BASES CONSTITUCIONALES
Sin mencionarlo, la LCS se sustenta en las siguientes normas de la Constitución Política del
Perú de 1993.
Artículo 1.- La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de
la sociedad y del Estado.
• Artículo 2.- Toda persona tiene derecho: (...) 14. A contratar con fines lícitos, siempre que no
se contravengan leyes de orden público.
• Artículo 62.- La libertad de contratar garantiza que las partes pueden pactar válidamente
según las normas vigentes al tiempo del contrato. Los términos contractuales no pueden ser
modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier clase. Los conflictos derivados de la
relación contractual solo se solucionan en la vía arbitral o en la judicial, según los mecanismos
de protección previstos en el contrato o contemplados en la ley.
• Artículo 65.- El Estado defiende el interés de los consumidores y usuarios (...).
• Artículo 87.- (...) La Superintendencia de Banca, Seguros y Administradoras Privadas de
Fondos de Pensiones ejerce el control de las empresas ... de seguros (...).
Artículo I. La presente Ley se aplica a todas las clases de seguro y tiene carácter imperativo,
salvo que admita expresamente lo contrario. No obstante, se entenderán válidas las
estipulaciones contractuales que sean más beneficiosas para el asegurado.
En el caso de seguros obligatorios y aquellos que se encuentren regulados por leyes especiales,
esta ley es de aplicación supletoria.
En los seguros de caución son aplicables las disposiciones específicas contenidas en esta ley así
como las normas sobre la materia dictadas por la Superintendencia.
En los contratos de seguro en los que el contratante o asegurado tengan la condición de
consumidor o usuario es de aplicación el Código de Protección y Defensa del Consumidor, Ley
29571, y demás normas pertinentes, en lo no expresamente regulado por esta ley.
No obstante, en caso de conflicto son de aplicación las normas más favorables al consumidor o
usuario.
Artículo II. El contrato de seguro se rige por los siguientes principios:
a) Máxima buena fe.
En un contrato de seguros las partes están obligadas a actuar de buena fe. La obligación de
máxima buena fe fue entendida, principalmente, como el deber de los asegurados de declarar
todo lo vinculado al riesgo siendo honestos con el asegurador. Sin embargo, el texto de la
mencionada Ley impone el principio a las dos partes y requiere buena fe de ambos, el
asegurado y el asegurador.
La relación entre alguien que busca un seguro y el asegurador que se lo proporciona se ha
definido bajo lo que se conoce como la doctrina de la máxima buena fe –ubérrima bona fide.
Desde los primeros días de los seguros marítimos, pasando luego a otras formas, la
responsabilidad de revelar todos los hechos relevantes, ha descansado sobre el contratante o
tomador. Esto significa que debe proporcionar toda la información que posea y sea relevante
respecto al riesgo que desea asegurar ‒no sólo aquella que considere importante‒, y debe
ofrecerla voluntariamente, sin necesidad de que le sea requerida.
Como se puede ver, es de suma importancia que el contratante de un seguro cumpla con la
doctrina de la máxima buena fe. Aunque es menos frecuente por las características del
contrato de seguro, la equidad nos lleva a afirmar que la obligación de revelar y en general de
proceder con máxima buena fe recae también en el asegurador,
De manera involuntaria el solicitante de un seguro podría:
• Dejar de comunicar alguna información vital, por olvido o por no darse cuenta que es
importante, es decir una omisión. Un ejemplo sería que el solicitante de un seguro de vida
omitiera revelar que en su niñez había sufrido fiebre reumática. Las solicitudes-propuesta no
siempre incluyen una pregunta sobre esta enfermedad y el solicitante puede no percatarse de
su importancia.
