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Espejo

En un pueblo envuelto en niebla, una joven fotógrafa llamada Lucía investiga un espejo maldito en una mansión abandonada que distorsiona la realidad. Al mirarse en el espejo, Lucía observa un reflejo que actúa de manera independiente y la lleva a una experiencia aterradora. Después de escapar, descubre que su cámara solo capturó una imagen inquietante de ella sonriendo, lo que la deja con la sensación de ser observada desde el espejo.

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Espejo

En un pueblo envuelto en niebla, una joven fotógrafa llamada Lucía investiga un espejo maldito en una mansión abandonada que distorsiona la realidad. Al mirarse en el espejo, Lucía observa un reflejo que actúa de manera independiente y la lleva a una experiencia aterradora. Después de escapar, descubre que su cámara solo capturó una imagen inquietante de ella sonriendo, lo que la deja con la sensación de ser observada desde el espejo.

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El Espejo Maldito

En un pequeño pueblo rodeado de montañas y envuelto en niebla la mayor parte del año, había una
mansión abandonada que nadie se atrevía a visitar. Se decía que dentro de sus muros polvorientos y
cubiertos de enredaderas había un objeto maldito: un espejo antiguo que reflejaba algo más que la
realidad.

Las historias contaban que cualquiera que se mirara en aquel espejo vería una versión distorsionada de
sí mismo, pero lo más aterrador era que, a veces, el reflejo se movía por sí solo.

Lucía, una joven fotógrafa apasionada por lo paranormal, escuchó los rumores sobre el espejo y decidió
investigar. Su curiosidad siempre había sido más fuerte que su miedo. Armándose con una linterna y su
cámara, se dirigió a la mansión una noche de luna llena.

Al cruzar la entrada, el aire se volvió pesado. Los muebles cubiertos con sábanas blancas parecían
fantasmas inmóviles, y el suelo crujía bajo sus pasos. Siguiendo las indicaciones de los ancianos del
pueblo, llegó a una gran habitación en el segundo piso. Allí, cubierto de polvo y telarañas, estaba el
famoso espejo.

Era un objeto imponente, con un marco de madera oscura tallado con símbolos extraños. A pesar del
abandono de la casa, el cristal estaba intacto, reflejando la tenue luz de su linterna con claridad
inquietante.

Lucía se paró frente a él y observó su reflejo. Al principio, todo parecía normal, pero de repente notó
algo extraño: su reflejo sonreía, aunque ella no lo estaba haciendo.

Un escalofrío recorrió su espalda. Dio un paso atrás, pero su reflejo no la imitó. En cambio, levantó una
mano y señaló algo detrás de ella.

Lucía se giró rápidamente, pero la habitación estaba vacía. Volvió a mirar el espejo con el corazón
latiéndole en el pecho. Su reflejo ya no estaba. En su lugar, el vidrio mostraba una escena diferente: una
versión de la misma habitación, pero más oscura, con paredes ennegrecidas y sombras que se movían
solas.
Sintió que algo la observaba desde el otro lado. De pronto, unas manos pálidas aparecieron en el borde
del espejo, como si alguien estuviera tratando de salir. Lucía gritó y retrocedió, pero el espejo comenzó a
temblar, y una grieta se formó en su superficie.

La habitación se llenó de un susurro espeluznante:

—Déjame salir…

Lucía corrió sin mirar atrás. Bajó las escaleras tropezando y salió de la mansión, sintiendo que algo
invisible la perseguía. Solo cuando llegó a su casa y cerró la puerta con llave, pudo respirar aliviada.

A la mañana siguiente, revisó su cámara, esperando encontrar alguna prueba de lo que había visto. Pero
todas las fotos estaban en negro, excepto una: una imagen de ella misma, de pie frente al espejo, con
una sonrisa espeluznante que jamás había hecho.

Desde entonces, Lucía nunca volvió a acercarse a la mansión. Sin embargo, algunas noches, cuando
pasaba cerca, podía jurar que veía un tenue reflejo en la ventana del segundo piso… como si alguien la
estuviera observando desde el otro lado.

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