PLATON
PLATON
PLATÓN
"Mientras tengamos cuerpo y esté nuestra alma mezclada con semejante mal, jamás
alcanzaremos de manera suficiente lo que deseamos. Y decimos que lo que deseamos es la
verdad"
1. Biografía de Platón.-
La vocación política Aristocles Kodros (apodado Platón por la anchura de sus espaldas nació en Atenas en
el año 427 a. C. Era hijo de Perictiona, hermana de Cármides y sobrina de Critias, oligarcas que formaron el gobierno
de los treinta tiranos de Atenas. A la muerte de su marido, Perictiona, se casó con Pirilampo, antiguo amigo de
Pericles . Con esta familia no es de extrañar la pronta vocación política del joven Platón. Esta tendencia marcará
gran parte de su obra filosófica pero también gran parte de su vida. Platón no sólo escribe la República (su obra
principal en donde nos muestra su proyecto político) sino que intentará llevarla a la práctica.
A sus 40 años viaja al sur de Italia donde conoce al pitagórico Arquitas, quien lo introduce en la corte de
Siracusa, ciudad gobernada por el tirano Dionisio I. Será allí donde Platón intentará llevar a cabo la construcción de
su “república ideal”, aunque su sinceridad y sus ideas no agradaron a Dionisio que lo acabará vendiendo como
esclavo. Aníceris de Cirene reconoce a Platón en una venta de esclavos y lo compra para darle la libertad. Años más
tarde realizará dos viajes más a Siracusa para instruir a Dionisio II (heredero de su padre) de nuevo sin éxito, ya que
éste, al igual que su progenitor, distaba mucho de ser el modelo de filósofo-rey que Platón pretendía. Después,
Dión, cuñado de Dionisio I y gran amigo de Platón, consigue el poder y de nuevo se reaviva el sueño de la
construcción de una república ideal. No obstante, es asesinado al poco tiempo y las intenciones de poner en
práctica el ambicioso plan de Platón acaban por desvanecerse.
La muerte de Sócrates
A pesar de que su maestro en la juventud fue el heracliteano Crátilo, a los 21 años Platón entró a ser discípulo de
Sócrates. Como ya sabes, Sócrates era muy crítico con el escepticismo y el relativismo de los sofistas y defendía que
era posible llegar a unas verdades universales. Cuando Sócrates discutía y polemizaba sobre temas éticos y políticos,
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pretendía encontrar definiciones universales a conceptos como bien o justicia. Todos sabríamos poner ejemplos de
acciones buenas o justas pero la cosa se complica si queremos definir aquello que todas las acciones buenas o justas
tienen en común, es decir, si pretendemos definir el concepto de bien o de justicia. Sócrates no quería poner
ejemplos de bondad, quería saber lo que es lo bueno en sí mismo, la idea de bien. Platón seguirá esta misma línea
intentando, mediante la razón, llegar a definiciones objetivas y universales de esos conceptos. Así, también
pretenderá superar el escepticismo y relativismo sofistas.
Sócrates fue condenado a muerte por un tribunal democrático en el 399 a. C. Se cree que Platón estuvo en
el proceso pero es posible que no estuviera en la ejecución. Este hecho marcó sensiblemente el pensamiento de
Platón. Como veremos luego, no tendrá demasiado aprecio por el régimen democrático, ya que éste parecía más
apto para la filosofía sofista y las decisiones tomadas en el ágora no tenían por qué ser siempre las mejores
(condenar a muerte a Sócrates, el hombre más sabio de Atenas, no parece una decisión demasiado justa). Si Platón
pensaba que existía una verdad universal, se entiende que un régimen democrático, en el que la verdad se elige por
consenso, no le pareciera el más adecuado. Una verdad es verdadera por sí misma, sin necesidad de que tengamos
que ponernos de acuerdo (2+2=4 sin que podamos elegir entre todos que no es así).
Platón va a escribir todas sus obras en forma de diálogo entre varios personajes (reales o ficticios) en el
que Sócrates será siempre el protagonista (Platón quiere así homenajear a su maestro). Una de las dificultades para
interpretar el pensamiento platónico es que Platón va a expresar sus ideas siempre por boca de Sócrates (Platón
nunca aparece en sus diálogos) por lo que muchas veces no sabemos diferenciar si lo que nos cuenta son ideas
propias de Platón o si explica la filosofía de su maestro.
Del mismo modo Platón va a pensar en la dialéctica socrática o método socrático como un buen método
para llegar a la verdad (si bien, lo modifica y lo refina como luego estudiaremos).
