Carl Jung
Nació en 26 de julio de 1875, en Kesswil, Suiza. Fue hijo de Johann Paul Jung (pastor de
una iglesia reformada) y Emilie Preiswerk Jung (hija de un teólogo). Carl Jung describía a
su padre como un idealista sentimental con profundas dudas sobre su fe religiosa y a su
madre como una mujer realista, práctica y cariñosa, pero también inestable, mística,
clarividente, arcaica e implacable. Cuando Jung mencionaba la palabra “amor”, él sentía
desconfianza y seguía asociando la palabra mujer a inestabilidad, mientras que la palabra
padre para él era sinónimo de fiabilidad, pero también de impotencia.
Jung se fue haciendo consciente de la existencia de dos aspectos distintos de sí mismo, a
los que llamó sus personalidades número uno y número dos. Al principio consideró que
ambas personalidades eran parte de su propio mundo, pero en su adolescencia advirtió
que la personalidad número dos era un reflejo de algo distinto de sí mismo, un anciano
muerto hacía tiempo. Entonces Jung aún no comprendía totalmente estas fuerzas
separadas, pero más adelante reconoció que la personalidad número dos había estado en
contacto con sentimientos e intuiciones que la personalidad número uno no percibía. En el
libro de Recuerdos, sueños, reflexiones (1961) describió sobre su personalidad número
dos como: La viví e influyó en mí de una manera curiosamente irreflexiva, cuando estaba
presente, la personalidad número uno palidecía hasta el punto de dejar de existir y
cuando el yo, que era cada vez más parecido a la personalidad número uno, dominaba la
escena, el anciano, si es que lo recordaba, parecía un sueño remoto e irreal.
De acuerdo con su propia teoría, su personalidad número uno era extravertido y estaba
en sintonía con el mundo objetivo, mientras que su personalidad número dos, era
introvertida y estaba orientada hacia el interior de su mundo subjetivo.
Jung leyó la interpretación de los sueños de Freud, quien conoció después. Freud se
convenció de que Jung era la persona ideal para ser su sucesor, por no ser judío ni
vienes, además de ser un hombre de gran capacidad intelectual. Jung ocupo el cargo de
primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Jung afirmaba que Freud
no estaba dispuesto a develar detalles de su vida personal, detalles que Jung necesitaba
para interpretar uno de los sueños de Freud; según la versión de Jung, cuando le pidió
detalles íntimos, Freud objetó: “¡Pero yo no puedo poner en juego mi autoridad!”, en ese
momento, Jung llegó a la conclusión de que Freud en efecto había perdido su autoridad.
Jung, le escribía a Freud sobre su admiración ilimitada por él, confesando que esta
veneración tenía algo de enamoramiento religioso con un trasfondo erótico, que este
sentimiento procede del hecho de que en la infancia fue victima de abuso sexual por parte
de un anciano al que había adorado. Este abuso ocurrió cuando tenia 18 y el anciano del
que hablaba era un amigo paternal a quien podría confesarle todo. Lo que origina una de
las causas de la ruptura de Jung a Freud.
Jung sufrió la experiencia más profunda y peligrosa de su vida, un viaje a las
profundidades de su propia psique inconsciente, conocido como un periodo de
enfermedad creativa. El periodo de enfermedad creativa de Jung fue similar al
autoanálisis de Freud. Los dos hombres empezaron la búsqueda de sí mismos a finales
de la década de 1930 o principios de la década de 1940: Freud, como reacción a la
muerte de su padre; Jung, como consecuencia de la ruptura con su padre espiritual,
Freud. Ambos vivieron un periodo de soledad y aislamiento, y la experiencia provocó
cambios profundos en los dos.
A pesar de que la introspección de Jung fue peligrosa y dolorosa, también fue necesaria y
fructífera, al utilizar la interpretación de los sueños y la imaginación activa para conducirse
a su profunda aventura, Jung pudo desarrollar su excepcional teoría de la personalidad.
