¿Y si no se declara la rebeldía?
Análisis de las conductas omisivas del
demandado - Diferencias prácticas y efectos
Autor:
Villa, Pedro Sebastián
Cita: RC D 20/2023
Sumario:
I. Introducción. II. La rebeldía y sus efectos. III. ¿Y si no se declara la rebeldía? IV. Una mirada crítica y los
proyectos de reforma procesal más recientes. V. Conclusiones.
¿Y si no se declara la rebeldía? Análisis de las conductas omisivas del demandado - Diferencias
prácticas y efectos
I. Introducción
En el proceso civil, la notificación del traslado de demanda origina una doble carga para el demandado. Se cita
para que el accionado comparezca a estar a derecho y se emplaza para que ejerza su derecho de defensa.
Estas cargas derivan de la comunicación al sujeto pasivo respecto del proceso que se ha iniciado en su contra.
La citación implica la carga de que se someta al proceso, de que se involucre y participe de él, que se presente
ante el juez competente, brinde sus datos, constituya domicilio procesal y electrónico. En cambio, el
emplazamiento importa el otorgamiento de un plazo perentorio para el ejercicio de su derecho de defensa,
pudiendo optar entre diferentes actitudes posibles tales como contestar la demanda, brindar su versión sobre
cómo ocurrieron los hechos, oponer excepciones, ofrecer prueba, allanarse a la pretensión del actor e incluso
reconvenir.
Pero también podría comparecer al proceso y ejercer su derecho de defensa optando por el silencio, omitiendo
ejercer las distintas alternativas procesales que el ordenamiento tiene previstas y disponibles dentro del plazo,
resistiendo el emplazamiento.
Ahora bien, objetivamente, el hecho de desoír el llamado de la jurisdicción puede derivar en la declaración de
rebeldía y sus correspondientes efectos, pero ¿qué sucede si no se requiere la declaración de rebeldía?, ¿qué
resulta más conveniente? En el presente trabajo nos proponemos analizar los efectos que producen los
diferentes supuestos, analizados desde la óptica del actor y del demandado.
II. La rebeldía y sus efectos
Conforme lo prescripto por el art. 59 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación (en adelante, CPCCN), la
rebeldía puede ser declarada sólo a pedido de parte cuando la parte demandada, debidamente citada, no
comparece al proceso dentro del plazo, o bien cuando cualquiera de los sujetos del polo activo o pasivo
abandona el proceso en trámite luego de haber comparecido. Pero aquí nos vamos a detener exclusivamente en
lo que sucede frente a la incomparecencia inicial, dejando de lado el abandono posterior.
El término "rebeldía" apunta a una acepción que no se compadece con su sentido y alcance en el Derecho
Procesal actual. Etimológicamente, es rebelde quien se rebela, se subleva o levanta frente a algo. En cambio, la
conducta de quien es declarado rebelde no configura una verdadera desobediencia, sino el incumplimiento de la
carga de apersonarse al proceso.
Implica la ausencia total de una de las partes en el proceso, y no tan solo la conducta omisiva respecto del
cumplimiento de un acto procesal determinado.
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Históricamente, no se concebía la posibilidad de tramitar un proceso con la presencia de una sola de las partes y
en ausencia de la contraria, por lo que se instrumentaban medidas compulsorias tendientes a lograr o suplir la
incomparecencia[1].
En la actualidad, el instituto de la rebeldía se concibe como respuesta al incumplimiento de una carga en favor de
aquel que sí comparece al proceso o permanece en él, produciendo efectos que repercuten en toda la estructura
del proceso.
Se configura por el hecho objetivo de la incomparecencia, sumado a la petición de la contraparte para que sea
declarado rebelde. En otras palabras, la condición de rebelde y la tramitación del proceso en rebeldía no se
produce de manera automática, por lo que la rebeldía podría no ser formalmente declarada si la contraparte no lo
requiere formalmente.
Es más, luego del pedido de la contraparte, el juez verificará que se encuentran reunidos los requisitos
dispuestos por el art. 59 del CPCCN, y para que la rebeldía produzca plenos efectos, deberá ser notificada por
cédula o, en su caso, por edictos publicados por dos días.
Entonces, la declaración de rebeldía exige la concurrencia de a) la notificación en debida forma de la citación
para comparecer; b) la incomparecencia verificada una vez vencido el plazo (o el abandono posterior del
proceso); c) que la incomparecencia se encuentre injustificada; d) la petición expresa de la contraria[2].
