: el principio de “efectos relativos
de los contratos”, desarrollado en el Cap. VI, no solo posee ciertas excepciones, como el
contrato a favor de terceros, la conexidad contractual o los negocios a nivel empresario
que provoquen un perjuicio en el interés económico general, sino que existen otras
situaciones en las que el objeto del negocio puede afectar a terceros con un interés
legítimo en relación con aquel contrato en el que no son parte, considerando la regla del
“patrimonio como garantía común de los acreedores” (conf. arts 242 y 743, CCyCN).
Derechos sobre el cuerpo humano: entendemos que la persona en sí misma no puede
ser objeto del negocio jurídico (el cuerpo humano no es una cosa). Ahora bien, existen
derechos personalísimos relativamente disponibles, como podrían ser la imagen
(modelos), la intimidad (una biografía comercializada con un editor o con un director de
cine), la voz, etc.
En relación con los actos de disposición sobre el propio cuerpo, en la norma del art. 56,
primer párrafo, CCyCN, se encuentra la prohibición de realizar actos de disposición del
propio cuerpo que ocasionen una disminución permanente de su integridad o resulten
contrarios a la ley, la moral o las buenas costumbres, excepto que sean requeridos para
el mejoramiento de la salud de la persona, y excepcionalmente de otra persona, de
conformidad con lo dispuesto en el ordenamiento jurídico.
También mencionamos el Art. 17: “ARTICULO 17.- Derechos sobre el cuerpo humano.
Los derechos sobre el cuerpo humano o sus partes no tienen un valor comercial, sino
afectivo, terapéutico, científico, humanitario o social y sólo pueden ser disponibles por
su titular siempre que se respete alguno de esos valores y según lo dispongan las leyes
especiales.”

Posibilidad
La posibilidad/imposibilidad se valora al momento de la celebración del contrato,
siendo este un fenómeno estructural del negocio. La imposibilidad del objeto del
negocio, para ameritar la nulidad, debe ser absoluta y originaria:
Absoluta: La imposibilidad no puede ser sólo relativa; por tanto, el cumplimiento del
deber jurídico no ha de ser factible de realización para ninguna persona. Si la
imposibilidad pesa únicamente sobre el deudor, en razón de su falta de conocimientos
personales, es indiscutible que, si él se obligó, responderá civilmente por el id quod
interés y por los restantes perjuicios causados.
Originaria: La imposibilidad no debe ser sobreviniente a la celebración del negocio; es
decir, la cosa o el hecho serán imposibles ab initio, resultando inválido por falta de
objeto, y podrá dar nacimiento a una responsabilidad precontractual. Si la
imposibilidad fuese sobreviniente, el caso recibirá otras soluciones legales, siendo
aplicables las normas de incumplimiento absoluto, relativo o de la imposibilidad de
pago, las cuales podrán ser imputables o no al incumplidor, según el caso.
Sin perjuicio de la regla, el art. 280, CCyCN, dispone el supuesto de convalidación “El
acto jurídico sujeto a plazo o condición suspensiva es válido, aunque el objeto haya sido
inicialmente imposible, si deviene posible antes del vencimiento del plazo o del
cumplimiento de la condición”.
Por otra parte, la posibilidad del objeto, en tanto requisito de validez, puede ser de
naturaleza jurídica o material:
Jurídica: La autonomía de la imposibilidad jurídica en relación con la ilicitud refleja
esta propiedad del objeto del negocio. Consideramos ejemplos que denotan la
autonomía de la imposibilidad jurídica en relación con la ilicitud, como la constitución
de una hipoteca sobre una cosa mueble (art. 2205, CCyCN) o de una prenda sobre un
inmueble (art. 2219 primera parte), o la concreción de una contratación bancaria sin la
presencia de un banco, en una entidad no autorizada. La nota característica de la
imposibilidad jurídica se encuentra en la actividad de contralor del Estado en el
perfeccionamiento del negocio.
Material: Esta faz de la imposibilidad se encuentra en la órbita de la causalidad física,
de la posibilidad fáctica o de hecho. Si ya entendemos las conductas imposibles (como
cruzar el mar nadando), Aparicio agrega otros como “prometer un resultado que ya se
ha producido”. Aquí podemos mencionar, por ejemplo, construir un edificio de veinte
pisos en treinta días.

Determinación
El objeto del contrato debe ser determinado o determinable (art. 1005, CCyCN). Esa
determinación debe existir al tiempo de la celebración del contrato, o bien establecerse
en esta instancia el procedimiento o los criterios para su determinación, supuesto este
último de indeterminación relativa temporal.
Se considera que el objeto de un contrato es determinable cuando se establecen criterios
suficientes para su determinación, cuestión que dependerá de las características del
objeto del negocio de que se trate en cada caso en particular (art. 1005, CCyCN).
Si el objeto se refiere a bienes, deben estar determinados en su especie o género,
pudiendo quedar su cantidad sujeta a determinación (por ejemplo, venta de lo producido
en una cosecha). La cosa objeto de una compraventa puede ser individualizada.
La determinación también puede ser delegada en un tercero, generalmente experto en el
área (por ejemplo un martillero, veterinario, agrónomo, ingeniero, etcétera).

Patrimonialidad
Este requisito del objeto, previsto en la disposición del artículo 1003, CCyCN, tiene
clara correlación con la definición normativa de contrato (art. 957, CCyCN), en donde
el consentimiento que prestan las partes, para crear, regular, modificar, transferir o
extinguir, va dirigido a “relaciones jurídicas patrimoniales”.
Debe corresponder a un interés, aún cuando este no sea de contenido patrimonial. Aquí
nos referimos a que el legislador toma partida por aquella tesis que distingue el
contenido de la prestación obligatoria, que ha de ser siempre susceptible de valoración
económica, del interés de las partes en el cumplimiento de la obligación, el cual puede
ser de naturaleza extrapatrimonial. Entre los ejemplos se encuentran el de contratar un
profesor para dar clases de piano, comprar boletos para el cine u otro espectáculo.

Bienes futuros como objeto de los contratos


El principio general es que “se puede contratar sobre bienes futuros” (conf. art 1007,
primera parte), pudiendo existir dos variables, como contrato sujeto a condición
suspensiva o como contrato aleatorio.
En el primer supuesto (contrato sujeto a condición suspensiva), el riesgo del negocio
estará en cabeza del obligado a la transferencia del bien, dado que, si la cosa no llega a
existir (por ejemplo, la cosecha, la pesca, el nacimiento del ganado), es esta parte la que
habrá perdido, privándose de ganancias. En tanto, el segundo supuesto (contrato
aleatorio), existe un álea en cabeza del adquirente, la cual plausiblemente se trasladará
en el precio; es decir, el asume el riesgo de que el bien no llegue a existir, pero esta
situación impactará favorablemente en el precio del negocio (pagará menos, pero si el
bien no llega a existir, no solo no podrá adquirir el bien, como en el caso anterior, sino
que de todas formas deberá cumplir con el pago).

Bienes ajenos
En estos casos, también rige la regla de permisión expresa: “Los bienes ajenos pueden
ser objeto de los contratos” (conf. art. 1008, primera parte, CCyCN).
La norma, luego de enunciar la regla general, deslinda la permisión en dos supuestos
distintos, y luego prevé un supuesto más, de sanción al contratante de mala fe:
1)​ Obligación de medios: “Si el que promete transmitirlos no ha garantizado el
éxito de la promesa, sólo está obligado a emplear los medios necesarios para que
la prestación se realice y, si por su culpa el bien no se transmite, debe reparar los
daños causados”. (conf. art 1008, CCyCN).
2)​ Obligación de resultado: seguidamente, en el art 1008, CCyCN, prevé “Debe
también indemnizarlos cuando ha garantizado la promesa y esta no se cumple”.
Situación subsumible en la norma del art. 774, inciso c, CCyCN.
3)​ Contratante de mala fe: finalmente, en el art 1008, in fine, se expresa: “El que
ha contratado sobre bienes ajenos como propios es responsable de los daños si
no hace entrega de ellos”. En este caso, si quien contrató de mala fe,
administrando o disponiendo bienes ajenos como propios, no logra adquirirlos
lícitamente para su entrega debida, responderá por daños y perjuicios.

Bienes litigiosos, gravados o sujetos a medidas cautelares


Los bienes en las distintas situaciones enunciadas, en tanto y en cuanto se encuentren en
el comercio, pueden ser objeto de los contratos, constituyendo así tales situaciones una
cuestión de distribución de riesgos o de costos dentro del negocio.
El problema surge si estos bienes son ofrecidos como si estuviesen libres de tales
condiciones. En estos casos surgirá el deber de reparar los daños causados a quien
hubiera ocultado o disimulado la información (conf. art. 1009, segundo párrafo,
CCyCN).
Veamos ahora cada una de las situaciones jurídicas:
Bienes litigiosos: son aquellos cuya titularidad o extensión está sometida a un proceso
judicial. Pueden ser cosas o derechos litigiosos (art. 1618, inc. b, CCyCN).
Bienes gravados: se ubican dentro de esta categoría los bienes que están sometidos a
prenda (art. 2219), hipoteca (art. 2205) o anticresis (art. 2212). De todas maneras,
entendemos que la manda del artículo 1009, CCyCN, es decir, esto de la mala fe, no
sería operativo en los casos en los que tales gravámenes se encuentren sin vigencia.
Bienes sujetos a medidas cautelares: se trata de la afectación, por orden judicial, de un
bien del sujeto obligado o presunto deudor, al pago (o eventual pago) de un crédito.
Estas medidas tienen por objeto inmovilizar el o los bienes del deudor, sobre los que
recaiga la medida, de modo que pueda destinarse el importe de su realización a la
satisfacción del interés del acreedor.
El bien continúa siendo propiedad del titular y puede ser objeto de contrato, pero, en
caso de transmitirse el bien, el gravamen lo acompaña como accesorio, soportando tal
situación el adquirente. La adquisición de la cosa gravada se realiza respetando los
derechos del embargante o del acreedor hipotecario o prendario, siendo el contrato
celebrado inoponible al embargante o quedando los derechos del adquirente supeditados
a las resultas del proceso en que se trabó la medida judicial.

Herencia futura
La regla dice:
ARTÍCULO 1010.- Herencia futura. La herencia futura no puede ser objeto de los
contratos ni tampoco pueden serlo los derechos hereditarios eventuales sobre objetos
particulares, excepto lo dispuesto en el párrafo siguiente u otra disposición legal
expresa.
Excepciones:
Los pactos relativos a una explotación productiva o a participaciones societarias de
cualquier tipo, con miras a la conservación de la unidad de la gestión empresaria o a la
prevención o solución de conflictos, pueden incluir disposiciones referidas a futuros
derechos hereditarios y establecer compensaciones en favor de otros legitimarios. Estos
pactos son válidos, sean o no parte el futuro causante y su cónyuge, si no afectan la
legítima hereditaria, los derechos del cónyuge, ni los derechos de terceros.
La norma autoriza estos pactos sobre herencia futura cuando lleven una particular causa
motivo, como conservar la unión de la gestión empresarial, o que tengan por fin
prevenir o solucionar conflictos, teniendo una finalidad práctica en la herencia
familiar.

Contratos de larga duración


ARTÍCULO 1011.- Contratos de larga duración. En los contratos de larga duración el
tiempo es esencial para el cumplimiento del objeto, de modo que se produzcan los
efectos queridos por las partes o se satisfaga la necesidad que las indujo a contratar.
Las partes deben ejercitar sus derechos conforme con un deber de colaboración,
respetando la reciprocidad de las obligaciones del contrato, considerada en relación a la
duración total.
La parte que decide la rescisión debe dar a la otra la oportunidad razonable de
renegociar de buena fe, sin incurrir en ejercicio abusivo de los derechos.

Para estos tipos de contratos resulta fundamental el tiempo como elemento esencial del
acto jurídico de cumplimiento, por lo cual hace hincapié en el deber de colaboración y
buena fe ante la posibilidad de renegociación.
UNIDAD 3
Causa

La noción de “causa”, de orígenes y entornos filosóficos circunscripta al negocio


jurídico, se personifica en tres significados normativos, la causa fuente, referida al
origen de la obligación; la causa fin y la causa motivo, referidas al contrato. En nuestro
sistema, no solo constituye un elemento esencial en la fase estructural, sino también en
la funcional.
Es importante distinguirla del objeto.
Quien quiera identificar normativamente a la causa en los contratos, deberá centrarse en
los artículos 1012, 1013 y 1014, CCyCN, relativamente particulares a los contratos, y en
los artículos 281, 282 y 283, CCyCN, relativos a los actos jurídicos; sin perjuicio de
encontrarse la causa fin, en el art. 259, CCyCN.

Causa fuente
Siguiendo a Messineo, por causa fuente debe entenderse el acto jurídico, o situación
jurídica, de la que trae su origen la relación obligatoria, la cual no nace ex nihilo, sino
que tiene su nacimiento en un presupuesto o título que la justifica y que legitima la
sujeción del deudor al deber de cumplimiento.
En la Roma Antigua sólo se contemplaban como fuentes de obligaciones el contrato y el
delito.
En las Institutas Gayo también se contemplaban contrato y delito, pero en el contrato
también se aludían a negocios jurídicos en los que la obligación nace por voluntad de la
parte obligada, pero que no implican convenio o acuerdo.
Luego, con la paráfrasis de Teófilo, se procede a la creación de la tetralogia clásica de
fuentes (contratos, cuasicontratos, delitos y cuasidelitos), que, con la influencia de la
Escuela del Derecho Natural, tendrá a la ley como quinta fuente.
Calvo Costa divide a estos hechos en fuentes nominadas (aquellos regulados
expresamente), como la voluntad unilateral, los contratos, los hechos ilícitos
generadores de responsabilidad civil, entre otros), y las fuentes innominadas (aquellas
que no poseen regulación expresa).
Desde la perspectiva particular del derecho de los contratos, el contrato en sí
constituye la causa fuente obligacional; es decir, aquel acuerdo de voluntades cuyo
proceso de formación (oferta y aceptación), una vez perfeccionado, genera
inmediatamente los derechos personales en cabeza de las partes (conf. arts. 739 y
777, CCyCN) y el consecuente derecho de propiedad (conf. art. 965, CCyCN).
Como causa fuente obligacional, el contrato, seguramente, es el más importante.
Causa fin
Los autores italianos destacan el valor de justificación que tiene la causa en relación con
las prestaciones (sacrificios) de las partes en el contrato, sosteniendo que el principio
causal tutela al contratante individual permitiendo invocar la inescindibilidad de los
efectos queridos, según la voluntad documentada o presunta de las partes.
En términos conceptuales, Leiva Fernández, siguiendo a Stiglitz, nos dice que la causa
fin es la razón, el motivo concreto, individual y variable por el que un contratante se
vincula con otro, permitiendo apreciar el acto en función de los propósitos que han
determinado a las partes a concluirlo. Este concepto recorta la naturaleza de este
elemento esencial de los contratos, dejando al intérprete a identificar la o las
prestaciones de las partes.
La norma del art. 281 CCyCN, referida a los actos jurídicos, define normativamente a la
causa fin: “La causa es el fin inmediato autorizado por el ordenamiento jurídico
que ha sido determinante de la voluntad”, agreguemos “para contratar”.
La causa fin es objetiva, impersonal y abstracta. Es independiente de los motivos
particulares de las partes, por ejemplo, en una compraventa, la causa fin en cabeza del
vendedor siempre será percibir un dinero, y la de la parte compradora, recibir el
dominio de la cosa.

Causa motivo
Esta variable de la causa se aleja de la objetividad propia de la causa fin, con epicentro
en la declaración de las partes, y en la función práctica, social y económica, habitual de
cada modelo de negocio; la causa motivo se basa en una perspectiva individualista del
negocio jurídico, centrando la atención en el querer de cada una de las partes, en la
voluntad interna.
Adelantamos que, en el debate de si este contenido deberían o no incluirse en el
contenido negocial, nuestro sistema de derecho contractual tiene una posición prudente
y razonable, haciendo primar la noción de declaración sobre la de voluntad, pero
excepcionalmente y reuniendo determinados recaudos, además de admitir la segunda.
Así, se adhiere a la tesis “causalista dualista”.
La última parte del art. 281, CCyCN, prevé la causa motivo en los siguientes términos:
“También integran la causa los motivos exteriorizados cuando sean lícitos y hayan
sido incorporados al acto en forma expresa, o tácitamente si son esenciales para
ambas partes”. Aquí encontramos los márgenes de validez de los “motivos
causalizados”. En el caso de darse la situación descrita, la causa motivo integrará el
contenido contractual pasando a ser un elemento del negocio.
Antecedentes históricos

Causalismo
El causalismo clásico entiende la causa fin como elemento esencial de los actos
jurídicos, siendo la misma abstracta, objetiva, independiente de los móviles de los
contratantes, idéntica en los mismos tipos de contratos, y en consecuencia, universal y
apriorística.
Domat, en el siglo XVII, en su obra Le loi civiles, sienta las bases de esta doctrina de la
causa, esquematizándola en tres tipos de contratos: 1) en los bilaterales onerosos, la
causa de las obligación de cada una de las partes se encuentra en la obligación contraída
por la otra, es decir, la causa vendría impuesta por la interdependencia o interrelación
entre las obligaciones; 2) en los contratos reales, la causa está dada por la entrega de
la cosa en cabeza del deudor, y 3) en los contratos a título gratuito, la causa se
encuentra en algún motivo razonable y justo, como ser, un servicio prestado o algún
mérito del donatario, o el solo placer de hacer el bien, el llamado ánimo de liberalidad.
Esta tesis clásica de la causa considera a la misma en su momento estructural, es decir,
en el instante de la celebración del negocio jurídico, radicando aquí la limitación
dogmática de la teoría en tanto que constituye un defecto serio en su elaboración haber
dejado afuera la etapa funcional (momento de ejecución).

Anticausalismo
Surge como reacción a la teoría causalista. Aparicio destaca que el profesor Ernst
escribió: “¿Es la causa una condición esencial de la validez de las convenciones?, y
opinaba directamente que debía desaparecer del Código Civil toda referencia a la causa,
bastando afirmar que el contrato se perfecciona con el simple consentimiento de las
partes sobre un objeto lícito”.
Planiol tomará como referencia el esquema tripartito de los causalistas: 1) en los
contratos bilaterales onerosos, la causa básicamente se confunde con el objeto, y
además, una prestación no podría ser causa de la otra porque nacen al mismo tiempo; 2)
en los contratos reales, la entrega de la cosa no es la causa, sino la forma, la manera de
perfeccionamiento del acto, y 3) en los actos a título gratuito, lo que para los causalistas
constituye la causa fin, es decir, el ánimo de liberalidad, en realidad es el
consentimiento, elemento autónomo y ajeno a la causa fin.
Los anticausalistas creen que la idea de causa fin constituye una falacia, carente de
sentido práctico, quedando absorbida por el objeto.
Neocausalismo
La posición neocausalista (doctrina moderna) reafirma a la causa como elemento
esencial de los actos jurídicos, pero con nuevos y sustanciales matices.
Capitant sostenía que todo aquel que contrata persigue un fin. Marcaba que la causa
deberia existir tanto en la etapa genética como funcional del negocio. En líneas
generales excluye a los motivos, pero los admite de manera indirecta. Además, corrige
la noción de causa en los contratos bilaterales de Domat, sosteniendo que la causa para
una de las partes no es la prestación que debe la otra, sino el cumplimiento de esa
obligación.
Será Lous Josserand quien reconoce la relevancia jurídica de los motivos de las partes al
contratar. Este jurista francés, sostenía que estudiar los móviles es penetrar hasta la
esencia misma del derecho, hasta la causa profunda de los actos jurídicos, ya que los
móviles no son otra cosa que los resortes de la voluntad, la cual, da vida al derecho.
Josserand introduce decididamente la moral y la ética en el ámbito del contrato.
Dentro de esta posición encontramos:
Neocausalismo objetivo: Quienes se enrolan en esta tesis, sostienen que la causa fin de
los actos jurídicos es de naturaleza objetiva y surge de la propia estructura típica de
cada negocio jurídico. Ven al negocio jurídico de manera objetiva y externa al sentir de
las partes y consideran determinante la función económica y social que tiene tal o cual
negocio.
Neocausalismo subjetivista: Esta posición tiene como epicentro de análisis la voluntad
individual de los sujetos contratantes; considerando lo que ellos han pretendido al
contratar. Otorga importancia preponderante a los motivos subjetivos, individuales, que
tuvieron las partes al contratar, los cuales son variables y concretos en cada caso,
debiendo ser debidamente exteriorizados, acerca más dudas que certezas. Quienes se
enrolan en esta postura no desconocen la existencia de una finalidad abstracta en el
negocio jurídico, idéntica y propia de cada tipo de acto, sino que la comprenden en el
objeto del negocio.
Causalismo dualista: Esta posición concilia las dos tesis anteriores, buscando
armonizar los fines que la ley prevé abstractamente para cada categoría de negocio
jurídico por un lado, y los móviles o motivos subjetivos, por el otro, pero siempre
causalizados. Adherimos a esta tesis.
Se considera que la causa fin en su aspecto objetivo tiene relevancia no solo en el
momento genético o estructural del negocio jurídico (por ejemplo, nulidad por ilicitud o
por inexistencia de causa), sino también en su momento funcional, materializandose en
importantes consecuencias jurídicas (ejemplo, adecuación del contrato ante un hecho
imprevisible y sobreviniente, que afecte sustancialmente el sinalagma contractual o la
resolución del contrato por la frustración de la finalidad o por el ejercicio de la facultad
derivada de la cláusula resolutoria implícita, etcétera).
En la faz subjetiva, los motivos, en tanto y en cuanto reúnan los presupuestos necesarios
(debidamente exteriorizados y comunes a ambas partes), se causalizan, constituyendo
un elemento esencial para la validez o invalidez del contrato.

Importancia y funciones
Funciones de la causa fin
Permite identificar el modelo de negocio (función de calificación). El fin inmediato y
práctico que las partes se disponen realizar nos permite dilucidar, individualizar, la
figura contractual que corresponde a tal relación jurídica; es decir, nos permite
calificar el contrato, permitiendo así también la celebración y cognición de tipos o
modelos de negocios no previstos expresamente por el legislador (art. 970, CCyCN,
contratos nominados e innominados).
La relación entre autonomía y ordenamiento jurídico. Aparicio nos enseña que “por
medio de la causa objetiva del contrato se trata de explicar la relación que existe entre
autonomía y ordenamiento jurídico. El elemento de novedad que el negocio jurídico
pretende introducir en el estado de hecho existente, exige una justificación”.
Funciones de la causa motivo
Función cognitiva. La causa motivo permite identificar el interés real de las partes.
Función de contralor: El análisis de los móviles teleológicos pueden determinar la
invalidez del negocio por causa ilícita o inmoral, convirtiendose así en la única posible
manera de controlar la compatibilidad del acto con lo que dispone el ordenamiento
jurídico atendiendo a su finalidad. En segundo término, el control de los móviles
permite establecer la existencia de los vicios de la voluntad: error, dolo y violencia, y
también, la determinación de si ha habido “aprovechamiento” en los casos de lesión.
La función que cumplen los móviles para determinar la permanencia del negocio
jurídico en los casos de frustración del fin del contrato en el periodo de su ejecución; y
para la aplicación de la teoría del abuso del derecho, que tiene como noción especial la
del motivo legítimo.
Función de fuente e interpretación: Las funciones anteriores se funden en una general,
común a ambos tipos de causa (fin y motivo), que es la función de interpretación (conf.
art. 1065, inc. c, CCyCN).

Efectos de la causa en el contrato


Recordemos que el examen de la relación contractual tiene tres fases elementales;
la formación, en donde se dan las tratativas contractuales.
la parte estructural o genética, en donde se produce la celebración y el
perfeccionamiento del contrato.
Y, la etapa funcional o de ejecución, en donde acaecen los efectos, obligaciones,
deberes colaterales, garantías, cargas, riesgos, etcétera. Esto, independientemente de la
cuarta etapa, el post-contrato, en donde opera la responsabilidad civil.
Todo esto tiene relación directa con el esquema estructural y funcional antes expuesto,
en el que la causa juega un rol de suma importancia en materia de ineficacias de los
contratos, ya sea por falta de causa, por falsa causa, o por causa ilícita, inmoral o
contraria a las buenas costumbres.
Necesidad de la causa y causa lícita
Esta característica es común a la causa fin y a la causa motivo.
El art 1013, CCyCN, determina la “necesidad de la existencia de causa durante la
formación, celebración y ejecución del contrato”, dando lugar la carencia de su
existencia, en cualquiera de las instancias referidas, a la falta de causa o a su
desequilibrio, y, en consecuencia, según los casos, a la nulidad, adecuación o extinción.
El reconocimiento de la causa en la etapa de tratativas contractuales podría servir de
indicador o válvula, en miras de analizar aquellos supuestos de rupturas en esa
instancia.
En la etapa de formación del consentimiento, para que existe causa, primero deberemos
encontrarnos ante una causa lícita, en tanto la causa ilícita constituye un supuesto de
invalidez del negocio.
Debe estudiarse la norma del art. 1014, CCyCN: “El contrato es nulo cuando:
a)​ su causa es contraria a la moral, al orden público o a las buenas costumbres.
b)​ ambas partes lo han concluido por un motivo ilícito o inmoral común. Si solo
una de ellas ha obrado por un motivo ilícito o inmoral, no tiene derecho a
invocar el contrato frente a la otra, pero ésta puede reclamar lo que ha dado, sin
obligación de cumplir lo que ha ofrecido.
Ya inmersos en la etapa de ejecución del contrato, la desaparición de la causa daría
lugar a la resolución del negocio en virtud de la aplicación del instituto de la frustración
de la finalidad (art. 1090, CCyCN).
En la órbita de la causa fin, el desequilibrio de la causa podría dar lugar a la adecuación
o extinción del contrato con bases en la teoría de la imprevisión (art. 1091, CCyCN).

Presunción de causa. Falsedad de causa.


Un efecto propio de la causa fin se encuentra en el art. 282, CCyCN, en donde, por una
parte, se establece la presunción de causa, en tanto el legislador presupone con un
criterio con bases en la racionalidad práctica que, si las personas humanas o jurídicas
realizan negocios, es con un fin inmediato tendiente a adquirir, modificar o extinguir
derechos.
La existencia de la causa se presume (art. 282), motivo por el cual será quien alegue la
falta o desaparición de ella quien deberá acreditar tal circunstancia, es decir, quien
tendrá la carga de la prueba de no existencia de la causa.
Por otra parte, la noción de falsedad de causa continúa la norma. En este supuesto, a
diferencia de la falta de causa, existe declaración de causa nada más que la misma es
falsa, por simular la realidad (ejemplo: se declara que se celebra una compraventa
cuando en verdad se celebra una donación), destacando que debe tratarse de una
simulación relativa, dado que, siendo absoluta o ilícita, el negocio será ineficaz,
claudicante, viciado de nulidad. En la simulación se da la deliberada disconformidad
entre la voluntad querida y su declaración, lo cual deviene en acto fingido.
Desde la causa fin del negocio, la simulación se circunscribe a la primera parte del art.
333, CCyCN, es decir, “cuando se encubre el carácter del acto bajo la apariencia de
otro”; reside aquí su mayor peso, decidiendo el legislador la validez del acto (conf. art.
282, CCyCN), pero sometida a ciertos requisitos y consecuencias (conf. arts 334 a 337,
CCyCN).

Forma
Lo que se entienda como “forma” en los contratos, depende de si lo tomamos en sentido
amplio o en sentido restringido, pero antes, Lopez de Zavalia distingue en el contrato
forma y contenido, aclarando “contenido es lo que se dice en el contrato, la forma, como
se lo dice, es la manera de expresar algo, sea palabra hablada, escrita, mímica, etc”. Es
decir, según dicho autor, la forma no es un elemento del contrato, sino que constituye su
investidura. Es la manera en que se exterioriza la voluntad de las partes.
Sin embargo, la cátedra entiende que es un elemento constitutivo o intrínseco del
contrato. Entonces, la forma en tanto exteriorización de voluntad, necesariamente debe
existir, caso contrario el acto jurídico no se podrá juzgar existente, por haber quedado in
menta retenta.
Desde un sentido amplio, la forma constituye cualquier manera de exteriorización de la
voluntad, lo cual remite necesariamente al art. 262, CCyCN: “Los actos pueden
exteriorizarse oralmente, por escrito, por signos inequívocos o por la ejecución de un
hecho material”.
El principio de autonomía de la voluntad, propio de los contratos, determina como
regla general en las formas, la libertad de formas. Los negocios en los que se
mantiene esta reserva, han sido denominados como no formales.
Este principio se encuentra previsto en el art. 1015, CCyCN: “Solo son formales los
contratos a los cuales la ley les impone una forma determinada”, principio ratificado en
el art. 284, CCyCN: “Si la ley no designa una forma determinada para la exteriorización
de la voluntad, las partes pueden utilizar lo que estimen conveniente. Las partes pueden
convenir una forma más exigente que la impuesta por la ley”.
Ahora bien, desde la segunda perspectiva o sentido, se encuentra la forma impuesta, en
tanto conjunto de prescripciones o requisitos necesarios para la producción de un
negocio jurídico válido. Es decir, la forma refiere a las formalidades, la manera
específica a fin de exteriorizar una determinada declaración de voluntad (la ley
establece la manera específica para un acto determinado)
El artículo 285 establece “Forma impuesta. El acto que no se otorga en la forma exigida
por la ley no queda concluido como total mientras no se haya otorgado el instrumento
previsto, pero vale como acto en el que las partes se han obligado a cumplir con la
expresada formalidad, excepto que ella se exija bajo sanción de nulidad”.
También, el art. 969 expresa “Contratos formales. Los contratos para los cuales la ley
exige una forma para su validez, son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha.
Cuando la forma requerida para los contratos, lo es solo para que estos produzcan sus
efectos propios, sin sanción de nulidad, no quedan concluidos como tales mientras no se
ha otorgado el instrumento previsto, pero valen como contratos en los que las partes se
obligaron a cumplir con la expresada formalidad. Cuando la ley o las partes no imponen
una forma determinada, esta debe constituir sólo un medio de prueba de la celebración
del contrato”.
Clasificación
Siguiendo la metodología del legislador según la ley 26.994, en materia de forma de los
contratos, se pueden dividir en dos grandes grupos, uno de los cuales requiere
subclasificación; 1) formas impuestas o constitutivas, y 2) formas probatorias.
Las formas impuestas que definiríamos como “aquel conjunto de prescripciones o
requisitos necesarios para la producción de un negocio jurídico válido (conf. arts 1015,
285 y 969, CCyCN)” pueden desdoblarse en dos categorías, conforme los efectos que
conlleva su incumplimiento:
Formas solemnes absolutas. En los contratos formales solemnes absolutos, el
incumplimiento de la forma conlleva la sanción de nulidad del negocio. Ejemplo:
donaciones de cosas inmuebles, de cosas muebles registrables y de prestaciones
periódicas o vitalicias.
Formas solemnes relativas. En los contratos formales, solemnes relativos, el
incumplimiento de la forma ordenada o mandada por el legislador (o por las partes) no
deviene en la sanción de nulidad, como la categoría anterior, pero deja al negocio en una
situación impropia, impidiendo la producción de los efectos propios del negocio
pretendido, no quedando el mismo concluido como tal, mientras no se otorgue la forma
prevista. Ejemplo: aquellos que tienen por objeto la adquisición, modificación o
extinción de derechos reales sobre inmuebles (art. 1017, inc a, CCyCN). los contratos
que tienen por objeto derechos dudosos o litigiosos sobre inmuebles (art. 1017, inc b,
CCyCN), entre otros.
Formas probatorias (formal ad probationem). En estas, no existe un negocio
claudicante o con efectos diversos al buscado por los contratantes, y no se encuentra su
adecuación u observancia relacionada con la validez del contrato, siendo previstas
simplemente en razón de su función pre-constitutiva de prueba. Un sector de la doctrina
como Cariota Ferrara, opina que estas formas no existen, y que tales casos nada tienen
que ver con la forma, y todo tiene que ver con la prueba.
En los supuestos comprendidos en esta categoría se encuentran la locación de inmueble
o de muebles registrables o de universalidades que incluyan alguno de ellos (art. 1188,
CCyCN), los contratos bancarios (arts. 1380 y 1386, CCyCN).

