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02 Feb 24

El 2 de febrero de 2024 se celebra la fiesta de la Presentación del Señor, donde se conmemora la llegada de Jesús al templo, cumpliendo con las leyes de purificación y consagración. En el Evangelio de Lucas, Simeón y Ana reconocen a Jesús como el Salvador, destacando su humildad y vulnerabilidad. La liturgia invita a los fieles a encontrar a Cristo en la Eucaristía, simbolizando su luz y salvación para todos.

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El 2 de febrero de 2024 se celebra la fiesta de la Presentación del Señor, donde se conmemora la llegada de Jesús al templo, cumpliendo con las leyes de purificación y consagración. En el Evangelio de Lucas, Simeón y Ana reconocen a Jesús como el Salvador, destacando su humildad y vulnerabilidad. La liturgia invita a los fieles a encontrar a Cristo en la Eucaristía, simbolizando su luz y salvación para todos.

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me/lectiodivinadiaria

:1️⃣

VIERNES 2 DE FEBRERO DE 2024. IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR fiesta // Misa de la fiesta, Gloria, lecturas


propias, prefacio propio.

1️ª Lectura: Ml 3,1️-4 o Hb 2,1️4-1️8; Salmo: Sal 23; Evangelio: Lc 2,22-40 (o bien
más breve Lc 2,22-32).

EL SEÑOR LLEGA A SU TEMPLO

Los profetas frecuentemente prometieron la llegada de Dios en el famoso “Día del


Señor”, una manifestación gloriosa y aterradora de Yahvé, el desarraigo del mal, y
a veces, un derrame de bendiciones divinas también. Consecuentemente es con
mucha creatividad, y tal vez con un poco de ironía, que el evangelista Lucas narra
el cumplimiento de las promesas proféticas (especialmente la encontrada en Mal 3,
1️), no con gloria y terror, sino por medio de la llegada de un niño recién nacido,
llevado por padres que son tan pobres que no pueden pagar el precio normal de la
purificación materna (un cordero de un año, según Lev 1️2, 2-8) y tuvieron que pagar
el precio de los pobres, dos tórtolas (Lev 1️2, 8). Un relato del cumplimiento de la
Leyes, en realidad, la manifestación de nuestro Dios humilde, pobre y vulnerable.

LITURGIA DE LAS HORAS: de la fiesta.

: :2⃣

PRIMERA LECTURA

Tenía que asemejarse en todo a sus hermanos.

De la carta a los hebreos: 2, 1️4-1️8

Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús
quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que,
mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos que, por
temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida. Pues como bien saben, Jesús
no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por eso tuvo
que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo
sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que median entre Dios y
los hombres, y expiar así los pecados del pueblo. Como él mismo fue probado por
medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba.
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COMENTARIO

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Luego de hablar de la relación de Cristo con Dios, el autor se ocupa ahora de su


encarnación y abajamiento, condición de posibilidad para una auténtica relación con
los hombres. Cristo está más cerca de nosotros que los ángeles, pues compartió
nuestra condición humana al punto de hacerse nuestro hermano, semejante a
nosotros en todo, menos en el pecado. Por su condición humana y la realidad del
mal presente en el mundo aceptó de su Padre Dios el camino del sufrimiento y ser
así instrumento de salvación para cuantos crean en él. Dios, entonces, glorificó a
su Hijo y lo constituyó Sumo Sacerdote capaz de mediar eficazmente entre el cielo
y la tierra. Por tanto, su abajamiento nos obtiene una redención y glorificación que
jamás imaginamos. Allí, junto a su Padre, Cristo continúa reconociéndonos sus
hermanos y manifestándonos su solidaridad: sigue siendo el Sumo Sacerdote que
agradó a Dios por su fidelidad, por lo que, lleno de misericordia por nosotros,
continúa mediando entre Dios y la humanidad. Al final, Heb 2,1️7-1️8 introduce el
nuevo tema a tratar en lo que sigue: Cristo, Sumo Sacerdote misericordioso y digno
de fe.

O bien:

Del libro del profeta Malaquías: 3, 1️-4

Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. Él preparará el camino
delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes
buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando,
dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién
quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de
los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y
al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las
ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén,
como en los días pasados, como en los años antiguos.”

COMENTARIO

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En medio de la demostración de todos los pecados de Israel, el profeta abre un


paréntesis para referirse a la llegada del «día del Señor», quien se presentará para
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juzgar. En su juicio tendrá en cuenta a todos los que de algún modo tergiversaron
la religión, contaminándola con prácticas mágicas, hechicería y perjurio (3,5a); pero
también a los que tergiversaron la justicia (3,5b). La justicia adquiere aquí identidad
propia: obreros, viudas y huérfanos. Cuando todos hayan sido juzgados y
purificados (3,2s), se podrá hablar de perfección en el culto y en las ofrendas.

: : :3⃣

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 23, 7. 8. 9. 1️0.

R/. EL SEÑOR ES EL REY DE LA GLORIA.

¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar


el rey de la gloria! R/.

¿Y quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso


en la batalla. R/.

¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar


el rey de la gloria! R/.

