MERCADO DE TRABAJO
El mercado de trabajo influye de manera importante en la vida de las personas, ya que el
empleo y los ingresos laborales son clave para el bienestar de los hogares. Esto explica su
relevancia tanto en la opinión pública como en las políticas gubernamentales. Diversas
leyes, incluida la Constitución, protegen el derecho al trabajo y buscan mejorar sus
condiciones.
La economía laboral se enfoca en entender los factores que afectan el empleo y los
salarios.
12.1 UN RECORRIDO POR EL MERCADO DE TRABAJO
En la representación de la economía como un flujo circular, el mercado de trabajo es el
ámbito donde los hogares ofrecen sus servicios a las empresas para que éstas desarrollen
su actividad (flujo real desde los hogares hacia las empresas), y a cambio, las empresas
retribuyen esos servicios bajo la forma de pagos o remuneraciones (flujo monetario desde
las empresas hacia los trabajadores). Por lo tanto, al igual que en el mercado de un bien
cualquiera, tenemos por un lado a los oferentes de los servicios del factor trabajo, es decir
los hogares, y por otro a los demandantes de dichos servicios, las empresas.
12.1.1 DEFINICIONES BÁSICAS
La oferta de trabajo, o fuerza laboral, está compuesta por la parte de la población que
ofrece sus servicios. Para cuantificar, se considera la Población en Edad de Trabajar
(PET), que en Uruguay incluye a todas las personas a partir de los 14 años. Esta cifra no se
debe confundir con la edad legal para trabajar: el trabajo infantil está prohibido para
menores de 15 años, y los adolescentes de 15 a 18 años necesitan autorización del Instituto
del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU). La inclusión de personas a partir de los 14
años en estadísticas laborales busca facilitar comparaciones internacionales.
Dentro de la población en edad de trabajar, no todos ofrecen servicios laborales. Aquí entra
el concepto de Población Económicamente Activa (PEA), que abarca a quienes están
trabajando o desean trabajar y han buscado empleo. Por lo tanto, la medida común de la
oferta de trabajo en una economía en un momento dado es el tamaño de la PEA.
La demanda de trabajo por parte de las empresas se mide por la Población Empleada
(PE), que es la cantidad de ocupados. La diferencia entre la Población Económicamente
Activa (PEA) y la Población Empleada representa la Población Desempleada (PD), un
indicador clave del mercado laboral.
También existe una parte de la población en edad de trabajar que no está ocupada pero
tampoco se considera desempleada; esto se llama población económicamente inactiva. En
2015, en Uruguay, gran parte de estos inactivos eran jubilados, estudiantes o personas
dedicadas a tareas del hogar. Es importante notar que, en términos estadísticos, una
persona que realiza trabajos no remunerados en casa se clasifica como inactiva, mientras
que otra que hace lo mismo a cambio de un salario es considerada activa y ocupada.
Las estadísticas laborales suelen expresarse en tasas. La Tasa de Actividad (TA) mide la
proporción de la población activa respecto a la población en edad de trabajar. La Tasa de
Empleo (TE) mide la proporción de la población empleada en relación con la población en
edad de trabajar. La Tasa de Desempleo (TD) se refiere a la proporción de la población
desempleada en relación con la población activa.
En 2016, la población total de Uruguay era de aproximadamente 3,48 millones de personas,
de las cuales 2,82 millones estaban en edad de trabajar. De estos, el 63,3% era
económicamente activo, sumando alrededor de 1,78 millones. De los activos, 1,64 millones
estaban empleados y aproximadamente 139 mil eran desempleados. En 2015, la tasa de
empleo fue del 58,4% y la tasa de desempleo alcanzó el 7,8%.
Al desglosar estos datos, se observa que en 2016 la tasa de actividad de las mujeres era 17
puntos inferior a la de los hombres, una tendencia común en países en desarrollo debido a
factores culturales y religiosos. Además, solo una tercera parte de los menores de 21 años y
el 15% de los mayores de 65 participaban en el mercado laboral, con una disminución
reciente en la actividad juvenil vinculada al aumento de la asistencia a la educación
secundaria.
