Eduardo, de 62 años, lleva tres años buscando un trabajo estable que le brinde la seguridad
social que necesita. “He trabajado en consultorías, contratos temporales y empleos eventuales,
pero nada fijo, nada que me garantice un seguro de salud o una jubilación digna”. Como él,
miles de bolivianos mayores de 60 años se enfrentan a un mercado laboral que les cierra las
puertas.
En Latinoamérica el 34,5% de los mayores de 65 años no tiene ninguna forma de ingreso
laboral; pero en Bolivia, esta situación es diferente, pues la participación laboral de los adultos
mayores es del 56,5%, la más alta de la región, según la Organización Internacional del Trabajo
(OIT).
No obstante, casi la totalidad de estos tienen empleos informales, pues mientras en
Latinoamérica y el Caribe la tasa de empleo informal entre los adultos mayores ocupados
asciende a 78%, en Bolivia, es del 85%. “Si bien la participación de adultos mayores en el
mercado laboral es alta, gran parte lo hacen en el sector informal o bajo contratos temporales
sin estabilidad ni beneficios sociales, lo que demuestra que la demanda de empleo por parte
de este grupo es alta, pero la oferta de oportunidades es reducida”, explica Claudio Garmendia,
experto en economía.
La informalidad laboral para personas de la tercera edad ocasiona que estos no cuenten con
acceso a beneficios como la jubilación, seguro de salud, indemnización por despido ni
estabilidad laboral; sin olvidar que el ingreso total de los adultos mayores ocupados permanece
por debajo del salario mínimo (Bs 2.500), llegando incluso a ser inferior a este.
Sin embargo, desde la pandemia se ha incrementado una notoria discriminación laboral por
edad avanzada en Latinoamérica. Un estudio publicado por la organización Grow Género y
Trabajo sostiene que, en la mayoría de los países latinoamericanos, la discriminación en el
ámbito laboral ronda entre el 84 y el 88 por ciento.
“El conocimiento y experiencia no son valoradas por tener más de 50 años. A pesar de las leyes
emitidas por el gobierno sobre la discriminación, no se cumple”, narra Roxana, quien con 68
años experimenta las consecuencias del deterioro de cobertura de protección social para la
vejez en el país.
CORREO DEL SUR