La Academia
En el 361 a. C., tras recobrar su libertad, Platón compró una finca en las afueras de Atenas, donde fundó
un centro especializado en la actividad filosófica y cultural, al cual llamó La Academia. El nombre procede del
anterior dueño de la finca llamado Academo y funcionó ininterrumpidamente hasta su clausura por Justiniano I en
el 529 d.C., pues veía en esta una amenaza para la propagación del cristianismo. La Academia no era un lugar
cerrado, como las sociedades secretas de los pitagóricos, sino que era un lugar abierto a todo el que quisiera
instruirse. Platón, asqueado del pragmatismo de las enseñanzas de los sofistas, predicaba la pureza del saber, el
saber por el mero deseo de conocer la verdad, que es lo que distingue al verdadero “filósofo” (el que “ama el
saber”) del sofista (que siempre busca el fin práctico de sus enseñanzas). En la Academia se estudiaban armonía
(recuerda a los pitagóricos), astronomía y matemáticas como estudios preliminares, para luego llegar a la filosofía
como el saber supremo. No obstante, tampoco podemos ocultar que con estas enseñanzas Platón también
perseguía una utilidad práctica: la de formar buenos políticos y gobernantes. Pero, el político formado en la
Academia sería el hombre que ha alcanzado la verdad de forma desinteresada y por mero amor al saber. El hombre
sabio es plenamente virtuoso (recuerda el intelectualismo moral de Sócrates) y su actitud frente a la política será
siempre virtuosa, justa y desinteresada. Platón quiere formar hombres justos para la política, no demagogos.
2. Contexto histórico.-
Los siglos V y IV a.C. corresponden al apogeo de las grandes ciudades estado independientes de Grecia
entre las que cabe destacar Atenas y Esparta. Tras derrotar a los persas en las Guerras Médicas, Atenas se convirtió
en la potencia hegemónica. En el 431 a.C., se produjo el enfrentamiento entre Atenas y Esparta. La guerra del
Peloponeso, sostenida entre las dos grandes confederaciones, duró hasta el 404 a.C. y concluyó con el
establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia (tras vencer en la batalla de Egos Potamos). Al final de la
guerra, Esparta promovió la oligarquía llamada de los Treinta Tiranos para gobernar Atenas. En el 403 a.C., los
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atenienses, bajo Trasíbulo, se sublevaron y expulsaron a la guarnición espartana restaurando la democracia y la
independencia.
El conflicto que siguió, las Guerras Corintias, continuó en medio de pequeñas contiendas y escaramuzas
hasta el 387 a.C., cuando Esparta, aliada de Persia, impuso la Paz de Antalcidas sobre sus discrepantes estados
súbditos. Según las condiciones del asentamiento persa-espartano, se cedía toda la costa oeste de Asia Menor a
Persia y se otorgaba la autonomía a las ciudades-estado de Grecia. A pesar del acuerdo, Esparta invadió Tebas en el
382 a.C. y tomó la ciudad de Olinto, al norte. El general de Tebas, Pelópidas, respaldado por Atenas, dirigió tres años
después un levantamiento que expulsó a las fuerzas de ocupación espartanas. La guerra entre Esparta y Atenas,
aliada con Tebas, continuó y llegó a su fin con la batalla de Leuctra, en el 371 a.C., en la que los tebanos, al mando
de Epaminondas, derrotaron por completo a sus enemigos y pusieron fin definitivamente a la dominación
espartana. Tebas, en virtud de su victoria, se convirtió en el primer estado de Grecia. Atenas se negó a someterse a
la supremacía de Tebas y, en el 369 a.C., se alió con Esparta. Para mayor inseguridad, la hegemonía de Tebas
dependía principalmente de la brillante regencia de Epaminondas y cuando éste murió, en la batalla de Mantinea
(362 a.C.), Tebas se vio privada de su breve supremacía.
Durante este periodo de luchas por la hegemonía en Grecia, Macedonia, comenzaba su política de expansión. Filipo
II, rey de Macedonia en el 359 a.C., gran admirador de la civilización ateniense, era consciente de su gran debilidad
y la falta de unidad política griega. Inmediatamente después de subir al trono, Filipo anexionó las colonias del sur de
Grecia, en la costa de Macedonia y Tracia, y se propuso convertirse en el dueño de la península. Su astucia en las
artes políticas y militares contribuyó al logro de sus ambiciones. Tras la muerte de Filipo II comenzó el reinado de
Alejandro Magno.
De Platón no se conserva ningún tratado ni ningunos apuntes de sus lecciones en la Academia, quizá porque él
mismo renunció a ello. Sin embargo, sí conservamos un conjunto de unas 30 obras de divulgación escritas en forma
de diálogos. Entre los historiadores existe la dificultad de determinar el orden cronológico de éstos y también sobre
su “paternidad” (saber si realmente los escribió Platón u otro filósofo). La clasificación más aceptada es la que sigue:
1. Diálogos de juventud (Periodo socrático): Apología de Sócrates, Critón, Eutifrón, Laques, Protágoras, Cármides,
Lisis y Libro I de La República. En estos diálogos se observa la gran influencia de Sócrates en Platón.
