Ataques de pánico: causas, síntomas y tratamiento
¿Qué experimenta una persona que tiene un ataque de pánico? Lo explicamos.
¿Qué son las crisis de ansiedad?
Luis trató de calmarse pero la ansiedad, el pensamiento y el miedo irracional se
apoderaron de él, le resultó imposible calmarse, creyó que lo que pasaba por su mente estaba
a punto de suceder, y en un acto casi instintivo comenzó a correr hacia todos lados tratando de
encontrar algún tipo de ayuda.
Las personas que estaban en dicho lugar observaban a Luis atónitos, tratando de descifrar
qué le podía estar pasando al joven, por qué corría sin rumbo. Aquellos que se aproximaron más
a Luis pudieron escuchar un grito desesperado: «¡no me quiero morir!»
Cuando ya pasaron más de diez minutos del percance, Luis sentía como la ansiedad iba
descendiendo, sentía como los latidos del corazón se iban regulando y como sus ideas y
pensamientos se iban aclarando. Exhausto tras ese mal trago se quedó sentado y confundido en
un parque, a la vista de muchas personas que comentaban entre burlas «es un pobre loco». Con
miedo y confundido, Luis regresó a su casa sin ninguna respuesta lógica de lo que le pudo haber
pasado.
Aquella noche marcó para Luis un antes y un después en su vida. Luis no comprendía qué le
pudo haber pasado, pero vio como esos sucesos se fueron repitiendo habitualmente hasta al
punto de impedirle realizar sus tareas cotidianas, entre ellas sus estudios o tener una vida
familiar como la tenía antes de aquella noche. Sentía miedo de estar solo y de expresar qué le
ocurría antes de que esos estados angustiosos se hicieran presentes, Luis temía que sus amigos
y familiares lo tomaran por loco, y por esa razón había mantenido el silencio su sufrimiento.
Decidió confiarle a un amigo muy próximo la situación que estaba viviendo, y éste le
recomendó que acudiera a un médico especialista para valorar el caso. Al día siguiente, Luis fue
decidido a la consulta médica, pero el doctor no encontró en él nada anormal. Fue derivado a un
profesional de la salud mental, quien después de varias sesiones, diagnosticó que Luis sufría
ataques de pánico.
Esta pequeña historia que acabamos de relatar es más común de lo que podemos imaginar.
Muchas personas padecen este trastorno de ansiedad y lo viven solos, sin ayuda de familiares,
amigos y sin ayuda profesional. Se ha reportado un aumento en los casos de ataque de pánico
en personas jóvenes entre 15 y 25 años de edad, siendo las mujeres las principales afectadas.
Qué es un ataque de pánico
Un ataque de pánico es aquella crisis donde la persona experimenta elevados niveles de
angustia y ansiedad con intensos pensamientos aterradores de que algo grave puede ocurrir.
Tal como indica Shirley Trickett (2009) en su libro “Cómo superar los ataques de pánico” las
crisis de pánico se definen como «una respuesta agravada frente a un miedo irracional»
Actualmente no se conoce con certeza el origen de este trastorno de ansiedad, aunque hay
algunos estudios donde se sugiere que ciertas características genéticas juegan un papel
importante en el desarrollo de estos ataques. Tales investigaciones no gozan de unanimidad
entre la comunidad científica, pues existen voces que advierten de otros factores como
precursores de las crisis.
Síntomas
Según Trickett (2009), éstos son algunos de los síntomas que presenta una persona cuando
sufre un ataque de pánico:
Miedo
Desconcierto
Mareo
Dolor en pecho
Hormigueos en el cuerpo
Confusión
Taquicardia
Temblores
Sensaciones de asfixia
Los ataques de pánico no se pueden predecir pues no hay hora, ni fecha, ni lugar en que se
puedan manifestar, dando como resultado una modificación en la vida social, laboral y familiar
de la persona que lo sufre dado su carácter espontáneo.
Muchas personas solo con el recordar algún ataque que han experimentado en el pasado
pueden sugestionarse hasta el punto de desarrollar otro ataque ansioso. Otras viven el día a día
con una excesiva preocupación por sufrir algún ataque en cualquier momento, trayendo esto a
su vida un sufrimiento psicológico y emocional permanente. Y también hay personas que,
afortunadamente, no le dan una excesiva importancia a estos episodios y llevan una vida
plenamente normal.
Diagnóstico
El diagnóstico debe ser realizado por profesionales, tanto en especialidad médica como
psicológica, descartando cualquier anomalía somática que pueda conllevar como resultado un
trastorno de ansiedad (revisión médica total), o que exista algún tipo de medicamento o
sustancia psicotrópica que la persona consuma y que desencadene en un ataque de pánico.
Una vez terminado el proceso médico y descartadas todas las causas anteriores, será
responsabilidad del profesional de la salud mental evaluar a la persona y advertir si cumple los
indicadores para diagnosticar el caso como un ataque de pánico.
Tratamiento
Existen dos tipos de tratamiento para las crisis de ansiedad, pudiendo combinarse ambas:
a) Farmacológico: tratamiento con ansiolíticos y antidepresivos, obviamente bajo prescripción
médica. Únicamente un psiquiatra está autorizado para recetar qué tipo de medicamentos y
durante qué periodo se administrará la dosis del fármaco.
b) Psicoterapia: en lo que respecta a la terapia psicológica, algunas escuelas como la terapia
cognitivo-conductual ha reportado una gran eficacia en este tipo de casos. El psicólogo podrá
proveer un plan de intervención con el paciente donde se le sugiera diferentes formas de
afrontar una crisis de pánico y enfrentarse cualquier situación temida por parte del paciente con
herramientas y recursos para minimizar la ansiedad.
Para obtener mejores resultados una combinación de los dos tratamientos es ideal y lo más
recomendable. Algunos profesionales recomiendan otros tipos de técnicas que pueden
complementar el tratamiento, aunque escapen del campo científico pueden ser consideradas si
el paciente encuentra gusto en practicarlas como son yoga, meditación, etc.
El apoyo emocional que se le puede brindar a una persona que esté pasando por este tipo de
casos siempre será importante. Como decía Sigmund Freud: «La ciencia moderna no ha
producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas palabras bondadosas».