Hamlet
Lista de personajes
Hamlet, príncipe de Dinamarca
Claudio, rey de Dinamarca, tío de Hamlet
Gertrudis, reina de Dinamarca, madre de Hamlet
Espectro del anterior rey de Dinamarca, Hamlet, padre del
príncipe
Polonio, consejero del rey
Laertes, su hijo
Ofelia, su hija
Reinaldo, su sirviente
Horacio, amigo y compañero de estudios de Hamlet
Marcelo
Bernardo
Francisco
} oficiales de la guardia
Voltemand
Cornelio } embajadores a Noruega
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William Shakespeare
Rosencrantz
Guildenstern
Fortimbrás,
} antiguos condiscípulos de Hamlet
príncipe de Noruega
Capitán del ejército noruego
Primer actor
Otros actores
Osric
Señor
Caballero
Primer bufón,
} cortesanos
un sepulturero
Segundo bufón, su asistente
Marino
Mensajero
Sacerdote
Embajadores ingleses
Señores, criados, marinos, soldados, guardias
Escena
El palacio real de Dinamarca, en Elsinor. [A menos que se indique
otra cosa, debe entenderse que la acción transcurre siempre en
una u otra de las salas del palacio. Algunos editores han sido
sumamente prolíficos en sus indicaciones escenográficas, pero
lo cierto es que Shakespeare fue extremadamente económico al
respecto].
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Hamlet
I.1. Explanada del castillo. Entran, por lados opuestos, Bernardo y
Francisco, dos centinelas.
Bernardo ¿Quién vive?
Francisco No, contestad vos. ¡Alto! ¡Identificaos!
Bernardo ¡Que viva el rey!
Francisco ¿Bernardo?
Bernardo El mismo.
Francisco Llegáis con gran puntualidad.
Bernardo Acaban de dar las doce. A dormir, Francisco.
Francisco Muchas gracias por el relevo. Hace un frío cruel
Y la angustia me oprime el corazón.
Bernardo ¿Tuvisteis una guardia tranquila?
Francisco No se ha movido ni
[un ratón.
Bernardo Bien, buenas noches.
Si os encontráis con Horacio y Marcelo,
Mis compañeros de guardia, rogadles que se apuren.
Francisco Me parece oírlos.
Entran Horacio y Marcelo.
¡Alto! ¿Quién vive?
Horacio Amigos del país.
Marcelo Y leales súbditos del rey.
Francisco Os doy las buenas noches.
Marcelo Adiós, buen soldado,
¿Quién os ha relevado?
Francisco Bernardo.
Buenas noches. Sale.
Marcelo ¡Hola, Bernardo!
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William Shakespeare
Bernardo ¡Hola!
¿Está ahí Horacio?
Horacio Solo en parte.
Bernardo Bienvenido, Horacio. Bienvenido, buen Marcelo.
Marcelo ¿Y? ¿Ha vuelto eso a aparecer?
Bernardo No he visto nada.
Marcelo Horacio dice que es solo nuestra fantasía,
Y que no se dejará atrapar por la creencia
En esta temible imagen que ya vimos dos veces.
Por eso le he pedido que esta noche
Hiciera la guardia con nosotros,
Para que, si vuelve a aparecer ese fantasma,
Dé crédito a nuestros ojos, y le hable.
Horacio Bah, bah. No va a aparecer.
Bernardo Sentaos un rato,
Y dejadnos atacar otra vez vuestros oídos,
Que tanto se resisten al relato
De lo que estas dos noches hemos visto.
Horacio Bien, sentémonos
Y oigamos a Bernardo hablar de eso.
Bernardo Anoche,
Cuando esa misma estrella que está al oeste del polo
Había hecho su curso hasta alcanzar el punto
Donde ahora brilla, Marcelo y yo,
Justo a la una…
Entra el espectro.
Marcelo ¡Silencio! ¡Calla! ¡Mirad: vuelve a aparecer!
Bernardo Con el mismo aspecto, igual al difunto rey.
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Hamlet
Marcelo Tú eres un hombre ilustrado, ¡háblale, Horacio!
Bernardo ¿No se parece al rey? ¡Mirad, Horacio!
Horacio Es idéntico. Me estremece de miedo y de admiración.
Bernardo Deberíamos hablarle.
Marcelo Interrógalo, Horacio.
Horacio ¿Quién eres tú, que usurpas esta hora de la noche
Y esa noble y marcial imagen en la que solía marchar
La majestad de nuestro difunto rey?
Por el cielo, te conjuro a que hables.
Marcelo Se ha ofendido.
Bernardo Mirad, se aleja altivo.
Horacio ¡Detente! ¡Habla, habla, te conjuro a que hables!
Sale el espectro.
Marcelo Se ha ido, y no va a responder.
Bernardo ¿Y ahora qué, Horacio? Tembláis y estáis pálido.
¿No es esto algo más que fantasía?
¿Qué opináis de ello?
Horacio Por Dios, no lo creería
Sin el testimonio sensible y cierto
De mis propios ojos.
Marcelo ¿No se parece al rey?
Horacio Como tú a ti mismo.
Esa era la armadura que llevaba
Cuando combatió al ambicioso rey noruego;
Y fue con ese gesto que enfrentó
Y derrotó en el hielo a los polacos.
Es extraño.
Marcelo Así dos veces antes, a esta misma hora de muerte,
Cruzó majestuoso nuestra guardia.
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William Shakespeare
Horacio No sé bien qué pensar,
Pero mi opinión es que esto augura
Alguna extraña conmoción a nuestro Estado.
Marcelo Bien. Ahora sentémonos, y dígame quien lo sepa
Por qué es molestado todo el mundo
Con estas guardias nocturnas tan celosas,
Por qué de día se funde tanto bronce
Para fabricar cañones, y se importan armas
Y los carpinteros trabajan en los barcos
Incluso los domingos. ¿Qué puede prepararse
Para que esta agitación haga a la noche
Compañera de labor del día?
¿Quién puede informarme?
Horacio Yo puedo.
Al menos esto se murmura: nuestro último
Rey, cuya imagen acaba de aparecer ante
Nosotros, fue retado a duelo, como sabéis,
Por el celoso Fortimbrás, rey de Noruega.
En la lucha, nuestro valiente Hamlet
(Porque esa era su fama en esta parte
Del mundo conocido) dio muerte
A Fortimbrás, quien, como se había pactado
Según la ley y el fuero de las armas,
Debió ceder al vencedor, al morir, todas sus tierras,
Contra las que nuestro rey había puesto en juego
Una porción igual, que habría tomado Fortimbrás
De haber vencido, como por el mismo acuerdo,
Y siguiendo el designio estipulado,
Se adueñó Hamlet de las suyas.
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Hamlet
Ahora, señor, el joven Fortimbrás,
Lleno de fuego su indómito temple,
Ha reclutado por los confines de Noruega
Una banda de desheredados, decididos,
Apenas por el pan y por el vino, a ser carne
De una empresa temeraria; que no es otra,
Como bien comprendió nuestro gobierno,
Que recobrar de nosotros, por la fuerza
Y compulsivamente, aquellas tierras
Perdidas de ese modo por su padre. Y esta es,
Me parece, la razón de nuestros preparativos,
El motivo de esta guardia, y la causa principal
Del bullicio que conmueve a nuestra tierra.
Bernardo Creo que no es otra cosa que eso.
Lo que coincidiría con que esta grave imagen
Aparezca armada en nuestra guardia, tan parecida al rey
Que fue y es la causa de estas guerras.
Horacio Algo enturbia la visión de nuestra mente.
En la Roma más gloriosa y más triunfal,
Poco antes de la caída del gran Julio,
Las tumbas se vaciaron y los muertos, envueltos en sudarios,
Se lanzaron chillando y farfullando por las calles.
Y se vieron estrellas con colas de fuego, y rocíos de sangre,
Y presagios de desastres en el sol. Y la luna,
A cuya influencia está sujeto el imperio de Neptuno,
Sufrió un eclipse, casi cual si fuera el día del Juicio.
Son avisos de desgracias de ese tipo
Los que, cual mensajeros que anuncian el destino
Y prologan las calamidades venideras,
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William Shakespeare
Han mostrado juntos cielo y tierra
A nuestro país y a nuestros compatriotas.
Entra el espectro.
Pero ¡silencio!, ¡mirad! ¡Ahí viene de nuevo!
Saldré a su encuentro aunque me fulmine.
[Abre sus brazos].
Detente, ilusión.
Si puedes emitir algún sonido, o hacer uso de la voz,
Háblame.
Si hay alguna buena cosa por hacer
Que a ti te diera alivio y a mí honra,
Háblame.
Si conoces el secreto de algún mal que amenace a nuestro reino,
Y que, previéndose, pudiera conjurarse,
Oh, habla.
O si en vida en el seno de la tierra
Atesoraste riquezas mal habidas, por las que,
Según se dice, vosotros los espíritus erráis tras la muerte,
[Canta el gallo.
Habla de ello. ¡Detente y habla! ¡Detenlo, Marcelo!
Marcelo ¿Lo golpeo con mi partesana?
Horacio Hazlo si no se para.
Bernardo Aquí está.
Horacio Aquí está.
Marcelo Se ha ido.
Sale el espectro.
Hacemos mal, ya que es tan majestuoso,
En ofrecerle demostraciones de violencia,
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Hamlet
Porque es invulnerable como el aire,
Y torpes remedos nuestros golpes vanos.
Bernardo Estaba a punto de hablar cuando cantó el gallo.
Horacio Y entonces salió huyendo como un delincuente
Cuando oye que lo llaman. He oído decir
Que el gallo, que es la trompeta del amanecer,
Despierta con su canto altivo y estridente
Al dios del día; y que a esta seña,
Estén en mar o en tierra, en aire o fuego,
Los espíritus errantes vuelven, presurosos,
A su encierro. Y que esto es verdad lo prueba
Lo que acabamos de ver.
Marcelo Desapareció con el cantar del gallo.
Dicen que en vísperas de las celebraciones
Del nacimiento de nuestro Salvador,
Este pájaro del alba canta la noche entera.
Y entonces, dicen, ningún espíritu osa salir de su morada.
Las noches son sanas, y no hay maleficios de los astros,
Ni encantos de las hadas, ni hechizos de las brujas,
Tan sagrado y benigno es ese tiempo.
Horacio Eso he oído decir, y así parece.
Pero mirad: la aurora, con su rojo manto,
Ya domina aquella cumbre en el oriente.
Levantemos nuestra guardia, y yo sugiero
Que narremos lo que vimos esta noche
Al joven Hamlet, ya que, por mi vida,
Este espíritu, mudo para nosotros, a él va a hablarle.
¿Estáis de acuerdo con que lo pongamos al corriente,
Como nuestro cariño y nuestro deber lo exigen?
61
William Shakespeare
Marcelo Hagámoslo, os lo ruego. Yo sé dónde
Podremos encontrarlo esta mañana.
Salen.
I.2. Trompetas. Entran Claudio, Gertrudis, Hamlet, Polonio, Laertes,
Ofelia, Voltemand, Cornelio y señores.
Claudio Aunque de la muerte de nuestro amado hermano Hamlet
El recuerdo aún está fresco, y por lo tanto debemos
Mantener el corazón de luto, y todo nuestro reino
Estrecharse en un solo gesto de pesar,
Tanto ha luchado la razón con la naturaleza
Que lo lloramos, pero con prudencia,
Sin dejar de ocuparnos de nosotros.
Así, a la que era nuestra hermana y ahora es nuestra reina,
Imperial heredera de este país en armas,
Con una suerte de júbilo frustrado,
Con un ojo esperanzado y el otro sin consuelo,
Con alegría en el funeral y lamentos en la boda,
Equilibrados el deleite y el dolor,
Hemos tomado como esposa. Nos guió en esto
Vuestra sabiduría, cuyos frutos brotaron espontáneamente
A propósito de este asunto. Por todo, nuestras gracias.
Sigue ahora lo que ya sabéis: el joven Fortimbrás,
Haciendo una pobre apreciación de nuestro poderío,
O suponiendo que la muerte de nuestro amado hermano
Dejó al país desunido y desquiciado,
Sin más aliado que esa vana ilusión de su ventaja,
No ha dejado de importunarnos con mensajes
62
Hamlet
Exigiendo la devolución de aquellas tierras
Ganadas a su padre, en justa ley,
Por nuestro valeroso hermano. Esto en cuanto a él.
Por nuestra parte, y es el motivo de este encuentro,
Hemos escrito al rey de los noruegos,
El inválido tío del joven Fortimbrás,
Quien, postrado en cama, apenas sabe
Los propósitos de su sobrino, para que le impida
Continuar con esto, ya que las levas
Y los reclutamientos se llevan adelante
Entre sus súbditos; y aquí os despachamos,
A vos, buen Cornelio, y a vos, Voltemand,
Como portadores de este mensaje al viejo rey,
Invistiéndoos con los poderes necesarios
Para negociar con él, dentro del marco
Que este largo articulado delimita. Adiós,
Y mostradnos vuestra lealtad con vuestra prisa.
Cornelio y Voltemand Os la mostraremos en esto como en todo.
Claudio No lo dudamos. Nuestro cordial saludo.
Salen Voltemand y Cornelio.
Y ahora, Laertes, decid, ¿qué novedades tenéis?
Nos hablasteis de un pedido, ¿cuál es, Laertes?
No malgastaréis la voz con vuestro rey
Si se trata de algo razonable. ¿Qué podrías tú pedir, Laertes,
Que no fuera más bien oferta mía?
La cabeza no es más cercana al corazón,
Ni la mano más útil a la boca,
Que la corona de Dinamarca a tu padre.
¿Qué quieres, Laertes?
63
William Shakespeare
Laertes El favor de vuestra venia,
Vuestra majestad, para regresar a Francia.
Pues si bien con gusto vine desde allí a Dinamarca
Para mostrar mi lealtad en vuestra coronación,
Ahora, cumplido ese deber, os debo confesar
Que mis pensamientos y deseos vuelven a Francia,
Y yo lo someto a vuestra generosa indulgencia.
Claudio ¿Tenéis el permiso de vuestro padre? ¿Qué dice Polonio?
Polonio Ha conseguido, mi Señor, mi reticente permiso,
A fuerza de insistentes peticiones, tras las cuales finalmente
Accedí a dar mi consentimiento a su deseo.
Os suplico que lo dejéis partir.
Claudio Elige el momento, Laertes. El tiempo es tuyo,
Empléalo de acuerdo con tus dones.
Pero ahora, Hamlet, sobrino e hijo mío…
Hamlet (Aparte) Algo más que sobrino, y menos que hijo.
Claudio ¿Qué? ¿Todavía ensombrecido por las nubes?
Hamlet Nada de eso, mi Señor; estoy muy expuesto al sol.
Gertrudis Mi buen Hamlet, abandona ese color nocturno,
Y que tus ojos miren al rey como a un amigo.
Deja ya de andar con los párpados cerrados
Buscando a tu noble padre por el polvo.
Sabes que es natural: todo lo que vive ha de morir,
Cruzando así las puertas de la eternidad.
Hamlet Sí, madre, es natural.
Gertrudis Y si lo es,
¿Por qué te parece tan extraño?
Hamlet ¿Parece? No, señora: es. Yo no sé de apariencias.
No es solo mi oscuro manto, buena madre,
64
Hamlet
Ni el obligado traje de riguroso luto,
Ni el vaporoso suspiro del aliento ahogado,
No, ni el río rebosante de los ojos,
Ni la expresión abatida del semblante,
Junto con todas las formas, modos y figuras externas del dolor,
Los que pueden expresarme de veras. Esas sí son apariencias,
Pues son cosas que cualquiera puede fingir,
Pero yo tengo dentro algo más fuerte
Que los vanos atavíos de la pesadumbre.
Claudio Es tierno y encomiable en vuestro carácter, Hamlet,
Dar a vuestro padre estas fúnebres honras;
Pero debéis saber que vuestro padre perdió un padre,
Que ese padre perdido perdió al suyo, y que el sobreviviente
Tiene la filial obligación, por algún tiempo,
De llevar solemne luto; pero insistir
En obstinada condolencia es una conducta
De impía terquedad, es una aflicción indigna,
Que revela una inclinación rebelde al cielo,
Un corazón blando, un ánimo impaciente,
Una vulgar e inculta comprensión.
Pues lo que sabemos que ha de ser, y es tan común
Como la más trivial de nuestras experiencias,
¿Por qué habríamos nosotros, en obcecada rebeldía,
De tomarlo tan a pecho? Es una falta contra el cielo,
Contra los muertos y contra la naturaleza,
El mayor absurdo para la razón, cuyo constante tema
Es la muerte de los padres, y que no ha dejado de exclamar,
Desde el primer cadáver hasta el del que acaba de morir:
“Así ha de ser”. Os rogamos dar por tierra
65
William Shakespeare
Con este inútil desconsuelo, y pensar en nosotros
Como en un padre, porque, que lo sepa todo el mundo,
Vos sois el más cercano a nuestro trono,
Y os profeso un amor no menos noble
Que el que el más tierno padre siente por su hijo.
En cuanto a vuestra intención
De volver a Wittenberg a retomar vuestros estudios,
Nada contrariaría más nuestros deseos,
Y os rogamos que aceptéis quedaros, para ser,
Para alegría y solaz de nuestros ojos,
Nuestro primer cortesano, nuestro sobrino y nuestro hijo.
Gertrudis No desoigas los ruegos de tu madre, Hamlet.
Te suplico permanezcas con nosotros, no vayas a Wittenberg.
Hamlet Os obedeceré en todo cuanto pueda, señora.
Claudio Es una respuesta amable y justa.
Sentíos en casa en Dinamarca. Señora, venid.
Esta noble y espontánea decisión de Hamlet
Me reconforta el corazón, y en gracia de ello
Cada jubiloso brindis que hoy hagamos
Será anunciado a las nubes con cañones
Y retumbará en el cielo el terrestre trueno
Proclamando la alegría del rey. Venid conmigo.
Trompetas. Salen todos menos Hamlet.
Hamlet Ah, si esta carne tan, tan sólida,
Se disolviera y convirtiera en rocío;
O si el Eterno no hubiera establecido
Su ley contra el suicidio. ¡Oh, Dios, Dios!
¡Qué molestas, viciadas, mustias e infructuosas
Me parecen todas las cosas de este mundo!
66
Hamlet
¡Cuánta miseria! Es un huerto sin cultivo
Y sin desmalezar. Lo fétido y grosero
Lo ha invadido. ¡Que se haya llegado a esto!
Apenas dos meses lleva muerto –no, no tanto: ni dos.
Un rey tan excelente, opuesto a este
Como Hiperión a un sátiro; tan amante de mi madre
Que ni al viento habría permitido
Visitar su rostro con rudeza. ¡Cielos y tierra!
¿Debo recordar? Ella se aferraba a él
Como si su deseo creciera
Al saciarse. Y sin embargo, en un mes…
¡No quiero pensar en ello! ¡Fragilidad, tu nombre es mujer!
Apenas un mes… Antes aún de que se gastaran los zapatos
Con los que siguió, bañada en llanto, como Níobe,
El cuerpo de mi pobre padre, ella misma
–¡Oh, Dios! Una bestia privada de razón
Lo habría llorado por más tiempo– está casada con mi tío,
El hermano de mi padre, aunque no más semejante a él
Que yo a Hércules. En un mes,
Aún antes de que sus inmorales lágrimas saladas
Dejaran de fluir de sus ojos irritados,
Ya está casada. ¡Oh, premura infame, correr con tanta prisa
Al tálamo incestuoso!
No es bueno, ni puede llevar a nada bueno.
Pero rómpete, corazón, porque debo detener mi lengua.
Entran Horacio, Marcelo y Bernardo.
Horacio ¡Salud a vuestra alteza!
Hamlet Me alegra veros bien.
Sois Horacio, o ya ni me conozco.
67
William Shakespeare
Horacio El mismo, mi Señor, y siempre vuestro humilde siervo.
Hamlet ¿Señor? ¡Mi buen amigo!: así es como hemos de llamarnos.
¿Y qué os trae de Wittenberg, Horacio?
¿Marcelo?
Marcelo Mi buen Señor.
Hamlet Me alegra mucho veros. (A Bernardo) –Buenas, señor.
Pero decidme, ¿qué os alejó de Wittenberg?
Horacio Mi tendencia a la vagancia, mi Señor.
Hamlet No oiría de un enemigo vuestro tal injuria,
Ni haréis a mis oídos la violencia
De hacerles creer lo que decís
Contra vos mismo. Sé que no sois un vagabundo.
Pero ¿qué hacéis en Elsinor?
Aquí os enseñaremos a beber.
Horacio Mi Señor, vine para asistir al funeral de vuestro padre.
Hamlet No te burles de mí, camarada, te lo ruego.
Habrá sido para ver la boda de mi madre.
Horacio Por cierto, mi Señor, que lo siguió de cerca.
Hamlet Economía, Horacio, economía. Los manjares cocidos
[para el funeral
Sirvieron como fiambres en las mesas de la boda.
Antes querría encontrar en el cielo a mi peor enemigo
Que haber presenciado ese día, Horacio.
Mi padre… Creo que veo a mi padre.
Horacio ¿Dónde, mi Señor?
Hamlet En los ojos de mi alma, Horacio.
Horacio Yo lo vi una vez. Era un gran rey.
Hamlet Era un gran hombre, sobre todo.
No espero volver a ver a otro como él.
68
Hamlet
Horacio Mi Señor, creo haberlo visto anoche.
Hamlet ¿Visto? ¿A quién?
Horacio A vuestro padre, mi Señor, el rey.
Hamlet ¡Mi padre, el rey!
Horacio Contened un instante vuestro asombro
Y prestadme oído atento, que he de contaros,
Con estos caballeros de testigos,
Este prodigio.
Hamlet Por el amor de Dios, hablad.
Horacio Durante dos noches seguidas estos caballeros,
Marcelo y Bernardo, de guardia en el mortal silencio
De la medianoche, vieron lo siguiente:
Una figura igual a vuestro padre,
De pies a cabeza y perfectamente armada,
Apareció ante ellos, y con andar solemne
Se les acercó con lentitud y majestad. Tres veces caminó
Frente a sus ojos atónitos y sobrecogidos de terror,
A la distancia de su bastón de mando, mientras ellos,
Casi convertidos, por el miedo, en gelatina,
Permanecían mudos sin hablarle. Todo esto
Con temerosa cautela me narraron,
Y velé con ellos la tercera noche,
En la que, tal como me habían contado, a la misma hora
Y en la misma forma, idénticos al relato los detalles,
La aparición llegó. Reconocí a vuestro padre.
Estas manos no se parecen más.
Hamlet Pero ¿dónde fue eso?
Marcelo Mi Señor, en la explanada donde estábamos de guardia.
Hamlet ¿No le hablasteis?
69
William Shakespeare
Horacio Yo lo hice, mi Señor,
Mas no me respondió. Pero me pareció que en un momento
Alzaba su cabeza haciendo un gesto
Como si se dispusiera a hablar;
Mas justo entonces cantó estentóreo el gallo matutino
Y ante el sonido desapareció con prisa
Sustrayéndose de nuestra vista.
Hamlet Es muy extraño.
Horacio Como que vivo, mi honorable Señor, que es cierto,
Y pensamos que era nuestra obligación
Hacéroslo saber.
Hamlet Claro, claro, señores, pero esto me perturba.
¿Estáis de guardia hoy a la noche?
Marcelo
Bernardo
Hamlet
} Así es, mi Señor.
¿Armado, dijisteis?
Marcelo
Bernardo }
Armado, mi Señor.
¿Completamente?
Hamlet
Marcelo
Bernardo
Hamlet
}De pies a cabeza, mi Señor.
¿No visteis su rostro, por lo tanto?
Horacio Oh, sí, mi Señor, llevaba su visera levantada.
Hamlet ¿Miraba con gesto torvo?
Horacio Con aspecto más de pena que de enojo.
Hamlet ¿Pálido, o encendido?
Horacio No: muy pálido.
Hamlet ¿Y fijó sus ojos sobre vos?
Horacio Constantemente.
70
Hamlet
Hamlet Ojalá hubiera estado yo allí.
Horacio Os habría dejado muy perplejo.
Hamlet No lo dudo, no lo dudo. ¿Se quedó mucho tiempo?
Horacio El que llevaría contar hasta cien sin mucha prisa.
Marcelo
Bernardo
Horacio
} Más, más.
No cuando yo lo vi.
Hamlet Su barba estaba cana, ¿no es verdad?
Horacio Tal cual recuerdo que la tuvo en vida:
Negra y plateada.
Hamlet Haré guardia esta noche.
Tal vez aparezca nuevamente.
Horacio Os garantizo que lo hará.
Hamlet Si asume la figura de mi noble padre,
Le hablaré aunque la misma boca del infierno
Se abra mandándome callar. Os ruego a todos
Que si habéis ocultado hasta ahora esta visión,
Sigáis guardándola en vuestro silencio,
Y a cualquier cosa que esta noche ocurra
Dadle vuestra comprensión, no vuestra voz.
Os recompensaré vuestro amor. Que Dios os guarde.
En la explanada, pues, entre once y doce,
Os visitaré.
Todos Nuestra lealtad a vuestra alteza.
Hamlet Vuestro cariño. Y el mío por vosotros. Adiós.
Salen todos menos Hamlet.
¡El espectro de mi padre, en armas! Algo anda mal.
Sospecho algún asunto sucio. ¡Ojalá hubiera llegado ya la noche!
Hasta entonces, serénate, alma mía. Los crímenes quedarán
71
William Shakespeare
A la vista de los hombres, aunque toda la tierra los sepulte. Sale.
I.3. Entran Laertes y Ofelia.
Laertes Mi equipaje está embarcado, adiós.
Y, hermana, siempre que el viento sea favorable
Y haya un transporte disponible, no olvidéis
Hacerme saber de vos.
Ofelia ¿Lo dudáis?
Laertes En cuanto a Hamlet, y a sus vanos galanteos,
Consideradlos efímeros caprichos de la sangre,
Una violeta en la primavera de la vida:
Fugaz, no permanente; fragante, no duradera;
Perfume y deleite de un minuto,
Nada más.
Ofelia ¿Apenas eso?
Laertes No penséis más en ello.
Pues la naturaleza, al hacernos crecer, no nos da solo
Más fuerza y corpulencia: al dilatarse ese templo
La vida interna del espíritu y el alma
Se desarrollan también. Él puede amaros hoy,
Sin mácula ni engaño en su virtud,
Pero sabed que en razón de su alto rango
No es dueño de su voluntad,
Porque ha nacido esclavo de su cuna.
No puede, como cualquier otro mortal,
Decidir por sí mismo, pues de su elección depende
El bien y la salud de todo el reino,
Y por lo tanto su voluntad debe ceñirse
72
Hamlet
Al voto y consentimiento de ese cuerpo
Del cual es la cabeza. Así, si dice amaros,
Sed prudente y creedle solo en cuanto
Pueda cumplir lo que promete, lo cual,
Dados su rango y su función, depende
De lo que dicte la voz de Dinamarca.
Pensad pues qué pérdida sufriría vuestro honor
Si prestáis oídos ingenuos a sus canciones,
O perdéis la cabeza, o abrís el cofre de vuestra castidad
A su díscola porfía.
Estad atenta, Ofelia; estad atenta, mi querida hermana,
Y manteneos a la retaguardia de vuestra inclinación,
Fuera del alcance de los peligrosos disparos del deseo.
