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Tema 4

El documento aborda la morfología y la sintaxis en el estudio de la lengua española, centrándose en la palabra como unidad mínima de construcción. Se definen conceptos clave como morfema, raíz y las clasificaciones de palabras según su estructura y función gramatical. Además, se discuten las relaciones entre morfología y sintaxis, así como los principios que rigen la combinación de morfemas para formar palabras.
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Tema 4

El documento aborda la morfología y la sintaxis en el estudio de la lengua española, centrándose en la palabra como unidad mínima de construcción. Se definen conceptos clave como morfema, raíz y las clasificaciones de palabras según su estructura y función gramatical. Además, se discuten las relaciones entre morfología y sintaxis, así como los principios que rigen la combinación de morfemas para formar palabras.
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Lengua Española. 1ºC Periodismo (2014/2015).

Prof. Dra. Montserrat Jiménez San Cristóbal


Tema 4. La palabra
4.0. Introducción
4.1. Morfología flexiva
4.2. Morfología léxica
4.3. Semántica léxica
----------------------
4.0. Introducción
En este cuarto tema del programa de la asignatura de Lengua Española, trataremos
sobre la palabra y para ello es necesario ubicar este término dentro de la disciplina que
la estudia, esto es la morfología.
Por razones históricas de cómo se ha ido estudiando la lengua desde hace más de veinte
siglos, se denomina gramática al modelo teórico de la lengua, y podemos decir así que
la gramática está compuesta fundamentalmente de fonética y fonología (acústica y
articulación de sonidos frente a estructura de sonidos); de morfología (construcción
interna de la palabra) y de sintaxis (construcción a partir de palabras), de semántica y
pragmática (significado e interpretación dependiente del contexto, respectivamente).
El término gramática entraña por tanto una gran amplitud, y también cada una de sus
ramas de estudio. Encontramos además elementos cruzados, por así decir, pues, por
ejemplo, la morfología y su estudio puede ser demasiado amplio, esto es, no sabemos si
por morfología hay que entender el estudio de las formas o el de las palabras, o el de las
formas de la palabra. Igualmente, ocurre con la sintaxis, si se trata del estudio de los
rasgos funcionales del lenguaje o el estudio de los conjuntos de palabras o el estudio de
las oraciones. Es por ello que hay que delimitar cada uno de los niveles de análisis
lingüístico y así también hay que delimitar el concepto de palabra para saber
ciertamente en qué nivel lo encuadramos o cuál es su base. Para ello es necesario prestar
atención a los aspectos teóricos y prácticos de la morfología y de la sintaxis.
Si el límite de la morfología es la palabra, por encima de la morfología tenemos la
sintaxis (combinación de palabras que dan lugar a sintagmas y oraciones:
la+niña+come+fruta), mientras que por debajo de la morfología manejamos unidades
sin significado menores que las palabras y son los fonemas: /a/, /k/, /n/.

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No obstante, el problema es que en la morfología también usamos elementos que están
por debajo de la palabra (los llamados morfemas), pero la principal diferencia es que en
la fonología, esos elementos que están por debajo de la palabra son elementos sin
contenido semántico (no tienen significado) y en la morfología sí hay contenido
semántico. Un elemento menor que la palabra como el fonema /t/, no tiene significado,
y un elemento menor que la palabra como "sub" sí tiene significado ("debajo de...", p.e.
submarino: debajo del mar). De los primeros, como hemos visto se encarga la fonología
y de los segundos la morfología.
En morfología y sintaxis, las unidades con las que operamos tienen carácter semántico
(tienen significado) pero la principal diferencia es que en sintaxis son unidades de
mayor dimensión que la palabra (sintagmas y oraciones), mientras que en morfología
son de igual o menor dimensión que la palabra (palabras y morfemas).
MORFOLOGÍA:
-Morfema: sub
-Palabra: submarino
SINTAXIS:
-Sintagma: El submarino amarillo
-Oración: El submarino amarillo es muy bonito
Con todo, hay una serie de solapamientos entre la morfología y la sintaxis y la
morfología con la fonología.
¿Qué es la morfología?
Pues la morfología, en términos generales, se ocupa de la construcción interna de la
palabra. La morfología es por tanto una rama del estudio lingüístico. Tradicionalmente,
si cogéis los manuales de lengua española, esta rama de la gramática, se ha estudiado
desde un punto de vista descriptivo, es decir, los tipos de palabras de acuerdo a su
categoría léxica (sustantivos, adjetivos, verbos, preposiciones, adverbios, conjunciones,
interjecciones), categorías que ya conocéis y que, sin duda, sabéis reconocer en un
discurso, y que, por supuesto, sabéis usar.
Sin embargo, la morfología no se limita únicamente al estudio de los tipos de
palabras, sino que se puede entender como las relaciones que se pueden dar dentro
de la palabra entre unidades menores que ella. Para ello hay que partir de los
conceptos que nos ofrecen unas unidades básicas, por ejemplo, qué entendemos por
MORFEMA, RAÍZ, PALABRA, etc., que iremos viendo, aunque ya podemos, por
ejemplo, ver una primera muestra (diapositivas 4 y 5).

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Así podemos establecer dos definiciones de la morfología:
• (Definición 1:) Es el estudio de la variación sistemática en la forma y el
significado de las palabras
• (Definición 2:) Es el estudio de la combinación de morfemas que da lugar a las
palabras.

¿Cuáles serían, por tanto, los Objetivos de la morfología?


• Identificación y análisis de las unidades mínimas que permiten elaborar los
paradigmas gramaticales y, eventualmente, las palabras.
• Establecer y explicar los principios que rigen la combinación de dichas unidades
mínimas:
a) la jerarquía interna de los diversos componentes de las palabras;
b) las pautas productivas de neologismos;
c) los procesos regulares que dan lugar a las diferentes formas de una misma
palabra (paradigmas).

La palabra y el morfema (diapositiva 5)


Según el manual del Prof. Garrido Medina (2009), la palabra es la unidad mínima de
construcción que contrae las relaciones sintácticas básicas y forma parte del léxico. Es
por ello que podemos establecer las relaciones entre morfología y sintaxis (que diversas
escuelas lingüísticas de hecho, sobre todo en América desde los años 30, consideran,
consideraban, disciplinas inseparables).
La palabra se organiza de acuerdo a estas dos propiedades, y así como unidad léxica es
el punto de contacto entre sonido y significado.
Los componentes internos de las palabras se llaman morfemas o monemas y son
unidades gramaticales mínimas (no se pueden dividir más). Es por tanto el constituyente
morfológico mínimo del significante de una palabra.
El primer criterio de clasificación de los morfemas atiende a si forman o no palabras por
sí mismos. Así podemos hablar de:
• morfemas libres: constituyen palabras: árbol, sol, pero, y
• morfemas ligados o trabados: no forman palabras por sí solos, necesariamente
aparecen fundidos con otra unidad: libro-s, cant- a- ba, pre-historia, reloj-ero

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El morfema es la unidad mínima lingüística con significado. Según el significado que
presente los morfemas se pueden clasificar en:
• morfemas léxicos: es decir, tienen sólo significado léxico. El significado léxico
es el que representa y estructura la realidad extralingüística: es el que se refiere a
qué significan las palabras (sol, flor-es, bell-eza);
• morfemas gramaticales: presentan significado gramatical y/o léxico. El
significado gramatical alude, bien a la realidad lingüística (p.e: "y" es un
morfema gramatical libre que significa "unión de palabras o cláusulas"; "-es" es
un morfema gramatical ligado que indica "plural"), bien a la forma como se
organiza el significado léxico (p.e. "-eza" en belleza es un morfema gramatical
ligado que significa "sustantivador" porque ha creado un sustantivo a partir de
del adjetivo "bello").

La palabra, es pues, la unidad lingüística constituida por uno o más monemas con
significación gramatical o léxica (o las dos), que pertenece a una categoría (o clase de
palabras), con una determinada estructura interna, de acuerdo a su combinación con
otras palabras, y es autónoma: es decir, que en la escritura, o representación
ortográfica, aparece entre dos espacios en blanco.
Morfológicamente, las palabras se pueden clasificar atendiendo a dos criterios:
1) Según el número de morfemas de las que se componen:
• palabras monomorfémicas: 1 morfema; "morfema libre" ("ayer" "de")
• palabras polimorfémicas: más de 1 morfema, "morfemas ligados" = estructura
interna ("blanco").
Las palabras monomorfémicas no serán por tanto objeto de análisis de la morfología (sí
de la lexicografía como clase de palabra, sí de su funcionalidad en la sintaxis).
Entre los constituyentes de las palabras polimorfémicas podemos distinguir:
• morfema léxico = raíz = lexema: segmento morfológico sin morfemas
derivativos o flexivos.
• morfemas/afijos flexivos/gramaticales = desinencias: se añaden a la raíz para
indicar los significados gramaticales de género, número, persona, tiempo, modo
y aspecto.
• morfemas derivativos = afijos (prefijo, interfijo, sufijo): se añaden a la raíz o
al tema para modificarla y generar una nueva palabra. Preceden o siguen a la

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raíz, no tienen autonomía fuera de la palabra y aportan significados muy
variados, p.e. -ero indica acción, profesión en rem-ero, lech-ero o lugar en
perch-ero.
• El tema es la parte de la palabra que sirve de base para su flexión (verbal o
nominal). En los verbos, por ejemplo, se intercala un morfema, llamado vocal
temática, entre la raíz y los morfemas flexivos correspondientes que indica la
conjugación a la que pertenece el verbo. En ocasiones esa vocal temática
desaparece o sufre variaciones (tem-e-r, tem-e-ré pero tem-o, tem-ie-ndo). El
segmento formado por la raíz y la vocal temática se llama tema.
• La base es el constituyente de la palabra sobre el que puede producirse un
procedimiento morfológico (flexivo o derivativo, es decir, de creación). Puede
haber bases simples o complejas: por ejemplo "cárcel" es una base simple tanto
en su base flexiva "cárceles" como para crear "encarcelar". Sin embargo
"encarcelar" es una base compleja cuando sobre ella se forma "encarcelamiento"
(tonto/a - atontar - atontamiento). Es por tanto un concepto relacional, es decir,
es base en relación con una palabra determinada mientras que el concepto de
raíz se considera dentro de la palabra (no en relación con otra).
El otro criterio de clasificación morfológica de las palabras se debe a la posibilidad de:
2) presenten o no accidentes gramaticales:
• palabras variables o "flexivas" (blanc-o,-a,-o-s, -a-s) (sustantivos, adjetivos,
verbos). Dan lugar a paradigmas gramaticales.
• palabras "invariables" (ayer/anteayer) (preposiciones, conjunciones, adverbios).
Las palabras invariables no serán objeto de análisis de la morfología flexiva, pero sí por
ejemplo de la morfología léxica o derivativa: "anteayer", palabra compuesta
(adverbio+sustantivo), "naturalmente" palabra derivada (adjetivo+sufijo). "Ayer"
tampoco será objeto de la morfología derivativa porque en ella no se aprecia ningún
proceso morfológico de variación, no tiene estructura interna ("morfema libre").

