LEYENDO HISTORIA DE LA FILOSOFÍA en bachillerato1 (Tema 5).
La filosofía helenística es la que se da en el llamado
período helenístico. Este período es el que abarca desde la muerte de
Alejandro Magno (323 a. de C.)
hasta el momento en el que los
romanos convierten Macedonia en
una provincia romana en el año
148 antes de Cristo.
CONTEXTO HISTÓRICO:
La pólis griega va perdiendo su independencia y
Atenas deja de disfrutar de la hegemonía comercial,
política y cultural de la época anterior. Las llamadas
monarquías helenísticas suceden a las pequeñas
ciudades-estado y aumentan las diferencias entre
clases sociales. Es una época de gran inestabilidad
política en la que el individuo se siente perdido al
carecer de un marco de referencia que le permita
comprender su mundo.
CARACTERÍSTICAS DE LA FILOSOFÍA DE LA ÉPOCA:
En esta situación nueva surge una filosofía que tiene unos intereses acordes al momento:
→ Un nuevo concepto de hombre: si para Aristóteles el hombre era un “animal político” (zôon
politikón), pues solo es autosuficiente en la ciudad y, por tanto, sólo puede realizarse en ella,
el hundimiento de la pólis en este período traslada el marco de referencia, que pasa a ser
la humanidad y la naturaleza. El propio individuo ahora reclama para sí la autosuficiencia y
la autonomía que antes eran solo privilegio de la ciudad.
→ Los anhelos más importantes del momento son la seguridad personal y la felicidad
individual. La seguridad se busca en una referencia a las leyes inalterables de la Naturaleza, es
decir, del Cosmos. Se elabora una nueva Física y una nueva Ética de carácter naturalista y
cosmopolita.
1Texto de referencia: César Tejedor Campomanes, Historia de la filosofía en su marco cultural, Ediciones SM,
Madrid, 1993
1
→ Se subordina la filosofía y la ciencia a los fines prácticos de la existencia: el sabio no es
solo el que sabe, sino el que sabe vivir. Así, escribe Epicuro2:
<<El estudio de la Naturaleza no hace hombres jactanciosos y charlatanes, ni tampoco
ostentadores de esa cultura por la que se afana la masa, sino personas firmes, independientes y
orgullosos de los bienes de la persona y no de los que nos procuran las cosas>>.
ESCUELAS:
Tanto la Academia platónica como el Liceo aristotélico continúan su actividad en este
período. Pero en estos años florecen otras escuelas como el estoicismo y el epicureísmo.
Entre todas se da una continua interrelación, lo que provoca, por un lado, frecuentes
polémicas y, por otro, influencias mutuas.
El estoicismo es fundado por Zenón de Citio (aproximadamente
334-262 a. C.) que abrió, en el 306, una escuela en Atenas en un lugar llamado
“pórtico pintado”, de donde deriva el nombre de la escuela (Stóa poikilé). El
estoicismo posee notables representantes en la época romana imperial: el
cordobés Séneca (4-65 d. C.), un antiguo esclavo llamado Epicteto (55-135) y un
emperador, Marco Aurelio (121-180).
La filosofía de los estoicos utiliza muchos materiales de los filósofos anteriores
(Heráclito, Platón, Aristóteles…), aunque también contiene muchos elementos
originales. Se trata de una síntesis que origina una nueva doctrina, muy
sistemática y congruente, que tuvo una enorme influencia posterior: en los siglos
XVI y XVII hay en Europa un renacimiento de las doctrinas estoicas, las cuales influyen en
importantes filósofos como Descartes, Kant y Hegel.
La FÍSICA estoica se inspira fundamentalmente en Heráclito y muestra una visión del
mundo como un todo unitario y armonioso, el cual se encuentra regido por la necesidad
inexorable de la ley universal: DETERMINISMO. La Naturaleza se convierte, así, en el
contrapunto a la irracionalidad caótica de la sociedad, así como en un refugio del hombre
angustiado.
2 En Sentencias Vaticanas, 45: Epicuro, Obras completas, traducción de José Vara, Cátedra, Madrid, 2004, p. 102.
2
Las cuatro causas aristotélicas son reducidas a dos únicos principios: un principio pasivo, la
materia, y un principio activo, el Lógos universal. El principio activo es, a la vez, causa
eficiente (pues es como un fuego que todo lo anima) y, también, en cierto sentido, causa
formal (pues es la razón o lógos de todo cuanto acontece y contiene las semillas a partir de
las cuales se desarrollan todas las cosas). Falta, únicamente, la causa final aristotélica.
El principio activo -Razón universal, Fuego activo y “artista”, que todo lo rige y todo lo
penetra- es llamado “Dios”. El Universo es, por tanto, un Todo animado y divino. Y nada
escapa a la ley inmanente que rige el Todo: los acontecimientos están determinados
férreamente por una cadena de causas inexorable. Los estoicos llaman a esa necesidad que
rige el cosmos “Destino” o “Providencia”. Se trata de un orden necesario pero también
racional.
