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27 Ene 24

El documento presenta las lecturas y reflexiones litúrgicas para el sábado 27 de enero de 2024, destacando la importancia del pan en el Evangelio de Marcos y la figura de Jesús como el nuevo Moisés. También se conmemoran a Santa Ángela de Merici y San Enrique De Ossó, resaltando sus contribuciones a la educación y la espiritualidad. La meditación final enfatiza la necesidad de conformarse a la voluntad de Dios como camino hacia la santidad.

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27 Ene 24

El documento presenta las lecturas y reflexiones litúrgicas para el sábado 27 de enero de 2024, destacando la importancia del pan en el Evangelio de Marcos y la figura de Jesús como el nuevo Moisés. También se conmemoran a Santa Ángela de Merici y San Enrique De Ossó, resaltando sus contribuciones a la educación y la espiritualidad. La meditación final enfatiza la necesidad de conformarse a la voluntad de Dios como camino hacia la santidad.

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me/lectiodivinadiaria

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SÁBADO 27 DE ENERO DE 2024.

Antes de las 4:00p.m.

Sábado de la III semana del tiempo ordinario feria // Misa de la feria, prefacio
común.

1️ª Lectura: 2Sm 1️2,1️-7a.1️0-1️7; Salmo: Sal 50; Evangelio: Mc 4,35-40.

LA SECCIÓN DE LOS PANES

El Evangelio de hoy comienza con una sección de Marcos en la que el pan es la


nota dominante de la mayor parte de los episodios. Por eso, Mc 6,30 - 8, 26 reciben
el título de la sección de los panes. El primero de dichos episodios es el relato de la
multiplicación de los panes para cinco mil. La presencia velada del Antiguo
Testamento en este pasaje (Éx 1️6 y Núm 1️1️; Ez 34) nos permite descifrar toda esta
sección de los panes. De forma muy significativa, descubrimos su profundo
contenido teológico: Jesús es el nuevo Moisés que alimenta milagrosamente al
nuevo Israel con un nuevo maná. Sin embargo, Jesús no cesó de alimentar a sus
seguidores. Sigue alimentándonos con el pan de la palabra de Dios, que la
predicación y el estudio nos ayudan a digerir, y con la Santísima Eucaristía.

Santa Ángela de Merici, virgen memoria libre // Misa de la memoria, prefacio


común o de santas vírgenes y religiosos.

Nació en 1️474 en Italia y fundó la primera comunidad religiosa femenina para educar
a niñas. Quedó huérfana cuando aún era muy niña, se hizo Terciaria Franciscana y
fundó la Comunidad de Hermanas Ursulinas en 1️535, que se extendió por muchas
partes. Fue considerada una gran líder de mujeres y la canonizaron en 1️807.

San Enrique De Ossó y Cervelló, Presbítero OCarm y OCD: Memoria libre //


Misa de la memoria, prefacio común o de pastores o de santos: para los
educadores.

San Enrique de Ossó fue sacerdote secular. Los carmelitas hacemos especial
memoria de él, por haber sido en el siglo XIX el gran propagandista del mensaje
espiritual de santa Teresa de Jesús y por haber fundado la Compañía de Santa
Teresa, Instituto femenino que tiene por finalidad la formación de la mujer en la
escuela del Evangelio y de la santa de Ávila. Había nacido en Vinebre (Tarragona)
el año 1️840 y entregó su alma a Dios, tras un duro calvario de sufrimientos, en la
localidad valenciana de Gilet el 27 de enero de 1️896.
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LITURGIA DE LAS HORAS: de la feria o de la memoria.

Después de las 4:00 p.m.

IV Semana del Tiempo Ordinario

Misa Vespertina del IV Domingo del Tiempo Ordinario.

LITURGIA DE LAS HORAS: TOMO III; SEMANA IV DEL SALTERIO; I Vísperas


del Domingo.

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PRIMERA LECTURA

He pecado contra el Señor.

