Profundizando el Evangelio de Marcos Seminario Lectura de la Realidad.
Xx de octubre de 2005
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MARCOS 1, 1-13 "El evangelio comienza con la conversión" (Mc 1,1-13):
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La primera parte se desarrolla en el desierto, que más que un lugar geo-
Este es el comienzo de la Buena Nueva de gráfico, simboliza un tiempo espiritual, en el que los hombres se dispo-
Jesucristo (Hijo de Dios). 2En el libro del nen para el encuentro con Jesucristo. Es tiempo de conversión y cam-
profeta Isaías estaba escrito: «Ya estoy para
bio de vida, tiempo de oración y de prueba. Es el "catecumenado" o
enviar a mi mensajero delante de ti para que
te prepare el camino. 3Escuchen ese grito en iniciación cristiana.
el desierto: Preparen el camino del Señor, Vemos y meditamos lo que nos dice el texto:
enderecen sus senderos». 4Es así como Juan En el primer versículo Marcos nos dice que es "el principio o comien-
el Bautista empezó a bautizar en el desierto. zo del evangelio", que quiere decir "Buena Noticia de Jesucristo Hijo
Allí predicaba bautismo y conversión, para de Dios".
alcanzar el perdón de los pecados. 5Toda la A) La palabra "Jesús" significa "Salvador"; y "Cristo" significa el
provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén "Ungido", o Mesías, el consagrado por el Padre. Esto quiere de-
acudían a Juan para confesar sus pecados y cir que Marcos, desde las primeras palabras del evangelio, pone
ser bautizados por él en el río Jordán. 6Ade- cuál es su propósito al escribir: va a darnos a conocer la buena
más de la piel que tenía colgada de la cintu-
noticia de que Jesús es el Salvador y el Cristo, el ungido; y que
ra, Juan no llevaba más que un manto hecho
de pelo de camello. Su comida eran langos- es el Hijo de Dios. Al final de su evangelio, el centurión romano
tas y miel silvestre. 7Juan proclamaba este dirá la misma afirmación (15,39).
mensaje: «Detrás de mí viene uno con más
poder que yo. Yo no soy digno de desatar la
correa de sus sandalias, aunque fuera arrodi- ¿Hay alguna persona que nos enseñó el camino a lo que era ser
llándome ante él». 8Yo los he bautizado con cristiano? ¿Recordamos nuestra experiencia de conversión?
agua, pero él los bautizará en el Espíritu San-
to». 9En aquellos días Jesús vino de Nazaret, En la puesta en común podemos compartir los rasgos más
pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por significativos
Juan en el río Jordán. 10Al momento de salir
del agua, Jesús vio los Cielos abiertos: el
Espíritu bajaba sobre él como lo hace la pa-
loma, 11mientras se escuchaban estas pala-
bras del Cielo: «Tú eres mi Hijo, el Ama-
do, mi Elegido». 12En seguida el Espíritu lo
empujó al desierto. 13Estuvo cuarenta días
en el desierto y fue tentado por Satanás.
Vivía entre los animales salvajes y los ánge-
les le servían.
Al convertirnos al Señor, seguramente sentimos una gran alegría;
sentíamos que Dios nos había confirmado, o aprobado nos había hecho
sentir que éramos sus hijos. Más adelante en nuestra vida cristiana,
hemos seguido el camino de la lucha, teniendo muchas tentaciones y
hasta caídas.
VER LA VIDA CON LA MIRADA DEL EVANGELIO, ….
B) Así resume Marcos lo que Jesús va a vivir:
• Hay que convertirse y preparar el camino
(vers. 2-8)
• Jesús es el enviado del Padre y es en
quien el Padre se complace. Del Padre re-
cibe Jesús una misión. El Espíritu descien-
de sobre Jesús para realizar la hermandad
(vers. 9-11).
• Jesús va a sufrir tentaciones. Con sus
palabras y sus obras, combatirá y vencerá a
cada paso al maligno (vers. 12-13).
