Dra.
Noemi Morales Prado
La palabra epidemiología, proviene de los
términos griegos “epi” (encima), “demos”
(pueblo) y “logos” (estudio), etimológicamente
significa el estudio de “lo que está sobre las
poblaciones”. La primera referencia
propiamente médica de un término análogo se
encuentra en Hipócrates (460-385 a.C.), quien
usó las expresiones epidémico y endémico
para referirse a los padecimientos según fueran
o no propios de determinado lugar.
Es el estudio de la frecuencia y distribución
de los eventos de salud y de sus
determinantes en las poblaciones humanas,
y la aplicación de este estudio en la
prevención y control de los problemas de
salud.
a) la descripción de las condiciones de salud
de la población (mediante la caracterización
de la ocurrencia de enfermedades, de las
frecuencias relativas al interior de sus
subgrupos y de sus tendencias generales);
b) la explicación de las causas de enfermedad
poblacional (determinando los factores que la
provocan o influyen en su desarrollo);
c) la predicción del volumen de enfermedades
que ocurrirá, así como su distribución al
interior de los subgrupos de la población, y
d) la prolongación de la vida sana mediante el
control de las enfermedades en la población
afectada y la prevención de nuevos casos
entre la que está en riesgo.
La era de la estadística sanitaria y el paradigma
miasmático:
la enfermedad en la población se atribuye a las emanaciones hediondas
(miasma) de la materia orgánica en agua, aire y suelo; el control de la
enfermedad en la población se concentra en el saneamiento y el drenaje.
La era de la epidemiología de enfermedades infecciosas
y el paradigma microbiano:
los postulados de Koch plantean que la enfermedad en la población se atribuye
a un agente microbiano, único y específico por enfermedad es reproducible y
aislable en condiciones experimentales; el control de la enfermedad en la
población se enfoca a la interrupción de la transmisión o propagación del
agente.
La era de la epidemiología de enfermedades crónicas y
el paradigma de los factores de riesgo:
la enfermedad en la población se atribuye a la interacción producida por la
exposición y/o susceptibilidad de los individuos a múltiples factores de riesgo;
el control de la enfermedad en la población se enfoca a la reducción de los
riesgos individuales de enfermar a través de intervenciones sobre los estilos de
vida.
Las últimas décadas del Siglo XX vieron
desarrollarse a la epidemiología como
disciplina aplicada básica de la salud pública.
En ese contexto surge la definición amplia de
salud propuesta por la Organización Mundial
de la Salud (OMS) como “el estado de
completo bienestar físico, mental y social y
no solo la ausencia de enfermedad” y se
plantean nuevas perspectivas
epidemiológicas sobre la salud poblacional.
Bajo el modelo de Lalonde, los factores condicionantes de la
salud en la población se ubican en cuatro grandes dimensiones
de la realidad, denominadas “campos de la salud”:
La biología humana, que comprende la herencia genética, el
funcionamiento de los sistemas internos complejos y los
procesos de maduración y envejecimiento.
El ambiente, que comprende los medios físico, psicológico y
social.
Los estilos de vida, que comprende la participación laboral, en
actividades recreativas y los patrones de consumo.
La organización de los sistemas de salud, que comprende los
aspectos preventivos, curativos y recuperativos.
El Modelo de los Campos de la Salud puso de
manifiesto, la importancia de considerar una
visión más holística o integral de la salud
pública.
Los múltiples factores que determinan el
estado de salud y la enfermedad en la
población trascienden la esfera individual y se
proyectan al colectivo social.
En la tarea por integrar las dimensiones
biológica, socioeconómica y política al enfoque
epidemiológico, se empieza a reconocer
entonces el surgimiento de un nuevo paradigma:
la ecoepidemiología (Susser y Susser, 1996), que
pone énfasis en la interdependencia de los
individuos con el contexto biológico, físico,
social, económico e histórico en el que viven y,
por lo tanto, establece la necesidad de examinar
múltiples niveles de organización, tanto en el
individuo como fuera de él, para la exploración
de causalidad en epidemiología.
Los factores determinantes de salud y
enfermedad en la población ocurren en todos
los niveles de organización, desde el
microcelular hasta el macroambiental, y no
únicamente en el nivel individual. Además,
los determinantes pueden ser diferentes en
cada nivel y, al mismo tiempo, los distintos
niveles están interrelacionados e influencian
mutuamente la acción de los factores
causales en cada nivel.
El riesgo de infección de un individuo, por
ejemplo, está conectado a la prevalencia de
dicha infección en los grupos humanos que lo
rodean; la prevalencia de drogadicción en un
barrio también influencia el riesgo que tiene
un vecino de usar drogas. Así, la enfermedad
en la población, bajo el paradigma
ecoepidemiológico, se atribuye a la compleja
interacción multinivel de los determinantes
de la salud.
Son todos aquellos factores que ejercen
influencia sobre la salud de las personas y,
actuando e interactuando en diferentes
niveles de organización, determinan el estado
de salud de la población.
Los determinantes de la salud
Traducido y modificado de: Dahlgren & Whitehead, 1991
Factores biológicos y caudal genético.
