LOS CONTRATOS ADMINISTRATIVOS
Los contratos administrativos son aquellos celebrados por la
administración pública con un fin público, circunstancias por la cual
pueden conferir contratante derechos y obligaciones frente a terceros, o
que, en su ejecución más difundida, sustenta que el elemente unificador o
fundamental para reconocer el contrato administrativo, es que este reposa
sobre la noción del servicio público como objeto del contrato.
Postulándose, en ese mismo parecer, que el contrato celebrado por la
administración tenga por objeto la organización o funcionamiento de un
servicio público o de alguna actividad de interés general, o bien que en
alguna forma se desprenda del contrato que este tiene por objeto ejecutar
un servicio público o dar satisfacción a un interés general. En tal sentido,
para que un contrato celebrado por la administración pueda ser calificado
como administrativo, es necesario que guarde relación con una actividad
de servicio público o de utilidad pública.
Fundamentos legales de los contratos administrativos:
Nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece
Artículo 150: la celebración de los contratos de interés público nacional
requerirá la aprobación de la Asamblea Nacional en los casos que
determine la ley.
No podrá celebrarse contrato alguno de interés público municipal, estadal
o nacional con Estados o entidades oficiales extranjeras o con sociedades
no domiciliadas en Venezuela, ni traspasarse a ellos sin la aprobación de
la Asamblea Nacional.
La ley podrá exigir en los contratos de interés público determinadas
condiciones de nacionalidad, domicilio o de otro orden, o requerir
especiales garantías.
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Tipos de contratos administrativos
Los contratos interadministrativos: son aquellos contratos que son
celebrados entre dos o más entidades administrativas a saber:
dos o más municipios entre sí, dos o más estados entre si, el
gobierno nacional con gobiernos estadales, o un instituto oficial
autónomo con alguna de las administraciones mencionadas.
Los contratos celebrados entre la administración y administrados:
la administración celebra otros contratos, los más numerosos, a
saber: los convenios entre la administración y los administrados,
es decir, los convenios entre una entidad administrativa y un
particular o empresa privada.
Elementos de los contratos administrativos
Las partes: una condición exigida para que un contrato sea
administrativo consiste en que una de las partes, al menos, sea
administrativo consiste en que una de las partes sea una persona pública
estatal: entre la republica un estado un municipio, un instituto autónomo,
una empresa del estado sujeta a régimen de derecho público. Pueden ser
contratista de la administración las personas privadas físicas o jurídicas,
nacionales o extranjeras domiciliadas dentro o fuera del territorio nacional.
Un contrato celebrado entre particulares no podría jamás ser considerado
como un contrato administrativo.
El objeto del contrato: la opinión más generalizada sustenta que
el criterio fundamental para reconocer el contrato administrativo es el que
reposa sobre el criterio del servicio público, como objeto del contrato.
Es necesario que el contrato celebrado por la administración tenga por
objeto la organización o funcionamiento de un servicio público o de alguna
actividad de interés general, o bien que en alguna forma se desprendan
del contrato que este tiene por objeto a un interés general. Dicho en otras
palabras, para que un contrato celebrado por la administración pueda ser
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calificado como administrativo, es necesario que guarde relación con una
actividad de servicio público o de utilidad pública.
Las cláusulas: en Francia, la jurisprudencia en numerosas
ocasiones y parte de la doctrina, han considerado que no es suficiente
para que el contrato sea administrativo, que tenga por objeto o finalidad
una actividad de servicio público o de interés general, si las partes no han
manifestado en el texto mismo del contrato su voluntad de sustraerse al
derecho común mediante la inserción de cláusulas que no le sean
contrarias.
Estas clausulas se llaman ordinariamente “cláusulas exorbitante”, por
estar fuera de la órbita del derecho común. Son cláusulas no susceptibles
de ser inscritas en los contratos de derecho común o no habitual en estos,
las que confieren prerrogativas especiales a la administración frente a los
contratistas o a los contratistas en relación con los terceros.
La duración: si se toma en cuenta como criterio fundamental para
calificar el contrato administrativo su conexión con un objeto de servicio
público, es preciso añadir una circunstancia: la de que el contratista se
convierta en un colaborador del servicio público, esto es, que se
comprometa frente a la administración a hacer funcionar un servicio
público, a realizar una obra o suministrar una prestación destinada a
ayudar a la administración a hacer funcionar el servicio, o la actividad de
interés general.