Uno de los problemas destacados en el mercado laboral uruguayo es el elevado desempleo
juvenil, donde aproximadamente un cuarto de los jóvenes entre 14 y 20 años están
desempleados. En 2014, casi la mitad de la población desempleada era menor de 25 años.
Este fenómeno no es exclusivo de Uruguay, sino que se observa a nivel global y puede
generar insatisfacción y descontento social. Las causas del desempleo juvenil pueden ser
tanto de oferta como de demanda.
Desde la perspectiva de la demanda, los jóvenes pueden ser considerados menos
atractivos para los empleadores debido a la falta de experiencia laboral y antecedentes. Así,
en igualdad de condiciones, los empleadores tienden a preferir candidatos de mayor edad.
En cuanto a la oferta, es posible que los jóvenes tengan un salario de reserva más alto que
los adultos, lo que significa que valoran más el tiempo que dedicarán a trabajar en lugar de
continuar sus estudios, por ejemplo. También pueden sentir menos presión para contribuir
al ingreso familiar, ya que un adulto que es jefe de familia puede tener una mayor urgencia
por conseguir empleo y generar ingresos.
CÓMO SABER QUÉ CONDICIÓN LABORAL TENGO Y LA FÓRMULA:
El cálculo de los indicadores del mercado laboral se basa en clasificar la población según su
rol en este ámbito, siguiendo las pautas de la OIT. Se consideran las siguientes categorías:
1. Personas en Edad de Trabajar (PET): Incluye a todos los mayores de 13 años,
aunque la edad mínima legal para trabajar en Uruguay es de 18 años. Las
encuestas de ocupación se realizan a personas de 14 años o más.
2. Población Económicamente Inactiva (PEI): Personas que no trabajan ni buscan
empleo, como jubilados, estudiantes y quienes se dedican a las tareas del hogar.
3. Población Económicamente Activa (PEA): Incluye a quienes están trabajando o
buscan trabajo activamente. Esta se divide en:
○ Ocupados (O): Personas que han trabajado al menos una hora en la
semana anterior o están de licencia.
○ Desocupados (D): Personas sin trabajo que buscan empleo y están
disponibles para trabajar.
Los principales indicadores del mercado laboral son:
● Tasa de Actividad (TA): TA = PEA / PET
● Tasa de Empleo (TE): TE = O / PET
● Tasa de Desempleo (TD): TD = D / PEA
12.1.2 FLUCTUACIONES DEL TRABAJO
El cuadro 12.1 del cinve cap 12.1.2 ,muestra cómo han cambiado las tasas de actividad,
empleo y desempleo en Uruguay desde 1986 hasta 2015. En los últimos cinco años, el 64%
de las personas en edad de trabajar han estado activamente en el mercado laboral, y el
60% de ellos estaban empleados. La tasa de desempleo ha permanecido relativamente
estable, fluctuando entre el 6,5% y el 7,5%.
El gráfico 12.2 del cinve cap 12.1.2, analiza estas tasas en Montevideo desde 1982. Se
observa que la tasa de desempleo refleja la relación entre la oferta y la demanda de trabajo:
cuando hay más oferta que demanda, la tasa de desempleo aumenta. Además, las tasas de
empleo y desempleo tienden a fluctuar más que la tasa de actividad. Un aumento en la tasa
de empleo generalmente significa que la tasa de desempleo disminuye, lo que indica que la
demanda de trabajo es un factor clave en la variación del desempleo.
Durante la crisis económica a finales de los años noventa, el PIB cayó durante cinco años y
la tasa de desempleo aumentó del 10% al 17%. A partir de 2002, con el crecimiento
económico, la tasa de desempleo comenzó a bajar, alcanzando su mínimo en 30 años entre
2011 y 2013, con un 6,5%. Esta relación entre el ciclo económico y el mercado laboral es
bien conocida en economía; mantener el desempleo bajo es un objetivo clave de la política
económica.
Es importante distinguir entre los ciclos económicos y cambios estructurales más profundos
que afectan el mercado laboral, como la tecnología o condiciones internacionales. Un
diagnóstico preciso de estos impactos es esencial para diseñar medidas adecuadas que
aborden los problemas del mercado laboral.