2. Diálogos de transición: Górgias, Menón, Eutidemo, Hipias I y II, Crátilo y Menexeno. Platón continúa su crítica a la
sofística pero apunta ideas originales como su teoría del lenguaje y se observan múltiples influencias pitagóricas.
3. Diálogos de madurez: Banquete, Fedón, los libros II a X de La República y Fedro. Son los más importantes y están
considerados como obras maestras de la literatura universal.
4. Diálogos de vejez: Teeteto, Parménides, Sofista, Político, Filebo, Timeo, Critias, Leyes, Epímonis y Cartas. Platón
va a someter aquí a revisión su obra y criticará muchos de sus postulados anteriores.
2. Heracliteas: la concepción de que la naturaleza está en continuo cambio y devenir y el dualismo que encontramos
en sus obras.
3. Parmenídeas: su racionalismo, su desprecio a los sentidos (recuerda que Parménides afirmaba que sólo existía el
ser y que el cambio que observamos mediante los sentidos en la naturaleza es mera apariencia) y su distinción entre
doxa (opinión) y epísteme (ciencia o verdadero conocimiento).
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4. Socráticas: la búsqueda de “algo objetivo” con lo que superar el relativismo sofista, su preocupación por la
educación y la mejora de los ciudadanos, el diálogo como método para alcanzar la verdad y el intelectualismo
moral.
5. En general, de todos los filósofos anteriores: la necesidad de encontrar algo que no cambie, algo que
permanezca fijo y regular como base imprescindible para que se dé un saber objetivo, una auténtica ciencia. La
ciencia se basa en leyes, en regularidades que observamos. Si todo cambia de modo caótico, sin orden ni concierto,
no podríamos observar ninguna regularidad, por lo que no podríamos hacer ciencia y el conocimiento sería
imposible (Recuerda como los presocráticos buscaban el arkhé como algo fijo mediante lo que explicar la physis,
como en Heráclito, detrás de todo el mundo cambiante estaba ese logos que regía el cosmos o como, y ya de modo
más radical, Parménides sostenía que detrás del mundo cambiante que era sólo apariencias, existía el ser como algo
inmutable).
[Link]
Los sofistas pensaban que las opiniones se formaban a partir de las percepciones
subjetivas de cada cual y que el lenguaje, al referirse a esas percepciones, ni expresaba la
realidad ni servía como elemento para una verdadera comunicación. (Para gustos los colores)
Sócrates, al contrario, pensaba que se podía llegar a una definición universal o válida
para todos los individuos de tal modo que al dialogar, sí que existiría comunicación, ya que
todos sabríamos a lo que nos referimos: utilizaríamos la misma definición (un diccionario hace
esa función hoy en día). De algún modo, todos los ejemplos que veamos y que definamos con
una palabra concreta, tendrán algo en común, algo que podamos definir y que nos sirva para
elaborar una definición universal, algo fijo y estable que permanezca en el cambio. Por
ejemplo, al utilizar la palabra “perro” sabemos a lo que nos referimos aunque existan millones
de perros diferentes (de distinta raza, tamaño, etc.). Ese algo en común que “tienen todos los
perros” para que los sepamos identificar es lo que buscaba Sócrates.
Pero, si Sócrates, quería llegar por ejemplo, al “concepto universal de justicia” y esa
definición la hemos alcanzado mediante el diálogo (recuerda el método socrático)… ¿quién me
garantiza que otro grupo de filósofos que dialogan no lleguen a una definición distinta a la
nuestra? De este modo jamás superaremos el relativismo sofista ya que lo que consideramos
justo para nuestra polis puede no serlo para otra. Solución propuesta por Platón: que la justicia
(y todos los conceptos en general) sea algo realmente objetivo, que no dependa del consenso,
al existir como una realidad objetiva independiente de nuestra mente.
Resumen:
Sócrates: palabra o concepto=definición universal a la que se llega mediante el diálogo. La comunicación es posible
pero… ¿supera el relativismo?
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Platón: palabra o concepto=realidad objetiva independiente de lo que pensemos. La comunicación es posible y se
supera el relativismo.
En el Libro VII de la República, Platón expone su ontología (teoría del ser, de la realidad, de “lo
qué es o existe“) a través del famoso mito de la caverna.
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Según la ontología platónica existen dos mundos: el inteligible o mundo de las ideas y
el sensible o mundo en el que vivimos.
Son entidades “incorpóreas”, no materiales. Son formas puras (una forma pura es algo así
como un esquema, un arquetipo. Imagina el plano de un arquitecto. La casa sería la realidad material
propia del mundo sensible en el que vivimos normalmente mientras que el plano sería la forma pura, la
idea de la casa que existiría en el mundo inteligible).
No son perceptibles a través de los sentidos (vista, oído, etc.) sino sólo a través de la
razón. De aquí que estén en el mundo inteligible (no sensible).
