D’Alema: Sin resolver las cuestiones palestina y kurda no habrá estabilidad ni paz en
Medio Oriente
Orsola Casagrande
Massimo D’Alema ha sido primer ministro de Italia desde finales de 1998 hasta 2000 (el
único premier con un pasado en el Partido Comunista) y ministro de asuntos exteriores y
vice primer ministro del segundo gobierno de Romano Prodi (2006-2008).
D’Alema nos recibe en la sede de la fundación de cultura politica Italiani Europei, en Roma,
de la cual es presidente.
D’Alema, que es también periodista, está cerrando el nuevo numero de la revista de la
Fundación, enteramente dedicado al Medio Oriente.
Empezamos por aquí ¿Cómo valora la posición de la UE ante la dramática situación que se
vive en esa región?
Con esta tragedia en Gaza la Unión Europea realmente está destruyendo su credibilidad,
también a nivel ético. Basta pensar que los 27 países de la Unión Europea son todos
signatarios del Tratado de Roma que establece la Corte Penal Internacional y que tenemos
un tratado de asociación con Israel que en el Artículo 2 pone como condición el respeto de
los derechos humanos. Hoy nuestro interlocutor en este tratado es un criminal de guerra
perseguido por una orden de arresto internacional del Tribunal Penal que hemos creado.
En otras palabras, estamos en clara violación del Tratado de Asociación con Israel. La
paradoja es que la Unión Europea no sólo no hace nada, sino que incluso tiene prohibido
decir esto. Me pregunto cómo podrá Europa seguir hablando de derechos humanos. El
doble rasero establecido, esta tolerancia hacia la masacre palestina, es enorme. La crisis de
Gaza tiene un impacto sistémico que va mucho más allá de la enorme tragedia de 70.000
personas asesinadas según The Lancet, el 60% de las cuales son mujeres y niños. Y me
refiero al efecto de algo totalmente destructivo del sistema de legalidad internacional, de la
credibilidad del mundo occidental como guardián de los valores fundamentales con
respecto a la persona, a los derechos humanos.
A lo cual habría que sumarle la política de la nueva administración norteamericana…
La única idea de la nueva administración estadounidense es darle vía libre a Israel, más de lo
que ya ha ocurrido. El intento de limpieza étnica y colonización es un plan que conduce
necesariamente a una perspectiva de inestabilidad y pone en tela de juicio la idea misma del
Estado judío porque sólo puede sobrevivir en un régimen de apartheid que a la larga se
volverá insostenible a nivel internacional. Es cierto que Israel tiene la protección de los
estadounidenses, pero no la del resto del mundo. Existe el riesgo de que Israel se convierta
en un estado paria.
¿Entonces qué solución se puede manejar en el caso de Palestina?
El objetivo de la Unión Europea debería ser trabajar para ayudar a aislar internacionalmente
al actual gobierno fascista de Israel y fomentar una alternativa democrática que reabra
alguna perspectiva política. La UE podría ejercer más presión sobre Israel. Una tarea difícil
porque la debilidad de la actual clase dominante europea desde este punto de vista es
realmente impresionante.
Después de lo sucedido, es difícil para el mundo árabe retomar el camino de la Paz de
Abraham sin obtener una compensación significativa para con los palestinos.
O hay alguna señal y se reabre concretamente la esperanza y, por tanto, un cambio también
en la clase dominante israelí, o creo que la situación se volverá muy difícil, incluso para
Europa, ya que en la UE viven unos 30 millones de musulmanes. No es que podamos esperar
vivir juntos así aquí. Se necesitan medidas enérgicas.
¿Como la iniciativa liderada por Italia para parar el conflicto en Líbano en 2006?
Tras la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las NNUU, si. En ese caso no nos
escudamos en la hipocresía de decir que eran las partes las que debían llegar a un acuerdo
entre ellas, que era la gran mentira hipócrita a la que se enfrentaban los palestinos.