12.1.3 AJUSTES PERMANENTES
En las recesiones, el desempleo tiende a aumentar, mientras que en las expansiones suele
disminuir. En Uruguay, hay una relación positiva entre el crecimiento del PIB y el empleo,
pero el empleo reacciona de manera menos intensa a los cambios en la actividad
económica.
Durante la primera mitad de los años noventa, a pesar de un crecimiento del PIB del 25%
entre 1989 y 1994, la tasa de desempleo se mantuvo en un promedio del 8,8%. Este
fenómeno se relaciona con la reestructuración productiva tras la entrada de Uruguay al
Mercosur, que llevó a un aumento de la competencia externa y a la necesidad de que la
industria ajustara costos, especialmente en mano de obra. Esto resultó en la pérdida de
empleos en el sector industrial, mientras que el sector servicios comenzó a absorber a estos
trabajadores. Sin embargo, el proceso de adaptación no fue instantáneo, lo que provocó un
aumento del desempleo en el corto plazo.
Entre 2014 y 2017, se observó otra disminución en la tasa de empleo y la pérdida de
aproximadamente 30,000 puestos de trabajo. Aunque no se han realizado estudios
profundos sobre esta tendencia, se sugiere que factores globales, como la automatización y
el impacto tecnológico, podrían haber influido en esta situación. Aunque a largo plazo la
apertura comercial puede beneficiar a la economía, la transición entre sectores puede
generar costos temporales, manifestándose en una respuesta lenta del desempleo al
crecimiento económico en los noventa.
12.1.4 INSTITUCIONES Y POLÍTICAS EN URUGUAY
Los gobiernos suelen intervenir activamente en el mercado laboral para prevenir resultados
no deseados. Esto incluye garantizar derechos laborales y una mayor seguridad económica
para los trabajadores, independientemente de la situación económica. Instrumentos como la
negociación colectiva obligatoria, el salario mínimo y los seguros de desempleo son
ejemplos de políticas laborales que buscan estos objetivos.
La razón para implementar estas políticas se basa en que los ingresos laborales son una
fuente crucial de ingresos para muchos hogares, impactando directamente en la economía y
la sociedad. Por ello, algunas políticas laborales se enfocan en reducir la pobreza y la
desigualdad, como es el caso del salario mínimo.
Además, se argumenta que el mercado laboral presenta imperfecciones que impiden que
las fuerzas del mercado aseguren empleos en condiciones dignas. Políticas como salarios
mínimos pueden evitar que los empleadores paguen menos debido a la alta desocupación.
Sin embargo, es vital considerar que la intervención tiene límites. Un aumento salarial
excesivo, en relación con la productividad, puede tener efectos negativos, desincentivando
a las empresas a contratar o mantener empleados, lo que afectaría el empleo en general.
El desafío radica en asegurar condiciones laborales y salarios dignos, al mismo tiempo que
se fomente la ocupación y la inversión en el capital humano. Encontrar un equilibrio entre
estos objetivos es complicado, pero es posible diseñar políticas que generen un resultado
positivo, donde las ganancias y pérdidas no sean necesariamente de suma cero.
12.1.5 UNA MIRADA GLOBAL
Este apartado analiza la posición del mercado de trabajo uruguayo en un contexto
internacional. En términos de actividad, Uruguay tiene una tasa de participación media
comparada con otros países de América Latina, superando a Chile y Argentina, pero
quedando detrás de Brasil y Bolivia. Además, las tasas de actividad en Latinoamérica
suelen ser más altas que en los países desarrollados. Esto puede explicarse porque en
estos países más ricos, la población enfrenta menos necesidad de trabajar, lo que permite a
los jóvenes continuar su educación y obtener títulos avanzados en lugar de comenzar a
trabajar a una edad temprana.
Uruguay tiene una tasa de empleo del 60%, que es similar a la de países latinoamericanos
como Brasil y algunos desarrollados como Canadá. En cuanto al desempleo, la tasa del 7%
en Uruguay es comparable a la de otros países, a excepción de Bolivia y Francia, que
tienen tasas significativamente diferentes.