En cuanto a sus efectos, el ordenamiento procesal en general prevé consecuencias relacionadas con el régimen
de las notificaciones, las medidas cautelares, la actividad probatoria, la apreciación de los hechos invocados en
la demanda y las costas.
Luego de notificada la declaración de rebeldía, las sucesivas resoluciones se notificarán automáticamente los
días martes y viernes (por ministerio de la ley, conf. art. 133, CPCCN), salvo la notificación de la sentencia que se
realizará por cédula dirigida al domicilio real, del mismo modo que se hiciera con la propia rebeldía que diera
origen a la alteración del régimen de notificaciones.
De acuerdo con lo prescripto por el art. 63 del CPCCN, a partir de la declaración de rebeldía también podrán
ordenarse las medidas cautelares que resulten necesarias para asegurar el objeto del proceso, o el pago de la
suma que se estime para afrontar las eventuales costas, con el único requisito de la prestación de contracautela
por parte del peticionante de la medida[3]. Si bien no se requiere un análisis previo de la verosimilitud del
derecho y del peligro en la demora -propio del régimen general de las medidas cautelares-, ello no implica que la
resolución de la pretensión cautelar resulte automática, pudiendo el juez, en su caso, denegar el pedido cuando
de las constancias del proceso surge su improcedencia de forma manifiesta.
Si bien el art. 212, inc. 1 del CPCCN admite la posibilidad de ordenar el embargo preventivo en el supuesto de la
rebeldía declarada, si analizamos el contenido de los arts. 63 y 233 del CPCCN podemos concluir que no sólo es
procedente el embargo preventivo sobre los bienes del rebelde, sino cualquier otra medida cautelar[4]. Su
concesión no dependería de la firmeza de la declaración de rebeldía, sino simplemente de que esta se encuentre
declarada por resolución judicial, tal como tampoco se exige la firmeza de la sentencia definitiva para ordenar un
embargo en los términos del art. 212, inc. 3 del CPCCN[5].
Ahora bien, uno de los efectos más sustantivos es el que se relaciona con la apreciación de los hechos
invocados en la demanda por el actor cuando el demandado es declarado rebelde.
La rebeldía genera una presunción de verdad respecto de los hechos afirmados, pertinentes y lícitos que surgen
de la demanda. Pero ello no equivale a decir que se trata de una suerte de confesión o reconocimiento ficto ni
tampoco de una presunción iuris tantum. En realidad, constituye una presunción simple o judicial[6] que valorará
el juez junto a los demás elementos probatorios obrantes en el proceso[7]. En otras palabras, no se exonera al
demandante de la carga de la prueba, ni produce la inversión de la carga[8] ni exime al juez de dictar una
sentencia justa conforme a los hechos acreditados en la causa, teniendo en consideración la presunción
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favorable a su postura que deriva de la contumacia. Pero esta presunción puede resultar desarticulada si se
advierte contradicción entre los hechos presumidos y otras constancias del juicio.
Entonces, como la contumacia no altera la secuela regular del proceso y el órgano jurisdiccional se encuentra
obligado a dictar sentencia a partir de los elementos reunidos en la causa, en la apreciación de la prueba el juez
partirá de la verdad presunta derivada de la contumacia, y la contrastará con el análisis que realice de las demás
probanzas para ver si logra corroborar la presunción o, al menos, no contrariarla, ya que en caso de duda podrá
pronunciarse a favor de quien obtuvo la declaración de rebeldía. Al respecto, FALCÓN[9] explica que en caso de
duda se establece una presunción legal, a diferencia de la presunción simple que prescribe el art. 356 del
CPCCN, y como la duda es posterior al análisis del juez respecto de la fijación de los hechos, esta presunción es
iuris et de iure.
En relación con lo expresado en los párrafos anteriores, cabe agregar entonces que el proceso podrá contar o no
con una etapa probatoria, dependiendo exclusivamente de la decisión jurisdiccional, tal como lo explicita el art.
61 del CPCCN[10]. Entonces, a pesar de la presunción de verdad de los hechos que constan en la demanda,
resulta potestad privativa de los jueces determinar si, no obstante la contumacia[11], se encuentran o no
acreditados los presupuestos fácticos de la pretensión[12].