Las ideas no son ideas en el sentido de la palabra que nosotros entendemos (entidades
mentales), es decir, como algo que sólo existe en nuestra mente. Las ideas existen de
forma independiente de nuestra mente. Son realidades extramentales. Si no fuese así
Platón, como ya dijimos antes, no hubiera podido superar el relativismo sofista, ya que habría tantas ideas
distintas como mentes existen.
Son eternas e inmutables como el ser de Parménides. Platón pensaba que sólo
podemos tener conocimiento de lo que no cambia. Si las ideas fueran cambiantes, no
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podríamos hacer ciencia sobre ellas (Platón tiene aquí en su mente el modelo de las matemáticas
(influencias pitagóricas): la suma de los lados de un triángulo será siempre 180º y 2+2 siempre sumará 4.
La geometría no trabaja con figuras sensibles sino con figuras ideales perfectas que siempre han sido y
serán así.)
Las ideas son más reales que los seres naturales del mundo sensible. Platón tiene una
noción de realidad algo distinta que la nuestra. Para nosotros parece más real algo que podemos tocar,
ver, oler, etc. (realidad sensible) mientras que para Platón precisamente lo que es eterno, lo que no
cambia es más perfecto y más real que lo que nace y muere, que lo efímero y constantemente cambiante.
Las acciones y los objetos que observamos en la realidad no son más que copias de las
ideas del mundo inteligible. Algo es real en la medida en que participa de la idea de la
que es copia. Nosotros seríamos hombres en la medida en que todos nosotros
tenemos algo en común que nos hace serlo: la idea de hombre, de la cual no somos
más que meras copias imperfectas que participamos, cada uno en su medida, de la
perfección de la idea (Imagina un molde para hacer galletas. Cada galleta que hagamos será
diferente a las demás, tendrá imperfecciones pues saldrán galletas más redondas que otras, más o menos
rugosas, etc. El molde del que salen todas las galletas sería la “idea de galleta” de la que todas las galletas
son copias imperfectas).
Pero, ¿es el mundo inteligible un lugar separado del mundo en el que vivimos, un “paraíso
celestial” donde se encuentran las ideas como si fuesen piezas de un museo, inmóviles y
eternas? Ciertamente esto puede parecer ridículo a una mentalidad como la nuestra, pero,
aunque Platón distingue en La República los dos mundos, hemos de asumir que la naturaleza
de las ideas no es material sino espiritual y algo de esta índole no necesita “un lugar” para
existir. Cuando tú te imaginas cualquier cosa o cuando realizas una operación matemática con tu mente… ¿dónde
está lo que imaginas o la operación que realizas? Podrías responder: en mi cerebro, pero se podría objetarte: no, en
tu cerebro sólo hay átomos que, al combinarse, acaban por crear células, tejidos, etc. y si miraras todo eso con un
microscopio jamás verías nada parecido a un pensamiento o a una operación matemática ¿Dónde está entonces lo
que pensamos? Según Platón en el mundo de las ideas, pero ese mundo, no tiene por qué existir en ningún lugar en
concreto, ya que su naturaleza no es material.
No obstante, Platón no tuvo nunca una visión clara de los tipos de ideas y de las relaciones que se daban entre
ellas, ni tampoco dejó claro que relación existía entre ambos mundos. Muchos historiadores de la filosofía dudan de
que Platón creyera realmente en la existencia del mundo de las ideas como algo plenamente separado del mundo
natural (aspecto este que parece derivarse de El Parménides).
No sabemos el dónde, pero sí la forma, estructura, así el mundo de las ideas tiene una
estructura piramidal, jerarquizada, en la que existen ideas más importantes que otras.
En lo alto de la pirámide estaría la idea de Bien más debajo de la cual estarían otras
como la de justicia, templanza, valentía, belleza, etc. según su grado de importancia. Esta idea
de Bien no es sólo una idea más, sino algo que está por encima de toda, dando unidad al ser (a
todo lo que existe), pues todo es causado por ella; no es sólo la causa del resto de las ideas,
sino también del conocimiento, es la “luz suprema” que hace inteligible toda la realidad, que la
da sentido. Platón va a utilizar la metáfora del sol para referirse a ella: el Sol como causa de la
vida (las plantas, los seres vivos necesitamos el sol para vivir) y de los ciclos naturales (el día, la
noche, las estaciones) y, a su vez, la luz es lo que permite la visión de la naturaleza (si es de
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noche no vemos nada), así que también es la causa del conocimiento (tenemos que observar,
que ver para conocer. Lo oscuro es lo que desconocemos).
En El Timeo, a través del mito del Demiurgo Platón nos explica el origen del Universo:
en un principio estaban el mundo de las ideas, el Demiurgo (un supremo hacedor o artesano) y
una masa caótica e informe. Esta masa estaba en un continuo y azaroso cambio, por lo que era
sumamente imperfecta. En un determinado momento, el Demiurgo, tomando el mundo de las
ideas como modelo, fue trabajando como un escultor sobre esa masa caótica, introduciendo
en ella el orden y la armonía propios del mundo inteligible, haciendo todas las cosas siguiendo
como patrón su correspondiente arquetipo del mundo de las ideas. Así, el movimiento azaroso
de la materia caótica se fue convirtiendo en un movimiento armónico en tanto que imita la
perfección propia del mundo de las ideas.
