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Moby Dick: La Ballena Blanca y Melville

El documento analiza la figura de Mocha Dick y su influencia en la literatura, especialmente en la obra 'Moby Dick' de Herman Melville, que se considera una obra maestra de la literatura marinera. A través de la historia de la ballena blanca y el capitán Ahab, se exploran temas de obsesión, destino humano y la lucha entre el hombre y la naturaleza. Además, se menciona el verdadero viaje del ballenero Essex, que inspiró a Melville, y se destaca la complejidad y el simbolismo de la novela.

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Moby Dick: La Ballena Blanca y Melville

El documento analiza la figura de Mocha Dick y su influencia en la literatura, especialmente en la obra 'Moby Dick' de Herman Melville, que se considera una obra maestra de la literatura marinera. A través de la historia de la ballena blanca y el capitán Ahab, se exploran temas de obsesión, destino humano y la lucha entre el hombre y la naturaleza. Además, se menciona el verdadero viaje del ballenero Essex, que inspiró a Melville, y se destaca la complejidad y el simbolismo de la novela.

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el maza en la literatura

lVJ:Ji::I'.. ,r K :1'~:l'.. Ji:


y la
ballena blanca
por rodolfo santovenia
FOTOCOPIAS CARLOS NU~EZ Y ARCHIVO

De todas las leyendas que nos ha legado la gran era de la pesca de la ballena,
ninguna es más conocida que la de Mocha Dick, el monstruoso cetáceo blanco que aquellos
hombres de hierro, en barcos de madera del siglo pasado, consideraban la encarnación del
mal y la perversidad. Estos sucesos han llegado hasta nuestros días de muy diferentes
maneras; pero, en especial, a través de la novela Moby Dick, de Herman -Melville, publicada
en 1851 y, sin duda, la obra maestra de su autor y uno de los libros más importan!~
de literatura marinera que la Humanidad posee.
Esta obra no es ya, como las que la precedieron, un animado documental, ino
una especie de poema épico en prosa. En el libro hay que distinguir el
elemento épico del didáctico, la aventura de la información. El relato está a
veces empapado de una solemnidad bíblica; la erudición, en cambio, incurre
en pedanterías. Pero, en el fondo, hallamos un sentido lírico que es
esencialmente un retorno a la juventud, al descubrimiento del mundo, ya
abriendo poéticamente con la adolescencia los ojos sobre el sentido
humano de la vida, ya materialmente viajando, navegando, luchando. A la
luz de ese apasionado sentimiento, se aclara el sentido del libro y la gloria
de la gran navegación a vela.

O el autor
Herman Melville nació en New York en 1819. Por un breve tiempo estudió
en la Academia de Albany, que abandonó al variar bruscamente la situación
económica de su familia. Hasta los diecisiete aiios realizó numerosos menesteres,
embarcándose como camarero de un barco mercante en 1836 y en un ballenero en
Melville fue 1841. Siete años más tarde se encuentra en Honolulu, donde sienta plaza de marinero en un
un hombre triste buque de guerra. Ya entonces había escrito algunos libros de ambiente marino, que eran
y desgraciado,
un hombre acosado bien acogidos. En 1844 se establece en Boston, donde prosigue con regularidad su obra
por el fracaso literaria. Hacia 1860 emprende su último viaje, dando la vuelta al Cabo de Hornos y llegando
y la pobreza hasta San Francisco. Completamente olvidado, la muerte le sorprende en 1891.
las obras de Melville. abarcan todos los continentes y mares de la Tierra; se dilata hasta
adquirir las dimensiones del globo y del universo terrestre. El problema del destino humano
los problemas de la conciencia que Hawthorne había dramatizado con estrechez y precisión
en sus novelas, son puestos ahora de relieve, de una manera sobrecogedora y espectacular,
contra el fondo del gigantesco panorama de los mares, los cielos y los continentes.
Melville no fue un hombre fuerte que desafiara el orden cruel del mundo: fue un hombre
débil que huyó de su propia alma y de la vida, un hombre quejumbroso, un hombre irritable.
No fue la realidad -el sufrimiento, la injusticia, la enfermedad, la pobreza, los ultrajes ~
públicos o privados- la que provocó su desilusión. Desde su adolescencia el mundo era para ,
él un lugar inhospitalario y vacío, y su espíritu solitario y huérfano. Sus libros, asimismo,
muestran una concepción trágica del destino humano.