Hemos dicho que por morfema entendemos el constituyente morfológico mínimo del
significante de una palabra. Puede ser representado por otros elementos del concepto
morfema (alomorfos = variantes de los morfemas como sucedía p.e. en fonología:
fonema y alófonos) (diapositiva 6). Las lenguas flexivas como el latín, el griego, y en
parte el español se caracterizan por presentar morfemas ligados, en los que no es posible
separar con facilidad los distintos componentes y por presentar un alto grado de

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alomorfismo, es decir, varios morfemas con el mismo significado. Por ejemplo los
alomorfos de plural en español son tres: -s, -es, tras consonante (casas, meses) y su
ausencia en palabra llana acabada en -s (tesis). El morfema mesa tiene otro alomorfo
para formar, por ejemplo, mes-illa, mes-ita.
En algunos casos el cambio es total y se propone el término de supleción o suplencia y
alomorfo supletivo: por ejemplo, las formas del verbo ser en presente se manifiestan
como soy, eres es, somos, sois, son. Se puede proponer una forma básica so-, pero de
este alomorfo no se llega por un proceso regular a eres, es. Estas últimas son formas
supletivas. Habría que suponer *so *sos *so.
Todas las lenguas tienen en mayor o menor grado supleciones. La supleción se da
también en otras categorías (ofensa-ofender), y entre sus causas puede ser que sea
originaria del latín o creada diacrónicamente por la diferente evolución fonológica,
especialmente en el léxico patrimonial frente al culto (que toma préstamos del latín sin
casi modificarlos (obispo-episcopal).
Los morfemas son elementos que pertenecen a unidades contiguas y por eso se puede
decir que nos podemos encontrar con unidades libres y unidades ligadas desde el punto
de vista gramatical, p.e.:
casa de Juan cantamos canción

El modo en el que aparecen estas formas, estos morfemas, no es aleatorio sino que
existen una serie de normas o características propias de combinación.
Para ver los aspectos a tener en cuenta en el estudio de la combinación vamos a hacer
una comparación entre las diferencias que separan la morfología de la sintaxis.

1. Cohesión fonológica. Las unidades morfológicas se combinan entre sí con un alto


grado de cohesión fonológica. En la sintaxis la combinación de palabras no incluye
ese elevado grado de fusión fonológica, ya que en una oración hay una pausa entre los
elementos que la forman, de tal manera que están separados fonéticamente (desde un
punto de vista de la lengua escrita, usamos un espacio en blanco para marcar la
separación). En la morfología, en función de cómo combinemos las unidades, puede
haber cambios fonológicos en el interior de una palabra (tanto en los afijos como en la
raíz).
Ejemplo: el prefijo "i-", "in-", "im-". En función del sonido con el que comience la
palabra con la que se una, usaremos una u otra forma (hay alternancia fonológica):

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a) Cuando el sonido siguiente es una labial (m, p, entonces tenemos el prefijo im
(Im-posible)
b) Cuando el sonido siguiente es una dental (d, t), entonces tenemos el prefijo in
(In-determinado)
c) Cuando el sonido siguiente no es ni labial ni dental (l, s), entonces tenemos el
prefijo -i (i-lógico).
2. Aislabilidad: es la posibilidad de aislar todos los elementos que puedan intervenir en
la construcción (los elementos libres, elementos ligados o trabados). ¿Quiere decir que
en todo momento podemos con nitidez reproducir qué elementos (sufijo, prefijo,
interfijo) pueden ser descomponibles y por tanto aislarlos? Pues no siempre, al haber
cohesión fonológica, las unidades son más difíciles de separar, y en muchos casos la
aislabilidad es nula. P.e. presidencia < presidente, la palabra "presidencia" se forma
añadiendo el sufijo "ia" a "presidente". Sin embargo, para que la unión no sea tan
"engorrosa", hay que hacer pequeños cambios fonéticos en la raíz de la palabra
"original". Por eso no decimos "presidenteia", sino "presidencia" (simplifico el [te] de la
palabra base y lo cambio por la interdental [c]), para que así la unión entre morfemas
sea más fácil a la hora de pronunciar, y poder unirlo al nuevo sufijo [ía].

3. Cohesión interna. Orden y jerarquía


Formalmente los morfemas ligados, o trabados, aparecen siempre ligados en la misma
posibilidad, es decir, debe existir una cohesión interna: los componentes de la palabra
no pueden variarse sin introducir un cambio en el significado (pseudo-científico o
pseudocientífico, pero no científicopseudo). Incide en aspectos del discurso y no es
arbitrario, siempre existe un mínimo de cohesión.
En morfología, la disposición de los constituyentes es importantísima. Los elementos
del interior de la palabra no pueden moverse. Los prefijos siempre van delante de la
palabra y los sufijos detrás. Tampoco puedo coger el morfema de plural y adelantarlo a
primera posición. Ejemplo: gominola-s/*sgominola.
Orden interno. En las unidades mínimas se observa que hay también una determinada
ordenación interna, p.e., si digo "nación" y a partir de ahí quiero formar otros
elementos, el resultado de esos elementos guarda un cierto orden: nacionalizar -----
nacionalizable. Los pasos de nombre a adjetivo, por ejemplo en este caso, están
ordenados porque para llegar hay que pasar por el verbo.

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Una palabra como desglobalización (diapositiva 7) no se forma por la mera suma de
unos elementos con otros sino que siguen un orden determinado. Para entenderlo
veamos el significado de "desglobalización": "tendencia opuesta a la globalización (es
decir, a la extensión mundial de mercados y empresas). "des" se combina no con la
unidad que le sigue "glob" sino con todo el conjunto posterior "globalización".
[des][globalización]
"Des" es pues un morfema ligado que se antepone a otros morfemas (en este caso a un
conjunto de morfemas que puede tener existencia como palabra independiente). Un
morfema que precede a un morfema léxico (a su vez precedido o no por morfemas) es
un prefijo.
"Globalización" es a su vez "la tendencia a hacer global el mercado" esto es "acción y
efecto de globalizar" ¿Qué parte de globalización es la responsable del significado
abstracto de "acción y efecto de..."? claramente la forma en [ción]. En consecuencia la
relación se establece de nuevo entre una unidad y un conjunto de unidades:
[globaliza][ción]
[ción] es un morfema que se pospone a otro morfema (o conjunto de morfemas). Un
morfema ligado que se añade a un morfema léxico (seguido o no de otros morfemas) es
un sufijo.
Si seguimos preguntándonos qué es globalizar, la respuesta es obvia "hacer global o
universal algo", de modo que podemos identificar otra vez una relación binaria
[global][iza(r)].
La forma [iza(r)] es también un sufijo, de modo que en globalización hay dos sufijos.
Finalmente, global significa "referente al globo, al planeta", por lo que se establece una
nueva conexión directa entre dos constituyentes [glob][al]
El componente [glob] relacionado con la palabra globo aporta el contenido conceptual
de la palabra y constituye la raíz (base) a la que se van uniendo progresivamente los
sufijos y los prefijos.
El resultado muestra que en las palabras complejas los morfemas no se combinan unos
con otros por simple suma, sino que lo hacen de manera organizada: no están todos al
mismo nivel, y se establecen entre ellos relaciones jerárquicas. Este ejemplo ilustra de
manera general la segmentación morfológica.
Por tanto, en morfología el orden en que se combinan los constituyentes es fijo,
mientras que en sintaxis la cuestión del orden es importante, pero relativamente. Una
función sintáctica no se define por la posición. De hecho, un complemento directo, un

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complemento circunstancial, e incluso un sujeto poseen cierta libertad oracional y
pueden moverse de posición en el orden lineal de la oración (tanto en posición inicial,
como en posición intermedia y posición final).
Ayer vi a tu prima A tu prima ayer vi Vi a tu prima ayer
El orden oracional, por lo tanto tiene una cierta libertad. Hay alguna excepción, por
ejemplo los clíticos (proclíticos y enclíticos), que sí tienen orden fijo: se lo dije,
*dijeselo, se me ocurre *me se ocurre; o el artículo que es un elemento siempre
secuencial (aislado no significa nada) y precede, sin otras posibilidades.
Pero en el resto de casos hay bastante libertad en el orden.

4. Recursividad. Los procesos morfológicos no son recursivos. La recursividad es el


fenómeno que consiste en aplicar una regla gramatical más de una vez sobre sí misma.
En sintaxis es posible la recursividad (a partir de un número finito de reglas obtenemos
un número de oraciones y sintagmas abundantes). Una regla como añadir la preposición
"de" a un sintagma nominal, se puede aplicar muchas veces:
El bar del pueblo del amigo de mi tío de la ciudad del colegio de mi primo.
La estructura se puede forzar a veces hasta límites insospechados. Estructuras como
"Me dijo que le dijera que había dicho que le dijera que su primo ha llegado" demuestra
la recursividad en sintaxis.
Por el contrario, en morfología, las reglas solamente se pueden aplicar una vez, es
decir, no se pueden utilizar más de una vez sobre sí mismas. Por ejemplo, la regla de
sufijación. Una palabra no puede tener más de un sufijo. Hay palabras como "lechero" y
no puede haber "lech-ero-ía-ino-al", es decir, no puedo aplicar la regla del afijo 4 veces
(solamente una vez). De lo contrario, sería agramatical y asemántico.
No obstante, en español, tenemos algunos casos excepcionales con alguna regla que sí
puede aplicarse sobre sí misma más de una vez. Esto lo podemos ver con los
diminutivos, donde sí se pueden aplicar:
De la palabra "chico" formo el diminutivo "chiqui", y de "chiqui" se puede añadir el
diminutivo "-ito", dando lugar a "chiquitito".
En sintaxis, las unidades que se pueden crear son infinitas (oraciones) mientras que en
morfología son finitas y limitadas (palabras). De hecho el vocabulario de una lengua es
el que es (realidad finita y limitada). Es verdad que los límites son algo borrosos, pero al
fin y el cabo hay una frontera.

