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Características de la Práctica Educativa según Carr

El autor, Carr, argumenta que la 'práctica educativa' ha perdido coherencia a lo largo del tiempo y debe ser entendida en un contexto histórico y social, caracterizándose por ser dinámica, contextualizada y compleja. La educación debe ser vista como una praxis en la que el docente acompaña a los alumnos en la producción de conocimiento, en lugar de simplemente transmitirlo. Reflexionando sobre su práctica docente, el autor identifica la necesidad de fomentar la colaboración y el diálogo, así como la importancia de la educación en valores y la inteligencia emocional en el proceso de aprendizaje.

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Características de la Práctica Educativa según Carr

El autor, Carr, argumenta que la 'práctica educativa' ha perdido coherencia a lo largo del tiempo y debe ser entendida en un contexto histórico y social, caracterizándose por ser dinámica, contextualizada y compleja. La educación debe ser vista como una praxis en la que el docente acompaña a los alumnos en la producción de conocimiento, en lugar de simplemente transmitirlo. Reflexionando sobre su práctica docente, el autor identifica la necesidad de fomentar la colaboración y el diálogo, así como la importancia de la educación en valores y la inteligencia emocional en el proceso de aprendizaje.

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a) Explique en una breve síntesis las características que considera relevantes en la concepción

de Carr respecto a las prácticas educativas.

En primer lugar, me gustaría destacar que el autor considera que el concepto de “práctica educativa”
ha sufrido transformaciones a lo largo de la historia que le han quitado amplitud y coherencia en la
actualidad. Señala que cuando el concepto de "práctica" se entiende en relación con el de “teoría”
—ya sea por una relación de oposición, de dependencia o de independencia— se suscitan
confusiones que conllevan a una concepción inadecuada; una versión incompleta, unilateral, de lo
que pueda ser una práctica educativa.

Para Carr, el concepto de "práctica educativa" puede explicarse, en gran parte, en relación con
cuatro aspectos históricos característicos: 1) tiene sus orígenes en las estructuras conceptuales de
una forma de vida que desapareció hace mucho tiempo; 2) en la transición de un contexto social a
otro, el concepto se ha convertido en algo distinto de lo que era; 3) dichos cambios conceptuales no
son tan radicales como para eliminar su significado original; y 4) desligarlo completamente de sus
raíces históricas impide evaluarlo críticamente en la actualidad.

La práctica educativa se caracteriza por ser dinámica —producto de sus constantes cambios—,
contextualizada —porque es in situ— y compleja —porque se desarrolla en escenarios singulares,
en un tiempo y en un espacio, apoyada en tradiciones históricas que le dan estabilidad y a su vez
resistencia al cambio—. Toma la forma de praxis, porque posee los rasgos de cualquier actividad:
un agente ejerce su actividad sobre determinada realidad, con apoyo en determinados medios y
recursos. Está condicionada por la estructura social, institucional y por opciones de valor, de
carácter ético-moral, donde el significado de los intercambios que en ella se producen define el
sentido y la calidad de su desarrollo. Por lo tanto, resulta evidente que, la práctica educativa no
puede hacerse inteligible en términos de oposición a la teoría (ya que siempre se rige por una teoría
sobre los bienes éticos internos a esa práctica), ni tampoco puede caracterizarse como una tarea
regida por la teoría (ya que no sólo se rige por una teoría práctica general, sino también por las
exigencias de la situación práctica en la que se aplica esta teoría).

b) Realice un análisis reflexivo de esas características en relación a sus propias prácticas


docentes. ¿Qué aspectos considera que constituyen modalidades de su trabajo? ¿Cuáles
cree que debe fortalecer en su tarea docente? En base a su experiencia y sus saberes
docentes, intente seleccionar 5 o 6 ideas nuevas que haya aportado este módulo de
capacitación.

Me gustaría comenzar este espacio de reflexión personal destacando los conceptos de praxis y
poiesis que son utilizados por Carr para abordar la concepción de “práctica educativa”. La poiesis
se caracteriza por el hecho de que se trata de una fabricación que culmina cuando su objetivo fue
alcanzado. Por el contrario, la praxis hace referencia a una acción que no tiene otro fin que ella
misma: ya no se trata de un objeto que debe fabricarse, sino de un acto que debe llevarse a cabo en
su continuidad, un acto jamás concluido verdaderamente porque no comporta ningún fin exterior a
sí mismo y previamente definido. Por esta razón, podemos entender que la educación nunca podrá
ser una poiesis —aunque tenga algunas de sus características—, ya que esa concepción sería reducir
al alumno a algo que se puede moldear a gusto del profesor hasta alcanzar una forma deseada y
predefinida.

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Pienso que como docentes debemos tener en claro que nuestra función no es la de transmitir un
cúmulo de conocimientos —que no se generan en nosotros— para que los alumnos se apropien de
manera acrílica y desde la pasividad; sino que se trata de acompañarlos generando espacios de
libertad en donde, más que transmitirse, los saberes se desarmen, se los desande y se los vuelva a
elaborar. Esto implica que nuestros alumnos aprendan a producir el conocimiento, dejen de ser
pasivos consumidores y repetidores de un conocimiento ya producido y pasen a ser sus productores.
Si bien en la enseñanza existe una transmisión de conocimientos —esto es innegable—, se trata de
un modo de transmitir que coloca a quien recibe en situación de aprovechar lo que le transmiten, de
hacerlo suyo según lo asimile y lo relacione de forma sustantiva y no arbitraria con sus
conocimientos previos, lo que le permite adquirir significación. Esto es, la transmisión de saberes
supone una reconstrucción, por parte del alumno, de saberes y conocimientos que debe inscribir en
su proyecto y cuya contribución a su propio desarrollo debe poder percibir.