Modificaciones
Las disposiciones del art. 1016, CCyCN, prevé el principio de paralelismo de las
formas: “La formalidad exigida para la celebración del contrato rige también para las
modificaciones ulteriores que le sean introducidas, excepto que ellas versen solamente
sobre estipulaciones accesorias o secundarias, o que exista disposición legal el
contrario.”
Por ejemplo, Paulo otorga un poder general por escritura pública a su letrada Patricia
(conf. art 375) para que lo represente en un juicio de daños y perjuicios. Patricia debe
viajar al exterior por enfermedad de su abuelo, debiendo residir un mes en Italia;
producto de tal situación, Patricia sustituye al mandato (conf. art. 1327) en un socio de
su estudio, Anselmo. Si entendemos a dicha sustitución como una cuestión accesoria o
secundaria, sería válida la sustitución del caso, v. gr., mediante un instrumento privado,
sin costo alguno; por el contrario, si entendemos que el acto constituye una
modificación del poder primigenio otorgado por Paulo, debería, necesariamente,
realizarse la sustitución por escritura pública.

Instrumentos
Art. 286, CCyCN: La expresión escrita puede tener lugar por instrumentos públicos, o
por instrumentos particulares firmados o no firmados, excepto en los casos en que
determinada instrumentación sea impuesta. Puede hacerse constar en cualquier soporte,
siempre que su contenido sea representado con texto inteligible, aunque su lectura exija
medios técnicos.
Hoy se agregaron los documentos digitales, entendidos como instrumentos. Art 6, ley
25.506, Firma Digital: “se entiende por documento digital a la presentación digital de
actos o hechos, con independencia del soporte utilizado para su fijación,
almacenamiento o archivo. Un documento digital también satisface el requerimiento de
escritura”.
La firma es esencial como elemento para la validación de los instrumentos privados, y
una cuestión de suma relevancia es su reconocimiento, el cual puede ser espontáneo,
judicial o forzoso. El art. 314, CCyCN, dispone “El reconocimiento de la firma importa
el reconocimiento del cuerpo del instrumento privado”.
“Todo aquel contra quien se presente un instrumento cuya firma se le atribuye debe
manifestar si ésta le pertenece”. Ante un requerimiento de reconocimiento de firma, no
procederá la regla de “el que calla no otorga” y se lo tendrá por suscriptor.
Escritura pública
La norma del art. 299, CCyCN, en su primera parte, brinda una definición: “La escritura
pública es el instrumento matriz extendido en el protocolo de un escribano público o de
otro funcionario autorizado para ejercer las mismas funciones, que contienen uno o más
actos jurídicos”; seguidamente aclara la norma que “La copia o testimonio de las
escrituras públicas que expiden los escribanos es instrumento público y hace plena fe
como la escritura matriz. Si hay alguna variación entre ésta y la copia o testimonio, se
debe estar al contenido de la escritura matriz”.
El elemento distintivo de esta especie particular de instrumentos públicos es el
“protocolo”, el cual se forma con los folios habilitados para el uso de cada registro,
numerados correlativamente en cada año calendario, y con los documentos que se
incorporan por exigencia legal o a req. de las partes (conf. art. 300, primera parte,
CCyCN).
Nos limitaremos a mencionar que el legislador ha previsto minuciosamente distintos
aspectos de estas escrituras públicas, como sus requisitos, idiomas, abreviaturas y
números, lo atinente a otorgante con discapacidad auditiva, al contenido, a la
justificación de la identidad de los comparecientes, la doc. habilitante, las copias y
testimonios, y distintos supuestos de nulidad por falta de recaudos formales (conf. arts.
301 a 309, CCyCN).

Prueba
Si bien la prueba no constituye un elemento estructural ni funcional del negocio, su
relevancia en la práctica contractual es realmente notable, en segundo lugar, y no
obstante lo primero, por cuestión metodológicas, su estudio en el marco de la teoría es
meramente contingente, quedando relegado al derecho procesal civil y comercial.
En términos conceptuales, diremos que la prueba es una actividad dirigida a
convencer al juez sobre la verosimilitud de las pretensiones o defensas esgrimidas
por las partes en un proceso judicial. La prueba demuestra la existencia y alcance
del contrato.
En un litigio contractual, serán objeto de prueba aquellos hechos contradictorios, es
decir, afirmados por una parte y negados por la otra, y pertinentes o conducentes, que
tengan relación con la materia debatida en juicio y coadyuven a la solución del caso.
Desde una perspectiva contractual, podrá discutirse la validez del negocio, alegando,
por ejemplo, falta de discernimiento, intención o libertad en la formación del
consentimiento, u objeto o causa ilícitos; podrá discutirse si hubo incumplimiento de
contrato, o si fue válida o procedente la suspensión del cumplimiento o la resolución;
podrá probarse la existencia de un caso fortuito o de fuerza mayor, susceptible de eximir
de responsabilidad a la parte incumplidora, o la existencia de una vicisitud, es decir, un
hecho que devenga susceptible de modificar, adecuar o extinguir el negocio; podrán
demandarse daños y perjuicios con causa en el incumplimiento obligacional con bases
en el contrato, debiendo probarse los presupuestos de responsabilidad civil.
Sistemas de valoración de la prueba.

a. Sistema de prueba tasada.

Definición: Es aquel en el cual la ley establece previamente el valor probatorio de


ciertos elementos de prueba. Los jueces deben acatar estas reglas estrictamente, sin
libertad para valorar subjetivamente.

Ejemplo en el CCyCN:

Documentos públicos: El artículo 314 del CCyCN les otorga plena fe respecto de su
contenido y formalidades.

Testamentos ológrafos: La autenticidad depende de su conformidad con las


formalidades previstas (art. 2477 del CCyCN).

b. Sistema de libre convicción.

Definición: Otorga al juez plena libertad para valorar las pruebas según su sana crítica y
convicción personal. Este sistema busca garantizar que el juez forme su decisión basado
en su criterio razonado.

Aplicación en el CPCCN:

Este sistema es ampliamente utilizado en el derecho procesal civil argentino, en especial


para pruebas que no tienen reglas tasadas específicas, como los testimonios o informes
periciales.

c. Sistema de sana crítica racional.

Definición: Combina elementos de los sistemas anteriores. El juez debe valorar las
pruebas de acuerdo con principios de lógica, experiencia y razonabilidad. Este sistema
requiere una fundamentación adecuada de la decisión.

En el art 1019, CCyCN, en su primera parte prevé la regla general: “Los contratos
pueden ser probados por todos los medios aptos para llegar a una razonable convicción
según las reglas de la sana crítica”

Aplicación: Es el sistema predominante en el CPCCN (art. 386), que exige al juez


explicar razonadamente cómo ha valorado cada prueba y su incidencia en el fallo.
Medios y modos de prueba
Los medios de prueba en el contrato son los elementos idóneos para reconstruir los
hechos relevantes del negocio jurídico (atinentes a la formación, celebración, ejecución,
cumplimientos/incumplimientos, extinción, etc), y así lograr una decisión fundada del
magistrado en la cuestión contractual controvertida.
Estos medios se encuentran en el art. 1019 y 1020, CCyCN.
En el art 1019, CCyCN, en su primera parte prevé la regla general: “Los contratos
pueden ser probados por todos los medios aptos para llegar a una razonable
convicción según las reglas de la sana crítica”, para luego contemplar “ciertos límites
operativos/interpretativos, con arreglo a lo que disponen las leyes procesales, excepto
disposición legal que establezca un medio especial“.

Relación entre el art. 1019 y el sistema probatorio.

El artículo refuerza la idea de que la prueba en materia de contratos no solo se sujeta a


reglas tasadas, sino que se integra dentro del sistema de sana crítica racional, en línea
con el artículo 386 del CPCCN. Esto significa que el juez debe:

-Valorar todos los elementos probatorios presentados (documentos, testimonios,


presunciones, entre otros).

-Explicar razonadamente cómo cada prueba contribuye a su decisión.

-Utilizar herramientas lógicas y de experiencia para resolver casos de incertidumbre


probatoria.

La regla de libertad probatoria recibe restricciones. Primero, la restricción en función de


la legislación procesal, debido a que, los medios de prueba deben armonizarse con los
códigos procesales, por ejemplo, el artículo 685 del CPCyCN, que establece “en los
juicios fundados en las causales de falta de pago o por vencimiento del plazo sólo se
admitirá la prueba documental, la de confesión y la pericial”. Segundo, cuando la norma
menciona un medio especial, autoriza también al derecho de fondo a prever excepciones
al principio de libertad probatoria, por ejemplo, el art. 11 de la ley 17418 de Seguros, en
donde se prevé que el contrato de seguro sólo puede probarse por escrito.
La disposición del art. 1019, in fine, reza: los contratos que son de uso instrumentar no
pueden ser probados exclusivamente por testigos, concordando con el principio de
seguridad jurídica propio de los contratos.
En el supuesto de los contratos formales ad probationem, que en rigor son no formales,
se flexibiliza excepcionalmente esta restricción, pudiendo ser probados, incluso solo por
testigos.
La norma del art. 1020, referida a la prueba en los “contratos formales”, en su
primera parte dice “los contratos en los cuales la formalidad es requerida a los fines
probatorios pueden ser probados por otros medios, inclusive por testigos, si hay
imposibilidad de principio de prueba instrumental o comienzo de ejecución”. Se
entiende por “principio de prueba instrumental” a cualquier instrumento que emane de
la otra parte, de su causante o de parte interesada en el asunto, que haga verosímil la
existencia del contrato.
Las excepciones a la forma escrita como medio de prueba en los contratos no formales,
que son de uso instrumentar (o formales ad probationem), son las siguientes:
Imposibilidad de obtener la prueba de haber sido cumplida la formalidad. Comprendería
aquellos casos en los que el negocio se ha celebrado respetando la forma escrita, pero
luego no contamos con el instrumento, por pérdida o destrucción, como serían los casos
en los que el mismo sea alcanzado por incendio, inundación, o si la otra parte del
negocio o un tercero lo hurta, roba o destruye.
Existencia de principio de prueba instrumental. La noción de prueba instrumental se
encuentra en la última parte del art. 1020, CCyCN. Esta no requiere para su
configuración. que el doc. público o privado que emana del adversario, o de su
causante, sea efectuado por escrito.
Existencia del comienzo de ejecución. En este caso, basta con la existencia de un
contrato válido, aun aquellos en los que el consentimiento se haya formado verbalmente
o por la ejecución de hechos materiales, y con que el mismo se encuentre en su fase
funcional, de ejecución.
Para concluir, los modos de prueba son aquellos referidos a la técnica y los
procedimientos a través los cuales los medios de prueba que hemos visto se articulan o
canalizan en el proceso. Su marco normativo corresponde a los códigos de forma
(procesales).

Medios de prueba usuales del derecho contractual son:


Instrumentos, que pueden ser: público, particular (y privados).
Correspondencia. Art. 318.
Estados contables. Art 330.
Confesión de partes.
Presunciones legales y judiciales, por ejemplo, la factura no observada en el término de
10 días de recibida se presume aceptada.
Testigos.

Firma Digital
Hoy se agregaron los documentos digitales, entendidos como instrumentos.
La norma del art. 288, CCyCN, manda que; “en los instrumentos generados por medios
electrónicos, el requisito de la firma de una persona queda satisfecho si se utiliza una
firma digital que asegure indubitablemente la autoría e integridad del instrumento”.
Equiparando la firma digital a la ológrafa.
La firma digital se encuentra prevista en la ley 25.506. En su art. 2 la define: Se
entiende por firma digital al resultado de aplicar a un documento digital un
procedimiento matemático que requiere información de exclusivo conocimiento del
firmante, encontrándose ésta bajo su absoluto control. La firma digital debe ser
susceptible de verificación por terceras partes, tal que dicha verificación
simultáneamente permita identificar al firmante y detectar cualquier alteración posterior
a su firma”.
Bielli y Ordoñez explican que la firma digital es una firma electrónica avalada por una
autoridad certificante, que, a través de los requisitos de verificación necesarios, permite
establecer la conexidad entre la titularidad de quien suscribe el documento digital, su
voluntad plasmada en el mismo y la integridad propia de dicho documento.
La firma electrónica, en su art. 5 la define “se entiende por firma electrónica al conjunto
de datos electrónicos integrados, ligados o asociados de manera lógica a otros datos
electrónicos, utilizado por el signatario como su medio de identificación, que carezca de
alguno de los requisitos legales para ser firma digital”. La firma electrónica es uno de
los mecanismos de autenticación e identificación más usados en nuestro país, y cada día
que pasa tiene mayores adeptos y ámbitos de aplicación.
La firma electrónica carece de alguno de los requisitos legales para ser firma digital, la
cual se diferencia por estar avalada por autoridad certificante.
UNIDAD 4
UNIDAD IV

Efectos. Autonomía de la voluntad.


Para comprender la autonomía de la voluntad, traemos a colación una síntesis formulada
por Lorenzetti, en donde expone las tres tesis predominantes referidas a los
fundamentos de esta “libertad” de contratación y de configuración del contenido
contractual:
Autonomía de la voluntad como derecho preestatal. La soberanía de la voluntad es
un principio de derecho natural, previo incluso a la organización del estado. Esta
pre-estatalidad no impide un mínimo control, pero se reconoce que todo está librado a la
autorresponsabilidad.
Autonomía de la voluntad reconocida por el estado. No hay una soberanía
pre-estatal, sino una delegación del estado a la autonomía privada y, en consecuencia,
puede ser controlada en sus excesos.
Autonomía de la voluntad como un derecho fundamental. En esta perspectiva se
considera que la libertad es anterior a la constitución misma del Estado, y que en la
carta constituyente se ha plasmado la libertad de autodeterminación como un derecho
fundamental del individuo. A diferencia de la primera, no se trata de un enfoque
solamente político, sino de un derecho de rango constitucional directamente operativo.

La fuerza obligatoria del contrato: teorías y fundamentos.


Desde hace mucho tiempo, los pensadores jurídicos han intentado justificar la
obligatoriedad de los contratos. Mosset Iturraspe destacaba el esfuerzo y la influencia de
los autores del derecho canónico en pos de la valorización de la palabra empeñada,
condenando a quienes violan la regla moral de no mentir. Para ellos reinaba un criterio
de orden moral: quien falta a su palabra viola una regla de moral trascendencia, la
obligación de no mentir, establecido en el octavo mandamiento cristiano. Ripper
adhería, afirmando que “la sola noción de obligación implica ya una creencia en el ideal
moral, puesto que es preciso explicar la sumisión legítima del hombre al hombre”.
Teoría Iusnaturalista
Grocio y Pufendord, como referentes del iusnaturalismo, buscaron apoyo en la sola
razón humana. La obligatoriedad de los contratos se fundaría en un “supuesto convenio,
primitivo y tácito, otorgado contemporáneamente a la constitución de la vida social y
por el cual los hombres se habrían obligado a ser fieles a sus promesas”.
Esta postura fue llevada a su máxima expresión por Kant, quien, desde una ética
deontológica, elevó la norma moral al alto estándar de imperativo categórico, fundando
así una escuela de pensamiento ontológico: más allá de toda especulación utilitaria, el
hombre debe obrar sólo por el deber. Para Kant y su escuela filosófica del derecho, el
hombre dicta su propia ley. Se acaba considerando a la obligación como algo evidente.
David Ross adhiere a esta teoría, siendo quien sostuviera que la ruptura de una promesa
debe ser considerada como una ultrajante, una ruptura de confianza, un acto malo,
detestable en sí mismo. Así también, creía que no tenemos por qué dudar de un sistema
en donde las promesas se cumplen.

Teoría Ética normativa


Utilitarismo anglosajón
Esta teoría sostiene una idea pragmática, que consiste en que es más beneficioso
cumplir que no cumplir, ya que, según afirma Bentham, de la inobservancia surge el
decaimiento de la confianza del propio individuo, o es la propia sociedad la que resulta
perjudicada.

Corriente del derecho angloamericano


Encuentra al profesor de Oxford P.S. Atiyah (aria), que el fundamento primordial de la
obligatoriedad contractual descansa sobre “el simple principio moral de que una
persona debe cumplir sus promesas y de respetar sus acuerdos”.

Límites a la autonomía de la voluntad.


En el entorno de dirigismo contractual, pensando en una tutela judicial efectiva en los
contratos y en la necesidad de contar con herramientas técnicas idóneas para combatir
los desequilibrios, surgen:

Teoría de la imprevisión
La imprevisión surge de la cláusula de excepción rebus sic stantibus (estando así las
cosas), y su carácter de excepcional con respecto al principio pacta sunt servanda.
La disposición del art. 1091, CCyCN, dispone: “Imprevisión. Si en un contrato
conmutativo de ejecución diferida o permanente, la prestación a cargo de una de las
partes se torna excesivamente onerosa, por una alteración extraordinaria de las
circunstancias existentes al tiempo de su celebración, sobrevenida por causas ajenas a
las partes y al riesgo asumido por la que es afectada, ésta tiene derecho a plantear
extrajudicialmente, o pedir ante un juez, por acción o como excepción, la resolución
total o parcial del contrato, o su adecuación. Igual regla se aplica al tercero a quien le
han sido conferidos derechos, o asignadas obligaciones resultantes del contrato; y al
contrato aleatorio si la prestación se torna excesivamente onerosa por causas extrañas a
su alea propia.”
Entonces, la imprevisión es un instituto destinado a expurgar la injusticia cuando nuevas
circunstancias, posteriores a la celebración del negocio, han venido a perjudicar a
alguna de las partes, en tanto la prestación a su cargo se ha tornado excesivamente
onerosa. Este instituto persigue, frente a acontecimientos extraordinarios y sorpresivos,
evitar que se consume una flagrante injusticia, velando por el restablecimiento del
equilibrio del negocio.
Sanchez Mariño sostuvo que “la imprevisión” en tanto “hecho”, no es condición
necesaria para el reajuste por excesiva onerosidad sobreviniente, pero sí en tanto
“consecuencia”, encontrando las bases de fundamentación de esta afirmación en la
causa como elemento esencial de validez e interpretación del negocio jurídico (conf.
arts. 281 y 1065, CCyCN), en la conservación del sinalagma contractual (necesidad,
conf. art. 1013, CCyCN) y en la “dignidad” como fenómeno de humanización en los
negocios, protegiéndose el plan prestacional inicial de las partes.
En palabras más simples, Sánchez Mariño dice que no es necesario que ocurra un
evento inesperado (la "imprevisión") para que se pueda pedir un ajuste del contrato por
haber llegado a ser demasiado costoso para una de las partes. Lo importante es que esa
"imprevisión" haya generado consecuencias que hagan que el contrato sea injusto o muy
difícil de cumplir para una de las partes.

Requisitos
●​ Excesiva onerosidad.
●​ Un acontecimiento extraordinario e imprevisible. Ajeno al curso normal y
ordinario de las cosas.
●​ El acontecimiento debe ser sobreviniente a la celebración del contrato. En la
etapa funcional.
●​ Nexo de causalidad entre el acontecimiento extraordinario e imprevisible y la
excesiva onerosidad sobreviniente, y ausencia de culpa y mora.

En cuanto a la naturaleza, la doctrina mayoritaria admite la validez de la cláusula de


renuncia a la imprevisión. La cátedra adhiere a la tesis de la disponibilidad del instituto
de la imprevisión, y la consecuente facultad de los contratantes de renunciar a este
elemento natural del negocio, pero destacando dos puntos relevantes; 1) la renuncia no
se presume, debiéndose interpretar restrictivamente (conf. art. 978, CCyCN); y 2) esta
validez de los pactos de renuncia a la operatividad de la imprevisión se circunscribe a
los contratos paritarios negociados, constituyendo una cláusula abusiva en los contratos
celebrados por adhesión a cláusulas grales. predisp. y en los contratos de consumo,
ámbitos negociales en donde deberá tenerse por no escrita (conf. art. 37, ley 24.240 y
modif. y arts. 987, 988, 1119 y 1122, CCyCN).
En sus efectos, entendemos que se autoriza a la parte perjudicada a plantear judicial o
extrajudicialmente la resolución total o parcial del contrato. La norma también habilita a
plantear la adecuación. No se niega la posibilidad de que el juez busque una
conciliación de intereses entre las partes, pero con cuidado, ya que la norma no lo
menciona, solo avalado en el principio de conservación del contrato.
Lesión
La lesión, junto al fraude y la simulación, conforman los vicios de los actos jurídicos,
contemplados en el cap. 6, del título IV del libro I, CCyCN (arts. 332 a 342).
Constituyendo así, un límite a la libertad de contratación, en tanto la autonomía
irrestricta deberá ceder ante conductas inescrupulosas, inmorales y abusivas de alguna
de las partes del negocio jurídico, que tengan como resultado un desequilibrio
manifiesto en la relación ventajas/sacrificios de las partes dentro del plan prestacional
diseñado.
Con la reforma de la ley 17.711 se incorpora la lesión en el CC. Actualmente se
encuentra en el art. 332 del CCyCN: “Lesión. Puede demandarse la nulidad o la
modificación de los actos jurídicos cuando una de las partes, explotando la necesidad,
debilidad psíquica o inexperiencia de la otra, obtuviera por medio de ellos una ventaja
patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación… El afectado tiene
opción para demandar la nulidad o un reajuste equitativo del convenio, pero la primera
de estas acciones se debe transformar en acción de reajuste si éste es ofrecido por el
demandado al contestar la demanda. Sólo el lesionado o sus herederos pueden ejercer la
acción”.
La lesión objetiva tiene en cuenta el desequilibrio de las prestaciones, el que es fijado en
una proporción meramente numérica, cuya existencia hace presumir una injusticia en el
contrato. Esta tésis ha sido criticada por valerse de un criterio meramente numérico,
afectando a los contratos celebrados con o sin aprovechamiento. Por esto es que se
adiciona el requisito de la “justificación” en la diferencia numérica que pactan las
partes. Este criterio “subjetivo” se origina en rechazo a la usura.

El ámbito de operatividad de la lesión se delimita a los negocios jurídicos onerosos.

Requisitos
Su requisito objetivo se refiere a la “ventaja patrimonial evidentemente
desproporcionada, sin justificación”.
Por otro lado, los subjetivos son los siguientes; situación de inferioridad de la víctima,
la necesidad, la debilidad psíquica y la inexperiencia.

Con respecto a la prueba, mencionada en el art. 332, cabe aclarar que si la diferencia
entre las contrapartes tuvo una causa legítima, la parte demandada por lesión es la que
deberá probar.
Los efectos de la lesión tiene su desenlace en la etapa de formación del consentimiento,
por lo que nos encontramos ante una ineficacia estructural del negocio.
En cabeza de la víctima, las soluciones son la acción de nulidad o de reajuste equitativo,
y, ante su deceso, sus herederos podrán interponer la acción.
Bien ha expuesto Nicolau que en la lesión se protege el interés particular del lesionado y
no el orden público.

Abuso del derecho


Art. 10, CCyCN: “Abuso del derecho. El ejercicio regular de un derecho propio o el
cumplimiento de una obligación legal no puede constituir como ilícito ningún acto.
La ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos. Se considera tal el que contraría
los fines del ordenamiento jurídico o el que excede los límites impuestos por la buena
fe, la moral y las buenas costumbres.
El juez debe ordenar lo necesario para evitar los efectos del ejercicio abusivo o de la
situación jurídica abusiva y, si correspondiere, procurar la reposición al estado de hecho
anterior y fijar una indemnización.”
En nuestro sistema, el abuso del derecho se encuentra en el Título Preliminar, lo que
habla de su vital importancia como principio general.
Seguido al mismo, se encuentra el Art. 11; “Abuso de posición dominante. Lo dispuesto
en los arts. 9 y 10 se aplica cuando se abuse de una posición dominante en el
mercado, sin perjuicio de las disposiciones específicas contempladas en leyes
especiales.” Por ejemplo, cuando una persona o empresa adquiere una magnitud
sobredimensionada en el mercado, afectando la situación de sus competidores. La
ilicitud no se halla, por tanto, en el simple presupuesto económico de sostener una
posición privilegiada, sino en el hecho de aprovechar tal situación.

Enriquecimiento sin causa


El enriquecimiento sin causa es un concepto que se refiere a la situación en la que una
persona se enriquece a expensas de otra, sin que exista una causa jurídica que lo
justifique.
En este caso, la persona que se enriquece está obligada a restituir el importe al afectado
o empobrecido. En el Código Civil y Comercial Nacional, el artículo 1794 establece que
toda persona que se enriquezca sin una causa lícita a expensas de otro, está obligada a
resarcir el detrimento patrimonial del empobrecido.
Efectos Subjetivos

Partes, sucesores, terceros, estipulación a favor de terceros, contratación a nombre de


terceros, promesa del hecho de terceros.

De la concretización del contrato se proyectan un cúmulo de consecuencias y


situaciones jurídicas, las cuales pueden ser vistas a la luz de la situación de las partes
en el negocio, en tanto centro de imputación de efectos jurídicos, justamente derivados
del contrato, o en relación con la dinámica funcional de las obligaciones con fuente en
aquel reglamento contractual.
Constituye un principio fundamental en la material contractual que “las convenciones
hechas en los contratos forman … una regla a la cual deben someterse como a la ley
misma” (conf. arts. 1197 del Código de Vélez), y por tanto el contenido contractual es
obligatorio, en principio, exclusivamente para las partes. El CCyCN, en su art. 959,
establece: “Efecto vinculante: todo contrato válidamente celebrado es obligatorio para
las partes. Su contenido sólo puede ser modificado o extinguido por acuerdo de partes o
en los supuestos que la ley prevé.”
El denominado “principio del efecto relativo” tiene su razón dogmática en que el
contrato es un acto jurídico bilateral con fuente en la autonomía privada y solo causa
obligaciones para quienes lo celebran. Sus efectos jurídicos son limitados.
El CCyCN, en el cap. 9 (efectos), sección 1 (efecto relativo), art. 1021, capta esta regla
general, admitiendo excepciones: “El contrato sólo tiene efecto entre las partes
contratantes; no lo tiene con respecto a terceros, excepto en los casos previstos por la
ley”.
Como toda regla, posee excepciones, las cuales extienden los efectos del contrato a
quienes no son “partes” en sentido técnico jurídico. Prestamos especial atención a los
contratos a favor de terceros y de conexidad contractual.

Partes, sucesores y terceros


Siguiendo a Leiva Fernández, distinguimos entre partes en sentido formal, referido a
quienes comparecen al acto de celebración y prestan su conformidad, como, por
ejemplo, el presidente de una sociedad anónima en representación de esta o un
progenitor en representación de su hijo menor, y parte en sentido material, referido a
los sujetos sobre quienes se les recae los efectos jurídicos del negocio, los sujetos
obligados, en los ejemplos dados, la sociedad, el hijo.
La situación de “otorgante” y de “parte” puede coincidir en un número grande de
contratos, como sería el caso de una persona mayor de edad que vende el vehículo del
cual es dueña. La desvinculación de las condiciones de parte y otorgante queda
reservada para los supuestos de la actuación de aquellas personas que actúen en nombre
e interés de otra, es decir, en la calidad de “representantes”. Esto, a efectos de dilucidar
quienes quedarán obligados.
El art. 1023, CCyCN nos dicta quien es parte del contrato: “Se considera parte del
contrato a quien:
a)​ Lo otorga a nombre propio, aunque lo haga en interés ajeno;
b)​ es representado por un otorgante que actúa en su nombre e interés;
c)​ manifiesta la voluntad contractual, aunque ésta sea transmitida por un corredor o
por un agente sin representación.”
El primer supuesto no ofrece dificultades, un sujeto actúa en su propio nombre,
independientemente de que lo haga en interés o a favor de otro (v. gr, mandato sin
representación, imputándose los efectos jurídicos a quien actúa en su propio nombre,
conf. art 1321, o el supuesto del consignatario, respecto de las personas con quienes
contrata las cosas recibidas en consignación, conf. arts. 1335 y 1337, CCyCN).
El segundo supuesto es el clásico supuesto del mandato con representación. Aquí hay
un desdoblamiento de roles; quien otorga el acto será el representante, en tanto los
efectos jurídicos se imputarán a su representado (léase hijo, soc. comercial, fundación,
persona con capacidad restringida, etcétera).
En el tercer supuesto, no existe representación y, por tanto, el sujeto que transmite la
voluntad actúa como un mero intermediario o comunicador de la voluntad de la
eventual parte del contrato, encontrando aquí el supuesto del corredor (art. 1345,
CCyCN) y el agente (art. 1479, CCyCN).
Sucesores
El título V del libro IV, CCyCN, tiene una relevancia medular, en tanto prevé reglas
elementales en materia de transmisión de derechos.
La disposición del art. 398, CCyCN, sienta la regla de la libre transmisibilidad de los
derechos: “Todos los derechos son transmisibles excepto estipulación válida de las
partes o que ello resulte de una prohibición legal o que importe transgresión a la buena
fe, a la moral o a las buenas costumbres”. Como ejemplos de derechos intransmisibles
encontramos a los derechos y obligaciones inherentes a la persona (v. gr., art. 1617,
CCyCN) o aquellos prohibidos por la ley, como el derecho real de usufructo por causa
de muerte (arts. 2140 y 2152, CCyCN), el uso o la habitación.
La disposición del art. 399, CCyCN, por su parte, prevé el principio general del
derecho privado, en tanto “Nadie puede transmitir a otro un derecho mejor o más
extenso que el que tiene, sin perjuicio de las excepciones legalmente dispuestas”;
excepciones importantes que podemos mencionar, así como el heredero aparente (art.
2315, CCyCN) y la del subadquiriente de buena fe a título oneroso de la cosa objeto de
un acto nulo (art. 392, CCyCN).
Ejemplo de heredero aparente: Pedro cree que es el único heredero de su abuelo y vende
una propiedad de la herencia a Juan. Años después, aparece María, la verdadera
heredera. Si Juan compró la propiedad sin saber que Pedro no era el verdadero heredero,
la venta puede ser válida para protegerlo a él.
Ejemplo de subadquirente de buena fe: María le vende a Ana un auto que, en realidad,
no podía vender porque su título de propiedad es inválido. Sin saberlo, Ana luego le
vende el auto a Tomás, quien lo compra de buena fe y pagando su precio. Aunque el
acto original entre María y Ana era nulo, Tomás podría conservar el auto porque lo
adquirió sin saber del problema.
La sucesión se puede producir por acto entre vivos o por causa de muerte. En el caso del
derecho de los contratos, nos encontramos ante actos entre vivos con excepción de lo
dispuesto en materia de herencia futura en el art. 1010, CCyCN. Pero, al mismo tiempo,
la sucesión, que no es otra cosa que el ingreso de un sujeto en una relación jurídica
ya existente, en lugar de otro, pudiendo ser a título singular o universal.
La norma del art. 400, CCyCN, brinda una definición normativa de estos; “Sucesor
universal es el que recibe todo o una parte indivisa del patrimonio de otro; sucesor
singular el que recibe un derecho en particular”.
Podemos agregar, en materia contractual, el art. 1024, CCyCN: “Sucesores universales.
Los efectos del contrato se extienden, activa y pasivamente, a los sucesores universales,
a no ser que las obligaciones que de él nacen sean inherentes a la persona, o que la
transmisión sea incompatible con la naturaleza de la obligación, o esté prohibida por
una cláusula del contrato o la ley”.
Muchas veces estas disposiciones generales reciben trato específico en los contratos en
particular; por ejemplo, en el contrato de locación, en el art. 1189, se consigna
expresamente que “Excepto pacto en contrato, la locación: a) se transmite activa y
pasivamente por causa de muerte”, pero, seguidamente, en la norma del art. 1190, si la
cosa locada es inmueble, o parte material de este, con destino habitacional, prioriza en
el derecho a continuar en el uso y goce de la cosa, ante el fallecimiento o abandono de
esta por el locatario, a quienes habitaban con él recibiendo trato familiar ostensible,
durante al menos un año previo al fallecimiento o abandono.

