EL EXPANSIONISMO JAPONÉS 1931-1941
Causas de la expansión
• Impacto del nacionalismo y el militarismo japonés en la política exterior
• Cuestiones nacionales en Japón: cuestiones políticas y económicas y su
impacto en las relaciones exteriores
• Inestabilidad política en China
Acontecimientos
• Invasión japonesa de Manchuria y el norte de China (1931)
• Guerra chino-japonesa (1937–1941)
• Pacto Tripartito/Pacto del Eje; estallido de la guerra; Pearl Harbor (1941)
Reacciones
• Sociedad de las Naciones e Informe Lytton
• Procesos políticos en China, Segundo Frente Unido
• Reacciones internacionales, incluidas las iniciativas estadounidenses y el
aumento de las tensiones entre Estados Unidos y Japón
GUERRA CHINO-JAPONESA
ARTEHISTORIA. Virginia Tobar Martín
"La Segunda Guerra Mundial -escribe Raymond Cartier- comenzó el 7 de julio de
1937". Un intercambio de disparos entre tropas chinas y japonesas propició uno
de los conflictos más sangrientos del período de entreguerras, que terminó
alineando a sus protagonistas en los dos grandes bloques mundiales de la guerra
de 1939-45.
El conflicto chino-japonés posee una triple vertiente que lo hace sumamente
complejo. De un lado, el ya tradicional enfrentamiento entre los dos países
asiáticos, prácticamente ininterrumpido -salvo una corta tregua- entre 1931 y
1945. De otro, la prolongada guerra civil china entre nacionalistas y comunistas,
suspendida de modo harto precario tras el acuerdo de Sian y reanudada apenas
terminaron las hostilidades con Japón. Y, finalmente, la inclusión de la guerra
chino-japonesa en el marco general de la guerra del Pacífico.
China era la vía más adecuada para el expansionismo nipón. Sus riquezas
naturales, su potencial humano y económico y el atraso y la debilidad de sus
estructuras estatales, constituían irresistibles tentaciones para una potencia
industrial como Japón, lanzada precozmente a la búsqueda de mercados
neocoloniales y de bases militares.
Coincidiendo con la grave crisis económica de los primeros años treinta y con el
colapso de la democracia liberal, los círculos del triunfante militarismo
japonés desarrollaron una doctrina que, basándose en el memorial Tanaka y en
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otros textos imperialistas, justificaba en razón del interés nacional la conversión
del norte de China en un protectorado nipón.
A las razones económicas se añadían consideraciones de otra índole: la
búsqueda de territorios de colonización más allá de Corea y la conveniencia de
establecer una posición avanzada como cuña entre dos peligrosos rivales de
Japón, la China de Chiang Kai-chek y la Rusia de Stalin.
La situación interna de China a comienzos de los años treinta favorecía los
propósitos de los expansionistas japoneses. Ciertamente, Chiang Kai-chek había
proclamado la reunificación del país tras su expedición al norte y la toma de
Pekín, en junio de 1928. Pero su Gobierno, establecido en Nankín, sólo
controlaba de un modo efectivo las provincias costeras del centro y del norte y
parte de los cursos del Hoang-ho y del Yangtsé.
Su poder era combatido por los comunistas desde sus numerosos reductos
campesinos; por los señores de la guerra, que dominaban en el sur y en las
regiones del interior, e incluso por el ala izquierda de su propio partido, el
Kuomintang, disconforme con el autoritarismo y la política anticomunista del
general.
China era rica en recursos, pero los tenía poco y mal explotados. Su potencial
industrial estaba en manos extranjeras, principalmente japonesas.
Las principales vías férreas y la mayor parte de la industria siderúrgica se
concentraban en la vulnerable Manchuria. Los grandes puertos -Shanghai,
Cantón, Tientsin- absorbían la mano de obra industrial, mientras la inmensa
mayoría de la población era una masa campesina, pobre e inculta, a la que sólo la
actividad de los comunistas parecía capaz de dotar de una conciencia social y
política.
En el verano de 1931, los agentes japoneses comenzaron a moverse en
Manchuria y Mongolia interior. Había llegado el momento de cobrar la presa
mientras el Ejército nacionalista se hallaba enredado en las costosas e inútiles
campañas de exterminio contra los comunistas.
La ejecución por los chinos del mayor Nakamura cuando efectuaba tareas de
espionaje en Mongolia y un oscuro incidente en las vías del ferrocarril
transmanchuriano en Mukden dieron a los nipones el esperado casus belli.
Con precisión matemática, sus tropas ocuparon Changchun, Kirin, Liaoyang y
otras ciudades manchúes. El gobernador militar de la región, Chang Hsue-liang -
hijo de Chang Tso-lin recibió órdenes de Nankín para retirarse hacia China del
norte sin oponer gran resistencia.
Manchuria cayó en manos de Japón como una fruta madura largo tiempo
codiciada. Sobre su suelo surgió un Estado títere, Manchukuo, y a su frente se
colocó al último emperador de la vieja China, Pu-yi.
La posesión de Manchuria no aplacó la sed de tierras de los conquistadores.
Como los chinos boicotearan los productos japoneses, las tropas niponas
desembarcaron en Shanghai a finales de enero de 1932 y forzaron un acuerdo
humillante para el Gobierno de Nankín.
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Un año después caía en su poder la estratégica provincia de Jehol, que fue
incorporada al Manchukuo. A continuación, los japoneses atravesaron la Gran
Muralla y penetraron en Hopeh, la región que tenía por capital a Pekín.
Pero no tardaron en replegarse. El Gobierno de Tokio no deseaba una guerra
abierta con China. El 31 de mayo de 1933 se firmó la tregua de Tungku, que fijaba
las posiciones de ambos bandos y establecía un territorio desmilitarizado al norte
de Pekín.
Durante estos años de humillación nacional, el Kuomintang se reveló incapaz de
capitalizar la reacción popular contra el invasor. Pese a que hechos como la
desesperada defensa de Shanghai, en 1932, o el renacer del movimiento
estudiantil antijaponés demostraban la existencia de un espíritu de lucha en el
pueblo chino. Chiang prefería ganar tiempo haciendo concesiones territoriales.
Su verdadero objetivo era la aniquilación de los comunistas, y a ello dedicaba los
principales recursos humanos y económicos de su régimen.
Esta política servía a los intereses de los comunistas. En febrero de 1932, el
Gobierno soviético de Kiangsi declaró la guerra al Japón y propuso poner fin a la
guerra civil y concluir una alianza antijaponesa entre todas las fuerzas
nacionales.
Tales objetivos parecían utópicos en aquellas circunstancias. La tregua de 1933
permitió a Chiang volcar sus fuerzas contra los comunistas, que se vieron
obligados a emprender la Larga Marcha y a refugiarse en Yenan. Pero no había
de pasar mucho tiempo para que se comprobase que la política de los dirigentes
comunistas no sólo era acertada, sino la única posible para el país.
El principio estratégico de Chiang Kaichek, "primero la represión, después la
resistencia", se fue tornando cada vez más indefendible. Los japoneses buscaban
reforzar su posición en China sin provocar una guerra abierta. La Mongolia
interior, enorme región semidesértica y gobernada por una aristocracia nómada,
se mostraba reacia a aceptar la autoridad de Nankín y los japoneses fomentaban
el desarrollo del nacionalismo local.
Temerosos de perder aquella importante zona, los políticos del Kuomintang
tuvieron que hacer importantes concesiones. En abril de 1935 se formó un
Gobierno autónomo presidido por el príncipe Teh Wang que, teóricamente
sometido a la Administración china, actuaba en la práctica en favor de los
nipones.
También en Hopeh presionaban los invasores para estimular la secesión. Ante la
formación de un Gobierno pro-japonés en Pekín, Nankín cedió de nuevo.
Hopeh y Chahar, las dos provincias fronterizas con Manchukuo, se convirtieron en
regiones autónomas en noviembre de 1935, reservándose muy pocas
competencias el Gobierno central. Este hubo de aceptar un acuerdo aún más
humillante. Se comprometió a reprimir cualquier manifestación anti-japonesa en el
interior de China.
En los círculos nacionalistas del Ejército y de la burguesía cundía la indignación.
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A finales de 1933, el XIX Ejército, que había combatido a los japoneses en
Shanghai, se levantó en Fukien en nombre de la resistencia contra Japón y tardó
varios meses en ser reducido por tropas leales a Chiang.
En los medios culturales eran la intelectualidad de izquierdas, encabezada por Lu
Hsun, y los universitarios quienes desarrollaban la protesta, no sólo contra la
inoperancia gubernamental, sino contra la prosecución de la guerra civil. El
movimiento del 9 de diciembre de 1935, que se inició con una gigantesca
manifestación de estudiantes pekineses, exigía medidas concretas contra el
invasor y las libertades civiles y políticas.
No es extraño que este clima de protesta, que iba alcanzando incluso a sectores
del ala oficialista del Kuomintang, fuera aprovechado por los comunistas de
Shensi. El 25 de diciembre de 1935, durante una reunión del Comité Central del
PCCh en Wayaopao, Mao Tsé-tung planteó las tesis del frente nacional
antijaponés e hizo un llamamiento a la burguesía nacional para que se uniera a la
defensa de la patria.
El informe -que hasta cierto punto puede asimilarse al frentepopulismo coetáneo-
ofrecía una disminución de la conflictividad social en aras de la salvación
nacional.
A estas propuestas políticas acompañaba una actividad bélica de cierta
consideración. A lo largo de los años 1935 y 1936, pese a la presión de las tropas
nacionalistas, el Ejército Rojo se consolidó y alcanzó un alto grado de eficacia.
A finales de ese período contaba con unos 90.000 hombres, dirigidos por Chu The
y encuadrados por oficiales salidos de la Academia de Yenan.
Desde principios de 1936, los comunistas lanzaron ofensivas contra las tropas
niponas a través de Shansi. Pese a su corto alcance, estas operaciones suponían
un gran éxito propagandístico.
Temeroso de las represalias japonesas, Chiang Kai-chek decidió lanzar una
nueva campaña de exterminio. Para ello encargó al ejército manchú de Chang
Hsue-liâng, establecido en Shensi desde 1933, que atacara la base de Yenan.
Pero las tropas manchúes tenían la moral muy minada por la inactividad y el
alejamiento de sus hogares y eran muy receptivos a la propaganda comunista. Su
general no perdonaba a Chiang Kai-chek la retirada de 1932 y anhelaba guerrear
con los japoneses.
