0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas8 páginas

Crisis de fe en Occidente según Sarah

El libro-entrevista '¿Dios existe?' con el cardenal Robert Sarah aborda la crisis identitaria de Occidente y la desconexión del hombre con Dios, argumentando que es el hombre, no Dios, quien ha 'muerto' al prescindir de su relación con lo divino. Sarah destaca la necesidad de redescubrir la dignidad humana y la importancia de la Iglesia como madre espiritual en un contexto de crisis de fe. Además, sugiere que las iglesias africanas pueden ofrecer una frescura de fe que falta en Occidente, enfatizando la necesidad de permanecer en la Iglesia como fuente de salvación.

Cargado por

pedroreto
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas8 páginas

Crisis de fe en Occidente según Sarah

El libro-entrevista '¿Dios existe?' con el cardenal Robert Sarah aborda la crisis identitaria de Occidente y la desconexión del hombre con Dios, argumentando que es el hombre, no Dios, quien ha 'muerto' al prescindir de su relación con lo divino. Sarah destaca la necesidad de redescubrir la dignidad humana y la importancia de la Iglesia como madre espiritual en un contexto de crisis de fe. Además, sugiere que las iglesias africanas pueden ofrecer una frescura de fe que falta en Occidente, enfatizando la necesidad de permanecer en la Iglesia como fuente de salvación.

Cargado por

pedroreto
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Un libro-entrevista con David Cantagalli: «¿Dios existe?

Cardenal Sarah: Occidente vive una «crisis


identitaria» y una «dramática reducción de
la razón»

No es Dios quien "ha muerto", sostiene el cardenal Sarah, sino el hombre que prescinde de Dios. En la imagen, durante
una conferencia en The Napa Institute de Washington, D.C. el 13 de junio de 2024.

Religión en Libertad
[Link]
[Link]##STAT_CONTROL_CODE_3_985453707##

Viernes, 17 enero 2025 10:25

Acaba de publicarse en Italia un libro-entrevista en el que David Cantagalli interroga a


fondo al cardenal Robert Sarah, de 79 años, prefecto de la Congregación para el Culto
Divino entre 2014 y 2021, sobre la deriva de un mundo que se ha olvidado de Dios: ¿Dios
existe? (Cantagalli).
Cada nuevo título del purpurado guineano viene a iluminar a un público católico que
celebra su fe y su claridad. Lorenzo Bertocchi ha hablado con el cardenal Sarah sobre las
cuestiones que aborda en su libro en el mensual italiano de apologética Il Timone:

El libro-entrevista del editor David Cantagalli con el cardenal Robert Sarah, prefecto
emérito del Culto Divino, gira alrededor de una pregunta decisiva: "¿Dios existe?". Es la
pregunta común a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Es la pregunta más
profunda, la más humana.

En el cristianismo esta pregunta encuentra la respuesta más sorprendente, capaz de unir


la experiencia subjetiva y emotiva con hechos reales e inteligibles. Sin embargo, esta
pregunta parece estar hoy prohibida, o incluso ha sido malinterpretada en su lado
racional y, por ende, relegada al trastero de la cultura, sobre todo la occidental. A esto
debe añadirse una crisis de fe que parece golpear a la propia Iglesia católica, aquella en la
que "subsiste la única Iglesia de Cristo" (cfr. Constitución dogmática sobre la
Iglesia, Lumen gentium, n. 8).

-Eminencia, en su último libro-entrevista ¿Dios existe? usted escribe que quien ha


muerto en Occidente es el hombre, no Dios. ¿Por qué?

-Occidente vive una profunda crisis identitaria, antropológica, en la que el hombre, en


su verdad y belleza, parece que ya no es consciente de su dignidad y su vocación a la
felicidad, al cumplimento del propio ser personal. Es obvio que todo esto tiene raíces
remotas, a partir de la sustitución del agustiniano amo ergo sum (amo, por lo tanto soy)
con el cartesiano cogito ergo sum (pienso, por lo tanto existo), reduciendo de este modo
la ontología relacional a la autoconciencia subjetiva, privando al hombre de esa sana
relación con lo real sobre la que se funda la ontología, el conocimiento del ser.
Robert Sarah, '¿Dios existe?' (Cantagalli).