Terceros
Son aquellos que no son parte del contrato.
La situación de estos terceros se encuentra regulada en el art. 1022, CCyCN: “Situación
de terceros. El contrato no hace surgir obligaciones a cargo de terceros, ni los terceros
tienen derecho a invocarlo para hacer recaer sobre las partes obligaciones que éstas no
han convenido, excepto disposición legal”.
Existen distintos supuestos con causa en el contrato celebrado por otros, en donde se
puede advertir una afectación a los derechos de terceros, situación conocida como
efectos indirectos del contrato, lo cual deriva en el distingo entre “terceros
interesados” y “terceros no interesados o penitus extraneus”. Estos últimos, son aquellos
totalmente ajenos al negocio y a sus efectos, pues no tienen derechos subjetivos o
intereses legítimos afectados por el negocio jurídico.
Los terceros interesados son quienes, sin ser parte del negocio tienen un derecho
subjetivo o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que se encuentra en
riesgo como producto de la celebración del contrato.

Estipulación a favor de un tercero


Para comprender este tipo de participación de terceros, resulta pensar algunos supuestos
prácticos:
La donación con cargo, cuando el cargo se debe cumplir a favor de un tercero (art.
1562, CCyCN). Ejemplo: Una persona dona un terreno a otra con la condición de
construir una casa en ese terreno y dársela a un tercero (art. 1562, CCyCN). En este
caso, el tercero es el beneficiario del cargo impuesto al donatario.
El beneficiario de un fideicomiso, cuando el beneficiario resulta ser un sujeto extraño a
los fiduciantes (arts. 1671 y 1699, CCyCN; v. gr., fideicomiso testamentario). Ejemplo:
Un padre crea un fideicomiso testamentario antes de fallecer, designando como
fiduciario a un banco. El beneficiario del fideicomiso es su nieto, que no participó en la
creación del fideicomiso (arts. 1671 y 1699, CCyCN). Aquí, el nieto es un tercero que
obtiene derechos como beneficiario.
El contrato de transporte de cosas, cuando el destinatario de la carga objeto del contrato
de transporte es un sujeto distinto del cargador (arts. 1280 y 1304, CCyCN). Ejemplo:
Una empresa A contrata a una transportista para llevar una maquinaria desde su fábrica
hasta el almacén de la empresa B. La empresa B, como destinataria, es una tercera que
se beneficia del cumplimiento del contrato entre la empresa A y la transportista (arts.
1280 y 1304, CCyCN).
El contrato de renta vitalicia. Cuando el deudor de la renta le debe pagar a un tercero
(arts. 1599 y 1605, CCyCN). Ejemplo: Una persona acuerda con otra el pago de una
renta vitalicia, pero estipula que los pagos mensuales se realizarán a su sobrino. El
sobrino, que no forma parte del contrato, es el tercero beneficiario (arts. 1599 y 1605,
CCyCN).
El seguro de vida (art. 143, ley 17418). Ejemplo: Un trabajador contrata un seguro de
vida y designa como beneficiario a su cónyuge. El cónyuge, que no participó en la
contratación, adquiere el derecho a recibir la suma asegurada en caso de fallecimiento
del titular (art. 143, ley 17.418).
Previsto en los arts. 1027 y 1028, CCyCN, el contrato a favor de tercero se encuentra
celebrado por dos partes, el estipulante y el promitente. Quien hace la estipulación es
estipulante, quien la realizará a favor del tercero es prominente, el tercero lo es con
relación al contrato, pero, como la convención ha sido establecida a su favor, es su
beneficiario y, en determinadas circunstancias, se convierte en acreedor de la
obligación nacida de dicho contrato.
El estipulante es quien imprime el motivo del acto, de él nace la promesa para con el
tercero, el promitente es quien resulta obligado a realizar la prestación a favor del
tercero.
Un acto de suma importancia en la estipulación a favor de terceros es la aceptación del
beneficiario, aun no siendo requisito, ya que tiene el significado de convertir dicha
adquisición en irrevocable e inmodificable.

Contratación a nombre de terceros


Figura prevista en el art. 1025, CCyCN. “Quien contrata a nombre de un tercero sólo lo
obliga si ejerce su representación. A falta de representación suficiente el contrato es
ineficaz. La ratificación expresa o tácita del tercero suple la falta de representación; la
ejecución implica ratificación tácita.”
El contrato celebrado a nombre de otro de quien no se tenga autorización o
representación legal es de ningún valor, y no obliga a nadie, ni al que lo hizo,
sencillamente es ineficaz (conf. art. 1025, segunda parte, CCyCN). Lejos está de
constituir una excepción al efecto relativo de los contratos.
El acto central en esta figura sería la “ratificación” en función de que “la ratificación
expresa o tácita del tercero suple la falta de representación; la ejecución implica
ratificación tácita” (conf. art. 1025, in fine, CCyCN).
Esta ratificación puede ser expresa o tácita, de manera coherente con los modos de
manifestación de la voluntad (conf. arts. 262, 263 y 264, CCyCN).
La ratificación es un acto jurídico integrativo, posterior a aquel que integra, en virtud
del cual el tercero pasa a ser parte del acto ratificado, quedando obligado conforme a sus
términos y en condiciones de exigir su cumplimiento.

Promesa del hecho de terceros


En este modelo negocial siempre existe contrato. Sin perjuicio de esto, tampoco podría
constituir este supuesto una excepción al efecto relativo de los contratos, dado que
no vincula ni obliga al tercero, sólo compromete la responsabilidad de quien promete el
hecho de este.
Quien promete la prestación de un tercero quedará obligado a realizar las diligencias
necesarias para que dicho tercero realice tal actividad, teniendo así este contrato por
objeto esta obligación de hacer en los términos del art. 775, CCyCN; es decir, emplear
los medios necesarios para que el tercero realice la prestación.
Este supuesto podría constituir un caso de contratos sobre bienes ajenos (arts. 1008 y
1132, CCyCN), en tanto quien contrata puede prometer que ese tercero se obligue a
darle tal o cual cosa. Sin embargo, en la venta de cosa ajena, también podría suceder
que quien se obliga en tales términos adquiera primero la cosa de un tercero, para luego
transmitirla, distando tal casuística de las previsiones del art. 1025.
Salvo que quien prometa el hecho del tercero garantice el resultado, la obligación
asumida será de medios (conf. art. 774, inc. a, CCyCN).
El art. 1026 del CCyCN prescribe: “Quien promete el hecho de un tercero queda
obligado a hacer lo razonablemente necesario para que el tercero acepte la promesa. Si
ha garantizado que la promesa sea aceptada, queda obligado a obtenerla y responde
personalmente en caso de negativa”.

Efectos objetivos o propios


Entendiendo por efectos del negocio al cambio de la situación jurídica preexistente, la
cual se concreta siempre en una relación jurídica que resultara constituida o modificada
o extinguida. Ahora nos concentraremos en las modificaciones que pueden sufrir las
obligaciones de las partes. Esta perspectiva nos permitirá distinguir los elementos
naturales, vistos en la etapa estructural del negocio, en el reglamento de la autonomía
privada, de las consecuencias o efectos naturales, que son aquellos elementos puestos en
acción, en funcionamiento, en el devenir del negocio.

Suspensión del cumplimiento- Tutela preventiva- Señal o arras- Obligación de


saneamiento- Responsabilidad de saneamiento- Responsabilidad por evicción-
Responsabilidad por vicios ocultos (y redhibitorios)

Suspensión de cumplimiento
Esta figura es un típico efecto natural de los contratos bilaterales.
Art. 1031, CCyCN: “suspensión del cumplimiento. En los contratos bilaterales, cuando
las partes deben cumplir simultáneamente, una de ellas puede suspender el
cumplimiento de la prestación, hasta que la otra cumpla u ofrezca cumplir. La
suspensión puede ser deducida judicialmente como acción o como excepción. Si la
prestación es a favor de varios interesados, puede suspenderse la parte debida a cada
uno hasta la ejecución completa de la contraprestación”.
Su finalidad es la tutela del crédito, mediante opciones de conducta en cabeza del
acreedor, que eviten, o al menos disminuyan, los efectos nocivos del incumplimiento de
la otra parte del negocio.
Si los contratos bilaterales son aquellos en los que las partes se obligan recíprocamente,
la una hacia la otra (conf. art. 966, CCyCN), la lógica es sencilla, si una de las partes
debe cumplir antes o simultáneamente con la otra y no lo hace, o lo hace de manera
defectuosa, la parte perjudicada puede suspender su cumplimiento.
Ahora se puede hacer uso de este mecanismo legal ya no solo por medio de la defensa
procesal de excepción, sino que se contempla la posibilidad de hacer uso de ella
también por medio de una acción (conf. ley 26.994, CCyCN).
El incumplimiento debe ser “grave”, de lo contrario podría caer en la órbita del ejercicio
abusivo de los derechos.
No debemos olvidar la distinción tradicional de Galdós, del incumplimiento absoluto,
en los cuales el cumplimiento de la obligación se hace imposible en el futuro,
produciendo la frustración definitiva del interés del acreedor, del incumplimiento
relativo, en el cual la prestación comprometida no es ejecutada en el tiempo propio o es
deficientemente ejecutada; es en la esfera de este último tipo de incumplimientos
(relativos) en donde puede operar la suspensión del cumplimiento sub examine.
Así, arribamos a la norma del art. 867, CCyCN, la cual prevé los requisitos del
pago (cumplimiento), a saber: identidad, integridad, puntualidad y localización.
Cualquier falla relevante en alguno de ellos generará en el cocontratante la
facultad de suspender el contrato.

Tutela preventiva
Es una novedad del CCyCN. Podría considerarse como una especie de suspensión del
cumplimiento de especiales características. En ella, la finalidad preventiva, de tutela de
crédito, cobra aún más fuerza. Se encuentra en el art. 1032, CCyCN: “Tutela
preventiva. Una parte puede suspender su propio cumplimiento si sus derechos
sufriesen una grave amenaza de daño porque la otra parte ha sufrido un menoscabo
significativo en su aptitud para cumplir, o en su solvencia. La suspensión queda sin
efecto cuando la otra parte cumple o da seguridades suficientes de que el cumplimiento
será realizado.
Su fundamento reside en la causa del contrato, en tanto “la prestación de la parte
solvente carecería de causa si cumpliera siendo evidente que la otra parte no lo hará”. Se
aprecia así, una vez más, la causa fin como fuente de interpretación de los contratos
(.conf. art. 1065, inc. c, CCyCN).
A diferencia del ejemplo de caducidad de plazos, no se requiere la declaración de
quiebra de aquella parte de quien debía cumplir primero. El “menoscabo significativo”
será materia de prueba por parte de quien articule la tutela preventiva.
Leiva Fernandez, ejemplifica: Imagínese un acreedor que vive frente a su deudor y ve
que este ya no trabaja, vendió su automóvil y cambió a los hijos de colegio a uno menos
costoso o gratuito. Aunque sean solo conjeturas, es probable que pueda inferirse que el
deudor perdió su trabajo y ya no tiene dinero. Así son las cosas, ¿debe el acreedor
cumplir la prestación correspectiva barruntando que su deudor no podrá cumplir la
deuda?

La señal o arras
La seña, señal o arras, es un elemento accidental del negocio, que integra el reglamento
contractual, habiendo sido introducido por las partes.
Encontramos así, por un lado, las arras penitenciales, que permiten el arrepentimiento
de las partes (con una sanción), calificadas como un supuesto de contrato claudicante;
por otro lado, tenemos las arras confirmatorias, que vigorizan lo convenido, dándose
en signo de confirmación del contrato. Ambas, miradas estáticamente, en la
formación del contrato serán elementos accidentales; sin embargo, producido el
arrepentimiento (en las penitenciales) o cumplida en parte la prestación (en las
confirmatorias), se proyectarán como efectos del negocio, como consecuencias, con
impacto, extintivo en el primer caso, y modificatorio en el segundo, del plan
prestacional.
Su ámbito de aplicación, expone Spota, “es clásica la aplicación de señal en los
contratos de compraventa, por extensión se considera indubitablemente que se aplica a
los contratos de prestaciones recíprocas, bilaterales o sinalagmáticos”.
La seña penitencial, entonces, debilita el negocio, permite o faculta a las partes a
arrepentirse pagando una suerte de multa predeterminada, en tanto que la seña
confirmatoria robustece el negocio, y una vez entregada, se la entiende como principio
de ejecución del contrato.
En caso de introducir las partes la “seña” sin especificación alguna, la misma será
“confirmatoria”.
Se encuentra contemplado en el artículo 1059 “La entrega de señal o arras se interpreta
como confirmatoria del acto, excepto que las partes convengan la facultad de
arrepentirse; en tal caso, quien entregó la señal la pierde en beneficio de la otra, y quien
la recibió, debe restituirla doblada”. y el artículo 1060 “Como señal o arras pueden
entregarse dinero o cosas muebles. Si es de la misma especie que lo que debe darse por
el contrato, la señal se tiene como parte de la prestación si el contrato se cumple; pero
no si ella es de diferente especie o si la obligación es de hacer o no hacer.”

Obligación de saneamiento
La obligación de saneamiento es el deber legal que recae sobre el vendedor en un
contrato de compraventa, mediante el cual garantiza al comprador la titularidad y
el uso pacífico del bien transmitido, asegurando que este no será objeto de
reclamos fundados por terceros (evicción) y que carece de defectos ocultos que lo
hagan impropio para su uso o disminuyan significativamente su valor (vicios
redhibitorios y ocultos), salvo que las partes acuerden lo contrario o el vendedor actúe
de mala fe. Las partes pueden ampliarlo, reducirlo o excluirlo.
La obligación de saneamiento o responsabilidad por garantía es un elemento/efecto
natural de los contratos onerosos, tal cual se prevé expresamente en la disposición del
art. 1036, primera parte, CCyCN.
Las normas de los artículos 1033 y 1034, CCyCN, son indispensables para una correcta
comprensión de estas garantías, puesto que indican quienes son los sujetos responsables,
su ámbito de aplicación, por regla a los contratos onerosos, y cuales son las garantías
comprendidas (evicción y vicios ocultos). El art. 1033 señala: “Sujetos responsables.
Están obligados al saneamiento; a) el transmitente de bienes a título oneroso; b) quien
ha dividido bienes con otros; c) sus respectivos antecesores, si han efectuado la
correspondiente transferencia a título oneroso.”
El art. 1036, CCyCN, en su parte final, prevé la facultad de las partes, en razón, claro
está, de su autodeterminación, de aumentar, disminuir o suprimir estas garantías, sin
perjuicio de la interpretación restrictiva del legislador en los supuestos de supresión y
disminución de las mismas (conf. art. 1037, CCyCN).
Existen dos supuestos en donde este tipo de cláusulas de disminución o supresion
deberán tenerse por no escritas, aun en la contratación paritaria negociada; en el primer
caso, centrando la atención en el dolo o la culpa del enajenante, y su inadecuación a la
conducta debida, con buena fe, lealtad o diligencia (“si el enajenante conoció, o debió
conocer el peligro de evicción, o la existencia de vicios”, art. 1038, inc. a, CCyCN). En
el segundo, en la profesionalidad (“si el enajenante actúa profesionalmente en la
actividad a la que corresponde la enajenación, a menos que el adquirente también se
desempeñe en esa actividad”, art. 1038, inc. b, CCyCN). El concepto de profesional del
CCyCN en esta materia tiene en cuenta principalmente el conocimiento técnico y
específico, la experiencia y habitualidad en la rama de negocios de que se trate.

Artículo 1038, explicación: Define dos excepciones en las cuales estas cláusulas de
disminución o supresión no tendrán efecto, aun si fueron negociadas:

●​ Dolo o culpa del enajenante: Si el vendedor conocía o debía conocer los


riesgos de evicción o los defectos del bien, no puede eximirse de la obligación
de saneamiento. Esto responde a un principio básico de buena fe y lealtad
contractual.
●​ Profesionalidad del vendedor: Si el vendedor es un profesional en la actividad
que implica la venta (por ejemplo, un concesionario de autos), no podrá excluir
su responsabilidad, salvo que el comprador también sea profesional en esa
misma área.

Responsabilidad por saneamiento


Finalmente, debemos distinguir la “responsabilidad por saneamiento”, es decir, aquella
derivada de estas garantías, y que opciones tiene el acreedor, cuestión concordante con
las opciones generales de los derechos personales (conf. art. 730, CCyCN), de la
responsabilidad por daños y perjuicios, en cabeza del acreedor de la garantía, pretensión
esta última acumulable a la primera.
El art. 1039, prevé: “El acreedor de la obligación de saneamiento tiene derecho a
optar entre; a) reclamar el saneamiento del título o la subsanación de los vicios; b)
reclamar un bien equivalente, si es fungible; c) declarar la resolución del contrato,
excepto en los casos previstos por los arts. 1050 y 1057”.
La norma del art. 1040, CCyCN, contempla el sistema de responsabilidad por daños, en
el marco de la obligación de saneamiento: “El acreedor de la obligación de
saneamiento también tiene derecho a la reparación de los daños en los casos
previstos en el art. 1039, excepto: a) si el adquirente conoció, o pudo conocer el
peligro de la evicción o la existencia de vicios; b) si el enajenante no conoció, ni
pudo conocer el peligro de la evicción o la existencia de vicios; c) si la transmisión
fue hecha a riesgo del adquirente; d) si la adquisición resulta de una subasta
judicial o administrativa”.
La exención de responsabilidad por daños prevista en los incisos a y b, no pueden
invocarse por el enajenante que actúa profesionalmente en la actividad a la que
corresponde la enajenación, a menos que el adquirente también se desempeñe
profesionalmente en esa actividad.

Responsabilidad por evicción


La palabra “evicción” sirve en general para referir a la situación que sobreviene después
que el adquirente de un derecho es derrotado en juicio. Luego veremos que, la garantía
también comprende la turbación.
Una de las características que ayuda a distinguirla de la obligación de saneamiento por
vicios ocultos, es que se trata de una “figura triangular”, puesto que resulta necesario
que intervengan por lo menos tres centros de intereses: un transmitente, un adquirente y
un tercero (quien reclama el mejor derecho y eventualmente vence en juicio).
Podríamos definir a esta garantía como: es una obligación del transmitente de bienes a
título oneroso, de asegurar la existencia y legitimidad de los derechos transmitidos,
contra cualquier turbación o privación de tales derechos, principalmente por parte
de terceros y, de manera excepcional, de parte del propio transmitente, con causa
anterior o concomitante a la adquisición.

Los requisitos de operatividad de esta garantía, podrían deducirse en


1) existencia de una transmisión de derecho a título oneroso
2) una turbación total o parcial de derecho; excepcionalmente, una turbación de hecho,
cuando esta provenga de la conducta del transmitente
3) los reclamos de terceros deben tener su origen en causas anteriores o
contemporáneas a la adquisición.

La evicción tiene un contenido delimitado en la disposición del art. 1044, CCyCN, el


cual debe conjugarse con las exclusiones expresas que nos trae la norma del art. 1045.
El art. 1044, dice: “La responsabilidad por evicción asegura la existencia y la
legitimidad del derecho transmitido, y se extiende a: a) toda turbación del derecho, total
o parcial, que recae sobre el bien, por causa anterior o contemporánea a la adquisición:
b) los reclamos de terceros fundados en derechos resultantes de la propiedad intelectual
o industrial, excepto si el enajenante se ajustó a especificaciones suministradas por el
adquirente; c) las turbaciones de hecho causadas por el transmitente”.
Luego, el art. 1045, contempla supuestos que no se encuentran comprendidos en la
garantía de evicción: “Exclusiones. La responsabilidad por evicción no comprende:
a) las turbaciones de hecho causadas por terceros ajenos al transmitente
b) las turbaciones de derecho provenientes de una disposición legal;
c) la evicción resultante de un derecho de origen anterior a la transferencia, y
consolidado posteriormente. Sin embargo, el tribunal puede apartarse de esta
disposición si hay un desequilibrio económico desproporcionado”.

Responsabilidad por vicios ocultos


En los vicios ocultos en el marco de la relación jurídica conflictiva, a diferencia de la
evicción, no existe un tercero que reclama, sino que la cuestión se centra en la cosa
objeto del negocio jurídico.
Una conceptualización de los vicios ocultos puede ser deducida del juego armónico de
los artículos 1051 y 1053, CCyCN; así, entendemos por vicios ocultos los defectos del
bien existentes al tiempo de la adquisición y respecto de los cuales el adquirente no
conoció ni pudo conocer mediante un examen adecuado a las circunstancias del
caso al momento de la adquisición.
También quedan comprendidos los “vicios redhibitorios”, considerándose tales los
defectos que hacen a la cosa impropia para su destino por razones estructurales o
funcionales, o disminuyen su utilidad a tal extremo que, de haberlos conocido, el
adquirente no la habria adquirido, o su contraprestación habría sido
significativamente menor (conf. art. 1051, inc. b, CCyCN).
Entendemos que la relación existente entre ambos fenómenos (vicios) es de género
(vicios ocultos) a especie (vicios redhibitorios), distinguiéndose por la mayor gravedad
de estos últimos, y sus particulares efectos en el negocio, dado que la resolución del
contrato constituye una solución propia de estos últimos (vicios redhibitorios), o de la
incorporación de un pacto especial (conf. art. 1056, CCyCN), y ajena, entonces, en
principio, a los vicios ocultos que no reúnan tales niveles de gravedad.
Con respecto al ejercicio de la acción, marcamos que el defecto, que debe ser congénito
al acto, es decir, existir al momento de la celebración del acuerdo de voluntades, debe
hacerse notorio, siendo este último el dato para la identificación del comienzo del plazo
de prescripción de la acción, que, conforme al art. 2564, inc. a, CCyCN, es de un (1)
año.
¿Cuándo debe manifestarse el vicio? Este interrogante se condice con la caducidad de la
garantía prevista en el art. 1055, CCyCN. Consecuentemente, en materia de adquisición
de cosas inmuebles, el vicio debe manifestarse dentro de los tres (3) años de recibidas,
en tanto que, en materia de cosas inmuebles, dentro de los seis (6) meses desde que
fueron recibidas o puestas en funcionamiento. Luego, ya manifestado el vicio, comienza
a correr aquel plazo de prescripción de un año.
UNIDAD 5
Unidad V

Interpretación de los contratos

Interpretar una norma jurídica es intentar comprender su sentido y alcance, cuando la


misma es ambigua u oscura. Se ha denominado hermenéutica a la parte de la ciencia que
se ocupa de tal actividad.

La doctrina distingue dos grandes enfoques en la interpretación de los contratos; una


denominada teoría clásica o subjetiva, que busca descubrir la verdadera intención de
las partes contratantes, que fue la que dio vida al contrato; y la otra, denominada teoría
objetiva, que sostiene que no se deben interpretar intenciones internas sino las
declaraciones de voluntad.

La teoría subjetiva se asienta sobre el dogma de la autonomía de la voluntad,


sosteniendo la necesidad de incluir preceptivos interpretativos en los códigos, la
verdadera intención de los contratantes antes que atenerse al significado de las palabras.
Por otro lado, la teoría objetiva tiene como pauta general de interpretación el principio
de la buena fe, objetivando la declaración de voluntad, esto es, lo que dos personas
rectas entienden al respecto, y establecen que la voluntad real interna no constituye la
finalidad de la interpretación, aquí solo interesa la intención manifiesta, no la supuesta.

Si bien es relevante la voluntad interna, en tanto base de autodeterminación de los


contratantes, la acción de contratar también se encuentra bajo el principio de
autorresponsabilidad, debiendo ser cuidados de qué y cómo declaramos y nos
comportamos cuando contratamos, sabiendo que la última palabra la tiene el juez.

En el cap. 10 del título II, libro III, el legislador diseña particularmente un código
interpretativo en materia contractual, del art 1061 al 1068, CCyCN. Este núcleo
básico de directivas obligatorias, deben integrarse con el principio de la buena fe.
Reglas generales de interpretación

Intención común (art. 1061, CCyCN): Esta norma reza: “El contrato debe interpretarse
conforme a la intención común de las partes y al principio de buena fe”. Es la piedra
angular de la interpretación de los contratos, siendo desdoblada en dos reglas
sustanciales:

Intención común: la vigencia de esta regla descarta aquel debate entre voluntad y
declaración, debiéndose ver al negocio como un acto comunicativo, en donde el
juzgador deberá hacer primar la intención de cada una de las partes, pero en aquel juego
relacional que es el contrato.

Bien dice Leiva Fernandez que “la intención común no es el propósito individual de
cada contratante, sino que el consentimiento de las partes es algo distinto a la suma de
voluntades, es algo más, es la fusión de voluntades.”

Deseamos representar aquella idea relacional del contrato, como acción comunicativa,
en cuyo plan prestacional priman los principios de autodeterminación, pero también de
autorresponsabilidad.

Principio de la buena fe: la buena fe hoy constituye un principio general del derecho,
dada su ubicación en el artículo 9, CCyCN (“Los derechos deben ser ejercidos de buena
fe”). Tal enunciado no nos dice mucho, y parece más un consejo o guía de conducta, por
su falta de sanción, pero luego, el autor aclara que el código positiviza y da forma al
principio en una multiplicidad de normas (art. 729, 961, 991, 1011 y 1061).

Ley 17711

En cuanto a su naturaleza o significado, la misma puede ser considerada dual desde tres
perspectivas;

primero, como “regla y principio”;

segundo, como “buena fe subjetiva (creencia) y objetiva (honradez, lealtad);

y tercero, como mandato de conducta, negativa y positiva.

Dicen Roitman y Tinti, que - como primera acepción de la buena fe se tiene aquella
noción de orden psicológico, intelectual, constituida por la ignorancia de un hecho o de
una circunstancia, o el convencimiento erróneo que se tiene de ellos (por ejemplo, es el
poseedor de buena fe el que ignora los vicios del título traslativo por el cual posee). En
la segunda acepción, la buena fe es un concepto puramente moral, una regla de conducta
que exige a las personas una lealtad y una honestidad en su comportamiento que
excluye toda intención maliciosa. En su opinión, en el universo de los contratos, la
buena fe debe ser entendida como una norma de comportamiento objetiva -en
principio- por ser independiente de la opinión de los interesados. La cátedra
comparte la opinión, en razón de subsumirse la primera versión, subjetiva, en la
dimensión del principio de autorresponsabilidad, o, en su caso, por encontrarse las
soluciones legales en los factores subjetivos de imputación (dolo y culpa).

Finalmente, siguiendo a Betti, la buena fe como principio constituye un concepto


fundamental y, cuando la ley habla de buena fe, se refiere a un concepto y criterio
valorativo que se encuentra en la conciencia ética, el cual se presenta bajo un doble
aspecto; a) un aspecto puramente negativo que se halla esculpido en la máxima del
alterum non laedere, y b) un aspecto positivo, que impone no simplemente una conducta
negativa de respeto, sino también una activa colaboración con los demás, encaminada a
promover su interés.

Regla de la interpretación restrictiva

Para la interpretación del negocio jurídico por un observador externo e imparcial (juez),
resulta de gran relevancia analizar los términos del contrato, no solo desde la literalidad
de lo expresado por las partes, sino de sus conductas anteriores y posteriores a aquellas
declaraciones de voluntad, las costumbres, los usos y prácticas del lugar de celebración
y las circunstancias del negocio. Ahora bien, la ley o las partes, de común acuerdo,
pueden cercenar esta prerrogativa en cabeza del juzgador, decidiendose por la vigencia
de la interpretación restrictiva del negocio. Sin embargo, por acotarse el margen de
apreciación del contenido contractual, restringiendo así el alcance de las normas legales
(interpretativas), la interpretación restrictiva se encuentra prohibida en los
contratos celebrados por adhesión y en los contratos de consumo.

Así, el art. 1062, CCyCN, dicta: “Cuando por disposición legal o convencional se
establece expresamente una interpretación restrictiva, debe estarse a la literalidad de los
términos utilizados al manifestar la voluntad. Este artículo no es aplicable a las
obligaciones del predisponente y del proveedor en los contratos por adhesión y en los de
consumo respectivamente”.

Significado de las palabras

Art. 1063, CCyCN: “Las palabras empleadas en el contrato deben entenderse en el


sentido que les da el uso general, excepto que tengan un significado específico que surja
de la ley, del acuerdo entre las partes o de los usos y prácticas del lugar de celebración
conforme con los criterios dispuestos para la integración del contrato. Se aplican iguales
reglas a las conductas, signos y expresiones no verbales con que el consentimiento se
manifiesta”.

Nos encontramos con varias excepciones, como la de aquellos casos en los que se
cuente con un significado específico que surja de la ley (por ejemplo, en materias e
contrato de obra, no necesariamente coinciden los términos de “recepcion” y
“aceptacion”, recibiendo su significado desde las disposiciones particulares del contrato,
conf. arts. 1270 y 2172), de la voluntad de las partes (por ejemplo, las especificaciones
referidas al lenguaje técnico, propias de los contratos con profesionales, desde la
ingeniería, arquitectura, medicina, etcétera) o, finalmente, de los usos y prácticas del
lugar de celebración y la circunstancia del negocio.

La norma hace extensivas estas reglas a las conductas, signos y expresiones no


verbales con las que el consentimiento se manifiesta. Aludiendo también a iconos
de WhatsApp, por ejemplo.

Interpretación contextual.

Art. 1064, CCyCN: “Las cláusulas del contrato se interpretan las unas por medio de las
otras, y atribuyéndoles el sentido apropiado al conjunto del acto”. Como aclaraba Leiva
F., el contrato no es una suma de cláusulas aisladas, sino un conjunto orgánico de ellas,
las cuales deben interpretarse de modo coherente, como un todo integral cuyo
contenido, espíritu y sentido es uno.
Fuentes de interpretación

Art 1065, CCyCN: “Cuando el significado de las palabras interpretado contextualmente


no es suficiente, se deben tomar en consideración: a) las circunstancias en que se
celebró, incluyendo las negociaciones preliminares; b) la conducta de las partes, incluso
la posterior a su celebración; c) la naturaleza y finalidad del contrato”.

Debemos tener en cuenta para la comprensión de la norma que el lenguaje padece de


ambigüedad o de vaguedad. Creemos que, para una correcta interpretación del negocio,
debe apelarse a estas fuentes de interpretación, con independencia de que el legislador
haya optado por darles un carácter subsidiario, dado que, arribaremos a la conclusión de
que el texto es claro luego de interpretarlo, y para hacerlo correctamente, resulta
necesaria la revisión de estas fuentes (circunstancias; conducta de las partes; causa fin y
causa motivo; si el contrato es gratuito u oneroso, paritario negociado o por adhesión, o
de consumo; si es un contrato de cambio o asociativo -naturaleza del contrato-), las
cuales, como hemos dicho, se encuentran ligadas inescindiblemente al derecho procesal
y a la prueba de los contratos, sus vicios y vicisitudes.

Principio de conservación

Art. 1066, CCyCN: “Si hay duda sobre la eficacia del contrato, o de alguna de sus
cláusulas, debe interpretarse en el sentido de darles efecto. Si esto resulta de varias
interpretaciones posibles, corresponde entenderlos con el alcance más adecuado al
objeto del contrato”.

Esta regla interpretativa tiene su razón de ser en el principio general pacta sunt
servanda, y así, en tanto los contratos nacen para ser cumplidos, cualquier ineficacia
que pueda ser subsanada o quitada parcialmente, deberá optarse por tal solución. Las
nulidades parciales, en principio, deberán priorizarse por sobre las nulidades totales.

Protección de la confianza

Art. 1067, CCyCN: “La interpretación debe proteger la confianza y lealtad que las
partes se deben recíprocamente, siendo inadmisible la contradicción con una conducta
jurídicamente relevante, previa y propia del mismo sujeto”.
La norma nos trae la “teoría de los actos propios”, esta teoría, sostiene Borda, constituye
una regla derivada del principio de la buena fe. Coincidimos en que es una regla, en
tanto posee una sintaxis de prohibición, si bien encontrará su sanción en el diseño
general del sistema jurídico.

Expresiones oscuras

Art. 1068, CCyCN: “Cuando a pesar de las reglas contenidas en los artículos anteriores
persisten las dudas, si el contrato es a título gratuito se debe interpretar en el sentido
menos gravoso para el obligado y, si es a título oneroso, en el sentido que produzca un
ajuste equitativo de los intereses de las partes”.

