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GED1 La Hermandad de Dune

La Hermandad de Dune, ambientada 80 años después de la Batalla de Corrin, narra la formación de la Hermandad Bene Gesserit, la Escuela Mentat y otros grupos en un Imperio en conflicto. El libro explora la lucha contra la tecnología y la influencia de movimientos antitecnológicos, mientras se desarrollan personajes como Manford Torondo, quien busca erradicar vestigios de máquinas pensantes. Es una obra de Brian Herbert y Kevin J. Anderson, dedicada a los fans de la saga Dune.

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GED1 La Hermandad de Dune

La Hermandad de Dune, ambientada 80 años después de la Batalla de Corrin, narra la formación de la Hermandad Bene Gesserit, la Escuela Mentat y otros grupos en un Imperio en conflicto. El libro explora la lucha contra la tecnología y la influencia de movimientos antitecnológicos, mientras se desarrollan personajes como Manford Torondo, quien busca erradicar vestigios de máquinas pensantes. Es una obra de Brian Herbert y Kevin J. Anderson, dedicada a los fans de la saga Dune.

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LA HERMANDAD DE DUNE (el primero de una trilogía) está ambientado 80

años después de la Batalla de Corrin y describe los primeros años de la


Hermandad Bene Gesserit, la Escuela Mentat, los Navegantes y la Cofradía
Espacial, los doctores Suk, los Maestros Espadachines, y el floreciente
movimiento antitecnología que recorre el incipiente Imperio.
Grandes escuelas de Dune #1
La Hermandad de Dune
Brian Herbert
Kevin J. Anderson
Título original: Sisterhood of Dune
Autores: Brian Herbert y Kevin J. Anderson
Publicación del original: 2012

Traducción: Faku J Berrade


Revisión: …
Maquetación: Bodo-Baas
Versión 1.0
11.06.18
Base LSW v2.22
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Declaración
Todo el trabajo de traducción, revisión y maquetación de este relato ha sido realizado por
admiradores de Dune y con el único objetivo de compartirlo con otros hispanohablantes.
Este trabajo se proporciona de forma gratuita para uso particular. Puedes compartirlo
bajo tu responsabilidad, siempre y cuando también sea en forma gratuita, y mantengas
intacta tanto la información en la página anterior, como reconocimiento a la gente que ha
trabajado por este libro, como esta nota para que más gente pueda encontrar el grupo de
donde viene. Se prohíbe la venta parcial o total de este material.
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hacemos como parte de nuestro trabajo, ni tampoco esperamos recibir compensación
alguna excepto, tal vez, algún agradecimiento si piensas que lo merecemos. Esperamos
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LSW 5
Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Brian Herbert, hijo de Frank Herbert, es autor de numerosas y exitosas novelas de


ciencia ficción, y de una esclarecedora biografía de su célebre padre, el creador de la
famosa saga Dune, que cuenta con millones de lectores en todo el mundo.
Kevin J. Anderson ha publicado veintinueve bestsellers y ha sido galardonado con
los premios Nebula, Bran Stocker y el SFX Reader’s Choice.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Este libro está dedicado a las legiones fanáticas de Dune por todo el mundo. Su tremendo
apoyo ha hecho posible que este universo sea notable.
Gracias a los entusiastas lectores de Frank Herbert, Dune se convirtió en la primera
novela en ganar los dos honores más grandes de la ciencia ficción, el Premio Hugo y el
Premio Nébula. Más tarde, mientras el número de fans crecía, Hijos de Dune se convirtió
en la primera novela de ciencia ficción en aparecer en la lista de los bestsellers del New
York Times. Cuando la versión cinematográfica de David Lynch fue estrenada en 1984, la
novela Dune ocupaba el puesto #1 del New York Times.
Hoy en día, casi cincuenta años de la publicación del Dune original, los fans han
mantenido el magnífico legado de Frank Herbert con vida, leyendo sus crónicas
originales, así como también nuestras novelas.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

AGRADECIMIENTOS
Como con todos nuestros libros, tenemos una tremenda deuda de gratitud a nuestras
esposas, Janet Herbert y Rebecca Moesta Anderson, por su amor y apoyo creativo.
También nos gustaría expresar nuestra gratitud a Tom Doherty en Tar Books, a nuestro
editor Pat LoVrutto (Tor) y a Maxine Hitchcock (Simon & Schuster UK), y a nuestro
agente, John Silbersack (Trident Media Group). En adición, Kim Herbert y Byron Merritt
han trabajado sin cansancio para ayudarnos con las complicaciones de las novelas de
Dune a través de esfuerzos promocionales, apariciones en convenciones, y trabajos en
sitios web. Kevin también quiere agradecer a Mary Thomson por sus muchas horas de
transcripción, y a los ayudantes Diane Jones y Louis Moesta.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Fue una época de genios, de personas que extendieron los límites de su imaginación y se preguntaron sobre las
posibilidades de su raza.
—HISTORIA DE LAS GRANDES ESCUELAS

Uno podría pensar que la humanidad obtendría la paz y la prosperidad luego de la derrota de las máquinas
pensantes y la formación de la Liga del Landsraad para reemplazar a la antigua Liga de Nobles, pero las
batallas recién han comenzado. Sin un enemigo externo con quien luchar, comenzamos a pelear entre nosotros.
—ANÁLISIS DEL IMPERIO

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Han pasado ochenta y tres años desde que la última máquina pensante fue destruida en la
Batalla de Corrin, luego de que Faykan Butler tomara el nombre Corrino y se estableciera
él mismo como el primer Emperador del nuevo Imperio. El gran héroe de guerra Vorian
Atreides dio la espalda a la política y huyó hacia zonas desconocidas, envejeciendo
imperceptiblemente a causa del tratamiento de extensión vital que le había dado su
famoso padre, el general cimek Agamenón. Abulurd Harkonnen, una vez ayudante de
Vorian, fue declarado culpable de cobardía durante la Batalla de Corrin y exiliado al
sombrío planeta Lankiveil, donde murió veinte años después. Sus descendientes siguen
culpando a Vorian Atreides por la caída de sus fortunas, aunque el hombre no ha sido
visto desde hace ocho décadas.
En el planeta selvático de Rossak, Raquella Berto-Anirul, quien sobrevivió a un
malicioso envenenamiento que la transformó en la primera Reverenda Madre, ha
adoptado los métodos de las casi extintas hechiceras, para formar su propia Hermandad,
con una escuela que capacita a las mujeres para mejorar sus mentes y cuerpos.
Gilbertus Albans, una vez bajo la tutela del robot independiente Erasmo, ha
establecido un tipo de escuela diferente en el bucólico planeta Lampadas, donde les
enseña a los seres humanos a ordenar sus mentes como una computadora, convirtiéndolos
en Mentats.
Los descendientes de Aurelius Venport y Norma Cenva (quien se mantiene con vida,
aunque en un estado altamente evolucionado) han construido un Imperio comercial de
gran alcance, Venport Holdings; su flota de especia utiliza motores Holtzman para plegar
el espacio, mientras los mutados Navegantes de especia guían a las naves por el espacio.
A pesar de que ha pasado largo tiempo desde la derrota de las máquinas pensantes, el
fervor antitecnológico sigue extendiéndose a través de los liquidados planetas humanos
con poderosos grupos fanáticos que imponen violentas purgas…

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Después de ser esclavizados durante miles de años, finalmente superamos a las fuerzas de la supermente
Omnius, pero nuestra batalla aún está lejos de terminar. La Yihad de Serena Butler puede haber terminado,
pero ahora hay que continuar la lucha contra un enemigo mucho más insidioso y desafiante… la debilidad
humana hacia la tecnología y la tentación de volver a repetir los errores del pasado.
—MANFORD TORONDO, el único camino

Manford Torondo había perdido la cuenta de sus muchas misiones. Había algunas que
deseaba olvidar, como aquel horrible día en que una explosión le había destrozado y
arrebatado la mitad de su cuerpo. Esta misión, sin embargo, sería mucho más simple, y
eminentemente satisfactoria: la erradicación de más restos del mayor enemigo de la
humanidad.
Erizadas de armas congeladas, las naves de guerra de las máquinas pensantes
colgaban en el exterior del sistema solar, donde apenas unos leves rayos de la luz de las
estrellas brillaban en sus cascos. Como resultado de la aniquilación de las diferentes
súpermentes de Omnius, aquel grupo de ataque robótico nunca había alcanzado su
destino, y la población de la cercana estrella de la Liga ni siquiera imaginó que había sido
un objetivo. Ahora, los exploradores de Manford habían encontrado la flota una vez más.
Aquellas peligrosas naves del enemigo, todavía intactas, armadas, completamente
funcionales, aún estaban desconectadas, muertas en el espacio, mucho tiempo después de
la Batalla de Corrin. Abandonadas, eran naves fantasmas, pero aun así abominables. Y
debían ser tratadas en consecuencia.
Cuando sus seis pequeñas naves se acercaron a esas monstruosidades mecánicas,
Manford sintió un estremecimiento. Los dedicados seguidores de su movimiento
Butleriano habían jurado destruir todos los vestigios de la tecnología informática
prohibida. Ahora, sin dudarlo, se acoplaron a la flota robótica abandonada, como gaviotas
en el cadáver de una ballena varada.
La voz del Maestro Espadachín Ellus crepitaba sobre el comunicador de una de las
naves. Para esta operación, el Maestro Espadachín guiaba a los cazadores Butlerianos
hacia aquellas naves robóticas que habían pasado inadvertidas desde hacía décadas.
—Es un escuadrón de ataque de veinticinco naves, Manford, exactamente donde el
Mentat predijo que las encontraríamos.
Apoyado en una silla que había sido especialmente modificada para su cuerpo sin
piernas, Manford asintió con su cabeza. Gilbertus Albans continuaba impresionándolo
con su destreza mental.
—Una vez más, su Escuela Mentat demuestra que los cerebros humanos son
superiores a las máquinas pensantes.
—La mente del hombre es sagrada —dijo Ellus.
«La mente del hombre es sagrada». Era una bendición que le había llegado a
Manford en una visión de Dios, y ya era un dicho muy popular entre los Butlerianos.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Manford desconectó el comunicador y continuó sus observaciones de la operación de


despliegue desde el mando de su propia nave.
Sentada a su lado en la cabina, la Maestra Espadachín Anari Idaho anotaba las
posiciones de las naves de guerra robóticas en la pantalla e indicaba su evaluación. Vestía
un uniforme negro y gris con el emblema del movimiento en su solapa, un dibujo
estilizado de un puño rojo ensangrentado apretando un simbólico engranaje.
—Tenemos suficiente armamento para destruirlos a distancia —dijo—, si usamos los
explosivos con prudencia. No hay necesidad de arriesgarse a subir a las naves. Estarán
vigiladas por mek y drones de combate.
Mirando a su acompañante femenina y amiga, Manford mantuvo un comportamiento
frío, a pesar de que ella siempre daba calidez a su corazón.
—No hay riesgos; la súpermente está muerta. Y me gustaría poder mirar a los ojos a
esas máquinas demoníacas antes de acabar con ellas.
Dedicada a la causa de Manford, y a él personalmente, Anari aceptó la decisión.
—Como desees. Te mantendré a salvo.
La expresión convencida, de su rostro ancho e inocente, le dijo a Manford que nunca
hacía nada malo a sus ojos, no cometía errores, como resultado de su devoción, y que
Anari lo protegería con ferocidad.
Manford repartió velozmente las órdenes:
—Dividan a mis seguidores en grupos. No hay prisa, quiero que se haga a la
perfección. El Maestro Espadachín Ellus coordinará la puesta de cargas en las naves
mecánicas. No tiene que quedar nada una vez que hayamos acabado.
Debido a sus limitaciones físicas, ver aquella destrucción era una de las pocas cosas
que le otorgaban verdadero placer. Las máquinas pensantes habían invadido su ancestral
planeta de Moroko, capturado a su población, y desatado plagas que asesinaron a todo el
mundo. Si sus tátara-tátara-abuelos no hubieran estado fuera de su hogar, llevando a cabo
negocios en Salusa Secundus, habrían sido atrapados también. Y Manford nunca habría
nacido. A pesar de los acontecimientos que habían afectado a sus antepasados que se
habían producido hacía generaciones, todavía odiaba profundamente a las máquinas, y se
había comprometido a llevar a cabo su misión.
Acompañando a los fieles Butlerianos, había cinco Maestros Espadachines bien
entrenados, los paladines de la Humanidad, que habían luchado mano a mano contra las
máquinas pensantes durante la Yihad de Serena Butler. En las décadas que siguieron a la
gran victoria en Corrin, los Maestros Espadachines se habían ocupado de las operaciones
de limpieza, del rastreo y la destrucción de los restos del Imperio de robots que se
encontraban dispersos a través de los sistemas solares. Y gracias a sus éxitos, esos restos
eran cada vez más difíciles de localizar.
Mientras las naves Butlerianas se internaban entre las robóticas, Anari observaba las
imágenes en su pantalla. Con una voz suave, que utilizaba sólo con él, reflexionó:
—¿Cuántas flotas así crees que encontraremos, Manford?
La respuesta fue clara:

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Las quiero todas.


Estas flotas robóticas eran blancos fáciles que servían de victorias simbólicas, para
ser filmadas y después difundidas. Últimamente, sin embargo, Manford andaba
preocupado por la pobreza, la corrupción, y las tentaciones que se observaban en el nuevo
Imperio Corrino. ¿Cómo podía la gente olvidarse tan rápidamente de los peligros? Quizás
sería necesario canalizar el fervor de sus seguidores en una dirección diferente y otra
limpieza necesaria entre la población…
El Maestro Espadachín Ellus se encargó de los detalles administrativos, clasificando
las naves robóticas en red y asignando objetivos específicos a los equipos. Cinco naves se
situaron junto a algunas máquinas abandonadas y acoplaron sus cascos. Entones cada
equipo irrumpió a bordo.
El equipo de Manford se preparó para irrumpir en la nave robótica más grande, y él
había insistido en acompañarlos para observar el mal con sus propios ojos, a pesar del
esfuerzo que eso le implicaba. Nunca se contentaría con quedarse atrás y observar; estaba
tan acostumbrado al uso de Anari como si fuera sus piernas, así como su espada. El arnés
de cuero resistente siempre estaba cerca, para el caso de que Manford tuviera que ir a la
batalla.
Se puso el arnés sobre los hombros, se ajustó el asiento tras su cuello, abrochando las
correas en sus brazos y sobre el pecho y la cintura. Anari era una mujer alta y físicamente
fuerte, además de ser fiel hasta el final a Manford; porque también le amaba, y él podía
verlo cada vez que le miraba a los ojos. Pero todos sus seguidores lo amaban; aunque el
afecto de Anari era mucho más inocente y más puro que el de la mayoría.
Ella alzó su cuerpo sin piernas con facilidad, como lo había hecho ya en innumerables
ocasiones, y colocó su torso sobre el asiento detrás de su cabeza. No se sentía como un
niño cuando cabalgaba sobre sus hombros, se sentía como si Anari formara parte de él.
Sus piernas habían desaparecido por la bomba-trampa con la que los amantes de la
tecnología habían matado a Rayna Butler, la líder del santo movimiento anti-mecánico.
Manford había sido bendecido por la misma Rayna, momentos antes de morir por sus
heridas.
Los doctores Suk calificaron como un milagro el hecho de que hubiera sobrevivido, y
lo había sido en verdad: un milagro. Era su destino sobrevivir aquel horrible día. A pesar
de sus pérdidas físicas, Manford se había apoderado de las riendas del movimiento
Butleriano, y los dirigía con gran fervor. Ser medio hombre lo hacía el doble de líder.
Aún mantenía unos pocos fragmentos de su pelvis, pero muy poco quedaba por debajo de
sus caderas, sin embargo, aún mantenía su mente y su corazón, y no necesitaba nada más.
Sólo a sus seguidores.
Su reducido cuerpo se adaptaba perfectamente al arnés de Anari, quedando incluso
más alto que sus hombros. Con cambios sutiles de peso, guiaba a la otra parte como si
fuera su cuerpo, una extensión por debajo de su cintura.
—Llévame a la escotilla. Seremos los primeros a bordo.
Aún así, estaba a merced de los movimientos y decisiones de ella.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

—No. Estoy enviando a otros tres por delante. —No había desafío a sus órdenes en su
tono—. Sólo después de verificar que no hay peligro, te llevaré a bordo. Mi misión para
protegerte pesa más que tu impaciencia. Iremos cuando me hayan informado de que es
seguro, ni siquiera un momento antes.
Manford rechinó los dientes. Él sabía que ella tenía buenas intenciones, pero su
sobreprotección podía ser incluso frustrante.
—Espero que nadie tome riesgos en mi lugar.
Anari miró hacia arriba, por encima del hombro para mirarle la cara, con una
entrañable sonrisa.
—Por supuesto que tomamos riesgos en tu lugar. Todos daríamos la vida por ti.
Mientras el equipo de Manford subía a la nave robótica, localizando lugares para
poner las cargas en los pasillos de metal, él aguardaba a bordo de su propia nave.
—¿Qué han encontrado?
Ella no se movió.
—Van a informar cuando tengan algo que informar realmente.
Finalmente, el equipo dio el parte:
—Hay una docena de mek de combate a bordo, señor. Todos congelados y
desactivados. La temperatura es fría, pero hemos reiniciado el sistema de soporte vital
para que pueda subir a bordo con comodidad.
—No me interesan las comodidades.
—Pero lo necesita para poder respirar. Nos avisarán cuando esté listo.
Aunque los robots no requerían de sistemas de soporte vital, muchas de las naves de
las máquinas pensantes habían sido diseñadas para el transporte de prisioneros humanos
en las bodegas de carga. Al final de la Yihad, Omnius había dedicado todas las naves
funcionales como una flota de guerra, y al mismo tiempo, construyó grandes astilleros
automatizados para producir miles de nuevas embarcaciones de guerra. Y aún así, los
seres humanos habían ganado, sacrificándolo todo por la victoria, lo único que
importaba…
Media hora más tarde, el ambiente en la nave alcanzó un nivel en el que Manford
podría sobrevivir sin un traje ambiental.
—Todo listo para que usted pueda venir a bordo, señor. Hemos localizado varios
buenos lugares para plantar las cargas explosivas. Y hay esqueletos humanos, señor. En
una bodega de carga, por lo menos cincuenta cautivos.
Manford se animó.
—¿Cautivos?
—Muertos hace mucho, señor.
—Nos estamos acercando.
Con satisfacción, Anari descendió a la escotilla de conexión, y él, montado en lo alto
de la espalda, se sintió como un rey conquistador. A bordo de la gran nave, el aire estaba
aún muy frío. Manford se estremeció, agarrando a Anari de los hombros para mantener el
equilibrio.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Ella le lanzó una dura mirada.


—¿Deberíamos haber esperado otros quince minutos más de aire caliente?
—No es el frío, Anari, sin el mal en el aire. ¿Cómo puedo olvidar a todos los
humanos cuya sangre han derramado estos monstruos?
A lo largo de aquella oscura y austera nave, Anari lo llevó a una cámara donde un
grupo de Butlerianos había abierto una puerta sellada para revelar una mezcla de
esqueletos humanos, decenas de personas que habían sido dejadas morir de hambre o
asfixia, probablemente por el hecho de que a las máquinas pensantes no les importaba.
La Maestra Espadachín tenía una expresión profundamente preocupada y herida. A
pesar de sus crudas experiencias en batalla, Anari Idaho se había quedado sorprendida
por la improvisada crueldad de las máquinas pensantes. Manford la admiraba y amaba
por tal inocencia.
—Debieron haber estado transportando cautivos —dijo Anari.
—O sujetos de experimentación para el maléfico robot Erasmo —dijo Manford—.
Cuando recibieron nuevas órdenes de atacar este sistema, no prestaron mayor atención a
los seres humanos a bordo.
Murmuró una silenciosa oración y alabanza, con la esperanza de que aquellas almas
perdidas llegaran rápidamente al cielo.
Anari salió de la bodega de carga de humanos, llevándole ante un anguloso y
desactivado mek de combate, que se asemejaba a una estatua en el pasillo. Los brazos
poseían afiladas cuchillas y armas de proyectiles, y su cabeza chata y sus sensores ópticos
parecían una burla de un rostro humano. Mirando a la máquina con disgusto, Manford
sufrió otro estremecimiento.
—Nunca se debe permitir que vuelva a suceder.
Anari desenvainó su larga espada de impulsos.
—Vamos a volar esta nave de todos modos, señor… pero, ¿me lo permite?
Él sonrió.
—Sin duda.
Como un resorte liberado, la Maestra Espadachín atacó al inmóvil robot, borrando de
golpe los sensores ópticos del mek, y con más golpes cortó las extremidades y el torso.
Desactivado desde hacía décadas, el mek ni siquiera escupió un chorro de chispas o soltó
lubricante al desmembrarse.
Mirando hacia abajo, respirando con dificultad, dijo:
—Cuando volví a la Escuela de Ginaz, maté a cientos de estas cosas. La escuela aún
tiene órdenes de combatir contra mek funcionales, para que los alumnos puedan practicar
y aprender a destruirlos.
La sola idea agrió el humor de Manford.
—Ginaz tiene demasiados mek activos en mi opinión, y eso me inquieta. Las
máquinas pensantes no son animales de compañía, no hay ningún propósito útil en
cualquier máquina sofisticada.
A Anari le molestó la crítica a sus recuerdos. Habló con voz tímida:

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

—Es la forma en que aprendemos a luchar, señor.