Factores individuales y preferencias en estilos de
vida.
Influencias comunitarias y soporte social.
Acceso a servicios de atención de salud.
Condiciones de vida y de trabajo.
Condiciones generales socioeconómicas, culturales y
ambientales.
Elabora un cuadro describiendo las
características de los determinantes de la
salud y enfermedad o problemática.
Determinantes de la Características Enfermedad o
salud problemática
Factores biológicos y Cardiovasculares
caudal genético
Vigilar las tendencias de mortalidad, morbilidad y riesgo y
monitorear la efectividad de los servicios de salud.
Identificar determinantes, factores y grupos de riesgo en
la población.
Priorizar problemas de salud en la población.
Proporcionar evidencia para la selección racional de
políticas, intervenciones y servicios de salud, así como
para la asignación eficiente de recursos.
Evaluar medidas de control e intervenciones sanitarias y
respaldar la planificación de los servicios de salud.
Organización Panamericana de la Salud
(2011). Módulos de Principios de
Epidemiología para el Control de
Enfermedades, segunda edición revisada.
Unidad 1: Presentación y marco conceptual,
Washington.
En el pasado, las enfermedades transmisibles
constituían la principal causa de muerte en el
mundo.
Algunos efectos de la industrialización, tales como
el mejoramiento de la nutrición, vivienda, sanidad,
agua potable y drenaje, así como el desarrollo de
antibióticos y vacunas y el establecimiento de
sistemas de vigilancia epidemiológica permitieron
el control relativo de tales enfermedades. Esto,
junto con la menor mortalidad infantil y la
promoción de la salud, ha conducido a un aumento
en la esperanza de vida.
En los países industrializados, esto trajo un
cambio importante en el perfil de mortalidad
en los últimos cien años; actualmente, las
causas más importantes de muerte son las
enfermedades cardiovasculares y neoplasias
malignas, mientras que las enfermedades
transmisibles, como neumonía o influenza,
son responsables de una reducida proporción
de las defunciones.
Los países no industrializados presentan
diferente evolución. En ellos persisten las
enfermedades transmisibles y la desnutrición
como causa de morbilidad y mortalidad,
observándose simultáneamente un
importante aumento de la mortalidad por
enfermedades no transmisibles.
Estos cambios de perfil han tenido efectos
sobre la forma de respuesta de los servicios
de salud. El término ‘epidemia’ se aplica
ahora a una frecuencia no habitual de
cualquier daño a la salud o enfermedad,
transmisible o no.
Se han desarrollado nuevos métodos para el
estudio de enfermedades crónicas, pues las
técnicas para el estudio e investigación de
enfermedades transmisibles, que suelen tener
períodos de latencia mucho más cortos, no
son totalmente aplicables a enfermedades
crónicas.
Por ejemplo, para investigar un brote de
gastroenteritis infecciosa la fuente de
infección se busca en los días previos a la
ocurrencia de la enfermedad. En el caso de
las enfermedades crónicas, la exposición
suele ocurrir desde 10 a 20 años antes. Por
otra parte, la magnitud de los efectos de la
exposición, en el caso de las crónicas, suele
ser pequeña o moderada.
Las enfermedades transmisibles suelen ser
agudas y las no transmisibles suelen ser
crónicas.
Las enfermedades transmisibles tienen un
agente etiológico infeccioso o biológico y las
no transmisibles un agente no biológico. No
obstante, lejos de constituir una frontera
definida, diversos estudios epidemiológicos y
de laboratorio proveen sugestiva evidencia
sobre el posible rol causal de agentes
infecciosos en la patogénesis de ciertas
enfermedades “crónicas”.
Tomado de Reingold AL, 2000.
Es cualquier enfermedad causada por un
agente infeccioso específico o sus productos
tóxicos, que se manifiesta por la transmisión
de este agente o sus productos, de un
reservorio a un huésped susceptible, ya sea
directamente de una persona o animal
infectado, o indirectamente por medio de un
huésped intermediario, de naturaleza vegetal
o animal, de un vector o del medio ambiente
inanimado.
Un hecho relevante en tiempos recientes es la
aparición de enfermedades transmisibles
nuevas o desconocidas y el resurgimiento de
otras que ya estaban o que se creía estaban
controladas. A estas enfermedades
transmisibles se les llama emergentes y
reemergentes
Enfermedad emergente: es una enfermedad
transmisible cuya incidencia en humanos se
ha incrementado en los últimos 25 años del
Siglo XX o que amenaza incrementarse en el
futuro cercano.
Enfermedad reemergente: es una enfermedad
transmisible previamente conocida que
reaparece como problema de salud pública
tras una etapa de significativo descenso de su
incidencia y aparente control.
Tomado y modificado de Lederberg J, 1997
¿Qué variables se deben
considerar poder organizar
las características y
comportamientos de las
enfermedades?