Se destaca aquí la séptima regla de Pothier, el favor debitoris, particularmente en los


contratos gratuitos, en tanto que en los contratos onerosos, se mantendrá la aplicación
de los principios de proporcionalidad y equidad, en miras de una justa recomposición de
los intereses de las partes y correcta distribución de los riesgos del negocio.

Calificación e integración del contrato

Calificar un contrato es una tarea intelectual, principalmente del juez, que implica
subsumir una relación fáctica negocial en un tipo contractual, y, en caso de tener por
resultado un negocio innominado, construir el reglamento contractual conforme la
manda del art. 970, última parte, CCyCN. Naturalmente, una vez detectado el tipo,
podremos identificar las normas operativas del negocio (tanto imperativas como
supletorias). Será el juez quien deberá atender al principio de realidad. El legislador
brinda distintas reglas de identificación para casos de error, como aquellas que
distinguen entre compraventa y contrato de obra (art. 1125, CCyCN), compraventa y
permuta (art. 1126, CCyCN), o entre contrato de obra y contrato de servicios (art. 1252,
CCyCN).

La integración del contrato, es aquello que se ejercita no tanto sobre el contenido de


este, sino sobre sus efectos, tratándose de colmar lagunas del contrato y, así, hacer
surgir del contrato efectos no previstos por las partes, pero dispuestos por la ley, que
este no podría producir por la mera interpretación.

El legislador prevé el fenómeno de las lagunas en el art. 964, CCyCN: “El contenido del
contrato se integra con: a) las normas indisponibles, que se aplican en sustitución de las
cláusulas incompatibles con ellas; b) las normas supletorias; c) los usos y prácticas del
lugar de celebración, en cuanto sean aplicables porque sean ampliamente conocidos y
regularmente observados en el ámbito en que se celebra el contrato, excepto que su
aplicación resulte irrazonable”.

Interpretación de los contratos celebrados por adhesión a cláusulas generales


predispuestas

Como ya expusimos, los contratos celebrados por adhesión a cláusulas generales


predispuestas son producto de la masividad en la producción e intercambio de bienes y
servicios.

La sección 2° del cap. 3 del título II, libro III, luego de definir estos contratos y delinear
los requisitos de validez, nos trae cuatro normas de naturaleza interpretativa cuyo
denominador común se encuentra en el principio protectorio, proyectado a favor de la
parte “débil” o adherente.

La disposición del art. 986, CCyCN, luego de definir las cláusulas particulares en el
marco de estos contratos como “aquellas que negociadas individualmente, amplían,
limitan, suprimen o interpretan una cláusula general”, prevé la regla de la prelación de
estas por sobre las cláusulas generales (conf. art. 986, CCyCN), lo cual hace prevalecer
la autodeterminación de las partes en el negocio.

Luego, en el art. 987, CCyCN, se encuentra la regla contra proferentem o contra


stipulatorem, por cuanto “las cláusulas ambiguas predispuestas por una de las partes se
interpretan en sentido contrario a la parte predisponente”. La norma coloca al
predisponente en posición de asumir los riesgos frente a una defectuosa redacción de
cláusulas. La interpretación de una cláusula ambigua, será favorable al adherente.
En el art. 988, se encuentran las directivas en enunciados: “Cláusulas abusivas. En los
contratos previstos en esta sección, se deben tener por no escritas:

a)​ las cláusulas que desnaturalizan las obligaciones del predisponente;


b)​ las que importan renuncia o restricción a los derechos del adherente, o amplían
derechos del predisponente que resultan de normas supletorias;
c)​ las que por su contenido, redacción o presentación, no son razonablemente
previsibles.

Aquí el legislador mantiene la postura adoptada por la Ley de Defensa del Consumidor,
pero establece las últimas. A estas, Stiglitz las menciona como cláusulas sorpresivas.

Finalmente, la norma del art. 989, CCyCN, se encarga de determinar que la aprobación
administrativa de las cláusulas generales no obsta su control judicial, mandando la tarea
de integración en cabeza del juez. Es decir, las cláusulas abusivas pueden ser objeto de
control judicial, aunque hayan sido aprobadas administrativamente.

Interpretación de los contratos y las relaciones de consumo

Ya en la ley 24.240 y modif. se encontraba la norma de interpretación en materia


consumeril, en su art. 37, pudiendo ser delimitada en cuatro partes:

1)​ Nos trae un sistema híbrido de cláusulas abusivas, en su inciso a) y b) de similar


tenor que los contratos por adhesión, para en su inciso c) dar un ejemplo
categórico de cláusula abusiva: “c) las cláusulas que contengan cualquier
precepto que imponga la inversión de la carga de la prueba en perjuicio del
consumidor”. La sanción aquí es que estas cláusulas se tengan por no
convenidas. Mosset cree que más que constituir un supuesto de nulidad, sería un
acto inexistente. La cátedra disiente con el profesor, ya que la teoría del acto
inexistente no ha sido incorporado en nuestro sistema privado; además
entendemos que, dadas las soluciones idóneas en tales casos van por el mismo
camino del de la nulidad absoluta (legitimación activa amplia e imposibilidad de
saneamiento por confirmación o prescripción). Por otra parte, no podría ser
inexistente una cláusula injusta, que, independientemente de su declaración
judicial, ya produce consecuencias, aunque inválidas.
2)​ Como proyección del principio protectorio, encontramos la regla interpretativa
del in dubio pro consumidor, referida a que la interpretación del contrato se debe
hacer siempre en el sentido más favorable para el consumidor y, cuando existan
dudas sobre los alcances de su obligación, se debe estar a la que sea menos
gravosa.
3)​ El legislador consumeril prevé que, en los supuestos de violacion de la buena fe
en la etapa de tratativas contractuales o formación del negocio, particularmente
mediante la transgresión del deber de información o de la legislación de la
defensa de la competencia o de lealtad comercial, el consumidor tendrá derecho
a demandar la nulidad del contrato o de alguna de sus cláusulas.
4)​ El art. 37, in fine, ley 24.240 y modif., manda el deber de integrar el negocio,
norma dirigida al juez, quien, al declarar la nulidad parcial del contrato, deberá
integrarlo si ello fuera necesario.

Explican Pizarro y Vallespinos que el principio protectorio hace a la esencia misma


del derecho del consumidor y encuentra en el nuevo código un paso más dentro de su
evolución, teniendo especial relieve frente a colectivos sociales que resultan afectados
por una vulnerabilidad agravada, derivada de circunstancias especiales, en particular,
niños, niñas, adolescentes, personas mayores, enfermedad, con discapacidad o que por
su escaso nivel de educación puedan resultar afectados por prácticas abusivas.

Todo el sistema hermenéutico en derredor se podría sintetizar en el texto del art. 1119,
CCyCN, el cual expresa “Regla general. Sin perjuicio de lo dispuesto en las leyes
especiales, es abusiva la cláusula que, habiendo sido o no negociada
individualmente, tiene por objeto o por efecto provocar un desequilibrio
significativo entre los derechos y las obligaciones de las partes, en perjuicio del
consumidor”. Es que, este concepto de “desequilibrio significativo” constituye el norte
para la identificación de estas cláusulas abusivas.
Contratos de Consumo

Relación jurídica o relación de consumo. Desde una perspectiva amplia, nos


referimos a las problemáticas del consumidor como una problemática de todos, tanto
pobres como ricos, instruidos e ignorantes, de ciudad y de campo… Por otro lado, desde
una perspectiva restringida o legal, se vuelve necesario indagar en su alcance
contemplado por el legislador. Aquí se presenta el Art. 1092 CCyCN, que en su primera
parte define “Relación de consumo es el vínculo jurídico entre un proveedor y un
consumidor”, teniendo posibles fuentes un hecho o acto jurídico, unilateral o bilateral,
una práctica o técnica de marketing.

El consentimiento es un elemento esencial de los contratos, es decir, hace a la sustancia


del negocio. Es la expresión que denota la naturaleza convencional de este elemento. En
el Código de Vélez se definía como “declaración de voluntad común destinada a reglar
sus derechos”. Con respecto al proceso de formación del mismo, el legislador delineó
sus dos términos, la oferta y la aceptación.

-Deberes

el deber de información, que tiene varias manifestaciones, por ejemplo en cuanto a la


identificación de las mercaderías mediante el etiquetado, a la prevención respecto de sus
riesgos, a la denominación del origen del producto”. Este deber se manifiesta antes,
durante y después del contrato, en virtud del artículo 4 de la ley 24.240, y busca
equiparar la desigualdad en la que se encuentran las partes al momento de
contratar. La información adecuada no solo se incumple por defecto, sino también por
exceso, fenómeno conocido como “sobreinformación”. Este deber encuentra su límite
en los hechos ampliamente conocidos, llamados notorios.

el deber de seguridad, de índole objetivo, con bases en el art 1710 y 1723 CCyCN y
en los artículos 5 y 6 de la ley 24.240.

El deber de seguridad no se limita a la advertencia de los riesgos sino en ocasiones


obliga a los proveedores a adoptar conductas positivas tendientes a evitar daños.
el trato digno es considerar a la persona humana un fin en sí mismo, que busca
evitar las prácticas comerciales abusivas, como aquellos consumidores que en locales
comerciales son expuestos a un control abusivo, invocando razones de vigilancia,
exceso en trámites burocráticos, largas colas para acceder a un servicio, falta de
respuesta, mala atención, avergonzar al consumidor, entre otras.

Publicidad

La publicidad no tiene por fin proporcionar información, sino divulgar la necesidad,


conveniencia o ventaja que implica para el eventual consumidor contratar el bien que el
proveedor ofrece.

El artículo 1101 del Código Civil y Comercial de la Nación prohíbe la publicidad que:

Contiene indicaciones falsas o que induzcan a error al consumidor. (Engañosa)

Efectúe comparaciones de bienes o servicios de manera que conduzcan a error al


consumidor. (Comparativa).

Es abusiva, discriminatoria o induce al consumidor a comportarse de forma peligrosa o


perjudicial para su salud o seguridad. (Abusiva, discriminatoria o perjudicial).

ARTICULO 1102.- Acciones. Los consumidores afectados o quienes resulten


legalmente legitimados pueden solicitar al juez: la cesación de la publicidad ilícita, la
publicación, a cargo del demandado, de anuncios rectificatorios y, en su caso, de la
sentencia condenatoria.

Los contratos celebrados fuera de los establecimientos comerciales encuentran una


conceptualización en el art. 1104 CCyCN, siendo aquellos contratos concluidos en el
domicilio o lugar del trabajo del consumidor, en la vía pública, o por medio de
correspondencia, los que resultan de una convocatoria al consumidor o usuario al
establecimiento del proveedor o a otro sitio, cuando el objetivo de tal convocatoria sea
total o parcialmente distinto al de la contratación, o se trate de un premio u obsequio. La
nota característica de esta modalidad es la agresividad y su efecto sorpresa.
Los contratos celebrados a distancia se encuentran conceptualizados en la norma del
art. 1105, CCyCN, que expresa que “son aquellos concluidos entre un proveedor y un
consumidor con el uso exclusivo de medios de comunicación a distancia entendiéndose
por tales los que pueden ser utilizados sin la presencia física simultánea de las partes
contratantes. En especial, se consideran los medios postales, electrónicos,
telecomunicaciones, servicios de radio, tv o prensa.

Existen nuevas soluciones legales en contratos de consumo, en el marco de proyección


del principio protectorio, y de las cuales carecen los contratos paritarios: 1) ofertas por
medios electrónicos: en estas, el oferente debe confirmar por vía electrónica y sin
demora la llegada de la aceptación (conf. art. 1108, in fine), imponiendo, entonces, en
tales circunstancias de celebración del negocio, un paso más en la contratación paritaria;
2) revocación de la aceptación: este instituto, de suma relevancia, libera o
descomprime en la instancia de formación del consentimiento, en el marco de estas
modalidades especiales (el sistema de nulidades), dando una solución de mayor
celeridad y tutela efectiva a los derechos de los consumidores, ante supuestos de vicios
de voluntad, consistente en la facultad irrenunciable de los consumidores de “revocar la
aceptación” dentro de los diez días, computados a partir de la celebración; ahora, si la
aceptación es posterior a la entrega del bien, el plazo debe correr desde que esta última
se produce (conf. art. 1100, párrafos primero y segundo, CCyCN).

Oferta

Art. 972, CCyCN: “La oferta es la manifestación dirigida a persona determinada o


determinable, con la intención de obligarse y con las percusiones necesarias para
establecer los efectos que debe producir de ser aceptada”.

Es un acto jurídico prenegocial unilateral y recepticio que da cuenta de la


exteriorización de la voluntad de quien la formula, orientada a la concreción de un
contrato.

Lugar

El artículo 1109 del Código Civil y Comercial de la Nación Argentina (CCyCN)


establece que, cuando un contrato se celebra fuera de un establecimiento comercial, a
distancia, o mediante medios electrónicos, el lugar de cumplimiento es donde el
consumidor recibió o debía recibir la prestación.

Este artículo es relevante para determinar la jurisdicción aplicable a los conflictos


derivados del contrato. Por ejemplo, cuando las partes no han determinado la
regulación que los regirá, el lugar de cumplimiento fija la jurisdicción aplicable.

Revocación

Artículo 1110. “Revocación. En los contratos celebrados fuera de los establecimientos


comerciales y a distancia, el consumidor tiene el derecho irrenunciable de revocar la
aceptación dentro de los diez días computados a partir de la celebración del contrato.

Si la aceptación es posterior a la entrega del bien, el plazo debe comenzar a correr desde
que esta última se produce.

Si el plazo vence en día inhábil, se prorroga hasta el primer día hábil siguiente.

Las cláusulas, pactos o cualquier modalidad aceptada por el consumidor durante este
período que tengan por resultado la imposibilidad de ejercer el derecho de revocación se
tienen por no escritos.”

Artículo 1111. “Deber de informar el derecho a la revocación. El proveedor debe


informar al consumidor sobre la facultad de revocación mediante su inclusión en
caracteres destacados en todo documento que presenta al consumidor en la etapa de
negociaciones o en el documento que instrumenta el contrato concluido, ubicada como
disposición inmediatamente anterior a la firma del consumidor o usuario. El derecho de
revocación no se extingue si el consumidor no ha sido informado debidamente sobre su
derecho.”

La revocación tratada en los arts. 1100 y 1111, tiene como antecedente el art. 34 de la
Ley 24.240, pero con novedades: a) se establece la irrenunciabilidad del derecho del
consumidor a revocar la aceptación (se le fija un plazo de 10 días): y b) se establece en
forma expresa la prórroga en caso de que el plazo venza en un dia inhabil. En el art
1111, está la novedad el agregado de que la información debe brindarse por escrito, pero
con “caracteres destacados” en todo documento que presenta el consumidor en la etapa
de negociaciones.
Gastos

Artículo 1115. “Gastos. El ejercicio del derecho de revocación no debe implicar gasto
alguno para el consumidor. En particular, el consumidor no tiene que reembolsar
cantidad alguna por la disminución del valor de la cosa que sea consecuencia de su uso
conforme a lo pactado o a su propia naturaleza, y tiene derecho al reembolso de los
gastos necesarios y útiles que realizó en ella.”

Este artículo exime de todo gasto al consumidor en el ejercicio del derecho de


revocación que le corresponde.

Excepciones

Artículo 1116. “Excepciones al derecho de revocar. Excepto pacto en contrario, el


derecho de revocar no es aplicable a los siguientes contratos:

a) los referidos a productos confeccionados conforme a las especificaciones


suministradas por el consumidor o claramente personalizados o que, por su naturaleza,
no pueden ser devueltos o puedan deteriorarse con rapidez;

b) los de suministro de grabaciones sonoras o de video, de discos y de programas


informáticos que han sido decodificados por el consumidor, así como de ficheros
informáticos, suministrados por vía electrónica, susceptibles de ser descargados o
reproducidos con carácter inmediato para su uso permanente;

c) los de suministro de prensa diaria, publicaciones periódicas y revistas.”

Estos contratos no son alcanzados por el derecho de revocación citado.


Extinción, modificación y adecuación del contrato

Hemos formulado la distinción entre ineficacias estructurales (nulidad e


inoponibilidad) e ineficacias funcionales (rescisión, revocación y resolución), como,
así también, hemos destacado los distintos modos de extinción de las obligaciones en
general (pago, compensación, confusión, novación, dación en pago, renuncia y
remisión, imposibilidad de cumplimiento y prescripción), distinguiendolos de los modos
específicos de extinción de los contratos, válidos.

La ineficacia funcional o sobreviniente a la celebración del contrato puede tener una


multiplicidad de causas y circunstancias, denominadas estas últimas tradicionalmente
por la doctrina como “vicisitudes” del contrato, pudiendo derivar en una modificación o
adecuación del contrato (por ejemplo, imprevisión o resolución parcial) o lisa y
llanamente, en la extinción del contrato.

El modo normal de extinción del contrato, en el marco del principio pacta sunt
servanda, es el cumplimiento, ya sea del plazo de duración, de la condición resolutoria
o de su objeto.

Los institutos referidos son la rescisión, la revocación y la resolución;


metodológicamente, el legislador los ubicó en la última parte del título II (“Contratos en
general”) del libro III, en el cap. 13, artículo 1076 a 1091.

En el capítulo 13 referido, el legislador dedica una sola norma a la extinción del negocio
por acuerdo entre las partes, denominado distracto, la del art. 1076, CCyCN, la rescisión
bilateral, para luego, a partir del art. 1077 y siguientes, abordar la extinción por la
declaración de una sola de las partes (rescisión unilateral, revocación y resolución).

Adecuación contractual

Surge como una solución alternativa a la acción de nulidad, permitiendo que el contrato
se mantenga vigente pero ajustado a condiciones más equitativas, garantizando así
su continuidad. Es el mecanismo jurídico que permite ajustar o modificar las
prestaciones contractuales para restablecer el equilibrio entre las partes, cuando el
contrato original presenta un vicio o desequilibrio estructural.
En la ineficacia estructural “la privación de efectos surge de un vicio en los elementos
estructurales del negocio, y por ello se dice que la causa es genética”. El CCyCN prevé
dos categorías de ineficacias estructurales en el negocio jurídico, la nulidad y la
inoponibilidad (conf. arts 382, CCyCN):

Nulidad

Siguiendo a Borda, es una sanción legal que priva de sus efectos normales a un acto
jurídico en virtud de una causa originaria, es decir, existente al momento de su
celebración. Se puede entender que la disconformidad o imperfección del acto con los
requisitos de forma o normas de ordenación (vicio) constituyen el presupuesto para la
sanción de nulidad. Aquí se deberá analizar lo exigido por el legislador (discernimiento,
intención y libertad) y cómo su vicio afecta a la realidad negocial, es decir que ese
sujeto haya suscripto el acto privado de razón o coaccionado, o sin respetar las formas
impuestas de carácter indisponible; por ejemplo, se realiza una donación por
instrumento privado, siendo sancionado con la nulidad.

La nulidad puede ser absoluta o relativa, según que la conducta de la parte contravenga
el orden público, la moral o las buenas costumbres, o que la sanción se encuentre
prevista sólo en protección del interés de ciertas personas, respectivamente (conf. art
386, CCyCN), distinguiéndose las consecuencias normativas en uno y otro caso, en
tanto, en las nulidades absolutas, no puede sanearse el acto por confirmación ni
opera la prescripción, pudiendo ser declaradas de oficio por el juez si son manifiestas
al momento de dictar sentencia; las nulidades relativas pueden sanearse por
confirmación y prescripción, y solo puede declararse a instancia de parte (conf. Arts
387 y 388. CCyCN).

No opera la prescripción: Esto significa que la acción para declarar la nulidad puede
ejercerse en cualquier momento, ya que el interés protegido es general y no prescribible.

Sí opera la prescripción: Esto implica que hay un plazo legal dentro del cual la parte
interesada debe ejercer la acción de nulidad. Si no lo hace en ese plazo, pierde el
derecho a ejercer la acción.
La nulidad puede ser total si se extiende a todo el acto, y será parcial cuando afecta a
una o varias de las disposiciones del negocio. El legislador, tanto en materia de acto
jurídico como género, como en materia de contratos, vela por el principio de
conservación, es decir, en caso de que la disposición anómala pueda separarse del
negocio, sin afectar la subsistencia del mismo, el resto del contenido seguirá siendo
válido y producirá efectos jurídicos obligacionales (véase arts. 389, in fine, y 1066,
CCyCN).

La inoponibilidad de un contrato es una sanción que impide que los efectos de un


contrato sean reconocidos por terceros. Ejemplo FRAUDE ART 338. Es un supuesto de
ineficacia relativa.

Prescripción y caducidad

En el ámbito de los contratos, la caducidad es un modo de extinción de ciertos derechos


en razón de la omisión de su ejercicio durante el plazo fijado por la ley o la voluntad de
las partes. Este mecanismo asegura que los derechos contractuales no se mantengan
indefinidamente en estado de latencia, promoviendo la seguridad jurídica y la certeza en
las relaciones contractuales. Ejemplo: El ejercicio de una opción de compra establecida
por contrato dentro de un plazo específico. Si el plazo vence, el derecho caduca
automáticamente.

La prescripción es la extinción de un derecho (o para hablar con mayor precisión, la


extinción de las acciones derivadas de un derecho) por su abandono por el titular
durante el término fijado por la ley. A diferencia de la caducidad, la prescripción
puede suspenderse o interrumpirse, permitiendo extender el plazo si se cumplen
ciertos requisitos. Ejemplo: La acción para reclamar el pago de una deuda derivada de
un contrato, que prescribe si no se demanda dentro del plazo legal (generalmente 5 años,
según el art. 2561 del CCyCN). Si el plazo prescribe, ya no se puede exigir su
cumplimiento judicialmente.
Rescisión

La rescisión es un modo de extinción de un contrato válido que se deja sin efecto para el
futuro, en razón del acuerdo de las partes (rescisión bilateral) o de la voluntad de una
sola de ellas (rescisión unilateral), posterior a su celebración. Fuente: Ley o voluntad de
las partes.

Rescisión bilateral

También conocido como distracto, este contrato de naturaleza extintiva tiene sustento en
los arts. 957 y 959 del CCyCN, pues el primero, menciona en su última parte esto de
“extinguir relaciones jurídicas patrimoniales”.

El ejercicio de la libertad de contratación y el principio de autodeterminación conlleva


la facultad de poner fin al negocio contractual.

El artículo 1076, CCyCN, regula esta particular ineficacia funcional, estableciendo que,
salvo pacto en contrato, sólo produce efectos para el futuro y no afecta derechos de
terceros.

El distracto está pensado para contratos que no sean de ejecución instantánea, puesto
que es justamente en los casos de cumplimiento diferido, contratos de duración, de
tracto sucesivo o de ejecución continuada, en donde resultará operativa esta rescisión
bilateral.

Rescisión unilateral

La rescisión unilateral es una causal extintiva, sobreviniente, de los contratos, que puede
tener su fuente en el mismo contrato, como elemento accidental, o en la ley, como
elemento natural, constituyendo una facultad de alguna de las partes del negocio, no
requiriendo “causa”, y, una vez ejercida, tiene efectos hacia el futuro.

Como elemento natural, es decir cuando esta facultad se encuentra en la ley,


encontramos distintos ejemplos, como ser, en el contrato de locación de cosas, la mal
llamada “resolución anticipada” (art. 1221, CCyCN); en el contrato de obra, el
“desistimiento unilateral” (art. 1261, CCyCN); en los contratos bancarios por tiempo
indeterminado (art. 1383, CCyCN); en los contratos de agencia y concesión por tiempo
indeterminado (conf. arts. 1492 y 1508, CCyCN), o en la franquicia también por tiempo
indeterminado (art. 1522, inc. d, CCyCN).

Esta facultad, salvo disposición legal o convencional en contrario, debe ejercerse


mediante comunicación a la otra parte, y tal notificación debe hacerse vía medio
fehaciente.

Revocación

La revocación reconoce su fuente únicamente en la ley y solo puede ser invocada


(discrecionalmente o por las causales expresamente previstas por el legislador) por
aquella parte en cuyo favor fue estipulada, siendo la regla, en términos de producción de
efectos, la irretroactividad (conf. arts. 1078 y 1079, inc. a, CCyCN).

Es la extinción de un acto jurídico unilateral a través de otro acto jurídico unilateral.


Bien explica Ibañez que “la revocación es un acto jurídico por el cual se extingue un
acto unilateral mediante la declaración de voluntad del propio autor de dicho acto”.

Conforme a su tradición jurídica, la facultad de revocar un contrato no requiere de


invocación de causa.

Su ámbito de aplicación es en los contratos que no son onerosos. Está prevista en


distintos contratos, como en el comodato (el comodante, es decir quien cede el uso,
puede darle fin si es necesario), las donaciones (el donante puede revocar el acto si la
ley lo permite), el mandato (el mandante puede revocarlo en cualquier momento) y el
fideicomiso.
Resolución

La resolución es otro supuesto de ineficacia sobreviniente en materia contractual, en


donde, con causa en un acontecimiento posterior a la celebración del contrato
(imputable a una de las partes o ajeno a ellas), se produce o se torna susceptible la
disolución de la relación jurídica negocial.

La resolución puede ser ejercida por cualquiera de las partes, pudiendo tener su fuente
u origen en el contrato o la ley, y produce, por regla, efectos retroactivos, salvo
algunos supuestos de excepción.

Este instituto es de gran aplicación práctica, pudiendo encontrarse dispuesto por las
partes, por ejemplo, en el supuesto de cumplimiento de la condición resolutoria (art.
343, CCyCN) o de la incorporación de cláusulas resolutorias expresas (art. 1086,
CCyCN); o puede pertenecer al contenido del contrato como elemento natural, piénsese
en el supuesto de la responsabilidad por saneamiento, la evicción y los redhibitorios, en
el de frustración de la finalidad del contrato, o en la imprevisión, y de manera genérica,
en la cláusula resolutoria implícita.

Esta facultad (salvo el supuesto de operatividad automática de condición resolutoria) se


ejerce mediante comunicación a la otra parte, extrajudicial, o judicialmente mediante
una acción de resolución contractual.

En principio, la elección por exigir el cumplimiento o la extinción corresponde a la


parte cumplidora y depende de la subsistencia o no de su interés en la continuación del
negocio jurídico.

Resolución total o parcial

La norma del art. 1083, manda: “Una parte tiene la facultad de resolver total o
parcialmente el contrato si la otra parte lo incumple. Pero los derechos de declarar la
resolución total o parcial son excluyentes, por lo cual, habiendo optado por uno de ellos,
no puede ejercer luego el otro. Si el deudor ha ejecutado una prestación parcial, el
acreedor sólo puede resolver íntegramente el contrato si no tiene ningún interés en la
prestación parcial.“

La facultad de resolución total deberá ser ejercida de manera razonable y siempre que el
diseño negocial del caso y los resultados parciales del negocio lo permita.
Frustración de la finalidad del contrato

La frustración de la finalidad ha sido incorporada como instituto normativo, por la ley


26.994, en la disposición del art. 1090, CCyCN: “La frustración definitiva de la
finalidad del contrato autoriza a la parte perjudicada a declarar su resolución, si tiene su
causa en una alteración de carácter extraordinario de las circunstancias existentes al
tiempo de su celebración, ajena a las partes y que supera el riesgo asumido por la que es
afectada. La resolución es operativa cuando esta parte comunica su declaración extintiva
a la otra. Si la frustración de la finalidad es temporaria, hay derecho a la resolución sólo
si se impide el cumplimiento oportuno de la obligación cuyo tiempo es esencial”.

Requisitos:

-Debe haber existido un contrato válido, debidamente perfeccionado. Sólo resulta


aplicable en contratos bilaterales, de ejecución diferida o de duración.

-Deberá acaecer una alteración extraordinaria de las circunstancias existentes al tiempo


de la celebración del negocio.

-La alteración extraordinaria aludida debe ser ajena a las partes y al riesgo asumido por
la parte que es afectada.

-Debe frustrarse definitivamente la finalidad, es decir, de los motivos reconocibles o


causalizados del negocio, susceptible de generar la pérdida de interés o utilidad en la
parte afectada. Si la frustración es definitiva, sólo operará la resolución/extinción del
contrato si impidiera el cumplimiento de una obligación de plazo esencial.

Cláusula resolutoria explícita y tácita

La cláusula resolutoria expresa es una estipulación incluida de manera explícita en el


contrato, mediante la cual las partes acuerdan que el incumplimiento de determinadas
obligaciones dará lugar a la resolución del contrato. En este caso, no es necesaria la
intervención judicial para que opere la resolución, salvo que existan desacuerdos sobre
el cumplimiento o la interpretación del contrato.
La cláusula resolutoria tácita es la resolución que deriva del incumplimiento esencial de
las obligaciones contractuales, aunque no haya sido pactada expresamente por las
partes. Surge como una consecuencia implícita del principio de que los contratos deben
cumplirse de buena fe y con arreglo a las condiciones convenidas.

Este instituto está regulado en este sentido:

Art. 1086. “Cláusula resolutoria expresa. Las partes pueden pactar expresamente que
la resolución se produzca en caso de incumplimientos genéricos o específicos
debidamente identificados. En este supuesto, la resolución surte efectos a partir que la
parte interesada comunica a la incumplidora en forma fehaciente su voluntad de
resolver.“

Art. 1087. “Cláusula resolutoria implícita. En los contratos bilaterales la cláusula


resolutoria es implícita y queda sujeta a lo dispuesto en los artículos 1088 y 1089.“

Art. 1088. “Presupuestos de la resolución por cláusula resolutoria implícita. La


resolución por cláusula resolutoria implícita exige:

a) un incumplimiento en los términos del artículo 1084. Si es parcial, debe privar


sustancialmente de lo que razonablemente la parte tenía derecho a esperar en razón del
contrato;

A los fines de la resolución, el incumplimiento debe ser esencial en atención a la


finalidad del contrato. Se considera que es esencial cuando:

a) el cumplimiento estricto de la prestación es fundamental dentro del contexto del


contrato;

b) el cumplimiento tempestivo de la prestación es condición del mantenimiento del


interés del acreedor;

c) el incumplimiento priva a la parte perjudicada de lo que sustancialmente tiene


derecho a esperar;

d) el incumplimiento es intencional;
e) el incumplimiento ha sido anunciado por una manifestación seria y definitiva del
deudor al acreedor.

b) que el deudor esté en mora;

c) que el acreedor emplace al deudor, bajo apercibimiento expreso de la resolución total


o parcial del contrato, a que cumpla en un plazo no menor de quince días, excepto que
de los usos, o de la índole de la prestación, resulte la procedencia de uno menor.

La resolución se produce de pleno derecho al vencimiento de dicho plazo. Dicho


requerimiento no es necesario si ha vencido un plazo esencial para el cumplimiento, si
la parte incumplidora ha manifestado su decisión de no cumplir, o si el cumplimiento
resulta imposible. En tales casos, la resolución total o parcial del contrato se produce
cuando el acreedor la declara y la comunicación es recibida por la otra parte.”

Art. 1089. “Resolución por ministerio de la ley. El requerimiento dispuesto en el


artículo 1088 no es necesario en los casos en que la ley faculta a la parte para declarar
unilateralmente la extinción del contrato, sin perjuicio de disposiciones especiales.”