Reflexionando sobre mi práctica docente, puedo vivenciar el compromiso que siento en cuanto a las
posibilidades de que mis alumnos tienen de aprender cosas que sean significativas para ellos;
contribuir —desde el lugar que ocupo— a que ellos puedan explotar su derecho a la educación —el
cual es mucho mas abarcativo que su derecho a la escolarización—, acompañando sus trayectorias
escolares desde el respeto por sus singularidades. Considero que siempre estoy en la búsqueda de
generar las condiciones necesarias para que mis estudiantes no solo conozcan, sino que comprendan
y que pasen de ser acumuladores de conocimientos a unos seres con la capacidad de relacionar el
nuevo aprendizaje con saberes previos para crear nuevas ideas que le sean de utilidad para entender
su contexto y transformarlo. Esto me implica, como docente, el estar dispuesto a favorecer los
procesos de comprensión utilizando herramientas creativas, innovadoras y contextualizadas a la
realidad de mis alumnos.

Algo en lo que creo que estoy fallando es en que creo que podría intentar más el generar vínculos
con otros (sobre todo con otros docentes) con la intención de poder construir espacios de
participación, colaboración y diálogo permanente; esto es, a conducirme en mi vida según una
jerarquía de valores no opuesta a la convivencia humana. A convivir, como a tantas otras cosas en
la vida, también se aprende, y esto es algo que se debe hacer con el otro y no a pesar del otro,
respetando las diferencias existentes y enriqueciéndonos con ellas.

Por último, y en base a mi experiencia docente, me gustaría destacar algunas ideas aportadas por
este módulo de la capacitación:

a) Del análisis de las practicas docentes y las trayectorias educativas emergen dos pilares
fundamentales de la gestión educativa: 1) la educabilidad de los sujetos —concepto
relacionado a las posibilidades del hombre de ser educado, a la capacidad de renovación
permanente dada su incompletud—; y 2) las trayectorias escolares como leitmotiv de los
procesos educativos —entendiendo por trayectorias escolares a aquellos recorridos subjetivos,
en permanente construcción, situados y contextualizados en un espacio institucional educativo
del que se es parte, se habita—.
b) La educación debe contemplar el escenario social actual en el que se desarrolla —complejo,
cambiante, turbulento—. Como sostiene Edgar Morin, hoy, nadie puede predecir el futuro del
planeta; solo se pueden hacer proyecciones. Es por esta razón que los alumnos deben aprender

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estrategias para enfrentar la incertidumbre, que permitan afrontar y modificar lo inesperado a
medida que se encuentren nuevas informaciones.
c) El conocimiento es un proceso complejo de construcción y reconstrucción constante, un
proceso espiralado. Es decir, el conocimiento no es acabado, no termina cuando el docente
expone y transmite una idea única; sino que, por el contrario, el saber se construye a partir de
todos aquellos saberes que ya poseen los alumnos, que se ponen en juego en los procesos de
enseñanza y de aprendizaje, para modificarlos con el objetivo de mejorarlos.
d) La educación en valores y la promoción de una convivencia armónica tienen que ser un
objetivo explícito en todas las instituciones educativas. Las dimensiones relacionadas a los
aprendizajes de tipo socio-afectivos (aprender a ser y aprender a convivir) deben ser
consideradas tan importantes como las relacionadas a los aprendizajes de tipo cognoscitivos
(aprender a conocer y aprender a hacer), ya que entiendo que el proporcionar una educación
de calidad debe propiciar —también— el desarrollo de habilidades interpersonales e
intrapersonales que posibiliten a los alumnos la adquisición de una jerarquía de valores no
opuesta a la convivencia humana.
e) La inteligencia emocional es una condición esencial para permitir aprendizajes de tipo
cognoscitivos. Sin intención de meterme en el fangoso terreno del psicoanálisis, tengo
entendido que nacemos como puro ello, es decir, con todas las pulsiones sin “domesticar” y, a
medida que se va madurando, éstas se deben “dominar”, lo cual exige de ciertas aptitudes
como el autoconocimiento y la autogestión emocional. Pienso que en las instituciones
educativas se deberían realizar mayores esfuerzos en favor de la adquisición de competencias
de tipo emocionales por parte de los alumnos.
f) La escuela no fue creada para generar sensación de fracaso, sino para dar herramientas que le
enseñen al sujeto a confiar en sus posibilidades, a esforzarse, a creer que puede, a entender
que no es menos que otros y a saber que hay cosas que podrá hacer mejor que otras, igual que
todas las personas. El fracaso y éxito no implican uniformidad en el aprendizaje. El fracaso
abre una gran oportunidad al cambio, a replantearse modificaciones en la forma de
comunicarnos con los alumnos de manera que puedan asimilar lo que queremos informarle, y
poder enriquecer su aprendizaje, el fracaso es una oportunidad de encontrar diferentes modos
de aprender, y también una oportunidad de hacer las cosas mejores.

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