Como se ha definido, la epidemiología
estudia la frecuencia, la distribución y los
determinantes de los eventos de salud en las
poblaciones humanas. Los principios para el
estudio de la distribución de dichos eventos
de salud se refieren al uso de las tres
variables clásicas de la epidemiología:
tiempo, lugar y persona. ¿Cuándo?, ¿dónde? y
¿en quiénes?
Las enfermedades infecciosas suelen ser agudas
y algunas, como la influenza, tienen
estacionalidad (un patrón regular de variación
entre estaciones del año), lo cual permite
anticipar su ocurrencia y adoptar medidas
preventivas.
También es conveniente registrar la ocurrencia
de enfermedad a través de varios años para
describir y predecir sus ciclos (un patrón regular
de variación en períodos mayores a un año), así
como su tendencia secular (su patrón de
variación o comportamiento en el tiempo).
La variable tiempo es de especial relevancia
para la evaluación del impacto de las
intervenciones en salud, en particular para
determinar el momento oportuno para medir
el efecto de la intervención, que puede no ser
inmediato. El análisis numérico y gráfico de la
frecuencia de casos de enfermedad en el
tiempo, antes y después de realizar una
intervención, permitiría evaluar su
efectividad.
La localización geográfica de los problemas de
salud es fundamental para conocer su extensión
y velocidad de diseminación. La unidad
geográfica puede ser el domicilio, la calle, el
barrio, la localidad, el distrito, la provincia, el
estado u otro nivel de agregación geopolítica, y
el lugar también puede ser una jurisdicción de
salud, un hospital, el área de trabajo, el área
rural o urbana, el lugar de nacimiento u otro
espacio de interés. El análisis del lugar en cuanto
a sus características físicas y biológicas permite
generar hipótesis sobre posibles factores de
riesgo y de transmisión.
Las características de las personas, tales como la
edad, el género, el estado nutricional, sus
hábitos y conductas (ocupación y estilos de vida),
y su condición social (ingreso, estado civil,
religión), permiten identificar la distribución de
las enfermedades y posibles grupos y factores de
riesgo. La variación de la ocurrencia de
enfermedad de acuerdo con las características de
las personas puede deberse a diferencias en el
nivel de exposición de la persona a ciertos
factores de riesgo, a su susceptibilidad a los
mismos, o a una combinación de ambos.
En el enfoque epidemiológico no solo
interesa la descripción de los eventos en
salud en tanto a quiénes afecta, dónde y
cuándo, sino que también está orientado a
buscar las explicaciones del porqué suceden
esos eventos. Es el proceso de búsqueda de
la causalidad el que permite estas
aproximaciones, con el fin de orientar las
medidas de intervención adecuadas y la
posterior evaluación de su efectividad.
El enfoque epidemiológico considera que la
enfermedad en la población:
i) no ocurre por azar;
ii) no se distribuye homogéneamente;
iii) tiene factores asociados que para ser causales
cumplen con los siguientes criterios: la
temporalidad (toda causa precede a su efecto), la
fuerza de asociación, la consistencia de la
observación, la especificidad de la causa, el
gradiente biológico (efecto dosis-respuesta) y la
plausibilidad biológica (Hill,1965).
El enfoque epidemiológico también considera
que la enfermedad en la población es un
fenómeno dinámico y su propagación
depende de la interacción entre la exposición
y la susceptibilidad de los individuos y
grupos constituyentes de dicha población a
los factores determinantes de la presencia de
enfermedad; además, considera que toda
causa precede a su efecto (el llamado
principio de determinismo causal).
Etapa Descriptiva: Tiempo, Lugar y Persona
• Tiempo: Estudio de las tendencias de las
enfermedades a lo largo del tiempo (pico estacional,
aumento de casos).
• Lugar: Identificación de la distribución geográfica de
las enfermedades (por ejemplo, más casos en áreas
urbanas que rurales).
• Persona: Descripción de los afectados por variables
demográficas (edad, sexo, ocupación, etnia).
En un brote de gripe, la descripción temporal podría
mostrar un aumento de casos durante los meses de
invierno. El análisis geográfico podría revelar una
mayor prevalencia en ciertas zonas urbanas debido a
la aglomeración de personas. El análisis por persona
podría indicar que los niños menores de 5 años son
los más afectados.
• Verificación de hipótesis: Se plantean teorías sobre
factores de riesgo y se prueba su validez mediante
estudios de cohorte o casos y controles.
• Etapa de conclusión: Analizar los resultados y
determinar si se confirma la hipótesis.
• Estrategia epidemiológica: Basada en los hallazgos,
se desarrolla una estrategia de prevención y control,
como la vacunación o el cambio en comportamientos
de riesgo.
En un estudio sobre la relación entre el tabaquismo y
el cáncer de pulmón, la hipótesis podría ser que
fumar aumenta el riesgo. Un estudio de casos y
controles podría verificar si los fumadores tienen una
mayor incidencia de cáncer de pulmón en
comparación con los no fumadores.