¿Pero qué partes? De un lado hay una gran potencia militar y tecnológica, del otro hay un
pueblo disperso, desprovisto de un liderazgo creíble. Es la comunidad internacional la que
debe construir una solución e imponerla con fuerza de la ley. En el Líbano la guerra se
detuvo con la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el despliegue de
una fuerza militar internacional, no porque Israel y Hezbolá llegaran a un acuerdo.
El único modelo es este: una conferencia internacional de paz que defina los parámetros y
los implemente a través de medidas garantizadas por la comunidad internacional, de lo
contrario creo que será muy difícil encontrar una solución.
El otro gran problema nacional en el Medio Oriente es el de los kurdos. Vuelve a reiterarse
el importante papel que puede jugar el líder kurdo Öcalan en la resolución de este
problema ¿Cuál es su opinión al respecto?
Los kurdos, en el contexto en el que operan, han terminado por alinear estrechamente su
lucha nacional con la posición antiislamista occidental. Esto es comprensible: el
nacionalismo islamista de diversos sectores es el principal enemigo de la causa nacional
kurda, pero los kurdos han pagado y siguen pagando un alto precio por ello.
En Irak, los kurdos se ganaron un espacio durante la guerra contra Saddam Hussein y más
tarde en el nuevo orden político. A pesar de la fuerte influencia de los árabes suníes y
chiítas, la comunidad kurda sigue teniendo una posición significativa, y a veces actúa como
una fuerza de equilibrio clave en el panorama político, en particular en la división entre
árabes chiítas y suníes. Sin embargo, en otros países los kurdos enfrentan circunstancias
muy difíciles. En este punto, incluso a Erdoğan y a Turquía debería interesarles abordar la
cuestión de una manera más constructiva, especialmente dadas las aspiraciones de Turquía
de desempeñar un papel regional de liderazgo, un papel que se ha acentuado con los
acontecimientos en Siria.
Sin embargo, Erdoğan sigue librando una guerra contra los kurdos y busca ocupar partes
de Siria.
Erdoğan tiene dos caras: es el presidente de Turquía, pero también es el líder de los
Hermanos Musulmanes. En realidad, sería razonable que buscara un apaciguamiento con los
kurdos, una solución basada en el respeto de los derechos humanos y nacionales. La
solución está en otorgarles autonomía dentro de los estados nacionales, junto con el
respeto de los derechos lingüísticos, humanos y asociativos, derechos fundamentales.
Turquía es la clave. Si se llega a un acuerdo en Turquía, se allanaría automáticamente el
camino también para una solución en Siria, dado el contexto actual. Lo que se necesita es
alguien capaz de promover un programa de paz en Oriente Medio, un marco de coexistencia
que pueda prevenir conflictos. Por eso, como también dice Öcalan, resolver la cuestión
kurda sería una pieza crucial de ese plan.
Es difícil en este momento ver puntos de apoyo para una solución de ese tipo.
Efectivamente no veo quién podría apoyar y acompañar un proceso de paz de ese tipo en
Oriente Medio. Los Estados Unidos han demostrado ser poco confiables bajo la
administración demócrata, y esa falta de confiabilidad probablemente empeorará en
muchos aspectos bajo la nueva administración Trump. En cuanto a los demás actores, no los
veo. Sobre la Unión Europea es mejor correr un tupido velo.
En Oriente Medio, nos encontramos en una situación marcada por conflictos dramáticos, sin
actores capaces de desempeñar un papel regulador o de impulsar un plan de paz. Ese
objetivo sigue pareciendo inalcanzable porque quedan dos enormes cuestiones non
resueltas. Y esa no solución crea una falsa sensación de estabilidad. Una es la cuestión
palestina y la otra es la cuestión kurda. Si no se da a estos dos pueblos una perspectiva y se
les permite ejercer sus derechos fundamentales, no habrá estabilidad ni paz.
Donald Trump asume el cargo en la Casa Blanca. ¿Será Ucrania el primer tema que
aborde?