La ÉTICA es la culminación de la doctrina estoica, pues su FÍSICA enseña a conocer la
naturaleza y su LÓGICA (que forma parte de su doctrina) a pensar según el orden necesario de
la naturaleza. La ÉTICA, finalmente, se encarga de enseñarnos a vivir de acuerdo con la
Naturaleza.
El bien moral del hombre consiste en vivir de acuerdo con la Naturaleza total y con la
propia naturaleza (que no es más que una parte de ella). Esto es lo mismo que decir que es
necesario vivir de acuerdo con la razón (la cual nos hace descubrir la Razón universal que
rige el orden de la Naturaleza). O, también: vivir en armonía con el Todo. O, finalmente:
vivir realizando el deber (que no es otra cosa que lo que la razón nos manda hacer). Esta
ética de la razón y del deber tendrá un exponente fundamental en Kant, en el siglo XVIII.
La virtud consiste, pues, en la disposición permanente a vivir de acuerdo con la razón y el
deber. Y para los estoicos la virtud es una sola y no admite grados: quien tiene una virtud las
tiene todas y es virtuoso.
Como la propia naturaleza es la norma de conducta, toda tendencia natural es buena. Pero
la naturaleza humana puede desviarse y, entonces, surge la pasión (páthos), que para
Zenón es “una conmoción del alma contraria a la recta razón y a la Naturaleza”. El también
estoico antiguo Crisipo señaló cuatro pasiones fundamentales: el dolor (ante un mal
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presente), el temor (ante un mal futuro), el placer (ante un bien presente) y el deseo sensual
(ante un bien futuro).
Ante la pasión, el deber obliga al autodominio (apháteia, impasibilidad). Y es que la
pasión es, ante todo, un error del juicio y nace de una falsa opinión. Por eso, la ataraxia
(imperturbabilidad) estoica es, ante todo, serenidad intelectual
Así, surge la figura del sabio (sophós), que es el que vive según la razón y se encuentra libre
de pasiones. Pero es un ideal tan alto que se considera inalcanzable… solo algunas
personas como Sócrates, Antístenes (aproximadamente 444-365 a. C, un discípulo de
Sócrates, fundador de la escuela cínica) o Diógenes (también cínico, fallecido en el 323 a. C.)
se acercaron un poco.
A modo de ilustración podemos leer algunos fragmentos de Epicteto3:
<<De lo que existe, unas cosas dependen de nosotros y otras no. De nosotros dependen juicio,
impulso, deseo, aversión y, en una palabra, cuantas son nuestras propias acciones; mientras
que no dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, honras, puestos de mando y, en una
palabra, todo cuanto no son nuestras propias acciones>>.
<<Lo que turba a los hombres no son los sucesos, sino las opiniones acerca de los sucesos. Por
ejemplo, la muerte no es nada terrible, pues, de serlo, también se lo habría parecido a Sócrates;
sino la opinión de que la muerte es terrible, ¡eso es lo terrible! Cuando, pues, nos hallemos
incómodos o nos turbemos o alejemos, nunca echemos a otro la culpa, sino a nosotros mismos,
esto es, a nuestras propias opiniones. Obra es de quien carece de formación filosófica acusar a
otros de lo que a él le va mal; quien empieza a educarse se acusa a sí mismo; quien ya está
educado, ni a otro ni a sí mismo acusa>>.
<<No pretendas que lo que sucede suceda como quieres, sino quiérelo tal como sucede, y te irá
bien>>.
<<Recuerda que no es el que insulta o el que golpea quien ultraja, sino la opinión que enjuicia
estas acciones como ultrajantes. Por lo tanto, cuando alguien te irrite, sábete que tu juicio te ha
irritado. Así que, en los primeros momentos, no te dejes engañar por la imaginación. Si
aguardas y te contienes, más fácilmente serás dueño de ti mismo>>
3
Epicteto, Enquiridión, traducción de José Manuel García de la Mora, Anthropos, Barcelona, 2004 (selección de
algunos textos).
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El epicureísmo es una filosofía de carácter sistemático, al igual que el
estoicismo, pero también con una intención decididamente práctica:
<<Vano es el discurso de aquel filósofo por quien no es curada ninguna afección del ser
humano. Pues justamente como no asiste a la medicina ninguna utilidad si no busca eliminar
las enfermedades de los cuerpos, igualmente tampoco a la filosofía si no busca
expulsar la afección del alma4>>.
La filosofía es, pues, una medicina para el alma y no se estudia filosofía para
presumir de cultura sino para aprender a ser feliz.
Epicuro de Samos (341- 270 a. C.) funda en Atenas su Escuela en un lugar
llamado “el jardín”, donde admite a discípulos de todas las clases sociales,
incluso mujeres, que conviven en comunidad de amistad y que discuten sobre
filosofía al margen de toda actividad política.
En el año 270 muere Epicuro en medio de grandes sufrimientos. Sin embargo, tiene fuerzas
para escribir a su amigo Idomeneo lo siguiente:
<<Cuando estoy pasando y, a la vez, acabando los felices días de mi vida te escribo las
presentes líneas. Los dolores de estómago y del riñón me asaltan continuamente, pero son
compensados ampliamente por el gozo del alma al recordar nuestras pasadas
conversaciones filosóficas5>>.