• Presenta un escenario donde ocurre un brote de una
enfermedad infecciosa en una comunidad. Los grupos
deben utilizar el método epidemiológico para:
o Describir la comunidad
o Describir el brote (tiempo, lugar, persona).
o Identificar posibles hipótesis sobre la propagación.
o Diseñar estrategias de control basadas en la
epidemiología descriptiva y analítica. (al menos
tres)
Descripción de un Brote Epidemiológico
1. Identificación del Brote
Se detecta un aumento inusual de casos de gastroenteritis aguda en una comunidad rural del estado de Oaxaca, México. Los reportes
provienen del centro de salud local, donde en una semana se han atendido 85 casos con síntomas de fiebre, vómito y diarrea acuosa
severa, lo que representa un incremento del 300% en comparación con el promedio mensual habitual.
2. Caracterización del Brote
Aplicando el método epidemiológico, se realiza la distribución del brote en términos de tiempo, lugar y persona:
• Tiempo: El brote inició hace 7 días, con un pico de casos al tercer día y un patrón descendente en los últimos dos días.
• Lugar: La mayoría de los casos provienen de tres comunidades cercanas que dependen de la misma fuente de agua potable.
• Persona: El 65% de los casos corresponden a niños menores de 10 años y adultos mayores, lo que sugiere una mayor vulnerabilidad en
estos grupos.
3. Formulación de Hipótesis
Con base en los datos recolectados, se plantean dos hipótesis principales sobre la causa del brote:
• Hipótesis 1: Contaminación del agua potable por Escherichia coli o Vibrio cholerae debido a fallas en el sistema de tratamiento o
contaminación fecal.
• Hipótesis 2: Consumo de alimentos contaminados en un evento comunitario reciente, lo que podría haber facilitado la transmisión del
patógeno.
Para confirmar la hipótesis, se toman muestras de agua, alimentos y heces de los afectados para análisis microbiológicos.
4. Desarrollo de Estrategias de Prevención
Para controlar y prevenir futuros brotes, se implementan las siguientes medidas:
1. Control y tratamiento inmediato
1. Administración de terapia de rehidratación oral y sales de rehidratación en los casos leves.
2. Hospitalización y tratamiento con antibióticos en casos graves.
2. Medidas de contención
1. Cierre temporal de la fuente de agua sospechosa y distribución de agua embotellada.
2. Cloración y desinfección del sistema de agua potable.
3. Inspección de negocios de alimentos y suspensión de actividades en aquellos con deficiencias sanitarias.
3. Educación y promoción de la salud
1. Campañas de higiene de manos y manejo seguro de alimentos.
2. Capacitación a la comunidad sobre la importancia de hervir el agua antes de consumirla.
4. Monitoreo y vigilancia epidemiológica
1. Continuar con la notificación activa de nuevos casos y realizar un seguimiento de los afectados.
2. Implementación de un sistema de vigilancia del agua con pruebas bacteriológicas regulares.
Conclusión
El análisis epidemiológico sugiere que el brote está relacionado con la contaminación del agua potable. La implementación ráp ida de
medidas de control y prevención permite contener la propagación y reducir la morbilidad, mientras que la educación comunitari a y la
vigilancia sanitaria ayudarán a prevenir futuros brotes.
La historia natural de una enfermedad describe el curso de la
enfermedad desde su inicio hasta su resolución (curación,
cronicidad o muerte), sin intervención médica. Se divide en
varias fases:
• Fase pre-patogénica: El organismo está en un estado
saludable, sin exposición a factores de riesgo.
• Fase patogénica: La enfermedad se desarrolla después de la
exposición al agente causal (virus, bacterias, etc.).
• Fase de resolución: El cuerpo puede curarse
espontáneamente, o la enfermedad puede volverse crónica o
terminar en la muerte.
En el caso de la tuberculosis:
• Fase pre-patogénica: La persona está sana, pero puede haber una
exposición a Mycobacterium tuberculosis en un ambiente de alto riesgo.
• Fase patogénica: Después de la exposición, el sistema inmunológico
puede no ser capaz de controlar la bacteria, y la persona desarrolla la
enfermedad pulmonar.
• Fase de resolución: El tratamiento con antibióticos puede eliminar la
bacteria, curando la enfermedad, o la tuberculosis puede volverse crónica y
llevar a la muerte si no se trata adecuadamente.
La historia natural de la enfermedad es el
curso de la enfermedad desde el inicio hasta
su resolución.
El proceso se inicia con la exposición de un
huésped susceptible a un agente causal y
termina con la recuperación, la discapacidad
o la muerte.
En las enfermedades transmisibles, el período de
latencia es el tiempo que transcurre desde la
infección hasta que la persona se vuelve
infecciosa. El período de incubación es el tiempo
que transcurre desde la infección hasta la
presentación de síntomas. En el caso de las
enfermedades no transmisibles la terminología
difiere un poco y se considera que el período de
latencia corresponde al período que transcurre
entre el desarrollo de enfermedad subclínica
hasta la presentación de síntomas (Rothman,
1986).
Con ayuda del esquema
anterior describe la historia de
una enfermedad a tu elección.
Realiza esta actividad en una
hoja de papel bond y presenta
en clase.
