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En el siglo I, Palestina estaba bajo el dominio del Imperio Romano y su
economía se basaba en la agricultura (trigo, vid, olivos) y la pesca en el Mar
de Galilea. Sin embargo, la mayoría vivía en pobreza por los altos impuestos
que pagaban a Roma, al templo judío y a gobernantes como Herodes Antipas.
Había mucha desigualdad: una élite de sacerdotes, terratenientes y
colaboradores de Roma vivía bien, mientras campesinos, artesanos y
marginados (como recaudadores de impuestos y enfermos) sufrían para
sobrevivir.
El templo de Jerusalén era clave, no solo religiosamente, sino
económicamente. Allí se cobraban impuestos y se hacían negocios, como
cambiar monedas o vender animales para sacrificios. Jesús criticó la
explotación en el templo, incluso expulsó a los mercaderes, y confrontó a
fariseos y saduceos por su hipocresía y amor al dinero.
Jesús enseñaba que el Reino de Dios era más importante que las riquezas
materiales. Promovía la generosidad, el desprendimiento y la opción por los
pobres, Su mensaje era claro: el dinero no es malo, pero el egoísmo y la
avaricia alejan de Dios
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Los impuestos eran una carga enorme para la gente. Al templo se pagaba el
diezmo, que era el 10% de los ingresos, y otras ofrendas obligatorias, como el
impuesto del templo, que todos los hombres judíos mayores de 20 años tenían
que pagar cada año. Además, el Imperio Romano imponía sus propios tributos,
como el impuesto sobre la tierra, el impuesto personal (llamado tributum
capitis) y el impuesto sobre las mercancías. Los recaudadores de impuestos,
llamados publicanos, eran vistos como traidores porque trabajaban para Roma,
y por eso la gente los despreciaba.
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Jesús mostró una profunda compasión por los pobres y marginados,
acercándose a enfermos, pecadores y despreciados, como recaudadores de
impuestos y prostitutas. Su mensaje del Reino de Dios incluía una opción
preferencial por los pobres, como dice en las Bienaventuranzas:
"Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios" (Lucas
6:20). No solo habló de justicia, sino que la practicó sanando, alimentando y
defendiendo a los más vulnerables, mostrando que los pobres ocupan un lugar
especial en el corazón de Dios.
Jesús quería tanto a los pobres porque veía en ellos una apertura al amor de
Dios y una necesidad de esperanza. Para Él, los pobres no solo eran quienes
sufrían necesidades materiales, sino también aquellos que, en su humildad,
reconocían su dependencia de Dios. Jesús enseñaba que el Reino de Dios era
para los de corazón sencillo, y los pobres, al carecer de riquezas, estaban más
dispuestos a recibir su mensaje de amor. Además, veía en ellos una imagen de
sí mismo, ya que Él también vivió en humildad y solidaridad. Su amor por los
pobres reflejaba el amor de Dios, que no hace distinciones y siempre se inclina
hacia los más pequeños.
4
Parábola: rico insensato
Uno de entre la multitud le pidió: Maestro, dile a mi hermano que comparta la
herencia conmigo. —Hombre —replicó Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez
o árbitro entre ustedes? ¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse
de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus
bienes». Entonces les contó esta parábola: —El terreno de un hombre rico le
produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No
tengo dónde almacenar mi cosecha”. Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer:
derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar
todo mi grano y mis bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas
buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”.
Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y
quién se quedará con lo que has acumulado?” Así le sucede al que acumula
riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios».
Enseñanza
nos enseña que acumular dinero solo por tener más no es una buena meta. El
dinero es un recurso que Dios nos da para cubrir nuestras necesidades y
ayudar a otros. Nuestro valor no viene de lo que poseemos, sino de ser
criaturas de Dios con un propósito. Debemos usar lo que Él nos da para su
gloria y no vivir para las posesiones.
Parábola: el administrador astuto
Jesús contó otra parábola a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un
administrador a quien acusaron de derrochar sus bienes. 2 Así que lo mandó a
llamar y le dijo: “¿Qué es esto que me dicen de ti? Rinde cuentas de tu
administración, porque ya no puedes seguir en tu puesto”. 3 El administrador
reflexionó: “¿Qué voy a hacer ahora que mi amo está por quitarme el puesto?
