Panaderias Caraquenas
Temas abordados
Panaderias Caraquenas
Temas abordados
CARAQUEÑAS
la rica
herencia
de los
inmigrantes
PANADERÍAS
CARAQUEÑAS
la rica
herencia
de los
inmigrantes
Director de IEPAN Cronistas
Juan Carlos Bruzual Laura Helena Castillo
Giuliana Chiappe
Producción editorial
Jacqueline Goldberg
Yelitza Linares Bello
Nahir Márquez
Edición Ileana Matos
Yelitza Linares Bello Magaly Rodríguez
María Gabriela Méndez Gabriela Rojas
Naky Soto
Documentación y asistencia editorial
Ligia Margarita Velásquez Gaspard
Larissa Hernández
Adriana Villanueva
Diseño gráfico
ABV Taller de Diseño, Waleska Belisario Escritor e investigador gastronómico
Rafael Cartay
Fotografía
Efrén Hernández Arias
Maestro panadero
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PANADERÍAS
CARAQUEÑAS
la rica
herencia
de los
inmigrantes
Giovanni Nobile junto al empleado Isauro González y un niño aprendiz
del oficio. foto cortesía de vilma nobile.
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Logorio (un albañil italiano) pidió que el sánduche se lo hicieran de mortadella.
Ni Arnaldo, el dependiente, ni el portugués casi púber tenían idea de a qué se
refería. Llevándose una mano a la cabeza exclamó algo así como «mannaggia
la miseria, porca miseria, ¿cómo que no tienen mortadella?».
El púber preguntó: ¿Y eso qué es?
«Bene, bene, vieni con me».
Recorrieron dos cuadras hacia el oeste, llegaron a la principal de La Carlota y en
el abasto Atalanta pidió 200 gramos de mortadela. La pagó y regresó de vuelta con
el púber a la Flor de Mayo. «Questo é mortadella» y les dio a probar una rodaja de
embutido.
Esa misma tarde la Flor de Mayo rebosaba de fiambrería itálica.
1
Italia y Venezuela: inmigración y gastronomía. Fundavag Ediciones. Capítulo «Tres cocinas para un paladar».
Por Joaquín Marta Sosa. Pág. 100. Caracas, 2017.
7
Contenido Prefacio. Nos vemos en la panadería. Por Yelitza Linares Bello. pág. 9
Guanábano
130 años de resistencia en una esquina de La Pastora. Por Magaly Rodríguez. pág. 31
Cachito con vista al Ávila. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 43
Angela
El amor de Gavião leuda en la Candelaria. Por Giuliana Chiappe. pág. 45
Pan de la abuela: amor al primer mordisco. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 57
Nobile
En Puente Hierro se multiplican los panes. Por Gabriela Rojas. pág. 71
Pan de jamón con el guarapo aguao. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 83
Rosita
De Las Delicias a los supermercados: un eterno aprendizaje. Por Naky Soto. pág. 85
El gallego: el caballito de batalla. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 95
Flor de Macaracuay
El enclave de Portugal en el este de Caracas. Por Ileana Matos. pág. 97
La broa y sus grietas. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 109
8
Arabito
En Catia se reunieron los sabores del Medio Oriente. Por Ligia Margarita Velásquez
Gaspard. pág. 111
El pan pita nunca falta. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 123
Inversiones Soleado
La panadería que está frente a la cauchera. Por Adriana Villanueva. pág. 125
Pan de chorizo, otro hallazgo. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 135
Pan Alemán
Navegar por temporales, crecer y volver al origen. Por Nahir Márquez. pág. 137
El maxicorn y George. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 151
Dolce Capriccio
El oficio de las Di Lucia es persistir. Por Laura Helena Castillo. pág. 153
La focaccia de Bari en Caracas. Por Juan Carlos Bruzual. pág. 165
Los panes que nos unen (recetario). Por equipo de IEPAN. pág. 166
9
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Nos vemos en la panadería
Yelitza Linares Bello*
Era la tarde del 18 de julio de 2023 y estábamos probando el famoso pan gallego de
la Angela, relleno con un chorizo portugués, cuando se presentó Marianna Martins,
hija del dueño de la panadería de la Candelaria. Nos descubrió en una de las visitas
de #IEPANenlaCalle, que pretendíamos hacer de manera anónima, para hallar los
mejores panes de Caracas.
Con el equipo de IEPAN y nuestra editora María Gabriela Méndez (una venezolana
en Bogotá), fuimos más allá con otra premisa: develar cómo se trasladó el conoci-
miento de los inmigrantes europeos y del Medio Oriente a los panaderos caraqueños.
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¿Por qué razón en Caracas se pueden comprar por igual panes gallegos, multicerea-
les o pan pita a diferencia de otros países vecinos? Era natural que nuestra escuela
armara este relato.
Siempre me han animado más las historias menudas que las de los grandes héroes,
porque visibilizan la humanidad de otros campeones de la cotidianidad, revelan
mayores detalles y diversidad y muestran otras narrativas de una nación.
Creo que esta obra es un buen ejemplo. En cada capítulo de estas 10 panaderías
caraqueñas se podrán apreciar bosquejos del devenir de Venezuela en el siglo XX y,
sobre todo, de los difíciles 24 años del siglo XXI.
No fue fácil escoger los negocios. La selección fue algo azarosa, pero tratamos de
cumplir con cuatro criterios: 1) que un inmigrante lo haya fundado o sea su propie-
tario, 2) que sus panes sean de calidad, 3) que tuvieran asiento en Caracas y 4) con
arraigo en su comunidad.
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Fue lo que nos planteamos al inicio, aunque nos encontramos con la sorpresa, que
leerán en el último capítulo sobre la panadería Dolce Capricci, de que dos damas
llevan el mando de la producción: la nonna Grazia Gentile y su hija Angela Di Lucia.
Efectivamente, así dimos con la historia de María a padeira, la madre que entrenó
a Cristiano dos Santos, el fundador de la Rosita; la de María Saudade Ferreira de
Correia, apasionada por el oficio y una de las dueñas de la panadería Inversiones
Soleado, de la Alta Florida, y la de Alice de Truzman, la autora de la jalá de
La Kasher del Este. Otras dueñas, hijas, esposas y gerentes aparecerán como piezas
fundamentales en estos comercios.
Campeones en crisis
El libro comienza con la introducción que nos regaló el profesor Rafael Cartay,
escritor especializado en historia de la alimentación, en la que presenta un resumen
sobre cómo la panadería se fue transformando desde las culturas egipcia, griega y
romana hasta llegar con los colonizadores españoles a la isla de Cubagua y, luego,
con las oleadas de inmigrantes, a Caracas.
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Al comparar las fichas, surgió un dato interesante: seis de las diez fueron fundadas
o reinauguradas un primero de enero.
Dada la antigüedad de los negocios, una dificultad que encontramos fue no dar
con fundadores: algunos fallecieron y otros no dejaron rastro.
Ileana Matos se esmeró en contar cómo los Ferreira, entregados al oficio en la Flor
de Macaracuay, se las ingeniaron para crear un pan arepero, que les permitió sus-
tituir con harina de maíz la de trigo, que escaseaba entre 2016 y 2017.
Una de las panaderías más difíciles de encontrar fue la de un fundador italiano que
cumpliera con las premisas. Fue duro confirmar que las pocas que quedan entre
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Las Acacias y Los Chaguaramos han sido de las más afectadas por la crisis econó-
mica y desaparecieron de su menú los panes tradicionales, porque no hay quien los
pague. Por ello, la Dolce Capricci es otro portento de resistencia y se entiende en
el hermoso relato de Laura Helena Castillo.
Pese a las adversidades, hay algunos propietarios que han podido expandir sus
firmas. Ligia Velásquez Gaspard reseña la inspiradora historia del emprendedor
Bakhos Antoun y el crecimiento de su Arabito, con cuatro sedes y una próxima a
abrir en Altamira. O el caso de Pan Alemán, que Nahir Márquez ilustra con una
bella metáfora, cuyos dueños encontraron un camino rentable con una panificadora,
preservando su concepto inicial de una sola tienda de panadería artesanal.
Otro relato de éxito es, sin duda, el de Rosita. Su fan Naky Soto cuenta las claves
de cómo lograron llevar sus productos, primero, del local de la plaza Las Delicias
a cientos de restaurantes y, luego, a los supermercados.
De la gloria de la abuela
Este libro estaría incompleto si no habláramos de los productos emblemáticos de
estas panaderías. Por esta razón, Juan Carlos Bruzual, director de IEPAN, se dedicó
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a recorrerlas y a probar los panes que recomiendan los clientes, para describirlos
técnicamente y destacar su valor gastronómico, desde su experiencia y apreciación
personal.
Con textos breves que acompañan cada crónica de la panadería, Bruzual muestra
sus hallazgos y cómo se enamoró del pan de la abuela y del pan de chorizo; desta-
ca productos peculiares, como la broa de maíz, que tiene su público exclusivo en la
comunidad portuguesa, y el respeto que le profesa a la tradición que hay detrás de
una jalá.
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los casos, aunque nos apoyaron desde las pocas hemerotecas y archivos fotográficos
que quedan en la ciudad.
Vamos a reconectarnos con ese espíritu, que bastante falta nos hace. Cómprese un
vinito o una cervecita, unos panes buenos con sus embutidos y disfrute de la lectura.
¡Salud!
es periodista, project
manager, consultora y
equipos editoriales y de
negocios en El Nacional,
y El Pitazo. Como
copropietaria de IEPAN
y responsable de sus
17
Escenas de elaboración de pan en la tumba de Ramsés III. Valle de los Reyes, Egipto. fuente: wikipedia.
18
El pan sigue siendo un misterio
Rafael Cartay*
De los egipcios a los griegos y, luego, a los romanos.
De Europa a América, de Cubagua a Caracas. El cultivo
del trigo y el consumo del pan llegaron a la capital en
manos de colonizadores españoles; luego el pan fue
perfeccionado, industrializado y comercializado por
inmigrantes. Un conocimiento traspasado por culturas
que se basa en los mismos cinco elementos.
El pan es un misterio para mí por varias razones. La más importante es que hay una
inmensa variedad de panes artesanales que son elaborados con solo cinco elementos
básicos: harina, agua, levadura, grasa y sal. Y siempre me he preguntado qué hace la
diferencia de forma, tamaño, apariencia, sabores.
La palabra genérica pan (derivada de la raíz indoeuropea pa-, que produjo luego
la voz latina panis, de la que provienen compartir, compañero, compañía y, por
supuesto, panadero) designa un alimento universal presente en todas las culturas
del mundo, y que se elabora en las más antiguas, desde hace más de 14.000 años.
Los antiguos nómadas hacían un pan rústico con las semillas y bellotas que
encontraban a su paso. Las aplastaban, las mezclaban con agua y calentaban en
piedras planas. Más tarde, hace ya unos 5.000 años, utilizaron un horno rústico
para cocerlo: cubrían los panes con un cuenco invertido. A partir de ese momento,
evolucionaron lentamente y casi al mismo tiempo el cultivo de cereales panificables,
los procesos de fermentación, los utensilios y artefactos para elaborar el pan, los tipos
de panes y los sistemas de distribución.
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En esa larga historia, destaca el antiguo Egipto, pionero en la preparación del pan con
levadura (zyme) o sin ella (azyme o ácimo). Durante el período Neolítico, entre 5000 y
3000 a. C., se produjo la sedentarización del ser humano. Al final de este período, hay el
registro del primer pan, hecho de trigo, o de cebada, y agua. Se habla del egipcio Uestht,
hacia 2750 a. C., como uno de los primeros panaderos conocidos de aquella época.
De allí, muchos años después, con el descubrimiento de América, el cultivo de este cereal
y el uso del término pan pasaron a estas nuevas tierras. Pero en la América prehispánica
La historiografía griega se hacía pan de otras materias, como el maíz, la yuca, la papa, la
quinoa y el amaranto o kiwicha.
menciona más de 70 variedades
de pan que se cocían en los hornos
Recordemos que el documento base del Diccionario de la
de piedra o de barro de la lengua española es el Diccionario de autoridades (1726-
Grecia clásica 1739), y que allí, en su edición de 1737, se llama pan a todo
lo que, en general, sirve para el sustento diario. O sea que, en definitiva, el pan
no se hace solo con harina de trigo. Creerlo es una idea errónea de la hegemonía
alimentaria europea en América.
De un arte a la masificación
El pan de trigo fue adoptado por la antigua Grecia. Los griegos, adiestrados por los egipcios,
se convirtieron en los grandes panaderos de la humanidad. Homero, el gran poeta griego del
siglo VIII a. C., los llamó «comedores de pan». Con justicia, porque los griegos mejoraron los
molinos hidráulicos y los hornos de pan, y les dieron respetabilidad a los panaderos.
Platón, el gran filósofo ateniense del siglo V a. C., discípulo de Sócrates y maestro de
Aristóteles, nombra al panadero Théarion o Theanos en uno de sus diálogos, lo que
indica que tenía un valor en la sociedad.
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La historiografía griega menciona más de 70 variedades de pan que se cocían en los
hornos de piedra o de barro de la Grecia clásica. Incluso, el noble Crisipo de Tiana
escribió Artokopikos, un curioso tratado sobre el pan.
El pan de harina de trigo, al menos el amasado, era hecho inicialmente por los esclavos
en las casas. Después, con los panaderos griegos, la actividad se convirtió en una
suerte de gremio llamado collegium, que transmitía el conocimiento sobre el pan,
o ars pistórica, como le llamaban al arte de cocinar este alimento.
En el año 30 a. C., había unos 300 lugares en Roma donde los panaderos griegos
elaboraban pan: se trataba de casas o sitios informales. Se distinguía el pan por su
función. Había, entonces, panes modestos, conocidos como panis militaris para los
soldados, y panis plebeius para los pobres, estos últimos hechos con harina integral.
El pan blanco tenía la concepción de pureza y era consumido por los ricos. El integral,
o negro, era el alimento de los menos favorecidos.
21
Durante la Edad Media europea, el pan recibió muchos cambios. El uso de la levadura
natural fue introducido por los romanos en 1191. Dejó de hacerse exclusivamente
en las casas, y su elaboración se convirtió en una actividad comunal. Aparecieron
los primeros locales de panaderías organizadas en las ciudades más pobladas y se
incorporaron los hornos de leña.
El sabio don Arístides Rojas (1826- En la década de 1920, empezó el uso de los primeros aditivos
1894) cuenta, en su Crónica de para fortificar y conservar el pan. Se dio, entonces, el proceso de
Caracas, publicada póstumamente transición de la panadería artesanal a la panificación industrial
en 1946, que la primera panadería moderna.
en la capital fue abierta, en 1825,
por un francés En 1961, se aplicó por primera vez en Inglaterra el proceso
de panificación Chorleywood, que consiste en mezclar a alta
velocidad grasas duras, más levadura y una serie de productos químicos, hasta obtener
una masa lista para hornearse en menor tiempo que el usual.
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Parecía que la época del pan artesanal había quedado atrás, frente al pan industrial que
comenzó a distribuirse en supermercados. Pero no. La tendencia por comer sano de los
últimos años le devolvió su valor a la panadería artesanal. Al usarse de nuevo masas madre
y aplicar la larga fermentación, se ha demostrado que este pan es más saludable que el
industrial por ser más digerible y ofrecer una mayor cantidad de fibra.
Semillas de trigo fueron llevadas por Cristóbal Colón, en 1493, a la isla La Española,
pero su cultivo no prosperó. Nuevos intentos se hicieron en otras regiones americanas,
para cultivarlo en una mayor escala, aunque solo lo encontramos, según los escritos de
los cronistas, extendido en algunas zonas de México, Chile y Argentina. Se elaboraba
pan de trigo en toda América, pero con harina importada de España.
La población creció, a pesar de que Cubagua era pequeña y el suelo casi estéril. El agua
y la leña había que traerlas de la cercana isla de Margarita, más extensa, dijo el poeta
y tesorero de la ciudad, Juan de Castellanos, en el siglo XVI.
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A pesar de todas las carencias, se comía pan hecho con harina de trigo traída, a
elevados precios, desde Sevilla. De allí, venían la harina y muchas otras mercaderías:
miel, alcaparras, pasas, almendras, nueces, dátiles, ciruelas pasas, higos, clavos,
jengibre, canela y conservas de pera, membrillo y durazno.
A pesar de todas las carencias, en Poco tiempo, sin embargo, duró la población de Cubagua.
Cubagua se comía pan hecho con La ciudad fue desapareciendo, debilitada por las insurrecciones
harina de trigo traída indígenas de 1520 y, años más tarde, entre 1535 y 1541, fue
desde Sevilla devastada por un fuerte huracán y un terremoto.
Mientras tanto, el cultivo del trigo se extendió a la tierra firme de Venezuela, donde se
cultivó en varios sitios, durante la época colonial. Lo menciona Juan de Pimentel en su
Relación de 1578. José Luis de Cisneros decía que en Trujillo «se coge mucho trigo; su
harina es hermosa», en su relación de la provincia de Venezuela, de 1764.
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Pero a finales del siglo XIX, hacia 1883, el trigo solo se cultivaba en los estados andinos
y en la Colonia Tovar. Años después, en 1924, la gran mayoría de la producción
nacional de este cereal provenía de Mérida, aunque el volumen estaba en clara
desventaja frente al trigo importado. Entonces, el consumo de pan había aumentado
en el país, y la oferta no alcanzaba a satisfacer la demanda, y había que importar el
trigo en cantidades crecientes.
Se instalaron en Caracas varias panaderías, controladas por dos familias, los Ramella
y los Montauban, que compitieron fuertemente entre sí desde finales del siglo XIX.
Se pensaba, inicialmente, que ambas familias eran de origen francés. Pero el pionero de los
Ramella, Giuseppe, fue —según la investigación que Miro Popić detalla en su libro Leer para
comer (2023)—, un italiano que emigró a las islas Canarias y, de allí, a Venezuela. Él y su único
hijo varón, Pablo, «fundaron una de las más importantes cadenas de panaderías de Caracas».
Había otros panaderos como A. Banchs, que tenía dos panaderías, una de estas en la
esquina de Solís, y se publicitaba como el único oferente del «auténtico pan francés».
O Benigno Otazo, con Las Tres Naciones. O Joaquín Barnola, con la de El Chorro.
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A veces, había cambio de propietarios. Por ejemplo, la de Ferrenquín fue creada por el bearnés
Pablo Layrisse y luego cambió de dueño. El suegro de Layrisse era el canario Francisco
Marrero, quien tuvo varias panaderías en Caracas, una de las cuales fue la de Manduca.
Durante esos años, creció la rivalidad entre los dos grupos que se repartieron la ma-
yor parte del mercado del pan en la capital. Los Ramella, liderados por Pablo, estable-
cieron, entre 1852 y 1894, cinco panaderías en varias esquinas de Caracas: Gradillas,
Ferrenquín, Peinero, Altagracia y Guanábano (la levantada en esta esquina en 1894 era
famosa por su pan de piquito).
Para entonces, era costumbre que estos negocios no tuvieran nombres propios, sino
que se les asignaba el de la respectiva esquina en la que funcionaban.
El pan se elaboraba en
En 1915, el grupo de los Ramella estaba controlado por Lucas
las casas hasta principios del Ramella Martínez, médico y panadero de la tercera generación
siglo XIX, y desde allí, en la de la familia, quien introdujo varias innovaciones tecnológicas
mayoría de los casos, se distribuía en sus panaderías. Bajo su gestión, fue creado, en 1905, el pan de
a los clientes a través de las jamón, de acuerdo con una minuciosa investigación periodística
pulperías de Miro Popić, cuya obra es fundamental para entender los
entresijos de la historia de la gastronomía venezolana.
La sociedad de Juan Montauban y Augusto Augé, por su parte, creó tres panaderías:
San Pablo, Miracielos y San Juan. En esta última, era muy popular su pan isleño.
26
los colores de las banderas: blanco y rojo, los de Ramella; blanco,
azul y rojo, los de Montauban.
27
Compraban los establecimientos a los panaderos nacionales o inmigrantes y creaban
nuevos comercios, hasta llegar a controlar el sector de la panificación en gran parte
del país.
28
El poeta Pablo Neruda cantaba en sus odas elementales a la misteriosa brevedad del
pan: «Pan, con harina, agua y fuego, te levantas, espeso y leve, repites el vientre de la
madre…». Y continúas ese misterio esencial de que está hecho el pan: «Qué fácil y qué
profundo eres».
*Rafael Cartay es
economista, especialista
en economía agrícola y
desarrollo agropecuario,
además de doctor en
de una cincuentena de
artículos científicos y
muchos dedicados a la
historia de la alimentación.
Profesor universitario,
investigador y escritor
29
El plano
del pan recién
horneado
Leyenda
Fundación: fecha en la
que comienza a operar la
panadería
Fundador: nombre del primer 1
dueño, lugar de nacimiento
(fecha de nacimiento)
7 Dueños que sucedieron al
fundador: nombre, lugar
de nacimiento (fecha de
nacimiento
Dirección: ubicación actual
IG: usuario en esta red social 2
Nota: Hay datos de los que
no se hallaron registros
4 7
10
7
7
6
31
32
guanábano
33
Esta preciosa vista al Ávila se cuenta y no se cree. Un espectáculo vegetal que va
cambiando de color durante el día y que incita a quedarse a desayunar, tomarse el café
de media mañana, almorzar, merendar y cenar. El olor a café recién colado y cachitos
calientes tampoco ayuda a salir de ahí. Héctor González, hornero desde hace 32 años
de esta panadería pastoreña, confiesa que ese paisaje cotidiano no lo aburre nunca.
34
Cuando Pablo Ramella murió a los 55 años, el conglomerado
pasó a sus hijos. En El nuevo libro del pan de jamón… y 26
panes más (Libros El Nacional, 2014), Popić recalca que en el
obrador de Gradillas, que heredó Lucas Ramella, nació en 1905
el bienamado pan de jamón. Se sabe que Lucas Ramella era uno
de los benefactores del Leprocomio de Caracas con donaciones
de pan y que ayudaba de igual forma a los indigentes que
frecuentaban sus negocios. En distintas fechas, esta familia
también tuvo sucursales entre las esquinas de Llaguno a Bolero,
en las esquinas de Socorro, Zamuro, Altagracia y Salvador de
Imagen tomada del libro León, entre otras. Pero la tienda de Guanábano —nombrada así
Pioneros del primer siglo por un enorme árbol que ya no está en esa esquina clave de La Pastora— pareciera ser
1864-1929: la industria
de alimentos en Venezuela. una de las más longevas entre las panaderías caraqueñas.
