0% encontró este documento útil (0 votos)
68 vistas16 páginas

Doc

Kitty, una niña con superpoderes, juega con su gatito Mandarino y se prepara para una emocionante visita al museo para ver la estatua del Tigre Dorado. La estatua, cubierta de joyas y con una leyenda mágica, despierta su curiosidad y la de Mandarino, quien desea acompañarla. Kitty propone una aventura nocturna al museo, donde podrán explorar juntos antes de que abra al público.

Cargado por

Valeria Cortes
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
68 vistas16 páginas

Doc

Kitty, una niña con superpoderes, juega con su gatito Mandarino y se prepara para una emocionante visita al museo para ver la estatua del Tigre Dorado. La estatua, cubierta de joyas y con una leyenda mágica, despierta su curiosidad y la de Mandarino, quien desea acompañarla. Kitty propone una aventura nocturna al museo, donde podrán explorar juntos antes de que abra al público.

Cargado por

Valeria Cortes
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Kitty salva la noche Paula Harrison

1
Kitty salva la noche Paula Harrison

SÍGUENOS EN

@megustaleerebooks

@megustaleerkids

@megustaleerkids

@megustaleerkids

2
Kitty salva la noche Paula Harrison

3
Kitty salva la noche Paula Harrison

4
Kitty salva la noche Paula Harrison

5
Kitty salva la noche Paula Harrison

6
Kitty salva la noche Paula Harrison

Kitty llegó del sofá a la puerta de un salto.

—¡Alto ahí! —dijo mientras apuntaba con un dedo a

Mandarino—. ¡Esta vez no vas a salirte con la tuya!

Mandarino, un gatito anaranjado y regordete de bigotes

negros, consiguió escaparse.

—¡No me pillarás! —maulló, corriendo como un rayo al

cuarto de Kitty.

Ella lo persiguió, riendo. Mandarino subió a la cama de

un brinco y se puso panza arriba para que Kitty pudiera ha-

cerle cosquillas en su tripita peluda.

7
Kitty salva la noche Paula Harrison

La madre de Kitty entró en la habitación.

—¿Qué estáis tramando? Se oyen muchas risitas.

—¡Estamos jugando a pillar al malo! —le dijo Kitty—. Es

un juego nuevo que me he inventado. Me ayuda a mejorar

mis superpoderes para cuando los necesite.

—¡Ya veo! —La madre de Kitty le alisó la melena negra—.

Me parece bien que practiques, pero se está haciendo tar-

de. Es hora de empezar a pensar en irse a dor mir.

Kitty se metió bajo la manta.

—Tengo bastante sueño.

—¡No me extraña!

La madre de Kitty sonrió mientras la acostaba.

8
Kitty salva la noche Paula Harrison

Kitty le devolvió la sonrisa. Sabía que su madre compren-

día que era muy importante que entrenara sus poderes. La

familia de Kitty tenía un secreto muy especial. Su madre era

una superheroína de verdad y salía de noche a ayudar a la

gente con sus habilidades felinas.

Kitty y su her manito, Max, tenían los mismos superpode-

res que ella.

Kitty veía en la oscuridad y captaba ruidos a gran distan-

cia. También tenía un equilibrio perfecto y daba unas volte-

retas increíbles. ¡Pero lo mejor de todo era que podía ha-

blar con los animales!

Kitty había vivido su primera aventura noctur na hacía

unas semanas. Y había conocido a Mandarino, que no tenía

amigos ni un hogar donde vivir.

Kitty estaba contentísima de que aquel gatito anaranjado

se hubiera ido a vivir a su casa. Ahora era uno más de la fa-

milia y dor mía todas las noches en la cama con ella.

—Recuerda que mañana es un día muy importante —dijo

su madre mientras colocaba su ropa—. Vamos a ir al museo

de Hallam a ver la última exposición. Allí está la estatua del

Tigre Dorado, además de muchos otros tesoros de la anti-

güedad.

Kitty se incorporó otra vez en la cama.

—¿Es verdad que el Tigre Dorado está cubierto de dia-

mantes?

9
Kitty salva la noche Paula Harrison

—¡Así es! Y tiene dos esmeraldas enor mes en los ojos —

le contó su madre.

—¡Qué ganas de verlo! —dijo Kitty.

—Me alegro de que estés tan emocionada. Que duer mas

bien, cariño.