• Esto se renueva constantemente a lo lar-
go de toda la vida de Jesús. Del mismo
modo se resume la vida de todos nosotros,
los cristianos. Marcos nos dice su propósito de darnos a conocer la
• Primero nos convertimos, cambiamos de buena noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios, y
vida y creemos en el evangelio. resume la vida de Jesús y la nuestra como una
constante conversión o cambio, una confirmación
• Por los sacramentos (Bautismo, Peniten- del Padre que nos hace confiar en su amor, y una
cia, Eucaristía y Confirmación) y la rela- búsqueda apasionada de su voluntad de construir la
ción con los hermanos, Dios nos da su hermandad en medio de todas las luchas y
amistad y nos envía a construir la herman- tentaciones que se van a presentar continuamente en
dad. el camino.
• Vivimos luchando continuamente contra
el Reino del mal. Todos nece-
sitamos el Espíritu del Señor
para poder luchar por el Reino.
C) El Padre confirma o aprueba
la vocación de su Hijo dicien-
do que es su Hijo amado, en
quien se complace (v. 11).
También nosotros necesita-
mos ser confirmados y sentir-
nos apoyados por el Padre,
por el Espíritu en la Iglesia,
por la comunidad. La conver-
sión no es cosa de un día, sino
una lucha de todos los días,
sin desanimarnos. Sólo así
podremos ser hijos amados
del Padre, en quienes él se
complace.
Acabamos de ver cómo resume Marcos la vida de Jesús. ¿Cómo podemos resumir nosotros
nuestra vida?
Pensamos sobre ello y lo ponemos en común la próxima reunión.
AMPLIAMOS NUESTRA MIRADA
El Evangelio de Marcos nos señala que Jesús “estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los
animales salvajes y los ángeles le servían”. Sin embargo, no profundiza en este aspecto. Para desarrollar el significado del
desierto, el ayuno, las tentaciones, … podemos acudir al capítulo 4 de Mateo.
Mt 4, 1-2 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
Cuarenta días y cuarenta noches es una figura utilizada para resaltar que Jesús es más fuerte
que los grandes personajes, ya que esos son los días y noches que ayunó Moisés en el Sinaí, o
los días que camino Elías en ayunas. Jesús después de igualar esos días aún es capaz de ven-
cer al demonio.
Mt 4, 3-4 Y acercándose el tentador, le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan
en panes”. Mas él respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios”.
La primera tentación es la de aprovechar los poderes divinos para el propio provecho, la de considerarse
autónomos respecto a Dios. Jesús responde con una frase de la Escritura. Lo que da vida es el Plan de
Dios. El hombre no es autónomo con relación a Dios y su voluntad. Todo debe estar subordinado al
designio de Dios.
Mt 4, 5-7 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: “Si eres Hijo
de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán,
para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le dijo: “También está escrito: No tentarás al
Señor tu Dios”.
La segunda tentación consiste en decirle que siga el Plan de Dios fiándose del Dios y abdicando de su
responsabilidad en un providencialismo infantil. El alero del templo era el lugar en el que tenía que
presentarse el Mesías, según algunas especulaciones mesiánicas. Si la primera tentación era el pres-
cindir de Dios, la segunda tentación es dejárselo todo a Dios y abdicar de la propia responsabilidad.
La respuesta de Jesús es que eso es tentar a Dios. La persona debe colaborar activamente con el de-
signio de Dios.
Mt 4, 8-11 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le
dice: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. Dícele entonces Jesús: “Apártate, Satanás, porque está
escrito: “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto”. Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acer-
caron unos ángeles y le servían.
La tercera tentación es la tentación del poder. Satanás viene a decirle “no quieres prescindir de Dios, ni quieres prescindir
de tu responsabilidad personal, entonces cumple tu misión desde el poder”. Observe-
mos que el demonio es el dueño del poder (= dominio del hombre por el hombre basa-
do en la fuerza y el miedo). El poder es satánico; es homenaje a Satán.
La respuesta de Jesús es que sólo a Dios se debe servicio y homenaje. Él es el único
señor. Por eso, cuando se usa el prestigio, el dinero y el poder para propagar el Reino
de Dios, lo que se propaga es el Reino de Satanás.