No tengo fuerzas para cavar y me da vergüenza pedir limosna. 4 Tengo que
asegurarme de que, cuando me echen de la administración, haya gente que me
reciba en su casa. ¡Ya sé lo que voy a hacer!”.
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»Llamó entonces a cada uno de los que debían algo a su amo. Al primero le
preguntó: “¿Cuánto le debes a mi amo?”. 6 “Cien barriles[a] de aceite”, contestó
él. El administrador le dijo: “Toma tu factura, siéntate enseguida y escribe
cincuenta”. 7 Luego preguntó al segundo: “Y tú, ¿cuánto debes?”. “Cien
bultos[b] de trigo”, contestó. El administrador le dijo: “Toma tu factura y
escribe ochenta”.
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»Pues bien, el amo elogió al administrador deshonesto[c] por haber actuado
con astucia. Es que los de este mundo, en su trato con los que son como ellos,
son más astutos que los que han recibido la luz. 9 Por eso les digo que se
valgan de las riquezas deshonestas para ganar amigos,[d] a fin de que cuando
estas se acaben haya quienes los reciban a ustedes en las viviendas eternas.
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»El que es fiel[e] en lo poco también lo será en lo mucho; y el que no es
honrado[f] en lo poco tampoco lo será en lo mucho. 11 Por eso, si ustedes no han
sido fieles en el uso de las riquezas deshonestas,[g] ¿quién les confiará las
verdaderas? 12 Y, si con lo ajeno no han sido fieles, ¿quién les dará a ustedes lo
que les pertenece?
13
»Ningún sirviente puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y
amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden
servir a la vez a Dios y a las riquezas».
Enseñanza: nos deja una enseñanza importante sobre la sabiduría y el uso de
los recursos. Aunque el administrador actuó de manera cuestionable, Jesús
destacó su astucia para asegurar su futuro. La lección principal es que
debemos ser igual de sabios y diligentes en el uso de nuestros recursos
materiales, pero no para beneficio egoísta, sino para servir a Dios y a los
demás. Jesús nos invita a usar lo que tenemos (dinero, tiempo, talentos) de
manera estratégica y generosa, pensando en el Reino de Dios y en cómo
nuestras acciones pueden impactar positivamente a otros. En resumen, seamos
astutos para hacer el bien y construir un legado eterno.
Parábola: el rico y lazaro
Cierto hombre era rico, se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día
banquete con esplendidez. 20 Y cierto pobre, llamado Lázaro, estaba echado a
su puerta, lleno de llagas, 21 y deseaba saciarse con lo que caía de la mesa del
rico. Aun los perros venían y le lamían las llagas.
22
“Aconteció que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de
Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. 23 Y en el Hades, estando en
tormentos, alzó sus ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su
seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: ‘Padre Abraham, ten misericordia de
mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi
lengua porque estoy atormentado en esta llama’.
25
“Y Abraham dijo: ‘Hijo, acuérdate que durante tu vida recibiste tus bienes y,
de igual manera Lázaro, males. Pero ahora él es consolado aquí, y tú eres
atormentado. 26 Además de todo esto, un gran abismo existe entre nosotros y
ustedes para que los que quieran pasar de aquí a ustedes no puedan, ni de allá
puedan cruzar para acá’.
27
“Y él dijo: ‘Entonces te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi
padre 28 (pues tengo cinco hermanos), de manera que les advierta a ellos para
que no vengan también a este lugar de tormento’. 29 Pero Abraham dijo:
‘Tienen a Moisés y a los Profetas. Que les escuchen a ellos’. 30 Entonces él
dijo: ‘No, padre Abraham. Más bien, si alguno va a ellos de entre los muertos,
se arrepentirán’. 31 Pero Abraham le dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los
Profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos’”.
Enseñanza
a parábola nos enseña que ahora es el momento para decidir dónde pasaremos
la eternidad. Luego de morir será muy tarde, ya no habrá oportunidad para el
arrepentimiento.
También nos enseña que, en lugar de centrarnos en nosotros mismos en todo
momento, debemos prestar atención a las necesidades de los demás. La
riqueza material no servirá para nada en la eternidad: todo se quedará. Pero lo
que hacemos con nuestros recursos mientras vivimos muestra la condición de
nuestro corazón.