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Dones

El documento explora la importancia de los dones del Espíritu Santo en la iglesia, destacando su carácter, naturaleza y propósito para el servicio y edificación del cuerpo de Cristo. Se enfatiza que cada creyente recibe dones únicos para el bien común y que estos deben ser utilizados en unidad y obediencia a Cristo. Además, se subraya que los dones son manifestaciones de la gracia de Dios, destinados a fortalecer y equipar a la comunidad de fe en su misión.

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Dones

El documento explora la importancia de los dones del Espíritu Santo en la iglesia, destacando su carácter, naturaleza y propósito para el servicio y edificación del cuerpo de Cristo. Se enfatiza que cada creyente recibe dones únicos para el bien común y que estos deben ser utilizados en unidad y obediencia a Cristo. Además, se subraya que los dones son manifestaciones de la gracia de Dios, destinados a fortalecer y equipar a la comunidad de fe en su misión.

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A medida que avancemos, descubriremos cuántas cosas

maravillosas el Señor nos ha dado en Cristo Jesús a través


de su Espíritu. También queremos descubrir y comenzar a
utilizar lo que el Señor nos ha dado. Para ello, será
importante que consideremos en este capítulo el carácter,
la naturaleza, la
singularidad y la variedad de los dones del Espíritu Santo.

En consecuencia, es imperativo importante que la iglesia


comprenda cabalmente la obra capacitadora y poderosa
del Espíritu. Quizás como nunca antes en la historia del
testimonio cristiano en el mundo, Dios está dotando a su
iglesia de todos los dones y ministerios que ésta necesita
para el cumplimiento de su misión. El Espíritu Santo,
quien es él mismo el don más precioso de Dios a los
creyentes, es también el encargado de dar a éstos los
dones y ministerios que ellos necesitan para servir a su
Señor. Son estos carismas divinos los que nos permiten
como cristianos servir también a la iglesia de Cristo.

DONES DADOS POR DIOS EL PADRE:

Hay tres pasajes en el Nuevo Testamento, que de manera


particular, ofrecen una lista de lo que parecen ser tres
categorías diferentes de los carismas divinos.
Hay una cuarta lista en 1 Pedro 4.10, 11, pero parece ser
un duplicado de material incluido en los pasajes
anteriores. Los dones que se mencionan en Romanos
12.6- 8—tales como profecía, exhortación, servicio,
enseñanza, dar o repartir, presidir y hacer misericordia—
sugieren una capacidad de servicio especial dada por Dios
el Padre.

DONES DE CRISTO:
Los oficios ministeriales, que también son dones a la
iglesia, que se mencionan
en Efesios 4.11 apóstoles, profetas, evangelistas y
pastores maestros son dones del Cristo ascendido para
nutrición y equipamiento de los santos para la obra del
ministerio.

sobre el equipamiento
que hemos recibido para llevar a cabo nuestra tarea como
iglesia. El objetivo básico
de estas lecciones no es que adquiramos un poco más de
información sobre
los dones y ministerios del Espíritu, sino que aprendamos
a identificarlos en nuestra
propia vida y los pongamos en ejercicio para la edificación
del cuerpo de Cristo.

Hay tres cuestiones fundamentales a tener en cuenta en


relación con los dones y ministerios que el Espíritu Santo
reparte en la iglesia: el señorío de Cristo, la manifestación
del Espíritu, y el bien común. La consideración de estas
tres cuestiones no es sólo impuesta por la guía del texto
bíblico, sino también es necesaria
para ubicar a los dones en su debido contexto teológico y
misiológico.