Piensa algún hecho en el que se manifieste como nosotros, alguien conocido, nuestra comunidad, la
Iglesia, … reacciona ante las tentaciones.
El desierto, que acabamos de ver en las lecturas del evangelio, se ha convertido en una figura de gran simbolismo
en la vida cristiana. El desierto es lugar de oración, de encuentro consigo mismo, de encuentro con Dios, lugar de
conversión…Un lugar al que todos los cristianos hemos de acudir en alguna ocasión para depurar y madurar nues-
tra fe . Por ello, vamos a dedicar algunas líneas para ayudarnos a reflexionar.
El desierto es el lugar en que los demonios se muestran de una manera más clara y manifiesta. Como cuando Jesús,
guiado por el Espíritu Santo, marchó al desierto y allí fue tentado por el desierto, así los cristianos que van al desier-
to, cuentan con que han de luchar contra los demonios.
El desierto no sólo es campo de batalla, el lugar en el que uno no puede ocultarse de su propia verdad, en el que tiene
que confrontarse consigo mismo y con sus propias sombras; el desierto es, además, el lugar de mayor cercanía de
Dios. Así lo experimentó el pueblo de Israel: como el lugar donde Dios les estuvo más cerca. Dios los llevó por el
desierto para introducirles en la tierra prometida.
Nosotros acudimos al desierto para luchar contra los demonios y, a través de esa lucha llegar a la tierra de la paz, a la
tierra de la contemplación de Dios. El desierto es un tiempo de prueba y de glorificación de Dios; en mirada retros-
pectiva el pueblo de Israel reconoció en el desierto un tiempo privilegiado. Fue cuando Dios se encariñó de su pue-
blo, lo tomó en sus brazos y le atrajo con cadenas de amor (Os 11).Dios llama nuevamente a su pueblo para llevarle
al desierto y allí hablarle al corazón. El tiempo del desierto se convierte en un nuevo tiempo de enamoramiento: “La
llevaré al desierto para enamorarla” (Os 2, 16).
Al vernos lejos de los atractivos del mundo el desierto nos permite sentir de un modo más intenso el amor de Dios,
pero para experimentar esa cercanía de Dios es preciso emprender la lucha contra los demonios.
El demonio se aparece en las tentaciones, pero estas son algo consustancial a nuestra vida; estamos permanentemen-
te expuestos a las tentaciones que lleva consigo la vida. Pero las tentaciones no hemos de verlas como algo negativo:
son la condición para entrar en el reino de los cielos. Sin la tentación estaríamos en peligro de manipular a Dios, o de
convertirlo en icono. Es en la tentación donde experimentamos de modo existencial nuestra situación delante de
Dios, y la diferencia que hay entre el hombre y Dios. El hombre
Por eso yo voy a seducirla; está siempre en lucha, mientras que Dios es amor absoluto.
Las tentaciones son algo positivo, nos ayudan a hundir más nues-
tras raíces en Dios, a poner cada vez más nuestra confianza en
la ll evaré al desierto Dios, pues por nuestras propias fuerzas no podemos vencerlas.
Exponerse a las tentaciopnes es ponerse en lucha con la verdad.
Cuando rezamos el Padrenuestro pedimos al Señor “no nos dejes
caer en la tentación” (Mt 6, 13) pero lo que pedimos no es que no
y hablaré a su corazón. seamos tentados, pues sería imposible, sino que no seamos engu-
llidos por la tentación y hagamos algo que desagrada a Dios.
La tentación nos acerca a Dios, ya que nos permite apreciar su cuidado, su sabiduría, su amor. Cuando hemos venci-
do la tentación dejamos de ver a Dios como un extraño, para verle como amigo.
¿Qué pensamos del desierto? ¿Qué valor tiene para la vida cristiana?
¿Qué valor ha tenido / tiene para nuestra vida?
¿Cuáles serían los demonios / tentaciones que acechan al hombre y la mujer actual?