Responsabilidad contractual

Ubiquémonos dentro de las fases del contrato distinguidas por la doctrina, la


generación, la perfección y la consumación. Aquí nos adentramos en la etapa de
generación o formación del negocio.
En la teoría contractualista, se ha indagado sobre la delimitación del periodo
precontractual en miras de identificar desde cuando las partes eran responsables en
relación con el negocio, de qué tipo de responsabilidad se trataba y cuál era la
dimensión del deber de responder.
En el estudio de las tratativas contractuales, no existe aún contrato válido, es decir, no
puede exigirse el cumplimiento del contrato, encontrándose el negocio solo en situación
embrionaria, en el iter contractus. Esta situación jurídica puede devenir en un acuerdo
válido de voluntades (contrato) o en una mera frustración del negocio, sin
consecuencias legales; no obstante, la frustración del negocio, en un conjunto
importante de casos, puede generar responsabilidad civil, ya sea en razón de algún vicio
estructural del negocio, de una ruptura intempestiva de las negociaciones o de un
incumplimiento de deberes de conducta preexistentes al consentimiento.
Normalmente responderá civilmente si el incumplimiento es imputable a alguna de las
partes.
Teorías de Ihering y Faggella
Estando el tiempo máximo de duración de la responsabilidad precontractual indicado
suficientemente en el art. 971 CCyCN, es decir, la concreción del consentimiento, surge
el interrogante de saber desde cuando existe responsabilidad para los sujetos pre
contratados.
Ha sido el jurista Rudolf Von Ihering quien promovió el estudio de diversos supuestos
de responsabilidad por daños en el marco de las tratativas contractuales. En dicha obra,
el jurista sostenía que la responsabilidad antes de la concreción del contrato existía
desde la emisión de la oferta.
Entre los ejemplos que brindaba, se encuentra aquel de quien quisiera comprar cien
libras de un artículo y escribe cien quintales, caso en el cual el contrato es nulo, no
obstante la existencia de gastos de embalaje y transporte. En dicho supuesto el
comprador que actuará con culpa in contrahendo debería indemnizar al vendedor dichos
gastos de traslado y embalaje de la mercadería solicitada (daños al interés negativo).
Posteriormente, aparece el italiano Gabriele Faggella, con aportes de gran relevancia,
ampliando la esfera de responsabilidad antes del contrato (que Ihering había
circunscripto desde la emisión de la oferta) a la etapa de tratativas contractuales
anteriores a la oferta.
A este distingo en relación con la doctrina de Ihering, vinculado al ensanchamiento de
la responsabilidad civil anterior al contrato, se suma otra diferencia, atinente al
fundamento de la responsabilidad siendo para Faggela ya no la culpa, sino la violación
del acuerdo concluido expresa o tácitamente de iniciar las negociaciones.

Responsabilidad poscontractual
Alterini dice que es aquella que surge una vez cumplidas las obligaciones nucleares o
principales del contrato; es decir, extinguido el negocio por cumplimiento, o, en su caso,
por alguno de los modos de extinción estudiados, instancia en donde quedan vigentes
aquellas obligaciones accesorias de conducta, como los deberes de seguridad,
confidencialidad, entre otros.
La doctrina la identifican como un supuesto de responsabilidad aquiliana, cuyo plazo
inicial está en la extinción del contrato, y su plazo de prescripción, en lo pactado por las
partes, o supletoriamente en el plazo de la acción de daños y perjuicios, de tres años.

-Alguno de los casos más comunes son:


1)​ Violaciones al deber de no concurrencia. Este supuesto sería el de quien
transfiere un fondo de comercio e inmediatamente se instala en las cercanías del
negocio, en flagrante perjuicio para el comprador.
2)​ Violacion del deber de confidencialidad.
3)​ Uso indebido de imagen.
UNIDAD 6
UNIDAD VI

Contrato de transferencia de propiedad

COMPRAVENTA
Conforme a lo que establece el código vigente, “Hay compraventa si una de las partes se
obliga a transferir la propiedad de una cosa y la otra a pagar un precio en dinero” (art.
1123).
Presenta caracteres propios, es bilateral, oneroso, conmutativo, formal o no formal,
consensual, nominado o típico y es de cumplimiento instantáneo.

Elementos
Existen elementos compartidos con otros tipos contractuales como el consentimiento y
elementos específicos o esenciales de la compraventa que la doctrina es concordante en
establecer que son el precio y la cosa. El artículo 1127 establece “El contrato no debe
ser juzgado como de compraventa, aunque las partes así lo estipulen, si para ser tal le
falta algún requisito esencial”. Lorenzetti señala que estos requisitos esenciales son la
obligación de transferir la cosa, la finalidad de transferir el dominio y el precio.
La determinación de los elementos esenciales, y su posterior identificación permite que
al contrato le sean aplicables los artículos 1123 y siguientes, o bien otro articulado.

1.La cosa
El artículo 1129 estipula “pueden venderse todas las cosas que pueden ser
objetos de los contratos” (se aplica de este modo las reglas de título 2, capítulo
5).
El objeto de la compraventa es una cosa, un bien material susceptible de valor
económico, que puede ser determinada o determinable, que debe existir al
momento de celebrarse el contrato o susceptible de existir, puede ser propiedad
del vendedor o no, puede estar sometida a litigios, gravada o afectada a medidas
cautelares y su enajenación no debe estar prohibida.

(artículo 1130)- Cosa cierta que ha dejado de existir. Si la venta es de cosa


cierta que ha dejado de existir al tiempo de perfeccionarse el contrato, éste no
produce efecto alguno. Si ha dejado de existir parcialmente, el comprador puede
demandar la parte existente con reducción del precio.
Puede pactarse que el comprador asuma el riesgo de que la cosa cierta haya
perecido o esté dañada al celebrarse el contrato (compraventa aleatoria). El
vendedor no puede exigir el cumplimiento del contrato si al celebrarlo sabía que
la cosa había perecido o estaba dañada (mala fe del vendedor).
La pérdida es parcial cuando el deterioro o destrucción de la cosa no llega a
alterar su identidad, que conserva valor para quien la tuvo en mira al celebrar el
contrato.
(artículo 1131) Cosa futura. Si se vende cosa futura, se entiende sujeta a la
condición suspensiva de que la cosa llegue a existir. El vendedor debe realizar
las tareas, y esfuerzos que resulten del contrato, o de las circunstancias, para que
ésta llegue a existir en las condiciones y tiempo convenidos (obligación de
medios).
El comprador puede asumir, por cláusula expresa, el riesgo de que la cosa no
llegue a existir sin culpa del vendedor (venta de esperanza o mera expectativa).
Son cosas futuras las que no existen al momento de la celebración del contrato,
pero hay un grado de probabilidad suficiente de que existan en el futuro y que
las partes toman en cuenta para contratar.
La venta de cosa futura es aquella por la cual las partes se obligan a cumplir lo
pactado en la medida de que la cosa logre llegar a existir (condición suspensiva).
En caso de cumplirse la condición las partes se ven obligadas a entregarse o
restituirse recíprocamente las prestaciones convenidas; caso contrario, el
contrato no adquiere eficacia y el comprador no deberá el precio.

(artículo 1132) Cosa ajena. La venta de la cosa total o parcialmente ajena es


válida, en los términos del artículo 1008. El vendedor se obliga a transmitir o
hacer transmitir su dominio al comprador.

2.El precio
(Artículo 1133) Determinación del precio “El precio es determinado cuando las partes
lo fijan en una suma que el comprador debe pagar, cuando se deja su indicación al
arbitrio de un tercero designado o cuando lo sea con referencia a otra cosa cierta. En
cualquier otro caso, se entiende que hay precio válido si las partes previeron el
procedimiento para determinarlo”
Existe precio cierto cuando se lo ha fijado en una suma determinada y solo será
determinado cuando intervengan las dos partes.
(Artículo 1134) Precio determinado por un tercero. El precio puede ser determinado
por un tercero designado en el contrato o después de su celebración. Si las partes no
llegan a un acuerdo sobre su designación o sustitución, o si el tercero no quiere o no
puede realizar la determinación, el precio lo fija el juez por el procedimiento más breve
que prevea la ley local.
Cuando no se ha señalado ni estipulado el medio de determinarlo, se considera, excepto
estipulación en contrario, “que las partes han hecho referencia al precio generalmente
cobrado en el momento de la celebración del contrato para tales mercaderías, vendidas
en circunstancias semejantes, en el tráfico mercantil de que se trate” (artículo 1143)
Resulta importante señalar que el artículo citado es aplicable solo a los supuestos de
cosas muebles.

Actualmente nuestro ordenamiento nos exige que el precio sea serio, es decir, que los
contratantes tengan real intención de pagarlo y percibirlo. No es serio un precio
irrisorio, ficticio o simulado.
El precio mixto es el caso en que una compraventa se pacte una parte en dinero y otra
parte en otra cosa, como lo expresado en el artículo 1126.
(artículo 1135) Precio no convenido por unidad de medida de superficie. Si el objeto
principal de la venta es una fracción de tierra, aunque esté edificada, no habiendo sido
convenido el precio por unidad de medida de superficie y la superficie de terreno tiene
una diferencia mayor del cinco por ciento con la acordada, el vendedor o el comprador,
según los casos, tiene derecho de pedir el ajuste de la diferencia. El comprador que por
aplicación de esta regla debe pagar un mayor precio puede resolver la compra.

Este artículo trata sobre la venta de terrenos (o propiedades con terreno) cuando el
precio no se fijó en función de una medida exacta (por metro cuadrado, por ejemplo).

🔹 Si al medir el terreno hay una diferencia mayor al 5% respecto a lo que se


acordó, entonces:

●​ Si es más grande de lo que se dijo, el vendedor puede pedir que el comprador


pague la diferencia.
●​ Si es más chico de lo que se dijo, el comprador puede pedir que le devuelvan
parte del dinero.

🔹 Si el comprador tiene que pagar más dinero por la diferencia y no quiere


hacerlo, puede cancelar la compra.

Básicamente, protege a ambas partes si la superficie real del terreno no coincide con lo
que se acordó, siempre que la diferencia supere el 5%.

(artículo 1136) Precio convenido por unidad de medida de superficie. Si el precio es


convenido por unidad de medida de superficie, el precio total es el que resulta en
función de la superficie real del inmueble. Si lo vendido es una extensión determinada,
y la superficie total excede en más de un cinco por ciento a la expresada en el contrato,
el comprador tiene derecho a resolver.

🔹 Regla general:​
El precio total se calcula según la superficie real del inmueble. O sea, si se acordó
pagar $10.000 por metro cuadrado, el comprador pagará exactamente lo que
corresponda a la cantidad de metros cuadrados reales.

🔹 Excepción:​
Si se vendió una extensión determinada (por ejemplo, "este lote de 500 m²") y luego
se descubre que en realidad mide más de un 5% más (es decir, más de 525 m²), el
comprador puede cancelar la compra si no está de acuerdo con recibir más superficie de
la pactada.

Básicamente, este artículo se enfoca en mantener el precio proporcional a la medida real


y darle la opción al comprador de rechazar la compra si el terreno resulta demasiado
más grande de lo que se acordó.

Cláusulas que se pueden agregar


Los elementos que se pueden añadir a la compraventa son:

Pacto de retroventa
Artículo 1163. “Pacto de retroventa es aquel por el cual el vendedor se reserva el
derecho de recuperar la cosa vendida y entregada al comprador contra restitución del
precio, con el exceso o disminución convenidos. El contrato sujeto a este pacto se rige
por las reglas de la compraventa sometida a condición resolutoria.”

Pacto de reventa.
Artículo 1164 “Pacto de reventa es aquel por el cual el comprador se reserva el derecho
de devolver la cosa comprada. Ejercido el derecho, el vendedor debe restituir el precio,
con el exceso o disminución convenidos. Se aplican las reglas de la compraventa bajo
condición resolutoria.”

Pacto de preferencia.
Artículo 1165. “Pacto de preferencia es aquel por el cual el vendedor tiene derecho a
recuperar la cosa con prelación a cualquier otro adquirente si el comprador decide
enajenarla. El derecho que otorga es personal y no puede cederse ni pasa a los
herederos.
El comprador debe comunicar oportunamente al vendedor su decisión de enajenar la
cosa y todas las particularidades de la operación proyectada o, en su caso, el lugar y
tiempo en que debe celebrarse la subasta.
Excepto que otro plazo resulte de la convención, los usos o las circunstancias del caso,
el vendedor debe ejercer su derecho de preferencia dentro de los diez días de recibida
dicha comunicación. Se aplican las reglas de la compraventa bajo condición
resolutoria.”
Estos pactos conforme al artículo 1167 “pueden ser convenidos por un plazo que no
exceda de cinco años si se trata de cosas inmuebles, y de dos años si se trata de cosas
muebles, contados desde la celebración del contrato”.
Si se trata de cosas registrables, los tres pactos son oponibles a terceros interesados si
resultan de los documentos inscriptos o de otro modo el tercero ha tenido conocimiento
efectivo de ello.
Si se trata de cosas no registrables tales pactos son oponibles en general, pero no
respecto de terceros adquirentes a título oneroso y de buena fe.
La doctrina dice que el código sólo autoriza los pactos de retroventa y reventa para
la venta de cosas inmuebles y admite la cláusula de preferencia para todo tipo de
ventas.
(El código dicta que los pactos son aplicables a ventas de cosas muebles e
inmuebles).

Obligaciones de las partes


●​ Vendedor (Es el que transfiere la propiedad de la cosa)
-Debe transferir la propiedad de la cosa. Conforme al artículo 1137 “El vendedor debe
transferir al comprador la propiedad de la cosa vendida. También está obligado a poner
a disposición del comprador los instrumentos requeridos por los usos o las
particularidades de la venta, y prestar toda cooperación que le sea exigible para que la
transferencia dominial se concrete”
-Deber de conservación y custodia. Artículo 746
-Gastos de entrega. “Excepto pacto en contrario, están a cargo del vendedor los gastos
de la entrega de la cosa vendida y los que se originen en la obtención de los
instrumentos referidos en el artículo 1137. En la compraventa de inmuebles también
están a su cargo los del estudio del título y sus antecedentes y, en su caso, los de
mensura y los tributos que graven la venta.” Artículo 1138
-Tiempo de entrega. Artículo 1139 “El vendedor debe entregar el inmueble
inmediatamente de la escrituración, excepto convención en contrario”
Debe respetarse el tiempo de entrega establecido en el contrato, si nada se ha pactado en
el caso de inmuebles, la entrega se deberá al momento de la escrituración, y en el caso
de cosas muebles será 24 horas luego de convenido, salvo estipulación en contrario
-Entrega de la cosa. Artículo 1140 “La cosa debe entregarse con sus accesorios, libre de
toda relación de poder y de oposición de tercero”
●​ Comprador
-Pagar el precio en el lugar y tiempo convenidos. Si nada se pacta, se entiende que la
venta es de contado
-Recibir la cosa y los documentos vinculados con el contrato. Esta obligación de recibir
consiste en realizar todos los actos que razonablemente cabe esperar del comprador para
que el vendedor pueda efectuar la entrega, y hacerse cargo de la cosa
-Pagar los gastos de recibo, incluidos los de testimonio de la escritura pública y los
demás posteriores a la venta.

Boleto de compraventa
El término boleto estaría comprendido dentro de los documentos que expresan las
declaraciones de voluntad de las partes. Es un instrumento privado que es definido
legalmente como instrumento particular firmado.
Se encuentra regulado en el artículo 1170 “El derecho del comprador de buena fe tiene
prioridad sobre el de terceros que hayan trabado cautelares sobre el inmueble vendido
si:
a) el comprador contrató con el titular registral, o puede subrogarse en la posición
jurídica de quien lo hizo mediante un perfecto eslabonamiento con los adquirentes
sucesivos; b) el comprador pagó como mínimo el veinticinco por ciento del precio con
anterioridad a la traba de la cautelar; c) el boleto tiene fecha cierta; d) la adquisición
tiene publicidad suficiente, sea registral, sea posesoria.”

Forma
El contrato de compraventa va a tener formalidades, pero ello va a depender del objeto
del contrato. La formalidad, entonces dependerá de qué es lo que se desea comprar o
vender.
En caso de bienes muebles no registrables no se exige formalidad con lo cual se aplica
el principio de libertad de formas.
Si se trata de bienes muebles registrables se exige formalidad conforme lo exija la
cosa (automóvil, aeronave). En el caso de los automotores, por ejemplo, se debe
formalizar mediante instrumento público privado, pero tendrá efectos respecto de
terceros y entre las partes cuando sea inscripto en el registro respectivo.
En el caso de los bienes inmuebles siempre debe efectuarse mediante escritura pública.
Contrato de permuta
Para dar un concepto nuestro ordenamiento distingue en el artículo 1126 el contrato de
compraventa con el de permuta “Si el precio consiste parte en dinero y parte en otra
cosa, el contrato es de permuta si es mayor el valor de la cosa y de compraventa en los
demás casos”.
Artículo 1172: “Hay permuta si las partes se obligan recíprocamente a transferirse
el dominio de cosas que no son dinero”.
De esta manera, el contrato será compraventa cuando se intercambian cosas por precio
y la suma de dinero es mayor al valor de la cosa o cuando son equivalentes. Es un
contrato por el cual una parte se compromete a transferir el dominio de la cosa y la otra
al pago de un precio en dinero.
En cambio, la permuta consiste en el intercambio de una cosa por otra, tiene carácter
mixto y se caracteriza por que el valor de la cosa es mayor al precio pagado en dinero.
Ambas partes se comprometen a transferir recíprocamente la propiedad de dos cosas.

Contrato de suministro
Conforme a lo que establece el artículo 1176 “Suministro es el contrato por el cual el
suministrante se obliga a entregar bienes, incluso servicios sin relación de dependencia,
en forma periódica o continuada, y el suministrado a pagar un precio por cada entrega
o grupo de ellas”
Los sujetos son el suministrante que es quien se obliga a la entrega de bienes o
servicios de manera periódica o continuada y el suministrado que es quien recibe y
debe pagar un precio por cada entrega.
El objeto del contrato está constituido por bienes y no solo cosas, pudiendo ser recursos
humanos, servicios, cosas muebles, consumibles, fabricadas por el hombre o
proporcionada por la naturaleza.
Respecto del plazo “El contrato de suministro puede ser convenido por un plazo
máximo de veinte años, si se trata de frutos o p.roductos del suelo o del subsuelo, con
proceso de elaboración o sin él, y de diez años en los demás casos.
El plazo máximo se computa a partir de la primera entrega ordinaria” (artículo 1177)

-Diferencia con la compraventa


La compraventa es una única prestación fraccionada en su ejecución, el plazo total de
cuotas se encuentra determinado desde la celebración y solo se exige una obligación de
entrega.
Sin embargo, el suministro es un contrato de duración donde las prestaciones debidas
fluyen entre las partes, de tal forma que en cada período nace la obligación de pagar el
precio. Hay entrega y colaboración, además de la puesta a disposición de una empresa
para atender los pedidos efectuados por el suministrado.
CESIÓN

ARTICULO 1614.- Definición. Hay contrato de cesión cuando una de las partes
transfiere a la otra un derecho. Se aplican a la cesión de derechos las reglas de la
compraventa, de la permuta o de la donación, según que se haya realizado con la
contraprestación de un precio en dinero, de la transmisión de la propiedad de un bien, o
sin contraprestación, respectivamente, en tanto no estén modificadas por las de este
Capítulo.

ARTICULO 1616.- Derechos que pueden ser cedidos. Todo derecho puede ser cedido,
excepto que lo contrario resulte de la ley, de la convención que lo origina, o de la
naturaleza del derecho.

ARTICULO 1617.- Prohibición. No pueden cederse los derechos inherentes a la


persona humana.

ARTICULO 1618.- Forma. La cesión debe hacerse por escrito, sin perjuicio de los casos
en que se admite la transmisión del título por endoso o por entrega manual.

Deben otorgarse por escritura pública:

a) la cesión de derechos hereditarios;

b) la cesión de derechos litigiosos. Si no involucran derechos reales sobre inmuebles,


también puede hacerse por acta judicial, siempre que el sistema informático asegure la
inalterabilidad del instrumento;

c) la cesión de derechos derivados de un acto instrumentado por escritura pública.

ARTICULO 1620.- Efectos respecto de terceros. La cesión tiene efectos respecto de


terceros desde su notificación al cedido por instrumento público o privado de fecha
cierta, sin perjuicio de las reglas especiales relativas a los bienes registrables.
ARTICULO 1621.- Actos anteriores a la notificación de la cesión. Los pagos hechos
por el cedido al cedente antes de serle notificada la cesión, así como las demás causas
de extinción de la obligación, tienen efecto liberatorio para él.

ARTICULO 1622.- Concurrencia de cesionarios. En la concurrencia entre cesionarios


sucesivos, la preferencia corresponde al primero que ha notificado la transferencia al
deudor, aunque ésta sea posterior en fecha.

ARTICULO 1623.- Concurso o quiebra del cedente. En caso de concurso o quiebra del
cedente, la cesión no tiene efectos respecto de los acreedores si es notificada después de
la presentación en concurso o de la sentencia declarativa de la quiebra.

ARTICULO 1624.- Actos conservatorios. Antes de la notificación de la cesión, tanto el


cedente como el cesionario pueden realizar actos conservatorios del derecho.

ARTICULO 1625.- Cesión de crédito prendario. La cesión de un crédito garantizado


con una prenda no autoriza al cedente o a quien tenga la cosa prendada en su poder a
entregarla al cesionario.

ARTICULO 1627.- Cesión parcial. El cesionario parcial de un crédito no goza de


ninguna preferencia sobre el cedente, a no ser que éste se la haya otorgado
expresamente.

ARTICULO 1628.- Garantía por evicción. Si la cesión es onerosa, el cedente garantiza


la existencia y legitimidad del derecho al tiempo de la cesión, excepto que se trate de un
derecho litigioso o que se lo ceda como dudoso; pero no garantiza la solvencia del
deudor cedido ni de sus fiadores, excepto pacto en contrario o mala fe.
ARTICULO 1630.- Garantía de la solvencia del deudor. Si el cedente garantiza la
solvencia del deudor cedido, se aplican las reglas de la fianza, con sujeción a lo que las
partes hayan convenido.

El cesionario sólo puede recurrir contra el cedente después de haber excutido los bienes
del deudor, excepto que éste se halle concursado o quebrado.

ARTICULO 1631.- Reglas subsidiarias. En lo no previsto expresamente en este


Capítulo, la garantía por evicción se rige por las normas establecidas en los artículos
1033 y siguientes.
SECCION 2ª

Cesión de deudas

ARTICULO 1632.- Cesión de deuda. Hay cesión de deuda si el acreedor, el deudor y un


tercero, acuerdan que éste debe pagar la deuda, sin que haya novación.
Si el acreedor no presta conformidad para la liberación del deudor, el tercero queda
como codeudor subsidiario.

ARTICULO 1633.- Asunción de deuda. Hay asunción de deuda si un tercero acuerda


con el acreedor pagar la deuda de su deudor, sin que haya novación.
Si el acreedor no presta conformidad para la liberación del deudor, la asunción se tiene
por rechazada.
ARTICULO 1635.- Promesa de liberación. Hay promesa de liberación si el tercero se
obliga frente al deudor a cumplir la deuda en su lugar. Esta promesa sólo vincula al
tercero con el deudor, excepto que haya sido pactada como estipulación a favor de
tercero.

CAPITULO 27

Cesión de la posición contractual

ARTICULO 1636.- Transmisión. En los contratos con prestaciones pendientes


cualquiera de las partes puede transmitir a un tercero su posición contractual, si las
demás partes lo consienten antes, simultáneamente o después de la cesión.
Si la conformidad es previa a la cesión, ésta sólo tiene efectos una vez notificada a las
otras partes, en la forma establecida para la notificación al deudor cedido.

ARTICULO 1637.- Efectos. Desde la cesión o, en su caso, desde la notificación a las


otras partes, el cedente se aparta de sus derechos y obligaciones, los que son asumidos
por el cesionario.

Sin embargo, los cocontratantes cedidos conservan sus acciones contra el cedente si han
pactado con éste el mantenimiento de sus derechos para el caso de incumplimiento del
cesionario. En tal caso, el cedido o los cedidos deben notificar el incumplimiento al
cedente dentro de los treinta días de producido; de no hacerlo, el cedente queda libre de
responsabilidad.

ARTICULO 1638.- Defensas. Los contratantes pueden oponer al cesionario todas las
excepciones derivadas del contrato, pero no las fundadas en otras relaciones con el
cedente, excepto que hayan hecho expresa reserva al consentir la cesión.

ARTICULO 1639.- Garantía. El cedente garantiza al cesionario la existencia y validez


del contrato. El pacto por el cual el cedente no garantiza la existencia y validez se tiene
por no escrito si la nulidad o la inexistencia se debe a un hecho imputable al cedente.

Si el cedente garantiza el cumplimiento de las obligaciones de los otros contratantes,


responde como fiador.

Se aplican las normas sobre evicción en la cesión de derechos en general.

ARTICULO 1640.- Garantías de terceros. Las garantías constituidas por terceras


personas no pasan al cesionario sin autorización expresa de aquéllas.

CAPITULO 28

Transacción

ARTICULO 1641.- Concepto. La transacción es un contrato por el cual las partes, para
evitar un litigio, o ponerle fin, haciéndose concesiones recíprocas, extinguen
obligaciones dudosas o litigiosas.

ARTICULO 1642.- Caracteres y efectos. La transacción produce los efectos de la cosa


juzgada sin necesidad de homologación judicial. Es de interpretación restrictiva.

ARTICULO 1643.- Forma. La transacción debe hacerse por escrito. Si recae sobre
derechos litigiosos sólo es eficaz a partir de la presentación del instrumento firmado por
los interesados ante el juez en que tramita la causa. Mientras el instrumento no sea
presentado, las partes pueden desistir de ella.
ARTICULO 1644.- Prohibiciones. No puede transigirse sobre derechos en los que está
comprometido el orden público, ni sobre derechos irrenunciables.

Tampoco pueden ser objeto de transacción los derechos sobre las relaciones de familia o
el estado de las personas, excepto que se trate de derechos patrimoniales derivados de
aquéllos, o de otros derechos sobre los que, expresamente, este Código admite pactar.

ARTICULO 1645.- Nulidad de la obligación transada. Si la obligación transada adolece


de un vicio que causa su nulidad absoluta, la transacción es inválida. Si es de nulidad
relativa, las partes conocen el vicio, y tratan sobre la nulidad, la transacción es válida.

ARTICULO 1647.- Nulidad. Sin perjuicio de lo dispuesto en el Capítulo 9 del Título IV


del Libro Primero respecto de los actos jurídicos, la transacción es nula:

a) si alguna de las partes invoca títulos total o parcialmente inexistentes, o ineficaces;

b) si, al celebrarla, una de las partes ignora que el derecho que transa tiene otro título
mejor;

c) si versa sobre un pleito ya resuelto por sentencia firme, siempre que la parte que la
impugna lo haya ignorado.
UNIDAD 7
UNIDAD VII

Contratos de transferencia de uso y de colaboración

CONTRATO DE LOCACIÓN
Este contrato fue modificado por el decreto de necesidad y urgencia 70/2023. Se
encuentra regulado en el Libro tercero, título cuarto, capítulo cuarto. Conforme al
artículo 1187 “Hay contrato de locación si una parte se obliga a otorgar a otra el uso y
goce temporario de una cosa, a cambio del pago de un precio en dinero. Al contrato de
locación se aplica en subsidio lo dispuesto con respecto al consentimiento, precio y
objeto del contrato de compraventa.”
En el contrato de locación, el locador concede el uso que es la utilización de la cosa
misma dada en locación y el goce que es el aprovechamiento o disfrute de los frutos o
productos ordinarios de esa cosa, implica percibir los frutos y servirse de ellos.
Si la cosa genera frutos o productos ordinarios, siempre que no se acuerde lo contrario,
compete al locatario disfrutar de ellos (articulo 1192).
Los sujetos de este contrato, como fue mencionado anteriormente es el locador, es
decir, la parte que concede el uso y goce de la cosa locada y el locatario, que es la parte
que efectúa el pago de un precio en dinero para poder obtener el uso y goce de la cosa.
Forma: El contrato de locación de cosa inmueble o mueble registrable, debe hacerse
por escrito.
Este contrato presenta ciertos caracteres como ser bilateral, oneroso, conmutativo, no
formal (salvo el supuesto del artículo 1188), consensual, de tracto sucesivo y nominado
o típico.

Elementos del contrato


Los elementos del contrato son el objeto y el destino.
Conforme al artículo 1192 “Toda cosa presente o futura, cuya tenencia esté en el
comercio, puede ser objeto del contrato de locación, si es determinable, aunque sea sólo
en su especie. Se comprenden en el contrato, a falta de previsión en contrario, los
productos y los frutos ordinarios.”
Frutos son los objetos que un bien produce en modo renovable sin que se altere o
disminuya su sustancia (pueden ser de tipo natural, artificial o civil).
Productos son los objetos no renovables que separados o sacados de la cosa alteran o
disminuyen su sustancia.
Los frutos son ordinarios cuando se producen regular/periódicamente y son
extraordinarios los que resultan extraños a la naturaleza de la cosa en cuestión
Ahora bien, hay que tener en cuenta que si el locador actúa como una persona
jurídica de derecho privado se aplicarán las normas propias del código civil y
comercial, en cambio “Si el locador es una persona jurídica de derecho público, el
contrato se rige en lo pertinente por las normas administrativas y, en subsidio, por las de
este Capítulo” (artículo 1193).
Respecto del destino “El locatario debe dar a la cosa locada el destino acordado en el
contrato. A falta de convención, puede darle el destino que tenía al momento de locarse,
el que se da a cosas análogas en el lugar donde la cosa se encuentra o el que
corresponde a su naturaleza. A los efectos de este Capítulo, si el destino es mixto se
aplican las normas correspondientes al habitacional.” (artículo 1194)
Artículo 1195: Habitación de personas incapaces o con capacidad restringida. Es nula la
cláusula que impide el ingreso, o excluye del inmueble alquilado, cualquiera sea su
destino, a una persona incapaz o con capacidad restringida que se encuentre bajo la
guarda, asistencia o representación del locatario o sublocatario, aunque éste no habite el
inmueble.
Artículo 1196: Fianza, garantía y periodicidad del pago. Las partes pueden determinar
libremente las cantidades y moneda entregadas en concepto de fianza o depósito en
garantía, y la forma en que serán devueltas al finalizar la locación. Las partes pactarán
libremente la periodicidad del pago, que no podrá ser inferior a mensual.

Plazo
El tiempo de la locación, cualquiera sea su objeto, no puede exceder de veinte años para
el destino habitacional y cincuenta años para los otros destinos. El contrato es renovable
expresamente por un lapso que no exceda de los máximos previstos contados desde su
inicio.
El contrato de locación tiene un plazo máximo, pero el plazo mínimo en conjunto con
sus excepciones fue un articulado derogado producto del DNU. Ello se ve reflejado en
el artículo 1198 y cito “El plazo de las locaciones con cualquier destino será el que las
partes hayan establecido.
En caso que no se haya establecido plazo,
1.en los casos de locación temporal, se estará al que establezcan los usos y costumbres
del lugar donde se asiente el inmueble locado
2.En los contratos de locación con destino a vivienda permanente, con o sin muebles,
será de dos (2) años.
3. Para los restantes destinos será de tres (3) años.”
Las excepciones al plazo mínimo legal se encontraba establecido en el artículo 1199,
hoy en su lugar se establece que “Los alquileres podrán establecerse en moneda de
curso legal o en moneda extranjera, al libre arbitrio de las partes.
El locatario no podrá exigir que se le acepte el pago en una moneda diferente a la
establecida en el contrato.
Las partes podrán pactar el ajuste del valor de los alquileres. Será válido el uso de
cualquier índice pactado por las partes, público o privado, expresado en la misma
moneda en la que se pactaron los alquileres. Si el índice elegido dejara de publicarse
durante la vigencia del contrato, se utilizará un índice oficial de características similares
que publique el Instituto Nacional de Estadística y Censos si el precio estuviera fijado
en moneda nacional, o el que cumpla las mismas funciones en el país que emita la
moneda de pago pactada.”

Obligaciones de las partes


Locador
-Entrega de la cosa (artículo 1200)
-Conservar la cosa con aptitud para el uso convenido (articulo 1201)
En caso de frustración del uso o goce de la cosa se aplica el artículo 1203; “ARTÍCULO
1203.- Frustración del uso o goce de la cosa. Si por caso fortuito o fuerza mayor, el
locatario se ve impedido de usar o gozar de la cosa, o ésta no puede servir para el objeto
de la convención, puede pedir la rescisión del contrato, o la cesación del pago del precio
por el tiempo que no pueda usar o gozar de la cosa. Si el caso fortuito no afecta a la cosa
misma, sus obligaciones continúan como antes.”