Durante este periodo anotaba el contenido de sus sueños, los ilustraba, se contaba
historias a sí mismo y luego las seguía hasta donde lo llevaran. Todos estos procesos le
permitieron conocer su inconsciente personal. Al profundizar en su método llegó a
encontrar los contenidos del inconsciente colectivo: los arquetipos; oía a su ánima que le
hablaba con una voz clara femenina; descubrió su sombra, la parte maligna de su
personalidad, habló con los arquetipos del anciano sabio y la gran madre, por último,
cuando se acercaba el final de su viaje, llegó a una especie de renacimiento psicológico
llamado individual.
En 1944, ocupó la cátedra de psicología médica en la Universidad de Basilea, pero sus
problemas de salud lo obligaron a renunciar al cargo un año después. Tras la muerte de
su esposa en 1955, pasaba la mayor parte del tiempo solo: “el anciano sabio de
Küsnacht”. Murió el 6 de junio de 1961 en Zúrich, pocas semanas antes de cumplir 86
años.
Niveles de la psique
Jung afirmó enérgicamente que la parte más importante del inconsciente no nace de las
experiencias personales de cada individuo sino del pasado remoto de la existencia
humana.
Conciencia
Las imágenes de la conciencia son las que percibe el yo, los elementos inconscientes no
tienen relación con este. La noción del yo de Jung es más restrictiva que la de Freud, para
él es el centro de la conciencia, pero no el centro de la personalidad. El yo no es la
totalidad de la personalidad, sino que debe ser completado por un sí mismo más
integrado (el centro de la personalidad) que es en gran medida inconsciente.
Inconsciente personal
El inconsciente personal abarca todas las experiencias de un individuo concreto que han
sido reprimidas, olvidadas o percibidas subliminalmente. Contiene recuerdos e impulsos
infantiles reprimidos, sucesos olvidados y experiencias percibidas por debajo del umbral
de la conciencia. Está formado por nuestras experiencias personales y es único para cada
uno de nosotros. Ciertas imágenes del inconsciente personal se pueden recordar
fácilmente, otras son más difíciles y algunas quedan fuera del alcance de la conciencia.
Los contenidos del inconsciente personal se llaman complejos, que es un conglomerado
de ideas asociadas provisto de carga emocional.
Inconsciente colectivo
El inconsciente colectivo tiene su origen en el pasado remoto de la especie, se trata del
concepto más polémico y quizás el más característico de Jung. Los contenidos físicos del
inconsciente colectivo se heredan y pasan de generación en generación en forma de
potencial psíquico. Las experiencias de los antepasados remotos con conceptos
universales como Dios, la madre, el agua, la tierra, etc., se han transmitido a lo largo de
generaciones, de modo que los individuos de todas las latitudes y épocas están influidos
por las experiencias de sus antepasados primitivos. Los contenidos del inconsciente
colectivo son más o menos los mismos para los individuos de todas las culturas.
Los contenidos del inconsciente colectivo no permanecen latentes, sino que están activos
e influyen en los pensamientos, emociones y actos de cada individuo. El inconsciente
colectivo es también el origen de diversos mitos, leyendas y creencias religiosas de la
humanidad. Genera los grandes sueños, sueños con un significado que va más allá del
individuo que sueña y que tienen relevancia para las personas de cualquier época y lugar.
El inconsciente colectivo no hace referencia a ideas heredadas, sino a la tendencia innata
de los humanos a reaccionar de una manera determinada cada vez que sus experiencias
estimulan una reacción que forma parte de la herencia biológica.
Arquetipos
Los arquetipos son imágenes arcaicas que tienen su origen en el inconsciente colectivo.
Se asemejan a los complejos porque son conglomerados de imágenes asociadas
provistos de carga emocional, pero mientras los complejos son componentes del
inconsciente personal, los arquetipos son generales y proceden del inconsciente colectivo.
Los arquetipos como los instintos son inconscientes y ambos pueden contribuir a
determinar la personalidad. Jung definió el instinto como un impulso físico inconsciente al
acto y consideró el arquetipo como la contrapartida física del instinto.