El 7 de diciembre de 1936, el generalísimo realizó una visita de inspección al
frente. En Sian se entrevistó con Chiang Hsueling y con Yang Hu-cheng, señor de
la guerra de Shensi.
Ambos se negaron a emprender una nueva campaña y urgieron a su superior
para que llegase a un acuerdo antijaponés con los comunistas y con la URSS.
Como Chiang rechazara sus peticiones, le detuvieron.
No hay pruebas de que los dos generales actuaran de acuerdo con los rojos, pero
desde luego trabajaban en la misma línea.
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El 13 de diciembre, un avión enviado desde Sian recogió a Chou En-lai y a otros
dos dirigentes comunistas y los condujo hasta la prisión de Chiang Kai-chek.
Chiang terminó cediendo y aprobó la unificación de los ejércitos chinos y la
formación del frente nacional antijaponés. A cambio, sus mortales adversarios
pidieron su liberación y le reconocieron como jefe del Gobierno chino.
A su vuelta a Nankín, Chiang se atuvo en líneas generales a lo convenido. El
Comité Central del Kuomintang aprobó una resolución reconociendo que la
"reconquista de las provincias perdidas debía ser la primera tarea de China".
A mediados de marzo comenzaron las negociaciones entre ambos partidos. En
mayo se llegó a un acuerdo: el territorio en poder de los comunistas -que habían
ocupado entretanto el norte de Shensi- se convertiría en región fronteriza especial
y el Ejército Rojo pasaría a ser el VIII Ejército chino. Los presos comunistas serían
liberados.
Por su parte, el Partido Comunista cesaría en sus ataques al Kuomintang y
suspendería la confiscación de tierras en los territorios que ocupase. De la derrota
y la amenaza de exterminio, los comunistas pasaban a la alianza con el
Kuomintang y se convertían ante las masas en abanderados de la causa
nacional.
Las noticias sobre los acontecimientos de China provocaron la alarma en Tokio.
El Gobierno Konoye tenía motivos para sospechar la inminencia de una alianza
entre China y la URSS -que en agosto de ese año firmaron un pacto de no
agresión- y decidió actuar antes de que Chiang tomase la iniciativa.
En la noche del 7 de julio de 1937 se produjo un tiroteo entre una pequeña
columna japonesa que buscaba a un desertor y la guarnición china de Wanping,
al suroeste de Pekín. Era el incidente que esperaba el ministro de la Guerra
japonés, Sugiyama, que ordenó el envío de un poderoso ejército al norte de
Hopeh.
A finales de julio, el general Kawabé disponía de 160.000 hombres entre Pekín y
Tientsin. Por su parte, Chiang se apresuró a enviar cuatro divisiones al norte a la
vez que se negaba a aceptar el ultimátum japonés.
Fracasadas las inútiles conversaciones, el Ejército nipón se puso en marcha y,
tras un bombardeo aéreo, entró en Pekín el 8 de agosto. Sus defensores la
habían abandonado poco antes.
El avance japonés en China del norte fue fulgurante. El entrenamiento de las
tropas, la calidad del armamento y los bombardeos masivos contra las
poblaciones garantizaban a su Ejército el mantenimiento de la iniciativa.
La ofensiva tomó tres direcciones que seguían el trazado de otros tantos
ferrocarriles estratégicos. Una columna penetró en la Mongolia interior tras forzar
las defensas de Nankou. A finales de agosto cayó Kalgan en su poder y poco
después Tatung, en el norte de Shansi.
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Al sur de esta ciudad, en las proximidades de la Gran Muralla, había tomado
posiciones el VIII Ejército. El terreno, muy montañoso, brindaba magníficas
defensas a las tropas comunistas.
El 25 de septiembre, una de sus divisiones, mandada por Lin Piao, se apuntó la
primera victoria china en el paso de Pinghsingkuan. El moderno material que cayó
en sus manos permitió reforzar notablemente la capacidad ofensiva de los rojos.
Pero era un triunfo aislado. Desde el norte y el este los japoneses confluían sobre
Taiyuan, capital de Shansi, cuyo cerco se cerró el 2 de noviembre.
Su caída, producida pocos días después, permitió a los invasores seguir el curso
del río Fen y, tras ocupar Fenyang, alcanzar el Hoang-ho en Puchou.
En el Hopeh central, otra columna evolucionaba siguiendo el ferrocarril Pekín-
Hankou. Su avance fue también muy rápido: el 25 de septiembre cayó en su
poder Paoting y a mediados de diciembre se encontraban a orillas del Hoang-ho,
frente a Kaifeng.
Finalmente, una tercera agrupación, salida de Tientsin, ocupó a últimos de
diciembre la mitad norte de Shantung, incluidas las importantes ciudades de
Tsinan y Tsingtao, sin que las tropas del Kuomintang opusieran otra resistencia
que la destrucción de las principales poblaciones.
Cinco meses escasos de campaña habían dado a Japón el control de China del
norte. Sólo la región fronteriza especial de Shensi, Kansu y Ningsia, y algunas
zonas de Shansi, defendidas por los comunistas, escapaban a la ocupación.
En China central otro incidente -la muerte de dos marinos japoneses a manos de
un centinela chino- sirvió para justificar el desembarco de infantes de marina en
Shanghai, el 11 de agosto. Los chinos acumularon grandes efectivos en la zona y
la batalla por la ciudad, muy encarnizada, se prolongó por espacio de tres meses.
Sólo un nuevo desembarco japonés en Hanchou, el 5 de noviembre, forzó a los
defensores a retirarse para evitar ser cercados. Tras la toma de Shanghai, los
japoneses remontaron el Yangtsé hasta Nankín.
Pese a sus esfuerzos defensivos, Chiang hubo de abandonar su capital, que cayó
el 13 de diciembre, y refugiarse en Hankou. El saqueo y la matanza de civiles a
que se entregaron los conquistadores en Nankín despertó una ola de protestas en
todo el mundo.
A lo largo de 1938 prosiguió el incontenible avance japonés en China central. En
el mes de marzo, los chinos obtuvieron un importante éxito defensivo en las
proximidades de Suchou, que no impidió la continuación de la ofensiva enemiga
hacia Kaifeng.
Incapaces de vencer al enemigo en campo abierto, los generales nacionalistas
ordenaron la voladura de los diques del Hoangho. Esta estúpida medida no evitó
la caída de Suchou y de Kaifeng, pero causó la muerte a cientos de miles de
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campesinos y destruyó la riqueza agrícola de Anhwei y Kiangsu. A finales de año,
el frente se estabilizó en Honan.
A comienzos del verano, los japoneses reanudaron el ataque a lo largo del
Yangtsé, con la mirada puesta en Hankou, uno de los principales centros
industriales del país y nueva capital del Kuomintang. En pocas semanas los
atacantes superaron las sucesivas barreras defensivas establecidas por los
chinos.
Dos columnas que remontaban el río ocuparon Kieukiang el 23 de julio. Otra
columna atravesó por el norte los montes Tapiehsan y se situó a espaldas del
dispositivo enemigo.
El 21 de octubre se rindieron a los japoneses las importantes ciudades de Hankeu
y Wuhan. Chiang y su Gobierno escaparon de nuevo y se refugiaron en
Chungking, en la recóndita provincia de Szechuan, una ciudad de clima insano y
mal acondicionada para ser capital; pero era muy difícil que llegaran hasta allí los
japoneses.
Estos parecían a punto de alcanzar sus más ambiciosos objetivos. A la conquista
de Shanghai había seguido la ocupación de los enclaves costeros de Amoy y
Suatou. El 21 de octubre, coincidiendo con la caída de Hankeu, desembarcaron
en Kuangtung y tomaron su capital, Cantón, sin encontrar apenas resistencia.
A partir de ese momento, el avance nipón se ralentizó. La conquista de casi todas
las zonas de interés para Japón y los problemas que planteaba el alargamiento de
las vías de suministro en regiones que carecían de ferrocarril aconsejaban frenar
el ritmo de penetración en el país.
PACTO TRIPARTITO DE BERLÍN
La política de agresión que el Imperio japonés mantenía con respecto a todo el
área del Extremo Oriente desde los fines de la década de los años veinte había
ido radicalizándose a medida que el Gobierno de Tokio se aproximaba a las
posiciones de Berlín y Roma, lo que había de culminar en la firma del Pacto
Tripartito llegado 1940. Mientras, las potencias coloniales observaban con
fundado temor la amenaza que se cernía sobre sus posesiones en la zona, en
unos momentos, por otra parte, en que las mismas metrópolis se hallaban
ocupadas o duramente presionadas por el empuje alemán.
Los Estados Unidos prestaban asidua ayuda material a las fuerzas nacionalistas
de Chiang Kai Chek lo que los había convertido de hecho en directo adversario
del Japón que ocupaba parte del territorio chino. La tensión existente alcanzaría
su máximo grado con ocasión de la caída de Francia cuando ya el
mismo Roosevelt recapacitaba acerca de los negativos efectos de la ambigüedad
de su política mantenida a lo largo de la guerra civil española.
Ahora se encontraba decidido a impedir por todos los medios a su alcance la
expansión de las fuerzas del Eje, y el primer acto a realizar tendría como
escenario el Océano Pacífico.
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Así, cuando en el verano de 1940 el Japón aprovechó el hundimiento de Francia
para ocupar militarmente su colonia de Indochina, Washington había decretado el
embargo de los productos energéticos exportados a aquel país, y que eran vitales
para su propia supervivencia. Esta decisión había de ser la que decidiese a "los
señores de la guerra" de Tokio a poner en práctica sus planes de ataque.
Las últimas semanas del mes de noviembre de 1941 serían de esta forma el
marco en el cual iba a desarrollarse el veloz y
espectacular desbordamiento del poderío nipón sobre la práctica totalidad del
Extremo Oriente asiático. Japón estaba por entonces seguro de la imposibilidad
que ingleses, franceses y holandeses tenían de defender sus colonias,
encontrándose como estaban en difíciles posiciones en sus mismos territorios.
Por otra parte, el enfrentamiento directo con la potencia de los Estados Unidos no
arredraba a quienes tenían previsto convertirse en el plazo de escasas semanas
en un poder de ámbito continental y aún oceánico.
En efecto, la guerra relámpago dirigida desde Tokio sobre un espacio poblado por
más de cuatrocientos cincuenta millones de personas no tardaría en obtener sus
inmediatos frutos. A primeros de 1942, la bandera del Sol Naciente ondeaba en
las mismas puertas de Australia y la India. Sería necesario alcanzar los meses
centrales de ese año para que la contraofensiva norteamericana comenzase a
recuperar con enormes dificultades los territorios perdidos de manera tan
fulminante.