• Proporcionar información que cree correcta cuando en realidad no lo es. Es conocida como
falsa declaración involuntaria y podría ocurrir si el arrendador de un inmueble describió el
trabajo que realizaba su inquilino como “de ingeniería” cuando sin que él lo supiera, el
inquilino hubiera incursionado en la fabricación de productos plásticos; o podría ir aún más
lejos, y deliberadamente
• Ocultar un hecho relevante lo que constituye un ocultamiento; o
• Llegar hasta el punto de proporcionar información falsa. Así un solicitante de seguro, que
afirma tener 70 años cuando en realidad tiene75, hace una falsa declaración fraudulenta.
b) Indemnización.
c) Mutualidad.
a partir del cual los asegurados aportan a un fondo común para que la persona o beneficiarios
que sufran una pérdida cubierta por la póliza y tengan necesidad, puedan usar de la parte que
les corresponda de éste, lo conveniente es que los trabajadores en actividad aporten para
sostener los precios de los cesantes y jubilados, ya que pueden llegar a ser uno de ellos y los
últimos, en su mayoría, tienen menor capacidad adquisitiva.
d) Interés asegurable.
e) Causa adecuada.
La ‘Causa próxima’ es una doctrina del Derecho Anglosajón, que está explicada y desarrollada
en la jurisprudencia y doctrina de Dere - cho de seguros inglesa, mientras que la ‘Causa
adecuada’ es una teoría originada en el Derecho Continental Europeo, específicamente en el
alemán –por el filósofo Johannes von Kries– y que al principio se refirió al ámbito penal. Mas si
se investiga cada una por su lado, resulta habiendo grandes coincidencias. Mi posición de
optar por la causa adecuada se fundó en que nuestra legislación (Art. 1260 y siguientes del
Código Civil) ya la tenía incorporada y no hacía mucho sentido optar por una denominación
diferente.
Hay otra serie de teorías también con mucho parecido, como la de la equivalencia o de la
conditio sine qua non (von Bury), la de la causa típica (Beling, Mezger), la de la causa necesaria,
la de la causa más eficaz y la de la causa más eficiente que ponen el acento en diversos
aspectos y que la jurisprudencia anglosajona ha incorporado a la doctrina de la causa próxima.
Sin embargo, parece haber habido en algún momento en nuestra doctrina (Fernando de
Trazegnies, Juan Espinoza, Carlos Cárdenas) una traducción textual de la expresión ‘Proximate
Cause’ (Causa próxima) que la vinculó casi exclusivamente con la ‘proximidad’ y que ha llevado
a una interpretación equivocada o por lo menos diferente de lo significa para los anglosajones.
Aunque lo consideraría improbable, sería también posible que hubiera surgido en el Derecho
Continental Europeo un concepto de ‘causa próxima’ diferente al del Derecho inglés
f) Las estipulaciones insertas en la póliza se interpretan, en caso de duda, a favor del
asegurado.
Artículo III. El contrato de seguro se celebra por adhesión, excepto en las cláusulas que se
hayan negociado entre las partes y que difieran sustancialmente con las preredactadas.
Artículo IV. En la interpretación del contrato de seguro se aplican las reglas siguientes:
Primera. Todas las cuestiones jurídicas se rigen por esta ley y por las que convencionalmente
se acuerden, en cuanto no vulneren los principios esenciales de la naturaleza jurídica del
seguro. Solo se aplica el derecho común a falta de disposiciones de derecho de seguros o de
protección al consumidor.
Segunda. Las cláusulas contrarias a las normas de esta ley son nulas y son reemplazadas de
pleno derecho por estas.
Tercera. Los términos del contrato que generen ambigüedad o dudas son interpretados en el
sentido y con el alcance más favorable al asegurado. La intermediación a cargo del corredor de
seguros no afecta dicha regla ni la naturaleza del seguro como contrato celebrado por
adhesión.
Cuarta. La participación del asegurador en el procedimiento de liquidación de los daños
importa su renuncia a invocar las causales de liberación conocidas con anterioridad, que sean
incompatibles con esa participación.
Quinta. El uso y la práctica generalmente observados en el comercio en contratos de igual
naturaleza, y especialmente la costumbre mercantil, prevalecen sobre cualquier sentido que se
pretenda dar a las palabras.
Sexta. Las condiciones especiales prevalecen sobre las condiciones particulares y estas
prevalecen sobre las generales. Las cláusulas manuscritas o mecanografiadas predominan
sobre las impresas.
Séptima. La cobertura, exclusiones y, en general, la extensión del riesgo así como los derechos
de los beneficiarios, previstos en el contrato de seguro, deben interpretarse literalmente.
Octava. Las restricciones a la libre actividad del asegurado deben formularse expresamente e
interpretarse literalmente.