—Los seres humanos deben practicar contra seres humanos.
—No es lo mismo.
Anari descargó su frustración contra el ya maltratado mek. Lo golpeó por última vez,
y luego siguió avanzando hacia el puente.
Encontraron varios mek más en el camino, y ella despachó a cada uno, con toda la
ferocidad que Manford sentía en su corazón. En la sala de control robótico, él y Anari se
reunieron con los otros miembros del equipo. Los Butlerianos habían derribado a un par
de robots desactivados sentados ante los controles.
—Todos los motores funcionan, señor —informó un hombre desgravado—.
Podríamos añadir explosivos a los tanques de combustible, o podemos sobrecargar los
reactores desde aquí.
Manford asintió con su cabeza.
—Las explosiones deben ser lo suficientemente grandes como para erradicar todas las
naves cercanas. Todavía funcionan y no quiero que se puedan utilizar ni siquiera como
chatarra. Están todas contaminadas.
Sabía que otros no tenían tantos reparos. Fuera de su control, grupos de seres
humanos corruptos recorrían las rutas de navegación espacial para encontrar flotas
intactas, y así salvarlas y repararlas. ¡Carroñeros sin principios!
La Flota Espacial VenHold era conocida por ello; más de la mitad de sus naves
habían sido transformadas de antiguas naves robóticas. Manford había discutido con el
Director Josef Venport varias veces sobre el tema, pero aquel hombre de negocios
codicioso se negaba a entrar en razón. Manford tenía algún consuelo al pensar que al
menos estas veinte naves enemigas no se reutilizarían.
Los Butlerianos entendían que la tecnología era seductora, repleta de latente peligro.
La humanidad se había vuelto blanda y perezosa desde el derrocamiento de Omnius. La
gente trataba de hacer excepciones, buscando comodidades y confort, abriendo los límites
en su propio beneficio. Se engañaban y ponían excusas: que «esa» máquina puede ser
mala, pero «esta» tecnología es un poco diferente y aceptable…
Manford se negaba a trazar líneas artificiales. Era una pendiente resbaladiza. Algo
pequeño podría llevar a otra cosa, y otra, y pronto el límite se tornaría un acantilado. ¡La
raza humana nunca debía ser esclavizada por las máquinas pensantes otra vez!
Giró la cabeza para hacer frente a los tres Butlerianos en el puente.
—Adelante. Mi Maestra Espadachín y yo tenemos una cosa más que hacer aquí.
Envíen un mensaje a Ellus, debemos desaparecer en quince minutos.
Anari sabía exactamente lo que Manford tenía en mente. Se había, de hecho,
preparado el momento. Tan pronto como los otros regresaron a su nave, tomó un pequeño
ícono dorado de una bolsa en su arnés, uno de los muchos íconos que Manford había
encargado. Sostuvo al ícono con reverencia, y miró la imagen benevolente de Rayna
Butler. Durante diecisiete años había seguido los pasos de aquella visionaria mujer.

LSW 16
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Manford besó el ícono, y luego se lo devolvió a Anari, que lo colocó en el panel de


control de la nave. Le susurró:
«Que Rayna bendiga nuestro trabajo hoy y haga que tengamos éxito en nuestra
importante misión. La mente del hombre es sagrada».
«La mente del hombre es sagrada».
Corriendo, con el vapor saliendo al respirar en aquel aire gélido, Anari se apresuró a
llegar a su nave, donde el equipo sellaba la escotilla y se desacoplaba. Su nave se alejó
del grupo de combate. Al cabo de una hora, todas las naves Butlerianas se reunieron,
observando la flota robótica en la oscuridad.
—Un minuto en los temporizadores, señor —transmitió Ellus.
Manford asintió con su cabeza, intentando no perder de vista la pantalla, pero se
mantuvo en silencio. No era necesario hablar.
Una de las naves robóticas explotó envuelta en llamas y metralla. En una rápida
sucesión, las otras naves detonaron por las cargas y el combustible que había sido
preparado, y que ayudaba a que las ondas de choque combinadas crearan una sopa de
metal de vapor y gases en expansión. Por unos momentos, la vista fue tan brillante como
un nuevo sol, y eso le recordó la radiante sonrisa de Rayna… entonces, poco a poco, se
disipó, y se desvaneció.
Cuando llegó la calma, Manford habló a sus devotos seguidores:
—Nuestro trabajo aquí está hecho.

LSW 17
Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Somos los barómetros de la condición humana.


—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, comentario de la tercera clase de graduadas

Por necesidad, la Reverenda Madre Raquella Berto-Anirul poseía una vasta visión de la
historia. Debido a la riqueza de la única memoria ancestral contenida en su mente —la
historia personificada—, la anciana guardaba una perspectiva del pasado que no estaba
disponible para cualquier otra persona… aún.
Con tanto y tantas generaciones en sus pensamientos, Raquella estaba muy bien
equipada para observar el futuro de la raza humana. Y las otras Hermanas de su escuela
la veían, su única Reverenda Madre, como su guía. Tenía que enseñar esa perspectiva a
otras, la expansión del conocimiento y la objetividad de su orden, las capacidades físicas
y mentales que hacían a las miembros de la Hermandad superiores al resto de las mujeres.
Raquella sintió las gotas de lluvia en su rostro mientras se encontraba junto a las otras
Hermanas en un balcón sobre un acantilado en la Escuela de Rossak, el centro de
formación oficial de la Hermandad. Vestida con un traje negro de cuello alto, miraba
solemnemente la selva púrpura desde el borde del acantilado. El aire corría cálido y
húmedo durante aquella ceremonia; el clima allí casi nunca era incómodo en esa época
del año debido a la brisa que soplaba con regularidad a lo largo de los acantilados. Pero
en el aire había un olor agrio, un regusto de azufre de los volcanes lejanos mezclados con
el guiso de sustancias químicas en el aire.
Hoy estaban celebrando el funeral por otra de las Hermanas muerta, otra muerte
trágica por envenenamiento… otro fracaso para crear a la segunda Reverenda Madre.
Más de ocho décadas atrás, la «amarga» (y muerta) Hechicera Ticia Cenva, había
dado a Raquella una dosis letal del veneno más potente que hubiera existido jamás.
Raquella debió haber muerto, pero desde el fondo de su mente, en sus células, había
manipulado su bioquímica y cambiado la estructura molecular del propio veneno.
Milagrosamente había sobrevivido, pero la prueba había cambiado algo fundamental
dentro de ella, iniciando así una crisis inducida, una transformación hasta los más lejanos
límites de vidas pasadas en su mente y una nueva capacidad de verse a sí misma a nivel
genético, poseyendo un profundo conocimiento de cada fibra interconectada de su propio
cuerpo.
Crisis. Supervivencia. Avance.
Pero en los años posteriores, a pesar de los muchos intentos, nadie había logrado el
mismo resultado, y Raquella no sabía cuántas vidas más podría justificar perder con el fin
de alcanzar la difícil meta. Ella conocía la única manera de empujar a una Hermana hacia
el precipicio: llevarla a la orilla de la muerte donde —posiblemente— pudiera encontrar
la fuerza necesaria para regresar…
Optimistas y con gran decisión, sus mejores alumnas continuaban creyendo en ella. Y
muriendo.

LSW 18
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Raquella observaba con tristeza como una Hermana vestida de negro, y tres vestidas
del verde de las acólitas, tomaban posiciones en la parte superior de la copa de los árboles
y bajaban el cuerpo a las profundidades húmedas de la selva plateada y púrpura. El
cuerpo se quedaría allí para los depredadores, como parte del círculo eterno de la vida y
la muerte, devolviendo los restos humanos de vuelta a la tierra.
El nombre de la valiente y joven mujer era Hermana Tíana, pero ahora su cuerpo
estaba envuelto en una tela pálida, anónima. Las criaturas de la selva se agitaban allá en
las profundidades, mientras el espeso dosel de árboles se tragaba la plataforma.
La propia Raquella había vivido más de 130 años. Había sido testigo del final de la
Yihad de Serena Butler, la Batalla de Corrin dos décadas más tarde, y los años de
agitación posteriores. A pesar de su edad, la anciana era ágil y se mantenía mentalmente
alerta, controlando los peores efectos del envejecimiento a través del uso moderado de
melange importada de Arrakis, y mediante la manipulación de su propia bioquímica. Su
cada vez mayor escuela se componía de candidatas reclutadas entre las mejores jóvenes
de todo el Imperio, incluyendo las especiales últimas descendientes de las Sacerdotisas
que habían dominado aquel planeta durante los años previos y la Yihad; sólo unas escasas
ochenta y una de ellas se quedaron. En total, mil cien Hermanas se entrenaban allí, dos
terceras partes eran estudiantes, algunas era niñas de los viveros, las hijas de las
misioneras de Raquella que habían quedado embarazadas por padres aceptables. Las
reclutadoras enviaban esperanzadoras nuevas candidatas allí, y el entrenamiento
continuaba…
Durante años, las voces en su memoria la habían animado a probar y mejorar a más
Reverendas Madres como ella misma. Ella y sus compañeras maestras habían dedicado
su vida a enseñar a otras mujeres a dominar sus pensamientos, sus cuerpos, su propio
futuro. Ahora que las máquinas pensantes se habían extinguido, el destino de la
humanidad exigía que las personas se convirtieran en algo más de lo que habían sido
antes. Raquella les mostraría el camino. Sabía que una mujer cualificada podría
transformarse en una persona superior, bajo las condiciones adecuadas.
Crisis. Supervivencia. Avance.
Muchas de las graduadas de la Hermandad de Raquella ya habían demostrado su
valía, marchando fuera del planeta para servir como asesoras de nobles gobernantes
planetarios, e incluso en la Corte Imperial; algunas asistiendo a las Escuelas Mentats en
Lampadas, o se habían convertido en talentosas médicas Suk. Podía sentir su tranquila
influencia extendiéndose a lo largo de todo el Imperio. Seis de las mujeres ya eran
Mentats totalmente formadas. Una de ellas, Dorotea, servía como asesora de confianza
del Emperador Salvador Corrino allá en Salusa Secundus.
Pero quería desesperadamente que más de sus seguidoras tuvieran el mismo
entendimiento, la misma visión universal de la Hermandad y su futuro, y las mismas
facultades físicas y mentales que ella.
Por alguna razón, sin embargo, sus candidatas no podían dar el salto. Y otra mujer
joven y prometedora había muerto…

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Ahora, mientras las mujeres continuaban con la extrañamente formal eliminación de


los restos de la que aún era su Hermana, Raquella estaba preocupada por el futuro. A
pesar de su larga vida, no albergaba ilusiones sobre la inmortalidad personal, y si moría
antes de que alguien más aprendiera a sobrevivir a la transformación, sus habilidades
podrían perderse para siempre…
El destino de la Hermandad, y su extensa obra, era mucho más importante que su
propio destino mortal. El futuro a largo plazo de la humanidad dependía del cuidadoso
avance, de mejorar. La Hermandad no podía permitirse el lujo de esperar. Tenía que
preparar a sus sucesoras.
Cuando el funeral terminó con la entrega del cuerpo, el resto de las mujeres volvió a
la escuela-acantilado, donde continuarían sus ejercicios en las aulas. Raquella había
elegido a una candidata nueva y fresca, una joven de una desgraciada familia con poco
futuro, pero alguien que se merecía esta oportunidad.
La Hermana Valya Harkonnen.
Valya dejó a las demás Hermanas, y Raquella la siguió a lo largo del camino de los
acantilados. La Hermana Valya tenía el rostro ovalado y los ojos de color avellana. La
Reverenda Madre observó sus fluidos movimientos, la inclinación confidente de su
cabeza, su cuerpo pequeño y esbelto, significantes detalles que sumaban a la totalidad de
su persona. Raquella no dudaba de su elección; pocas Hermanas eran tan dedicadas.
La Hermana Valya se había unido a la Hermandad a la edad de dieciséis años,
dejando su tranquilo planeta Lankiveil para ir en busca de una vida mejor. Su bisabuelo,
Abulurd Harkonnen, había sido desterrado por cobardía tras la Batalla de Corrin. Durante
sus cinco años en Rossak, Valya había destacado en su formación y resultó ser una de las
Hermanas más fieles a Raquella y con mayor talento; trabajaba en estrecha colaboración
con la Hermana Karee Marques, una de las últimas sacerdotisas, estudiando y probando
nuevos fármacos y venenos. Valya se encontró a la anciana, y no le pareció demasiado
afectada por el funeral.
—¿Pidió verme, Reverenda Madre?
—Sígueme, por favor.
Valya sintió gran curiosidad, pero se guardó las preguntas para sí misma. Las dos
pasaron por delante de las cuevas de administración y las celdas. En su apogeo, en siglos
pasados, aquella ciudad-acantilado había albergado a miles de hombres y mujeres,
Sacerdotisas, comerciantes farmacéuticos o exploradores de las profundas selvas. Pero
demasiados habían muerto durante la plaga, y la ciudad estaba casi vacía, quedando sólo
las integrantes de la Hermandad.
Una sección completa de las cuevas había sido utilizada para el tratamiento de los
Defectuosos, niños que habían sufrido deformidades de nacimiento como resultado de las
toxinas en el medio ambiente de Rossak. Atendidos, y gracias a un cuidadoso estudio de
reproducción, aquellos que sobrevivieron fueron enviados a una de las ciudades del norte,
más allá de los volcanes. Raquella no permitía que hombres vivieran en su escuela,
aunque en varias ocasiones llegaban allí para entregar suministros o llevar a cabo

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

reparaciones u otros servicios. Raquella llevó a Valya por el lado de las entradas
clausuradas del acantilado, que habían llevado una vez a grandes sectores de la ciudad
cavernosa, pero que habían sido abandonadas y ahora bloqueadas. Eran lugares horribles,
carentes de toda vida, los cuerpos habían sido retirados hacía años y sepultados en la
selva. Señaló el camino traicionero que llevaba abruptamente a lo largo de la pared del
acantilado a la parte superior de la meseta.
—Ahí es donde vamos.
La joven vaciló por un instante, y luego siguió a la Reverenda Madre pasando una
barricada con señales de que el acceso estaba restringido. Valya estaba tanto emocionada
como nerviosa.
—¿Los programas de reproducción están ahí arriba?
—Sí, lo están.
Durante los años de la horrible plaga enviada por Omnius, mientras que poblaciones
enteras morían, las hechiceras de Rossak —que siempre habían guardado registros
genéticos para determinar los mejores patrones de reproducción— iniciaron un programa
mucho más ambicioso para mantener una biblioteca de líneas de sangre humana, un
catálogo genético de gran alcance. Ahora, entendían aquella riqueza de información.
Raquella y sus Hermanas elegidas. El camino seguía en zigzag escarpado a lo largo de la
pared del acantilado de roca sólida. Al otro lado, había una enorme caída a la densa selva.
La llovizna había cesado, pero las rocas aún estaban resbaladizas.
Las dos mujeres llegaron a un mirador donde nubes de niebla las rodearon. Raquella
se asomó a la selva y vio los volcanes humeantes en la distancia… poco había cambiado
desde que había llegado décadas atrás, una enfermera que acompañaba al doctor
Mohandas Suk para el tratamiento de las víctimas de la plaga de Omnius.
—Sólo unas pocas de nosotras han estado alguna vez aquí, pero tú y yo vamos a ir
mucho más lejos.
Raquella no era una persona realmente charlatana, y mantenía sus emociones
estrechamente controladas. Pero se sentía entusiasmada y optimista al introducir a otra
persona al mayor secreto de la Hermandad. Un nuevo aliado. Era la única manera en que
la Hermandad podría sobrevivir. Se detuvieron ante la abertura de una cueva entre
bloques de cantos en la parte superior de la meseta, muy por encima de la fértil selva. Un
par de hechiceras custodiaban la entrada. Asintieron ante la Reverenda Madre, y les
permitieron pasar.
—La recopilación del programa de reproducción es tal vez el mayor trabajo de la
Hermandad —dijo Raquella—. Con una base de datos tan enorme de registros genéticos
humanos, podemos planificar y extrapolar el futuro de nuestra raza… tal vez incluso
guiarlo.
Valya asintió solemnemente.
—He oído a otras Hermanas que dicen que es uno de los mayores archivos de datos
que se haya reunido jamás, pero nunca entendí la forma en que podría manejarse tanta
información. ¿Cómo se reúne todo y se hacen proyecciones?

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Raquella decidió ser críptica, por ahora.


—Nosotras somos la Hermandad.
Dentro de las cuevas altas, accedieron a dos grandes cámaras con mesas de madera y
escritorios; las mujeres se afanaban, organizando datos en tiras de papel continuo,
compilando y reuniendo inmensos mapas de ADN, que después se reducirían en casi
microscópicos textos para archivarlos.
—Cuatro de nuestras Hermanas han completado su formación Mentat con Gilbertus
Albans —dijo Raquella—. Pero a pesar de sus avanzadas habilidades mentales, el
proyecto es abrumador.
Valya luchaba para controlar su asombro.
—Tal inmensidad de datos junta en este lugar… —Sus ojos brillaban, bebían de la
nueva información con fascinación. Se sentía honorada y orgullosa de haber sido
admitida en el círculo íntimo de la Reverenda Madre—. Sé que más mujeres de nuestra
orden están formándose en Lampadas, pero este proyecto requeriría mínimamente un
ejército completo de Hermanas Mentats. Son registros de ADN de millones y millones de
personas en miles de planetas.
Al pasar por lo más profundos de los túneles restringidos, una venerable Hermana
surgió de un archivo. Llevaba una túnica blanca de hechicera. Saludó a las dos visitantes.
—Madre, ¿es esta la nueva recluta que me has traído?
Raquella asintió.
—La Hermana Valya ha destacado en sus estudios y ha demostrado su dedicación
ayudando a Karee Marques en la investigación farmacéutica. —Adelantó a la joven—.
Valya, la Hermana Sabra Hublein fue una de las arquitectas originales de la base de datos
del programa de reproducción durante la plaga, mucho antes de que yo misma llegara a
Rossak.
—El programa de reproducción debe mantenerse —le dijo la anciana.
—Y ser vigilado.
—Pero… yo no soy una Mentat —dijo Valya.
Sabra las llevó a un túnel vacío y miró por encima del hombro, asegurándose de que
no las seguían.
—Hay otras maneras de ayudarnos, Hermana Valya.
Se detuvieron cerca de una curva en el pasillo, y Raquella se puso frente a un muro de
piedra blanco. Miró a la mujer más joven.
—¿Le temes a lo desconocido?
Valya sonrió débilmente.
—La gente siempre tiene miedo a lo desconocido, si hay verdad en ello. Pero puedo
enfrentarme a mis temores.
—Bien. Ahora ven conmigo y recorre un territorio que está en gran parte inexplorado.
Valya parecía inquieta.
—¿Quieren que sea la próxima voluntaria en probar una nueva droga para la
transformación? Reverenda Madre, no creo estar lista para dicha tarea.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No. Esto es algo completamente diferente, aunque no menos importante. Yo soy


vieja, hija. Eso me hace más cínica, pero he aprendido a confiar en mis instintos. Te he
observado con cuidado, he visto tu trabajo con Karee Marques, y quiero que formes parte
de este plan.
Valya no parecía temerosa, y se quedó con sus preguntas para sí misma. Bien, pensó
Raquella.
—Toma una respiración profunda y cálmate, hija. Estás a punto de conocer los
secretos mejor guardados de la Hermandad. Muy pocas en la orden han visto esto.
Tomándola de la mano, Raquella la atrajo hacia lo que parecía una pared sólida.
Sabra dio un paso adelante al lado de Valya, y pasaron completamente a través de la roca
—un holograma— entrando en una nueva cámara.
Las tres estaban de pie en una pequeña antesala. Parpadeando en la luz brillante,
Valya tuvo dificultades para ocultar su sorpresa, usando su entrenamiento para mantener
la compostura.
—Por aquí.
La Reverenda Madre la condujo a una gran gruta, y los ojos de Valya se agrandaron
por todo lo que le abarcaba la vista.
La cámara estaba llena de zumbidos y chasquidos de máquinas, constelaciones de
luces electrónicas… servidores de las prohibidas máquinas se acumulaban hasta lo más
alto de las paredes de piedra curvada. Escaleras de caracol y rampas de madera
conectaban todo. Un pequeño número de hechiceras de túnicas blancas se movían
apresuradas, y los ruidos de las máquinas latían en el aire.
Valya tartamudeó:
—¿Es esto… es esto…? —No fue capaz de expresarlo, y entonces exclamó—:
¡Máquinas pensantes!
—Como tú lo has dicho —le explicó Raquella—, ningún ser humano, ni siquiera con
formación Mentat, puede almacenar todos los datos que las mujeres de Rossak han
recopilado a lo largo de las generaciones. Las hechiceras han utilizado estas máquinas en
secreto durante muchas generaciones, y algunas de nuestras mujeres de mayor confianza
están capacitadas para su mantenimiento y siguen en servicio.
—Pero… ¿por qué?
—La única manera de mantener tan enorme cantidad de datos, y realizar los ajustes
necesarios en las proyecciones genéticas para descendencias sucesivas, es con ayuda de
máquinas —las cuales están estrictamente prohibidas. Ahora ves por qué tenemos que
mantener estas máquinas en secreto.
Raquella estudió con cuidado a Valya, notando la calculada expresión de su mirada,
que se movía alrededor de la cámara. Parecía abrumada, pero intrigada, no horrorizada.
—Tienes mucho que aprender —dijo Sabra—. Durante años hemos estudiado el
programa de reproducción y tememos que las auténticas hechiceras desaparezcan.
Quedan pocas de nosotras, y tenemos poco tiempo. Esta puede ser la única forma para
entender lo que está pasando.

