Todas las palabras se congelan en el viento
DAVID CAÑEDO MESINAS
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"Tal vez esta noche no es noche
debe ser un sol horrendo, o
lo otro, o cualquier cosa..."
-Alejandra Pizarnik.
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4
Puedo escribir un libro entero en una noche…
Cuando cumplo mis diez miedos
diez abortos
diez extenuaciones
diez convulsiones anulares
diez veces un gajo de dividida luna
que se equivocó
diez veces el sentir de mis aniversarios
diez mil entrañas desviaciones
y ahora qué.
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(No) identidad…
Halar, halar un guante de esqueleto silvestre
y otra anémona elástica
desangrándose:
un cuerpo inédito de mujer
o soga con manera de algas adherentes.
Jalar un labio completamente extinto
a la distancia en que caerá de una cresta:
Dos ramas de arrecife
que se trasponen:
Dos ojos morirán en candelabros trepantes
por el aliento de mi primera lumbre
cerrada:
Cardos y marinas estatuas
que se vuelven vidrios
de cuerpo de poliedro.
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Síntesis y origen…
No pertenezco a ningún movimiento, especie, onda o ruido de luz trazada.
Mi vida a partir de esta sombra escondida: un paisaje lejano que sus piezas agita.
Mis ojos me niegan a gatas.
Soy bello como las piedras, semejante a las pisadas presas en los charcos. Hablo un idioma
visible, aunque carente de género; soy sangre, soy desplome, soy fulgor que crece. Sufro de
un agua que mis venas anudan y mis labios afilan dentro de su espejo; que mis huesos se
pasan de mano en mano, en desfiles enfermos que duran todo el invierno. Giro a ver el sol
y cuelgan rayos desde una torre. Abro mis ojos quemados y me susurran los muertos.
Mi piel no es una piel repleta de collares raudos; divide los aromas noche y día y abre sus
manos con el sabor de un pozo.
Yo parto callado y hendido hacia el ocaso, los días de la semana en que mis hijos mueren.
Amo los circulares infiernos, cuerdas del espacio que el silencio lanza. Amarro mis
costados a un cielo de abundantes bulbos: árboles que surgen negros entonando mi
nombre. Árboles muertos, que de mi pecho se tiran. He de continuar a bordo, oyendo las
velas nadar iluminadas. Viendo ladrar los segundos, envenenados de exilio, bajo un
berrinche de gotas.
Sigo abrumado en el aire como mis dedos al nacer. Nada detiene mis huellas, sino el
inmóvil lamer de los eones.
7
Infidelidad…
1.
Tomo del mar un durazno que antes me pertenecía
(anhelaba hacerse estragos a los pies de los viajeros)
tiene forma de agua cráneo de sal
tropel de carámbanos redondos como en un mordisco.
Lo recojo en los pliegues múltiples
de mis mejillas. Lo aso.
Lo leo. Lo lleno de tortugas.
…Lo saco de su indiferencia a mi abandono.
Le abro un jardín de gatos empalados
y sale al lodo remojándose como un gorrión rectangular.
(Miro que se ensancha y
hambrea
mientras me desgasto detrás de un cuerpo.
Pierde su tejido hurtado a manos de los moscones
se hace amargo
y revienta).
2.
Sobre lo cartilaginoso y rotundo del pelaje artificial de un anchísimo océano explayado
observo caer el espejismo de un ave que será o no:
núcleo de hierba naciendo entre estos garfios alados y rotos.
8
Música…
Es que el silencio era un grito degollado
partido en dos en dos
como las minas en la calaca de un perro
y hedía con su verde muerte los dedos asomados;
azotada carátula de melenas ya sin flujo.
9
Yo…
Entre una aglomeración de pájaros
un plural insecto enorme.
Las aguas gimen monedas…
Soy el caos.
Abro paso a desintegradas pirámides.
Abro el suelo a los milenios.
Mis manos se elevan mientras yo me reduzco.
Parto hacia la amada.
Parto hacia el licor de lo siniestro.
Parto dentro de una matriz con asteroides esquivos
que sulfuran. Con plumajes cabizbajos
y afeitándome.
De melenas de hielo que supuran
mis poros.
Mi tantísimo collar de cocodrilos
hecho jirones al cuello.
Y entre mis dientes prensados y cósmicos
un espejo turbio rezuma.
10
Cáustico…
Yo detengo el aguarrás del paisaje a mitad de su Yo que me detiene.
Dilato su espalda
sus bejucos endebles y firmes. (Firmes, sin hablarle a nadie).
Hablo de ir, de no volver, de no avanzar, de no quedarse.
Rosa de los vientos. Soy quien habla.
- Leve.
- Leve como un labio-hierro-vela-roca, granizo, cuerda.
Yo suspiro lóbulos de anís y puntiagudos
con su mundo de juncos primigenios/sagaces.
Nado entre los bordes formando cuevas y bordes
setas de sodio y amordazadas margaritas.
Soy el estridente congelamiento
soy los fragmentos de ese otro congelamiento
gomoso, derrumbado.
