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Ensayo Guerra Fria Nicolas Pallero

El ensayo analiza la Guerra Fría como un conflicto prolongado entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que moldeó las relaciones internacionales y dio origen a un mundo bipolar. Se exploran las etapas de este conflicto, sus implicaciones ideológicas y económicas, así como el surgimiento del Tercer Mundo como un espacio periférico en esta lucha de poderes. La victoria del capitalismo sobre el comunismo trajo consigo transformaciones globales significativas y un monopolio estadounidense en el orden mundial post-Guerra Fría.

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Ensayo Guerra Fria Nicolas Pallero

El ensayo analiza la Guerra Fría como un conflicto prolongado entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que moldeó las relaciones internacionales y dio origen a un mundo bipolar. Se exploran las etapas de este conflicto, sus implicaciones ideológicas y económicas, así como el surgimiento del Tercer Mundo como un espacio periférico en esta lucha de poderes. La victoria del capitalismo sobre el comunismo trajo consigo transformaciones globales significativas y un monopolio estadounidense en el orden mundial post-Guerra Fría.

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INSTITURO SUPERIOR DE EDUCACIÓN DOCENTE Y

TECNICA Nº 148 “Rafael Hernández”

4º AÑO PROFESORADO DE HISTORIA

“Guerra fría: Un choque de dos


mundos y el surgimiento de un tercero”

Ensayo sobre la guerra fría


ESPACIO CURRICULAR: E.D.I.

Profesora: Florencia Herrero

Alumno
Nicolas Agustín Pallero

Fecha: 21/06/2024
FUNDAMENTACIÓN
En 1952, el economista francés Alfred Sauvy acuñó la expresión Tercer Mundo.
Sauvy, en una analogía con el Tercer Estado francés, se refería a los países que no quedaron
encuadrados en ninguno de los dos bloques enfrentados en la guerra fría. En la psique
occidental el término quedó asociado, sin embargo, a la pobreza y el subdesarrollo. Los
despojos de la colonización, el patio trasero del mundo moderno. Lo que un día fue el patio
de juego de las dos superpotencias: EE. UU y la URSS. Años mas tarde, en la conferencia de
Bandung, estos países periféricos se reunirían para encontrar su rumbo como naciones libres.
Bueno, libre es una forma de decir. Porque ninguna nación escapo a la coalición de estas dos
potencias; de estos dos mundos totalmente diferentes.
Esta exposición trata de los Estados Unidos y el Tercer Mundo después de la Guerra
Fría. Si bien sería necesario entender la larga historia de relaciones entre los países de
Occidente y “el resto” del mundo, la cual empieza con el final del siglo XV cuando los
europeos, después de un milenio de estar a la defensiva contra invasores de Asia y África,
empezaron su propia era de conquista mundial, en este ensayo pretendo exponer las
consecuencias y los resultados de años y años de desgaste económico y político de dos
superpotencias que jugaron a ser poderosos durante mas de medio siglo, el periodo que
comúnmente llamamos “guerra fría”.

INTRODUCIÓN: La guerra fría


La segunda guerra mundial apenas había acabado cuando la humanidad se precipitó
en lo que sería razonable considerar una tercera guerra mundial, aunque muy singular; y es
que, tal como dijo el gran filósofo Thomas Hobbes, «La guerra no consiste sólo en batallas,
o en la acción de luchar, sino que es un lapso de tiempo durante el cual la voluntad de entrar
en combate es suficientemente conocida» (Hobbes, capítulo 13).
Hoy parece ya un conflicto distante, extraño y, sin embargo, ha forjado el mundo
actual. Durante más de cuarenta años dominó todas las facetas de las relaciones
internacionales enfrentando fundamentalmente a dos Estados: la Unión Soviética (URSS) y
Estados Unidos (EE.UU.), que se apoyaban en dos alianzas: el bloque oriental y el occidental.
Para aquellos que no nacimos durante el auge de la guerra fría y que no vivimos de cerca el
temor, entonces real y tangible, de una guerra atómica, y que tampoco presenciamos su súbita
desaparición, resulta fundamental para una comprensión del mundo actual conocer los
orígenes, las etapas y el fin de aquel terrible período.
En cuanto a los textos aquí trabajados y analizados podemos decir que Hobsbawm,
en su análisis histórico en su libro “Historia del siglo XX”, el cual ofrece una visión detallada
de cómo estos fenómenos interconectados moldearon la segunda mitad del siglo XX y como
sus consecuencias trascienden hasta nuestros días. Dolores Bejar, por su parte, también
contribuye a esta comprensión desde una perspectiva crítica que enfatiza las implicaciones
sociales y políticas de estos eventos. A continuación, exploraremos estos temas y sus
interrelaciones según la visión de estos historiadores.
El término «guerra fría» se
emplea para describir el prolongado
conflicto entre el bloque socialista y el
occidental que se libró en los frentes
político, económico y propagandístico y,
sólo de forma muy limitada, en el frente
militar. Inicialmente, describía un
período histórico que comenzó entre los
años 1945-1947, con la disolución y las
ILos “Tres Grandes” –Churchill, Roosevelt y Stalin–, en la conferencia
que celebraron en Yalta (URSS) del 4 al 11 de febrero de 1945, para
discrepancias en el seno de la alianza de acordar la organización del mundo en la segunda posguerra.