¿Y quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria.


R/.

COMENTARIO

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El comienzo es de himno sin introducción, y enuncia el poder universal de Dios. Las


aguas son el elemento inestable, Dios ha afirmado sobre ellas la tierra. Al llegar a la
puerta, pregunta la procesión las condiciones para entrar en el templo. Responde
un sacerdote resumiendo en dos condiciones positivas y dos negativas la
preparación moral para la acción cúltica. Dirigida en segunda persona a Dios,
equivale a una presentación del grupo de los fieles: realmente vienen buscando a
Dios, en el templo, su presencia y su compañía; no es una procesión formalista. La
procesión grita: las puertas del templo simbolizan las puertas celestes y eternas. El
Rey de la Gloria es el Señor con su majestad; probablemente se trata del arca donde
reside, invisible, la majestad de Dios. A la pregunta de los guardianes responde la
procesión recordando los tirulos guerreros del Señor: el arca era el paladio de los
israelitas hasta el tiempo de David. En esta entrada puede resonar la memoria de
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la primera entrada del arca en el primer santuario de Sión, como la narra el libro de
Samuel, 2 Sam 6.

: : : :4⃣

EVANGELIO

Mis ojos han visto al Salvador.

Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y


José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo
escrito en la ley: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y también
para ofrecer, como dice la ley, «un par de tórtolas o dos pichones». Vivía en
Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que
aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había
revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el
Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para
cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios,
diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías
prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien
de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.”
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón
los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para
ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción,
para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti,
una espada te atravesará el alma.” Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel,
de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años
casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de
día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel
momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la
liberación de Israel. Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la
ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo
y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él.

COMENTARIO

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Los padres de Jesús, fieles a las tradiciones de su pueblo y a lo mandado por el


Señor, cumplen con tres ritos establecidos por la Ley: la circuncisión del niño a los
ocho días de nacido (Lv 1️2,3; cfr. Gn 1️7,1️0-1️4), momento en el cual se le imponía
el nombre a la criatura; la presentación en el Templo por tratarse del primogénito
varón (Éx 1️3,2.1️2.1️5) y la purificación de la madre. Mediante la circuncisión, el varón
israelita queda incorporado al pueblo de la alianza; se trata por tanto de un sello,
una marca en la carne como señal de pertenencia. La presentación del primogénito
varón tenía como finalidad consagrar a todos los primogénitos al Señor según el
criterio de que todo primer fruto, tanto de humanos como de animales y vegetales,
pertenece al Señor (Éx 1️3,2). Por último, la purificación establecida por el Levítico
apuntaba directamente a la pureza ritual y cultual, nada tenía que ver con el aspecto
moral. Éstas «diligencias» en Jerusalén sirven de marco a Lucas para llevar más
lejos el efecto de la presentación del niño. No se trata simplemente de mostrar a los
padres de Jesús cumpliendo con las normas y preceptos del Señor o de demostrar
que ya desde su infancia Jesús quedó inserto en el pueblo de la alianza y de las
promesas, se trata de utilizar la ocasión para subrayar el concepto lucano sobre
Jesús, su persona y su obra, lo cual va poniendo en labios de distintos personajes,
en este caso en Simeón (28-35) y en Ana (36-38).

: : : : :5⃣

MEDITACIÓN

LA PRESENTACION DEL SEÑOR

«Gloria a ti, Cristo, luz que alumbras a las naciones» (Lc 2, 32).

1️. La Liturgia de esta fiesta tiene un tono solemne y gozoso por la primera entrada
de Cristo en el templo y, al mismo tiempo, un todo sacrificial porque viene para ser
inmolado.

Da la entonación la profecía de Malaquías (3, 1️-4): «entrará en su santuario el Señor


a quien vosotros buscáis» (ib 1️). Es fácil aplicar este texto al hecho que hoy
conmemora: la llegada de Cristo al templo donde, cuarenta días después de su
nacimiento, es presentado por María y José, según las prescripciones de la ley
mosaica. El Hijo de Dios, al encarnarse, quiso «parecerse en todo a sus hermanos»
(Hb 2, 1️7; 2.ª lectura); sin dejar de ser Dios, quiso ser verdadero hombre entre los
hombres, meterse en su historia y compartir en todo su vida, sin excluir la
observancia de la ley prescrita para el hombre pecador. El cumplimiento de la ley
es así la ocasión para que Jesús se encuentre en el templo con su pueblo que le
aguardaba en la fe. En efecto, es recibido por Simeón «hombre justo y piadoso que
aguardaba el consuelo de Israel» (Lc 2, 25), y por la profetisa Ana que vivía en la
oración y penitencia. Iluminados por el Espíritu Santo, reconocen ambos en aquel
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niñito presentado por una joven madre con la humilde ofrenda de los pobres, al
Salvador prometido y prorrumpen en himnos de alabanza. Simeón lo toma entre sus
brazos exclamando: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse
en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador» (ib 29-30); y Ana habla de él con
entusiasmo «a todos los que aguardaban la liberación de Israel» (ib 38).