O la novela
Moby Dick es la historia de unos hombres que se dedicaban a la pesca de ballenas en veleros
de cruz y amplia panza, hace ahora más de un siglo, y de una enorme ballena blanca, de
ceño fruncido y torcida quijada, que obsesionó al capitán Ahab, del buque ballenero Pequod.
Para dar muerte a la ballena, que le ha costado ya una pierna, Ahab recorre los siete mares.
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Una ballena
monstruosa, de
inusitada blancura
sobrenatural, que
nada en la
inmensidad del
Pacífico y lleva la
muerte y la
destrucción a
barcos y pescadores
hasta trabarse con ella en homérica lid, de la que capitán y 1.:achalote, atados el uno al otro,
pasan juntos a la eternidad.
Se trata de un libro extenso, extraño, espectacular y, no obstante, personal y apasionado.
Generaciones de estudiosos han querido ahondar en su sombrío misticismo. Dramaturgos y
compositores han hecho ya del libro obras de teatro, un concierto y una cantata, mientras
que el cine, por no quedarse atrás, ha zambullido al blanco cetáceo, por tres oportunidades,
en sus superficiales aguas.
Para muchos, la rara e intensa novela de Melville es una inmensa alegoría preñada de
profundas teorías filosóficas. Todo esto, por supuesto, es muy discutible y tiene más de un
punto de vista: se ha demostrado lo contradictorias y .ridículas que son las representaciones
simbólicas del libro, que han sido lanzadas a las imaginaciones de un público no preparado.
Cuando la obra se publicó, los críticos la calificaron de "extravagante": la fantástica ballena,
el espantoso combate entre el cachalote y el ballenero, unido al exagerado fanatismo del
capitán Ahab, todo eso parecía demasiado melodramático para ser plausible. Mas lo que los
críticos no sabían -aun cuando el novelista les proporcionó una buena insinuación-, era que
un crucero para la pesca de la ballena, como el descrito en el libro_, había ocurrido de verdad
unos 30 años antes.

O el ballenero essex
Melville sabía todo lo concerniente a ese viaje. Diez años antes de escribirse la novela, Owen
Chase, primer oficial del barco, había publicado un informe titulado Extraordinaria
Na"ación del Ultimo Crucero y Destrucción del Ballenero "Essex". El escritor no sólo citaba
pasajes del informe de Chase en su libro (sin darle el debido crédito a éste), sino que
también habló larga y tendidamente con el hijo del marino antes de escribir Moby Dick. La
El mutilado Ahab, historia de Ahab y de la ballena albina goza hoy de fama mundial; pero los verdaderos
"un hombre que sería capaz
de abofetear al sol tripulantes del Pequod -los verdaderos Ahab, Stubb, Queequeg y los demás- son conocidos
si éste le insultase" por muy pocas personas.
Pocos meses después del nacimiento de Melville, a finales de 1819, el ballenero Essex se hizo
a la vela en el puerto de Nantucket, en los Estados Unidos. Su capitán era George Pollard.
Llevaba como primer oficial a Owen Chase y de segundo a Thomas Chappell. Ambos
tuvieron dificultades para reclutar la tripulación. El Essex iba a la caza de ballenas de
esperma o cachalotes. Y éstos, las ballenas más peligrosas de todas, eran muy temidos por
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los marineros, pues se decía que el cachalote gustaba de la carne y sangre humanas. Además,
el capitán Pollard no gozaba tampoco de popularidad. Se sabía que era muy estricto en la
disciplina y se preocupaba poco de la seguridad y comodidad de sus hombres. A pesar de
estas contrariedades, los oficiales reunieron una diestra tripulación de diecisiete hombres. El
Essex pagaba jornales generosos para aquell os tiempos y daba crecidas bonificaciones por
matar un cachalote. Muchos marineros apreciaban más el dinero que su comodidad o -según
resultó ser- que su propia vida.
El crucero comenzó perfectamente. Durante meses, la matanza de ballenas era cosa de rutina
y sin peripecias dignas de contar. En menos de un año el viaje parecía a pun to de terminar.
Se necesitaba, si acaso un poco más de aceite de cachalote para llenar los barriles
almacenados. Pero cuando algunos de Jos tripulantes empezaron a inquietar e, ansiosos de
volver a casa, Pollard dejó caer todo el peso de su ley : iba a practicar otro recorrido más a
través de los cotos balleneros ecuatoriales, partiendo de las Galápagos y poniendo proa al
oeste. El capitán no se satisfacía con
una bodega casi llena: estaba resuelto
a llenarla.