La doncella más cauta resulta pródiga en exceso
Si revela a la luna su belleza.
Ni la misma virtud escapa a la calumnia.
El gusano hostiga a los brotes de la primavera
A menudo antes de que se abran sus capullos,
Y es en el matinal y fresco rocío de la juventud
Cuando más debe temerse el vicio. Sed prudente.
La mejor seguridad está en el miedo
Que conjura la rebeldía juvenil.
Ofelia Guardaré la impresión de estos consejos
Como centinela de mi corazón. Pero, mi buen hermano,
No hagáis como ciertos ásperos pastores
Que muestran la espinosa y ardua senda al cielo,
Mientras recorren, libertinos jactanciosos e imprudentes,
El florido camino de la sensualidad,
Ignorando sus propias advertencias.
Laertes Oh, no temáis.
73
William Shakespeare
Entra Polonio.
Me demoro demasiado. Pero aquí viene mi padre.
Una doble bendición es una doble gracia;
La suerte me regala una segunda despedida.
Polonio ¿Aún aquí, Laertes? ¡A bordo, a bordo, vamos!
Tenéis viento a favor,
Y os esperan. Recibe mi bendición
Y graba en tu memoria estos preceptos.
No des voz a tus pensamientos,
Ni ejecutes ideas desmesuradas,
Sé sencillo, pero jamás vulgar.
A tus amigos de mérito probado
Amárralos a tu alma con acero,
Pero no prodigues tu mano agasajando
A cada imberbe advenedizo que aparezca.
Evita las peleas, pero, ya en ellas,
Que sea tu adversario quien se cuide.
Presta oídos a todos, pero tu voz a pocos.
Escucha la opinión de todos, no des la tuya.
Vístete tan bien como tus medios lo permitan,
Pero sin afectación; elegante, no ostentoso;
Pues el traje suele denunciar al hombre,
Y en Francia las personas de más rango
Tienen un exquisito y noble gusto para ello.
No pidas dinero ni lo prestes,
Pues quien presta suele perder el dinero y el amigo,
Y quien toma prestado mella su propia economía.
Y sobre todo, sé sincero contigo mismo,
De lo que seguirá, como la noche al día,
74
Hamlet
Que nadie te podrá tachar de falso.
Adiós. Mi bendición. Madura esto en ti.
Laertes Con la mayor humildad me retiro, mi Señor.
Polonio Ya es hora. Id, os esperan vuestros criados.
Laertes Adiós, Ofelia, y recordad bien
Lo que os he dicho.
Ofelia Está guardado en mi memoria,
Y vos mismo conservaréis su llave.
Laertes Adiós. Sale.
Polonio ¿Qué es, Ofelia, lo que os ha dicho?
Ofelia Si queréis saberlo, algo sobre el príncipe Hamlet.
Polonio ¡Por la virgen! Bien pensado.
Me han dicho que muy a menudo, últimamente,
Os ha dedicado tiempo, y que vos misma
Lo habéis aceptado muy obsequiosamente.
Si es así, como se me ha informado
Con el propósito de prevenirme, debo deciros
Que no os comportáis con la inocencia
Que conviene a mi hija, y a vuestro honor.
¿Qué hay entre vosotros? Decidme la verdad.
Ofelia Mi Señor, últimamente me ha dado muchas muestras
De su afecto por mí.
Polonio ¿Afecto? ¡Bah! Habláis como una niña inexperta,
No probada en estas peligrosas circunstancias.
¿Creéis en sus muestras, como las llamáis?
Ofelia No sé, mi Señor, qué debo pensar.
Polonio Pues yo os lo diré. Sabeos una chiquilina
Por haber considerado genuinas esas muestras
Que no son verdaderas. Mostrad más cariño con vos misma,
75
William Shakespeare
O si no –para no agotar el aliento de esta pobre frase errante–
Me mostraréis como un tonto.
Ofelia Mi Señor, me ha hablado mucho de su amor,
Pero siempre de manera respetuosa.
Polonio De manera respetuosa, ya lo creo. Vamos, vamos.
Ofelia Y ha dado apoyo a sus palabras, mi Señor,
Con los más sagrados juramentos.
Polonio Sí: trampas para perdices. Bien sé yo
Qué pródiga da el alma juramentos a la lengua
Cuando la sangre hierve. No toméis por fuego, hija,
Estos chispazos, que dan más luz que calor
Y que no duran ni un instante. Desde ahora,
Escatimad vuestra virginal presencia.
No os rindáis tan fácil al apremio
De quien asedia vuestro corazón.
En cuanto al príncipe Hamlet,
Sabed que es joven, y que tiene
Más libertad que vos para moverse
A su antojo. En síntesis, Ofelia,
No creáis en sus promesas, pues son falsas,
No son del color que muestran sus vestidos,
Sino que encubren profanas pretensiones
Usando las sagradas palabras del amor
Para seducir mejor. En fin, para ser claro,
No quiero que a partir de ahora
Malgastéis un solo momento
Conversando con el príncipe Hamlet.
Tenedlo en cuenta, os lo ruego. A vuestras cosas.
Ofelia Obedeceré, mi Señor.
Salen.
76
Hamlet
I.4. La explanada. Entran Hamlet, Horacio y Marcelo.
Hamlet El aire muerde. Hace mucho frío.
Horacio Es un aire helado y penetrante.
Hamlet ¿Qué hora es?
Horacio Deben ser casi las doce.
Marcelo No, ya las han dado.
Horacio ¿De veras? No lo oí. Se acerca entonces el momento
En que el espectro acostumbra aparecer.
Trompetas y salvas de dos cañones.
¿Qué significa esto, mi Señor?
Hamlet El rey está despierto y se emborracha,
Danza como un salvaje y trastabilla,
Y a cada trago de vino que él apura
Rugen así el timbal y la trompeta
Para celebrar su brindis.
Horacio ¿Es una costumbre?
Hamlet Sí, sí que lo es.
Pero yo opino, pese a haber nacido aquí
Y conocer la tradición, que quebrantarla
Sería más honrado que seguirla.
Por causa de estas bacanales nos censuran
Todos los pueblos de Oriente a Occidente.
Nos llaman borrachos, y groseramente
Ensucian nuestro nombre; y esto nos quita,
Por muy grandes que sean nuestras proezas,
La esencia y médula de nuestra gloria.
Así suele ocurrir con ciertos hombres
Señalados por algún rasgo natural,
77
William Shakespeare
Sea de nacimiento –caso en el cual no son culpables,
Pues la naturaleza impide escoger el propio origen–,
Por el desarrollo de un humor que arrasa
Las defensas y fortalezas del buen juicio,
O debido a que algún hábito desborda
Las buenas maneras. De estos hombres,
Que llevan el estigma de un defecto,
Insignia de la naturaleza o mala estrella,
Las virtudes, quizás interminables,
Y puras tal vez como la gracia,
Se arruinarán, en la opinión de todos,
Por esa falta singular. El menor vicio
Pone en duda a la más noble sustancia,
Y la corrompe.
Entra el espectro.
Horacio ¡Mirad, mi Señor, ahí viene!
Hamlet ¡Ángeles y ministros de la gracia, defendednos!
Seas un espíritu incorrupto o un demonio,
Traigas aires del cielo o alientos del infierno,
Sean tus intenciones malvadas o caritativas,
Te presentas con un aspecto tan curioso
Que voy a hablarte. Te llamaré Hamlet,
Soberano, padre, rey de Dinamarca. Oh, respóndeme.
No me dejes consumirme en la ignorancia. Dime
Por qué tus santos huesos, muertos, enterrados,
Han rasgado sus mortajas; por qué el sepulcro
Donde te vimos reposar tranquilo
Ha abierto sus pesadas mandíbulas marmóreas
Para arrojarte otra vez. ¿Qué significa que tú,
78
Hamlet
Cuerpo muerto, vuelvas a visitar en tu armadura
Los pálidos destellos de la noche,
Haciéndola horrible, y trastornándonos,
Criaturas miserables, tan bruscamente
Con pensamientos superiores a nosotros?
Di, ¿qué es esto? ¿Por qué? ¿Qué debemos hacer?
[El espectro le hace una señal a Hamlet].
Horacio Os manda acompañarlo,
Como si quisiera comunicaros algo
Solo a vos.
Marcelo Mirad con qué ademán cortés
Os invita a un lugar más apartado.
Pero no vayáis con él.
Horacio No, de ningún modo.
Hamlet No hablará. Así que voy a seguirlo.
Horacio No lo hagáis, mi Señor.
Hamlet ¿Por qué, qué debería temer?
No aprecio mi vida ni en el valor de un alfiler,
Y en cuanto a mi alma, ¿qué puede hacerle,
Siendo algo tan inmortal como lo es él mismo?
Otra vez me hace señas. Lo seguiré.
Horacio ¿Y si os conduce hacia las olas, mi Señor,
O hacia la terrible cima de ese risco
Que avanza mar adentro,
Y allí asume alguna otra horrible forma
Que os prive del imperio de vuestra razón,
Y os arrastre a la locura? Meditadlo.
El sitio mismo, sin más causa, provoca impulsos
Desesperados en el juicio de cualquiera
79
William Shakespeare
Que mire al mar desde semejante altura
Y lo oiga rugir abajo a la distancia.
Hamlet Me llama todavía. Adelante, te seguiré.
Marcelo No iréis, mi Señor.
Hamlet Quitad vuestras manos.
Horacio Sed razonable. No vayáis.
Hamlet Mi destino me llama
Y vuelve a cada insignificante arteria de este cuerpo
Fuerte como los nervios del león de Nemea.
Me llama todavía. ¡Soltadme, caballeros!
¡Por el cielo, haré un espectro de aquel que se me oponga!
¡Fuera he dicho! –Vamos, te sigo.
Salen el espectro y Hamlet.
Horacio Su imaginación lo ha vuelto temerario.
Marcelo Sigámoslo. En esto no conviene obedecerlo.
Horacio Vamos tras él. ¿Adónde conducirá todo esto?
Marcelo Algo está podrido en Dinamarca.
Horacio Que el cielo lo remedie.
Marcelo Sigámoslo.
Salen.
I.5. Entran, en otro punto de la misma explanada, el espectro y Hamlet.
Hamlet ¿Dónde me llevas? Habla, no iré más lejos.
Espectro Escúchame.
Hamlet Lo haré.
Espectro Ya casi llega la hora
En que a las sulfúreas y torturantes llamas
Debo volver.
Hamlet ¡Ay, pobre espectro!
80
Hamlet
Espectro No te apiades de mí; presta atención, en cambio,
A lo que voy a revelarte.
Hamlet Habla, estoy preparado para oírte.
Espectro Y para la venganza, cuando oigas.
Hamlet ¿Qué?
Espectro Yo soy el espíritu de tu padre,
Condenado a andar errante por la noche,
Y a padecer de día entre las llamas
Hasta que los crímenes que en vida cometí
Hayan sido purgados. De no tener prohibido
Revelar los secretos de mi encierro,
La palabra más ligera de mi historia
Desgarraría tu alma, helaría tu joven sangre,
Haría saltar tus ojos, cual estrellas, de sus órbitas,
Dejaría tus bucles como púas
De un iracundo puercoespín.
Pero este eterno arcano no debe divulgarse
A oídos de carne y hueso.
Escucha, escucha, ¡oh, escucha!
Si alguna vez amaste a tu padre…
Hamlet ¡Oh, Dios!
Espectro Venga su infame y monstruoso asesinato.
Hamlet ¿Asesinato?
Espectro Asesinato horrendo, como todo asesinato,
Pero este más vil, perverso e inhumano.
Hamlet Infórmame, que con alas tan ligeras
Como la meditación o los pensamientos amorosos
Volaré a mi venganza.
Espectro Te encuentro decidido,
81
William Shakespeare
Y serías más insensible que la hierba
Que se pudre a orillas del Leteo
Si esto no te conmoviera. Escucha, Hamlet.
Se ha dicho que, mientras dormía en mi jardín,
Me mordió una serpiente. El oído de toda Dinamarca
Fue engañado con este falso relato
De mi muerte; pero sabe, noble joven,
Que la serpiente que mató a tu padre
Lleva ahora su corona.
Hamlet ¡Oh, mi alma profética!
¿Mi tío?
Espectro Sí, esa bestia incestuosa y adúltera,
Con el perverso hechizo de su gracia
–¡Oh, qué pérfido ingenio para seducir!–
Ganó para su lujuria el apetito
De mi reina, que tan virtuosa parecía.
Oh, Hamlet, qué degradación hubo en caer
Desde la altura de mi amor, tan alto
Que iba de la mano de los votos
Que le hice en nuestras bodas, al nivel
De un miserable cuyos dones naturales
No podían compararse con los míos.
Pero así como la virtud no cede
Aunque divinamente la corteje la lujuria,
También el vicio, aunque esté enlazado a un ángel,
Se hastiará en su lecho celestial
E irá a cebarse a la basura.
Pero basta, que llega ya el aire matinal.
Seré breve. Mientras dormía, como siempre,
82
Hamlet
La siesta en mi jardín, tu tío, protegido
Por mi despreocupación, entró furtivamente,
Con un maldito veneno en una ampolla
Y vertió a través de mis oídos
El destilado mortal, cuyo efecto
Es tan hostil a la sangre de los hombres
Que recorre veloz como el mercurio
Las vías del cuerpo, y con vigor fulminante
Coagula y corta, cual gotas de ácido en la leche,
La sangre ligera y saludable. Eso hizo,
Y de inmediato una costra repugnante
Cubrió toda mi piel como una lepra.
Fue así como, durmiendo y por la mano
De un hermano, fui despojado a un tiempo
De mi vida, de mi corona y de mi reina,
Segado en la flor de mis pecados,
Sin comunión, sin preparativos, sin unción,
Enviado a juicio con mis cuentas por hacer
Y todos mis defectos pesando sobre mí.
¡Qué horrible, qué horrible, qué enormemente
Horrible! Si tienes corazón, no lo toleres;
No dejes que el lecho real de Dinamarca
Sea un tálamo para la lujuria y el incesto.
Pero, como sea que lleves esto a cabo,
No manches tu mente, no permitas
Que tu alma trame nada en contra
De tu madre. Déjasela al cielo
Y a esas espinas que alojadas en su pecho
La aguijonean y torturan. Me despido.
83
William Shakespeare
La luciérnaga anuncia que se acerca el alba,
Y comienza a palidecer su débil fulgor.
Adiós, adiós, adiós. Recuérdame. Sale.
Hamlet ¡Oh, vosotras, legiones de los cielos! ¡Oh, Tierra!
¿Y qué más? ¿Añadiré el infierno?
¡Oh, infamia! Aguanta, aguanta, corazón,
Y vosotros, nervios míos, no desfallezcáis
Y mantenedme en pie. ¿Que te recuerde?
Por siempre, desventurado espectro,
Mientras la memoria tenga un sitio
En este globo trastornado. ¿Que te recuerde?
Borraré de mi memoria las trivialidades,
Sentencias, fórmulas, impresiones recogidas
De la juventud y la observación.
Y solo tu mandato vivirá
En las hojas del libro de mi mente,
Sin mezcla de materias bajas: sí, ¡por el cielo!
¡Oh, funesta mujer! ¡Oh, villano,
Villano, maldito villano sonriente!
Mis notas. Debo poner esto por escrito:
Se puede sonreír siendo un villano;
Al menos en Dinamarca. [Escribe]. Así que, tío…
La consigna: “Adiós, adiós, recuérdame”.
Lo he jurado.
Horacio (Desde adentro) ¡Mi Señor, mi Señor!
Marcelo (Desde adentro) ¡Príncipe Hamlet!
Entran Horacio y Marcelo.
¡Los
Horacio
[cielos lo protejan!
84
Hamlet
Hamlet Así sea.
Marcelo ¡Eh, eh! ¡Señor, mi Señor!
Hamlet ¡Eh, eh! ¡Oh, oh! Ven, pajarito, ven.
Marcelo ¿Cómo está todo, mi noble Señor?
Horacio ¿Qué novedades, mi
[Señor?
Hamlet ¡Oh, extraordinarias!
Horacio Mi buen Señor, contadnos.
Hamlet No, lo revelaréis.
Horacio No yo, mi Señor, por el cielo.
Marcelo Ni yo, mi Señor.
Hamlet Oiríais lo que nadie imaginó jamás.
¿Guardaréis el secreto?
Horacio
Marcelo
Hamlet
}
Por el cielo, mi Señor.
Nunca ha vivido en Dinamarca un villano
Que no haya sido un pillo consumado.
Horacio No debía aparecer ningún espectro, mi Señor,
Para decirnos esto.
Hamlet Cierto, tenéis razón,
Y por eso sin más ceremonia en absoluto
Démonos las manos y partamos. Vosotros
Adonde os lleven vuestros negocios y deseos,
Pues todo hombre tiene negocios y deseos,
Sean cuales fueren. Y yo, por mi parte,
Pobre de mí, me iré a rezar.
Horacio Esas no son más que vaguedades, mi Señor.
Hamlet Lamento que os ofendan, de corazón,
Sí, a fe, de corazón.
85
William Shakespeare
Horacio No hay ofensa, mi Señor.
Hamlet Sí, por San Patricio que la hay, Horacio,
Y demasiado grande. En cuanto a esta visión,
Quiero deciros que es un espectro verdadero.
Pero debéis dominar vuestro deseo de saber
Qué hay entre nosotros. Y ahora, mis amigos,
Ya que sois mis amigos, compañeros de estudios
Y de armas, concededme un pequeño favor.
Horacio ¿Qué es, mi Señor? Lo haremos.
Hamlet No revelar nunca lo que habéis visto esta noche.
Horacio
Marcelo }
Hamlet
No lo haremos, mi Señor.
Pero juradlo.
Horacio En verdad,
Mi Señor, no diré nada.
Marcelo Ni yo, mi Señor, de veras.
Hamlet Sobre mi espada.
Marcelo Ya hemos jurado, mi Señor.
Hamlet ¡Vamos, sobre mi espada, vamos!
Espectro (Bajo tierra) Jurad.
Hamlet Ja, ja, muchacho, ¿fuiste tú quien habló? ¿Estás ahí?
Vamos, oísteis al camarada bajo tierra.
Jurad.
Horacio Proponed la fórmula, mi Señor.
Hamlet Jurad sobre mi espada no hablar nunca
De esto que habéis visto.
Espectro Jurad.
Hamlet Hic et ubique? Cambiaremos pues de sitio.
Venid acá, caballeros, y poned
86
Hamlet
Vuestras manos otra vez sobre mi espada.
Jurad sobre mi espada no hablar nunca
De esto que habéis oído.
Espectro Jurad.
Hamlet Bien dicho, viejo topo. ¿Tan rápido puedes cavar?
Excelente zapador. Movámonos, amigos.
Horacio Oh, día y noche, qué pasmosamente extraño es esto.
Hamlet Como a un extraño dadle pues la bienvenida.
Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio,
Que las que sueña tu filosofía.
Pero venid.
Jurad, como antes, y que el cielo os ayude,
Que, por muy extravagante que me muestre
–Ya que tal vez en adelante deba
Adoptar un humor disparatado–,
Al verme así nunca revelaréis,
Cruzando los brazos o moviendo la cabeza,
O con frases misteriosas: “Ya sabemos”, o
“Podríamos si quisiéramos”, o “Si quisiéramos
Hablar”, o “Existen quienes, si pudieran”,
U otras expresiones ambiguas de ese tipo,
Que sabéis algo sobre mí. Jurad que no lo haréis,
Y os asistan, cuando las necesitéis,
La gracia y la misericordia de Dios.
Espectro Jurad.
Hamlet Descansa, descansa, espíritu perturbado.
Caballeros: me confío a vosotros,
Y lo que un hombre tan pobre como Hamlet
Pueda hacer para expresaros su amistad,
87
William Shakespeare
No ha de faltaros, Dios mediante. Entremos juntos,
El dedo sobre vuestros labios: os lo ruego.
El mundo está fuera de quicio. Suerte maldita
Haber tenido que nacer para ordenarlo.
Venid, vayamos juntos.
Salen.
II.1. Entran Polonio y Reinaldo.
Polonio Dadle este dinero y estas notas, Reinaldo.
Reinaldo Lo haré, mi Señor.
Polonio Sería sumamente sabio, buen Reinaldo,
Que indagarais, antes de visitarlo,
Sobre su comportamiento.
Reinaldo Mi Señor, eso pensé.
Polonio Vaya, bien dicho, muy bien dicho. Mirad, señor,
Averiguad primero qué daneses viven en París,
Quiénes y cómo y dónde viven, con qué medios,
Cuáles son sus compañías y sus gastos; y al descubrir,
Por medio de circunloquios de este tipo,
Que conocen a mi hijo, llegaréis más lejos
Que a través de una interrogación directa.
Fingid que lo conocéis remotamente. Podéis decir:
“Conozco al padre y a unos amigos suyos,
Y a él mismo un poco”. ¿Lo comprendéis, Reinaldo?
Reinaldo Sí, muy bien, mi Señor.
Polonio “Y a él mismo un poco”. Podéis decir: “No mucho,
Pero si es el que creo, es una buena pieza,
Dado a tal cosa y a tal otra”, y entonces cargadle
88
Hamlet
Cuantos infundios queráis; nada tan grave, claro,
Que pueda deshonrarlo: estad atento. Apenas
Las usuales faltas, licencias y locuras
Que son notorias y conocidas compañeras
De la juventud y la libertad.
Reinaldo ¿Como el juego, mi Señor?
Polonio Sí, o la bebida, los duelos, las blasfemias,
Las peleas o las mujerzuelas. Hasta allí podéis llegar.
Reinaldo Mi Señor, eso lo deshonraría.
Polonio No si sabéis atenuar la acusación.
No debéis difamarlo sugiriendo
Que tiene una tendencia al desenfreno: no quiero eso,
Sino que sutilmente presentéis sus faltas
Como extravíos de su libertad, chispas
Y estallidos de un espíritu fogoso,
Arrebatos de una sangre enfurecida,
Que son cosas que nadie desconoce.
Reinaldo Pero, Señor…
Polonio ¿Que por qué debéis hacer esto?
Reinaldo Sí, mi Señor,
Querría saberlo.
Polonio Pues bien: este es mi plan,
Que me parece una estratagema razonable.
Cargándole a mi hijo estos deslices,
Que parecen manchas naturales y corrientes,
Observad bien,
Si vuestro interlocutor, a quien queréis sacar información,
Ha visto alguna vez al joven aludido
Cometer las faltas de las que lo acusáis, estad seguro
89
William Shakespeare
Que coincidirá con vos diciendo, por ejemplo,
“Buen señor”, o algo así, o “amigo”, o “caballero”,
Dependiendo del rango y las costumbres
Del individuo y de su país.
Reinaldo Muy bien, mi Señor.
Polonio Y entonces, señor, si él hace eso… si hace… ¿Qué estaba por
decir? ¡Por todos los santos! Estaba a punto de decir alguna cosa.
¿Dónde dejé?
Reinaldo En “coincidirá con vos diciendo, por ejemplo”, en “amigo o
algo así”, o en “caballero”.
Polonio En “coincidirá con vos”, claro. Sí, es cierto.
Convendrá con vos diciendo “Conozco al caballero,
Lo vi ayer, o el otro día, o cuando fuera,
Con este y aquel otro, y allí estaba, tal como decís,
Jugando por dinero, o completamente ebrio,
O riñendo por un juego de tenis”; o tal vez,
“Lo vi entrar en una de esas casas”,
Videlicet, en un burdel, y así siguiendo. ¿Lo veis?
Será con el anzuelo del engaño que pescaréis la verdad.
Así es como nosotros, las personas de sabiduría y talento,
Con rodeos y ataques de soslayo, averiguamos,
Por medios indirectos, lo que queremos saber.
Y así, siguiendo mis instrucciones y consejos,
Actuaréis vos con mi hijo. Está claro, ¿no es cierto?
Reinaldo Sí, mi Señor.
Polonio Pues id con Dios y que Él os guarde.
Reinaldo Mi buen Señor…
Polonio Observad personalmente sus inclinaciones.
Reinaldo Así lo haré, mi Señor.
90
Hamlet
Polonio Y dejad que actúe libremente.
Reinaldo Bien, mi Señor.
Polonio Adiós.
Sale Reinaldo.
Entra Ofelia.
¿Qué pasa, Ofelia, qué te ocurre?
Ofelia ¡Oh, mi Señor, he sentido tanto miedo!
Polonio ¿De qué, en el nombre de Dios?
Ofelia Mi Señor, estaba yo cosiendo en mi aposento
Cuando se presentó ante mí el príncipe Hamlet,
Con su jubón completamente suelto,
Su cabeza descubierta, sus medias todas sucias
Y sin ligas, y caídas hasta sus tobillos,
Pálido como su camisa, sus rodillas chocando una con otra,
Y con una expresión tan lastimosa en el semblante
Que parecía haber salido del infierno.
Polonio ¿Loco por amor a ti?
Ofelia No lo sé, mi Señor,
Pero en verdad eso me temo.
Polonio ¿Qué dijo?
Ofelia Me tomó por la muñeca, y me apretó con fuerza;
Se apartó después a la distancia del largo de su brazo,
Y con su otra mano sobre su frente, de este modo,
Se quedó contemplando mi rostro atentamente,
Como queriendo retratarlo. Permaneció así largo tiempo;
Al fin, sacudiendo mi brazo suavemente, y moviendo así,
Hacia arriba y hacia abajo, tres veces, la cabeza,
Lanzó un suspiro tan triste y tan profundo
Que parecía que iba a destrozarlo
91
William Shakespeare
Y a terminar con él. Hecho eso, me soltó,
Y, con la cabeza vuelta por encima de su hombro,
Pareció encontrar su camino sin sus ojos,
Ya que salió del cuarto sin ayuda de ellos,
Manteniendo su mirada fija en mí.
Polonio Vamos, venid conmigo, voy a buscar al rey.
Esta es sin duda la locura del amor,
Cuya misma violencia lo destroza,
Y conduce al deseo a empeños temerarios
Tan a menudo como cualquier pasión de las que afligen
Nuestra condición humana. Lo lamento.
¿Qué, lo habéis tratado mal últimamente?
Ofelia No, mi buen Señor; pero, como me ordenasteis,
Rechacé sus cartas, y me negué
A recibirlo.
Polonio Eso debe haberlo vuelto loco.
Siento no haberlo observado con mayor atención
Y mejor juicio. Temí que estuviera actuando
Para perderte. Estoy avergonzado de mis celos.
Por el cielo, es tan propio de nuestra edad
El exceso de prudencia en nuestros juicios
Como es corriente entre los jóvenes
La falta de discreción. Ven, vamos a ver al rey.
Esto debe saberse, pues puede ser peor
Ocultar este amor que revelarlo.
Vamos.
Salen.
92
Hamlet
II.2. Trompetas. Entran el rey y la reina, Rosencrantz y Guildenstern,
con acompañantes.
Claudio ¡Bienvenidos, queridos Rosencrantz y Guildenstern!