Cristo, a través del Espíritu Santo, es quien otorga los


dones y ministerios espirituales. Él es quien, si hemos
confiado en él como Señor, ya nos ha dado el Espíritu
Santo. Esto fue lo anticipado por Juan el Bautista (Mr. 1.8;
ver Mt. 3.11).
Esto fue lo confirmado por Jesús. Él prometió enviar a su
Espíritu Santo para morar en los creyentes (Jn. 14.16, 17;
ver Jn. 7.37-39; 20.21, 22).
Cristo es quien, a través del Espíritu Santo que nos ha
dado, multiplica los dones y ministerios espirituales.
Cuando nos reunimos para adorarle como Señor, y
reconocemos su soberanía sobre nuestras vidas, y nos
rendimos a él en obediencia,
él se mueve y reparte dones y asigna ministerios. A
través de los dones espirituales y los ministerios que él
otorga, Cristo da a conocer las profundidades de la
sabiduría y el conocimiento, sana y obra milagros, y lleva
a cabo sus propósitos redentores.
Cristo sólo puede obrar en una comunidad que de veras le
reconoce como único Señor. Una comunidad que
proclama su señorío y que espera su manifestación y
acción poderosa es el marco adecuado para la operación
de los dones y ministerios del Espíritu Santo.
Seguramente hay otras manifestaciones de la presencia,
señorío y poder de Cristo. Pero los dones y ministerios son
una demostración extraordinaria de que él vive, es Señor
y está en medio de su pueblo.

Cuando el Espíritu Santo manifiesta su presencia en


medio de una congregación expectante, allí es cuando el
Señor Jesucristo recibe gloria y honor. Los dones y
ministerios son una demostración del señorío de Cristo
sobre todas las cosas
y testimonio de la presencia de su reino. Por el ejercicio
de los dones y ministerios del Espíritu Santo estamos
afirmando nuestro compromiso con el reino y el Rey. La
naturaleza y misión de la iglesia tienen su centro en el
señorío de Cristo sobre ella y en los recursos que a través
del Espíritu, él le provee para el cumplimiento de su tarea
en el mundo.
Ray C. Stedman: “La iglesia es, en primer término y
fundamentalmente, un cuerpo diseñado para expresar por
medio de cada miembro individual la vida del Señor,
dueño de la misma, y está equipada por el Espíritu Santo
con unos dones diseñados para expresar esa vida.”5
Jorge Hilgeman: “No podemos entender el propósito del
don sin antes entender lo que es el cuerpo de Cristo, la
iglesia. ... Cristo es la cabeza, y nosotros somos los
miembros. Bajo la dirección de nuestra cabeza, cada
miembro tiene su propia función que es distinta de la
función del otro miembro. ... Por eso vemos el propósito
de los dones.”14

NO PODEMOS VER LA MANIFESTACION DESARROLLO Y


CECIMIENTO DE LOS DONES SIN ANTES ENTEDER LO QU
ES EL CUERPO DE CRISTO, LA IGLESIA . YA QUE CRISTO ES
LA CABEZA Y NOSOTROS SOMOS SUS MIEMBROS

Los dones son dados para ser usados en el cuerpo


Tercero, los dones del Espíritu Santo son dados para ser
usados en el cuerpo.
Cada manifestación del Espíritu Santo, cualquiera que
sea, es para el bien común. Pablo declara que los dones
son dados “para el bien de los demás” (1 Co. 12.7).
Cuando el Espíritu Santo se manifiesta dando un don a
alguien o asignándole un ministerio, no es para el
beneficio privado o particular de esa persona, sino para el
bien o provecho del cuerpo. Los dones y ministerios son
dados para el servicio a otros y para llenar sus
necesidades en conformidad con la voluntad del Señor.
Dado que los dones y ministerios son para el bien común,
su propósito es la edificación de la comunidad. Pablo
insiste sobre este objetivo de los dones
(1 Co. 14.12, 26). Cualquiera sea la manifestación del
Espíritu Santo, su único propósito es levantar y fortalecer
la iglesia de Cristo. En consecuencia, cualquier ejercicio
de los dones y ministerios espirituales que no resulte en
la edificación del cuerpo es inadecuado y está fuera de
lugar. Una prueba para la validez del ejercicio de
cualquier don y ministerio es el beneficio que el mismo
trae para la edificación de la comunidad de creyentes.
Patricio Carter: “De modo que, el propósito de Dios es
construir a todos nosotros, por medio de los dones del
Espíritu, en el cuerpo perfecto de Cristo. Desde luego, la
cabeza de este cuerpo ya es perfecta, pero ¿qué del
cuerpo? Si al cuerpo le falta un dedo, un pie, una mano,
no es perfecto (completo). Y así resulta con tantas
iglesias: cuerpos que andan cojeando, porque sus
miembros no utilizan los dones que Dios les dio.”15