(Fundación Polar, 2005).
Sus barras de pan eran repartidas mañana y tarde por pregoneros, a lomo de burro,
cargadas en barriles de madera que cada panificadora rotulaba con sus iniciales. La
marca R distinguía a los Ramella. La M identificaba a las panaderías Montauban, y así
sucesivamente. Aunque competían también con otros linajes de harina, como los Barnola
o los Banchs, la de Ramella y Montauban era una rivalidad panadera en la escala de
Montescos vs. Capuletos o Caracas contra Magallanes, con ardides publicitarios para
hacer sombra al oponente y jactarse de ofrecer el mejor pan de la capital.
35
La panadería Chocolat Deli luce como un faro
en la noche de la transitada esquina Guanábano,
en la avenida Baralt.
Luego de la remodelación, se puede comer un
cachito mientras se aprecia el Ávila.
36
37
Editores, 1988). A partir de allí, la estela visible de propietarios se difumina hasta
1963, cuando Faustino Pérez Donis, para entonces dueño en funciones, felicita a los
industriales del pan desde las páginas de Trigo, una revista del gremio. Varios metros
de la fachada de esta panadería tuvieron que ser sacrificados para dar paso a los seis
canales de la naciente avenida Baralt, en 1953.
Uno de los panes más populares de El Guanábano —así, con artículo, como en algún punto
empezó a rezar la marquesina del local— era el extinto pan de piquito, según el periodista
Oscar Yanes. Era un pan ovalado e individual, de corteza tostada, crujiente y con puntas
bien agudas, en algunos casos llevaba un toque de anís dulce y era
El pan de piquito era un uno de los más económicos. Por esa misma razón, se agotaba rápido
pan ovalado, de corteza tostada, y su ausencia súbita derivó en esa frase mitad lamento y mitad
crujiente y con puntas bien advertencia: «Señores, ¡se acabó el pan de piquito!», que aplica
agudas, y era uno de los más cuando una situación muy favorable termina repentinamente.
económicos
Rafael Cartay, investigador de la gastronomía venezolana, explica
que, si bien el pan de piquito a veces se asocia indistintamente con el famoso pan de
a locha (así nombrado porque podía pagarse con esa moneda, un octavo de bolívar),
es muy probable que se tratase de panes diferentes, aunque compartieran rango de
bajo costo. El clásico pan de a locha, francés o salao —ese que sí logró sobrevivir en las
bandejas— es más blando y romo que su antiguo pariente. «No hay que confundir el
precio con el tipo de pan», sentencia. En la actualidad, los panes que más salida tienen en
Chocolat Deli son las canillas y el pan francés. Son suaves y pálidos, pues los clientes de
La Pastora prefieren sus barras no tan tostadas y con corteza fina.
Castillos de harina
Virgilio Figueredo, uno de los accionistas, que vivía en el segundo piso de la panadería,
apiló 400 kilos de harina detrás de la puerta de su casa para que los saqueadores no
entraran. Atrincherado allí, en su pequeño apartamento, el comerciante pasó el susto
de su vida mientras escuchaba el caos en la planta baja durante el estallido social del
27 de febrero de 1989.
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Abajo, su negocio quedó destruido. Neveras destartaladas, vitrinas estrelladas.
Los ingredientes desaparecieron, al igual que la máquina de café, la rebanadora y
todo lo que pudiera ser de utilidad. Irónicamente, el hermoso horno de la panadería
Guanábano sobrevivió a la debacle del Caracazo por ser una pesadísima y gigantesca
reliquia, que a leguas se ve que no hay manera de llevarse a cuestas. Pero a pesar de
que el aparato más valioso se salvó, el daño ya estaba hecho. Figueredo quedó tan
preocupado por el clima político y económico del país que decidió reparar lo que pudo,
ceder las riendas del negocio y devolverse a su natal Portugal.
Por la misma puerta, en noviembre de 1989, entró uno de los nuevos dueños. Manuel
Goncalves salió de Madeira a los 17 años para buscarse la vida. Recaló primero en
Francia, donde lo contrataron para soldar rines para autos en una fábrica de Michelin.
No le gustó. Decidió probar suerte en Caracas a los 19 años y empezó a trabajar en una
arepera atendiendo al público. Era 1972. La hospitalidad, la calidez, la prosperidad y
el buen clima de la ciudad lo ataron sin remedio. Cuando ahorró lo suficiente, compró
un bar en Catia y, luego de siete años, lo vendió para pasar al rubro panadero.
Confiesa que un negocio de este tipo no es fácil. «Al principio fue difícil, porque en esta zona
había mucha inseguridad. A veces ponía en el mostrador una bandeja completa de cachitos
y podía entrar alguien, agarrarla entera y salir corriendo», relata. «Gracias a Dios, con el
tiempo eso fue mejorando y ahora esta zona es muchísimo más segura, pero fueron tiempos
complicados, de mucho trabajo. Todos los días, a las 4 de la mañana, tenía que estar aquí,
porque teníamos que abrir a las 6, con el pan listo. Además, cerraba
«A veces ponía en el mostrador
tarde y una vez pasé semanas enteras sin ver a mis hijos: cuando
una bandeja completa de cachitos
yo me iba o llegaba a la casa, ellos estaban dormidos. Un día le
y podía entrar alguien, agarrarla preguntaron a mi mujer: “Mamá, ¿qué pasó con mi papá?”».
entera y salir corriendo»
Poco a poco logró organizarse y sumó nuevos accionistas. Reconoce que el sacrificio
rindió buenos frutos. «Con esta panadería pude pagar la educación de mis hijos y darle
bienestar a mi familia. Aquí les enseñé a trabajar y a coordinar eso con sus estudios».
Aun así, a Goncalves y sus socios les tocó sortear tiempos difíciles, como la estricta
39
40
fiscalización de las panaderías en 2015, por la escasez de harina de trigo. «Dentro de
todo, creo que los dueños lo manejaron bien. Repartían números y ordenaban las filas
para que la compra fuera organizada», recuerda el cliente Aarón Briceño.
Pero Goncalves también supo cuándo entregar su negocio a las ideas de las nuevas
generaciones. Fueron sus hijos —y también otros socios, como Víctor Rodrigues—
quienes decidieron cerrar el local por unos meses durante la pandemia para remozarlo
y potenciar la oferta.
La nueva era
«Ahora, además de la panadería, servimos desayunos y almuerzos, arepas, sándwiches,
pizzas, hamburguesas, parrillas, ensaladas y otros platos», explica Rodrigues. «La
idea es poder ofrecerle a la gente de este lado de la ciudad un lugar agradable para
comer, con productos de calidad y precios atractivos». Fueron ellos también quienes
adornaron con un mural multicolor del doctor José Gregorio Hernández la calle que
los acoge, por haber sido uno de los habitantes más célebres de esta parroquia. «A los
vecinos les gustaron los cambios; sentimos que están contentos».
Samuel Correia es nieto de Graciela Ruiz lo compra allí religiosamente cada diciembre. Vive a tres cuadras de la
un panadero madeirense.
A los 22 años, comanda panadería desde hace casi 50 años y asegura que todo lo que preparan en este obrador
al equipo y ha ganado dos es de calidad. «Aquí en La Pastora valoramos mucho lo nuestro. Nuestra iglesia,
ediciones del concurso
El Cachito de Caracas. nuestras calles… Esta es nuestra panadería; ella tiene su lugar en esa identidad».
41
Reconoce que todavía no logra llamarla por el nombre nuevo. «Es la costumbre. Para
mí siempre será la Guanábano. Además de hacer buenos panes, atienden muy bien»,
explica esta educadora que la frecuenta desde hace casi cinco décadas.
¿Y el famoso pan de piquito de este lugar? Se acabó. Goncalves explica que cuando
compró su parte del negocio, desde hacía muchos años ya no se preparaba. «Los
caraqueños ya no compran tanto pan como antes. Antes necesitábamos de 15 a 20
sacos de harina de 45 kilos para la producción del día. Ahora, con 5 sacos hacemos
todo». Lo que sin duda sigue resistiendo los embates del tiempo es la fidelidad de la
clientela, pues los lugareños se han ocupado de que el negocio se mantenga en pie.
«Yo aquí en Venezuela jamás me «Decidí ayudar a los loquitos y a los malandritos de la cuadra,
para llevar la fiesta en paz y, después, resultó que ellos me
he sentido extranjero. Todo el
cuidaban a mí al abrir y al cerrar, para que nadie se metiera
mundo me ha tratado con respeto.
conmigo. En Europa, creo que eso no pasaría nunca: allá
Por eso, ni mis hijos ni yo nos la gente es más fría y todo el mundo anda en lo suyo. Los
hemos querido ir del país» venezolanos somos más divertidos y generosos», explica.
«Aquí se ve como algo normal, pero eso de que alguien llegue al mostrador pidiéndome
un pancito, porque tiene hambre, y que cualquier cliente, teniendo mucho o poco, me
diga: “Sí, déselo, yo se lo brindo”, no pasa en todas partes».
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La edad de este enorme horno fabricado por «Comercial
*Magaly Rodríguez Alisetti, Caracas» es incierta, aunque cabe presumir que
se instaló entre los años 40 o 50, por la estética de su
es periodista, librera y logo. Aún hoy, este dragón impasible cuece en orden la
asesora editorial. Trabajó producción diaria de Chocolat Deli Café.
«Es un horno de palín. De esta hilera de compuertas,
en la revista Todo en abres y cierras solo las que necesitas, y con esta pala plana
metes y sacas los panes», explica Samuel Correia, jefe de
Domingo, de El Nacional,
panadería. Al fondo, las piezas se cuecen sobre una piedra
y es cofundadora de la a altas temperaturas. «A diferencia de un horno actual,
este mantiene una temperatura bastante estable. Todo
librería gastronómica queda muy bien».
Sabores de Acá.
43
El cachito de Chocolat Deli Café
ha ganado fama en los últimos años.
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Cachito La panadería Guanábano era conocida en sus inicios por el pan de piquito, que
quedó inmortalizado en una canción de la Dimensión Latina: «Pan de piquito,
con vista caliente está». Ahora, en su última etapa, con el nombre de Chocolat Deli Café,
el negocio adquirió fama por su cachito.
al Ávila Otra novedad fue la remodelación del local, con la que se abrió un amplio ventanal
Juan Carlos en el piso superior que ofrece la experiencia placentera de sentarse a comer,
Bruzual* mientras se disfruta del imponente cerro Ávila que está allí, frente a uno.
«¡Señor!, aquí está su cachito de jamón y su malta», interrumpió la mesera mi
estado de contemplación del icono natural de Caracas. Lo agarré entre mis manos
y le tomé una foto con la hermosa montaña detrás, para inmortalizar el momento.
El cachito de la antigua panadería Guanábano es de color oscuro, su miga es
suavecita y de tono beige, ligeramente hilachada. El sabor láctico, propio de la
mantequilla, no está presente como una característica organoléptica importante,
quizá por el uso de alguna grasa hidrogenada (margarina o manteca vegetal)
o de una mantequilla baja en sabor.
Tiene una buena cantidad de relleno (jamón cortado en cuadros grandes y tocineta
tostada) en relación con la masa. La mayoría de las panaderías, regularmente, usan
entre 70 % y 100 % de jamón con respecto al peso de la masa. En esta oportunidad,
no nos quisieron decir la relación, pero seguro está alrededor de 80 %.
Esta panadería obtuvo el premio al Mejor Cachito de Caracas en un concurso que
ha organizado en los últimos años la Panificadora Pastelpanes. En la primera
edición, la Chocolat Deli se llevó el galardón en la categoría tradicional, en una
final en la que compitieron más de una docena de panaderías. Al año siguiente,
repitió el galardón en la segunda edición, con mayor asistencia de establecimientos
*Es panadero, cocinero
participantes.
y, desde el año 2007,
Parece ser una tradición que donde hay buen cachito, se consigue un óptimo pan
director del IEPAN, la
de jamón, y en este caso se confirma. Lo probé en diciembre de 2023 y me pareció
escuela de panadería
una buena opción, por la relación calidad-precio. Fue el más económico que
caraqueña donde se formó.
encontré en un recorrido por varias panaderías.
Recorre panaderías para
compartir lo que
hacen mejor.
45
46
angela
Giuliana Chiappe*
47
Diamantino Martins creció alimentado por los panes que su mamá cocía en un horno
de ladrillos con trigo cultivado por su familia y procesado en el molino de su pueblo,
Gavião, en la histórica región de Alentejo, al sur de Portugal. ¿Esos aromas eran, acaso,
ligeras ráfagas de su futuro? Décadas más tarde, Diamantino y su hermano Manuel
serían los dueños de una panadería en una esquina de una lejana ciudad, Caracas,
y replicaría esas fragancias y sabores que aún mantiene en su memoria.
Panes portugueses
A diferencia de muchas panaderías regentadas por inmigrantes portugueses, la Angela
es una de las pocas en Caracas que sí vende panes típicos de esa tierra: el popular pan
de la abuela, los de maíz, el pan de Ló y el bolo rei, entre tantos otros. Además, son
reconocidos por sus panes gallegos alargados y redondos.
48
Fue fundada en la década de los 50 del siglo XX por el italiano Vittorio Salvatore,
quien en 1967 la traspasó a la sociedad Hermanos Da Silva y, pocos años después,
a Diamantino y su hermano Manuel, quienes estuvieron unos años alquilados y,
finalmente, la compraron en 1990.
Era la época en que la palabra valía tanto como tanto como el dinero, incluso ante
las autoridades. Diamantino recuerda que metían las facturas en «un saco de harina
vacío» y con eso acudían a pagar sus impuestos. El pan se despachaba a las casas, si
el cliente quería, y se vendía a crédito. «Ahora, todo ha cambiado mucho», dice con
un acento de melancolía.
El pan de maíz, o broa, es de origen luso, pero también se elabora en algunas regiones
de España. La panadería Angela lo vendía en varios tamaños y los acomodaba en
cestas metálicas, al alcance de los comensales, para que ellos escogieran sus favoritos.
Ahora solo lo hacen los fines de semana o por encargo.
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Uno de los panes más recientes que incorporaron a su menú panadero es el
de la abuela. Lo preparan todos los días y es de los más vendidos.
50
La Angela tiene clientes
fieles, generaciones de
familias que han desfilado
por los mostradores.
51
Hasta hace pocos años, de los hornos de la panadería Angela solo salían pasteles de
Belén los viernes y sábados, pero ahora se preparan todos los días, porque tienen más
equipos y porque la gente los compra más.
«Me gustó Venezuela desde los primeros días», recuerda Diamantino Martins.
Al llegar a Caracas, a principios de los años 70, Diamantino contaba poco más de
20 años, pero asumió el oficio de la panadería reconociendo en él su propio futuro.
Manuel, que había emigrado años antes, laboró un tiempo en una fábrica de harina, en
la que aprendió con profundidad sobre su principal ingrediente. Mientras, Diamantino
continuaba al lado de su tío, hasta que los hermanos Martins pudieron comprar su
primera y única panadería: la Angela.
Ya Manuel falleció, pero Diamantino cuenta con el apoyo de su hija Marianna, quien se
ocupa de la administración y, a la vez, de preservar el aromático legado de su papá y su tío,
y de impulsar los sabores de la panadería para hacerla conocida en toda Caracas.
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Marianna se graduó como TSU en Comercio Exterior y como licenciada en Derecho
en la Universidad Central de Venezuela. Se casó y ejerció como abogada en la Fiscalía
General de la República. Pero en 2017, quiso dejar la Fiscalía.
Desde entonces, no ha parado: «Me apoyé en el personal, que tiene muchos años
con nosotros, y ahora me ocupo de la administración, de la caja, de la nómina, de los
proveedores, de los impuestos, de los trámites bancarios y de resolver cosas, incluso
si se acaba un botellón de agua». El choque generacional existe, pero Diamantino y
Marianna han aprendido a dejarlo fluir. «Mi papá me escucha y es muy abierto.
Lo que más me costó es que aceptara abrir las redes sociales. Para convencerlo, llegué
a decirle que yo lo pagaba de mi plata. Las activamos en mayo de 2023 y han sido un
éxito, un ganar-ganar. Por ellas, el IEPAN vino a conocernos y nos trajo muchísimos
seguidores», rememora.
«En estos casi 40 años hemos tenido épocas difíciles. Una de las que peores que
recuerdo fue cuando (Jaime) Lusinchi (presidente de Venezuela entre 1982 y 1989)
obligó a los panaderos a comprar una parte de harina de arroz y una de harina de
maíz por cada dos de trigo. Podíamos utilizar la de maíz en algunos productos, pero
perdíamos la de arroz», comenta Diamantino.
En compensación, a diario y desde hace un año, las cestas se llenan con panes de masa
Una de las pocas que ofrece madre, que los consumidores han descubierto recientemente y que ha ganado clientes
productos de tradición
portuguesa. fieles. «Una vecina diabética compra uno o dos diarios, porque dice que no puede
53
Diamantino Martins
con su hija Marianna,
vivir sin pan y que estos le mantienen la glucemia en los niveles correctos», cuenta
quien lo acompaña en
la administración del Diamantino, muy orgulloso.
establecimiento.
Empezaron a elaborar los panes de masa madre a mediados de 2023, después de una
visita del equipo del IEPAN, liderado por Juan Carlos Bruzual. En 2021, Diamantino
había hecho un curso de masas madre en la escuela Fernetto de Portugal, pero
no había llevado ese conocimiento a los hornos de la Angela. «Le dije a papá que
probáramos y comenzamos a hacerlos», apunta Marianna.
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La Angela tiene clientes fieles, generaciones de familias que han desfilado por los
mostradores de esta icónica panadería y personas que laboraron en las inmediaciones
y, aunque dejaron sus trabajos, continúan visitándola, pues aprecian que la calidad se
mantenga tal como la recuerdan.
Durante todo el día, y hasta los primeros años de este siglo, esa modesta esquina
de Candelaria estaba activa: a media mañana o media tarde llegaban en grupo los
trabajadores de la zona, especialmente los del diario El Universal, a conversar y
disfrutar de un café, cuya calidad siempre ha sido reconocida. Era, también, el sitio
favorito para un almuerzo rápido, que podía ser un sándwich de pan gallego con queso
y embutidos.
Diamantino, que conocía a todos, extraña esa dinámica, esa «buena época», como la
llama. Los recuerda por sus nombres e, incluso, lo que más pedían. Los ojos se
le empañan cuando recuerda a algunos ya fallecidos.
También ha visto cómo el poder adquisitivo de sus vecinos ha decaído: ya no compran igual
que antes. Otras personas vienen en la noche a rebuscar en la basura. Y admite, bajando
la voz: «Yo regalo panes todos los días. Noto a muchas familias necesitadas».
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todos los clientes asiduos saludan por su nombre. Su panadero, Ediover Rincón,
más conocido como el Maracucho, tiene 28 años en el obrador.
El que se achanta...
Diamantino viaja constantemente a Portugal y de cada visita se trae algún secreto,
una nueva técnica, un pan que probar. Así comenzó a preparar su hoy famoso pan
de la abuela, el que más venden en la actualidad.
También innovó con la masa madre, y con ella leuda panes de varios sabores.
En sus planes a mediano plazo está incorporar un pan de centeno y croissants, también
de masa madre.
«Del curso de masas madre que hice, me traje un frasquito con fermento que me
regalaron y que tiene unos 20 años. Aquí hice otra masa madre. A ambas las cuidamos
con esmero, les mantenemos su pH en los niveles adecuados y son el pie1 de los panes
que hacemos a diario».
1
Pie es un prefermento de masa que se utiliza como ingrediente en la elaboración de otro pan. En las panaderías,
suele usarse como pie pequeñas porciones de masas preparadas el día anterior.
56
*Giuliana Chiappe es
la fuente de gastronomía.
profesión, trabajó en
El Universal y frecuentaba
la panadería Angela, lo
evolución y transformación
57
La costra del pan de la abuela parece
rústica, pero es delgada y crujiente.
58
Pan de A mediados de julio de 2023, llegué a la Angela, buscando su famoso pan gallego,
pero salí de allí con un nuevo amor: el pan de la abuela, el secreto mejor guardado
la abuela: de la panadería caraqueña.
En este negocio han logrado combinar muy bien la producción de tres rubros de panes
amor muy importantes. Primero, se pueden identificar los rústicos o de corteza crujiente.
Luego, los tradicionales o propios de Venezuela y, por último, una buena variedad
al primer de panes portugueses que rinden honor a sus orígenes.
Es el caso del pan de la abuela: un panecillo redondo, de forma irregular y ligeramente
mordisco aplanado. En otras panaderías hacen una versión alargada, como una barrita.
Lo que hace especial al creado por el señor Diamantino Martins es la corteza y los
Juan Carlos alvéolos. La costra parece rústica, pero es delgadita y muy crujiente, y su color
Bruzual no es tan pronunciado u oscuro; al contrario, es dorado claro. Su miga es de tono beige,
no es abundante; más bien, escasa pero jugosa y ligeramente gelatinosa.
Los alvéolos de este pan de la abuela son como la joya de la corona: son grandes. En lo que
respecta a sus características organolépticas, sabor y aroma, específicamente, estos pueden
variar de una panadería a otra, dependiendo de la manera de trabajar de cada panadero.
En el caso de la Angela, es un pan que se amasa y hornea el mismo día; no tiene afrecho
ni harina integral y es leudado con levadura comercial.
El pan de la abuela es complejo de elaborar. Es una masa muy hidratada, que tiene
entre 80% y 90% de agua, lo que lo se convierte en una dificultad, por lo que hay que
usar buena cantidad de harina para cortar y formar.
Los amantes de los panes crujientes encontrarán en este el pan perfecto para
sándwiches especiales. En una segunda visita a la panadería Ángela, ya con la
intención de conocer más sobre sus panes de la abuela, el señor Diamantino, alma
y motor de este negocio, nos preparó unos sándwiches de queso manchego, jamón
serrano y un chorro generoso de aceite de oliva. Probarlo fue como tocar el cielo con
la lengua. No hizo falta más nada.
Fue amor al primer mordisco.
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60
la kasher del este
La panadería de la
errancia y la jalá bíblica
Las primeras jalot que se conocieron en
Caracas se hacían en las casas, porque
no había panaderías ni restaurantes
judíos. En 1962, la pastelería Garber,
en San Bernardino, comenzó a vender
el pan del sabbat. Desde entonces, este
negocio ha tenido cuatro nombres,
dos ubicaciones; sus dueños, tres
nacionalidades. Solo algo se mantiene:
una receta.
