TEMA 4 HOMERO
4. Homero
4.1. La épica: características. La cuestión homérica.
4.2. La Ilíada y la Odisea.
4.3. Hombres y dioses en Homero.
4. Homero
La épica es el género literario más antiguo de la literatura griega y, al
ser la literatura griega la más antigua de toda Europa, resulta de ello
que la épica griega, en concreto la Iliada y la Odisea son las obras más
antiguas de la literatura occidental. Su autor se ha dicho
tradicionalmente que fue Homero, aunque lo cierto es que no sabemos
absolutamente nada de él.
4.1. La épica: características. La cuestión
homérica.
Las obras de Homero tienen las siguientes características, muchas de
ellas comunes a toda épica de origen oral y otras específicas de él pero
que también, a lo largo del tiempo, se hicieron características del
género gracias a la gran influencia que ejercieron estas obras sobre los
autores posteriores.
• Son poemas muy largos, escritos en verso: 15.693 versos la Iliada y
12.102 la Odisea. El verso utilizado por Homero es el hexámetro
dactílico.
• Tienen un carácter narrativo: cuentan hechos que tienen como
protagonistas a héroes cuyas acciones van más allá de la naturaleza
humana. A menudo las divinidades y los seres fantásticos participan
en la acción.
• El autor no existe; el "yo" narrativo no aparece nunca. Por eso
muchos de los poemas épicos de las diferentes culturas son anónimos
y de Homero no sabemos nada.
• Los versos están plagados de las llamadas "fórmulas homéricas",
fragmentos de versos aprendidos de memoria que se repiten una y otra
vez para dar tiempo al aedo para pensar y aligera al oyente de la
cantidad de información.
• Como los aedos improvisan y los poemas son muy largos, hay
incongruencias en ellos (personajes que han muerto y reaparecen en
la lucha, por ejemplo).
• Muy peculiar de Homero es el uso de símiles y comparaciones que
después van a ser muy imitados por Virgilio.
• Como recogen una larga tradición, la lengua de los poemas homéricos
es artificial.
CUESTIÓN HOMÉRICA
Los gramáticos alejandrinos pusieron en duda por primera vez la
autoría de Homero para las dos obras. Según algunos estudiosos las
obras eran demasiado diferentes entre sí para ser obra de un mismo
autor.
La Iliada tiene muchos más símiles que la Odisea y también el tipo de
fórmulas es diferente. A todo esto, se une el hecho de que no tenemos
absolutamente ningún dato biográfico serio de Homero. Son muchas
las ciudades que se disputan su nacimiento y otras tantas su muerte.
Por todo ello, aún hoy en día está la cuestión sin resolver. ¿Fue Homero
el autor de las dos obras? ¿Son ambas de autores diferentes? ¿Existió
realmente Homero? Pero en el fondo, poco importa. Lo importante es
que conservamos las obras.
4.2. La Ilíada y la Odisea.
El tema de la Iliada es la cólera de Aquiles provocada por el
episodio de Briseida: Aquiles se enfada definitivamente con Agamenón
y decide retirarse del combate. Entonces se suceden una serie de
combates en los que destacan otros héroes como Diomedes, Áyax o
Menelao. Los dioses están tan implicados en la lucha que acaban
enfrentándose también entre ellos. Patroclo, del ejército de Aquiles, se
reincorpora al combate y muere a manos de Héctor. Entonces Aquiles
se reincorpora también a la lucha con el único deseo de matar a Héctor.
Se hacen juegos en honor a Patroclo y se devuelve el cadáver de
Héctor, incorrupto gracias a la acción de los dioses.
No aparece en la obra nada del origen de la guerra, nada de la
boda en la que se lanza la manzana que acaba desencadenando el
conflicto, nada del juicio de Paris, nada del rapto de Helena (se insinúa
a lo largo de la obra en frases sueltas, se da por sabido, pero no se
cuenta explícitamente). Y no hay nada del final de la guerra, nada del
truco del caballo. Eso lo sabemos por otras obras.
La Odisea tiene una estructura narrativa bastante más compleja
que la Iliada. Está dividida en tres escenarios: lo que le ocurre a Ulises,
lo que pasa en Ítaca y el viaje de Telémaco. Aparte de estos tres
escenarios, parte de lo que le ocurre a Ulises esta contado en flashback.
Cuando empieza la obra, Ulises está en la isla de Calipso. De allí, sale
hacia Ítaca y, de camino, para tras una tormenta en la tierra de los
feacios donde le aloja el rey Alcinoo. Entre tanto, se suceden los
episodios en Ítaca, donde los pretendientes están acabando con la
hacienda de Ulises. Telémaco también ha abandonado Ítaca en busca
de noticias sobre su padre. En la tierra de los feacios Ulises cuenta,
como lo haría un aedo, todos los episodios anteriores (los cicones, los
lotófagos, el cíclope, los lestrigones, Circe, Escila y Caribdis, las
sirenas, las vacas del sol, la tormenta y la perdida de los compañeros).
Sale de allí y llega a Ítaca. Llega en el canto XIII y de ahí hasta el final
se cuenta todo lo relacionado con el encuentro entre Penélope y Ulises,
el previo con Telémaco y la venganza contra los pretendientes y la
posterior reconciliación de todos.
4.3. Hombres y dioses en Homero.
Dos son los protagonistas de los poemas: los dioses y los héroes,
el mundo divino y el humano. Los dioses homéricos se asemejan a los
hombres por su aspecto, pasiones, vicios y virtudes -es decir, son
antropomórficos-; sólo se diferencian por su inmortalidad y por ser
superiores a los hombres en fuerza, belleza o inteligencia. Llevan una
vida feliz y despreocupada en el Olimpo, y la propia guerra de Troya,
en la que a veces intervienen, es para ellos algo sin importancia.
Por encima de los dioses hay un poder absoluto, irracional, que escapa
a su control, el Destino. Éste se entiende como un cierto orden de los
acontecimientos, que puede ser conocido mediante oráculos y
predicciones, pero que nadie puede alterar, ni siquiera los propios
dioses. Los dioses homéricos, que vienen a ser encarnación de las
fuerzas de la naturaleza, actúan colectivamente como garantes del
destino y, por lo tanto, del equilibrio del mundo, y así castigan las
transgresiones de ese orden protagonizadas por los hombres.
En cuanto al mundo humano, éste está representado sobre todo por
los héroes, seres que cuentan entre sus antepasados con algún dios,
dotados de gran fuerza, belleza o inteligencia, superior a la de un
hombre, pero menor que la de un dios, y carentes por supuesto de
inmortalidad.
En su actuación, el héroe homérico se ve sometido a un doble
condicionante: el Destino y la propia intervención divina. Sin embargo,
hay también ocasiones en que es el hombre solo el que debe decidir y
buscar una salida por sí mismo. Todo ello nos lleva a plantear el
problema de la libertad en Homero: en realidad, aunque los dioses
intervienen en la vida de los hombres, es el hombre el que al final
decide si actúa o no, por lo que le queda un cierto margen de libertad.