Más allá de que el actor solicite o no la apertura a prueba y de la ausencia de controversia propiamente dicha, el
juez resolverá la apertura a prueba cuando de lo que surge probado o acreditado en el expediente no logre
formar su convicción respecto de uno o más hechos lícitos y pertinentes que hacen a la configuración de la
pretensión insertada por el actor en la demanda. También podrá el juez disponer medidas probatorias de oficio
para esclarecer la verdad de los hechos que no se encuentren efectivamente acreditados, en los términos del art.
36, inc. 4 del CPCCN, sin que se encuentre habilitado para exceder el límite de sus facultades e investigar de
oficio la eventual existencia de defensas no articuladas por el demandado rebelde[13], lo que importaría un
avasallamiento del principio dispositivo.
Si el demandado hiciere cesar su rebeldía, se incorporará al proceso sin que se puedan retrogradar las etapas o
actos procesales realizados y firmes, a menos que hubiere operado la declaración de nulidad sobre alguno de
estos y sus sucedáneos. Entonces, en el caso que se trate de un proceso ordinario, el rebelde tendría la
posibilidad de ofrecer prueba siempre que lo haga dentro del plazo establecido en la resolución que fijó la fecha
de la audiencia preliminar. En cambio, en el proceso sumarísimo, como el ofrecimiento de prueba debe hacerse
conjuntamente con los escritos constitutivos, y dentro del mismo plazo por el que fue citado, ante la
incomparecencia le quedará vedado ofrecer prueba en primera instancia[14].
En tanto, si el rebelde cesa su estado con posterioridad a la oportunidad para el ofrecimiento de prueba, tiene
una alternativa adicional que es el ofrecimiento de prueba en la alzada, en caso de que apelare la sentencia
definitiva, tal como lo dispone el art. 66 del CPCCN. Pero si bien le asiste este derecho, la competencia de la
alzada queda limitada a los términos en que quedó trabada la litis, no pudiendo traer a debate nuevas
cuestiones, las que se encuentran vedadas por imperio del principio de preclusión[15]. Además, la posibilidad de
replanteo de prueba en la alzada no implica lisa y llanamente una nueva oportunidad de ofrecimiento probatorio
pleno como el previsto para la primera instancia, sino limitado a lo que dispone el art. 260 del CPCCN, en el
sentido de autorizar la apertura a prueba cuando se alegare un hecho nuevo ocurrido o conocido por el contumaz
con posterioridad a los cinco días de notificada la audiencia preliminar, o cuando se rechazare el hecho nuevo
planteado en la oportunidad del art. 365 del CPCCN. Y también podrá presentar documentos de fecha posterior a
la providencia de autos para sentencia, o anteriores si afirma no haber tenido conocimiento de ellos, y siempre
que no se refieran a hechos que no fueron alegados en la oportunidad procesal pertinente.
Por su parte, el art. 60 del CPCCN, a partir de la reforma introducida por la Ley 22434, incorpora un párrafo
referido a la posibilidad para el rebelde de "oponer la prescripción en los términos del art. 346"[16]. Por su parte,
el art. 346 del CPCCN, luego de establecer el principio general por el cual las excepciones "...se opondrán
únicamente como de previo y especial pronunciamiento en un solo escrito juntamente con la contestación de
demanda o la reconvención…" agrega que "...El rebelde sólo podrá oponer la prescripción con posterioridad
siempre que justifique haber incurrido en rebeldía por causas que no hayan estado a su alcance superar…". Si
bien esta incorporación pareciera justificarse ante la incomparecencia que responde a una circunstancia
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impeditiva ajena a la voluntad del contumaz, en los hechos no se advierte su necesidad, puesto que si la
notificación del traslado de demanda (que, como ya se ha señalado, importa la citación y el emplazamiento) fue
viciosa y por ello no llegó a conocimiento del demandado hoy rebelde, rige plenamente el régimen de nulidades
procesales. Así, si por efecto de la nulidad declarada resultan nulos todos los actos posteriores y derivados de la
notificación viciosa, se retrotraen todos los efectos y renacería la facultad procesal de oponer la prescripción, sin
necesidad de una regulación específica para el rebelde.
En cuanto a las costas, el art. 60 del CPCCN establece que estarán a cargo del contumaz las causadas por su
rebeldía, como por ejemplo los gastos incurridos para practicar notificaciones mediante exhortos o edictos[17].
Mas respecto de las costas del proceso en sí, se aplican las reglas generales en materia de costas, resultando
aplicable el principio objetivo de la derrota.