La nueva administración estadounidense parece claramente orientada a buscar un
apaciguamiento con Rusia, también porque Trump tiene mucha más afinidad con Putin que
con los palestinos, en una lógica de poder. Sin embargo, no será muy fácil lograr este
apaciguamiento, porque el aparato militar estadounidense, el Estado profundo, no estará
contento de dejar ganar a Putin y hará todo lo posible para evitar un apaciguamiento
excesivo
Encontrar una solución a la guerra de Ucrania, una guerra que podría haberse evitado, será
bastante complicado. Es creíble pensar que Trump lo intentará, pero también dependerá del
grado de flexibilidad de los rusos. Quien me parece que este buscando una salida es
Zelensky.
Viajemos al subcontinente latinoamericano…¿Qué perspectivas ve en estos nuevos
tiempos?
En América Latina hay un elemento de esperanza porque el Brasil de Lula todavía lo está
haciendo, a pesar de mil dificultades. Brasil es un país extraordinario en términos de
recursos humanos e intelectuales. Pero incluso allí existe esta derecha agresiva y violenta
que encontrará apoyo en la administración Trump. Y entonces aparece allí también la nueva
derecha, la de Milei en Argentina. Hay varias formas de populismo, algunas más de
izquierda, como podríamos definir a México, y otras en forma de nacionalismo de derecha.
En mi opinión, es positivo que después de mucho tiempo Europa finalmente haya decidido
firmar el acuerdo con Mercosur, fueron necesarios veinte años de resistencia, del
proteccionismo francés.
Repasemos brevemente su valoración sobre el papel de otras potencias en pugna:
Comencemos por Rusia.
Rusia es un país en declive inexorable, y no sólo demográficamente. Es prisionera de ese
sueño nacionalista de restauración imperial, que no tiene base real. Francamente, no la veo
como una jugadora importante en el futuro. Los actores verdaderamente importantes son
China y la India. Un informe de Goldman Sachs dice que en 2075 la primera economía será
China, la segunda será la India, la tercera será Estados Unidos y la cuarta Indonesia. Rusia no
aparece en estos rankings. Este es el mundo, un nuevo mundo.
¿Un eje China-India qué significaría a efecto mundial?
La forma en que evolucionará la relación entre China y la India es mucho más importante
para los equilibrios futuros. Todo lo demás es secundario. Obviamente, los estadounidenses
intentarán acentuar la hostilidad y los conflictos nacionalistas en Asia, pero si China y la
India encuentran apaciguamiento y una forma de colaboración, el mundo cambia. Porque
China y la India son, de forma complementaria, también dos grandes potencias
tecnológicas. El desarrollo de África puede encontrar en esa alianza no sólo recursos
financieros sino también recursos tecnológicos en las grandes potencias asiáticas. En otras
palabras: Occidente se volverá inútil.
¿Se refiere al creciente papel e influencia del grupo de países BRICS?
Esta era básicamente la idea del gran sur, es decir, de un mundo que puede ignorar a
Occidente. Basta pensar que ya este año los BRICS producen el 37% de la riqueza mundial y
el G7 el 29%. El adelantamiento ya ha llegado.
Si estos países encuentran una manera de colaborar entre sí, de superar antiguos conflictos
nacionalistas, entonces el mundo encontrará un nuevo centro de gravedad. Sería una
perspectiva razonable. Y Rusia no estará allí. Brasil, por otro lado, ciertamente se proyecta
como parte del grupo líder. Es de esperar que mantenga el liderazgo democrático. Brasil es
sin duda la séptima u octava economía más importantes del mundo, al igual que Nigeria en
África, más que Sudáfrica, Nigeria se convertirá en un país clave.
Necesitamos observar con mucha atención los nuevos equilibrios que están creciendo. Del
otro lado están las potencias en decadencia del siglo pasado, incluido Occidente. Debemos
esperar que en su decadencia no causen demasiado daño, porque las potencias en
decadencia tienden a hacer la guerra. Y esto se aplica tanto a Estados Unidos como a Rusia,
que en este sentido no son diferentes.