Jacqueline Goldberg*
61
En Caracas, la jalá —palabra del hebreo que significa literalmente ‘pan’— atestigua
un ir y venir en el que caben los mismos vocablos que ha conjugado el pueblo judío en
su milenaria historia: migrar, exiliarse, renacer.
La receta de este pan propio del sabbat y días festivos debió viajar en los baúles
memoriosos de los primeros judíos que arribaron a Venezuela en el siglo XVI, todos
sefardíes. Si bien este pan trenzado nació en el sur de Alemania, en el siglo XV, con
impronta askenazí —judíos oriundos de la Europa central y oriental—, aquellos
fundadores de las primeras instituciones judías de Caracas los amasaban a su manera,
como la aprendieron en España y Marruecos.
La jalá trenzada, como la conocemos hoy, llegó con los askenazíes poco antes, durante
y después de la Segunda Guerra Mundial. Se impuso con un sabor dulzón, semillas
de ajonjolí o amapola y una masa más ligera —tipo brioche— que los sefardíes
desconocían, pero no tardaron en disfrutar y hacer propia.
Hoy, la popularidad del pan del sabbat es tal que se consigue en Caracas en varios
establecimientos estrictamente kasher —uso menos frecuente que kosher— y en otros
que no lo son, como Rey David, Pan de Tata y Brothaus, esta última panadería ubicada
62
justo enfrente de La Kasher del Este, en un piso que tiene rostro de acotada judería
comercial, como las hay en tantos otros países.
La jalá era una porción que se apartaba del pan y se ofrendaba a los sacerdotes del Templo
de Jerusalén. De ahí que, según la ortodoxia, debe haber una gran masa y de ella separarse
La jalá trenzada, como la una exacta cantidad de panes. En memoria de aquel templo,
construido sin usar herramientas filosas, durante la cena de sabbat
conocemos hoy, llegó con los
los sefardíes cortan el pan con la mano, mientras los askenazíes
askenazíes poco antes, durante
lo hacen con cuchillo, como con cualquier pan. Antes del rito,
y después de la Segunda Guerra las hogazas permanecen arropadas con un pequeño mantel que
Mundial recuerda que el maná de los ancestros cayó del cielo cubierto
de rocío, y se recitan oraciones en cada uno de los pasos de hechura y yantar del pan.
En la mesa del sabbat, antes de comerla, algunos ponen sobre la jalá granos de sal
como símbolo de la conexión inalterable con Dios. En Rosh HaShaná —el año nuevo
judío— se baña en miel para que el año sea dulce.
Primer desembarco
El primer establecimiento que vendió jalá a todo público, en Caracas, fue la Pastelería
Garber, en la avenida Los Próceres de San Bernardino, urbanización en la que
desde los años cuarenta del siglo XX se fue asentando la comunidad judía y que se
promocionaba en el semanario El Mundo Israelita de 1943 como «el barrio residencial
más selecto y próximo al centro».
Fue fundada en 1962, por una pareja de rumanos supervivientes del Holocausto,
oriundos de Secureni. Él, Mendel Garber, nació el 17 de junio de 1912 y ella, Sonia
63
Eainstein, el 18 de enero de 1914. Se conocieron en 1937 y ese
mismo año se casaron. En 1938, con un hijo recién nacido y la
Segunda Guerra Mundial encima, huyeron a Taskent, capital
de Uzbekistán.
Segundo desembarco
En 1978, los Garber quisieron apartarse de las agotadoras
rutinas de los hornos. Él más que ella, cuenta la nieta. Pero
deseaban que la panadería siguiera atendiendo a la comunidad
judía. Manifestaron esto al rabino Pynchas Brener, quien
agradeció el gesto y vio una oportunidad largamente anhelada.
Como rabino principal de la Unión Israelita de Caracas y
vecino de la zona, deseaba que el local cumpliera con el kashrut
—‘apropiado’ en hebreo—, conjunto de preceptos de la Torá y el
Mendel Garber y su esposa, Sonia Garber, en la Unión Talmud que determinan con exactitud los alimentos permitidos
Israelita. En el medio, Dini Garber, su hijo mayor, el día
de su boda. foto cortesía de denise cohen. y prohibidos según el judaísmo, como no mezclar productos
64
cárnicos con lácteos —ni los utensilios usados para unos u otros—, solo ingerir
animales rumiantes y con pezuña partida, y peces con aletas y escamas.
Los Truzman llevaban tan solo cuatro años en Venezuela. Él nació en Tetuán,
Marruecos, el 20 de mayo de 1938. A los 12 años partió para estudiar en una
yeshivá en Sunderland, Inglaterra. Ella nació en la ciudad marroquí de Taza, el 21
de octubre de 1946. A los 11 años se mudó a Melilla —donde su papá fue joyero—
y en 1961, con sus padres, ocho hermanos, todos sus abuelos, tíos y primos, se
instaló en la ciudad israelí de Kiryat Mal›aji, a la que viajó el rabino en 1962,
para casarse con ella.
En 1967, apenas culminó la Guerra de los Seis Días —en la que el rabino Truzman
fue soldado—, viajó a Venezuela, donde vivían su mamá y sus tres hermanos. Querían
La jalá que venden es la comprobar que seguía con vida. Le dieron trabajo en Caracas, pero no aceptó.
creada por Alice Banamú
de Truzman (izq. en la Le ofrecieron ser rabino principal de la comunidad de Maracaibo, aunque no se sintió
imagen). foto cortesía de a gusto y volvió a Israel. En 1969, recibió una carta desde Curazao invitándole a ser
menahem truzman.
rabino y maestro en la isla. Viajó y al mes le dijo a su esposa: «Vienes, quieras o no».
Alice se encaminó a Willemstad con tres niños pequeños.
En 1974, con la aspiración de una educación más ortodoxa para sus hijos, la familia
se trasladó a Caracas. El rabino fue maestro en la Academia Yavne —entonces sección
religiosa del Colegio Moral y Luces «Herzl-Bialik»— y luego de dos años pasó a ser
rabino en la Unión Israelita de Caracas.
65
Alice de Truzman cuenta que ella y su esposo se encargaban de
todo, siempre con el apoyo de panaderos entrenados. El local,
pequeño y remozado para ser kosher, conservó el ventanal que
miraba hacia la calle. Ella añadió a la oferta los petit fours,
dulces en miniatura de origen francés, típicos de las bodas
judías. Un cliente asiduo era el primo del rabino, el reconocido
presentador de televisión Amador Bendayán.
«La jalá que hacían los Garber fue muy buena, pero la de los Truzman era inigualable,
tanto que en Miami la extraño cada viernes», reconoce el rabino Brener.
Tercer desembarco
En 2008, los esposos Truzman decidieron emigrar a Florida, Estados Unidos. Habían
negociado la venta del local —entonces llamado Zaki, en honor a un hijo—, pero
horas antes de partir, la transacción se deshizo. Ese último día habían estado frente
al mostrador.
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Un poco sin pensarlo, pero consciente de la responsabilidad que significaba para toda
una comunidad, el hijo mayor, Menahem Truzman Benamú, se encargó de inmediato
de la pastelería.
El nuevo patrón nació en la ciudad israelí de Rehovot el 27 de junio de 1963. Tenía tres
años cuando dejó la tierra natal y doce cuando salió de Caracas para formarse para
su bar mitzvá en una yeshivá de Baltimore. Hizo el bachillerato entre Miami Beach y
Cleveland. En Caracas, se graduó como programador; en Nueva York, estudió Ciencias
de la Computación y Administración de Empresas. En 1987, se asentó por fin en la
capital venezolana sin imaginar que le nacerían raíces de harina.
Con la llegada de la pandemia por el covid-19, en marzo de 2020, todo se hizo más
cuesta arriba y se aceleró lo inevitable. Buena parte de la comunidad judía, con sus
miembros e instituciones, había iniciado en los años 80 una migración hacia el este
de Caracas: colegio, sinagogas, cementerio.
67
Desde sus inicios, este negocio ha atendido a la
comunidad judía en Caracas.
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temprano. «Por meses, el público no pudo sentarse en nuestras mesas, porque había
desánimo y miedo a la enfermedad. Mi tranquilidad era —y es— contar con empleados
venezolanos que saben todas las recetas y secretos. El pastelero, Omar Corales, tiene
20 años con nosotros. Si a mí me dejan solo, no hago ni una galleta».
En La Kasher del Este, las fórmulas de los Truzman son vigiladas por un mashguiaj
—‘supervisor’ en hebreo— quien, bajo la orientación religiosa de la Asociación
Israelita de Venezuela, garantiza que todos los productos sean kosher y parve
—‘neutro’ en hebreo—, palabra que engloba ingredientes que no se derivan de leche
ni de carnes.
Las neveras muestran también pasta seca y tortas tradicionales como Selva Negra y
Ópera. Son muy solicitados los pie de limón y de manzana, los cachitos o croissant de
chocolate y, más reciente, baklawa. Asimismo, se hacen galletas saladas para untar
con cremas de berenjena, garbanzo y cocha, esta última típica sefardí, con pimentón
*Jacqueline Goldberg
y tomates. Con el interés de expandir públicos, horarios y gustos, ofrecen desayunos,
es poeta, narradora,
almuerzos, pizzas y sushi.
autora de libros
infantiles y editora.
Jueves y viernes son de corre corre. La producción de jalá arranca el jueves. Se hornean
Nació en Maracaibo
alrededor de 40 panes para vender al día siguiente a madrugadores y atender encargos.
en 1966. Ha trabajado
El viernes, trabajan hasta las primeras horas de la tarde; cierran los sábados para
en publicaciones
volver a abrir el domingo, como todos los locales religiosos en Israel y en la diáspora.
gastronómicas y como
historiógrafa de la
Los viernes, se producen 150 jalot en 25 bandejas, y 185 jalitas, como llaman ahora
comunidad judía. La jalá
a los panes pequeños, otra de las herencias que dejó Alice de Truzman, quien no ve la
de su memoria es la de su
hora de volver a Caracas, conocer la nueva criatura familiar y comprobar lo que tanto
abuela paterna: dulzona,
dicen sus correligionarios: que la jalá es la de antes, la de siempre.
de impronta polaca y
con la frustración de no
atreverse a hacerla.
69
La jalá clásica, con su formado tradicional de dos hebras elevadas.
70
Jalá: Al entrar, un viernes, en La Kasher del Este, se percibe el aroma a pan recién
horneado, a pesar de que solo hacen un tipo: la jalá. Las bandejas con las hermosas
la trenza trenzas de distintos tamaños ocupan mostradores y carritos.
Me emociona conocer de cerca el valor cultural y religioso de este pan. Se siente
que en el ambiente que en la tarde comienza la celebración del sabbat para los judíos.
Los clientes entran ansiosos en busca de sus pedidos, que se ven ordenados en los
deshilacha estantes, cubiertos en bolsas de papel e identificados con apellidos de familias judías
fieles a la costumbre.
Juan Carlos En esta panadería, regularmente, hacen tres tipos de jalá: la clásica, con su formado
Bruzual tradicional (dos hebras elevadas); la jalita, igual a la clásica, pero en un tamaño
más pequeño y con otro trenzado (un nudo de una hebra), y la que ellos llaman jalá
integral (que no es integral, sino enriquecida con un poco de afrecho). La apariencia
de esta última es diferente: el trenzado es de dos hebras y con forma de bola.
Técnicamente, este pan posee unas características particulares en su textura.
La principal es que se deshilacha abundantemente, debido a su alto contenido
de proteína, huevos y yemas, y al formado, que también ayuda.
La miga es muy suave y esponjosa. Tiene alvéolos pequeños y el color es amarillento.
Su sabor es de tono dulce y se percibe un ligero aroma a fermento. La corteza es de
un color dorado oscuro intenso. Al probarla, se potencia su gusto y nos entrega otro
sabor: el de las semillas de ajonjolí.
En La Kasher del Este, la jalá no se hace con masa madre natural. Su dueño,
Menahem Truzman, nos comentó que la elaboran «con mucho cariño», como
la hacía su madre, con una receta que se mantiene intacta. Valoro esta posición,
pero creo que ganaría mucho si le incorporaran masa madre natural.
La jalá, por lo que representa, es uno de los panes más importantes del mundo.
71
72
nobile
En Puente Hierro se
multiplican los panes
Las dos familias que amasaron la historia
del obrador de Puente Hierro
son inmigrantes: una procedente de Italia
y la otra de Portugal. Ni la escasez ni el
racionamiento de ingredientes, y menos
aún la pandemia, han minado el espíritu
de la Nobile. Gracias a eso, cada mañana,
unas 150 personas esperan pacientes
a que Francisco Tavares les regale un tibio
bocado de pan.
Gabriela Rojas*
73
Ni los Nobile ni los Tavares tenían conocimiento previo de cómo hacer pan.
No descendían de familias panaderas, no conocían el oficio ni guardaban con celo
alguna receta de sus antepasados.
74
Con una marquesina de letras cursivas fue identificado el negocio que despedía un
aroma cálido de pan recién horneado, un olor que se convirtió en el sello distintivo
de esa cuadra, hasta hoy.
Las fotografías que tapizan las paredes del establecimiento muestran en sepia
lo que fue el ayer: aquella primera fachada, el salón del primer horno en el que ahora
funciona el área de elaboración y hasta la bicicleta para hacer los repartos de puerta
en puerta. Ese servicio fue un sello distintivo de la Nobile, que atendía a los vecinos
de Puente Hierro, El Paraíso y San Agustín, una zona que en los años 60 conservaba
el encanto de la periferia urbana.
El trato personalizado fue su marca. Vilma Nobile, la única sobreviviente de los tres
La bicicleta en la que eran
repartidos los panes por el hijos de Giovanni y Francesca, recuerda el peculiar regalo que hacía su papá cada
vecindario. foto cortesía diciembre. Aprendió a preparar pan de jamón con un primer toque personal: el relleno
de el estímulo.
era de jamón serrano. El segundo era que, al armarlo, usaba la masa para formar
las letras del apellido de la familia a la que se lo iba a obsequiar.
Las fechas le son esquivas a Vilma, pero recuerda la imagen de su padre montado
en una camioneta amarilla en la que cargaba las cestas con los diferentes tipos
de pan que preferían sus clientes, y a él mismo repartiendo de casa en casa.
Entre los fieles compradores, recuerda al periodista y locutor Abelardo Raidi y
al muñeco de la ciudad, el cantante y actor Héctor Monteverde. Ambos vivían
cerca de la Nobile.
No está claro para la descendiente de los Nobile cuándo comenzó a operar la panadería.
Solo hay evidencia de que se formalizó en abril de 1963, a través de la figura jurídica de
75
un fondo de comercio «del ramo de panadería y similares», y que con este instrumento
legal quedó fijado el nombre original que se mantuvo con los siguientes dueños.
Tras un corto período al frente de la panadería —del que no hay fechas precisas—,
Pinto y Barbosa les vendieron a los Tavares.
Desde los 12 años, Francisco Antonio pasó por todas las funciones de la panadería:
atendía en el mostrador, cobraba en la caja, aprendía en el horno. Mientras, su padre,
también llamado Francisco Tavares y oriundo de Aveiro, Portugal, iba ahorrando una base
económica que en dos años se convirtió en la oportunidad para comprar la mitad del fondo
que los señores Barbosa, primero, y luego Pinto decidieron poner a la venta.
Aprendices y autodidactas
Jesús Bolívar o el compadre, como prefiere llamarlo Francisco A. Tavares, fue quien inició
la larga escuela de aprendices que se convirtieron en maestros panaderos de la Nobile, todos
venezolanos. Pero Bolívar no solo enseñaba a los nuevos en el oficio, sino que junto a Tavares
fue quien perfeccionó proporciones, esencias, ingredientes y técnicas de trabajo,
que definieron la identidad que mantiene la panadería y que la diferencia de otras.
«Me ponía a observar a los maestros panaderos y les agarraba la maña. Aprendí todo
el proceso para lograr un pan de calidad y que la gente regresara. Porque si lo hacemos
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bien y les gusta, vuelven. El cliente no es para un solo día; yo lo quiero para siempre»,
dice Francisco, al rememorar las madrugadoras jornadas que arrancaban a las 4:00 a. m. ,
junto a los horneros.
Él recuerda a uno de sus maestros, Antonio Delgado, quien estuvo desde niño como
aprendiz y luego se consolidó como uno de los mejores horneros que han pasado por
la Nobile. Cuarenta años estuvo junto a ellos y no solo les enseñó a hacer pan, sino
también a comunicarse en lengua de señas, porque Delgado era sordo.
Apenas sacan este croissant recién horneado en la bandeja, la panadería huele a patio
de recreo. En las manos se deshace crujiente, mientras se aspira por el pitillo la última
gota de una bebida achocolatada.
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La panadería Nobile
tiene más de 60 años y ha
pasado por tres dueños.
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que, a punta de conversas y chistes, les pueda enderezar el día a los que llegan
buscando ánimo.
Pan, café y fe
Por la esquina donde está la panadería Nobile cruzan decenas de carros por hora.
Es uno de los accesos principales desde la autopista Francisco Fajardo para entrar
a Puente Hierro y también para llegar al centro y suroeste de la ciudad.
El letrero que la identifica está prácticamente borrado, pero casi nadie pregunta cuál es
la Nobile. No es necesario, porque varias señales te llevan a ella: un aroma envolvente a
vainilla; si es muy temprano, del pan campesino, el cachito, el hojaldre del Rambo y el pan
redondo tipo gallego de concha crujiente. Pero si es al final de la tarde, se siente el olor fresco
del pan sobado y de las canillas calientes. Será la última parada para llevar el pan a casa.
«Mi madre decía “Dios permita El otro indicio, al amanecer, de que se está en el lugar indicado
que uno siempre pueda dar y es una organizada fila de 150 personas que se van ubicando en
nunca tenga que pedir”, y eso es la acera de enfrente de la panadería, desde las 6 de la mañana,
una máxima para mí. Jamás me de lunes a viernes. Muchos adultos mayores, mujeres y algunos
ha faltado ni me faltará un pan» niños esperan a que Francisco abra el local y, uno a uno, reciben
directamente de sus manos una porción de pan sobado redondo,
que se divide en tres pedazos, con el que resuelven el desayuno.
«Mi madre decía: “Dios permita que uno siempre pueda dar y nunca tenga que pedir”,
y eso es una máxima para mí. La gente me pregunta si me rinde, y claro que sí. Jamás
me ha faltado ni me faltará un pan para darle a alguien y que pueda comer o llevarlo
a su casa», revela Tavares, para quien la fe lo es todo.
De hecho, las paredes y estanterías del local dan cuenta de eso: estampitas e imágenes
del Nazareno de San Pablo, que según cuenta, lo salvó de una profunda crisis
económica en 2002. También lo custodian en su oficina las figuras del Santo Cristo
de La Grita, de quien se manifiesta muy devoto.
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Arriba izquierda:
El hornero Ramón Ferrer
tiene 30 años cuidando de
los panes.
Arriba derecha:
Francisco Tavares con sus
hijos José (izq.) y Javier
(der.), su nieta Camila
Tavares y su esposa,
Yelictze Aular de Tavares.
Abajo izquierda:
Juan Iriarte, 40 años
trabajando como panadero
y 5 años en la Nobile.
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Las advocaciones marianas y la figura de José Gregorio Hernández en diferentes
tamaños muestran lo importante que es para él la religión católica, pero también
para quienes lo visitan. Le llevan regalos o estampitas, imágenes de santos en señal de
agradecimiento o amistad, que van nutriendo la galería de este credo en la panadería,
que se sincretiza con fotos familiares, dibujos, reconocimientos y una diversa colección
de conos monetarios para el recuerdo.
Un bocado de pan
Una maestra jubilada con cuatro nietos a cargo es una de las que hacen la cola para
el pan algunos días de la semana. Llega muy temprano para que le dé tiempo de darles
desayuno a los niños antes de que se vayan a la escuela. Francisco le da más de cinco
porciones: la de sus nietos, la de una hija que está enferma y, mientras conversan,
él se asegura de que ella se coma el pan que le está entregando.
Para organizar esa cola, también llegó Humberto Córdova, un vecino que de manera
espontánea decidió colaborar. Más que un empleo, Humberto consiguió una vocación
que, además, lo entretiene. Todas las tardes saca la corneta hasta la entrada y comparte
su variopinta selección de clásicos en todos los géneros musicales imaginables. A veces,
canta inspirado y solo interrumpe la música para hacer el anuncio con el micrófono
de que el pan está a punto de salir. En días especiales, Humberto se disfraza, según la
ocasión, y puede ser un cupido en febrero, un fantasma en Halloween o, su favorito,
el San Nicolás generoso que toca la campana cuando está listo el pan de jamón.
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Durante estos años, en la Nobile no han dejado de repartir el pan
cada mañana. «En las épocas más duras, cuando nadie tenía
pan, yo sí tenía. Agradezco mucho, por eso soy tan devoto,
porque mi Dios siempre me mantiene a flote. Mi don es luchar»,
expresa Tavares.
De allí en adelante, volvió muchas veces, no solo a tomar café, sino a presentarle
a otros compañeros de juerga: el escritor y también humorista Laureano Márquez,
el músico Miguel Delgado Estévez y los integrantes de la banda Los Hermanos
*Gabriela Rojas Naturales, quienes de vez en cuando cruzan la ciudad para ir a desayunar en esa
es periodista, profesora
esquinita de la 1.a avenida de Las Flores de Puente Hierro.
universitaria, fundadora-
impreso Entérate y
codirectora de TalCual.
Barista de ocasión y
conversadora de oficio. La
de la panadería Nobile.
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El pan de jamón de la Nobile es suave, esponjoso
y con buen balance entre dulce y salado.
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Pan de Llegué a la panadería Nobile, en Puente Hierro, a las 8 de la mañana de un martes
de julio de 2024. Compré un pan de jamón, un marroncito, una malta y pedí que
jamón con me cortaran dos rodajas.
Me senté en la barra, dispuesto a disfrutar mi desayuno navideño en el mes de julio
el guarapo y, de pronto, justo cuando iba a dar el primer mordisco, el vozarrón de Cheo García
se escuchó a todo volumen en la panadería, con la melodía Cantares de Navidad,
aguao junto a la famosa Billo’s Caracas Boys.
Mordí el pan de jamón y retrocedí 50 años, cuando vivía en Las Acacias, a un par
Juan Carlos de kilómetros de la Nobile. Tendría 7 u 8 años de edad y era 24 de diciembre. Mi
Bruzual papá, listo desde las 7 de la noche para la celebración navideña, comenzaba a poner
canciones de la Billo’s.