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—Y encontrar alternativas —dijo Raquella—. Así como la creación de nuevas


Reverendas Madres. —Tuvo mucho cuidado de no dejar que la desesperación o su
esperanza se le notaran en la voz.
Una de las Hechiceras trabajadoras habló brevemente con Sabra sobre un asunto del
programa, y volvió a su trabajo tras echarle a Valya una mirada curiosa y breve.
—La Hermana Esther-Cano es nuestra hechicera más joven de sangre pura —dijo
Raquella—. Apenas treinta años de edad. La siguiente más joven, sin embargo, es más de
diez años mayor. Las características telepáticas de las hechiceras ocurren ya sólo en raras
ocasiones entre las hijas de los nativos.
Sabra continuó:
—El programa de reproducción de la escuela incluye información de personas en
miles de planetas. Nuestra base de datos es enorme, y el objetivo, como ya sabes, es la
superación de la humanidad a través de la mejora personal y la reproducción selectiva.
Con las máquinas, podemos modelar interacciones de ADN y ampliar el programa de
reproducción en un número de posibilidades casi infinito de líneas de sangre.
El temor automático de Valya había sido sustituido por un interés más intenso. Miró
alrededor de la cámara y dijo en un tono práctico:
—Si los Butlerianos encuentran alguna vez este lugar, arrasarían la Escuela y
matarían hasta la última Hermana.
—Sí, lo harían —dijo Raquella—. Y ahora comprendes la gran confianza que hemos
depositado en ti.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Ya he contribuido mucho más que mi parte en la historia. Durante más de dos siglos he influenciado eventos y
luchado contra los enemigos que se definieron ante mí. Finalmente le di la espalda y me alejé. Todo lo que
quería era desaparecer en el silencio de la memoria, pero la historia se niega a dejarme solo.
—VORIAN ATREIDES, los diarios del legado, período en Kepler

Cuando regresó de su cacería totalmente aislada en las Cordilleras Thornbriar, Vorian


Atreides vio las grasientas columnas de humo alzándose inesperadamente como pilares al
cielo. Las columnas provenían de la aldea donde vivía su familia, en las tierras de cultivo
circundantes.
Empezó a correr.
Vorian había pasado cinco días fuera de su hogar, de su esposa, de su familia, de sus
vecinos. Le gustaba cazar las regordetas aves gornet, una de las cuales podría llegar a
alimentar a una familia completa por más de una semana. Los gornet se hallaban en las
secas alturas de las cordilleras, lejos del fértil valle asentado, y le encantaba bucear en
busca de algún refugio en los afilados Thornbriar.
La cacería siempre era lo mismo pero, sin embargo, Vor disfrutaba de la soledad, de
la oportunidad de sentir la tranquilidad y la paz interna. Incluso solo en el desierto, podía
recurrir a varias vidas de recuerdos personales, relaciones formadas y perdidas, cosas que
lamentaba y cosas que celebraba —los amigos, los amores, y los enemigos—, a veces
todo se reflejaba en la misma persona, en el transcurso del tiempo. Su actual esposa,
Mariella, había vivido junto a él décadas de felicidad, y tenían una gran familia —hijos,
nietos, y bisnietos.
Aunque había sido renuente, dado su pasado, Vor había sentado su cabeza en aquella
vida bucólica en el planeta Kepler como un hombre vestido en cómodas y viejas ropas.
Hacía muchas décadas, había tenido dos hijos en Caladan, pero ambos estaban siempre
distantes, alejados, y no había sabido de ellos desde la Batalla de Corrin.
Hacía mucho tiempo, su padre, el famoso general cimek Agamenón, le había
concedido un trato secreto para extender su vida, sin sospechar que Vorian decidiría
luchar contra las máquinas pensantes. Generaciones de derramamiento de sangre habían
sido físicamente agotadoras y duras en su alma. Cuando el héroe de guerra Faykan Butler
formó el nuevo Imperio, Vor comenzó a sentir una gran falta de interés. Tomó su nave y
una generosa recompensa del nuevo Emperador, y le dio la espalda a la Liga de Nobles,
dirigiéndose hacia lo desconocido.
Después de vagar solo por años, sin embargo, se encontró con Mariella, se enamoró
nuevamente, y se instaló allí. Kepler era tranquilo y satisfactorio, y Vor se tomó su
tiempo para crear un nuevo hogar, un lugar en donde realmente deseaba quedarse. Había
criado a tres hijas y dos hijos, quienes se casaron con otros aldeanos en Kepler, y le
dieron once nietos y más de dos docenas de bisnietos, que ahora eran lo sufícientemente
mayores como para tener sus propias familias. Disfrutaba de los placeres simples y de las

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noches tranquilas. Se había cambiado el apellido, pero ahora, medio siglo después, ya no
le molestaba tanto guardar el secreto. ¿Qué importaba ya? Él no era un criminal.
A pesar de que Vor había envejecido muy poco físicamente, Mariella mostraba sus
años. A ella le gustaba más que nada en el mundo estar junto a su familia, pero dejaba
que Vor fuera a las colinas y cazara todas las veces que deseara. Después de dos siglos,
sabía valerse por sí mismo. Rara vez se encontraba pensando en el Imperio, aunque le
divertía el hecho de encontrar viejas monedas Imperiales con su imagen grabada…
Ahora, sin embargo, cuando regresaba de la cacería para encontrar el humo que se
elevaba de las casas de campo, Vor sintió como si una puerta de su pasado se hubiera
abierto por el viento de una tormenta. Dejó caer veinte kilos de fresca carne gornet
envuelta de su mochila, y luego corrió por el sendero, tomando sólo el rifle de proyectiles
como hacía antes. Por delante, Vor vio los campos de cultivo del valle, ahora manchados
con cicatrices marrones y negras mientras unas llamas anaranjadas corrían a lo largo de
las hileras de granos. Tres naves espaciales enormes habían aterrizado en el campo y no
en el área de aterrizaje designada: no eran naves de ataque, pero poseían unos
contundentes diseños en forma de torpedos que traían cargas o personal. Algo estaba
terriblemente mal.
Una enorme lanzadera se movía pesadamente en el aire, y segundos luego un segundo
transporte levantó nubes de polvo y gases de escape, también, elevándose del suelo.
Enjambres de tripulantes corrían alrededor de la tercera nave, preparándose para partir.
A pesar de que Vor nunca había visto aquel tipo de naves allí en Kepler, sabía por su
vasta experiencia como se veían los asaltantes esclavistas.
Corrió precipitadamente hacia abajo, pensando en Mariella, en sus hijos, nietos, en
todos sus cónyuges, sus vecinos; este lugar era su hogar. Por el rabillo del ojo, vio la casa
en donde había vivido durante muchos años. El techo estaba ardiendo, pero el daño no
era tan malo como en otras casas. Las dependencias en torno a la casa de su hija Bonda
estaban completamente en llamas, y la pequeña sala de la ciudad era un infierno.
¡Demasiado tarde, demasiado tarde! Conocía a todas esas personas, cada uno de ellos
conectados a él por lazos de sangre, matrimonio y amistad.
Respiraba con demasiada dificultad como para proferir un grito. Quería bramarles a
los esclavistas para que se detuvieran, pero no era más que un hombre, y sabía que nunca
lo escucharían. Los asaltantes no tendrían ni la más remota idea de quién era Vorian
Atreides, y después de tanto tiempo tal vez ni les interesaría.
El puñado restante de los esclavistas encaminó su carga humana a bordo del tercer
navío, arrastrando a varias figuras que cojeaban. Incluso desde la distancia, Vor
reconoció a su hijo Clar con su larga cola de caballo y su camisa color púrpura; era obvio
que estaba aturdido, y los invasores lo llevaron a bordo. Uno de los traficantes de
esclavos se quedó atrás en la retaguardia, mientras que cuatro de sus compañeros
llevaban a sus últimas víctimas por la rampa hasta la escotilla abierta.
Cuando estuvo en rango, Vorian se arrodilló, levantó el rifle de proyectiles, y apuntó.
Aunque su corazón latía con fuerza y no podía recuperar el aliento, se forzó a un

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

momento de calma, se enfocó con sumo cuidado, y le disparó al esclavista más


importante. No se atrevió a herir a uno de los suyos. Pensó por seguro de que su objetivo
era el verdadero, pero el traficante de esclavos sólo se estremeció, miró a su alrededor, y
luego comenzó a gritar. Sus compañeros salieron corriendo, buscando el origen del
disparo.
Vor apuntó cuidadosamente, y volvió a disparar, pero la segunda descarga causó sólo
pánico, no lesiones. Entonces se dio cuenta de que los dos hombres llevaban escudos
personales, barreras casi invisibles que desviaban las descargas rápidas. Concentrándose,
balanceó el rifle hacia el hombre de la zaga, entrecerró los ojos y disparó otro tiro dando
de lleno al musculado esclavista en la espalda. El hombre cayó hacia adelante, sobre su
rostro. Así que no todos tienen escudos.
Tan pronto como el tercer disparo resonaba, Vor se puso en pie y salió corriendo
hacia la aeronave de los esclavistas. Los compañeros del hombre caído lo vieron caer, y
comenzaron a gritar, mirando a todas las direcciones. Mientras corría, Vor levantó el rifle
y disparó de nuevo, pero mucho más descuidadamente esta vez. El proyectil rebotó en el
casco metálico cerca de la escotilla, y los esclavistas gritaron; Vor disparó nuevamente,
golpeando la abierta compuerta de carga.
A lo largo de su vida, Vor había matado a muchas personas en diversas
circunstancias, por lo general con una buena razón. Ahora, no podía encontrar una mejor
justificación. En realidad, sentía más lástima por el ave gornet que había matado la noche
anterior que por aquellos hombres.
Los esclavistas eran fundamentalmente cobardes. Protegidos por los escudos, el resto
se precipitó dentro de la nave y cerraron la escotilla, abandonando a su compañero caído.
Los propulsores de los enormes transportes eructaron, y la última nave esclavista se alzó
en el aire, llevando su carga cautiva con ella. A pesar de que Vor había corrido tan rápido
como había podido, no pudo alcanzar la nave a tiempo. Levantó el rifle y descargó dos
potentes disparos en el vientre bajo, pero la nave se alejó apresuradamente por encima de
los campos y las casas llameantes.
Podía oler el humo en el aire, y vio los hogares envueltos en llamas, sabiendo que su
pueblo había sido diezmado. ¿Habían sido todos capturados o asesinados? Y Mariella,
¿también? Anhelaba correr a su casa, encontrar a alguien siquiera… pero también tenía
que rescatar a los cautivos. Antes de que los navíos huyeran, necesitaba saber adónde se
irían.
Vor se detuvo justo ante el hombre al que le había disparado. El traficante de esclavos
estaba tendido en el suelo, y sus brazos le temblaban. Llevaba una tela amarilla atada
alrededor de su cabeza, y una línea de fuego estaba tatuada desde la oreja izquierda hasta
la comisura de su boca. Un gemido escapó de sus labios, seguido por un hilillo de sangre.
Aún está con vida. Bien. Con una herida como aquella, pensó, el hombre no durará
mucho tiempo.
—Vas a decirme adónde se han llevado a esos cautivos —dijo Vor.

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El hombre gimió nuevamente, y balbuceó algo que sonó como una maldición. Vor no
lo consideraba una respuesta aceptable. Levantó la mirada, viendo el fuego que se
extendía a lo largo de los tejados de las casas.
—No tienes demasiado tiempo para responder.
Al no recibir la cooperación del hombre, Vor sabía lo que tendría que hacer a
continuación, y no estuvo orgulloso de ello, pero este esclavista estaba muy abajo en la
lista de personas por las que sentía simpatía. Sacó el largo y afilado chuchillo para
degollar animales.
—Vas a decirme lo que quiero saber.

***
Con la información asegurada y el hombre muerto, Vor pasó corriendo junto a las
dependencias en torno a su gran hogar, llamando a cualquiera que pudiera estar aún con
vida. Sus manos y brazos estaban cubiertos de sangre, parte de ella proveniente del ave
gornet que había mutilado, parte del esclavista que había interrogado.
En el exterior, se encontró con dos hombres de entrada edad, los hermanos de
Mariella, que lo ayudaban a recoger las cosechas de cada año. Ambos se habían quedado
atontados, pero regresaban a la consciencia. Vor supuso que los navíos de los esclavistas
habían sobrevolado por el asentamiento y rociado las casas y los campos con rayos
paralizantes inconscientes, para luego simplemente arrastrar a cualquiera que pareciera
joven y fuerte. Los hermanos de Mariella no habían sido tenidos en cuenta.
Los más sanos de todos los candidatos —sus hijos, hijas, nietos y vecinos— habían
sido arrancados de sus hogares e obligados a subir a bordo de los buques. Muchos de los
edificios de la ciudad ardían ahora entre las llamas.
Pero primero, su esposa. Vor irrumpió en la casa principal, gritando:
—¡Mariella!
Para su alivio, oyó su voz que lo llamaba en respuesta, desde el piso de arriba. En la
habitación del segundo piso, ella estaba usando un recipiente supresor de fuegos para
combatir al techo humeante. A medida que se precipitaba en la habitación, Vor se alegró
de ver su avejentado pero hermoso rostro… parecía agobiada por las preocupaciones de
la edad, pero hermosa; su cabello como hilos de plata. Se alegró tanto de encontrarla sana
y salva que casi lloró, pero el fuego requería su atención ahora. Tomó el recipiente de ella
y pulverizó las llamas a través de la ventana. El fuego se había extendido a lo largo del
borde de la azotea, pero la casa aún no estaba totalmente involucrada.
—Temía que te hubieran llevado con todos los demás —dijo Mariella—. Te ves tan
joven como nuestros nietos.
Las llamas comenzaron a parpadear al cabo de un rato bajo el chorro disperso. Dejó el
recipiente a un lado y la atrajo hacia él, abrazándola como lo había hecho durante más de
medio siglo.
—Y yo estaba preocupado por ti.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Estoy demasiado vieja para que se interesen en mí —dijo Mariella—. Tendrías que
haberlo supuesto, si te parabas a pensar un segundo.
—Si me hubiera detenido a pensar, no habría llegado antes de que todas las naves
despegaran. Aún así, me las arreglé para matar a uno de los traficantes esclavistas.
—Se llevaron a casi todo el mundo que podía realizar trabajos manuales. Algunos
pueden haberse escondido, y sólo unos pocos haber sido asesinados, pero ¿cómo vamos
a…? —Sacudió su cabeza y miró hacia abajo a sus manos—. No es posible. Se han ido
todos.
—Los traeré de regreso.
Mariella le respondió con una triste sonrisa, pero él besó aquellos labios tan
familiares que habían sido parte de su vida, su familia, su hogar durante tanto tiempo.
Ella era como su primera esposa, Leronica Tergiet, en otro mundo, una mujer con quien
también se había quedado cuando ella le dio hijos, envejeció y murió, mientras él nunca
cambiaba.
—Sé a dónde se han ido —dijo Vor—. Los navíos están llevándolos a los mercados
de esclavos en Poritrin. El esclavista me lo dijo.

***
Él y los hermanos de Mariella se encaminaron hacia las otras casas, buscando
supervivientes. Encontraron un buen número, dispersos, y se manifestaron ayudando a
controlar la expansión de los incendios, socorriendo a los heridos, contando a los
desaparecidos. Sólo sesenta de varios cientos de habitantes del valle habían sido dejados
atrás, y la mayoría eran viejos o enfermos. Diez habían luchado y habían sido asesinados.
Vor envió mensajes a los otros valles asentados sobre Kepler, advirtiéndoles para que
estuvieran en guardia por si llegaban los esclavistas.
Esa noche, Mariella tomó las fotos de sus hijos, de sus familias, de sus nietos, y las
extendió alrededor de la mesa, en los estantes. Tantos rostros, tantas personas que
necesitaban ser rescatadas…
Lo encontró en el ático de su hogar repleto de humo, donde había descubierto un
cajón de almacenamiento. Al abrirlo, Vor retiró un uniforme viejo prensado y doblado, de
color carmesí y verde, los familiares colores del Ejército de la Humanidad, el anterior
Ejército de la Yihad.
El paquete había permanecido sellado por muchos, muchos años.
—Iré a Poritrin para traer de regreso a nuestra gente. —Levantó la camisa del
uniforme y pasó los dedos por la suavidad de la tela de las mangas, meditando acerca de
cuántas veces el uniforme había necesitado un parche, cuántas manchas de sangre habían
sido lavadas. Tenía la esperanza de no tener que volver a marchar a la batalla
nuevamente. Pero esto era diferente.
—Y luego de que los salve, me aseguraré de que no ocurra de nuevo. Voy a encontrar
alguna manera de proteger a este planeta. Los Corrino me deben eso.

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Es tan simple alejar la mirada y echar la culpa a los demás, pero mucho más difícil es mirar adelante y tomar
las responsabilidades de tus propias decisiones y de tu propio futuro.
—GRIFFIN HARKONNEN, despacho final de Arrakis

Era un invierno duro en Lankiveil, pero los Harkonnen no podían hacer otra cosa más que
conformarse. Durante generaciones —desde que Abulurd Harkonnen fuera condenado al
exilio a aquel planeta debido a sus acciones durante la Batalla de Corrin— la familia una
vez poderosa había sido abandonada para olvidar sus antiguas glorias en Salusa
Secundus.
Y la mayoría de ellos en verdad las habían olvidado.
La aguanieve caía raudamente, congelándose para luego convertirse en un vítreo
recubrimiento helado de los hogares. En sus casas de maderas apretujadas, los locales
tenían que descongelar y patear sus puertas todos los días para poder abrirlas, sólo para
enfrentarse a un viento helado. A veces incluso miraban las agitaciones en el agua y las
nubes en el cielo, y volvían a cerrar las puertas, asegurando que era demasiado peligroso
aventurarse allá afuera en el agua. Las flotas acorazadas habían quedado varadas en sus
puertos en los últimos meses, y no habían podido recolectar la única mercancía valiosa
del planeta al resto del Imperio.
Incluso las lanchas de pesca de corto alcance raramente lograban alcanzar las aguas
profundas, y la captura era muy escasa. Las personas a menudo tenían que recurrir a
comer pescado salado del año pasado y carne de ballena conservada. En comparación con
las glorias y las riquezas de los viejos tiempos, los Harkonnen tenían pocas perspectivas.
Griffin Harkonnen, el hijo mayor de Vergyl, quien una vez había sido el ostensible
gobernante de la Liga del Landsraad, odiaba aquel planeta, al igual que su hermana
menor, Valya. Ambos tenían un acuerdo entre ellos, un plan, por el cual esperaban sacar
a su familia de aquella penosa existencia que había dejado para ellos los errores de su
bisabuelo, Abulurd, y la traición cometida contra él por Vorian Atreides. Sus padres y el
resto de la familia no compartían sus ambiciones, pero entregaban su determinación, y le
permitieron a Griffin y a Valya hacer lo que quisieran a pesar de su juventud, sólo para
ver lo que podían realizar.
Mientras Valya se encontraba muy lejos de allí, en la búsqueda de avanzar por su
propia cuenta en la Hermandad (y por lo tanto ganar el poder y la influencia de la Casa
Harkonnen), Griffin se había quedado atrás, trabajando para construir los activos
comerciales de la familia, ampliar sus inversiones, y lograr salir de su aislamiento. Cada
día que pasaba dedicaba largas horas a sus estudios, con la intención de aprender lo
suficiente sobre el negocio de su familia y mejorar el nivel de vida de los habitantes de
aquel remanso planeta. No era un mundo cómodo, pero se negaba a dejarse golpear por
él, y estaba tan decidido como su hermana para ver su fortuna y restaurar sus influencias
en el Imperio. Su parte en el acuerdo era muy ambiciosa, que incluía la gestión de los

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

bienes de la familia y verificar su adecuada inversión, así también como en el desarrollo


de un plan de negocios que iba más allá de la meta parroquial de la mera supervivencia
en aquellas difíciles condiciones climáticas.
Griffin tenía veintitrés años de edad con un marco delgado, una disposición incluso
quilla, y una forma pragmática de pensar. Cuando su hermana era la más voluble de los
dos, y ya no podía tolerar vivir en Lankiveil, se sentía más tranquilo, como un capitán
que dirigía su propio barco a través de las heladas aguas, el arado por delante mientras
buscaba por mejores mares, y la luz del sol que sabía que se encontraba allí afuera, más
allá de las nubes.
A pesar de su corta edad, Griffin ya poseía un gran conocimiento de historia,
matemática, comercio, y gobernación, mientras intentaba convertirse en un líder
competente de algún planeta algún día… y allanar el camino a las futuras generaciones
Harkonnen para que regresaran a la prominencia del Imperio.
Griffin ya sabía más incluso que su padre acerca de las complejidades del comercio
de piel de ballena, de las relaciones de ganancias y pérdidas en las regulaciones
imperiales. A pesar de su título hereditario, Vergyl Harkonnen simplemente no tenía
ningún interés en ello, y dejaba que el pensamiento de su hijo se ocupara de gran parte
del trabajo duro. Vergyl se contentaba con ejercer un poder comparable con el de un
alcalde de la ciudad en lugar de un líder del Landsraad. Era un buen padre, pero sin
embargo le prestaba mucha mayor atención a sus hijos más jóvenes, Danvis y Tula.
Griffin y su hermana Valya tenían mayores sueños para la familia, incluso aunque
ellos fueran los únicos que lo hacían. Una vez, durante un combate particularmente
vigoroso con su hermano en una balsa de madera que oscilaba hacia afuera en el frío
puerto, Valya había dicho que pensaba que eran los únicos verdaderos Harkonnen en el
planeta.
Valya era tan sólo un año más joven, y su madre le había limitado («realismo» había
dicho la mujer) las expectativas en su vida, suponiendo que la chica se casaría con un
hombre de la localidad, tal vez un dueño de un buque de pesca de ballenas o incluso dos,
y así tener hijos con él y continuar. Sin embargo, después de hablar con una Hermana
misionera que había visitado Lankiveil hacía cinco años, Valya encontró su oportunidad
para irse, y se dirigió a capacitarse entre las mujeres más expertas en Rossak. Pero ella no
se había ido antes de tener unas largas conversaciones con Griffin, llegando a un acuerdo
ambos sobre cómo podrían mejorar la suerte de la devenida familia.
Ahora, el padre de Griffin se le acercó por detrás, mientras él descifraba uno párrafos
en el leguaje burocrático e historia, muchos de los cuales eran desesperadamente secos.
El joven trabajaba en los documentos como un cuidadoso cirujano, diseccionando las
acciones hasta que entendiera los matices del laberinto que era el gobierno.
Vergyl parecía divertido de ver a su hijo tan concentrado.
—Yo solía estudiar la historia, cuando tenía tu edad, y mi abuelo Abulurd me contaba
historias, pero no podía soportar la forma en que los registros oficiales de los Corrino