Además de nuestro gran deseo de veros,
La necesidad de vuestros servicios nos movió
A llamaros con urgencia. Algo habéis oído
Sobre la transformación de Hamlet. La llamo así
Pues ni en su aspecto exterior ni internamente
Se parece al que era. Qué cosa pueda ser,
Más que la muerte de su padre,
Lo que lo ha enajenado de ese modo,
No logro imaginarlo. Os ruego a ambos,
Ya que os habéis criado con él desde la infancia,
Y os parecéis tanto en juventud y en gustos,
Que os dignéis permanecer un tiempo aquí en la corte,
Complacerlo con vuestra compañía
Y aprovechar las ocasiones que encontréis
Para averiguar la causa de la pena
Que lo atormenta de este modo, a fin de que,
Una vez descubierta, podamos remediarla.
Gertrudis Ha hablado mucho de vosotros, caballeros,
Y sé que no hay en el mundo dos personas
A quienes esté más apegado. Si os complace
Mostrarnos tanta cortesía y buena voluntad
Como para dar cumplimiento a nuestro sueño
De que os quedéis con nosotros por un tiempo,
Recibiréis la gratitud que corresponde
A la satisfacción de un rey.
93
William Shakespeare
Rosencrantz Vuestras majestades,
Por vuestra autoridad sobre nosotros, podrían
Ordenarnos, en vez de suplicarnos, cumplir
Vuestra venerable voluntad.
Guildenstern Obedecemos,
E inclinándonos a vuestros pies os ofrecemos
Nuestros servicios, sin ninguna reserva,
Para lo que queráis mandar.
Claudio Gracias, Rosencrantz, y buen Guildenstern.
Gertrudis Gracias, Guildenstern, y buen Rosencrantz.
Y os ruego que de inmediato visitéis
A mi hijo, tan cambiado. Que alguno de vosotros
Conduzca a estos caballeros ante Hamlet.
Guildenstern Quiera el cielo que nuestra presencia y nuestros actos
Le agraden y lo ayuden.
Gertrudis Que así sea.
Salen Rosencrantz, Guildenstern y algunos acompañantes.
Entra Polonio.
Mi buen Señor, los embajadores
Polonio
Han vuelto felizmente de Noruega.
Siempre has sido el padre de buenas noticias.
Claudio
¿De veras, mi Señor? Os aseguro, majestad,
Polonio
Que como cuido mi alma cuido cumplir
Mis deberes con Dios y con mi rey;
Y pienso, a menos que mi cerebro ya no pueda
Seguir un rastro con la seguridad
Con que lo hacía, que he encontrado
La causa de la perturbación de Hamlet.
Claudio Oh, hablad. Estoy ansioso por oír.
94
Hamlet
Polonio Recibid primero a los embajadores;
Mi noticia será el postre de este gran festín.
Claudio Hacedles vos mismo los honores y traedlos.
Sale Polonio.
Me dice, amada Gertrudis, que ha encontrado
La fuente del trastorno de vuestro hijo.
Gertrudis Sospecho que no es otra que la muerte
De su padre y nuestra precipitada boda.
Claudio Veremos.
Entran Polonio, Voltemand y Cornelio.
Bienvenidos, mis buenos amigos.
Decid, Voltemand, ¿qué hay de nuestro hermano, el rey noruego?
Voltemand Os retribuye los saludos y deseos.
De inmediato ordenó que terminaran
Las levas de su sobrino, que él creía
Preparativos contra el rey de los polacos,
Pero que lo eran, como comprendió,
Contra vuestra majestad. Lamentando
Que se hubiera abusado así de su dolencia,
Edad y desamparo, hizo comparecer
A Fortimbrás, que obedeció de inmediato,
Fue reprendido por el rey, y prometió
No intentar nunca más en el futuro
Un hecho de armas contra vuestra majestad.
Por lo que el viejo rey, lleno de gozo,
Le otorgó en renta anual tres mil coronas,
Y la misión de usar contra el rey de los polacos
Esos soldados que había reclutado;
Con la súplica, que aquí se especifica,
95
William Shakespeare
De que tengáis a bien conceder para esa empresa
Paso franco a través de vuestro reino,
En los términos de seguridad y garantías
Que se consignan aquí.
[Entrega un documento].
Claudio Nos complace mucho.
Y en algún momento más propicio, lo leeremos,
Responderemos y consideraremos la cuestión.
Mientras tanto, os agradecemos vuestro desempeño.
Descansad; festejaremos juntos esta noche.
Muy bienvenidos.
Salen los embajadores.
Polonio Este asunto ha terminado bien.
Mi Soberano, y Señora, argumentar
Qué debería ser la majestad, qué es el deber,
Por qué el día es día, la noche noche y tiempo el tiempo,
No sería más que perder la noche, el día y el tiempo.
Por lo tanto, puesto que la brevedad es el alma del talento
Y el tedio sus miembros y su adorno,
Voy a ser breve. Vuestro noble hijo está loco.
Lo llamo loco, pues definir la locura verdadera
¿No sería acaso estar loco?
Pero dejemos eso.
Gertrudis Más sustancia y menos arte.
Polonio Señora, os juro que no uso arte en absoluto.
Que está loco es verdad; es verdad que es una pena,
Y es una pena que sea verdad –pero dejemos
Esta torpe figura, pues no usaré más arte.
Admitamos pues que está loco, y ahora resta
Averiguar la causa de este efecto,
96
Hamlet
O la causa, mejor, de este defecto,
Porque este defecto es efecto de una causa.
El resto resta, y lo que resta es esto.
Considerad.
Tengo una hija –tengo, digo, en tanto que sea mía–,
Quien, cumpliendo con su deber y obedeciéndome, notad,
Me ha dado esto. Haced ahora vuestras deducciones.
[Lee la carta].
“A la celestial, al ídolo de mi alma, a la muy hermoseada Ofelia”.
Esa es una frase mala, una frase vil, “hermoseada” es una expresión
detestable. Pero debéis oír todavía lo que viene. Sigue así:
“En su excelso y blanco seno, estos, etcétera”.
Gertrudis ¿Ha recibido ella esto de Hamlet?
Polonio Buena Señora, aguardad un momento. Leeré fielmente:
“Pon en duda que los astros tengan fuego,
Pon en duda los movimientos del sol,
Duda de que en la verdad no haya mentira,
Pero no dudes nunca de mi amor.
Oh, querida Ofelia, no soy bueno haciendo versos, carezco de arte
para ordenar métricamente mis gemidos; pero que te amo mucho,
muchísimo, créelo. Adiós.
Tuyo por siempre, querida dama mía, mientras esta máquina
sea suya, Hamlet”.
Esto, obedientemente, me ha mostrado mi hija,
Quien además ha revelado a mis oídos
Detalles sobre el tiempo, los medios y los sitios
De esos floreos.
Claudio ¿Pero cómo ha recibido
Ella su amor?
97
William Shakespeare
Polonio ¿Qué pensáis de mí?
Claudio Os considero un hombre fiel y honorable.
Polonio Eso querría demostrar. ¿Qué habríais pensado
Si, viendo alzar vuelo a este amor ardiente –cosa
Que percibí, debo deciros, antes de que mi hija
Me lo revelara–, qué podríais pensar vos, Señor,
O mi querida majestad, la reina, aquí presente,
Si como un escritorio o como un libro, sordo y mudo,
Hubiera fingido no ver nada, o si hubiera
Contemplado ese amor sin preocuparme?
¿Qué pensaríais? No: yo puse manos a la obra
Y le dije a mi damita: “El príncipe Hamlet,
Por su rango, está fuera de tu alcance.
Esto no puede ser”. Y entonces le di orden
De que no se prestara a sus visitas,
Ni recibiera mensajeros ni regalos.
Ella obedeció mis advertencias, y él, desdeñado,
Se precipitó –para hacer corta la historia–
Primero en la tristeza, después en el ayuno,
Al punto en el insomnio, luego en la debilidad,
Más tarde en el capricho, y al final de esa pendiente
En la locura que ahora lo hace desvariar,
Y que todos lamentamos.
Claudio ¿Pensáis que es esto?
Gertrudis Puede ser, es muy probable.
Polonio ¿Ha ocurrido alguna vez, me gustaría
Saberlo, que yo haya afirmado “esto es así”
Y se haya probado lo contrario?
Claudio No que yo sepa.
98
Hamlet
Polonio Separad esto de aquí si es de otro modo.*
Voy a encontrar, con la ayuda de las circunstancias,
La verdad, aunque se oculte en el centro mismo
De la tierra.
Claudio ¿Cómo podemos cerciorarnos?
Polonio Sabéis que a veces se pasea largas horas
Por estas galerías.
Gertrudis Eso es verdad.
Polonio En una de esas ocasiones, le soltaré a mi hija.
Vos y yo observaremos el encuentro
Ocultos tras un tapiz: si él no la ama,
Y no es por eso que ha perdido la razón,
Suspendedme en mis funciones y enviadme
A tirar del carro en una granja.
Claudio Lo intentaremos.
Entra Hamlet leyendo un libro.
Gertrudis Pero mirad: ahí viene el pobre, leyendo tristemente.
Polonio Retiraos, os ruego a ambos, retiraos.
Lo abordaré ahora mismo.
Salen Claudio, Gertrudis y los criados.
–Oh, disculpadme.
¿Cómo estáis, mi buen príncipe Hamlet?
Hamlet Bien, gracias a Dios.
Polonio ¿Me conocéis, mi Señor?
Hamlet Perfectamente, sois un pescadero.
Polonio No, mi Señor.
Hamlet Pues ojalá fuerais un hombre tan honrado.
Polonio ¿Honrado, mi Señor?
*
Diversos editores indican que Polonio se toca aquí la cabeza y los hombros.
99
William Shakespeare
Hamlet Sí, señor. Ser honrado, como marcha este mundo, es ser un
hombre escogido entre diez mil.
Polonio Eso es muy cierto, mi Señor.
Hamlet Porque si el sol cría gusanos en el cadáver de un perro, que
es un buen bocado de carroña para besar… ¿Tenéis una hija?
Polonio Sí, mi Señor.
Hamlet No la expongáis al sol. La concepción es una bendición, pero
del modo en que vuestra hija puede concebir… Amigo, estad alerta.
Polonio (Aparte) ¿Qué quiere decir con eso? Otra vez con la cantinela
de mi hija. Sin embargo, al principio no me reconoció, dijo que yo era
un pescadero… Está muy perdido, muy perdido. Y a decir verdad, en
mi juventud yo sufrí muchos trastornos por amor, muy parecidos
a este. Le hablaré de nuevo. –¿Qué leéis, mi Señor?
Hamlet Palabras, palabras, palabras.
Polonio ¿Cuál es el problema, mi Señor?
Hamlet ¿Entre quiénes?
Polonio Me refiero al asunto sobre el que leéis, mi Señor.
Hamlet Calumnias, señor. Este satírico sinvergüenza dice aquí
que los hombres viejos tienen barbas grises, que sus rostros están
arrugados, que sus ojos segregan un ámbar grueso y una goma de
ciruelo, que carecen totalmente de ingenio y que tienen las nalgas
sumamente fláccidas. Todo lo cual, señor, a pesar de que yo lo creo
con la mayor vehemencia y convicción, no me parece honorable
poner por escrito de este modo. Porque vos mismo, señor, seríais tan
viejo como yo, si pudierais marchar hacia atrás como un cangrejo.
Polonio (Aparte) A pesar de que esto sea locura, hay método en
ella. –¿Querríais pasearos, mi Señor, por donde no os dé el aire?
Hamlet ¿Dentro de mi tumba?
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Hamlet
Polonio Realmente ahí no da el aire. (Aparte) ¡Qué sagaces son a
veces sus respuestas! Una agudeza que suele acompañar a la locura,
que no podría extraerse tan favorablemente a la razón y a la cordura.
Lo dejaré, y buscaré inmediatamente la forma de que se encuentre
con mi hija. –Mi honorable Señor, con la mayor humildad os pido
vuestro permiso para dejaros.
Hamlet No podéis, señor, pedirme cosa alguna que os vaya a dar
con mayor placer; excepto mi vida, excepto mi vida, excepto mi vida.
Polonio Adiós, mi Señor.
Hamlet ¡Estos fastidiosos viejos papanatas!
Entran Guildenstern y Rosencrantz.
¿Buscáis al príncipe Hamlet? Ahí está.
Polonio
Rosencrantz Dios os guarde, Señor.
Sale Polonio.
Guildenstern ¡Mi honorable Señor!
Rosencrantz ¡Mi queridísimo Señor!
Hamlet ¡Mis excelentes amigos! ¿Cómo estás, Guildenstern? Ah,
Rosencrantz. Mis buenos muchachos, ¿cómo estáis ambos?
Rosencrantz Como cualquier otro mortal sobre la Tierra.
Guildenstern Felices de no estar felices en exceso; no somos el pompón
en el gorro de la Fortuna.
Hamlet ¿Ni tampoco las suelas de sus zapatos?
Rosencrantz Tampoco, mi Señor.
Hamlet ¿Vivís pues cerca de su cintura, o en medio de sus favores?
Guildenstern A fe, la conocemos muy íntimamente.
Hamlet ¿A sus partes más secretas? Oh, muy cierto, la Fortuna
es una ramera. ¿Qué noticias traéis?
Rosencrantz Ninguna, mi Señor, salvo que el mundo se vuelve cada
día más honrado.
101
William Shakespeare
Pues
Hamlet entonces debemos estar cerca del día del Juicio
universal. Pero vuestras noticias no son ciertas. Permitidme pre-
guntar de modo más concreto: ¿qué le habéis hecho a la Fortuna,
mis buenos amigos, para merecer que os enviara a esta prisión?
Guildenstern ¿Prisión, mi Señor?
Hamlet Dinamarca es una prisión.
Rosencrantz Entonces el mundo lo es.
Hamlet Y una muy buena, en la que hay muchas celdas, mazmorras
y calabozos. Dinamarca es uno de los peores.
Rosencrantz No pensamos eso, mi Señor.
Hamlet Pues entonces no lo será para vosotros, pues no hay nin-
guna cosa buena o mala, sino que es el pensamiento lo que les da
tales atributos. Para mí es una prisión.
Rosencrantz Es vuestra ambición la que os la presenta de ese modo;
debe ser demasiado estrecha para vuestra mente.
Hamlet ¡Oh, Dios! Yo podría estar encerrado en una cáscara de
nuez y considerarme soberano de un espacio infinito, de no ser
porque tengo malos sueños.
Guildenstern Sueños que son ellos mismos ambición, ya que la sustancia
misma del ambicioso es apenas la sombra de un sueño.
Hamlet El propio sueño no es más que una sombra.
Rosencrantz Es verdad, y yo sostengo que la ambición es de una cali-
dad tan etérea y sutil que no es más que la sombra de una sombra.
Hamlet Es decir que solo los mendigos tienen cuerpo, y que nues-
tros monarcas y héroes encumbrados no son sino las sombras de
los mendigos. ¿Vamos a la corte? Pues a fe mía que no estoy para
razonar.
Ambos Estaremos a vuestro servicio.
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Hamlet
De
Hamlet ningún modo. No os confundiré con el resto de mis
criados; pues para hablaros francamente, ya me sirven de sobra.
Pero ahora, entre viejos amigos, ¿qué hacéis en Elsinor?
Rosencrantz Visitaros, mi Señor, tan solo eso.
Hamlet Mendigo como soy, soy pobre hasta en las gracias, pero
os agradezco. Aunque ese agradecimiento, mis amigos, no vale
ni medio penique. ¿Acaso no fuisteis mandados a llamar? ¿Estáis
aquí por vuestra propia voluntad? ¿Es esta una visita espontánea?
Vamos, hablad francamente conmigo. Vamos, vamos. Hablad.
Guildenstern ¿Qué deberíamos decir, mi Señor?
Hamlet Cualquier cosa, pero que responda a mis preguntas.
Habéis sido mandados a llamar, y hay una suerte de confesión en
vuestras miradas que vuestra ingenuidad no tiene astucia suficiente
para disimular. Sé que los buenos del rey y de la reina han requerido
vuestra presencia.
Rosencrantz ¿Con qué propósito, mi Señor?
Hamlet Eso debéis decírmelo vosotros. Pero dejadme conjura-
ros, en nombre de nuestra camaradería, de la amistad de nuestra
juventud, de la obligación de nuestro afecto siempre conservado,
y de lo más querido de todo aquello con lo que un expositor más
hábil podría encareceros, a que seáis sinceros y directos conmigo:
¿habéis o no sido mandados a llamar?
Rosencrantz (A Guildenstern) ¿Qué decís?
Hamlet (Aparte) No, que tengo un ojo encima vuestro. –Si me
amáis, no me ocultéis nada.
Guildenstern Mi Señor, fuimos mandados a llamar.
Hamlet Yo os diré por qué. Así, anticipándome, evitaré que voso-
tros confeséis, y la promesa de silencio que hicisteis al rey y a la
reina no habrá sido violada. Últimamente, aunque no sé por qué
103
William Shakespeare
motivo, he perdido por completo la alegría y abandonado todas
mis actividades, y mi estado de ánimo es tan malo que incluso
este hermoso sitio, el mundo, me parece un promontorio estéril,
que esta bóveda magnífica, el cielo, miradlo, este bello firmamento
que está sobre nosotros, este techo majestuoso cincelado de áureo
fuego, pues bien, no es para mí otra cosa que un viciado y pestilente
conjunto de vapores. ¡Qué obra de arte es un hombre! ¡Qué noble
en razón, qué infinito en facultades, qué expresivo y admirable en
forma y movimiento, qué semejante por su acción a un ángel y por su
comprensión a un dios! La maravilla del mundo, el modelo de todas
las criaturas. Y sin embargo, ¿qué es para mí esta quintaesencia del
polvo? El hombre no me gusta –no, tampoco la mujer, a pesar de
que con vuestra sonrisa parecéis decir eso.
Rosencrantz Mi Señor, no hubo semejante idea en mis pensamientos.
Hamlet ¿Por qué os reísteis entonces, cuando dije que el hombre
no me gusta?
Rosencrantz Porque pensé, mi Señor, qué pobre recepción recibirán
de vos, si no os gusta el hombre, los actores. Los pasamos por el
camino, y vienen hacia acá a ofreceros sus servicios.
Hamlet El que represente al rey será bien recibido. Su majestad
recibirá mi tributo; el valiente caballero hará uso de su espada y de
su escudo; el amante no suspirará en vano; el maniático terminará
su parte en paz; el bufón hará reír a aquellos cuyos pulmones estén
preparados para ello, y la dama dirá libremente lo que piensa, o
sufrirán si no los versos blancos. ¿Qué actores son?
Rosencrantz Aquellos con los que acostumbrabais deleitaros, los ac-
tores de la ciudad.
Hamlet ¿Y por qué viajan? Era mejor, para su reputación y su
provecho, permanecer establemente allí.
104
Hamlet
Rosencrantz Creo que les está prohibido a causa de la reciente con-
moción.
¿Gozan del mismo prestigio que tenían cuando yo estaba
Hamlet
en la ciudad? ¿Son tan seguidos como entonces?
Rosencrantz No, por cierto no lo son.
Hamlet ¿Qué ocurrió? ¿Se les agotó el ingenio?
Rosencrantz No, se esfuerzan por seguir manteniendo su nivel, pero
hay, Señor, una cría de niños, pequeños pichones, que se desga-
ñitan con sus gritos y son aplaudidos del modo más estruendoso.
Esa es ahora la moda, y tanto se burlan del teatro vulgar –como lo
llaman– que muchos valientes tienen miedo de ser vistos en ellos,
y rara vez se atreven a asomarse por allí.
Hamlet ¿Qué? ¿Son niños? ¿Quién los financia? ¿Cómo son sos-
tenidos? ¿Continuarán su carrera solo mientras sean capaces de
cantar? ¿No dirán más tarde, cuando se hayan convertido en actores
profesionales –como ocurrirá seguramente, si no tienen un medio
mejor para mantenerse– que los escritores les hicieron daño obli-
gándolos a vociferar contra su propio porvenir?
Rosencrantz A fe mía que ha habido mucha agitación por ambas par-
tes. El público no considera un pecado incitarlos a la controversia.
Durante un tiempo no se ponía en escena ninguna nueva pieza a
menos que el poeta y el actor llegaran a los puños.
Hamlet ¿Es posible?
Guildenstern Sí, ya se ha desperdiciado demasiado talento.
Hamlet ¿Y son los niños quienes triunfan?
Rosencrantz Ya lo creo, mi Señor. Incluso sobre Hércules y su carga.
Hamlet No debe extrañarnos, ya que mi tío es rey de Dinamarca,
y aquellos que se burlaban de él cuando mi padre aún vivía pagan
ahora veinte, cuarenta, cincuenta, cien ducados cada uno por su
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William Shakespeare
retrato en miniatura. ¡Por Dios!, hay algo en esto más que natural,
que la filosofía podría sacar a la luz.
Suenan trompetas.
Guildenstern Ahí están los actores.
Caballeros,
Hamlet sed bienvenidos a Elsinor. Vamos: vengan
vuestras manos. Corresponde dar la bienvenida con cumplimientos
y ceremonias. Permitidme rendiros las usuales cortesías de este
modo, no vaya a ser que mi acogida a los actores, que habrá de ser,
debo deciros, muy pomposa, parezca más calurosa que la que os
doy a vosotros. Sois bienvenidos. Pero mi tío-padre y mi tía-madre
se equivocan.
Guildenstern ¿En qué, mi querido Señor?
Hamlet No estoy loco más que al nornoroeste. Cuando el viento
es del sur, puedo distinguir un halcón de un serrucho.
Entra Polonio.
Qué bueno veros, caballeros.
Polonio
Prestad
Hamlet atención, Guildenstern, y vos también –a cada
oído un oyente. Ese grandulón que veis ahí no se ha desprendido
aún de sus pañales.
Rosencrantz Quizás los usa por segunda vez, porque dicen que un
hombre viejo es dos veces un niño.
Hamlet Vaticino que me viene a hablar de los actores, ya veréis.
Decís bien, señor, fue el lunes por la mañana, es verdad.
Polonio Mi Señor, tengo novedades para daros.
Hamlet Mi señor, tengo novedades para daros. Cuando Roscio
actuaba en Roma…
Polonio Han llegado los actores, mi Señor.
Hamlet Rumores, rumores.
Polonio Por mi honor.
106
Hamlet
Hamlet Entonces llegó cada actor sobre su burro.
Polonio Los mejores actores del mundo, tanto para tragedia como
para comedia, drama histórico, pastoral, pastoral-cómico, histórico-
pastoral, trágico-histórico, trágico-cómico-histórico-pastoral, esce-
na indivisible o poema ilimitado. Para ellos, ni Séneca es demasiado
pesado ni Plauto demasiado leve. Sujetos a las normas o libres de
ellas, son los mejores.
Hamlet ¡Oh, Jefté, juez de Israel, qué tesoro tenías!
Polonio ¿Qué tesoro tenía, mi Señor?
Hamlet Pues
Apenas una bella hija,
A la que él adoraba.
Polonio Otra vez con mi hija.
Hamlet ¿No estoy en lo cierto, viejo Jefté?
Polonio Si me llamáis Jefté, mi Señor, tengo una hija a la que
adoro.
Hamlet No, no es eso lo que sigue.
Polonio ¿Qué sigue entonces, mi Señor?
Hamlet ¿Cómo?
Tan solo Dios conocía la suerte que correría,
Y luego, vos sabéis:
Vino a suceder, como era de temer…
La primera estrofa de esta piadosa canción os enseñará más, pero
mirad, aquí vienen a hacerme callar.
Entran los actores.
–Sed bienvenidos, señores, bienvenidos todos. Qué alegría veros
bien. Bienvenidos, buenos amigos. ¡Oh, mi viejo amigo! Vaya, tu
rostro se ha llenado de pelos desde la última vez que te vi; ¿vienes
a desafiarme en Dinamarca? ¡Mi joven dama y señora! Por María
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William Shakespeare
santísima, vuestra merced está el alto de un zapato más cerca del
cielo que cuando la vi la última vez. Ruego a Dios que vuestra voz
no esté quebrada como una moneda fuera de circulación. Señores,
sed bienvenidos. Como halconeros franceses, queremos veros volar
sobre lo primero que se cruce: oiremos ya mismo un parlamento.
Vamos, dadnos una prueba de vuestra habilidad: vamos, un discurso
apasionado.
Primer actor ¿Qué discurso, mi buen Señor?
Hamlet Una vez te oí recitar un parlamento, que nunca fue repre-
sentado en el teatro, o si lo fue no lo fue más de una vez, porque la
pieza, por lo que recuerdo, no le gustó a la multitud: era caviar para
el vulgo. Pero era, según me pareció, y según le pareció a otros cuyo
juicio en estas materias tiene más valor que el mío, una excelente
obra, bien dispuesta en sus escenas y planteada con tanta sobriedad
como destreza. Recuerdo que alguien dijo que no había suficiente
picante en los versos para dar sabor al asunto, pero tampoco ma-
terial en el fraseo que pudiera denunciar afectación en el autor. La
consideró en fin una composición meritoria, edificante y agradable,
y elegante sin ser artificial. Me gustó sobremanera un parlamento
en él; era el relato que Eneas hacía a Dido, y especialmente aquella
parte en que se refería al asesinato de Príamo. Si sigue vivo en
vuestra memoria, comenzad en este verso, a ver, a ver…
“El feroz Pirro, como la bestia hircana”…
No, no es así. Comienza con Pirro…
“El feroz Pirro, cuyas tenebrosas armas,
Negras como su intención, semejaban la noche
Cuando yacía oculto en el nefasto corcel,
Ha manchado ahora su terrible figura de tinieblas
Con un blasón más siniestro. De pies a cabeza
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Hamlet
Está entintado en rojo, teñido horriblemente
Con sangre de padres, madres, hijas, hijos,
Cocida y dura por el calor de las hogueras de las calles,
Que alumbran con salvajes y diabólicos fulgores
El triste fin de su señor. Ardiendo en cólera y fuego,
Y así cubierto de sangre coagulada,
Con ojos como carbunclos, el infernal Pirro
Busca al anciano Príamo…”.
Continuad vos.
Polonio Por Dios, mi Señor, bien recitado, con buena entonación
y con buen tino.
Primer actor “Pronto lo encuentra,
Asestando a los griegos golpes vanos; su vieja espada,
Rebelde a su brazo, queda tendida donde cae,
Resistente al mandato. En desigual contienda,
Pirro arremete contra Príamo. Furioso, falla el golpe,
Pero al solo zumbido de su mortífera espada
El anciano cae por tierra derrotado. Entonces la insensible Ilión,
Como sintiendo el golpe, se desploma, sus techos entre llamas,
Con un estrépito horrible que se adueña
Del oído de Pirro; porque, ved aquí, su espada,
Que ya caía sobre la blanca cabeza
Del venerable Príamo, parece quedar suspendida en el aire.
Así, como el retrato inmóvil de un tirano, Pirro se detuvo,
E indiferente a su deseo y a su meta,
No hizo nada.
Pero igual que a menudo preludia una tormenta
Un silencio en los cielos, y las nubes se detienen,
Y enmudecen los atrevidos vientos, y el globo ruge
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William Shakespeare
Mudo cual la muerte, hasta que el terrible trueno
Rasga el cielo, así también en Pirro, tras la pausa,
Renace el deseo de venganza,
Y nunca los martillos de los Cíclopes cayeron
Sobre la armadura de Marte, forjada para resistir eternamente,
Con menos piedad que la de la sangrienta
Espada de Pirro cayendo sobre Príamo.
