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Lectura Bio-Geo

Andrés pasa sus veranos en un pueblo donde descubre un hada del río llamada Cantarina, quien le enseña que la felicidad no depende del lugar, sino de cómo se siente uno. A través de su conversación, Andrés comparte sus miedos sobre su nuevo colegio y el hada le aconseja sobre la importancia de hacer amigos y aceptar las emociones. Al final, Cantarina acompaña a Andrés a la ciudad, recordándole que depende de él cómo quiera sentirse.

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Lectura Bio-Geo

Andrés pasa sus veranos en un pueblo donde descubre un hada del río llamada Cantarina, quien le enseña que la felicidad no depende del lugar, sino de cómo se siente uno. A través de su conversación, Andrés comparte sus miedos sobre su nuevo colegio y el hada le aconseja sobre la importancia de hacer amigos y aceptar las emociones. Al final, Cantarina acompaña a Andrés a la ciudad, recordándole que depende de él cómo quiera sentirse.

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AVENTURAS EN EL RIO

Aventura en el río asi todos los veranos Andrés iba al pueblo donde nacieron sus padres. Por el pueblo pasaba un río que no era
muy grande pero permitía, al formarse pequeñas charcas, que Andrés y sus amigos se pudieran bañar. En otros lugares, las aguas
del río se precipitaban con rapidez hacia una pequeña cascada y parecía como si el río cantara. Andrés solía escuchar con
atención y decía que nunca sonaba igual, que cada día el río cantaba una canción diferente. Acudía a la orilla cada vez que se
sentía un poco triste o solo; se quedaba ensimismado contemplando el agua al pasar y eso le ayudaba a sentirse mejor. Una
tarde se acercó al río y se sentó en una roca con la mirada fija en el agua, pero entonces algo llamó su atención: había una cosa
que brillaba en el fondo. Metió la mano en el agua para sacarla y al abrirla, ¡oh sorpresa!, apareció en su mano un hada muy,
muy pequeña, con unas alas relucientes y brillantes. —¡Hola!, no te asustes, soy el hada del río, me llamo Cantarina. —Yo me
llamo Andrés —contesto aún sorprendido. —Soy la encargada de hacer que el río cante —dijo el hada. Andrés se puso muy
contento al saber que el río de verdad cantaba a pesar de que algunos de sus amigos se habían reído de él cuando se lo dijo. Al
contemplarla de cerca le pareció aún más pequeña pues cabía dentro de su mano, por eso Andrés mantuvo la palma extendida
con mucho cuidado para que el hada no se cayera. A Andrés le pareció preciosa igual que su voz. —¿Vienes mucho por el río? —
le preguntó el hada. —Solamente en verano porque yo vivo en la ciudad, mis padres me traen al pueblo cuando tengo
vacaciones. —¿Y te lo pasas bien aquí? —Sí, estoy muy contento porque puedo hacer cosas que en la ciudad no me dejan. —
¿Qué cosas? —le preguntó el hada. —Me acuesto más tarde porque no tengo que ir a la escuela, no tengo que madrugar, me voy
con mis amigos por todo el pueblo y juego a cosas muy divertidas. —Entonces ¿eres feliz porque haces lo que quieres? —Pues
claro... —Y aquí, en el pueblo ¿siempre estás contento? —Bueno... siempre no. —Y en la ciudad donde vives, ¿siempre estás
triste? —Bueno... siempre no. —Así que el estar contento o estar triste no depende del lugar... —respondió el hada. —Pues
claro… Andrés comenzó a pensar que aquella era un hada muy preguntona y decidió hacerle también él unas preguntas. Quería
saber si en el río vivían otras hadas y, si era así, qué hacía cada una y por qué no las había visto antes. —¿Vives tu sola en el río?
—No, somos muchas hadas y cada una de nosotras se encarga de una cosa: yo, por ejemplo, me encargo de que el río cante, otra
es responsable de que el agua esté limpia para que os podáis bañar sin problemas, otra se encarga de cuidar a los peces y
procurar que tengan alimento, otra se encarga de mantener bonitas y limpias las piedras del fondo... —¡Vaya! ¿Y por qué no os
he visto antes? Yo vengo mucho al río... —Porque si queremos, nos hacemos invisibles, pero hoy deseaba hablar contigo y saber
por qué estás triste. Cuando miras al agua veo tu cara y algo me dice que no estás muy bien. Entonces Andrés le contó al hada
que no quería volver a la ciudad porque se aburría mucho y además en septiembre entraba en un colegio nuevo. Hasta ahora
había estado en una escuela pequeña. Y cuando se acordaba de esto, se ponía triste, dejaba de jugar y se iba al río a pensar. —
¿Sabes? Yo tampoco estoy siempre en este río. A veces me encargan ir a otro para que canten sus aguas. Al principio me
preocupo de si sabré hacerlo bien, si el río estará contento conmigo, si estaré a gusto en ese lugar..., pero luego me pongo a
cantar y se me olvida la preocupación. Ya sabes que estar triste o contento no depende de un lugar. Yo me siento alegre cuando
hago lo que tengo que hacer lo mejor posible; entonces me da igual donde me encuentre. —Pues a mí me gustaría estar siempre
contento y hacer solo las cosas que me gustan... —dijo Andrés con voz quejosa. —¡Pero eso es imposible! A veces estamos
tristes, a veces contentos, en algún momento nos enfadamos y otras veces sentimos miedo. Los seres humanos y las hadas
podemos sentir muchas emociones distintas y eso hace que cada día sea especial, como una gran aventura. —¿Y qué puedo
hacer para estar contento en el nuevo colegio? —preguntó Andrés al hada, descubriéndole una de sus mayores preocupaciones.
—Puedes hacer amigos, desear aprender a la vez que pasarlo bien y aceptar que unas cosas te gustarán más que otras, que unas
tareas serán más fáciles y otras más difíciles para ti. No importa lo que te pase, depende de ti cómo te quieras sentir. Sin pensarlo
dos veces Andrés le preguntó al hada con cara sonriente: —¿Quieres venir conmigo a la ciudad? Yo te llevaría en mi mochila al
colegio y tú cantarías para mí ¿Qué te parece la idea? El hada estiró sus preciosas alas, abrió mucho sus diminutos ojos y
poniéndose de puntillas sobre la palma de la mano de Andrés, contestó: —¡Me encantaría conocer la ciudad! Siempre he
cantado de río en río..., pero antes debo preguntárselo al hada Organizada, ella es la responsable de que se lleven a cabo todas
las tareas y el río no debe dejar de cantar, ¿no crees? —Claro que no, pero puedes pedir que se encargue otra hada, ¿verdad? El
hada Organizada dio permiso a Cantarina para ir a la ciudad con Andrés y en su lugar puso a otra hada que estaba deseando
cantar en el río. Cuando terminaron las vacaciones, Andrés se fue contento a su nuevo colegio llevando en su mochila al hada
Cantarina. A veces sus compañeros escuchan una música suave y miran hacia un lado y otro tratando de saber de dónde viene,
pero nadie sabe que su amiga Cantarina con sus canciones le recuerda a Andrés lo que le dijo en el río el día que se conocieron:
“Depende de ti cómo te quieras sentir”

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