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hablaron de nuestra familia. Decidí entonces sólo vivir mi vida. Mejor si aquellos días no
son revisados.
Griffin hizo un gesto hacia los documentos.
—He leído lo suficiente sobre ese pasado en particular, padre, pero ahora estoy
analizando algo en una escala mucho más grande. La política imperial es importante para
nuestro futuro. —Se acarició la barbilla. Su barba castaño clara del bigote y perilla hacían
juego con el cabello de su cabeza. Creía que el vello facial le otorgaba un aspecto
distinguido, dándole la apariencia de alguien que debía ser tomado en serio—. Estoy
estudiando la estructura del Landsraad, leyendo la carta. Quiero tomar la prueba y ser
certificado como representante oficial de Lankiveil en el Consejo del Landsraad.
Vergyl rió.
—Pero ya poseemos un proxy. No hay necesidad de que viajes hacia Salusa Secundus
para las reuniones.
Griffin luchó con un repentino brote de rubor y se detuvo a sí mismo de morder a su
padre.
—Estudié el acuerdo comercial que fue arreglado por nuestro proxy. Se trata de
noventa y dos planetas, incluido el mismo Lankiveil; creo que el acuerdo no nos
beneficia. Le costará a Lankiveil los impuestos adicionales de otros ochenta y cuatro
planetas… mientras que ocho planetas que ya están acomodados reciben beneficios
reales. A mí me parece que el proxy fue comprado.
—Tú no sabes nada a ciencia cierta. He conocido a Nelson Treblehorn, y él es un
buen tipo.
—Encantador, sí. Eficaz en nuestro nombre, no. Padre, el primer paso para recuperar
el respeto por nuestra familia es tener representación directa en el Landsraad. Tengo la
intención de viajar a Salusa Secundus, donde podré ver el Salón del Landsraad y mirar a
los ojos a mi querido primo, el Emperador.
Varias generaciones atrás, los Harkonnen y los Butler/Corrino habían pertenecido a la
misma familia… pero ahora los líderes del Imperio consideraban el nombre Harkonnen
como una vergüenza y nunca lo mencionaban. Griffin sabía que su hermana deseaba
eliminar la mancha de la vergüenza causada por Vorian Atreides. Griffin sintió el peso de
la injusticia que se había cometido contra su familia… también, y cada uno de ellos
jugaba un papel sumamente importante en la restauración que planeaba. Además de sus
objetivos de negocio, Griffin estaba trabajando para construir alianzas políticas, y un día
viajaría a Salusa para reclamar el lugar que le correspondía de Lankiveil en el Salón del
Landsraad. Tenía la intención de que los Harkonnen ganaran importancia.
Ahora que todos los mundos de la Liga y los planetas No Alineados se habían
unificado en una misma red, el Imperio combinado abarcaba más de trece mil mundos.
Pero ningún negocio podría posiblemente llevarse a cabo si esa cantidad de
representantes planetarios tan separados tenían que hacerle frente a todas las medidas
burocráticas antes de que una votación pudiera realizarse.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Los proxys designados por el Emperador Salvador recogían decenas de mundos


vagamente relacionados entre sí bajo una enorme protección contra los votos en nombre
de la población. Se lo consideraba una conveniencia (pues ganaban los subsidios
Imperiales u otros beneficios) pero no era obligatorio, y las excepciones estaban
permitidas, a expensas de los beneficios. En lo que se refería a Griffin, el favor imperial
que Lankiveil obtenía a cambio de la relación de representación era tan mínimo como
casi inexistente.
En Salusa Secundus, Griffin pretendía hablar en nombre de su planeta, y de su
familia. Personalmente. Con Valya convirtiéndose en una de las Hermanas de la
respetada y calificada escuela de Rossak, y con Griffin que pronto comenzaría a servir
como un representante oficial de la Liga del Landsraad, así como también con la gestión
y expansión de las operaciones comerciales de la familia, las perspectivas de la Casa
Harkonnen eran alentadoras.
—Bueno, estoy seguro de que es la decisión correcta, entonces. —Vergyl parecía
divertirse por las grandes ideas de su hijo. Aunque Griffin se había hecho cargo de gran
parte del trabajo de negocios y decisiones, su padre pensaba en él aún como un joven
ingenuo.
Por aquella nueva y ambiciosa empresa mercantil que Griffin y Valya habían pensado
en una lluvia de ideas juntos, le había pedido a tío Weller viajar de planeta en planeta
representando a la familia y a la organización de contratos de las pieles de ballena.
Aunque Weller era un excelente vendedor y le gustaba a todo el mundo, él no poseía una
muy buena mente para los negocios, y su hermano Vergyl estaba aún más lejos del
contacto con las cuestiones que importaban y afectaban a la familia. Por lo menos el tío
Weller entendía de tácticas y objetivos comerciales, y cuando deseaba hacer algo, estaba
dispuesto a contribuir con su tiempo y sus talentos; Vergyl básicamente se había rendido.
Si el padre de Griffin nunca había tenido ninguna ambición en absoluto cuando él era
mucho más joven (y Griffin no estaba muy convencido de ello), ya no la tendría ahora.
Durante casi todo el año anterior, haciendo inversiones y planificaciones a favor de
un mercado más amplio, Griffin organizó el envío de cientos de naves adicionales para
asegurar la cosecha individual de pieles de ballena más grande que se había producido
jamás en todo el planeta. Luego, se había negociado un acuerdo de transportes de carga
con la compañía rivera de baja gama llamada Celestial Transport, para llevar a su tío
Weller y sus mercancías a lo largo de todo el Imperio.
Las líneas de transportes de la Liga estaban dominadas por la Flota Espacial
VenHold. Su historial de seguridad era impecable, ya que sus naves eran guiadas por, y
hasta algunos aseguraban que no eran humanos, misteriosos Navegantes que podían
prever los peligros y los accidentes antes de que ocurrieran. Pero VenHold cargaba
prohibitivamente con altas tarifas, y la Casa Harkonnen había invertido una parte
significativa de sus ganancias familiares en esta expansión. Griffin no podía justificar
pagar el gasto adicional; Celestial Transport podía ser lento y no hacía uso de los
Navegantes, pero ofrecían condiciones más que favorables. Así que, con todos los

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detalles dispuestos, el tío de Griffin se había marchado con un enorme cargamento de


sedosas pieles de ballena, con la esperanza de establecer una demanda y luego bloquear
los acuerdos de distribución lucrativos con otros planetas.
Mientras tanto, Griffin se sumergía en sus estudios para tomar el examen de
calificación para convertirse en el representante oficial de Lankiveil en Salusa Secundus.
Miró a su padre.
—Tengo que terminar mis estudios; pues requiero enviar el paquete con mis pruebas
en el siguiente buque que parta.
Vergyl Harkonnen le dio una palmeada como cumplido, estimulándolo.
—Lo harás bien, hijo.
Y dejó entonces a Griffin con sus estudios.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Soy un hombre generoso, una vez que has ganado mi generosidad. Pero veo una diferencia entre la generosidad
de aquellos que la merecen, y la caridad hacia aquellos que se aprovecharían de mis riquezas.
—DIRECTOR JOSEF VENPORT, respuesta estándar a un pedido de donación

Estrechando sus ojos azules, Josef Venport observó a los nerviosos jefes de equipos que
aguardaban para entregar sus informes en la sala de conferencias de ambiente controlado
en la sede VenHold en el planeta Arrakis.
—No se equivoquen. Voy a hacer lo que sea necesario para proteger mis intereses.
El Director paseó a lo largo de la habitación para quemar energías, tratando de
mantener su ira bajo control. Su cabello color canela caía espeso sobre su frente, y lucía
un bigote tupido sobre unos labios finos que rara vez sonreían. Sus pobladas cejas se
ciñeron al momento en que observaba a los gerentes.
—Mi bisabuela, Norma Cenva, sacrificó la mayor parte de su flota espacial, por no
mencionar un sin número de vidas humanas, para derrotar a las máquinas pensantes.
Salvaguardando mis propios intereses comerciales puedo no parecer tan dramático, pero
les advierto que no prueben mi resolución.
—Nunca hemos dudado de su resolución, señor —dijo Lilik Arvo, el supervisor de
las operaciones de recolección de la especia de la compañía en Arrakis. Su voz temblaba.
La piel de Arvo era oscura y correosamente bronceada, como una vieja pasa. Los otros
dos hombres, jefes de sección de los equipos de producción en el desierto profundo, se
estremecieron, temiendo también la ira de Josef. Sólo una sucia mujer sentada en la parte
posterior no demostraba miedo alguno. Mantenía su ceño fruncido mientras observaba el
procedimiento.
—Yo no deseaba venir aquí en primer lugar —continuó Josef—. Prefiero que este
tipo de operaciones corran independientemente, pero si otra compañía se está robando mi
especia ¡mi especia!, tengo que hacer que se detenga. Inmediatamente, deseo saber quién
está detrás de las otras operaciones de recolección aquí, quienes los están financiando, y a
dónde demonios es que llevan la especia.
Todos aquellos o aquellas que habían trabajado para conseguir una posición de
autoridad en VenHold entendían que, cuando alguno le fallaba a Josef, él insistía en
equilibrar los libros. Y si acaso sus supervisores y administradores no deseaban
convertirse en blancos de su ira, era mejor que encontraran un destinatario más adecuado
para el castigo.
—Denos nuestras instrucciones, señor, y nosotros nos encargaremos —dijo la mujer
en la sala de conferencias, cuyos trapos polvorientos cubrían un traje de reclamos bien
equipado y mantenido—. Cualquier cosa que necesite. —Entre los que se encontraban
allí, ella era la única que se podía considerar competente. Y era también la única a la que
no le gustaba estar en el aire fresco y húmedo.

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Las grietas y las arrugas alrededor de los ojos sugerían su edad, aunque el medio
ambiente desecante del desierto, así como también las propiedades de la melange para
prolongar la vida, hacían que cualquier conjetura sobre su edad fuera complicada. Sus
ojos por completo eran de aquel misterioso azul que indicaba el consumo de especia
constante, incluso una adicción.
Josef la observó con satisfacción.
—Usted conoce la situación, Ishanti. Cuéntenos lo que recomienda. —Lanzó una
mirada fulminante a los jefes del equipo que habían dado más excusas que sugerencias.
Ella se encogió de hombros.
—No debería ser muy complicado encontrar uno o dos nombres.
—Pero, ¿cómo? —dijo Arvo—. Tenemos que encontrar a los cazadores furtivos en
primer lugar. Sus maquinarias no dejan marca alguna, y el desierto es vasto.
—Uno simplemente tiene que saber dónde buscar. —Ishanti sonrió, sin mostrar sus
dientes. Tenía un rico cabello castaño atado en un pañuelo de colores. Llevaba dos
colgantes de un típico diseño budislámico, y aquello no era de extrañar, ya que la
mayoría de las tribus protegidas en el desierto profundo eran zensuníes, principalmente
refugiados de los esclavistas.
A pesar de que no desempeñaba ningún cargo formal en Venport Holdings, o en su
filial comercial Combined Mercantiles, Josef le pagaba una buena suma por sus útiles
servicios. Ishanti provenía del desierto profundo, y se movía fácilmente por las alejadas
cuevas indígenas de los puertos espaciales y los asentamientos circundantes. Ella
mantenía un ojo en las operaciones de la recolección de la especia de Venport, y
negociaba con los comerciantes en Arrakis City, para luego desvanecerse como un
demonio en el polvo de las dunas nuevamente. Josef nunca había intentado seguirla, y les
había dado estrictas instrucciones a los demás que dejaran en paz la privacidad de Ishanti.
Se dirigió entonces a los oyentes:
—Quiero que todos ustedes envíen mensajes. Que corran los sobornos si hace falta, y
manden a buscadores al medio del desierto. Combined Mercantiles ofrece una gran
recompensa a cualquier equipo de especia que exponga a una operación fuera de los
libros por ahí afuera. No voy a abandonar este planeta hasta que haya tenido las
respuestas. —Sus cejas se juntaron—. Y no tengo intenciones de permanecer aquí por
mucho tiempo.
Ishanti le sonrió nuevamente, y Josef se preguntó cuáles eran los estándares de
belleza entre los zensuníes allí. ¿Estaba acaso intentando coquetearlo? No encontraba a la
dura mujer del desierto atractiva para nada, pero respetaba sus habilidades. Él tenía su
propia esposa allá de regreso en Kolhar, una inteligente mujer de la Hermandad —la bien
entrenada Cioba—, la única persona en la que confiaba para que vigilara las
conglomeradas operaciones de negocios de VenHold mientras él estaba ausente.
—Haremos que su estancia aquí sea lo más corta posible, señor —dijo Arvo—. Me
pondré de inmediato. —En efecto, Josef tenía más fe en Ishanti.
Los observó detenidamente a todos.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Mi antepasado, Aurelius Venport, vio el potencial en las operaciones de extracción


de especia, y se arriesgó mucho, invirtió mucho, para que fuera rentable. —Se inclinó
hacia adelante—. Mi familia tiene generaciones de sangre y dinero en este planeta, y me
niego a dejar que cualquier competidor advenedizo baile sobre los fundamentos Venport.
Los ladrones deben ser encontrados. —Bebió un sorbo de agua fría de su vaso, y los
demás hicieron lo mismo con gratitud. Hubiera preferido estar bebiendo un brindis
triunfal, pero aquello aún era prematuro.

***
Josef se encerró a sí mismo en una alcoba privada en Arrakis City, comió la comida que
le habían alcanzado sin que lo notara, y se puso a estudiar minuciosamente sus registros
de los negocios. Cioba ya le había preparado un sumario sobre los asuntos de mayor
importancia relacionados con las numerosas inversiones de la compañía, y le había
adjuntado una nota personal sobre el progreso de sus dos pequeñas hijas, Sabine y
Candys, quienes estaban siendo entrenadas en Rossak.
Durante las generaciones pasadas, VenHold había crecido tan increíblemente rica que
Josef necesitó separar a aquellos que se encargaban de la distribución de cargamentos y
crear una entidad completamente separada, la Combine Mercantiles, cotizando la
melange extraída de Arrakis, así como también otros bienes de altos valores. También
había establecido numerosas y enormes instituciones financieras en los planetas más
importantes, donde podía desinvertir, invertir, y ocultar las ganancias de VenHold. No
deseaba que aquellos fanáticos anti cualquier tecnología enloquecieran al tener una idea
aproximada de la cantidad de poder e influencia que en realidad poseía. Pero entre las
numerosas amenazas y retos a los que se había enfrentado, los bárbaros Butlerianos eran
invariables o se encontraban en la parte superior de su lista. Como parte de su rutina,
destruían naves robóticas abandonadas perfectamente funcionales que podían ser
incorporadas en la Flota Espacial VenHold.
Tan pronto como regresara a Kolhar, tendría mucho trabajo para hacer. También se lo
esperaba en Salusa Secundus cuanto antes para una importante reunión del Landsraad.
Pero no podía abandonar Arrakis hasta que resolviera aquel problema…
Ishanti había situado, de hecho, una operación de recolección de especia clandestina
de un competidor en la profundidad del desierto. (Josef no podía entender por qué sus
exploradores volantes mucho mejor equipados no habían podido detectar absolutamente
nada). En el momento en que Lilik Arvo enviara un equipo de respuesta a la ubicación,
los furtivos cazadores habrían escapado. Sin embargo, Arvo había interceptado un
pequeño buque de carga antes de que éste pudiera abandonar el planeta. La bodega estaba
repleta de melange de contrabando. Josef había, desde luego, confiscado el cargamento,
añadiéndola a sus propios suministros.
Los ingenieros de VenHold recorrieron la nave furtiva, analizando los números de
serie de los componentes, y hallaron entonces indicios de que pertenecía a Celestial

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Transport. Aquello no alegró a Josef. Arjen Gates se entrometía nuevamente en lo que no


le pertenecía.
CT era la única competencia de Josef en la industria del transporte espacial, y no veía
esta intrusión con buenos ojos. De aquella información oculta que había obtenido (a un
alto costo), sabía que Celestial Transport había perdido hasta un uno por ciento de sus
transbordadores… una suma de fracaso ridículamente alta. Pero fue de mal en peor. Por
elegir un bajo precio y un transporte poco fiable, los pasajeros y transportistas de CT
recibieron lo que merecían…
Arvo e Ishanti llegaron a las habitaciones privadas de Josef, escoltando a un hombre
atado y amordazado que vestía con un traje de vuelo sin marcar. Arvo se veía satisfecho
de sí mismo, como si él se hubiera llevado todo el crédito de la operación.
—Este hombre era la única persona a bordo del buque del mercado negro. Vamos a
llegar al fondo de todo esto, señor, pero hasta ahora se ha negado a hablar.
Josef enarcó sus gruesas cejas.
—Necesita ser alentado, entonces. —Se volvió hacia el prisionero, que comenzó a
sudar en gran cantidad. Perdiendo agua de dicha manera, la gente del desierto estaría
decepcionada de él—. ¿Quién está a cargo de las operaciones aquí en Arrakis? Me
gustaría poder hablar con esa persona.
Cuando Ishanti le retiró la mordaza al cautivo, el hombre cruzó sus labios con
disgusto.
—Este es un planeta libre. No tienen más derecho a la melange que cualquier otro.
Cientos de operaciones trabajaban aquí en Arrakis durante las plagas. ¡La especia está allí
para que nosotros la recolectemos! Hicimos nuestra propia inversión. Nuestro trabajo no
interfiere con su operación.
—Es mi especia. —Josef no levantó el tono de su voz, pero la ira detrás de ella se
revolvía como una tormenta recién formada. Hizo un gesto desdeñoso—. Ishanti,
averigua lo que puedas de él. Tus talentos son bien conocidos. De hecho, puedes quedarte
con su agua por el precio de tus servicios.
La sonrisa de Ishanti era ahora lo bastante amplia para demostrar su dentadura,
sacando una daga parcialmente lechosa de color blanco de su cintura.
—Gracias, señor.
Colocó nuevamente la mordaza en la boca del cautivo, acallando sus protestas, y se
llevó muy lejos al hombre que luchaba.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Nunca será posible explicar mis motivos a los demás, con excepción de Erasmo. Nosotros nos entendíamos el
uno al otro, a pesar de nuestras obvias diferencias.
—GILBERTUS ALBANS, diarios privados

Para fomentar la concentración Mentat, el Director Gilbertus Albans había construido su


escuela en el continente menos poblado de Lampadas. Aunque aquel ya era de por sí un
mundo pastoril, se necesitaba un lugar donde los instructores y estudiantes pudieran
centrarse en el exigente plan de estudios y no ser distraídos por las preocupaciones
externas.
Al elegir aquel mundo como la sede de su escuela Mentat, se había equivocado al
subestimar la fortaleza en continuo movimiento de los Butlerianos tras la derrota de
Omnius. El fervor en contra de la tecnología debería haberse desbandado rápidamente,
pulverizado por la falta de pasión y necesidad, pero Manford Torondo era ahora más
poderoso que nunca. Gilbertus se encontraba atravesando una línea muy delgada.
En el teatro principal de instrucciones se puso en pie en el escenario, el foco de la
atención. Los asientos lo rodeaban y él se levantó abruptamente hasta la parte trasera. Las
paredes del techo y los alrededores del anfiteatro eran de una madera oscura manchada,
con una pátina artificial que les otorgaba un aspecto muy viejo, con un peso de
importancia. Amplificadores inteligentes llevaron su calmada voz hacia todos los
estudiantes atentos.
—Hay que observar las apariencias iniciales del pasado. —El Director hizo un gesto
hacia los dos cuerpos que descansaban en las losas de autopsias en el medio del
escenario. En una de las mesas reposaba un cadáver humano desnudo y pálido, con su
cabeza vuelta hacia arriba y sus ojos cerrados; los brazos del hombre muerto se extendían
rectos a sus lados. En la otra mesa había un mek de combate desactivado, con sus feroces
brazos-armas y su cabeza en forma de bala colocada en una disposición similar.
—Un humano y una máquina pensante. Noten los paralelos. Estúdienlos. Aprendan
de ellos, y pregúntense a ustedes mismos: ¿Son tan diferentes uno de otro realmente
después de todo?
Gilbertus llevaba puesto un chaleco y unos pantalones sueltos, y sus gafas redondas
descansaban sobre su estrecho rostro, prefiriéndolos antes que a los tratamientos médicos
que podrían mejorarle su vista. Su cabello era fino pero continuaba siendo de aquel
amarillo pajizo natural de su juventud. Tenía que mantener las apariencias, y se cuidaba
mucho a la hora de ocultar que tenía más de ciento ochenta años ahora, gracias al trato de
la extensión de vida que había recibido del robot independiente Erasmo. Ni tan siquiera
uno de los estudiantes Mentat sospechaba cuán importante había sido la máquina mentora
en su vida; sería muy peligroso si los Butlerianos llegaban a descubrir el pasado de
Gilbertus.