LAS CONCESIONES ADMINISTRATIVAS
Una concesión administrativa es un acto por el que la
administración encomienda a un particular la realización de una obra
pública o la prestación de un servicio público.
Debe distinguirse (porque es totalmente diferente) de una
autorización administrativa porque en esta la administración lo que hace
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es constatar y declarar que el autorizado tiene derecho a hacer algo,
derecho que ya tenía antes de la autorización, lo único que hace la
autorización es la comprobación y expresión de un derecho ya existente.
Sin embargo, la concesión administrativa el concesionario lo que va
a realizar es una obra o servicio público que está reservado en exclusiva
a la administración pública y que ésta lo presta a través de él utilizando
este mecanismo.
Extinción o caducidad del contrato de concesión
El contrato de concesión se extingue cuando cesan de manera
definitiva sus efectos jurídicos, lo cual se puede producir por las
siguientes causales:
Muerte quiebra o desaparición del concesionario: debido a
que el contrato es intuito personae, en el que se toma en cuenta
las características y cualidades del concesionario, al producirse la
desaparición del concesionario se extingue el contrato.
Vencimiento del plazo: las concesiones son de carácter
temporal, por lo que al término del plazo pactado se extingue la
concesión.
Renuncia: la renuncia es posible en el caso de concesiones de
uso de dominio público otorgadas en interés particular del
concesionario, por lo que si este renuncia al derecho que le fue
otorgado se producirá la extinción de la concesión.
Resolución por incumplimiento: las partes, de común acuerdo
o de manera unilateral, por motivos fundamentales, pueden poner
término al contrato antes de su vencimiento. La resolución
unilateral puede producirse por incumplimiento del concesionario,
por caso fortuito o fuerza mayor.
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Revocación o rescate: la entidad puede revocar una concesión o
disponer su rescate por razones de merito o conveniencia prevista
en el contrato, con indemnización para el concesionario.
Los poderes de la administración
Son instrumentos de trabajo esenciales para que la administración
pública pueda desempeñar sus funciones atendiendo al interés público,
por lo tanto, se dice que son poderes-deberes que utiliza la administración
pública para que el Estado alcance sus fines.
Los elementos del poder administrativo
Su institucionalización mediante las prerrogativas y
potestades: en el Estado absoluto, el poder del soberano pretendía tener
fuente divina y era magnatico, sin perfiles claramente definidos. En el
Estado de Derecho, el poder público no tiene otra fuente que el Derecho
positivo, al que se sujeta: “los poderes públicos están sujetos a la
constitución y al resto del ordenamiento jurídico”. Y al estar jurídicamente
configurado, el poder cristaliza en un haz de prerrogativas y potestades.
Estas definen –y por tanto, también delimitan- la capacidad de los
poderes públicos de imponer su voluntad a otros sujetos, sean públicos o
privados.
Hablamos de prerrogativas y potestades porque son
cualitativamente distintas. Las prerrogativas son exorbitancias de carácter
subjetivo: definen la capacidad jurídica de la administración y, por ende,
integran su estatuto jurídico sin necesidad de atribución específica. La
auto tutela declarativa y ejecutiva de la administración o las prelaciones y
preferencias de la hacienda pública del precepto son típicas prerrogativa
de la administración (de todas las administraciones) como también la
inembargabilidad de los bienes públicos formal o materialmente
afectados.
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Las potestades administrativas en cambio, son poderes funcionales
que integran, eventualmente, la capacidad de obrar de la administración
mediante su atribución por el ordenamiento jurídico. Son situaciones
jurídicas típicas de poder público que las diferentes administraciones
pueden tener o no, puesto que las atribuye el ordenamiento jurídico como
medios puestos al servicio de determinados fines de interés general. En
consecuencia, podemos decir que cualquier administración dispone de
auto tutela en todos sus actos o que todos sus bienes formal o
materialmente afectado afectados al uso general o servicio público son
inembargables, pero no que dispone de potestad expropiatoria o
sancionadora ni menos aun para todos sus fines. Dichas potestades solo
las podrá ejercer para los fines los que le sean atribuidos por la norma, en
su caso.