La relación entre el mundo sensible y mundo inteligible es, como ya hemos dicho, de
mímesis o de copia: los objetos son copias imperfectas de las ideas que son reales en la
medida en la que “conservan algo” de la idea original. En el mundo sensible, al igual que en el
inteligible, los seres naturales también tienen una estructura jerárquica de forma piramidal
(lógico, si el mundo sensible es una copia del inteligible, tendrá la misma estructura).
Los astros serían los seres más perfectos del mundo sensible, ya que mantienen movimientos
regulares (las órbitas) y, en la mentalidad griega de la época, parecían hechos de un material
difícilmente corrompible (los planetas parecen siempre iguales, más eternos e inmutables que
cualquier otra cosa). Después vendría el hombre y los seres vivos, luego los seres inertes para
terminar con las sobras, los reflejos y las obras de arte. Estos últimos, al ser copias de copias
(un reflejo es una copia de lo reflejado o una obra de arte es una copia del objeto que
representa), se alejan más de la idea originaria que cualquier otro ser (Sócrates estaría más
cerca de la idea de hombre que una escultura que representa a Sócrates, ya que ésta sería una
copia imperfecta de un hombre que, a su vez, es una copia imperfecta de una idea).
En el diálogo El Parménides, Platón apunta hacia otro tipo de relación entre ambos mundos: la
méthesis o participación. Las ideas participan de la idea de bien del mismo modo que los seres
del mundo sensible participan de las ideas. Es decir, que todas las cosas que existen “toman
parte”, “tienen un trozo” de las ideas, del mismo modo que todas las ideas “toman parte”
igualmente de la idea de bien.
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2. Teoría del conocimiento (Dos tipos de conocimiento)
La teoría del conocimiento platónica, al igual que su ontología, no se encuentra
expuesta en los diálogos de forma sistemática, sino dispersa y cambiante a lo largo de toda su
obra. No obstante, al final del libro VI de La República y en algunas partes del libro VII,
podemos encontrar sus ideas fundamentales.
Pero no es sólo por el carácter subjetivo o relativo de las percepciones por lo que
Platón rechaza el conocimiento sensible, sino porque la misma realidad sensible no permite un
conocimiento objetivo: las cosas particulares, sensibles de este mundo material, no son
objetos de conocimiento científico, pues son corruptibles y están sometidos a un incesante
devenir en el que no hay nada estable. (Son y no son)
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- Primera subsección: corresponde al conocimiento de las ideas. Es el saber más supremo al
que puede aspirar un hombre, coronado por el conocimiento de la idea de bien, cúspide más
alta del saber. A este conocimiento Platón lo llama inteligencia o noesis.
b) Segunda sección: representa la Opinión o doxa (recuerda que esta misma división la hacía
ya Parménides: los dos caminos, la vía del ser o de la verdad o aletheia y la vía del no-ser
impracticable o de la doxa del vulgo). La opinión de las gentes no es auténtico conocimiento y,
como es lógico, pertenece al mundo sensible, es el conocimiento que de él podemos tener. De
la physis no es posible el conocimiento, sólo mera opinión. También se subdivide en dos
partes:
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Como observamos en la tabla, cuánto más nos alejamos de lo que nosotros consideramos hoy
en día como más real (el mundo natural lleno de cosas que podemos ver, tocas, saborear, etc.
…) hacia lo más etéreo, espiritual o abstracto, tanto más científico y superior será nuestro
conocimiento. Platón pensaría que la ciencia contemporánea (física, biología, etc.) es un saber
menor que no tiene apenas certeza alguna de lo que afirma.
a) Es innato: hemos nacido con él y permanece de algún modo "latente", "a la espera", hasta
que percibimos un objeto sensible que nos lo recuerda.
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b) Por eso, la verdad no hay que buscarla en los datos de la experiencia sino en nuestro
interior, pues la verdad ya está en el alma, sólo debemos descubrirla, recordarla.
c) Platón nos va a decir que el método del conocimiento verdadero, el método a través del cual
se consigue la noesis, es el dialéctico. Mediante la dialéctica nos alejamos del mundo sensible
y redescubrimos los primeros principios de los seres (las ideas), para, poco a poco y tras un
largo proceso de conocimiento, llegar al principio que le da sentido y unidad al todo: la idea de
bien (recuerda el mito de la caverna). La dialéctica no va a ser un método de demostración
como el de las matemáticas o la lógica, sino de descubrimiento de las ideas y sus conexiones.