países que había luchado contra el Eje durante la segunda guerra mundial. La guerra fría
adquiría también una acepción más analítica, no para definir una particular fase de la
rivalidad Este-Oeste, sino para analizar la rivalidad entre el capitalismo y el comunismo.
La guerra fría adoptó diversas formas: estratégicas, militares, económicas,
diplomáticas, tecnológicas, culturales, etc. Las incesantes guerras europeas han sido de dos
clases: guerras ideológicas o de poder. La guerra fría, por primera vez en la historia, era una
contienda que aunaba ambas características.
EE.UU. y la URSS eran
portadores de un mensaje universal, ya
que ambos encarnaban dos sistemas de
valores totalizadores y excluyentes. Se
trataba de convencer al otro de sus
concepciones, intentar que el enemigo
evolucionase desde el interior hacia las
posiciones defendidas por el otro bloque.
La guerra fría terminaría cuando
prevaleciera la ideología dominante de una única superpotencia. En este sentido, resulta
innegable que la guerra fría aceleró el proceso de globalización. Para I. Wallerstein, «cada
discurso ideológico reforzaba al otro, y ninguno se podía mantener sin el contrario.

DESARROLLO
Durante cuarenta y cinco años el constante enfrentamiento de las superpotencias
surgidas de la segunda guerra mundial, Estados Unidos y la URSS, convirtió al mundo en
escenario de potenciales batallas futuras: la denominada “Guerra Fría”. (HOBSBAWM,
1998, 230). Por estos años, en el campo de las relaciones internacionales, se produjo el
traspaso de un mundo multipolar a un mundo bipolar, el cual se caracterizó por la permanente
amenaza de los dos polos de poder que constituían este “nuevo orden mundial”. En este
contexto de confrontación ideológica, se era capitalista o comunista; los diferentes países del
denominado “Tercer Mundo” se reconocían dentro de uno u otro de los bandos en particular,
pasando a ser territorios periféricos en los cuales se desarrollaba verdaderamente esta
“guerra”. La Argentina, como la mayoría de los países del Bloque Occidental, estaba bajo la
influencia del primero de los sistemas.
Para el común de los investigadores, salvo algunas excepciones, este enfrentamiento
bipolar tuvo lugar hasta la disolución del bloque soviético, cuando se vivió una época de
grandes cambios en el campo de las Relaciones Internacionales, las cuales permanecieron a
través de los años y analizo en este ensayo.
La “victoria” del capitalismo sobre el comunismo trajo aparejadas varias
consecuencias en el ámbito mundial. Con la caída de la URSS, Estados Unidos gozó del
monopolio que le confiere ser “la única gran potencia” y se convirtió en el abanderado del
capitalismo y en el promotor de genuinas políticas de dominación global que son dignas de
ser consideradas de una ilimitada ambición. Parafraseando a Eric Hobsbawm, esta conducta
de la política norteamericana puede denominarse “la megalomanía estadounidense”.
[HOBSBAWM, 2007, 37] Según Hobsbawm y Bejar, no fue solo un enfrentamiento entre
dos superpotencias, sino una era de profunda transformación global. Este periodo, se extendió
desde el final de la segunda guerra mundial hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991,
estuvo marcado por la competencia ideológica, económica y militar entre Estados Unidos y
la Unión Soviética. Ambos historiadores coinciden en que la Guerra Fría configuro un mundo
bipolar donde cada superpotencia buscaba expandir su influencia y contener la del adversario.
Las etapas
Se tomará como punto de partida la clasificación que Fred Halliday realiza sobre la
Guerra Fría. Siguiendo la misma se puede decir que este período se divide en cuatro etapas
centradas en el análisis de la relaciones Estados Unidos- URSS: Las características más
significativas de estas etapas son:
1. Inicio y establecimiento (1946-1962): Durante esta etapa ni el este ni el oeste
pudieron predominar uno sobre el otro, de modo que su desenlace quedó inconcluso
debido a la paridad de fuerzas en ambos lados. En esta etapa se establecieron y
reconocieron las principales diferencias entre el bloque occidental y el oriental.
Transcurre la guerra de
corea, donde Corea del
norte es apoyada por China
y la URSS, mientras que
corea del sur, capitalista, es
apoyada por EEUU y la
ONU. Por otro lado, a
finales de este periodo
ocurre un punto de