Del segundo libro de Samuel: 1️2, 1️-7.1️0-1️7

En aquellos días, el Señor envió al profeta Natán para que fuera a ver al rey David.
Llegó Natán ante el rey y le dijo: “Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el
otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y numerosas reses. El pobre sólo tenía una
ovejita, que se había comprado; la había criado personalmente y ella había crecido
con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su vaso y dormía junto a él. La
quería como a una hija. Un día llegó un visitante a la casa del rico, y éste no quiso
sacrificar ninguna de sus ovejas ni de sus reses, sino que se apoderó de la ovejita
del pobre, para agasajar a su huésped.” Al escuchar esto, David se puso furioso y
le dijo a Natán: “Verdad de Dios que el hombre que ha hecho eso debe morir. Puesto
que no respetó la ovejita del pobre, tendrá que pagar cuatro veces su valor.”
Entonces Natán le dijo a David: “¡Ese hombre eres tú! Por eso te manda decir el
Señor: La muerte por espada no se apartará nunca de tu casa, pues me has
despreciado, al apoderarte de la esposa de Urías, el hitita, y hacerla tu mujer. Yo
haré que de tu propia casa surja tu desgracia, te arrebataré a tus mujeres ante tus
ojos y se las daré a otro, que dormirá con ellas en pleno día. Tú lo hiciste a
escondidas; pero yo cumpliré esto que te digo, ante todo Israel y a la luz del sol.”
David le dijo a Natán: “He pecado contra el Señor.” Natán le respondió: “El Señor te
perdona tu pecado. No morirás. Pero por haber despreciado al Señor con lo que
has hecho, el hijo que te ha nacido morirá.” Y Natán se fue a su casa. El Señor
mandó una grave enfermedad al niño que la esposa de Urías le había dado a David.
Este pidió a Dios por el niño, hizo ayunos rigurosos y de noche se acostaba en el
suelo. Sus servidores de confianza le rogaban que se levantara, pero él no les hacía
caso y no quería comer con ellos.
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COMENTARIO

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Ante el pecado de David, Dios interviene por medio del profeta. Natán se dirige al
rey con una parábola, lo involucra y le hace expresar su propia condena, que ratifica
el profeta (1️2,1️-1️2). David se arrepiente, el Señor lo castigará no solo con la muerte
del hijo, fruto del adulterio, sino también con la violencia dentro de su familia, pero
al final le ofrece su perdón: el rey no morirá. El castigo es una clave de interpretación
para la desgracia que se abatirá después sobre su familia. Dentro de la desgracia
aparece la humildad de David. El final es feliz: por una parte, el nacimiento de
Salomón, segundo hijo de ellos, a quien el Señor ama y por eso lleva el nombre de
Yedidías, «amado del Señor» (1️2,24-25). Y, por otra, la toma de Rabá, la ciudad
amonita (1️2,26-31️). En estos dos beneficios aparece de nuevo la bendición divina
hacia David.

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SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 50,1️2-1️3.1️4-1️5.1️6-1️7.

R/. CREA EN MÍ, SEÑOR, UN CORAZÓN PURO.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus
mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
R/.

Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa.


Enseñaré a los descarriados tus caminos y volverán a ti los pecadores. R/.

Líbrame de la sangre, Dios, salvador mío y aclamará mi lengua tu justicia. Señor,


abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza. R/.

COMENTARIO

Comienza la segunda parte, en el reino de la gracia; vuelve a sonar el nombre de


Dios al principio. La purificación es una nueva creación por dentro. En esta nueva
creación Dios derrama un triple espíritu que ordena nuestro ser: espíritu firme,
santo, generoso. Este espíritu trae la salvación y con ella la alegría. Una de las
consecuencias de la reconciliación es este afán comunicativo o expansivo; el
hombre reconciliado quiere convertir a otros y enseñarles el camino de vuelta a
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Dios. El castigo de la sangre puede ser la muerte, comprendida como «pena capital»
del pecado, según la tradición de Gn. 2; pudiera ser alusión a un delito que merece
pena de muerte. 1️Después de la liberación, el hombre responde con himnos y
acción de gracias.

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EVANGELIO

¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?

Del santo Evangelio según san Marcos: 4, 35-41️

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago.”
Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma
barca en que estaba. Iban además otras barcas. De pronto se desató un fuerte
viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús
dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro!,
¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar:
“¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús
les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron
espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el
mar obedecen?”

COMENTARIO

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Siguiendo la línea universal del anuncio, Jesús se dirige a tierra de paganos. En la


tradición judía el mar era símbolo del mal. El viento huracanado es obra de los
espíritus del mal para impedir que el reino de Dios llegue a los pueblos paganos.
Por un momento, logran resquebrajar la fe de los discípulos. Como si estuviera
expulsando un demonio, Jesús ordena la calma del mar y del viento. Luego,
desenmascara la falta de fe de los discípulos, evidenciando lo mucho que les falta
por aprender. La última pregunta supone que Jesús es Dios, pues era el único capaz
de dominar el mar (Sal 1️07,23-32).

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MEDITACIÓN
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EN LA VOLUNTAD DEL PADRE.

«Contigo, Señor, vengo yo para hacer la voluntad del Padre» (Heb 1️0, 7).

