Tema 11
Parte segunda. Filosofía moderna.
Historia de la Filosofía. Antonio José.
Tema 11
LA FILOSOFÍA DE LA ILUSTRACION
Razón y libertad.
Historia y progreso en el pensamiento ilustrado.
Razón y libertad.
Introducción: Características generales de la Ilustración.
El término "Ilustración" aparece asociado al siglo XVIII, también llamado "Siglo de
las luces". En general, la Ilustración se presenta como una corriente ideológica
esencialmente optimista, basada en la confianza en la razón, en la ciencia y en la
educación como factores determinantes del progreso de la humanidad.
Es un movimiento que se desarrolla paralelamente en varios países europeos; se
puede considerar a Inglaterra como el país de origen de este movimiento, puesto que a
partir de la revolución de 1688 -"La gloriosa"- se establece un ambiente de tolerancia
religiosa y de libertad que los ilustrados franceses consideran dignos de ser imitados. El
modelo empirista de la ciencia, el parlamentarismo y la división de poderes en política
será su gran aportación al pensamiento ilustrado. Sus principales representantes son
John Locke y David Hume.
La influencia de Locke será decisiva en autores como Montesquieu, Voltaire y
Rousseau. Así, por ejemplo, Voltaire, que pasó desterrado tres años en Inglaterra,
-desde 1726 a 1729-, pudo conocer la obra de Locke afirmando de él: "Nunca hubo
quizá un espíritu más sensato, más metódico, un lógico más exacto que el Sr. Locke”.
Los ilustrados de Francia se caracterizan por su carácter progresista y optimista; se
puede considerar a la ilustración francesa como una síntesis entre el pensamiento
racionalista y empirista. Del Racionalismo tomarán su confianza absoluta en la Razón, a
la que consideran única e invariable, idéntica en todos los hombres. Del Empirismo
recogen la negación de las ideas innatas así como la necesidad de establecer límites a la
razón. En este país la difusión del pensamiento ilustrado tuvo mayores dificultades que
en Inglaterra pues se encontró con la oposición de la intolerancia religiosa y del poder
absoluto del monarca Luis XIV. Sus obras fueron prohibidas y ellos perseguidos.
Podemos citar como máximos representantes de la ilustración francesa a:
Denis Diderot, D´Alembert, Montesquieu, Voltaire, La Mettrie, D'Ho1bach y Rousseau.
En Alemania, por el contrario, la ilustración se verá impulsada por el monarca
ilustrado Federico II, que llegó a acoger en su corte a La Mettrie tras ser desterrado
sucesivamente de Francia y Holanda. Sus principales representantes serán: Kant, Wolff,
Lessing y Herder.
En concreto, se pueden señalar como características fundamentales de la
ilustración las siguientes:
Confianza en la razón.
Se produce una exaltación de la razón frente a todo tipo de dogmatismo y creencia
irracional. Será la razón la que ayude a la humanidad a alcanzar la mayoría de edad la
que la "ilumine" en el camino para salir de la oscuridad y tinieblas en la que estaba
sumida desde la Edad Media.
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La razón ha de esforzarse por buscar por sí misma sus propios criterios y límites; ha
de huir de todo tipo de dogmatismo analizando y discutiendo todos los aspectos de la
vida: ciencias, artes, oficios, técnica, sociedad, religión historia, moral, etc.
Esta confianza en la razón dará lugar a la libertad del ser humano ya que gracias a
ella el hombre se liberará de las cadenas que en los siglos anteriores, sobre todo en la
Edad Media, le habían estado oprimiendo. Así gracias a la razón se produce:
1. Un proceso de secularización: debido al proceso de racionalización se produce
un desplazamiento de las instancias irracionales, sobre todo religiosas. El
proceso de secularización se refleja claramente en la critica a la tradición
religiosa como fuente de legitimación de los valores tradicionales. Los
representantes de la Ilustración -a excepción de Rousseau - se muestran muy
críticos con el cristianismo, aunque no sean realmente ateos si exceptuamos a
La Mettrie y a D'Holbach. De este modo se defiende una religión natural o
Deísmo en el que se acepta la existencia de Dios pero se niega todo aquello que
proceda de la revelación como fuente de superstición y fanatismo. Voltaire será
el mejor representante del deísmo; sostiene que al igual que al mirar un reloj
uno concluye que ha sido creado por alguien para contabilizar el tiempo, de
igual modo al observar la naturaleza hemos de inferir que ésta ha sido hecha por
un Creador Inteligente, En otro momento nos dice: "Si no hubiese Dios, habría
que inventarlo".