inflexión donde EEUU descubre los misiles soviéticos en Cuba.
2. Distensión (1962-1979): Durante la misma, las tensiones
no revisten mayor importancia y puede observarse un
aflojamiento de la puja Este- Oeste.
Esta se reflejó en una marcada
reducción de la carrera armamentista
Richard Nixon y Zhou Enlai
y en una tendencia a la tolerancia del (1972)
“otro” orden social. Aquí ambas
Leonid Brezhnev y Richard potencias ponen paño frio al asunto, se firman tratados de No
Nixon (1972)
Proliferación Nuclear (1968) y los acuerdos SALT I y II para
limitar la cantidad de armas nucleares. Se establecen vías de comunicación entre
ambas potencias mediante el dialogo y la diplomacia. Como, por ejemplo, la visita de
Nixon a Rusia y China.
3. Renovación de tensiones (1979-1985): Luego de años de
relativa paz, se renuevan las tensiones. La URSS invade
Afganistán y Ronald Reagan implementa políticas de
crecimiento militar.
4. Fin de la Guerra Fría (1985-1991): Por ultimo las
políticas de Gorbachov de transparencia y reconstrucción
junto con las nuevas reformas económicas, llevaron a
poner paños fríos, reestablecer el dialogo y por último la
Mijaíl Gorbachov, líder
disolución de la URSS, lo que llevo al fin de la guerra fría. soviético de 1985 a 1991

Particularmente, dicho autor, engloba estas dos ultimas etapas como la “Segunda guerra
fría”. Es donde se retoman los sentimientos de desconfianza y una fuerte tendencia ideológica
que giraba en torno de considerar al enemigo como una amenaza para toda la humanidad.
(HALLIDAY, 1984,23).
Tanto Eric Hobsbawm como Paul Kennedy coinciden en que en los setenta acontecen
cambios importantes en el esquema bipolar. Si bien ambos bloques mantenían sus zonas de
influencia, no se gestaba un verdadero choque abierto de sus Fuerzas Armadas que implicara
una guerra, sino mas bien un intento por parte de las mismas de continuar manteniendo la
hegemonía dentro de sus bloques. “(...) y en contra de la ideología y de la retórica de Guerra
Fría, habían actuado partiendo de la premisa de que la coexistencia pacífica entre ambas era
posible.” (HOBSBAWM, 2005, 232).
La singularidad de la guerra fría estribaba en que, objetivamente hablando, no había
ningún peligro inminente de guerra mundial. Más aún: pese a la retórica apocalíptica de
ambos bandos, sobre todo del lado norteamericano, los gobiernos de ambas superpotencias
aceptaron el reparto global de fuerzas establecido al final de la segunda guerra mundial, lo
que suponía un equilibrio de poderes muy desigual pero indiscutido. La URSS dominaba o
ejercía una influencia preponderante en una parte del globo: la zona ocupada por el ejército
rojo y otras fuerzas armadas comunistas al final de la guerra, sin intentar extender más allá
su esfera de influencia por la fuerza de las armas. Los Estados Unidos controlaban y
dominaban el resto del mundo capitalista, además del hemisferio occidental y los océanos,
asumiendo los restos de la vieja hegemonía imperial de las antiguas potencias coloniales.
El escenario internacional
Mientras que a los Estados Unidos les preocupaba el peligro de una hipotética supremacía
mundial de la URSS en el futuro, a Moscú le preocupaba la hegemonía real de los Estados
Unidos en el presente sobre todas las partes del mundo no ocupadas por el ejército rojo. No
hubiera sido muy difícil convertir a una URSS agotada y empobrecida en otro satélite de la
economía estadounidense, más poderosa por aquel entonces que todas las demás economías
mundiales juntas. La intransigencia era la táctica lógica. Que destaparan el farol de Moscú,
si querían.
En el “mientras tanto” de dichos intereses y, a partir de la guerra fría, se dieron
transformaciones en la escena internacional, es decir la guerra transformo la política
internacional a través de la formación de bloques militares y económicos, donde se
establecieron alianzas como la OTAN y el Pacto de Varsovia y a organización económica
como el COMECON en el bloque soviético. A su vez se dio la intervención en conflictos
locales, las superpotencias intervinieron en numerosos conflictos alrededor del mundo,
apoyando a gobiernos y movimientos alienados con sus ideologías. También la guerra
aumento el gasto militar, ya que ambos bloques aumentaron significativamente su gasto en
defensa, desarrollando arsenales nucleares y convencionales. Y por último, incentivo un