SITUACIÓN EN MANCHURIA: INFORME DE LA COMISIÓN LYTTON DE
INVESTIGACIÓN
Biblioteca Digital Mundial de las Naciones Unidas
En la noche del 18 de septiembre de 1931, los activistas anti japoneses hicieron
explotar un tramo del Ferrocarril del Sur de Manchuria, de propiedad japonesa, en
Manchuria, al noreste de China. El ejército japonés aprovechó el incidente como
pretexto para invadir Manchuria y rápidamente ocupó las ciudades más
importantes de la región.
China apeló a los poderes mundiales en busca de ayuda. El Consejo de la
Sociedad de Naciones, con el apoyo de Estados Unidos, trató de negociar una
solución pacífica al conflicto. A principios de 1932, el Consejo envió una comisión
de investigación a China bajo el liderazgo del diplomático británico, el conde de
Lytton.
Cuando la llamada Comisión Lytton llegó a China en abril de 1932, el ejército
japonés ya había establecido el gobierno títere de Manchukuo en Manchuria. La
Comisión Lytton emitió su informe en septiembre de 1932. Siguiendo el consejo
del informe, la Sociedad de Naciones se negó a reconocer a Manchukuo como un
Estado legítimo y propuso medidas para restablecer el status quo.
China aceptó las recomendaciones de la Sociedad de Naciones para restaurar la
paz en la zona, pero Japón no lo hizo y se retiró de la Sociedad en 1935. El
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informe analiza los últimos acontecimientos, los problemas entre Japón y China,
la situación en Shanghái y Manchukuo, los intereses económicos y las
condiciones para un acuerdo, y ofrece recomendaciones al Consejo.
Varios mapas ilustran la organización política de Manchuria, sus ferrocarriles, la
situación militar en distintas fechas desde septiembre de 1931 hasta agosto de
1932 y las rutas que la Comisión Lytton tomó en China. El informe pertenece a los
archivos de la Sociedad, que se transfirieron a las Naciones Unidas en 1946 y se
encuentran en su oficina de Ginebra. Se inscribieron en el registro de Memoria del
Mundo de la UNESCO en 2010.
INFORME LYTTON
Wikipedia
La Comisión Lytton emitió un informe final describiendo las relaciones
internacionales de China y Japón antes del Incidente de Mukden y reflejando los
intereses políticos y económicos de ambos estados.
Para expresar los sucesivos eventos previos al Incidente de Mukden, el reporte
tomó como base relatos de testigos y de participantes directos, indagando
también sobre los antecedentes de la fundación del Imperio de Manchukuo y su
posterior evolución (la creación oficial de dicho Estado ya había ocurrido antes
que la Comisión pudiese llegar a Manchuria).
El reporte también contenía diversas sugerencias a la Sociedad de Naciones para
alentar algunas soluciones a los puntos de enfrentamiento político y económico
entre Japón y China, con propuestas de acuerdo que serían estudiados por la
Sociedad.
No obstante este trabajo, la demora de la Sociedad de Naciones en reaccionar al
Incidente de Mukden y la falta de una condena inicial firme contra Japón
permitieron que el gobierno nipón ejecutase con suficiente tiempo todos los actos
necesarios para establecer firmemente su influencia completa sobre Manchuria,
logrando entonces que la creación de Manchukuo fuera un acto plenamente
consumado en el momento que la Comisión llegó a Asia.
Si bien la iniciativa de la Comisión era presentar un informe balanceado e
imparcial, las conclusiones terminaban apoyando las quejas de China en muchos
aspectos cruciales.
El reporte indicaba, entonces, que las tropas imperiales japonesas habían
realizado operaciones de agresión contra China, y no de
simple autodefensa como arguyó el gobierno de Tokio, con lo cual el Incidente de
Mukden era determinado como de responsabilidad exclusivamente nipona.
Respecto de Manchukuo, el reporte de la Comisión expresaba que dicho Estado
se sostenía solamente con el apoyo de tropas japonesas, que sin la ayuda directa
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de Japón no podría seguir existiendo Manchukuo ni el régimen de su
"emperador" Pu Yi, y sobre todo que no había una auténtica adhesión de la
población local de Manchuria (población mayormente china) al recién formado
Estado, ni había surgido siquiera un verdadero movimiento de independencia en
dicha región. Tales conclusiones contradecían abiertamente las versiones
oficiales que Japón había indicado a los gobiernos extranjeros.
Cuando en octubre de 1932 la Comisión hizo públicas sus conclusiones, el mes
anterior Japón había formulado su reconocimiento diplomático a Manchukuo, por
lo cual el gobierno nipón pudo sostener que no había ocurrido una
real secesión de una provincia de China sino la proclamación de un "país
independiente".
La Sociedad de Naciones presentó en su asamblea general
de febrero de 1933 las conclusiones de la Comisión Lytton y se aprobó una
moción para condenar al gobierno de Japón como país agresor de China, pero de
inmediato el gobierno japonés anunció su retiro de la Sociedad.
El reporte de la Comisión Lytton conservó su valor como documento histórico que
documentaba la agresión japonesa contra China, y que describía el
carácter títere del Estado de Manchukuo, pero en la práctica no sirvió para
detener la violación de normas de Derecho Internacional.
EL SEGUNDO FRENTE UNIDO
Wikipedia
Durante la invasión y ocupación de Manchuria por los japoneses, Chiang Kai-shek
se negó a aliarse con los comunistas para combatir a los nipones ya que
consideraba a los primeros una amenaza de mayor envergadura.
La guerra abierta se declaró el 7 de julio de 1937, tras el incidente del Puente de
Marco Polo, cuando tropas japonesas estacionadas en Manchuria se enfrentaron
al Ejército Nacional Revolucionario de la República de China en las cercanías del
Puente de Marco Polo, unos veinte kilómetros al oeste de Pekín.
La invasión japonesa permitió así al PCCh reagruparse en su base norteña de
Yan'an, ciudad desde la cual controlaban una parte de Shaanxi y de Mongolia
Interior, así como la totalidad de Gansu y Ningxia.
Muchos intelectuales afines al PCCh, como la escritora Ding Ling, se unieron a los
comunistas en Yan'an, mientras el régimen debilitado de Chiang Kai-shek
mantenía un control tenue sobre el sur de China desde la capital provisional
de Chongqing, tras haber sido expulsado de su capital Nankin y de Wuhan,
sucesivamente.
La obstinación de Chiang Kai-shek en no aliarse a los comunistas provocó que
el 12 de diciembre de 1936 los generales Zhang Xueliang y Yang Hucheng,
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ambos del KMT, lo secuestraran y le conminaran a firmar una tregua con los
comunistas. Este episodio pasaría a conocerse como el incidente de Xi'an.
Los dos partidos acordaron suspender las hostilidades y formar un Segundo
Frente Unido que concentrase todas sus energías contra los japoneses. El
Ejército Rojo chino pasó a formar parte del Ejército Nacional Revolucionario
dividido en el Octavo Ejército de la Ruta, que actuaría en defensa del alto valle
de Río Amarillo y el Nuevo Cuarto Ejército, al sur de esta posición.
Sin embargo la alianza fue tan solo nominal. La colaboración y la coordinación
genuinas entre el KMT y el PCCh se mantuvieron bajo mínimos durante toda
la Segunda Guerra Mundial. En pleno Segundo Frente Unido, los comunistas y el
Kuomintang seguían buscando la obtención de ventajas territoriales en la "China
libre" (esto es, las zonas no ocupadas por los japoneses o gobernadas por
gobiernos títeres).
La situación llegó a un punto, a finales de 1940 y principios de 1941, en que
tuvieron lugar choques de considerable importancia entre las fuerzas comunistas
y las del KMT. En diciembre de 1940, Chiang Kai-shek exigió la retirada
del Nuevo Cuarto Ejército, del PCCh, de las provincias de Anhui y Jiangsu.
Los mandos del Nuevo Cuarto Ejército se plegaron a la retirada exigida por el
KMT pero sufrieron la emboscada de fuerzas nacionalistas que les infligieron una
sonora derrota en enero de 1941. Este choque, conocido como el incidente del
Nuevo Cuarto Ejército, debilitó la posición del Partido Comunista en China central
y puso fin a cualquier posible cooperación entre ambas facciones que ya se
apresuraban por tomar posiciones de cara a una guerra civil inevitable.
JAPÓN 1931-1944
ARTEHISTORIA. Jesús Hernández Perera
Al finalizar el siglo XIX y a comienzos del siglo XX, las victorias en la Primera
Guerra Chino-Japonesa, la Guerra Ruso-Japonesa y la Primera Guerra Mundial le
ayudaron a Japón a expandirse en un período inminentemente militarista.
Durante la era del emperador Taisho entre los años 1912 y 1926, el poder político
japonés cambió de rumbo, de la tendencia oligarca a la de partidos con
Parlamento democrático.
Durante la Primera Guerra Mundial, Japón se unió a las potencias Aliadas, pero
sólo jugó un papel poco importante en su lucha contra las fuerzas coloniales
alemanas en el este Asiático.
En la Conferencia de Paz de París en 1919, Japón propuso enmendar la "cláusula
de igualdad racial" al contrato de la Liga de Naciones, pero la ponencia fue
rechazada por EEUU, Gran Bretaña y Australia. La arrogancia racista y la
discriminación hacia los japoneses existieron siempre y fueron algunos de los
factores en el deterioro de las relaciones entre Japón y Occidente. En 1924, por
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ejemplo, el Congreso de EEUU, aprobó el Acta de Exclusión que prohibía más
inmigraciones de nacionales japoneses.
En el campo económico, la situación de Japón después de la Primera Guerra
Mundial, se puso peor. A eso se sumó el gran terremoto de 1923 y la depresión
mundial de 1929, que completó el lamentable estado de la economía japonesa.
Durante los años 30, en Japón los militares establecieron un control completo
sobre el gobierno. Incluso muchos enemigos políticos fueron asesinados y los
comunistas perseguidos. Se establecieron programas de adoctrinamiento y
censura en los medios y en la educación. Los más importantes cargos públicos
fueron ocupados por oficiales de la marina y el ejército y eso incluyó el cargo de
Primer Ministro.
Japón adoptó los ejemplos de las naciones occidentales forzando a China a firmar
tratados que beneficiaban la economía japonesa en detrimento de China; lo
mismo fue hecho en el lado político de las relaciones entre ambos países.