Un par de estrofas sonaron para trasladarme: «Hay quien tiene todo, / todo lo
que quiere, / y sus navidades / siempre son alegres./ Hay otros muy pobres que
no tienen nada, / son los que prefieren / que nunca llegara».
Siempre me parecieron unos versos muy tristes, pero esta vez me llenaron de
sentimientos encontrados: por un lado, los recuerdos felices de la Navidad con mi
papá, mi mamá, mis hermanos, sobrinos y muchos primos; por otro, lo poco que
queda de esa celebración.
¿Qué podemos decir sobre un pan que nos genera tamaño sacudón emocional?
Solo que Dios bendiga las manos y el corazón bondadoso de Francisco Tavares, para
seguir disfrutando de esta maravilla de pan de Pascua.
Es suavecito, esponjoso, bien resuelto, balanceado entre el dulce y salado, y con una
potencia de sabor a Navidad capaz de alimentar nuestros más profundos y gratos
recuerdos infantiles en Las Acacias.
Tavares es genial: muy amable, conversador, prepara un café muy rico y no guarda
secreto de sus panes. Todo lo cuenta: desde la marca de jamón que usa hasta las pasitas
California que trae de Estados Unidos, porque tienen el tamaño adecuado a su gusto.
También revela otro secreto: que prepara la masa del pan de jamón con manteca
de cerdo, la misma que usa para el pan sobao, para el pan de sándwich en molde y
para los cachitos. Dicho sea de paso, sus cachitos son muy sabrosos y nos inspiraron
para introducir cambios en el que hacemos en IEPAN.
Nos recomendaron sus golfeados y el pancito de coco; el gallego y el campesino.
No los hemos probado, pero es que siempre hay que dejar un motivo para regresar
a la Nobile. ¡Volveremos!
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rosita
De Las Delicias
a los supermercados:
un eterno aprendizaje
Fundada por María Lisette y Cristiano dos
Santos, esta panadería hace honor al lugar
donde ha estado desde 1967. Es probable
que cualquiera haya probado su buen pan
gallego, aún sin haber estado en el local,
pues este llegó a ofrecerse como entrada
en más de un centenar de restaurantes y,
ahora, en los anaqueles. Sus pasteles de
nata comparten protagonismo con el pan.
Naky Soto*
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Quien va hasta la panadería a comprar el pan tiene derecho a comerse la punta. Si es
un pan gallego, el derecho muta a deber. Ese pan tiene una corteza tan crujiente que
arrancarle un pedazo no compromete el resto de su estructura. De hecho, las migajas
no se desbaratan, sino que también puedes disfrutarlas cuando todo se ha acabado.
La consistencia interna de este pan sirve para fusionarse con lo que quieras rellenarlo,
pero si le sumas unos tomates recién cortados, te harás un gran favor. El jugo del tomate
Cristiano dos Santos recién
suavizará el bocado sin comprometer la corteza, que no es fina ni tampoco gruesa.
llegado a Caracas en una Solo es perfecta. Lo he comprobado con mi esposo a lo largo de estos años de
pensión de Boleíta. foto
cortesía de la familia dos matrimonio con la mejor panadería de la zona, la Rosita.
santos.
Hasta hace pocos años sus productos eran más conocidos que su propia sede, por la
distribución que la panificadora logró establecer con restaurantes caraqueños.
«La Rosita les debía a sus clientes un lugar que se pareciera a la calidad de sus panes»,
explica Roberto dos Santos, el heredero del negocio. Un local que actualmente exhibe
desde el horno en el que se cocina su nuevo producto estrella, los pasteles de nata, hasta
unos murales de mosaicos portugueses.
«Ahora hay mesas y sillas, vigas de madera en el techo, unos pisos que parecen antiguos
y muestran entre sus baldosas unos trocitos amarillos que recuerdan la punta de cada
pan», describe Roberto.
También tienen una pared con fotos que resumen la historia de la familia Dos Santos, pero es
probable que al ir, sus propios fundadores te atiendan: el señor Cristiano te entregará al entrar
la tablita circular con la que harás tus pedidos y la señora María Lisette da Silva estará por las
cajas, lidiando con la calidad de los billetes atrapados en nuestra rara dolarización de facto.
Mientras la recorres, te encontrarás con 20 tipos de panes, incluyendo ese moreno pan de
chocolate y naranja o el redondo de maíz y chorizo.
A principios del siglo XX, el periodista Rafael Arévalo González se enfrentó al dictador
Juan Vicente Gómez desde El Pregonero, el primer diario venezolano impreso en
rotativa, y por eso pasó 27 años como preso político en La Rotunda. Tal vez para resarcir
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tal martirio, su busto lleva décadas siendo el centinela del aroma de la panadería
Rosita, entre unos carocaros portentosos que mantienen el olor en una suerte de efecto
invernadero exclusivo de la plaza Las Delicias. En sus testimonios, los señores María
Lisette y Cristiano no dejan de mencionarla, porque está asociada a su negocio y a su
familia, porque sus hijos Sandra y Roberto crecieron entre esa redoma y los mostradores.
Arévalo es uno de los pocos civiles y el único periodista venezolano con una plaza propia.
En Montouro, a la mamá del señor Por esta razón, el fundador de la Rosita empezó a amasar siendo
Cristiano, María dos Santos, la un niño de siete años. Con diez años más, en 1955, se vino a
llamaban María a padeira (María Venezuela en el buque italiano Andrea Gritti y fue recibido por
la panadera). Era la obradora del su hermano Manuel dos Santos Neto. Pasó seis meses sin empleo,
pueblo, hacía y horneaba pan dos pero luego logró convertirse en repartidor de la panadería Azores,
veces a la semana que quedaba en Boleíta.
Cuatro años después, fundó con su hermano la panadería Los Nietos (su segundo
apellido, Neto, significa nieto en portugués), en la avenida San Juan Bosco de Altamira,
y en 1962 se independizó y creó la panadería Nueva Chacao, en la calle Sucre del
municipio caraqueño.
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En 1967, compraron el local de la Rosita y tuvieron que trabajar para vencer los
resquemores que conservaban los vecinos por el negocio que funcionó antes allí:
otra panadería que no cumplía con grandes estándares de limpieza.
Roberto cuenta que le pusieron el nombre Rosita en honor a una tía paterna que vivió
con Cristiano y su familia toda la vida, porque no llegó a casarse.
La señora María Lisette asegura, casi 60 años después, que «una panadería es una
escuela en la que nunca dejas de aprender, porque cada producto y cada cliente es una
materia; y aunque algunos te recuerden a otros, aprendes con los que van llegando.
María Lisette da Silva y su Hay gente que no deja de venir, hay productos que siempre vas a vender».
hija Sandra, con la plaza
Las Delicias en el fondo.
foto cortesía de la familia
dos santos.
Hasta los años 90, la Rosita fue la panadería de la comunidad de Las Delicias, aunque
sus panes eran consumidos en los restaurantes de la avenida Francisco Solano y sus
alrededores, para entonces un circuito gastronómico de muy buena calidad, cercano a
su local, en el que despachaban a varios negocios: el Urrutia es su más antiguo cliente,
pero también le vendían a La Huerta, el Rías Gallegas y Mi Tasca, entre otros.
Pronto descubrió que para lograr las transacciones que quería, no eran suficientes los
panes de muestra para los dueños, cuyos datos y horarios desconocía. «Así que metí más
90
panes a los recorridos y fui organizando la información que solo
los parqueros podían darme: desde el modelo del carro del dueño
hasta la mejor hora para conversar con ellos».
Expandirse en contracción
La debacle económica venezolana, que empezó en el año 2012, fue la causa principal
del cierre de muchos de los restaurantes que por años atendió la Rosita. Para sus
dueños, fue difícil mantener estos negocios con una demanda en contracción, una
hiperinflación y, después, una pandemia que cambió los modos de operación al mundo
entero. Además de perder una buena cantidad de clientes por los cierres de negocios,
entre 2014 y 2019, se sumó la escasez de alimentos en Venezuela, entre otros insumos,
como la harina de trigo.
Durante esta etapa, los clientes de la Rosita hicimos largas colas para comprar.
Bordeamos el local de la panadería en dirección a la avenida Libertador y nos
encontramos, una y otra vez, con vecinos que también llevaban su bolsita de tela a ver
si el pan alcanzaba para todos. Los dueños siempre privilegiaron a los adultos mayores
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La remodelación incluyó
murales alusivos a la
panadería antigua de
Portugal.
En la pandemia, Roberto
dos Santos descubrió el
negocio de llevar panes a
los supermercados.
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Los panes de masa madre,
con centeno, sin gluten y
multicereales son algunas
de las nuevas opciones a
la venta.
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y, aún vendiendo a pérdida (porque el Estado impuso un control de precios sobre
productos claves), hubo familias que tuvieron pan para comer.
«Por desgracia, conocí las colas en 2016-2017, cuando no les llegaba harina, pero
allí estaban sus dueños dándolo todo. Y una rezando por llegar a tiempo y poder comer
ese pan tan sabroso en la cena. En la familia, conocemos a la Rosita desde siempre»,
comenta Mariel Rodríguez, cliente de la Rosita hasta que tuvo que emigrar del país.
Pensaba en qué hacer (durante la Luego, llegó la pandemia. Los Dos Santos tenían que
pandemia) mientras el teléfono de encontrar otra forma de acercar el pan a la gente. Cuenta
la panadería no dejaba de sonar. Roberto que pasaron de procesar 50 sacos de harina diarios
Eran clientes que preguntaban si a consumir 4, porque los restaurantes fueron de los primeros
tenían despacho a domicilio: «Me locales que cerraron.
Ahora venden en estos comercios sus panes emblemáticos, como el gallego, el pugliese,
las baguettes y los pequeños montaditos. Un dato: los panes de Rosita no tienen
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conservantes ni emulsionantes, por eso los despachan dos veces al día, para mantenerlos
frescos.
La pareja fundadora recuerda con amor las pequeñas dimensiones con las que
comenzaron su negocio. Mantienen esas fronteras a pesar de la estructura que hoy
los alberga. Es un ejercicio de humildad amén de la prosperidad.
*A Naky Soto la llaman
Naibet Nakarina (Caracas, Cuando te encuentres unos panes de la Rosita, compra al menos dos gallegos, el que te
1973) solo en su casa vas a comer y otro que se puede congelar, porque con solo sacarlo diez minutos antes
materna. Da clases de y meterlo en el horno con un poco de agua por cinco más, quedará como si acabaras de
comunicación y vocería. comprarlo. Aunque no solo de pan vive el hombre, cuando se necesita uno consistente
Le encanta hablar, pero y crujiente, se busca el gallego de la Rosita. Voy de regreso a mi casa y, sí, ya me comí
también escribir. En su la punta del que llevo en la bolsa.
blog, El zaperoco de Naky,
que debería.
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El pan gallego es de corteza crujiente, de color
dorado intenso, con la miga blanca y algodonada.
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El gallego: El gallego es el pan insignia de la Rosita. Llegó a estar en la mesa de casi 130
restaurantes de Caracas además de las de cientos de familias que lo consumen
el caballito con frecuencia, porque ahora pueden comprarlo en cadenas de supermercados.
Es un pan muy agradable, de corteza crujiente, no tan gruesa, de color dorado
de batalla intenso. La miga es blanca, algodonada pero con alvéolos medianos y grandes,
que denotan un conocimiento de las características físicas de los panes gallegos.
En la Rosita, usan masa madre en su preparación, aunque la acidez en el sabor
Juan Carlos
o aroma a fermento, propio de esta levadura natural, no se siente mucho. Apenas se
Bruzual percibe ligero en el retrogusto; probablemente, sea para no variar mucho el paladar
original, de toda la vida, al que sus clientes estaban acostumbrados.
El gallego es el pan más valorado por quienes compran en el negocio de Las Delicias,
pero su oferta de panes es amplia y de calidad, siempre enfocada en los rústicos
o de corteza, como baguettes, puglieses, de centeno, espelta y de maíz con chorizo,
entre otros.
Un aspecto para destacar es que la Rosita sigue siendo una panadería. No ha
sucumbido a la tendencia de convertirse en restaurante, en los que la presencia
del pan es cada vez más exigua. Aquí el negocio es el pan.
Tiene un plus muy interesante y es que los clientes pueden ir a comerse un sándwich
ajustado al gusto y bolsillo de cada quien. El cliente escoge el pan y los rellenos que
desea y solo le cobran el peso de estos productos, sin un recargo. También tiene un
menú de sándwiches ya diseñados, en el que destaca el de pernil, sin duda divino.
Después de la remodelación del año 2023, la Rosita luce moderna, pero sin perder
la calidez y tradición. Uno va, se sienta en sus mesitas y siente que está en un
negocio de estos tiempos, con sus raíces ancladas en las costumbres europeas
de hace más de medio siglo y con un flujo constante de clientes, muchos fanáticos
de sus panes rústicos.
Por eso y otras razones, como por ejemplo, su sublime pastel de nata —con
receta del maestro portugués Ernesto Fernandes—, la panadería Rosita pudiera
ser considerada no solo la más importante del país, sino la más influyente; en
fin, la mejor.
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flor de macaracuay
El enclave de Portugal
en el este de Caracas
Esta panadería pasó entre manos de
paisanos que compartieron la ciudad
natal —Tomar— y el apellido —Ferreira—
sin ser familia. Desde que se le conoce,
mantiene la fama de sus panes de costra
y de sus pasteles de nata. Ganó espacio
para la atención de una clientela europea,
mayoritariamente lusa, que la convirtió
en lugar de encuentro por su cercanía
con el Centro Portugués.
Ileana Matos*
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Ventura y Fortuna. Así llamó Diamantino Ferreira a las dos agencias de las que fue
propietario: la primera de viajes y turismo y la segunda de compra y venta de negocios.
A la agencia Fortuna, un día del año 1972, llegó un paisano —de quien no recuerdan
el nombre— a ofrecerle un comercio: la panadería Flor de Macaracuay.
Bastó una visita al local, en la urbanización del mismo nombre, al este de Caracas,
para que Diamantino se enamorara del establecimiento y se interesara por el oficio
panadero, del que desconocía todo. A partir de ese momento, concentró su atención
en descubrir cada uno de los secretos de la panadería.
Bastó una visita al local, en la Diamantino había llegado a Caracas en 1954, a sus 27 años.
urbanización del mismo nombre, Venía de Tomar, su ciudad natal, ubicada al norte de Lisboa y
al este de Caracas, para que conocida como «de los templarios», por haber sido sede de esta
Diamantino se enamorara del orden. Allí quedó Alvertina Costa de Ferreira, su esposa, quien
establecimiento y se interesara se reencontró con él, en Venezuela, cuatro años después.
por el oficio panadero
Su primer trabajo fue como empleado en una estación de
gasolina en Caracas, donde se mantuvo tres años, un lapso suficiente para comprar
con sus ahorros un camión de volteo. Este vehículo integró la flota utilizada por el
Estado, en tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, para la construcción
de la carretera que unió a Calabozo con San Fernando de Apure.
100
Macaracuay. Trabajaron juntos hasta que Diamantino murió, en 2015, a sus 83 años.
Con él compartió lugar de nacimiento y apellido, sin ser familia.
Cuando Ferreira firmó como socio de la Flor de Macaracuay, también lo hizo Manuel
Carvalho, otro paisano que los acompañó por un tiempo y quien luego los dejó para
abrir Macaracuay Grille.
Este restaurante, localizado en la última planta del mismo centro comercial, ha ganado
fama por sus platos de lechón y bacalao, y completa, junto a la panadería y la licorería
Hiperlicores Flor de Macaracuay, una referencia de la gastronomía portuguesa en Caracas.
De empleado a socio
En 1972, la Flor de Macaracuay, localizada en la avenida
Naiguatá, en el centro comercial de la urbanización de la que
tomó el nombre, funcionaba en una sola planta.
101
A su llegada a Caracas, se incorporó, por decisión del dueño, al equipo de horneros, sin
saber nada del oficio, bajo la dirección de José Mañoso Pantoja. Este maestro panadero
trabajó en la Flor de Macaracuay desde 1980, cuando tenía 19 años, hasta el 2004,
cuando se retiró por problemas de salud, a los 57 años. De él recuerda su talento con
las harinas y las levaduras.
La Flor de Macaracuay
tiene una clientela fiel que En el año 1982, fue ampliada la panadería. Los hornos fueron mudados al
proviene de la comunidad segundo piso, lo que permitió extender el área de atención al público. Se habilitó
portuguesa.
un espacio en el centro del local, con mesas y sillas, y se
sumaron al menú sándwiches y pizzas.
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Panes con fama
En 1985, cuando Augusto comenzó a trabajar en la Flor de Macaracuay, los panes
elaborados en sus hornos ya habían ganado fama en la clientela, entre quienes
destacaban artistas reconocidos, como la intérprete venezolana Nancy Ramos o el
cantante de música llanera Reinaldo Armas, «quien siempre pasa por aquí», afirma.
A la panadería se le reconoce no solo por la calidad de sus panes, sino por su variada
oferta. Los inmigrantes europeos, sobre todo españoles, italianos y portugueses,
valoran más los de costra dura: gallego, italiano, baguette, campesino —que salió de
la lista después de su regulación— y el de la abuela, el último agregado al menú de
panes, que se ofrece redondo o alargado, grande o pequeño. Es el preferido de Augusto
Ferreira, quien explica que además de harina, levadura y sal, lleva manteca de cordero,
que sustituyó a la de cerdo. «La mejor manera de comerlo es relleno con mortadela o
jamón, ruedas de tomate y un chorrito de aceite de oliva».
La clientela venezolana siempre ha preferido los de corteza más suave, como la canilla,
el sobado y el de a locha, aunque con los años aprendió a apreciar los europeos, asegura
Augusto.
Por supuesto, también buscan los panes dulces tradicionales venezolanos: piñitas
y andinos, pequeños y redondos, con o sin coco en el tope.
La clientela venezolana siempre Esta panadería se caracteriza por ofrecer panes típicos de
ha preferido los panes de corteza Portugal, más bien dulzones: el bolo rei, el pão de Ló, el roscón.
más suave, como la canilla, el Este último se enriquece con pasas y frutos secos, se aromatiza
sobado y el de a locha, aunque con con vino de Oporto y se vende todo el año, aunque se le conoce
como un pan navideño.
los años ha aprendido a apreciar
también los panes europeos
En el menú está la fogaça de Santa María da Feira. Este pan
semidulce se ofrece a inicio de año y honra a la localidad de la que toma el nombre,
cuya fiesta se celebra en el Centro Portugués de Caracas. Este club social está cerca
103
de la Flor de Macaracuay, al final de la avenida Luis de Camoens, y sus socios forman
parte de la clientela de la panadería.
El pan arepero
Augusto hace un paréntesis para mencionar el pan arepero, elaborado con una
mezcla de 80 % de harina de trigo y 20 % de maíz, de la marca La Lucha —
la más económica del mercado para entonces—. Fue el caballito de batalla de
la panadería en los años de desabastecimiento del ingrediente «corazón de las
panaderías».
«El pan arepero gustó porque era sabroso y se mantuvo a la venta hasta que las
areperas también se vieron afectadas por la falta de harina de maíz y el cereal dejó de
ser negocio para las panaderías. Aún hay clientes que preguntan por ese pan, que ya no
ofrecemos», comenta.
«El pan arepero gustó porque Esta crisis de escasez de insumos antecedió a la pandemia,
era sabroso y se mantuvo a otro duro golpe para la industria panificadora, que ya tenía un
la venta hasta que las tiempo adquiriendo harina de trigo en el mercado negro.
areperas también se vieron
afectadas por la falta de harina El dueño de la Flor de Macaracuay también recuerda los
de maíz» inconvenientes causados con la llegada del covid-19, de pronto
y en muy mal momento, después de cinco años de hiperinflación
y de muchos más resistiendo el embate ocasionado por la crisis bancaria de 1982, «que
nunca se detuvo» y que se sintió por la caída de las ventas.
Jornada de panaderos
William Maita, dedicado desde joven al oficio, llegó en el año 2004 a la panadería como
ayudante del maestro panadero José Mañoso Pantoja, a quien sustituyó en este rol en el
año 2018. «Había comenzado en Flor de Azúcar, una panadería que queda cerca de aquí
(en Colinas de La California), en la que también trabajaban algunos de mis hermanos».
El mayor de ellos, David Jaimes, se retiró para integrarse al equipo de Diamantino en
104
la Flor de Macaracuay y, apenas hubo una vacante en este negocio, pidió la oportunidad
para el hermano menor, quien comenzó su trayectoria en el local como ayudante
panadero. «Con el tiempo, me hice panadero oficial; maestro, varios años después»,
explica Maita. Quien trabaja con tres ayudantes y mucha mística, pese a las dificultades
del mercado.
«Tenemos tres hornos: dos giratorios y uno de piso. El pan salado se hornea a 225
grados centígrados, sin perderlo de vista, pues el color dorado que lo caracteriza
depende de la temperatura y, si se pasa, el azúcar que contiene la masa lo oscurece.
El dulce lo elabora otro equipo, integrado por tres personas y dirigido por el maestro
panadero Ramón Guerra», detalla William Maita.
La faena comienza a las 5:00 a. m., después de que los panes ya amasados y formados
son retirados de las cavas en las que pasaron la noche. Los hornos se encienden de
forma automática, antes de que los panes crudos pierdan el frío, momento en el que
comienza su cocción. «A las 7:00 a. m., sale la primera tanda, compuesta por 20
unidades de cada tipo de pan», explica Maita.
La bollería —croissants, pastelitos y cachitos— tiene otro ritmo, como los pasteles
de nata, tradición portuguesa que la Flor de Macaracuay ofreció por primera vez
en Caracas, y de los que se venden a diario entre 150 y 200 unidades.
Como dueños
A las 8:30 a. m. de cualquier día de la semana, detrás de la máquina de café, vestido
con filipina morada, el venezolano Gabriel Becerra se mueve con destreza. «Es el que
más sabe del negocio», asegura Augusto Ferreira. Llegó a la panadería con 18 años,
animado por su padre, interesado en que el hijo aprovechara las vacaciones escolares
para aprender el oficio.
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William Maita, maestro
panadero, trabaja con tres
ayudantes más y mucha
mística en el centro de
producción.
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Becerra, de 41 años, también se enamoró de la panadería. Recuerda a Diamantino
como un hombre «elegante y distinguido, siempre bien vestido y atento con todos».
A su esposa, doña Alvertina, la rememora «siempre pendiente de su esposo, a quien
apoyaba en todas sus decisiones».
Aníbal menciona los cambios que ha tenido el negocio en los últimos años.