También se destaca que las tasas de participación laboral y empleo de las mujeres son
menores en general, aunque esta desigualdad es menos pronunciada en los países
desarrollados. En Latinoamérica, las mujeres enfrentan mayores tasas de desempleo,
mientras que en los países desarrollados, sus tasas de desempleo suelen ser más bajas
que las de los hombres.
Desde una perspectiva internacional, se mencionan informes del Banco Mundial que
analizan la relación entre empleo y desarrollo. Un informe sugiere que los empleos que
mejoran la conectividad económica, protegen el medio ambiente y reducen la pobreza son
los más beneficiosos. También se discute la importancia de un entorno normativo favorable,
la estabilidad macroeconómica y la capacitación para generar empleo y crecimiento.
También hay que darle importancia a la tecnología que ha cambiado el panorama laboral.
Aunque históricamente ha impulsado la productividad y la creación de empleos, hay
preocupaciones sobre su impacto disruptivo actual, que puede llevar a la pérdida de
trabajos, especialmente en tareas repetitivas. Ejemplos incluyen la automatización en el
sector servicios, donde muchas tareas que antes realizaban humanos ahora son realizadas
por programas informáticos.
12.2 y 12.2.1 PROFUNDIZANDO EN EL MERCADO DE TRABAJO LA PARTICIPACIÓN
Este capítulo se centra en la participación laboral, que está vinculada a la oferta de trabajo
en una economía. La oferta de trabajo se compone de las personas que están empleadas o
que buscan empleo, conocida como población económicamente activa. La tasa de actividad
(TA) es el indicador principal para analizar esta participación.
Recientemente, ha habido un leve aumento en la TA femenina, aunque las jóvenes de 14 a
20 años han visto una caída en su participación, probablemente porque están dedicándose
más a la educación. En contraste, la TA masculina ha disminuido ligeramente,
especialmente en los hombres jóvenes de 14 a 20 años, también debido a factores
educativos. Sin embargo, hay un crecimiento en la TA de hombres mayores de 45 años,
especialmente en aquellos de más de 65, que están retrasando su jubilación.
A pesar de las diferencias de género, existen patrones comunes en la participación laboral.
Las TA más altas se encuentran entre los 21 y 45 años, mientras que hay una caída notable
en adolescentes y mayores de 65. Durante la crisis económica de 2001-2002, ambos sexos
mostraron un aumento en la TA, ya que muchas personas inactivas comenzaron a buscar
empleo para compensar la pérdida de ingresos en sus hogares, fenómeno conocido como
efecto trabajador añadido.
Sin embargo, también puede haber un efecto contrario, el efecto trabajador desalentado,
donde algunas personas dejan de buscar trabajo debido a malas perspectivas salariales,
pasando a ser consideradas inactivas. Aunque ambos efectos se dieron durante la crisis en
Uruguay, los datos sugieren que hubo más personas que se unieron al mercado laboral que
aquellas que se desalentaron.
12.2.2 EL EMPLEO
Se puede afirmar que la actividad o participación laboral indica la oferta de trabajo, mientras
que el empleo en una economía refleja la demanda de trabajo, es decir, la cantidad de
personas ocupadas. La tasa de empleo (TE) es el indicador más común para medir esta
demanda, representando la proporción de personas que, queriendo y pudiendo trabajar,
efectivamente lo hacen.
El Gráfico 12.4 muestra la evolución de la TE en Uruguay, diferenciando por género y
grupos de edad. Se observa que la estructura de la TE es similar a la de la tasa de actividad
(TA), con tasas más bajas para las mujeres en todos los períodos analizados y las tasas
más altas en el grupo de 21 a 65 años.
En cuanto a la evolución de la TE, se destaca el aumento persistente en el empleo
femenino, que ha sido más pronunciado que el de la TA, lo que sugiere que no solo las
mujeres están más dispuestas a buscar empleo, sino que también las empresas están más
dispuestas a contratarlas. Por otro lado, el empleo masculino se ha mantenido relativamente
estable.
El empleo se estabilizó entre 1998 y 2001, pero sufrió una caída significativa en 2002-2003
debido a la crisis económica, ya que las empresas suelen despedir trabajadores o detener
nuevas contrataciones en tiempos de recesión. Si la oferta de trabajo se mantiene igual o
incluso aumenta, esta caída en la demanda laboral provoca desequilibrios en el mercado.