Novena. Las cláusulas que imponen la caducidad de derechos del contratante, asegurado o
beneficiario, deben ser de interpretación restrictiva en su alcance y en los hechos que tienden
a acreditar su procedencia. Su redacción debe ser clara, simple y precisa.
Décima. Las cargas impuestas convencionalmente al contratante, asegurado o beneficiario
deben ser razonables.
Decimoprimera. Para determinar la observancia de cláusulas de garantía, prescripciones de
seguridad o medidas de prevención, debe tenerse en cuenta más el cumplimiento sustancial
de las mismas y su eficacia efectiva, que su cumplimiento literal. No se debe sancionar al
asegurado por incumplimiento de garantías o medidas cuya observancia no hubiera evitado el
siniestro.
Decimosegunda. Son nulas aquellas estipulaciones contractuales que amplían los derechos del
asegurador o restringen los del asegurado en contravención de las disposiciones establecidas
en la presente Ley.
Concepto
El contrato de seguro es aquel por el que el asegurador se obliga, mediante el cobro de una
prima y para el caso de que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura, a
indemnizar dentro de los límites pactados el daño producido al asegurado o a satisfacer un
capital, una renta u otras prestaciones convenidas.
Con la contratación de un seguro, la aseguradora se obliga a asumir el riesgo y se compromete
a indemnizar al contratante, asegurado o beneficiario, en caso suceda un siniestro (evento que
afecte los bienes, salud o vida) que este cubierto por el seguro (enfermedades, robo,
accidentes, daño sobre una propiedad, etc.) hasta por el monto que se haya pactado.
1 Formación del contrato
a) Solicitud no vinculante
La solicitud del seguro, cualquiera sea su forma, no obliga al contratante ni al asegurador
(Artículo 5).
b) Contenido de la solicitud de seguro
El texto de la solicitud de seguro es suministrado por el asegurador. Las condiciones generales,
particulares y especiales que forman parte de la póliza deben estar a disposición previa del
solicitante para integrarse al contrato. La solicitud deberá ser firmada por el contratante del
seguro, salvo en el caso de contratos comercializados a distancia (Artículo 6).
c) Diferencias entre la propuesta y la póliza
Cuando el texto de la póliza difiere del contenido de la propuesta u oferta, la diferencia se
considera tácitamente aceptada por el contratante si no reclama dentro de los 30 días de
haber recibido la póliza. Esta aceptación se presume solo cuando el asegurador advierte al
contratante, en forma detallada y mediante documento adicional y distinto a la póliza, que
existen esas diferencias y que dispone de 30 días para rechazarlas. Si la referida advertencia es
omitida por el asegurador, se tendrá las diferencias como no escritas salvo que sean más
beneficiosas para el asegurado.
Para producir efectos antes de los 30 días, la aceptación de las diferencias por parte del
contratante deberá ser expresa.
La eliminación o el rechazo de las diferencias no afectan la eficacia del contrato en lo restante,
salvo que comprometan la finalidad económico-jurídica del contrato (Artículo 29).
d) Diferencias entre la publicidad y la póliza
Cuando existan diferencias entre las condiciones del seguro ofrecidas mediante sistemas de
publicidad y el contenido de la póliza, relativos al mismo seguro, prevalecen las condiciones
más favorables para el asegurado (Artículo 31).
e) Contenido de la póliza
El asegurador está obligado a entregar al contratante una póliza firmada por el representante
de la empresa, con redacción clara, en caracteres legibles. Entre otros aspectos, la póliza debe
indicar el importe de la prima, los recargos e impuestos, vencimiento, forma de pago y, cuando
corresponda, los criterios y procedimientos para la actualización de la prima así como una
estimación de la evolución del importe de estas (Artículo 26).
5.2 Deberes del contratante o asegurado
5.2.1 Declaración del riesgo asegurable
La reticencia y/o declaración inexacta de circunstancias conocidas por el contratante y/o
asegurado, que hubiese impedido el contrato o modificado sus condiciones si el asegurador
hubiese sido informado del verdadero estado del riesgo, hace nulo el contrato si media dolo o
culpa inexcusable del contratante y/o asegurado (Artículo 8).