«La situación económica ha obligado a reducir buena parte de los productos que
ofrecíamos, no en el área de la panadería, pero sí en la de charcutería. Hubo un
momento en el que teníamos en las neveras hasta 50 productos distintos, entre curados
y quesos. Hoy ofrecemos la mitad».
«Cuarenta y cuatro años después, tengo la certeza de haber tomado el camino correcto.
Tengo la seguridad de que, más temprano que tarde, esto pasará», confía.
*Ileana Matos es
periodista graduada en la
UCAB y especializada en
en cocina venezolana.
Trabajó en El Universal,
de la mano de Armando
Lovera, y en El Nacional.
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Aníbal Ferreira y Gabriel
Becerra están al frente
del negocio y gerencian
para que todo opere
debidamente.
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La broa de maíz es un pan muy peculiar,
con su corteza gruesa y la miga compacta.
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La broa y La broa de maíz es un pan que los venezolanos no estamos acostumbrados a comer,
porque es diferente: de miga compacta, corteza agrietada y gruesa.
sus grietas Este producto tradicional del Portugal rural, que hoy se replica en las ciudades, se
elabora con harina de maíz y es común usarlo para acompañar comidas caldosas.
Juan Carlos En Caracas, la panadería Flor de Macaracuay lo ofrece para satisfacer la demanda
Bruzual de la comunidad portuguesa y es el pan de servicio que se ofrece en las mesas del
restaurante Macaracuay Grille.
Las características físicas de la broa son realmente singulares. Su corteza es hermosa
y es lo que más me gusta de este pan, porque tiene un atractivo aspecto rústico.
Es gruesa y crujiente, de color dorado intenso, con tonos rojizos y luce mejor si tiene
algunas grietas quemadas, debido a los azúcares contenidos en el maíz.
Una de sus peculiaridades técnicas es que cuando la corteza se resquebraja está listo
para ser horneado. Esas grietas son, sin duda, la joya de la corona.
A diferencia del trigo, el maíz no genera gluten, lo que impide que la mezcla forme
una malla capaz de atrapar el CO2 de la levadura. Como consecuencia, este tipo
de pan casi no crece durante la fermentación y el horneado.
No es una masa fácil de manipular, no es tenaz ni elástica, por lo que tiende a
quebrarse con facilidad. Por esa razón, el formado ideal es redondo, sobre un
banetton o cesta. Esta particularidad de la masa convierte a la broa en un pan único.
Su miga es muy apretada, con alvéolos muy pequeños y escasa capacidad
de absorción.
En cuanto al sabor, me quedo con la corteza. Al comer la broa, uno entiende
la importancia de la reacción de Maillard en el gusto propio del pan, por efecto de la
cocción. La corteza tiene una paleta multisápida, que va desde el dulce que aporta
el maíz hasta la intensidad en el tostado característico. Además, se perciben algunos
tonos amargos que generan un carrusel de sabores intensos.
Por el contrario, este gusto desaparece en la miga, en la que pasa a ser ligeramente
dulzón, característico del maíz. Y su textura produce una sensación compleja en
boca, al menos para mí, que no estoy acostumbrado a que sea tan apretada y gomosa.
111
112
arabito
113
Entre los años 1990 y 2000, parte de mi infancia y adolescencia transcurrió un
domingo sí y uno no en los restaurantes y pastelerías árabes de la calle Colombia, en
Catia. Los desayunos libaneses eran una experiencia completa: se empezaba con las
pizzas árabes y se terminaba con algún dulcito típico de la pastelería Flor de Trípoli.
Luego, pasábamos por Arabito para comprar pan pita, alguna especia, aceitunas, así
como agua de rosas o azahar.
En 1983, cuando tenía 28 años de edad, fue a Catia a comprar pan y vio una pana-
dería artesanal, de un paisano, con unas máquinas «del año de la pera», según relata.
Al ver esa escena sintió tristeza por la colonia árabe libanesa y se preguntó: «¿Cómo
es posible que existan máquinas supermodernas y que en Venezuela se siga haciendo
pan como en taguara, con 30 personas en menos de 50 metros, con gente sudando,
cobrando y metiéndole la mano a la masa, todo al mismo tiempo?».
114
Bakhos cuenta que le preguntó al señor si vendía ese negocio. «Mi cuñado me dijo
que si estaba loco, porque yo no sabía nada de panadería. Esa misma noche, fui
otra vez a verlo y me lo vendió a través de una administradora de inmuebles». Así
empezó el primer capítulo en la historia del Arabito, que estuvo lleno de aprendizaje,
ensayo y error.
Usualmente, los libaneses piensan en grande cuando van a hacer negocios. Limitarse
a vender en pocas cantidades no era una opción para Antoun. Por eso, investigó so-
bre cómo optimizar la producción de pan pita y, luego, compró maquinaria moder-
na, fabricada en Alemania y diseñada por un ingeniero libanés.
El primer día, se vendieron cinco paquetes; luego, seis. Fue cuando se le ocurrió
una idea: mandar a unos amigos a que compraran varios panes entre las 5:00 y las
6:00 p. m. A fin de mes, cumplieron con la meta y entraron, no solo en el Central
Madeirense, sino en el resto de las cadenas de supermercados.
115
En el centro de producción
de Catia elaboran a gran
escala los panes pita en
diversas versiones.
116
117
El pan más vendido en el Arabito es el pita clásico ligero, el que se utiliza para en-
volver los shawarmas. Sin embargo, cuatro décadas después, la marca cuenta en su
portafolio con 37 tipos de panes, entre árabes y otros orígenes: pita burger, pita bur-
ger integral, kaak con orégano, kaak con ajo, kaak con leche, pan de hamburguesa,
pan de perro caliente, pan de aceituna, pan de dulce de leche, pan de dulce de coco,
pan dulce con chocolate, pan frito de orégano, pan basha, pan gourmet, pan dulce de
higo, brioche, baguette, croissant natural y relleno de crema de pistacho, entre otros.
En los supermercados, se consiguen las variedades de pan pita, mientras que el resto
se encuentra en las tiendas Arabito.
De esta manera, con los conocimientos técnicos y la experiencia del padre, podrían
cosechar y procesar trigo de forma artesanal en Venezuela. Finalmente, entre su
118
El equipo de atención
al público en la tienda
de Catia.
119
Arabito se convirtió en un
concepto cuatro en uno:
panadería, pastelería,
restaurante y bodegón.
120
progenitor, un amigo de este y el ingeniero, tardaron tres años en desarrollar este
equipo que actualmente está en Catia, con el que elaboran y empacan sus productos.
En ese tiempo, también empezaron a importar mercancía del Líbano. Sin embar-
go, en algún momento, Bakhos tuvo que atender otros negocios y, durante 20 años,
Arabito quedó en manos de familiares.
Cuando llegó la pandemia, sintió que el negocio podía estar mejor y decidió retomar
las riendas e involucrarse de nuevo para que volviera a brillar. Contrataron a una
agencia que hiciera un refrescamiento de imagen, así como de nombre —ya no es
El Arabito sino Arabito— e incluso las tiendas tuvieron mejoras en cuanto a espacio,
diseño y empaque de productos.
Cuando llegó la pandemia, sintió En la actualidad, Arabito dejó de ser una panadería per se,
que el negocio podía estar mejor para convertirse en un concepto cuatro en uno: panadería,
y decidió retomar las riendas e pastelería, restaurante y bodegón. También es una fábrica
involucrarse de nuevo para que de dulces, panes, ajonjolí y tahini, café árabe, trigo, halawe
—un dulce de sésamo —, cremas de frutos secos y 50 % de
volviera a brillar
mercancía fabricada en el Líbano que venden bajo su marca.
«Tenemos como meta poder fabricar todo en Venezuela, porque Arabito tiene que
ser nombre de allá, producto de aquí», comparte con decisión.
Esta empresa, que cuenta con un talentoso equipo de 250 personas, solo tiene
en nómina a dos árabes: un chef, Hamza Dwik, que es de Siria y cuya formación
no es académica, sino de una tradición familiar que ha pasado de generación en
generación. El otro paisano es el pastelero Abdul Karim Ali, mejor conocido como
Abude. A todos ellos, además de dirigir las cocinas, se les ve rondar los pasillos
del negocio en la avenida Casanova, observar las necesidades de los clientes y, de
vez en cuando, regalar un dulcito a quienes los visitan, para que se rindan ante
las baklavas o los knafeh.
121
Un lugar de reencuentro
En Arabito, es normal ver clientes que compran muchísimos paquetes de pan pita; ya
sea porque tienen tiendas y los revenden o porque los llevan para grandes fiestas. Pero el
venezolano ha encontrado versatilidad en el pan pita y lo utiliza en la elaboración de pizzas,
wraps y sándwiches, por lo rápido y práctico que es a la hora de preparar una comida.
Los árabes acuden con frecuencia a cualquiera de las sedes para surtirse de los
ingredientes necesarios de su dieta tradicional y, por supuesto, comprar el respectivo
pan árabe, fresco y bien hecho.
Otra cliente fiel desde que abrieron Arabito en Catia es Leila Bechalani: «Me encan-
ta esa tienda. Allí compraba el agua de rosas, de azahar, panes, los dulces, la pasta
de tomate, quesos, frutos secos, hojas de parra, las cosas que vienen del Líbano; todo
lo que necesitaba en los restaurantes que tuvimos, Al Manarat y El Gondol. Y, ahora,
compro en la Casanova, pero para llevar a mi casa».
122
Una marca que evoluciona
Bakhos Bechara Antoun tiene claro que son muchos los retos por delante, pero la
meta es invertir en maquinaria, continuar optimizando los locales y abrir pronto
otra sucursal en la urbanización Altamira, en Caracas.
El pan más vendido es, sin lugar a dudas, el pita clásico que ofrecen a gran escala en
supermercados. En las tiendas, comenta Carlos, uno de los panaderos de la avenida
Casanova, la pizza árabe más demandada es la de zaatar o manooshe y la de queso.
Ahora, siendo adulta, soy yo quien, cuando tengo antojos, voy a desayunar tempra-
no en el Arabito de la avenida Casanova (la sede donde mejor preparan las pizzas
de manoush). Me como una pizza árabe o un plato de granos llamado foul y aprove-
cho para comprar aceitunas, el queso búlgaro para preparar ensaladas y un dulcito
de fideos relleno de crema de pistacho hecha en casa, que cierra mi visita.
¡Sajten!1
*Ligia Margarita
Velásquez Gaspard
es periodista y asesora en
gastronomía,
@ligisvelasquez. No
Gaspard, su mamá,
pertenece a la primera
generación de libaneses en
Venezuela. 1. En idioma árabe, significa ‘deseo de salud del alma y del cuerpo’.
123
El pan plano que está en
todas las comidas árabes y
que se usa como cubierto.
124
El pan El ruido, el caos del tráfico y la gran cantidad de gente pueden llegar a ser estre-
santes un viernes en la calle Colombia de Catia.
pita Fuimos por el pan pita del Arabito y encontramos un oasis: la posibilidad de dis-
frutar de una merienda al mejor estilo árabe en un ambiente moderno y tranquilo,
nunca con cremitas típicas, vegetales encurtidos, aceitunas y un festín de panes, en distin-
tos tamaños y modos de cocción.
falta El pan pita es un clásico en la cultura árabe y está presente en todas las comidas.
Una de sus características principales es que es plano y sus dos capas se separan,
Juan Carlos
es decir, queda solo la corteza, sin miga. Esto permite usarlo como si fuese una
Bruzual cuchara o un tenedor para recoger alimentos en los platos y llevarlos a la boca,
directamente.
El pita tradicional del Arabito estaba muy fresco. Su textura era suave y un poco
ahumada, seguramente como resultado de la alta temperatura a la que se hornea.
Esto lo convierte en el acompañante perfecto de las comidas del Medio Oriente
y en la elaboración del famoso shawarma.
Pero la verdadera estrella esa vez fue el pan knefe, un pan árabe especial, con for-
mado similar al del pita, pero con un toque crujiente, un sabor ligeramente especia-
do y de tono dulce en su corteza.
Su aroma tostado de ajonjolí nos cautivó desde el primer momento. La textura más
gruesa permite usarlo como cuchara, incluso mejor que el pita tradicional, al comer
las cremitas de berenjenas o de garbanzos.
El tostado y especiado genera notas de sabor más complejas, que invitan al sentido
del gusto a estar alerta con ese carrusel de sabores.
Además de los diferentes tamaños y grosor de los panes pita, Arabito también ofre-
ce otros tipos, entre los que destacan algunas opciones de molde, hamburguesas,
perros calientes y deli.
El venezolano se ha adaptado muy bien al gusto de la comida del Medio Oriente
y a sus panes planos; de hecho, el shawarma quizá sea uno de los sándwiches más
vendidos en el país.
125
126
inversiones soleado
Adriana Villanueva*
127
Los vecinos de la Alta Florida, al norte de Caracas, la conocen como «la antigua
panadería Los Claveles», aunque hace décadas no tiene en su fachada un anuncio que
la identifique como tal. Quienes no son del vecindario la conocen como «la panadería
frente a la cauchera de la Alta Florida», «la de uno de los mejores panes gallegos de la
ciudad», «la que queda subiendo a la Cota Mil». Cualquiera de esas descripciones sirve
a caraqueños, del este al oeste, para identificar la panadería Inversiones Soleado.
Ni el cliente más fiel sería capaz de recordar el nombre actual de la panadería de
No es fácil identificar Antonio Correia Saraiva y de su esposa, María Saudade Ferreira de Correia.
la panadería porque la
fachada no tiene el nombre
del negocio. «Pero eso va a cambiar», advierte el dueño. «Pronto la gente va a empezar a reconocer
el pan de quienes somos: Inversiones Soleado».
«Aquí tenemos clientes de todo Don Antonio y María Saudade adquirieron la antigua panadería
tipo: algunos piden charcutería Los Claveles en 1995. Han pasado 30 años y fue apenas en
y se preparan un sándwich para mayo de este 2024 cuando empezaron a usar bolsas de pan con
desayunar o almorzar; hay el nombre impreso de la panadería y los empleados a lucir los
quienes se comen el pan con el uniformes con la palabra Soleado. Todavía no está claro cuándo
estará presente en la fachada del pequeño negocio.
chicharrón que venden afuera»
Al principio, no tenían intención de cambiarle la identidad al local. Problemas legales
de la antigua administración marchitaron el bonito nombre de Los Claveles y los
hicieron tomar la difícil decisión. Al jugar con el segundo nombre de la dueña, Saudade
—que significa ‘nostalgia’ en portugués—, comenzaron a barajar nombres con la letra
S hasta que llegaron a uno que les gustó: Inversiones Soleado.
Tampoco es malo ser conocida no por la denominación, sino por destacar como una
de las mejores panaderías de la ciudad. Es un sitio de Caracas donde se encuentran
clientes de todas partes de la capital.
Detalla su propietario: «Aquí tenemos clientes de todo tipo: los que vienen a comprar
pan a diario; algunos piden charcutería y se preparan un sándwich para desayunar o
128
Hay clientes que compran
pan y embutidos y arman almorzar; hay quienes ni se molestan en rellenar el pan: le ponen embutido encima y
sus sándwiches, de manera
improvisada, en la barra
listo; hay quienes se comen el pan con el chicharrón que venden afuera. Otros se
de la panadería. llevan pan para varios días, lo congelan. Hay quienes encargan panes abuelitas —una
versión más pequeña del pan de la abuela— para servir un pernil. A diario, salen panes
para varios restaurantes de Caracas, como Da Guido, El Alazán y para la Pastelería
Las Nieves, que prepara sus sándwiches con productos de este negocio».
Con tan crujiente calidad de pan no faltan clientes de alto perfil: «Muchos políticos que
viven por la zona mandan a sus escoltas a comprar pan; jamás vienen ellos. También
vienen de las representaciones diplomáticas. Los embajadores de Portugal y de
Argentina son clientes. Del mundo de la farándula, vienen a cada rato», afirma.
129
El nuevo reto de Inversiones Soleado es surtir a un supermercado del sureste de Caracas:
«Mucha gente llegaba preguntando cuándo íbamos a abrir una panadería por ese lado
de la ciudad. Como no tenemos intenciones de abrir sucursal ni de irnos de este local, nos
pareció buena idea vender nuestro pan en el supermercado La Muralla (en El Hatillo)».
Este desafío los obliga a trabajar de lunes a domingo, sin descanso, y a hornear pan
desde las cuatro de la mañana. La jornada termina a las siete de la noche, a excepción
del último día de la semana, cuando cierran más temprano.
«Los panes que hace el jefe se reconocen porque son los que están
mejor horneados, los de la mejor costra. Trata el pan con amor,
como si fuera una persona», asegura Marilú San Vicente, quien
se encarga de las relaciones públicas de Inversiones Soleado.
El gallego es el pan más
apreciado por los clientes
de Inversiones Soleado. Huyeron de la dictadura
Don Antonio, nacido en Aveiro, en la costa lusitana, en el año 1950, emigró a Venezuela
en 1977. Mecánico industrial de profesión, había trabajado en una fábrica de motos
en Portugal. En Venezuela, laboró en una fábrica de bronce, en La Trinidad, hasta que
en el año 1989, cansado de lidiar con máquinas, se decidió a cambiarlas por el oficio
de hacer pan y, con un socio, abrió la Panadería y Pastelería Briner, en Sabana Grande.
En este negocio fue perfeccionando diferentes tipos de panes que aprendió a hacer con
los amigos de la juventud en su país de origen.
130
Saudade habría de regresar con su familia a su nativo Aveiro, donde conoció a Antonio.
Decidieron casarse y emigrar a Venezuela, un país lleno de oportunidades. Luego
de vender su parte de la panadería Briner, la joven pareja adquirió la panadería Los
Claveles. Lograron pagar la mitad de contado y el resto lo fueron liquidando por giros.
Los dueños están acostumbrados a los retos: compraron el negocio, pero no la calidad del
producto, pues aunque Los Claveles era una panadería establecida, carecía de ambición,
solo vendía canillas, el pan de diario de los venezolanos que se hace sin masa madre ni
larga fermentación. Después que la hicieron suya, comenzaron a mejorar los productos.
Don Antonio se enorgullece de que sus panes son más de dieta que aquellos industriales
que se ofrecen como ligeros, porque no llevan casi azúcar ni aditivos químicos, sobre
todo, las abuelitas.
131
El gallego: el más apreciado
Con el pasar de los años, la oferta ha ido creciendo con productos
como el pan de Pascua y la torta inglesa, o uno de sus mayores
éxitos: el pan con chorizo (para muchos, la especialidad de
Inversiones Soleado). Es un pan tradicional de Aveiro elaborado con
chorizo portugués, un poco de otro español y tocineta: «Compramos
el chorizo a una señora portuguesa que lo hace en Caracas. Es
ahumado, preparado en leña y cortado en finas lonjas».
Este negocio no es un lugar de encuentros: tiene tres o cuatro mesitas en las que los clientes
se pueden acomodar a tomar un café sin apuro, pero rara vez se ven ocupadas por dos o
más comensales en tertulia. El pequeño y sobrio local tampoco tiene mucho espacio para
crecer: «En un momento, pensamos comprar la casa de enfrente de la panadería para
abrir una pastelería, pero no se dio. Por ahora, nos quedamos como estamos».
Lo que no quiere decir que no se hagan innovaciones en Inversiones Soleado, sobre todo
en la trastienda, donde se elabora el pan: «Hace años salió un decreto que prohíbe el uso
de bromato de potasio en los panes que se producen en Venezuela, una sustancia que
132
Víctor Barreto (delante),
maestro panadero desde
hace 28 años, comanda
a un equipo —todos
venezolanos— en el que
está su hermano José
Gregorio Barreto (der.),
Eduardo Torrealba (izq.)
y sus sobrinos Brayan
Barreto (centro) y César
Campos.
133
ayudaba a los panes a crecer. Ya lo habían vetado en Europa y en otros países
de Sudamérica; entonces, tuvimos que cambiar la maquinaria para amasar el pan».
En los disturbios del Caracazo En el frente de la panadería, atienden a los clientes, despachan
solo fue necesario bajar la el pan o preparan café empleados que en su mayoría son de vieja
santamaría. Afortunadamente, data, como la señora Luisa, quien se encarga de cobrar en la caja.
no sufrieron saqueos. Tienen
relaciones cordiales con sus Antonio y María Saudade son padres de cuatro hijas que hoy viven
en el extranjero, dos de ellas en Portugal. María Saudade, hace
vecinos
algunos años, regresó a su tierra natal a cuidar de sus ancianos
padres. Don Antonio visita y es visitado por su familia, pero su compromiso y su amor por
lo que hace lo mantienen arraigado en Venezuela.
La confianza y el cariño con que trata a sus empleados no lo exime de devolver un pan
medio malo que saquen del horno a la tienda. Don Antonio no tolera piraterías, según
aclara Marilú San Vicente.
Así como hay días malos y días buenos, también han pasado épocas difíciles. En los
disturbios del Caracazo solo fue necesario bajar la santamaría. Afortunadamente, no
sufrieron saqueos. Tienen relaciones cordiales con sus vecinos, y eso se refleja en el
hecho de que prestan el frente de su negocio para una venta de frutas y para el popular
puesto de chicharrón con el que muchos comensales preparan sándwiches.
134
Los años de regulaciones y de escasez (2014-2019)
representaron momentos más difíciles, en los que en la panadería,
acostumbrados a trabajar con 12 o 15 sacos de harina al día
(don Antonio no sabe contar por panes, sino por sacos), se
veían limitados a trabajar con 1 o 2. Para agravar la dificultad,
estaban obligados por las autoridades a que la mayor parte de su
producción fuera en canillas, a precio regulado por el gobierno.
Los panes se agotaban en un santiamén.
Scarlet Marcano se sumó
recientemente al equipo Fueron días en los que en Inversiones Soleado se veían obligados a cerrar al mediodía.
para atender al público.
Nadie sabía a qué hora iban a abrir. A media mañana, los vecinos hacían cola frente
a la santamaría cerrada: «Dicen que van a sacar pan a las 11», se oía en la fila, todos
ansiosos de que fuera cierto y de que el pan no se acabara antes de que les llegara
el turno. También en los años de pandemia fue difícil conseguir harina y estaban
obligados a abrir hasta el mediodía. De esos momentos, don Antonio pareciera no
querer acordarse. Prefiere pensar en el presente. Cuando no hay problema para
conseguir harina, se enfoca en hacer el mejor pan posible y en la satisfacción de los
clientes que se le acercan a diario para felicitarlo por la calidad de sus productos.
el año 1963, columnista Al preguntarle a don Antonio qué se siente cada vez que lo felicitan por hornear
durante casi 20 años de «el mejor pan de Caracas», sonríe tímido pero sin falsa modestia, porque le consta
El Nacional, autora de la calidad de su pan: «Los clientes son quienes nos hacen grandes».
