HORA SANTA 13 de Marzo 2025
TIEMPO DE CUARESMA
Sacerdote o Diácono saluda, se dirige brevemente a la Comunidad, pone el
viril en la Custodia, ora y luego toma asiento.
AUDIO: -Canto al Espíritu Santo
AUDIO: -Canto Penitencia (con letra referente a tiempo de Cuaresma)
I.- Estaciones:
(A) Al comienzo de nuestro camino Cuaresmal, el Señor sale a nuestro
encuentro para mostrar que Él ha vencido a la tentación y al demonio
introduciéndonos en la fuente de la misericordia divina que purifica nuestros
corazones.
Iniciemos esta Adoración Eucarística invocando a Cristo, Palabra de Dios
encarnada y respondiendo: Te Adoramos Señor
R./Te Adoramos Señor
--Verdadero Dios y verdadero hombre, realmente presente en este Santo
Sacramento.
R./Te Adoramos Señor
--Salvador nuestro, Dios con nosotros, fiel y rico en misericordia.
R./Te Adoramos Señor
--Rey y Señor de la Creación y de la historia.
R./Te Adoramos Señor
--Vencedor del pecado y de la muerte.
R./Te Adoramos Señor
--Amigo del hombre, resucitado y vivo a la derecha del Padre.
R./Te Adoramos Señor
Respondamos ahora: R./ Creemos en ti Señor
--Hijo unigénito del Padre, que bajaste del cielo por nuestra salvación.
R./ Creemos en ti Señor
--Médico celestial, que te inclinas ante nuestra miseria.
R./ Creemos en ti Señor
--Cordero inmolado, que te ofreces para rescatarnos del mal.
R./ Creemos en ti Señor
--Buen Pastor, que das la vida por el rebaño que amas.
R./ Creemos en ti Señor
--Pan vivo y medicina de inmortalidad, que nos das la Vida eterna.
R./ Creemos en ti Señor
(B) Respondamos: R./ Líbranos Señor
--Del poder de Satanás y de las seducciones del mundo.
R./ Líbranos Señor
--Del orgullo y de la presunción de poder prescindir de ti.
R./ Líbranos Señor
--De los engaños del miedo y de la angustia,
R./ Líbranos Señor
--De la incredulidad y de la desesperación,
R./ Líbranos Señor
--De la dureza de corazón y de la incapacidad de amar,
R./ Líbranos Señor
Respondamos: R./ Sálvanos Señor
--De todos los males que afligen a la humanidad.
R./ Sálvanos, Señor
--Del hambre, de la escasez y del egoísmo.
R./ Sálvanos, Señor
--De las enfermedades, de las epidemias y del miedo del hermano.
R./ Sálvanos, Señor
--De la locura devastadora, de los intereses despiadados y de la violencia.
R./ Sálvanos, Señor
--De los engaños, de la información maligna y de la manipulación de las
conciencias. R./ Sálvanos, Señor
(Letanías de Súplica que rezó el Papa Francisco la tarde del viernes 27 de marzo de 2020, durante el
momento extraordinario de oración contra la pandemia en el atrio de la Basílica de San Pedro )
(A) Señor, Padre Santo, que en Jesucristo tu Hijo, presente realmente en la
Eucaristía, nos das el testimonio más grande de la fidelidad de tu amor, te
rogamos nos concedas en esta cuaresma, que la escucha atenta de tu Palabra
ilumine nuestras vidas para descubrir y vencer las tentaciones del maligno
enemigo. Que podamos superar nuestros miedos, sobrellevar con paz los
momentos de dolor y perseverar como hijos tuyos dando testimonio de tu amor.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
AUDIO: CANTO DE ADORACION
(Música instrumental muy baja que no compita con la voz)
II. (C) Del Santo Padre Francisco
La Cuaresma es el tiempo favorable para volver a lo esencial, para
despojarnos de lo que nos pesa, para reconciliarnos con Dios, para reavivar
el fuego del Espíritu Santo que habita escondido entre las cenizas de nuestra
frágil humanidad. Volver a lo esencial..que es el Señor.
El rito de la ceniza nos introduce en este camino de regreso, nos invita a
volver a lo que realmente somos y a volver a Dios y a los hermanos.