¡Fuera de aquí, Fortuna prostituta! Vosotros todos, dioses,
Reunidos en sínodo general, arrebatadle su poder,
Quebrad todos los rayos y aros de su rueda,
Y arrojadlo todo desde la cima del Olimpo
Hasta los abismos del infierno”.
Polonio Demasiado largo.
Hamlet Irá al barbero, junto con vuestra barba. –Te ruego que pro-
sigas. Este está para los bailes o para los cuentos verdes; si no, se
duerme. Sigue, vamos a Hécuba.
Primer actor “Pero quien hubiera visto a la reina arrebozada…”.
Hamlet ¿La reina arrebozada?
Polonio Eso está bien, “reina arrebozada” está bien.
Primer actor “Correr descalza de un lado a otro,
Desafiando las llamas con su llanto, cubierta con un paño la cabeza
Donde había brillado la diadema, y llevando por vestido,
Sobre sus flancos exhaustos de fecundidad,
Una manta recogida en la emergencia del incendio,
Quien hubiera visto esto, con lengua emponzoñada de rencor
Habría declarado traidora a la Fortuna.
Pero si los mismos dioses la hubieran contemplado
Cuando vio a Pirro deleitarse maliciosamente
En despedazar con su espada los miembros de su esposo,
110
Hamlet
Si hubieran oído la explosión de sus alaridos de dolor,
Habrían hecho derramar lágrimas de leche –a menos que nada
De la Tierra los conmueva– a los ardientes ojos del cielo,
Y ellos mismos se habrían llenado de piedad”.
Polonio Mirad si no ha cambiado de color, y tiene lágrimas en sus
ojos. Ya basta, por favor.
Hamlet Está bien. Pronto te haré recitar el resto. –Mi buen señor,
¿cuidaríais de que los actores estén bien atendidos? ¿Oís? Que se
los atienda bien, porque ellos son el compendio y la crónica de este
tiempo. Más os vale tener un mal epitafio después de vuestra muerte
que una mala fama entre ellos mientras vivís.
Polonio Mi Señor, les daré el tratamiento que merecen.
Hamlet No, hombre, por Dios, mucho mejor. Dad a cada hombre el
tratamiento que merece, y ¿quién escapará de los azotes? Tratadlos
conforme vuestro propio honor y dignidad; cuanto menos merezcan
ellos, más meritoria será vuestra generosidad. Acompañadlos.
Polonio Venid, señores. Sale.
Hamlet Seguidlo, amigos, mañana tendremos una representación.
–Oye, viejo amigo, ¿podríais representar La muerte de Gonzago?
Primer actor Sí, mi Señor.
Hamlet De acuerdo. La interpretaréis mañana por la noche.
¿Podríais, si fuera necesario, estudiar un parlamento de unas doce
o dieciséis líneas, que yo escribiría e insertaría en él, no es cierto?
Primer actor Sí, mi Señor.
Hamlet Muy bien. Seguid a ese caballero, y cuidado con burlaros
de él.
Salen los actores.
Mis buenos amigos, os dejo hasta la noche. Bienvenidos a Elsinor.
Rosencrantz Mi buen Señor.
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
111
William Shakespeare
Sí, sí, adiós. Ahora estoy solo.
Hamlet
¡Oh, qué miserable soy, qué desgraciado!
¿No es monstruoso que este actor,
Fingiendo apenas, soñando una pasión,
Pueda subyugar su alma hasta tal punto
Que palidezca todo su semblante,
Derrame lágrimas, su aspecto se perturbe,
Se le corte la voz, y todo su cuerpo exprese
Esas imágenes? ¿Y todo eso por nada?
¡Por Hécuba!
¿Qué es Hécuba para él, o él para Hécuba,
Para que deba llorar por ella? ¿Qué haría él
Si tuviera los motivos de dolor que yo tengo?
Inundaría el escenario de lágrimas,
Y desgarraría los oídos del público,
Enloquecería al culpable y aterraría al inocente,
Confundiría al ignorante y asombraría
A las mismas facultades de ver y oír. En cambio yo,
Canalla insensible y vacilante, permanezco
Como un alucinado, indiferente ante mi causa,
Y no puedo decir nada, ni siquiera por un rey
Sobre cuyo reino y sobre cuya amada vida
Cayó una destrucción tan condenable. ¿Soy un cobarde?
¿Nadie me llama villano, me sacude,
Me arranca la barba y me la enrostra,
Me retuerce la nariz y me acusa
De ser un mentiroso? ¿Nadie?
¡Por Dios! Debería soportarlo. No debo tener
Más vísceras que una paloma, ni la hiel
112
Hamlet
Que volvería más amarga la opresión,
Para no haber engordado ya a los buitres
Con la carroña de ese miserable. ¡Villano
Lascivo y sanguinario! ¡Cruel, pérfido, impúdico,
Monstruoso villano! ¡Oh, venganza!
¿Pero qué? ¡Qué asno soy! ¡Qué gran proeza!
¡Que yo, el hijo de la víctima querida,
Movido por el cielo y el infierno a mi venganza,
Me desahogue, como una puta, con palabras,
Y me maldiga como el más bajo de los seres,
Como una fregona de cocina! ¡Qué vergüenza!
A trabajar, cerebro mío. Hum, he oído decir
Que ciertos delincuentes, presenciando una obra,
Se han visto afectados con tal fuerza
Por la destreza de la representación
Que revelaron su culpa de inmediato;
Pues el crimen, aunque mudo, se delata
Por medios increíbles. Haré que representen
Algo semejante al asesinato de mi padre
Ante mi tío. Observaré sus miradas,
Le pondré el dedo en la llaga. Si retrocede,
Sé qué debo hacer. El espíritu que he visto
Puede ser un diablo. Y el diablo tiene poderes
Para seducir, y tal vez quiera, aprovechando
Mi debilidad y melancolía, que son estados
Que sabe dominar, abusar de mí
Para dañarme. Quiero tener, para actuar,
Pruebas contundentes. El drama es el lazo
Con el que atraparé la conciencia del rey. Sale.
113
William Shakespeare
III.1. Entran el rey, la reina, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern
y caballeros.
¿Y no podéis, a través de alguna treta,
Claudio
Sonsacarle por qué muestra este extravío,
Que sacude la calma de sus días
Con una locura tan violenta?
Rosencrantz Él admite que se siente perturbado,
Pero no dirá de ningún modo por qué causa.
Guildenstern Tampoco parece dispuesto a ser sondeado,
Pues con afectada locura se escabulle
Cuando intentamos que nos confiese algo
Sobre su verdadero estado.
Gertrudis ¿Os recibió bien?
Rosencrantz Como un perfecto caballero.
Guildenstern Aunque con una actitud algo forzada.
Rosencrantz Parco de preguntas, pero muy pródigo
Al responder las nuestras.
Gertrudis ¿Lo probasteis
Sugiriéndole alguna diversión?
Rosencrantz Ocurre, Señora, que en nuestro camino
Dimos con unos actores; le hablamos de ellos,
Y al oírnos pareció alegrarse.
Están aquí en la Corte, y, según creo,
Ya les han dado la orden
De actuar esta noche para él.
Polonio Es cierto,
Y me pidió que rogara a vuestras majestades
Que asistan a la representación.
114
Hamlet
De todo corazón. Me alegra mucho
Claudio
Oír que está tan bien dispuesto.
Caballeros, seguid aguijoneándolo
E inclinadlo a este tipo de placeres.
Rosencrantz Lo haremos, mi Señor.
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
Claudio Dulce Gertrudis, dejadnos
Vos también, ya que en secreto hemos mandado
Llamar a Hamlet, para que, como por casualidad,
Se encuentre con Ofelia. Su padre y yo,
Espías legales,
Podremos, viendo sin ser vistos,
Juzgar sin obstáculos su encuentro,
E inferir de su comportamiento
Si es o no el suplicio del amor
Lo que lo atormenta así.
Gertrudis Os obedeceré.
En cuanto a vos, Ofelia, si es vuestra belleza
La feliz causa de la alteración de Hamlet,
Que sea vuestra virtud la que lo traiga
De vuelta a su humor acostumbrado,
Para el honor de ambos.
Ofelia Señora, así lo espero.
Salen Gertrudis y los caballeros.
Polonio Venid, Ofelia. –Vuestra gracia, si os place
Nos apostaremos. –Leed este libro,
Que exhibiros así dará pretexto
A vuestra soledad. Es censurable,
Pero un rostro devoto y una actitud piadosa
115
William Shakespeare
Consiguen con frecuencia azucarar
Al mismo diablo.
Claudio (Aparte) Eso es muy cierto.
¡Cómo azota ese discurso a mi conciencia!
No es más horrible el rostro de una puta
Detrás de la pintura que lo adorna
Que mi acción detrás de mis palabras.
¡Oh, carga abrumadora!
Polonio Lo oigo venir. Retirémonos, mi Señor.
Salen Claudio y Polonio.
Entra Hamlet.
Hamlet Ser o no ser, esa es la cuestión.
¿Es más noble soportar con temple
Los golpes y dardos de la insultante Fortuna,
O alzarse en armas contra un mar de adversidades,
Y enfrentándolas ponerles fin? Morir, dormir…
Nada más. Y pensar que durmiendo damos fin
Al dolor del corazón y a los mil males
Que carga nuestra carne. Es una consumación
Digna de anhelarse. Morir, dormir…
Dormir, tal vez soñar. ¡Ay! Ahí está el problema:
Debe detenernos ignorar qué sueños puedan asaltarnos
En ese sueño de la muerte, después de abandonadas
Estas mortales ataduras. He ahí el motivo
Que da tan larga vida a la desgracia. Porque
¿Quién toleraría los azotes y el desdén del mundo,
La injusticia del tirano, las afrentas del soberbio,
El tormento del amor burlado, la demora de la ley,
La insolencia del poder y el desprecio
116
Hamlet
Que el paciente mérito recibe del indigno,
Pudiendo librarse él mismo de sus males
Con un simple puñal? ¿Quién soportaría las cargas
De una agotadora vida de gemidos y sudor
Si no fuera porque el temor a alguna cosa
Tras la muerte, ese ignoto país de cuyos lindes
Ningún viajero vuelve, nos confunde,
Haciéndonos preferir las desgracias que sufrimos
A lanzarnos sobre otras que desconocemos?
La conciencia, así, nos acobarda a todos,
El color natural de la resolución se borra
Bajo nuestras pálidas meditaciones,
Y empresas de gran envergadura e importancia
Tuercen su curso por culpa de este miramiento
Y pierden el título de acción. Pero ¡silencio!,
La hermosa Ofelia. –Ninfa, en tus plegarias
Recuerda todos mis pecados.
Ofelia Mi buen Señor,
¿Cómo está vuestra alteza, después de tantos días?
Hamlet Bien, bien, bien. Os agradezco humildemente.
Ofelia Mi Señor, tengo algunos regalos que me disteis
Y que hace tiempo quiero devolveros.
Os ruego que los recibáis ahora.
Hamlet No, yo no,
Yo nunca os di nada.
Ofelia Mi honorable Señor, bien sabéis que sí lo hicisteis,
Y con dulces palabras que los hacían más valiosos.
Perdido su perfume, tened. Pues los regalos ricos
Se hacen pobres, para un espíritu virtuoso,
117
William Shakespeare
Cuando el que los hizo se revela odioso.
Tomad, mi Señor.
Hamlet ¡Ja, ja! ¿Sois virtuosa?
Ofelia ¿Mi Señor?
Hamlet ¿Sois hermosa?
Ofelia ¿Qué quiere decir vuestra alteza?
Hamlet Que si fuerais virtuosa y hermosa, vuestra virtud no debería
admitir trato con vuestra belleza.
Ofelia ¿Podría la belleza, mi Señor, tener compañera mejor que la
virtud?
Hamlet Ya lo creo que sí. Pues el poder de la belleza hará de la virtud
una alcahueta antes de que la fuerza de la virtud convierta en su
semejante a la hermosura. Alguna vez esto fue una paradoja, pero
ahora el tiempo ha dado prueba de ello. Os amé una vez.
Ofelia Por cierto, mi Señor, eso me hicisteis creer.
Hamlet No debisteis haberme creído, porque aunque la virtud se
injerte en nuestro viejo tronco, nos quedará siempre algún resabio
de él. Yo no os amaba.
Ofelia Mayor aún fue mi engaño en ese caso.
Hamlet Vete a un convento. ¿Por qué habrías de andar pariendo
pecadores? Yo mismo soy moderadamente virtuoso, pero aun así
podría acusarme de tales cosas que sería mejor que mi madre no
me hubiera echado al mundo. Soy muy soberbio, vengativo, ambi-
cioso, con más impulsos criminales que pensamientos para darles
nombre, imaginación para darles forma, o tiempo para llevarlas
adelante. ¿Por qué deberían existir sujetos como yo arrastrándose
entre la tierra y el cielo? Somos todos unos canallas consumados,
no te fíes de ninguno de nosotros. Vete a un convento. ¿Dónde está
vuestro padre?
Ofelia En casa, mi Señor.
118
Hamlet
Hamlet Verificad que las puertas estén bien cerradas, a fin de que
no vaya a hacer tonterías fuera de su propia casa. Adiós.
Ofelia ¡Oh, ayudadlo, dulces cielos!
Hamlet Si te casas, te daré esta maldición para tu dote: puedes ser
casta como el hielo y pura como la nieve, igual no te librarás de la
calumnia. Vete a un convento, ve. Y si tienes que casarte, cásate
con un tonto, porque los hombres sabios saben bien qué clase de
monstruos hacéis de ellos. A un convento, vete. Y rápido. Adiós.
Ofelia ¡Oh, poderes del cielo, sanadlo!
Hamlet He oído hablar también, sobradamente, de vuestro maqui-
llaje. Dios os ha dado un rostro y vosotras os hacéis por vuestra
cuenta otro. Camináis como bailando, os contorneáis, habláis afecta-
damente, ponéis apodos a todo ser viviente, y pretendéis hacer pasar
vuestra ligereza por ingenuidad. Vete, ya estoy harto de eso, me ha
vuelto loco. Os advierto que no tendremos más casamientos. Todos
los que ya están casados, menos uno, vivirán, los demás, quedarán
igual que ahora. A un convento, ve. Sale.
Ofelia ¡Oh, qué noble inteligencia quebrantada!
La agudeza, la lengua, la espada
Del cortesano, del guerrero, del letrado,
La flor y esperanza del Estado, blanco gallardo
De todas las miradas, perdido, totalmente arruinado,
Y yo, la más miserable e infeliz de las mujeres,
Que gusté la miel de sus promesas musicales,
Debo ahora ver a esa razón noble y soberana
Desafinando como campanas discordantes,
Y las facciones sin par de su florida juventud
Marchitadas por el delirio. Oh, pobre de mí,
Ver lo que veo tras haber visto lo que vi.
119
William Shakespeare
Entran el rey y Polonio.
Claudio ¿Amor? Sus emociones no van por ese lado,
Y tampoco lo que dijo, aunque le faltaba algo de forma,
Parecía locura. Hay algo en su alma
Que su melancolía está incubando,
Y temo que lo que surja al romperse el cascarón
Sea peligroso. Para prevenirlo,
He resuelto, en rápida determinación,
Que viaje de inmediato a Inglaterra
A reclamar los tributos que nos deben;
Tal vez los mares y las tierras diferentes,
Con su variedad de objetos, puedan expulsar
Lo que sea que en su pecho se ha arraigado
Y que golpea su cerebro, y lo desquicia.
¿Qué os parece?
Polonio Será bueno. Pero yo sigo creyendo
Que el origen y comienzo de su pena viene
Del amor desairado. –¿Cómo estáis, Ofelia?
No precisáis contarnos lo que el príncipe Hamlet dijo,
Lo oímos todo. –Mi Señor, obrad como gustéis,
Mas si os parece oportuno, tras la representación
Dejad que su madre, la reina, lo inste, a solas,
A que le revele su dolor. Que sea directa con él,
Y yo estaré, si vos lo permitís, escuchando todo.
Si ella no logra arrancarle su secreto,
Mandadlo a Inglaterra, o confinadlo
Donde juzguéis conveniente.
Claudio Así será.
La locura de los grandes no debe quedar sin vigilancia.
Salen.
120
Hamlet
III.2. Entran Hamlet y dos o tres actores.
Hamlet Os ruego que recitéis el parlamento como os lo he declama-
do, con lengua ágil. Si lo vociferáis, como suelen hacer muchos de
nuestros actores, será como haberle dado mis líneas al pregonero.
Tampoco mováis vuestra mano de este modo, como si quisierais
serruchar el aire: es mejor ser mesurado en todo; pues aun en me-
dio del torrente, de la tempestad, del torbellino, por así decir, de
vuestra pasión, debéis conquistar y transmitir una templanza que
os permita dar elegancia a la expresión. Me ofende en el alma oír a
un robusto actor empelucado hacer jirones una pasión, convertirla
en verdaderos harapos, desgarrar los oídos de los del patio, quienes
en su mayoría son incapaces de apreciar otra cosa que absurdas
pantomimas y alboroto. Haría azotar a semejante actor por sobre-
actuar el papel de Termagante. Os ruego que lo evitéis.
Primer actor Lo garantizo a vuestra alteza.
Hamlet No exageréis tampoco la moderación; dejad que vuestra
propia prudencia os guíe. Ajustad la acción a la palabra y la palabra
a la acción, cuidando especialmente no transgredir los límites del
pudor de la naturaleza. Porque toda exageración es ajena al propósito
de la actuación, cuyo objetivo, tanto en su origen como ahora, fue
y es constituir, por así decir, un espejo de la naturaleza, mostrar
a la virtud su propio rostro, al desdén su propia imagen, y a cada
época su forma y sello propios. Ahora bien: todo esto sobreactuado,
o hecho sin nervio, por más que haga reír al ignorante, solo puede
agraviar a los hombres sensatos, el juicio de uno solo de los cuales
debe pesar más en vuestra estima que el de todo un teatro lleno de
los otros. Oh, hay actores altamente renombrados, a quienes he
visto actuar, que no teniendo –no quiero ser grosero– ni el acento
121
William Shakespeare
ni el porte de cristianos, ni de paganos, ni de hombres siquiera, se
pavoneaban y gritaban de tal modo que llegué a pensar si no habrían
sido aprendices de la naturaleza quienes los habían hecho, y no los
habían hecho bien, tan abominable era el modo en que imitaban a
la humanidad.
Primer actor Confío que en buena medida ya hayamos corregido eso,
Señor.
Hamlet Pues corregidlo del todo. Y procurad que los que hacen de
bufones no hablen más de lo que ha sido escrito para ellos, porque
hay algunos que empiezan a reírse por su cuenta para hacer reír
también a algunos espectadores ignorantes, aun cuando en ese mis-
mo momento algún punto esencial de la pieza reclame la atención.
Eso es infame, y revela la más lamentable ambición en el tonto que
lo hace. Id a prepararos.
Salen los actores.
Entran Polonio, Rosencrantz y Guildenstern.
–¿Y bien, señor, asistirá el rey a oír la obra?
Y la reina también, y de inmediato.
Polonio
Rogad a los actores que se apuren.
Hamlet
Sale Polonio.
¿Ayudaréis vosotros dos a que se den prisa?
Sí, mi Señor.
Rosencrantz
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
¡Hola, Horacio!
Hamlet
Entra Horacio.
Aquí estoy, mi buen Señor, para serviros.
Horacio
Horacio, tú eres sin duda el hombre más cabal
Hamlet
Con que jamás haya tratado.
Horacio Oh, mi querido Señor.
122
Hamlet
Hamlet No pienses que te adulo.
¿Qué podría esperar de ti, si tu única Fortuna
Son tus dotes para agenciarte tu alimento
Y tu vestido? ¿Por qué adular al pobre?
No: que las lenguas melosas laman la vana pompa,
Y se doblen las rodillas serviciales a la espera
De un beneficio que siga a la lisonja. ¿Me oyes?
Desde que mi alma es dueña de sus elecciones
Y puede distinguir entre los hombres,
Te ha elegido para ella, pues tú siempre,
Desgraciado o feliz, has aceptado
Los golpes y los premios de la suerte
Con ánimo sereno. Benditos sean aquellos
Cuyas pasiones y razón están tan bien balanceadas
Que no son una flauta que la Fortuna, con sus dedos,
Pueda hacer sonar como le plazca. Dame al hombre
Que no sea esclavo de las pasiones, y lo llevaré
En el centro de mi pecho, sí, en mi corazón,
Donde te llevo a ti. Pero ya basta con esto.
Esta noche, ante el rey, se representará una pieza,
Una de cuyas escenas tiene un cierto parecido
Con lo que te conté sobre la muerte de mi padre.
Te ruego que cuando llegue ese momento,
Con toda la penetración de tu alma
Observes a mi tío. Si su oculto crimen
No se revela en cierto parlamento,
Lo que vimos era un espíritu maligno,
Y mis ideas son sucias como la fragua
De Vulcano. Observadlo muy atentamente.
123
William Shakespeare
Por mi parte no apartaré los ojos de su rostro,
Y después reuniremos nuestras observaciones
Para juzgar sobre su aspecto.
Horacio Bien, mi Señor.
Si durante la representación algo se hurta
A mi atención, yo pago el robo.
Suena una trompeta.
Hamlet Vienen a la función. Debo hacerme el loco.
Conseguíos un lugar.
Marcha danesa (trompetas y timbales). Entran el rey, la reina, Polonio, Ofelia,
Rosencrantz, Guildenstern, señores del séquito y guardias con antorchas.
Claudio ¿Cómo está nuestro sobrino Hamlet?
Hamlet Excelente, a fe. Me mantengo del aire, como el camaleón, y
engordo de esperanzas. No podríais cebar así a vuestros capones.
Claudio Esa respuesta no me dice nada, Hamlet, esas palabras no
me ayudan.
Hamlet No, a mí tampoco ahora. –Mi señor, vos actuasteis una
vez en la universidad, según decís.
Polonio Sí que lo hice, mi Señor, y era considerado un buen actor.
Hamlet ¿Y qué representasteis?
Polonio Hice de Julio Cesar. Era asesinado en el Capitolio. Bruto
me asesinaba.
Hamlet Qué brutalidad de parte suya matar allí a un sujeto tan
capital. –¿Están listos los actores?
Rosencrantz Sí, mi Señor, esperan vuestras órdenes.
Gertrudis Venid aquí, mi querido Hamlet, sentaos junto a mí.
Hamlet No, buena madre, aquí hay un imán más atractivo.
Polonio Oh, oh, ¿habéis notado eso?
Hamlet Señora, ¿puedo tenderme en vuestro regazo?
124
Hamlet
No, mi Señor.
Ofelia
Quiero decir: apoyar mi cabeza en vuestra falda.
Hamlet
Sí, mi Señor.
Ofelia
¿Pensasteis que quería sugerir algo indecente?
Hamlet
No pienso nada, mi Señor.
Ofelia
He ahí un bello pensamiento: descansar entre las piernas
Hamlet
de una dama.
Ofelia ¿Qué, mi Señor?
Hamlet Nada.
Ofelia Estáis alegre, mi Señor.
Hamlet ¿Quién, yo?
Ofelia Sí, mi Señor.
Hamlet Oh, Dios, no hay mejor bufón que yo. ¿Qué habría de hacer
un hombre sino estar alegre? Mirad si no qué animada parece mi
madre, y mi padre murió hace dos horas.
Ofelia No, hace dos veces dos meses, mi Señor.
Hamlet ¿Tanto tiempo? Pues entonces que se vista de negro el
diablo, que yo voy a ponerme un traje de piel de marta cebellina.
¡Oh, cielos! ¿Dos meses muerto y aún sin olvidar? Entonces existe
la esperanza de que la memoria de un gran hombre lo sobreviva
medio año. ¡Por la virgen! Deberá pues construir iglesias, o de otro
modo nadie habrá de recordarlo, como a aquel caballito cuyo epitafio
es “Pues oh, pues oh, el caballo de palo se olvidó”.
Toque de oboes. Empieza la pantomima.
Entran un rey y una reina, en actitud muy amorosa; se abrazan. Ella se arrodilla
y hace protestas de amor ante él. Él la levanta, y reclina la cabeza sobre su pecho.
Luego se recuesta sobre un lecho de flores. Ella, viéndolo dormido, lo deja. En
seguida entra otro hombre, le quita su corona, la besa, vierte veneno en sus oídos,
y se marcha. La reina vuelve, encuentra muerto al rey, y gesticula apasionada-
125
William Shakespeare
mente. El envenenador, con otros dos o tres personajes mudos, entra de nuevo,
y parece condolerse con ella. El cadáver es llevado fuera. El envenenador corteja
a la reina con regalos. Ella parece rechazarlo un tiempo, pero al final acepta su
amor. Salen.
Ofelia ¿Qué significa esto, mi Señor?
Hamlet Caramba, esto es tirar la piedra y esconder la mano, y es
una felonía.
Ofelia Tal vez esta pantomima explique el argumento de la pieza.
Entra el Prólogo.
Hamlet Lo sabremos por este; los actores no pueden guardar
secretos, lo dirán todo.
Ofelia ¿Nos dirá lo que significa esto que nos han mostrado?
Hamlet Sí, o cualquier cosa que queráis mostrarle a él. No os
avergoncéis de mostrar, y él no se avergonzará de deci-
ros lo que significa.
Ofelia Qué pícaro sois, qué pícaro. Prestaré atención a la obra.
Prólogo Para nosotros y para nuestra pieza,
Inclinándonos ante vuestra clemencia,
Os rogamos paciente atención.
Hamlet ¿Es un prólogo, o la divisa de un anillo?
Ofelia Es breve, mi Señor.
Hamlet Como el amor de una mujer.
Entran los Actores rey y reina.
Treinta giros completó Febo sobre los dominios
Actor rey
De Neptuno y de Tellus, y treinta veces doce lunas
Alumbraron, con prestado fulgor, doce treintenas
De veces todo el mundo, desde que el amor
Unió nuestros corazones, e Himeneo nuestras manos,
En un lazo recíproco y sagrado.
126
Hamlet
Actor reina Que otras tantas jornadas del sol y de la luna
Podamos contar antes de que nuestro amor se extinga.
Mas ay de mí, vos estáis tan enfermo últimamente,
Tan abatido y distante de vuestro antiguo estado,
Que temo por vos. Sin embargo, esa zozobra mía
No debe en modo alguno, Señor mío, perturbaros.
Ya que en la mujer el temor y el amor corren parejos,
O no existe ninguno, o ambos se ofrecen por entero.
De cuán grande es mi amor ya tenéis prueba;
Y del mismo tamaño de mi amor es mi recelo.
Donde es grande el amor, la menor aprensión se vuelve
[miedo;
Donde los pequeños miedos crecen, crece el amor.
Actor rey A fe que deberé dejarte, amor, y pronto:
Mis funciones decaen y mi energía se extingue;
Y tú me sobrevivirás en este hermoso mundo,
Honrada, amada; y tal vez a alguien bondadoso
Como marido habrás…
Actor reina ¡Oh, basta! ¡No sigáis!
Semejante amor sería en mi pecho una traición.
Maldita sea yo si contraigo un segundo matrimonio:
Solo quiere al segundo quien mató al primero.
Hamlet Eso es amargo, amargo.
Actor reina Los motivos que mueven a un segundo matrimonio
Son consideraciones de lucro, no de amor.
Por segunda vez mataría a mi esposo muerto
Si en mi lecho un segundo esposo me besara.