Margot en dos tiempos y
de Inversiones Soleado.
135
Este pan tiene una corteza delgada y
crujiente, y lleva de rellenos tocineta
y chorizo portugués y español.
136
Pan de Conocer el pan de chorizo portugués fue todo un descubrimiento para mí. Lo probé
por primera vez en la panadería Inversiones Soleado y quedé completamente
chorizo, enamorado.
En julio de 2023, después de más de 10 años sin visitarla, fui a buscar el pan gallego,
otro que dicho sea de paso, es maravilloso. De refilón, y para no dejar pasar
la oportunidad, pedí un pan de chorizo, y eso fue una explosión de sabor en el paladar.
hallazgo Este pan es un espectáculo, como un cachito rústico, con la misma masa del pan de la
abuela, pero relleno con chorizo portugués, que es divino. Tiene una corteza delgada
Juan Carlos y crujiente; su aroma es ligeramente tostado, pero es en el sabor donde está
Bruzual su grandeza.
Al morderlo, sientes la potencia del chorizo portugués, que, con su grasa, humedece
la miga e impregna de umami hasta llegar al cerebro; al final, quieres comerte otro.
Inversiones Soleado es de esas panaderías que viven exclusivamente del pan. Destaca
por sus panes rústicos. Además de este pan de chorizo portugués que nos ocupa, hay
que resaltar la calidad de su pan de la abuela, en diferentes tamaños o versiones,
así como de su pan gallego y campesino, que se caracterizan por una corteza gruesa
y crujiente.
En esta panadería no van a conseguir un miniabasto ni empanadas ni pasticho.
Cuentan con una pequeña charcutería con algunos embutidos y quesos, pero lo que
realmente sobresale aquí es el pan de calidad. Los panes rústicos que elaboran están
entre los mejores de la ciudad. ¡Sin duda!
Aunque tienen una sede modesta, sin ambiciones, el flujo de compradores de pan,
de todos los estratos sociales, es constante.
La panadería no está acondicionada para que la gente se siente un rato a merendar
y conversar, porque cuentan con pocas mesas. Pero le voy a dar un dato: usted puede
comprar panes con sus rellenos, armar unos sándwiches espectaculares y comérselos
allí mismo. Y, lo mejor, si va de jueves a sábado, puede comprar un chicharrón glorioso
al lado del local. Yo rellené un gallego con chicharrón bien carnoso y toqué
el cielo con la lengua.
¡Atrévase!
137
138
pan alemán
139
La primera experiencia en el centro de producción de Pan Alemán fue como subirse a
un barco. Uno de los trabajadores me recibió y me anunció con Tomas Bacher, director
de la panificadora y capitán de la tropa. Trepé por una pequeña escalinata de metal
para ingresar al local de un edificio en la calle Bolívar del pueblo de Baruta. Llegué
a la cubierta y avancé por una elevada plataforma. Allí me atrapó una sensación
magnética de movimiento incesante.
Guiada por Bacher, entré a la sala de máquinas, donde un hilo conductor invisible
Andrés Corazzini y Tomas unía procesos cuidadosamente concatenados: desde el cuarto en el que una persona
Bacher en Caraballeda,
estado Vargas, 2001. La
pesaba todos los ingredientes para cada receta hasta el último rincón en el que
idea de colaborar juntos en empacaban los productos listos, pasando por largos mesones, amasadoras, una
el mundo de la panadería
aún no formaba parte de plancha caliente donde asaban los muffins, carritos colmados de panes en fase
sus planes. foto cortesía de fermentación y la sección de horneado.
de tomas bacher.
140
El mar, las telas y el pan
Que la sensación al entrar a Pan Alemán sea la de estar ingresando a un barco no
parece casual. La navegación, la dirección del viento, el manejo de corrientes, vien-
tos y mareas no son elementos extraños para Tomas Bacher y tampoco para Andrés
Corazzini, su amigo y primer socio en Pan Alemán.
Tomas Bacher y Andrés Corazzini se conocieron en 2001 a través de una pasión común:
el mar. Con frecuencia, viajaban en velero por el archipiélago de Los Roques y luego
comenzaron a trabajar juntos en la empresa textil de Corazzini, ubicada en San Cristóbal.
El primer pan alemán que Andrés, nacido en Madrid, de madre española y padre italiano,
recuerda es el sucre de la emigró con su familia a Venezuela y desde pequeño vivió en
panadería La Amistad, en la San Cristóbal. Cuando conoció a Tomas, era un deportista de
avenida Rómulo Gallegos, donde, montaña y trail. Había estudiado ingeniería aeronáutica, pero
en los años 70, los europeos solían interrumpió la carrera para encargarse de la empresa de su
comprarlo familia en Táchira.
En 2006, durante una visita a Caracas, Corazzini descubrió Pan Alemán, ubicado para
entonces en el centro comercial Lomas de La Lagunita, al sureste de Caracas. Se maravilló
con los productos que encontró y de inmediato llevó a su amigo Tomas a conocerlo. Sabía
de antemano que quedaría encantado. Tenía sobradas razones.
«Una de mis primeras memorias es sencilla y a la vez extraordinaria: cuando era niño,
siempre había pan rebanado en el congelador de mi casa —recuerda Bacher—.
Lo sacaba de la nevera, lo metía en el tostador, el pan saltaba y le ponía mantequilla.
Un recuerdo delicioso e inolvidable».
El primer pan alemán que Tomas recuerda es el pan sucre de la panadería La Amistad,
en la avenida Rómulo Gallegos, donde, en los años 70, los europeos de Caracas solían
comprar este pan de trigo y centeno. «Era espectacular, sin grasas ni azúcar. Y algo
curioso es que la panadería era de portugueses», advierte con una sonrisa.
141
«Ese pan de trigo y centeno era muy diferente a otros —continúa—, pues en la
Venezuela de hace 30 o 40 años no se solía producir como hoy en día». Eran panes
al estilo europeo, mediterráneo, de masa madre, elaborados con harina, agua, sal y,
en algunos casos, levadura.
142
El que pesa las masas
lanza las bolas a la
mesa con una calculada
precisión.
Varios panaderos se
dedican a bolear las masas.
143
La tienda de Los Palos Grandes es similar a
la primera sede de La Lagunita: un concepto
de comprar el pan y llevar.
De izquierda a derecha: Dinkel (pan de espelta). Diabetiker (pan de trigo integral, centeno, ajonjolí y linaza). Familienbrot (pan de centeno y trigo).
144
Maxicorn: el pan del orgullo
Pan Alemán ofrece una amplia variedad de panes, ubicados en tres líneas de pro-
ducción: panadería alemana, panadería artesanal y panadería tradicional.
Los panes alemanes que siguen en popularidad son el pan de centeno (feinschmecker),
el de espelta (dinkel), el diabetiker, el de centeno y trigo (familienbrot) y los pretzels,
típicos de Alemania. El familienbrot, el feinschmecker y el dinkel, cuyas recetas
provienen también de Burlefinger, resultan muy apreciados por su alto contenido
en fibra, vitaminas, minerales y por ser bajos en gluten. En Alemania, hay 3.000
variedades de pan registradas, según la Unesco.
Dentro de la línea artesanal, los panes de masa madre son muy populares.
Con un proceso de fermentación prolongado y ricos en probióticos, las versiones
simple, orégano/romero y zanahoria con nueces son muy valoradas por
los clientes.
145
Cuatro sedes, cuatro capítulos
En Pan Alemán se definen como un punto de encuentro para las personas e institu-
ciones que tienen que ver con la cultura alemana en Venezuela. Prestan sus servicios
en los eventos del Instituto Goethe, del colegio Humboldt, de la Asociación Venezolana-
Alemana de Socorro (AVAS), entre otros.
«Cada año, llevamos nuestros pretzels a los Oktoberfest que se realizan en el país
—comenta Tomas Bacher— y vamos con otros productos a clubes sociales y eventos
culturales en los que resalta lo alemán. Si bien la comunidad alemana en Caracas no
es tan numerosa como años atrás, aquí continuamos, dando lo mejor de nosotros e
innovando con esmero. Todos nuestros clientes son valiosos».
«Cada año, llevamos nuestros En sus 19 años, Pan Alemán ha tenido cuatro sedes, algunas
pretzels a los Oktoberfest que se simultáneas. Cada sucursal no solo ha representado una
realizan en el país» tienda, sino un capítulo en su historia. Desde sus inicios en
2005, en Lomas de La Lagunita, pasando por Las Mercedes
(2008), Galerías Los Naranjos (2010) y, desde 2016 hasta la actualidad, Los Palos
Grandes, cada local ha sido un punto de encuentro que reúne a los amantes del buen
pan y la pastelería.
Tomas Bacher relata cómo las transiciones entre tiendas fueron impulsadas por el
deseo de crecer y mejorar, manteniendo lo que ya funcionaba bien. El primer local
en La Lagunita, aunque pequeño y apartado, dio paso a una tienda en Las Mercedes,
con una ubicación estupenda y jardín incluido, donde pudieron expandir su oferta e,
incluso, ofrecer almuerzos y despachar panes a supermercados.
146
En 2016, cerraron en Los Naranjos y Las Mercedes para establecerse en Los Palos
Grandes, donde volvieron a sus raíces con una tienda que recuerda su primer local en
La Lagunita: un lugar pequeño y cálido que cautiva al cliente con su oferta de productos.
El motor es la colaboración
Las personas que pertenecen al equipo de Pan Alemán son ordenadas y puntuales, les
gusta trabajar en un ambiente de colaboración mutua, resaltan la importancia de la
buena comunicación en equipo y algo muy importante: les encanta aprender.
Lo comenta la siempre sonriente Maira Zerpa, encargada del área de pastelería. Dice
que luego de 15 años en Pan Alemán, ama su trabajo. Afirma que la unión de su equipo
es algo hermoso. «Sabemos trabajar en armonía», manifiesta con orgullo.
El hornero principal es Edgar Montiel, quien cuida que los panes se sometan a las
temperaturas adecuadas. Trabaja en Pan Alemán desde hace siete años. Edgar ha
147
Tomas Bacher y Oswaldo Esté con el
equipo de 30 personas que trabaja en el
centro de producción de Baruta.
148
149
aprendido que, para lograr un buen trabajo en equipo, la comunicación debe ser
asertiva, porque influye de forma directa en la calidad de lo que se hace. Lo que más
le gusta de su trabajo es que siempre hay un producto nuevo para investigar
y experimentar.
«Lo más difícil que nos ha ocurrido —rememora— fue no tener harina. Entre
2016 y 2017, las panaderías tenían cupos asignados para comprarla. Cuando nos
decían que se había acabado, no podíamos producir. Recuerdo claramente que, en
ese tiempo, tuvimos la maravillosa experiencia de ver cómo unos clientes para los
que hacíamos panes de hamburguesas nos trajeron los sacos
Entre 2016 y 2017, de harina. Así pudimos hacerles los panes».
las panaderías tenían cupos
asignados de harina. Unos Venezuela cuenta con un gremio de panaderos que tiende
clientes para los que la empresa a ser muy generoso, testifican satisfechos Tomas Bacher
hacía panes de hamburguesas y Oswaldo Esté. Afirman que, si fuese necesario, pueden
hasta trajeron los sacos para que aproximarse al panadero más cercano y pedirle prestados
dos o tres sacos de harina, con la certeza de que se los dará:
se pudiera hacer su pedido
«Nosotros también colaboraríamos con cualquier panadero
si estuviera en el mismo caso. Sabemos que, pertenezca o no a la competencia, lo
devolverá», afirma Bacher.
Un sueño actual del dueño de Pan Alemán es que puedan producir su maxicorn a
nivel nacional. «La idea sería trabajar con aliados, como lo hicimos una vez con Ávila
Burger y nuestro pan de hamburguesas. Queremos viajar, escoger las panaderías
150
adecuadas y, claro está, tras firmar un acuerdo de confidencialidad, enseñarles a
hacer el maxicorn. Para nosotros, esa siempre ha sido una experiencia enriquecedora,
pues nos hace compartir con los colegas de todo el país y permite que el producto se
consuma en las mejores condiciones, en todas partes».
*Nahir Márquez es
de crónicas urbanas y
temáticas culturales y
y juveniles. Durante 19
Venezuela y Alemania.
mermelada.
151
El pan maxicorn de Pan Alemán contiene variados
cereales, semillas tostadas y masa madre de centeno.
152
El Al probar el maxicorn de Pan Alemán retrocedí 25 años, a aquellos tiempos en los que
la cocina alemana marcaba los inicios de mi andar gastronómico. Lo saboreé apenas
maxicorn abrí el empaque de la bolsa plástica y confieso que no me convenció. Pero decidí
prepararme un sándwich y fue entonces cuando comenzó el viaje de un cuarto de siglo.
y George Para mi gusto, el maxicorn es más sabroso tostado. Los cereales se realzan y
aparecen aromas y sabores más intensos y complejos. Esto ocurre en todos los panes,
Juan Carlos por la reacción de Maillard, pero en este caso la diferencia es abismal.
Bruzual Bajo fuego, aparece el dulzor de los cereales, el amargo de las semillas; la sensación en boca se
vuelve más rústica y la textura crujiente cobra fuerza. La miga es apretada, típica de este tipo
de panes. Contiene una variedad de cereales, semillas tostadas y masa madre de centeno.
Valdría la pena probarlo recién horneado, antes de ser empacado en bolsa de plástico,
porque sin tostar, su sabor, aroma y textura son planos, y la masa madre se siente poco.
Cuando empecé a estudiar cocina, en septiembre de 1999, conocí al chef alemán Werner
Jürgen Thiede Marx (1943-2010). George —así lo llamábamos— se inició como
cocinero, a los 15 años, en el Hotel Hilton de Berlín. Había recorrido medio mundo en
el oficio, desde los países escandinavos hasta New Orleans. En 1969, llegó a Venezuela
para dirigir los mejores años de la cocina del Hotel Selva Negra, en la Colonia Tovar.
En la Caracas cosmopolita de los 70, George fue el chef de varios restaurantes, entre
estos del célebre Le Drugstore, en Chacaíto. Luego impartió clases y me formé con él
en la escuela de cocina High Training Educational Institute de Santa Mónica. Durante
esos dos años, marcó mi carácter profesional por el resto de mi vida y nació una
amistad; inclusive, cocinábamos juntos en casa.
Cuando tosté unas rodajas de este maxicorn, rellenas con lomo embuchado, un poco de
queso munster, unas ruedas de tomate y un generoso chorro de mostaza, recordé una
charcutería alemana que quedaba al lado del instituto de inglés al que llevaba a mi hijo
Juan Vicente, chamito, por aquellos años en los que yo estudiaba cocina.
La charcutería quedaba en el centro comercial La Pirámide, en Prados del Este, donde
vendían un pan similar al producto estrella de Pan Alemán. Allí solía comprar y llevar
a casa unas hogazas con arenques, cabeza de cerdo, pastel de carne, lomo o jamón
selva negra, salchichas y, por supuesto, chucrut (una conserva de repollo); nunca
faltaba una buena mostaza.
Mis desayunos eran un festín con sabores alemanes que George me enseñó a apreciar.
153
154
dolce capricci
155
Los días de colegio, Grazia Gentile le llevaba a su hija Angela un sándwich de
huevo frito en un pan de a locha para el desayuno. La acompañaba durante
todo el recreo, pero muchas veces sonaba el timbre y a la niña no le daba tiempo
de comérselo entero. «Todos mis amigos jugaban y yo, parada con mi mamá
desayunando. ‘Hasta que no te termines el pan, no me voy’, me decía», recuerda
Angela sentada en su panadería-pastelería Dolce Capricci, rodeada de panes,
focaccias y de su mamá.
156
Tierra de Grazia
Fue Grazia quien quiso tener una panadería. Criada en una familia de panaderos,
provenientes de Bari, en la costa sur de Italia, creció viendo la magia de levar.
De adolescente ya trabajaba junto con Renzo y Felice, dos de los nueve hermanos
Gentile Crudele, en la panadería Capri, de la avenida Roosevelt. Desde su llegada a
Venezuela en los años 50, se ha movido entre las avenidas Victoria y Roosevelt, Los
Símbolos, Las Acacias, bajo las frondas de los sauces, las caobas, las acacias y los
jabillos de la parroquia San Pedro de Caracas.
«Dime, mi amor, que estoy haciendo un pasticho», dice antes de sentarse en el borde
de la silla, lista para irse. «Siempre he trabajado en panaderías, porque tenía dos
hermanos pasteleros y confiaba en ellos. Cuando empecé, no sabía hacer nada, era casi
una niña; cualquier cosa, les preguntaba. Compraron la panadería Capri, por
Las Acacias, y yo estaba en el mostrador para vender. Siempre trabajaron con comida,
con cafetines», recuerda Grazia, a quien todos llaman, como es de esperarse, la nonna
y que habla, también de esperarse, como una auténtica nonna.
A este grupo de artífices italianos se sumaron las familias de Grazia Gentile Crudele
y de su esposo Michele Di Lucia De Lucia, al que ella conocería trabajando en el
157
mostrador de la panadería. Se casaron cuando la nonna tenía 17 años de edad y él, 22:
«Mis hermanos vendieron la Capri, yo compré la panadería Villanova a unos paisanos
y me puse a trabajar sola, con mi marido y los hijos. Mi hermano menor trabajó un
tiempo conmigo, ahí. Tío Tonino le enseñó a tu papá», dice mirando a Angela, que
escucha esta entrevista y puntualiza algunas fechas que a su madre se le escurren.
Como si un cernedor de la memoria hubiera atrapado un dato suelto, Angela dice sin
que nadie le pregunte: «Mi mamá empezó a hacer las rosquitas, llamadas taralli, en
la Villanova». Y, por un instante, nadie dice más nada.
Michele Di Lucia y La Villanova funcionaba en Prado de María, cerca de El Cementerio, en una parroquia
Grazia Gentile junto a sus
hijos Filomena, Angela vecina a donde siempre vivió la familia. «Mi mamá se quería independizar. Mi papá era
y Sabatino en Caracas, más tranquilo, más light, no le gustaba meterse en mucho compromiso, pero mi mamá
1968. Foto: Madrid,
R. Lozano. cortesía de le daba el empujón a todo, era la que iniciaba las cosas. Entonces, él la seguía para no
lafamilia di lucia.
dejarla sola, pero no era un negociante», recuerda Angela.
Explica:
«Yo le decía el alquimista porque siempre estaba inventando cosas, renovando.
158
Descubrió que tenía ese don. Cuando mi mamá compró
la Villanova, él no sabía nada, fue autodidacta y aprendió
de otros pasteleros. Se convirtió en un genio con las masas,
de pan, de lo que fuera: le quedaban mundiales. Era muy
bueno con los sabores. Hacía dulces napolitanos, porque él
era napolitano; también un hojaldre buenísimo a rodillo, no
teníamos laminadora. Lo estiraba en una mesa, de punta
a punta. No era bueno con las decoraciones, era muy malo.
Entonces, ahí intervenía yo».
Y dice Angela:
«Cuando empecé a trabajar con mi papá, no sabía nada de panadería o pastelería y
lo recuerdo regañándome; perdía la paciencia. Después, entendí que los regaños eran
necesarios. Era superagradable hornear con él, pasábamos tiempo juntos. Cuando mi papá
murió, me quedó ese legado, esas recetas. La panadería es un mundo muy masculino».
159
En esta familia, a pesar de lo masculino que sigue siendo el negocio panadero, las
mujeres han aprendido el oficio de los hombres —Grazia, de los hermanos; Angela,
del padre— y con ese acopio de saberes han liderado sus empresas.
A pesar de lo masculino que Angela nació con una partera en el apartamento de la familia,
sigue siendo el negocio panadero, en Las Acacias de Caracas. Es la del medio de tres hermanos.
las mujeres han aprendido el «Mi hermana mayor, Filomena, falleció hace cinco años.
Después vengo yo y, de último, mi hermano, Sabatino. Somos
oficio de los hombres: Grazia, de
muy contemporáneos. Cuando mi mamá compró la Villanova,
los hermanos; Angela, del padre
yo tenía como 15 o 16 años. Mi papá y mi hermana se metieron
de cabeza en el negocio. Inicialmente, yo no trabajaba con ellos, porque tenía un
marido que me mantenía, pero cuando me divorcié y me vi sin saber qué hacer, pensé:
“Si mi mamá tiene un negocio, me voy para allá a ayudarla”».
Y, en 2005, lo encontraron.
La remodelación de la Dolce Capricci les tomó unos cuatro años a los hermanos-socios
Filomena, Sabatino y Angela. Convertir el local que alojaba una venta de motosierras
en una panadería tuvo sus retos: «Me dediqué a la búsqueda del local y, entre nosotros y
160
algunos expertos, comenzamos a definir la distribución del negocio y la decoración.
No teníamos la capacidad financiera de darle la llave a alguien para que nos entregara todo
listo; entonces, fuimos poco a poco, porque no teníamos muchos recursos», dice Sabatino.
Uno de los escollos iniciales ha sobrevivido en la imagen del local a manera de itañol:
un error en el registro mercantil dejó en dolce el nombre que debió haber sido dolci,
según corresponde en el plural italiano.
Durante el proceso, que tardó entre 2005 y 2009, algunos les recomendaron montar
algo más pequeño, más discreto. Pero los Di Lucia Gentile crecieron viendo a su madre
seguir sus sueños enteros. Esos años, además, coinciden con un momento de cierta
estabilidad económica en Venezuela, con los precios del petróleo rondando los 100
dólares por barril, a pesar de algunas señales de alarma política que empezaban a
sonar. «Desde el principio nuestra visión fue montar otra panadería, con más variedad
y opciones de comida que la Villanova», dice Sabatino. Nunca pensaron en otro
negocio, porque esta genética contiene trazas de gluten.
A las 5:45 de la mañana, Angela levanta la santamaría en Dolce Capricci. Saca de las
neveras la bollería para que bote el frío antes de ponerla a hornear. El panadero y el
resto de los empleados arriban al local cuando ya está oliendo a pan: «Le dices
a un trabajador que llegue tan temprano y es difícil, porque no consiguen transporte
público. Mi hermano y yo lo hacemos antes, para poder abrirles a los empleados».
161
la pastelería y las pastas se convirtieron en sus fuertes, antes que los panes. «Hacer un
buen pan artesanal, de masa madre, lleva mucho tiempo y eso significa dinero.
Se volvió complicado encontrar buenos panaderos, la mano de obra se puso difícil.