Volver a lo que realmente somos
La ceniza nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos, nos reconduce
a la verdad fundamental de la vida: sólo el Señor es Dios y nosotros somos
obra de sus manos. Esta es nuestra verdad. Él es el Creador, mientras
nosotros somos frágil arcilla que se moldea en sus manos. Nosotros venimos
de la tierra y necesitamos del Cielo, de Él. Con Dios resurgiremos de
nuestras cenizas, pero sin Él somos polvo. Y mientras inclinamos la cabeza,
con humildad, para recibir las cenizas, traigamos a la memoria del corazón
esta verdad: somos del Señor, le pertenecemos. Él, en verdad, «modeló al
hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida» (Gn 2,7), es
decir, existimos porque Él ha exhalado el aliento de la vida en nosotros. Y,
como Padre tierno y misericordioso, Él también vive la Cuaresma, porque
nos desea, nos espera, aguarda nuestro regreso. Y siempre nos anima a no
desesperar, incluso cuando caemos en el polvo de nuestra fragilidad y de
nuestro pecado, porque «Él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien
que no somos más que polvo» (Sal 103,14). (…)
La Cuaresma es por tanto el tiempo para que recordemos quién es el
Creador y quién la criatura; para desnudarnos de la pretensión de bastarnos
a nosotros mismos y del afán de ponernos en el centro, de ser los primeros
en todo, de pensar que sólo con nuestras capacidades podemos ser
protagonistas de la vida y trasformar el mundo que nos rodea. Cuántas
distracciones y superficialidades nos apartan de lo que es importante. Es el
tiempo favorable para convertirnos, para cambiar la mirada antes que nada
sobre nosotros mismos, para vernos por dentro. (…)
Volver a Dios y a los hermanos.
Pero hay también un segundo paso: la ceniza nos invita a volver a Dios y a
los hermanos. La Cuaresma es el tiempo favorable para reavivar nuestras
relaciones con Dios y con los demás; para abrirnos en el silencio a la oración
y a salir del baluarte de nuestro yo cerrado; para romper las cadenas del
individualismo y del aislamiento y redescubrir, a través del encuentro y la
escucha, quién es el que camina a nuestro lado cada día, y volver a aprender
a amarlo como hermano o hermana.
Pero… ¿cómo realizar todo esto? Para completar este camino —volver a lo
que realmente somos y volver a Dios y a los demás— se nos invita a recorrer
tres grandes vías: la limosna, la oración y el ayuno.
(…) Y no se trata de ritos exteriores, sino de gestos que deben expresar una
renovación del corazón. Recordemos que en la vida personal, como en la
vida de la Iglesia, lo que cuenta no es lo exterior, los juicios humanos y el
aprecio del mundo; sino sólo la mirada de Dios, que lee el amor y la verdad.
Si nos ponemos humildemente bajo su mirada, entonces la limosna, la
oración y el ayuno no se quedan en gestos exteriores, sino que expresan
quiénes somos verdaderamente: hijos de Dios y hermanos entre nosotros.
La limosna, manifestará nuestra compasión con quien está necesitado, nos
ayudará a volver a los demás; la oración dará voz a nuestro íntimo deseo de
encontrar al Padre, haciéndonos volver a Él; el ayuno será una gimnasia
espiritual para renunciar con alegría a lo que es superfluo y nos sobrecarga,
para ser interiormente más libres y volver a lo que realmente somos.
Encuentro con el Padre, libertad interior, compasión.
Hermanos y hermanas, no desperdiciemos la gracia de este tiempo santo.
Respondamos con generosidad a las llamadas fuertes de la Cuaresma. Y al
final del trayecto encontraremos con más alegría al Señor de la vida; lo
encontraremos a Él, al único que nos hará resurgir de nuestras cenizas.
AUDIO: CANTO
(Música instrumental muy baja que no compita con la voz)
III.- (D) Lectura del santo evangelio según San Mateo (7, 7-12)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo
el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide
pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis
dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los
cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo
vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».
Es Palabra de Dios R./ Te Alabamos Señor
Salmo Responsorial (137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8 )
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.
Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.
AUDIO: Música instrumental (1 min)
(A) La revolución de la bondad
La cuaresma es un tiempo largo de preparación para el misterio pascual, que
es el centro de nuestra fe. No es fácil comprender el misterio de la entrega de
Jesús, que muere por nosotros y resucita. Se escucha tantas veces hoy: “…A
mí no me da la fe para tanto”. Es que hemos alejado la fe de la vida, como si
discurrieran por mundos paralelos. El evangelio que hemos escuchado nos
introduce a Dios en casa, en el discurrir del día a día, como un padre con sus
hijos. Pide, busca, llama, porque tu Padre te escucha y te dará lo mejor que
tenga para ti.
Es cuestión de adentrarse en la experiencia de ser hijo, hija amada de Dios, y
vivir esa relación. Desde ahí es posible hacer un camino de oración donde
aprendemos que rezar no es pedir lo que quiero que Dios haga sino escuchar
lo que Dios quiere de mí cada momento.
Quizás muchos de nosotros compartimos esa experiencia común de estar
rezando o haber rezado por una persona, por una intención o por una causa
santa y buena, que no sale como nosotros queríamos. O que simplemente no
sale: ese familiar que sigue estando lejos de Dios, ese examen médico que
nos da un resultado desalentador, esa legislación que no responde a la
dignidad humana.
La frustración, la sensación de impotencia, la duda ante la aparente quietud
de Dios se agranda cuando escuchamos el eco de esas palabras de Jesús:
“Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá”.
Pero entonces, ¿Qué está sucediendo? ¿No nos pasa que hemos pedido
muchas cosas que no se nos han dado? ¿No hemos sentido todos que
tocamos a la puerta de Dios, y parece como si el timbre no funcionara?