Actor rey Creo que ahora pensáis lo que decís,
Pero a menudo quebrantamos nuestras resoluciones.
127
William Shakespeare
El propósito es esclavo del recuerdo,
Violento al comienzo, pero de poca fuerza,
Ahora cuelga del árbol como fruta verde,
Pero caerá por sí solo al madurar.
Necesariamente nos olvidamos de pagarnos
Lo que nos debemos a nosotros mismos.
Lo que nos prometemos en el calor de la pasión,
Lo abandonamos cuando la pasión se calma.
El fuego del dolor y del placer, cuando estos cesan,
Se destruye a sí mismo.
Cuando triunfa el placer, sufre el dolor;
Pero este triunfa y aquel sufre ante el menor incidente.
Este mundo no es eterno, y por eso no es extraño
Que incluso nuestro amor cambie con nuestra fortuna,
Porque es aún una cuestión por resolver
Si el amor gobierna a la fortuna o esta al amor.
Cuando cae el poderoso, sus amigos huyen de él;
Cuando asciende el miserable, todos se acercan:
Hasta tal punto sigue el amor a la fortuna.
Porque quien nada necesita siempre tendrá amigos,
Y quien en la necesidad pone a un falso amigo a prueba
Lo vuelve de inmediato su enemigo.
Pero para terminar con lo que había empezado,
Nuestra voluntad y nuestra suerte corren tan distantes
Que nuestros planes siempre se derrumban;
Dominamos nuestros pensamientos, no el futuro.
Así, piensas que no habrás de tener un segundo esposo,
Pero tu empeño morirá con tu primer señor.
Actor reina Que no me nutra la tierra ni me ilumine el cielo,
128
Hamlet
Que el día y la noche me nieguen placeres y reposo,
Que toda mi confianza se vuelva desesperación,
Que no anhele más que una cueva de ermitaño,
Que todas las fuerzas enemigas de la felicidad
Salgan al paso de todo cuanto amo y lo destruyan,
Que sea desgraciada en este mundo y en el otro,
Si después de viuda vuelvo a ser esposa.
Hamlet ¿Y si quebrantara ahora su promesa?
Actor rey Solemne ha sido el juramento. Dejadme ahora,
Dulce mía: estoy cansado, y querría engañar
Al tedio con el sueño.
[Se duerme].
Actor reina
Descansa tu mente,
Y que nunca se interponga la desgracia entre nosotros.
Hamlet Señora, ¿os gusta esta pieza?
Gertrudis Pienso que la dama promete demasiado.
Hamlet Oh, pero ella mantendrá su palabra.
Claudio ¿Habéis oído el argumento? ¿No hay en él ninguna ofensa?
Hamlet No, no, todo no es más que una broma, veneno en broma,
nada ofensivo.
Claudio ¿Cómo se llama la pieza?
Hamlet La ratonera. ¿Por qué, diréis? Pues en sentido figurado. Esta
obra representa un asesinato cometido en Viena. El duque se llama
Gonzago; su mujer, Bautista. Ya lo veréis. Toda una canallada, pero
¿qué importa? A vuestra majestad y a nosotros, que tenemos limpia
el alma, no nos afecta. Que cocee el jamelgo lleno de mataduras.
Nosotros no tenemos desollado el lomo.
Entra Luciano.
Este es un tal Luciano, sobrino del rey.
129
William Shakespeare
Ofelia Sois tan bueno como un coro, mi Señor.
Hamlet Podría hacer de coro explicando lo que hacéis con vuestro
amante si pudiera ver vuestro juego de marionetas.
Ofelia Sois mordaz, mi Señor, sois pícaro.
Hamlet Os costaría gemir con el dolor de un parto quitarme esa
picazón.
Ofelia Otra vez cambiáis el sentido de lo que digo y lo empeoráis
todo.
Hamlet Es así como elegís a vuestros maridos. –Empieza, asesino.
¡Mala peste, deja esas malditas muecas y comienza! Vamos, el
cuervo graznador ruge por venganza.
Luciano Negro el designio, lista la mano, presta la droga.
El tiempo es propicio: nadie mira. Mezcla de malezas
Cocida a medianoche, tres veces maldecida
Con el hechizo de Hécata, tres veces infecta,
Que tu magia natural y que tu horrible poder
Le arranquen la vida de inmediato.
[Vierte el veneno en los oídos del rey].
Hamlet Lo envenena en el jardín, para arrebatarle la corona. Su
nombre es Gonzago. La historia es verídica, y está escrita en ele-
gantísimo italiano. Veréis enseguida cómo el asesino conquista el
amor de la mujer de Gonzago.
Ofelia El rey se levanta.
Hamlet ¿Qué, asustado con fuegos de artificio?
Gertrudis ¿Qué os sucede, mi Señor?
Polonio Detened la obra.
Claudio Alumbradme. ¡Afuera!
Señores ¡Luces, luces, luces!
Salen todos menos Hamlet y Horacio.
130
Hamlet
Hamlet Deja que huya llorando el ciervo herido,
Y que el cervatillo ileso continúe jugando,
Algunos velan mientras otros duermen,
Así es como el mundo va marchando.
¿No os parece, señor, que si toda mi suerte me dejara, podría con
esto, y con un bosque de plumas y dos rosas de Provenza en mis
zapatos, tener una parte en una compañía de actores?
Horacio Media parte.
Hamlet Una entera.
Porque tú sabes, oh, Damón querido,
Que han hecho que este reino pierda
Al mismo Júpiter, y ahora reina aquí
Un gran, gran… pavo real.
Horacio Podríais haber rimado.
Hamlet Oh, buen Horacio, apuesto mil libras por la palabra del
espectro. ¿Te diste cuenta?
Horacio Muy bien, mi Señor.
Hamlet ¿Cuando se habló de veneno?
Horacio Lo noté perfectamente.
Entran Rosencrantz y Guildenstern.
¡Ea! ¡Vamos, música! ¡Venid, las flautas dulces!
Hamlet
Porque si al rey no le gusta la comedia,
Pues será, por Dios, que le disgusta.
¡Vamos, música!
Guildenstern Mi buen Señor, permitidme que os diga una palabra.
Hamlet Señor, una historia entera.
Guildenstern El rey, Señor…
Hamlet Sí, señor, ¿qué pasa con él?
131
William Shakespeare
Guildenstern Se ha retirado a su aposento, sumamente perturbado.
Hamlet ¿A causa de la bebida, señor?
Guildenstern No, mi Señor. De la cólera.
Hamlet Vuestra sabiduría se revelaría más rica si le contarais
esto a un médico, porque la purga que yo le daría lo dejaría aún
más enfermo.
Guildenstern Mi buen Señor, poned un poco de orden en vuestras pa-
labras, y no os apartéis tan bruscamente del problema.
Hamlet Hablad, señor. Estoy calmo.
Guildenstern La reina, vuestra madre, sumida en la mayor aflicción,
me ha enviado a veros.
Hamlet Pues sois bienvenido.
Guildenstern No, mi buen Señor, esa cortesía es extemporánea. Si te-
néis a bien darme una respuesta razonable, cumpliré el cometido
que me hizo vuestra madre. Si no, vuestro permiso y mi regreso
pondrán fin a mi tarea.
Hamlet No puedo, señor.
Rosencrantz ¿Qué, mi Señor?
Hamlet Daros una respuesta razonable; mi juicio está atrofiado.
Pero en la medida de mis posibilidades, señor, os responderé, o,
como decís, le responderé a mi madre. Pero basta ya, vamos al
grano. Mi madre, decís…
Rosencrantz Pues dijo lo siguiente: que vuestro comportamiento la
había llenado de sorpresa y de estupor.
Hamlet Oh, qué maravilloso hijo que puede asombrar así a su
madre. Pero decidme, ¿trae alguna consecuencia esta admiración
materna?
Rosencrantz Desea hablar con vos en sus habitaciones antes de que
os acostéis.
132
Hamlet
Obedeceremos,
Hamlet aunque sea diez veces nuestra madre.
¿Tenéis otro asunto que tratar con nosotros?
Rosencrantz Mi Señor, vos me quisisteis una vez.
Hamlet Y aún os quiero; lo juro por estas manos pecadoras.
Rosencrantz Mi buen Señor, ¿cuál es la causa de vuestra perturbación?
Ciertamente cerráis la puerta a vuestra propia liberación si os negáis
a compartir vuestro dolor con vuestro amigo.
Hamlet Señor, quiero tener más de lo que tengo.
Rosencrantz ¿Cómo es eso posible, cuando tenéis la palabra del propio
rey de que habréis de sucederlo en el trono?
Hamlet Sí, señor, pero mientras la hierba crece… El proverbio es
ya bastante viejo.
Entran los actores con algunas flautas.
Oh, las flautas dulces. –Dejadme ver una. –Entre nosotros: ¿por qué
me estáis acechando tratando de ganarme el lado del viento para
que caiga en la trampa?
Guildenstern Oh, mi Señor, si mi celo es excesivo, es porque mi amor
me vuelve torpe.
Hamlet No entiendo bien eso. ¿Tocaríais este instrumento?
Guildenstern No puedo, mi Señor.
Hamlet Os lo ruego.
Guildenstern Creedme que no puedo.
Hamlet Por favor, os lo suplico.
Guildenstern Mi Señor, ignoro por completo cómo hay que tocarlo.
Hamlet Es tan fácil como mentir. Tapad estos agujeros con los
dedos, dadle aire con la boca, y producirá la música más conmove-
dora. Mirad, estas son las llaves.
Guildenstern Pero no tengo el arte necesario para hacer que todo
esto produzca una expresión armónica.
133
William Shakespeare
Pues
Hamlet ved ahora qué cosa tan indigna hacéis de mí. Que-
réis tocarme como a un instrumento, pretendéis conocer todas
mis llaves, intentáis arrancarme el corazón de mi secreto, tratáis
de hacerme emitir desde la nota más baja hasta la más alta de mi
diapasón, y no sois capaces de hacer sonar este pequeño instru-
mento, a pesar de toda la música y el excelente sonido que hay en
él. ¡Por Dios! ¿Pensáis que soy más fácil de tocar que una flauta
dulce? Podéis tomarme por el instrumento que queráis, y tocarme
cuanto os plazca, pero no me sacaréis ningún sonido.
Entra Polonio.
–Dios os bendiga, señor.
Polonio Mi Señor, la reina querría hablar con vos, y de inmediato.
Hamlet ¿Veis allá esa nube que tiene la forma de un camello?
Polonio ¡Por Dios! Realmente parece un camello.
Hamlet Yo creo que es como una comadreja.
Polonio Tiene el lomo de una comadreja.
Hamlet ¿O el de una ballena?
Polonio Es muy semejante al de una ballena.
Hamlet Pues entonces iré a ver a mi madre enseguida… (Aparte) Me
exasperan tanto que me van a volver loco de veras. –Iré enseguida.
Polonio Voy a informarlo. Sale.
Hamlet Enseguida se dice fácilmente. –Dejadme, amigos.
Salen todos menos Hamlet.
Es la hora precisa de las brujerías nocturnas,
Cuando las tumbas se abren, y el mismo infierno exhala
Su aliento hediondo sobre el mundo. Ahora podría beber
Sangre caliente, y hacer cosas tan horribles que el día
Temblaría al contemplarlas. Pero basta, ahora a mi madre.
No pierdas, corazón, tus sentimientos; nunca permitas
134
Hamlet
Al alma de Nerón penetrar en este firme pecho.
Sea yo cruel, pero no inhumano. Diré palabras
Que serán puñales, mas no usaré ningún puñal.
Mi lengua y mi alma estarán en esto separadas,
Y por mucho que mis palabras la castiguen,
Que mi alma no consienta en sellarlas con la acción. Sale.
III.3 Entran Claudio, Rosencrantz y Guildenstern.
Claudio No me gusta cómo actúa, ni nos resulta seguro
Dar rienda suelta a su locura. Por lo tanto, preparaos:
Despacharé inmediatamente vuestra comisión
Y él irá con vosotros a Inglaterra.
Nuestra dignidad no puede tolerar tan cerca de nosotros
Un peligro como el que crece a cada instante
A causa de sus arrebatos.
Guildenstern Nos aprontaremos.
Es una sacrosanta y piadosa obligación velar
Por la seguridad de los incontables seres
Que dependen de vuestra majestad.
Rosencrantz Si cada vida singular está obligada
A usar toda la fuerza y los recursos de la mente
Para mantenerse fuera de peligro, mucho más
Lo está el espíritu de aquel en cuyo bien descansan
Tantas vidas. Cuando la majestad desaparece,
No muere sola, sino que arrastra como un torbellino
Todo cuanto la rodea. Es una enorme rueda
Fija en la cumbre de la más alta montaña,
A cuyos enormes rayos se han unido diez mil
135
William Shakespeare
Cosas menores, de modo que cuando ella cae,
Cada pequeña pieza, cada mínimo accesorio,
Participa de la ruina. El rey nunca sufre solo:
Sus suspiros traen siempre un gemido universal.
Claudio Preparaos, os lo ruego, para este urgente viaje,
Pues vamos a poner grilletes a los pies de este temor
Que ahora corre demasiado libre.
Rosencrantz Así lo haremos.
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
Entra Polonio.
Mi Señor, se dirige a los aposentos de su madre.
Polonio
Me esconderé tras los tapices para oírlos.
Me cercioraré de que ella lo reprenda con dureza.
Como dijisteis, y fue una cosa sabia de decir,
Conviene que más oídos que los de una madre,
Naturalmente parciales, oigan secretamente
Cuanto conversen. Adiós, mi Señor,
Iré a veros antes de que os acostéis
Con lo que sepa.
Claudio Gracias, mi querido señor.
Sale Polonio.
Oh, mi crimen es atroz, su hedor llega hasta el cielo;
Carga la maldición primera y primordial que pesa
Sobre el asesinato de un hermano. No puedo rezar,
Aunque deseo hacerlo con toda mi voluntad.
Mi culpa, más fuerte que mi empeño, lo derrota,
Y como un hombre abocado a dos tareas,
Quedo detenido sin saber por dónde comenzar,
Y descuido ambas. ¿No hay en el bendito cielo lluvia
Suficiente para lavar esta mano condenada,
136
Hamlet
Impregnada de la sangre de un hermano, y dejarla
Blanca como la nieve? ¿Para qué sirve la piedad
Sino para enfrentar el rostro de la culpa?
¿Y no es acaso el doble poder de la oración
El de evitar nuestra caída y el de perdonarnos
Cuando ya caímos? Elevaré pues la vista al cielo.
Mi crimen ya está consumado. ¿Qué forma de oración
Puede servirme? “¿Perdonadme mi sucio asesinato?”.
No, no puede ser, ya que aún estoy en posesión
De aquello por lo que asesiné: mi corona, mis propias
Ambiciones y mi reina. ¿Puede esperarse perdón
Si se conservan los frutos del delito?
En este corrupto mundo la mano criminal, llena
De oro, puede hacer a un lado la justicia,
Y suele el mismo inicuo premio del desaguisado
Sobornar a la ley. Pero no sucede así allá arriba;
Allí no hay trucos, allí la acción se muestra
Tal cual es, y nosotros mismos nos vemos obligados
A prestar declaración enfrentados cara a cara
Con nuestros pecados. ¿Entonces? Queda probar la fuerza
Del arrepentimiento. ¿De qué no es este capaz?
¿Pero qué hacer cuando uno no puede arrepentirse?
¡Miserable condición! ¡Corazón negro cual la muerte!
¡Alma prisionera que cuanto más luchas por librarte
Más te hundes! ¡Ayudadme, ángeles! Probemos: tercas
Rodillas, doblaos, y volveos, corazón de acero,
Tan tierno como los tendones de un recién nacido.
Quizás aún haya remedio.
[Se arrodilla].
Entra Hamlet.
137
William Shakespeare
Hamlet Ahora que está rezando, podría hacerlo,
Y ahora lo haré… Y de ese modo él se va al cielo
Y yo tengo venganza. Esto requiere reflexión.
Un bribón mata a mi padre, y a causa de eso
Yo, su único hijo, mando a este mismo malhechor
Al cielo.
Pero esto es un premio y un salario, no una venganza;
Él sorprendió a mi padre harto de pan, con sus crímenes
Lozanos, vigorosos como una flor en mayo,
Y con cuentas cuyo saldo solo Dios conoce,
Aunque todo me hace pensar que deben resultarle
Una carga pesada de llevar. ¿Y yo me vengo
Justo cuando está purificando su alma,
Cuando está listo y preparado para el viaje?
No.
Detente, espada, y elige otro momento más horrible,
Cuando esté durmiendo en su embriaguez, o enfurecido,
O en los incestuosos placeres de su lecho,
O jugando y blasfemando, o haciendo alguna cosa
Para la que no haya posibilidad de salvación.
Atácalo entonces, que dé taconazos contra el cielo
Y que su alma sea tan condenada y negra
Como el infierno a donde irá. Mi madre espera.
Este remedio solo estirará tus enfermos días. Sale.
Claudio Mis palabras vuelan, mis pensamientos quedan en el
[suelo.
Sin pensamientos, las palabras nunca van al cielo. Sale.
138
Hamlet
III.4. Entran Gertrudis y Polonio.
Polonio Viene hacia acá. Aseguraos de ser dura con él.
Decidle que sus locuras ya son intolerables,
Y que vuestra gracia ha estado protegiéndolo
De la furia que provoca. Yo estaré aquí en silencio.
Os ruego que le habléis claro.
Hamlet (Desde adentro) ¡Madre, madre, madre!
Gertrudis Os lo garantizo, no temáis. Retiraos, lo oigo llegar.
[Polonio se esconde tras el tapiz].
Entra Hamlet.
Hamlet Sí, madre, ¿qué ocurre?
Gertrudis Hamlet, has ofendido mucho a tu padre.
Hamlet Madre, habéis ofendido mucho a mi padre.
Gertrudis Vamos, vamos, respondéis con insensatez.
Hamlet Vaya, vaya, preguntáis con iniquidad.
Gertrudis ¡Cómo! ¿Qué pasa, Hamlet?
Hamlet ¿Qué sucede?
Gertrudis ¿Habéis olvidado quién soy?
Hamlet No, por la cruz, no lo he hecho.
Sois la reina, la esposa del hermano de vuestro marido,
Y, ojalá no fuera así, sois mi madre.
Gertrudis Pues mandaré a llamar a quienes sabrán cómo trataros.
Hamlet Venid, venid y sentaos, no os moveréis de aquí.
No os iréis hasta que os haya mostrado un espejo
Donde veáis en el fondo de vuestra alma.
Gertrudis ¿Qué harás? ¿No vas a matarme?
¡Socorro, socorro! ¡A mí!
Polonio (Atrás) ¿Qué? ¡Alto! ¡Auxilio, auxilio, auxilio!
139
William Shakespeare
Hamlet (Desenvaina) ¿Qué hay, una rata? ¡La mato! ¡Un ducado a
que la mato!
[Mata a Polonio].
Polonio (Atrás) ¡Oh, me han matado!
¡Ay de mí!, ¿qué has hecho?
Gertrudis
Hamlet No sé, ¿es el rey?
Gertrudis ¡Oh, qué acción tan violenta y sanguinaria!
Hamlet ¿Acción sanguinaria? Casi tan horrible, buena madre,
Como matar a un rey y casarse con su hermano.
Gertrudis ¿Como matar a un rey?
Hamlet Sí, señora: eso dije.
[Corre el cortinado y revela el cuerpo de Polonio].
–Tú, miserable, imprudente, entrometido idiota.
Adiós. Te tomé por tu superior. Sufre tu suerte.
No es bueno, ya ves, tomarse el trabajo tan a pecho.
–Dejad de retorceros las manos. ¡Basta! Sentaos
Y dejad que yo os retuerza el corazón, pues eso haré
Si no está hecho de material impenetrable,
Si el hábito del mal no lo ha endurecido hasta volverlo
Una coraza y armadura contra el sentimiento.
Gertrudis ¿Qué es lo que he hecho, que te atreves a hablarme
Tan ásperamente?
Hamlet Un acto tal
Que empaña la gracia y el sonrojo del pudor,
Que hace hipócrita la virtud y que en la frente
De un amor puro cambia la pureza de la rosa
Por la marca de la infamia, volviendo falsos juramentos
A los votos conyugales. Un acto que separa
Del cuerpo del vínculo sagrado el alma misma,
140
Hamlet
Y que hace de la dulce religión una rapsodia
De palabras. El rostro del cielo se enrojece;
Y también lo hace esta tierra sólida y compacta,
Que entristecida, como si llegara el día del Juicio,
Se acongoja por este acto.
Gertrudis ¿Pero qué acto es ese
Que se anuncia con semejantes truenos y rugidos?
Hamlet Mirad aquí este retrato, y este otro,*
Imágenes que representan a dos hermanos.
Ved cuánta gracia residía en este rostro;
Los rizos de Hiperión, del mismo Júpiter la frente,
La mirada de Marte, temible, imperativa;
La apostura del heraldo Mercurio, recién posado
En la cima de un monte que besa el cielo;
Una combinación de cualidades y una forma
En que cada dios parecía haber puesto su sello
Para ofrecerle al mundo un prototipo de hombre.
Este era vuestro esposo. Mirad ahora qué sigue:
Vuestro marido, corrompiendo como hierba mala
La gallardía de su hermano. ¿Tenéis ojos?
¿Cómo pudisteis dejar esta montaña
Para saciaros en este pantano? ¡Ja! ¿Tenéis ojos?
No podéis llamarlo amor, pues a vuestra edad
El brío de la sangre está domado, es sumiso
Y se somete a la razón; ¿y qué razón haría saltar
*
Esto se ha representado de diversos modos, pero sobre todo de dos: o bien
Hamlet señala dos pinturas colgadas en la pared del cuarto de Gertrudis –una del
viejo rey, otra de Claudio–, o bien indica dos miniaturas, sea que extraiga ambas
de sus bolsillos, sea que una de ellas –la de su padre– cuelgue de su cuello, y la
otra –la de Claudio– del de su madre.
141
William Shakespeare
De este a este? Juicio tenéis, o no podríais moveros.
Pero es seguro que ese juicio está paralizado,
Pues ni la locura se equivocaría tanto
Ni el buen sentido fue nunca siervo del delirio
Al punto de perder el discernimiento necesario
Para percibir una diferencia así. ¿Qué demonio
Os engañó encegueciéndoos de tal manera?
La vista sin tacto, el tacto sin la vista, los oídos
Sin las manos ni los ojos, el puro y simple olfato,
O aun la parte más enferma de un único sentido,
Os habría bastado para no errar de ese modo.
¡Vergüenza! ¿Dónde está tu rubor? Si puedes sublevarte,
Rebelde infierno, en el interior de una matrona,
Que se consuma como cera la virtud de los jóvenes
Fogosos. Y si puede el hielo arder con tal vigor,
Y si la razón se vuelve cómplice de las pasiones,
Que ya no sea deshonra entregarse al desenfreno
De la carne.
Gertrudis Oh, Hamlet, no hables más.
Haces volver mis ojos al fondo de mi alma,
Y allí veo manchas tan negras y profundas
Que no perderán su color.
Hamlet Y todo para vivir
En el hediondo sudor de un lecho infecto y corrompido,
Prodigando palabras melosas y caricias
En una ciénaga inmunda.
Gertrudis ¡Oh, no me hables más!
Esas palabras son puñales en mi oído. Basta,
Dulce Hamlet.
142
Hamlet
Un asesino y un villano, un miserable
Hamlet
Que no vale ni la vigésima parte del décimo
De vuestro anterior Señor, un rey payasesco,
Un ratero del imperio y de la ley,
Que robó de un anaquel la preciosa diadema
Y la metió en su bolsillo.
Gertrudis ¡Basta!
Entra el espectro.
Hamlet Un rey de harapos y remiendos…
¡Guardadme y cubridme con vuestras alas,
Ángeles del cielo! –¿Qué desea vuestra noble figura?
Gertrudis ¡Ay, está loco!
Hamlet ¿Venís a reprender a vuestro hijo, que moroso
Deja huir el tiempo y la pasión, y se demora
En cumplir vuestra venerable orden? ¡Oh, hablad!
Espectro No olvides. Vengo a verte
Para aguijonear tu mellada determinación.
Pero mira, el espanto se apodera de tu madre.
Interponte en la lucha que sostiene con su alma:
La fantasía puede más en los cuerpos más débiles.
Háblale, Hamlet.
Hamlet ¿Cómo os sentís, señora?
Gertrudis ¡Ay! ¿Cómo os sentís vos,
Que fijáis vuestra mirada en el vacío,
Y conversáis con el aire incorpóreo?
Por vuestros ojos asoma un alma alborotada,
Y, cual soldados al oír el toque de la alarma,
Vuestros lacios cabellos se levantan erizados
Como si tuvieran vida propia. Oh, hijo mío,
143
William Shakespeare
Vierte una lluvia fría de paciencia sobre el fuego
De tu perturbación. ¿Qué miras?
Hamlet ¡A él, a él! Ved cuán lívida y fijamente mira.
Su aspecto conmovería a las piedras
Si les hablara. –No me miréis, no vaya a ser
Que esa actitud penosa tuerza mi firme decisión.
Entonces el color de mi empresa cambiaría,
Y correrían lágrimas en lugar de sangre.
Gertrudis ¿A quién le decís eso?
Hamlet ¿No veis nada ahí?
Gertrudis Nada en absoluto, aunque veo todo lo que hay.
Hamlet ¿Ni tampoco oísteis nada?
Gertrudis No, nada salvo a nosotros mismos.
Hamlet ¿Cómo? Mirad ahí. Ved cómo se aleja silencioso.
Mi padre, vestido como cuando vivía.
Mirad adónde va, saliendo ahora por la puerta.
Sale el espectro.
Gertrudis Eso no es más que una pura invención de vuestra mente.
La locura es muy habilidosa para crear
Estas imágenes incorpóreas.
Hamlet ¿La locura?
Mi pulso late tan acompasado como el vuestro,
Y su música es igual de saludable. No es locura
Lo que he dicho. Ponedme a prueba, y os lo repetiré
Todo tal cual, cosa de la que la locura
Huiría a saltos. Por la gracia de Dios, madre,
No aliviéis vuestra alma suponiendo
Que es mi locura, y no vuestro pecado, el que os habla.
Solo taparías la úlcera levemente
144
Hamlet
Mientras la fétida corrupción infecta adentro todo
Lo que no se ve. Confesaos al cielo, arrepentíos
De lo que pasó, evitad lo que va a pasar,
Y no abonéis con estiércol la cizaña:
Se hará más fuerte. Perdonadme mi virtud,
Pues en estos tiempos crasos y groseros
La propia virtud debe pedirle perdón al vicio,
E inclinarse y suplicar permiso para hacerle el bien.
Gertrudis Oh, Hamlet, me has partido en dos el corazón.
Hamlet Pues tirad la peor de esas dos partes
Y vivid más pura con la otra mitad.
Buenas noches. Y no vayáis a la cama de mi tío;
Si carecéis de virtud, aparentadla. La costumbre,
Ese endiablado monstruo que suele devorar
Los sentimientos, puede ser también un ángel
Que nos ofrece una túnica fácil de vestir
Cuando queremos actuar de modo recto y justo.