Los dones son dados a cada miembro del cuerpo


Cuarto, los dones del Espíritu Santo son dados a cada
miembro del cuerpo.
En relación con el ministerio común en el cuerpo de
Cristo, cada persona tiene un rol distintivo que cumplir.
Pablo señala que “a cada uno” le es dada la
manifestación del Espíritu (1 Co. 12.7). El bien común es
la orientación de los dones y ministerios del Espíritu
Santo, y con ese fin, cada persona en la comunidad está
comprometida. En consecuencia, en una comunidad
dotada espiritualmente, no debemos esperar que una sola
persona o unos pocos sean los que ministren. Más bien,
debemos mirar al Señor, y esperar que sea él quien
ministre por su Espíritu
Santo a través de quienes él desee utilizar, y para el bien
de todos.
Billy Graham: “Al igual que el cuerpo humano, el cuerpo
de Cristo es un organismo completo, hecho por Dios. Pero
cada miembro del cuerpo es único en su género. Jamás
podrá haber otro ‘tú’ u otro ‘yo’. En cierta medida, los
dones son únicos y singulares. Con frecuencia Dios otorga
similares dones a diferentes personas, pero hay una
unicidad respecto a
esto que hace que cada uno de nosotros seamos distintos
de toda otra persona que jamás existió en la tierra. Y si
uno solo de nosotros falta, el cuerpo es incompleto,
carente de una parte.”16
Esto demanda un alto grado de responsabilidad personal
Harold Horton: “Claramente la intención de Dios es que
su pueblo fuese (1) iluminado en lo concerniente a los
milagrosos dones del Espíritu. La ignorancia de la
cristiandad en lo concerniente a estos benditos agentes
de bendición de Cristo es nada menos que aterradora. ...
No es el deseo de Dios que exista tal ignorancia en su
pueblo. ... Es perfectamente escritural
no ocultar estos dones del ansioso escrutinio de los
hambrientos inquisidores, sino presentarlos a la plena luz
y examinarlos en la Palabra mediante la poderosa lente
del Espíritu, su Autor.”19

Es por esto que, a través del Espíritu Santo, Cristo da a


cada uno y a todos los creyentes las herramientas (dones)
necesarias para el cumplimiento de tales ministerios,
según su propósito y esignio. Debe notarse aquí que el
Nuevo Testamento no habla de los diferentes servicios
que puede prestar un “ministro”, sino de diferentes dones
y ministerios que son ejercitados y ejecutados por
diferentes hombres y mujeres, con el ideal puesto delante
de ellos de trabajar juntos en unidad y por el bien de toda
la comunidad de fe. De esta manera, la iglesia de
Jesucristo se
caracteriza por dejar de lado toda forma de
profesionalismo ministerial o de sacerdotalismo de tipo
veterotestamentario, porque todos los creyentes son
ministros y sacerdotes (1 P. 2.9). Tampoco hay lugar para
una suerte de teocracia en la que un individuo se levante
como rey o cacique de la tribu, porque todos los
creyentes “reinarán en vida por medio de … Jesucristo”
(Ro. 5.17).

