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Villaurrutia Silencio Hernández Osornio, Ubrina Villaseca

La obra poética de Xavier Villaurrutia se caracteriza por su enfoque en lo sensible y emocional, explorando temas como el deseo, el amor, la muerte y el silencio. El silencio se presenta como un elemento central que comunica la ausencia y actúa como un catalizador para la poesía, permitiendo al autor expresar lo inefable. Esta antología reúne poemas que destacan la importancia del silencio en la obra de Villaurrutia, ofreciendo una puerta de entrada para nuevos lectores.
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Villaurrutia Silencio Hernández Osornio, Ubrina Villaseca

La obra poética de Xavier Villaurrutia se caracteriza por su enfoque en lo sensible y emocional, explorando temas como el deseo, el amor, la muerte y el silencio. El silencio se presenta como un elemento central que comunica la ausencia y actúa como un catalizador para la poesía, permitiendo al autor expresar lo inefable. Esta antología reúne poemas que destacan la importancia del silencio en la obra de Villaurrutia, ofreciendo una puerta de entrada para nuevos lectores.
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Alumnos:

Hernández Osornio Luis Alejandro


Urbina Villaseca Ricardo

Aparición de lo que está ausente

La obra poética de Xavier Villaurrutia se destaca por tener muy presente lo sensible y

lo emocional. A través de su lirismo el autor ha logrado dar con el efecto adecuado

para transmitir la emotividad de su deseo y su amor, aunque siempre rodeados de

otras emociones y atmósferas como la amargura, la melancolía y la soledad.

Asimismo, es llamativa su preocupación por la muerte, la cual es tratada a partir de la

conexión que halla con el plano onírico, ya que para él ambas tienen mucho en

común, por ejemplo, el ser vistos como un medio para la liberación del dolor de la

vida.

Hay, a nuestro parecer, en cada uno de los aspectos recién nombrados un

elemento que los puede unificar: el silencio. El silencio es comunicación, es la

representación del vacío, llega a asimilarse con diferentes rostros, es la muestra de un

factor fonético que nos señala la ausencia; igualmente puede llegar a ser muestra de

admiración. Sin embargo, ¿qué es la poesía para el silencio? En palabras de Ramón

Xirau; “el lenguaje poético empieza donde los demás lenguajes se callan” (Basulto

882), la poesía nace del silencio de todas las demás cosas, pero no del interior del

propio poeta.

De acuerdo con Basulto el silencio, desde una perspectiva platónica, se trata

del diálogo interior del alma (877). Es decir, la poesía no habla desde el ser humano,

sino que proviene de esa cualidad que, en el contexto de la filosofía griega, se le

puede denominar Logos. En efecto, el silencio es, igualmente, otorgar; mientras que

nuestro cuerpo por sí mismo calla, se le confiere a esa cualidad intrínseca su función

de palabra, nosotros mismos somos medios para la significación, el lenguaje

1
representa al callarnos. Bajo este contexto, Villaurrutia puede ser considerado como

uno de esos poetas a los que su subjetividad es lo que los guía en la labor poética, es

lo que hay en su interior, su silencio, lo que lo lleva a escribir.

El cómo se entiende la idea del silencio varía en sus apariciones en las

composiciones poéticas de Villaurrutia, sin embargo, es constante, ya que se

encuentra en gran parte de su obra, desde sus primeros poemas hasta sus famosos

Nocturnos. Entre las diversas formas que puede tomar el silencio se encuentran el

deseo agónico hacia algo que se tiene que ocultar, el recuerdo de un pasado doloroso

que no se puede dejar ir, un misterioso presentimiento que no se sabe que nombre

tenga o la sensación de que no hay nada más allá de la muerte más que una helada

mudez. Teniendo esto en cuenta se podría decir que el silencio nos recuerda cual es el

papel de la poesía, es decir, funciona como un catalizador para intentar buscar en

nuestro interior algo oculto. La poesía, al igual que la música, busca darle una forma a

lo inefable.

Esta breve antología reúne aquellos poemas que otorgan al silencio un papel

central en los temas que abordan. Consideramos que esta selección puede ser una

buena manera en la que un lector que desconoce la obra de Villaurrutia pueda

acercarse a ella por primera vez.

2
Lamentación de primavera

¡Cómo callaba nuestro afán!


Nuestra paz ¡cómo ardía!
Yo tomaba tu mano y no sabía
si esa mano era tuya o era mía.

¡Cómo dejamos ir aquellas horas!...


La luz en sus pupilas se teñía
con un matiz levísimo de aurora,
con un claro fulgor de mediodía.

¡Cómo no oprimimos la vida


que así temblando se ofrecía!
Tú mirabas mi sien rendida…
Yo, leal, tus sonrisas vía…

¡Cómo no clamaron los labios


lo que nuestra mudez decía!
Era entonces la primavera
quién nuestras ansias desceñía…

Fonografos

El silencio nos ha estrujado


inútiles, en los rincones.
Y nos roe
un retrato,
una palabra,
una nota.

El presente y el futuro
los inventaron
para que no lloráramos…

3
Y el corazón,
el corazón de mica
—sin diástole ni sístole—
enloquece bajo la aguja
y sangra en gritos
su pasado.

Amplificaciones

En el cuarto del pueblo,


fantástico y desnudo,
amarillo de luz de vela,
sobrecogido.
mis sienes dan la hora
en no sé qué reloj
puntual y eterno.