Refrenaos esta noche, y eso hará de algún modo
Más fácil para vos la próxima abstinencia,
Y la siguiente más fácil aún, pues la costumbre
Puede cambiar el sello de la naturaleza,
Y dominar al diablo o arrojarlo fuera
Con fuerza extraordinaria. Una vez más, buenas noches,
Y cuando queráis merecer la bendición del cielo,
Yo os pediré la vuestra. En cuanto a este caballero,
Lo siento; pero ha querido el cielo,
Y para eso me ha hecho el agente de su azote,
Castigarme a mí con él, y a él conmigo.
Me ocuparé de él, y me haré responsable
145
William Shakespeare
Por la muerte que le di. Así pues, de nuevo,
Buenas noches. Debo ser cruel para ser bueno;
Así empieza lo malo, y lo peor aún espera.
Una palabra más, buena señora.
Gertrudis ¿Qué debo hacer?
Hamlet De ninguna manera lo que os digo que hagáis:
Dejad que el rey, borracho, os vuelva a atraer al lecho,
Os pellizque lascivo la mejilla, os llame
Ratoncito mío, y con un par de besos nauseabundos,
O acariciando vuestro cuello con sus sucios dedos,
Consiga que le aclaréis todo este asunto,
Que le digáis que en realidad yo no estoy loco, sino
Que me hago el loco. Sería bueno que se lo contarais,
Pues ¿cómo podría una reina justa, grave y sabia
Ocultar a un sapo, a un murciélago, un morrongo,
Una confidencia tan preciosa? ¿Quién haría eso?
No: contra lo que indican el buen sentido y la prudencia,
Abrid la cesta en el techo de la casa, permitid
Que los pájaros echen a volar, y como el mono,
Para probar qué pasa, meteos vos misma en la canasta
Y rompeos el cuello.
Gertrudis Si las palabras están hechas de aliento, y el aliento
De vida, no tengo vida, te aseguro, para dar
Aliento a lo que acabas de decirme.
Hamlet Debo ir a Inglaterra, ¿sabéis eso?
Gertrudis ¡Ay!
Lo había olvidado. Está resuelto.
Hamlet Hay cartas selladas, y mis dos compañeros de estudio,
En quienes confiaré como en serpientes venenosas,
146
Hamlet
Son portadores de órdenes. Deben abrirme el camino
Hacia mi propia perdición. Dejémoslos hacer.
Será divertido hacer explotar al fabricante
Con su propia bomba. Y me irá mal si no consigo
Excavar una yarda abajo de sus minas
Y hacerlos volar hasta la luna. Oh, es delicioso
Ver cómo dos astucias se encuentran frente a frente.
Este hombre hará que me envíen inmediatamente.
Arrastraré su cuerpo hasta la habitación contigua.
Madre, buenas noches. Por cierto, el tonto charlatán
Que fue este en vida es ahora un consejero
Más secreto, más grave y silencioso.
Vamos, señor, terminemos de una vez.
Buenas noches, madre.
Sale, arrastrando a Polonio; Gertrudis permanece.
IV.1 Entra Claudio con Rosencrantz y Guildenstern.
Claudio Hay algo tras esos suspiros y esa agitación.
Decidnos qué es, pues es preciso que los entendamos.
¿Dónde está vuestro hijo?
Gertrudis Dejadnos a solas un momento.
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
Ah, mi Señor, ¡lo que he visto esta noche!
Claudio ¿Qué, Gertrudis? ¿Cómo está Hamlet?
Gertrudis Loco como el mar y el viento, cuando disputan
Cuál es más potente. En su desaforado acceso,
Oyendo agitarse algo detrás de los tapices,
Saca su espada, grita “¡Una rata, una rata!”,
147
William Shakespeare
Y en un ciego acceso mata al pobre viejo
Que estaba allí escondido.
Claudio ¡Oh, qué acción más vil!
Lo mismo nos habría pasado de haber estado ahí.
Su libertad está llena de amenazas para todos,
Para vos misma, para nosotros, para todos.
¿Cómo explicaremos este hecho sanguinario?
Se nos imputará a nosotros, que habríamos debido
Tener a buen recaudo, refrenado y apartado,
A este joven demente. Tanto fue nuestro amor
Que no quisimos entender qué era mejor,
Y dejamos, como quien sufre un mal que lo avergüenza
Y quiere evitar que se divulgue, que se nutriera
Del jugo mismo de la vida. ¿Dónde se ha ido?
Gertrudis A llevarse el cuerpo al que dio muerte,
Sobre el que su propia locura, cual pepita de oro
En medio de metales sin nobleza,
Se muestra pura; él llora por lo que ha ocurrido.
Claudio ¡Vamos, Gertrudis!
No bien el sol toque las montañas lo embarcaremos
Y se irá, y este acto horrible deberemos,
Con toda nuestra majestad y todo nuestro tacto,
Explicar y excusar. ¡Guildenstern!
Entran Rosencrantz y Guildenstern.
Amigos míos, buscad alguna ayuda adicional.
En su locura, Hamlet ha matado a Polonio,
Y lo ha arrastrado fuera del cuarto de su madre.
Id a buscarlo, habladle con dulzura, y llevad
El cuerpo a la capilla. Os ruego que os deis prisa.
148
Hamlet
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
Venid, Gertrudis; a nuestros más sabios amigos
Informaremos sobre esta desgracia y lo que vamos
A hacer. Tal vez así la calumnia, cuyo rumor
Transporta de punta a punta del mundo su veneno
Con la precisión de un proyectil de cañón
Sobre su blanco, no alcance nuestro nombre,
Sino apenas el aire invulnerable. Oh, vamos,
Mi alma está llena de espanto y desaliento.
Salen.
IV.2 Entra Hamlet.
Ya está en lugar seguro.
Hamlet
Caballeros (Desde adentro) ¡Hamlet! ¡Príncipe Hamlet!
Hamlet Pero silencio, ¿qué ruido es ese? ¿Quién llama a Hamlet?
Oh, aquí vienen.
Entran Rosencrantz y Guildenstern.
Rosencrantz ¿Qué habéis hecho, mi Señor, con el cadáver?
Hamlet Lo mezclé con el polvo, su pariente.
Rosencrantz Decidnos dónde está, para que podamos sacarlo de allí
y llevarlo a la capilla.
Hamlet No lo creáis.
Rosencrantz ¿Creer qué?
Hamlet Que pueda yo guardar vuestro secreto y no sea capaz
de conservar el mío. Por otro lado, cuando es interrogado por una
esponja, ¿qué respuesta debe ofrecer el hijo de un rey?
Rosencrantz ¿Me tomáis por una esponja, mi Señor?
149
William Shakespeare
Sí, señor, que chupa la protección del rey, sus recompen-
Hamlet
sas, su poder. Pero tales agentes son los que al final mejor sirven
al rey: este los guarda, como hace un simio con sus nueces, en un
rincón de sus fauces, mascándolos primero y devorándolos al fin.
Cuando necesite lo que vosotros habéis recogido, no hará sino
estrujaros, y, como esponjas que sois, quedaréis secos de nuevo.
Rosencrantz No os entiendo, mi Señor.
Hamlet Me alegro de ello, las palabras agudas no hacen mella en
los oídos tontos.
Rosencrantz Mi Señor, debéis decirnos dónde está el cuerpo, e ir con
nosotros a ver al rey.
Hamlet El cuerpo está con el rey, pero el rey no está con el cuerpo.
El rey es una cosa…
Guildenstern ¿Una cosa, mi Señor?
Hamlet De nada. Llevadme ante él. Escóndete, zorro, y todos
detrás.
Salen.
IV.3 Entra Claudio con dos o tres asistentes.
Claudio He mandado a buscarlo, y a encontrar el cuerpo.
Qué peligroso es que ande suelto. Sin embargo,
No debemos extremar la ley con él;
Es amado por la desordenada multitud,
Que no se guía por la razón, sino por lo que ve;
Y para la que la pena sobre el delincuente
Pesa más que el crimen. Para no alterarla,
Esta súbita partida debe parecer producto
De una detenida consideración. Los grandes males
Se curan con grandes remedios,
150
Hamlet
O no se curan.
Entra Rosencrantz.
¿Qué hay de nuevo, qué ha ocurrido?
Rosencrantz Mi Señor, no podemos sonsacarle dónde ha puesto
El cadáver.
Claudio ¿Pero dónde está él?
Rosencrantz Afuera, mi Señor, esperando vuestras órdenes.
Claudio Traedlo ante nosotros.
Rosencrantz ¡Eh! Que entre el príncipe.
Entran Hamlet y Guildenstern.
Claudio Y bien, Hamlet, ¿dónde está Polonio?
Hamlet En una cena.
Claudio ¿En una cena? ¿Dónde?
Hamlet No donde él come, sino donde es comido. Una asamblea de
gusanos lo está comiendo. El gusano es el único emperador de la
alimentación: nosotros cebamos a todas las criaturas para engor-
darnos a nosotros mismos, y nos engordamos a nosotros mismos
para los gusanos. El gordo rey y el escuálido mendigo no constituyen
más que un menú variado: dos platos, pero para una misma mesa;
ese es el fin.
Claudio Ay, ay.
Hamlet Un hombre puede pescar con el gusano que comió de un
rey, y comerse al pescado que se alimentó de ese gusano.
Claudio ¿Qué quieres decir con esto?
Hamlet Apenas mostraros cómo un rey puede ir de real excursión
por las tripas de un mendigo.
Claudio ¿Dónde está Polonio?
Hamlet En el cielo, mandad allá a ver. Si vuestro mensajero no lo
encuentra allí, buscadlo vos mismo en el otro lugar. Ahora bien: si
151
William Shakespeare
no lo podéis encontrar en el curso de este mes, lo oleréis cuando
subáis las escaleras hacia el corredor.
Claudio Id a buscarlo allí.
Hamlet Esperará hasta que lleguéis.
Salen los asistentes.
Claudio Hamlet, este hecho exige, por tu seguridad,
Por la que velamos, tanto como lamentamos mucho
Lo que has hecho, que te marches de aquí
Urgentemente. Así pues, prepárate.
El barco está listo y el viento es propicio,
Tus acompañantes te aguardan, y todo está dispuesto
Para tu viaje a Inglaterra.
Hamlet ¿A Inglaterra?
Claudio Sí, Hamlet.
Hamlet Bien.
Claudio Bien, sí, si conocieras mis propósitos.
Hamlet Conozco a un querubín que sabe de ellos. Pero vamos, ¡a
Inglaterra! Adiós, querida madre.
Claudio Tu cariñoso padre, Hamlet.
Hamlet Mi madre. Padre y madre significa marido y mujer, marido
y mujer son una misma carne. Por lo tanto, mi madre. Vamos, a
Inglaterra. Sale.
Claudio Seguidlo de cerca, que se embarque de inmediato.
No demoréis; lo quiero fuera de aquí esta misma noche.
Partid, puesto que todo está sellado y está listo
Cuanto atañe a esta cuestión. Os ruego que os deis prisa.
Salen Rosencrantz y Guildenstern.
Y tú, rey de Inglaterra, si estimas mi amistad
–Como mi poder puede darte razones para hacer,
152
Hamlet
Pues aún sangra la cicatriz que te infligió mi espada–,
Y si tu libre sumisión nos homenajea,
No puedes mirar con indiferencia
Nuestro mandato soberano, que te ordena,
Por cartas escritas a ese efecto, la inmediata
Ejecución de Hamlet. Hacedlo, soberano inglés,
Pues como la fiebre hace hervir mi sangre, y tú debes
Curarme. Hasta que no sepa que eso está acabado,
Sea cual sea mi suerte, mis gozos no habrán comenzado. Sale.
IV.4 Una llanura en Dinamarca. Entra Fortimbrás con su ejército.
Fortimbrás Id, capitán, saludad por mí al rey de Dinamarca.
Decidle que, según lo convenido, Fortimbrás
Pide su venia para pasar con sus soldados
Por su reino. Conocéis el sitio de la cita.
Si su majestad quiere conversar algo con nosotros,
Le presentaremos nuestros respetos en persona.
Hacédselo saber.
Capitán Lo haré, mi Señor.
Fortimbrás Id con cautela. Sale, con el ejército.
Entran Hamlet, Rosencrantz, etcétera.
Hamlet Mi buen señor, ¿de quién son estas tropas?
Capitán Del rey de Noruega, señor.
Hamlet ¿Y podríais decirme, señor, qué se proponen?
Capitán Marchan sobre cierta parte de Polonia.
Hamlet ¿Quién las comanda, señor?
Capitán El sobrino del anciano rey noruego, Fortimbrás.
Hamlet ¿Marcha contra el conjunto de Polonia, caballero,
153
William Shakespeare
O solo sobre algún lugar de la frontera?
Capitán A decir verdad, y sin exagerar, marchamos
Para conquistar una parcela sin más valor
Que el de su nombre. Yo no pagaría por ella
Ni cinco ducados –ni cinco, no– de arriendo,
Ni tampoco daría al rey noruego ni al polaco
Un beneficio mayor, si la vendieran.
Hamlet Pues entonces los polacos nunca la defenderán.
Capitán Sí lo harán, ya está guarnecida.
Hamlet Ni dos mil almas ni veinte mil ducados
Dirimirán la disputa por esta bagatela.
Como un tumor, el exceso de bienestar y paz
Mata al enfermo sin revelar la causa.
Os agradezco humildemente, caballero.
Capitán Dios os guarde, señor. Sale.
Rosencrantz ¿Continuamos, mi Señor?
Hamlet Os alcanzaré enseguida; adelantaos un poco.
Salen todos menos Hamlet.
¡Cómo me acusan todos los acontecimientos,
Espoleando mi perezosa venganza! ¿Qué es un hombre
Si no encuentra mejor forma de aprovechar el tiempo
Que dormir y comer? Apenas una bestia. Sin duda,
Quien nos creó con la facultad de razonar,
De abarcar el pasado y el futuro, no nos dio
Tal razón divina para que sin uso se enmoheciera
Dentro de nosotros. Yo no sé por qué vivo aún diciendo,
Por un bestial olvido o algún cobarde escrúpulo
Que me hace considerar con excesiva atención
Las consecuencias (un pensamiento que, partido en cuatro,
154
Hamlet
No tiene más que una parte de prudencia y otras tres
De pusilanimidad), “esto ha de hacerse”, cuando tengo
Una causa, y voluntad, y fuerza y medios para hacerlo.
Me exhortan ejemplos evidentes.
He ahí ese ejército, tan numeroso e imponente,
Conducido por un príncipe delicado y tierno,
Cuyo espíritu, inflamado de ambición divina,
Le hace burlas a lo desconocido,
Exponiendo lo que es mortal e incierto
A la fortuna, la muerte y los peligros, y todo
Por una cáscara de huevo. En verdad, ser grande
No es negarse a actuar sin una causa poderosa,
Sino encontrar cualquier motivo de disputa
Cuando el honor está en juego. ¿Y yo, que tengo
Un padre asesinado y una madre mancillada,
Estímulos para mi razón y para mi sangre,
No hago nada, mientras, para mi vergüenza,
Veinte mil hombres, movidos por una fantasía
Y un sueño de gloria, marchan a sus tumbas
Como hacia lechos, por un trozo de tierra
Tan pequeño que ni ellos podrán librar allí la lucha
Ni habrá sitio para sepultar a los que caigan?
Mis pensamientos, a partir de ahora,
Serán sanguinarios, o ya no valdrán nada. Sale.
IV.5 Entran Horacio, Gertrudis y un caballero.
Gertrudis No hablaré con ella.
Caballero Ella insiste, está sumamente perturbada;
155
William Shakespeare
Su estado causa compasión.
Gertrudis ¿Qué es lo que quiere?
Caballero Habla mucho de su padre, dice que oye que hay engaños
En el mundo, y gime, y se da golpes en el pecho,
Se irrita por nada, dice cosas sin sentido
O con sentido parcial. Sus frases son un desatino,
Aunque en su falta de forma los oyentes conjeturan
Un significado. Atónito, uno intenta ajustar
A sus propios pensamientos sus palabras,
Que, junto con sus guiños, cabeceos y gestos,
Permiten suponerle una razón
En medio de su desorden y tristeza.
Horacio Sería bueno hablarle, ya que puede hacer brotar
Peligrosas conjeturas en las mentes maliciosas.
Gertrudis Hacedla entrar.
Sale el caballero.
(Aparte) Mi alma enferma, según la naturaleza del pecado,
Ve en cada pequeñez el prólogo de una calamidad.
Tan llena de torpe desconfianza está la culpa
Que temiendo ser descubierta se descubre sola.
Entra Ofelia, trastornada.
Ofelia ¿Dónde está la hermosa majestad de Dinamarca?
Gertrudis ¿Qué tal, Ofelia?
Ofelia (Canta) ¿Cómo podría reconocerte,
Mi verdadero amor?
Por el sombrero de conchas,
Las sandalias y el bastón.
Gertrudis Ay, dulce niña, ¿qué significa esta canción?
Ofelia ¿Queréis saberlo? Os ruego que prestéis atención.
156
Hamlet
Está muerto, señora, y se ha ido, Canción.
Está muerto y ya se fue;
Lo cubre un tapiz de césped verde,
Y hay una piedra a sus pies.
¡Ah!
Gertrudis Sí, pero Ofelia…
Ofelia Os ruego que escuchéis.
Blanca su mortaja como la nieve del monte… Canción.
Entra Claudio.
Gertrudis Ay, mirad esto, mi Señor.
Ofelia Su túmulo con fragantes flores adornado,
No fue regado por las lágrimas sinceras
De aquellos que lo habían amado.
Claudio ¿Cómo estáis, preciosa niña?
Ofelia Bien, gracias. Dicen que la lechuza era la hija de un pana-
dero. Mi Señor, nosotros sabemos lo que somos, pero no sabemos
en qué nos podemos convertir. Dios bendiga vuestra mesa.
Claudio Desvaríos acerca de su padre.
Ofelia Os ruego que no digáis ni una palabra sobre esto, pero
cuando os pregunten qué significa, decidles:
Mañana es el día de San Valentín. Canción.
Muy temprano en la mañana,
Pasaré por tu ventana
Para ser tu Valentina.
Él se levanta y se viste
Y abre la puerta del cuarto;
Hace entrar a la doncella
Que doncella no saldrá.
Claudio ¡Hermosa, Ofelia!
157
William Shakespeare
Ofelia ¡Hermosa, sí! Sin una grosería llegaré hasta el final.
Por Jesús y la Santa Caridad,
Ay de mí, qué vergüenza que me da,
Los jóvenes lo harán si tienen ocasión…
Por Dios, son culpables de pecar.
Ella dijo “Juraste ser mi marido
Antes de echarte conmigo”.
Él respondió:
Por la luz del sol, así lo habría hecho,
Si no hubieras venido tú a mi lecho.
Claudio ¿Cuánto tiempo hace que está así?
Ofelia Espero que todo salga bien. Debemos ser pacientes, pero no
puedo menos que llorar al pensar que lo pondrán en la tierra fría.
Mi hermano sabrá de esto. Así pues, os agradezco vuestro buen
consejo. Vamos, cochero. Buenas noches, señoras, buenas noches,
dulces señoras, buenas noches, buenas noches. Sale.
Claudio Seguidla de cerca, vigiladla atentamente, os lo suplico.
Sale Horacio.
Oh, es el veneno de la honda pena producida
Por la muerte de su padre, y ahora mirad…
Oh, Gertrudis, Gertrudis,
Las desgracias nunca llegan de a una, como espías,
Sino en batallones. Primero, su padre asesinado;
Después, el destierro de vuestro hijo, del que él mismo,
Por su violenta acción, es responsable. Agitado,
Turbado y suspicaz, el pueblo susurra conjeturas
Sobre la muerte de Polonio, al que imprudentemente
Hicimos enterrar de prisa y a escondidas; luego,
La pobre Ofelia, enajenada de su sano juicio,
158
Hamlet
Sin el cual somos pinturas, o simples animales;
Por último, y tan serio como todo lo otro junto,
Su hermano ha vuelto en secreto desde Francia,
Y nutre su angustia en la oscuridad,
Rodeado de murmuradores que infectan sus oídos
Con historias hediondas sobre la muerte de su padre,
Quienes, sin saber lo que pasó, no tienen escrúpulos
En insinuar, de oído en oído, acusaciones
Contra nuestra persona. Oh, mi querida Gertrudis,
Como una metralla, esto me mata en muchos sitios
Una y otra vez.
Un ruido adentro.
Gertrudis ¡Ay! ¿Qué ruido es ese?
Claudio ¿Dónde están mis guardias? Que custodien la puerta.
Entra un mensajero.
¿Qué ocurre?
Mensajero Poneos a salvo, mi Señor.
El mar furioso no se desborda sobre la llanura
Con más odio que el del joven Laertes,
Que al frente de una turba sediciosa arrolla
A vuestros oficiales. La chusma lo llama su señor,
Y, como si el mundo estuviera comenzando ahora,
Olvidan la tradición, ignoran la costumbre,
Fuentes de todo título legítimo, y gritan
“¡Elijamos nosotros! Laertes será el rey”.
Gorros, manos y lenguas lo vitorean al cielo,
“¡Laertes será el rey, Laertes rey!”.
Gertrudis ¡Qué alegres ladran tras la pista equivocada!
¡Vais por el camino errado, falsos perros daneses!
159
William Shakespeare
Un ruido adentro.
Claudio Han roto las puertas.
Entra Laertes con otros.
Laertes ¿Dónde está este rey? Señores, permaneced todos afuera.
Todos No, dejadnos entrar.
Laertes Os ruego que me dejéis.
Todos De acuerdo, lo haremos.
Laertes Gracias. Vigilad la puerta.
Salen los seguidores.
Oh, tú, rey vil,
Dame a mi padre.
Gertrudis Con calma, buen Laertes.
Laertes Una gota de mi sangre calma me haría un bastardo,
Llamaría cornudo a mi padre y grabaría
El estigma de ramera en la frente casta y pura
De mi virtuosa madre.
Claudio ¿Cuál es la causa, Laertes,
De que tu rebelión adopte este aspecto gigantesco?
–Déjalo, Gertrudis, no temas por nuestra persona.
La divinidad protege a los reyes con un cerco
Que permite a la traición atisbar sus objetivos,
Pero no alcanzarlos. –Dime, Laertes,
Por qué te exasperas así. –Déjalo, Gertrudis.
–Habla, hombre.
Laertes ¿Dónde está mi padre?
Claudio Muerto.
Gertrudis Mas no por él.
Claudio Deja que pregunte cuanto quiera.
Laertes ¿Cómo murió? No quiero engaños.
160
Hamlet
¡Al infierno la lealtad! ¡Al diablo las promesas!
¡Al más profundo abismo la conciencia y la piedad!
Desafío la condenación. He llegado a tal punto
Que ninguno de los dos mundos me importa.
Solo quiero la más cabal venganza
Por la muerte de mi padre.
Claudio ¿Quién os detendrá?
Laertes Ni todo el mundo, por cierto.
Y en cuanto a los medios, los manejaré de modo tal
De obtener mucho con poco.
Claudio Deseáis saber la verdad,
Buen Laertes, sobre la muerte de vuestro amado padre.
¿Exige vuestra venganza que indiscriminadamente
Arrastréis a todos: al amigo y al enemigo,
Al ganador y al perdedor?
Laertes Solo a sus enemigos.
Claudio ¿Los reconocerás entonces?
Laertes A sus amigos abriré mis brazos ampliamente,
Y como el buen pelícano que suministra vida,
Los alimentaré con mi sangre.
Claudio Pues ahora habláis
Como un buen hijo y un verdadero caballero.
Que soy inocente de la muerte de vuestro padre,
Y que estoy muy apenado a causa de ella, es algo
Que penetrará tan nítidamente vuestro juicio
Como la luz del día vuestros ojos.
Un ruido adentro: “Dejadla entrar”.
Laertes ¿Qué ocurre, qué alboroto es ese?
Entra Ofelia.
161
William Shakespeare
¡Fiebre, sécame el cerebro, lágrimas de pura sal
Quemad mis ojos! Por el cielo, alguien deberá pagar
Por tu locura hasta que el peso del castigo incline
De nuestro lado la balanza. Oh, rosa de mayo,
Querida niña, buena hermana, dulce Ofelia…
Oh, cielos, ¿es posible que la razón de una doncella
Sea tan frágil como la vida de un anciano?
El amor nos purifica, y nuestra naturaleza
Manda una parte preciosa de sí misma
Tras lo que ama.
Ofelia Con el rostro descubierto lo llevaron a enterrar, Canción.
¡Tralalá, tralalá!,
Y muchas lágrimas llovieron en su tumba.
Adiós, paloma mía.
Laertes Si en tu juicio quisieras moverme a la venganza,
No podrías conmoverme como ahora.
Ofelia Vos debéis cantar abajo abajo, y vos llamadlo abajo. Oh, qué
adecuado resulta el refrán. Es el falso mayordomo el que robó a la
hija de su amo.
Laertes Hay una sustancia en estas vaguedades.
Ofelia Hay romero, eso es para la memoria –os ruego, amor, que
recordéis–, y hay trinitarias, que son para los pensamientos tristes.
Laertes Una lección en la locura, que entrelaza pensamientos y
recuerdos.
Ofelia Hay neguillas para vos, y pajarillas. Hay ruda para vos, y
aquí hay un poco para mí; podemos llamarla hierba de gracia de
los domingos. Oh, debéis usar vuestra ruda a vuestro modo. Aquí
hay una margarita. Os daría algunas violetas, pero se marchitaron
todas cuando mi padre murió. Dicen que tuvo un buen fin.
[Canta].
162
Hamlet
Porque el alegre y dulce petirrojo es toda mi alegría.
Laertes La melancolía y la pena, la pasión y el mismo infierno,
Todo lo convierte en gracia y en belleza.
Ofelia ¿Y ya no volverá?
¿Y ya no volverá?
No, no, él está muerto,
Acaba con tu vida,
Él nunca volverá.
Su barba era blanca cual la nieve,
Y rubia su cabellera;
Se ha ido, se ha marchado,
Son vanos nuestros quejidos,
Que Dios se apiade de él.
Y de todas las almas cristianas, ruego a Dios. Dios os guarde. Sale.
Laertes ¿Veis esto, oh, Dios?
Claudio Laertes, debo conversar con vuestro dolor,
O me negáis un derecho. Venid aparte,
Elegid a vuestros amigos más juiciosos,
Y ellos nos escucharán y juzgarán.
Si de algún modo nos encuentran implicados,
Os cederemos nuestro reino, nuestra corona,
Nuestra vida, y todo lo que llamamos nuestro,
En desagravio. Pero si no,
Concedednos la gracia de vuestra paciencia,
Y juntos trabajaremos con vuestra alma
Para darle la satisfacción debida.
Laertes Que así sea.
Las circunstancias de su muerte, su furtivo funeral,
Sin trofeos, espada ni escudo sobre sus restos,
163
William Shakespeare
Sin ningún rito noble, sin ninguna ceremonia,
Gritan a la tierra y a los cielos que yo debo
Pedir una explicación.
Claudio Pues la tendréis.
Y que donde esté la culpa caiga el hacha.
Os ruego que vengáis conmigo. Salen.
IV. 6. Entra Horacio con un criado.
¿Quiénes son los que quieren hablar conmigo?
Horacio
Hombres de mar, señor. Dicen que tienen cartas para vos.
Criado
Hazlos entrar.
Horacio
Sale el criado.
No sé quién, desde algún confín del mundo,
Me saludaría, sino el príncipe Hamlet.
Entran marinos.
Primer marino Dios os bendiga, señor.