2.1. Concepto de Causalidad
La causalidad en epidemiología se refiere a la relación
entre una causa (o conjunto de factores) y el efecto
observado, en este caso, una enfermedad. Es esencial
entender cómo y por qué ocurren las enfermedades para
poder establecer intervenciones eficaces. En
epidemiología, se busca identificar las causas que
contribuyen a la aparición de una enfermedad en una
población, y se distingue entre causas necesarias (aquellas
sin las cuales no se produciría la enfermedad) y causas
suficientes (factores que, si se presentan en un conjunto
adecuado, causarán la enfermedad).
La Triada Epidemiológica
El modelo de Causas Componentes
Tomado de Gordis, 1996.
Los agentes pueden ser infecciosos o no
infecciosos y son necesarios, pero no siempre
suficientes, para causar la enfermedad; los
agentes no infecciosos pueden ser químicos o
físicos. Los factores del huésped son los que
determinan la exposición de un individuo: su
susceptibilidad y capacidad de respuesta y sus
características de edad, grupo étnico,
constitución genética, género, estado
socioeconómico y estilo de vida. Por último, los
factores ambientales engloban al ambiente
social, físico y biológico.
es un modelo de multicausalidad que se aplica a
todo tipo de enfermedades (Rothman, 1981).
Según este modelo, la enfermedad es producida
por un conjunto mínimo de condiciones que actúan
en concierto.
A todas las posibles condiciones o eventos se les
denomina causas componentes (A, B, C, D, E, F,
G, H, I, J). Al conjunto mínimo de condiciones que
actúan en concierto y producen la enfermedad se
le denomina causa suficiente. Así, una causa
suficiente es un conjunto de causas
componentes, ninguna de las cuales es
superflua. Una causa suficiente representa un
mecanismo causal de enfermedad: la enfermedad
se inicia cuando se completa una causa
suficiente.
Fonte de Rothman KJ, 1986.
Una enfermedad puede tener varias causas
suficientes, cada una “suficiente” para producirla.
En la Figura anterior se esquematizan tres causas
suficientes de una misma enfermedad, cada una
de ellas con sus correspondientes causas
componentes. Las causas componentes pueden
jugar un rol en uno, dos o los tres mecanismos
causales. A aquella causa componente cuya
presencia es imprescindible en todos los
mecanismos causales de la enfermedad se le
llama causa necesaria (componente A).
La tuberculosis tendría tres causas suficientes, cada una
de ellas suficiente para producirla, representadas por tres
‘pasteles’. Cada causa suficiente, a su vez, tiene un
conjunto mínimo de 5 factores que la componen, es decir,
sus causas componentes. En esta analogía, el componente
A está presente en cada una de las tres causas suficientes;
por lo tanto, es una causa necesaria para producir la
tuberculosis: corresponde al Mycobacterium tuberculosis,
ya que tiene que estar presente para que ocurra la
enfermedad (pero, como se ilustra en la figura, no basta
para que se produzca la tuberculosis). El componente B
podría ser, por ejemplo, la desnutrición, que no es causa
necesaria para que ocurra tuberculosis, y no se encuentra
en el tercer pastel, ya que puede ocurrir tuberculosis en
ausencia de desnutrición.
Los modelos de causalidad tienen importantes
implicaciones para la prevención de enfermedades.
En términos generales, no es necesario identificar
todos los componentes de una causa suficiente para
poder llevar a cabo una prevención eficaz, ya que la
remoción de uno solo de sus componentes bloquea la
interacción con los demás y previene la ocurrencia
del efecto, es decir, de la enfermedad. No obstante,
la enfermedad en la población puede seguir siendo
producida por la acción de otras causas suficientes.
Se comprende por ello que la única opción para
erradicar una enfermedad es la remoción de su causa
necesaria.
se presenta el modelo tradicional de la historia natural de la
enfermedad y su relación con los niveles de prevención
propuestos por Level y Clark. En esta figura se delimitan
claramente el periodo prepatogénico y patogénico, el primero de
ellos antes de la enfermedad y refleja el momento de la
interacción del agente, el ambiente y el huésped. El periodo
patogénico muestra los cambios que se presentan en el huésped
una vez realizado un estimulo efectivo. El horizonte clínico
marca el momento en el que la enfermedad es aparentemente
clínica. En este modelo se remarca la importancia de las
diferentes medidas de prevención que se pueden llevar a cabo
dependiendo del momento en que se encuentre la enfermedad,
así las actividades de prevención primaria se desarrollan en el
periodo prepatogénico y están encaminadas al fomento a la
salud y a la protección especifica; en la prevención secundaria
las acciones son el diagnóstico precoz, el tratamiento temprano
y la limitación del daño y la prevención terciaria se enfoca en la
rehabilitación
Historia natural de la enfermedad: se refiere a
la evolución de una enfermedad en un
individuo a través del tiempo, en ausencia de
intervención.
También conocida como cadena de infección.
Este esquema busca ordenar los llamados
eslabones que identifican los puntos
principales de la secuencia continua de
interacción entre el agente, el huésped y el
medio.