Sin embargo, en los grupos etarios donde el empleo es más alto, se inició un crecimiento
después de la recuperación económica de 2004, alcanzando en 2014 niveles similares o
superiores a los de antes de la crisi
12.2.3 LA INFORMALIDAD
En el mercado laboral uruguayo, las relaciones laborales asalariadas son predominantes,
con los asalariados privados representando el 58% de la fuerza laboral y los asalariados
públicos un 15%. Los trabajadores por cuenta propia con local o inversión constituyen casi
el 20% del total de ocupados, mientras que aquellos sin local o inversión, como los
vendedores ambulantes, representan un 2.5%. Por otro lado, los patrones o empleadores
conforman el 4.4% del total de los ocupados.
La informalidad laboral en Uruguay, que se refiere a la proporción de ocupados que no
realizan aportes a la seguridad social, afecta a un cuarto de la fuerza laboral, aunque ha
disminuido en la última década. Este fenómeno es similar entre hombres y mujeres, pero ha
caído más entre las mujeres. Entre 2010 y 2014, la tasa de informalidad disminuyó 7.7
puntos en mujeres y 5 puntos en hombres.
El empleo informal incluye a quienes trabajan fuera de las normas laborales, como aquellos
que no pagan impuestos ni contribuyen a la seguridad social, y no gozan de derechos
laborales básicos. Este problema afecta más a trabajadores independientes que a
asalariados, con ejemplos como empleados de empresas no registradas o trabajadores
domésticos.
La informalidad es preocupante porque los trabajadores informales no tienen acceso a
derechos legales y sus ingresos son significativamente menores que los de los trabajadores
formales, lo que aumenta la incidencia de pobreza entre ellos. Actualmente, el 17% de los
trabajadores informales vive en hogares pobres, mientras que solo el 2.5% de los formales
lo hace. Aunque un alto porcentaje de informales no son pobres, es probable que los
trabajadores en situación de pobreza estén en el sector informal.
El gráfico 12.6 muestra que la informalidad aumentó considerablemente entre 2001 y 2004,
alcanzando un pico del 41% en 2004. Este aumento podría haber sido una respuesta a la
crisis económica, donde los empleadores permitieron que sus trabajadores mantuvieran sus
empleos a costa de eliminar o reducir los aportes a la seguridad social, o donde los
desempleados optaron por trabajos informales debido a la escasez de oportunidades en el
sector formal.
12.2.4 EL DESEMPLEO
El desempleo se refiere a la situación en la que personas dispuestas a trabajar no pueden
conseguir empleo, lo que genera un desequilibrio entre la oferta y la demanda de trabajo.
Existen diferentes tipos de desempleo:
Desempleo friccional: Ocurre debido a desencuentros temporales entre quienes buscan
trabajo y las empresas que contratan. Es normal que haya desempleo friccional incluso en
economías activas, ya que implica períodos breves de búsqueda.
Desempleo estructural: Se produce por desajustes más prolongados entre la oferta y la
demanda de trabajo, como cuando los solicitantes no tienen las calificaciones necesarias o
no están dispuestos a trasladarse a donde hay vacantes. Este tipo de desempleo puede
generar altos costos para los desempleados y la economía.
Ambos tipos de desempleo no dependen del ciclo económico y son parte de la tasa natural
de desempleo. En contraste, el desempleo cíclico surge de una demanda insuficiente,
aumentando en recesiones, cuando hay más personas buscando trabajo que puestos
disponibles.
En Uruguay, la tasa de desempleo ha sido positiva a lo largo del tiempo, mostrando picos
durante crisis, como la de 2002. La tasa ha disminuido desde entonces, pero puede estar
subestimada debido al desempleo oculto, que incluye a quienes, desanimados, dejan de
buscar trabajo.
