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Alimentación Saludable en Argentina: Realidad y Desafíos

La alimentación en Argentina presenta serios problemas, con un alto porcentaje de la población infantil y adulta sufriendo de sobrepeso y desnutrición debido a hábitos poco saludables y una dieta deficiente en nutrientes esenciales. Factores como el contexto socioeconómico, el consumo de alimentos ultraprocesados y la falta de educación alimentaria contribuyen a esta problemática. A pesar de las iniciativas para promover una alimentación saludable, la mala educación alimentaria sigue siendo un desafío significativo que afecta la salud y el desarrollo de la población.

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Alimentación Saludable en Argentina: Realidad y Desafíos

La alimentación en Argentina presenta serios problemas, con un alto porcentaje de la población infantil y adulta sufriendo de sobrepeso y desnutrición debido a hábitos poco saludables y una dieta deficiente en nutrientes esenciales. Factores como el contexto socioeconómico, el consumo de alimentos ultraprocesados y la falta de educación alimentaria contribuyen a esta problemática. A pesar de las iniciativas para promover una alimentación saludable, la mala educación alimentaria sigue siendo un desafío significativo que afecta la salud y el desarrollo de la población.

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Introducción

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no


solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.»
Según la Organización Mundial de la Salud, una alimentación balanceada no sólo
nos ayuda a evitar la malnutrición, sino que puede ser decisivo en el camino hacia
prevenir enfermedades como el cáncer, la hipertensión, la diabetes, los accidentes
cardiovasculares, entre otras.
Además de actividad física constante, la mejor forma de proteger nuestro cuerpo
es a través de una dieta balanceada, tomando en cuenta las cinco fuentes de
nutrientes que necesita para mantenerse sano: carbohidratos, proteínas, grasas,
vitaminas y minerales y agua.
Afortunadamente, la noción de adquirir hábitos más saludables es cada vez más
aceptada dentro de las sociedades modernas: según un estudio realizado por la
consultora IPSOS, un 40% de la población en Latinoamérica adquirió hábitos más
saludables durante el confinamiento.
Problemática: bien, ¿Cuál es la realidad alimenticia en nuestro país? ¿Los
argentinos tenemos una alimentación saludable?
Hipótesis: los argentinos, por múltiples factores no adquieren, desde muy chicos,
hábitos alimenticios saludables. Eso repercute en su salud, en su desarrollo físico
y cognitivo, y cuando llegan a adultos esa mala educación se acentúa.
Desarrollo
En Argentina, cuatro de cada diez chicos de entre 6 meses y 3 años tienen un
estilo de alimentación poco saludable, según el Centro de Estudios Sobre
Nutrición Infantil (CESNI).
Otros estudios afirman que Más de la mitad de la alimentación diaria de los
argentinos se centra en alimentos a base de trigo (pan, pastas, galletitas,
panificados, etc.), azúcar (gaseosas, jugos, golosinas, snacks, etc.) y carnes rojas.
En los últimos años, el pollo también.
De aquí, que tenemos demasiada energía (ya que estos grupos de alimentos son
muy calóricos) pero nos faltan nutrientes esenciales. Entonces, se genera un alto
índice de población con sobrepeso, pero desnutridos.
Nuestra dieta es deficiente en frutas y verduras. Además, Consumimos grandes
cantidades de gaseosas, jugos y aguas saborizadas (sean “diet” o comunes).
Estas son bebidas artificiales, cargadas de azúcar y edulcorantes, saborizantes,
colorantes, etc. Nada de esto natural. De a poco, el argentino se ha ido

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acostumbrando a sacar el agua y reemplazarlo por estos líquidos artificiales que
son muchas veces “sabrosos” y adictivos.
Otro punto es El alto consumo de harinas refinadas (blancas) a las que le han
sacado las capas externas del grano de cereal, donde reside la mayoría de sus
nutrientes esenciales.
Hemos consultado a diferentes nutricionistas y los puntos en los que coinciden
sobre los malos hábitos y errores alimentarios que practicamos son:
-saltear comidas. Y que luego hacemos grandes comilonas, especialmente, en
horarios nocturnos.
-Creer que las gaseosas y jugos son igual de sanos que el agua.
-Consumir productos diet como si fueran saludables: no siempre es así.
-Saltear alguna de las comidas principales del día. Llegando con mucho apetito a
la siguiente comida y no elegimos bien qué comer y además comemos mayor
cantidad.
-En general, no reparar en lo que comemos pero cada tanto entrar en pánico y
hacer una dieta shock. Estas dietas pueden ser peligrosas para la salud.
-No sentarse a comer; tragar en vez de masticar.
En los niños, el uso de pantallas sin control también influye en su alimentación
debido a que pueden pasar horas conectados y saltean comidas o se atracan de
comida para seguir jugando, sumado a que en ese tiempo solo toman gaseosas y
consumen golosinas.
Pero, también consultamos sobre Nuestros principales aciertos y los puntos
fuertes son:
-Últimamente hay una mayor tendencia a lo natural y el argentino lo está
comenzando a incorporar en su vida diaria.
-El consumo de alcohol, salvando excepciones, es moderado.
-Sigue habiendo una tendencia a que la comida casera es mejor que lo pre hecho
o comprado.
Todos estos malos hábitos se afianzan debido al ritmo de vida de muchos
argentinos que pasan fuera de sus hogares muchas horas debido al trabajo, los
estudios y las múltiples actividades que solemos tener y que nos lleva a comer
salteado, a las apuradas y mal.

