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Exodo 33

Yahvé instruye a Moisés para que lleve al pueblo a la tierra prometida, pero se distancia de ellos debido a su dureza de corazón. Moisés intercede por el pueblo, pidiendo que Dios no los abandone, y busca ver la gloria de Dios, quien le revela que no puede ver Su rostro. Finalmente, Dios promete mostrarle Su bondad, pero le advierte que no puede ver Su rostro y le permite solo vislumbrar Su gloria.

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Exodo 33

Yahvé instruye a Moisés para que lleve al pueblo a la tierra prometida, pero se distancia de ellos debido a su dureza de corazón. Moisés intercede por el pueblo, pidiendo que Dios no los abandone, y busca ver la gloria de Dios, quien le revela que no puede ver Su rostro. Finalmente, Dios promete mostrarle Su bondad, pero le advierte que no puede ver Su rostro y le permite solo vislumbrar Su gloria.

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Exodo 33

Arrepentimiento del pueblo


1∗ Dijo Yahvé a Moisés: “Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de Egipto, al país que Yo con
juramento prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu posteridad lo daré.
2 Enviaré delante de ti un Ángel, y echaré al cananeo, al amorreo, al heteo, al fereceo, al heveo y al
jebuseo,
3(para que entres) en la tierra que mana leche y miel; pues Yo no iré en medio de ti, porque eres un
pueblo de dura cerviz; no sea que te destruya en el camino.”
4 Al oír estas duras palabras el pueblo se puso de luto y nadie se atavió con sus galas.
Dijo entonces Yahvé a Moisés: “Di a los hijos de Israel: Vosotros
sois un pueblo de dura cerviz. Si Yo un solo momento subiera
contigo, te consumiría. Ahora, pues, quítate tus atavíos, para que Yo
sepa qué he de hacer contigo.”
6 Por lo cual los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.
5 Dios habla con Moisés cara a cara
7 ∗Y tomó Moisés el Tabernáculo y lo plantó a cierta distancia fuera
del campamento, y lo llamó Tabernáculo de la Reunión. De modo
que todo el que buscaba a Yahvé salía hacia el Tabernáculo de la
Reunión fuera del campamento.
8 Cuando salía Moisés hacia el Tabernáculo se ponía en pie todo el pueblo, y cada cual se estaba a
la puerta de su tienda, siguiendo con sus ojos a Moisés hasta entrar
éste en el Tabernáculo.
9 Y cuando Moisés entraba en el
Tabernáculo, bajaba la columna de nube y se detenía a la puerta del
Tabernáculo, mientras (Yahvé) hablaba con Moisés.
10 Todo el pueblo que veía la columna de nube erguida a la puerta del
Tabernáculo, se levantaba, y cada cual se postraba junto a la puerta
de su tienda.
11∗Así hablaba Yahvé con Moisés cara a cara, como
suele hablar un hombre con su amigo. Luego volvía éste al
campamento, pero su ministro, el joven Josué, hijo de Nun, no se
apartaba del Tabernáculo. 12∗Y dijo Moisés a Yahvé: “Mira, Tú me
dices: Saca este pueblo; mas no me has dado a conocer a quien
enviarás conmigo; y sin embargo me has dicho: Te conozco por tu
nombre, y también: Has hallado gracia a mis ojos.
13 Ahora, pues, si realmente he hallado gracia a tus ojos, te ruego me muestres tu
camino, para que yo te conozca y halle gracia a tus ojos, y considera que este pueblo es pueblo tuyo.”
14∗Respondió Él: “Mi Rostro irá (delante de ti) y te daré descanso.”
15 Le contestó: “Si tu Rostro no va (delante nuestro), no nos hagas partir de aquí.
16Pues ¿en qué podrá conocerse que he hallado gracia a tus ojos, yo y tu pueblo,
sino en eso en que Tú marches con nosotros, para que nos
distingamos, yo y tu pueblo, de todos los pueblos que hay sobre la
tierra?” 17Respondió Yahvé a Moisés: “Cumpliré también esto que
me acabas de pedir, pues has hallado gracia a mis ojos, y Yo te
conozco por tu nombre.”
Moisés quiere ver el rostro de Dios
18 ∗Entonces dijo (Moisés): “Muéstrame, te ruego tu gloria.”
19 ∗Él le contestó: “Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y
pronunciaré delante de ti el nombre de Yahvé; y haré merced a
quien Yo haga merced y usaré de misericordia con quien Yo use de
misericordia.”
20∗Y añadió: “Pero mi Rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y vivir.” 21Luego
dijo Yahvé: “He aquí un lugar junto a Mí; tú te pondrás sobre la peña;
22 y al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi
mano hasta que Yo haya pasado.
23∗Luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas;
pero mi Rostro no se puede ver.”