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5. Como consecuencia de la poca recursividad, la productividad en morfología es
limitada. La productividad se refiere al rendimiento que tiene un recurso gramatical
y se define como la capacidad de crear nuevas unidades lingüísticas que se usen
para la comunicación.
Las unidades lingüísticas no se agrupan al azar sino que siguen una serie de estructuras
formales que persiguen el criterio de productividad y que varían de unas lenguas a otras.
Hay, por ejemplo, sufijos o prefijos más productivos que otros (-ble: nacionalizable,
audible, entendible). Las reglas morfológicas no producen materiales infinitos, es decir,
al aplicar las reglas morfológicas obtenemos un número de palabras limitado.
En morfología podemos tener palabras estructuralmente correctas, pero inexistentes en
la lengua. Yo puedo tomar un sufijo como -ero ("profesión"). En algunas unidades el
sufijo se aplica muy bien dando lugar a palabras que se utilizan y aparecen recogidas en
el diccionario (lech-ero, panad-ero), pero en otros casos la aplicación genera una
palabra que no existe (cuadr-ero, chimen-ero, fuent-ero). De hecho, estas palabras
últimas jamás aparecerían en un diccionario.
En morfología se generan más cosas de las que existen realmente. Yo puedo formar (y
correctamente) palabras como "chimen-ero" pero no las voy a poder utilizar en la
comunicación.
Por el contrario, en sintaxis todo lo que se genera existe. Las reglas generan productos
infinitos. Una regla como "Determinante+sustantivo" es 100% aplicable y siempre
obtendremos productos que utilizaremos en la comunicación.
La casa, mi tío, estas flores...

6. Estructura interna. Las relaciones estructurales entre los constituyentes de una


palabra son diferentes a los de una oración o sintagma. En morfología tenemos una raíz
y unos afijos (elementos que se añaden a esa raíz). Hay un elemento nuclear que aporta
el significado semántico (raíz) y otros elementos que modifican ese significado (afijos).
Ejemplo: sub-marino (debajo+mar). Se añade el matiz de "debajo" al significado de
"mar"
En sintaxis, las relaciones son más complejas. La relación entre el evento (verbo) y el
argumento (complemento) es mucho más variada desde un punto de vista semántico
(tema, paciente, destinatario, instrumento, lugar, tiempo, etc.).
De acuerdo a su combinación con otras palabras, esto es, de las relaciones morfológicas
que se establecen, podemos hablar de morfología flexiva o morfología derivativa.

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La morfología flexiva es lo que llamamos la organización interna de las palabras en
morfemas léxicos y flexivos. En algunas categorías, como el sustantivo o el verbo en
español, la relación de construcción está representada por una parte variable de la
palabra, la terminación, es decir, la flexión o conjunto de morfemas flexivos; y la otra
parte invariable o raíz (o tema) se denomina morfema léxico o lexema. Cogemos, por
ejemplo, la oración que aparece en el manual del Prof. Garrido: (diapositiva 9)
Esos pájaros negros picoteaban las migajas
[es [o-s]] [pájar [o-s]] [negr [o-s]] [picote [a-ba-n]] [l [a-s]] [migaj [a-s]]
y vemos las diferencias entre los morfemas léxicos y los morfemas flexivos de género
(o/a), número (s), vocal temática (a), modo y tiempo (ba), persona y número (n)
La propiedades flexivas, además de marcar las relaciones sintácticas, representan
por sí mismas información (número y género en el sustantivo, tiempo en el verbo, por
ejemplo).
La morfología flexiva tiene como objetivo introducir en la palabra una serie de
información sintáctica o gramatical para insertarla dentro de una oración. El
morfema de plural, los morfemas de género, todas las desinencias verbales entrarían en
este campo de la morfología flexiva.
En estos casos no se introducen cambios en el vocabulario (no se crean palabras
nuevas). Se trata de una variante de una misma palabra, por lo que el significado sigue
siendo el mismo. Forman parte de lo que denominaremos paradigmas.
"Canto", "cantaría", "cantábamos", "cantaras" tienen el mismo significado léxico...
solamente cambian algunos matices gramaticales. La palabra es la misma, solamente
con algunas diferencias a nivel formal (no de contenido).

La morfología léxica, o derivativa y compositiva, (o formación de palabras) hace


referencia a la organización interna de las palabras mediante relaciones de derivación y
composición. Tiene como objetivo crear nuevas palabras (generar léxico). Ejemplo:
fruta<frut-ero.
En el seno de la morfología léxica hay que distinguir:
a) El hecho de combinar palabras con afijos, que da lugar al fenómeno de la derivación.
Es decir, los morfemas léxicos están organizados en un morfema base + morfema
derivativo o afijo (Ejemplo: flor-ista). Los afijos, según su posición se denominan
prefijos (re-hacer), interfijos (polv-ar-eda), sufijos (zapat-ero), circumfijos (anti-grip-al)

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b) El hecho de combinar una palabra con otra palabra, que da lugar al fenómeno de
la composición. Es decir, dos morfemas léxicos constituyen un tercero: lava-vajillas.

Tanto en la morfología flexiva como en la léxica, hay cosas en común, ya que se usan
los mismos procedimientos formales que consisten en “manipular” la estructura de la
palabra introduciendo cambios en alguno de los elementos de su interior.
Por ejemplo, en ambas ramas añadimos afijos a las palabras:
Morfología flexiva: pájar-o-s
Morfología léxica: pajar-ería

Lexema, formación, paradigma (diapositiva 10)


Hemos dicho que los morfemas portadores de significación léxica se llamaban lexemas.
También se puede hablar de lexema en sentido más amplio y así tenemos que un
lexema es una palabra en sentido abstracto: representa el núcleo de significado
compartido por todas la variaciones formales de una misma palabra: cado cecidi casum
"caer"
Una formación es una palabra realizada de manera concreta. Es una combinación de un
lexema y el conjunto de significados o funciones gramaticales que dicho lexema
selecciona.
Los lexemas se materializan en distintas formaciones de palabras y esos conjuntos de
formaciones de palabras componen un paradigma (por ejemplo el de presente de
indicativo de la voz activa del verbo cado). En la formación de un paradigma entran en
juego las reglas de formación o generación, esto es, a una base léxica se le aplica el afijo
flexivo o derivativo y se obtiene la palabra. Esta operación se denomina "proceso". En
el paradigma aparecerán todas las formas de una determinada opción (por ejemplo el
presente de indicativo del verbo dar: doy, das, da, damos, dais, dan; ). En la mente del
hablante tanto los paradigmas (o listas) como los procesos y sus reglas son en realidad
conexiones entre muchas palabras (soy, doy, voy, estoy, o entre amo, temo, vivo)
constituyéndose así redes de estructuras morfológicas de formas conectadas con las que
siguen la misma pauta.
La conjugación y la declinación son paradigmas de la flexión verbal y nominal en las
lenguas que las tienen (p.e., griego clásico, el latín, el alemán). En español mantenemos
la flexión verbal pero de la flexión nominal únicamente quedan restos en los
pronombres personales que son los únicos que presentan flexión de caso (yo me mi)

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Cuanto más frecuente es una forma, más irregular puede ser y más alejada de la pauta
que presenta la estructura. También, hay una relación entre brevedad y frecuencia:
cuanto más se usa una forma más se abrevia.

Pero los lexemas también se pueden agrupar por la relación de su significado, dando
lugar a las familias de palabras
En consecuencia, hay dos tipos de relación morfológica: (diapositiva 11)
La flexión: la relación entre las distintas formaciones de un mismo lexema.
La derivación: la relación entre los lexemas de una misma familia de palabras.
Además, existe una tercera posibilidad de formación de palabras, muy productiva en
algunas lenguas, que es la creación de compuestos.
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4.1. Morfología flexiva
- Concordancia y caso
Hay que partir de la idea de que existe una serie de informaciones de carácter sintáctico
(en torno a la organización de los enunciados: género, número, tiempo, aspecto, modo)
que en vez de situarse en el nivel sintáctico se refleja en el interior de la palabra (a nivel
morfológico). Por eso, buena parte de la información sintáctica no pertenece a la
sintaxis sino que va dentro de la palabra. Es el fenómeno de la flexión.
Por ejemplo, el morfema de plural: en "pelota-s", la "s" es la marca de plural. Aunque el
plural es información sintáctica, se marca formalmente mediante la "s" dentro de la
palabra.
Lo mismo con el género: gat-o, gat-a.
Los distintos morfemas de una categoría flexiva frecuentemente se diferencian por el
procedimiento de estar representado fonológicamente (función lingüística). Se llama
marca a la señal y cero o signo cero a la ausencia de señal. Así, término marcado es la
opción que presenta señal, y término no marcado es la que no la tiene (hombre /
hombre-s).
El signo cero tiene sin embargo una propiedad: como opción no marcada, puede
representar el conjunto de las dos, o mejor dicho, la indistinción entre las dos:
el hombre me cayó bien el hombre desaparecerá de la tierra
El término no marcado suele ser más frecuente que el marcado.
Aquí podríamos hablar horas y horas y horas acerca del problema del género en
morfología. En las palabras que específicamente hacen alusión al sexo en su definición,

13
el término no marcado es el masculino y el femenino es el marcado por lo que si sólo
utilizamos el femenino estamos excluyendo al sexo masculino:
El hombre desaparecerá de la tierra = El hombre y la mujer, la especie humana
La mujer desaparecerá de la tierra (excluyo al hombre)
Si decimos "Hola a todas" sólo nos referimos a los individuos de sexo femenino. Y si
decimos "Los vascos" incluyo a "los vascos y las vascas" no hace falta reiterar el
femenino. Hay razones extralingüísticas sin fundamento que se empeñan en destacar el
término marcado e incluso a sustituirlo. Puede ser una moda y puede que se afiance,
pero de momento es incorrecto y va en contra de dos principios fundamentales del
lenguaje que son la eficacia comunicativa y la economía: utilizamos pronombres,
deícticos, etc., recursos para hacer el lenguaje, en definitiva, la comunicación más ágil,
más eficaz y no tiene sentido (salvo en el vocativo y por cortesía) estar repitiendo -os/-
as continuamente.
Invito a leer el artículo de I. Bosque "Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer" (El
País, 04.03.2012), lo podéis encontrar en internet y en la página de la RAE. Y otro de
Javier Marías, algo más antiguo, "No esperen por las mujeras" (El País semanal
11.05.2008). Os los pongo en el campus virtual también. Reflexionad.

