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Clase 5

La Región Metropolitana de Buenos Aires (GBA) es la aglomeración urbana más grande de Argentina, con una población en crecimiento y una estructura territorial que ha evolucionado a lo largo del tiempo. Desde su capitalización en 1880, la región ha experimentado un desarrollo industrial y urbano significativo, influenciado por la inmigración y la expansión de la infraestructura de transporte. A pesar de la desaceleración en el crecimiento poblacional en algunas áreas, la metropolización y la suburbanización han caracterizado su evolución socioespacial.

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La Región Metropolitana de Buenos Aires (GBA) es la aglomeración urbana más grande de Argentina, con una población en crecimiento y una estructura territorial que ha evolucionado a lo largo del tiempo. Desde su capitalización en 1880, la región ha experimentado un desarrollo industrial y urbano significativo, influenciado por la inmigración y la expansión de la infraestructura de transporte. A pesar de la desaceleración en el crecimiento poblacional en algunas áreas, la metropolización y la suburbanización han caracterizado su evolución socioespacial.

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE QUILMES

MAESTRÍA EN CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Titulo del Curso:


Industria y empresas en la región metropolitana de Buenos Aires: una perspectiva
histórica.

Unidad 2

Industria y territorio: la Región metropolitana de Buenos Aires

CLASE 5

LA REGIÓN METROPOLITANA DE BUENOS AIRES

La localidad1 más grande de la Argentina es el Gran Buenos Aires (GBA). Para


1991, los 19 partidos que lo formaban, incluida la Capital Federal (con 200 km2), tenían
una superficie de 3880 km2, una población de 10934727 y una densidad de 2818 hab/km2.
En el 2001, el GBA contaba con 25 partidos, una población una 11460575 habitantes, una
superficie 3829 km2 y una densidad de 2993 hab/km2)2. En el censo Nacional del 2010 el
GBA la población era de 12.801.364 habitantes.
En este espacio geográfico, los procesos espaciales, económicos, sociales y políticos
tienen un carácter global tanto por la influencia externa como por la que ejercen sobre el
resto de las regiones del país.
La localidad GBA tiene una delimitación territorial, según el Instituto Nacional de
Estadística y Censo (INDEC)3 que ha cambiado a lo largo del tiempo. Se la define como un
aglomerado urbano o conurbación en torno a la ciudad capital integrada por un conjunto de
partidos de la provincia de Buenos Aires más próximos a la ciudad de Buenos Aires A
partir del 2001, la capital se denomina Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) o
Ciudad de Buenos Aires y los 19 partidos que forman el conurbano bonaerense, “el Gran

1
Entendemos por localidad en términos de aglomeración, tal como la define el INDEC en el Censo Nacional
de Población de 1991.
2
Desde 1946, la capital se mantiene en torno a los 3 millones de habitantes.
3
El INDEC, con la participación de los diversos componentes del Sistema Estadístico Nacional (SEN),
recoge y publica información demográfica y económica , a partir de los censos nacionales de población y de
actividades económicas; y las proveniente de los sistemas de encuestas permanentes, que permiten la
elaboración de gran cantidad de índices. Esta información está referida a áreas geográficas de distinto tamaño
que denominamos áreas censales oficiales.
Buenos Aires”4. Desde agosto del 2003, el INDEC se refiere al conjunto de 25 partidos más
la CABA como Gran Buenos Aires.
El área que abarca esta localidad se ha dividido tradicionalmente en cordones o
coronas en torno a la capital. Estas expresiones tienen la connotación de continuidad
geográfica. “El primer cordón” representa un anillo de partidos que rodean y limitan con la
Capital Federal y el “segundo cordón”, un anillo contiguo al primero. El “tercer cordón”
vincula a la dinámica metropolitana con 15 partidos más alejados que conforman la Región
Metropolitana de Buenos Aires5.