Al final del camino, un camino ascendente, el sabio contempla la idea de bien (lo más
abstracto, lo más alejado del mundo sensible que existe) y, en consecuencia, es capaz de obrar
bien, de ser plenamente justo. Recordamos de nuevo que el objetivo de la filosofía de Platón
es político: el sabio que ha contemplado la idea de bien y que puede entonces obrar bien es el
único capacitado para gobernar la polis, ya que la gestionará en función de esta idea, es decir,
la gobernará persiguiendo siempre el bien y la justicia (Recuerda el intelectualismo moral de
Sócrates: antes de hacer el bien primero has de conocerlo).
d) En El Banquete, Platón nos hablará de otro método para llegar a la verdad distinto al
dialéctico: la erótica. El bien ejerce una atracción, un deseo sobre el filósofo (ya que el filósofo
es quien "ama el saber") que tiene tanta fuerza que éste puede llegar a alcanzar la verdad
suprema sin seguir el método dialéctico, sino por mera intuición. Aquí encontramos al Platón
más "místico" (unión con el ser supremo mediante el amor: "éxtasis místico").
Platón concibe al hombre como una dualidad, como una división en dos partes: alma y
cuerpo. El cuerpo va a ser un lastre para el conocimiento, pues los sentidos, como partes del
cuerpo, nos dan información del mundo que nos rodea, pero nos dan una información dudosa
acerca de él (Pistis). Si queremos realmente llegar a conocer la verdad, lo hemos hacer
alejándonos de lo sensible, sólo por medio del alma y, concretamente, con la parte del alma
cuya función es conocer: la razón.
En el Fedro, Platón explica otro famoso mito: el mito del auriga. El alma humana es como un
carro del que tiran dos caballos, uno blanco y otro negro:
a) El caballo negro representa la parte del alma más apegada al mundo sensible, a las pasiones
del cuerpo (alma concupiscible o apetitiva). Situada en el hígado, no es inmortal y perece al
morir el cuerpo Es un caballo revoltoso, difícil de llevar.
b) El caballo blanco representa el alma irascible (la voluntad) y es un caballo dócil y obediente.
En el alma irascible se encuentran el valor y la voluntad y, según Platón, se encuentra situada
en el pecho.
c) El auriga es la parte más importante del carro, pues es quien lo conduce, y simboliza la parte
racional del alma. Es la parte más noble del alma, la que es propiamente inmortal, y mediante
la cual obtenemos el conocimiento más elevado y la vida buena y justa. Se identifica con la
razón y es la que faculta al hombre para la consecución del bien y la justicia. Según Platón, está
situada en cerebro.
Platón divide el alma humana en tres: racional, apetitiva e irascible. La parte racional
quiere llevar el carro hacia el mundo de las ideas pero el caballo negro, que está muy apegado
a lo corporal, quiere impedírselo (por ello es indócil). Dependiendo de los logros del alma
racional, en la siguiente reencarnación, seremos alguien mejor o peor. Si nos hemos acercado
mucho a la idea de bien, si hemos sido sabios y justos, nos reencarnaremos en un ser mejor,
pero si hemos estado demasiado apegados a lo sensible (el corcel negro ha dominado el
carro), iremos hacia un ser inferior. Queda de nuevo claro, la postura de Platón con respecto al
mundo sensible: es una cárcel de la que tenemos que ir escapando poco a poco, en las
sucesivas reencarnaciones.
Esta idea de la negación del cuerpo y de sus pasiones será una constante en la historia
de la filosofía hasta, prácticamente, el siglo XIX. Por lo general, la mayoría de los filósofos
asociarán el cuerpo con la parte emocional, pasional del ser humano, y, lo entenderán
habitualmente como un obstáculo para llegar a la verdad o para ser virtuosos. Esto en cierto
modo es verdad. Piensa cuando estás nervioso a la hora de hacer un examen: tus pasiones te
impiden estar concentrado y hacerlo bien. O cuando no puedes dormir porque hay algo que te
preocupa, o cuando estás enamorado/a y no puedes pensar en otra cosa. Las pasiones nos
perturban y sólo mediante la razón podemos controlarlas.
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4. La ética platónica: virtudes y felicidad
Platón (y en general, casi toda la ética posterior a él) va a rechazar cualquier tipo de
individualismo ético. Los sofistas y la moral anterior defendían una moral individual, es decir, buscar lo mejor
para uno mismo. Los guerreros aqueos de La Iliada buscaban la gloria personal mientras que los alumnos
Pues bien, tanto Platón como
aventajados de los sofistas buscaban el poder a través de la política.
Aristóteles irán en contra de todo egoísmo, de todo buscar el bien individual por encima del
bien común., pues el objetivo fundamental de toda la filosofía platónica es la construcción de
un estado político ideal, por lo que ética y política van a estar íntimamente relacionadas: el
bien social, el bien de la polis estará por encima de cualquier interés individual.