Locatario
-Destino de la cosa locada (artículo 1205)
-Conservar y mantener la cosa en buen estado (artículo 1206,1207)
-Pagar el canon locativo (artículo 1208)
-pagar cargas y contribuciones por la actividad (artículo 1209)
-restituir la cosa y entregar las constancias de los pagos que efectuó en razón de la
relación locativa y que resulten atinentes a la cosa o a los servicios que tenga (artículo
1210)

Régimen de mejoras
El locatario puede realizar mejoras en la cosa locada, excepto que 1) esté prohibida en el
contrato, 2) alteren la sustancia o forma de la cosa, 3) haya sido interpelado a restituirla.
No tiene derecho a reclamar el pago de mejoras útiles y de mero lujo, pero, si son
mejoras necesarias, puede reclamar su valor al locador.
En caso de no cumplir con tales reglas, el locatario viola la obligación de conservar la
cosa en el estado en el que la recibió.
Cesión
Conforme a lo que establece el artículo 1213 “El locatario sólo puede ceder su posición
contractual en los términos previstos en los artículos 1636 y siguientes. La cesión que
no reúna tales requisitos viola la prohibición de variar el destino de la cosa locada. La
prohibición contractual de ceder importa la de sublocar y viceversa. Se considera cesión
a la sublocación de toda la cosa.”

Sublocación
El locatario puede dar en sublocación parte de la cosa locada, si no hay pacto en
contrario. Para ello debe comunicar al locador, por medio fehaciente, su intención de
sublocar e indicarle el nombre y domicilio de la persona con quien se propone contratar,
y el destino que el sublocatario asignará a la cosa.
El locador sólo puede oponerse por medio fehaciente, dentro del plazo de diez días de
notificado. El silencio del locador importa su conformidad con la sublocación
propuesta.
La sublocación contratada pese la oposición del locador, o con apartamiento de los
términos que se le comunicaron, viola la prohibición de variar el destino de la cosa
locada.
Entre el sublocador y el sublocatario rigen las normas previstas en el contrato respectivo
y las normas propias del contrato de locación. Se encuentra implícita la cláusula de usar
y gozar de la cosa sin transgredir el contrato principal (el que surge respecto del locador
y el locatario)
Cabe destacar que el locador tiene acción directa contra el sublocatario para cobrar el
alquiler adeudado por el locatario. A su vez, el sublocatario tiene acción directa contra
el locador para obtener a su favor el cumplimiento de las obligaciones asumidas en el
contrato de locación.

Extinción
Modos especiales de extinción de la locación :
1)el cumplimiento del plazo convenido, o requerimiento previsto en el artículo 1218
2)resolución anticipada (mal dicha resolución)

El artículo 1218 establece que “ Si vence el plazo convenido o el plazo mínimo legal en
ausencia de convención, y el locatario continúa en la tenencia de la cosa, no hay tácita
reconducción, sino la continuación de la locación en los mismos términos
contratados, hasta que cualquiera de las partes dé por concluido el contrato mediante
comunicación fehaciente. La recepción de pagos durante la continuación de la locación
no altera lo dispuesto en el primer párrafo”
El locatario podrá, en cualquier momento, resolver la contratación abonando el
equivalente al diez por ciento (10%) del saldo del canon locativo futuro, calculado
desde la fecha de la notificación de la rescisión hasta la fecha de finalización pactada en
el contrato (artículo 1221)

●​ El locador puede resolver el contrato por


a) por cambio de destino o uso irregular en los términos del artículo 1205;
b) por falta de conservación de la cosa locada, o su abandono sin dejar quien haga sus
veces;
c) por falta de pago de la prestación dineraria convenida, durante dos períodos
consecutivos.
d) por cualquier causa fijada en el contrato. (inciso añadido por el DNU 70/2023)

●​ El locatario puede resolver el contrato si el locador incumple


a) la obligación de conservar la cosa con aptitud para el uso y goce convenido (salvo
cuando el daño haya sido ocasionado directa o indirectamente por el locatario)
b) la garantía de evicción o la de vicios redhibitorios.
Contrato de Obras y Servicios

Hay contrato de obra o de servicios cuando una persona, según el caso el contratista o el
prestador de servicios, actuando independientemente, se obliga a favor de otra, llamada
comitente, a realizar una obra material o intelectual o a proveer un servicio mediante
una retribución.
El contrato es gratuito si las partes así lo pactan o cuando por las circunstancias del caso
puede presumirse la intención de beneficiar.
Se aplicarán las normas propias de los contratos de consumo, siempre que el contrato
encuadre en la definición legal del mismo.
Se caracteriza por ser bilateral, consensual, oneroso (aunque puede ser gratuito),
conmutativo, no formal, nominado o típico, de colaboración y de ejecución continuada.
Las partes del contrato son el contratista (en el caso de contrato de obras) quien se
obliga a ejecutar una obra o el prestador de servicios (caso de contrato de servicios) y
el comitente (acreedor de la obligación) que es quien encarga la obra o contrata el
servicio y se obliga a pagar el precio.
Hay contrato de servicio cuando la obligación de hacer consiste en realizar cierta
actividad independientemente de su eficacia. Con lo cual este contrato es una obligación
de hacer, en lo términos del artículo 773, es intangible y desaparece al primer consumo
y se trata de una obligación de medio (se ejecuta el servicio sin asegurar resultados) con
lo cual la responsabilidad es subjetiva.
Hay contrato de obras (artículo 1252) cuando se promete un resultado eficaz,
reproducible con independencia de su autor y susceptible de entrega. El objetivo de este
contrato es un resultado, y la obra, objeto del contrato, puede ser material y/o
intelectual. Es una obligación de resultado y la responsabilidad es objetiva.
La obra es una elaboración intelectual y material realizada en forma autónoma que se
concreta en una cosa inmueble, y se ejecuta por el empresario conforme las
instrucciones dadas por el comitente. Es toda producción científica, literaria, artística,
didáctica, cualquiera fuere el medio de reproducción. también son obras los
comentarios, críticas, discursos políticos, artículos no firmados, el retrato de una
persona, representación teatral e interpretación musical (diversos artículos de la ley
11.723)
Por su parte, el contrato laboral (servicio prestado bajo o en relación de dependencia)
se rige por las normas del derecho laboral, es decir, ley de contrato de trabajo 20.744.
En este contrato a quien presta el servicio se le otorga una remuneración a diferencia
del contrato de servicios y obras que se le confiere una retribución.
En el contrato laboral, el trabajador promete un obrar y no una obra, se labora por
cuenta ajena por lo que hay una ajenidad del riesgo.
En cuanto al precio “se determina por el contrato, la ley, los usos o, en su defecto, por
decisión judicial.
Las leyes arancelarias no pueden cercenar la facultad de las partes de determinar el
precio de las obras o de los servicios. Cuando dicho precio debe ser establecido
judicialmente sobre la base de la aplicación de dichas leyes, su determinación debe
adecuarse a la labor cumplida por el prestador. Si la aplicación estricta de los aranceles
locales conduce a una evidente e injustificada desproporción entre la retribución
resultante y la importancia de la labor cumplida, el juez puede fijar equitativamente la
retribución.
Si la obra o el servicio se ha contratado por un precio global o por una unidad de
medida, ninguna de las partes puede pretender la modificación del precio total o de la
unidad de medida, respectivamente, con fundamento en que la obra, el servicio o la
unidad exige menos o más trabajo o que su costo es menor o mayor al previsto, excepto
lo dispuesto en el artículo 1091.”

El contratista o prestador de servicios puede valerse de terceros para ejecutar el servicio,


excepto que de lo estipulado o de la índole de la obligación resulte que fue elegido por
sus cualidades para realizarlo personalmente en todo o en parte (obligación intuitu
personae). En cualquier caso, conserva la dirección y la responsabilidad de la ejecución,
es decir, se sigue aquí el principio de equiparación.

Obligaciones de las partes


●​ Del contratista o del prestador de servicios
a) ejecutar el contrato conforme a las previsiones contractuales y a los conocimientos
razonablemente requeridos al tiempo de su realización por el arte, la ciencia y la técnica
correspondientes a la actividad desarrollada;
b) informar al comitente sobre los aspectos esenciales del cumplimiento de la
obligación comprometida;
c) proveer los materiales adecuados que son necesarios para la ejecución de la obra o
del servicio, excepto que algo distinto se haya pactado o resulte de los usos;
d) usar diligentemente los materiales provistos por el comitente e informarle
inmediatamente en caso de que esos materiales sean impropios o tengan vicios que el
contratista o prestador debiese conocer;
e) ejecutar la obra o el servicio en el tiempo convenido o, en su defecto, en el que
razonablemente corresponda según su índole.
●​ Del comitente
a) pagar la retribución (presunción de onerosidad)
b) proporcionar al contratista o al prestador la colaboración necesaria, conforme a las
características de la obra o del servicio;
c) recibir la obra si fue ejecutada conforme a lo dispuesto en el artículo 1256.
Art. 1259. La muerte del comitente no extingue el contrato, excepto que haga imposible
o inutil la ejecución.
Art. 1260. La muerte del contratista o prestador extingue el contrato, excepto que el
comitente acuerde continuarlo con los herederos de aquel. En caso de extincion, el
comitente debe pagar el costo de los materiales aprovechables y el valor de la parte
realizada en proporcion al precio total convenido.

Disposiciones especiales para las obras


Artículo 1262: La obra puede ser contratada por ajuste alzado, también denominado
“retribución global”, por unidad de medida, por coste y costas o por cualquier otro
sistema convenido por las partes. La contratación puede hacerse con o sin provisión de
materiales por el comitente. Si se trata de inmuebles, la obra puede realizarse en terreno
del comitente o de un tercero. Si nada se convino ni surge de los usos, se presume,
excepto prueba en contrario, que la obra fue contratada por ajuste alzado y que es el
contratista quien provee los materiales.
La obra puede contratarse con distintos sistemas de pago, como ajuste alzado, por
unidad de medida o por coste y costas. Puede incluir o no la provisión de materiales por
parte del comitente y realizarse en terreno propio o ajeno. Si no se pactó nada, se
presume que es por ajuste alzado y que el contratista provee los materiales, salvo prueba
en contrario.
Artículo 1264: Cualquiera sea el sistema de contratación, el contratista no puede variar
el proyecto ya aceptado sin autorización escrita del comitente, excepto que las
modificaciones sean necesarias para ejecutar la obra conforme a las reglas del arte y no
hubiesen podido ser previstas al momento de la contratación; la necesidad de tales
modificaciones debe ser comunicada inmediatamente al comitente con indicación de su
costo estimado. Si las variaciones implican un aumento superior a la quinta parte del
precio pactado, el comitente puede extinguirlo comunicando su decisión dentro del
plazo de diez días de haber conocido la necesidad de la modificación y su costo
estimado. El comitente puede introducir variantes al proyecto siempre que no impliquen
cambiar sustancialmente la naturaleza de la obra.
Artículo 1265: A falta de acuerdo, las diferencias de precio surgidas de las
modificaciones autorizadas en este Capítulo se fijan judicialmente.
Artículo 1269: En todo momento, y siempre que no perjudique el desarrollo de los
trabajos, el comitente de una obra tiene derecho a verificar a su costa el estado de
avance, la calidad de los materiales utilizados y los trabajos efectuados. (derecho a
verificar)
Artículo 1270: La obra se considera aceptada cuando concurren las circunstancias del
artículo 747.

La aceptación es un acto jurídico unilateral y no formal, donde el comitente exterioriza


su conformidad con la obra realizada.
La recepción es un acto jurídico bilateral, donde el contratista entrega el resultado de su
trabajo y el comitente efectúa el pago. La recepción traslada al comitente los riesgos y
cubre la responsabilidad del contratista respecto de los vicios aparentes o manifiestos.
Artículo 1272: Si se conviene o es de uso un plazo de garantía para que el comitente
verifique la obra o compruebe su funcionamiento, la recepción se considera provisional
y no hace presumir la aceptación.
Si se trata de vicios que no afectan la solidez ni hacen la obra impropia para su destino,
no se pactó un plazo de garantía ni es de uso otorgarlo, aceptada la obra, el contratista:
a) queda libre de responsabilidad por los vicios aparentes;
b) responde de los vicios o defectos no ostensibles al momento de la recepción, con la
extensión y en los plazos previstos para la garantía por vicios ocultos prevista en los
artículos 1054 y concordantes.

Artículo 1273: El constructor de una obra realizada en inmueble destinada por su


naturaleza a tener larga duración responde al comitente y al adquirente de la obra por
los daños que comprometen su solidez y por los que la hacen impropia para su destino.
El constructor sólo se libera si prueba la incidencia de una causa ajena. No es causa
ajena el vicio del suelo, aunque el terreno pertenezca al comitente o a un tercero, ni el
vicio de los materiales, aunque no sean provistos por el contratista.

Artículo 1275: Para que sea aplicable la responsabilidad prevista en los artículos 1273 y
1274, el daño debe producirse dentro de los diez años de aceptada la obra.

Artículo 1276: Toda cláusula que dispensa o limita la responsabilidad prevista para los
daños que comprometen la solidez de una obra realizada en inmueble destinada a larga
duración o que la hacen impropia para su destino, se tiene por no escrita.
Disposiciones especiales para los servicios
Se aplican las normas propias de la sección primera capítulo sexto, y las
correspondientes a las obligaciones de hacer.
En el caso de contrato de servicios continuados puede pactarse por tiempo determinado.
Si nada se ha estipulado, se entiende que lo ha sido por tiempo indeterminado.
Cualquiera de las partes puede poner fin al contrato de duración indeterminada; para
ello debe dar preaviso con razonable anticipación. (artículo 1279)
Contrato de Fideicomiso
Hay contrato de fideicomiso cuando una parte, llamada fiduciante, transmite o se
compromete a transmitir la propiedad de bienes a otra persona denominada fiduciario,
quien se obliga a ejercerla en beneficio de otra llamada beneficiario, que se designa en
el contrato, y a transmitirla al cumplimiento de un plazo o condición al fideicomisario.
Un contrato de fideicomiso es un acuerdo en el que una persona (llamada fiduciante)
entrega o promete entregar bienes (como dinero, propiedades, etc.) a otra persona (el
fiduciario). Este fiduciario tiene la tarea de administrar esos bienes de manera específica
para beneficiar al beneficiario que está identificado en el contrato. Al cumplirse un
plazo o condición establecida, el fiduciario debe transferir los bienes a otra persona,
llamada fideicomisario.

Caracteres
Se caracteriza por ser bilateral o plurilateral, oneroso (en principio), formal ad
probationem, de tracto sucesivo, nominado y es consensual.

Contenido
El contrato debe contener (articulo 1667):
a) la individualización de los bienes objeto del contrato. En caso de no resultar posible
tal individualización a la fecha de la celebración del fideicomiso, debe constar la
descripción de los requisitos y características que deben reunir los bienes;
b) la determinación del modo en que otros bienes pueden ser incorporados al
fideicomiso
c) el plazo o condición a que se sujeta la propiedad fiduciaria;
d) la identificación del beneficiario, o la manera de determinarlo conforme con el
artículo 1671
e) el destino de los bienes a la finalización del fideicomiso, con indicación del
fideicomisario a quien deben transmitirse o la manera de determinarlo conforme con el
artículo 1672
f) los derechos y obligaciones del fiduciario y el modo de sustituirlo, si cesa.
Plazo
El fideicomiso no puede durar más de treinta años desde la celebración del
contrato, excepto que el beneficiario sea una persona incapaz o con capacidad
restringida, caso en el que puede durar hasta el cese de la incapacidad o de la restricción
a su capacidad, o su muerte.
Si se pacta un plazo superior, se reduce al tiempo máximo previsto.
Cumplida la condición o pasados treinta años desde el contrato sin haberse cumplido,
cesa el fideicomiso y los bienes deben transmitirse por el fiduciario a quien se designa
en el contrato. A falta de estipulación deben transmitirse al fiduciante o a sus herederos.

Forma
El contrato, que debe inscribirse en el Registro Público que corresponda, puede
celebrarse por instrumento público o privado, excepto cuando se refiere a bienes cuya
transmisión debe ser celebrada por instrumento público. En este caso, cuando no se
cumple dicha formalidad, el contrato vale como promesa de otorgarlo. Si la
incorporación de esta clase de bienes es posterior a la celebración del contrato, es
suficiente con el cumplimiento, en esa oportunidad, de las formalidades necesarias para
su transferencia, debiéndose transcribir en el acto respectivo el contrato de fideicomiso.
✅ Regla general: Puede celebrarse por instrumento público o privado.
✅ Excepción: Si involucra bienes cuya transmisión exige instrumento público (como
inmuebles), el contrato debe hacerse en esa forma. Si no se cumple, el contrato vale
como promesa de otorgarlo.
✅ Inscripción: Debe registrarse en el Registro Público correspondiente.
Objeto
Pueden ser objeto del fideicomiso todos los bienes que se encuentran en el comercio,
incluso universalidades, pero no pueden serlo las herencias futuras. Se siguen, tal como
se conocen, las reglas generales del objeto del contrato

Partes del contrato


●​ Fiduciante
Es la parte que transmite o se compromete a transmitir la propiedad de bienes, no
aparece regulado en particular en el código civil y comercial. Debe ser el titular de los
bienes dados en fideicomiso.
●​ Fiduciario
Es el sujeto a quien se transfieren los bienes fideicometidos y que está obligado a
administrarlos con prudencia y diligencia. Puede ser cualquier persona humana o
jurídica, El fiduciario puede ser beneficiario. En tal caso, debe evitar cualquier conflicto
de intereses y obrar privilegiando los de los restantes sujetos intervinientes en el
contrato.
●​ Fideicomisario
El fideicomisario es la persona a quien se transmite la propiedad al concluir el
fideicomiso. Puede ser el fiduciante, el beneficiario, o una persona distinta de ellos. No
puede ser fideicomisario el fiduciario.
Se aplican al fideicomisario los párrafos primero, segundo y tercero del artículo 1671.
Si ningún fideicomisario acepta, todos renuncian o no llegan a existir, el fideicomisario
es el fiduciante.

●​ Beneficiario
El beneficiario puede ser una persona humana o jurídica, que puede existir o no al
tiempo del otorgamiento del contrato; en este último caso deben constar los datos que
permitan su individualización futura. Pueden ser beneficiarios el fiduciante, el
fiduciario o el fideicomisario.
Pueden designarse varios beneficiarios quienes, excepto disposición en contrario, se
benefician por igual; para el caso de no aceptación o renuncia de uno o más designados,
o cuando uno u otros no llegan a existir, se puede establecer el derecho de acrecer de los
demás o, en su caso, designar beneficiarios sustitutos.
Si ningún beneficiario acepta, todos renuncian o no llegan a existir, se entiende que el
beneficiario es el fideicomisario. Si también el fideicomisario renuncia o no acepta, o si
no llega a existir, el beneficiario debe ser el fiduciante.
El derecho del beneficiario, aunque no haya aceptado, puede transmitirse por actos entre
vivos o por causa de muerte, excepto disposición en contrario del fiduciante. Si la
muerte extingue el derecho del beneficiario designado, se aplican las reglas de los
párrafos precedentes.

EJEMPLO:

Supongamos que Marta tiene un importante patrimonio compuesto por un edificio de


oficinas. Marta quiere que las ganancias provenientes de los alquileres del edificio
sirvan para financiar la educación de su sobrina Clara durante 10 años. Después de ese
tiempo, Marta quiere que el edificio pase a ser propiedad de su amigo Pedro, ya que
confía en que él sabrá administrarlo de manera responsable. Para esto, Marta constituye
un fideicomiso.

1.​ Fiduciante:​
Marta transfiere la propiedad del edificio al fideicomiso. Es la fiduciante porque
constituye el fideicomiso y cede el dominio fiduciario del bien.
2.​ Fiduciario:​
Marta designa a "Gestión Patrimonial S.A." como fiduciario. Esta empresa es
responsable de administrar el edificio, cobrar los alquileres y asegurarse de que
las ganancias se utilicen para financiar la educación de Clara durante el plazo de
10 años.
3.​ Beneficiaria:​
Durante los 10 años que dura el fideicomiso, Clara es la beneficiaria, ya que los
ingresos generados por el edificio se destinan a cubrir sus gastos educativos.
4.​ Fideicomisario:​
Al finalizar el fideicomiso, cuando hayan transcurrido los 10 años, la propiedad
definitiva del edificio será transferida a Pedro, quien es el fideicomisario.​
Esto significa que Pedro no disfruta de los beneficios económicos del edificio
durante la vigencia del fideicomiso, pero al final se convierte en su propietario.

Rendición de cuentas
La rendición de cuentas puede ser solicitada por el beneficiario, por el fiduciante o por
el fideicomisario, en su caso, conforme a la ley y a las previsiones contractuales; deben
ser rendidas con una periodicidad no mayor a un año.

Extinción (artículo 1967)


El fideicomiso se extingue por:
a) el cumplimiento del plazo o la condición a que se ha sometido, o el vencimiento del
plazo máximo legal;
b) la revocación del fiduciante, la revocación no tiene efecto retroactivo (no se sigue el
principio general)
c) cualquier otra causal prevista en el contrato.

Efectos
Producida la extinción del fideicomiso, el fiduciario está obligado a :
-entregar los bienes fideicomitidos al fideicomisario o a sus sucesores,
- otorgar los instrumentos
- contribuir a las inscripciones registrales que correspondan.
UNIDAD 8
UNIDAD VIII

Contratos de colaboración

Contrato de Mandato
Hay contrato de mandato cuando una parte se obliga a realizar uno o más actos
jurídicos en interés de otra.
El mandato puede ser conferido y aceptado expresa o tácitamente. Si una persona sabe
que alguien está haciendo algo en su interés, y no lo impide, pudiendo hacerlo, se
entiende que ha conferido tácitamente mandato. La ejecución del mandato implica su
aceptación aun sin mediar declaración expresa sobre ella.

Caracteres
El mandato es consensual, bilateral, no formal, oneroso, nominado, de colaboración.

Teoría de la Representación
Una persona capaz de derecho y de ejercicio puede actuar por su nombre y por su
cuenta para realizar ciertos actos jurídicos, en cuyo caso los efectos de dicho actos
recaen en su persona.
Ahora bien, si la persona confiere a otra la facultad para que actúe en su nombre y por
su cuenta, se está en presencia de un mandato con representación.

Representación
La representación legal, es de fuente legal, y es conferida en casos determinados para
suplir la voluntad y asistir a ciertos incapaces (menores de edad, incapaces,
inhabilitados), ya que la regla general es que las personas incapaces ejercen por medio
de sus representantes los derechos que no pueden ejercer por sí.
Los actos celebrados por el representante en nombre del representado y en los límites de
las facultades conferidas por la ley o por el acto de apoderamiento, producen efecto
directamente para el representado.

●​ Extensión
La representación alcanza a los actos objeto del apoderamiento, a las facultades
otorgadas por la ley y también a los actos necesarios para su ejecución.
●​ Limitaciones
La existencia de supuestos no autorizados y las limitaciones o la extinción del poder son
oponibles a terceros si éstos las conocen o pudieron conocerlas actuando con la debida
diligencia.

La representación voluntaria comprende sólo los actos que el representado puede


otorgar por sí mismo (artículo 362), el ejemplo más claro es el contrato efectuado entre
un abogado y su cliente.
Esta representación debe presentar ciertas características:
- debe ser otorgado en la forma prescripta para el acto que el representante debe realizar
-el representado debe tener capacidad para otorgar el acto al momento del
apoderamiento; para el representante es suficiente el discernimiento
-El acto otorgado por el representante debe estar libre de vicio de la voluntad, caso
contrario el acto es nulo. Pero, si se ha otorgado en ejercicio de facultades previamente
determinadas por el representado, es nulo sólo si estuvo viciada la voluntad de éste.

Ejemplo: Un cliente otorga un poder a su abogado para que lo represente en un juicio.


Sin embargo, el abogado firma un acuerdo en nombre del cliente bajo engaño de la otra
parte (por ejemplo, le hacen creer algo falso para que acepte).

En este caso, el acto está viciado por error o dolo, por lo que el acuerdo es nulo. Pero si
el abogado actuó dentro de las facultades otorgadas por el cliente y el engaño no afectó
la voluntad del cliente al darle el poder, el acuerdo solo sería nulo si la voluntad del
cliente también estuvo viciada al momento de otorgar el poder.

Representación aparente: Cuando alguien ha obrado de manera de inducir a un tercero a


celebrar un acto jurídico, dejándolo creer razonablemente que negocia con su
representante, sin que haya representación expresa, se entiende que le ha otorgado
tácitamente poder suficiente.

A tal efecto se presume que:


a) quien de manera notoria tiene la administración de un establecimiento abierto al
público es apoderado para todos los actos propios de la gestión ordinaria de éste;
b) los dependientes que se desempeñan en el establecimiento están facultados para
todos los actos que ordinariamente corresponden a las funciones que realizan;
c) los dependientes encargados de entregar mercaderías fuera del establecimiento están
facultados a percibir su precio otorgando el pertinente recibo.
Acto consigo mismo, el artículo 368 establece “Nadie puede, en representación de otro,
efectuar consigo mismo un acto jurídico, sea por cuenta propia o de un tercero, sin la
autorización del representado. Tampoco puede el representante, sin la conformidad del
representado, aplicar fondos o rentas obtenidos en ejercicio de la representación a sus
propios negocios, o a los ajenos confiados a su gestión”

Obligaciones de las partes


●​ Obligaciones del representante

a) de fidelidad, lealtad y reserva;


b) de realización de la gestión encomendada, que exige la legalidad de su prestación, el
cumplimiento de las instrucciones del representado, y el desarrollo de una conducta
según los usos y prácticas del tráfico;
c) de comunicación, que incluye los de información y de consulta;
d) de conservación y de custodia;
e) de prohibición, como regla, de adquirir por compraventa o actos jurídicos análogos
los bienes de su representado;
f) de restitución de documentos y demás bienes que le correspondan al representado al
concluir la gestión.

●​ Obligaciones del representado

a) Prestar los medios necesarios para el cumplimiento de la gestión;


b) Retribuir la gestión, si corresponde;
c) Dejar indemne al representante.

Sustitución: El representante puede sustituir el poder en otro. Responde por el sustituto


si incurre en culpa al elegir.
El representado puede indicar la persona del sustituto, caso en el cual el representante
no responde por éste.
El representado puede prohibir la sustitución.
Pluralidad de representantes: La designación de varios representantes, sin indicación
de que deban actuar conjuntamente, todos o algunos de ellos, se entiende que faculta a
actuar indistintamente a cualquiera de ellos. Art 378.

Esta modalidad se da en caso de empresas u organismos que tienen sede central y


sucursales. Sin embargo, hay que recordar que rige el principio de la autonomía de la
voluntad por lo cual el artículo 378 es de carácter supletorio.

Apoderamiento plural: El poder otorgado por varias personas para un objeto de


interés común puede ser revocado por cualquiera de ellas sin dependencia de las otras.

●​ El poder se extingue:
a) por el cumplimiento del o de los actos encomendados en el apoderamiento;
b) por la muerte del representante o del representado; sin embargo subsiste en caso de
muerte del representado siempre que haya sido conferido para actos especialmente
determinados y en razón de un interés legítimo que puede ser solamente del
representante, de un tercero o común a representante y representado, o a representante y
un tercero, o a representado y tercero;
c) por la revocación efectuada por el representado; sin embargo, un poder puede ser
conferido de modo irrevocable, siempre que lo sea para actos especialmente
determinados, limitado por un plazo cierto, y en razón de un interés legítimo que puede
ser solamente del representante, o de un tercero, o común a representante y
representado, o a representante y un tercero, o a representado y tercero; se extingue
llegado el transcurso del plazo fijado y puede revocarse si media justa causa;
d) por la renuncia del representante, pero éste debe continuar en funciones hasta que
notifique aquélla al representado, quien puede actuar por sí o reemplazarlo, excepto que
acredite un impedimento que configure justa causa;
e) por la declaración de muerte presunta del representante o del representado;
f) por la declaración de ausencia del representante;
g) por la quiebra del representante o representado;
h) por la pérdida de la capacidad exigida en el representante o en el representado.
Onerosidad
En el contrato de mandato, su objeto comprende relaciones jurídicas patrimoniales, por
ende, hay una presunción de onerosidad, salvo que se haya pactado que sea a título
gratuito.
A falta de acuerdo sobre la retribución, la remuneración es la que establecen las
disposiciones legales o reglamentarias aplicables, o el uso. A falta de ambos, debe ser
determinada por el juez.

Capacidad
El mandato puede ser conferido a una persona incapaz, pero ésta puede oponer la
nulidad del contrato si es demandado por inejecución de las obligaciones o por
rendición de cuentas, excepto la acción de restitución de lo que se ha convertido en
provecho suyo.

Obligaciones de las partes


•​ Mandante
a) suministrar al mandatario los medios necesarios para la ejecución del mandato y
compensarle, en cualquier momento que le sea requerido, todo gasto razonable en que
haya incurrido para ese fin;
b) indemnizar al mandatario los daños que sufra como consecuencia de la ejecución del
mandato, no imputables al propio mandatario;
c) liberar al mandatario de las obligaciones asumidas con terceros, proveyéndole de los
medios necesarios para ello;
d) abonar al mandatario la retribución convenida.

•​ Mandatario
a) cumplir los actos comprendidos en el mandato, conforme a las instrucciones dadas
por el mandante y a la naturaleza del negocio que constituye su objeto, con el cuidado
que pondría en los asuntos propios o, en su caso, el exigido por las reglas de su
profesión, o por los usos del lugar de ejecución;
b) dar aviso inmediato al mandante de cualquier circunstancia sobreviniente que
razonablemente aconseje apartarse de las instrucciones recibidas, requiriendo nuevas
instrucciones o ratificación de las anteriores, y adoptar las medidas indispensables y
urgentes;
c) informar sin demora al mandante de todo conflicto de intereses y de toda otra
circunstancia que pueda motivar la modificación o la revocación del mandato;
d) mantener en reserva toda información que adquiera con motivo del mandato que, por
su naturaleza o circunstancias, no está destinada a ser divulgada;
e) dar aviso al mandante de todo valor que haya recibido en razón del mandato, y
ponerlo a disposición de aquél;
f) rendir cuenta de su gestión en las oportunidades convenidas o a la extinción del
mandato;
g) entregar al mandante las ganancias derivadas del negocio, con los intereses
moratorios, de las sumas de dinero que haya utilizado en provecho propio;
h) informar en cualquier momento, a requerimiento del mandante, sobre la ejecución del
mandato;
i) exhibir al mandante toda la documentación relacionada con la gestión encomendada,
y entregarle la que corresponda según las circunstancias.

Conflicto de intereses
“Si media conflicto de intereses entre el mandante y el mandatario, éste debe posponer
los suyos en la ejecución del mandato, o renunciar. La obtención, en el desempeño del
cargo, de un beneficio no autorizado por el mandante, hace perder al mandatario su
derecho a la retribución”.
Se entiende que este artículo, es un desprendimiento de la obligación de fidelidad y
lealtad propias de las obligaciones del representante.
Lorenzetti agrega que es además la aplicación del principio de buena fe que debe
presidir la celebración y ejecución de los contratos (artículos 961 y 9 del código)

Conjunto
Si el mandato se confiere a varias personas sin estipular expresamente la forma o el
orden de su actuación, se entiende que pueden desempeñarse conjunta o separadamente.

Sustitución
El mandatario puede sustituir en otra persona la ejecución del mandato y es responsable
de la elección del sustituto, excepto cuando lo haga por indicación del mandante. En
caso de sustitución, el mandante tiene la acción directa contra el sustituto prevista en los
artículos 736 y concordantes, pero no está obligado a pagarle retribución si la
sustitución no era necesaria. El mandatario responde directamente por la actuación del
sustituto cuando no fue autorizado a sustituir, o cuando la sustitución era innecesaria
para la ejecución del mandato.
Para el doctor Sánchez Mariño, la sustitución del mandato puede concretarse
mediante subcontratación o mediante cesión de la posición contractual.
Extinción
El mandato se extingue:
a) por el transcurso del plazo por el que fue otorgado, o por el cumplimiento de la
condición resolutoria pactada;
b) por la ejecución del negocio para el cual fue dado;
c) por la revocación del mandante;
d) por la renuncia del mandatario;
e) por la muerte o incapacidad del mandante o del mandatario.