En la especie
sobre la hélice de rastros
encima de lo que soy
en lo que no seré:
Soy una sed rizándose en el apretado vientre
de un conjuro.
Reflexiono iniquidades d e l e t r e á n d o me.
Cacofónico y estéril
desplazado y salobre.
No me detengo al detenerme en la cardíaca neblina velozmente reseca
dentro de un cielo cocinado
como jardín de huevos negros:
gélidas brasas prehistóricas:
sueños:
visiones:
polluelos del cosmos.
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El arnés…
1.
No he conducido aún (absorbido)
enganchando mi rostro a un lunar de acero.
Reemplazo los oleajes cegados de los muelles predichos.
…Todas mis casas se desangran.
Desangrándose a la orilla de mis pies. Yo
todavía no me he repuesto y oblicua mi mirada
firma en los domos de la luz con una greña. Una greña rolliza y luego
suelta. Detrás de mí las chicharras de humo triste
fueron piedras sin túnica odiándose cuando
de mis labios nada surgía.
No había nada: lijas alimentándose
mis manos.
En el prado de puños espirales
vaciados por algún crecimiento aleatorio.
Soplan. Exhalando aviones de roja inundación
se exprime un cigarrillo/ cuerpo/ nave
lejos
a la deriva de tres estrellas achicharradas.
Solos, soliabiertos; solitarios, diurnos como una sangría única
más elevadiza y desconocida.
Hora, en que requiebran mis labios
en espaldas escamosas
robados cartuchos de cortaplumas
recónditos y
en que una sola fosforescencia como partícula
o relámpago escurriéndose sobre el plomizo regazo de mis párpados…
No. No había: / /nada/lugar al que
vivirse.
Y de mis coloquiales ojos puros
nada.
Y de mis acribillados labios en sereno combate
sin mí, sin yo
sin ____ ni ____
más lejos.
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2.
A través de mi fingida eternidad
quizás hoy el aspa hambreada
de su sola sed me rehumedezca.
Mis mejillas que se mueren.
Mis paisajes secretos desguarnecidos
o páramos.
- Estertores todavía tiritan, o…
Dentro de lo que aún no padezco
digamos
que ahonda una figura de deslenguadas páginas rugientes
y empaladas Pero…
Hoy (no) avanzo sin (con/como) ecos oraculares
y angustiosos oxígenos.
Imprevisto:
encima de mi carne aguarda la metálica aridez
de ser dominio.
Galopante y atroz, restante y equipado con aros de
un foso que recuerda
aquella estasis de herida vigilancia.
Lejos
tomo de mis manos
sonambulismo/nódulos removidos.
Abro los ojos
pero no abro los ojos.
Cierro la risa
pero el alcance de su arnés se me resiste.
Invento el dibujo de elevarme
…pero me cubre un velo apagado.
13
No…
Mis hijos son de una mujer que aniquilé
en donde su solo muslo izquierdo se enganchaba.
Canté
debajo de desolladoras sienes.
Estrellas chuecas remojábamos
con nuestras uñas.
En medio de sus resortes
aspiramos humo de turquesa roja
y de clorofila roja.
(No jugamos a tomar forma de bosque y mentir).
14
La desunión…
Tenían seiscientas formas de morir
y daba igual.
Hablaban de las no-cabañas
y del sónico sentido de redimirse.
(No parecían echar de menos otro tema
de conversación).
Encontraron debajo de aquella sonrisa
un apretón de manos y una bolsa de cuero.
No sabían cómo aparentar que estaban locos
y yo calcaba mis muletas
a millones de kilómetros.
…Regué la greña roja que fumábamos
y hui.
Detrás de los muelles que conducen a casa.
- Llegar a las mil horas y
explayarse…
- Sufrir, gracias a la hogaza
que nos arrebataron del pico.
estaban locos...
«No sabíamos que hacer
así que hurtamos de nuestros sueños el estupor.»
Así fue.
Desuní la ineludible ofrenda
y ya no me lamento.
Me quedé con su vapor diezmado.
…Jamás volveré a enumerar.
15
Interrogación…
¿Es este un desliz hacia otra libertad?
¿O es, simultáneas veces, una compresa férvida mas a la vez desnuda?
Cáustico aún, me dije.
16
Réplica…
(Incontables noches la gravedad me aprieta;
con su carne descalza que atosiga.
Me recorre, me señala).
Debajo de estas olas internadas un espejo
es el pliegue degollado de mis turnos
es el agua alambre y el teatro hielo
es el ansioso morir infinito
es el agrio hospital de dunas enfermeras
de mi cabeza
de mi argollado estupor.
¡Que rompa el negro cable de las cunas ya urdidas
del estigma, de los ratos inconscientes el suicidio!
De mí, ya sé…
- Mis ojos son mis lazos más amargos.
- Mis besos son dos jaulas
de gas podrido.