O la ballena blanca
El 20 de noviembre de 1820
amaneció claro. Después del
desayuno, el vigía del palo mayor
llamó la atención del capitán: había
divisado 'agua blanca" a varias millas
a babor. Poliard probó a mirar con
su catalejo desde el puente de mando,
pero no vio nada. Estaba a punto de
calificar eJ aviso del vigía como falsa
alarma, cuando éste gritó de nuevo
"¡Allí va resoplando otra vez!" Ballenero de los utilizados cuando se publicó el libro
El chorro del cachalote era visible a todos. A pesar de cierta aprensic;in entre los tripulantes
y el irrazonado miedo del primer oficial a la empresa, se arriaron los botes y lanchas y
comenzó la cacería. El capitán Pollard iba al mando del bote número uno; Chase, del dos; y
el oficial Chappell, a cargo del tercero y último.
Aquellos hombres, por supuesto, no iban a la caza de una sola ballena. Un banco de
resoplantes monstruos se hallaba a menos de cien yardas cuando se deshizo la formación de
los botes. Pero cuando Chase, en el segundo bote, fue llamado por su arponero negro,
Richard Paterson, las cosas cambiaron. Paterson apuntaba con su arpón a un punto situado
dentro de la circunferencia del banco. Y allí, asomando en el agua, se encontraba "la ballena
más grande que Chase había visto en toda su vida".
El monstruo era de color gris mate, más bien que del negro usual. La piel rugosa no
mostraba lustre alguno. Sobre las ballenas de manchas blancas solían contarse toda clase de
cuentos. Algunos decían que las manchas blancas eran cicatrices de arponazos; otros las
tenían por indicios de vejez o de ferocidad . El animal de ahora tendría, por lo menos, treinta
pies de largo, más que cualquier otro de aquel banco. Las bonificaciones por matar aquella
ballena blanca seguramente serían mayores que las que hubiese recibido jamás miembro
alguno de la tripulación. Y no lo pensaron mucho: los remos se hundieron en el agua y el
bote puso proa y avanzó hacia el gigantesco monstruo. Como silencioso caracol de mar
-escribiría años más tarde Melville-, el bote, de proa ligera, surcaba apresuradamente las
aguas; pero sólo lentamente se aproximó a su enemigo. A medida que se acercaban a él, el
océano se volvía más liso, como si fuera una pradera del mediodía; tanta era su serenidad.
Por fin los impacientes cazadores se acercaron tanto a su presa, aparentemente confiada, que
toda la joroba deslumbrante se hizo claramente visible.
Los marinos distinguieron las grandes y complicadas arrugas de la cabeza, proyectada El actor cinematográfico
levemente sobre la superficie. Delante de ella, avanzaba sobre las suaves aguas rugosas la Gregory Peck
sombra blanca y brillante de su frente lechosa y amplía, acompaftada juguetonamente por un se dispone a dar muerte
a Moby Dick -en la película
murmullo musical. Paterson, que estaba de pie como enclavado en la proa del bote, del mismo nombre-,
aguardaba, afirmando bien los pies y echando cada vez más hacia .atr.ás el enorme arpón ... una maravilla mecánica,
construida de mica y latex,
O el combate que resoplaba, navegaba,
soltaba la característica
De pronto, el cable se desenrolló y ondeó y comenzó a estirarse mientras volaba el arpón, al columna de a~a
y la emprend1a a mordidas
tiempo que un pensamiento [Link] la mente de Chase: una balléna de ese tamaño bien contra barcos, hombr6s y arpones
podía ser el legendario Mocha Dick, que había hecho naufragar a barco tras barco de la
orgullosa flota ballenera de Nantucket.
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Sepultado en el gran flanco gris de la ballena, el arpón vibró y luego se quedó quieto. Siguió
después un segundo y un absoluto silencio. Momentos más tarde, el enorme cachalote dio un
salto y se zambulló de cabeza hacia el fondo. El cable, amarrado al bote, se estiró hasta
parecer que iba a romperse, mientras la ancha cola de la ballena aparecía a flor de agua,
moviéndose hacia la embarcación.
Llenos de miedo y de asombro, los remeros bogaban frenéticamente; pero la ballena se
acercaba demasiado aprisa ... De pronto, una punta de la aleta de la cola pegó al bote y lo
hizo girar como un juguete en el agua. Era preciso cortar el cable y Chase fue tambaleándose
hasta la proa. Estirado sobre la borda, echó mano al hacha pequeña y cortó la atadura. Al
momento los hombres quedaron libres y rodaron por cubierta. Los marinos que habían caído
al agua fueron izados al bote y éste se dirigió de nuevo al Essex. Ya a bordo de la nave,
Chase escudriñó el mar en busca de la lancha del capitán