Los hermanos de mi mamá salían a las tres de la mañana a repartir el pan, que estaban
haciendo desde horas antes», recuerda Angela.
Eugenio Montejo también evoca las jornadas de trasnochos ceremoniales con la leña del
horno ardiendo: «La furia de la ciudad nueva arrojó lejos a las cosas y al tiempo del taller
blanco. Y sin embargo, en mí pervive el ritual de sus noches. En cada palabra que escribo
compruebo la prolongación del desvelo que congregaba a aquellos humildes artesanos».
Horarios madrugadores y vigilias solo aptas para devotos, lo laborioso y dilatado del
buen pan, la migración de la mano que amasa, los choques culturales entre la oferta del
local y los gustos de los clientes: la receta del éxito panadero lleva algunos ingredientes
inesperados. Los hermanos Di Lucia coinciden en identificar un adversario: el pan sobao.
«En la cultura italiana gusta el «En la cultura italiana gusta el pan de concha dura, con mucho
pan de concha dura. El criollo alvéolo. El criollo prefiere la canilla, la corteza suave, el pan
sobao», dice Sabatino.
prefiere la canilla, la corteza
suave, el pan sobao»
«Al principio, hacíamos de todo tipo de panes y, viendo que no
se vendían mucho, nos adaptamos. Entre todos los que hacíamos aquí, el sobao era el
que más se vendía. A los panaderos les gustaba y terminaban sacándolo más. Ahora,
hemos decidido quedarnos con los panes imprescindibles: campesino, el de los panini, de
hamburguesa, pan deli y la focaccia, receta de mi papá, los viernes y sábados. El hojaldre
aquí es bueno, se hace con mantequilla», explica el menor de los hermanos Di Lucia.
162
Filomena, Sabatino y
Angela cuando abrieron
la Dolce Capricci. foto
luis e. baralt. tomada de
la revista el magazine del pan.
año 11. n.° 61.
163
La clientela es mixta entre
venezolanos e italianos.
Armar un equipo de
artesanos panaderos y un
catálogo de panes ha sido
uno de los desafíos de la
familia.
164
Una de las primeras panaderías Una de las primeras panaderías de las que se tiene apuntes en
de las que se tiene registro en Caracas fue la de un italiano: Giuseppe Di Lucca, entre las esquinas
de Angelitos a Jesús, alrededor de 1911. También fue un italiano,
Caracas fue la de un italiano:
Luis Parilli, el dueño de uno de los primeros molinos de harina de
Giuseppe Di Lucca, entre las
trigo, en Trujillo, a finales del 1800, según reseña el libro Italia y
esquinas de Angelitos a Jesús, Venezuela: inmigración y gastronomía en el apartado escrito por
alrededor de 1911 Ivanova Decán. A pesar de esto, los gentilicios más comunes de
las panaderías en Venezuela son portugueses y españoles. «Los italianos se dedicaron más
a las pastelerías y a las trattorias en los últimos años», dice Sabatino.
Un recorrido por las avenidas Presidente Medina (conocida como avenida Victoria),
la Roosevelt y otras de la parroquia San Pedro basta para evidenciar que en las panaderías que
aún quedan, incluso las que mantienen un nombre alusivo a raíces italianas, no se encuentran
panes típicos de esa gastronomía. Han ido cediendo a gustos locales y a una tabla de salvación
compartida para navegar la crisis: el menú de sopa, seco y jugo, como en Dolce Capricci.
El padre de la familia, Michele, no vio la Dolce Capricci lista: enfermó y murió en 2007, y
*Laura Helena Castillo la apertura fue en 2009. Pero su receta de la focaccia amasada con papa se sigue con rigor
es periodista, cofundadora cada viernes y sábado, cuando la ofrecen en la panadería. Decorada en el tope con tomate,
y directora del Bus TV y aceituna y orégano, es una de las marcas italianas del lugar.
asesora de medios y ONG
sobre formas creativas También los sábados salen calzones y panzerotti. Grazia Gentile está recostada en el
para informar en contextos mostrador desayunando un panzerotto. Tiene al lado una torre de focaccias que acaban de
de censura. Fue reportera hornear. Habla con los empleados, saluda a los clientes y asume el rol de nonna ufficiale con
y editora de los cuerpos el mismo rigor con el que acompañaba a Angela a desayunar cada día en el colegio. «Nos echan
Ciudadanos y Siete Días de mucha broma porque todavía, nosotros ya de grandes, mi mamá nos pregunta qué vamos a
El Nacional. Una focaccia comer. Nos dicen: “Miren a los niñitos a los que la mamá les hace la comida”», comenta Angela.
rellena de mortadela y
165
La focaccia de la Dolce Capricci se prepara con
una buena cantidad de papa, lo que hace que
su estructura sea diferente.
166
La Después del pita, la focaccia debe ser el pan plano más famoso del mundo, pero,
a diferencia de aquel, varía dependiendo de la región de Italia. Puede ser gruesa o
focaccia delgada, con alvéolos grandes o pequeños, crujiente o suave, salada o dulce (esta
última como la de Venecia).
de Bari en La de la Dolce Capricci es barese, oriunda de Bari, donde también nació la nonna
Grazia Gentile. Se prepara con una buena cantidad de papa, lo que hace que su
Caracas estructura sea diferente.
La primera vez que fui a la panadería de Los Chaguaramos estaban cerrando y, al
Juan Carlos pedir una focaccia para llevar, Angela Di Lucia, una de las dueñas, me dijo con mucha
Bruzual pena que mejor no la llevara, porque ese día no estaban conformes con el resultado.
Me la llevé, la probé y, efectivamente, no me convenció.
Dejé para el final este texto y decidí volver, sin avisar, como siempre hacemos. Esta vez
ocurrió la magia: estaba la nonna detrás de la barra, encargada de su coroto, promoviendo
la focaccia y su pasticho. Bastarían unos pocos minutos de sabrosa conversa para quedar
prendado de ella; tiene un ángel especial y una sonrisa que ilumina.
Me recomendó que la probáramos como si fuera un rico panini: rellena de una buena
cantidad de mortadela tapara, lonjas de queso grana padano, su salsa pesto, rúcula
y un chorro generoso de aceite de oliva. Fue un espectáculo de sándwich, con sabor
italiano por los cuatro costados.
Esta focaccia es hermosa. Tiene una corteza dorada, suave, con algunos toques
quebradizos; topping de tomates confitados, ligeramente secos; rodajitas de aceitunas
negras y verdes, algo de albahaca y orégano. Solo de olerla me llevó a Italia, sin
pasaporte. ¡Me encantó!
La miga tiene alvéolos pequeños, es suave, húmeda, ligeramente boronosa y gelatinosa.
Todo esto consecuencia del alto contenido de almidón de la papa que se usa en este pan.
Un elemento técnico importante es que necesita tres días de elaboración. En el primero,
hacen la biga, un prefermento vital para panes italianos. El segundo día, la amasan, la
dejan fermentar y forman las focaccias (por cierto, redondas). Luego, las dejan reposar
en la nevera hasta el día siguiente, cuando les ponen el topping, aceite de oliva y las
hornean.
Por supuesto, también comí el pasticho de berenjena de la nonna, y disfrutamos de un
aromático amaretti, de una untuosa pastiera y un macchiato con mucho cuerpo, que
me obsequió Sabatino, otro de los dueños.
¡Valió la pena volver!
167
Los panes
que nos unen
(recetario)
La mayoría de estas fórmulas
forman parte del contenido
de los cursos que impartimos,
o del menú de panes que
ofrecemos al público, en el
Instituto Europeo del Pan.
Pertenecen a nuestro acervo
y se han ido construyendo,
desde su fundación en 2002,
con el concurso de panaderos
que han dejado sembrada
su esencia en nuestra
escuela. Fueron revisadas
y adaptadas para este libro
por el director, Juan Carlos
Bruzual, y el instructor Juan
Vicente Bruzual.
168
Cachitos Ingredientes de la masa Ingredientes del relleno
de jamón 174 g de harina panadera o de fuerza1 220 g de jamón ahumado rebanado
5 g de agua 75 g de tocineta ahumada2 (ligeramente
(4 cachitos de 4 g de levadura fresca o 2 g de levadura sofrita y con los bordes tostados)
instantánea (no usar levadura seca activa) 5 g de papelón rallado
80 g de masa
3 g de sal fina
y 75 g de relleno) 24 g de mantequilla sin sal
12 g de manteca de cerdo o grasa de tocineta
26 g de azúcar blanco
9 g de malta líquida (cualquier marca
comercial hecha con cebada)
169
Pan de la Ingredientes de la masa Ingredientes del poolish
abuela 250 g de harina panadera o de fuerza 64 g de harina panadera
6 g de harina de centeno integral 1 64 g de agua
5 g de harina tostada 0,5 g de levadura fresca o 0,5 g de levadura
(4 panes de
5 g harina integral o afrecho fino instantánea (no usar levadura seca activa)
150 g c/u) 212 g agua (fría de nevera)
1 g de levadura fresca o 0,5 g de levadura
instantánea2 (no usar levadura seca activa)
7 g de sal
114 g de prefermento poolish3
170
nunca hacer un preformado o formado redondo. en la base del horno y cerrar rápido. Hornear
• Aplanar cada trozo de masa con la yema de durante 10 minutos.
los dedos, pasarlo por abundante harina, poner • Abrir la puerta para sacar la pastichera, volver a
encima de una tela, tapar y dejar reposar por 1 cerrar, reducir la temperatura a 200 ºC o
hora exacta, en un lugar fresco, entre 23 ºC y 25 ºC. 390 ºF y hornear por 12 o 15 minutos más, hasta
• A los 30 minutos, encender el horno y meter una que la corteza de los panes quede de un color
pastichera de metal en la base dentro del horno. Si dorado claro. Si el horno es de convección, ubicar la
va a hornear en olla con tapa, obviar la pastichera, perilla de la temperatura en 175 ºC o 350 ºF.
poner la perilla del horno a 230 ºC o 445 ºF. Si el • Si no se cuenta con piso de piedra, antes se puede
horno es de convección, ponerlo a 200 ºC o 390 ºF. introducir una bandeja en el horno, para que al
• De una en una y con cuidado, poner cada momento de colocar los pastones, esté caliente y
porción de masa sobre una tabla lisa con harina cumpla la función de un piso de piedra.
y deslizarlas sobre el piso de piedra, un pastón • Al sacar del horno, dejar reposar por 15 minutos
primero y luego el otro, sin que se peguen. Verter un sobre una rejilla o tabla de madera en un lugar
vaso de agua en la pastichera de metal que pusimos cálido y sin corrientes de aire.
171
masa, tapada, por 5 minutos y, después, hacer un hacia arriba y hacia abajo. Estirar 25-30 cm, po-
amasado intenso por 3 o 4 minutos. ner las tres hebras en posición vertical y juntar las
• Chequear la malla glutínica (tejido delgado que puntas de arriba. Llevar dos hebras a la derecha y
crea el gluten y que permite que haya una estruc- una a la izquierda, pasar la hebra de afuera de la
tura consistente). Si aún no está bien desarrolla- derecha hacia el centro, luego hacer lo mismo con
da, aplicar un esquema de amasado por 3 minutos la de la izquierda, e ir entrelazando las hebras has-
y reposos de 5 minutos, hasta lograrlo. ta el final. Unir las puntas para formar una trenza
• Una vez culminado el proceso de amasado, poner de tres hebras.
la masa en el mesón de trabajo, cortarla en tres par- • Tapar bien y dejar fermentar en una bandeja lisa
tes iguales, hacer tres bolas y guardarlas dentro de engrasada, durante 75 u 80 minutos, entre 23 ºC
un envase engrasado y tapado. Dejar reposar por y 25 ºC.
90 minutos, entre 22 ºC y 24 ºC. • Unos 30 minutos antes de hornear, encender el
• Al terminar la fermentación, sacar las tres bo- horno a 180 ºC o 350 ºF. Si el horno es de convec-
las de masa del envase, colocarlas sobre el me- ción, poner la perilla a 155 ºC o 310 ºF.
són engrasado y, con la ayuda de un rodillo, • Cuando termine la fermentación, usar una bro-
aplanar y estirar para formar una especie de cha para barnizar el pastón con huevo batido y ro-
lengüeta, con la parte inferior más ancha que ciarle ajonjolí.
la superior. • Hornear durante 20-25 minutos, hasta que la
• Voltear la lengüeta, para que la parte fea corteza tenga un color dorado intenso o la tempe-
quede hacia arriba. Enrollar de arriba hacia aba- ratura interna del pan llegue a 92 ºC.
jo, para hacer un preformado cilíndrico y sellar • Al sacar del horno, dejar reposar por 20 minutos
bien el cierre. Dejar descansar por 10 minutos. sobre una rejilla o tabla de madera, en un lugar
• Con la ayuda de las manos, hacer movimientos cálido y sin corrientes de aire.
Para la mantequilla clarificada grasa de los sólidos. Este proceso también puede
• Poner 100 gramos de mantequilla en una ollita hacerse en microondas, calentando en tandas de 10
y cocinar a fuego muy bajo, hasta que se separe la en 10 segundos, hasta obtener el mismo resultado.
172
Procedimiento para el amasado centro, formando un sobre. Ubicar la base del
Amasado manual sobre de cara al mesón y ejercer presión al bolear.
• Reservar la mantequilla. • Con las dos mano sobre la bola de masa, hacer mo-
• En el mesón de trabajo, poner la harina y hacer vimientos que semejen una circunferencia.
un volcán con el cráter muy ancho (eso le garantiza • Aplicar una capa fina de aceite vegetal en las ma-
que los líquidos no se desborden). Agregar todos los nos y untar la bola de masa, tapar y dejar reposar
ingredientes, menos la mantequilla, dentro del por 10 minutos.
volcán y comenzar a remover, al principio, poco a
poco, tomando parte de la harina y mezclándola Procedimiento para el formado
con los líquidos, hasta formar una pasta. Unir rápi- • Con un rodillo, extender la bola de masa, poco a
damente de manera envolvente con la harina. poco, hasta lograr un rectángulo de 38 x 40 cm
• Una vez incorporada toda la harina, amasar du- y ½ cm de grosor.
rante 5 minutos. • Distribuir una fila de aceitunas verdes en el extre-
• Agregar la mantequilla, mezclar por 2 o 3 minu- mo superior de la masa. Tomar esta y cubrir las
tos. Es normal que, en este proceso de incorpora- aceitunas por encima, de manera que queden atra-
ción de grasa, la masa se separe. Siga amasando. padas en la masa.
No agregue harina. • Repartir las lonjas de jamón uniformemente en la
• Una vez que la mantequilla esté bien incorpora- superficie de la masa, que sobresalga 1 cm por am-
da, deje descansar la masa por 5 minutos y haga un bos lados, derecho e izquierdo, de la masa. Dejar
amasado intenso por 2 minutos. Deje descansar la una lengüeta de 8 cm libres de jamón, en el extremo
masa por 5 minutos y haga otro amasado intenso inferior, que servirá para cerrar y decorar el pan.
por 2 minutos más, hasta que el gluten esté bien • Distribuir las lonjas de tocineta sobre el jamón, de
desarrollado. En cada tanda, chequear la malla manera transversal. Esparcir de manera uniforme
glutínica. las uvas pasas y rociar el papelón rallado.
• También se puede desarrollar el gluten por medio • Enrollar la masa con el relleno desde el extremo
de una técnica de estiramiento de la masa y plega- superior, hasta llegar al margen de 8 cm abajo.
dos. Poner grasa en el mesón de trabajo y estirar • Con un cuchillo o cortador de masa, hacer 7
con rodillo hasta 1 cm de grosor, plegar por la mi- cortes verticales en la lengüeta, del mismo tamaño,
tad, girar la masa unos 90 grados y volver a estirar. para obtener 8 tiras del mismo ancho y largo.
Debe realizar este proceso en tandas de 5 pliegues • Tomar las tiras y sobreponer cada una sobre el
y reposos de 5 minutos en cada tanda de pliegues. rollo, cuidando que todas culminen en la parte
• Al final de la tercera tanda, chequear el gluten. inferior y queden presionadas contra la bandeja.
• En caso de necesitar mayor desarrollo, hacer otra Repetir esta operación hasta terminar con las 8
tanda de 5 pliegues y volver a chequear la malla tiras, de manera tal que todas queden encima, como
glutínica, a través de la prueba de la membrana. decoración y cierre del pan.
• Colocar el pastón sobre una bandeja de hornear
Procedimiento para el preformado engrasada.
• Al culminar el amasado, poner la masa en el me- • Con un cuchillo de puntilla, hacer 5 perforacio-
són de trabajo limpio. nes verticales de arriba hasta abajo, sin dañar las
• Con la palma de la mano, presionar la masa para tiras de decoración.
aplanarla. Tomar cada extremo y llevarlo hacia el • Tapar bien con un plástico y dejar descansar por
173
15 minutos en un lugar fresco, con temperatura Procedimiento para el horneado
aproximada de 25 C° a 27 °C, guardar en nevera • Justo antes de hornear, utilizar una brocha para
12 o 14 horas a 4 °C. Al día siguiente sacar de neve- aplicar huevo batido sobre toda la superficie del
ra y dejar reposar otros 15 minutos a temperatura pastón, de manera uniforme.
ambiente, aproximada de 25 °C a 27 °C • Meter el pan en el horno, con cuidado, y dejar
• Precalentar el horno a 170 °C o 375 °F y prepa- cocinar durante 45 minutos.
rarse para hornear. • Sacar el pan de jamón del horno y barnizar con
mantequilla clarificada.
• Dejar reposar en rejilla durante 30 minutos.
Procedimiento del poolish Repetir este proceso, dejar descansar la masa 5 mi-
• Preparar el día anterior (entre 12 y 14 horas antes). nutos más y amasar enérgicamente 3 o 4 minutos adi-
• En un envase, mezclar la levadura con el agua y cionales. Utilizar este esquema de reposos y amasados
disolver bien. hasta desarrollar bien el gluten, que no se rompa.
• Agregar la harina y remover enérgicamente, con • Hacer un preformado redondo, esparcir una pelí-
una cuchara o batidor de alambre, hasta obtener cula de aceite en la bola, ponerla en un envase y
una pasta lisa. dejarla tapada durante 10 minutos.
• Guardarla tapada, en nevera, durante 3 horas y, • Dividir la masa en 4 trozos de 125 g cada uno.
luego, de 9 a 10 horas fuera de refrigeración, a una Presionar la masa con la palma de la mano para
temperatura fresca de 18 ºC-20 ºC. desgasificarla.
• Formar un rectángulo de 8 cm de alto por 12 cm de
Procedimiento de la masa ancho. Enrollarlo de arriba hacia abajo y formar un ci-
• Volcar la harina en el mesón de trabajo y hacer lindro, repetir el proceso con los otros trozos de masa y
un volcán de boca ancha. Agregar todos los dejar reposar por 10 minutos.
ingredientes dentro del volcán y comenzar a • Tomar cada cilindro y, con las dos manos, hacer
remover poco a poco, al principio, incorporando la movimientos de arriba hacia abajo (como si fuese
1
harina hasta formar una pasta. Luego, mezclar un rodillo). Simultáneamente, presionar hacia los
Si usa levadura
rápidamente, de manera envolvente. Amasar du- extremos de manera tal que quede con forma de ba-
instantánea para el
prefermento, pesar rante 5 o 6 minutos y dejar descansar la masa tapa- rra. Estirar hasta llevar a un tamaño de 22-24 cm
1 gramo, dividir en dos da por 5 minutos. de largo y 5-6 cm de circunferencia.
partes y usar la mitad. • Hacer un amasado intenso por 3 o 4 minutos. • Repetir el proceso anterior con las otras barras y
174
ponerlas en una bandeja de hornear previamente • Antes de hornear, hacer tres o cuatro cortes en la
engrasada. Si la bandeja es perforada, no engrasar superficie de los pastones, con hojilla en ángulo de
y espolvorear harina antes de poner los pastones. 45 grados, longitudinales, alargados y transversa-
• Dejar descansar los pastones formados bien tapa- les de 1 ½ cm de profundidad.
dos con plástico durante 45 minutos, en un lugar fres- • Introducir la bandeja con las barras. Con mucho
co, a una temperatura de 23-25 ºC. cuidado, pero sin miedo, agregar un vaso de agua
• Guardar en nevera, bien tapados, a una tempera- sobre la bandeja que pusimos en el piso del horno y
tura de 5 ºC por 12-14 horas. cerrar rápido. A los 15 minutos, abrir y retirar la
• Al sacar los pastones de la nevera, encender el hor- bandeja de metal donde se puso el agua y hornear
no y meter una bandeja de metal en el piso. Poner la durante 8-10 minutos más o hasta que queden
perilla a 190 ºC o 375 ºF. Si el horno es de convec- doradas.
ción, graduarlo a 160 ºC o 340 ºF. • Al sacar del horno, dejar reposar por 10 minutos
• Dejar descansar los pastones formados bien tapa- sobre una rejilla o tabla de madera, en un lugar
dos con plástico, durante 45 minutos, en un lugar cálido y sin corrientes de aire.
fresco, de 23-25 ºC.