Simultáneamente, la influencia japonesa en Manchuria que comenzó al finalizar la
guerra ruso-japonesa entre 1904 a 1905, se fue incrementando de manera
acelerada. Sin embargo de manera progresiva, los Nacionalistas Chinos fueron
amenazando la posición de Japón en Manchuria en 1931 y eso obligó al Ejército
Kwantung a ocupar totalmente a Manchuria.
El siguiente año, Manchukuo fue declarado Estado independiente controlado por
el Ejército Kwantung mediante un gobierno títere. Ese mismo año, la Fuerza
Aérea Japonesa bombardeó Changai, para proteger a los residentes japoneses
de los movimientos anti-japoneses de los nacionalistas chinos, quienes los
amenazaban y en muchos casos agredían.
Debido a las acciones japonesas en China, las críticas en la Liga de Naciones
adquirió tales niveles que obligaron a Japón a retirar su representación.
En 1933, estalló la segunda guerra chino-japonesa a raíz de un pequeño
incidente. El Ejército Kwantung actuaba de manera muy independiente del
gobierno japonés que trataba de ser más bien moderado en sus relaciones con
China. Las fuerzas japonesas ocuparon toda la costa china y cometieron
atrocidades con la población, en especial durante la caída de Nanking, sin
embargo, el gobierno chino no se rindió y la guerra continuó en menor escala a lo
largo de la Segunda Guerra Mundial.
A fines de los años 30, Japón comenzó a expandir hacia el sur con el
establecimiento de la Gran Esfera de Co-Prosperidad Asiática, que incluía la
liberación del Sureste Asiático de las potencias coloniales occidentales.
El día 5 de enero de 1939, la prensa internacional difundió la noticia del
nombramiento el día anterior del nuevo Primer Ministro Kiichiro Hirahuma que
constituyó su Gabinete así:
Primer Ministro, Kiichiro Hirahuma; Ministro de Asuntos Exteriores, Arita; Ministro
de Hacienda, Totaro Ishiwatari; Ministro de Agricultura y Bosques, Sokurausbi;
Ministro de Ferrocarriles, Yonezo Meda; MInistro de Guerra, Seishiro Itagaki;
Ministro de Marina, almirante Yonai; MInistr del Interior, Koishi Kido; Ministro de
Bienestar Público, Hirose; Ministro de Educación, Cadao Araki; MInistro de
12
Justicia y Comunicaciones, Suehiko Shino; Ministro de Comercio. Hatta; Ministro
de las Colonias, Yoshiaki; Ministro sin Cartera, Príncipe Konoye.
La prensa creyó muy probable que el príncipe Konoye aceptaría además del
puesto de ministro sin cartera, el cargo de Presidente del Consejo Privado del
Imperio.
No pudieron tampoco en esos momentos fijar el color político exacto del Gabinete
que acaba de constituirse. Pero el deseo de la nación fue -según expresión oficial
"proceder a una obra de reconstrucción", es decir, solucionar prácticamente la
cuestión de China. Por lo que se refiere a esa cuestión, el señor Hirahuma se
hallaba en una posición considerablemente más favorable que el príncipe Konoye.
En 1940, Japón ocupó la Indochina Francesa y se unió con Alemania e Italia para
formar el Pacto de Acero. Esta alianza exasperó a británicos y estadounidenses
que respondieron con un boicot petrolero. La escasez de combustibles forzó al
Japón a capturar las zonas petrolíferas de las Indias Orientales Holandesas
arriesgando una confrontación bélica con EEUU y Gran Bretaña.
En diciembre de 1941, Japón atacó a las potencias occidentales en Pearl Harbor
y varios otros puntos en el Pacífico. Rápidamente tomo el control de una extensa
área que se expandió hasta las fronteras de la India en el oeste y Nueva Guinea
en el sur en sólo seis meses. En todos los frentes el ejército japonés se mostraba
imbatible.
La guerra tuvo su punto de quiebre en la Batalla de Midway en junio de 1942 y a
partir de ese momento las fuerzas Aliadas recuperaron poco a poco los territorios
ocupados. En 1944 comenzaron bombardeos intensivos sobre las ciudades
japonesas.
El 27 de julio de 1945, por acuerdo tomado en la Conferencia de Postdam, las
fuerzas Aliadas le exigieron a Japón la rendición incondicional o sufrir las
consecuencias y ser destruido. Los días 6 y 9 de agosto de 1945, aviones
estadounidenses lanzaron bombas atómicas en las ciudades de Hiroshima y
Nagasaki y para intentar participar en la ocupación de Japón, la URSS declaró la
guerra el día 8.
El 14 de agosto, el Emperador Hiroito decidió rendirse incondicionalmente.
RECAPITULACIÓN DEL TEMA
En el Japón, influenciado por una casta militar incondicional, el gobierno encontró
muy fácil camino en la vía de la mística fanáticamente nacionalista, hecho que
cobró tal intensidad que a su lado las aspiraciones del nacionalismo alemán
resultaban ser meras ilusiones sentimentales.
A comienzos de 1927, el Primer Ministro Tanaka propuso en su plan de gobierno
la expansión para extender el Imperio Japonés a los territorios de Manchuria,
norte de China, Corea, Siberia y las Indias Orientales. El ministro no tomaba
siquiera en cuenta la posible reacción de Estados Unidos que contaba con fuertes
intereses en el Pacífico, al igual que Gran Bretaña y los Países Bajos.
13
China, país donde el Japón tenía grandes inversiones financieras y comerciales,
no diferentes a los intereses occidentales en las islas del Pacífico, vivía en un
completo caos político que la tenía sumida en una guerra civil entre nacionalistas
y comunistas. Fueron numerosas las intervenciones japonesas entre 1920 y
1930, como la de 1927 cuando ocupó Chantung, la de 1931 en Manchuria, donde
implantaron un imperio títere; o la de 1932 en Shanghái. Posteriormente,
mientras los japoneses refuerzan sus posiciones en Manchuria y se expanden en
el norte de China, a la sombra de las armas, se estabilizaron las relaciones entre
Chang Kai-shek y el gobierno de Tokio.
Pero en Japón, la presión nacionalista sobre el Gobierno se acentuó. Políticos y
hombres de negocios se vieron obligados a plegarse a esa fiebre militarista
impulsados por el extraordinario progreso económico pero que carecía de
mercados para sus productos manufacturados y las fuentes de suministros de
materias primas no estaban a su alcance. La búsqueda de esos nuevos
mercados de intercambio comercial fue considerada una necesidad imperiosa
para el gobierno japonés.
En julio de 1937, un incidente reavivó el conflicto en China, que parecía ya
superado. Japón envió grandes contingentes de fuerzas a China y bloqueó 3000
k de sus costas, sin que nadie pueda impedirlo. No en vano Japón era ya una de
las potencias marítimas y su poder naval refrenó cualquier posibilidad de
protesta.
En China, los nacionalistas de Chang Kai-shek y los comunistas de Mao Tse-tung
hicieron una tregua para enfrentar al enemigo común, tregua que se prolongó
hasta 1945. La URSS abastecía a China y protegía las fronteras de Extremo
Oriente en los límites de Mongolia y de Manchuria para evitar el progreso de las
fuerzas japonesas. Desde tiempo atrás entre las tropas rusas y las japonesas se
produjeron incidentes, que fueron más que los simples tiroteos fronterizos tan
comunes en esas remotas regiones.
Por su lado, Francia desde Indochina, e Inglaterra y los Estados Unidos desde
Birmania, abastecieron a los chinos con armas, víveres y equipo. Al no existir una
declaración de guerra el presidente Roosevelt no decretó el embargo sobre las
armas destinadas a Chang Kai-shek.
Alemania, había firmado el Pacto Antikomintern, el 25 de noviembre de 1936, que
la unía al Japón en la lucha contra la Internacional Comunista. En el protocolo
secreto complementario al tratado, las dos potencias se comprometían a
ayudarse mutuamente en caso de que alguna potencia extranjera atacase a una
de las partes, y obliga a las partes a no firmar ningún acuerdo con Rusia sin
consulta y aprobación recíprocas.
Pero, a raíz de la firma del pacto germano-soviético de agosto de 1939, el
acuerdo germano-japonés quedó reducido a la simple comunicación telefónica del
hecho, tal como lo hizo el Ministro Ribbentrop al embajador japonés en Berlín
causando la protesta del gobierno de Tokio, por esa alianza que iba en contra del
espíritu del Pacto Antikomintern. Para entonces Japón no tenía la menor
sospecha que pronto se desataría la guerra entre Alemania y la URSS y que el
pacto le protegía. al menos en el papel, de un ataque por el oeste.
14
Sin embargo, Japón prosiguió su expansión en China con la mira puesta en las
Indias holandesas, fuente de recursos petrolíferos, caucho y quinina, entre otros.
Al ocurrir la derrota francesa en Europa, con la aprobación de Hitler, Japón acordó
con el Gobierno de Vichy la ocupación de Indochina, dejándole a los franceses el
gobierno civil, en previsión de que los países Aliados tomaran la iniciativa
invadiendo la colonia francesa, eso con el doble propósito de adueñarse de las
materias primas y poder seguir usándola como corredor para el abastecimiento de
China. Hay que recordar que en esa época China no tenía industrias y menos de
material de guerra.
Después de resuelto el impase en septiembre de 1940, Japón y Alemania
firmaron el Pacto Tripartito formando el Eje Berlín-Roma-Tokio. Este acuerdo, no
estaba ya dirigido contra la URSS, cuya especial situación quedaba claramente
definida en el propio documento, sino contra los Estados Unidos, Gran Bretaña y
los Países Bajos. Como reciprocidad, los países del Eje se comprometían a
respetar la voluntad japonesa de implantar un nuevo orden en Asia oriental.
No obstante, a pesar de la presión alemana, sobre todo en la primavera de 1941,
el Japón vacilaba comprometerse en operaciones militares contra los Aliados, en
particular contra los Estados Unidos.
La estrategia japonesa era la neutralización de Rusia primero, para no tener que
luchar en dos frentes y lo logra el 13 de abril de 1941, con la firma, del tratado de
neutralidad nipo-soviético, no del agrado de Alemania, pero aceptado a vistas de
lo ocurrido antes con su pacto con los rusos, puesto que significaba que los
soviéticos mantendrían un solo frente.