Los sueños son la fuente principal de material arquetípico y ciertos sueños ofrecen lo que
Jung consideró una prueba de la existencia de este. Estos sueños generan motivos que
podrían no haber estado presentes en las experiencias de la persona que los soñó y que
suelen coincidir con los conocidos por los hombres primitivos.
Persona
La persona es una parte necesaria de nuestra personalidad, al no confundir nuestra
faceta pública con nuestro sí mismo. Si nos identificamos demasiado con nuestra
persona, no tendremos conciencia de nuestra individualidad y ello nos impedirá alcanzar
la autorrealización. Es cierto que debemos reconocer el papel de la sociedad en la vida,
pero si nos identificamos en exceso con nuestra persona, perderemos el contacto con
nuestro sí mismo interior y dependeremos demasiado de las expectativas de la sociedad.
Sombra
La sombra, el arquetipo de la oscuridad y la represión, representa las características que
no queremos reconocer e intentamos ocultar a nosotros mismos y a los demás. La
sombra está compuesta por tendencias moralmente inaceptables y una serie de
cualidades constructivas y creativas que nos cuesta reconocer.
Jung sostenía que, para alcanzar el equilibrio psicológico, debemos esforzarnos
continuamente en conocer nuestra sombra y que esta búsqueda es nuestra primera
prueba de valor. Es más fácil proyectar la cara oscura de nuestra personalidad sobre los
demás para ver en ellos la fealdad y maldad que nos negamos a ver en nosotros mismos.
Aceptar la oscuridad dentro de nosotros es conseguir ser conscientes de la sombra, pero
lamentablemente, la mayoría de las personas nunca llegan a ser conscientes de su
sombra y se identifican solo con la parte favorable de su personalidad.
Ánima
Jung afirmaba que todos los humanos son psicológicamente bisexuales y tienen una parte
masculina y una parte femenina. La parte femenina de los hombres surge del inconsciente
colectivo en forma de arquetipo y ofrece una enorme resistencia a la conciencia. Pocos
hombres llegan a conocer bien su ánima porque esta tarea requiere una gran valentía y
es incluso más difícil que ser conscientes de su sombra. Para dominar las proyecciones
del ánima, los hombres deben superar barreras intelectuales, ahondar en los lugares más
recónditos de su inconsciente y percibir la parte femenina de su personalidad. Afirmaba
que el ánima procedía de las primeras experiencias de los hombres con mujeres, madres,
hermanas y amantes, que se combinaban para formar una idea global de la mujer, este
concepto global se insertaba en el inconsciente colectivo de todos ellos en forma del
arquetipo del ánima.
El ánima influye en las emociones del hombre y es la explicación de ciertos estados de
ánimo y sentimientos irracionales, aunque los hombres raramente admiten que su parte
femenina los está hechizando, en lugar de ello ignoran la irracionalidad de los
sentimientos o intentan explicarlos de manera racional y masculina. En todo caso no
admiten que un arquetipo autónomo pueda ser el origen de su estado de ánimo.
Animus
El arquetipo masculino en las mujeres se denomina animus. Mientras el ánima representa
los estados de ánimo y sentimientos irracionales, el animus simboliza el pensamiento y el
razonamiento. Puede influir en el pensamiento de la mujer, pero en realidad no forma
parte de ella, sino del inconsciente colectivo, y surge de los encuentros entre las mujeres
y los hombres prehistóricos. En toda relación entre un hombre y una mujer, esta corre el
riesgo de proyectar las experiencias de sus antepasados remotos con padres, hermanos,
amantes e hijos, sobre el desprevenido hombre. Las experiencias personales con los
hombres, enterradas en su inconsciente personal, influyen en sus relaciones con el sexo
masculino.
Jung afirmaba que el animus origina pensamientos y opiniones en las mujeres del mismo
modo que el ánima genera sentimientos y estados de ánimo en los hombres. El animus
explica el pensamiento irracional y las opiniones ilógicas atribuidas con frecuencia a las
mujeres.