Además, las mujeres tienden a tener una tasa de desempleo más alta que los hombres,
posiblemente por discriminación o diferencias en cualificaciones. Los más jóvenes también
enfrentan dificultades, reflejadas en altas tasas de desempleo, debido a que muchos son
estudiantes y buscan empleos compatibles con sus estudios
12.2.5 LA DISCRIMINACIÓN DE GÉNERO
En el análisis del mercado de trabajo en Uruguay, se evidencia que las mujeres enfrentan
desventajas significativas en prácticamente todas las dimensiones, como la actividad, el
empleo, el desempleo y los salarios etc.
Participación Laboral
Las tasas de participación en el mercado laboral son más bajas para las mujeres, lo que se
traduce en que un menor porcentaje de ellas se declara activa (ocupada o desocupada) en
comparación con los hombres. En 2016, el 72% de los hombres mayores de 14 años
estaban activos, mientras que solo el 55% de las mujeres lo estaban. Esta diferencia se
debe en gran parte a que muchas mujeres asumen el trabajo no remunerado en el hogar, lo
que limita su participación en el mercado formal.
Desempleo
Las tasas de desempleo también son más altas entre las mujeres que entre los hombres.
Esto puede relacionarse con una serie de factores, incluyendo la discriminación en el
proceso de contratación y las expectativas sociales sobre el rol de la mujer en el hogar.
Brechas Salariales
Una de las áreas más evidentes de desigualdad es en los salarios. A pesar de que las
mujeres han alcanzado niveles educativos similares o superiores a los de los hombres,
reciben salarios inferiores en comparación con sus colegas masculinos cuando realizan
tareas similares y bajo las mismas condiciones. Estudios han demostrado que, al controlar
por variables como edad, educación y tipo de ocupación, la brecha salarial entre hombres y
mujeres en Uruguay se situó entre el 20% y el 30% alrededor de 2010. Este fenómeno es
complicado de analizar debido a que los factores que influyen en los salarios no están
distribuidos de manera equitativa entre hombres y mujeres.
Factores Educativos
Históricamente, los hombres en Uruguay tenían un nivel educativo superior al de las
mujeres, pero en las últimas décadas, esta tendencia ha cambiado. Actualmente, las
mujeres tienen un nivel educativo más alto, lo que debería ayudar a cerrar la brecha salarial.
Sin embargo, las trayectorias laborales de las mujeres suelen verse interrumpidas por
motivos como la maternidad y el cuidado de familiares, lo que puede afectar su experiencia
y oportunidades en el mercado laboral.
Impacto Económico
La desigualdad de ingresos por género no solo es un problema de justicia social, sino que
también tiene implicaciones económicas significativas. Reducir estas desigualdades podría
contribuir al desarrollo económico del país. Un estudio del Banco Mundial sugiere que
igualar los salarios de hombres y mujeres podría aumentar la riqueza de las naciones en un
14% a nivel global.
Tendencias Globales
A nivel internacional, las mujeres en países en desarrollo a menudo enfrentan niveles de
educación y oportunidades laborales mucho más bajos que los hombres. Mejorar la
educación de las niñas y mujeres en esos contextos podría incrementar el capital humano y,
por ende, impulsar el crecimiento económico.
Participación Laboral Femenina en Uruguay
A pesar de las desigualdades, la participación laboral femenina ha ido en aumento en
Uruguay. Entre 1998 y 2014, la tasa de actividad de las mujeres de 46 a 65 años aumentó
casi 17 puntos porcentuales, lo que indica que este grupo etario está encontrando más
oportunidades en el mercado laboral. Sin embargo, la mayor parte de la oferta laboral
femenina sigue concentrándose en las edades medias, específicamente entre 21 y 45 años,
donde la tasa de actividad en 2014 se acercó al 80%.
En conclusión, aunque ha habido avances en la participación de las mujeres en el mercado
laboral uruguayo, persisten desigualdades significativas que requieren atención y políticas
efectivas para promover la equidad de género en el ámbito laboral.
12.3 x 12.3.1 LOS SALARIOS y LA EVOLUCIÓN EN URUGUAY
El Índice Medio de Salarios (IMS) es un indicador clave para analizar la evolución salarial en
Uruguay, ya que refleja el promedio de salarios que reciben los trabajadores dependientes
cada año. Sin embargo, para entender el verdadero poder adquisitivo de los trabajadores,
es esencial considerar también el nivel de precios en la economía. Para ello, se utiliza el
Índice Medio de Salario Real (IMSR), que ajusta el IMS según la evolución del Índice de
Precios al Consumo (IPC).