4
El Censo nacional de Poblacion de 1991 publica por primera vez en la historia de los censos científicos
argentinos información a nivel de fracciones censales para los Partidos del Gran Buenos Aires, pero solo para
los19 tradicionales, excluyendo a los de la tercera corona, más externa, pero que forman hoy parte de la
localidad Gran Buenos Aires.
5
La RMBA incluye la Ciudad de Buenos Aires y 25 partidos del conurbano divididos en tres coronas. Gran
Buenos Aires (primera y segunda corona). “Primera corona” incluye: San Isidro, Vicente López, Gral. San
Martín, Tres de Febrero, Morón, Ituzaingo, Hurlingam, La Matanza (la parte más cercana a la ciudad de
Buenos Aires), Lomas de Zamora, Lanús, Avellaneda y Quilmes. “Segunda corona”: San Fernando, Tigre,
Gral. Sarmiento, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, La Matanza (González Catán, Laferrere,
etc.), Esteban Echeverría, San Miguel, Presidente Perón, Almirante. Brown, Florencio Varela y Berazategui.
“Tercera corona” integrada por 15 partidos: Escobar, Pilar, Campana, Zárate, Exaltación de la Cruz, Gral.
Rodríguez, Luján, Marcos Paz, Gral. Las Heras, Cañuelas, San Vicente, Brandsen, La Plata, Ensenada y
Berisso.
Entre 1993-1994 se dividieron tres partidos del GBA: General Sarmiento, en J. C. Paz, Malvinas Argentinas y
San Miguel; Morón, en Hurlingham, Ituzaingó y Morón; Esteban Echeverría , en Ezeiza y Esteban Echeverría. Se
creo el nuevo partido de Presidente Perón que comprende parte del territorio de San Vicente, Esteban Echeverría y
Florencio Varela.
“Las ciudades crecen de manera diferente,
ampliando el tamaño de su población y el
territorio ocupado... En su expansión,
ocupan territorios significados y recortados
político-institucionalmente. Uno de ellos
corresponde con la división espacial más
pequeña de la organización estatal: el gobierno
local o municipal Al crecer las ciudades pueden
superar los límites del gobierno local donde
nacieron o fueron creados; pueden al mismo tiempo, unir
asentamientos que se iniciaron en diferentes
territorios municipales. Esos hechos
introducen el tema de las ciudades
metropolitanas.”
P. Pirez, 1994:56-57.

Los partidos constituyen municipios y una variedad de cuestiones demográficas,


sociales y económicas dependen directamente de los organismos administrativos y de
gestión de estos gobiernos locales.
El GBA es una aglomeración urbana, como se la entiende desde el censo de 1970 y
al mismo tiempo una localidad que según la definición del censo de 1991 se caracteriza por
la continuidad en la edificación a partir de un núcleo central denso, es decir, una
concentración espacial de edificios -sean o no viviendas- conectados entre sí por calles
(INDEC, CNP 91). Dentro de esta definición sólo se admiten discontinuidades de
edificación menores (calles, tierras intersticiales no edificadas, corrientes estrechas de agua,
espacios verdes, etc.).
Históricamente, la orientación geográfica de esta región ha seguido los ejes
principales de transporte. Hasta los años 30 fueron las vías del ferrocarril las que
demarcaron su expansión; luego, la red vial de transporte automotor y su vinculación
intersticial entre los ejes principales que se proyectan desde el centro en la ciudad de
Buenos Aires hacia la periferia.
Población, superficie y densidad del Gran Buenos Aires, información censal de los dos
últimos censos nacionales de población. 1991, 2001
Variación
Partido relativa
1991 2001 porcentual