Descripción grafica de la política mundial (1945-1962) - Atlas.

desarrollo de la tecnología espacial, es decir se dieron avances tecnológicos y de la ciencia


influenciando la política y la economía global.
Eric Hobsbawm ve a la guerra fría como una era de conflicto global que definió las
relaciones internacionales en la segunda mitad del siglo XX. Según el, la guerra fría no solo
fue un enfrentamiento militar y político entre dos superpotencias, sino también un conflicto
ideológico que influyo profundamente en la economía, la política y la sociedad global.
Hobsbawm subraya como la bipolaridad de la guerra fría llevo a una carrera armamentista y
espacial, así como una serie de guerras por procuración en diversos países del tercer mundo.
Este historiador destaca la importancia de las políticas de contención y la doctrina de la
disuasión nuclear como elementos centrales del conflicto.
Los años dorados

Durante los años dorados, como los llama Hobsbawm (1945-1973), existieron tres
escenarios diferentes: un primer mundo capitalista con un significativo grado de autonomía
para cada economía nacional; un segundo mundo comunista con una economía basada en la
planificación centralizada y al margen, aunque cada vez menos, del mercado mundial; y un
Tercer Mundo en el que la
mayoría de los países
tendieron a la
industrialización sustitutiva
de las importaciones y a una
relativa autarquía. Si bien
hubo crecimiento económico
en los tres, el polo más
dinámico fue el de los países
capitalistas de industrialización
avanzada.
Hobsbawm describe este periodo de esta forma ya que fue una era de crecimiento
económico sin precedentes en los países capitalistas avanzados. Este crecimiento fue
facilitado por un conjunto de circunstancias históricas, políticas y económicas que incluyeron
la reconstrucción post- Segunda Guerra Mundial, avances tecnológicos y un entorno
internacional relativamente estable en comparación con las décadas anteriores. Este periodo
se caracterizó por:
• Crecimiento económico mundial: la producción de manufacturas y el comercio se
multiplicaron, y la agricultura también experimento un gran aumento en la
productividad.
• Transformación del capitalismo: surgió una economía mixta donde los estados
desempeñaron un papel activo en la planificación y gestión económica. Hubo un
compromiso con el pleno empleo y la reducción de desigualdades, fomentando el
bienestar y la seguridad social.
• Estado de bienestar: los países capitalistas avanzados implementaron políticas de
bienestar social que incluyeron sistemas de salud, educación y seguridad social para
garantizar el bienestar de sus ciudadanos.
Hobsbawm marca los años dorados como una época de prosperidad económica sin
precedentes en el mundo capitalista avanzado.
Los años dorados del capitalismo tuvieron un impacto en el Tercer Mundo por un
lado a través del crecimiento poblacional y esperanza de vida, ya que durante estos años el
tercer mundo experimento un rápido crecimiento demográfico y una mejora en la esperanza
de vida, gracias a avances médicos y mejoras en la producción de alimentos. A su vez,
muchos países en desarrollo iniciaron procesos de industrialización y modernización, aunque
estos esfuerzos fueron desiguales y a menudo enfrentaron grandes desafíos.
Durante este periodo se dio a su vez un avance en producción y consumo, la
revolución tecnológica transformo la producción el consumo, con avances en la
automatización, la informática y las telecomunicaciones. La miniaturización de componentes
electrónicos y la portabilidad de dispositivos tecnológicos cambiaron radicalmente la vida
cotidiana y el trabajo.
La industrialización y el crecimiento económico tuvieron un impacto significativo en
el medio ambiente, llevando a niveles sin precedentes de contaminación y deterioro