Recordando este suceso, la Liturgia invita hoy a los fieles a ir al encuentro de Cristo
en la casa de Dios, donde lo encontrarán en la celebración de la Eucaristía, para
saludarlo como a su Salvador, para ofrecerle el homenaje de una fe y un amor
ardientes, semejantes a los de Simeón y Ana, y, en fin, para recibirlo no entre los
brazos sino en el corazón. Este es el significado de la procesión de «la Candelaria»:
ir al encuentro de Cristo «luz del mundo» con la llama encendida de la vida cristiana
que debe ser un reflejo luminoso de su resplandor.

2. Según la profecía de Malaquías, el Señor viene a su templo para purificar al


pueblo del pecado, para que pueda presentar a Dios «la ofrenda como es debido»,
la cual «entonces agradará al Señor» (MI 3, 3-4). La primera ofrenda, que instaura
el culto perfecto y da valor a toda otra oblación, es precisamente la que Cristo hizo
de sí al Padre. Para él no valió el rescate ofrecido, como valía para todos los
primogénitos de los judíos; pues era la víctima voluntaria que sería sacrificada por
la salvación del mundo. Pero aceptando su condición de recién nacido, Jesús quiso
ser ofrecido por las manos de su Madre. María no ignora que Jesús es el Salvador
del mundo y, a través del velo de las profecías, intuye que Jesús cumplirá su misión
por un misterio de dolor, en el que ella, como madre, deberá participar. La profecía
de Simeón se lo confirma claramente: «a ti una espada te traspasará el alma» (Lc
2, 35). María comprende y en lo secreto de su corazón repite el «fiat» como en
Nazaret. Ofreciendo a su hijo, se ofrece a sí misma, comenzando así su pasión de
madre que asociará cada día más a la del Hijo.

Otra similitud entre la Madre y el Hijo es la humildad profunda con que María,
aunque consciente de su virginidad, se suma al nivel de las otras mujeres y
confundida entre ellas se presenta al sacerdote para el rito de la purificación. Jesús
no debía ser rescatado, María no necesitaba ser purificada y, sin embargo, se
someten a estas leyes para enseñar a los hombres el respeto y la fidelidad a los
mandatos del Señor, y el valor de la humildad y la obediencia.

La purificación de María, unida a la presentación de Jesús, es símbolo de la


purificación de que el hombre está siempre, tan necesitado y que sólo puede ser
obtenido por los méritos de Cristo presentado al Padre para «expiar así los pecados
del pueblo» (Hb 2, 1️7). Como presentó a su Hijo, así presente María a todo fiel a
Dios, y su mediación maternal lo disponga a la purificación que debe operarse en
él. La oblación inmaculada y santa de Cristo lo santifique y lo haga capaz de ofrecer
al Padre oraciones y sacrificios aceptos a su majestad divina.
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: : : : : :6⃣

ORACIÓN

Todos corremos a tu encuentro, oh Cristo, los que sincera y profundamente


adoramos tu misterio, nos encaminamos a ti llenos de alegría... Llevamos cirios
encendidos, como símbolo de tu resplandor divino.

Gracias a ti resplandece la creación, y se inunda de una luz eterna que disipa las
tinieblas del mal. Por estos cirios encendidos sean, sobre todo, símbolo del
resplandor interior con que queremos prepararnos al encuentro contigo, oh Cristo.
Pues como tu Madre, virgen purísima, te llevó entre sus brazos a ti, luz verdadera,
ofreciéndote a los que se encontraban en las tinieblas, así también nosotros,
teniendo en las manos esta luz visible a todos e iluminados con su resplandor,
vamos de prisa al encuentro contigo, que eres la verdadera luz...

Ha llegado la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo... Todos juntos
venimos a ti, oh Cristo, para dejarnos invadir de tu esplendor y para recibirte como
el anciano Simeón, oh eterna luz viviente. Con él exultamos de gozo y cantamos un
himno de agradecimiento a Dios. Padre de la luz, que nos ha enviado la luz
verdadera para sacarnos de las tinieblas y hacernos luminosos. (San Sofronio de
Jerusalén)

: : : : : : :7⃣

CONTEMPLACIÓN

Ofrece tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto bendito de tu seno


virginal. Ofrece para nuestra reconciliación la víctima santa y agradable a Dios. Por
todos modos aceptará Dios Padre la nueva ofrenda y preciosísima víctima, de la
cual dice él mismo: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis
complacencias»...
Yo os ofreceré voluntariamente un sacrificio, Señor, porque voluntariamente fuiste
ofrecido por mi salud, no por tu necesidad... Dos cosas tengo, Señor, que son el
cuerpo y el alma. ¡Ojalá que te las pueda ofrecer en sacrificio de alabanza! Mejor
es para mí y mucho más útil y glorioso ofrecerme a ti que dejarme para mí mismo.
Porque en mí mismo se turba mi alma, y mi espíritu se alegrará en ti si es ofrecido
sinceramente... No quiere Dios mi muerte, ¿y no le ofreceré yo gustosamente mi
vida? Esta es una víctima pacífica, víctima agradable a Dios, víctima viva. (San
Bernardo).

: : : : : : : :8⃣
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Te presentas, inesperado, y todo cambia.

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