Esa perplejidad nuestra es comprensible, pero justamente por eso es
importante que vayamos más allá de nuestra perspectiva: es fundamental que
en la oración adquiramos poco a poco, con la ayuda del Espíritu Santo, el
punto de vista de Dios. De ese modo, nos daremos cuenta de que,
paradójicamente, cuando el Señor se hace esperar, es porque quiere
prepararnos para recibir mejor sus dones.
Nos lo explica san Agustín: “Nuestro Dios y Señor no pretende que le
descubramos nuestros deseos, pues él ciertamente no puede desconocerlos,
sino que pretende que, por la oración, se acreciente nuestra capacidad de
desear, para que así nos hagamos más capaces de recibir los dones que nos
prepara. Sus dones, en efecto, son muy grandes y nuestra capacidad de
recibir es pequeña e insignificante”.
Así, esa espera perseverante que es la oración de petición ayuda a las
personas o intenciones por las que rezamos, pero también redunda en
beneficio nuestro. El Señor es Padre, y por eso nos dará mucho más de
aquello a lo que nosotros aspiramos.
Pero es bueno no perder de vista las palabras finales de Jesús en este
pasaje: “todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo
también vosotros con ellos”. La revolución de la bondad es esa,
precisamente. Hacer todo el bien que pueda, tanto como aquello que desearía
para mí mismo y para los míos. Ahí se nos concederá lo que pedimos,
encontraremos lo que buscamos y se nos abrirán las puertas a las que
llamamos. Porque, no pido, busco ni llamo para mí, egoístamente, sino como
hija, como hijo, como hermana, como hermano.
AUDIO: CANTO
(Música instrumental muy baja que no compita con la voz)
IV.- (B) En esta santa Cuaresma te hacemos una súplica Señor: avanzar en la
inteligencia de tu Misterio Divino y vivirlo en su plenitud. Ayúdanos a trabajar en
nuestro proceso de conversión y a recorrer un camino de renovación de nuestra
existencia, desde Ti y hacia Ti.
Respondamos Hermanos: R./ Consuélanos Señor
--Mira a tu Iglesia que atraviesa el desierto.
R./ Consuélanos, Señor
--Mira a la humanidad, aterrorizada por el miedo y la angustia generada por las
guerras.
R./ Consuélanos, Señor
--Mira a los enfermos y moribundos, oprimidos por la soledad.
R./ Consuélanos, Señor
--Mira a los malos políticos que conducen a destinos de pobreza y miseria a los
pueblos que gobiernan.
R./ Consuélanos, Señor
(C) Respondamos: R./ Danos tu Espíritu Señor
--En la hora de la prueba y de la desorientación.
R./ Danos tu Espíritu, Señor
--En la tentación y en la fragilidad.
R./ Danos tu Espíritu, Señor
--En el combate contra el mal y el pecado.
R./ Danos tu Espíritu, Señor
--En la búsqueda del verdadero bien y de la verdadera alegría.
R./ Danos tu Espíritu, Señor
--En la decisión de permanecer en Ti y en tu amistad.
R./ Danos tu Espíritu, Señor
(A) Respondamos: R./ Ábrenos a la Esperanza Señor
--Si el pecado nos oprime,
R./ Ábrenos a la esperanza, Señor
--Si el odio nos cierra el corazón,
R./ Ábrenos a la esperanza, Señor
--Si el dolor nos visita,
R./ Ábrenos a la esperanza, Señor
--Si la indiferencia nos angustia,
R./ Ábrenos a la esperanza, Señor
--Si la muerte nos aplasta,
R./ Ábrenos a la esperanza, Señor
AUDIO: CANTO
(Música instrumental muy baja que no compita con la voz)
V.- (A)Extracto Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma
2025: “Caminemos juntos en la esperanza”
Queridos hermanos y hermanas:
En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo
ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la
esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de
Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.
Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de
esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra
prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la
esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su
pueblo y siempre le permanece fiel.
Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos
somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse:
¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo
y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco
caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad?
En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia
es caminar juntos, ser sinodales Los cristianos están llamados a hacer
camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa
a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca
a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de
unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa
caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o
hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos
en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los
otros con amor y paciencia.
En esta Cuaresma, preguntémonos ante el Señor si somos capaces de
trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio
del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos,
hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si
hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos.
Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.
En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una
promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del
Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la
victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica
Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa
certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni
presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna
podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor
nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha
resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en
victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la
resurrección de Cristo.
Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la
de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos
preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me
comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la
ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me
ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso
por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de
manera que nadie quede atrás?
Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos
protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el
ancla del alma”, segura y firme. En ella la Iglesia suplica para que «todos se
salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su
esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no
sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa
con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve
largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3)
AUDIO: Canto Acompaña al Padre hacia el Altar
EL PADRE TERMINA HACE LAS ULTIMAS ORACIONES DE
ADORACIÓN Y ACCION DE GRACIAS.