ecológico. La economía global se volvió altamente dependiente del petróleo, cuy bajo costo
facilito el crecimiento económico, pero también exacerbo los problemas ambientales.
Los avances en medicina y farmacología, incluyendo el desarrollo de nuevos
medicamentos y tecnologías médicas, mejoraron la salud y la longevidad, a su vez, se dio
una revolución sexual, impulsada por la disponibilidad de anticonceptivos y una mayor
apertura cultural, cambio profundamente las actitudes hacia la sexualidad y las relaciones de
género.
La economía global se volvió más interconectada, con una creciente internalización
del comercio y la inversión. Surgió una nueva división internacional del trabajo, con una
mayor especialización y una distribución más amplia de la producción industrial. Durante
este periodo se desarrolló un modelo de capitalismo reformado que combinaba elementos de
liberalismo económico y socio democracia, influenciados también por algunas prácticas de
planificación económicas del socialismo soviético.
Bejar aporta una perspectiva crítica al analizar los años dorados. Para ella, mientras
que los países capitalistas avanzados disfrutaban de prosperidad y estabilidad, muchas
naciones del Tercer Mundo permanecían atrapadas en un ciclo de subdesarrollo y
dependencia. Bejar subraya que las políticas económicas y las estructuras de poder
internacionales favorecían a los países desarrollados, consolidando un sistema de
desigualdad global. Además, ella critica como las instituciones financieras internacionales,
como el FMI y el Banco Mundial, impusieron políticas que a menudo perjudicaron a os países
en desarrollo, limitando su capacidad para lograr un crecimiento sostenible y equitativo.
La expansión capitalista de EE.UU fue producto de la exitosa combinación de tres
factores: la hegemonía económica, ideológica, política y militar de los Estados Unidos, la
extendida industrialización sobre la base del fordismo, y el consenso respecto a la
intervención del estado para evitar el impacto de la fase recesiva del ciclo económico y
garantizar la provisión de servicios sociales básicos al conjunto de la población.
En 1945 no existían dudas acerca del enorme poder de los Estados Unidos. Su fuerza militar
había sido decisiva para poner fin a la guerra. El lanzamiento de las dos bombas atómicas
sobre Japón confirmó su superioridad técnica y militar. En la inmediata posguerra, la
economía norteamericana representaba el 50% del producto interno bruto del mundo, poseía
el 80% de las reservas mundiales de oro, producía la mitad de las manufacturas mundiales, y
su moneda –el dólar– era el pilar central del sistema monetario y comercial internacional.
Los intercambios internacionales se desarrollaron principalmente entre las economías
capitalistas centrales. La diferencia de productividad entre estos países era tan significativa
que los bienes de equipo estadounidenses siempre encontraban compradores en Europa y
Japón. En consecuencia, la balanza comercial de los Estados Unidos era en aquellos tiempos
sistemáticamente excedentaria. El restringido poder de compra de Europa y Japón se resolvía
con préstamos del estado norteamericano e inversiones exteriores de las firmas
estadounidenses. Washington se comprometió con la reconstrucción de Europa mediante el
Plan Marshall y con la de Japón a través de un programa similar desde la guerra de Corea.
Con el paso del tiempo, la balanza de pagos estadounidense empezó a ser deficitaria.
Los países europeos y Japón combinaron las
tecnologías de alta productividad, promovidas
originalmente en los Estados Unidos, con una fuerza
laboral más pobremente retribuida que en la
superpotencia, lo cual posibilitaba tasas de ganancia que
atraían la inversión de capitales.