Mandato irrevocable
El mandato puede convenirse expresamente como irrevocable en los casos de los
incisos b) y c) del artículo 380.
Extinción. El poder se extingue:
b) por la muerte del representante o del representado; sin embargo subsiste en caso de
muerte del representado siempre que haya sido conferido para actos especialmente
determinados y en razón de un interés legítimo que puede ser solamente del
representante, de un tercero o común a representante y representado, o a representante y
un tercero, o a representado y tercero;
c) por la revocación efectuada por el representado; sin embargo, un poder puede ser
conferido de modo irrevocable, siempre que lo sea para actos especialmente
determinados, limitado por un plazo cierto, y en razón de un interés legítimo que puede
ser solamente del representante, o de un tercero, o común a representante y
representado, o a representante y un tercero, o a representado y tercero; se extingue
llegado el transcurso del plazo fijado y puede revocarse si media justa causa;
El mandato destinado a ejecutarse después de la muerte del mandante es nulo si no
puede valer como disposición de última voluntad.

Rendición de cuentas
Conforme al artículo 1334 “La rendición de cuentas por el mandatario debe ser en las
condiciones previstas en los artículos 858 y siguientes acompañada de toda la
documentación relativa a su gestión. Excepto estipulación en contrario, las cuentas
deben rendirse en el domicilio del mandatario y los gastos que generan son a cargo del
mandante”
Ello tiene relación directa con las obligaciones del mandatario, artículo 1324 inciso f.
GESTIÓN DE NEGOCIOS
Para Bianca la gestión de negocios ajenos no es ni un contrato ni un negocio unilateral,
sino “un hecho jurídico voluntario y, una actividad a la que la ley asigna determinados
efectos”
Con el artículo 1781 “Hay gestión de negocios cuando una persona asume
oficiosamente la gestión de un negocio ajeno por un motivo razonable, sin intención de
hacer una liberalidad y sin estar autorizada ni obligada, convencional o legalmente”
Se caracteriza por ser unilateral, gratuito, no formal y nominado.

•​ Requisitos
-Inexistencia de mandato, representación legal o convencional
-Actuación oficiosa del gestor
-Actuación por un motivo razonable
-Inexistencia de voluntad de hacer una liberalidad
-Que se trate de un acto o de una serie de actos, jurídicos o simplemente materiales
oficioso y útil para el otro, a diferencia del mandato que solo admite por objeto actos
jurídicos (obligación de hacer)
-Que no medie oposición del dueño del negocio
-que la gestión resulte útil (la utilidad debe ser juzgada al inicio de la gestión, aunque el
beneficio no subsista al concluirla)
-Que se trate de un asunto lícito
-Que no se trate de un acto personalísimo

Ejemplo sencillo de gestión de negocios

María se encuentra en el supermercado cuando nota que la vidriera de la tienda de su


vecino Juan ha sido rota por un acto vandálico. Sabiendo que Juan está de viaje y no
puede encargarse de la situación, María decide, por su cuenta y sin haber sido
autorizada previamente, contactar a un vidriero para reparar la vidriera y evitar que los
bienes de la tienda queden expuestos al robo o al mal tiempo.

Obligaciones de las partes


-Del gestor
a) avisar sin demora al dueño del negocio que asumió la gestión, y aguardar su
respuesta, siempre que esperarla no resulte perjudicial;
b) actuar conforme a la conveniencia y a la intención, real o presunta, del dueño del
negocio;
c) continuar la gestión hasta que el dueño del negocio tenga posibilidad de asumirla por
sí mismo o, en su caso, hasta concluirla;
d) proporcionar al dueño del negocio información adecuada respecto de la gestión;
e) una vez concluida la gestión, rendir cuentas al dueño del negocio.
-Del dueño del negocio (si la gestión es conducida útilmente)
a) a reembolsarle el valor de los gastos necesarios y útiles, con los intereses legales
desde el día en que fueron hechos;
b) a liberarlo de las obligaciones personales que haya contraído a causa de la gestión;
c) a repararle los daños que, por causas ajenas a su responsabilidad, haya sufrido en el
ejercicio de la gestión;
d) a remunerarlo, si la gestión corresponde al ejercicio de su actividad profesional, o si
es equitativo en las circunstancias del caso.

Responsabilidad
-Responsabilidad del gestor
Por culpa: El gestor es responsable ante el dueño del negocio por el daño que le haya
causado por su culpa. Su diligencia se aprecia con referencia concreta a su actuación en
los asuntos propios; son pautas a considerar, entre otras, si se trata de una gestión
urgente, si procura librar al dueño del negocio de un perjuicio, y si actúa por motivos de
amistad o de afección.
Por caso fortuito:. El gestor es responsable ante el dueño del negocio, aun por el daño
que resulte de caso fortuito, excepto en cuanto la gestión le haya sido útil a aquél:
a) si actúa contra su voluntad expresa;
b) si emprende actividades arriesgadas, ajenas a las habituales del dueño del negocio;
c) si pospone el interés del dueño del negocio frente al suyo;
d) si no tiene las aptitudes necesarias para el negocio, o su intervención impide la de
otra persona más idónea.

Responsabilidad frente a terceros


El gestor queda personalmente obligado frente a terceros. Sólo se libera si el dueño del
negocio ratifica su gestión, o asume sus obligaciones; y siempre que ello no afecte a
terceros de buena fe.
Conforme al artículo 1789 “El dueño del negocio queda obligado frente a los terceros
por los actos cumplidos en su nombre, si ratifica la gestión, si asume las obligaciones
del gestor o si la gestión es útilmente conducida”
Responsabilidad solidaria.
Son solidariamente responsables:
a) los gestores que asumen conjuntamente el negocio ajeno;
b) los varios dueños del negocio, frente al gestor.

EMPLEO ÚTIL

Conforme al artículo 1791 el empleo útil se efectúa cuando quien, sin ser gestor de
negocios ni mandatario, realiza un gasto, en interés total o parcialmente ajeno, caso en
el cual tiene derecho a que le sea reembolsado su valor, en cuanto haya resultado de
utilidad, aunque después ésta llegue a cesar.
El reembolso incluye los intereses, desde la fecha en que el gasto se efectúa.
Un ejemplo de empleo útil es los gastos funerarios realizados por una persona en interés
total o parcialmente ajeno.
El artículo 1793 nos enuncia quienes están obligados al reembolso; a) quien recibe la
utilidad; b) los herederos del difunto, en el caso de gastos funerarios; c) el tercero
adquirente a título gratuito del bien que recibe la utilidad, pero sólo hasta el valor de ella
al tiempo de la adquisición.

Ejemplo:

Juan ve que la vereda de su vecino Pedro tiene un pozo peligroso y, para evitar
accidentes, paga de su propio bolsillo para repararlo.

Como Pedro se benefició de la reparación, Juan tiene derecho a que se le reembolse el


gasto, ya que realizó un empleo útil en interés ajeno.
CONCESIÓN
Hay contrato de concesión cuando el concesionario, que actúa en nombre y por cuenta
propia frente a terceros, se obliga mediante una retribución a disponer de su
organización empresarial para comercializar mercaderías provistas por el concedente,
prestar los servicios y proveer los repuestos y accesorios según haya sido convenido.
La concesión tiene un uso por autonomasia en la venta automotriz.

Ejemplo sencillo de concesión

Toyota Argentina celebra un contrato de concesión con la empresa "Autos del Norte
S.A." para que esta última comercialice sus vehículos, repuestos y servicios de
mantenimiento en la provincia de Salta.

En virtud del contrato:

1.​ El concesionario ("Autos del Norte S.A.") actúa en nombre y por cuenta
propia frente a los clientes (terceros).
2.​ El concedente (Toyota Argentina) provee los vehículos, repuestos y
lineamientos para la prestación de servicios.
3.​ Autos del Norte S.A. organiza su infraestructura (locales, personal, talleres)
para comercializar los vehículos, ofrecer servicios de mantenimiento y vender
repuestos según los estándares establecidos por Toyota Argentina.
4.​ A cambio, el concesionario recibe una retribución a través del margen de
ganancia por la venta de los productos y servicios.

Este contrato se caracteriza por ser consensual, oneroso, bilateral, conmutativo,


nominado, no formal, de larga duración, celebrado por adhesión (pre-redactadas por el
concedente o por un tercero, con lo cual el concesionario se limita a aceptar o no), por
escrito, de colaboración, supone necesariamente una relación de confianza y es por ello
intuitu personae

Obligaciones de las partes


•​ Del concedente (artículo 1504)
a) proveer al concesionario de una cantidad mínima de mercaderías que le permita
atender adecuadamente las expectativas de venta en su territorio o zona, de acuerdo con
las pautas de pago, de financiación y garantías previstas en el contrato. El contrato
puede prever la determinación de objetivos de ventas, los que deben ser fijados y
comunicados al concesionario de acuerdo con lo convenido;
b) respetar el territorio o zona de influencia asignado en exclusividad al concesionario.
Son válidos los pactos que, no obstante la exclusividad, reserva para el concedente
cierto tipo de ventas directas o modalidades de ventas especiales;
c) proveer al concesionario la información técnica y, en su caso, los manuales y la
capacitación de personal necesarios para la explotación de la concesión;
d) proveer durante un período razonable, en su caso, repuestos para los productos
comercializados;
e) permitir el uso de marcas, enseñas comerciales y demás elementos distintivos, en la
medida necesaria para la explotación de la concesión y para la publicidad del
concesionario dentro de su territorio o zona de influencia.

•​ Del concesionario (artículo 1505)


a) comprar exclusivamente al concedente las mercaderías y, en su caso, los repuestos
objeto de la concesión, y mantener la existencia convenida de ellos o, en defecto de
convenio, la cantidad suficiente para asegurar la continuidad de los negocios y la
atención del público consumidor;
b) respetar los límites geográficos de actuación y abstenerse de comercializar
mercaderías fuera de ellos, directa o indirectamente por interpósita persona;
c) disponer de los locales y demás instalaciones y equipos que resulten necesarios para
el adecuado cumplimiento de su actividad;
d) prestar los servicios de preentrega y mantenimiento de las mercaderías, en caso de
haberlo así convenido;
e) adoptar el sistema de ventas, de publicidad y de contabilidad que fije el concedente;
f) capacitar a su personal de conformidad con las normas del concedente.

Plazos
El plazo del contrato de concesión no puede ser inferior a cuatro años. Pactado un plazo
menor o si el tiempo es indeterminado, se entiende convenido por cuatro años.
Excepcionalmente, si el concedente provee al concesionario el uso de las instalaciones
principales suficientes para su desempeño, puede preverse un plazo menor, no inferior a
dos años.
La continuación de la relación después de vencido el plazo determinado por el contrato
o por la ley, sin especificarse antes el nuevo plazo, lo transforma en contrato por tiempo
indeterminado.
Extinción
El contrato puede extinguirse por rescisión en el caso de ser por tiempo indeterminado.
Además conforme al artículo 1509 le es aplicable a este contrato las causales de
extinción de la agencia, es decir, el artículo 1494 “ a) muerte o incapacidad del agente;
b) disolución de la persona jurídica que celebra el contrato, que no deriva de fusión o
escisión; c) quiebra firme de cualquiera de las partes; d) vencimiento del plazo; e)
incumplimiento grave o reiterado de las obligaciones de una de las partes, f)
disminución significativa del volumen de negocios del agente.”

FRANQUICIA

Hay franquicia comercial cuando una parte, denominada franquiciante, otorga a otra,
llamada franquiciado, el derecho a utilizar un sistema probado, destinado a
comercializar determinados bienes o servicios bajo el nombre comercial, emblema o la
marca del franquiciante, quien provee un conjunto de conocimientos técnicos y la
prestación continua de asistencia técnica o comercial, contra una prestación directa o
indirecta del franquiciado.
El franquiciante debe ser titular exclusivo del conjunto de los derechos intelectuales,
marcas, patentes, nombres comerciales, derechos de autor y demás comprendidos en el
sistema bajo franquicia; o, en su caso, tener derecho a su utilización y transmisión al
franquiciado en los términos del contrato.
El franquiciante no puede tener participación accionaria de control directo o indirecto en
el negocio del franquiciado.
El contrato se caracteriza por la independencia de las partes (las partes son
independientes jurídica y financieramente, no hay una relación laboral entre ellas), la
cooperación (no hay intereses contrapuestos), la permanencia de la relación y el
formato uniforme. Es además, nominado, bilateral, oneroso, conmutativo, de duración,
por adhesión, intuitu personae, de colaboración y no formal.
Cuando la norma alude al sistema probado se está refiriendo al conjunto de
conocimientos prácticos y la experiencia acumulada por el franquiciante, no patentado,
que ha sido debidamente probado, secreto, sustancial y transmisible (artículo 1513 inc.
C), se lo denomina “know-how”. Comprende métodos de fabricación, comercialización,
gestión y financiamiento de productos y servicios. Ya que no resulta patentable, debe
protegerse a través de acuerdos de confidencialidad.
Cabe destacar que ningún franquiciante puede transmitir derechos respecto de los
cuales no es titular o carece del derecho de ceder.
Clases de franquicia
Franquicia mayorista: es aquella en virtud de la cual el franquiciante otorga a una
persona física o jurídica, un territorio o ámbito de actuación Nacional o regional o
provincial con derecho de nombrar subfranquiciados, el uso de sus marcas y sistema
de franquicias bajo contraprestaciones específicas. (***No se aclara el plazo de este tipo
de franquicia. Se debe seguir la regla general de no menor a cuatro años)

Franquicia de desarrollo: es aquella en virtud de la cual el franquiciante otorga a un


franquiciado denominado desarrollador el derecho a abrir múltiples negocios
franquiciados bajo el sistema, método y marca del franquiciante en una región o en el
país durante un término prolongado no menor a cinco años, y en el que todos los locales
o negocios que se abren dependen o están controlados, en caso de que se constituyan
como sociedades, por el desarrollador, sin que éste tenga el derecho de ceder su
posición como tal o subfranquiciar, sin el consentimiento del franquiciante

Obligaciones de las partes


•​ Franquiciante
1-proporcionar información antes de la firma del contrato
2-transmitir el know-how
3-entregar el manual de instrucciones
4-proveer asistencia técnica
5-prevision de bienes y servicios (mercaderías)
6-defender y proteger el uso del franquiciado, de la franquicia.

•​ Franquiciado
a) desarrollar efectivamente la actividad comprendida en la franquicia, cumplir las
especificaciones del manual de operaciones y las que el franquiciante le comunique en
cumplimiento de su deber de asistencia técnica;
b) proporcionar las informaciones que razonablemente requiera el franquiciante para el
conocimiento del desarrollo de la actividad y facilitar las inspecciones que se hayan
pactado o que sean adecuadas al objeto de la franquicia;
c) abstenerse de actos que puedan poner en riesgo la identificación o el prestigio del
sistema de franquicia que integra o de los derechos mencionados en el artículo 1512,
segundo párrafo, y cooperar, en su caso, en la protección de esos derechos;
d) mantener la confidencialidad de la información reservada que integra el conjunto de
conocimientos técnicos transmitidos y asegurar esa confidencialidad respecto de las
personas, dependientes o no, a las que deban comunicarse para el desarrollo de las
actividades. Esta obligación subsiste después de la expiración del contrato;
e) cumplir con las contraprestaciones comprometidas, entre las que pueden pactarse
contribuciones para el desarrollo del mercado o de las tecnologías vinculadas a la
franquicia.

Plazo
Es aplicable el artículo 1506, primer párrafo. Sin embargo, un plazo inferior puede
ser pactado si se corresponde con situaciones especiales como ferias o congresos,
actividades desarrolladas dentro de predios o emprendimientos que tienen prevista
una duración inferior, o similares. Al vencimiento del plazo, el contrato se entiende
prorrogado tácitamente por plazos sucesivos de un año, excepto expresa denuncia de
una de las partes antes de cada vencimiento con treinta días de antelación. A la segunda
renovación, se transforma en contrato por tiempo indeterminado.

Cláusulas particulares
El código civil y comercial en los artículos 1517, 1518 y 1519 prevé distintas cláusulas
naturales que se entienden implícitas en todo contrato de franquicia.

-Cláusula territorial : Las franquicias son exclusivas de ambas partes, siendo


generalmente de tipo territorial, lo que se traduce en la imposibilidad del franquiciante
de autorizar otra unidad de franquicia en el mismo territorio, salvo consentimiento
expreso del franquiciado. El franquiciado debe desempeñarse en los locales indicados,
dentro del territorio concedido o, en su defecto, en su zona de influencia, y no puede
operar por sí o por interpósita persona unidades de franquicia o actividades que sean
competitivas. Las partes pueden limitar o excluir la exclusividad.

-Cláusula que prohíbe ceder la posición contractual del franquiciado: El artículo


1518 en su inciso a) establece que “el franquiciado no puede ceder su posición
contractual ni los derechos que emergen del contrato mientras está vigente, excepto los
de contenido dinerario” ello se justifica por el carácter intuitu personae,

-Cláusula sobre competencia: El contrato de franquicia, por sí mismo, no debe ser


considerado un pacto que limite, restrinja o distorsione la competencia.
-Cláusula sobre clientela: El artículo 1518 en su inciso c) establece que el derecho a la
clientela corresponde al franquiciante, salvo pacto en contrario. Ello se justifica por la
circunstancia que la clientela se genera en virtud del prestigio y calidad que representa
la marca del franquiciante.

-Cláusula que prohíbe mudar la ubicación del local: El artículo 1518 inciso c)
prevé la prohibición para el franquiciado de mudar la ubicación de sus locales de
atención o fabricación.

-Cláusulas nulas : El artículo 1519 establece que


“No son válidas las cláusulas que prohíban al franquiciado:
a) cuestionar justificadamente los derechos del franquiciante mencionado en el artículo
1512, segundo párrafo;
b) adquirir mercaderías comprendidas en la franquicia de otros franquiciados dentro del
país, siempre que éstos respondan a las calidades y características contractuales;
c) reunirse o establecer vínculos no económicos con otros franquiciados”

Extinción
Las causales de extinción del contrato de franquicia se encuentra prevista en el artículo
1522, siendo la norma meramente enunciativa, las partes pueden acordar otras.
Ellas son:
1.Muerte o incapacidad de cualquiera de las partes (se encuentra regulado en el artículo
163 del código civil y comercial)
2. Resolución unilateral por incumplimiento (esencial) (conf. art 1083 CCYCN).
3. Vencimiento del plazo de los contratos cuya duración es menor al mínimo legal,
justificado por razones especiales (artículo 1516)
4. En el caso de los contratos celebrados por un plazo determinado (siempre que no
sean supuestos especiales) cualquiera de las partes puede poner fin al contrato sin
necesidad de invocar causa alguna, debiendo preavisar a la otra parte, antes de la
expiración del plazo original.
5. Rescisión unilateral en los contratos celebrados por tiempo indeterminado (no hay
necesidad de invocar justa causa)
6. Quiebra de las partes
UNIDAD 9
UNIDAD IX

Contrato de financiamiento, contratos gratuitos y de custodia

MUTUO
Hay contrato de mutuo cuando el mutuante se compromete a entregar al mutuario
en propiedad, una determinada cantidad de cosas fungibles, y éste se obliga a
devolver igual cantidad de cosas de la misma calidad y especie.

La configuración típica de este contrato se asemeja a las obligaciones de dar suma de


dinero, por ello el artículo 1532 establece la aplicación de las disposiciones relativas a
las obligaciones de dar suma de dinero o de género, según sea el caso, como normas
supletorias de este tipo contractual.
El contrato se caracteriza por ser consensual, bilateral, oneroso (excepto pacto en
contrario), conmutativo, no formal, de ejecución diferida, nominado.

Ejemplo sencillo de mutuo

Sofía necesita dinero para comprar los materiales de un curso universitario. Su amigo
Lucas le presta $20.000 con el compromiso de que Sofía le devuelva la misma cantidad
y especie en un plazo de tres meses.

Obligaciones del mutuante


El mutuante puede no entregar la cantidad prometida si, con posterioridad al contrato,
un cambio en la situación del mutuario hace incierta la restitución.
Excepto este supuesto, si el mutuante no entrega la cantidad prometida en el plazo
pactado o, en su defecto, ante el simple requerimiento, el mutuario puede exigir el
cumplimiento o la resolución del contrato.

Onerosidad
El mutuo es oneroso, excepto pacto en contrario.
Si el mutuo es en dinero, el mutuario debe los intereses compensatorios, que se deben
pagar en la misma moneda prestada.
Si el mutuo es de otro tipo de cosas fungibles, los intereses son liquidados en dinero,
tomando en consideración el precio de la cantidad de cosas prestadas en el lugar en que
debe efectuarse el pago de los accesorios, el día del comienzo del período, excepto
pacto en contrario. Los intereses se deben por trimestre vencido, o con cada
amortización total o parcial de lo prestado que ocurra antes de un trimestre, excepto
estipulación distinta.
Si se ha pactado la gratuidad del mutuo, los intereses que haya pagado el mutuario
voluntariamente son irrepetibles. El recibo de intereses por un período, sin condición ni
reserva, hace presumir el pago de los anteriores.
Ejemplo de mutuo gratuito:

María necesita 5 kilos de harina para hacer tortas que planea vender en una feria. Su
vecina Ana, quien tiene un almacén, le presta esa cantidad de harina con el compromiso
de que María le devuelva exactamente los mismos 5 kilos de harina de la misma calidad
en un plazo de dos semanas. No hay intereses ni contraprestaciones adicionales de por
medio, ya que ambas han acordado que el préstamo será gratuito.

En este caso, Ana es la mutuante, porque entrega la harina, y María es la mutuaria,


porque se compromete a devolver la misma cantidad y calidad de harina.

Incumplimiento del mutuario


La falta de pago de los intereses o de cualquier amortización de capital da derecho al
mutuante a resolver el contrato y a exigir la devolución de la totalidad de lo prestado,
más sus intereses hasta la efectiva restitución.
Si el mutuo es gratuito, después del incumplimiento, se deben intereses moratorios. Si el
mutuo es oneroso a falta de convención sobre intereses moratorios, rige lo dispuesto
para las obligaciones de dar sumas de dinero.

Mala calidad o vicio de la cosa


Si la cantidad prestada no es dinero, el mutuante responde por los daños causados por la
mala calidad o el vicio de la cosa prestada; si el mutuo es gratuito, responde sólo si
conoce la mala calidad o el vicio y no advierte al mutuario.

Intereses
Los intereses son aquellos aumentos paulatinos que experimentan las deudas en dinero,
en razón de su importe y el tiempo transcurrido. Se caracteriza por su porcentualidad,
accesoriedad y periodicidad.
Los intereses se clasifican en compensatorio (artículo 767), moratorios (artículo 768) y
punitorios (artículo 769), a ello hay que agregar la regla del anatocismo, que es el pacto
en virtud del cual se dispone la capitalización de los intereses, sumándose al capital
originado y devengando nuevos intereses; actualmente se encuentra regulado en el
artículo 770-800
COMODATO

Hay comodato si una parte se obliga a entregar a otra una cosa no fungible, mueble o
inmueble, para que se sirva gratuitamente de ella y restituya la misma cosa recibida.
Se diferencia del mutuo por tratar de cosas no fungibles y se sirve gratuitamente. Una
cosa fungible es “aquella en que todo individuo de la especie equivale a otro individuo
de la misma especie, y pueden sustituirse por otras de la misma especie y en igual
cantidad”
Se caracteriza por ser consensual, gratuito, intuitu personae, bilateral, no formal,
nominado y sobre cosas no fungibles.
Hay libertad de formas.
El comodato otorga una relación real (de poder) que es la tenencia de la cosa y no su
posesión.

Ejemplo sencillo de comodato

Carla tiene una máquina de coser que no está utilizando y se la presta a su amiga Laura
para que pueda usarla temporalmente y terminar un proyecto de costura. Ambas
acuerdan que, una vez que Laura termine su trabajo, deberá devolver la misma máquina
en las mismas condiciones en que la recibió.

Préstamo de cosas fungibles


El préstamo de cosas fungibles sólo se rige por las normas del comodato si el
comodatario se obliga a restituir las mismas cosas recibidas.

Ejemplo de préstamo de cosas fungibles con normas de comodato:

Ana tiene una colección de botellas de vino exclusivas. Su amigo Martín le pide que le
preste tres botellas específicas de esa colección para exponerlas en un evento. Ambos
acuerdan que Martín debe devolver exactamente las mismas botellas después del
evento, sin consumirlas ni reemplazarlas por otras.

Cosa fungible: Las botellas de vino son fungibles en principio, ya que, en general,
podrían sustituirse por otras de la misma especie y calidad.
Régimen de comodato: En este caso, Martín debe devolver esas mismas botellas, no
otras, lo que justifica aplicar las normas del comodato (restitución de la misma cosa).
Prohibiciones
No pueden celebrar contrato de comodato:
a) los tutores, curadores y apoyos, respecto de los bienes de las personas incapaces o
con capacidad restringida, bajo su representación;
b) los administradores de bienes ajenos, públicos o privados, respecto de los confiados a
su gestión, excepto que tengan facultades expresas para ello.

Obligaciones de las partes


•​ Comodatario
a) usar la cosa conforme al destino convenido. A falta de convención puede darle el
destino que tenía al tiempo del contrato, el que se da a cosas análogas en el lugar donde
la cosa se encuentra, o el que corresponde a su naturaleza;
b) pagar los gastos ordinarios de la cosa y los realizados para servirse de ella;
c) conservar la cosa con prudencia y diligencia;
d) responder por la pérdida o deterioro de la cosa, incluso causados por caso fortuito,
excepto que pruebe que habrían ocurrido igualmente si la cosa hubiera estado en poder
del comodante;
e) restituir la misma cosa con sus frutos y accesorios en el tiempo y lugar convenidos, A
falta de convención, debe hacerlo cuando se satisface la finalidad para la cual se presta
la cosa. Si la duración del contrato no está pactada ni surge de su finalidad, el
comodante puede reclamar la restitución en cualquier momento.

•​ Comodante
a) entregar la cosa en el tiempo y lugar convenidos;
b) permitir el uso de la cosa durante el tiempo convenido;
c) responder por los daños causados por los vicios de la cosa que oculta al comodatario;
d) reembolsar los gastos de conservación extraordinarios que el comodatario hace, si
éste los notifica previamente o si son urgentes.
Gastos
El comodatario no puede solicitar el reembolso de los gastos ordinarios realizados para
servirse de la cosa, ya que es un contrato gratuito. Tampoco puede retenerla por lo que
le deba el comodante, ya que falta un elemento para ejercer el derecho (debe ser una
cuestión onerosa y no es el caso)

Restitución anticipada
El comodante puede exigir la restitución de la cosa antes del vencimiento del plazo:
a) si la necesita en razón de una circunstancia imprevista y urgente (dio en comodato un
inmueble y su casa se incendió, necesita de este modo el inmueble)
b) si el comodatario la usa para un destino distinto al pactado, aunque no la deteriore.

Extinción
El comodato se extingue:
a) por destrucción de la cosa. No hay subrogación real, ni el comodante tiene obligación
de prestar una cosa semejante;
b) por vencimiento del plazo, se haya usado o no la cosa prestada;
c) por voluntad unilateral del comodatario;
d) por muerte del comodatario, excepto que se estipule lo contrario o que el comodato
no haya sido celebrado exclusivamente en consideración a su persona.

DONACIÓN
Hay donación cuando una parte se obliga a transferir gratuitamente una cosa a otra, y
ésta lo acepta.
La donación es esencialmente gratuita y es sinónimo de liberalidad. Esta gratuidad está
relacionada con el ánimo del donante de beneficiar a un tercero.
La donación supone un empobrecimiento del donante con un enriquecimiento del
donatario, existe un animus donandi (intención de beneficiar al donatario)
Es un acto entre vivos, donde se transfiere el dominio de los bienes donados.
Solo las cosas pueden ser objeto de donación en nuestro régimen legal, pues si en vez
de ser cosas se tratasen de derechos o deudas, estaríamos hablando de contrato de cesión
de derechos o deudas.
Con lo dicho se puede caracterizar a la donación como un contrato consensual (artículo
1545), unilateral, a título gratuito, formal y nominado o típico.

Aceptación
La aceptación puede ser expresa o tácita, pero es de interpretación restrictiva y está
sujeta a las reglas establecidas respecto a la forma de las donaciones. Debe producirse
en vida del donante y del donatario.

Donación bajo condición


Están prohibidas las donaciones hechas bajo la condición suspensiva de producir
efectos a partir del fallecimiento del donante.

Capacidad para donar


Pueden donar solamente las personas que tienen plena capacidad de disponer de sus
bienes. Las personas menores emancipadas pueden hacerlo con la limitación del inciso
b) del artículo 28.

Capacidad para recibir donaciones


Para aceptar donaciones se requiere ser capaz. Si la donación es a una persona incapaz,
la aceptación debe ser hecha por su representante legal; si la donación del tercero o del
representante es con cargo, se requiere autorización judicial.
Como regla general cualquier persona física o jurídica puede ser beneficiaria de un
contrato de donación. Sin embargo, no pueden aceptar donaciones por diferentes
impedimentos legales:
a)​ Los tutores y curadores no pueden recibir donaciones de quienes han estado bajo
su tutela o curatela antes de la rendición de cuentas y pago de cualquier suma que hayan
quedado adeudándoles.
b)​ Los padres, de los bienes de sus hijos menores
c)​ Los albaceas (que no sean herederos) no pueden recibir en donación los bienes
de los testamentarios que estuvieren a su cargo.
d)​ Los esposos que hayan optado por el régimen de administración patrimonial de
comunidad de bienes
Objeto
La donación no puede tener por objeto la totalidad del patrimonio del donante, ni una
alícuota de él, ni cosas determinadas de las que no tenga el dominio al tiempo de
contratar. Si comprende cosas que forman todo el patrimonio del donante o una parte
sustancial de éste, sólo es válida si el donante se reserva su usufructo, o si cuenta con
otros medios suficientes para su subsistencia.
La sanción al incumplimiento de esta norma, por ser de orden público será la nulidad
absoluta.
La ley se ocupa de establecer límites cuantitativos al objeto de donación, a fin de evitar
no solo el desamparo del donante provocado por su prodigalidad o irreflexión, sino que
también existe un interés social en no dejar al donante en la indigencia.

Forma
Deben ser hechas en escritura pública, bajo pena de nulidad, las donaciones de cosas
inmuebles, las de cosas muebles registrables y las de prestaciones periódicas o
vitalicias.

Donaciones al Estado
Las donaciones al Estado pueden ser acreditadas con las actuaciones administrativas

Donación manual
Las donaciones de cosas muebles no registrables y de títulos al portador deben hacerse
por la tradición del objeto donado.

Garantía por evicción


El donante sólo responde por evicción en los siguientes casos:
a) si expresamente ha asumido esa obligación;
b) si la donación se ha hecho de mala fe, sabiendo el donante que la cosa donada no era
suya e ignorándolo el donatario;
c) si la evicción se produce por causa del donante;
d) si las donaciones son mutuas, remuneratorias o con cargo.

La responsabilidad por la evicción obliga al donante a indemnizar al donatario los


gastos en que éste ha incurrido por causa de la donación. Si ésta es mutua,
remuneratoria o con cargo, el donante debe reembolsar además el valor de la cosa por él
recibida, lo gastado en el cumplimiento del cargo, o retribuir los servicios recibidos,
respectivamente.
Si la evicción proviene de un hecho posterior a la donación imputable al donante, éste
debe indemnizar al donatario los daños ocasionados.
Cuando la evicción es parcial, el resarcimiento se reduce proporcionalmente.

Vicios ocultos
(Artículo 1558) El donante sólo responde por los vicios ocultos de la cosa donada si
hubo dolo de su parte, caso en el cual debe reparar al donatario los daños ocasionados.

Obligación de alimentos
Conforme al artículo 1559 “Excepto que la donación sea onerosa, el donatario debe
prestar alimentos al donante que no tenga medios de subsistencia. Puede liberarse de esa
obligación restituyendo las cosas donadas o su valor si las ha enajenado”

Clases de donaciones
Donación mutua: Son aquellas que se hacen dos o más personas recíprocamente, el
artículo 1560 establece que “En las donaciones mutuas, la nulidad de una de ellas afecta
a la otra, pero la ingratitud o el incumplimiento de los cargos sólo perjudican al
donatario culpable” es decir, se prevé una conexidad genética más no funcional, son
genéticamente una variedad de los contratos conexos pese a que constituyen contratos
diferentes.