En los casos de reticencia y/o declaración inexacta no procede la nulidad, revisión o resolución
del contrato cuando:
(1) Al tiempo del perfeccionamiento del contrato, el asegurador conoce o debe conocer el
verdadero estado del riesgo.
(2) Las circunstancias omitidas o declaradas en forma inexacta cesaron antes de ocurrir el
siniestro o cuando, la reticencia o declaración inexacta no dolosa, no influyó en la producción
del siniestro ni en la medida de la indemnización o prestación debida.
(3) Las circunstancias omitidas fueron contenido de una pregunta expresa no respondida en el
cuestionario y el asegurador igualmente celebró el contrato.
(4) Las circunstancias omitidas o declaradas en forma inexacta disminuyen el riesgo
(Artículo 15).
Cabe anotar que, respecto de este régimen para la reticencia e inexacta declaración del riesgo,
los aseguradores peruanos han manifestado una de sus mayores preocupaciones antes de la
promulgación de la LCS por estimar que promoverá el fraude en los seguros, el incremento de
costos y la judicialización de los siniestros. Su propuesta para el Artículo 8, por escrito ante el
Congreso de la República, era sustituir “dolo o culpa inexcusable” por “dolo o culpa” a secas.
Desde la necesidad de proteger al asegurado en este tema fundamental, en el que se produce
gran parte de las controversias en nuestro mercado, dicha propuesta era inaceptable y fue
desestimada con el respaldo de diversas fuentes doctrinarias, institucionales y de derecho
comparado.
Artículo 2. Cobertura
El contrato de seguro cubre cualquier riesgo siempre que al tiempo de su celebración exista un
interés asegurable actual o contingente.
Artículo 3. Inexistencia de riesgo
El contrato de seguro es nulo si al tiempo de su celebración se había producido el siniestro o
había desaparecido la posibilidad de que se produzca.
Si se acuerda que comprende un período anterior a su celebración, el contrato es nulo solo si
al tiempo de su conclusión el asegurador conoce la imposibilidad de que ocurra el siniestro o el
contratante conoce que se ha producido.
CELEBRACIÓN
Artículo 4. Naturaleza consensual
El contrato de seguro queda celebrado por el consentimiento de las partes aunque no se haya
emitido la póliza ni efectuado el pago de la prima.
No afecta el carácter consensual del contrato posponer el inicio de la cobertura del seguro.
Artículo 5. Solicitud no vinculante
La solicitud del seguro, cualquiera sea su forma, no obliga al contratante ni al asegurador.
Artículo 6. Contenido de la solicitud de seguro
El texto de la solicitud de seguro es suministrado por el asegurador. Las condiciones generales,
particulares y especiales que forman parte de la póliza deben estar a disposición previa del
solicitante para integrarse al contrato. La solicitud deberá ser firmada por el contratante del
seguro, salvo en el caso de contratos comercializados a distancia.
Artículo 7. Renovación del contrato
El contrato de seguro se renueva automáticamente, en las mismas condiciones vigentes en el
período anterior, siempre que el condicionado general contenga la cláusula de renovación
automática. Cuando el asegurador considere incorporar modificaciones en la renovación del
contrato deberá cursar aviso por escrito al contratante detallando las modificaciones en
caracteres destacados, con una anticipación no menor de cuarenta y cinco (45) días previos al
vencimiento del contrato.
El contratante tiene un plazo no menor de treinta (30) días previos al vencimiento del contrato
para manifestar su rechazo en la propuesta. En caso contrario se entienden aceptadas las
nuevas condiciones propuestas por el asegurador.
En este último caso, el asegurador debe emitir la póliza consignando en caracteres destacados
las modificaciones
¿Qué clases de seguros existen?
Seguros patrimoniales o de daños - ramo general:
Su finalidad es reparar una pérdida sufrida en el patrimonio del contratante, como: los seguros
de incendio, automóviles, entre otros.
Seguros de vida – ramo de vida:
Su objeto es la protección de la vida del asegurado, pudiendo pactarse el pago de la
indemnización a la muerte o la sobrevivencia del asegurado en una fecha determinada, como
los seguros de vida y de accidentes personales.