El estado de bienestar

Fue uno de los pilares fundamentales del


contrato social de la posguerra, que articuló tres
intervenciones claves.
1º Por un lado, el gasto público contribuyó al aumento de las tasas de beneficios
privadas mediante la concesión de subvenciones, la nacionalización de
sectores ineficientes y la creación de empresas públicas que, por su alta
composición orgánica de capital, exigían elevadas inversiones.
2º Por otro, la planificación indicativa racionalizó la asignación de recursos vía
las directivas de la burocracia estatal y las intervenciones anticíclicas –evitar
la recesión o frenar la inflación– a través de las políticas monetarias, fiscales
y crediticias.
3º Por último, los programas de seguridad social generaron condiciones
favorables para la relativa desmercantilización de la fuerza laboral.

El tercer mundo

Paul Kennedy explica esta diferencia de la siguiente manera: “la segunda


característica importante de la Guerra Fría fue su continua escalada lateral desde Europa
hacia el resto del mundo. Por consiguiente, era sumamente improbable que las disputas de
Rusia con Occidente sobre problemas europeos quedasen geográficamente limitados a este
continente, especialmente porque los principios que se discutían eran de universal aplicación:
autogobierno contra seguridad nacional, liberalismo económico contra planificación
socialista, etc. Más importante aún, la propia guerra había causado un enorme grado de
turbulencia por la situación mundial de 1945”. [KENNEDY, 1994,594].
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, muy rápidamente, los pueblos de Asia y
África se liberaron del yugo colonial y sus dirigentes se abocaron a crear nuevos estados
nacionales. En la inmediata posguerra, la situación de América Latina era muy diferente:
hacía casi un siglo que había roto con la dominación colonial de las principales metrópolis,
España y Portugal, aunque quedaban islas y zonas de América Central y el Caribe bajo
control europeo y estadounidense. Sus estados nacionales, especialmente en los países
mayores, contaban con las instituciones y procedimientos de un estado moderno. Gran parte
de los gobiernos de América Latina y de las ex colonias propiciaron la industrialización
sustitutiva de las importaciones basada en la expansión del mercado interno.
En el escenario político, casi todas las experiencias democráticas fueron muy frágiles
y el autoritarismo se combinó en muchos países con recurrentes golpes militares. En Asia
Oriental, Corea del sur, Taiwán y Singapur –los llamados tigres asiáticos– siguieron un
rumbo económico diferente y se vincularon al mercado mundial como exportadores de bienes
industriales.
El estado asumió un papel clave para hacer más rentable la producción manufacturera
local. En cierta medida, gran parte de los países latinoamericanos siguieron el mismo camino
que tomaron Alemania, Japón, los Estados Unidos y Canadá a fines del siglo XIX para
ponerse a la altura de Gran Bretaña. Los gobiernos latinoamericanos promovieron de varias
formas el crecimiento industrial. Impusieron altas barreras arancelarias para elevar el precio
de los bienes importados. Manipularon las monedas para que los tipos de cambio
favorecieran a los fabricantes locales: un dólar caro para las importaciones que competían
con los productos nacionales y un dólar barato para los insumos que necesitaban los
industriales.
La política exterior de Estados Unidos combinaba las doctrinas de la seguridad
nacional con la de las fronteras ideológicas; según esta teoría, si el enemigo ideológico estaba