Un agente es un factor que esta presente para
la ocurrencia de una enfermedad, por lo
general un agente es considerado una causa
necesaria pero no suficiente para la
producción de la enfermedad.
Agente: Es un factor que puede ser un microorganismo,
sustancia química, o forma de radiación cuya presencia
excesiva o relativa es esencial para la ocurrencia de la
enfermedad
Los agentes pueden dividirse en biológicos y
no biológicos; los agentes biológicos son
organismos vivos capaces de producir una
infección o enfermedad en el ser humano y
los animales. Las especies que ocasionan
enfermedad humana se denominan
patógenas.
Dentro de los agentes no biológicos se
encuentran los químicos y físicos.
Las propiedades intrínsecas de los
microorganismos son la composición química y la
morfología (tamaño, forma y estructura).
Una característica de los agentes microbianos
relacionada con el huésped es la habilidad de
inducir inmunidad específica, que también se
denomina antigenicidad o inmunogenicidad. Los
agentes pueden diferir en cuanto a la cantidad de
antígeno producido durante la infección.
El virus de la influenza, que se multiplica
solamente en las células epiteliales que
recubren el árbol tráqueo-bronquial, en
comparación con los virus del sarampión y de
la fiebre amarilla, que se diseminan a través
del torrente sanguíneo, multiplicándose en
numerosos sitios en todo el cuerpo.
La inmunidad es mucho más efectiva y más
duradera en el caso de estos últimos.
Otra característica es su vulnerabilidad al
ambiente, a las sustancias químicas y agentes
físicos y terapéuticos
Las poblaciones (cepas) de especies
microbianas están sujetas a cambios
impredecibles lo que lleva a la selección
natural de formas (sea por mutación o por
cambios en los equilibrios de la población
microbiana) que son capaces de sobrevivir y
las cuales a menudo resultan en cepas
resistentes a los medicamentos.
El gonococo nos da el ejemplo más marcado de
tal cambio. Este agente era uniformemente
susceptible a las sulfonamidas cuando estas
fueron descubiertas a finales del decenio de
1930. En poco más de un año, después de que
estas drogas fueron ampliamente distribuidas,
casi todas las cepas de gonococo se tornaron
resistentes, situación agravada posteriormente al
aumentar las cepas resistentes a penicilina, la
droga de elección en varios países, lo que ha
significado un complejo problema para el control
de esa enfermedad.
El caso del bacilo tuberculoso es
potencialmente más grave. El tratamiento
irregular de la tuberculosis con
estreptomicina, isoniacida y otras drogas
lleva comúnmente a la evolución de cepas
permanentemente resistentes.
Huésped: es una persona o animal vivo, incluyendo las aves y los
artrópodos, que en circunstancias naturales permite la
subsistencia o el alojamiento de un agente infeccioso.
La entrada del agente, biológico o no biológico, en
el huésped inicia el proceso de infección o el
período de latencia en las enfermedades no
transmisibles.
Infección: es la entrada y desarrollo o multiplicación de un
agente infeccioso en el organismo de una persona o animal.
La sola presencia de agentes infecciosos vivos en
las superficies del cuerpo o en prendas de vestir,
juguetes, u otros objetos inanimados o sustancias
como agua, leche o alimentos, no constituye
infección sino contaminación de tales superficies.
El desarrollo sobre el cuerpo de agentes patógenos
(ejem. piojos) se llama infestación.
Infectividad: es la capacidad del agente infeccioso de
poder alojarse y multiplicarse dentro de un huésped.
El sarampión y la varicela son ejemplos de
máxima infectividad; las paperas y la rubéola, de
infectividad intermedia; y la lepra, de infectividad
relativamente baja. La infección por el virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH) y el virus de la
hepatitis B (VHB) ofrecen otro ejemplo de grados
diferentes de infectividad. Si una persona
susceptible se expone al VIH al pincharse con
una aguja contaminada, su probabilidad de
infección es alrededor de 4 en 1.000; si se
expone de esa manera al VHB su probabilidad es
más alta, de 1 en 7.
Patogenicidad: es la capacidad de un agente infeccioso de
producir enfermedad en personas infectadas.
La capacidad de producir enfermedad
depende de una variedad de factores, tales
como la rapidez y grado de daño tisular
causado por la multiplicación del agente y el
hecho de que este produzca una toxina
específica como lo hacen los bacilos de la
fiebre tifoidea y del tétanos.
Sin embargo, cualquiera que sea el mecanismo
para la producción de enfermedad, la medida de la
patogenicidad es simplemente la proporción de
sujetos infectados que desarrollan la enfermedad.
Similar a la infectividad, también se pueden
establecer grados de patogenicidad
Los agentes de la rabia, SIDA y varicela son
altamente patógenos, en el sentido de que
prácticamente cada infección en un individuo
susceptible resulta en enfermedad. Los rinovirus
(catarro común) ocupan también un lugar alto en
la escala, ya que cerca del 80% de las infecciones
producen enfermedad. Las paperas y la rubéola
caen en un lugar intermedio, con 40 a 60% de las
infecciones dando manifestaciones clínicas
características. En el nivel inferior de
patogenicidad se encuentra el poliovirus con una
baja proporción de enfermos a partir de los
infectados, más del 90% de los infectados con el
poliovirus son asintomáticos.