La soledad se agranda
como las sombras
en la sábana del muro,
como las caras de ayer
asomadas para adentro
en el marco de sus ventanas.

Y el silencio se mueve
y vibra
en torno de la llama blanda,
como el ala —¿De qué presagio?,
¿de qué insecto? —que acaricia,
que enfría, que empequeñece.

Nocturno

Todo lo que la noche


dibuja con su mano

4
de sombra:
el placer que revela,
el vicio que desnuda.

Todo lo que la sombra


hace oír con el duro
golpe de su silencio:
las voces imprevistas
que a intervalos enciende,
el grito de la sangre,
el rumor de unos pasos
perdidos.

Todo lo que el silencio


hace huir de las cosas:
el vaho del deseo,
el sudor de la tierra,
la fragancia sin nombre
de la piel.

Todo lo que el deseo


unta en mis labios:
la dulzura soñada
de un contacto,
el sabido sabor
de la saliva.

Y todo lo que el sueño


hace palpable:
la boca de una herida,
la forma de una entraña,
la fiebre de una mano
que se atreve.

5
¡Todo!
circula en cada rama
del árbol de mis venas,
acaricia mis muslos,
inunda mis oídos,
vive en mis ojos muertos,
muere en mis labios duros.

Nocturno en el que nada se oye

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen


sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo

6
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

Nocturno eterno

Cuando los hombres alzan los hombros y pasan


o cuando dejan caer sus nombres
hasta que la sombra se asombra

cuando un polvo más fino aún que el humo


se adhiere a los cristales de la voz
y a la piel de los rostros y las cosas

cuando los ojos cierran sus ventanas


al rayo del sol pródigo y prefieren
la ceguera al perdón y el silencio al sollozo

cuando la vida o lo que así llamamos inútilmente


y que no llega sino con un nombre innombrable
se desnuda para saltar al lecho
y ahogarse en el alcohol o quemarse en la nieve

cuando la vi cuando la vid cuando la vida


quiere entregarse cobardemente y a oscuras
sin decirnos siquiera el precio de su nombre

cuando en la soledad de un cielo muerto

7
brillan unas estrellas olvidadas
y es tan grande el silencio del silencio
que de pronto quisiéramos que hablara

o cuando de una boca que no existe


sale un grito inaudito
que nos echa a la cara su luz viva
y se apaga y nos deja una ciega sordera

o cuando todo ha muerto


tan dura y lentamente que da miedo
alzar la voz y preguntar "quién vive"

dudo si responder
a la muda pregunta con un grito
por temor de saber que ya no existo

porque acaso la voz tampoco vive


sino como un recuerdo en la garganta
y no es la noche sino la ceguera
lo que llena de sombra nuestros ojos

y porque acaso el grito es la presencia


de una palabra antigua
opaca y muda que de pronto grita

porque vida silencio piel y boca


y soledad recuerdo cielo y humo
nada son sino sombras de palabras
que nos salen al paso de la noche
Muerte en el frío

Cuando he perdido toda la fe en el milagro,


cuando ya la esperanza dejó caer la última nota

8
y resuena un silencio sin fín, cóncavo y duro;

cuando el cielo de invierno no es más que la ceniza


de algo que ardió hace muchos, muchos siglos;

cuando me encuentro tan solo, tan solo,


que busco en mi cuarto
como se busca, a veces, un objeto perdido,
una carta estrujada, en los rincones;

cuando cierro los ojos pensando inútilmente


que así estaré más lejos
de aquí, de mí, de todo
aquello que me acusa de no ser más que un muerto,

siento que estoy en el invierno frío,


en el invierno eterno
que congela la sangre en las arterias.
que seca las palabras amarillas,
que paraliza el sueño,
que pone una mordaza de hielo a nuestra boca
y dibuja las cosas con una línea dura.

Siento que estoy viviendo aquí mi muerte,


mi sola muerte presente,
mi muerte que no puedo compartir ni llorar,
mi muerte de que no me consolaré jamás.

Y comprendo de una vez para nunca


el clima de silencio
donde se nutre y perfecciona la muerte.
Y también la eficacia del frío
que preserva y purifica sin consumir como el fuego.

9
Y en silencio escucho dentro de mí el trabajo
de un minucioso ejército de obreros que golpean
con diminutos martillos mi linfa y mi carne estremecidas;

siento como se besan


y juntan para siempre sus orillas
las islas que flotaban en mi cuerpo:

cómo el agua y la sangre


son otra vez la misma agua marina,
y cómo se hiela primero
y luego se vuelve cristal
y luego duro mármol,
hasta inmovilizarse en el tiempo más angustioso y lento,
con la vida secreta, muda e imperceptible
del mineral, del tronco, de la estatua.

Bibliografía

Basulto, Hilda. “La Fenomenología Del Silencio. Apuntes Para Una Temática Por

Investigar.” Revista Mexicana de Sociología, vol. 36, núm. 4, 1974, pp.

877–85. JSTOR, https://doi.org/10.2307/3539285.

Villaurrutia, Xavier. Nostalgia de la muerte. 4a ed., FCE, 2014.

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