Pollard, y vio que tanto éste como el oficial Chappell
habían pescado una ballena. Momentos después, se sentía
más tranquilo. De repente, volvió a divisarse la enorme
mole blanca que avanzaba hacia el Essex. Chase intentó
esquivar cuanto pudo al monstruo agresor, pero todo fue
en vano: Mocha Dick -si es que aquel animal era el
legendario matador del hondo piélago- avanzó a escape, El temible cachalote
directamente hacia la banda de estribor. Se oyó un
espantoso crujir de maderos. Y al momento el barco comenzó a hundirse, de proa, en el agua.
Con una rapidez de espanto, el mamífero ascendió a la superficie por la banda de babor y
arremetió de nuevo contra la embarcación. Esta, con la proa y las bandas aplastadas, se iba a
pique a toda prisa. Después de aquello, la ballena desapareció -nadie advirtió cuando se
marchaba- y la tripulación del Essex no volvió a verla nunca más. Pollard y Chappell, al ver
al Essex en peligro, se habían desprendido de sus ballenas, acercándose a la nave. El capitán
insistió en quedarse en el barco averiado y. ordenó cortar los mástiles para que pudiera
permanecer a flote algún tiempo más. Al caer la noche, el Essex se estabilizó, muy hundido
en el agua, aunque no era posible que permaneciera mucho más tiempo a flote . Ante lo
inevitable, el capitán Pollard preparó las lanchas balleneras pl\ra una evacuación inmediata.
Transcurrieron tres días. El Essex, remendado como fue posible, vivía sus últim«ts minutos.
La tripulación se hallaba en las balleneras, con Pollard, Chase y Chappell al frente. Existía la
posibilidad de que los hombres fuesen recogidos. También la posibilidad de que tuvieran que
ganar la tierra por su propio esfuerzo. Y la tierra más cercana, la costa de América del Sur,
se hallaba a 2 000 millas de distancia ...
O ¿un símbolo solamente?
Enfrentándose al cachalote, el autor nos presenta a Ahab. En él vemos representados a todos
los hombres dispuestos a combatir al Mal, y con arrojo suficiente para llevar la lucha a su
término. Pero esa condición privilegiada de Ahab frente a los demás mortales da paso al
orgullo, y éste lleva en sí el germen de su destrucción. Tal como si el novelista aJertara a los
hombres contra el peligro que encierra el dejarse cegar por su propia gloria .. .
Para algunos, Moby Dick es la fuerza de las profundidades, el infierno dispuesto a tragar a la
Humanidad. Como tal, sería el instrumento de la cólera divina, ya que destruye a la
Humanidad pecadora.
Hasta aquí, todo marcha bien: la ballena blanca es el símbolo del Mal, y el conflicto de
Ahab ~on el cetáceo es el conflicto entre el Bien y el Mal. Pero, ¿por qué no podría ser
al reves? -se preguntan otros.
Nada [Link] suponer que Moby D_~ck muere, sino simplemente que se sumerge en las
p~~f~ndidades ~e las _que emergio, ya que de momento su papel está terminado. Ahab,
· dipgiendo su tnpulac1on contra la ballena albina, viene a ser la Humanidad lanzada en una
carr~ra _demoníaca al asalto del poder divino y que perece en su loca ambición. De
Arriba:
~splendida belleza, de enorme tamaño, de increíble fuerza, nada por los mares la ballena en
Todo hace indicar libertad. ¿Entonces? Pues si la gra!1 ballena blanca, de ojos azules, indestructible, justiciera y
que Moby Dick vengadora a la vez, representa al Bien, Ahab, con su loco orgullo sin piedad duro y cruel es
es algo más que la historia un hereje, es un enemigo del Bien: él es el Mal. ' ' '
de unos hombres
que se dedicaban Afortunadamente, Moby Dick puede ser leída y releída con apasionado interés sin tener que
a pescar ballenas... pensar en el significado aleg?rico_ o simbólico q~e pu~da o no tener. La caza de Ja legendaria
ballena blanca es una gran h1stona del mar. Y si es cierto que existe un simbolismo en el
enorme cachalote, es muy probable que ni el propio Melville supiera exactamente cuál era
este simbolismo ...

MyP/49
....
En el recién co ncluido campeonato provincial de bei bol
de primera categoría, el equip o que reprc entó al
Instituto Nacional de la Pe ca obtuvo el primer lugar
(4 7 victorias y Ólo 5 reve es)

Lo discípulos de Heberto Blanco, director del equipo


qu e defendió los colores del LNP ,
mantuvieron siempre un paso arrollador

En el deporte de los remos el INP iniciará, en breve, un plan encaminado a incorporar


masivamente a su práctica a los trabajadores del sector
La pesca de la aguja e otro de los deporte donde lo trabajadores
de la pe ca han obtenido co ntinuado logros
....

50/MyP

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