Horacio Que te bendiga a ti también.
Primer marino Lo hará, señor, si esa es su voluntad. Traigo una carta,
señor, del embajador que fue enviado a Inglaterra. Si vuestro nombre
es Horacio, según se me ha informado, es para vos.
Horacio (Lee la carta) “Horacio, una vez que hayas leído estas
líneas, ofrece a estos sujetos algún medio para acceder al rey;
tienen cartas para él. No habíamos pasado todavía dos días en el
mar cuando un barco pirata, muy bien armado para combatir, nos
dio caza. Siendo nuestra nave demasiado lenta, nos revestimos
forzosamente de coraje, y en medio de la lucha conseguí abordar-
los. En ese instante se alejaron de nuestro navío, de modo que yo
solo quedé prisionero de ellos. Me han tratado como ladrones de
164
Hamlet
corazón misericordioso, pero sabían lo que hacían: debo retribuirlos
haciéndoles un buen favor. Ocúpate de que el rey reciba las cartas
que he mandado, y ven a reunirte conmigo con tanta prisa como
si huyeras de la muerte. Debo volcar en tus oídos palabras que te
harán enmudecer, aunque serán siempre demasiado estrechas para
el calibre del asunto. Esta buena gente te conducirá hasta donde
estoy. Rosencrantz y Guildenstern continúan su viaje rumbo a
Inglaterra. Sobre ellos tengo mucho que contarte. Adiós.
El que sabes siempre tuyo,
Hamlet”.
Vamos, os llevaré a que deis curso a vuestras cartas,
Y hacedlo rápido, pues debéis conducirme
A aquel de quien las habéis traído.
Salen.
IV.7 Entran Claudio y Laertes.
Claudio Vuestra conciencia debe sellar ahora mi descargo,
Y debéis alojarme en vuestro pecho como amigo,
Pues ya habéis oído, y con un oído agudo,
Que aquel que mató a vuestro noble padre
Perseguía mi vida.
Laertes Así parece. Pero explicadme
Por qué vuestra justicia no actuó contra esos hechos,
Tan criminales y de tanta gravedad,
Como vuestra seguridad y razón, entre otras cosas,
Sin duda lo exigían.
Claudio Por dos razones especiales,
Que pueden pareceros tal vez de poco peso,
165
William Shakespeare
Pero que son fuertes para mí. La reina, su madre,
Casi no vive más que por sus ojos, y por mi parte,
No sé si por suerte o por desgracia, tan apegado
Estoy a ella en cuerpo y alma que así como la estrella
Solo gira dentro de su propia esfera, yo lo hago
Solo dentro de la de ella. La otra razón
Para no apelar abiertamente a la justicia
Es el gran amor que le profesa el pueblo, que, bañando
Todas sus faltas en su afecto, y, como la fuente
Que convertía en piedra la madera, habría hecho
De sus cadenas un trofeo, de modo que mis flechas,
Demasiado débiles para un viento tan severo,
Habrían vuelto nuevamente a mi arco,
Y no donde yo las había dirigido.
Laertes Entretanto yo he perdido a un noble padre,
Y tengo en situación sin esperanzas a mi hermana,
Cuyos méritos, si puede elogiarse lo que fue,
La elevaban a la cumbre de este tiempo
Por sus perfecciones. Pero mi venganza llegará.
Claudio No perdáis el sueño. No debéis pensar que estamos hechos
De material tan inconmovible y desanimado
Para dejar que las amenazas tiren nuestras barbas
Como si fuera un pasatiempo. Pronto oiréis más.
Yo amaba a vuestro padre, como a nosotros mismos,
Y espero que eso os permita imaginar…
Entra un mensajero con cartas.
¿Qué ocurre? ¿Qué novedades?
Mensajero Cartas de Hamlet, mi Señor.
Esta para vuestra majestad, esta para la reina.
166
Hamlet
Claudio ¿De Hamlet? ¿Quién las trajo?
Mensajero Marinos, según dicen, mi Señor, yo no los vi;
A mí me las dio Claudio, quien las recibió
Del que las trajo.
Claudio Laertes, oirás lo que dicen.
–Dejadnos.
Sale el mensajero.
[Lee]. “Alto y poderoso, habéis de saber que me han dejado, indigente,
en vuestro reino. Mañana solicitaré permiso para comparecer ante
vuestros reales ojos, ocasión en la que, tras pedir vuestra venia para
ello, habré de contaros las circunstancias de mi súbito y aún más
extraño regreso.
Hamlet”.
¿Qué significa esto? ¿Volvieron todos los demás?
¿O se trata de un engaño, y todo el cuento es falso?
Laertes ¿Reconocéis la letra?
Claudio Es la de Hamlet. ¿Indigente?
Y aquí en un post scríptum dice “solo”.
¿Podéis explicarme esto?
Laertes Estoy perdido, mi Señor. Pero dejad que venga.
Alivia el desconsuelo de mi corazón saber
Que viviré para decirle en la cara
“¡Esto es lo que hiciste!”.
Claudio Si es así, Laertes,
Y es preciso que sea así –¿cómo si no?–,
¿Aceptaréis dejaros guiar por mí?
Laertes Sí, mi Señor,
Siempre que no me obliguéis a hacer la paz.
Claudio Es tu paz la que quiero. Si está de vuelta,
167
William Shakespeare
Porque puso fin a su viaje y no se propone
Reemprenderlo, voy a inducirlo a actuar
Según un plan que mi mente ha madurado,
Y que lo hará sucumbir de tal modo que su muerte
No resulte sospechosa, y hasta su madre
Exculpe la artimaña y la considere
Un accidente.
Laertes Mi Señor, podéis guiarme,
Sobre todo si hacéis que de esa estratagema
Yo sea el instrumento.
Claudio Sería bueno que lo fuerais.
Se ha hablado mucho, desde vuestro viaje, y ante Hamlet,
De una habilidad en la que se dice que brilláis.
La suma de todas vuestras otras dotes
No consiguieron excitar en él tanta envidia
Como esa, que es de todas, en mi opinión,
La que menos cuenta.
Laertes ¿Qué dote es esa, mi Señor?
Claudio Un mero adorno en el sombrero de la juventud,
Aunque necesario, pues tanto le convienen a esta
Las leves y descuidadas ropas que usa
Como a la madurez las pieles y los trajes oscuros,
Signos de bienestar y gravedad. Hace dos meses
Estuvo aquí un caballero de Normandía.
Yo conozco a los franceses, he servido contra ellos,
Y son muy hábiles jinetes, pero este galán
Era prodigioso. Se afirmaba en su montura
Y le hacía hacer a su caballo tales maravillas
Que parecían unidos en un único cuerpo.
168
Hamlet
Tanto superó a mi imaginación que las formas
Y figuras que a mí se me ocurrían quedaban siempre
Por debajo de lo que él hacía.
Laertes ¿Era un normando?
Claudio Un normando.
Laertes Por mi vida, Lamord.
Claudio El mismo.
Laertes Lo conozco bien, él es la joya
Y la gema de toda su nación.
Claudio Él habló sobre vos,
Y fue tan elogioso el informe que ofreció
Sobre vuestra maestría en el arte de la esgrima,
Y muy especialmente en el manejo del florete,
Que aseguró que sería un espectáculo notable
Si alguien pudiera haceros frente. En su país, juró,
Los esgrimistas no tenían golpe, guardia ni ojo
Cuando vos los enfrentabais. Este testimonio
Envenenó de envidia a Hamlet de tal modo
Que solo esperaba y rogaba por vuestro retorno
Para medirse con vos. Ahora, aprovechando
Esto…
Laertes ¿Aprovechando qué, mi Señor?
Claudio Laertes, ¿amabais a vuestro padre?
¿O sois como la imagen de un dolor,
Un rostro sin corazón?
Laertes ¿Por qué preguntáis eso?
Claudio No es que yo crea que no amabais a vuestro padre,
Pero sé que el amor es obediente al tiempo,
Y veo, en cosas que han pasado y lo confirman,
169
William Shakespeare
Que el tiempo debilita sus chispas y su fuego.
Dentro de la misma llama del amor vive una suerte
De estopa o de pabilo destinado a moderarla,
Y nada existe que mantenga invariable su bondad,
Pues la bondad, creciendo hasta alcanzar su plenitud,
Muere en su propio exceso. Lo que queremos hacer
Debemos hacerlo entonces, pues ese querer cambia,
Y sufre tantas menguas y postergaciones
Como lenguas, manos y accidentes atraviesa;
Y entonces ese deber se convierte en un suspiro
Que lastima al exhalarlo. Pero vamos a lo nuestro.
Hamlet está volviendo; ¿qué estaríais dispuesto a hacer
Para mostraros el hijo de vuestro padre con hechos
Más que con palabras?
Laertes Degollarlo dentro de la iglesia.
Claudio Cierto: ningún lugar debería proteger el crimen,
Ni la venganza encontrar fronteras. Mas, buen Laertes,
Si vais a hacer esto, quedaos en vuestra habitación;
Hamlet, ni bien regrese, sabrá que estáis en casa;
Haremos que alguien elogie vuestra excelencia,
Y añada una doble mano de barniz sobre la fama
Que el francés os dio; finalmente os enfrentaremos,
Y apostaremos por uno u otro. Siendo él confiado,
Sumamente generoso, y ajeno a la malicia,
No mirará los floretes, así que fácilmente,
Con un poco de astucia, podréis elegir un arma
Sin botón, y con una sola embestida intencionada
Cobraros la muerte de vuestro padre.
Laertes Así lo haré,
170
Hamlet
Y a tal efecto untaré mi espada con un preparado
Que le compré a un vendedor itinerante,
Es tan mortal que ningún cataplasma extraordinario,
Hecho de todas las plantas curativas con virtud
Bajo la luna, puede evitar que muera aquel a quien
Un cuchillo bañado en él haya apenas rasguñado
Y hecho sangrar. Mojaré en él la punta de mi arma,
Y bastará con que lo lastime levemente
Para que muera.
Claudio Pensemos un poco más sobre esto,
Considerando qué circunstancias de tiempo y medios
Pueden convenir a nuestro plan. Si este fallara,
Y nuestra torpeza descubriera nuestras intenciones,
Mejor habría sido no intentarlo. Debemos, por eso,
Tener el respaldo o la reserva de un segundo plan,
Por si el primero falla. Esperad, dejadme ver.
Apostaremos sobre vuestras habilidades…
¡Lo tengo! Cuando en medio de la lucha estéis sofocados
Y sedientos, a lo que vuestros violentos ataques
Pueden contribuir, y él pida de beber, me ocuparé
De que le ofrezcan un cáliz preparado de tal modo
Que con que apenas tome un sorbo, si acaso huyera
De vuestra estocada envenenada, nuestro propósito
Sea alcanzado. Pero silencio, ¿qué ruido es ese?
Entra Gertrudis.
¿Qué sucede, dulce reina?
Gertrudis Una desgracia pisa los talones de la otra,
Tan cerca se siguen. Vuestra hermana se ha ahogado, Laertes.
Laertes ¡Ahogado! Oh, ¿dónde?
171
William Shakespeare
Gertrudis A orillas del arroyo crece oblicuamente un sauce
Cuyas hojas de plata copian las aguas cristalinas.
Allí tejió unas fantásticas guirnaldas de ranúnculos,
Ortigas, margaritas, y esas flores largas, purpúreas,
A las que los pastores dan un nombre más procaz,
Pero que nuestras doncellas llaman dedos de difunto.
Cuando trepaba para colgar del árbol su corona,
Una pérfida rama se quebró, e hizo caer
A sus floridos trofeos y a ella misma en el río
Lloroso. Sus ropas se extendieron sobre el agua,
Y como a una sirena la sostuvieron por un tiempo,
Durante el cual cantaba fragmentos de himnos viejos
Como inconsciente del peligro en que se hallaba,
O como destinada naturalmente a ese elemento.
Mas no podía durar: el peso de sus vestidos,
Empapados de agua, pronto la arrancaron
De su melodía y la arrastraron
A una muerte cenagosa.
Laertes ¡Ay!, ¿entonces está ahogada?
Gertrudis Ahogada, ahogada.
Laertes Demasiada agua tienes tú, pobre Ofelia,
Y no quiero agregar la de mis lágrimas. Sin embargo,
¿Cómo evitarlas? Son una costumbre natural, diga
Lo que diga la vergüenza. Cuando se hayan ido,
La mujer que hay en mí se habrá extinguido. Adiós, mi Señor,
Mis palabras arderían como fuego si no fuera
Por esta flaqueza. Sale.
Claudio Sigámoslo, Gertrudis.
¡Cuánto tuve que hacer para calmar su furia!
172
Hamlet
Ahora temo que esto vaya a darle inicio nuevamente.
Por lo tanto, sigámoslo. Salen.
V.1. Un cementerio. Entran dos bufones.
Primer bufón ¿Va a recibir cristiana sepultura, cuando adrede buscó
su propia salvación?
Segundo bufón Te digo que sí, de modo que cava su tumba de inmedia-
to. El juez ya ha cerrado el caso, y dictaminó que se la sepultara
cristianamente.
Primer bufón ¿Cómo puede ser eso, a menos que se haya ahogado en
defensa propia?
Segundo bufón Pues eso han determinado.
Primer bufón Debe haber sido se offendendo, no puede haber sido de
otro modo. Porque aquí está la cuestión: si yo me ahogo volunta-
riamente, eso implica un acto, y un acto tiene tres partes: actuar,
obrar, ejecutar. Argal, se ahogó intencionalmente.
Segundo bufón Sí, pero oíd, maestro excavador…
Primer bufón Permíteme. Aquí está el agua. Bien. Aquí está el hombre.
Bien. Si el hombre va hacia el agua y se ahoga, lo haya querido o
no, el caso es que él va. Notad eso. Pero si el agua viene hacia él, y
lo ahoga, él no se ahoga a sí mismo. Argal, aquel que no es culpable
de su propia muerte no acorta su propia vida.
Segundo bufón ¿Pero es eso ley?
Primer bufón Sí que lo es, por la virgen. La ley de la pesquisa judicial.
Segundo bufón ¿Queréis saber la verdad? Si no hubiera sido una dama
noble, habría sido enterrada sin ceremonia cristiana.
Primer bufón Cierto, tienes razón. Es triste que los hombres podero-
sos tengan, a diferencia de cualquier otro cristiano, el privilegio de
173
William Shakespeare
ahogarse o de colgarse. Vamos, mi pala; no hay caballero de más
rancio abolengo que los jardineros, los excavadores y los sepultu-
reros; ellos son los herederos del oficio de Adán.
Segundo bufón ¿Adán era un caballero?
Primer bufón Fue el primero en llevar armas.
Segundo bufón Pero si no tenía ninguna…
Primer bufón ¿Qué? ¿Eres hereje? ¿Cómo entiendes la escritura? La
escritura dice que Adán cavaba. ¿Podía excavar sin armas, sin las
armas que eran sus brazos? Te plantearé otra pregunta. Si no me
la contestas como es debido, confiésate…
Segundo bufón ¡Vamos!
Primer bufón ¿Quién es el que construye más sólidamente que el
albañil, el constructor de buques y el carpintero?
Segundo bufón El fabricante de horcas, porque ese artefacto sobrevive
a un millar de inquilinos.
Primer bufón Me gusta tu ingenio, de veras. La horca es buena, pero
¿en qué sentido es buena? Es buena para aquellos que hacen el
mal. Ahora: tú haces mal en decir que la horca es más fuerte que
la Iglesia; argal, la horca sería buena para ti. De nuevo, vamos.
Segundo bufón ¿Quién construye más sólidamente que un albañil, un
constructor de buques y un carpintero?
Primer bufón Sí, dime eso y estás libre.
Segundo bufón Por la virgen, a ver…
Primer bufón Vamos.
Segundo bufón Por la misa, no lo sé.
Entran Hamlet y Horacio a la distancia.
Primer bufón No te devanes más los sesos por eso, pues el burro
lento no acelerará su marcha porque le des palos; y la próxima vez
que te pregunten esto, responde: un sepulturero. Las casas que él
174
Hamlet
construye duran hasta el día del Juicio. Anda, ve a lo de Yaughan y
tráeme una jarra de aguardiente.
Sale el segundo bufón.
De joven, cuando yo amaba, Canción.
Me resultaba muy grato
Gastar el tiempo a mi gusto,
Dejar que pasara el rato.
Hamlet ¿No tiene este hombre conciencia de lo que hace? Canta
mientras cava la fosa.
Horacio La costumbre lo ha vuelto en él algo indiferente.
Hamlet Así es. La mano que menos trabaja tiene más sensible el
tacto.
Primer bufón Mas furtivos en sus garras Canción.
Me han atrapado los años,
Y me han metido aquí dentro,
Como si no fuera barro.
[Arroja una calavera].
Hamlet Esa calavera tuvo una lengua dentro de ella, y una vez pudo
cantar. ¡Cómo la tira al suelo el bribón, como si fuera la mandíbula
de Caín, que cometió el primer asesinato! Estos sesos que ahora
está manipulando este asno podrían ser los de un político capaz de
embaucar al mismo Dios, ¿no es cierto?
Horacio Podrían serlo, mi Señor.
Hamlet O los de un cortesano, que tal vez haya sabido decir “Buenos
días, mi buen Señor, ¿cómo estás, mi dulce Señor?”. Este puede ha-
ber sido el Señor Fulano, que alababa el caballo del Señor Mengano
cuando quería pedírselo prestado, ¿no es verdad?
Horacio Sí, mi Señor.
175
William Shakespeare
Hamlet Sí, en efecto. Y ahora está a merced de los gusanos, desqui-
jarada, y golpeada aquí y allá por la pala de un sepulturero. He aquí
una magnífica revolución, si solo fuéramos capaces de entenderla.
¿Costó tan poco que todos estos huesos tomaran forma que puede
ahora jugarse con ellos? Los míos me duelen de pensar en ello.
Primer bufón Una piqueta, una pala, Canción.
Y un lienzo como mortaja,
Es todo lo que precisa
El huésped de esta morada.
[Arroja afuera otra calavera].
Hamlet Aquí hay otra. ¿No podría ser esa la cabeza de un aboga-
do? ¿Dónde están ahora sus sutilezas, sus finas distinciones, sus
procesos, sus protocolos y sus trucos? ¿Por qué tolera que este
rudo bribón lo golpee ahora en la testa con una pala sucia, y no le
entabla un juicio por agresión? Hum, este hombre debe haber sido
en su tiempo un gran comprador de tierras, con sus escrituras, sus
obligaciones, sus multas, sus dobles garantías, sus cobranzas. ¿Es
esta la multa de sus multas y la cobranza de sus cobranzas, tener su
sutil cabeza llena de fino polvo? ¿Acaso sus garantías, dobles o no,
le garantizarán, del conjunto de las tierras que ha adquirido, algo
más que un pedazo del largo y ancho de un par de documentos? Los
propios títulos de transferencia de sus propiedades apenas entrarían
en su cajón, y al propio heredero no le corresponde, tal parece, ni
un poco más de espacio.
Horacio Ni una pizca más, mi Señor.
Hamlet ¿No se hace el pergamino de cuero de carnero?
Horacio Sí, mi Señor, y de cuero de ternero también.
Hamlet Pues son carneros y terneros los que buscan su seguridad
en ellos. Le hablaré a este hombre. –¿De quién es esta tumba, com-
pañero?
176
Hamlet
Primer bufón Mía, Señor.
[Canta].
Hay que cavar en la tierra un foso
Que convenga a este invitado.
Hamlet Pienso que es tuya, ciertamente, puesto que estás dentro
de ella.
Primer bufón Vos estáis fuera de ella, Señor, y por lo tanto no es vuestra.
Por mi parte, yo no miento al decir que es mía.
Hamlet Mientes, sí, al decir que es tuya solo porque estás dentro
de ella. Las tumbas son para los muertos y no para los vivos; por lo
tanto, mientes.
Primer bufón Como es una mentira viva, Señor, os la devuelvo.
Hamlet ¿Para qué hombre la cavas?
Primer bufón Para ningún hombre, Señor.
Hamlet ¿Para qué mujer, entonces?
Primer bufón Para ninguna, tampoco.
Hamlet ¿Quién va a ser enterrado en ella?
Primer bufón Una que fue una mujer, Señor, pero que, descanse su
alma, está muerta.
Hamlet ¡Qué preciso es el pícaro! Debemos hablarle con exactitud,
o sus juegos de palabras nos perderán. Por Dios, Horacio, hace tres
años que lo observo: en esta época intrincada, la punta del zapato
del campesino pisa tan de cerca el talón del cortesano que le roza
los sabañones. –¿Cuánto tiempo hace que eres sepulturero?
Primer bufón De todos los días del año, empecé el día que nuestro último
rey Hamlet derrotó a Fortimbrás.
Hamlet ¿Cuánto hace de eso?
Primer bufón ¿No lo sabéis? Cualquier tonto lo sabe. Fue el mismo
día que nació el joven Hamlet, el que estaba loco y fue enviado a
Inglaterra.
177
William Shakespeare
Sí, es cierto. ¿Por qué fue enviado a Inglaterra?
Hamlet
Primer bufón Pues porque estaba loco. Ahí recobrará su juicio, y si no
lo hace, no importará mucho allí.
Hamlet ¿Por qué?
Primer bufón Allí no llamará la atención. En ese país todos están tan
locos como él.
Hamlet ¿Cómo fue que se volvió loco?
Primer bufón Dicen que de un modo muy extraño.
Hamlet ¿Cómo, extraño?
Primer bufón Pues precisamente perdiendo la razón.
Hamlet ¿Pero cuál fue la base de ello?
Primer bufón El suelo de Dinamarca. He sido sepulturero aquí, de mu-
chacho y de hombre, durante treinta años.
Hamlet ¿Cuánto tiempo puede estar un hombre enterrado antes
de pudrirse?
Primer bufón En verdad, si no está podrido antes de morir, como tantos
cuerpos pustulentos que tenemos en estos días, que a duras penas
resisten el entierro, os durará unos ocho o nueve años. Un curtidor
os durará nueve años.
Hamlet ¿Por qué él más que otro?
Primer bufón Pues, Señor, su piel está tan curtida a causa de su oficio
que no dejará entrar el agua durante un buen tiempo, y el agua es
una poderosa corruptora de los cuerpos. Aquí hay una calavera
ahora: esta calavera lleva enterrada veintitrés años.
Hamlet ¿De quién era?
Primer bufón De un loco hijo de puta. ¿De quién pensáis que era?
Hamlet No sé.
178
Hamlet
Primer bufón Que lo pudra la peste, loco bribón. Una vez me vació una
botella de vino del Rin en la cabeza. Este cráneo, Señor, fue el cráneo
de Yorick, el bufón del rey.
Hamlet ¿Este?
Primer bufón Ese mismo.
Hamlet Déjame ver. [Toma la calavera]. ¡Ay, pobre Yorick! Yo
lo conocí, Horacio; era un sujeto de una gracia infinita, de una
imaginación admirable. Mil veces me llevó a cuestas, ¡y ahora qué
repugnante me resulta pensarlo! Se me revuelve el estómago de
imaginarlo. Aquí colgaban esos labios que yo besé no sé cuántas
veces. ¿Dónde están ahora vuestras chanzas? ¿Y vuestras cabriolas,
vuestras canciones, vuestros chispazos de humor, que despertaban
carcajadas en toda la mesa? ¿Ni uno ahora, para burlaros de vuestra
propia mueca? ¿Estáis desanimado? Id ahora a la alcoba de mi dama,
y decidle que aunque se ponga una pulgada de espesor de maquillaje,
terminará con esta apariencia. Hacedla reír con eso. –Por favor,
Horacio, dime una cosa.
Horacio ¿Qué cosa, mi Señor?
Hamlet ¿Piensas que Alejandro tenía este aspecto bajo tierra?
Horacio Exactamente el mismo.
Hamlet ¿Y que olía así? ¡Puaj! [Deja la calavera en el suelo].
Horacio Así mismo, mi Señor.
Hamlet ¡A qué bajos usos podemos descender, Horacio! ¿Por qué
no podría la imaginación reconstruir el camino seguido por los
nobles restos de Alejandro, hasta encontrarlo sirviendo de tapa de
un barril?
Horacio Eso requeriría una consideración extremadamente
[minuciosa.
179
William Shakespeare
Hamlet Por cierto que no, en modo alguno. Bastaría encauzar el
razonamiento hasta hacerlo llegar a ese punto con naturalidad, por
ejemplo así: Alejandro murió, Alejandro fue enterrado, Alejandro
volvió al polvo, el polvo es tierra, de la tierra se hace barro, ¿y por
qué con ese barro en el que se ha convertido no podría taparse un
barril de cerveza?
El imperial Cesar, muerto y convertido en barro,
Podría tapar un agujero para parar el viento.
¡Oh, que quien tuvo al mundo en temor reverencial
Deba servir de parche contra el chubasco invernal!
Pero ¡silencio! Apartémonos. Aquí viene el rey,
La reina, los cortesanos.
Entran Claudio, Gertrudis, Laertes, un ataúd, un sacerdote y cortesanos.
¿Quién es este al que acompañan?
¿Y con un ceremonial tan incompleto? Esto es indicio
De que el muerto al que siguen destruyó, desesperado,
Su propia vida. Era de buena posición.
Ocultémonos un rato y observemos. [Apartándose con Horacio].
Laertes ¿Qué otra ceremonia debe hacerse?
Hamlet Ese es Laertes, un joven sumamente noble. Observad.
Laertes ¿Qué otra ceremonia debe hacerse?
Sacerdote Sus exequias se han celebrado con toda la amplitud
Que nos estaba permitida. Su muerte fue dudosa,
Y sin la orden de alterar el procedimiento usual
Habría permanecido en tierra sin santificar
Hasta la última trompeta. En lugar de piadosas
Oraciones, cacharros rotos, piedras y guijarros
Se habrían arrojado sobre ella. Sin embargo,
Se dejó que usara guirnaldas y flores virginales
180
Hamlet
Y que hubiera campanas y acompañamiento.
Laertes ¿No debe hacerse nada más?
Sacerdote Nada más.
Profanaríamos los ritos funerarios
Si cantáramos un réquiem y rezáramos por ella
Como por las almas que han partido en paz.
Laertes Enterradla,
Y que de su hermosa e inmaculada carne
Broten violetas. A ti, sacerdote brutal, te digo
Que mi hermana será un ángel mediador
Cuando tú estés aullando.
Hamlet ¿Qué? ¡La bella Ofelia!
Gertrudis Dulces flores para esta dulce flor. Adiós. [Esparciendo flores].
Esperaba que fueras la esposa de mi Hamlet.
Pensaba adornar con flores tu tálamo nupcial,
Y no tu sepultura.
Laertes Oh, que una triple desgracia
Caiga diez veces triplicada sobre aquel maldito
Cuya perversa acción te enajenó
De tu agudo juicio. –Dejad la tierra a un lado
Hasta que la haya estrechado una vez más entre mis brazos.
[Salta dentro de la tumba].
Ahora amontonad vuestra tierra sobre vivo y muerta
Hasta que de esta llanura hayáis hecho una montaña
Más alta que el viejo Pelión o que la cumbre aérea
Del celeste Olimpo.
Hamlet (Avanzando) ¿Quién es ese cuyo desconsuelo
Se exhibe con tal énfasis, cuya expresión de pesar
Conjura a los astros errantes y los hace detenerse
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William Shakespeare
Para oírlo llenos de estupor? Soy yo,
Hamlet el Danés.