No todas las personas igualmente expuestas a un
agente infeccioso son infectadas.
Infección inaparente: es la presencia de un agente
infeccioso en un huésped sin que aparezcan signos o
síntomas clínicos manifiestos. Sólo pueden identificarse
por métodos de laboratorio o por la manifestación de
reactividad positiva a pruebas cutáneas específicas
(sinónimo: infección subclínica, asintomática u oculta).
La magnitud e intensidad de una infección
aparente se mide en términos de su morbilidad y
letalidad.
En el espectro de una enfermedad infecciosa según su
historia natural la gravedad puede ser representada en forma
esquemática como sigue:
La medida de la virulencia es el número de casos
graves y fatales en proporción al número total de
casos aparentes.
Virulencia: es la capacidad del agente infeccioso de producir casos
graves y fatales.
La letalidad es una característica frecuentemente
empleada para describir la gravedad de una
epidemia. La medida de la letalidad es el número
de casos fatales en proporción al número total de
casos diagnosticados en el mismo periodo.
La diferencia entre patogenicidad, virulencia y letalidad
puede ser entendida por medio del esquema de
espectro de gravedad de la enfermedad infecciosa:
Resuelve el cuestionario
Los gérmenes, patógenos o no, habitan, se multiplican y se
mantienen en nichos naturales específicos. El hábitat normal
en que vive, se multiplica y/o crece un agente infeccioso, se
denomina reservorio.
Reservorio de agentes infecciosos: es cualquier ser humano, animal,
artrópodo, planta, suelo o materia inanimada, donde normalmente vive
y se multiplica un agente infeccioso y del cual depende para su
supervivencia, reproduciéndose de manera que pueda ser transmitido a
un huésped susceptible.
Reservorios humanos: principal de enfermedades como las de
transmisión sexual, lepra, tos ferina, sarampión y fiebre tifoidea es el
ser humano.
Reservorios extra-humanos: Los animales pueden ser infectados y a la
vez servir como reservorio para varias enfermedades del ser humano.
Son ejemplos de ello la brucelosis, la leptospirosis, la peste, la
psitacosis, la rabia y el tétanos.
También es importante identificar los reservorios
animales y siempre que sea posible, adoptar
medidas de protección de las especies,
particularmente los animales domésticos
susceptibles. Medidas como la vacunación
antirrábica canina y la antiencefalítica equina
indirectamente protegen también al ser humano.
Zoonosis: es una infección o enfermedad infecciosa transmisible que en
condiciones naturales, ocurre entre los animales vertebrados y el
hombre.
Hay algunos microorganismos capaces de adoptar
formas esporuladas o simplemente de resistir las
condiciones adversas del ambiente. El bacilo de
Koch (tuberculosis humana) es capaz de resistir
meses en el polvo de una habitación. La espora del
bacilo carbuncoso o del bacilo tetánico pueden
resistir por años en el suelo.
Fuente de infección: es la persona, animal, objeto o sustancia desde
donde el agente infeccioso pasa a un huésped.
El ser humano actúa como fuente de
infección a partir de casos clínicos agudos y a
partir de portadores.
Portador: es un individuo (o animal) infectado, que alberga un agente
infeccioso específico de una enfermedad, sin presentar síntomas o
signos clínicos de esta y constituye fuente potencial de infección para el
ser humano.
El estado de portador puede ocurrir en un
individuo de diversas maneras: portador
asintomático (o sano), durante el curso de una
infección subclínica; portador en incubación,
durante el período de incubación; y portador
convaleciente, en la fase de convalecencia y de
post-convalecencia de las infecciones que se
manifiestan clínicamente. En todos los casos el
estado de portador puede ser breve (portador
transitorio o temporal) o prolongado (portador
crónico).
En la mayoría de las enfermedades
infecciosas existe la posibilidad de
transmisión durante el período de incubación,
principalmente en el período inmediato antes
de presentar los síntomas y signos que
permiten hacer el diagnóstico.
Período de incubación: es el intervalo de tiempo que transcurre entre la
exposición a un agente infeccioso y la aparición del primer signo o
síntoma de la enfermedad.
La transmisión de una enfermedad, por tanto, puede empezar
antes de que se evidencie en la persona o animal, pero
también puede seguir por algún tiempo después de la
recuperación clínica del enfermo. Cuando el tratamiento no es
adecuado, el período de transmisión puede prolongarse,
como ocurre en casos de salmonelosis que no son tratados
adecuadamente.
El inicio del período de transmisibilidad o infeccioso marca el
final del período de latencia.
Período de latencia: es el intervalo de tiempo que transcurre desde que
se produce la infección hasta que la persona se vuelve infecciosa.
Período de transmisibilidad o infeccioso: es el intervalo de tiempo
durante el cual el agente infeccioso puede ser transferido directa o
indirectamente de una persona infectada a otra persona, de un animal
infectado al ser humano o de un ser humano infectado a un animal,
inclusive artrópodos.