La flexión se define como el conjunto de procedimientos morfológicos que sirven para


reflejar, transportar y albergar información sintáctica (género, número, etc.). El grado en
que cada lengua hace uso de la flexión es muy variado. Algunas no tienen flexión, otros
la utilizan de forma moderada (como el español) y en otras, una parte muy importante
de la configuración sintáctica se sitúa en el interior de la palabra (morfología sintáctica).
Se denomina morfosintaxis (en sentido más moderno) a la información sintáctica que
nos da la morfología.
Los morfemas flexivos marcan o representan la relación sintáctica entre las palabras de
una construcción, en interacción con sus propiedades de construcción. Esta construcción
está jerarquizada ya que unos constituyentes forman otros, que a su vez son partes de
otros mayores. Vemos de nuevo el ejemplo del manual del profesor Garrido (diapositiva
12): la propiedad del sustantivo "pájaro" es imponer mediante la concordancia nominal
su número y su género al adjetivo "negro" y al demostrativo "ese". Así se constituye una
primera relación sintáctica entre sustantivo y adjetivo en un grupo nominal o sintagma
nominal de primer nivel "pájaros negros". Este grupo nominal junto con el

14
determinante "esos" (demostrativo) forman a su vez un grupo nominal de segundo nivel
(que también podremos llamar sintagma determinante).
La información flexiva, la información categorial y el orden de palabras nos permiten
así construir las relaciones marcadas por la concordancia, en este caso concordancia
nominal. Este constituyente se relaciona con el constituyente siguiente "picoteaban las
migajas" mediante la concordancia verbal gracias a los morfemas flexivos del verbo,
coincidiendo en persona y número. El verbo se construye además con el sintagma
nominal, de nuevo con concordancia nominal interna de género y número marcada por
los morfemas flexivos -a/-s. La concordancia verbal marca la organización de sujeto y
predicado, es decir los constituyentes de la unidad superior, esto es la oración.
Además de la concordancia con el sujeto, hay lenguas que marcan la relación de
construcción de la palabra con otras, es decir marcan el caso. Por ejemplo, el latín es
una lengua donde la función sintáctica (complemento directo, indirecto, del nombre,
etc.) se marca dentro de palabra.
Si la palabra "rosa" está en función de directo se le añade una -m (rosam), si está en
función del complemento del nombre o en indirecto se le añade -ae (rosae) y si está en
un complemento circunstancial en plural añade -is (rosis). (diapositiva 13)
Agricola rosas puellae dabat
El agricultor daba rosas a la niña
El agricultor le daba rosas
El agricultor se las daba
Así funciona el latín. Viendo las terminaciones de las palabras sabemos su función
sintáctica. Lo mismo pasa por ejemplo en el alemán. El caso es por tanto una categoría
morfológica flexiva.
En español, los pronombres clíticos, o pronombres clíticos verbales (esto es, que no se
pueden usar de forma independiente sino que tienen que apoyarse en un verbo, son por
tanto átonos), de alguna manera representan la relación de caso: el objeto directo está
representado por -as en "las" y el objeto indirecto por -e en sus dos variantes "le" y "se"
y el sujeto en -a.

yo me mí
tú te ti
él/ella/ello lo/la/lo/se le/se él/ella/ello/sí

15
alomorfos:
1ª persona "y" "m"; 3ª persona "l" ´"el", "ell" "s"
2ª persona hay un solo morfo "t"
En la 3ª persona hay fusión de caso y género en "a" y "o" (acusativo, femenino) frente a
"e" que distingue caso (dativo).
- Tipología de lenguas:
El latín es una lengua flexiva o sintética. Las lenguas flexivas son aquellas que
modifican la estructura de las palabras a fin de expresar diversas modalidades de
pensamiento. Los elementos que constituyen una palabra (raíz, tema, desinencia, etc.) se
unen y combinan entre sí de tal manera que llegan a formar una unidad indivisible.
Esto es, expresa las relaciones gramaticales por medio de morfemas que se combinan
con la raíz (lexemas + morfemas). Otras lenguas más analíticas, como el español (no es
totalmente analítica ni sintética), expresan dichas relaciones valiéndose de
preposiciones y artículos, cuando se trata de nombres, o de auxiliares, cuando se trata de
verbos.
El latín, en su flexión nominal, el caso nominativo (sujeto) es el elemento no marcado
frente al resto de casos. El español ha heredado esa situación del latín porque las
funciones sintácticas de OD OI OC se marcan con el procedimiento de la preposición,
pero se marcan. El objeto directo (cuando es de persona) y el indirecto se marcan con la
preposición "a", por ejemplo. Por lo tanto, el latín y el español marcan la relación
sintáctica. Otras lenguas como el vasco marcan la relación semántica entre tipos de
verbos (estados procesos y acciones) y tipos de sujetos y complementos (agente y tema,
por ejemplo).

Categorías flexivas. Categorías léxicas


Las relaciones sintácticas indicadas por la flexión y que tienen las palabras en
construcción (volvemos al ejemplo de "esos pájaros negros picoteaban las migajas")
constituyen lo que denominamos las categorías flexivas.
El número en los sustantivos y los pronombres proporciona información cuantitativa
sobre las entidades que se designan (casas, ideas), pero el de los determinantes (los,
esos), el de los adjetivos (altos, libres) y el de los verbos (los pensamientos vuelan) solo
está presente por exigencias de la concordancia. El género de los sustantivos y
pronombres proporciona información significativa en algunos casos (escritor/escritora),
pero no es propiamente informativo en otros muchos sustantivos (cama, árbol), y

16
tampoco en los determinantes y adjetivos. La persona es una propiedad de los
pronombres personales (yo, tú, vos…) y de los posesivos (mi, tu, nuestro…), que
también muestra el verbo en la concordancia (Tú sueñas).
Los valores que rigen las distintas formaciones flexivas se llaman categorías. Las
categorías flexivas de las clases léxicas (clases de palabras) son las siguientes:
• nombre: género y número.
• adjetivo: género, número y gradación.
• pronombre: género, número, caso (personales clíticos) y persona (personales y
posesivos).
• verbo: persona, número, tiempo, voz, modo y aspecto.

El sustantivo y el adjetivo en español tienen flexión de género y número que marcan


la relación entre las unidades por medio de la concordancia.
El adjetivo además conserva excepcionalmente restos de la flexión latina de la
gradación, esto es en algunos comparativos y en el superlativo:
bueno mejor óptimo/bonísimo
malo peor pésimo/malísimo
pequeño menor mínimo/pequeñísimo
grande mayor máximo/grandísimo
Paulus altior Petro est (Pablo es más alto que Pedro)
Paulus melior Petro est (Pablo es mejor que Pedro)
Paulus altisimus est (Pablo es altísimo / Pablo es el más alto)
Paulus optimus est (Pablo es el mejor / Pablo es óptimo = "de máxima calidad")

Los pronombres tienen características flexivas nominales y además, como hemos visto,
pueden indicar también el caso, y la persona.
El verbo tiene flexión de persona y número para marcar la concordancia con el sujeto,
de tiempo y aspecto que sitúan el acontecimiento con respecto al tiempo de
enunciación (presente, pasado, futuro) y lo cuantifican según esté terminado o no (pret.
perf. compuesto / pret. perf. simple, imperf./presente; aspecto perfectivo-imperfectivo).
El tiempo es una categoría deíctica, es decir, relaciona los datos con respecto al
contexto del hablante y del oyente y a sus coordenadas de tiempo y espacio. En la
flexión nominal, la deixis (mostrar, señalar) se da en la categoría de persona

17
(pronombres: 1ª persona = hablante, 2ª persona = oyente, 3ª persona =ni uno ni otro) y
en los determinantes, especialmente en los demostrativos (este, ese, aquel).
Además, el verbo tiene una última categoría flexiva, el modo que pone de manifiesto en
la flexión verbal la actitud del hablante hacia la información que se enuncia, pero
expresa también la dependencia formal de algunas oraciones subordinadas respecto de
las clases de palabras que las seleccionan o de los entornos sintácticos en los que
aparecen. Así, contrastes como Estoy {seguro ~ *cansado} de que se comportan así,
frente a Estoy {*seguro ~ cansado} de que se comporten así, son consecuencia directa
del significado de los adjetivos respectivos. Se distinguen en español los modos
indicativo, subjuntivo e imperativo. El condicional se interpreta en la actualidad como
una forma del indicativo.
Los determinantes tienen características flexivas nominales, son una subclase o
subcategoría nominal, pero pueden también expresar persona (como los posesivos).
Las conjunciones, preposiciones y marcadores discursivos o conectores no tienen
flexión. Tampoco los adverbios que son invariables, excepto los que presentan
gradación como por ejemplo: bien /mejor, mal/peor.

¿Cómo el verbo marca la relación con sus complementos? Desde le punto de vista
formal de la morfología flexiva no lo marca (salvo el caso en los pronombres como
hemos visto). Esa relación viene dada por la naturaleza semántica del verbo y así por
ejemplo si se trata de un verbo copulativo su predicado será nominal, necesitará un
atributo (adjetivo, un sustantivo, un sintagma nominal, una oración); si se trata de un
verbo predicativo su predicado será verbal. En los predicados verbales dependiendo de
la naturaleza transitiva o intransitiva del verbo puede necesitar un OD o no para
completar, precisar su significación.
El perro come (intr.) / El perro come carne (uso trans.) / El perro dio ¿? (un mordisco a
un niño, por ejemplo, es obligatorio el OD)
El perro murió (intrans.)
Las relaciones sintácticas, de construcción, entre las palabras dependen de la naturaleza
morfológica y semántica de esas palabras. Vamos a seguir con la morfología de las
palabras y continuar con el análisis de los distintos niveles de relación gramatical que se
dan entre ellas.