III. ¿Y si no se declara la rebeldía?
Detengámonos por un momento en las diferentes posturas que puede asumir el demandado con relación al
proceso.
Según GONZÁLEZ[18], la conducta de las partes puede asumir básicamente dos formas: a) Plena: de estructura
bilateral, que se manifiesta típicamente en el contradictorio; y b) Atenuada: de estructura unilateral por la falta de
constitución del contradictorio, a partir de la rebeldía de una de las partes en el proceso.
Bajo la forma plena, podemos encontrar diferentes supuestos, tales como:
- Demandado que comparece y contesta demanda;
- Demandado que comparece y contesta con evasivas o de manera meramente genérica;
- Demandado que comparece y no contesta demanda.
En cambio, la forma atenuada estaría referida a una estructura unilateral producto de la incomparecencia e
incontestación de la demanda, se lo declare rebelde o no.
Entonces, dicho esto, cabe preguntarse qué consecuencias tiene la simple incontestación de la demanda
(habiendo comparecido) y la simple incomparecencia sin que se requiera expresamente la declaración de
rebeldía.
En cuanto al impacto que produce en el régimen de notificaciones, el art. 59 del CPCCN establece expresamente
que "...Si no se hubiere requerido que el incompareciente sea declarado rebelde, se aplicarán las reglas sobre
notificaciones establecidas en el primer párrafo del artículo 41". Y el art. 41 del CPCCN dispone que ante la falta
de constitución de domicilio -derivada de la plena incomparecencia o de la simple omisión de constituir domicilio
por parte de quien sí comparece-, el domicilio del demandado quedará constituido en los estrados del juzgado, y
las sucesivas notificaciones se realizarán por ministerio de la ley. La única salvedad sería la notificación de la
audiencia para absolver posiciones y la sentencia. Por lo tanto, la disyuntiva del actor frente a la incomparecencia
del demandado, analizada desde el punto de vista del régimen de las notificaciones, no ofrece grandes
diferencias ni grandes ventajas para requerir formalmente el estado de rebelde: Si se lo declara rebelde, una vez
notificada la rebeldía, todas las resoluciones -menos la sentencia- serán notificadas por ministerio de la ley,
mientras que si no se lo declara rebelde, automáticamente el domicilio quedará constituido en los estrados del
juzgado, y todas las notificaciones -salvo la audiencia de absolución de posiciones y la sentencia- quedarán
notificadas por el régimen general establecido por el art. 133 del CPCCN.
Es sabido que la alteración del régimen de notificaciones dispuesta por el art. 59 del CPCCN facilita
notablemente el desarrollo ulterior del proceso, permitiendo avanzar a partir de la ficción del conocimiento de las
ulteriores resoluciones por parte del rebelde. No obstante, en la práctica procesal a menudo se presentan serias
dificultades para notificar la rebeldía en el domicilio real, lo cual deriva en dilaciones y alongamiento del proceso.
Y dado que hasta tanto se logre notificar la rebeldía no se producirá el efecto prescripto por el mencionado art.
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59, entendemos que sería posible requerir que ante la falta de constitución de domicilio -derivada de la
incomparecencia- se lo tenga por constituido en los estrados del juzgado, en los términos del art. 41 del CPCCN.
Este planteo complementario al requerimiento de rebeldía podría producir de inmediato el efecto de notificación
en los estrados o por ministerio de la ley, según el caso, ínterin se logra notificar la rebeldía. Lo que sí queda
claro es que la necesidad de notificación previa de la rebeldía es una de las grandes desventajas prácticas que
presenta el instituto para obtener los mismos resultados que el art. 41 del CPCCN dispone de manera ordinaria
ante la falta de constitución de domicilio.
Ahora analicemos qué sucede con los hechos lícitos y pertinentes afirmados por el actor en su escrito de
demanda. Aquí entramos en el ámbito del art. 356 del CPCCN y sus consecuencias, que difieren en relación con
los hechos y con los documentos, por cuanto la incontestación de la demanda (tomada como el silencio total, así
como también la negativa meramente genérica, y las respuestas evasivas) "...podrán estimarse como
reconocimiento de la verdad de los hechos pertinentes y lícitos a que se refieran…", mientras que a los
documentos "...se los tendrá por reconocidos o recibidos, según el caso" (los subrayados me pertenecen).