Además, para los japoneses el acuerdo les beneficiaba, porque se fortalecía por
la misma causa en el momento en que Alemania invade la URSS. Pero ya nada
podía cambiar y el tiempo trabaja en favor de las potencias anglosajonas. Por
eso el gobierno japonés acentúa su política de expansión y se arriesga a un
conflicto con Estados Unidos, favorecido por la presión de Churchill ante
Roosevelt y las decisiones tomadas por el gobierno de Estados Unidos.
En julio de 1941, las tropas japonesas ocupan la Indochina francesa, cortando así
definitivamente una de las rutas de abastecimiento de Chang Kai-shek. Para
entonces, además de la Indochina Francesa, Japón mantiene ocupada gran parte
de China, Manchuria y Corea. Ante la amenaza que pesa sobre el sudeste de
Asia y la impotencia de Gran Bretaña ante Alemania e Italia, Churchill ve que es
cuestión urgente que Estados Unidos entre en guerra, pero al ver que el
Presidente Roosevelt no se decide, le propone dirigir al Japón una advertencia
conjunta, mientras le oculta los informes de inteligencia que apuntan a un ataque
japonés contra Hawai.
Pero, por su parte, Estados Unidos ya había adoptado algunas medidas de orden
económico contra el país asiático -restricción de los cambios, embargo sobre el
petróleo destinado a la aviación, embargo sobre desechos metálicos y sobre
ciertas mercancías estratégicas, además del bloqueo de los fondos japoneses en
los Estados Unidos- y el Secretario de Estado, Cordell Hull, más que el
presidente, teme que con ello se empuje al Japón a la agresión abierta como
reacción a una advertencia excesivamente categórica.
15
El Gobierno de Estados Unidos ya se ha negado a comprometerse con el
Gobierno holandés en el exilio, sobre las Indias holandesas y sólo hace una
declaración bastante ambigua en agosto de 1941, hecho que molesta
enormemente a Churchill.
OCUPACIÓN JAPONESA
EL "NUEVO ORDEN" JAPONÉS EN ASIA ORIENTAL
El año 1931 señaló otro giro decisivo en la historia moderna de Japón: las
Fuerzas Armadas japonesas invadieron Manchuria, lanzando a su país por un
camino de acción directa en el continente.
El incidente de Manchuria no fue tanto la causa de la orientación japonesa hacia
la expansión militar como el síntoma de agudísimos problemas internos y de una
tensión creciente en las relaciones de Japón con el mundo exterior.
El alejamiento de Japón de la comunidad de las potencias democráticas había ido
aumentando desde la terminación de la Primera Guerra Mundial; parecía que el
destino de Japón se hallaba en el continente y no en la cooperación con las
potencias occidentales.
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Lo que lanzó el ataque contra Manchuria, dando paso a la consolidación del
militarismo en Japón, debe ser analizado en el contexto del empeoramiento de la
política interna y en el carácter del problema continental con que Japón se
enfrentaba. En los años treinta, los japoneses estaban convencidos de la
necesidad de proteger sus intereses.
En esa fecha -1940-, Konoye anunció la adopción de una Nueva Estructura
Nacional con el fin de transformar al Japón en un Estado avanzado de defensa
nacional. También a comienzos de 1940 fueron disueltos los partidos políticos, y
su lugar lo ocupó la Asociación para la Asistencia a la Autoridad Imperial, que,
basada en la idea del partido único, proponía la unificación de todo el esfuerzo
burocrático y político de Japón en torno a los objetivos imperiales.
Los esfuerzos de movilización realizados bajo la Asociación fueron de tres clases:
la llamada movilización popular, es decir, el esfuerzo de movilizar totalmente el
frente interno social; la movilización de la voluntad nacional, consistente en el
esfuerzo por llevar a cabo una fusión de todas las organizaciones políticas,
sociales y culturales del país, y la movilización espiritual: mantener la unanimidad
en el pensamiento y la creencia de las consignas de un exacerbado
nacionalismo.
Desde 1940, Japón se encerró en un círculo de acontecimientos que lo situaban
más en el ultranacionalismo y expansionismo imperialista y en el aislamiento del
mundo occidental, y que acabaron lanzándolo al torbellino de la Segunda Guerra
Mundial, cuyos hitos más importantes fueron: en el orden diplomático-
internacional, en julio de 1940 acuerdo con el Gobierno francés de Vichy para la
ocupación de Indochina; en septiembre del mismo año firma del Pacto Tripartito
de Berlín, que sellaba una alianza militar entre Alemania, Italia y Japón, y
concedía a este país el reconocimiento de su primacía en Extremo Oriente,
afirmándose la determinación japonesa de crear un orden asiático, y, en abril de
1941, firma de un pacto de no agresión con la URSS, que lo dejaba libre para
avanzar en dirección sur, hacia las colonias francesas, holandesas y británicas.
En el plano del expansionismo imperialista, en agosto de 1940 Konoye formuló su
declaración sobre política nacional fundamental (Tiedemann), insistiendo en el
plan del nuevo orden en Asia oriental, y desarrolló la idea de una esfera de
coprosperidad asiática oriental mayor que situaba a Japón en el centro de un
bloque defensivo, cuyo perímetro pasaba por las zonas coloniales.
En este sentido, el ministro Matsuoka anunció el programa de una Asia Grande:
en primer lugar, el Imperio, de acuerdo con la política del Ministerio de Ultramar,
formado por Corea, Formosa, Manchuria y China del norte; y en segundo lugar,
los países integrados en un espacio económico bajo dirección japonesa que serán
agrupados en una misma zona monetaria, el bloque del yen: Siberia oriental,
Sajalin, Tailandia, Birmania, Nueva Caledonia e Indias holandesas.
A fines de 1940, el plan imperialista se completó: los proyectos de expansión
económica parecían estar a punto de alcanzar sus objetivos, aunque faltaba lo
esencial: el control efectivo de este vasto espacio geográfico; y fue durante 1941
cuando se desarrollaron los preparativos militares. Por último, en octubre de 1941
el general Tojo fue nombrado primer ministro, y el Japón militarista,
17
ultranacionalista y expansionista entró de lleno, en diciembre del mismo año, en la
Segunda Guerra Mundial.
En el marco, por tanto, de estos planes y acuerdos, tanto nacionales como
internacionales, la intervención de Japón en la Segunda Guerra Mundial cubrió las
siguientes fases: a) desde 1937, la guerra con China, ya citada; b) desde
diciembre de 1941, con el ataque a Pearl Harbor, guerra con Estados Unidos y
Gran Bretaña, y, hasta 1942, granexpansión y conquistas japonesas en el
Pacífico y en el continente asiático: China, Filipinas, Indochina, Hong Kong,
Malaya, Singapur, Birmania, Indonesia; c) desde 1943, ofensiva aliada por el
Pacífico y el continente y retrocesos japoneses, hasta los bombardeos atómicos
sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, con lo que Japón capitulóante
los aliados en septiembre del mismo año.
Japón, potencia mundial y en plena expansión imperialista en 1937, pasaba a ser
un país derrotado, arruinado y ocupado en 1945.
EL EXPANSIONISMO MILITAR (Fundamentos del Imperialismo)
Como indica Hall, la capacidad de Japón en orden a alcanzar su seguridad
internacional y a competir con éxito frente a las potencias imperialistas
occidentales no derivó solamente de la intensa reorganización política
experimentada desde 1868 y de la habilidad de sus dirigentes en el juego
diplomático.
Bajo estas realizaciones se encontraban como soporte reformas económicas y
sociales de gran alcance, que encaminaban a Japón hacia un óptimo crecimiento
económico y facilitaban los medios que le permitían competir en las esferas del
comercio internacional y del desarrollo.
La formulación del imperialismo japonés, que es ya un hecho real en el período de
entreguerras, con Japón como nueva gran potencia mundial, se fundamentó, por
tanto, en un conjunto de factores tanto económicos y sociales, como ideológico-
políticos e históricos.
En los comienzos del siglo XX Japón, transformado por su pleno desarrollo
económico-capitalista y político-liberal, era reconocido diplomáticamente como
potencia mundial, y en posesión de un imperio colonial propio.
Unido a estos hechos, el país rastreó en su identidad histórica los fundamentos
ideológicos y sociales de su nuevo imperialismo.
En primer lugar, los fundamentos económico-sociales. Desde la guerra ruso-
japonesa de 1905 a la Segunda Guerra Mundial se intensificó la transformación
de Japón en un gran país industrial, con un alto incremento en todos los sectores
y actividades económicas.
El comercio exterior registró un nuevo aumento de las importaciones de materias
primas y de las exportaciones de productos fabricados; pero la producción
agrícola, pese a ciertos progresos técnicos, no se desarrolló al mismo ritmo y el
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pequeño propietario rural permaneció subordinado a los nobles rurales por lazos
semifeudales.
Hecho nuevo fue la expansión económica en Asia oriental. Japón se convirtió en
exportador de capitales. Aumentaron la deuda pública extranjera y las inversiones
japonesas en China.
Los grandes "zaibatsu" -o clanes del dinero- se hallaban particularmente
interesados en esta expansión, que les abría mercados, les proporcionaba
materias primas y aseguraba rápidos beneficios a sus capitales. Mitsui y
Mitsubishi controlaban estrechamente los grandes organismos financieros de la
expansión colonial japonesa, como la Compañía del Sur de Manchuria, el Banco
de Taiwán y la Naigai Wata Kaisha, propietaria de numerosas algodoneras
chinas.
El sueño de un Dai Nippon -o Gran Japón-, señor de Asia oriental, tenía raíces
sociales mucho más amplias y profundas: en el Ejército, en las clases medias
urbanas y en el campesinado. Reflejaba a la vez el deseo de una vida mejor y un
sentimiento confuso de solidaridad panasiática frente a las potencias coloniales
occidentales.
Junto a estas bases económicas y sociales, actuaron en la formulación de un
definido imperialismo nipón factores políticos e ideológicos que hundían sus
raíces en la identidad histórica japonesa. En el Japón de finales de los años
veinte, además de una estructura política centrada en el emperador, propia de la
Constitución Meiji, operaron el sentimiento religioso tradicional, el militarismo y los
conceptos de socialismo de Estado y nacionalismo ultraderechista.
Un aparato estatal apoyaba los santuarios del Shinto, base ritual para un retorno a
la creencia semi-religiosa en la historia mitológica de Japón. Un cierto número de
sociedades secretas y patrióticas facilitaban los cauces para la difusión de ideas
ultranacionalistas y japonesistas, y para los nuevos conceptos del socialismo de
Estado. Y las Fuerzas Armadas, independientes del control civil, constituían un
vehículo perfecto para la consiguiente aplicación de tales conceptos a los asuntos
internos y externos.