DOS PROBLEMAS EN DISCUSIÓN
a) Los seguros médicos y la cobertura de preexistencias
En el Perú la cobertura de enfermedades preexistentes cuando eran adquiridas durante la
vigencia de una póliza era respetada por todo el sistema
Así tenemos que si un asegurado contraía, por ejemplo, una hepatitis mientras estaba cubierto
por una póliza de seguro médico en la aseguradora A, si cambiaba en algún momento a otra B,
por cualquier razón, como podía ser el cambio de empleo, la segunda cubría la enfermedades
relacionadas con el hígado; pero con la liberalización del mercado esto empezó a dejar de
ocurrir y ahora lo que hace la aseguradora B es excluirle las enfermedades hepáticas. Si a lo
expuesto le agregamos que se crearon las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) el problema se
agravó, porque ya los cambios también se daban entre ambos sistemas. En pocas palabras, se
había involucionado del concepto de aseguradores actuando como sistema al nuevo en que
cada compañía buscaba su propio beneficio en detrimento de los asegurados que quedaban
con enfermedades sin cobertura al verse obligados a migrar a otra aseguradora o EPS
El seguro de vida ley
Este seguro de vida fue creado en el Perú por la Ley 4916 publicada el 7 de febrero de 1924
para incentivar el desarrollo de la industria aseguradora. Se estableció la obligación de las
empresas de contratar un seguro de vida para sus empleados luego que cumplieran cuatro
años de servicio por una suma asegurada equivalente al tercio de lo ganado en ese período.
Fue un pequeño obsequio que hizo el gobierno a las compañías aseguraras que recién
empezaban sus operaciones por esos años. La norma fue modificada en 1991 por el Decreto
Legislativo 688/91 –Ley de Consolidación de Beneficios Sociales– y por otros dispositivos
posteriores, pero salvo porque pasó a ser considerado como un beneficio social de los
trabajadores, se respetaba los principios rectores originales.
El seguro de vida ley, desde su creación, además de los trabajadores en actividad, siempre
estuvo a disposición de los cesantes y jubilados, cuando dejaban de laborar a los mismos
costos que los primeros. Resulta obvio que los trabajadores cesantes y/o jubilados son los que
más necesitan de la cobertura para la que han aportado durante el tiempo que fueron
trabajadores activos.
Sin embargo, las aseguradoras en su desmedido afán de lucro y con la aquiescencia de la
SBS19 empezaron –alrededor del 2004-2005– a poner trabas para que los cesantes y jubilados
renovaran sus pólizas de vida ley, exigiéndoles renovaciones mensuales y absurdos similares
para lograr anularles la póliza al menor descuido. No contentos con esto también con la ayuda
de la SBS, que informó favorablemente al Congreso de la República y por intermedio del
Congresista Juan Carlos Eguren hicieron pasar la ley 29549 que afectó a los cesantes y
jubilados, porque desde entonces tienen que pagar muchísimo más por continuar con
cobertura una vez que dejaron de trabajar. Se dio la solución inversa a la que correspondía. Lo
racional y conveniente hubiera sido que los que dejan de trabajar continuaran siendo parte de
la masa grupal de asegurados de las pólizas de vida ley, pero los separaron para calcular la
siniestralidad y cobrarles primas inafrontables. De esa manera, las aseguradoras se quedaron
con la carne y eliminaron el hueso, olvidando que éste es un seguro obligatorio. Cuando la
persona más necesita de la cobertura, porque estadísticamente le quedan pocos años de vida,
se la hicieron tan cara y complicada que ya no puede afrontarla.
Los seguros de vida de grupo, como los individuales, están construidos a partir de las tasas de
mortalidad y corresponde que los aseguradores paguen a los beneficiarios en el caso de que
uno de los miembros del grupo fallezca. ¿Por qué incentivaron que los asegurados que se
jubilaban dejaran de aportar, cuando lo lógico es que lo siguieran haciendo y sus herederos
legales recibieran la suma asegurada a su fallecimiento?
Esto era, a decir lo menos, razonable y la solución ya existía porque las personas que deseaban
continuar aseguradas cuando dejaran de laborar, como he indicado, eran considerados como
parte del grupo de personas que continuaba trabajando y tenía el seguro, de tal manera que
los más jóvenes sostuvieran a los retirados.