18
4.2 Morfología léxica
Derivación y composición
Hemos visto hasta aquí, como la morfología flexiva se ocupa del análisis de la palabra,
de su organización interna, de acuerdo a las relaciones sintácticas que le otorgan los
morfemas flexivos. Ahora vamos a analizar la organización interna de las palabras
mediante las relaciones de derivación y composición, que tienen como objetivo
generar léxico nuevo, es decir, crear nuevas palabras, y que podría definirse como la
"formación de palabras". En la formación de palabras entrarían únicamente aquellas
categorías léxicas que denominamos "clases abiertas": sustantivo, adjetivo, verbo y
adverbio. Las clases o categorías "cerradas" (preposiciones, conjunciones, pronombres,
determinantes) son las que son y no se forman nuevas unidades a partir de ellas.
• La derivación permite formar palabras derivadas, esto es, constituidas por un
lexema y uno o varios morfemas derivativos (sub-mar-ino; zapat-ero; anti-grip-
al; re-hacer).
• Cuando la derivación se hace mediante un prefijo y un sufijo simultáneamente,
siempre que las combinaciones prefijo+lexema o lexema+sufijo no existan
previamente en el idioma, a ese proceso se le denomina parasíntesis, que da
lugar a las palabras parasintéticas: pordiosero (no existe pordios ni diosero)
dislocar (no existe disloc ni locar). (Ni submarino ni antigripal son
parasintéticos porque en la lengua existen marino y gripal. Otros parasintéticos:
adelgazar, alunizar, retrospectivo, etc.
• La composición se denomina al proceso morfológico de formación de palabras
mediante la unión de dos o más lexemas (aguanieve; tocadiscos; drogadicto;
vierteaguas).
No sólo se conectan las propiedades fonológicas de las palabras sino también las
sintácticas y semánticas. Desde esta perspectiva encontramos un nuevo punto en común
o complementario entre la morfología y la sintaxis ya que en gran medida las nuevas
formaciones obtenidas por los procesos de derivación y de composición heredan las
propiedades combinatorias de la palabra base en cuanto a la estructura argumental, tipos
de complementos y la naturaleza categorial y semántica. Por ejemplo, sobre el verbo
aspirar se crean los sustantivos aspiración y aspirante. El verbo aspirar (en su acepción
"pretender o desear algo") rige un complemento preposicional ("aspirar a un cargo") y
este complemento lo heredan, lo mantienen, las palabras derivadas respectivas

19
("aspiración a un cargo" "aspirante a un cargo"). El ejemplo del manual del Prof.
Garrido (2009) con "visitar" y "visita":
El alcalde visitó el museo / La visita del alcalde / La visita del museo por el alcalde
Visitar se construye con un sujeto, que es el agente de la acción. Así su derivado
"visita" mantiene la propiedad de construirse con un complemento nominal con la
preposición "de" o la preposición "por" (La visita del alcalde / La visita por el alcalde).
El objeto representa el tema o paciente de la acción (el museo) y esa relación de tema
corresponde a la de complemento con la preposición "de" ("La visita del museo").

El fenómeno de la derivación consiste en la combinación de un morfema léxico y un


morfema derivativo o afijo. Los afijos, dependiendo de su posición, se denominan
prefijos, interfijos, sufijos o circumfijos.
Las relaciones derivativas se dan entre palabras de la misma categoría (sustantivo y
sustantivo, p.e, ciclón - anticiclón, miga - migaja; adjetivo y adjetivo, p.e. gripal -
antigripal, etc.) y también entre palabras de distinta categoría (visitar - visita). Una
palabra derivada, a su vez, puede ser la base de otra y se forma así una cadena (nacer
nación nacional nacionalizar nacionalizable, internacional...).
Las relaciones se dan entre las categorías léxicas de sustantivo, adjetivo y verbo, y
atendiendo a estas categorías léxicas las relaciones son nueve, tres para cada una de
ellas. Así, teniendo en cuenta la base de la que se obtienen:
• en los sustantivos hay: nombres denominales (perchero de percha), deadjetivales
(sanidad de sano), deverbales (representación de representar);
• en los adjetivos hay: deadjetivales (antinuclear de nuclear), denominales (italiano
de Italia), deverbales (fumador de fumar);
• en los verbos hay: deverbales (replantear de plantear), denominales (encarcelar de
cárcel), deadjetivales (ablandar de blando).
Además podemos encontrar casos en los que las relaciones se dan entre otro tipo de
categorías léxicas, como por ejemplo verbos a partir de adverbios (acercar de cerca,
alejar de lejos), verbos a partir de pronombres (tutear de tú), y de verbos a partir de
onomatopeyas (cecear, sesear), de adjetivos a partir de adverbios (cercano, lejano).

Las relaciones sintácticas y semánticas entre la palabra base y la derivada son bastante
sistemáticas o regulares. Incluso podríamos decir que son bastante predecibles, es decir,
las reglas de formación de palabras se pueden aplicar a bases léxicas de características

20
similares para crear palabras nuevas que definen ámbitos o dominios donde se reflejan
muchas propiedades de la unidad mayor y en este sentido se dice que el
comportamiento de la palabra derivada es consecuencia de la constitución interna. P.e.:
• en el caso de los adjetivos deverbales, los hay activos (fumador "que fuma",
abundante "que abunda en", conmemorativo "que conmemora", aficionado "que
tiene afición por"), pasivos (este médico es muy admirado/estimado)
• en el caso de los nombres deverbales, los hay objetivos (objeto del verbo) o pasivos
(el empleado, el pasado) y sujetivos o activos (tenedor de libros, contable).
• Mediante el mismo sufijo -ble, por ejemplo, se realizan adjetivos pasivos, con la
interpretación "que puede ser V-do (participio del verbo)" (edificable) o "digno de
ser V-do (participio del verbo)" (aceptable), y adjetivos activos que obedecen a la
perífrasis "que puede V-r (infinitivo)" (servible).

También entre las palabras compuestas se aprecian relaciones sintácticas y de


concordancia. Así, tenemos, por ejemplo, la construcción de verbo y objeto da lugar a
un sustantivo (tocadiscos, vierteaguas), la de un sustantivo complemento de un adjetivo
da lugar a un adjetivo (drogadicto "adicto a la droga"), la de un sustantivo y adjetivo da
lugar a un sustantivo (altiplano "plano alto"). En la composición hay estructuras de
formación de palabras entre categorías léxicas (como los ejemplos anteriores) y de la
misma categoría léxica (pelirrojo, dos adjetivos); de una cláusula (bienmesabe), y otro
tipo de construcciones que, indicando una unidad semántica "caballo de Troya", no
constituyen una unidad léxica.
De todo ello, se puede inferir que en los procesos derivativos y compositivos
intervienen en el léxico las mismas relaciones que se representan sintácticamente
en la construcción. Es decir, por ejemplo en los compuestos del tipo abrebotellas, la
estructura interna de la palabra representa una relación análoga a la del sujeto con el
verbo y el objeto "el instrumento abre botellas", al igual que "la llave/el vecino abre la
puerta", la relación es de ser agente de la acción (y el agente puede ser un objeto o una
persona). Lo mismo sucede con los derivados donde los afijos pueden representar
relaciones de agente, paciente, lugar, tema, objeto y así por ejemplo:
- nota marginal: la nota está en el margen (lugar) / el margen tiene una nota (margen:
agente)
- herida mortal: la herida causa la muerte (muerte: tema)

21
Ejercicio (diapositiva 17)
Indicar qué tipo de palabras son (sustantivo, adjetivo o verbo denominal, deverbal,
deadjetival), la base de derivación y la relación con ella.

Las relaciones derivativas son defectivas, es decir, con huecos o ausencias. Por ejemplo,
edificar se relaciona con edificable, pero construir no permite construible; mentiroso de
mentira, pero verdadero de verdad. Asimismo, las relaciones semánticas son también
irregulares, pues no hay la misma relación entre repensar y pensar que representar y
presentar. Y por último son distintas las propiedades sintácticas de posible frente a las
de imposible (*"posible de entender" / "imposible de entender").
Se suele afirmar que, para poder hablar de relación derivativa entre la palabra base de
derivación y la palabra derivada, debe haber una relación formal y semántica. De
acuerdo con esto, hay relación derivativa entre las parejas animar, animación; leer,
releer; ornar, ornamento, porque hay relación formal y semántica. Pero no habría
relación derivativa entre estar, estación; tener, retener; instruir, instrumento, porque
sólo hay relación formal, ni entre recibir; recepción; oir, audición; digerir, digestión;
fácil, difícil, porque sólo hay relación semántica, y mucho menos entre meter, misión;
querer, cuestión porque no hay relación formal ni semántica. Las relaciones derivativas
serían siempre y a la vez formales y semánticas y se reducirían a un pequeño porcentaje
de las palabras existentes en el español de hoy. Se admiten variantes o alternancias en el
significante y en el significado que obedecen a factores contextuales (de los que se
ocuparían la morfología sincrónica y/o la morfología diacrónica) y entre el grado de
regularidad máxima (correlación entre forma y significado) y el de la irregularidad
máxima (ausencia de correlación formal y semántica), hay toda una escala en cuanto al
grado de discordancia parcial en dicha correlación. Cuando en una palabra derivada ya
no se aprecia el grado de relación derivativa con la palabra base (es decir, del análisis de
sus constituyentes no se puede inferir su significado) decimos que se ha lexicalizado
(peseta es el diminutivo de peso).

Red léxica
Como vemos es importante, importantísimo el significado en las palabras, y más
concretamente en la asociación de las palabras. Hay una serie de rasgos formales
(morfológicos: flexivos y derivativos) que hacen que el hablante vaya constituyendo
redes o campos asociativos de acuerdo a los procesos de derivación y composición, y no

22
hace falta que haya una regularidad semántica ni la existencia de todos los elementos
puesto que otros miembros de la red confirman la estructura mediante sus relaciones,
normalmente fonológicas: así por ejemplo vemos la semejanza en las series:
regresar progresar ingresar / revenir provenir venir
aunque falten "gresar" e "invenir", y aunque no se establezca la misma relación
semántica entre los pares regresar con progresar y revenir con provenir, en la mente
del hablante se crean estas redes.
El léxico es una enorme red estructurada por propiedades flexivas, manifestadas en
construcciones más o menos frecuentes (género, número, etc.) y propiedades derivativas
(pautas morfológicas que afianzan unas a otras en la memoria, p.e. rehacer, repensar,
representar / zapatero, perchero, limonero). Estas propiedades no son sólo fonológicas,
de construcción de los sonidos que las componen, o sintácticas, en cuanto a qué
categorías relacionan y a qué propiedades de construcción, sino también semánticas,
esto es, de construcción de sus significados.
Hay, pues, relaciones como parte del significado de una palabra y relaciones entre los
significados de las palabras. Y así, por ejemplo, en la mente del hablante el verbo comer
establece conexiones con todos los verbos que se construyen como "el perro come" y
"el perro come carne" (agente-argumento), se conecta también a los verbos de la
segunda conjugación cuya vocal temática es -e-, a compuestos del tipo comecocos, y a
sus derivados (comida, comilona), y a relaciones semánticas léxicas de diferentes tipos
(engordar, cenar, restaurante, cocina).
La definición de léxico, sería por tanto la del conjunto de unidades con información
fónica, sintáctica y semántica estructuradas en red en la mente del hablante y que se
pueden describir mediante reglas léxicas, por ejemplo entre leer lección lectura lector.
Diccionarios
Si se parte de la suposición de que los hablantes tenemos toda esa información en la
cabeza ¿para que existen los diccionarios? (Dos opciones: o ya tenemos toda esa
información en la memoria, y nos sobrarían los diccionarios, o no la tenemos y tampoco
entonces sería fácil explicar cómo es que podemos hablar).
¿Aprende un niño a hablar con un diccionario? Para eso tendríamos que nacer sabiendo
leer. Un niño entre los dos y los seis años normalmente aprende a un ritmo de unas
cinco palabras nuevas al día, sin tener en cuenta las diferencias flexivas, a lo que hay
que añadir la cantidad de información que se puede representar mediante cada palabra.
La realidad es que aprendemos las palabras en su situación de uso, incluso como