»Dios no ha muerto porque no puede morir y porque el corazón del hombre que
mínimamente se escuche a sí mismo está hecho para buscar el significado último y, por
tanto, para la relación libre con el Misterio, hacia el cual, si no se censura como hombre,
tiende naturalmente y, por consiguiente, racionalmente. Afirmando que "el hombre ha
muerto", he querido subrayar la dramática reducción de la razón humana que se vive en
un Occidente secularizado, materialista, consumista, relativista y, en última instancia,
nihilista. Si el hombre occidental no redescubre el vigor y la belleza de lo que es afrontar
las preguntas fundamentales de la existencia, si no se "despierta" de la ilusión de la
omnipotencia tecno-científicista, corre el riesgo de no tener ya más razones para existir;
corre el riesgo de "acabar con el hombre", como ha denunciado el filósofo metafísico
francés Rémi Brague.

»Diciéndolo con palabras muy simples, Dios es la fuente de origen y el hombre el río. Si el
río se separa de la fuente de origen, el río se seca. Del mismo modo, el hombre que se
separa de Dios no puede tener buena salud física, está ya muerto.

-En Occidente parece que se reduce cada vez más el número de bautizados y los
cristianos que se dicen tales a menudo viven con una fe "hecha a sí misma". ¿Cómo ve
un cardenal africano la Iglesia en Occidente? ¿Y qué pueden aportar las iglesia
africanas a Europa y al mundo?

-Las iglesias occidentales europeas son históricamente "iglesias madres"; y amar y


reconocer a "la madre" es algo fundamental para todos. La riqueza de fe, doctrinal,
teológica, litúrgica y espiritual que las iglesias de antigua fundación llevan consigo, con la
condición de que se acuerden de ello y sigan ofreciéndola a toda la Iglesia y al mundo,
no podrá ser ignorada.

»Tal vez, como le sucede a un joven que, capaz de asombrarse, le indica la realidad a un
adulto un poco distraído, las iglesias africanas puedan ofrecer a toda la Iglesia esa
frescura de fe, esa autenticidad y ese entusiasmo que, quizás, no emerge en Occidente.
No debemos olvidar nunca el elevadísimo precio que están pagando las iglesias en África
en términos de martirio violento; ciertamente será fecundo, semilla de nuevos cristianos.

-En más de una ocasión, el papa Benedicto XVI ha hablado de la crisis de fe como el
motivo real de una crisis que parece afectar también a la Iglesia. ¿Qué significa? ¿Que
quienes se consagran a Dios en realidad no creen en Él de verdad?

-Sobre el hecho de que hay una crisis de fe no creo que pueda haber duda al respecto.
Más bien al contrario, diría que la crisis de fe es, hoy en día, la más profunda y crucial.
Yo no diría que los consagrados "no creen"; es más, estoy convencido de que,
precisamente por las condiciones culturalmente desfavorables a la radicalidad de la
virginidad por el Reino de los Cielos, quien hoy responde a la vocación tiene un intención
inicial seria y radical. El punto más discutido es el de la fidelidad, a lo largo del tiempo, a la
tarea que Dios ha asignado. En un contexto cultural cada vez más hostil, con la
fragmentación de las relaciones, que no hace percibir el apoyo y el calor de una
comunidad creyente, es cada vez más complejo vivir la radicalidad del Evangelio. Creo
que este es el punto crucial para todos los laicos y consagrados, para todos los
bautizados.

»Jesús no inventó una religión para célibes, sino que nos donó la Iglesia, que es su Su
presencia, la Presencia divina en el mundo, una compañía extraordinaria guiada al destino
último del hombre. Solo viviendo esta experiencia existencialmente significativa es
posible el milagro de la fidelidad, del testimonio y, por ende, de la conversión de los
hermanos que aun no han conocido el amor de Dios. Esta experiencia de renovación es lo
que quería decir el papa Benedicto XVI con la expresión "minorías creativas" y, por tanto,
misioneras.
'Desde lo más hondo de nuestros corazones' (Palabra): las reflexiones de Benedicto XVI y del cardenal Sarah sobre el

sacerdocio.