Dones y ministerios
El ideal del apóstol Pablo para la iglesia, según lo refleja
en Efesios 4.1-17, es el de unidad en la diversidad,
fortaleza a través de la madurez y crecimiento hacia la
perfección. Esta unidad es esencial. Se trata de un solo
cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo
Señor, una sola fe, un solo bautismo y un
solo Padre (Ef. 4.5, 6). Esto impulsa a Pablo a demandar
un celo evangélico por mantener esta unidad recibida en
el vínculo de la paz (Ef. 4.3). Y es en el contexto de estas
reflexiones que el apóstol plantea la diversidad de los
dones ministeriales
(domata), que nos han sido dados en la medida en que
Cristo los ha repartido [doreai] (Ef. 4.7).

El reino de Dios y la misión de la iglesia se juntan cuando


estos dones y ministerios se concretan. Cuando la iglesia
cumple con su misión en el mundo en función del reino y
por el reino de Dios, siguen inmediatamente las “señales
del reino”. Estos dones y ministerios están
interrelacionados, de tal suerte que no es
posible trabajar para que las personas se reconcilien con
Dios a través del evangelio sin reconocer la necesidad de
trabajar para que los creyentes se reconcilien unos con
otros (2 Co. 5.18-21). Además, cuando cada miembro del
cuerpo opera
“sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la
actividad propia de cada miembro” (dones y ministerios),
el resultado es doble: crecimiento del cuerpo y edificación
espiritual “en amor” (Ef. 4.16). Es interesante notar aquí
que en la
frase de Pablo “para edificar el cuerpo de Cristo” (Ef.
4.12) se emplea la misma palabra (oikodomeo) que se
encuentra en la afirmación de Jesús: “edificaré mi iglesia”
(Mt. 16.18).

2) DEFINICION DE DON
Una de las definiciones que considero más adecuadas es
la que presenta David Pytches, cuando escribe: “Los
dones espirituales son la expresión de la gracia de Dios
obrando primordialmente en la iglesia, y son
manifestaciones sobrenaturales del poder de Dios, que él
dispensa para el bien común.”27 De utilidad es la
definición dada por C. Peter Wagner, el conocido
misiólogo: “Un don espiritual es un atributo especial dado
por el Espíritu Santo a cada miembro del Cuerpo de
Cristo, según la gracia de Dios, para ser usado dentro del
contexto del Cuerpo.”28
El gran evangelista Billy Graham aclara lo siguiente:
“Definida con precisión, [la palabra carísmata] significa
‘manifestaciones de gracia,’ y se la traduce ‘dones.’ Se
utilizó esta palabra para denotar los diversos dones
espirituales otorgados a distintas personas para beneficio
de la iglesia.”
Podría continuar citando a otros autores cristianos, pero
con las referencias hechas es suficiente para notar las
coincidencias fundamentales en la comprensión de los
carismas que el Señor da a la iglesia a través de su
Espíritu. Nótese el énfasis sobre el carácter instrumental
de los dones en casi todas estas definiciones.
Billy Graham: “Un don también puede tomar el nombre
de ‘herramienta o instrumento a ser utilizado más que
una joya o una pieza decorativa o una caja de bombones
para un gozo personal. Podemos pensar en las diversas
herramientas que usa un carpintero o el instrumental de
un cirujano.
Estas herramientas han sido dadas a diversas personas
para ser
usadas en el funcionamiento del cuerpo de Cristo.”30

LA SINGULARIDAD DE LOS DONES


En 1 Corintios 14.1, Pablo lanza una amonestación
sumamente fuerte: “Empéñense en seguir el amor y
ambicionen los dones espirituales.” Sabemos bastante
acerca del amor cristiano del que habla el apóstol en este
texto. Pero, ¿qué son estos dones espirituales que con
tanto empeño debemos procurar? Como vimos, en un
sentido estricto, los dones del Espíritu Santo son aquellos
dones gratuitos y no merecidos, que el Espíritu distribuye
abundantemente entre los creyentes en la
iglesia, para que éstos puedan cumplir la misión de
encarnación y servicio en el mundo, que el Señor les ha
encomendado.
Los dones del Espíritu Santo provienen de Dios y deben
ser utilizados en su servicio y para su gloria. El error de
muchos en estos días es pensar que estos
dones son para el lucimiento personal, para poder atraer
la atención de los demás,
o para lograr experiencias o cosas que no pueden
obtenerse por otras vías. Los
dones espirituales vienen de Dios y son para él.
Preguntarnos qué son los dones
espirituales nos ayudará a comprender mejor la bendición
que el Señor ha puesto
en nosotros por la operación de su Espíritu Santo.
Entender estos dones como un
regalo de la gracia de Dios, que nos viene con la salvación
y el nuevo nacimiento,
nos motivará a descubrir cuál o cuáles son los dones que
él nos ha dado para servirle.
Al descubrir estos dones y ponerlos en práctica, podremos
obtener una efectividad
y satisfacción en el servicio hasta ahora desconocidas.
Hay dos cosas para
nuestra consideración.