Entonces, si bien la incontestación de la demanda no trae aparejada ineludiblemente la certeza respecto de los
hechos expuestos por el actor[19], constituye una presunción simple o judicial que podrá ser apreciada por el
juez en oportunidad del dictado de la sentencia, según la naturaleza del hecho y los elementos de convicción que
se hayan aportado[20].
La consecuencia o el efecto respecto de los hechos incontestados no es categórica, sino meramente facultativa
para el juez, a diferencia de la regulación el código general del proceso de Uruguay, por ejemplo, que dispone
que el silencio se "tendrá" como admisión de los hechos, pudiendo el juez apartarse del principio general sólo en
circunstancias excepcionales debidamente fundadas[21]. En cambio, en lo que se refiere a los documentos, el
impacto es mayor, ya que directamente se los tendrá por reconocidos, sin que se requiera otro medio de prueba
que los corrobore. Y si bien en el régimen de la rebeldía no se hace referencia expresa a los documentos,
entendemos que la derivación que hace el art. 60 del CPCCN al art. 356, inc. 1, resulta suficiente para tenerlos
por recibidos o reconocidos, según el caso.
Así vemos que tampoco existen diferencias ostensibles o beneficios apreciables al requerir y obtener la
declaración de rebeldía, en cuanto a la apreciación de los hechos. En ambos casos se genera una presunción
simple, pero fuerte, respecto de la veracidad de los mismos. No obstante, el caso de quien comparece a estar a
derecho, pero decide no contestar la demanda lisa y llanamente, exhibe un comportamiento sutilmente diferente
que el rebelde -declarado o no como tal-. No mantiene silencio respecto de alguna cuestión o hecho esencial o
no, sino que se manifiesta a través de una inactividad plena pero en un contexto de contradicción, a diferencia
del contumacial. Al respecto, GONZÁLEZ sostiene que aquí no quedan dudas de que el demandado ha tenido
pleno conocimiento del proceso entablado en su contra, pero ha decidido ejercer su derecho de defensa
incumpliendo con la carga de contestar la demanda, por lo que su silencio adquiere un relieve particular, incluso
más relevante que el del propio rebelde[22], aunque no pueda ser declarado tal.
Esta conducta omisiva no importa una abstracción total del proceso, sino una abstención en punto al ejercicio de
la facultad de articular defensas, previas o de fondo, así como también de repeler el embate del actor.
En rigor de verdad, ni la falta de contestación de la demanda ni la rebeldía del demandado eximen al juez de
examinar la procedencia de la acción, ya que aun aceptando la veracidad de los hechos, la condena del remiso
no podría fundarse en un solo silencio, sino en el ajuste de esos hechos con el derecho aplicable[23]. Así, en los
tres supuestos en análisis el juez deberá dictar sentencia pudiendo hacer una valoración del silencio del
demandado en los términos ya expresados, como un elemento más del material probatorio a meritar.
En cuanto a la posibilidad de requerir medidas cautelares, en caso de que no se hubiere declarado la rebeldía, el
art. 212, inc. 2 del CPCCN admite la posibilidad de ordenar el embargo preventivo por los efectos derivados de la
aplicación del art. 356, inc. 1 del CPCCN. Su concesión no es automática, tal como ocurriría en el supuesto de la
rebeldía declarada. Aquí, la ley considera -juris et de jure- que la incontestación de la demanda resulta suficiente
para tener por acreditado el peligro en la demora y la contracautela si se tratase de caución juratoria[24],
restando que el juez analice si el derecho alegado resulta verosímil. Pero si recordamos lo dicho con relación a la
apreciación de los hechos y la presunción favorable al actor que genera la incontestación de demanda, pareciera
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que el análisis del juzgador se limita a verificar que los hechos insertos por el actor en el escrito de demanda no
resulten manifiestamente inverosímiles.
Por lo que toca a la actividad probatoria, el supuesto de la simple incontestación de la demanda y el de
incomparecencia sin declaración de rebeldía no exhiben grandes diferencias con la situación del declarado
rebelde. En ambos supuestos el demandado tendrá serias limitaciones probatorias en primera instancia, con las
salvedades mencionadas al analizar el caso del rebelde, aunque también se podrá intentar el replanteo de
prueba en la alzada, en los términos del art. 260, incs. 3 y 5 del CPCCN.