RELACIÓN CON
TIPOS
PARTES MITO DEL CARRO EL TEMA DE LAS
LA VIRTUD
DELCUERPO ALADO CLASES SOCIALES
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Justicia
Así, para Platón, la ética va a ser inseparable de la política: un hombre sólo puede ser virtuoso
en el seno de la polis y nunca fuera de ella. Si queremos entonces conseguir hombres sabios y
felices no nos queda otro remedio que construir un estado que lo posibilite: Platón escribe
entonces La República.
La polis nace porque nadie se basta a sí mismo para abastecerse de lo necesario para vivir y
desarrollarse como ser humano. La necesidad de alimentos, vestido, vivienda, etc. hace
imprescindible la presencia de agricultores, pastores, artesanos, etc.; la necesidad de importar
y exportar productos requiere la presencia de comerciantes; la de defender la polis y mantener
el orden en ella, hace necesarios a los guardianes o guerreros; y para que todo esté bien
gestionado, bien gobernado, hace falta una clase de hombres sabios y justos que enfoquen
todo hacia el bien común.
La división de una sociedad en clases no debe ser caprichoso ni dejarse en manos del azar;
tampoco debe obedecer al seno de la familia en la que se nace, sino que debe seguirse de una
adecuada planificación pensada para el perfecto desarrollo de los ciudadanos.
Entonces Platón va a distinguir tres clases sociales en virtud de las partes del alma. A saber:
a) Los gobernantes: deben ser los filósofos. Éstos conocen la idea de bien y deben gobernar
conforme a ella. Serían los individuos que tienen más desarrollado el aspecto racional de su
alma y, en consecuencia, sus virtudes serían la prudencia y la sabiduría.
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b) Los guardianes: serán los guerreros encargados de la defensa de la polis. En su alma reina el
aspecto fogoso o irascible y sus virtudes serán el valor y la fortaleza.
Platón no va a construir su sistema político analizando los diversos sistemas de las ciudades o
estados de su tiempo, sino que lo va a construir a partir de su antropología, de lo que él
considera como naturaleza humana. Platón razonaría algo así: si queremos construir un
sistema político en el que el hombre sea feliz, primero hemos de saber qué es el hombre, para,
en virtud de ello, construir el sistema. Nótese que esta forma de hacer las cosas es bastante
apriorista (ajeno a la experiencia). Platón parte de una determinada concepción del hombre
para crear el Estado, pero no se digna a analizar pormenorizadamente como funcionan otras
polis u otras sociedades de su época. Como veremos posteriormente, esta forma de actuar
será diametralmente opuesta a la de su discípulo Aristóteles.
5.3. La educación.-
¿Cómo saber qué parte del alma es la predominante en cada persona? Mediante la educación
(paideia). Platón, al igual que Sócrates y los sofistas, daba mucha importancia a la educación.
Los hombres sabios serán los encargados de la educación de los niños y de las niñas (éstas
tienen alma al igual que los hombres y pueden llegar igualmente a ser gobernantes), y
decidirán qué almas están dotadas para tal o cual tarea. La educación, como columna vertebral
del sistema platónico, será un derecho para todo ciudadano. El plan educativo debe comenzar
por la música y la gimnasia (disciplinas muy corporales pero que nos introducen en el equilibrio
y la armonía entre las partes y el todo); se proseguirá con la aritmética, la geometría y la
astronomía, que ya son ciencias de la razón; y, finalmente, los que hayan superado el difícil
sistema educativo (hayan subido la escarpada salida de la caverna, como ya deberías saber si
hubieses leído el texto) y tras ser sometidos a un duro periodo de prueba para estar
plenamente seguros de la calidad de su alma, serán educados en la dialéctica para que lleguen
a conocer la auténtica realidad (la de las ideas) y contemplen la idea de bien. Sólo entonces
estarán preparados para ser gobernantes. Los que se hayan quedado en el camino serán
guardianes, o aún más abajo, productores.
Para que un alumno no pueda engañar a sus educadores, mostrando cualidades de hombre
sabio y justo, cuando realmente está demasiado aferrado al cuerpo y lo que busca es poder y
riqueza, Platón propone eliminar la propiedad privada entre las clases de más responsabilidad
política (guardianes y gobernantes). La familia también entraría dentro de este comunismo:
Los hijos no tendrán un padre definido y todos serán tratados y educados por igual, para el
bien del Estado. Incluso las relaciones sexuales estarían controladas por éste, estableciendo las
parejas más oportunas y las fechas más adecuadas para la relación (Platón cae en cierta
eugenesia). No obstante, ya en el Libro V de La República, Platón duda de la viabilidad de todo
esto y lo critica en sus escritos de vejez.
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La justicia es el tema fundamental que inspira La República. El camino seguido consiste
en rechazar diferentes concepciones de la justicia, antes de emprender una tarea constructiva.