[Laertes sale de la tumba].
Laertes Que el diablo se lleve tu alma. [Luchando con él].
Hamlet No es un buen modo de rezar.
Te ruego que quites tus dedos de mi cuello,
Pues aunque no soy irascible ni violento,
Hay dentro de mí algo peligroso
Que tu prudencia debería temer. Saca tu mano.
Claudio Separadlos.
Gertrudis ¡Hamlet, Hamlet!
Todos ¡Caballeros!
Horacio Mi buen Señor, deteneos.
[Los asistentes los separan].
Hamlet Pues lucharé con él por esta causa
Mientras tenga fuerza para parpadear.
Gertrudis ¿Qué causa, hijo mío?
Hamlet Yo amaba a Ofelia; cuarenta mil hermanos
No podrían, con toda la suma de su amor
Alcanzar el mío. ¿Qué harás por ella?
Claudio ¡Oh! Está loco, Laertes.
Gertrudis Por amor de Dios, sed indulgente con él.
Hamlet Por la sangre de Dios, dime qué quieres hacer.
¿Quieres llorar, luchar, ayunar, quieres desgarrarte?
¿Quieres beber vinagre, comerte un cocodrilo?
Yo haré lo mismo. ¿Vienes aquí a lloriquear,
A provocarme con saltos en su tumba?
Hazte enterrar vivo con ella, y yo haré lo mismo.
Y ya que hablas de montañas, que nos tiren encima
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Hamlet
Millones de fanegas, hasta que nuestro suelo,
Chamuscando su cresta con el sol, haga que el Monte Osa
Parezca una verruga. Y si quieres gritar,
Yo rugiré tanto como tú.
Gertrudis Esto es simple locura,
Y el acceso lo afectará de este modo por un tiempo;
Después, tranquilo como la paloma hembra
Cuando sus pichones dorados se descubren,
Quedará hundido en el silencio.
Hamlet Oíd, señor,
¿Cuál es la razón por la que me tratáis así?
Yo siempre os quise… Pero no importa.
Haga el mismo Hércules lo que haga,
El gato maullará, y al perro le llegará su día. Sale.
Claudio Te ruego, buen Horacio, que lo sigas.
Sale Horacio.
(A Laertes) –Paciencia, recordad nuestra conversación de anoche;
Pondremos la cosa en marcha de inmediato.
–Dulce Gertrudis, haced que vigilen a vuestro hijo.
Esta tumba tendrá un monumento perdurable.
Pronto veremos tiempos más clementes;
Hasta entonces, mostrémonos pacientes.
Salen.
V.2. Entran Hamlet y Horacio.
Hamlet Pero basta ya de eso; escuchad el resto.
¿Recordáis las circunstancias?
Horacio ¡Recordarlas, mi Señor!
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William Shakespeare
Hamlet Señor, en mi corazón había una suerte de lucha
Que no me permitía dormir. Me sentía peor
Que los rebeldes en los cepos. Precipitadamente,
Y loada sea la precipitación –admitamos
Que a veces la imprudencia, cuando fallan nuestros mejores
Planes, nos es muy útil, y eso debería enseñarnos
Que hay una divinidad que dirige nuestros fines,
Por toscamente que los modelemos–, …
Horacio Eso es muy cierto.
Hamlet Salí de mi camarote,
Mal envuelto en mi traje de marino, buscándolos
A tientas en la oscuridad. Conseguí lo que buscaba:
Robé el paquete que traían y regresé
A mi camarote, para con arrojo abrir allí,
Olvidando las maneras a causa del temor,
El despacho del rey, donde encontré, Horacio,
¡Oh, real bellaquería!, una orden precisa,
Ornada con todo tipo de razones concernientes
Al bienestar de Dinamarca, y al de Inglaterra,
Y a los horribles peligros que yo representaba,
Para que inmediatamente, sin tiempo que perder,
Sin demorarse siquiera en afilar el hacha,
Se me cortara la cabeza.
Horacio ¿Es posible?
Hamlet Acá está la orden, léela con más tiempo.
Pero ¿quieres oír ahora cómo procedí?
Horacio Os lo ruego.
Hamlet Estando rodeado así de villanías,
Antes de que pudiera hacer un prólogo a mi mente,
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Hamlet
Ella ya había dado comienzo a la función. Me senté,
Maquiné una nueva orden y la escribí con cuidado.
En otro tiempo yo consideraba, como nuestros estadistas,
Que era indigno escribir claro, y me esforcé mucho
Por olvidar esa habilidad; pero ahora, señor,
Me hizo un gran servicio. ¿Quieres saber
Qué fue lo que escribí?
Horacio Sí, mi buen Señor.
Hamlet Una fervorosa exhortación del rey solicitando,
Visto que el soberano inglés era su vasallo fiel,
Visto que su amor debía florecer como palmera,
Visto que la paz debía llevar su florón de espigas
Y erguirse entre ellos como un lazo de amistad,
Y muchos otros “vistos” de semejante peso,
Que ni bien tomara conocimiento de esa orden,
Sin deliberación alguna, sin más ni menos,
Diera muerte a sus portadores de inmediato, sin darles
Tiempo para confesarse.
Horacio ¿Cómo lo sellasteis?
Hamlet Pues incluso en eso fue providente el cielo.
Yo tenía en mi bolsa el sello de mi padre,
Que era la copia del sello oficial de Dinamarca;
Doblé el pliego de igual modo que el otro,
Lo firmé, lo sellé y lo llevé a su sitio,
Sin que nadie percibiera el cambio. Al día siguiente
Tuvo lugar nuestra lucha naval, y lo que siguió
Ya lo sabes.
Horacio Así que Guildenstern y Rosencrantz van hacia la muerte.
Hamlet Pues, hombre, ellos mismos cortejaron esa suerte.
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William Shakespeare
No pesan en mi conciencia. Son culpables,
Por entrometidos, de su propia ruina.
Es peligroso cuando el débil anda entre los golpes
Y las encolerizadas puntas de las armas
De dos poderosos adversarios.
Horacio ¡Pero qué rey es este!
Hamlet ¿No crees que me corresponde ahora –piensa:
Él asesinó a mi rey y prostituyó a mi madre,
Se entrometió entre mi esperanza y la corona,
Y echó su línea para pescar con semejante ardid
Mi propia vida–, no es perfectamente justo, terminar
Con él con este brazo? ¿Y no sería condenable
Permitir que este cáncer de nuestra naturaleza
Continuara haciendo el mal?
Horacio Pronto deberá tener noticias de Inglaterra
Sobre la suerte corrida por su empresa.
Hamlet Será pronto. El interín es mío,
Y la vida de un hombre no es más que un instante.
Pero lamento mucho, buen Horacio,
Haberme descontrolado ante Laertes,
Pues en la imagen de mi causa veo
El retrato de la suya. Buscaré su amistad.
Aunque francamente la extravagante ostentación
De su dolor me enfureció.
Horacio Silencio, ¿quién viene aquí?
Entra Osric.
Osric Sea vuestra alteza muy bienvenida de regreso a Dinamarca.
Hamlet Os agradezco humildemente, señor. –¿Conoces a este
zángano?
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Hamlet
Horacio No, mi buen Señor.
Hamlet Estás en estado de gracia, porque conocerlo es un pecado.
Tiene muchas tierras, y fértiles; si un animal es propietario de
muchos otros animales, tendrá un lugar en la mesa del rey. Es una
cacatúa, pero, como digo, cuantioso poseedor de estiércol.
Osric Dulce Señor, si vuestra alteza dispusiera de un momento,
desearía impartiros un mensaje de su majestad.
Hamlet Lo recibiré, señor, con toda la solicitud de mi alma. Dad a
vuestro sombrero el uso que le corresponde: es para la cabeza.
Osric Agradezco a vuestra alteza, hace mucho calor.
Hamlet No, creedme, hace mucho frío, sopla viento del norte.
Osric Es cierto, mi Señor, está algo frío.
Hamlet Sin embargo pienso que está muy sofocante y caluroso para
mi temperamento.
Osric Extremadamente, mi Señor, está muy sofocante, como si
fuera… no puedo decir cómo. Pero, mi Señor, su majestad me ordenó
manifestaros que ha hecho una fuerte apuesta a favor vuestro. El
asunto, Señor, es el siguiente…
Hamlet Os ruego que recordéis…
[Hamlet lo insta a ponerse el sombrero].
Osric No, mi buen Señor, es por mi comodidad, os lo aseguro.
Señor, aquí está, recién llegado a la corte, Laertes; un perfecto ca-
ballero, creedme, sobresaliente en una variedad de habilidades, de
muy amable trato y magnífica apariencia. Realmente, para hablar
con justicia sobre él, él es el mapa o guía de la galantería, pues en-
contraréis en él la suma de todas las cualidades que podría desear
un caballero.
Hamlet Sus atributos no sufren merma alguna, señor, en la descrip-
ción que hacéis de él, aunque dividirlo inventariando sus virtudes
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William Shakespeare
haría naufragar la aritmética de la memoria, que quedaría a la
deriva tratando de alcanzar su veloz navío. Para ensalzarlo como
se merece, diré que lo tengo por un espíritu con gran cantidad de
cualidades, que considero a su naturaleza de tan alto precio y tan
excepcional que no tiene semejante sino en la imagen que le devuelve
su espejo, y que quien quiera imitarlo será su sombra y nada más.
Osric Vuestra alteza habla sobre él con la mayor infalibilidad.
Hamlet ¿Y la concernencia, señor? ¿Por qué involucramos a este
caballero en nuestro vulgar aliento?
Osric ¿Señor?
Horacio ¿No es posible entenderse en otro idioma? Vos podréis
hacerlo, Señor.
Hamlet ¿A qué viene la mención de este caballero?
Osric ¿De Laertes?
Horacio Ya se le vació la bolsa, todas las palabras de oro se le gastaron.
Hamlet De él, señor.
Osric Sé que no sois ignorante…
Hamlet Eso espero, señor, aunque, a decir verdad, que lo sepáis no
representa un gran crédito para mí. ¿Bien, señor?
Osric No sois ignorante de la excelencia de Laertes.
Hamlet No me atrevo a confesar eso, pues no pretendo compararme
con él en excelencia: conocer bien a un hombre exige conocerse a
sí mismo.
Osric Me refiero, Señor, a su excelencia con su arma; según se
dice, su habilidad con ella no tiene rival.
Hamlet ¿Cuál es su arma?
Osric Florete y puñal.
Hamlet Esas son dos armas, pero en fin.
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Hamlet
Osric El rey, Señor, le ha apostado seis caballos berberiscos, con-
tra los cuales él ha impuesto, según entiendo, seis espadas y dagas
francesas, con sus correspondientes accesorios, como cinturón,
colgantes y demás. Tres de los soportes son realmente de muy
hermoso gusto, muy armónicos con las empuñaduras, y de diseño
muy imaginativo.
Hamlet ¿A qué llamáis los soportes?
Horacio Sabía que seríais edificado por una glosa marginal antes de
que terminarais.
Osric Los soportes, Señor, son los colgantes.
Hamlet La expresión sería más pertinente si pudiéramos cargar un
cañón colgado al cinto; hasta entonces, preferiría que los llamára-
mos colgantes. Pero adelante: seis caballos berberiscos contra seis
espadas francesas, sus accesorios y tres soportes de portentosa
fantasía. Esa es la apuesta francesa contra la danesa. ¿Y por qué es
impuesto, como vos decís, todo esto?
Osric El rey, Señor, ha apostado que en una docena de pases en-
tre vos y Laertes, él no conseguirá sacaros tres golpes de ventaja.
Laertes ha pedido que fueran doce asaltos en lugar de los usuales
nueve. Y la justa podría llevarse a cabo de inmediato, si vuestra
alteza se dignara responder.
Hamlet ¿Y si respondo que no?
Osric Quiero decir, mi Señor, si os dignarais hacer comparecer
vuestra persona al desafío.
Hamlet Señor, estaré caminando por esta galería. Si a su majestad
le place, es el momento del día que dedico al ejercicio. Que traigan
los floretes, si es que el caballero está dispuesto y si el rey mantiene
su propósito, y yo ganaré para él, si puedo. Si no, no ganaré más
que mi vergüenza y unas cuantas estocadas.
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Osric ¿Debo reportar vuestra respuesta de ese modo?
Hamlet Ese es el sentido, señor mío, de lo que debéis decir. Agregad
cuantos floreos vuestra naturaleza quiera.
Osric Me encomiendo respetuosamente a vuestra alteza.
Hamlet Vuestro, vuestro.
Sale Osric.
Hace bien en encomendarse él mismo, nadie más lo haría por él.
Horacio Este pichón escapa con el cascarón pegado a la cabeza.
Hamlet Este le hacía reverencias a la teta antes de mamarla. Y así,
igual que muchos otros de su misma especie, por los que sé que
esta época impura está loca de amor, solo ha captado el tono de
su tiempo y las maneras superficiales de la cortesía, una suerte
de mescolanza frívola que los lleva a mariposear entre una y otra
de las más triviales y volátiles opiniones, que se deshacen como
burbujas al primer soplo.
Entra un señor.
Señor Mi Señor, su majestad os envió sus saludos a través del joven
Osric, quien regresó y le informó que lo esperabais en la galería.
Me envía ahora a saber si vuestra voluntad de enfrentar a Laertes
se mantiene, o si preferís tomaros un tiempo mayor.
Hamlet Soy constante en mis propósitos, que siguen la voluntad
del rey. Cuando él lo disponga, yo estoy listo; ahora o en cualquier
momento, siempre que me sienta tan apto entonces como en este
instante.
Señor El rey, la reina y todos los demás ya vienen.
Hamlet En buena hora.
Señor La reina desea que ofrezcáis una cortés recepción a Laertes,
antes de la lucha.
Hamlet Es un buen consejo.
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Hamlet
Sale el señor.
Horacio Vais a perder, mi Señor.
Hamlet No lo creo. Desde que se fue a Francia, he estado practican-
do continuamente; con la ventaja que me dan, ganaré. No querrías
saber, sin embargo, qué angustia siento aquí en el corazón. Pero no
importa.
Horacio No, mi buen Señor…
Hamlet No es más que una tontería, ese tipo de presentimientos
que quizás podrían turbar a una mujer.
Horacio Si vuestro espíritu recela algo, obedecedlo. Yo iré a decirles
que no vengan, que no os sentís bien.
Hamlet De ninguna manera. Desafiamos los augurios. Hasta en la
caída de un gorrión interviene la providencia. Si tiene que ser ahora,
no será más tarde; si no ha de ser más tarde, será ahora; si no va a
ser ahora, ocurrirá de todos modos. Estar preparado es todo. Puesto
que nadie llega a conocer en absoluto la vida que ha de abandonar,
¿qué importa cuándo se la deja? Que sea lo que deba ser.
Entran, con floreo de trompetas, Claudio, Gertrudis, Laertes, señores
(Osric entre ellos), oficiales con almohadones y criados con floretes,
puñales y guantes de esgrima. Una mesa con jarras y copas de vino.
Claudio Venid, Hamlet, venid y tomad de mí esta mano.
[Hamlet toma de la mano del rey la de Laertes].
Hamlet Concededme vuestro perdón, señor, os he hecho daño;
Pero perdonadme, como un buen caballero.
Todos los presentes saben, y vos también
Debéis haber oído, el modo en que me afecta
Una cruel perturbación. Cuanto haya hecho
Que a vuestra naturaleza, honra y nobleza
Haya podido lastimar, lo proclamo aquí locura.
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William Shakespeare
¿Fue Hamlet quien agravió a Laertes? No: eso jamás.
Si Hamlet está fuera de sí, y no siendo él mismo
Hiere a Laertes, entonces no es Hamlet quien lo hace,
Hamlet lo desconoce. ¿Quién es el que lo hace,
Entonces? Su locura. Si es así,
Hamlet es uno más entre los ofendidos.
La locura del pobre Hamlet es su enemiga.
Que mi rechazo, señor, ante esta audiencia,
De toda mala intención, me absuelva
En vuestros generosos pensamientos, pues
Disparé mi flecha por encima de la casa
Y lastimé a mi hermano.
Laertes Mis sentimientos naturales,
Que era lo que más me movía a la venganza,
Quedan satisfechos; mas en cuanto a mi honor mantengo
Mi reserva: no quiero ninguna reconciliación
Hasta obtener, de maestros ancianos y honorables,
Un juicio bien fundado sobre el modo de sellar la paz
Manteniendo sin mácula mi nombre. Pero hasta entonces
Recibo como amistad la amistad que me ofrecéis,
Y no la ofenderé.
Hamlet Yo la abrazo sin reserva,
Y disputaré con lealtad este duelo entre hermanos.
Dadnos los floretes, vamos.
Laertes Vamos, uno para mí.
Hamlet Os luciréis a costa mía, Laertes. En mi ignorancia
Vuestra habilidad brillará como la estrella
En la noche oscura.
Laertes Os burláis de mí, Señor.
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Hamlet
Hamlet No, por esta mano.
Claudio Dadles los floretes, joven Osric. ¿Conocéis, Hamlet,
Los términos de la apuesta?
Hamlet Muy bien, mi Señor.
Vuestra majestad ha apostado por el más débil.
Claudio No temo por eso, os he visto a ambos.
Pero, dado su mayor prestigio, vos tenéis ventaja.
Laertes Este es demasiado pesado, dejadme ver otro.
Hamlet Este me gusta. ¿Todos tienen la misma longitud?
Osric Sí, mi buen Señor.
[Se preparan para luchar].
Claudio Poned las copas de vino sobre esa mesa.
Si Hamlet da el primer golpe o el segundo,
O si, sufriéndolos, se desquita en el tercer asalto,
Que todas las almenas disparen sus cañones.
El rey beberá por la energía de Hamlet,
Y en la copa echará una perla más valiosa
Que la que cuatro reyes sucesivos han llevado
En la corona de Dinamarca. Dadme las copas,
Y que el timbal comunique a la trompeta,
La trompeta a los cañones allá afuera,
Los cañones a los cielos, los cielos a la tierra:
“¡Ahora el rey bebe por Hamlet!”. Vamos, comenzad,
Y vosotros, los jueces, estad atentos.
Suenan trompetas.
Hamlet Vamos, señor.
Laertes Vamos, mi Señor.
[Luchan].
Hamlet Tocado.
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William Shakespeare
Laertes No.
Hamlet ¿Jueces?
Osric Tocado, sí. Indiscutible.
Laertes Bien, vamos de nuevo.
Claudio Alto. Traedme de beber. Hamlet, esta perla es tuya.
A tu salud.
Suenan timbales, trompetas y cañones.
Dadle la copa.
Hamlet Concluiré antes este asalto. Dejadla ahí un momento.
Vamos.
[Luchan].
Otro golpe. ¿Qué decís?
Laertes Tocado, tocado, lo admito.
Claudio Nuestro hijo ganará.
Gertrudis Está agitado y sin aliento.
Ven, Hamlet, toma mi pañuelo, sécate la frente.
La reina brinda por tu suerte, Hamlet.
Hamlet Buena señora.
Claudio ¡Gertrudis, no bebáis!
Gertrudis Beberé, mi Señor, os ruego que me perdonéis.
[Bebe].
Claudio (Aparte) Es la copa envenenada. Es demasiado tarde.
Hamlet Prefiero no beber aún, señora; enseguida lo haré.
Gertrudis Ven, permíteme secar tu rostro.
Laertes Mi Señor, ahora voy a darle.
Claudio No lo creo.
Laertes (Aparte) Y sin embargo es casi contra mi conciencia.
Hamlet Venid por el tercero, Laertes. Solo estáis jugando.
Os ruego que embistáis con vuestro mayor vigor.
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Hamlet
Temo que me estáis tratando como a un niño.
Laertes ¿Eso creéis? Venid.
[Luchan].
Osric Nada de ningún lado.
Laertes ¡Tened ahora! [Hiere a Hamlet].
[Forcejeando, cambian los floretes].*
Claudio Separadlos. Están enfurecidos.
Hamlet No, venid de nuevo. [Hiere a Laertes].
[Cae Gertrudis].
Osric Atended a la reina, ahí. ¡Alto!
Horacio Están sangrando los dos. ¿Qué pasa, mi Señor?
Osric ¿Cómo estáis, Laertes?
Laertes Cazado como una perdiz en mi propia trampa, Osric.
Muero víctima de mi propia felonía.
Hamlet ¿Qué le ocurre a la reina?
Claudio Se desmayó al verlos sangrar.
Gertrudis No, no, la bebida, la bebida… Oh, mi querido Hamlet…
La bebida, la bebida… Estoy envenenada. [Muere].
Hamlet ¡Oh, infamia! ¡Alto! ¡Que cierren las puertas!
¡Traición! ¡A descubrirla!
[Cae Laertes].
Laertes Está aquí, Hamlet. Hamlet, estás muerto,
Ninguna medicina en el mundo puede ayudarte,
No te queda ni media hora de vida…
El instrumento traidor está en tu mano,
Sin botón y envenenado. La vil estratagema
Se volvió contra mí; he aquí que muero, para no volver
*
El ataque con el que Laertes consigue por fin herir a Hamlet sigue inmediatamente
al dictamen de Osric sobre el resultado del tercer asalto, lo que hace suponer
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William Shakespeare
A levantarme. Tu madre está envenenada…
No puedo más… el rey, el rey es el culpable.
Hamlet ¡La punta envenenada! Pues entonces, veneno, ¡a trabajar!
[Hiere al rey].
Todos ¡Traición, traición!
Claudio Defendedme todavía, amigos, solo estoy herido.
Hamlet Incestuoso, criminal, maldito rey de Dinamarca,
Apura este brebaje. ¿Está aquí tu perla, tu prenda
De unión? Únete a mi madre. [Muere el rey].
Laertes Tiene lo que merece,
Es un veneno preparado por él mismo.
Intercambiemos perdones, noble Hamlet.
Que mi muerte y la de mi padre no caigan sobre ti,
Ni la tuya sobre mí. [Muere].
Hamlet ¡Que el cielo te absuelva de ella! Yo te sigo.
Estoy muerto, Horacio. Adiós, desventurada reina.
Vosotros, que lucís pálidos y tembláis ante esta escena,
De la que sois los actores mudos o la audiencia,
una estocada dada a traición, cuando el príncipe no estaba todavía preparado.
El texto indica enseguida el fundamental intercambio de floretes, que sobre el
escenario suele representarse así: respondiendo al ataque, Hamlet consigue
desarmar, con un rápido golpe, a su adversario. Al caer el florete de este al suelo,
Hamlet le pone encima el pie y ofrece cortésmente su arma a Laertes, quien se
ve obligado a aceptarla. Hamlet recoge entonces el florete caído y se reanuda la
lucha. Se ha indicado también que el “Separadlos. Están enfurecidos” del rey
revela que la contraofensiva de Hamlet ha sido especialmente vehemente, debido
probablemente a su indignación ante el ataque a destiempo de su contrincante o
a que, viéndose a sí mismo sangrar, Hamlet ha descubierto la trampa (o al menos
parte de la trampa, porque aún no tiene modo de saber que ha sido envenenado)
de que ha sido objeto. En esta última hipótesis, su ofrecimiento de intercambiar
floretes con Laertes debería ser considerado menos una gentileza que una
exigencia, una acusación, y una declaración de guerra abierta.
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Hamlet
Si me quedara tiempo antes de que me detuviera
Este cruel oficial, la rigurosa muerte, podría
Deciros… Pero dejémoslo. Horacio, estoy muerto,
Tú vives; informa sobre mi conducta y sus razones
A quienes lo precisen.
Horacio Ni lo penséis.
Yo soy más un antiguo romano que un danés.
Aún queda un poco de veneno.
Hamlet Si eres un hombre,
Dame esa copa. Vamos, por el cielo, suéltala.
Oh, Dios, Horacio, mi nombre quedará lleno de oprobio
Si las cosas permanecen sin saberse.
Si alguna vez me llevaste en tu corazón,
Renuncia por un tiempo a la felicidad,
Y sigue respirando en este mundo riguroso
Para contar mi historia.
Se oyen, a la distancia, una marcha militar y unos disparos.
¿Qué es ese rumor de guerra?
Osric El joven Fortimbrás, de triunfal vuelta de Polonia,
Saluda a los embajadores de Inglaterra
Con esta salva marcial.
Hamlet Oh, me muero, Horacio,
El potente veneno sofoca ya mi espíritu.
No puedo vivir para oír las noticias de Inglaterra.
Pero predigo que la elección recaerá
Sobre Fortimbrás; él tiene mi voto agonizante.
Díselo, y cuéntale también todos los hechos
Que me hicieron actuar… el resto es silencio. [Muere].
Horacio Un noble corazón se rompe. Buenas noches,
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William Shakespeare
Dulce príncipe, y que un coro de ángeles te lleve
A tu descanso. ¿Qué son esos tambores?
Entran Fortimbrás y los embajadores ingleses,
con tambores, estandartes y un séquito.
Fortimbrás ¿Dónde está ese espectáculo?
¿Qué es lo que queréis ver?
Horacio
Si es una escena de dolor o pasmo, dejad de buscar.
Fortimbrás Estos cuerpos revelan una devastación. Oh, muerte
Altiva, ¿qué fiesta se prepara en tu infernal morada
Para que de un solo golpe, con tanta ferocidad,
Hayas tumbado a tantos príncipes?
Primer embajador El cuadro es horrible,
Y nuestras noticias de Inglaterra llegan tarde.
Están sordos los oídos que debían recibir
La noticia de que su orden fue cumplida
Y que Rosencrantz y Guildenstern han muerto.
¿De quién debemos recibir las gracias?
Horacio No de su boca,
Aunque gozara de vida para agradeceros;
Él nunca dio la orden para que murieran.
Pero ya que justo tras esta lucha tan sangrienta
Habéis llegado acá, vos de las guerras polacas
Y vosotros de Inglaterra, ordenad que estos cuerpos
Sean expuestos en lo alto de una plataforma,
Y permitidme contar al mundo, que aún no sabe,
Cómo ocurrieron estas cosas. Oiréis hablar así
De actos impúdicos, sangrientos, monstruosos,
De castigos fortuitos, matanzas casuales,
De muertes preparadas con malicia y con pretextos,
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Hamlet
Y, finalmente, de intrigas malogradas que cayeron
Sobre sus autores. De todo esto puedo haceros
Un relato fiel.
Fortimbrás Apresurémonos a oírlo,
Y llamad a los más nobles a la audiencia.
Por mi parte, abrazo con tristeza mi fortuna.
Tengo ciertos viejos derechos sobre este reino,
Que ahora mi situación me invita a reclamar.
Horacio Sobre eso también tengo algo que decir, en nombre
De alguien cuya voz arrastrará consigo otras.
Pero actuemos de inmediato, aunque los ánimos
Se encuentren agitados, no sea que tengamos
Más desgracias.
Fortimbrás Que cuatro capitanes
Lleven a Hamlet, como un guerrero, hasta el tablado,
Porque sin duda, si hubiera sido puesto a prueba,
Habría sido un verdadero rey; y que a su paso
La música marcial y los ritos de la guerra
Le rindan honores estentóreos. Sacad los cuerpos.
Un cuadro como este conviene al campo de batalla,
Pero aquí luce fuera de lugar.
Ordenad a los soldados que disparen.
Salen marchando. Después se oye una salva de cañones.
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