17
Sustancia…
Sucede que ambos perdimos
Nuestra indiscutible identidad
Que nos vimos obligados a reescribirla
En un cacho de sol o una migaja
O en un libro que fue
Mas sucedió que no nacimos después de todo
Una noche después
De nuestra muerte anterior
En el molino desvendado
A las punzadas de
Mis ojos
Ciegos
De tus yemas
Como desarticuladas fotografías de alejamiento
Junto a tus labios yéndose
Un flechazo hecho de fríos
Tu rostro que me increpaba
Vendas y silencios
Tus manos agitándose
Bruscas
Sosegadas
Indagando tiempos o palabras o alivios.
18
Agobio…
Ojos envueltos…
Petróleo en mis pulmones triturados
se ciñe.
Finalizaste tu respiración.
Alacías una extenuante antena
con nervios de hule húmedo.
Hueles a mármol, a fábrica:
Eres los labios
que se esculpen contra un pétalo de níquel.
Hiel de luciérnagas quemadas
surge de tus otros rostros
(los que nadie ha visto).
19
Desesperación…
El alcoholismo nos erizó sus amapolas umbilicales
dentro del infarto:
aguardientes trenzados de aljófares gilvos
con el balsámico asfalto cerebral que escurre
desasosegadamente
sus tuercas o sus vegetales
como ladridos de nuez después de los años que me renacen
de la frente.
20
Blanco…
(Tu escasez no cabe en amplio grito
ni tu inanición tatuada
en sus pantallas blancas; sus corceles sin médula.)
21
Atrapado…
Mi duda augural sigue siendo un renaciente cactus amorfo (abolladura).
- Sobrevivir sin pies en el reflejo.
- Levantar los períodos que supurarían mi desconcierto
de no ocurrir
este escozor que aterrizamos.
22
El único rostro…
¿Crees que creer que eres libre te hace libre?
¿Crees que creer en ser libre te hará libre?
- Hablan los que agitan vidrios…
- Hablan los que marchan, aunque no tendrán rostro
en aquellas raíces idénticas a fauces.
23
Encierro…
Sé erigir un caos
ser fogón de una célula, mareo.
Sílabas doradas hieren
el enjambre de mi boca.
¿Es mi boca un panteón de
azulejos rotos?
Lames
desgarrado muerto, las esfinges
que te encierran.
Habrás de desfundar lo que merezcas
reñir contra mi boca
no hará falta.
Tus ojos florecieron mis ojos:
sinuosas termitas sacudiéndose.
Concluyes que yo diseño tus apresuramientos (yo, solo).
24
El rostro de los muchos rostros…
Eres hijo de los ciegos.
Eres hijo de los hijos sin aroma a violeta.
Eres hijo de los sordos con sabor de vicio; zozobras entrenzadas
y silencios que extirpan bocas mudas de los árboles.
Eres hijo de los árboles girantes
de los peñascos ebrios que tiritan o ladran
y de los insectos cuyo tiempo hierve
y de las mujeres exteriores con voz de rascacielos.
Soy hijo de los que cantan.
Hijo de mujeres cuyas manos detuvieron relámpagos.
Hijo de otro ser sin rostro cuyo cuerpo fue un cañón incontable
cuyo grito fue una máquina de sombras y zumbidos
cuyo eco es un hogar que se zambulle.
…Llevo puesto un ozono de violentas mariposas.
Soy hijo de la orientación
hijo del murmullo, del afán y del desgaste.
Hablo un sonámbulo ahínco de cenizas.
Hablo de un anhelo de gritar pájaros inmóviles.
25
Hurto…
Sabes cómo es contemplar un lívido seto de símbolos, creciendo ante tus ojos su aviso de
catarinas. Y sabes cómo me siento, elixir de cristal que emerges del estómago de mis
puños. Sabes cómo retrocedo un número escurrido de palomas, te veo beberme con ojos
ácidos, con ojos de exprimidos estercoleros sin carne.
Y recojo con los polos y las puntas la Tierra: sonido que se rosca sólo; penumbra de tablas.
26
Sangre, aliento, dirección…
Ser un vuelco frutal o una medalla.
Ser estío, ruina, aturdimiento.
Ser resina y alarido de este tren que me bebo
explotando, detenido, muerto y loco.
Ser sólo hambre, eco e infinidad enjauladas.
Estar roto. Estar nadie.
Ser nada…
Sombra, moridero.
Silueta de esta mano que hunde
un fósil.
27
Sospecha…
Colocar frente a frente dos espejos
cuando ninguno aceche ni figure.
O, si alguno ya se aguarda: sólo un grito
que deje encendida su huella
de guiño obsesivo
que bese el mareo de los marcos
y entre ambos mordiendo sus vacíos se halle
que desgaje un laberinto
que apriete con sus perlas y farfulle
que la luz de la sangre en el aire enmudecerá
cortando el hálito de la eternidad eternamente.
28
Qué más…
Es que nada he de extrañar aún, sino papalotes de pólvora. Nada, nada he de calcar sobre
sus lastimados dátiles, sobre sus auras. Sólo alubias de arena, desde estos brutales
recuerdos.
Sólo enredaderas.
Paracaídas púrpuras.
Cisnes encapsulados en mi alma e insepultos (al mismo tiempo,
como la añoranza de ser caníbales).
Sólo eso.
…Y en el arroz de tu pecho una balada de aves muertas.
29