2. Nueva interpretación de la naturaleza. Al romperse todo vínculo entre la
teología y las ciencias surge una nueva interpretación de la naturaleza de
carácter positivo o experimental y racional. Se produce el desarrollo de las
ciencias experimentales -ciencias naturales - siguiendo las líneas marcadas por
Bacon, Galileo y, sobre todo Newton. La naturaleza se les presenta a los
ilustrados como una especie de apoyo a la que remiten constantemente como
punto de referencia fundamental. Así por ejemplo se habla de una "razón
natural", de una "religión natural"; de ahí que también se recurra al estudio de la
naturaleza humana a la hora de establecer los orígenes de la sociedad; también
se refleja en la gran cantidad de obras que se escriben sobre el tema: "Sistema
de naturaleza”, de Maupertuis, "De la interpretación de la naturaleza" de
Diderot, "Sistema de la naturaleza” de D´Holbach, etc. También es muy
importante este tema en la obra de Rousseau. Podemos decir que el esquema
metafísico: Dios-Alma-Mundo se sustituye en la ilustración por el esquema:
Dios-Hombre-Naturaleza; de ahí que se hable fundamentalmente de una
naturaleza humana y de una naturaleza divina.
3. Fe en el progreso. En esta fe en el progreso se refleja claramente el espíritu
optimista de los ilustrados. Frente a los relatos tradicionales que narraban que la
historia de la humanidad se había ido degenerando progresivamente pasando de
una época de oro a una época de bronce, los ilustrados conciben la historia
como un progreso ascendente de realización de valores que cada vez más se
aproximan a la perfección de la vida y de la sociedad humana.
4. Popularización del saber: educación para todos. Hay en estos filósofos una
necesidad de "ilustrar" a todos los hombres; en este sentido la ilustración
pretende la difusión de la cultura y de los conocimientos para ponerlos al
alcance de todos los seres humanos, ya que sólo de esta forma -conociendo - el
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individuo podrá ser dueño de su propio destino pues sabrá dirigir su conducta
moral podrá rechazar toda superstición y dogmatismo, y podrá participar
críticamente en el destino común de la sociedad, negando el absolutismo y
colaborando al establecimiento de un sistema político justo y democrático. Este
ideal de popularización del saber será el que anime la labor emprendida por los
directores de "La Enciclopedia", Diderot y D'Alembert. Ambos pretenden
recoger todo el saber en este proyecto enciclopédico en el que participaron la
mayor parte de los ilustrados. La importancia de esta inmensa obra -la primera
edición completa constaba de treinta y cinco volúmenes– se muestra en la gran
difusión e influjo qué tuvo sobre la sociedad europea, poniendo al alcance de
todos los ciudadanos el saber que antes había estado en manos de una minoría.
Historia y progreso en el pensamiento ilustrado.
La nueva concepción de la historia.
Existe en los ilustrados una necesidad de establecer los fundamentos sólidos de una
ciencia histórica para eliminar una concepción de la historia humana dominada por la
leyenda, la fantasía y la superstición, y que ayude al proyecto ilustrado de
"desencantamiento del mundo".
Esta revisión del enfoque de la historia se podía ya apreciar en los precursores
inmediatos de la ilustración; al final del siglo XVII aparecen dos visiones claramente
contrapuestas del proceso histórico. Se trata de las visiones ofrecidas por Bossuet y
Bayle.
Mientras que Bossuet, influenciado por S. Agustín, tiene un enfoque teológico y
providencialista, Bayle anticipará el enfoque de los ilustrados. Bayle, en su obra
"Diccionario histórico y crítico", trata de ir desvelando el carácter fantástico y absurdo
de las construcciones pseudohistóricas apoyándose en el análisis de los hechos. Basado
en tales precedentes, el "Siglo de las luces" va a dar lugar a la llamada "Filosofía de la
historia" como visión alternativa al tradicional enfoque teológico y providencialista.