Los dones no son ministerios. Los ministerios son las


esferas o áreas de servicio en que se ejercen los dones. El
ministerio no es un don, sino una vía para el ejercicio de
un don y el contexto de servicio en el que éste se
expresa. Aunque
el don del cristiano sea siempre el mismo, sus ministerios
pueden cambiar. Quien tiene el don profético puede
profetizar en diferentes lugares, pero generalmente el
ministerio profético se lleva a cabo en una localidad, es
decir, en una iglesia local.
Por otro lado, los talentos (como música, literatura, hablar
otros idiomas) pueden
ser considerados ministerios por los cuales se ejercen los
dones. Estos talentos ministeriales son también muy
necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo de
Cristo y el cumplimiento de su misión. En 1 Corintios 12.4-
6, Pablo distingue
y relaciona los “dones” (carísmata) con los “ministerios”
(diakoníai) y las “operaciones”
(energémata). En la iglesia todo lo que somos y tenemos
es útil para la
misión cristiana en el mundo.

Leslie B. Flynn: “En resumen, los dones son facultades


otorgadas por el
Espíritu para el servicio cristiano. No hay un don, sino
muchos. Debido
a su fuente sobrenatural, naturaleza, y propósito, los
dones deben distinguirse
de los talentos naturales. Es también necesario
distinguirlos de los
oficios y de los ministerios. Difieren del fruto del Espíritu y
están por
debajo de ellos en importancia.”35

Lo que los dones SÍ son


Los dones del Espíritu Santo son facultades otorgadas por
Dios al ser humano
creyente para el servicio cristiano. Esto levanta dos
preguntas fundamentales,
que haremos bien en intentar responder.
¿Quién da los dones? La primera pregunta es, ¿quién
da los dones? La primera
respuesta a esta pregunta es que quien da los dones es
Dios el Padre. En 1
Corintios 7.7, el apóstol Pablo señala: “cada uno tiene de
Dios su propio don: éste
posee uno; aquél, otro”. Pero el Nuevo Testamento nos
indica también que los dones son dados por Dios el Hijo.
Otra vez, es Pablo quien dice: “a cada uno de nosotros se
nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha
repartido los dones”
(Ef. 4.7; ver vv. 8-12). Finalmente, Dios el Espíritu Santo
aparece mencionado como quien da los dones, y
nuevamente es Pablo quien lo afirma cuando dice:
“todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien
reparte a cada uno según él lo determina” (1 Co. 12.11).
Bert Dominy: “[En 1 Corintios 12.4-6] la diversidad de
los dones es contrastada con su única fuente. Pablo
atribuye los carísmata al Espíritu,
los diakoníai al Señor, y los energémata a Dios. Sin
embargo, el hecho
de que él pueda atribuir todos estos dones al Espíritu
(12.11) o a Dios
(12.28), muestra que el patrón trinitario es una manera
de enfatizar el origen divino de los dones.”37
¿Quién recibe los dones? La segunda pregunta es,
¿quién recibe los dones? La respuesta a esta pregunta es
triple. Por un lado, recibe los dones todo creyente que ha
nacido de nuevo por la obra regeneradora del Espíritu
Santo. Por otro lado,
recibe los dones todo creyente que los necesita para
cumplir con su servicio al Señor. Y, finalmente, recibe los
dones todo creyente piadoso y maduro que lo desee (1
Co. 14.1).
Como puede verse en el cuadro que sigue y a la luz de lo
que hasta aquí hemos comentado, en relación con lo que
los dones son en términos de quién los da y quién los
recibe, nos encontramos con una doble trilogía. Por un
lado, está la
trilogía de la trinidad de Dios Padre, Dios Hijo y Dios
Espíritu Santo, que se presentan
en el Nuevo Testamento como los que otorgan los dones.
Por el otro lado, está la trilogía humana del creyente
piadoso y siervo, que recibe los dones para ser y hacer
como hijo de Dios.