El modo de transmisión es la forma en que el
agente infeccioso se transmite del reservorio al
huésped.
Los principales mecanismos son los siguientes:
Transmisión directa: Se da de persona a persona.
Transmisión indirecta:
a) Mediante vehículos de transmisión o fómites
b) Por intermedio de un vector
Vector: un insecto o cualquier portador vivo que transporta un agente infeccioso
desde un individuo o sus desechos, hasta un individuo susceptible, su comida o
su ambiente inmediato.
c) A través del aire
El camino por el cual un agente infeccioso sale de su huésped es en general
denominado como puerta de salida. Las principales son:
Respiratorias: las enfermedades que utilizan esta puerta de salida son las de
mayor difusión y las más difíciles de controlar (tuberculosis, influenza,
sarampión, etc.)
Genitourinarias: propias de la sífilis, SIDA, gonorrea otras enfermedades de
transmisión sexual, leptospirosis.
Digestivas: propias de la tifoidea, hepatitis A y E, cólera, amebiasis.
Piel: a través de contacto directo con lesiones superficiales, como en la
varicela, herpes zoster y sífilis. Por picaduras, mordeduras, perforación por
aguja u otro mecanismo que conlleve contacto con sangre infectada, como
en la sífilis, enfermedad de Chagas, malaria, leishmaniasis, fiebre amarilla,
hepatitis B, etc.
Placentaria: en general la placenta es una barrera efectiva de protección del
feto contra infecciones de la madre; sin embargo, no es totalmente efectiva
para algunos agentes infecciosos como los de la sífilis, rubéola,
toxoplasmosis, SIDA y enfermedad de Chagas.
Las puertas de entrada de un germen en el
nuevo huésped son básicamente las mismas
empleadas para su salida del huésped previo.
Se define al huésped u hospedero como un
individuo o animal vivo, que en circunstancias
naturales permite la subsistencia o el alojamiento
de un agente infeccioso. Para que se produzca en
el individuo una enfermedad infecciosa específica,
deben reunirse una serie de aspectos estructurales
y funcionales del propio individuo.
La piel intacta y las membranas mucosas proveen
al cuerpo de una cubierta impermeable a muchos
parásitos vivos y agentes químicos. Las
membranas mucosas son más fácilmente
penetrables que la piel intacta, y sirven a menudo
de puerta de entrada a varios agentes patógenos.
Los reflejos como la tos y el estornudo, por
ejemplo, representan un esfuerzo para limpiar
las vías respiratorias de sustancias dañinas. Las
secreciones mucosas, como las lágrimas y la
saliva, tienen una acción limpiadora simple y
pueden también contener anticuerpos específicos
contra microbios patógenos.
Otros mecanismos de defensa son las
secreciones gástricas (acidez gástrica), el
peristaltismo y los anticuerpos inespecíficos.
Un germen que penetra la cubierta protectora
del cuerpo se enfrenta a una variedad de
mecanismos de defensa inmunológica, tanto
de tipo celular (linfocitos T, macrófagos y
otras células presentadoras de antígenos)
como de tipo humoral (linfocitos B,
anticuerpos y otras sustancias).
En el ámbito de las enfermedades transmisibles, las
consecuencias de la interacción entre el huésped y el agente
son extremadamente variables y es importante considerar,
además de lo señalado, otras características del huésped que
contribuyen a esta gran variabilidad. Entre ellas, la
susceptibilidad y la resistencia son de especial relevancia.
Susceptible: es cualquier persona o animal que no posee suficiente
resistencia contra un agente patógeno determinado que le proteja
contra la enfermedad si llega a estar en contacto con ese agente.
La susceptibilidad del huésped depende de
factores genéticos, de factores generales de
resistencia a las enfermedades y de las
condiciones de inmunidad específica para
cada enfermedad.
Resistencia: es el conjunto de mecanismos corporales que sirven de
defensa contra la invasión o multiplicación de agentes infecciosos, o
contra los efectos nocivos de sus productos tóxicos.
La inmunidad. La persona inmune posee anticuerpos protectores
específicos y/o inmunidad celular, como consecuencia de una
infección o inmunización anterior. Así, ella puede estar
preparada para responder eficazmente a la enfermedad
produciendo anticuerpos suficientes.
Una clasificación muy utilizada de la inmunidad señala
dos tipos de inmunidad:
La inmunidad pasiva, de corta duración (de algunos días a varios
meses), se obtiene naturalmente por transmisión materna (a través de
la placenta) o artificialmente por inoculación de anticuerpos protectores
específicos (suero de convaleciente o de persona inmune o
seroglobulina inmune humana, suero antitetánico, suero antidiftérico,
gamma globulina, etc.).
La inmunidad activa, que suele durar años, se adquiere
naturalmente como consecuencia de una infección, clínica o
subclínica, o artificialmente por inoculación de fracciones o
productos de un agente infeccioso, o del mismo agente, muerto,
atenuado o recombinado a partir de técnicas de ingeniería
genética.