dentro de las fronteras geográficas, se justificaba combatirlo militarmente. Así es como en la
praxis la fuerza norteamericana se hizo sentir en los casos de la Revolución Cubana (1961)
y Santo Domingo (1965). La respuesta de América Latina no tardó en hacerse sentir; se
dividió el hemisferio entre los partidarios de la intervención –militar inclusive- en Cuba y los
sostenedores del principio de No Intervención en los asuntos internos de otros estados que
entendían que se trataba de un problema entre Cuba y Estados Unidos. Entre los primeros
estaban los países del Caribe, Centro América y Colombia. Y entre los segundos figuraban
México, Brasil, Chile y la Argentina (salvo el sector militar). En síntesis, podemos afirmar
que los problemas hemisféricos para Estados Unidos en esta etapa no constituían un ambiente
de relaciones meramente formales, sino que pasaba a crear un ámbito más amplio en el cual
se basaba su política exterior. A través del continente podría llegar a instaurar “líneas de
acción” que le sirviesen para reafirmar su poderío dentro de su esfera de influencia.
La sustitución de importaciones se convirtió en la modalidad dominante de la
industrialización del Tercer Mundo. En Asia y Oriente Medio, y más tarde en África, las
fuerzas sociales que habían impulsado las luchas por la liberación querían modificar la
economía colonial que las hacía dependientes de las metrópolis. La industrialización
promovida desde el estado y basada en la expansión del mercado interno impuso su sello
tanto en la India como en Egipto, Marruecos e Irak, entre otros países. Este tipo de
industrialización generó a la larga una nueva dependencia de la importación de insumos y
maquinarias.
La distancia entre América Latina y el resto del Tercer Mundo era mayor que la
existente entre América Latina y los países ricos. Las sociedades y las economías
latinoamericanas eran más maduras, y sus estados tenían mayor consistencia que los nuevos
países. Pero, más allá de las deficiencias del nuevo rumbo, en la década de 1960 el panorama
del Tercer Mundo parecía promisorio: la economía crecía y el nivel de vida mejoraba.
En este contexto se conformaba una competencia de una naturaleza cada vez mas
desigual en la que los Estados Unidos iban aumentando su poderío a nivel mundial mientras
que la URSS por el contrario cada vez se iba hundiendo más, perdiendo a sus satélites,
disolviendo el Pacto de Varsovia en 1989 con la unificación alemana y finalmente
disolviéndose como Estado en 1991. Mientras tanto los países del Tercer Mundo trataban de
integrarse en el mercado mundial, pidiendo créditos para su modernización que les fueron
muy difíciles debido a las altas tasas de interés que impuestas por los organismos financieros
internacionales. Para el otorgamiento de estos préstamos, estos últimos van a exigir la
estabilidad monetaria, un ajuste estructural en la economía y el crecimiento de las
exportaciones como eje por el cual los Estados de los países tercermundistas debían
“encarrilar” sus políticas. En opinión de Alejandro Simonoff, en los países subdesarrollados
estas exigencias trajeron aparejado un debilitamiento del Estado- Nación, fuertes presiones
regionales y una fuerte polaridad social donde la brecha entre ricos y pobres se incrementaba
día a día. Por un lado, se puede observar un fenómeno de fragmentación de los espacios
nacionales; por el otro, comienza una etapa en la cual se van a crear diversas organizaciones
que marcan un camino hacia la integración regional (SIMONOFF, 2002,107).