Ninguno de estos elementos habría sido por sí solo decisivo para lanzar a Japón
por el camino ya iniciado. Pero todos unidos y combinados con el fracaso del
gobierno de partidos en el interior y con el de la cooperación internacional en el
exterior, crearon el ambiente favorable y necesario.
Cada uno de estos factores actuó a lo largo de un proceso histórico para
converger en una acción común con los otros elementos que animaron al nuevo
imperialismo japonés.
El gobierno Meiji utilizó con fines nacionales la red de santuarios shintoístas
existentes en la época de la Restauración. Aunque el Shinto no estaba
directamente relacionado con la difusión del sentimiento nacionalista popular,
mantenía vivos los elementos del culto al emperador y facilitaba los medios de
fortalecimiento de la solidaridad comunal o nacional, a través de la observancia
19
patriótica centralizada en los santuarios. El Shinto dio al patriotismo japonés un
especial matiz de misticismo y de introversión cultural.
Las asociaciones derechistas eran también un fenómeno común en el Japón
posterior a la Restauración Meiji, y en la década de los veinte el grupo de los
partidarios del pensamiento ultranacionalista era tan numeroso e influyente como
el de los liberales.
Las primeras sociedades secretas, como la Sociedad del Océano Negro
(Genyosha, 1881) y la Sociedad del Amur o del Dragón Negro (Kokuryukai, 1901),
eran movimientos minoritarios que propugnaban la expansión ultramarina de los
intereses japoneses. Tras la Primera Guerra Mundial, estas sociedades prestaron
mayor atención a los problemas internos, oponiéndose a los pensamientos
peligrosos y al radicalismo político.
Al mismo tiempo se formaban nuevas sociedades patrióticas de masas,
dedicadas a la unión interior y al nacionalismo patriótico: en 1919 se fundó la
Sociedad de la Esencia Nacional del Gran Japón (Dai Nippon Kokusuikai), y en
1924, la Sociedad del Fundamento Nacional (Kokuhonsha), una organización
destinada a proteger la política nacional de Japón, y cuyos objetivos primordiales
eran conservar el carácter nacional único de Japón y la prosecución de su
especial misión en Asia.
Durante los años veinte, estas sociedades estaban interesadas en preservar a la
sociedad japonesa del radicalismo y de la disolución del fervor patriótico. En los
años treinta, sin embargo, un nuevo elemento apareció en el pensamiento de los
grupos derechistas a medida que los problemas internos se agudizaban: la
convicción de que era necesaria una reorganización nacional según las líneas del
socialismo de Estado prendió especialmente en los ambientes próximos al
Ejército.
La introducción de las ideas del socialismo de Estado en el pensamiento del
movimiento derechista de mediados de los treinta se atribuye a Kita Ikki (1885-
1937).
En un trabajo titulado "Un plan general para la reorganización nacional del Japón"
(1919), Kita Ikki propugnaba un golpe de Estado para alcanzar los verdaderos
objetivos de la Restauración Meiji, y una enérgica política exterior encaminada a
liberar Asia de la presencia e influencia occidentales.
Un nuevo elemento entre estas sociedades y corrientes de pensamiento fue el
programa panasiático. A fines del XIX se creó en Tokio la Sociedad para los
Países de Extremo Oriente, que puede considerarse como un foco de
imperialismo japonés, y también como un centro de nacionalismo asiático. Las
sociedades patrióticas, las ligas secretas y el Ejército exaltaban el papel del
Imperio en la organización de la Gran Asia.
Un personaje representativo de este estado de espíritu fue el general Araki,
ministro de la Guerra en 1934, que en su programa de renovación nacional -o Vía
Imperial- colocó en el primer plano de los objetivos japoneses la dirección de Asia
20
continental. Además, en 1912, 1926, 1933 y 1934 se reunieron en Tokio
congresos panasiáticos.
Pero el grupo que acabó convirtiéndose en el más eficaz vehículo de la difusión
del pensamiento nacionalista-imperialista en Japón fue el Ejército, que apoyaba la
política expansionista contenida en el Memorial Tanaka.
Las Fuerzas Armadas, que siempre fueron un poderoso grupo con intereses
políticos, habían ido adoptando una posición cada vez más crítica, de creciente
decepción hacia la política de partidos. En especial, asumían esta postura los
nuevos grupos de jóvenes oficiales, intolerantes en las negociaciones con el
exterior y el gobierno representativo en el interior.
Los elementos radicales del Ejército encontraron dos principales campos de
actividad: las sociedades secretas de nueva formación y el cuerpo expedicionario
Kwangtung en Manchuria, relativamente autónomo.
En los últimos años veinte tuvo lugar la difusión de minoritarias sociedades
secretas dedicadas a la acción directa, cuyos nombres revelan el carácter
nacionalista de sus objetivos: el Partido de la Espada Celeste, la Fraternidad de la
Sangre, la Sociedad del Cerezo, organizada en 1930 y radical defensora de la
expansión militar en el exterior y de la revolución militar en el interior.
La expansión en Manchuria dio paso a la consolidación del militarismo en Japón;
los sentimientos e ideas se entremezclaron para desembocar en un objetivo
común; el anticomunismo de principio, cultivado por la extrema derecha,
escribe Lequiller, acabó por no distinguirse muy bien de la tesis imperialista, que
reclamaba la anexión de Manchuria como territorio de colonización y expansión
económicas.
Estos fueron los principales fundamentos del nacionalismo e imperialismo,
elemento preponderante de la política japonesa. A comienzos de los años treinta
se instaló un régimen autoritario, y se impuso en el exterior una política agresiva,
especialmente en Manchuria. Los partidos liberal-burgueses cedieron
ineluctablemente al empuje nacionalista del Estado Mayor militar y de las
sociedades secretas patrióticas.
LA MARINA IMPERIAL JAPONESA (Rengo Kantai)
El desarrollo de Rengo Kantai, la Marina Imperial japonesa, una de las más
poderosas flotas de guerra de la primera mitad del siglo XX, está íntimamente
ligado a la expansión imperialista del Japón.
La forzada apertura a Occidente de una nación que había permanecido encerrada
en sí misma durante largos siglos, tuvo el efecto de provocar el surgimiento de
un nacionalismo militarista y pan-asiático -bajo la óptica nipona-, que se tradujo a
su vez en un acelerado desarrollo industrial, económico y político.
La presencia en el entorno asiático-pacífico de las potencias coloniales
occidentales es observada por Japón como una intromisión en un área geográfica
y cultural sobre la que pretende erigirse en hegemónica. En consecuencia, fruto
21
además de la presencia en la cúpula del poder de elementos nacionalistas y
militaristas, implantará un amplio programa de desarrollo de la industria bélica,
poniendo el acento de manera especial en la Marina.
Rápidamente surgen astilleros, de marcado acento inglés, se envía a jóvenes de
las familias más prominentes a estudiar a las escuelas de marina occidentales y
se construyen los primeros barcos con tecnología occidental.
El primer gran buque que forma la moderna flota japonesa es el Hiei, crucero
acorazado construido en Inglaterra que se incorpora en 1877. Poco después el
Japón comienza a construir sus propios buques, sin reparar en gastos en cuanto
a adoptar los mejores materiales y técnicas occidentales.
Los progresos son espectaculares, convirtiendo a la flota japonesa en una de las
mejores del mundo a finales del siglo XIX. En 1914, por fin, Japón comienza a
fabricar sus primeros tres grandes cruceros, basándose en el Kongo, construido
en Inglaterra.
Las guerras contra China y Rusia sirven de escuela práctica para la oficialidad
nipona, en las que aprenden tácticas navales. Las victorias conseguidas sobre
sus poderosos vecinos acaban por elevar a Japón al status de potencia mundial,
especialmente tras su victoria sobre Rusia, nación occidental. En ellas participa,
además, uno de los personajes fundamentales en la creación y estructuración de
la Marina Imperial japonesa, Heihachiro Togo, quien acabará por definirla y
situarla entre las mejores del mundo.
La presencia de los Estados Unidos en el Pacífico, tras la anexión de Filipinas y
Guam, entre otros territorios, es la única que puede poner en cuestión el dominio
japonés sobre el área. Previendo un conflicto aparentemente inevitable, Japón se
prepara para la lucha en el mar, atento a las novedades que en este terreno se
están produciendo.
La aparición de los modernos buques tipo "dreadnought", rápidos y poderosos
acorazados, hace que Japón rápidamente se esfuerce por integrar en sus Flota
barcos de este tipo, surgiendo así la clase Kongo
La participación en el bando vencedor durante la I Guerra Mundial no hace sino
reforzar la sensación de éxito y poder que las élites japonesas vienen
experimentando desde décadas atrás. Esta sensación tiene su plasmación gráfica
en el incremento en número y calidad de los buques que salen de los astilleros y
que integran la Flota, en respuesta al desarrollo espectacular que otros países
experimentan en el mismo campo.
Para frenar la carrera constructiva a la que se lanzan naciones como Estados
Unidos, Gran Bretaña, Francia o el mismo Japón, el Tratado de Washington de
1922 impone restricciones y cuotas de producción sobre los acorazados y otros
buques de guerra. No se menciona, sin embargo, el portaaviones, lo que permite
a Japón, previendo la importancia estratégica de este tipo de buques, lanzarse de
lleno a su construcción. Así, surgen los dos excelentes Akagi y Kaga, al tiempo
que se intensifican los programas de construcción de cruceros y destructores.
22
El desacuerdo japonés con respecto a los límites a la construcción de submarinos
impuesta por el Tratado de Londres de 1930, hace que Japón se retire de toda
convención internacional, lo que le permite incrementar sin restricciones su
producción naval. Así, a partir de entonces se centra en la fabricación de navíos
cada vez en mayor número, más poderosos y mejor armados.
Surgen los acorazados de la clase Yamato, los
portaaviones Shokaku, Zuikaku, Soryu,Hiryu, Ryujo, Shoho, Zuiho, Taiho, Unyo y
Chuyo. También comienza la construcción de tres clases de cruceros pesados -
Tone, Mogami y Takao-, además de cruceros ligeros y destructores... La Flota
japonesa se encuentra a punto para iniciar el ataque a Pearl Harbor.
LA BLITSKRIEG JAPONESA (expansión y conquistas)
La conquista de Francia por Hitler ayudó a hacerse con el gobierno al
príncipe Konoye, que impulsó la acción en China y, el 27 de septiembre de 1940,
firmó el pacto tripartito con Alemania e Italia. En julio, los japoneses,
aprovechándose de la situación francesa, presionaron al gobierno de Vichy y en
Indochina y ocuparon la colonia.