23
lectores, sin necesidad del diccionario, nos servimos del modo casi único que tienen de
encajar en su contexto, y sabemos por ejemplo la diferencia entre un autómata y un
androide sin haber visto ninguno si somos lectores de ciencia ficción "pulp".
Difícilmente conoceremos el léxico de los mineros si no vivimos entre ellos, aunque
podamos encontrarlo en una novela o en un tratado.
El diccionario es una obra en la que se describe el vocabulario y la lexicografía es el
estudio de los diccionarios y de los principios de su elaboración. Como podemos ver
(diapositiva 20) en la siguiente entrada léxica, o artículo lexicográfico correspondiente
al lema de "autómata" tomado del diccionario de la Academia, el diccionario recoge las
propiedades que probablemente le sean útiles al usuario. Algunas de ellas no tienen por
qué estar presentes en el léxico que tiene el hablante, como por ejemplo las referencias
etimológicas y las variantes características de comunidades diferentes (variedades
geográficas o sociales).
Ningún hablante tiene todas las palabras del diccionario en su cabeza y ningún
diccionario tiene para una determinada palabra toda la información que tiene cada
hablante. Para el lector de ciencia ficción la palabra autómata tendrá muchos referentes
en su bagaje literario y por lo tanto más significados que los que aparecen en el
diccionario, y en este sentido podemos diferenciar entre la lengua externa, de la que se
ocupa el diccionario, y de la lengua interna, la que está en la mente de cada hablante.
Los diccionarios no pueden recoger todas las palabras existentes en una lengua. Se trata
de una recopilación y explicación, normalmente por orden alfabético, de esas palabras.
Pero esa recopilación no puede ser total porque para ello sería necesario que abarcase
todos los vocablos que se han usado en esa lengua desde que nació hasta el mismo
momento en que se publica el diccionario, todas las voces que se han usado y se usan en
todas las regiones pertenecientes al área de esa lengua, todos los términos empleados
por cada uno de los individuos considerados hablantes de esa lengua, la terminología de
cada una de las ramas del saber, de las jergas, etc. Sería absolutamente imposible hacer
un registro de todo ello.
Un diccionario es por tanto una recopilación parcial, y la mayoría de los diccionarios
tratan de recoger el vocabulario "general" de la lengua, es decir, todas aquellas voces
que son de uso común para la generalidad de los hablantes (aunque la mayoría de ellos
desconozca muchas de ellas), incluyendo las voces que, aunque pertenecen a distintas
ciencias y actividades, no son de uso exclusivo de las mismas. Es por tanto extremo
pensar que porque una palabra no aparezca en el diccionario dicha palabra no exista.

24
La primera finalidad de un diccionario es la de servir de fuente de aprendizaje a un
hablante de otra lengua. Y para el hablante como primera lengua, le indica la variación
y sobre todo la opción preferida (ortográfica, sintáctica o semántica). Es decir se trata de
un uso normativo o prescriptivo: indica lo correcto, lo admitido, lo establecido como
aceptable y lo aceptado (la norma).
Los diccionarios, como hemos dicho surgen por la necesidad de aprender,
fundamentalmente, a leer en otra lengua, y en el caso de España el primer diccionario,
como tal, se puede decir que es el de Nebrija de 1492, un diccionario bilingüe latino-
español. El primer diccionario monolingüe español fue el de Covarrubias (1611) y tiene
una intención etimológica. El diccionario de la Real Academia Española, que tiene una
posición de prestigio y de reconocimiento generalizado en las sociedades en que se
habla español surgió en el siglo XVIII (1726) como Diccionario de autoridades, es
decir de definiciones basadas en la autoridad de los clásicos de la literatura de siglos
anteriores. La Academia, a pesar de las críticas de que es objeto, trata de resolver las
dudas de los hablantes de español, más que ser una autoridad de la lengua, y en muchos
casos actúa como árbitro en las disputas lingüísticas.
Hemos dicho que las palabras se aprenden por el uso y que los diccionarios no pueden
recoger todas las palabras de una lengua. Un buen diccionario se elabora a partir de
numerosos ejemplos reales de los tipos de texto que se propone cubrir (las palabras sólo
significan en construcción), pero no proporciona suficiente información de construcción
ni puede sustituir el criterio que debe formarse el propio hablante acerca de qué palabra
es adecuada para expresar su idea en el tipo de texto que se trate.
tipos de diccionarios:
a) Normativo: recoge por orden alfabético las palabras con sus significados.
b) Ideológico: se localizan las palabras según su asociación a una idea.
c) Enciclopédico: incluye información sobre distintos campos del saber.
d) Bilingüe: traduce palabras de una lengua a otra.
e) Etimológico: establece el origen y evolución de las palabras
f) De sinónimos y antónimos: ofrece listas de palabras de significado igual o
parecido, o de significados contrarios.
g) Técnico: recoge las palabras de un campo del saber.

Desde un punto de vista didáctico, un recurso muy desaprovechado, pero con


amplias posibilidades, es el diccionario ideológico.
Es un tipo de diccionario que agrupa las palabras a partir de una idea o rasgo
ideológico. Se diferencia del resto de diccionarios en que al utilizarlo realizamos el

25
camino inverso: se parte de las ideas, del significado, y a través de él se llega a la
palabra buscada.
Está organizado alrededor de palabras clave, también llamadas cabeceras o
epígrafes, que son los rasgos ideológicos más generales desde los que se desgranan los
conceptos: desde lo más general a lo específico, que es lo que buscamos.

Ventajas del diccionario ideológico:


- Facilita la máxima expresión lingüística.
- Más que indicar una sola opción, sugiere múltiples posibilidades de uso.
- Fomenta la asociación de ideas.
- Se puede utilizar también como diccionario de sinónimos.
- Relaciona las cabeceras o epígrafes con su correspondiente familia de palabras.

En cuanto a su estructura, los diccionarios ideológicos suelen tener, al menos, tres


partes complementarias:

a) Sinóptica: es el esqueleto de la obra. Está formada por cuadros sinópticos que


constituyen el plan general de clasificación. Allí encontraremos las palabras-
cabecera ordenadas por materias. Cada una de éstas cuenta con un número que se
corresponde con los grupos de palabras de la parte analógica.
b) Analógica: los grupos de palabras afines están ordenados alfabéticamente por
cabeceras o epígrafes, que a su vez contienen subcategorías de vocablos.
c) Alfabética: es la parte que define, la más parecida a un diccionario usual, aunque
con mayor especificidad. Las entradas están ordenadas alfabéticamente y sus
definiciones están al servicio de las otras dos partes.

Diccionario REDES
Es un diccionario descriptivo, no ofrece definiciones sino opciones de combinación de
las palabras con otras palabras. Diccionario combinatorio, es decir, el puente que une la
lexicografía con la gramática, el análisis de las palabras y el estudio de las formas en
que se combinan.

26
4.3. Semántica léxica
Hemos visto las relaciones derivativas, dentro de la morfología léxica, y más
concretamente su comportamiento en la red léxica y el uso o el sentido de la existencia
de los diccionarios. Dijimos que el léxico es una enorme red estructurada por
propiedades flexivas y derivativas y que estas propiedades no son sólo fonológicas o
sintácticas, sino también semánticas, es decir, de construcción de sus significados. Así
veíamos que en el léxico existen relaciones como parte del significado de una palabra y
relaciones entre los significados de las palabras. Las propiedades del léxico (que está en
la mente del hablante y en la teoría acerca de la lengua) se describen en los diccionarios
y éstos pueden tener distintos fines como, por ejemplo, el normativo o el prescriptivo,
esto es, el de fijar o establecer qué variantes y variedades de la lengua son las aceptables
y aceptadas, o el de informar sobre las opciones existentes y describir cuáles son las
más difundidas, las más apropiadas dentro de una determinada actividad, etc.

Significado
Hemos hablado de significado pero no lo hemos definido. ¿Qué es el significado? ¿El
significado de una palabra? La mayoría de las personas identifican el significado de una
palabra como algo fijo, lo que se define en un diccionario, sin embargo el significado es
algo flexible ya que las palabras, como unidades léxicas, conectan su información con
la estructura conceptual humana y se adaptan continuamente a las construcciones de
las que forman parte, de manera que su significado depende del contexto.
El significado de un signo aislado es el concepto; por tanto, está en la mente de los
hablantes. Pero cuando se emite un mensaje, cada uno de los signos que lo componen
remite a la realidad extralingüística. Esta relación entre el mundo y el lenguaje se
conoce como designación, y los objetos designados constituyen sus referentes.
El referente puede ser real (concreto: un bolígrafo; o abstracto: la evaluación) o
imaginario (el de una novela, que será “la realidad” creada).
El término significado se emplea en la lengua común para referirnos a cosas a veces
muy diferentes (diapositiva 22), como por ejemplo, el uso de "significar" en las frases
siguientes. Conectad el uso que aparece en la columna de la izquierda con las
definiciones que se reflejan en la de la derecha.
significan lluvia: causas y efectos;
significa que se puede pasar: convencional entre forma y contenido;
significa mucho para mí: particular para un individuo.

27
En esta diversidad de relaciones que nos muestra, por ejemplo, el verbo significar,
intervienen factores muy diferentes: el conocimiento de la lengua, esto es, el
conocimiento lingüístico, el conocimiento del mundo, el contexto, la experiencia
individual... Todas estas vertientes del significado son interesantes, pero no todas son de
interés para el estudio científico ni se pueden abordar de la misma forma ni con los
mismos instrumentos. Una teoría semántica de orientación lingüística debe manejar una
caracterización más precisa de la noción de significado y debe servirse por ello de un
metalenguaje propio y específico.