En la década de los noventa, el salario real en Uruguay experimentó un aumento, pero se
estancó durante varios años hasta principios de los 2000. Durante la crisis de 2002, el IMSR
cayó drásticamente, con una disminución del 10% en 2002 y otro 12% en 2003, lo que tuvo
un impacto negativo en las condiciones de vida y en la pobreza. Esta caída del salario real
se debió a la reacción de las empresas ante una baja en la actividad económica, donde
buscaban reducir costos laborales mediante despidos o bajando salarios.
A partir de 2004, el salario real comenzó a recuperarse de manera sostenida. En los últimos
diez años, ha aumentado un 45%, superando los niveles anteriores a la crisis.
Por otro lado, el Salario Mínimo Nacional (SMN) es el monto mínimo que los empleadores
están obligados a pagar a sus empleados. Este salario es determinado periódicamente por
el Poder Ejecutivo en consulta con actores sociales. Aunque ha estado en vigor por más de
40 años, desde 2005 ha comenzado a recuperarse tras tres décadas de descenso, lo que le
ha permitido volver a ser un mecanismo de regulación en el mercado laboral.
La evolución del SMN, ajustada por inflación, muestra un crecimiento sostenido desde 2004,
aunque presenta fluctuaciones mensuales. Este aumento del SMN real contribuye a regular
las remuneraciones y puede influir positivamente en el empleo y los salarios en general.
12.3.2 LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA
La negociación colectiva es un proceso clave en el ámbito laboral, donde los trabajadores y
los empleadores discuten y acuerdan las condiciones de trabajo, centrándose
principalmente en las remuneraciones. Según la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), este proceso busca establecer un diálogo efectivo que permita a los trabajadores,
generalmente organizados en sindicatos, plantear sus demandas salariales y otros temas
relacionados con su empleo.
En Uruguay, la negociación colectiva de salarios en el sector privado se lleva a cabo a
través de los Consejos de Salarios. Estos son foros tripartitos donde participan
representantes de los trabajadores, de los empleadores y del Estado. Las reuniones se
realizan cada tres años aproximadamente, durante las Rondas de Consejo de Salarios,
donde se discuten y acuerdan ajustes salariales para cada sector productivo de la
economía.
Los Consejos de Salarios tienen una historia que se remonta a los años cuarenta, aunque
han experimentado interrupciones en su funcionamiento. Desde 2005, han estado activos
sin pausas, habiendo sido reinstaurados para ayudar a los trabajadores a recuperar los
salarios que habían perdido durante la crisis anterior.
En estos consejos, se establecen cláusulas que permiten ajustes salariales por inflación y
aumentos vinculados al crecimiento económico del sector correspondiente. Además, los
Consejos de Salarios también abordan otros aspectos de la relación laboral, como licencias,
discriminación salarial por género y formación de los trabajadores. De esta manera, los
Consejos de Salarios funcionan como un espacio de diálogo donde el Estado busca
moderar las negociaciones y ayudar a resolver conflictos entre empresarios y trabajadores,
que a menudo tienen intereses opuestos.
12.3.3 LOS DETERMINANTES DE LOS SALARIO
El modelo más simple de determinación salarial se basa en el concepto de competencia
perfecta, donde hay muchos trabajadores ofreciendo su trabajo y muchas empresas
demandando. En este escenario, ni los trabajadores ni las empresas pueden influir
significativamente en el mercado, y no existen regulaciones como un salario mínimo que
impidan el ajuste entre oferta y demanda. En este contexto, se alcanza un equilibrio salarial
donde todos los que quieren trabajar pueden hacerlo, y todas las empresas que desean
contratar pueden hacerlo también.