En lo que concierne a las costas, la única diferencia que se observa es que si no se instó la declaración de
rebeldía, quien no contestó demanda no debería pagar con dichas costas no generadas, pero sí eventualmente
podrá ser condenado en costas en relación con el proceso como un todo, en función del principio objetivo de la
derrota, tal y como ocurre con el rebelde propiamente dicho.
El capítulo de las excepciones no parece exhibir un panorama muy distinto. Si bien en el marco de las hipótesis
sería posible que el demandado no conteste demanda pero sí utilice la oportunidad procesal sólo para oponer
excepciones, cabe especular que es difícil que ello suceda en la práctica. La incontestación de demanda se
puede producir por el simple desinterés o por haber precluido la oportunidad y no haber ejercido la facultad
dentro del plazo, pero parece poco probable pensar que alguien oponga exclusivamente excepciones de previo y
especial pronunciamiento, y no articule defensas de fondo o se pronuncie puntualmente respecto de los hechos
aportados por el actor. Siguiendo en el marco de las hipótesis, si el demandado no contestó demanda ni opuso
excepciones, lo que debería hacerse en la misma oportunidad, entonces no podrá hacerlo luego, sin que exista
un resguardo diferencial en materia de prescripción, tal como sí ocurre en el caso de la rebeldía.
IV. Una mirada crítica y los proyectos de reforma procesal más recientes
El maestro Morello[25] reflexionaba críticamente sobre el modo en que se interpreta el silencio en el ámbito de
las regulaciones procesales actualmente vigentes. Y lo hacía así desde el convencimiento de que el
incumplimiento de la carga de contestar la demanda (principalmente) constituye un silencio de una inexpresividad
tal que es absolutamente imposible de concebir de otro modo que no sea el asentimiento respecto de los hechos,
desde que es uno de los casos en que la ley así lo consagra al referirse a los efectos del silencio (art. 919 el
Código de Vélez y art. 263 del Código Civil y Comercial). Y más aún si se tiene en consideración los intereses
públicos y del servicio comprometidos en el litigio[26].
El CPCCN actualmente vigente resulta extremadamente cauto en relación con la apreciación de los hechos,
puesto que se limita a generar una presunción simple o judicial que el juez sólo estará facultado a apreciar como
reconocimiento de la veracidad de los hechos, quedando librado al "prudente y circunstancial criterio de
apreciación judicial"[27]. Más que una facultad, deberíamos concebirlo como un poder-deber de los jueces de
conceptuar la conducta del demandado como una conformidad con la verdad de los hechos narrados. Y ello no
exime de dictar una sentencia justa, que podría no resultar condenatoria a pesar de dicha conformidad, puesto
que una cosa es la verdad o el reconocimiento de los hechos, y otra muy distinta el encuadre legal de dichos
hechos y sus consecuencias jurídicas[28].
El anteproyecto de Código Procesal Civil y Comercial de la Nación[29] va en esta línea, y directamente no regula
el estado de rebeldía o contumacia, centrándose en los efectos más rigurosos de la incontestación de la
demanda.
En ese sentido, el proyectado art. 418, inc. A) dispone que el demandado deberá "...pronunciarse
categóricamente sobre la veracidad de los hechos alegados en la demanda y dar su versión al respecto con la
mayor claridad y precisión, atendiendo al deber de decir verdad. La falta de contestación, el silencio, las
respuestas ambiguas o evasivas significarán la admisión de ellos, en tanto no se vinculen a derechos
indisponibles" (el subrayado me pertenece). Entonces, le otorga un valor más significativo al silencio procesal,
dejando de lado el tono meramente facultativo y dependiente de la "prudente" apreciación judicial del sistema
actual. Y este criterio se encuentra luego corroborado también en el art. 425 referido a la audiencia preliminar,
que dispone: "...Las partes que injustificadamente no comparecieren quedarán notificadas de todas las
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decisiones que el juez adopte en la audiencia y no podrán impugnarlas. Se les tendrán por reconocidos los
hechos alegados por el contrario excepto que se vinculen a derechos indisponibles o sean desvirtuados por la
prueba producida…". Por su parte, en consideración a la concesión de medidas cautelares durante el curso del
proceso, el art. 151, inc. a) prescribe que podrán acordarse "...siempre que por reconocimiento expreso o ficto,
derivado del incumplimiento de cargas procesales, resultare verosímil el derecho alegado", quedando así
acreditados los presupuestos ante la mera incontestación de la demanda.