(Providencialismo: Interpretación de la historia que considera que los
acontecimientos humanos obedecen a designios divinos).
La nueva visión racional del acontecer histórico se puede ver en la obra
de Montesquieu: "Consideraciones sobre las causas de la grandeza de los
romanos y de su decadencia". En esta obra, Montesquieu, apoyándose en la información
empírica y en la reflexión racional, procura descubrir las leyes que rigen el devenir
histórico de las sociedades humanas negando la causalidad o fortuna: “No es la fortuna
la que domina el mundo. (...) Hay causas generales, sean físicas, sean morales, que
obran en cada monarquía, la elevan, la mantienen o la hunden. Todos los accidentes
están sometidos a estas causas".(Montesquieu).
En otra obra, "El espíritu de las leyes" considera Montesquieu que las leyes
positivas que rigen las diferentes sociedades políticas son relativas a una serie de
factores como el carácter del pueblo, la naturaleza y los principios de gobierno, el clima,
las condiciones económicas, etc. También divide el gobierno de los Estados en tres
clases considerando que cada una estaría regida por un principio distinto:
1. República; su principio sería la virtud de los ciudadanos.
2. Monarquía; su principio, el honor.
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3. Despotismo; su principio, el temor.
Voltaire, en la misma línea que Montesquieu, prosigue la búsqueda en la historia de
un orden mucho más allá de los hechos negando el Providencialismo. A este autor se
debe la expresión "Filosofía de la historia".
Esta nueva concepción de la historia conduce a la idea de Progreso, que es donde
mejor se refleja el optimismo de los ilustrados.
La idea de progreso.
La fe de los ilustrados en el progreso tiene sus antecedentes en Fontenelle. Los
relatos tradicionales, fundamentalmente Hesíodo, aludían a una supuesta "edad de oro"
de la humanidad que se correspondería con la antigüedad; así, por ejemplo, nos hablan
de personajes extraordinarios capaces de llevar a cabo todo tipo de esfuerzos y
sacrificios; también la Biblia nos habla de personajes cuya sabiduría y prudencia eran
proverbiales, por ejemplo Salomón. De este modo, con estos relatos, se exaltaba el
pasado y se infravaloraba el presente. De hecho, Hesíodo nos cuenta que a esa edad de
oro había seguido una edad de plata y luego de bronce, produciéndose así la
degeneración progresiva de la humanidad.
Fontenelle invirtió esa creencia en la decadencia progresiva de la humanidad
estableciendo que la naturaleza humana caminaba hacia su perfección. Los avances que
se habían ido produciendo, sobre todo en el ámbito de la ciencia y de la técnica, hacen
que estos autores crean estar viviendo en un momento de la historia que no tiene
parangón con ninguna época del pasado.
Este progreso del género humano fue proclamado por Turgot. Según este autor, el
progreso consiste en el desarrollo de las artes mecánicas con las cuales el hombre
controla la naturaleza. En este sentido se identifica el progreso con el desarrollo
científica y técnico.
Será Condorcet el representante genuino de este optimismo sobre la historia y el
progreso. En su obra "Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu
humano” considera que es la idea de progreso el verdadero motor de la historia. Se trata
de un progreso ininterrumpido, ilimitado y sin retroceso alguno, pues para él la
perfectibilidad del hombre es infinita.
Este optimismo sobre el progreso se justifica para Condorcet en que el progreso del
saber y de las ciencias comportará un progreso en lo social y en lo moral. Esta confianza
de la mayoría de los ilustrados en el progreso contrasta con el pesimismo de Rousseau:
"Todo es perfecto al salir de las manos de Dios; todo degenera en las manos del
hombre" nos dice en el "Emilio o de la educación". En "El contrato social" nos dirá: "El
hombre nace libre, pero por todas partes se encuentra encadenado". Rousseau ganó un
concurso celebrado por la Academia de Dijon sobre el tema "Si el establecimiento de
las artes y de las ciencias ha contribuido a depurar las costumbres" con su obra
"Discurso sobre las ciencias y las artes". En dicha obra considera que el estado actual de
la civilización está lejos de haber alcanzado un desarrollo armónico del hombre. Por ello
el progreso es más aparente que real.