DOBLE TRILOGÍA
PADRE HIJO
ESPIRITU SANTO

Esto significa que los dones no son para beneficio


personal
Los dones son dados para la edificación y el
servicio. Esta es la razón por la que los dones se
complementan entre sí, así como ocurre con los
diversos miembros del cuerpo humano. Se necesita
de cada miembro del cuerpo para que el todo
funcione adecuadamente. Cada parte se beneficia
con los dones de las demás (Ro.1.11, 12). Del
mismo modo, debemos poner nuestros dones a
disposición de los demás. Es precisamente en esto
que encontramos una piedra de toque para
discernir la autenticidad de un don espiritual. El
don es auténtico si se expresa para beneficio de
otros y no para la promoción personal.
Además, los dones son dados para el bien común,
no para la gloria individual.
El provecho que su ejercicio provoca es colectivo y
no individual (1 Co.12.7). Las capacidades
espirituales son para el beneficio de los demás.
Todas ellas, en su rica variedad de manifestaciones
y propósito, provienen del Dios de
gracia que siempre está dispuesto a dar.
Michael Green: “Ciertamente, hay entonces una
variedad de dones, pero es el mismo Espíritu quien
los distribuye. Ciertamente hay una variedad de
maneras para servir al Señor, pero es al mismo
Señor a quien todos
estamos sirviendo. Ciertamente hay variedad en la
manera en que el Padre se muestra activo en
nosotros, pero toda capacidad así como también la
fuerza necesaria para hacer buen uso de la misma,
solamente a él
le pertenecen. De tal modo no hay lugar ni para la
jactancia ni para los
celos. Estos dones no tienen una necesaria
vinculación ni con la santidad
de vida ni con el poder para el servicio: se trata de
dones del Espíritu, no
de bendiciones del carácter. El propósito de las
mismas es edificar a toda la comunidad cristiana
sirviendo al Señor de todos.
Los dones son dados para la edificación del cuerpo
de Cristo. En Efesios 4.12, Pablo indica que los
dones tienen el propósito de preparar a los santos
para la tarea de ministrar con el fin de edificar el
cuerpo de Cristo. Los dones preparan
a los siervos a fin de que ellos puedan hacer la obra
del Señor, lo que dará como
resultado la madurez de la iglesia. Nos necesitamos
unos a otros para que el cuerpo
crezca de manera saludable.
De modo que, los dones no son cualidades
personales o propias. No hay lugar para la
jactancia, porque el énfasis en cuanto a los dones
del Espíritu no está
sobre el hecho de que yo los poseo, sino sobre otras dos
cosas que me excluyen.
Primero, esos dones me son dados por el Espíritu; y,
segundo, esos dones se relacionan
a propósitos que yo no puedo controlar, los propósitos del
reino de Dios.
El Espíritu que me capacita es uno y soberano. Pero los
dones que él otorga son
muchos y diversos. Descubrirlos, desarrollarlos y
ejercerlos en mi lugar de servicio
como miembro del cuerpo de Cristo, es mi
responsabilidad. Debo hacerlo no
para mi gloria, beneficio o satisfacción personal, sino para
el bien de otros y para
la gloria de aquel que me salvó.

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