La política antijaponesa de Roosevelt era evidente. Desde la guerra con China,
estudiaba un posible bloqueo económico, y, en 1938, se iniciaron conversaciones
con los ingleses; en abril de 1940 se concentró la flota americana del Pacífico en
Hawai, porque la diplomacia británica lo recomendó como adecuada medida de
presión sobre Tokio.
Las intenciones de grupos capitalistas norteamericanos apuntaban a boicotear el
comercio japonés y prohibir la exportación de petróleo americano a las islas. La
ocupación de Indochina era una amenaza para las colonias inglesas de Birmania
y Malaya, y para Filipinas, ocupada por los norteamericanos.
Roosevelt tomó una decisión que, forzosamente, empujaría a los japoneses a la
guerra: el 25 de julio congeló los bienes nipones en Estados Unidos y el 31
prohibió exportar a Japón herramientas y combustibles.
Japón importaba normalmente el 88 por 100 del petróleo consumido, y el
almacenado entonces representaba tres años de consumo en tiempo de paz o la
mitad en guerra.
El petróleo era vital para continuar la guerra de China, donde se había
desencadenado una táctica de guerrillas, que obligaba a operaciones muy largas
y laboriosas. Aceptar el embargo americano suponía renunciar a la conquista y
enfrentarse al Ejército, que daría un golpe contra el poder civil.
Las condiciones eran tan difíciles que el Gobierno japonés pidió a los Estados
Unidos que levantara el embargo y que cesara el envío de refuerzos militares a
Filipinas. La negativa americana fue total y en octubre dimitió el Gobierno del
príncipe Konoye.
23
El emperador convocó el Consejo Imperial, donde se marcaban dos posturas
antagónicas: la civilista y pacifista del barón Yoschimichi Hara, y la del partido
militarista, encabezado por el general Tojo, que deseaba la guerra, en la
convicción de que el único recurso era apoderarse del petróleo de Java y
Sumatra, colonias holandesas. Invasión ampliable a Malaya, para conseguir
también las cuatro quintas partes del estaño mundial y grandes recursos de
caucho y arroz.
El Ejército japonés, con efectivos de 750.000 hombres, era una fuerza entrenada,
mandada despóticamente por los oficiales y capaz de cualquier sacrificio.
Lejos de ser una antigualla, como el chino, no podía compararse técnicamente ni
con el alemán ni con el británico; pero la disciplina, la sobriedad y el espíritu de
fanático sacrificio lo convertían en una fuerza formidable, en el momento en que
las mejores tropas asiáticas se habían desplazado a la campaña británica en
Oriente Medio.
Desde tiempos atrás, los japoneses habían dedicado una atención especial a la
aviación embarcada, convencidos de su eficacia en la guerra del Pacífico. En
1941, la Marina japonesa era más equilibrada, estaba mejor entrenada y mejor
mandada que sus futuros rivales, los Estados Unidos y los británicos.
La Aviación totalizaba unos 3.000 aparatos, de los que dos terceras partes
pertenecían a la Marina y el resto al Ejército, ya que no existía fuerza aérea
independiente.
Frente a esta fuerza aérea, los Estado Unidos contaban con unos 400 aviones en
Hawai, 180 en Filipinas y 200 en los portaaviones. Las británicas, con unos 400
aparatos, y los holandeses, con poco más de 100. Estas fuerzas aéreas no sólo
eran inferiores en número, sino también en material y adiestramiento.
Las flotas japonesas estaban bastante equilibradas, aunque Tokio partía con la
ventaja de disponer de mayor número de portaaviones y la desventaja aliada de la
enorme distancia entre sus bases principales: Pearl Harbor y Singapur.
El plan de ataque japonés a las fuerzas americanas se montó sobre una idea de
Clausewitz: destruir, con un solo golpe, lo esencial de las fuerzas enemigas.
Desde el verano de 1940, los americanos conocían la clave secreta nipona y
tenían capacidad para descifrar los mensajes diplomáticos y militares.
Desde septiembre se cruzaron gran número de comunicados entre Tokio y su
consulado en Honolulú acerca de la situación de Pearl Harbor, la isla de Oahu y la
escuadra del Pacífico, que, sin duda, llegaron a conocimiento del alto mando
estadounidense. Pero la política americana de presión a los japoneses no cedió, a
pesar de la certeza de un ataque.
Entre el 2 y el 5 de noviembre de 1941, Tokio remitió mensajes a sus consulados
ordenando la destrucción de las clases y documentos secretos, que ya era un
síntoma de guerra inmediata.
Ante ello no tomaron los americanos ninguna decisión, y en el mensaje enviado
24
en el último momento por Tokio, como réplica a una propuesta americana, el
presidente Roosevelt pudo adivinar que la guerra era inminente.
En efecto, el domingo 7 de diciembre, los japoneses atacaron y pulverizaron la
base norteamericana de Pearl Harbor, en la que sufrió graves pérdidas la
escuadra norteamericana, que aún pudieron ser mayores si el almirante Nagumo
hubiera perseverado en la acción.
El ataque, de cualquier forma, dio a Japón la supremacía naval en el Pacífico
durante algunos meses. Mientras, en los Estados Unidos una ola de indignación
patriótica, perfectamente orquestada por los partidarios del intervencionismo en la
guerra, proporcionó al presidente Roosevelt la ansiada ocasión de intervenir en el
conflicto y alcanzar el cenit de su popularidad. Las críticas que surgieron de
algunos sectores por la evidente improvisación fueron cuidadosamente acalladas.
Casi a la vez que atacaba Pearl Harbor, la Aviación japonesa bombardeó
Singapur, Filipinas, Guam y Wake. El 8 de diciembre, el Ejército japonés invadió
Shanghai, lanzó paracaidistas en Luzón y desembarcó en Tailandia.
Desde julio de 1941, las fuerzas americanas de Filipinas estaban al mando del
general Mc Arthur. La defensa periférica de las islas se encomendaba a
destacamentos de soldados filipinos, mientras una reserva de 30.000 americanos
y filipinos permanecía cerca de Manila.
El 8 de diciembre, las fuerzas de Filipinas fueron avisadas del ataque contra Pearl
Harbor y se dio la orden de que las fortalezas volantes B-17 estuvieran
preparadas para un ataque de represalia contra Formosa. Como había niebla
sobre la isla, el ataque se retrasó y los B-17 permanecieron en vuelo hasta media
mañana, en que aterrizaron.
Pero la niebla había impedido también el proyectado ataque japonés, que
comenzó en aquel preciso momento. Una fuerza nipona destruyó la mayoría de
las modernas fortalezas B-17 y cazas P-40 E, mientras la única estación de
radar era también atacada y destruida.
Después de ello, el único objetivo importante para la Aviación era la flota británica
del almirante Phillips, formada por el acorazado Prince of Wales, el crucero de
batalla Repulse y los destructores Express, Electra y Vampire, sin ningún
portaaviones que asegurase su protección.
Cuando el embargo de petróleo, el almirantazgo propuso enviar a Extremo
Oriente algunos buques antiguos, con un crucero moderno y algunos
portaaviones. Sin embargo, por decisión de Churchill se envió a los modernos
Prince of Wales y Repulse, en unión del portaaviones Indomitable.
Este embarrancó en Jamaica y los restantes barcos partieron solos y llegaron a
Singapur el 2 de diciembre, con la necesidad de asegurar su protección aérea con
los escasos cazas basados en tierra. Cuando se recibieron noticias de que un
gran convoy japonés avanzaba desde Indochina a Malaya, los barcos zarparon de
Singapur.
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Los japoneses habían ocupado los aeródromos del norte, por lo que los barcos
quedaron sin protección aérea; en cambio, los japoneses tenían sus aviones en
campos al sur de Indochina. En la tarde del día 9, un submarino japonés avistó los
barcos y los aviones salieron en su busca; los encontraron el día 10, tras una
tentativa fallida. Los atacaron con torpedos y bombas, y hundieron el Prince of
Wales y el Repulse al mediodía.
La eficacia de la Aviación en los combates navales fue probada, una vez más, y
los japoneses quedaron dueños del Pacífico, sin flotas aéreas o navales
enemigas a la vista. Desde entonces, sus convoyes pudieron extenderse con
libertad para conquistar cualquier territorio sin ser molestados.
PLANES DE ATAQUE JAPONÉS
Conscientes de la importancia vital de asegurarse el control aéreo en el medio
oceánico, el Japón planeó la destrucción de los aviones enemigos en tierra y la
ocupación de los aeródromos. Era esencial, pues, utilizar el factor sorpresa:
golpear con rapidez y eficacia sobre los objetivos previstos, destruyendo las
líneas medulares de las defensas enemigas antes de que estos pudieran
reaccionar.
Un primer problema se presentaba en Filipinas donde, al salir el sol cinco horas
más tarde que en Pearl Harbor, los americanos ya estarían advertidos del ataque
japonés, lo que les daría tiempo para preparar sus defensas.
Conseguida la supremacía aérea y la destrucción de las flotas enemigas, el paso
siguiente sería la ocupación de las bases en tierra suficientes para desarrollar las
operaciones de ocupación del resto del territorio. El Mando japonés calculaba que
las defensas aliadas no podrían hacer frente a la arrolladora "blitzkrieg" japonesa,
tomando Manila al cabo de 50 días, Singapur a los 100 y las Indias holandesas a
los 150 días.
Los objetivos japoneses eran la ocupación y el asentamiento en una extensa área
por el Pacífico y Asia, especialmente Tailandia, Malasia, Filipinas y las Indias
holandesas. Para ello, la Marina Imperial debería jugar un papel fundamental,
como apoyo de todas las operaciones.
Se contaba ya con que la Flota norteamericana, una vez iniciadas las
hostilidades, llegaría a Filipinas para apoyar a los países atacados. A partir de ese
momento, sufriría el hostigamiento de los buques y submarinos japoneses
anclados en las Marshall y las Carolinas, antes de que la superior Flota japonesa
diese el golpe final.
El optimismo previo, del que Tojo y su grupo de generales eran el mayor
exponente, se vio frenado por las reservas del almirante Yamamoto, quien
confiaba en lograr un cierto éxito inicial gracias al factor sorpresa y a la excelente
preparación técnica y material japonesa, pero conocía la capacidad industrial
norteamericana y preveía una larga y costosa guerra con los Estados Unidos.