El “tercer mundo” en la actualidad

Para finales del milenio, para 1999, el Tercer Mundo incluye las economías de mayor
crecimiento industrial, y la industria más orientada a la exportación. Ya al final de los años
ochenta, más del 37% de las importaciones de los Estados Unidos venían del Tercer Mundo
y casi un 36% de sus exportaciones iban a este último.
Por esto, la superioridad económica del Primer Mundo no reside más en ser el más
industrializado o tener la economía más “avanzada”. Salvo en el ámbito de la investigación
y el desarrollo científico y tecnológico, la superioridad del Primer Mundo reside en operar
como un conglomerado económico financiero, en lugar de hacerlo como una planta
productiva. En él se ubican las oficinas centrales de la mayoría de las grandes empresas
transnacionales, las que con todas sus dependencias locales y subsidiarias constituyen parte
sustancial de la economía mundial.
Pero, al mismo tiempo, esa superioridad hace más dependiente al Primer Mundo de
lo que suceda en el tercero. Desde el punto de vista de la economía, hoy es mucho más
importante que antes tener cierto control político, particularmente para los Estados Unidos,
la potencia hegemónica del capitalismo actual.

CONCLUSIONES: El orden mundial hoy.


Como la historia ha mostrado, es alrededor del fin de las grandes conflagraciones
bélicas cuando un nuevo orden geopolítico es discutido, negociado y finalmente pactado por
las potencias vencedoras sobre la base de la cuota de poder que cada una haya logrado y en
línea con sus respectivos intereses económicos y estratégicos. Más específicamente, son los
líderes de esas potencias quienes definen los términos del pacto y los contornos del nuevo
orden.
Desde un punto de vista ideológico, el fin de la Guerra Fría marcó el triunfo del
capitalismo, la entronización de la democracia occidental y la derrota del socialismo real. En
ausencia de una alternativa viable, la democracia occidental fue así proclamada como la
norma universal de organización y convivencia política, y el mercado como el mecanismo
indisputado de agregación social y el principio supremo de coordinación productiva en países
de todas las latitudes.
Hoy en día, más allá el mundo esta dividido o sectorizado más allá de democráticos
o no democráticos, capitalistas o comunistas, ricos o pobres. Hoy el mundo esta fraccionados
en complejos ensamblajes de actores estatales y no estatales que marcan el rumbo de las
relaciones internacionales. El primer nivel está compuesto por una colección de instituciones
internacionales encabezadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, cuyos miembros son
nada menos que las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, más China; las
otras son agencias y organismos de la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el
Banco Mundial (BM), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización para
la Alimentación y la Agricultura (OAA), y la Organización Mundial del Comercio (OMC).
En el segundo nivel se ubican las potencias económicas líderes: Estados Unidos,
Europa, Japón, China y la India, las cuales en conjunto dan cuenta de 54% de la población
mundial y 70% del producto global bruto (The Economist, 2008a). El tercer nivel está
integrado por las potencias económicas intermedias —Brasil, México, Sudáfrica, Arabia
Saudita, Corea del Sur y Australia—. Finalmente, el cuarto nivel comprende una amplia y
diversa población de corporaciones globales, organizaciones no gubernamentales (ONG),
grupos terroristas, fondos soberanos de capital y otros actores no estatales.
Los historiadores consideran que la Guerra Fría terminó con la caída del Muro de
Berlín en 1989 y la posterior desaparición de la Unión Soviética en 1991.
Sin embargo, la división del mundo en dos bloques se mantiene en la actualidad entre
gobiernos con ideologías muy diferentes. En ese sentido, Estados Unidos mantiene su pulso
particular con países comunistas como la Cuba de la familia Castro, el régimen de Corea del
Norte o el gobierno comunista chino.
Por otro lado, Rusia, el país más importante de la antigua URSS, sigue rivalizando
con Estados Unidos para extender su influencia a nivel global. Ambos gobiernos quieren
mantener su autoridad y, para conseguirlo, se posicionan en conflictos internacionales.
Uno de los últimos ejemplos es la guerra de Siria: Rusia se alió con el régimen sirio
de Bashar el Asad, mientras que Estados Unidos apoyó a rebeldes sirios y kurdos. También
otro ejemplo seria la guerra actual en
Ucrania, donde EE. UU ha demostrado
abiertamente su apoyo a la nación en
defensa de los ataques rusos.
Para finalizar, otro claro ejemplo
de la continuidad entre las disparidades
entres EE. UU y Rusia y demasiado
actual (el día en que se escribe este
ensayo), esta a la vista con la
autorización por parte de EE. UU a Ucrania
para el uso de misiles de largo alcance contra objetivos rusos. (se adjunta link del articulo
periodístico).

BIBLIOGRAFÍA
Bibliografía propuesta:
- BÉJAR, D. M. (2011), “Los años dorados”; “La guerra fría” (pp. 175-215); “El
Tercer Mundo”. En: Historia del siglo XX. Europa, América, Asia, África y Oceanía,
Ed. Siglo XXI.
- HOBSBAWM, Eric.. (1995), “Capítulo 8. La Guerra Fría”, en: Historia del siglo
XX, 1914-1991, Crítica, Barcelona, pp. 229-259.
- HOBSBAWM, Eric. (1995), “Capítulo 9. Los años dorados”, en: Historia del siglo
XX, 1914-1991, Crítica, Barcelona, pp. 260-289.

Bibliografía adicional
• HALLIDAY, Fred. “Los finales de la Guerra Fría” en Blackburn, Robin (comp).
Después de la caída. Barcelona. Crítica. 1993.
• HOBSBAWM, Eric. Guerra y paz en el Siglo XXI. Barcelona. Memoria. Crítica. 2007
“La megalomanía estadounidense” en Revista Ñ, Buenos Aires, Clarín, 2005.
• KENNEDY, Paul. Auge y caída de las grandes potencias. Madrid, Plaza Janés, 1990.
• KENNEDY, Paul. Hacia el siglo XXI. Madrid, Plaza Janés, 1992.
• SIMONOFF, Alejandro. “Las raíces del nuevo orden internacional en Revista del
IRI Nº 19. La Plata, 2000.
• https://www.infobae.com/estados-unidos/2024/06/21/estados-unidos-autorizo-a-
ucrania-a-usar-sus-misiles-de-largo-alcance-contra-objetivos-rusos-mas-alla-del-
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