Kitty encendió la lamparita de noche y se acurrucó bajo

el edredón. Tenía muchas ganas de que llegara el día si-

guiente. Seguro que los nuevos tesoros del museo eran in-

creíbles. Al estar decorada con tantas joyas, la estatua del

Tigre Dorado debía de ser valiosísima. ¡Kitty estaba de-

seando verlas brillar!

Mandarino recorrió la cama despacito hacia ella. Sus ojos

azules resplandecían a la luz de la lamparita y su suave pe-

laje acariciaba el brazo de Kitty. La niña suspiró y cerró los

ojos. En su mente flotaron imágenes de un tesoro imagina-

rio.

Mandarino se revolvió.

—Kitty, ¿estás dor mida? —susurró.

Kitty abrió los ojos de par en par.

—No, qué va. ¿Qué pasa, Mandarino?

Al gatito se le arrugaron los bigotes.

—¿Cómo es la estatua del Tigre Dorado? ¿Es gigante?

10
Kitty salva la noche Paula Harrison

—En las fotos parece pequeña. Probablemente no sea

más grande que tú —sonrió Kitty.

—Entonces ¿por qué es tan especial? —preguntó Man-

darino.

—Mi madre dice que llevaba miles de años enterrada en

una tumba muy antigua cuando los arqueólogos la encon-

traron. Está pintada con oro y decorada con diamantes, y

los ojos del tigre son dos esmeraldas relucientes.

—Pues debe de valer un montón. —Mandarino se acu-

rrucó contra el hombro de Kitty.

—¡Tiene un valor incalculable! —le dijo Kitty—. Y puede

que también sea mágica. La leyenda cuenta que el Tigre

11
Kitty salva la noche Paula Harrison

Dorado conoce tus deseos más profundos y que, si le tocas

la pata, te los concederá.

—¡Qué misterioso!

Mandarino abrió sus ojos azules de par en par.

—Todo esto me lo ha contado mi padre —continuó Kitty

—. Mucha gente ha tenido buena suerte después de ver la

estatua, pero también hay una maldición. Si alguien malo

hace algo terrible y la enfada, la estatua puede invocar a

espíritus fantasmales para buscar venganza.

Mandarino se estremeció.

—Oh, oh. ¡Qué miedo!

—Mañana espero poder acercar me lo suficiente para ver-

la bien. Es el primer día que abren la exposición, así que el

museo estará bastante lleno.

—¡Ojalá pudiera acompañarte! —dijo Mandarino—. ¿De-

jan entrar a gatos?

La niña negó con la cabeza.

—Creo que no. ¡La verdad es que no es justo! —Kitty se

calló un momento. Luego se incorporó tan de repente en la

cama que casi tira al suelo a Mandarino—. ¡Tengo una idea

buenísima! Si vamos al museo esta noche, podrás ver la ex-

12
Kitty salva la noche Paula Harrison

posición y estará vacío. ¡Lo tendremos enterito para noso-

tros!

Mandarino arrugó la nariz.

—Pero ¿el museo da miedo?

—Hay un montón de cosas interesantes. Podemos verlas

juntos. —Kitty le hizo cosquillas bajo la barbilla. Sabía que

las cosas y lugares nuevos le ponían nervioso. Al fin y al ca-

bo, no era más que un cachorro y, antes de conocer a Kitty,

siempre había estado solo—. ¿No crees que sería divertido

vivir una nueva aventura?

Mandarino asintió despacio.

—Me gusta cómo suena lo de la estatua con los diaman-

tes y las esmeraldas. Las joyas brillan un montón, ¿verdad?

Kitty apartó el edredón y salió de la cama de un salto.

13
Kitty salva la noche Paula Harrison

—¡Deberíamos ir ahora mismo! El museo está a diez mi-

nutos y puedo usar mis superpoderes para llegar por los te-

jados.

Mandarino saltó al asiento que había junto a la ventana y

apartó la cortina con el hocico.

La luna creciente relucía, y una luz plateada en-

tró en la habitación. Kitty notaba la emoción burbujeando

en su interior como un vaso de refresco. Miró los tejados de

las casas, dispuestos en largas hileras. Pudo ver un camino

entre las chimeneas.

14
FIN DEL FRAGMENTO

Sigue leyendo, no te quedes con las ganas


Adquiere este eBook

Dando Click Aqui

También podría gustarte