26
Llegado este momento, pensaba, el Japón podría negociar una paz ventajosa una
vez asentado en los territorios ocupados. El único problema radicaba en que, para
asegurar el éxito de este plan, la Flota americana del Pacífico debía ser
destruida.
En los primeros días de diciembre de 1941 dieron comienzo las operaciones
previas a la gran expansión japonesa. El día 4, a las cinco y media de la
madrugada, salieron de Hainan en dirección a Sengora, Pattani y Kota Bahru 19
buques de transporte con 26.000 soldados. Un día después salieron siete navíos
más hacia las costas de Tailandia, al tiempo que la División de los Guardias
Imperiales se preparaba para comenzar su avance desde Indochina hacia
Tailandia y Malasia, para apoyar los desembarcos.
Inmediatamente después de ser conocido el éxito del ataque sobre Pearl
Harbor despegarían los aviones desde Formosa hacia Filipinas. En aquélla, como
en Okinawa y las Palaos, estaba preparado el ejército 14 para desembarcar en
los lugares previstos tras la realización de varias incursiones aéreas.
En China, comenzaría el avance del Ejército 38 hacia Hong-Kong, mientras que
las fuerzas diseminadas por el Pacífico deberían ocupar Guam, Wake y las
Gilbert.
Las órdenes preliminares habían sido impartidas por el Mando meridional el 15 de
noviembre. Las definitivas fijaban el ataque para el día 8, denominado en clave
"día X", siendo comunicadas por Tokio el 2 de diciembre. Entretanto, la flota
de Nagumo se había reunido en las Kuriles el 22 de noviembre.
ATAQUE SOBRE PEARL HARBOR
Reunida en la bahía de Tankan desde el 22 de noviembre, la Flota de Nagumo se
compone de los portaaviones Akagi y Kaga, Hiryu y Soryu, y Shokaku y Zuikaku,
dos acorazados- Hiei y Kirishima-, dos cruceros pesados -Tone y Chikuma-, uno
ligero, 16 destructores y tres submarinos.
En cubierta se embarcan reservas de combustible, bombas perforantes para el
bombardeo a gran altura y torpedos provistos de aletas estabilizadoras de
madera, especiales para uso en aguas de poca profundidad.
Por delante de la Flota de Nagumo, zarpan de Japón 27 submarinos con el
objetivo de patrullar las cercanías de Pearl Harbor y su acceso.
De los 27, cinco transportan submarinos enanos, que deberán introducirse en el
puerto y atacar a los buques norteamericanos allí anclados. Todos los buques
cuentan con torpedos de 610 m propulsados por oxígeno líquido, los más
poderosos del momento.
El 25 de noviembre Yamamoto da la orden de iniciar el ataque. La Flota sale al
día siguiente, navegando por aguas poco concurridas. El sigilo es clave para el
éxito de la operación: cualquier barco americano, inglés u holandés que sea
avistado deberá ser inmediatamente hundido; si es de otra nacionalidad, deberá
ser capturado para evitar que envíe cualquier mensaje.
27
La radio ha de permanecer en silencio, al tiempo que, como medida de contra
información, el resto de buques japoneses en el Pacífico intensificará sus
mensajes para equivocar al enemigo.
El día 3 se abastece en alta mar. Cualquier encuentro con un buque americano
antes del día 6 eliminaría el factor sorpresa, lo que haría que el ataque fuese
suspendido. Si el descubrimiento se producía más tarde, la decisión de continuar
con el plan previsto correspondería al propio Nagumo. Una última opción preveía
que la Flota se detuviese en espera de órdenes, caso de que las negociaciones
con Washington así lo requirieran.
Sobre el papel, se esperaba con el ataque derrotar definitivamente a la Flota
americana del Pacífico, anclada en Pearl Harbor, y especialmente a los
portaaviones Lexington y Enterprise. Para ello, partirían dos oleadas de
aviones. La primera, con 183 aparatos al mando de Fuchida -49 bombarderos de
alta cota equipados con bombas perforantes, 40 Nakajima B5N2 Kate torpederos,
51 Aichi D3A Val y 43 zeros de escolta-, saldría a las 6 de la mañana a 275 millas
al norte de Pearl Harbor, con la misión de destruir las cinco bases aéreas
norteamericanas en la isla de Oahu, desconociendo que existía un sexto.
También se atacaría la base de hidroaviones de Kanehoe y, por último, la isla
Ford, base de la Flota. Si ésta no se hallaba en puerto, la orden era buscarla en
un radio de 150 millas al sur de la isla.
La segunda oleada estaría compuesta por 213 aparatos, con otros 30 de
reconocimiento que se situarían por encima y 40 más en reserva.
Producido el ataque, todas las unidades deberían volver a sus puntos de partida,
previo paso por un punto de abastecimiento de combustible.
Con una velocidad de 13 nudos, el 4 de diciembre la Flota atraviesa la línea
internacional del cambio de fecha y pone rumbo Sudeste, incrementando su
velocidad hasta los 25 nudos y abandonando a los buques auxiliares.
La radio capta las transmisiones norteamericanas, que indican que en Oahu no se
espera ningún ataque y que los vuelos de reconocimiento norteamericanos se
producen al Sudoeste de la isla. La primera decepción japonesa se produce
cuando reciben la noticia, facilitada por un espía, de que en Pearl Harbor se
encuentran ocho acorazados, pero ningún portaaviones.
El 6 de diciembre a las 21 horas, la Flota llega al punto en que debe dirigirse
hacia el Sudoeste. El Akagi iza la bandera que fuera enarbolada por el almirante
Togo durante la batalla de Tsushima en 1905. Al mismo tiempo, los submarinos
enanos inician su entrada en la rada de Pearl Harbor, aprovechando que la malla
anti submarinos no se encuentra desplegada.
El 7 de diciembre, a las 5 de la madrugada, desde los
cruceros Tone y Chikuma salen dos hidroaviones de reconocimiento, para
explorar las rutas de Pearl Harbor y Lahaida y buscar a los portaaviones
norteamericanos.
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Hora y cuarto más tarde parte la primera oleada de ataque en dirección sur.
LÍDERES, ACUERDOS Y PACTOS JAPONESES
Konoye Fuminaro
Miembro de una familia de la alta aristocracia, se educó en las universidades de
Tokio y Kioto. Como miembro de la delegación japonesa, participó en la
Conferencia de la Paz de París, en 1919. Un año después ingresó en la política
activa y fue senador, ministro del Interior y presidente de la Cámara de los Pares
(1933). Ferviente nacionalista y defensor del ideal panasiático de los círculos
imperialistas nipones, colaboró en la creación de una asociación para
la expansión territorial del Imperio.
Primer ministro en dos ocasiones, 1937-39 y 1940-41, su actuación en política
exterior estuvo marcada por la progresión militar en el Continente y por su
acercamiento a la URSS -pacto de no agresión de 1941- y al Eje, con quien firmó
el Pacto Tripartito. Opuesto al ataque a Estados Unidos, fue sustituido por el
general Tojo. Vicepresidente del primer Gobierno de la postguerra, fue detenido
como criminal de guerra, pero se suicidó antes de ser juzgado.
Matsuoka Yosuke
Bajo el gobierno de Konoye asumió la jefatura del Ministerio de Asuntos
Exteriores. Estando en este cargo, el 27 de septiembre de 1940 firmó el acuerdo
tripartito de no agresión que había establecido con Hitler y Mussolini. Con la
Unión Soviética pactó en los mismos términos en abril de 1941. Al final del
conflicto se presentó ante las autoridades estadounidenses que habían lanzado
una orden de captura. En 1946 mientras se celebraban los juicios por crímenes de
guerra falleció.
Tojo Hideki
No se distingue especialmente dentro del Ejército hasta 1931, en que, con el
grado de coronel, manda las tropas que penetran en Manchuria.
Mientras madura la idea de formar la Esfera de Coprosperidad, surge en el país
una sociedad secreta, de composición militarista y carácter nacional-reformista, la
Tosei-ha. Tojo se encuentra entre sus promotores. El ascenso de esta
organización impulsará la carrera meteórica de Tojo.
En 1937 es general y jefe del Estado Mayor japonés que opera en la provincia
china de Kuangtung. Ese mismo año regresa a Tokio para desempeñar la
vicepresidencia del Ministerio de la Guerra. En 1939 se hace cargo de la aviación
militar y en 1940, del Ministerio de la Guerra.
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En 1941 los partidarios dentro del gobierno japonés de la negociación con los
Estados Unidos pierden ante los que propugnan la guerra, dirigidos por Tojo. La
crisis de gobierno se solventa con el acceso de Tojo al poder, desde donde
ordena el ataque contra Pearl Harbor.
La desastrosa marcha de la contienda, cuyo final está sentenciado tras la batalla
del mar de las Filipinas, le obligó a dimitir. Tras la rendición del Japón trató de
suicidarse. Malherido, fue apresado, curado y después condenado por los
norteamericanos como criminal de guerra. Murió ahorcado.
Yamamoto Isoroku
La carrera militar del más brillante jefe naval nipón se inició en la guerra ruso-
japonesa de 1905 como oficial de un acorazado.
Nombrado agregado naval en Washington, toma parte en las conferencias
navales posteriores a la Primera Guerra Mundial. En esa época, Yamamoto
elabora su filosofía de la guerra naval del futuro, que impondrá en la flota
japonesa a partir de 1936, año en que será nombrado viceministro de Marina.
En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Yamamoto no se hace muchas
ilusiones sobre el resultado final, pero dispone de un plan para asestar un mazazo
grandioso a la flota USA: Pearl Harbor. Tras aquella audaz y victoriosa acción
mantendrá un duro pulso con los norteamericanos. Su astucia y habilidad táctica
se doblegarán ante el radar, la industria y el espionaje de Washington.
Un telegrama de su buque insignia, el Yamato, lo interceptó el espionaje
norteamericano: Yamamoto iba a visitar tres bases en las Salomón el 18 de abril.
A las 8.35 horas, el avión del almirante fue derribado por 18 P-38 Lightning.
Nagumo Chiuchi
De su participación en la batalla de Midway queda el recuerdo de sus actos
negligentes.
Su falta de decisión y el hecho de que no comunicara sus planes a sus
colaboradores más cercanos determinaron la derrota japonesa, frente a la victoria
de los estadounidenses al mando de Spruance. En estos años le ascendieron a
comandante de la Flota del Pacífico Central.
El desembarco de los marines en Saipán, terminó provocando su suicidio en
1944.
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