Almirante Brown 450.698 515.556 1,14


Avellaneda 344.991 328.980 0,95
Berazategui 244.929 287.913 1,18
Esteban Echeverría 275.793 243.974 0,88
Ezeiza /// 118.807
Florencio Varela 254.997 348.970 1,37
General San Martín 406.809 403.107 0,99
General Sarmiento 652.969 ///
Hurlingham /// 172.245
Ituzaingó /// 158.121
José C. Paz /// 230.208
La Matanza 1.121.298 1.255.288 1,12
Lanús 468.561 453.082 0,97
Lomas de Zamora 574.330 591.345 1,03
Malvinas Argentinas /// 290.691
Merlo 390.858 469.985 1,20
Moreno 287.715 380.503 1,32
Morón 643.553 309.380 0,48
Quilmes 511.234 518.788 1,01
San Fernando 144.763 151.131 1,04
San Isidro 299.023 291.505 0,97
San Miguel /// 253.086
Tigre 257.922 301.223 1,17
Tres de Febrero 349.376 336.467 0,96
Vicente López 289.505 274.082 0,95
Berisso 74.761 80.092 1,07
Brandsen 18.424 22.515 1,22
Campana 71.464 83.698 1,17
Cañuelas 32.275 42.575 1,32
Ensenada 48.237 51.448 1,07
Escobar 128.421 178.155 1,39
Exaltación de la Cruz 17.072 24.167 1,42
General Las Heras 10.987 12.799 1,16
General Rodríguez 48.383 67.931 1,40
La Plata 541.905 574.369 1,06
Luján 80.645 93.992 1,17
Marcos Paz 29.104 43.400 1,49
Pilar 144.670 232.463 1,61
San Vicente 34.409 44.529 1,29
Zárate 91.600 101.271 1,11
Capital Federal 2.965.403 2.776.138 0,94
RMBA 12.307.084 13.113.979 1,07

Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población y Vivienda 1991 y Censo Nacional de Población, Hogares y
Viviendas 2001 e Instituto Geográfico Militar.
Nota: La información referida a la población, superficie y densidad de 1991, corresponde a la división
político-administrativa vigente en 1991.

La variación porcentual relativa de la población entre los últimos dos censos no es


muy marcada. En el caso de la Capital se nota una pequeña disminución y en los partidos
de la primera y segunda corona la evolución tampoco indica un aumento significativo de la
población. Por el contrario, en casi todos los partidos de la tercera corona se registra un
incremento importante6

La Región Metropolitana de Buenos Aires: etapas de su desarrollo socioespacial

Recorreremos, brevemente, en el presente apartado los diferentes etapas por los


que atravesó la región desde que la ciudad puerto de Buenos Aires se convierte en
capital de la Argentina.
Desde la capitalización de la ciudad de Buenos Aires, en 1880, hasta el
comienzo de la primera guerra mundial se desarrolló la infraestructura urbana,
desbordada, en gran medida, por el flujo inmigratorio europeo. Con el proceso de ISI, la
industria creció y se expandió, lentamente, sentándose las bases para las futuras décadas
de industrialización. En la región se fue adaptando un patrón específico de
6
En algunos casos como Pilar, el partido que más ha crecido en términos demográficos, se advierte una
diferencia absoluta de casi 90.000 hab.
suburbanización e industrialización que constituyeron las dos caras de un mismo
proceso. El agotamiento del modelo de ISI se caracterizó por la desindustrialización y el
paso hacia un modelo de transición; finalmente, estudiaremos el esqueleto de la
reestructuración económica y territorial, a partir de los 90 y sus secuelas más visibles en
la Región metropolitana.

La Metropolización: orígenes de la industrialización

El vertiginoso crecimiento económico generado por el modelo agroexportador y su


inserción virtuosa en la división internacional del trabajo estimuló la entrada de capitales
extranjeros y la expansión de la infraestructura de transporte y comunicaciones (red
ferroviaria, puertos, modernización urbana de Buenos Aires, inversiones en infraestructura
de servicios, telégrafo, teléfono, etc.). El constante flujo inmigratorio, la formación del
mercado interno y la acelerada urbanización caracterizaron este período en la región de la
ciudad de Buenos Aires y sus alrededores.
El crecimiento entre 1880-1930 se concentró en el área pampeana, región
productora de bienes exportables y la ciudad capital que articulaba, a través de la red de
transporte ferroviario y el puerto, a la producción agropecuaria con el mercado externo.
El fuerte condicionamiento que implicó esta concentración territorial del patrón de
acumulación aceleró el flujo de población hacia las ciudades que, entre 1869 y 1914, se
tradujo en un índice de urbanización anual del 77% mientras que la proporción de
población rural disminuyó, en esos años, del 67% al 42%. La población de la Capital
Federal, se multiplicó por 8,5 y la superficie poblada en Buenos Aires y sus alrededores por
12 (Censos Nacionales 1869, 1895, 1914, INDEC).