En un sentido similar se estructura el Anteproyecto de Código Procesal de Familias, Civil y Comercial de la
Provincia de Buenos Aires del año 2021[30], que descarta la regulación del instituto de la rebeldía, y en su art.
374, inc. 2, referido a la contestación de la demanda, establece que "El silencio, respuesta evasiva, o negativa
meramente general de los hechos esenciales enumerados como causa de la pretensión importarán su
reconocimiento. En cuanto a los documentos, cartas, telegramas y comunicaciones electrónicas, se los tendrá
por reconocidos o recibidos, según el caso. La falta de contestación de la demanda notificada en el domicilio
producirá las mismas consecuencias y el proceso quedará en estado de dictar sentencia definitiva, sin perjuicio
de los límites que imponga el orden público y de la producción de la prueba que la jueza o juez considere
indispensable para fundar su decisión".
V. Conclusiones
A lo largo del presente trabajo intentamos esbozar brevemente los efectos de la rebeldía declarada, para luego
compararlos con la situación de aquel que objetivamente se encuentra en la misma situación, pero no ha sido
declarado tal, a requerimiento de la contraria.
A menudo escuchamos decir (y escribir) que ante la incomparecencia del demandado corresponde requerir la
declaración de rebeldía, pero no estoy seguro de si nos hemos detenido a reflexionar sobre su real conveniencia
práctica.
Más allá de si el sistema actual del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación resulta el más conveniente, lo
cierto es que en la actualidad, para que operen los efectos de la rebeldía, ésta debe ser requerida y declarada y,
por otra parte, notificarla por cédula al domicilio real, tal como deberemos hacerlo luego respecto de la sentencia
definitiva.
En cambio, a partir de la interpretación armónica del articulado del código, observamos que si omitimos la
declaración de rebeldía podemos obtener efectos muy similares y escasas desventajas.
En definitiva, en nuestra opinión, el uso y costumbre procesal -y no tanto la racionalidad y la lógica jurídica-
pareciera ser lo que sigue estimulando el recurso de la rebeldía. Un instituto con rasgos primitivos, no del todo
aggiornado, que poco a poco va siendo dejado de lado por los proyectos de reforma procesal que van marcando
tendencia.
[1] Palacio, Lino Enrique, Derecho Procesal Civil, Tomo IV: Actos Procesales, 4a ed. actualizada por Carlos
E. Camps, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 2011, pág. 139.
[2] Falcón señala que los sistemas procesales más modernos no transitan un juicio en rebeldía, ni siquiera
por el pedimento de la contraria, sino que la rebeldía se produce de manera instantánea frente al
emplazamiento y la carga de contestación. Conf. Falcón, Enrique M., Procesos de conocimiento, Tomo
II, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2000, pág. 341-342.
[3] Una excepción a este principio general de la exigencia de contracautela puede encontrarse en el art.
790 del Código Procesal Civil y Comercial de Santa Fe, que establece: "...Declarada la rebeldía, podrá
decretarse sin fianza el embargo contra el demandado para asegurar el resultado del juicio, y contra el
actor, para asegurar el pago de las costas". En cuanto a la graduación de la contracautela, podría
interpretarse que en virtud de la presunción de verosimilitud del derecho invocado por el actor que
genera la incomparecencia del demandado, el juez podría exigir simplemente una caución juratoria
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(conf. art. 199 del CPCCN).
[4] De Lázzari, Eduardo N., Medidas Cautelares, Tomo I, 2a ed., Librería Editora Platense, La Plata, 1995,
pág. 280.
[5] De Lázzari, Eduardo N., Medidas Cautelares, ob. cit., pág. 281.
[6] Mazzucco, Jorge Sergio, CNCiv. Sala A, 30/03/2007, Rubinzal Online, www.rubinzalonline.com.ar, RC J
493/23; Pérez, José Enrique vs. Concesionaria Vermen S.A. y otro s. Ordinario, CNCom. Sala C,
21/10/2008, Rubinzal Online, RC J 8354/20.
[7] Palacio, Lino Enrique, Derecho Procesal Civil, ob. cit., pág. 151-2.
[8] Bonfiglio, Juan Domingo y otros vs. González, Rafael Mauricio y otro s. Daños y perjuicios, CNCiv. Sala
G, 26/09/2008, Rubinzal Online, www.rubinzalonline.com.ar, RC J 299/21.
[9] Falcón, Enrique M., Procesos de conocimiento, ob. cit., pág. 335.