1️. Cristo, «al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste, pero me
has formado un cuerpo... Entonces dije: ¡He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu
voluntad» (Heb 1️0, 5-7). Esta es la disposición íntima y constante de Jesús ante la
voluntad del Padre. A los Apóstoles, que le instan a tomar un poco de alimento, les
responde: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis... Mi alimento
es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Jn 4, 32.34).
Lo que Jesús anhela y lo que le reconforta es cumplir la voluntad de su Padre; su
mirada está siempre fija ahí y no hace un movimiento que no sea conforme al querer
del Padre.
La voluntad humana de Jesús está transformada y perdida en la de Dios del modo
más pleno y perfecto; obra sólo al impulso de dicha voluntad. «He bajado del cielo,
no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. No busco mi
voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 6, 38; 5, 30). Es éste el
estribillo que acompasa su vida, la norma que regula su conducta toda, el motivo
profundo de todas sus acciones. Y Jesús cumple la voluntad del Padre, no por
necesidad, sino con libertad soberana, movido de su inmenso amor filial. La
absoluta sumisión al Padre es la característica y la expresión de su amor, y es el
motivo por el que el Padre mismo le ama: «El Padre me ama porque doy mi vida...
Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente... Esa es la orden que he recibido de
mi Padre (Jn 1️0, 1️71️8). Y así su vida iniciada al grito: «Vengo a hacer tu voluntad»,
se cierra con otro grito que vence mediante el amor todas las repugnancias de la
naturaleza frente al supremo dolor: «Padre..., no se haga mi voluntad sino la tuya»
(Lc 22, 42).

2. Siendo el cristiano hijo adoptivo de Dios, también para él el camino de la santidad


y la norma de su conducta ha de ser la voluntad del Padre celestial. Igual que Jesús,
ha de alimentarse de esa voluntad santa y santificadora, y ha de hacerlo en todo
momento, no buscando ni deseando nada fuera de cumplir dicha voluntad y hacer
de ella el único móvil de su vida. Es preciso llegar a la plena conformidad del propio
querer con el de Dios, de modo que —como enseña S. Juan de la Cruz— en cuanto
al pensar y obrar del alma «no haya en ella cosa contraria a la voluntad de Dios» (1️
S 1️1️, 2).

La conformidad con la voluntad de Dios y el crecimiento en el amor son los dos


elementos constitutivos de la santidad y de la vida de unión con Dios, elementos
que van parejos porque el uno condiciona al otro: a mayor conformidad de voluntad
corresponde mayor amor y al revés. Jesús ha dicho: «Si alguno me ama, guardará
mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn
1️4, 23). El cumplimiento de la palabra, es decir, de la voluntad de Dios, es la
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condición para vivir y crecer en el amor y en la gracia, y por tanto para gozar de la
inhabitación de la Trinidad en la propia alma. A medida que la conformidad al querer
divino se hace más plena, hasta observar no sólo los preceptos sino la más mínima
expresión de la voluntad de Dios, excluyendo no sólo los pecados mortales sino
también los veniales y aun las menores infidelidades voluntarias; a medida que el
cristiano llega a procurar el beneplácito divino en todo, abrazando cuanto Dios
quiere o permite de cualquier manera, crece en amor y en gracia. Por su parte la
Santísima Trinidad se da cada vez más a él y hace en él su morada de modo cada
vez más pleno y profundo, invitándole a una comunión más íntima. Decía Jesús: El
Padre «está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le
agrada a él» (Jn 8, 29).

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ORACIÓN

¡Oh Dios eterno..., haz que nunca se haga mi voluntad sino la tuya! Estamos en el
mundo, no para secundar nuestro capricho, sino para cumplir los planes de tu
bondad. Se ha escrito de ti, Salvador mío, que hiciste la voluntad de tu Padre
celestial; como primer deseo humano de tu alma, en el instante de tu concepción,
abrazaste amorosamente la ley de la voluntad divina y la pusiste en medio de tu
corazón para que en él reine y domine eternamente. ¡Quién hará merced a mi alma
de no tener otra voluntad que la voluntad de Dios! (San Francisco de Sales, Tratado
del amor de Dios, VIII, 7).

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CONTEMPLACIÓN

Buen Maestro, tú sabes lo mucho que ganaremos de hacer este servicio a tu eterno
Padre... ¡Oh buen Jesús!, que tan poco dais (poco de nuestra parte), como pedís
para nosotros; dejado que ello en sí es nonada para adonde tanto se debe y para
tan gran Señor. Mas cierto, Señor mío, que no nos dejáis con nada, y que damos
todo lo que podemos; si lo damos como lo decimos, digo, «sea hecha tu voluntad,
y como es hecha en el cielo, así se haga en la tierra».
Si tuviésemos verdadero amor, procuraríamos, oh gran Señor, no fuesen palabras
de cumplimiento las que os decimos, sino nos esforzaríamos a pasar lo que Vuestra
Majestad quisiere... No es razón burlemos ya tantas veces, que no son pocas las
que se lo decimos en el paternóster.
Démosle ya de una vez la joya del todo, de cuantas acometemos a dársela es
verdad que nos la da primero para que se la demos...
Padre mío, pues vuestro Hijo dio en nombre de todos esta mi voluntad, no es razón
falte por mi parte; sino que me hagáis Vos merced de darme vuestro reino para que
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yo lo pueda hacer, pues él me le pidió, y disponed en mí como en cosa vuestra,


conforme a vuestra voluntad. (Santa Teresa de Jesús, C 32, 9. 1️. 7-1️0).

Sálvanos, que perecemos.

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