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—La Yihad probó que los humanos son superiores a las máquinas pensantes, cierto.
Pero si observamos con mayor atención, podremos ver similitudes.
Debido al hecho de que los Mentats eran la respuesta humana a las computadoras, los
antitecnológicos Butlerianos apoyaban su escuela. Gilbertus, sin embargo, había tenido
experiencias diferentes junto a las máquinas pensantes. Para su propia seguridad,
mantenía sus opiniones para él, especialmente allí en Lampadas.
Gilbertus levantó el eje de la cabeza del mek de combate desactivado en el anclaje del
cuello.
—El robot que pueden apreciar aquí es un remanente de aquel conflicto, y nos
otorgaron un permiso especial para utilizarlo como una herramienta de enseñanza. —El
gobierno Imperial no había objetado, pero convencer a Manford Torondo había sido algo
muy diferente.
Levantó el brazo del pálido cadáver.
—Tengan en cuenta la musculatura, comparada con la anatomía mecánica del robot
de combate.
A medida que los estudiantes observaban en silencio, algunos se intrigaron y
aterrorizaron cuando Gilbertus comenzó a extraer varios de los órganos del cadáver
preparado, y luego las más o menos equivalentes piezas del mek de combate, paso a paso,
mostrando los paralelismos entre sí. Mostró luego todas las piezas en bandejas junto a
cada cuerpo, realizando las autopsias en simultáneo.
Durante media hora, disecó al robot de combate, explicando cómo los componentes
encajaban entre sí y funcionaban, cómo el mek incorporaba sus sistemas de armas en sus
extremidades expuestas, y comparaba cada punto volviendo a la analogía de los humanos.
Su estudiante de último año, Draigo Roget, quien también se desempeñaba como
ayudante de enseñanza, hizo un ajuste a la imagen de su proyector, que visualizaba con
detalle su operación para todo el público. Draigo llevaba ropas de color negro de pies a
cabeza, lo que acentuaba su largo color cabello oscuro como el azabache, y sus cejas y
ojos, negros también.
El cráneo del cadáver había sido abierto durante la preparación de la clase, y su
cerebro removido, y ahora Gilbertus expuso la unidad de pensamiento de la computadora
del robot de combate. Depositó los circuitos gelificados del mek en una bandeja: una
esfera metálica de metal era más suave en comparación con el cerebro humano
enrevesado que se encontraba a su par. Empujó entonces el núcleo de la computadora con
la punta de su dedo.
—Las máquinas pensantes poseen recuerdos eficientes y un procesador de alta
velocidad, pero su capacidad de almacenamiento es finita, limitada por las
especificaciones con la que se ha construido.
Alzó su mirada para mirarlos.
—Cada uno de ustedes debe aprender a aprovechar lo que poseemos. Puede que no
haya límite a la cantidad de información que nuestros cerebros puedan sostener, si lo
ordenamos y lo almacenamos adecuadamente. En esta escuela, enseñamos a cada

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

estudiante a emular la organización y los métodos de cálculo de las máquinas pensantes,


y hemos descubierto que los humanos podemos hacerlo mejor incluso.
Los estudiantes murmuraron, algunos de ellos incómodos. En particular, notó la
expresión agria de Alys Carroll, una joven con mucho talento, pero con una mente
cerrada que se había criado entre los Butlerianos. Era una de las estudiantes que Manford
Torondo había asignado allí; sorprendentemente, a un nivel de habilidad mental, Alys lo
había hecho bastante bien.
Para poder construir su escuela Mentat en Lampadas, Gilbertus había hecho algunos
sacrificios. Como parte de su acuerdo con Manford, que le había concedido su apoyo a la
escuela, cada año Gilbertus debía admitir a un número determinado de alumnos
seleccionados por los Butlerianos. Aunque los Butlerianos no eran los mejores
candidatos, y ocupaban espacios vitales que podrían haber sido mucho más adecuados
para aquellas personas con mayor talento y objetivos, era una concesión que había tenido
que aceptar.
Gilbertus dio un paso atrás de los dos ejemplares en las mesas de autopsia.
—Mi objetivo es sacarlos de esta escuela con sus pensamientos organizados y sus
capacidades de memoria expandidos de modo que serán iguales que cualquier
computadora. —Les profirió una sonrisa paternal—. ¿Es un logro digno de sus esfuerzos?
—¡Sí, señor! —La ola de exclamaciones recorrió todo el teatro.

***
Aunque el entorno físico que rodeaba a la escuela Mentat eran vastas humedades
desagradables, canales pantanosos y peligrosos depredadores, Gilbertus sabía que los
entornos difíciles perfeccionaban a los seres humanos más competentes. Erasmo le había
enseñado eso.
El complejo del colegio era un grupo de plataformas flotantes entrelazadas, ancladas
en un lago pantanoso inmenso, rodeado de una tierra despoblada y sin desarrollar. Un
sistema de escudos lo amparaba protegiéndolo de los insectos de los pantanos que
portaban enfermedades molestas, creando así una especie de oasis para los estudiantes
Mentat.
Gilbertus cruzó una pasarela flotante sobre el pantano, casi sin darse cuenta del agua
color verde oscura a continuación. Pasó por una cancha de deportes flotante y uno de los
auditorios independientes, y luego entró en el edificio de la administración construido en
el perímetro del complejo, que contenía las oficinas de los decanos y los profesores
titulares Mentat. La escuela ya contaba con más de doscientos profesores y cuatro mil
estudiantes, un notable éxito entre los muchos centros de aprendizaje que habían surgido
luego de la derrota de las máquinas pensantes. Debido a los rigores de la instrucción
Mentat, la tasa de fracaso se acercaba al treinta y cinco por ciento, incluso entre los
mejores candidatos que eran aceptados en la escuela (sin contar los candidatos requeridos
por los Butlerianos), sólo los mejores avanzarían para convertirse en Mentats.

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Las lámparas de la oficina de Gilbertus emitían un débil aroma, pero para nada
desagradable. La gran sala estaba equipada con un piso de koagany, y unas oscuras
alfombras tejidas a partir de las hojas y la corteza de los árboles del pantano. Muy
débilmente, oyó la música clásica, algunas de las composiciones que él y Erasmo habían
disfrutado una vez en los jardines de contemplación del robot en Corrin.
Presa de la nostalgia, había hecho que su oficina se asemejara a las características de
la casa de Erasmo en Corrin, con las mismas cortinas púrpuras de lujo y los muebles
ornamentados. Había que tener un gran cuidado, pero sabía que nadie iba a suponer la
conexión. Gilbertus era el único ser humano vivo que recordaba la parafernalia lujosa de
la villa privada del robot independiente.
Estantes subían al alto techo, construidos a partir de maderas pulidas que aparentaban
ser antiguas; mellas y rasguños habían sido añadidos durante el montaje para dar la
ilusión de edad. Al establecer su escuela, Gilbertus había querido otorgar la impresión de
una institución con una larga data de seriedad. Todo lo relacionado con aquella oficina, el
edificio, y el complejo de la escuela había sido distribuido con una buena dosis de
reflexión.
Y eso es sólo lo apropiado, reflexionó. Después de todo somos Mentats.
Los decanos y profesores desarrollaban y mejoraban los programas educativos con
innovaciones para ampliar los límites de la mente humana, pero el plan esencial de
estudios Mentat había provenido de una fuente conocida sólo por Gilbertus… una fuente
que, si era revelada, pondría a toda la escuela en extremo peligro.
Después de comprobar que se encontraba solo, Gilbertus cerró la puerta detrás de él,
y bajó cada una de las persianas de madera y tela. Sacando una llave del bolsillo en su
chaleco, abrió un gabinete de madera sólida construido en una estantería. Metió la mano
y tocó un panel en un lugar preciso, haciendo que los estantes se reorganizaran, giraran
alrededor, y terminaran por abrirse como los pétalos de una flor.
En un estante descansaba un brillante núcleo de memoria, y le dijo:
—Estoy aquí, Erasmo. ¿Está listo para continuar nuestra conversación?
Su pulso se aceleró, en parte debido a las emociones que sentía, en parte por el riesgo.
Erasmo había sido el más notorio de todos los robots independientes, una máquina
pensante tan odiada como la mismísima supermente Omnius. Gilbertus sonrió.
Antes de la catastrófica caída de Corrin, había logrado remover el núcleo del
condenado robot y robárselo mientras se mezclaba con un sin número de refugiados
humanos. En los años que prosiguieron, Gilbertus le había creado una vida
completamente nueva para él, un falso pasado. Había requerido todo su talento para
desarrollar aquella Escuela Mentat… con la ayuda clandestina de Erasmo, lo que le
proporcionaba un asesoramiento permanente.
La esfera de circuitos gelificados palpitó activamente, y el robot independiente habló
entonces con su familiar y erudita voz a través de los pequeños amplificadores:
—Gracias; comenzaba a sentir claustrofobia, incluso con los ojos espía que me
brindaste.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Usted me salvó de una vida de ignorancia y miseria, y yo le he salvado de la


destrucción. Un intercambio justo. Pero le pido disculpas de que no pueda hacer más; no
aún, de todos modos. Tenemos que ser muy prudentes.
Años atrás, Erasmo había seleccionado a un niño de los corrales de los miserables
esclavos en el mundo de las máquinas, un experimento para ver si era posible civilizar a
una de las criaturas más salvajes a través de un cuidadoso entrenamiento. Con los años, el
robot independiente se convirtió en una figura paterna y mentora que le enseñó a
Gilbertus cómo organizar sus pensamientos, y la forma de mejorar su cerebro para que
pudiera pensar con una eficiencia antes reservada para las computadoras. Qué irónico,
pensó Gilbertus, que su escuela para maximizar el potencial de la humanidad había
tenido sus raíces en las máquinas pensantes.
Erasmo había sido un duro pero excelente maestro. El robot probablemente hubiera
tenido el mismo éxito con cualquier otro ser humano joven que hubiera entrenado, pero
Gilbertus estaba profundamente agradecido del destino que le había otorgado…
Los dos hablaban en voz baja, siempre temerosos de ser descubiertos.
—Conozco los riesgos que estás tomando, pero estoy creciendo inquietamente.
Necesito un nuevo marco, un órgano que me permita moverme y ser funcional otra vez.
Estoy constantemente pensando en innumerables escenarios de pruebas que darán
resultados interesantes a tu grupo de estudiantes. Estoy seguro de que los seres humanos
siguen haciendo cosas fascinantes e irracionales.
Como siempre, Gilbertus eludió la cuestión de la creación de un nuevo cuerpo que el
robot deseaba.
—Lo hacen, Padre, cosas violentas e impredecibles. Es por eso que tengo que
mantenerlo oculto. De todos los secretos en el Imperio, su existencia le convierte en el
más grande.
—Tengo muchos deseos de interactuar nuevamente con los seres humanos… pero sé
que estás haciendo lo mejor posible. —La voz de la máquina se detuvo en seco, y
Gilbertus pudo imaginar cómo cambiaría la expresión en el rostro de metal líquido del
robot, su cuerpo abandonado en Corrin—. Llévame a recorrer la habitación. Abre una de
las cortinas para que pueda observar con mis sensores. Necesito observar.
Siempre alerta, Gilbertus sacó el núcleo de ligero peso y lo acunó entre sus manos,
teniendo mucho cuidado de no dejar que cayera o se dañara de alguna otra manera. Llevó
la esfera a una de las ventanas que daban al amplio y poco profundo lago —una dirección
en la que sería poco probable encontrarse con observadores espiando—, y levantó una de
las persianas. No podía negársele a Erasmo este pequeño favor, pues le debía demasiado
al robot independiente.
El núcleo de memorias rió entre dientes, una risa suave que le trajo a Gilbertus
imágenes a la memoria de su estadía pacífica y tranquila en Corrin.
—El universo ha cambiado mucho —reflexionó Erasmo—. Pero te has adaptado. Has
hecho lo que tenías que hacer para poder sobrevivir.

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—Y para poder protegerlo —celebró Gilbertus al núcleo de memoria—. Es difícil,


pero voy a mantener la mascarada. Estará a salvo mientras yo no estoy, Padre.
Pronto, Gilbertus debía abandonar Lampadas con Manford Torondo, ambos
dirigiéndose hacia Salusa Secundus para el Consejo del Landsraad y el Emperador
Salvador Corrino. Era un delicado y peligroso acto de equilibrio por parte de Gilbertus…
una forma de acrobacia que siempre lo inquietaba.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La vida es algo complicado, sin importar las circunstancias en las que nacemos.
—HADITHA CORRINO, carta a su esposo, el Príncipe Roderick

Coronada por cuatro leones dorados, la carroza real encabezaba la procesión que recorría
la ciudad capital de Zimia en Salusa. Era una ciudad de monumentos, en honor a los
numerosos héroes de la larga Yihad. En todas partes, el Emperador Salvador Corrino veía
las imágenes de Serena Butler, de su bebé martirizado, Manion, y del Gran Patriarca Iblis
Ginjo… en las banderas que flameaban, a los lados de los edificios, en las estatuas, en los
escaparates. Por delante, la gran cúpula dorada de la Sala del Parlamento se asemejaba
con una presencia tranquilizadora, en sí mismo un sitio de acontecimientos épicos,
históricos.
Bajo un cielo nublado, rodearon una torre de andadores cimek, un monumento
oxidado y abollado, tan alto como los edificios más grandes. Una vez, la temible máquina
había sido guiada por un cerebro humano, formando parte de la fuerza de ataque enemiga
durante la primera Batalla de Zimia. Ahora, la inmensa forma carecía de vida, una
reliquia de pie como un recordatorio de los días oscuros. Después de más de un siglo de
la Yihad de Serena Butler, las fuerzas de las máquinas pensantes habían sido derrotadas
por completo en Corrin, y los humanos no eran más sus esclavos.
Zimia había sido severamente dañada en dos ocasiones por ataques de las máquinas
durante la Yihad, y ambas ocasiones la ciudad se había reconstruido, un testimonio al
implacable espíritu de la humanidad. Fuera de la carnicería y los escombros de la Batalla
de Corrin, la familia Butler había cambiado su nombre por el de Corrino, levantándose
para dirigir a un nuevo Imperio. El primer Emperador había sido el abuelo de Salvador,
Faykan, y luego su hijo, Jules. Los dos hombres habían gobernado durante un total de
setenta y un años después de que Salvador asumiera el trono.
En el interior del carruaje real, el Emperador se sintió irritado por la interrupción de
su horario de la mañana, pero había recibido la noticia de un descubrimiento macabro que
tenía que ver por su cuenta. Había salido del palacio, junto con su séquito de guardias
reales, asistentes, asesores y su plena seguridad (porque las gentes inquietas siempre
tenían algo para protestar). Un doctor de la escuela Suk montó en el coche detrás de él,
por si acaso algo saliera mal. Salvador estaba preocupado por muchas cosas, y llevaba su
aprehensión como una prenda de vestir que no se le ajustaba lo suficientemente bien.
Mientras la procesión continuaba, el Emperador no quería ver particularmente aquel
macabro descubrimiento hacia el que se dirigían, pero era su obligación. El carruaje del
león hizo su camino hacia el centro de la ciudad, pasando ante otros carruajes, vehículos
terrestres, y camiones que se hacían a un lado para dejar el paso libre a la comitiva.
Su adornada carroza se detuvo sin problemas en la gran plaza central, y los asistentes
se apresuraron a abrir la puerta esmaltada. A medida que ayudaban al Emperador, él pudo
oler ya el hedor de la carne quemada en el aire.

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Un hombre alto y fornido se acercó con una túnica escarlata y dorados pantalones, los
colores de la Casa Corrino. Roderick era el medio hermano del Emperador, pues
compartían el mismo padre, pero una madre diferente; los dos también tenían una media
hermana problemática, Anna, por parte de otra madre. (El Emperador Jules había estado
muy ocupado, a pesar que él nunca había engendrado a un hijo de su esposa real.
—Por aquí —dijo Roderick en voz baja. Tenía la cabeza repleta de cabello grueso y
rubio, a diferencia de Salvador, quien dos años mayor a los cuarenta y siete, sólo tenía un
parche tenue de cabello marrón en la parte superior. Ambos hombres llevaban cinturones
escudo activados como partes casuales de la vestimenta, envolviéndolos en un campo
apenas perceptible. Los hombres apenas le otorgaban pensamientos a aquella ubicua
tecnología.
Roderick señaló hacia una de las estatuas de Iblis Ginjo, el líder religioso carismático
pero complejo de la Yihad que había inspirado a miles de millones para luchar contra la
opresión de las máquinas. Salvador se horrorizó al ver un cuerpo mutilado y quemado
colgando de la estatua. Una pancarta estaba adjunta al carbonizado e irreconocible
hombre, que lo identificaba como «Touré Bomoko: Traidor de Dios y de la Fe».
Salvador conocía muy bien aquel nombre. Hacía veinte años, durante el reinado de su
padre, la Comisión de Traductores Ecuménicos había causado un terrible alboroto con el
lanzamiento de un nuevo libro sagrado que aparentemente abarcaba todas las religiones,
la Biblia Católica Naranja. Touré Bomoko había sido el presidente de los delegados de la
CTE, que había pasado siete años en el aislamiento de un compuesto en forma de cúpula
en el páramo radioactivo de la Vieja Tierra. La CTE había compilado un resumen de
compromiso de los principios básicos de la religión, para luego presentar su obra maestra
con un triunfo vertiginoso. El texto sagrado ajetreado había sido creado pretendiendo
resolver todas las diferencias religiosas de la humanidad, pero nunca lograr lo contrario.
En lugar de haber sido celebrada como un triunfo de unificación en la piedra angular
de una mayor comprensión, el libro y la arrogancia detrás de él inspiraron una reacción
violenta en todo el Imperio. Bomoko y sus compañeros delegados huyeron entonces de
las turbas; muchos delegados fueron linchados, mientras que otros se retractaron con
vehemencia para salvar así sus pellejos. Algunos de ellos incluso se suicidaron, a menudo
en circunstancias sospechosas, mientras que otros, como Bomoko, pasaron a la
clandestinidad.
Más tarde, luego de haber obtenido asilo en el Palacio Imperial por la gracia del
Emperador Jules, el presidente Bomoko admitió en público que su comisión se había
equivocado al tratar de crear nuevos símbolos religiosos, que sólo servían para
«introducir incertidumbre en la creencia general» y «generar revuelo y controversia
acerca de Dios». Luego de un escándalo en el palacio que había implicado al presidente y
a la esposa del Emperador, Bomoko había huido… la segunda vez que se había visto
obligado a huir. Y luego nunca había sido encontrado.
Ahora, Roderick se puso al lado de su hermano, estudiando el cadáver carbonizado,
sin rostro, colgado en la estatua.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—¿Realmente crees que lo han encontrado esta vez?


Sin inmutarse por el cuero mutilado, Salvador cerró sus ojos.
—Lo dudo mucho. Éste es la séptima vez que supuestamente han matado a
«Bomoko». Debemos ejecutar las pruebas genéticas de todos modos, sólo para estar
seguros.
—Yo me encargaré de todo.
Salvador sabía que no debía preocuparse. Roderick siempre había sido el hermano
más fresco, más tranquilo. El Emperador dejó escapar un lento suspiro.
—Si supiera dónde se encuentra Bomoko, yo mismo lo entregaría, sólo para contentar
a la multitud.
Los labios de Roderick acompañaron a su ceño fruncido. Miró con seriedad a su
hermano.
—Supongo que hablaríamos de ello primero juntos.
—Tienes razón, yo no haría nada sin tu consejo antes.
Con el correr de los años, las protestas habían ido y venido, y no se habían producido
mayores disturbios en toda una década, no desde que Salvador había tomado el trono
Corrino. Pronto, él anunciaría una edición revisada (y algo desinfectada) de la Biblia
Católica Naranja, y que llevaría a incensar a la gente, también. La nueva edición llevaría
el nombre del propio Salvador, y al principio parecía una buena idea. A través de sus
eruditos religiosos, Salvador había tratado de resolver algunos de los textos más
problemáticos, pero los extremistas querían que el libro sagrado fuera arrojado a la
hoguera, sin modificaciones. No podía pasarse de cuidadoso con aquellos fanáticos
religiosos.
Roderick dio unas claras órdenes a dos agentes de la guardia del palacio:
—Quiten el cuerpo y limpien la escena.
Mientras bajaban al carbonizado cadáver, parte de la carne enrojecida de los hombros
y del torso se desprendió del hueso, y los guardias retrocedieron con exclamaciones de
disgusto. Uno de los hombres le trajo a Salvador la pancarta, y entrecerró los ojos para
leer la letra pequeña en la parte posterior. El linchamiento parecía tener la necesidad de
explicar que el cuerpo de la víctima había sido mutilado precisamente de la misma
manera que las máquinas pensantes habían hecho con Serena Butler… su justificación de
un acto horrendo.
Mientras caminaba de regreso a la carroza real con su hermano, el Emperador se
quejó:
—Después de miles de años de esclavitud de las máquinas, y a más de un siglo de la
sangrienta Yihad, uno pensaría que la gente ya estaría cansada de todo.
Roderick le propicio un tranquilo guiño de complicidad.
—Parece que son adictos al choque y al frenesí. El estado de ánimo de la gente aún es
frágil.
—La humanidad es tan condenadamente impaciente. —El Emperador ingresó en el
carruaje—. Luego de la caída de Omnius, ¿realmente desean que todos los problemas se

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resuelvan en un instante? ¡Ochenta años después de la Batalla de Corrin las cosas no


deberían seguir siendo tan críticas! Me gustaría que tú pudieras arreglarlo, Roderick.
Su hermano le dio una débil sonrisa.
—Haré todo lo que pueda.
—Sí, lo harás. —Salvador cerró la puerta del carruaje, y luego el conductor urgió a
los leones para que apresuraran su paso mientras que el resto de la comitiva se preparaba
para seguirlos.

***
Esa misma noche, Roderick entregó los resultados de las pruebas genéticas a su hermano
en su casa de campo. Salvador y la Emperatriz Tabrina estaban en medio de una de sus
fuertes discusiones, esta vez sobre el deseo de tomar un papel de menor importancia en el
gobierno, en lugar de sus deberes ceremoniales tradicionales.
Salvador se opuso rotundamente a la solicitud.
—No es algo tradicional, y además el Imperio necesita estabilidad más que cualquier
otra cosa. —La pareja real se encontraba en la sala de trofeos, donde una colección de
congelados animales salvajes, de pescado montado, y silvestres, adornaban las paredes.
Afortunadamente, después de haber oído la discusión con anterioridad, el Príncipe
Roderick entró en la sala de trofeos, ajeno a su griterío.
—Hermano, te he traído los resultados. Pensé que te gustaría verlos por ti mismo.
Salvador tomó el periódico de las manos de Roderick, fingiendo estar molesto por la
interrupción, pero por debajo le dio a su hermano una sonrisa de agradecimiento.
Mientras Tabrina hervía, y él se sentaba junto a la chimenea y bebía vino de forma
demasiado educada para alguien que acaba de tener una pelea frente a un invitado,
Salvador leyó la página del informe. Satisfecho, lo hizo un bollo y lo arrojó al fuego.
—No es el verdadero Bomoko, como yo creía. Las turbas colgarán a cualquiera que
despierte sus sospechas.
—Desearía que te colgaran a ti —murmuró la Emperatriz en voz baja. Era una mujer
de extraordinaria belleza, con ojos de color oscuro almendra, los pómulos altos, y un
cuerpo ágil envuelto en un vestido largo, pegado al cuerpo. Su cabello castaño se
organizaba en un elaborado peinado.
Salvador consideró por un segundo que ellos lo hicieran en verdad, sólo para estar
lejos de ella, pero no estaba de humor como para hacer bromas. Le dio la espalda y paseó
por la habitación.
—Ven, Roderick. Hay un nuevo juego de cartas que me gustaría mucho enseñarte.
Me lo enseñó mi nueva concubina.
Ante la mención de la concubina, Tabrina soltó un bufido molesto, pero Salvador
hizo oídos sordos.
Roderick le hizo una perentoria reverencia.
—Si es lo que deseas…

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Salvador levantó las cejas.


—¿Es necesario?
—No.
Los dos se dirigieron a la sala.