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Los locales de comida rápida como Mc Donalds o Burger King son un motivo que
afianza nuestros malos hábitos. Son lugares que están de paso en cualquier zona
céntrica, con comida rica, pero cargada de proteínas, grasas y azúcares que nos
atiborra, pero que no llenan, provocando sensaciones esporádicas de euforia y de
sentirse satisfecho, que cuando se disipan producen mas hambre y vacío.
Por otra parte, un factor importante que hay que tener en cuenta para que
tengamos malos hábitos alimentarios es el contexto socio económico argentino.
La pobreza ha ido en aumento a niveles alarmantes. Pero, este último tiempo, la
indigencia infantil aumentó al 14,3% en el primer semestre de 2023, lo que
equivale a 1,8 millones de chicos, 250 mil más en comparación a 2022, según un
informe de UNICEF.
En tanto, la pobreza monetaria afecta al 57,0% de niños, lo que equivale a 7,1
millones . Algunos de ellos se encuentran incluso en situaciones de mayor
vulnerabilidad: la pobreza se eleva cuando los referentes del hogar tienen muy
bajo clima educativo (83%), en los casos de hogares monoparentales (68%) o
cuando residen en barrios populares (84%). (Informe de Unicef Argentina)
Si bien en argentina hay políticas destinadas a cubrir la alimentación básicas de
los niños, como la asignación universal por hijo (AUH) o la tarjeta alimentar,
también es cierto que muchas familias compran comida según sus presupuestos,
tendiendo a cocinar comidas abundantes, que llenen y que calienten la panza
como sopas, estofados o guisos. Todos estos alimentos si bien tienen un gran
aporte de calorías no tienen un balance nutritivo adecuado.
Desde las escuelas se buscan hacer un aporte a la educación alimentaria, pero
muchas veces la realidad, la falta de presupuestos e, incluso, la falta de apoyo de
superiores no ayuda a que, al menos, desde los comedores escolares se sirvan
alimentos saludables.
Lamentablemente , las consecuencias de esta mala educación alimentaria esta
repercutiendo notablemente en nuestra población.
el 57,9% de los adultos presenta sobrepeso u obesidad y en los niños de edad
escolar esta cifra llega al 42%, en tanto, que el 40% de niños y el 6% de adultos
sufren desnutrición.
La mala nutrición es un problema que afecta a los niños, niñas y adolescentes de
maneras distintas. La desnutrición tiene un impacto importante en el desarrollo
insuficiente del sistema inmunológico, mientras que el sobrepeso y obesidad
afectan la calidad de vida al favorecer la aparición de diversas enfermedades. De
aquí se puede considerar el aumento en los problemas de aprendizaje de los
últimos años. Los niños que van con hambre no pueden concentrarse, mucho
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menos aprender. Algunos tienen como único alimento lo que el comedor escolar
ofrece y, como ya mencionamos, no siempre es lo adecuado.
El 34 % de los adultos padece de hipertensión.
Se estima que 1 de cada 10 argentinos de 18 años o más tiene diabetes y dado
que, por varios años permanece sin síntomas, aproximadamente 4 de cada 10
personas que la padecen desconocen su condición.
la prevalencia de colesterol elevado entre aquellos que se controlaron alguna vez
(población de 18 años y más), fue de 29,8%.
Ni hablar de que la primera causa de muerte en Argentina es por problemas
cardíacos ocasionadas por los malos hábitos de vida de las personas,
especialmente la alimentación.
Conclusión: por todo lo expuesto, concluimos que definitivamente los argentinos
no tenemos una buena educación alimentaria. Sin embargo, mucha gente lucha
día a día para que eso se revierta. Existe La Ley N° 27.642 de Promoción de la
Alimentación Saludable, también es conocida popularmente como Ley de
Etiquetado Frontal. Se suelen hacer talleres en escuelas, los hospitales
continuamente promueven campañas de concientización y gracias a las redes
sociales muchos nutricionistas proponen y dan información que ayuda a mejorar
los hábitos.
Es un cambio social muy grande el que hay que dar, por el bien nuestro y de
nuestros niños.

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