Antes de pasar al estudio de propio de la semántica léxica veamos los varios tipos de
significado que se pueden identificar:
-Significado descriptivo/no descriptivo
El significado descriptivo o denotativo es aquella vertiente del significado que nos
permite identificar la realidad extralingüística a la que dicha expresión se refiere. Así, el
significado descriptivo de la palabra autobús es lo que nos permite etiquetar a ciertos
objetos de la realidad como autobuses y diferenciarlos de otras entidades con las que
puedan compartir algunas propiedades. Es un significado de naturaleza objetiva, no
ligado a un hablante concreto ni a una situación concreta, sino común a todos los
hablantes, e invariable (o estable) de una situación a otra.
Junto a su significado denotativo, las palabras pueden tener asociadas otras notas de
contenido mucho más variables, secundarias e inestables, sería éste el significado no
descriptivo. La misma palabra autobús, para los habitantes de una gran ciudad, puede
connotar ideas como atasco, aglomeración, retraso, trabajo; a otras personas, por
ejemplo, les puede connotar ideas más positivas, como viajar. Ninguna de estas
asociaciones personales forma parte del contenido descriptivo de la palabra autobús.
Las asociaciones connotativas de una palabra pueden ser individuales y también pueden
generalizarse entre un grupo extenso de hablantes y en ese caso pasan a formar parte
constitutiva del significado de una palabra.
La distinción entre significado descriptivo y no descriptivo no permite, sin embargo,
establecer con nitidez dos clases diferentes de palabras según posean un significado u
otro. En realidad buena parte de las palabras combinan ambas dimensiones. La palabra
chucho combina el significado descriptivo "perro" con un significado valorativo
peyorativo. A veces no es fácil establecer los límites entre ambos tipos de significado. A
veces, la carga connotativa es tan fuerte que desplaza o suplanta en el uso corriente al

28
contenido primario. P.e., la palabra democracia evoca una serie de conceptos positivos
(justicia, participación popular, libertad de elección, transparencia...) que éstos dejan en
segundo plano el contenido básico de definición de un "sistema político".
Las diferencias de tipo connotativo están subordinadas a las diferencias denotativas, y
no al contrario, podemos por tanto entender que estás diferencias se establecen en una
relación jerárquica en la que el plano denotativo está por encima de los diversos planos
de variación no descriptiva.
- Significado literal/significado figurado
Cualquier hablante acepta sin dificultad que cuando alguien en un día caluroso dice Me
estoy derritiendo no está empleando el verbo derretir en sentido literal sino en un
sentido figurado. La distinción entre el significado literal y el significado figurado es
una distinción cotidiana y que aparece con profusión en los diccionarios. Se puede
pensar que el significado literal es cronológicamente anterior y primario y que el
figurado es siempre una derivación posterior y secundaria de aquél. Sin embargo esta
explicación no es satisfactoria porque los hablantes no conocen necesariamente los
estadios anteriores del idioma para determinar cuál significado fue el primero, y muchas
veces los significados figurados acaban siendo tan importantes como los significados de
los que proceden. P.e. del adjetivo tajante que significa "concluyente, determinante.
contundente", hoy casi nadie es consciente de que se trata de un significado figurado de
una palabra que significaba literalmente "cortante" o "afilado", en gran parte porque se
ha perdido el uso general del verbo tajar, del que procedía.
Es posible rastrear en la evolución de una lengua las extensiones de significado de una
palabra y determinar cuál es el significado literal del que derivan otras acepciones
figuradas. Para los hablantes actuales, sin embargo, muchas veces la distinción original
se pierde y el significado literal no tiene incidencia en la manera en la que se concibe el
significado de una palabra. P.e., cuando decimos que un libro es un tocho para indicar
que tiene muchas páginas ¿sabéis a lo que os estáis refiriendo? Estamos comparando un
libro con un lingote de hierro (que es el significado original de tocho). Sin embargo, si
decimos es un ladrillo, la imagen literal sí está presente.

-Significado léxico/gramatical
Intentad ahora definir los siguientes términos:
mesa andar rubio algún ya pero

29
Parece que las tres primeras palabras son más fáciles de definir que las otras tres.
Cuando pensamos en el significado de las palabras, la idea que nos viene a la mente es
la de significado de sustantivos, adjetivos o verbos (también algunos adverbios), es
decir de las llamadas categorías mayores, léxicas o de contenido. Son aquellas que se
refieren a conceptos a partir de los cuales es posible identificar entidades reales o
imaginarias, actividades y estados, o propiedades. De estas palabras se dice que tienen
significado léxico. Reúnen una serie de características que las identifican:
-Forman parte de clases abiertas, es decir que se pueden incorporar nuevos miembros (o
descartar otros). El léxico de un lengua experimenta modificaciones con relativa rapidez
y facilidad: constantemente se incorporan nuevas palabras y otras caen en desuso e
incluso desaparecen.
-Poseen un contenido descriptivo. Esto significa que permiten identificar tipos de
entidades, propiedades, procesos, estados y se conectan con el conocimiento
enciclopédico (con el conocimiento general de las cosas)
-Están ligadas a representaciones conceptuales accesibles a la introspección, es decir, al
análisis de los rasgos mínimos que componen su significado. Si un hablante sabe usar
una palabra también puede caracterizar de manera más o menos precisa el significado
de dicha palabra en términos conceptuales.
Por otro lado, existen palabras que no remiten a conceptos, pero no son palabras
"vacías" sino que indican de forma abstracta cómo deben combinarse entre sí los
conceptos, tienen significado gramatical.
Son las llamadas categorías menores o funcionales (determinantes, cuantificadores,
conjunciones, artículos, interjecciones, adverbios aspectuales o focales). Estas unidades
poseen un conjunto de propiedades opuesto a las anteriores:
- Pertenecen a clases cerradas (artículos, preposiciones, conjunciones); el paradigma de
los artículos, por ejemplo, está constituido por un número de elementos limitado y
reducido (han hecho falta siglos de evolución para tener un sistema de artículos como el
del español y harían falta otros tantos para modificarlo).
-No poseen contenido descriptivo. En la realidad extralingüística existen objetos a los
que podemos llamar "mesas" y actividades que podemos caracterizar como "andar",
pero no existe ningún tipo de entidad que podamos relacionar con "que" o con "la" o
con "incluso".
-Tienen un significado que es poco accesible a la introspección. Todos sabemos usar
perfectamente los artículos y las conjunciones, sin embargo no es común que cualquiera

30
sepa explicitar, ni tan siquiera de modo aproximado, cuál es el significado de estas
palabras ni cuáles son sus condiciones de uso gramatical.
Por último, las palabras no son los únicos signos lingüísticos portadores de significado,
también lo tienen las expresiones complejas, es decir, las expresiones formadas por la
combinación de unidades simples siguiendo las reglas de la gramática: las unidades
superiores a la palabra como son los sintagmas y las oraciones. Somos capaces de poder
construir e interpretar cualquier expresión compleja en nuestra lengua, por larga que sea
y sin necesidad de haberla producido u oído antes: basta con que conozcamos el
significado de las unidades simples que la integran y la forma en que están organizadas
y conectadas esas unidades simples.

Así, podemos definir la Semántica como el estudio del significado lingüístico,


expresado por medio de unidades simples y de sus combinaciones. Dependiendo del
objeto de estudio se suele diferenciar entre semántica léxica: estudia el significado de
las palabras con contenido léxico; y semántica composicional: estudia el significado
gramatical, tanto de las expresiones simples como el de las expresiones complejas; es
decir, se ocupa de cómo contribuyen a la interpretación las expresiones con contenido
gramatical, la estructura y las relaciones sintácticas.
(diapositiva 27) Os pido ahora que relacionéis las palabras de la columna de la derecha
con las de la izquierda y que intentéis describir la relación que existe entre ellas. Esto
demuestra que sois capaces no sólo de caracterizar el significado informalmente, sino
también de identificar relaciones entre significados y de notar que las relaciones pueden
ser distintas. Esto quiere decir que cada hablante tiene un conocimiento tácito de su
lengua y las regularidades que ella presenta.

Semántica léxica
Las definiciones y asociaciones que habéis hecho de los términos anteriores ¿de dónde
las habéis sacado? Podemos decir que están en nuestras mentes, en forma de ideas o
conceptos. A partir de esas ideas los hablantes podemos conectar las palabras con
entidades de la realidad, y si esto no fuera así no podríamos usar las palabras de manera
significativa. Y si es verdad que el significado de las palabras está en la mente de los
hablantes ¿cómo podemos objetivarlo?
La realidad que nos rodea es cambiante y multifacética y se presenta ante nosotros con
matices diferentes, sin embargo no manejamos toda esa diversidad, sino que

31
simplificamos el contenido de nuestra experiencia perceptiva y segmentamos el
continuo de la realidad en entidades discretas que agrupamos a su vez en clases a las
que atribuimos nombres que nos permiten referirnos a ellas.
Organizamos nuestro entorno en categorías más o menos estables, enfatizando lo común
y descartando las diferencias que no resultan esenciales. Esta operación de abstracción
se denomina categorización. Categorizar es, pues, agrupar entidades y sucesos en
clases en virtud de sus rasgos generales, desestimando todo lo que hace único a cada
objeto y a cada acontecimiento. Categorizar implica asociar atributos y propiedades a
los miembros de cada clase de entidades o sucesos, y almacenar bajo un localizador
común toda la experiencia adquirida (propia y ajena) en relación con ellos.
Cada una de las clases así formadas constituye un concepto. Los conceptos son
representaciones mentales de clases: p.e., cuando categorizamos algo como árbol
reducimos la complejidad perceptiva de un ejemplar concreto a una etiqueta común a
otros ejemplares (que pueden tener incluso propiedades perceptivas bien diferentes,
pensemos p.e. en las distintas especies de árboles). Una vez que hemos identificado un
objeto como un miembro de una determinada clase, podemos aplicarle todo nuestro
conocimiento sobre dicha clase. P.e., un árbol que no habíamos visto nunca antes le
atribuimos, de manera inmediata y por defecto, ciertas propiedades que sabemos
comunes a los integrantes de su misma categoría: identificamos y reconocemos sus
partes fundamentales (un tronco leñoso, varias ramas...), sabemos que tendrá una raíz
aunque no la veamos y sabemos que puede tener hojas o no en función de la especie y
de la estación del año. Todas esas propiedades nos permiten tener expectativas precisas
sobre lo que se puede esperar (y lo que no) de un miembro de la categoría árbol (que no
tenga la capacidad de hablar, ni la de moverse por sí mismo.). No tenemos que
aprenderlo todo cada vez sobre cada ejemplar, sino que nos basta, en principio, con
aplicarle la información que tenemos sobre la clase.
El número de conceptos que un individuo puede formar en su mente es potencialmente
infinito, sin embargo el número de palabras de una lengua es limitado: ello indica que,
de las múltiples conceptualizaciones posibles, la lengua sólo lexicaliza (es decir,
expresa con una palabra) algunas. P.e., el español no establece diferencia léxica entre
"dedo de la mano" y "dedo del pie" mientras que el inglés distingue entre finger y toe.
Las palabras no son simplemente la exteriorización de un inventario común y
compartido de conceptos. Cada cultura segmenta el continuo de la realidad de manera
diferente, como p.e. vemos en el siguiente cuadro de la diapositiva 28.