A fines del siglo XIX, la ciudad de Buenos Aires y sus zonas aledañas atravesaron
profundas transformaciones sociales y económicas que se prolongarían hasta las primeras
décadas del siglo XX. La industria en 1895, según el segundo censo nacional, estaba
instalada en un 81% en la capital federal y ciudades del Litoral, y todavía para 1914, este
porcentaje era del 70%.
Entre 1869 y 1914, los inmigrantes ocupaban las áreas residenciales al sur 7 y centro
de la ciudad de Buenos Aires (muchos, en los denominados conventillos) y menos en zonas
suburbanas (área de quintas, hacia el sur y norte de la ciudad de Buenos Aires). Entre los
censos de 1895 y 1914 se registraron procesos de suburbanización masiva, es decir, la
incorporación de la población al anillo periférico fuera de los actuales límites de la Capital
Federal.
La movilidad de la población estaba asegurada por tranvías de tracción a sangre y
para algunas zonas, por el ferrocarril. La red de transporte superaba los límites de la ciudad
hacia el norte (espacios residenciales) y hacia el sur (actividad portuaria y localizaciones
industriales en la cuenca del Riachuelo y en las localidades ubicadas al sur).
El ritmo de crecimiento de la economía argentina por entonces aseguraba empleos y
movilidad social. La mayor demanda de mano de obra tenía relación con la industria de la
construcción, los frigoríficos y los ferrocarriles. Un gran número de familias inmigrantes
accedieron a la propiedad de un lote que se pagaba a plazos (subdivisión y loteo de antiguas
chacras). Estos terrenos se ubicaban habitualmente en áreas periféricas que se incorporaban
a la dinámica urbana por la expansión del servicio de trenes articulados con el tranvía.
Las siguientes generaciones de inmigrantes fueron instalándose en nuevas
localizaciones en torno a la ciudad de Buenos Aires donde pudieron establecer sus
viviendas, muchas veces a través de la autoconstrucción en base a un esquema muy
difundido, la media planta romana o “casa chorizo”8. Para 1895, cerca de la mitad de la
población total de la región eran extranjeros, porcentaje que descendió a un tercio en la
década del 30. Los extranjeros representaban, según el tercer censo nacional de población
de 1914, un 60% de los propietarios de las zonas suburbanas. La afluencia de extranjeros
se desaceleró durante la primera posguerra y desde entonces se dio una disminución
progresiva y estancamiento notable de la inmigración europea a partir de la década del 30.

La Buenos Aires del Centenario: la mirada de los viajeros


“Primogénita ilustre del Plata
7
La zona sur de la ciudad era el lugar de residencia de la burguesía comercial y terrateniente que luego de las
epidemias de fines del siglo XIX se reubicaron hacia el norte (desde Retiro y Recoleta).
8
Este tipo de vivienda tuvo la influencia de los constructores italianos y se trataba de una sucesión de
habitaciones con la cocina al fondo y el baño en el patio central.
...arca fuerte de nuestra esperanza
...joya humana del mundo dichoso
Leopoldo Lugones
A Buenos Aires
Odas Seculares, 1910

Toda capital es un mundo; un mundo donde la diversidad de los


aportes nacionales vienen a fundirse con la construcción del extranjero,
pero es sólo de todo el país de donde puede venir la comprensión
de la vida nacional.
Georges Clemenceau,
La Argentina del Centenario, 1911