-A veces se oye a laicos, sacerdotes e incluso obispos poner en duda su pertenencia a


la Iglesia católica aduciendo las razones más diversas y que, en algunos detalles,
parecen sensatas. ¿Por qué es importante, para los laicos y consagrados, no abandonar
nunca la Iglesia "una, santa, católica y apostólica"?
-Quien se va, siempre se equivoca. Se equivoca porque abandona a la Madre; se
equivoca porque lleva a cabo un peligrosísimo acto de soberbia, erigiéndose en juez de la
Iglesia. A veces no todo es inmediatamente comprensible, y algunas cosas pueden
parecer del todo inoportunas, que no han sido adecuadamente ponderadas, incluso
pastoralmente infundadas o perjudiciales; a pesar de todo esto, ello no autoriza a irse.

»La Iglesia es ante todo, en su totalidad, indefectible (es decir, que no puede dejar de ser)
e infalible (es decir, no puede errar de manera total respecto a la fe). Además,
es jerárquica y, si somos católicos, debemos reconocer que atañe a los máximos niveles
de la jerarquía la tarea de intervenir y señalar los eventuales problemas que surjan
respecto a la fe y la doctrina. San Cipriano afirmaba que nadie puede tener a Dios como
Padre si no tiene a la Iglesia como madre. Creo que todos los fieles, laicos y consagrados,
deben tener presente este axioma, tanto en el juicio como en el comportamiento.

»Como indicó eficazmente Benedicto XVI, no debemos crear una "nueva Iglesia"; ya se
intentó y se fracasó. Tenemos que amar esta Iglesia, sufrir con ella y por ella, y reconocer
que en ella subsiste la Iglesia de Dios y que de ella recibimos todos los medios para la
salvación, de la que tenemos una extrema necesidad.

-En la Carta a Diogneto se dice que los "cristianos habitan este mundo pero no son del
mundo". ¿Quiere decir tal vez que los cristianos deben huir de la realidad en la que
viven? ¿Cómo permanecer hoy en el mundo como cristianos?

-No tenemos otro lugar donde vivir nuestra existencia terrenal. El mundo, con sus
contradicciones y sus límites, es el lugar que Dios ha amado tanto que le dio Su único
Hijo. Es necesario evitar siempre los dos extremos: rechazar al mundo en su totalidad o
dejarse englobar por él.

»En el Evangelio de Juan encontramos los dos conceptos de mundo que tienen que
coexistir siempre en el cristiano, y esta es una de las dimensiones paradójicas de nuestra
fe. El mundo como "lugar de las tinieblas" que ha rechazado y rechaza la luz que es Cristo,
y el mundo como criatura de Dios, como ese "algo bueno" en la que vive el hombre, que
es "algo muy bueno" (cfr. Gn 2).
»Diogneto tiene razón: vivimos en el mundo, obramos en él y caminos en la fe buscando
la llegada del Reino de Dios; por consiguiente, haciendo que nosotros y la realidad que
nos rodea seamos cada vez mejores (esta obra se llama ¡ascesis!). Y, al mismo tiempo, no
pertenecemos al mundo en el sentido de que el mundo no es nuestro último horizonte y
no dejamos que, en última instancia, el horizonte mundano nos determine. El cristiano
sabe que el Señor "dará cielos nuevos y nueva tierra", es decir, una análoga a la actual,
pero completamente transfigurada.

»Tenemos que estar en el mundo con este juicio de fe, este discernimiento en el Espíritu
Santo y esta apertura de corazón, para desear ardientemente nuestra salvación y la de
todos los hombres y, al mismo tiempo, ser mediadores, como Nuestro Señor, de la
salvación de los demás. Es el gran desafío de un cristiano verdaderamente adulto en la fe:
interceder por sus hermanos y ser "sacrificio agradable a Dios para la salvación del
mundo".

Traducción de Verbum Caro.

También podría gustarte