La justicia no es sólo decir la verdad, ni devolver lo que se ha recibido, ni dar a cada cual lo que
se le debe, ni mucho menos en el interés del más fuerte, ni tampoco al contrario, en una
convención establecida como ley por los hombres, frente a la ley natural, para proteger a los
débiles frente a los fuertes. Estos modos erróneos de concebir la justicia han llevado al hombre
a desarrollar distintos tipos de gobierno que llevan, necesariamente, a la injusticia: la tiranía, el
peor sistema posible, no es viable ya que es el gobierno de uno de un modo injusto y abusivo;
la democracia cae en la demagogia y en la obtención de bienes personales sobre el bien de la
polis; los mejores sistemas serían el monárquico o el oligárquico, siempre que se lleven a cabo
de un modo sabio y justo.
6. Conclusiones y crítica.-
Platón influirá decisivamente en los teóricos de la política, sobre todo a partir del Renacimiento (sin olvidar las
influencias en la concepción de San Agustín). Será revolucionaria su búsqueda escrupulosa de valores universales
para guiar la acción común, a través de la razón, sin implorar a otras categorías como la tradición o poderes
sobrehumanos como los poseídos por los dioses. No hay más que ver las propuestas modernas de Hobbes o Spinoza
(de los que veremos algo en clase si nos da tiempo) para ver que siguen esta línea. También será ejemplar su crítica
al relativismo y a la retórica, reinantes en la democracia. Ejemplo que bien se puede aplicar hoy en día. Igualmente
es revolucionaria su concepción positiva de la mujer (denostada desde Aristóteles hasta casi nuestros días) y la
importancia que le dio a la educación y a la eliminación de la propiedad privada (elementos retomados por
pensadores como Rousseau o gran parte del socialismo utópico e incluso del anarquismo). Sin embargo, su sistema
no está libre de errores. Sus críticos han seguido, principalmente estas tres líneas:
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a) Referente a la forma: al contrario que Aristóteles, el sistema platónico no tiene en cuenta las diversas formas de
gobierno imperantes en su tiempo. Platón no analiza pormenorizadamente los distintos gobiernos en busca de
mejorar sus defectos para llegar a una propuesta más realista, sino que se aleja de la experiencia y se guía
únicamente por el interior de la razón. Su teoría política adolece de apriorismo.
b) Referente al contenido: el bien del Estado está por encima del individuo. La rigurosidad con la que el Estado
decide el destino de sus individuos (incluyendo aspectos de su vida privada), lleva a un Estado totalitario que deja
muy restringido el margen de la libertad. Uno de los principios de la política nacionalsocialista de Hitler decía "Tú no
eres nada, tu nación lo es todo". Es lo que va a criticar Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos: todo
Estado que se ponga por encima de sus individuos, tarde o temprano, verá bien prescindir de ellos.
c) Referente a la forma y al contenido: ese apriorismo formal y esa forma totalitaria de entender el Estado, llevan a
La República a caer inexorablemente en la utopía. En general, el idealismo de la teoría platónica, que ve como más
real lo que nosotros consideraríamos como de más dudosa existencia, alejándose siempre progresivamente de lo
corporal y lo material, no podía llevar a otro lugar que no fuera lo inconcebible. Si bien Platón no pudo llegar a
poner en práctica su proyecto en vida (recuerda que lo intentó sin éxito en Siracusa), es muy dudoso que su sistema
pudiera llegar a funcionar. Sin embargo, este aspecto que a primera vista parece negativo, influyó mucho en todo el
pensamiento utópico que se dio a partir del Renacimiento y que tendrá gran influencia durante toda la ilustración y
llegará hasta nuestros días: a Platón le deben mucho desde Moró y Campanella, hasta Orwell y Huxley.
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TEXTO 1:
Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que
anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la
vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol;
compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el
camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que
estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en
todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final,
y con dificultad, es la idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa
de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al
señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la
inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto
en lo privado como en lo público (Platón, La República, Libro VII, 517a-d, en PLATÓN,
Diálogos IV. La República, trad. De Conrado Eggers, Madrid, Gredos, 1986, p. 342).
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(4) contesta razonadamente a la siguiente pregunta: ¿crees que en la actualidad se
puede y se debe tener un conocimiento verdadero de lo que es el bien privado y el
bien público? (0,5)
TEXTO 2
2. “A la ley no le interesa nada que haya en la ciudad un grupo que goce de particular
felicidad, sino que se esfuerza para que ello le suceda a la ciudad entera, y por eso armoniza a
los ciudadanos por medio de la persuasión o de la fuerza y hace que unos a otros se hagan
partícipes de los beneficios con que cada cual pueda ser útil a la comunidad y ella misma [la
ley] forma en la ciudad hombres de esta clase [los filósofos], pero no para dejarles que cada
uno se dedique a lo que quiera, sino para usar ella misma de ellos con miras a la unificación del
Estado” (PLATÓN, La República, libro VII, 519e-520a, Madrid, Instituto de Estudios Políticos,
1969, t. III, p. 10, traducción adaptada).
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