Sin embargo, la introducción de un salario mínimo, ya sea general o específico para ciertos
trabajos, puede generar desempleo. Esto se debe a que algunos trabajadores estarían
dispuestos a aceptar salarios más bajos que el mínimo, lo que podría dejar vacantes en el
mercado. A pesar de que este es un argumento teórico, en Uruguay, durante gran parte de
los años 90 y principios de los 2000, el salario mínimo no tuvo un impacto significativo en el
mercado laboral. Actualmente, el efecto del salario mínimo es limitado, ya que se aplica a
un grupo relativamente pequeño de trabajadores debido a los laudos de los Consejos de
Salarios.
Por otro lado, se menciona el modelo de salarios de eficiencia, en el que las empresas
tienen poder de mercado y pueden fijar precios por encima de sus costos. En este modelo,
algunas empresas optan por pagar salarios más altos que los que se establecerían en un
mercado competitivo. La razón detrás de esto es que al ofrecer salarios superiores, las
empresas buscan atraer y retener a los mejores trabajadores, incentivándolos a esforzarse
más en su trabajo. Esta estrategia se basa en la idea de que, si los trabajadores sienten que
están siendo compensados de manera justa, estarán más motivados para rendir al máximo.
Además, la amenaza de perder el empleo si no cumplen con las expectativas contribuye a
aumentar el esfuerzo laboral.
El modelo de salarios de eficiencia sugiere que pagar más puede ser beneficioso para las
empresas, ya que fomenta la lealtad y el rendimiento de los trabajadores.
12.4 EL FUTURO DEL TRABAJO
Este capítulo habla del impacto de la tecnología en el mercado laboral, enfocándose en
Uruguay. Entre 2014 y 2017, el país experimentó una caída en la tasa de empleo de casi
tres puntos porcentuales, lo que equivale a la pérdida de aproximadamente 30,000 puestos
de trabajo, a pesar de un crecimiento del PIB superior al 8%. Esto sugiere que tendencias
globales, como la reducción de empleos debido a la tecnología, están influyendo en la
situación laboral.
Las nuevas tecnologías, especialmente en la información y comunicación, están afectando
negativamente a trabajos rutinarios, generando lo que se llama “polarización ocupacional”.
Esto significa que disminuye la demanda de empleos que requieren tareas repetitivas,
mientras que aumenta la necesidad de trabajos que implican creatividad y habilidades
interpersonales. Como resultado, se observa un crecimiento en los extremos de la
distribución de cualificaciones: los empleos más calificados y los menos calificados están en
demanda, mientras que los trabajos de ingresos medios, a menudo relacionados con tareas
manuales rutinarias, están en declive.
Un informe del Banco Mundial ofrece una visión más optimista, sugiriendo que, aunque los
trabajos de fabricación se están perdiendo debido a la automatización, las innovaciones
tecnológicas también han mejorado los niveles de vida en todo el mundo. Si bien los
trabajadores de tareas rutinarias son los más vulnerables, la historia ha demostrado que el
temor a que la tecnología reemplace completamente a los trabajadores puede ser
exagerado.
Sin embargo, un cambio importante es la demanda de nuevas habilidades. Esto implica que
los sistemas educativos y de formación profesional deben adaptarse para preparar a los
trabajadores para las habilidades necesarias en el siglo XXI.
Frente a estos desafíos, el Banco Mundial propone varias acciones para que los gobiernos
respondan. Se sugiere invertir en capital humano para preparar a la próxima generación de
trabajadores, mejorar la protección social mediante un sistema de seguros más robusto y
actualizar los sistemas impositivos para adaptarse a nuevas tecnologías que desafían la
recaudación.
Además, se identifican dos tipos de intervenciones políticas: las compensatorias, que
abordan las necesidades de los trabajadores desplazados, y las permanentes, que buscan
mejorar las capacidades de la fuerza laboral. Ambos enfoques enfrentan desafíos en su
implementación, incluyendo la necesidad de una formación adecuada para aquellos que
deben reconvertirse a roles más cognitivos.
Para la educación, aunque hay consenso en la importancia de la educación pre-escolar, no
se han establecido criterios claros sobre la mejor manera de preparar a las futuras
generaciones. En el caso de Uruguay, que es una economía pequeña e integrada al
comercio internacional, es importante considerar cuidadosamente las medidas que
funcionan en otros contextos, ya que algunas, como aumentar impuestos a robots, podrían
tener efectos negativos en su competitividad