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Magnetorreceptores en golondrinas

El magnetismo terrestre es esencial para la navegación, orientación y migración de las golondrinas, que utilizan magnetorreceptores y cristales de magnetita para detectar el campo magnético. Históricamente, el magnetismo ha sido estudiado desde la antigua Grecia, con contribuciones significativas de científicos como Tales de Mileto, William Gilbert y Hans Christian Ørsted. A lo largo del tiempo, se ha establecido una conexión entre el magnetismo y la electricidad, culminando en las ecuaciones de Maxwell que unifican ambos fenómenos en el electromagnetismo.

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Magnetorreceptores en golondrinas

El magnetismo terrestre es esencial para la navegación, orientación y migración de las golondrinas, que utilizan magnetorreceptores y cristales de magnetita para detectar el campo magnético. Históricamente, el magnetismo ha sido estudiado desde la antigua Grecia, con contribuciones significativas de científicos como Tales de Mileto, William Gilbert y Hans Christian Ørsted. A lo largo del tiempo, se ha establecido una conexión entre el magnetismo y la electricidad, culminando en las ecuaciones de Maxwell que unifican ambos fenómenos en el electromagnetismo.

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Magnetismo

El magnetismo de la Tierra influye en las golondrinas de


varias maneras:
1. Navegación: Las golondrinas, como muchas otras aves
migratorias, utilizan el campo magnético terrestre para
navegar durante sus migraciones. Esto les permite orientarse
y dirigirse hacia sus destinos.
2. Orientación: El campo magnético terrestre ayuda a las
golondrinas a mantener su orientación espacial, lo que es
esencial para su supervivencia y capacidad para encontrar
alimentos y refugio.
3. Migración: El magnetismo terrestre juega un papel crucial
en la migración de las golondrinas. Les permite seguir rutas
migratorias específicas y llegar a sus destinos de manera
precisa.
Las golondrinas detectan el campo magnético terrestre
mediante:
1. Magnetorreceptores: Son células especializadas en el
sistema nervioso de las aves que detectan los cambios en el
campo magnético.
2. Cristales de magnetita: Algunas aves, incluyendo las
golondrinas, tienen cristales de magnetita en su cerebro, que
les ayudan a detectar el campo magnético.
En resumen, el magnetismo de la Tierra es fundamental para
la navegación, orientación y migración de las golondrinas.
El magnetismo es el conjunto de fenómenos físicos mediados
por campos magnéticos. Estos pueden ser generados por las
corrientes eléctricas o por los momentos magnéticos de las
partículas constituyentes de los materiales. Es parte de un
fenómeno más general: el electromagnetismo. También
denomina a la rama de la física que estudia dichos
fenómenos.

El níquel, el hierro, el cobalto y sus aleaciones se encuentran


entre algunos de los materiales que presentan propiedades
magnéticas fácilmente observables, y comúnmente se llaman
imanes. Estos materiales son ferromagnéticos e interactúan
fuertemente con los campos magnéticos externos a la vez
que generan un campo magnético propio. Esto permite la tan
conocida repulsión y atracción entre los polos de los imanes.
Sin embargo, todos los materiales son influidos, en mayor o
menor medida, por la presencia de un campo magnético.
Etimología
La palabra «magnetismo» viene del griego "μαγνῆτις λίθος"
(magnētis lithos), que significa «piedra de Magnesia», y hace
referencia a la magnetita, un mineral de hierro
ferromagnético.
Los fenómenos magnéticos se conocían ya en la antigua
Grecia. Se dice que por primera vez se observaron en la
ciudad de Magnesia del Meandro en Asia Menor, de ahí el
vocablo: magnetismo. Sabían que ciertas piedras (magnetita)
atraían el hierro, y que los trozos de hierro atraídos, eran
capaces, a su vez, de atraer a otros. Estas piedras se
denominaron imanes naturales.

El primero en estudiar el fenómeno del magnetismo fue Tales


de Mileto, filósofo griego que vivió entre 625 a. C. y 545 a.
C.1 En China, la primera referencia a este fenómeno se
encuentra en un manuscrito del s. IV a. C. titulado Libro del
amo del valle del diablo: «La magnetita atrae el hierro hacia sí
o es atraída por este».2 La primera mención es sobre la
atracción de una aguja que aparece en un trabajo realizado
entre los años 20 y 100 de nuestra era: «La magnetita atrae
la aguja».

El científico Shen Kua (1031-1095) escribió sobre la brújula


de aguja magnética y mejoró la precisión en la navegación
empleando el concepto astronómico del norte absoluto. Hacia
el siglo XII los chinos ya habían desarrollado la técnica lo
suficiente como para utilizar la brújula para mejorar la
navegación. Alexander Neckam fue el primer europeo en
conseguir desarrollar esta técnica en 1187.

Peter Peregrinus de Maricourt, fue un estudioso francés del


siglo XIII que realizó experimentos sobre magnetismo y
escribió el primer tratado existente sobre las propiedades de
los imanes. Su trabajo destaca por contener la primera
discusión detallada de una brújula. El cosmógrafo español
Martín Cortés de Albacar, formado en Zaragoza y en la
escuela de pilotos de Cádiz, descubrió y situó el polo norte
magnético en Groenlandia en 1551 para los navegantes
españoles e ingleses (su libro fue traducido y muy reimpreso
en Inglaterra) facilitando así considerablemente la
navegación. Galileo Galilei y su amigo Francesco Sagredo se
interesaron por el magnetismo engastando un buen trozo de
roca magnética de más de kilo y medio en un bello artilugio
de madera. La magnetita se disponía de tal manera que, a
modo de imán, atraía una bola de hierro de casi cuatro kilos
de peso; pero la falta de aplicaciones prácticas y económicas
del invento desalentó más experimentación por parte de estos
destacados científicos italianos.3 En 1600 el médico y físico
William Gilbert publicó en Londres su obra De magnete,
magneticisque corporibus, et de magno magnete tellure;
Physiologia noua, plurimis & argumentis, & experimentis
demostrata ("Sobre el imán y los cuerpos magnéticos y sobre
el gran imán la Tierra"), que estableció las bases del estudio
profundo del magnetismo consignando las características y
tipologías de los imanes y realizando todo tipo de
experimentos cuidadosamente descritos. Observó que la
máxima atracción ejercida por los imanes sobre los trozos de
hierro se realizaba siempre en las zonas llamadas "polos" del
imán. También clasificó los materiales en conductores y
aislantes e ideó el primer electroscopio. Descubrió la
imantación por influencia y fue el primero en percibir que la
imantación del hierro se pierde al calentarlo al rojo. Estudió la
inclinación de una aguja magnética concluyendo que la Tierra
se comporta como un gran imán.

El conocimiento del magnetismo se mantuvo limitado a los


imanes hasta que en 1820 Hans Christian Ørsted, profesor de
la Universidad de Copenhague, descubrió que un hilo
conductor sobre el que circulaba una corriente ejercía una
perturbación magnética a su alrededor capaz de mover una
aguja magnética situada en ese entorno.4 Muchos otros
experimentos siguieron con André-Marie Ampère, Carl
Friedrich Gauss, Michael Faraday y otros que encontraron
vínculos entre el magnetismo y la electricidad. James Clerk
Maxwell sintetizó y explicó estas observaciones en sus
ecuaciones de Maxwell, unificando el magnetismo y la
electricidad en un solo campo, el electromagnetismo. En
1905, Einstein usó estas leyes para comprobar su teoría de la
relatividad especial;5 en el proceso mostró que los campos
eléctricos y magnéticos son dos caras de la misma moneda,
el tensor de campo electromagnético.

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