Su distribución mediante las competencias: el poder esta
materialmente distribuido entre las distintas administraciones públicas y,
en el seno de ellas, entre sus diversos órganos, por el principio de
competencia. Mediante la distribución de competencias, se actualiza o
determina la capacidad de obrar (incluidas las potestades atribuidas) de
las administraciones publicas respecto de cada materia, tiempo y lugar.
En consecuencia, los actos administrativos solo pueden ser válidamente
producidos “por el órgano competente” y si los dista un “órgano
manifiestamente incompetente por razón de la materia o del territorio” su
vicio recibe incluso la tacha de nulidad radical o de pleno derecho.
Ahora bien, esta asociación lógica entre poder y competencia requiere al
menos tres matizaciones:
En primer lugar, la distribución material del poder no lo agota. Las
administraciones públicas tienen un amplio conjunto de medios
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propios con los que pueden ejercer poder más allá de sus
competencias materiales.
En segundo lugar, debe advertirse que la atribución de
competencias no solo otorga un poder, sino también un deber: la
administración competente para cada cosa no solo puede, sino
que debe ejercer su competencia. La competencia administrativa
es en este sentido improrrogable.
En tercer lugar, debería existir en todas las materias una
correlación biunívoca perfecta entre poder (competencia) y
responsabilidad que, sin embargo, quiebra en ocasiones
planteando problemas de ineficiencia.
Su estructura mediante la organización: la creciente complejidad
de las tareas administrativas y, consecuentemente, también de su
organización dificulta la “conducción comunicativa” del poder por lo que
“el anquilosamiento de la estructura de la organización engendra
coerciones” y la empuja a la ineficacia, lo que debe ser evitado apurando
las técnicas de la potestad organizativa.
Con carácter general y siguiendo el conocimiento esquema weberiano, el
derecho administrativo contemporáneo ha optado por el modelo
organizativo burocrático, presidido por el principio de jerarquía. Sin
embargo, también quedan en él algunas reminiscencias del modelo
carismático de poder, que se encuentran por ejemplo en magistraturas
personales ejercidas por órganos unipersonales tales como el rector en la
universidad o el defensor del pueblo; e incluso de poderes legítimos por la
tradición, como los de las comunidades de regantes.
LA RESPONSABILIDAD DE LA ADMINISTRACIÓN
La actividad de la administración puede generar riesgos y, por
tanto, daños sobre los particulares. Para cubrir esos daños residuales de
la acción administrativa, no deliberadamente procurados, pero inevitables
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se configura un principio de responsabilidad patrimonial de la
administración.
La exigencia de responsabilidad de la administración pública no es
sino una aplicación de las consecuencias del Estado de Derecho que
impone la sumisión de la administración al ordenamiento jurídico como
cualquier otro sujeto de Derecho y constituya uno de los pilares
fundamentales en la construcción del Derecho administrativo como un
derecho garantizador.
Se funda también en el principio de solidaridad, en cuanto no sería
justo que un solo sujeto lesionado tuviera que hacer frente a las
consecuencias lesivas de los actos de los poderes públicos. De este
modo, la admisión de la responsabilidad administrativa repercute el daño
causado en toda la hacienda de los entes públicos, que deben hacer
frente a la indemnización u obligaciones que se derivan de la
responsabilidad.
Derechos de los administradores:
Contar con un servicio eficiente y facilidades para cumplir sus
obligaciones tributarias, de conformidad con las normas vigentes.
Ser tratado con respeto y consideración.
Obtener la debida orientación respecto de sus obligaciones
tributarias.
La confidencialidad de la información proporcionada a la
administración tributaria.
Conocer el estado de los trámites que realice.
Solicitar copia de las declaraciones o comunicaciones
presentadas.
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Solicitar el aplazamiento y/o fraccionamiento de deudas
tributarias.
Solicitar la prescripción de la deuda tributaria.
Interponer reclamo, apelación, demanda contencioso-
administrativa entre otros medios.
Sustituir o rectificar sus declaraciones juradas.
Interponer queja por omisión o demora en resolver los
procedimientos tributarios.