Clemençeau no parecía dejarse engañar por los brillos porteños y se preguntaba,


tácitamente, si la riqueza que ostentaba la capital-puerto se podía mantener en el futuro
próximo. De ser una ciudad “puramente colonial” se convirtió, en menos de cuarenta años,
en una de las más grandes ciudades cosmopolitas del mundo. “Para ello no sólo ha sido
preciso, en tan corto espacio de tiempo, crear todo lo que faltaba sino también
especialmente rehacer muchas veces, por decirlo así, una ciudad nueva. El desarrollo
colosal de la metrópoli imponía cada diez años nuevas transformaciones, más costosas y
difíciles a medida que se avanzaba. Puede decirse que todo lo que se creó en 40 años lo fue
en una escala muy reducida. Y no se puede acusar a nadie pues era imposible aún a los
espíritus más optimistas prever una posteridad semejante... Se edifican cada año 10000 a
13000 casas,... la actividad argenta que labora, crea, improvisa y trabaja sin cesar.” (J.
Huret, 1988: 38).
La fuerza de la capital se centraba, más allá de ser el eje del poder financiero y
comercial, en su capacidad de demanda interna. Buenos Aires concentraba entre 1880 y
1910 gran parte del consumo urbano del país que fue el estímulo más importante para la
producción local. Por ello, uno de los aspectos que distinguía la ciudad de Buenos Aires,
según la opinión de Posada, sociólogo español que visitó la Argentina en la primera década
del siglo XX, era su fuerza consumidora. Para el consumo alimentario de la población de la
capital y alrededores” se sacrificaron 226063 bueyes, 167158 vacas, 177187 terneras,
791932 corderos, 66137 cerdos. Se come 128 T/año, 352 g. por día. Para un año de
consumo se produjeron 33646 Kg. en 403 panaderías...se calcula que entran en Buenos
Aires frutas, verduras, pescado de río, queso manteca, crema, huevos y gallinas.” (Posada,
1912).
La transformación acelerada de la ciudad, su cosmopolitismo y su aspecto europeo
fueron temas recurrentes en las crónicas de los viajeros. La mayoría “entró” a la Argentina
por el puerto; si bien podían imaginar que esa no era toda la realidad argentina, el
dinamismo de la ciudad no dejaba de asombrarlos. “Buenos Aires con automóviles lujosos
que os conducen a los hoteles a través de las grandes arterias centrales, el movimiento de
las calles en que radica el alto comercio, el de aquella calle Florida, demasiado estrecha,
con sus almacenes parisinos, el tránsito de las calles próximas, 25 de Mayo, B. Mitre, y
Reconquista, las grandes oficinas y los animados Bancos, que ostentan rótulos con letras de
porcelana blanca os hacen transportar con la imaginación al centro de la cité de Londres o
de Hamburgo, todo esto visto separadamente o en conjunto, constituye la gran ciudad
europea, mezcla de las capitales y metrópolis comerciales de Europa.” (Huret, 1988: 28)
Buenos Aires condensaba el espíritu más intimo del país a la vez que su
cosmopolitismo parecía ocultarlo. Clemençeau percibió esta paradoja. “Mientras que el
aspecto de las calles de Buenos Aires es verdaderamente europeo tanto por disposiciones y
la fisonomía de todas las cosas cuanto por la dominación de nuestras modas y la expresión
de las caras, todo este mundo es argentino hasta la médula de los huesos.” El político
francés sugería, que así como Nueva York representaba el alma norteamericana, Buenos
Aires era perfectamente argentina. “La diferencia es que en Nueva York, como en Boston y
hasta en Chicago, el norteamericanismo se presenta a la vista en el tipo, en la mirada, en la
marcha y en la voz, tanto como en los sentimientos y en la manera de pensar, mientras que
lo picante de Buenos Aires es presentarnos, bajo el velo de Europa, un argentinismo
desatinado.” (G. Clemençeau, 1999: 45).
Buenos Aires era la esencia de la argentinidad y Clemençeau no ocultó su sarcasmo
cuando para caracterizar a los habitantes de la capital afirmaba que “no contentos de ser
argentinos de pies a cabeza, estos diablos de gentes nos argentinizarían en un abrir y cerrar
de ojos, si les diéramos la ocasión de hacerlo.” (G. Clemençeau, 1999: 45). Sin embargo, en
esta ciudad europeizada con evidentes signos de bienestar y progreso, se destacaba la
ausencia del hombre americano. Una aparente contradicción. Huret se pregunta en qué
medida el indígena formaba parte de la identidad argentina; observaba esta ausencia y
comentaba “que no se ven en las calles porteñas nada del indígena típico, nada desvanece
esa impresión (de cosmopolitismo)” y buscaba sin hallarlos a los gauchos que llegaban del
campo, a los mendigos a caballo. Se cuestiona qué representa la ciudad de Buenos Aires de
esa amalgama informe que es la Argentina aluvial (Huret, 1988)
La ciudad como preparándose para la guerra cotidiana: “se mueve y se retrae sin
cesar y las gentes todas parecen vivir con arma al brazo, esperando el toque de avance, de
alerta, como ejército en marcha movido al presente por las ansiedades del enriquecerse a
todo vapor y con los problemas generales que semejante estado de ánimo suscita”. Al
contemplar al pueblo y a la ciudad en marcha como cabeza de un inmenso movimiento
humano, Posada se planteaba la inevitable cuestión del provenir de esa joven nación y
quería saber si “su dinamismo y ritmo de crecimiento seguirían alimentando en las décadas
venideras ese bienestar material” (Posada, 1912)