Epicuro fue uno de los filósofos más prolíficos de la antigüedad (escribió más
de 50 obras) pero, lamentablemente, se ha perdido casi todo su trabajo
probablemente debido a la incomprensión que rodeó su pensamiento. Apenas
disponemos de fragmentos y del texto de tres cartas conservadas por
Diógenes Laercio.
4 Epicuro, Obras completas, traducción de José Vara, Cátedra, Madrid, 2004, p. 117
(fragmento 221 de Hermann Usener, Epicurea).
5
Epicuro, Ibíd, p. 112.
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La FÍSICA epicúrea es de tipo materialista e inspirada en Demócrito. Y dos son los
principios de esta física: en primer lugar, nada nace de nada; por otro lado, el Todo consiste
en átomos y vacío, y es infinito. Los cuerpos son “sistemas de átomos”. El número de
átomos es infinito y el espacio vacío también lo es, por lo que se afirma que existe un número
igualmente infinito de mundos (iguales al nuestro o diferentes) que nacen y perecen, aunque
el Todo es eterno e imperecedero.
Por otro lado, todo es azar: todo se debe al azar del movimiento de los átomos, por lo que
nada en la Naturaleza sucede con vistas a un fin, lo cual significa que no hay intervención
divina en la constitución de los mundos. El alma, además, es material y mortal: se trata de un
agregado de átomos muy sutiles que se encuentra extendida por todo el cuerpo.
Epicuro afirma con respecto a los dioses que éstos existen y son seres inmortales y
antropomorfos. Viven en los espacios intermundanos y son felices. Pero no intervienen para
nada en el gobierno del mundo.
Estas teorías físicas tienen, en última instancia, una intención polémica y una
orientación ética: Epicuro se propone eliminar los mitos y las supersticiones para
conseguir que el hombre pueda vivir feliz y sin ningún miedo: ni los dioses ni la naturaleza
deben asustarnos. Por otro lado, no hay nada después de la muerte: el alma se disipa con el
cuerpo y no debe sentir temor por los supuestos terrores de ultratumba.
La ÉTICA es, como en el estoicismo, la culminación del sistema. Se trata de una ética
hedonista:
<<Los deseos son unos naturales y otros vanos. De los naturales unos son necesarios y otros
no. Y de los necesarios, unos lo son para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, y
otros para la propia vida. Conociendo bien esta clase de deseos es posible referir toda
elección a la salud del cuerpo y a la serenidad del alma, pues en ello consiste la vida feliz.
Pues todo lo que hacemos lo hacemos por esto, para no sentir dolor ni temor; y una vez lo
hemos conseguido ya no necesitamos de nada más (...).
Por eso decimos que el placer es el principio y el fin del vivir feliz. Pues hemos comprendido
que ése es el bien primero y connatural, y a partir de él hacemos cualquier elección o rechazo,
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y en él concluimos cuando juzgamos acerca del bien, teniendo la sensación como norma o
criterio.
Y como el placer es el bien primero y connatural, no elegimos cualquier placer, sino que a
veces evitamos muchos placeres cuando de ellos se sigue una molestia mayor.
Consideramos que muchos dolores son preferibles a los placeres si, a la larga, se siguen de
ellos mayores placeres. Todo placer es por naturaleza un bien, pero no todo placer ha de ser
aceptado. Y todo dolor es un mal, pero no todo dolor ha de ser evitado siempre. Hay que
obrar con buen cálculo en estas cuestiones, atendiendo a las consecuencias de la acción,
pues a veces podemos servirnos de algo bueno como de un mal, o de algo malo como de un
bien (...).
Así, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a los placeres de los
viciosos -como creen algunos de los que ignoran, no están de acuerdo o no interpretan
correctamente nuestra doctrina- sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni estar perturbado en el
alma.
Pues ni las bebidas ni las juergas continuas ni tampoco los placeres de adolescentes y
mujeres ni los del pescado y restantes manjares que presenta una mesa suntuosa es lo que
origina una vida gozosa, sino un sobrio razonamiento que, por un lado, investiga los
motivos de toda elección o rechazo y, por otro, descarta las falsas opiniones de las que
procede la gran perturbación que se apodera del alma.
El bien más grande es la prudencia, incluso mayor que la filosofía. De ella nacen las demás
virtudes, ya que enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir sensata, honesta y
justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente sin vivir con placer. Las virtudes están
unidas naturalmente al vivir placentero, y la vida placentera es inseparable de ellas6>>.
La felicidad, así, está en los placeres (o goces) del cuerpo, pero estos han de ser naturales,
moderados y en calma; asimismo, es necesario contar con los placeres del alma (como
pueden ser la amistad o los recuerdos placenteros), los cuales pueden ser superiores a los del
cuerpo: los del cuerpo solo afectan al presente mientras que los del alma alcanzan al pasado,
al presente y al futuro. Asimismo, el sabio vive sin temor alguno: la muerte no le aterroriza ni
tampoco los dioses, los fenómenos naturales o los supuestos castigos futuros.
6 Carta de Epicuro a Meneceo, en Epicuro, Obras completas, Ibíd, pp. 89-91 (texto modificado).