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Durante la Yihad, Rossak fue defendido por los poderes psíquicos de las hechiceras; eran poderosísimas armas
vivientes que podían aniquilar la mente de un cimek, aunque a costa de sus propias vidas. ¡Por desgracia, esos
días se han ido! Hoy, menos de un centenar de sangre pura permanecen, y aquellas no poseen los poderes de
sus predecesoras.
—PREFACIO AL «MISTERIO DE ROSSAK,» libro de la Hermandad

Al momento en que muchas de las acólitas y Hermanas continuaban sus instrucciones


dentro de la ciudad acantilado, y las procuradoras más jóvenes enseñaban a los niños en
las recámaras de la enfermería, Valya descendió a las espesas selvas para su tarea diaria.
Una tarea importante.
Un coche sobrevolaba la crujiente espesura, mientras el crepúsculo caía turbiamente.
Al salir de la jaula de madera y pisar el húmedo suelo, Valya inhaló la mezcla de los ricos
aromas de la tierra, las plantas, y la vida animal. Siguió un camino en el denso follaje
plateado y púrpura. Helechos gigantescos se rizaban y doblaban en torno a ella, como si
flexionaran sus músculos. Desde una buena altura, delgados rayos de luz solar cambiaban
de momento a momento, con las ramas que se agitaban. Las ramas crujieron, y algo se
deslizó a través de la maleza; una vid depredadora se lanzó como un látigo agitado sobre
un aturdido y peludo roedor, y lo rodeó por completo. Allí abajo, siempre se debía estar
alerta.
Llegó a una puerta metálica negra montada en un inmenso árbol. Como lo había
hecho cada día durante muchos meses, Valya utilizó una clave de acceso para abrir la
puerta deslizante, revelando un pasadizo oscuro allá, iluminado solamente por globos de
luz amarillos. Bajó una escalera curva que descendía al sistema de la raíz de árbol, y en
realidad el pasillo se abría en una serie de habitaciones que habían sido excavadas en la
roca. En la recámara más grande, la vieja Hechicera Karee Marques realizaba
experimentos farmacéuticos con electroscopios, jarras de polvo, tubos de fluidos, y
centrífugas.
Las cámaras le recordaron a Valya aquellos misteriosos laboratorios de los ermitaños
alquimistas, con vasos de líquidos burbujeantes y destilaciones de fauna oscura de la
selva, los hongos, las plantas y las raíces. La Hermana Karee era una antigua insondable,
tan antigua como la Reverenda Madre Raquella, pero no tenía el mismo control preciso
sobre la bioquímica de su cuerpo, por lo que los años pesaban en su pequeño y huesudo
cuerpo como un vestido denso. Los grandes ojos de Karee, sin embargo, eran
sorprendente y hermosamente verdes, que parecían no haber envejecido con la edad.
Tenía el cabello blanco y los pómulos altos.
La anciana percibió la llegada de Valya sin apartarse de sus estudios químicos. La
emoción tiñó su voz:
—He tenido una idea esta mañana, un gran avance, creo yo. Podemos utilizar una
destilación de la mucosidad segregada por las babosas de las madrigueras. Tiene

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

cualidades de parálisis mortal, pero si pudiéramos mitigar los efectos, este compuesto
podría ser el equilibrio correcto para enviar a una hermana al borde de la muerte,
congelar los sistemas de su cuerpo, al tiempo que le permitiría a su mente permanecer
activa y concentrada hasta el último momento.
Valya había visto a aquellas regordetas babosas segmentadas de las madrigueras a
través del bosque… otra criatura peligrosa de Rossak.
—Una posibilidad interesante. Podría tener las cualidades correctas. —Valya, sin
embargo, no sentía gran confianza. ¿No hemos intentado todo durante las últimas
décadas? No deseaba ser la próxima en morir en una prueba sin esperanza.
Habían probado con las hojas de las cosechas, con las setas, con los líquenes raspados
de las rocas, con el veneno extraído de los arácnidos o de las mariposas nocturnas de la
selva.
—¿En cuánto tiempo cree usted que estaremos listas para probar otra voluntaria? —
preguntó Valya. La Hermana Tiana había muerto, y lo más desagradable de todo, tan sólo
una semana atrás.
La vieja hechicera alzó las cejas, malinterpretando su pregunta.
—¿Estás dando el paso adelante por ti misma? ¿Crees que finalmente estás lista,
Hermana Valya? Estoy de acuerdo en que estás mucho más preparada que la mayoría de
las otras voluntarias anteriores. Si alguien fuera a tener una oportunidad…
—No, no es eso a lo que me refiero —dijo rápidamente Valya—. Tan sólo deseo
señalar el hecho de que deberíamos proceder con el mayor de los cuidados, o las
Hermanas perderán la esperanza, dado al número de muertes… los fracasos en los
últimos años.
—Cualquier verdadera Hermana siempre cree que hay esperanza en el potencial
humano —dijo Karee, moviendo un vaso de un plato caliente.
Valya se había sometido a la instrucción allí en Rossak durante cinco años, viendo a
la Escuela en Rossak de la Hermandad como una manera de escapar de la trampa de su
familia en el exilio, y en el transcurso de aquella formación había atraído la atención de la
Reverenda Madre. Valya siempre había buscado la manera de avanzar a sí misma en el
orden de las mujeres, y ahora que la Reverenda Madre la había integrado en el círculo de
confianza, revelando el enorme y aterrador secreto de las computadoras de cría ocultas,
creía que muchas puertas se abrían ante ella.
¡Y lo que más deseaba era poder decírselo a Griffin!
De forma secreta, Valya se mantenía siempre en alerta ante las oportunidades en todo
a lo largo del Imperio. Normalmente, el nombre de su familia en desgracia le hubiera
cerrado de golpe aquellas puertas en su rostro, pero a lo mejor, a través de la Hermandad,
podía llegar a ser considerada de una manera diferente. Mientras tanto, se centraba en sus
estudios allí en Rossak, continuando un entrenamiento intensivo tanto físico como
mental.
La Reverenda Madre esperaba que Valya se mantuviera en el planeta natal de la
Hermandad, y se dedicase enteramente a la orden, pero la joven no tenía ninguna

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intención de permanecer atrapada allí. Eso no ayudaría a la Casa Harkonnen, una de las
opciones que empezaba a considerar era convertirse en una de las Hermanas Misioneras
como la Hermana Arlett, quien la había contratado. Quizás así, Valya podría encontrar un
lugar en algún hogar de un noble, o incluso en la corte Imperial en Salusa Secundus. Al
igual que la Hermana Dorotea, la asistente anterior de la Hermana Karee.
En los laboratorios, Valya había visto voluntarias tras voluntarias ingresar en las
camas médicas con las mandíbulas apretadas y miradas perdidas, creyendo
arrogantemente así que podían lograr lo imposible y convertirse en Reverendas Madres
como Raquella había hecho, cuando todas las otras habían fracasado también. La mayoría
moría en el calvario, y las que sobrevivían caían en un profundo coma, perdiendo la
mayoría de sus recuerdos, o sufriendo diversas formas de daños cerebrales. No, Valya no
se ofrecería para ello.
—Ya tenemos más de las candidatas de las que necesitamos —dijo Karee Marques—,
pero habrá un retraso hasta que yo esté convencida de que esta droga potencial tiene
grandes oportunidades de ayudarnos.
Afortunadamente, las hechiceras de Rossak habían mantenido detallados estudios
farmacéuticos compilados por Aurelius Venport. En los días de la Yihad, Venport había
amasado una gran fortuna vendiendo únicamente medicamentos y productos químicos
derivados de la fauna y flora de Rossak. Debido al hecho de que la única forma aparente
para que una Hermana pudiera cruzar la barrera y convertirse en una Reverenda Madre
requería una confrontación directa con la mente en los límites más alejados de la
mortalidad, Karee Marques había puesto diligentemente a prueba varias de las drogas
más letales que se encontraban en la farmacopea.
Valya mantuvo sus expresiones en blanco, ilegibles. No tengo la intención de ser una
de las voluntarias.
Se movió hacia los equipos del laboratorio, de pie junto a Karee.
—Haré lo que tenga que hacer para ayudar, usted lo sabe —dijo, pero ella no lo
deseaba.
—En algún lugar aquí se esconde el secreto —dijo Karee—. Sólo tenemos que
continuar probando.

***
A aquellas alturas, la Reverenda Madre Raquella ya no se sentía tan incómoda cuando
visitaba a la jefa de la Escuela de Medicina Suk. A pesar de que la Dra. Ori Zhoma había
sido despedida de la Hermandad en desgracia, la obstinada mujer ciertamente había
demostrado su valía en los cuarenta años desde que se había graduado con honores de la
formación Suk y trabajara su camino a través de la jerarquía de los doctores Suk.
A pesar de que era una médica de gran experiencia, las verdaderas habilidades de
Zhoma yacían en la administración, en tomar decisiones complicadas basadas en
evaluaciones sin emociones. Desde el extraño suicidio de sus predecesoras años antes, la

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Dra. Zhoma corría ahora la vieja escuela insignia en la capital imperial, y supervisaba la
expansión del campus principal de la escuela y de la sede en Parmentier.
Raquella se dirigió al encuentro personal con la administradora Suk cuando su
transporte aterrizó en el dosel del bosque polimerizado. Como mujer joven, Zhoma se
había entrenado en Rossak durante dos años, y la Reverenda Madre Raquella había
notado un gran talento y ambición en ella. En aquellos momentos, Zhoma estaba
interesada en el potencial de las diversas drogas de Rossak para aumentar la fuerza, la
velocidad, la resistencia, la agudeza mental. Pero, un hecho que no fue descubierto hasta
mucho después, Zhoma también había visto el potencial de las ganancias, y había
comenzado a intercambiar extractos de raros medicamentos intensamente potentes en el
mercado negro, vendiéndolos a precio exorbitantes… hasta que fue capturada.
Cuando se enfrentó a la Reverenda Madre, Zhoma trató de racionalizar sus
actividades extracurriculares, afirmando que sus acciones beneficiarían a la Hermandad.
Pero las voces en la cabeza de Raquella se mostraban escépticas; Zhoma sostenía que
había agregado todas las ganancias en las arcas de la escuela (que de hecho tenía), pero
incluso aquello no era una excusa para su primaria transgresión: la realización de una
actividad ilegal en el nombre de la Hermandad sin el conocimiento de Raquella. Eso no
sería tolerado.
Por lo tanto, la Reverenda Madre no había tenido más remedio que enviar lejos a
Zhoma, aunque fuera una cortesía no haber hecho públicas las razones por lo que lo
hacía. Debido al alto potencial que la mujer poseía, Raquella le había permitido mantener
su reputación, y la carrera de Zhoma no se vio afectada. Ella se había dirigido a la
Escuela Suk, destacado allí, y convertido a sí misma en una persona importante e
influyente. Sin embargo, incluso después de todos esos años, Zhoma ansiaba la
aceptación y el perdón de la Reverenda Madre a la cual había decepcionado.
La puerta de desembarque del transporte se abrió y una mujer ruda y compacta de
unos sesenta años emergió. En representación de los doctores Suk, Ori Zhoma no poseía
sentido del humor, todo dirigido al negocio; se había hecho cargo del cuerpo de fábrica y
mantenido valiosas piezas de maquinaria. Nunca nada había sido en vano y no se veía
ningún intento de tomarse a sí misma como alguien atractiva; Raquella sabía que la mujer
tenía problemas para hacer amigos y dudaba de que poseyera ambiciones románticas. Si
no hubiera sido por su indiscreción, Zhoma se habría convertido en una talentosa
Hermana, en gran parte debido a su control férreo sobre sus emociones.
Zhoma venía regularmente a Rossak para tratar (aunque más probable para estudiar) a
las Hermanas voluntarias dañadas que habían sobrevivido a los fallidos intentos de
convertirse en Reverendas Madres. Raquella se negaba a dejar que las mujeres en un
estado de coma o con daños cerebrales fueran enviadas a Parmentier, donde los
investigadores Suk pudieran pincharlas y analizarlas como sujetos de pruebas; sino que se
habían hecho arreglos, permitiéndole a Zhoma venir personalmente. El médico tomaba
muestras y se las pasaba a estrictos exámenes, pero hasta ahora no habían sido capaces de
curar a ninguna de las Hermanas, fallidas Reverendas Madres.

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Raquella la saludó con voz cordial:


—Bienvenida nuevamente a Rossak, Dra. Zhoma. La condición de las Hermanas
dañadas permanece sin cambios, pero apreciamos la atención que les brindan.
Bajando de la rampa, la médica vaciló, como si todas las palabras estuvieran
ensayadas fluyendo de su mente. Por último, dijo:
—Los doctores Suk y la Hermandad tienen mucho en común. —Zhoma se adelantó y
le tendió la mano para estrechar la de Raquella con brusca formalidad—. Todos
trabajamos para el mejoramiento de la raza humana.
—La alianza tiene sentido. Siempre estoy abierta sugerencias en cuanto a cómo la
Hermandad y sus médicos pueden conseguir sus objetivos en común —dijo Raquella—.
Mis conexiones con Mohandas Suk se remontan hasta antes incluso de las formaciones
de nuestras escuelas.
Raquella llevó a la médica por el camino a la ciudad acantilado. Dentro de una
sección especial de cuevas utilizadas como la enfermería de la Hermandad, guió a la Dra.
Zhoma a una sala privada donde cuatro jóvenes mujeres se hallaban en estado vegetativo;
en las habitaciones contiguas, cinco mujeres afectadas mentalmente vivían en diferentes
estados de conciencia fuera de la normalidad. Dos de ellas hablaban en lenguas que nadie
podía comprender, ni siquiera Raquella con las innumerables generaciones de recuerdos
del pasado dentro de su mente. Dos de ellas eran perseguidas por terribles pesadillas. Una
de ellas, la Hermana Lila, vivía sumida en el silencio la mayor parte del tiempo, aunque
se volvía lúcida por no más de diez minutos al día, durante el cual, exaltada, trataba de
explicar lo que había visto y experimentado. Tan pronto como sus recuerdos comenzaban
a cristalizar, Lila volvía a caer en su estado en blanco.
Ahora, la Dra. Zhoma se arrodilló junto a las cuatro pacientes en estado de coma,
estudiando sus ojos, sus impulsos, sus tonos de piel. Era competente, eficiente, pero no
tenía ningún trato con los pacientes; el estado vegetativo de las víctimas le permitía
trabajar sin distracciones. Zhoma tomó muestras de sangre y se movió como su pasara
una lista detallada en su mente.
Aquella sección de cuevas había sido utilizada para el cuidado de los Defectuosos,
hijos de las hechiceras de Rossak que habían sufrido defectos de nacimiento graves que
una vez habían sido comunes debido a los genes que habían mutado generalmente en el
planeta, y los contaminantes ambientales. Pensando en los Defectuosos, Raquella sintió
una punzada por el joven deforme Jimmak Tero, el hijo de la Bruja Ticia Cenva. Hacía
mucho tiempo, cuando Raquella había sufrido de la plaga, Jimmak la llevó a la selva, con
ella tendida, y la mantuvo a viva casi de milagro. Había muerto… la mayoría de la gente
que Raquella había conocido en aquellos días se habían ido hacía mucho, al igual que
tantas de las Hermanas voluntarias que intentaban encontrar el mismo camino
desconocido que ella había recorrido.
Tantas muertes… y tan pocas esperanzas de lograr el objetivo.
Mientras miraba a aquellas víctimas, habló de sus pensamientos a Zhoma:

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—¿Podría yo ser simplemente una anomalía? ¿Y si no es posible para cualquier


persona repetir mi transformación? Tal proceso agonizante, tanta muerte y lesiones. —
Suspiró—. ¿Vale la pena el riesgo? Quizás deba detenerme.
La fría expresión de Zhoma se endureció, mostrando su verdadera determinación.
—Para alcanzar nuestro potencial humano, siempre valdrá la pena el riesgo,
Reverenda Madre. Ahora que nuestra raza es libre de la dominación de las máquinas,
debemos mejorarnos a nosotros mismos, y extender nuestras capacidades mentales y
físicas en todas las direcciones posibles. Eso es en lo que creen los doctores Suk. Eso es
lo que su Hermandad cree, y también los Mentats en Lampadas, y los Maestros
Espadachines. E incluso, si bien tengo entendido, los Navegantes mutantes utilizados por
la Flota Espacial VenHold. No debemos retroceder ahora. No podemos permitir que
nuestra determinación falle. Es nuestro destino común.
El corazón de Raquella se emocionó al oír aquello, y le sonrió a la rechoncha mujer.
—Ah, Ori, tal vez tú deberías haberte quedado en la Hermandad después de todo.

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Es una cosa trivial decir que uno está de acuerdo con ciertas creencias, pero es un mayor desafío tener la
convicción para actuar sobre ellas.
—MANFORD TORONDO, dirigido al Salón del Landsraad

Normalmente, cuando Manford aparecía ante una multitud de sus fieles seguidores en
Lampadas, los aplausos lo abofeteaban como los vientos de una tormenta limpiadora.
Pero hoy, sin embargo, cuando dos portadores llevaron su palanquín al Salón del
Landsraad en Salusa Secundus, la recepción fue mucho más fresca.
El sargento de armas lo anunció con un vozarrón repleto de una formalidad
pretenciosa, aunque seguramente todo el mundo reconocería al líder del movimiento
Butleriano. Los aplausos de respuesta de los nobles fueron educados y anticipados, pero
poco abrumadores y extáticos. Manford optó por no percatarse de ello. Sentado en el
palanquín, y no en los hombros de su Maestra Espadachín, se enderezó la espalda. Sus
hombros eran anchos, los músculos de los brazos bien desarrollados pues compensaban la
pérdida de sus piernas con sus brazos tonificados por ejercicios vigorosos y regulares.
Mientras los portadores lo trasladaban al podio para que hablara, Anari Idaho caminaba a
su lado, una presencia intimidante, protectora.
Manford miró alrededor de la inmensa sala. Las filas de vertiginosos asientos
parecían las ondas que se extendían hacia el exterior de una roca arrojada a un estanque
plácido. Los bancos estaban ocupados por los representantes de los planetas más
importantes y los apoderados del grupo de planetas inferiores, junto con un sin número de
observadores y funcionarios, muchos de ellos burócratas. El Emperador Salvador Corrino
se sentaba en su podio adornado, y aunque comandaba el juicio, parecía aburrido. Su
hermano, Roderick, ocupaba el asiento del compañero en el cuadro del Emperador,
inclinándose para mencionarle algo al calvo Salvador. Los dos hombres no parecían estar
prestando demasiada atención en él.
Los portadores se detuvieron cuando su palanquín fue colocado correctamente en el
campo de los amplificadores. Una brillante luz brillaba sobre él, y levantó su rostro,
recibiendo con ella al sol, como una bendición del cielo.
La voz del altavoz resonó, con lo que regresó a las cuestiones que le ocupaban:
—Manford Torondo, representante del movimiento Butleriano, se le ha pedido que se
dirija al Consejo del Landsraad. Por favor, exponga sus asuntos.
Manford tomó nota de los muchos asientos vacíos de la inmensa sala.
—¿Por qué hay tantas ausencias? ¿No se anunció que aparecería? ¿No saben acaso
que mis palabras son de vital importancia?
El Presidente parecía impaciente.
—Siempre hay ausencias en nuestras reuniones, Líder Torondo. Sin embargo,
tenemos quórum.
Manford respiró profundamente, dejando escapar un suspiro.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Estoy triste de ver que los asientos no están todos ocupados. ¿Me pueden dar una
lista de los asistentes que realmente están aquí? —Estaba más interesado en verdad en
aquellos que no habían podido asistir.
—Eso es un asunto de interés público. Ahora, por favor, indique sus asuntos.
Manford se sorprendió por la brusquedad del hombre, pero contuvo la fuerza de los
rincones más oscuros de su corazón y optó por ser razonable, al menos por el momento.
Les habló como si fueran sus iguales:
—Muy bien. Estoy aquí para informarles sobre las buenas obras de mis seguidores, y
para solicitar una demostración de unidad, los Butlerianos seguimos descubriendo y
destruyendo puestos de avanzada y naves robóticas. Mientras que eso es en parte nuestro
legítimo trabajo, esas naves son más que símbolos de lo que las máquinas pensantes nos
hicieron a nosotros, son los restos del pasado. La verdadera amenaza es mucho más
insidiosa… y la expondré ante ustedes.
Se retorció en el palanquín para que pudiera alzar el brazo en una demostración que
cubría toda la sala del Landsraad. Sus portadores permanecían inmóviles, como estatuas.
Anari se quedó mirando a la audiencia.
—La razón principal por la que he venido aquí es porque ustedes necesitan que se les
recuerde. Mi gente es prevalente en todo el Imperio, y reciben informes de cómo sus
planetas han hecho suavemente excusas y excepciones para sus poblaciones, cómo
pretender que siglos de opresión sean ignorados después de tan sólo unas pocas décadas.
Oyó los murmullos de los representantes sentados. El Emperador Salvador ahora se
acomodaba en su palco privado, prestando suma atención a lo que decía. Roderick
Corrino parecía estar sumido en sus pensamientos.
Manford prosiguió:
—Ustedes permitieron a las máquinas en sus ciudades y hogares. Ustedes se dijeron a
sí mismos que los dispositivos eran inofensivos, que esta pequeña pieza de tecnología no
podía hacer daño a nadie, o que convenientemente las máquinas debían permitirse, o que
aquel dispositivo en particular era una excepción. Pero ¿han olvidado todo? —Alzó la
voz en un grito—: ¿Han olvidado? ¿Cuántos pocos pasos se dan antes de caer en el
abismo? La esclavitud de la humanidad no sucede durante la noche, pero después de una
mala sucesión de decisiones equivocadas, la gente comienza a poner cada vez mayor
cantidad de confianza en las máquinas pensantes.
El hombre sin piernas inhaló profundamente.
—A pesar de estos errores, pudimos derrotar a las malvadas máquinas, y ahora
volvemos a tener nuestra oportunidad de poder marchar con orgullo por el camino
correcto. El único camino. ¡No nos atrevamos a perder esta oportunidad, es por eso que
les pedimos que nos sigan ahora! Los Butlerianos hemos encontrado el verdadero camino
que podrá mantenernos a salvo y mantenernos como humanos.
—La mente del hombre es sagrada —murmuró Anari en una bendición.
Señaló a uno de los asientos de los huéspedes.