Los alrededores de la ciudad


El primer anillo que rodeaba la capital creció por el flujo de la población inmigrante
atraída por las fábricas. Desde los orígenes de la industrialización se instalaron,
preferentemente, en las localidades al sur del Riachuelo y construyeron barrios obreros y
muchas veces sus propias viviendas.
La actividad industrial de mayor desarrollo tuvo relación directa con el modelo
agroexportador (frigoríficos, molinos harineros, etc.). Ahora bien, las inversiones en
actividades manufactureras orientadas hacia bienes finales para la demanda doméstica
(industria alimenticia, metalúrgica, textiles, confecciones y otras) fueron adquiriendo
importancia, dado el contexto expansivo y el dinamismo del mercado interno. La
concentración de las actividades industriales, en este período, fue muy significativa en los
distritos del sur (el barrio de Barracas dentro de la Capital Federal y fuera de sus límites, al
sur del Riachuelo, Avellaneda, Llavallol, Quilmes, etc.).
Jules Huret sugiere, en su crónica de viaje, que para conocer “la actividad material
de la metrópoli, hay que dirigirse a los barrios del sur, a la Boca, a las Barracas, a las orillas
del Riachuelo, donde se hallan los mercados de lanas y cueros, los mataderos, los depósitos
y frigoríficos. Allí se encuentran reunidos los centros comerciales, las industrias, las
fábricas, los almacenes de hierro y maderas, donde se encuentra gran parte del tránsito de la
población. Se observa allí la actividad ordinaria de los grandes centros europeos.” (Huret,
Jules, 1988: 57).
Con la primera guerra mundial quedaría de manifiesto el alto grado de dependencia
de la incipiente producción industrial con respecto a la importación de bienes finales e
insumos. Las actividades industriales de Buenos Aires y también en zonas cercanas a la
capital mostraban por entonces su dinamismo. La escasez de bienes variados, materias
primas, maquinaria, repuestos determinó un mayor impulso de la industrialización en la
región. Nacía así la primera experiencia de industrialización por sustitución de
importaciones.
La creciente demanda del mercado interno estimuló la producción manufacturera
que se reduciría al finalizar el conflicto. Sin embargo, las características de este proceso
anticiparon la industrialización de los años 30. La potencialidad de ese mercado interno
resultó atractiva para los capitales norteamericanos que tuvieron una mayor presencia hacia
la década del 20 (plantas de armado: Ford, General Motors,).
La crisis del 30 provocó el cierre de los mercados externos a la producción local y fue casi
imposible equilibrar la balanza de pagos para continuar con las importaciones. Las
dificultades de la economía de los sectores rurales pampeanos y extrapampeanos marcó el
comienzo de la etapa de migración interna hacia los centros urbanos y suburbanos. Estos
flujos migratorios se asentaron en nuevas localizaciones, preferentemente, fuera de los
límites de la Capital Federal.
En el área de la capital y los partidos lindantes, la red de transporte estaba formada
por los tranvías, tres líneas de subterráneos, el tren suburbano y los colectivos que
comenzaban a competir, francamente, con el resto de los servicios en los mismos
recorridos. Esta red aseguraba el traslado de la mano de obra, la materia prima y la
producción