32
Por lo tanto, las distinciones lingüísticas que se manifiestan en el léxico no son
simplemente un reflejo verbal de una realidad estructurada de antemano, sino que
además las palabras imponen una estructura a la realidad y nuestro modo de percibirla:
esta estructuración está ampliamente mediada por la cultura y varía notablemente de
una lengua a otra.
Al hablar de significado léxico hacemos referencia a la representación mental que
corresponde a una expresión simple. Esta representación mental contiene los rasgos de
un concepto tal y como lo configura cada lengua. La palabra, a su vez, da acceso a la
realidad extralingüística y a la información enciclopédica con ella relacionada, pero
ambas no se confunden. El conocimiento del significado se traduce en la capacidad para
clasificar entidades y acontecimientos del mundo real y refleja una estructuración de
tipo lingüístico que crea haces de relaciones entre significados.
Para analizar el significado léxico podemos servirnos al menos de dos métodos:
• estudio de los componentes de significado menores,
• estudio de las relaciones de significado que tienen entre sí las palabras y que
nos permiten comprender la estructura del léxico.

Diapositiva 29. En estas series vemos que hay elementos en común entre los miembros
de cada una de ellas. Los términos de la primera denotan humanos de sexo femenino,
los de la segunda masculino, los de la tercera estados civiles de humanos, de sexo
masculino y adultos, los de la cuarta seres de sexo masculino y jóvenes. De este análisis
podemos mostrar que en el significado hay componentes menores. Estos componentes
podemos entenderlos como rasgos (features) del tipo: [+animado], [+humano],
[+contable], [+femenino] [+adulto] (etc.). El significado de una palabra puede
analizarse por tanto, por medio de un conjunto de componentes o rasgos semánticos
mínimos llamados semas. El conjunto de semas de una palabra se denomina semema.

Así las series 1, 2, 3 comparten el rasgo de [+humano], las series 2, 3 y 4 el de [-


femenino] y que las series 3 y 4 se oponen, entre otras cosas en virtud del rasgo
[+adulto]. Las oposiciones de rasgos pueden dar lugar a series enteras de contrastes
basados en ellos, y al igual que en Fonética y Fonología, algunos contrastes pueden
neutralizarse (diapositiva 30) como en el caso de los ovinos en los que no hay un
término diferente según el sexo cuando el animal es joven.

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La existencia de rasgos comunes permite identificar clases semánticas también en las
categorías de los verbos o de los adjetivos. En el caso de los verbos se pueden
identificar categorías como los verbos de lengua (decir, afirmar, informar), verbos de
percepción (ver, notar, percibir, sentir, oír), de acción, etc. Los verbos de lengua exigen
sujetos con el rasgo [+humano], y los de percepción, por ejemplo, se combinan con
sujetos [+animados].
Pero, para nosotros, no se trata de reducir a rasgos todo nuestro conocimiento del
significado de las palabras o de las entidades a que se refieren, sino centrarse en lo que
es específicamente lingüístico.
El objetivo es identificar los componentes del significado más pertinentes para la
organización del léxico y su combinatoria sintáctica.

Relaciones de significado
Una de las propiedades más notables del léxico de una lengua es que las palabras no son
completamente independientes entre sí, sino que están conectadas por diferentes tipos
de relaciones. Si el significado se puede analizar en componentes menores no es difícil
entender que las relaciones de los significados de las palabras tienen que ver con el
hecho de que compartan un mayor o menor número de rasgos. P.e., cualquier hablante
de español es consciente de que cárcel y prisión significan lo mismo, esto es, comparten
todos sus rasgos básicos de modo que se puede establecer una relación de identidad o
sinonimia.
Diapositiva 32. En la relación que se establece entre estos pares de expresiones vemos
que todas ellas se refieren a la misma realidad pero hay una diferencia sustancial entre
la pareja el Real Madrid y el equipo merengue y el resto. Esta pareja no comparte
rasgos de significado ya que uno de sus miembros es un nombre propio. Los nombres
propios no tienen rasgos semánticos, sino que designan entidades. Por lo tanto, un
nombre propio y otra expresión lingüística no pueden compartir significado sino
referente. No son sinónimos, sino correferenciales.
Hay otros dos tipos de relación de significado: las de inclusión y las de oposición o
exclusión.
Entre los significados de dos elementos léxicos puede darse una relación de inclusión,
que está marcada por una vinculación establecida por ser “un tipo de” (diapositiva 33).
La conexión entre tulipán y flor está basada en una relación de inclusión porque el
significado de tulipán incluye necesariamente como uno de sus componentes el

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significado de flor, pero no al contrario. El término más general de los dos es el
hiperónimo (flor) y el más específico, el hipónimo (tuilipán). Los términos que
establecen con el hipónimo un mismo tipo de relación se denominan cohipónimos.
También puede darse una relación de inclusión caracterizada por el hecho de que el
significado de un término incluya al del otro porque es una parte constitutiva
(diapositiva 34). Por ejemplo, la relación entre bicicleta y manillar. Manillar puede
incluir el significado de bicicleta pero un manillar no es un tipo de bicicleta. La relación
que se establece, por tanto, es la de "ser una parte constitutiva de".
En este caso la palabra que designa al todo se denomina holónimo y la que designa a la
parte, merónimo.
Entre los significados también puede darse una relación de oposición o exclusión, que
denominamos antonimia. Las relaciones de antonimia implican que entre los términos
hay una parte de significado común (rasgos compartidos), pues, de no ser así, no
podrían ser antónimos, por ejemplo entre alto y bajo. Los dos se refieren a los extremos
opuestos de una misma escala: la altura.
La oposición puede ser graduable (frío-caliente) o puede ser excluyente (sin término
medio como en el caso de vivo-muerto). Puede implicar opuestos relacionales (p.e. con
puntos de vista contrapuestos con respecto a una misma función o actividad como
profesor-alumno, comprar-vender) o a opuestos direccionales (entrar-salir, subir-bajar).
Ambigüedad léxica
Las palabras pueden tener más de un significado, lo que, dependiendo de los contextos,
puede dar lugar a ambigüedades.
P.e. la oración Este edificio tiene muchas plantas es potencialmente ambigua entre tres
lecturas posibles de acuerdo al significado que se le atribuya a la palabra planta (que el
edificio tenga muchos pisos, que tenga muchos vegetales, o que se hayan hecho varios
proyectos arquitectónicos). Aunque la mayoría de los hablantes conoce estos tres
significados no ve relación alguna entre ellos y cuando utiliza la palabra no es
consciente de esa multiplicidad semántica.
Las palabras como "planta" dan lugar a ambigüedades. Desde un punto de vista
lingüístico se puede diferenciar entre la polisemia y la homonimia.
Una palabra es polisémica cuando tiene varios significados, todos ellos relacionados
entre sí por provenir de un mismo origen. En realidad la polisemia es el resultado de la
diversificación del significado de una palabra y entre sus causas se encuentran, por
ejemplo, la designación de nuevos objetos (pluma: pieza que recubre el cuerpo de las

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aves; instrumento de escritura), la especialización en un ámbito (anillo: aro pequeño;
formación celeste que circunda a planetas; cada uno de los círculos leñosos concéntricos
que forman el tronco de un árbol; etc.), usos figurados (pluma: por extensión figurada
"estilo o manera de escribir" o "escritor"), calcos semánticos, etc.
En cambio, se denomina homónimos a palabras que por los azares de la lengua
coinciden en forma sin que originariamente tuvieran relación sus significados. La
identidad de las formas puede darse tanto en el nivel fónico como en el nivel
ortográfico. P. e., llama (sust.) "masa gaseosa en combustión" y llama (sust.) "animal
andino" son homónimos idénticos. A veces, la identidad sólo afecta a uno de estos dos
niveles, se habla entonces de homónimos homófonos (tuvo/tubo, orca/horca) y de
homónimos homógrafos. En español no hay casos de homónimos homógrafos no
homófonos, es decir, de igual escritura pero diferente pronunciación, pero sí existen, por
ejemplo en inglés (lead [led] "plomo" / lead [li:d] "guiar") o en italiano (pesca [pè-sca]
"melocotón" y pesca [pé-sca] "actividad de pescar") como vimos en el tema anterior.
En el trabajo lexicográfico (es decir, en los diccionarios) se suele diferenciar entre la
polisemia y la homonimia: cuando se trata de una palabra polisémica se hace solo una
entrada y los diferentes significados se integran en ella. Cuando se trata de homónimos,
se redactan entradas diferentes. Esta distinción puede tener interés desde el punto de
vista histórico, sin embargo, desde el punto de vista de los hablantes de una lengua la
diferencia no es relevante porque no tienen por qué conocer el origen etimológico de los
términos.
La posesión de rasgos comunes se revela también como el principal instrumento del
cambio semántico y de la creación de nuevas acepciones. Los cambios semánticos
pueden deberse a causas históricas, psicológicas y sociales y lingüísticas. P.e. "pluma" y
los cambios que hemos visto antes. Los mecanismos de cambio semántico adoptan,
generalmente, formas retóricas y los principales son:
Metáfora: un objeto, entidad o experiencia se concibe en términos de otra diferente. Se
basa en una semejanza real o percibida entre la fuente y la meta de la metáfora.
Ej.: estrella ‘persona famosa’; lat. caput ‘cabeza’ > esp. cabo ‘extremo’, grado
militar y accidente geográfico.
Metonimia: el cambio semántico por metonimia se produce cuando hay una
contigüidad real o supuesta entre la fuente y la meta de la metonomia. Puede ser de
muchos tipos: contenedor por contenido o viceversa, material por objeto, parte por todo,
etc.

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Ej.: lat. sexta (hora) > esp. siesta; ingl. glass ‘vidrio’ y ‘vaso’
Etimología popular: una palabra o expresión sincrónicamente inanalizable se
reestructura de modo que resulte posible establecer una vinculación semántica con otros
elementos de la lengua.
Ej.: ingl. asparagus > sparrow-grass
Elipsis: parte de una expresión compleja adquiere el significado del todo en su
conjunto.
Ej.: ingl. fall ‘otoño’ por fall of the leaf ‘caída de la hoja’, esp. metro(politano)
por ferrocarril metropolitano

Cambios en la extensión del significado


Ampliación o extensión: una palabra adquiere un significado más general o más
amplio del que tenía previamente.
Ej.: lat. adripare ‘llegar a la orilla’ > fr. arriver ‘llegar’; lat. passer ‘gorrión’ >
esp. pájaro
Restricción o reducción: una palabra adquiere un significado más restringido del que
tenía previamente.
Ej.: ant.ingl. hund ‘perro’ > ingl. mod. hound un "tipo de perro" ("sabueso"), lat.
soror ‘hermana’ > esp. sor
Peyoración: la palabra se carga de valores negativos o despectivos. Ej. "wáter",
"criado".
Melioración: la palabra adquiere un valor positivo. Ej.: ant. fr. marheskalk ‘encargado
de las yeguas’ > fr. maréchal ‘mariscal’

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