175
• Una vez culminado el proceso de amasado, poner • A los 120 minutos, encender el horno e introducir
la masa en el mesón de trabajo, enharinado, y ha- en la base de este una pastichera de metal. Girar la
cer un preformado redondo. perilla del horno hasta los 230 ºC o 445 ºF. Si el
• Esparcir harina en toda la masa, guardarla en un en- horno es de convección, ajustarlo a 200 ºC o 390 ºF.
vase enharinado y tapado. Dejar descansar por 20 mi- • Dejar descansar el bollo formado, bien tapado
nutos, sacar la masa del envase y voltearla en el mesón con plástico, durante 30 minutos más.
de trabajo. Hacer 4 o 5 pliegues, tomar los extremos, • Poner el pastón, con cuidado para que no se desin-
estirarlos y envolver hacia el centro, con cuidado, para fle, sobre una tabla o cartón dura, enharinada.
no desgasificar mucho la masa. Poner de nuevo en el Hacer el corte en cruz sobre la superficie de la masa
envase, con la base de los pliegues hacia abajo y repetir y deslizarla sobre el piso de piedra.
el proceso cada 20 minutos, dos veces más. • Con mucho cuidado de no quemarse, agregar un
• Luego de la tercera tanda, dejar reposar la masa, vaso de agua sobre la pastichera de metal que pusi-
preferiblemente en un envase hermético rectangular, mos en la base del horno y cerrar rápido. Hornear
que previamente hemos engrasado con una ligera durante 10 minutos.
capa de aceite. Se reserva durante 120 minutos, sin • Transcurrido este tiempo, sacar la pastichera,
tocarla, en un lugar fresco, entre 23 ºC y 25 ºC. volver a cerrar, reducir la temperatura a 200 ºC o
• Guardarla en la nevera a una temperatura de 4 ºC 390 ºF y hornear por 30 o 35 minutos más, hasta
a 6 ºC, durante 16 horas. que los panes queden bien dorados, oscuros, pero
• Al día siguiente, poner la masa en el mesón de tra- sin quemarlos. Si el horno es de convección, girar la
bajo enharinado. Con cuidado y sin desgasificar, to- perilla de la temperatura hasta 175 ºC o 350 ºF de
mar los extremos y envolverlos hacia el centro temperatura.
formando un sobre. Colocar la base del sobre de • Si no cuenta con piso de piedra, se puede meter
cara al mesón de trabajo y ejercer algo de presión al una bandeja dentro del horno para que, al momen-
bolear. Hacer solo 3 o 4 movimientos circulares que to de ingresar los bastones, esté caliente y cumpla
semejen una circunferencia. Pasarla por abundante la función de choque de calor.
harina y ubicar en unas cestas o encima de una tela, • Al sacar del horno, dejar reposar 45-50 minutos
enharinada, para que no se pegue. Debe permane- sobre una rejilla o tabla de madera en un lugar cáli-
cer tapada para protegerla de las corrientes de aire. do y sin corrientes de aire.
• Dejar reposar por 150 minutos.
176
Procedimiento del pie francés • Colocar de nuevo en el envase enharinado, tapar
• Preparar el día anterior (12-14 horas antes). y dejar descansar otros 15 minutos.
• En un envase, mezclar la levadura con el agua y • Repetir el proceso anterior de pliegues.
disolverla bien. • Luego de esta segunda tanda, dejar reposar
• Agregar el resto de los ingredientes. la masa por 60 minutos más, sin tocarla, en un
• Remover enérgicamente y amasar por 5 minutos. lugar fresco, entre 23 ºC y 25 ºC.
• Guardar durante 1 o 2 horas tapado, fuera de la • Tomar una bola y con la ayuda de las manos (no
nevera a 18-20 ºC. usar rodillo) formar una especie de triángulo con el
• Llevar a la nevera, por 10 a 12 horas, a una tem- borde superior de 5 cm y la base de 18 cm. En esta
peratura de entre 5 ºC y 6 ºC. base, hacer un pliegue, de 2 a 4 cm, hacia arriba.
Luego, colocar los pulgares hacia adentro y, con la
Procedimiento de la masa base de las manos, ir enrollando, para generar ten-
•Agregar la levadura en el agua. sión, de arriba hacia abajo, hasta llegar a la base
• En el mesón de trabajo, poner la harina y hacer del pastón. Hay que cuidar de no ejercer presión en
un volcán con un cráter muy grande. el centro del pastón, para no perder la barriga, y
• Agregar todos los ingredientes dentro del volcán que quede bien cerrada la base.
y comenzar a remover, al principio, poco a poco. • También hay que garantizar que el cierre quede pe-
Tomar parte de la harina y mezclarla con los líqui- gado. Con las dos manos, hacer movimientos de arriba
dos, hasta formar una pasta. Luego, mezclar rápi- hacia abajo (como si fuese un rodillo) y, simultánea-
damente de manera envolvente con la harina, mente, presionar hacia los extremos de manera tal que
amasar durante 10 minutos, dejar descansar la quede con forma de campesino: barrigón en el centro
masa, tapada, durante 5 minutos y hacer un ama- del bollo y delgado en las puntas.
sado intenso por 3 o 4 minutos. • Repetir el proceso anterior con la otra bola de
• Chequear la malla glutínica (tejido delgado masa. Ponerlos en una bandeja de hornear previa-
que crea el gluten y que permite que haya una es- mente engrasada. Si la bandeja es perforada, no
tructura consistente). Si aún no está bien desarro- engrasar y espolvorearle harina antes de poner los
llada, repetir el proceso de amasado rápido por 2 pastones.
o 3 minutos y reposos de 5 minutos, hasta que esté • Dejar descansar el bollo formado, bien tapado
bien formado el gluten. con plástico, durante 30 minutos en un lugar
• Poner la masa en el mesón de trabajo y dividirla fresco, a una temperatura de 23-25 ºC.
en dos trozos iguales. • Guardar en la nevera, bien tapados, a 5 ºC por
• Hacer un preformado redondo en cada masa. 12 o 14 horas.
• Esparcir harina en la masa, guardarla en un en- • Al sacar los pastones de la nevera, encender el
vase enharinado y tapado. Dejar descansar por 15 horno y meter una bandeja de metal en el piso,
minutos. poner la perilla a 220 ºC o 430 ºF. Si el horno es de
• Sacar la masa del envase, voltearla en el mesón de convección, ponerlo a 200 ºC o 410 ºF. Dejar des-
trabajo, hacer 4 o 5 pliegues tomando los extremos, cansar los pastones formados bien tapados con
estirarlos y envolver hacia el centro, con cuidado plástico, durante 45 minutos en un lugar fresco
para no desgasificar mucho la masa. a una temperatura de 23-25 ºC.
• Poner de nuevo en el envase, con la base de los • Antes de hornear, hacer tres cortes con hojilla en
pliegues hacia abajo, y esparcir nuevamente una ángulo de 45 grados, longitudinales, alargados y
capa de harina en toda la masa. transversales de 1 ½ cm de profundidad.
177
• Meter la bandeja con los campesinos en el horno, horno es de convección, ajustarlo a 170 ºC o 360 ºF,
con mucho cuidado, pero sin miedo. hasta que queden dorados, oscuros, pero sin que-
• Agregar un vaso de agua en la bandeja que pusi- marse. Si los panes están firmes a los 20 minutos,
mos en el piso. Hornear durante 12 o 15 minutos. retirar la bandeja y ponerlos sobre la rejilla.
Abrir la puerta para retirar la bandeja con agua, • Al sacar del horno, dejar reposar por 60 minutos
volver a cerrar, bajar la temperatura a 200 ºC o sobre una rejilla o tabla de madera, en un lugar cá-
390 ºF y hornear por 28 o 30 minutos más. Si el lido y sin corrientes de aire.
178
De uno en uno y con cuidado, colocar los pastones para sellar las dos caras y seguir horneando por 5
sobre una tabla lisa con harina y deslizarlos sobre minutos más.
el piso de piedra, cuidando que no queden pegados • Al sacar del horno, dejar reposar 15 minutos so-
unos a otros. bre una rejilla o tabla de madera, en un lugar cálido
• Después de 1 minuto, dar vuelta con una espátula y sin corrientes de aire.
179
engrasada, si es lisa. Si la bandeja es perforada, no del lado izquierdo; otro en el medio, y el tercero,
engrasar. En este caso, espolvorear completamente abajo y ligeramente hacia la derecha. Deben ser
con harina antes de colocar los pastones. Si la ban- de 1 cm de profundidad y 8 cm de largo.
deja es lisa, recomendamos poner harina solo en la • Meter en el horno la bandeja con los cuatro bo-
parte superior del pastón. llos. Con mucho cuidado de no quemarse, agregar
• Dejar madurar (crecer) los pastones durante 50 un vaso de agua sobre la bandeja de metal que se
minutos en un lugar fresco, entre 23 °C y 25 °C, sin introdujo en la base del horno y cerrar rápido.
corrientes de aire y siempre tapados. Luego, guar- Hornear durante 15 minutos.
dar en nevera a 5 ºC, durante 12 o 14 horas. • Abrir la puerta para sacar la bandeja del piso del
• Media hora antes de sacar los pastones de la ne- horno, volver a cerrar y hornear de 20 a 22 minutos
vera, encender el horno e introducir una bandeja más, a la misma temperatura, hasta que queden
de metal en la base del horno. Poner la perilla a dorados, pero no tan oscuros.
220 ºC o 430 ºF. Si el horno es de convección, ajus- • Al sacar del horno, dejar reposar 30 minutos so-
tarla a 190 ºC o 375 ºF. bre una rejilla o tabla de madera en un lugar cálido
• Sacar los pastones de la nevera. Con la ayuda de y sin corrientes de aire.
una hojilla o cuchillo de sierra, hacer 3 cortes, per-
pendiculares y alargados: uno arriba, ligeramente
180
Elaboración del ajo asado • Con cuidado y sin desgasificar, hacer un prefor-
• Agregar el aceite vegetal al ajo y envolverlo en pa- mado redondo o de bola, trayendo los extremos de
pel de aluminio, cerrarlo completamente y hornear la masa hacia el centro. Poner la base plegada en
a 200 ºC o 390 ºF durante 45 minutos. una bandeja engrasada, tapar y llevar a nevera por
• Transcurrido ese tiempo, abrir el papel de alumi- 15 o 16 horas, a una temperatura aproximada de
nio con cuidado y chequear que el ajo esté suave. Si 6 °C.
no está, tapar y hornear por 10 minutos más o has- • Encender el horno a 220 °C o 410 ºF.
ta que se sienta suave al tacto. Debe quedar como • Sacar la bandeja de la nevera y estirar con los
una pasta. dedos suavemente el pastón, sin desgasificar, hasta
• Presionar para sacar la pasta de la concha y re- tener la medida de 30 cm de largo por 23-25 cm de
servar en la nevera. ancho (no usar rodillo).
• Tapar y dejar madurar durante 30-35 minutos en
Desarrollo de la masa un lugar fresco, sin corrientes de aire, a una tempe-
• Para el amasado manual, trocear el prefermento, ratura de 24 ºC-27 ºC.
para que se integre más fácil. • Antes de hornear, hacer hoyos con la yema de los
• Hacer un volcán de boca ancha con la harina. dedos (no usar las uñas), distribuir en algunos ho-
• Reservar la pimienta yos los tomates enteros (si están cortados, poner la
• Agregar dentro del volcán el resto de los pulpa hacia arriba) y espolvorear sal gruesa.
ingredientes. • Si desea una focaccia crocante, agregar el aceite
• Incorporar poco a poco la harina y, luego de tener de oliva antes de hornear. Si la prefiere suave, bar-
una pasta, comenzar a amasarde manera envol- nizar con aceite de oliva al sacar del horno.
vente (amasado francés o Bertinet) durante 5 mi- • Hornear durante 5 minutos en el lugar del horno
nutos y dejar descansar la masa tapada 5 minutos. más bajo, de manera que esté cerca de la fuente de
• Volver a hacer un amasado envolvente durante 2 calor.
minutos, dejar descansar la masa 5 minutos, repe- • Subir la bandeja al sector medio del horno y con-
tir esta operación hasta desarrollar bien el gluten. tinuar el horneado por 25 a 30 minutos más, o has-
Al final agregar la pimienta y mezclar durante 1 o 2 ta que quede de color dorado intenso.
minutos. • Al sacar del horno, desmoldar y dejar reposar
• Sacar del tazón la masa y ponerla dentro de un durante 15 o 20 minutos encima de una tabla
envase engrasado, bien tapado, durante dos horas, de madera, rejilla o paño.
en un lugar fresco, sin corrientes de aire, a una
temperatura entre 24 ºC y 27 ºC.
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gantillano.blogspot.com/2014/08/se-acabo-
Referencias electrónicas el-pan-de-piquito.html
183
Gracias Llevar adelante un proyecto editorial tiene grandes retos, que en Venezuela se
por confiar multiplican. Solo la idea de imprimir en un país donde hay pocas librerías ya
es un desafío.
A los parientes de los propietarios y fundadores que nos ayudaron a verificar datos y a
enriquecer la memorabilia, les estamos profundamente agradecidos. Especial mención
a Denise Cohen, hija de los fundadores de la pastelería Garber; a Vilma Nobile, hija del
creador de la panadería Nobile; y a Diamantino y Marianna Martins, de la panadería
Ángela, quienes facilitaron el envío de fotos desde Portugal a Caracas.
A las personas que nos ayudaron desde los archivos fotográficos a enriquecer la
memorabilia de estos negocios y de sus propietarios: Wilmer Castañeda, Maribel
Espinoza, Sigrid Jelambi, el equipo de El Estímulo y Rogelio Sequeira, presidente
de Alumware; muchas gracias.
184
A las empresas y organizaciones que nos dieron su apoyo para impulsar la promoción
del libro y los valores que nos propusimos difundir.
Gracias también a los que nos dijeron no, porque de ellos aprendimos mucho.
Nuestra gratitud a todas las personas que nos encontramos en el proceso de creación
y producción de este libro, porque de alguna manera contribuyeron con esta rica
historia.
185
Este libro se terminó
de imprimir en el mes
de octubre de 2024, en
los talleres de Gráficas
ACEA, en Caracas,
Venezuela.
Para su composición
tipográfica se usó la
familia Bauer Bodoni
Std 1 y 2.
La edición es de
500 ejemplares.
186
La historia de la panadería en Caracas es también la de los
inmigrantes que llegaron en la segunda mitad del siglo XX.
Gracias a esa herencia, disfrutamos de una enorme variedad
de panes oriundos de tierras lejanas: el pan de la abuela
portugués, la focaccia italiana, el pita árabe o el inconfundible
gallego, entre otros.
Este libro reúne diez crónicas sobre obradores fundados por
extranjeros; algunos cambiaron de dueño, otros entregaron
el testigo a la siguiente generación; todos nos legaron los
sabores que hemos adoptado como propios. Hoy siguen en
pie, sorteando múltiples obstáculos, con productos de calidad
y arraigados en el país.
En estas páginas se encuentra el valor gastronómico de cada
uno de los panes emblemáticos y las recetas de aquellos que
ya forman parte de nuestra tradición panadera.
Un relato tan fascinante e irresistible como un pan recién
salido del horno.
La integración cultural ha desempeñado un papel crucial en la evolución de las panaderías en Venezuela, reflejándose en la diversidad de influencias culinarias que han confluido para enriquecer su oferta gastronómica. Inicialmente, el negocio panadero en Venezuela comenzó con inmigrantes italianos como Giuseppe Di Lucca, pero la mayor parte de esta industria fue dominada por portugueses desde la década de 1950, quienes integraron elementos de su cultura culinaria, diversificando la producción con panes típicos como el "pan de maíz" y "bolo rei", y controlaron gran parte del mercado . A pesar de estas influencias, las panaderías también se adaptaron a los gustos locales, incorporando elementos venezolanos en su menú, como el pan de jamón creado por Lucas Ramella . Este intercambio cultural permitió que las panaderías no solo conservaran elementos de sus raíces culturales, sino que también se convirtieran en puntos de encuentro que reflejan la complejidad y riqueza de la sociedad venezolana actual .
La nostalgia se refleja en la gestión y producción de las panaderías en contextos de inmigración en Venezuela mediante la preservación y adaptación de tradiciones culinarias de las comunidades inmigrantes. Italianos, franceses, españoles y portugueses han dejado su marca en el panorama panadero del país, integrando recetas y técnicas ancestrales en sus productos . Por ejemplo, la panadería Dolce Capricci, de raíces italianas, mantiene la tradición familiar de recetas italianas como la focaccia . Mientras tanto, la panadería Angela, en manos de inmigrantes portugueses, continúa ofreciendo panes tradicionales lusitanos como el pan de maíz, adaptándose al gusto local . Esta mezcla de innovación culinaria y herencia cultural sirve no solo como un puente hacia el pasado, sino también como estrategia comercial para atraer a una clientela variada que busca conexiones con sus raíces culturales . La nostalgia, por tanto, no solo influye en los productos ofrecidos sino también en la identidad y la experiencia de las panaderías en el entorno social venezolano .
Los desafíos clave que enfrentan las panaderías artesanales en Caracas incluyen la competencia intensa, el acceso limitado a ingredientes de calidad y las fluctuaciones económicas. La crisis ha llevado a la desaparición de algunos panes tradicionales debido a la imposibilidad de los consumidores de pagarlos, obligando a las panaderías a adaptar su oferta a productos más asequibles o populares . A pesar de estos desafíos, algunas panaderías han encontrado formas de superar obstáculos. Por ejemplo, Dolce Capricci se ha mantenido relevante a través de la inclusión de elementos del gusto local y la persistencia en su calidad italiana . La panadería Angela ha destacado por su insistencia en utilizar masa madre y mantener la calidad de sus panes portugueses, logrando atraer clientes fieles a través de un apego a las raíces lusas . El éxito de Pan Alemán, que ha expandido el alcance de su pan maxicorn a través de colaboraciones con otras empresas, también ilustra cómo la innovación y la adaptabilidad pueden ayudar a superar desafíos en el mercado actual .
Las prácticas de sostenibilidad y artesanía han influido positivamente en la reputación de las panaderías en Venezuela al ofrecer un producto auténtico y tradicional que se diferencia en el mercado y se adapta a las condiciones económicas cambiantes. Por ejemplo, panaderías como Dolce Capricci se destacan por mantener recetas artesanales italianas, como la focaccia, adaptándose a los ingredientes disponibles localmente . Además, las panaderías portuguesas han innovado y adaptado sus métodos para incluir productos tradicionales como el pan arepero, demostrando flexibilidad ante la escasez de ciertos ingredientes . Estas prácticas también resaltan la labor de familias que, mediante la herencia de técnicas tradicionales y la inclusión de elementos sostenibles, como la masa madre, han logrado una conexión cultural más profunda con sus comunidades . Por tanto, la combinación de sostenibilidad y artesanía en las panaderías de Venezuela ha permitido preservar la tradición mientras responden a las necesidades y gustos contemporáneos .
La tradición familiar ha desempeñado un papel crucial en el mantenimiento de la calidad en las panaderías venezolanas, principalmente a través de la transmisión de conocimientos y el compromiso con la mejora continua. Por ejemplo, Don Antonio, un inmigrante portugués, utilizó técnicas aprendidas en su juventud para perfeccionar diferentes tipos de panes en Venezuela, y junto con su esposa María Saudade, mejoraron la calidad de sus productos en la panadería Los Claveles, ganando una clientela fiel en Inversiones Soleado gracias a su dedicación familiar . Además, las familias han influido no solo en el proceso de elaboración del pan, sino también en la gestión del negocio, donde la cohesión familiar y el trabajo conjunto aseguran una administración efectiva y un ambiente único en sus panaderías . La influencia de estas prácticas familiares ha sido tan significativa que muchas panaderías destacan no solo por sus productos de alta calidad, sino también por mantener tradiciones culinarias europeas, adaptadas a los gustos locales, lo que les permite sobrevivir y prosperar a través de generaciones .
Las mujeres juegan un papel crucial en la gestión de las panaderías familiares en Venezuela, a menudo en roles de liderazgo y como piezas fundamentales del negocio. Ejemplos notables incluyen a Grazia Gentile, quien impulsó la creación de la panadería Dolce Capricci, infundiendo su influencia y experiencia en la gestión diaria y en la preservación de recetas familiares, como la focaccia amasada con papa . Además, el testimonio de María a padeira, quien entrenó a Cristiano dos Santos, evidencia que muchas veces son las mujeres, aunque históricamente invisibilizadas, quienes transmiten las habilidades panaderas esenciales . A pesar de operar en un entorno que históricamente ha sido dominado por hombres y marcado por diversas influencias culturales, las mujeres han mantenido y enriquecido la tradición panadera en el país .
La migración, particularmente de portugueses e italianos, ha tenido un impacto significativo en el desarrollo de las panaderías en Venezuela. Desde la década de 1950, un gran número de portugueses llegó al país, huyendo de la dictadura de Salazar, y gradualmente controló el sector de la panificación en ciudades importantes al adquirir y establecer panaderías que ofrecían no solo pan sino también otros productos alimenticios . Simultáneamente, aunque los italianos en su mayoría se enfocaron en la pastelería y trattorias, también establecieron panaderías que adaptaron productos italianos a los gustos locales . Estas influencias migratorias no solo aumentaron la cantidad de panaderías sino que también diversificaron la oferta de productos y métodos de producción, introduciendo tecnologías avanzadas como amasadoras eléctricas y hornos . Esta fusión de tradiciones culinarias llevó a una evolución del estilo y la oferta de pan en Venezuela, reflejando una amalgama de influencias culturales .
Los propietarios de panaderías en Venezuela han adoptado diversas estrategias para sobrevivir a las crisis económicas. Han recurrido a la innovación tecnológica, como la introducción de la amasadora eléctrica y hornos eléctricos a principios del siglo XX . Durante el siglo XX, especialmente con la llegada de inmigrantes portugueses, las panaderías comenzaron a diversificar su oferta, convirtiéndose no solo en panaderías sino en abastos, charcuterías y cafeterías, lo que permitió a estos establecimientos ofrecer una gama más amplia de productos y servicios . Además, han adaptado sus productos a los gustos locales, fusionando tradiciones como la focaccia italiana con ingredientes accesibles . También han mantenido la resiliencia y un fuerte sentido comunitario, colaborando con colegas y compartiendo recursos en tiempos de escasez de materias primas como la harina . La capacidad de adaptación y la integración de productos complementarios han sido claves para enfrentar las adversidades económicas en el sector .
Las panaderías de tradición europea han mantenido su relevancia en Caracas a través de varias estrategias. Primero, los inmigrantes portugueses llevaron innovaciones tecnológicas al negocio del pan, como la panificación industrial y la introducción de maquinaria avanzada, incluyendo la primera amasadora eléctrica y hornos movidos por electricidad . Además, las panaderías expandieron su oferta para superar la simple venta de pan incluyéndolo dentro de un modelo de negocio que ofrece productos adicionales, como abarrotes, charcutería, lácteos, y servicios de cafetería y pequeños restaurantes, así conformando un modelo de tienda multifunción . También han sabido adaptarse a las preferencias cambiantes del mercado local, fusionando tradiciones europeas con sabores y gustos venezolanos, lo cual les ha permitido atraer a una clientela mixta . Las panaderías adoptan nuevas adaptaciones como incluir productos no solo de herencia de los inmigrantes, sino también integrando productos locales populares ."} Hope this helps! If there's anything else you need, just let me know. 😊
El uso de prefermentos, como la masa madre, en panaderías artesanales es crucial para mejorar la calidad del pan, ya que permite una larga fermentación que lo hace más saludable, más digerible y con mayor cantidad de fibra . Adicionalmente, esta técnica mantiene la esencia tradicional del pan artesanal, en contraste con métodos industriales que utilizan aditivos para acelerar el proceso de panificación . Panaderías como Inversiones Soleado han logrado destacarse al mejorar la calidad del pan utilizando técnicas tradicionales, lo que les ha permitido ganar una clientela fiel .