[10] El art. 143 del Código Procesal Civil y Comercial de Santa Fe, en cambio, dispone que omitida la
contestación de la demanda se llamará autos para sentencia, si correspondiere, decreto que se
revocará a pedido del actor o reconviniente si solicitaren la apertura a prueba. Al respecto, véase
Carbone, Carlos A., "Precisiones de la falta de contestación de la demanda", L.L. Litoral 2015
(diciembre), 1143, TR L.L. AR/DOC/4116/2015.
[11] Falcón explica que en puridad el término contumacia se refiere al justiciable que, debidamente citado,
no se apersona al órgano jurisdiccional, mientras que aquel que se apersona pero no cumple con la
carga de contestar o defenderse sería propiamente rebelde. No obstante, aclara, la doctrina nacional
asimila ambos conceptos, por lo que anticipamos que aquí también lo utilizaremos de manera indistinta,
sin perjuicio de la distinción técnica señalada. Al respecto, véase Falcón, Enrique M., Procesos de
conocimiento, ob. cit., pág. 329-330.
[12] López Mesa, Marcelo J., Código Procesal Civil y Comercial de la Nación: Comentado, concordado con
Códigos Procesales de las provincias argentinas y anotado con jurisprudencia de todo el país,
coordinado por Ramiro Rosales Cuello, 1a ed., Buenos Aires, L.L., 2012, Tomo I, pág. 515.
[13] Kurilkowich, O. B. vs. F. P. M. S.A., Cám. Apel. Sala A, Trelew, Chubut, 28/06/2010, Rubinzal Online,
www.rubinzalonline.com.ar, RC J 499/23, Voto del Dr. Ferrari.
[14] Palacio, Lino Enrique, Derecho Procesal Civil, ob. cit., pág. 156. En tanto, en el ámbito del proceso civil
en la Provincia de Buenos Aires, el proceso ordinario mantiene de manera desconcentrada los actos
procesales de contestación de demanda y del ofrecimiento de prueba, pudiendo hacerlo recién dentro
de los diez primeros días de la firmeza del auto de apertura a prueba.
[15] C.Civ. y Com. de San Nicolás, 30/05/2002, Barello, Ernesto Oscar c. San Juan, Daniel A. s/
Cumplimiento de contrato, JUBA, sum. B856206.
[16] El Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires no tiene el agregado de este
párrafo.
[17] Palacio, Lino Enrique, Derecho Procesal Civil, ob. cit., pág. 157.
[18] González, Atilio Carlos, Silencio y rebeldía en el proceso civil, Astrea, Buenos Aires, 1979, pág. 54
[19] López Mesa, Marcelo J., Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, ob. cit. Tomo III, pág. 875.
[20] CNCiv., Sala A, L.L., 1999-E-537.
[21] Conf. López Mesa, Marcelo J., Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, ob. cit., pág. 875.
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[22] González, Atilio Carlos, Silencio y rebeldía en el proceso civil, ob. cit., pág. 79
[23] Muñoz, Luis E., Los procesos ordinario, sumario y sumarísimo, Editorial Universidad, Buenos Aires,
1993, pág. 311, citando el fallo de la Cámara en lo Civil y Comercial de Mar del Plata, Sala II, del
14/06/88, L.L., t. 1988-D, p. 188.
[24] De Lázzari, Eduardo N., Medidas Cautelares, ob. cit., pág. 279.
[25] Morello, Augusto Mario, La eficacia del proceso, 2a ed., Hammurabi, Buenos Aires, 2001, pág. 339.
[26] Morello, Augusto Mario, La eficacia del proceso, ob. cit., pág. 339.
[27] STSalta, 23/05/67, JA, 1969-I-723.
[28] Morello, Augusto Mario, La eficacia del proceso, ob. cit., pág. 341.
[29] Anteproyecto de Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Elaborado por la Comisión Redactora
designada por Resol-2017-496-APN-MJ y Resol-2017-829-APN-MJ, con los ajustes indicados por la
Dirección de Asistencia Técnica y Legislativa del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la
Nación. Agosto de 2019. Disponible en
https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/anteproyecto_codigo_procesal_civil_comercial_nacion.pd
f (Consultado el 16/02/2023).
[30] Anteproyecto de Código Procesal de Familias, Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires,
disponible en https://agendaparticipativa.gba.gob.ar/codigo_de_familias_civil_y_comercial (Consultado
el 16/02/2023).
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