Donación remuneratoria: Son donaciones remuneratorias las realizadas en


recompensa de servicios prestados al donante por el donatario, apreciables en dinero y
por los cuales el segundo podría exigir judicialmente el pago. La donación se juzga
gratuita si no consta en el instrumento lo que se tiene en mira remunerar.

Donación con cargo: El donante dispone de la facultad de incorporar cargos a ser


cumplidos por el donatario, ya sea en beneficio propio del donante o bien para un
tercero, incluso para el mismo donatario (artículo 1562)
El cargo es una obligación accesoria que impone el donante al donatario.
In fine el artículo mencionado establece “Si el cargo se ha estipulado en favor de un
tercero, éste, el donante y sus herederos pueden demandar su ejecución; pero sólo el
donante y sus herederos pueden revocar la donación por inejecución del cargo.
Si el tercero ha aceptado el beneficio representado por el cargo, en caso de revocarse el
contrato tiene derecho para reclamar del donante o, en su caso, de sus herederos, el
cumplimiento del cargo, sin perjuicio de sus derechos contra el donatario”

Donación inoficiosa: El artículo 1565 establece “Se considera inoficiosa la donación


cuyo valor excede la parte disponible del patrimonio del donante. A este respecto, se
aplican los preceptos de este Código sobre la porción legítima”
Alterini considera que la legítima es un derecho de sucesión (y un instituto de orden
público) que la ley atribuye a ciertos familiares próximos, limitando a determinado
porción del patrimonio del causante, del cual no pueden ser privados, excepto por causa
de indignidad, conforme al artículo 2444 del código civil y comercial. La legítima es la
parte de la herencia que la ley asigna a determinados herederos, llamados herederos
forzosos. Es un derecho de los descendientes, ascendientes y cónyuge de recibir una
parte de la herencia.

Reversión
En la donación se puede convenir la reversión de las cosas donadas, sujetando el
contrato a la condición resolutoria de que el donatario, su cónyuge y sus descendientes,
o el donatario sin hijos, fallezcan antes que el donante.
Esta cláusula debe ser expresa y sólo puede estipularse en favor del donante. Si se la
incluye en favor de él y de sus herederos o de terceros, sólo vale respecto de aquél.
Si la reversión se ha pactado para el caso de muerte del donatario sin hijos, la existencia
de éstos en el momento del deceso de su padre extingue el derecho del donante, que no
renace aunque éste les sobreviva.

Revocación
La donación aceptada sólo puede ser revocada por inejecución de los cargos, por
ingratitud del donatario, y, en caso de habérselo estipulado expresamente, por
supernacencia de hijos del donante. Si la donación es onerosa, el donante debe
reembolsar el valor de los cargos satisfechos o de los servicios prestados por el
donatario.
DEPÓSITO
Hay contrato de depósito cuando una parte se obliga a recibir de otra una cosa con la
obligación de custodiarla y restituirla con sus frutos.
Del concepto extraemos tres obligaciones: recibir la cosa, custodiarla y devolverla
con sus frutos. La finalidad es la guarda de la cosa.
Se caracteriza por ser oneroso (aunque puede ser gratuito por acuerdo de partes),
bilateral (aunque fuese gratuito, porque nacen obligaciones para ambas partes),
consensual, nominado, no formal, conmutativo y de larga duración.
Cabe destacar que el depositario no puede exigir que el depositante pruebe ser dueño de
la cosa depositada.
Las partes del contrato son el depositario que es quien recibe la cosa y el depositante
sujeto que la entrega.
El objeto del contrato son las cosas, bienes materiales, incluye bienes muebles e
inmuebles, ya que no prevé ninguna limitación al respecto.

Ejemplo sencillo de depósito gratuito

María va de viaje por un mes y le pide a su vecino Juan que guarde su bicicleta en su
garaje hasta que ella regrese. Juan acepta encargarse de la bicicleta, comprometiéndose
a cuidarla y devolvérsela en el mismo estado hasta que María vuelva.

Características reflejadas en el ejemplo:

1.​ Obligación de custodiar: Juan asume la responsabilidad de guardar la bicicleta


de manera segura durante el tiempo acordado.
2.​ Obligación de restituir: Al regresar María, Juan debe devolver la bicicleta en el
mismo estado en que la recibió, cumpliendo con su deber como depositario.
3.​ Consensual: El contrato se forma con el acuerdo de ambas partes, sin necesidad
de formalidades.
4.​ Bilateral: María entrega la bicicleta (cumple su obligación), y Juan la custodia y
la devuelve (cumple la suya).
5.​ Gratuito u oneroso: En este caso, el depósito es gratuito porque Juan no recibe
remuneracion por su servicio, pero podría ser oneroso si hubieran pactado un
pago.
6.​ Objeto del contrato: La bicicleta es un bien mueble que puede ser objeto del
contrato de depósito.
Ejemplo sencillo de depósito voluntario oneroso

Carla tiene una valiosa colección de joyas y decide dejarla en custodia en una caja de
seguridad en un banco. El banco cobra a Carla $10.000 al año por el servicio de guarda
y custodia.

Onerosidad
El depósito se presume oneroso. Si se pacta la gratuidad, no se debe remuneración,
pero el depositante debe reembolsar al depositario los gastos razonables en que incurra
para la custodia y restitución.

Obligaciones del depositario


El depositario debe poner en la guarda de la cosa la diligencia que usa para sus cosas o
la que corresponda a su profesión. No puede usar las cosas y debe restituirlas, con sus
frutos, cuando le sea requerido.

Obligaciones del depositante


1.​ reembolsar al depositario los gastos razonables que hubiera hecho para la
conservación de la cosa depositada y para su restitución
2.​ indemnizar al depositario de los perjuicios que le ha ocasionado el depósito
3.​ pagar la remuneración pactada
4.​ recibir la cosa que se le restituye

Extinción
1.​ Al vencimiento del plazo (contrato por tiempo determinado)
2.​ si la cosa depositada perece (destrucción por caso fortuito o con culpa del
depositario)

Clasificación
El depósito se clasifica en
Depósito voluntario por el cual la persona decide a quien dejarle las cosas, la elección
del depositario depende de la voluntad del depositante.
Depósito necesario conforme al cual “el depositante no puede elegir la persona del
depositario por un acontecimiento que lo somete a una necesidad imperiosa, y el de los
efectos introducidos en los hoteles por los viajeros” por lo cual, presenta dos notas
distintivas en primer lugar la existencia de una circunstancia especial, es decir una
necesidad imperiosa y en segundo lugar la falta de posibilidad de elegir el depositario
(por ello en el derecho romano era tratado como un cuasicontrato).
Luego el código nos da una definición de depósito en los hoteles entendiendo por tal al
que “tiene lugar por la introducción en ellos de los efectos de los viajeros, aunque no los
entreguen expresamente al hotelero o sus dependientes y aunque aquéllos tengan las
llaves de las habitaciones donde se hallen tales efectos”. Posteriormente el artículo 1371
prevé las eximente de responsabilidad del hotelero “ El hotelero no responde si los
daños o pérdidas son causados por caso fortuito o fuerza mayor ajena a la actividad
hotelera. Tampoco responde por las cosas dejadas en los vehículos de los viajeros.”,
pareciera que el código apunta a un factor de atribución objetivo.
Además, el artículo 1374 prescribe que “excepto lo dispuesto en los artículos 1372 y
1373, toda cláusula que excluya o limite la responsabilidad del hotelero se tiene por no
escrita”
El depósito regular consiste en la entrega para guarda de una cosa no fungible o de
cosas fungibles en saco cerrado (artículo 1356)
Y el depósito irregular consiste en la entrega de una cantidad de cosas fungibles, que
no se encuentra en saco cerrado, se transmite el dominio de las cosas aunque el
depositante no haya autorizado su uso o lo haya prohibido. En este caso el depositario
debe restituir la misma calidad y cantidad.
En el caso de que se entreguen una cantidad de cosas fungibles, y el depositario tenga la
facultad de servirse de ellas, se aplican las reglas del mutuo. En este depósito la guarda
o conservación de la cosa no recae la materialidad de la cosa misma sino sobre su valor.
A diferencia del depósito regular, en donde solo se transmite la tenencia, aquí se
transmite el dominio dada la fungibilidad de la cosa.

Establecimientos asimilables
El artículo 1375 prescribe que “Las normas de esta Sección se aplican a los hospitales,
sanatorios, casas de salud y deporte, restaurantes, garajes, lugares y playas de
estacionamiento y otros establecimientos similares que prestan sus servicios a título
oneroso. La eximente prevista en la última frase del artículo 1371 no rige para los
garajes, lugares y playas de estacionamiento que prestan sus servicios a título oneroso.”

Casas de depósito
Son establecimientos que tienen por objeto principal contratar el recibo, guarda,
custodia y conservación de bienes muebles (cosas, materias primas, frutos, productos
agrícolas,ganaderos, forestales, mineros) de terceros.
Generalmente este tipo negocial corresponde a contratos entre empresas, es decir,
paritarios y celebrados por adhesión.
Los propietarios de casas de depósito son responsables de la conservación de las cosas
allí depositadas, excepto que prueben que la pérdida, la disminución o la avería ha
derivado de la naturaleza de dichas cosas, de vicio propio de ellas o de los de su
embalaje, o de caso fortuito externo a su actividad. Con lo dicho se puede deducir que la
responsabilidad es objetiva y agravada, esto deriva justamente en la causa fin del
contrato y el carácter de profesional del depositario, generando una especial confianza
en el depositante

En cuanto al propietario de la casa de depósito tiene la obligación de:


a) dar recibo por las cosas que les son entregadas para su custodia, en el que se describa
su naturaleza, calidad, peso, cantidad o medida (formalidad ad probationem, facilita
probar qué se entregó y en qué condiciones, evitando discusiones futuras sobre posibles
pérdidas, daños o malentendidos).
b) permitir la inspección de las cosas recibidas en depósito al depositante y a quien éste
indique.
UNIDAD 10
UNIDAD X

Contratos de garantía, previsión y recreación


ARTICULO 1574.- “Concepto. Hay contrato de fianza cuando una persona se obliga
accesoriamente por otra a satisfacer una prestación para el caso de incumplimiento.”
Unilateral, consensual, gratuito, condicional (subordinado al hecho futuro). Formal ad
probationem. Nominado. Accesorio. De Garantía y por adhesión.
La fianza puede ser: Otorgada por contrato, prevista en forma legal o por decisión
judicial (este último no es un contrato, sino un acto procesal).
Las fianzas reguladas por el legislador son conocidas como fianzas convencionales.
Fianza simple (En las que el fiador goza de los beneficios de excusión y división),
Fianza solidaria (Es cuando el fiador renuncia al beneficio de excusión, Art. 1590
CCyCN), Principal Pagador y Fianza General.
El contrato de fianza es un acuerdo donde una persona (el fiador) se compromete, de
forma accesoria, a cumplir con una obligación en caso de que el deudor principal no lo
haga (contrato de garantía). Esto significa que el fiador no asume la obligación
principal, sino que actúa como una especie de respaldo o garantía para el acreedor.
Las partes son el fiador, el acreedor y el deudor es un tercero interesado.
La fianza, siguiendo a Díez Picazo, es el prototipo de las garantías personales, que no
otorgan al acreedor garantizado sino una posición reforzada para la satisfacción de su
interés: en lugar de poder proceder contra su deudor, también está facultado para
hacerlo frente a los de otra persona.
Elementos accidentales: Exclusión de ciertos bienes del fiador (el fiador responde con
todo su patrimonio, entendiéndose que se encuentra permitida la exclusión o sustracción
de ciertos bienes determinados del fiador de los alcances de la fianza) .- Renuncia a los
beneficios de excusión y división.- Caducidad de plazo (Art. 1586 CCYCN “Excepto
pacto en contrario").
2do p. ;“Si la deuda afianzada es de entregar cosa cierta, de hacer que sólo puede ser
cumplida personalmente por el deudor, o de no hacer, el fiador sólo queda obligado a
satisfacer los daños que resulten de la inejecución.”

Si la deuda original es algo que solo el deudor puede hacer personalmente (por ejemplo,
una obra de arte exclusiva) o es una obligación de no hacer (como no competir en un
mercado), el fiador no puede cumplir la prestación principal. En estos casos, sólo
responderá por los daños y perjuicios causados por el incumplimiento del deudor.

ARTICULO 1575.- Extensión de las obligaciones del fiador. La prestación a cargo del
fiador debe ser equivalente a la del deudor principal, o menor que ella, y no puede
sujetarse a estipulaciones que la hagan más onerosa.
La inobservancia de la regla precedente no invalida la fianza, pero autoriza su reducción
a los límites de la obligación principal.
El fiador puede constituir garantías en seguridad de su fianza.

ARTICULO 1576.- Incapacidad del deudor. El fiador no puede excusar su


responsabilidad en la incapacidad del deudor.

ARTICULO 1577.- Obligaciones que pueden ser afianzadas. Puede ser afianzada toda
obligación actual o futura, incluso la de otro fiador.

ARTICULO 1578.- Fianza general. Es válida la fianza general que comprenda


obligaciones actuales o futuras, incluso indeterminadas; en todos los casos debe
precisarse el monto máximo al cual se obliga el fiador. Esta fianza no se extiende a
las nuevas obligaciones contraídas por el afianzado después de los cinco años de
otorgada.

Limite cuantitativo: el monto máximo por el cual se obliga el fiador.


Límite temporal: No se puede extender por más de 5 años.
María quiere alquilar un departamento, pero el dueño le exige una garantía. Su hermano,
Juan, acepta ser su fiador y firma una fianza general, comprometiéndose a responder
por cualquier deuda de alquiler que María tenga en los próximos cinco años, con un
límite máximo de $500.000.

La fianza indeterminada en el tiempo puede ser retractada, caso en el cual no se aplica a


las obligaciones contraídas por el afianzado después que la retractación sea notificada al
acreedor.

Lucía abre una cuenta corriente en un banco y su padre, Roberto, firma como fiador
para garantizar el pago de cualquier deuda que ella pueda contraer con la entidad. En el
contrato de fianza no se establece un plazo específico, por lo que la fianza es
indeterminada en el tiempo.

Tres años después, Roberto decide retirar su compromiso como fiador y notifica al
banco su retractación. A partir de ese momento, él ya no responde por las deudas que
Lucía contraiga después de la notificación, pero sigue siendo responsable por las
obligaciones previas.
ARTÍCULO 1579.- Forma. La fianza debe convenirse por escrito.

ARTÍCULO 1580.- Extensión de la fianza. Excepto pacto en contrario, la fianza


comprende los accesorios de la obligación principal y los gastos que razonablemente
demande su cobro, incluidas las costas judiciales.

Efectos entre el fiador y el acreedor

ARTÍCULO 1583.- “Beneficio de excusión. El acreedor sólo puede dirigirse contra el


fiador una vez que haya excutido los bienes del deudor. Si los bienes excutidos sólo
alcanzan para un pago parcial, el acreedor sólo puede demandar al fiador por el saldo.”

El beneficio de excusión establece que el acreedor no puede exigir el cumplimiento


de la obligación directamente al fiador sin antes intentar cobrársela al deudor
principal. En otras palabras, el fiador tiene el derecho de que el acreedor primero
"excuta" (es decir, persigue y embarga) los bienes del deudor antes de dirigirse
contra él.

El beneficio de excusión y división son elementos naturales del contrato de fianza.


Constituyen una facultad del fiador.

ARTÍCULO 1584.- Excepciones al beneficio de excusión. El fiador no puede invocar el


beneficio de excusión si:
a) el deudor principal se ha presentado en concurso preventivo o ha sido declarada su
quiebra;
b) el deudor principal no puede ser demandado judicialmente en el territorio nacional o
carece de bienes en la República;
c) la fianza es judicial;
d) el fiador ha renunciado al beneficio.

En el inciso c), cuando la fianza es judicial, el fiador no puede invocar el beneficio


de excusión porque estas fianzas tienen la finalidad de garantizar una obligación
impuesta por la justicia (como en un proceso judicial). Consiste en un acto procesal.

🔹 Ejemplo sencillo:
Pedro es demandado en un juicio y el juez le exige presentar una fianza judicial para
suspender una ejecución de bienes mientras se resuelve el caso. Su amigo Juan acepta
ser su fiador ante el tribunal.
Si Pedro no cumple con la obligación garantizada, el acreedor puede reclamar
directamente a Juan, sin necesidad de primero ejecutar los bienes de Pedro. Juan no
puede invocar el beneficio de excusión, porque al tratarse de una fianza judicial, la
ley impide que retrase el cumplimiento de la obligación.

ARTICULO 1585.- Beneficio de excusión en caso de coobligados. El fiador de un


codeudor solidario puede exigir la excusión de los bienes de los demás codeudores.

El que afianza a un fiador goza del beneficio de excusión respecto de éste y del deudor
principal.

ARTÍCULO 1586.- Subsistencia del plazo. No puede ser exigido el pago al fiador antes
del vencimiento del plazo otorgado al deudor principal, aun cuando éste se haya
presentado en concurso preventivo o haya sido declarada su quiebra, excepto pacto en
contrario.

ARTÍCULO 1587.- Defensas. El fiador puede oponer todas las excepciones y defensas
propias y las que correspondan al deudor principal, aun cuando éste las haya
renunciado.

ARTÍCULO 1588.- Efectos de la sentencia. No es oponible al fiador la sentencia


relativa a la validez, o exigibilidad de la deuda principal dictada en juicio al que no haya
sido oportunamente citado a intervenir.

ARTÍCULO 1589.- Beneficio de división. Si hay más de un fiador, cada uno responde
por la cuota a que se ha obligado. Si nada se ha estipulado, responden por partes iguales.
El beneficio de división es renunciable.

ARTÍCULO 1590.- Fianza solidaria. La responsabilidad del fiador es solidaria con la


del deudor cuando así se convenga expresamente o cuando el fiador renuncia al
beneficio de excusión.

ARTÍCULO 1591.- Principal pagador. Quien se obliga como principal pagador,


aunque sea con la denominación de fiador, es considerado deudor solidario y su
obligación se rige por las disposiciones aplicables a las obligaciones solidarias.
Efectos entre el deudor y el fiador

ARTÍCULO 1592.- Subrogación. El fiador que cumple con su prestación queda


subrogado en los derechos del acreedor y puede exigir el reembolso de lo que ha
pagado, con sus intereses desde el día del pago y los daños que haya sufrido como
consecuencia de la fianza.

ARTÍCULO 1593.- Aviso. Defensas. El fiador debe dar aviso al deudor principal del
pago que ha hecho.
El deudor puede oponer al fiador que paga sin su consentimiento todas las defensas que
tenía contra el acreedor; y si el deudor ha pagado al acreedor antes de tener
conocimiento del pago hecho por el fiador, éste sólo puede repetir contra el acreedor.

ARTÍCULO 1594.- Derechos del fiador. El fiador tiene derecho a obtener el embargo de
los bienes del deudor u otras garantías suficientes si
a) le es demandado judicialmente el pago;
b) vencida la obligación, el deudor no la cumple;
c) el deudor se ha obligado a liberarlo en un tiempo determinado y no lo hace;
d) han transcurrido cinco años desde el otorgamiento de la fianza, excepto que la
obligación afianzada tenga un plazo más extenso;
e) el deudor asume riesgos distintos a los propios del giro de sus negocios, disipa sus
bienes o los da en seguridad de otras operaciones;
f) el deudor pretende ausentarse del país sin dejar bienes suficientes para el pago de la
deuda afianzada.

Efectos entre los cofiadores

ARTÍCULO 1595.- Subrogación. El cofiador que cumple la obligación accesoria en


exceso de la parte que le corresponde, queda subrogado en los derechos del acreedor
contra los otros cofiadores.
Si uno de ellos resulta insolvente, la pérdida es soportada por todos los cofiadores,
incluso el que realiza el pago.
Extinción de la fianza

Primero saber Art. 857.


- Efectos. La extinción, nulidad o ineficacia del crédito principal, extinguen los
derechos y obligaciones accesorios, excepto disposición legal o convencional en
contrario.

ARTÍCULO 1596.- Causales de extinción. La fianza se extingue por las siguientes


causales especiales:
a) si por hecho del acreedor no puede hacerse efectiva la subrogación del fiador en las
garantías reales o privilegios que accedían al crédito al tiempo de la constitución de la
fianza;
b) si se prorroga el plazo para el cumplimiento de la obligación garantizada, sin
consentimiento del fiador;
c) si transcurren cinco años desde el otorgamiento de la fianza general en garantía de
obligaciones futuras y éstas no han nacido;
d) si el acreedor no inicia acción judicial contra el deudor dentro de los sesenta días de
requerido por el fiador o deja perimir la instancia.

ARTÍCULO 1597.- Novación. La fianza se extingue por la novación de la obligación


principal aunque el acreedor haga reserva de conservar sus derechos contra el fiador.
La fianza no se extingue por la novación producida por el acuerdo preventivo
homologado del deudor, aun cuando no se haya hecho reserva de las acciones o
derechos contra el fiador.
Cuando el deudor logra un acuerdo preventivo homologado en un proceso de
concurso, su deuda original se modifica o reestructura, lo que normalmente sería una
novación (es decir, el reemplazo de la obligación vieja por una nueva). Sin embargo, en
este caso especial, la fianza no se extingue, aunque no se haya hecho una reserva
expresa de los derechos contra el fiador.

ARTÍCULO 1598.- Evicción. La evicción de lo que el acreedor ha recibido en pago del


deudor, no hace renacer la fianza.
La norma se refiere a la situación en que el acreedor haya recibido bienes del deudor
distintos a lo originariamente pactados; en tal caso, se extingue la obligación principal y
también la acc. que es la fianza. Si luego el acreedor padece la evicción respecto de
estos bienes, la fianza no renace.
Contrato oneroso de renta vitalicia

ARTÍCULO 1599.- Concepto. Contrato oneroso de renta vitalicia es aquel por el


cual alguien, a cambio de un capital o de otra prestación mensurable en dinero, se
obliga a pagar una renta en forma periódica a otro, durante la vida de una o más
personas humanas ya existentes, designadas en el contrato.
Cabeza de renta es la denominación que se utiliza para designar a la persona cuya
vida se establece como parámetro para la duración del contrato.

📌 Ejemplo sencillo de contrato oneroso de renta vitalicia:


🔹 María tiene una casa, pero necesita dinero para su jubilación. Entonces, acuerda con
Juan que le transferirá la propiedad de su casa a cambio de que él le pague una renta
mensual de $200.000 hasta el día de su fallecimiento.

🔹 Juan, por su parte, acepta la obligación de pagarle esa suma todos los meses
mientras María viva. Juan es el deudor de la renta vitalicia.

🔹 Este contrato es oneroso porque hay una contraprestación: María entrega la casa y, a
cambio, recibe la renta. Además, la duración del pago depende de la vida de María, lo
que lo convierte en una renta vitalicia. Ella es la cabeza de renta, la beneficiaria y la
constituyente.

Características: consensual, bilateral, oneroso, nominada, formal solemne relativo,


aleatorio por naturaleza, de duración indeterminada (el tiempo no es esencial para el
cumplimiento del objeto), y de previsión.

ARTÍCULO 1600.- Reglas subsidiarias. Si el contrato es a favor de tercero, respecto de


éste se rige en subsidio por las reglas de la donación, excepto que la prestación se haya
convenido en razón de otro negocio oneroso.

Ejemplo de aplicación del artículo 1600:

🔹 Pedro entrega una suma de dinero a Lucía a cambio de que ella pague una renta
vitalicia, pero en vez de recibirla él mismo, acuerdan que los pagos sean para su hijo,

🔹
Tomás.​
En este caso, como la renta es para un tercero (Tomás), si no hay otra causa onerosa

🔹
que justifique la prestación, se considerarían aplicables las reglas de la donación.​
Sin embargo, si Pedro había pactado la renta a favor de Tomás dentro de otro
negocio oneroso (por ejemplo, como parte de un acuerdo en un contrato de sociedad o
en una transacción comercial), entonces no se aplicarían las reglas de la donación.
La renta vitalicia gratuita supone un contrato innominado. Vélez decía que este
contrato era una donación a plazo.

ARTÍCULO 1601.- Forma. El contrato oneroso de renta vitalicia debe celebrarse en


escritura pública.

ARTÍCULO 1602.- Renta. Periodicidad del pago. La renta debe pagarse en dinero. Si se
prevé esta prestación en otros bienes que no son dinero, debe pagarse por su equivalente
en dinero al momento de cada pago.
El contrato debe establecer la periodicidad con que se pague la renta y el valor de cada
cuota. Si no se establece el valor de las cuotas, se considera que son de igual valor entre
sí.
La renta se devenga por período vencido; sin embargo, se debe la parte proporcional por
el tiempo transcurrido desde el último vencimiento hasta el fallecimiento de la persona
cuya vida se toma en consideración para la duración del contrato.

ARTICULO 1603.- Pluralidad de beneficiarios. La renta puede contratarse en beneficio


de una o más personas existentes al momento de celebrarse el contrato, y en forma
sucesiva o simultánea. Si se establece para que la perciban simultáneamente, a falta de
previsión contractual, les corresponde por partes iguales sin derecho de acrecer.
El derecho a la renta es transmisible por actos entre vivos y por causa de muerte.

ARTICULO 1604.- Acción del constituyente o sus herederos. El que entrega el capital,
o sus herederos, pueden demandar la resolución del contrato por falta de pago del
deudor y la restitución del capital.
En igual caso, si la renta es en beneficio de un tercero se aplica lo dispuesto en el
artículo 1027.

ARTICULO 1605.- Acción del tercero beneficiario. El tercero beneficiario se


constituye en acreedor de la renta desde su aceptación y tiene acción directa contra
el deudor para obtener su pago. Se aplica en subsidio lo dispuesto en el artículo 1028.

ARTICULO 1606.- Extinción de la renta. El derecho a la renta se extingue por el


fallecimiento de la persona cuya vida se toma en consideración para la duración del
contrato, por cualquier causa que sea. Si son varias las personas, por el fallecimiento
de la última; hasta que ello ocurre, la renta se devenga en su totalidad.
Es nula la cláusula que autoriza a sustituir dicha persona, o a incorporar otra al
mismo efecto.
La prueba del fallecimiento corresponde al deudor de la renta.

ARTICULO 1607.- Resolución por falta de garantía. Si el deudor de la renta no otorga


la garantía a la que se obliga, o si la dada disminuye, quien entrega el capital o sus
herederos pueden demandar la resolución del contrato debiendo restituirse sólo el
capital.

ARTICULO 1608.- Resolución por enfermedad coetánea a la celebración. Si la persona


cuya vida se toma en consideración para la duración del contrato no es el deudor, y
dentro de los treinta días de celebrado, fallece por propia mano o por una enfermedad
que padecía al momento del contrato, éste se resuelve de pleno derecho y deben
restituirse las prestaciones.

Ejemplo sencillo del artículo 1608

🔹 Carlos celebra un contrato de renta vitalicia con Sofía, en el cual él le entrega un


departamento a cambio de que ella le pague una renta mensual de $300.000 mientras

🔹
viva su madre, Elena.​
Elena, que es la cabeza de renta, padecía una enfermedad grave al momento de la

🔹
firma del contrato.​

🔹 A los 20 días de firmado el contrato, Elena fallece a causa de esa enfermedad.​


Según el artículo 1608, el contrato se resuelve automáticamente, es decir, queda
sin efecto, y Sofía debe restituir el departamento a Carlos, así como él debe devolver
cualquier pago recibido.

CAPITULO 25

Contratos de juego y de apuesta

ARTÍCULO 1609.- Concepto. Hay contrato de juego si dos o más partes compiten en
una actividad de destreza física o intelectual, aunque sea sólo parcialmente, obligándose
a pagar un bien mensurable en dinero al que gane.
Consensual, bilateral o plurilateral, oneroso, aleatorio, no formal, nominado y de
recreación.
La noción de “alea” como posibilidad de perder o de ganar dista de la noción de riesgo.
El riesgo sería el conjunto de circunstancias relevantes que determinan el grado de
posibilidad de que ocurra el evento dañoso.
La RAE define “apostar” como pactar con otras u otras personas que aquel que se
equivoque o no tenga razón, perderá la cantidad de dinero que se determine o
cualquier otra cosa.
Consecuentemente la nota distintiva entre juegos y apuestas, se encuentra en que con la
intervención o participación de las partes en la actividad estaremos en presencia de un
juego; si por el contrario, dicha obligación es pactada entre dos o más espectadores de
dicha competencia, será una apuesta.
Los juegos permitidos se subdividen en tutelados o protegidos (se refiere a la
contratación privada y de derecho público administrativo, puede ser ejemplo la lotería),
y tolerados o permitidos (impera la autonomía de la voluntad, carecen de acción para
la satisfacción de los intereses económicos incumplidos por la parte perdidosa, aquí
están los juegos de puro azar como la ruleta, naipes. El legislador tolera esta
clasificación, si bien no son exigibles, una vez pagada las deudas derivadas de estos, lo
pagado es irrepetible). Luego están los juegos prohibidos (contrario a los objetos de los
contratos, va de suyo que el legislador, para prevenir negocios clandestinos y demás
causas ilícitas, no autoriza determinadas actividades. Se realiza en lugares clandestinos,
por lo que lo prohibido es el lugar y no el juego. Dada su naturaleza ilícita tiene sanción
de nulidad según el art. 390 CCYCN).

Elementos naturales: Facultades del juez y oferta pública.


Elementos accidentales: Garantías y Cláusula penal.

Elemento natural:
ARTICULO 1610.- Facultades del juez. El juez puede reducir la deuda directamente
originada en el juego si resulta extraordinaria respecto a la fortuna del deudor.

ARTICULO 1611.- Juego y apuesta de puro azar. No hay acción para exigir el
cumplimiento de la prestación prometida en un juego de puro azar, esté o no prohibido
por la autoridad local.
Si no está prohibido, lo pagado es irrepetible. Sin embargo, es repetible el pago hecho
por persona incapaz, o con capacidad restringida, o inhabilitada.

Elemento natural:
ARTICULO 1612.- Oferta pública. Las apuestas y sorteos ofrecidos al público
confieren acción para su cumplimiento.
El oferente es responsable frente al apostador o participante. La publicidad debe
individualizar al oferente. Si no lo hace, quien la efectúa es responsable.

La oferta al público es la hecha a sujetos indeterminados.

ARTICULO 1613.- Juegos y apuestas regulados por el Estado. Los juegos, apuestas y
sorteos reglamentados por el Estado Nacional, provincial, o municipios, están excluidos
de este Capítulo y regidos por las normas que los autorizan.
estipulaciones
FORMAS
Compraventa: Depende del objeto.
Cesión: Formal. Debe hacerse por escrito, excepto en los casos en los que
se admite la transmisión por endoso o por entrega manual. Con escritura
pública debe ser: a) derechos hereditarios. b) derechos litigiosos, excepto
transmisión de derechos reales sobre inmuebles, que pueden ser por acta
judicial. c) actos instrumentados por escritura pública.
Transacción: Formal. Por escrito.
Locación: Formal. Por escrito para bienes muebles e inmuebles
registrables. Y para no registrables libertad de formas.
Obras y servicios: No formal.
Fideicomiso: La regla general es que puede celebrarse por instrumento
público o privado, y debe inscribirse en Registro Público. Si los bienes
deben ser establecidos por instrumento público, debe hacerse de esta forma.
Si los bienes fideicometidos son de distinta naturaleza, debe hacerse por
instrumento público.
Mandato: No formal. Libertad de formas.
Gestión de negocios: No formal.
Empleo útil: No formal.
Franquicia: No formal.
Concesión: No formal.
Mutuo: No formal.
Comodato: No formal.
Donación: Formal solemne absoluto (inmuebles y muebles registrables y
prestaciones periódicas). Para la donación del estado basta con las
actuaciones administrativas. Para la donación manual (muebles no
registrables y títulos al portador) debe hacerse por la tradición de la cosa
donada.
Depósito: No formal.
Fianza: Formal. Por escrito.
Renta vitalicia: Formal. Por escritura pública.
Juego y apuestas: No formal.

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