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—Gilbertus Albans ha viajado hasta aquí desde la escuela Mentat en mi propio


planeta. Él y sus estudiantes han demostrado que no necesitamos a las computadoras. ¡En
verdad, la mente del hombre es sagrada!
Pareciendo avergonzado de ser señalado, el Director Mentat de gafas se puso en pie
de mala gana y habló:
—Sí, estimados representantes. Mediante una cuidadosa aplicación de nuestros
esfuerzos, a través de la práctica y el ejercicio mental, ciertos candidatos tienen la
posibilidad de organizar sus mentes de la manera apropiada. Pueden completar los
cálculos y hacer proyecciones detalladas de segundo y tercer orden. Un Mentat con una
sólida formación puede realizar las funciones de una computadora. Muchos de mis
graduados ya han entrado al servicio de los hogares de nobles.
Manford giró la cabeza en dirección al palco imperial.
—La Hermana Dorotea de Rossak es una de las varias integrantes de la Hermandad
que asesora en la Corte Imperial. Ella puede dar fe de que esto es verdad.
Una mujer vestida de negro que estaba sentada cerca del Emperador Salvador inclinó
la cabeza, ya que el público se había vuelto hacia ella. Salvador miró a Dorotea,
sorprendido, al parecer, pues no había esperado encontrar un simpatizante Butleriano en
su propio terreno. La mujer había hecho muy bien su trabajo, al tiempo que ocultaba
aquel detalle.
La larguirucha Dorotea se levantó, aún avergonzada, y anunció:
—El propósito de nuestra Hermandad es maximizar el potencial humano. Nuestros
propios cuerpos son las mayores máquinas jamás creadas. A través de la aplicación de las
habilidades físicas y mentales, podemos desarrollar y confiar en nuestra humanidad. No
tenemos ninguna necesidad de máquinas.
Una voz ronca gritó, en auge en toda la gran cámara:
—¿Así que ustedes, bárbaros, dispondrán de todo, entonces? ¿Quieren enviarnos de
nuevo a la Edad de Piedra?
Todos los ojos se volvieron hacia la galería de visitantes, y Manford lo observó con
disgusto. Con su cabello canela y su bigote prominente, el Director Josef Venport se
diferenciaba bastante. El ambicioso empresario estaba dispuesto a adoptar cualquier
forma de tecnología que pudiera volverse de algún beneficio.
Venport prosiguió:
—¿Usted dejaría que nosotros descartemos todos los avances médicos? ¿Todos los
transportes? ¿Todos los sellos distintivos de la civilización humana? ¡Mírese a usted
mismo, utilizando unos amplificadores para entregarnos sus palabras! Usted es un
incoherente y un hipócrita, Torondo, por no decir un ignorante.
—Por favor, no hay que llevar esto a extremos absurdos —gritó otro hombre desde
las gradas de delegados. Fue identificado como Tolomeo, el representante del planeta
Zenith, un hombre menudo con una actitud profesoral—. En mi mundo tenemos un
ambiente colegial y un sin número de proyectos para utilizar la ciencia en beneficio del a
humanidad. La tecnología, como las personas, puede ser buena o mala.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—La tecnología no es como las personas. —La voz de Manford era fría y dura—.
Sabemos de los males de la ciencia desenfrenada, de los descubrimientos que nunca
debieron haberse llevado a cabo. Sabemos del dolor y del sufrimiento que la tecnología le
ha causado sin escrúpulos a nuestra raza. Miren las ruinas radioactivas de la Tierra y la
destrucción de Corrin, miren a los miles de años de esclavitud humana por parte de los
cimek y Omnius. —Se volvió más tranquilo y paternal, pero también así más
amenazante—: ¿No han aprendido la lección? Están jugando con fuego.
El Director Venport gritó con sorna:
—¡Y usted está tratando de que nosotros tengamos que redescubrir el fuego! —Un
murmullo de risas incómodas onduló a través de la audiencia.
Anari Idaho se ofendió, pero Manford controló su ira. Ignoró el arrebato de Venport y
continuó:
—Muchos de ustedes han hecho promesas simplistas para rechazar la tecnología, pero
en cuanto se desvía nuestra atención, vuelven a caer en sus conveniencias. Sepan esto y
acepten esta precaución: Mis Butlerianos están observando.
Sonando molesto, el Emperador Salvador habló por su propio amplificador:
—Éste es un viejo argumento, Líder Torondo, y no se resolverá hoy. El Landsraad
tiene otras actividades que realizar. ¿Qué es exactamente lo que desea aquí?
—Una votación —dijo. Si aquello hubiera sido uno de sus mítines, la gente estaría
ahora gritando y llorando—. De hecho, exijo una votación. Cada representante deberá
declarar públicamente en el expediente, independientemente si él o ella se adhiere a los
principios enseñados por Rayna Butler. ¿Van a seguir las directrices Butlerianas y
dejarán de lado toda la tecnología avanzada para siempre?
Esperaba algunos aplausos. En cambio, el murmullo de las gradas se elevó a un rumor
inquieto. Manford no pudo entender por qué iban a retrasar, o resistirse a lo que él sabía
que era lo correcto, pero aquellos ricos, gordos y cómodos no renunciarían a aquello que
les hacía la vida mucho más simple.
En el palco imperial, un preocupado Roderick Corrino le susurró algo a su hermano,
quien también parecía nervioso. Reuniendo fuerzas, Salvador anunció:
—Éste es un tema que deberá ser discutido larga y tendidamente. Cada representante
planetario o apoderado tiene derecho a hablar, y cada persona deberá volver a su planeta
y determinar los deseos de la población.
Manford dijo:
—Con una sola palabra, puedo convocar a decenas de miles de mis seguidores para
llenar las calles de Zimia, y mandarles a destruir todas las piezas de tecnología, hasta un
reloj de bolsillo de los más pequeños. Yo le aconsejaría que no se detenga. —Un susurro
temeroso pasó entre los delegados. Se sentían ofendidos por su amenaza, pero sabían
muy bien que podía llevarla a cabo—. No podemos permitir que una nueva era de
máquinas pensantes suceda.
—Y yo no voy a ser intimidado por un matón Neanderthal —bramó Venport—,
incluso si amenaza a convocar a una multitud de tontos ignorantes.

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—¡Por favor, esto es una tontería! Es un argumento falaz. Podríamos discutirlo —


insistió Tolomeo de Zenith, todavía intentando negóciar en un tono razonable. Fue
abucheado.
Roderick Corrino se deslizó fuera del palco del Emperador. Salvador entró en pánico.
—Exijo una votación —repitió Manford—. Todos los representantes aquí hacen
constancia, ya sea si su planeta desea la libertad humana o una eventual esclavitud.
—Una cuestión de orden —dijo uno de los delegados que no se identificarían a sí
mismos—. Manford Torondo es tan solo un orador invitado. No posee ninguna autoridad
para hacer demandas en esta reunión del Landsraad. No puede solicitar una votación.
Cinco personas de las gradas, los delegados oficiales de los planetas que eran
controlados por los Butlerianos, se pusieron en pie y exclamaron (exactamente como se
les había indicado) exigiendo una votación formal. Manford tenía muchos aliados, y
había planeado todo con anticipación.
—Creo que nos hemos deshecho de las cuestiones de orden. Me quedaré aquí todo el
día de ser necesario. ¿Bueno, Emperador Salvador? ¿Va a convocar una votación?
Al calvo líder del Imperio claramente no le gustaba ser forzado en un rincón. Su
rostro estaba rojo. Miró de un lado a otro, como si buscara el consejo, pero Roderick no
estaba allí. La Hermana Dorotea le susurró algo al oído, pero la rechazó negando con la
cabeza.
Unas alarmas estridentes sonaron por el Salón del Landsraad, causando una ola de
pánico. Roderick Corrino reapareció en el estrado imperial, le dijo algo urgente a su
hermano, y entonces tomó el amplificador del Emperador.
—Damas y caballeros, acabamos de recibir una amenaza de bomba. El Salón del
Landsraad puede estar en peligro. Por favor, evacúen lo más rápido posible.
La prisa y el ruido de las voces se hicieron más fuertes. Los delegados comenzaron a
fluir fuera de sus asientos, presas del caos, escapando a las calles. Anari ladraba órdenes a
los portadores de Manford, y salió corriendo de la sala, intentando poner a salvo la
seguridad del hombre sin piernas.
Manford exclamó:
—¡Pero tiene que haber una votación!
La Maestra Espadachín corrió a su lado, siempre alerta.
—Si hay siquiera una posibilidad de que esa bomba pueda explotar, debo conseguir
entonces que abandones este lugar por tu seguridad. Ahora.
Manford apretó los puños. ¿Quién habría amenazado al Landsraad durante su
discurso? Hacía años, la explosión de un asesino había matado a Rayna Butler y le había
costado a Manford sus piernas. Sabía que tenía enemigos, pero aquello no se parecía a
sus tácticas.
—Cambiarán las fechas de la reunión —dijo Anari mientras corrían hacia la puerta—.
Podrás dirigirte a ellos otra vez.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Voy a insistir en ello. —Manford estaba tan furioso que su cuerpo comenzó a
temblar. Estaba convencido de que el momento de la «amenaza de bomba» era
demasiado conveniente.

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Lo que una persona considera que contribuye a la pérdida de la humanidad, otra podría verlo como una mejora
de la condición humana.
—NORMA CENVA, memo interno de los Astilleros de Khollar

Después de la reciente, tumultuosa, y sin sentido reunión del Landsraad, Josef Venport
regresó a la sede principal de Venport en Kolhar y continuó pensando sobre lo que había
visto y oído. ¡Manford Torondo y sus bárbaros querían apoderarse de los controles de la
gran nave de la civilzación humana y estrellarla!
Manford, ese medio hombre sin piernas, era un portavoz extraño, el tercero en
discordia, junto con Rayna Butler antes que él, y la venerada Serena Butler antes que
ellos, llevando la mística del martirio, la cual poseía una cierta atracción de culpa para
algunos.
Para establecer y expandir Venport Holdings, Josef y sus predecesores se habían
esforzado por establecer una red comercial viable para elevar al Imperio de las cenizas
seguidas de la derrota de Omnius. Quería llevar a la humanidad a las glorias que habían
sido negadas bajo el dominio de las máquinas pensantes.
Los Butlerianos, por otro lado, deseaban arrastrar a las poblaciones hacia una oscura
era de miseria e ignorancia. Tenía la seguridad, tal vez ingenuamente, de que la estupidez
Butleriana podría agotarse con el tiempo, pero no podía entender cómo aquel movimiento
había ganado tanto ímpetu. Lo consideraba una afrenta personal: la forma de la lógica y
el progreso debían estar automáticamente muy por encima de la superstición.
Con todo eso en su mente, Josef estaba de muy mal humor cuando regresó a su hogar,
pero su esposa, Cioba, y seis consejeros lo aguardaban en la plataforma de desembarcos
en el puerto espacial, y sintió una sensación de estabilidad al regresar. Ella era un bastión
de la organización. Cioba, con su riguroso entrenamiento de la Hermandad, era un partido
perfecto para él, ayudando a dirigir los numerosos componentes de Venport Holdings —
tanto públicos como secretos— como si practicara una danza bien coreografiada.
Era una mujer muy atractiva, hermosa e intensa, con unas prominentes cejas oscuras,
piel blanca, y un cabello largo muy moreno que mantenía trenzado bajo un pañuelo
prácticamente durante toda la jornada de trabajo, pero cuando se soltaba las trenzas y lo
sacudía en la noche, caían por debajo de su cintura.
Como nieta de Karee Marques, también poseía un poco de sangre hechicera. Josef
trazaba así su propio linaje hasta Rossak, a través de Norma Cenva… cuya madre, Zufa
Cenva, había sido una de las hechiceras más poderosas de la historia. Las dos hijas de
Cioba con Josef tenían un enorme potencial, de acuerdo con el análisis del linaje de la
Hermandad, y ambas habían sido enviadas a Rossak para ser criadas y entrenadas allí.
Caminó hacia delante desde la lanzadera, dando un saludo formal a su esposa y los
asesores. Él no la besó, no que ella lo esperara; eso vendría luego… cumplían diferentes
papeles ahora, en público. Ella tenía su informe preparado, y le entregó un resumen

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

rápido de los asuntos urgentes, de crisis que había resuelto, y de otras situaciones de
emergencia que requerían su intervención. Lo que más apreciaba era que Cioba no le
hacía perder el tiempo; solucionaría sólo los elementos que apenas requerían realmente su
atención.
Ella hablaba mientras él marcaba el ritmo, siempre en movimiento, y los asesores
intervenían, añadiendo detalles y dictámenes necesarios. Aunque Josef no prestara
demasiada atención a muchas de las operaciones e inversiones de VenHold, trataba de
mantenerse por encima de los detalles minúsculos, no muy diferente de su bisabuela
Norma Cenva, que permanecía en un aislamiento mental, absorta en sus propias
preocupaciones y apenas capaz de comunicarse meramente con los seres humanos como
él. Regresando desde Salusa Secundus, se sentía seguro y estable, sabiendo que VenHold
se encontraba en buenas manos, y así podría olvidarse del caos ahí fuera… por un
tiempo.
A su alrededor, los campos de aterrizaje estaban atestados de movimiento, lanzaderas
que ascendían y aterrizaban, vainas de carga que caían en sus lugares, el repostaje, las
naves cisterna que corrían hasta los atrasados buques. Los trabajadores de apoyo,
ingenieros y diseñadores repletos de cilíndricos administrativos como zánganos en una
colmena.
En el momento en que llegaron a su oficina en el gigante edificio de
administraciones, Cioba acababa de terminar la entrega de sus resúmenes. Josef se volvió
hacia los asesores y los despidió antes de que pudiera cerrar la puerta para poder quedar a
solas con su esposa. Ambos tomaron asiento, relajándose, pero todavía centrados en los
negocios.
—Entonces, ¿cuáles son las cosas más críticas? —preguntó—. ¿Exactamente cuáles
necesitan mi firma, y qué puede esperar hasta mañana?
—Creo que la última cosa que mencioné es la más crítica —dijo Cioba—. Como
discutíamos antes de que partieras, acerqué mis esfuerzos para encontrar a otros de los
exiliados de la CTE. Uno de ellos fue expuesto por las turbas y asesinado. Los otros dos
están preparados para ir a la tierra, en los términos que les hemos propuesto.
—No tengo paciencia para las multitudes. —Su rostro adquirió una expresión
pellizcada—. Aunque los delegados de la CTE causaron sus propios problemas, estoy
dispuestos a protegerlos de esas hordas religiosas tan estúpidas. —Los disturbios por la
Biblia Católica Naranja estaban conectados sólo periféricamente con el movimiento
Butleriano, pero compartían una base similar en la superstición y la ignorancia.
Campesinos con antorchas.
Cioba dijo en una voz aún más alta:
—Recuerda, los delegados son unos tontos equivocados; toda la Comisión de
Traductores Ecuménicos lo es, de hecho. Comenzaron con la falsa premisa de que podía
aplicar un solo orden racional a todas las diversas y contradictorias creencias religiosas
de la humanidad. Con razón la gente se rebeló en contra de ellos.

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Josef había establecido un refugio oculto en un planeta casi olvidado, Tupile,


ofreciéndolo como un santuario para todo el que deseaba desaparecer, incluido el
denostado Touré Bomoko, que había huido hacia allí inmediatamente después de aquel
incidente desagradable en el Palacio Imperial con la esposa del Emperador Jules Corrino,
y el baño de sangre que le siguió. Sólo los Navegantes de la Cofradía Espacial sabían
cómo llegar al planeta, por lo que su ubicación estaba perfectamente asegurada.
—Muy bien, lo enviamos a Tupile, nadie lo va a encontrar allí. ¿Si es que estás de
acuerdo?
—Estar de acuerdo sería lo mejor.
Josef miró el documento de autorización, y luego le pidió a su esposa que lo
acompañara a ver a Norma Cenva en su tanque.

***
Bajo el nublado cielo de Kolhar, el amplio campo pavimentado estaba lleno de tanques
sellados. Unas aberturas para los ojos estaban diseñadas para permitirles a los inspectores
externos mirar dentro y no para que los habitantes de los tanques pudieran mirar hacia
afuera. Los trabajadores con botes suspensores que levitaban se trasladaban de un tanque
a otro, bombeando una fresca mezcla de gas. Dentro de los numerosos tanques
individuales, embriones de Navegantes nadaban en densas nubes de color marrón y
naranja, sus cuerpos físicos lánguidos mientras sus pensamientos se precipitaban por
caminos inexplorados.
En lo alto de un montículo que había sido construido y adornado como una acrópolis
conteniendo las cámaras más grandes y más antiguas, estaba el tanque que contenía a
Norma Cenva. Acompañado por Cioba, Josef subió los escalones de mármol, sintiéndose
como un suplicante que se acerca a su ídolo. Su bisabuela se había sumergido en gases de
especia, nunca más respirando aire fresco, nunca más emergiendo en más de ocho
décadas, mientras sus pensamientos viajaban a través de un tapiz esotérico de las
matemáticas y la física. Según la mayoría, ya no era humana.
Norma era monstruosamente inteligente, con un cuerpo desarrollado y una mente en
constante expansión, y su necesidad de especia era insaciable. Los Navegantes, la Flota
Espacial VenHold (de hecho, todo el concepto de los escudos Holtzman y sus motores
para doblar el espacio), no habrían existido sin sus increíbles descubrimientos.
—Nadie puede decir lo que está pensando realmente —dijo Josef a su esposa—, pero
me dejó en claro que deseaba añadir muchos navíos a la Flota Espacial VenHold. Le dije
que decenas de miles de buques serían necesarios para atender adecuadamente a todos los
planetas del Imperio.
—Tal vez sólo quería más Navegantes —dijo Cioba—. Más como ella.
Él sonrió cuando llegó a lo alto de la escalera.
—Está creando Navegantes lo más rápido que puede, pero para eso se requieren
cantidades extraordinarias de especia. Le indiqué que cuantos más navíos tuviéramos,

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

más melange se podría transportar por todo el Imperio… y por lo tanto más Navegantes
podría crear. Todos nos beneficiamos.
Desde la colina, pudieron ver el puerto espacial ocupado por los astilleros. A cada
hora, un buque recién remodelado despegaba. Las torres de lanzamientos se veían
enormes en el cielo, agujas apuntando hacia arriba. Bastaba con realizar el seguimiento
de todos los vuelos espaciales programados que estaban conectados y con los servicios de
miles de planetas del Imperio para que fuera una pesadilla administrativa, pero Josef tenía
miles de personas para ocuparse de las tareas, todos ellos alojados en un único complejo
de edificios.
Afortunadamente, no todas sus naves requerían Navegantes. Los lentos transportistas
eran los adecuados para llevar cargamentos no críticos de planeta en planeta en las rutas
tradicionales, utilizando la vieja técnica de los motores pre-Holtzman. A pesar de que los
viajes duraban meses, eran mucho menos costosos y perfectamente seguros.
Los plegadores espaciales podían hacer el salto de forma instantánea, pero hacía años
que venían volando a ciegas; los pilotos habían trazado sus cursos y orado para que no se
ocasionaran riesgos que yacían a lo largo del camino. En la actualidad, las compañías de
bajo presupuesto como Celestial Transport todavía se arriesgaban a los viajes ciegos, por
lo general sin informarles a sus pasajeros los desafortunados peligros. Hacía años,
durante la Yihad de Serena Butler, Aurelius Venport había proporcionado a sus
plegadores epaciales para el esfuerzo de guerra con la condición de que sólo su empresa
tuviera el derecho de utilizar la tecnología después de derrotadas todas las máquinas
pensantes. Y, sin embargo, después de dos décadas de la Batalla de Corrin, el Emperador
Jules había modificado el acuerdo para «permitir la competencia».
Josef estaba indignado de que el arriesgado y duro trabajo de su familia había sido
dejado de lado, pero él también había cambiado con las nuevas reglas. Sólo VenHold
conocía el secreto de la creación y la capacitación de los Navegantes, que en realidad
podían abarcar el cosmos en su mente e imaginar caminos seguros a través del tejido
espacial.
Saturados de gas de melange, flotando en campos suspensores, los candidatos a
Navegantes volvían sus pensamientos hacia su interior en un paisaje surrealista de la
física y las matemáticas. A medida que sus mentes cambiaban y se ampliaban, su
necesidad de especia se tornaba insaciable.
Aunque Cioba podía ocasionalmente verla, debido a sus conexiones comunes en
Rossak, Josef era la única persona que podía comunicarse regularmente con Norma.
Originalmente, su hijo Adrien Venport, una de las figuras claves en el establecimiento del
Imperio comercial Venport, había servido de enlace entre Norma y el mundo exterior
durante muchos años. En sus últimos días, cuando su cuerpo estaba fallando, Adrien se
había dejado convencer finalmente por su madre de dejarla ir a un depósito de especia
misma donde esperaba transformarse en una criatura evolucionada de manera similar,
pero Adrien era demasiado viejo y su cuerpo demasiado inflexible, y él se ahogó en el

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gas de melange. Retraída en el duelo, Norma Cenva no estuvo cerca de ningún otro ser
humano en años… hasta que Josef había llegado a ella.
Ahora, él se puso delante de su tanque, dirigiéndose a la rendija para hablar, y luego
esperó, sabiendo que a veces tomaba unos minutos de su atención para cambiar el modo
en que ella se fijaba en él. Cuando Norma finalmente respondió desde el interior del
tanque, su voz era etérea, a la deriva, sintetizada. No tenía idea de qué manera sonaban
sus cuerdas vocales reales, o incluso si aún funcionaba.
—¿Has traído más navíos? —preguntó. A veces, Norma era perfectamente articulada
y comprensible, a veces distante y obtusa. Todo dependía de la cantidad de atención que
ella le daba.
—Hemos conseguido algunos éxitos y algunos fracasos.
—Necesitamos más navíos, más Navegantes, más especia. El universo está
aguardando.
En respuesta, él dijo:
—No tenemos Navegantes para todos los navíos en línea. Necesitamos más
Navegantes para guiar a los buques para transportar la especia y crear más Navegantes.
Norma hizo una pausa por un momento, pensando.
—Puedo ver el enigma.
—Y más voluntarios para someterse a la transformación —agregó Cioba. Aquel era
el verdadero cuello de la botella—. Pocos están dispuestos a pagar el precio.
—La recompensa es el universo completo —dijo Norma.
—Si tan sólo fuera así de simple —dijo Josef. Ella no lo entendía realmente.
A medida que se añadían más y más buques a la flota VenHold, la necesidad de
encontrar suficientes voluntarios se tornaba más complicada, para intentar la
transformación en Navegantes, y tener suficientes de ellos vivos, para que sirvieran a
bordo de los nuevos buques. Algún día, Josef esperaba que todos los candidatos para
Navegantes fueran voluntarios; como él, necesitaba trabajar con los materiales que
disponía.
Él y Cioba habían discutido el problema en detalle, e incluso le habían presentado la
oferta a la Reverenda Madre Raquella, pero hasta ahora ninguna de las Hermanas se
había ofrecido a la transformación. ¿Cómo se inducía a un candidato inteligente a
encerrarse en una pequeña prisión repleta de cantidades tóxicas de gas de especia, y
someterse a una transformación extrema tanto física como mental? Era algo difícil de
vender.
—Estoy haciendo lo que puedo —dijo—. Por favor, se paciente.
—Soy paciente —dijo Norma—. Puedo esperar por siempre. —Se quedó en silencio,
reflexionando, y luego dijo—: Estoy guiando a estos candidatos a través de sus ejercicios
mentales. Serán buenos Navegantes. —Sus ojos se agrandaron tornándose hacia la ranura
de visión—. Porque a pesar de toda la tecnología que impulsa a nuestras naves que
pliegan el espacio, la flota todavía depende de un cerebro humano. —Sus pensamientos
divagaban, y Josef creyó que había perdido su atención, pero luego Norma volvió a

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

hablar—: Necesitas más Navegantes. Necesitas más especia. Por lo tanto, necesitas más
naves.
Aunque comprendía las cosas que parecían imposibles, Norma no captaba el interés
del negocio en expansión que Josef había establecido. No era sorprendente que ella
también no se preocupara ya por los matices de la política, que era la razón por la que
Josef venía a verla.
Él tomó la palabra:
—Hay muchas naves de las máquinas que VenHold podría considerar como buques
de pasajeros y de cargamentos. Flotas enteras abandonadas a la deriva en el espacio, pero
es una carrera para encontrar los buques disponibles antes que los Butlerianos. Destruyen
cada nave robótica que encuentran, vándalos y terroristas en nombre de una cusa. —Su
voz se elevó con ira.
—Entonces detenlos —dijo Norma—. No deberían destruir las naves que
necesitamos.
—Incluso el Emperador Salvador hace la vista gorda cuando los fanáticos destruyen
las naves —dijo Cioba—. Creo que tiene miedo de los Butlerianos.
—El Emperador debería detenerlos. —Norma se quedó en silencio, a la deriva en su
tanque. Josef percibió que estaba profundamente preocupada. Por último, en su voz
alienígena, dijo—: Reflexionaré sobre esto. —Y luego se sumió otra vez en la niebla de
canela que la rodeaba.