La Región Metropolitana de Buenos Aires y el proceso de suburbanización

La urbanización y suburbanización correspondieron a un modelo de desarrollo que


se apoyó en la ISI. Se reactivó el crecimiento, la expansión de la ciudad y de su periferia.
Este proceso de suburbanización presentó, en principio, deficientes condiciones de vivienda
y de provisión de infraestructura de servicios. A partir del 30, la población que habitaba la
periferia provenía mayoritariamente del interior del país y de países limítrofes. El flujo de
inmigrantes europeos fue casi inexistente, desde entonces, lo cual determinó un cambio de
composición de la mano de obra y de las características del mercado de trabajo.
A partir de los 40 aumentó la producción manufacturera y por lo tanto el empleo
industrial. La lógica de localización de las empresas tendió a privilegiar los
emplazamientos fuera de los límites de la Capital Federal.
El gobierno peronista generó condiciones objetivas de atracción de esta población migrante
interna a través de mecanismos estatales de regulación y redistribución del ingreso. La
nacionalización de los servicios públicos, la estatización en el control de la economía y el
apoyo decidido al sector industrial fueron los pilares básicos de este proceso.
En este contexto surgen y se consolidan barrios obreros en la primera y segunda
corona del GBA. La crisis ferroviaria se reflejó en la elección de las localizaciones de las
industrias y asentamientos populares. A pesar de ello, una parte importante de los
desplazamientos cotidianos residencia-trabajo, continuaba organizada en torno a los
servicios del ferrocarril suburbano cuya red era el eje central de los trayectos largos. El
desarrollo de la red de transporte automotor de colectivos en los partidos del GBA servía
para unir las nuevas zonas ocupadas, con las estaciones de los grandes ejes ferroviarios.
Los trabajadores inmigrantes protagonistas de esta expansión suburbana accedían a
la pequeña propiedad a través de una serie de políticas públicas que incluían desde
préstamos a largo plazo, subsidio de tarifas de transporte, hasta el control de alquileres. Las
formas de acceso a la propiedad de los lotes era a través de “loteos económicos”
(reproducción del trazado tradicional, en cuadrícula, sin reserva de espacios públicos ni
construcciones materiales, ni provisión de servicios). Estos loteos significaban una
inversión especulativa en torno a la tierra. El procedimiento facilitaba el acceso a la
propiedad a plazos relativamente largos, en cuotas que los trabajadores podían pagar debido
a la estabilidad laboral. Además del trabajo estable, la propiedad de la tierra y la vivienda
constituían los mecanismos centrales de integración de los trabajadores al modelo de
desarrollo de la ISI.
El conurbano tenía bajas densidades combinadas con un tejido urbano discontinuo y
desestructurado con espacios abiertos informales (terrenos baldíos y lotes discontinuos).
Esta modalidad de ocupación del suelo abarcó superficies enormes en el borde externo de la
primera corona y parte de la segunda corona.
A partir de los años 50-60 se difundió el fenómeno de la “villa miseria”, una forma
urbana de tipo enclave. La población sin vivienda ocupaba los terrenos fiscales y privados y
desplegaba un trazado irregular que contrastaba con el entorno por la construcción precaria
de las viviendas y la absoluta falta de servicios. Su localización se produjo tanto en zonas
centrales de la ciudad (C.F, zona portuaria, terrenos de los ferrocarriles, cuenca del
Riachuelo) como en espacios intersticiales en los partidos de la primera corona del GBA.

Bibliografía

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Torres, Horacio. (1975) “Evolución de los procesos de estructuración urbana. El caso de la
ciudad de Buenos Aires” en Desarrollo Económico Nº 58, volumen 15 IDES Buenos Aires.

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