32. Bórrame de tu libro, el libro de la vida. Cf. Salmo 68, 29; Isaías 4, 3; Dan. 12, 1; Éfeso 2, 19;
Filemón 3, 20; Apocalipsis 3, 5; 13, 8; 17, 8; 21, 27. Moisés nos da aquí un admirable ejemplo de
caridad pastoral. Antes de que fuese castigado el pueblo, desea el hombre de Dios ser borrado del
libro de los vivientes. “Quiere perecer con los que perecen y no se contenta con sola su propia
salvación. Porque la gloria del rey es la muchedumbre de su pueblo” (San Jerónimo, Carta a
Gaudencio). El mismo amor admiramos en San Pablo (Romanos 9, 3). Pero más admirable aún es la
bondad de Dios que se deja aplacar por los ruegos de Moisés y no castiga a Aarón que tenía mayor
culpa que el pueblo. Dice al respecto San Cirilo de Jerusalén: “Después del pecado no le prohibió a
Aarón el que llegase a ser Sumo Sacerdote; y a ti, que vienes de los gentiles, ¿te va a prohibir que te
salves? Haz tú igualmente penitencia, y no se te negará la gracia. Muéstrate irreprensible, porque
Dios
es verdaderamente misericordioso, y no bastarían todos los siglos para contar sus misericordias. Y
aunque se juntasen todas las lenguas no podrían explicar ni una mínima parte de su bondad” (Cateq.
II
sobre la penitencia).

34. El día de mi visitación: el día de la venganza cuando llegue para castigaros.

1 ss. Tú y el pueblo que sacaste de Egipto: Es como si Dios se distanciara del pueblo escogido y
negara ser su libertador. El Amor ofendido rehúsa conducir Él mismo a los que eran dignos de ser
consumidos (v. 5). Dios iba delante de su pueblo en la columna de nube y fuego (23, 20 ss.), pero por
su infidelidad se habían hecho indignos de tal fervor. Es por eso que Moisés insiste (v. 12 ss.) en que
Dios siga conduciendo a su pueblo.
7. El Tabernáculo que Moisés coloca lejos del campamento no es idéntico con el que, según Éxodo
25, 1 ss., había de construirse, sino con el pabellón primitivo en que Dios solía hablar a Moisés. La
separación del Tabernáculo significa un castigo para el pueblo apóstata, una especie de excomunión.

11. Cara a cara, o sea, familiarmente, como con un amigo, no por sueños o visiones, como con los
otros profetas y hombres de Dios. ¡Admiremos la llaneza de nuestro Padre celestial! ¡Qué
benevolencia
tendrá hoy para con nosotros, que somos hermanos de su Hijo Jesús! “Desde que con sus manos
soberanas plasmó el barro de nuestro cuerpo y le vivificó con el aliento de su espíritu, hasta el
incomprensible prodigio de su convivencia substancial con el hombre en Jesucristo, Hombre-Dios, y
de
las inefables comunicaciones del Dios encarnado con los demás hombres sus hermanos: cum
homínibus
conversatus est (conversó con los hombres)” (Cardenal Gomá).

12. Te conozco por tu nombre: Expresión de especial amistad y familiaridad. Cf. 31, 2 y nota.

14. Mi Rostro: Yo personalmente. Descanso: se entiende, en la tierra de promisión. Yahvé
promete conducir a Moisés, quien pide a Yahvé que no solamente lo acompañe a él sino a todo el
pueblo. Dios promete también esto en el versículo 17.

18. Después de haber conseguido el cumplimiento de su pedido Moisés sigue pidiendo y se atreve
a decir a Dios que salga de la obscuridad y se muestre en su esencia divina; cosa imposible para
hombre mortal, como se ve en el v. 20.

19. Mi bondad: Otros traducen: mi bien, o, mi hermosura, o, mi gloria. Preferimos la primera
traducción, porque lo que Dios quiere manifestar aquí es su misericordia, como se nota en la segunda
parte del versículo: haré merced... usaré de misericordia… San Pablo cita este texto en Romanos 9, 15
para explicarnos el misterio de nuestra elección, la que no es fruto de nuestros méritos sino un acto de
la bondad de Dios. “Esta idea la repiten en otra forma los profetas cuando, anunciando la vuelta de
Israel del destierro y su restauración en la patria, insisten en que no por los méritos del pueblo, sino
por el nombre de Yahvé. por su misericordia, hará el Señor esta grande obra” (Nácar-Colunga).
Vislumbramos aquí un gran misterio, que cuesta creer: Dios no concede la gracia sino por amor de sí
mismo, para gloria de su nombre (Isaías 48, 9; Jeremías 14, 7; Ezequiel 20, 14 y 22; 36, 21). De ahí
que Yahvé, al mostrar su bondad, pronuncie su nombre, que es, en este caso, su “bondad libremente
favorecedora y piadosa” (Bover-Cantera).

20. Ni siquiera Moisés pudo ver a Dios, aunque tantas veces hablaba con El “cara a cara” (v. 11).
Cualquier resplandor de la divina majestad es inmenso. Los débiles ojos humanos no podrían
soportarlo, y el cuerpo se desplomaría como si lo tocara el rayo. Contentémonos, pues, con la
esperanza “hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, al que a su tiempo hará ostensible el
bendito
y único Dominador (el Padre), el Rey de los Reyes y Señor de los señores, el único que posee
inmortalidad y habita en una luz inaccesible, que ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honor
y poder eterno. Amén” (I Timoteo 6, 14-16).

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