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Para ver el futuro de la humanidad como luz u oscuridad dependerá de cómo se filtre el flujo de datos que
llegan nuevamente hacia ti.
—NORMA CENVA

Salvador Corrino no estaba teniendo un buen día; de hecho, no podía recordar el último
día que había considerado siquiera aceptable. Mucho de aquello era su culpa, ya que sus
fobias eran excesivas en comparación con los de una persona normal, pero el gobernante
del gran Imperio no era una persona común y corriente; todo en él suponía que era más
grande que la vida. Mientras que el Emperador sufría por sus preocupaciones, deseaba
poder estar tan tranquilo e incluso calmado como su hermano, Roderick.
Hoy, Salvador estaba plagado por un infernal e implacable dolor de cabeza.
Necesitaba desesperadamente encontrar a un médico de confianza, alguien que no le
hiciera sospechar. Nadie podía igualar a la atención del Dr. Elo Bando, el antiguo Jefe de
la Escuela de Medicina Suk, quien realmente comprendía los dolores y las
preocupaciones del Emperador, un experto médico que le había ofrecido beneficiosos
tratamientos (aunque caros). Si tan sólo el maldito hombre no se hubiera suicidado…
A pesar de que la famosa escuela se había movido de su nueva sede en Parmentier, el
edificio de la vieja escuela se permanecía cerca de Zimia. Salvador solicitaba a los
mejores médicos para que lo atendieran, pero siempre enviaban un médico diferente cada
vez que experimentaba una punzada o un nuevo problema físico grave. Médico tras
médico, ninguno podía encontrar nada malo en él. ¡Incompetentes! Salvador aún no había
hallado un médico que le gustara… y éste —ni siquiera podía recordar el nombre de
aquel hombre— parecía mejor que todo el resto.
Sabía que todos los huéspedes estaban aguardando en el salón de banquetes para la
cena, pero el Emperador Corrino no estaba listo aún, y sólo tenían que ser pacientes. No
podía asistir a un tedioso banquete con los pensamientos golpeándole la cabeza,
distrayéndolo.
En su habitación, Salvador se dejó caer sobre un sillón de felpa, mientras el último
doctor Suk se inclinaba hacia él, tarareando una molesta melodía mientras colocaba
varias tiras de sonda sobre la calvicie del gobernante. El largo cabello del doctor estaba
asegurado en un anillo de plata en el hombro. Leyó las señales en el monitor de la
computadora de mano, y el tono de los zumbidos cambió.
—Vaya dolor de cabeza que tiene.
—Un diagnóstico brillante, doctor. ¡No necesito que me lo diga! ¿Es serio acaso?
—No hay necesidad de preocupaciones excesivas todavía, aunque lo noto más
delgado y demacrado, Sire. Su piel parece pálida.
—Está aquí para ver acerca de mi dolor de cabeza, no mi piel.
Cuando el padre de Salvador tenía setenta años, un doctor Suk le había diagnosticado
un tumor cerebral, pero el Emperador Jules se negó a someterse a los procedimientos

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

médicos de alta tecnología. Aunque Roderick, una vez la voz de la razón, había instado a
su padre a buscar el mejor tratamiento, el Emperador Jules apoyaba públicamente al
movimiento antitecnológico Butleriano, y apartado a sofisticados médicos. Y había
muerto.
Salvador no deseaba cometer los mismos errores.
—Bien, veamos cómo funciona esto en usted. —Todavía tarareando, el doctor ajustó
el monitor, y Salvador sintió unas ligeras vibraciones que le masajearon su cráneo, como
si su cerebro se sumergiera en un líquido suave… parecido a un cerebro cimek en un bote
de concentración. Casi al instante, comenzó a sentirse mejor.
El doctor sonrió ante la aliviada expresión de su importante paciente.
—¿Le ha mejorado?
—Tendrá que ser lo suficientemente bueno, por ahora. Tengo un banquete al cual
asistir. —Salvador ya había pasado por aquello anteriormente. El dolor de cabeza
retrocedería, por ahora, pero la marea volvería pronto. El Emperador se levantó y se
retiró sin darle las gracias; aquel médico se habría ido antes de tiempo, como todos los
demás.
Como sospechaba, los otros comensales ya estaban sentados alrededor de la mesa,
mirando a sus vacíos platos a la espera de la primera hilada. Salvador intercambió
miradas con su hermana, y se percató de que la esposa de cabellos castaño rojizo de
Roderick, Haditha, estaba sentada más debajo de la mesa, hablando con la esbelta
Emperatriz Tabrina. Bueno, ella mantendrá ocupada a la problemática Tabrina.
A pesar de la promesa de fuertes medidas de seguridad en torno al Emperador,
algunos de los invitados llevaban escudos personales que brillaban débilmente en el aire.
Como era su costumbre, toda la familia real lo hacía de la misma manera, con excepción
de la solitaria madrastra de Salvador, Orenna, que tenía una aversión personal para
muchos aspectos de la tecnología.
Atrás en la mesa, Orenna se sentaba recta, esbelta y altiva, una mujer de curvas
afiladas en lugar de suaves, a pesar de que había sido considerada como una gran belleza
en sus días. Las personas todavía la llamaban la Emperatriz Virgen, porque el Emperador
Jules había dejado en claro que él nunca había consumado el matrimonio con ella. La
charlatana Anna, la media hermana de Salvador y Roderick, se sentaba junto a Orenna;
ella y su madrastra tenían una relación extrañamente cercana, a menudo pasaban tiempo
juntas, compartiendo sus pensamientos secretos.
Anna Corrino tenía el cabello castaño corto y un rostro estrecho, como el del
Emperador; sus ojos eran pequeños y de color azul. Aunque tenía veintiún años, parecía
ser mucho más joven, tanto mental como emocionalmente. Su estado de ánimo se
balanceaba como un péndulo en un barco que se sacudía en una tormenta, y no había sido
del todo estable desde que sufriera un trauma emocional de niña. Pero era una Corrino, la
hermana real del Emperador, y sus defectos pasaban de largo.

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Anna miró a Salvador tan pronto cuando entró, su expresión llena de dolor y
acusación. Sabía exactamente qué estaba timando; suspiró y sintió que su dolor de cabeza
comenzaba a volver.
Actuando como su hermano mayor, y como el Emperador, Salvador había puesto fin
al romance inapropiado de la niña con un chef del palacio, Hirondo Nef. Desde hacía
meses, Anna había permitido a nadie más que Nef preparar y entregar la comida, pero los
espías de Salvador habían descubierto que el chef estaba entregando más que la cena a su
hermana. ¿En qué había estado pensando la niña?
Enteramente inmutado ante el drama familiar que hervía a fuego lento bajo la
superficie de la tertulia, Roderick hablaba fácilmente con la Hermana Dorotea, una mujer
larguirucha con un rostro felino y sensual. Unos días atrás, en las alarmantes demandas
por parte de Manford Torondo en el Salón del Landsraad, Roderick se había sorprendido
al descubrir que la Hermana Dorotea simpatizaba con los Butlerianos, a diferencia de la
mayor parte de las Hermanas de Rossak. Afortunadamente, con un pensamiento rápido,
como de costumbre, se había puesto en escena la amenaza de bomba y pospuesto la
estúpida y peligrosa votación.
A Salvador no le gustaban los fanáticos antitecnológicos; eran tan intensamente
fanáticos, una sola mente que causaba un montón de problemas. Pero no podía hacer caso
omiso de sus números, cada vez mayores, su fervor y su potencial para la violencia. Tenía
que tolerar algo por lo menos. Quizás Dorotea podría actuar como un enlace, una barrera
entre él y el líder carismático…
Desde luego, no podía negar los beneficios que Dorotea y las diez Hermanas habían
traído con ellas a la Corte Imperial. Las mujeres que se habían graduado en Rossak
poseían poderes extraordinarios de observación y análisis, y Dorotea lo había
impresionado de hecho por su capacidad de percepción desde que había llegado al
palacio. Tal vez podría hacer entrar en razón a su pequeña hermana antes de que Anna
consiguiera meterse en problemas muchos más vergonzosos…
Luchando para fingir un aura de salud radiante, el Emperador llegó a la cabecera de la
mesa. Sus invitados se pusieron de pie (incluida Anna, aunque de mala gana), pero no su
cobijadora madrastra, que decía sufrir de fuertes dolores en sus articulaciones. Salvador
había aprendido a ignorar las peculiaridades de Dama Orenna y su falta de respeto
constante; era la viuda de su padre, después de todo, y merecía una consideración, aunque
luego permaneciera irrelevante ante los asuntos del Imperio. Dado que los tres hijos de
Jules eran ilegítimos, nacidos de diferentes madres y ninguna de ellas la esposa actual,
Salvador suponía que las molestias de la anciana podían ser excusadas.
Se sentó, y los demás huéspedes obedientemente volvieron a sentarse. Al instante, los
funcionarios irrumpieron como proyectiles de muelle de donde habían estado esperando
en sus alas. Se sirvieron en una ráfaga unos aperitivos, una ensalada de camarones blova
y hepnuts salados, presentando en las hojas una forma de estrella de lechuga. Un asistente
tomó posesión de su cargo para probar la comida del Emperador, en caso de que hubiera
sido envenenada.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Sin embargo, Roderick le hizo una seña al hombre para despacharlo, y se inclinó él
mismo para tomar un bocado de la ensalada de su hermano.
—Yo me encargaré de esto. —Salvador se alarmó e intentó detenerlo, pero ya era
demasiado tarde. Roderick masticó y tragó—. La ensalada está muy buena. —El hombre
rubio y robusto sonrió, y todo el mundo comenzó a comer mientras le susurraba a
Salvador—: Eres tonto al preocuparte tanto por tu comida. Te hace ver débil y aterrado.
Sabes que nunca dejaría que te pase nada.
Con un suspiro de exasperación, Salvador comenzó a comer. Sí, sabía que Roderick
daría su vida para protegerlo; correría el riesgo de ser envenenado o se arrojaría delante
de un proyectil de cualquier asesino. Pero eso no significaba que Salvador hiciera lo
mismo si la situación se invertía. Roderick era una persona mejor en casi todos los
sentidos.
Lejos en la mesa, la Emperatriz Tabrina soltó una carcajada, y Haditha asintió,
complacida por algunos comentarios divertidos. Salvador miró con nostalgia a la
hermana de su hermano, no por lujuria, sino porque envidiaba su relación. El matrimonio
de Roderick con Haditha era estable, feliz, y había producido cuatro buenos hijos,
mientras que el matrimonio de Salvador con Tabrina carecía de amor, ya que no poseían
hijos. Sin duda, la Emperatriz poseía una gran belleza, pero bajo ese hermoso exterior
estaba al acecho una personalidad exigente y totalmente desagradable.
La rica familia minera de Tabrina era la proveedora clave de fuertes materiales
ligeros de construcción, los cuales eran una necesidad vital para los proyectos del
Imperio, y Salvador había firmado un acuerdo de nunca divorciarse de ella; incluso había
sanciones contractuales graves en caso de alguna muerte prematura. Salvador no tenía
ninguna manera de escapar ahora. Era un pésimo contrato y un mal matrimonio.
Afortunadamente, tenía ocho concubinas… no tantas para un hombre de su posición;
sin lugar a dudas su padre habría tenido un montón de amantes, además de la Emperatriz
Orenna. Tabrina podía no aprobarlo, pero se mantenía a la tradición, de prestar a los
gobernantes sin amor otras camas como nuevas opciones.
Los otros comensales conversaban en voz baja, mirando de vez en cuando en su
dirección. Esperaban el momento para establecer algunos temas de conversaciones que
habitualmente tenían. Su dolor de cabeza ya estaba regresando.
Roderick notó esto y tomó la iniciativa de poner a su hermano en descanso, cosa que
Salvador apreciaba. Mientras aguardaban la sopa, levantó un vaso de vino blanco hacia la
mujer de Rossak.
—Hermana Dorotea, su escuela es un misterio, pero es bastante impresionante. ¿Tal
vez pueda usted compartir parte su aprendizaje con nosotros?
—O tal vez no. —Sus felinos ojos brillaron—. Si les dijera todos nuestros secretos,
¿qué necesidad habría de nuestra Hermandad?
Las risas se alzaron en la mesa.
Roderick alzó la copa hacia ella, concediendo el punto, y la discusión se volvió hacia
el fondo de la gran cantidad de escuelas que habían surgido con el fin de la Yihad.

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—Estamos viviendo en tiempos muy emocionantes, un renacimiento del aprendizaje;


por lo que muchas escuelas se especializan en el potencial de la mente y el cuerpo
humano.
Dorotea estuvo de acuerdo.
—Es muy imperativo que los seres humanos puedan ver hasta dónde podemos
avanzar sin la opresión de las máquinas pensantes.
El Emperador recibía informes periódicos de todo su vasto reino. Las escuelas habían
surgido como hongos por todo el Imperio, cada una con una especialización particular, un
enfoque en varias disciplinas mentales y físicas. El Emperador no podía llevar un registro
de todas las filosofías, a pesar de todos los funcionarios asignados a seguirlas. Además de
las Hermanas de Rossak y los doctores Suk, los Mentats que se preparaban en Lampadas
y los adeptos de los Maestros Espadachines que salían de Ginaz, también acababa de
enterarse de una nueva Academia bien financiada de Fisiología en Irawok que incluía
estudios en kinesiología, funciones anatómicas, y el sistema nervioso. Y había
literalmente cientos de otras disciplinas descabelladas. Cultos de la Educación, los
consideraba.
Salvador aprovechaba cualquier oportunidad para demostrar el aprecio del público
por su hermano:
—Roderick, a diferencia de mí, es un perfecto ejemplo de la cuestión física. ¡Tal vez
podría ser un instructor en la nueva academia de fisiología, o incluso un reclutador!
Roderick se echó a reír, y se dirigió hacia Dorotea, mientras que todos los comensales
escuchaban:
—Mi hermano no quiere decir eso. Tengo demasiados deberes gubernamentales
importantes.
—Muy cierto —dijo Salvador, lleno de una vergüenza no tan fingida—. Con
demasiada frecuencia, lo necesito para limpiar luego de mis errores.
Hubo risas nerviosas. Roderick hizo un gesto desdeñoso, sin dejar de centrarse en
Dorotea.
—Y su consejo ha sido muy valioso también, Hermana.
Por último, los funcionarios comenzaron a trazar el curso de la sopa.
—A medida que las mujeres completan su formación —dijo ella—, la Reverenda
Madre Raquella envía a la mayoría de nuestras graduadas a ayudar a las familias de
nobles en la Liga del Landsraad. Creemos que la Hermandad tiene mucho que ofrecer. En
cuanto a mis propias habilidades, soy particularmente adepta a determinar la verdad y la
falsedad. —Sonrió hacia los dos Corrino—. Por ejemplo, cuando un hermano se burla
cariñosamente del otro.
—Mis relaciones familiares no son tan juguetonas o amorosas —soltó Anna,
provocando que cayera un silencio—. De hecho, Salvador no sabe mucho sobre el amor,
en absoluto. No posee amor en su matrimonio, por lo que está decidido a negarme la
oportunidad de un romance. —La joven resopló, aguardando obviamente una muestra de
conmiseración de sus compañeros. La Dama Orenna le dio a la muchacha una palmadita

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

simpática en su hombro; la Emperatriz Tabrina tenía una expresión completamente dura


como roca.
Anna se enderezó, sus ojos destellando en Salvador.
—Mi hermano no debería decidir en mi vida personal.
—No, pero un Emperador sí. —La voz quebradiza de la Hermana Dorotea llenó
sorpresivamente aquella pausa en la mesa.
Buena respuesta, pensó Salvador. Ahora, ¿cómo sacar de aquí a Anna sin perder la
gracia? Intercambió miradas con Roderick, y su hermano se puso de pie.
—Dama Orenna, ¿serías tan amable de llevar a nuestra hermana de regreso a sus
habitaciones?
Anna permanecía petulante. Negándose a mirar a su madrastra o a Roderick, mantuvo
su vista fija en Salvador.
—¡Separarme a mí de Hirondo no impedirá que nosotros nos amemos! Averiguaré a
donde lo has enviado, y lo buscaré.
—Esta noche no, sin embargo —dijo Roderick con calma e hizo un gesto a su
madrastra nuevamente. Luego de una breve vacilación, Orenna se enderezó en su silla,
mostrando la excelente postura de su estación. Salvador notó que la mujer de más edad
no mostraba dolores evidentes en sus articulaciones ahora mientras tomaba el brazo de
Anna. La mujer más joven accedió a su toque, y las dos partieron del salón de banquetes
con una exagerada dignidad.
Uno de los invitados dejó caer un tenedor de plata sobre una placa de cargador con un
fuerte sonido en aquel silencio incómodo. Salvador se preguntó cómo iba a salvar la
noche, y esperaba que Roderick dijera algo inteligente para aligerar el ambiente. Anna
estaba demostrando ser una vergüenza ingobernable. Tal vez tendría que ser despachada
a alguna parte…
Justo en ese momento, el aire se revolvió, y una gran cámara acorazada se materializó
en la zona abierta en ocasiones para ser utilizada por los músicos de la corte. Una ráfaga
de viento se arremolinó alrededor de la mesa del banquete. Los comensales se
revolvieron en la distancia, y los guardias del palacio se adelantaron alarmados, rodeando
al Emperador para protegerlo. Automáticamente, activó su escudo personal.
A través de las ventanas de plaz cristalino del tanque, Salvador vio el gas naranja y la
silueta sombría de una criatura mutada con una cabeza de gran tamaño. La reconoció de
inmediato, a pesar de que rara vez se veían en público. Durante muchas décadas, Norma
Cenva había evolucionado a una forma que ya no se parecía a la de los humanos.
Dejando de lado el alboroto entre los comensales en el salón, Salvador se irguió y
observó el tanque. Por lo menos no era el drama de indiscreciones románticas de su
pequeña hermana.
—Ésta es una visita muy poco ortodoxa.
Se hizo el silencio en la sala cuando la misteriosa voz de Norma provino de los
altavoces, como si viniera de muy lejos en el espacio.

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—Ya no preciso un transporte que pliegue el espacio. Ahora puedo plegarlo sólo con
mi mente. —Sonaba fascinada por la idea misma. El gas de especia en su tanque se agitó,
haciendo una tormenta de remolinos.
Salvador se aclaró la garganta. Había hablado solamente con aquella misteriosa mujer
dos veces en los últimos doce años de su reinado; lo impresionaba y lo intimidaba, a
pesar que sabía que nunca había hecho daño a nadie con sus poderes extraordinarios.
—Usted es muy bienvenida aquí en mi corte, Norma Cenva. Sus contribuciones a la
victoria sobre las máquinas pensantes son inconmensurables. Pero, ¿por qué ha venido
aquí esta noche? Debe ser algo muy importante.
—Ya no me relaciono con los demás. Tenga paciencia conmigo mientras intento
expresarme. —Sus enormes ojos de medianoche miraban a través del depósito a
Salvador, enviándole un escalofrío de miedo que le recorrió la espalda—. Veo las piezas
del futuro, y me preocupa. —Flotaba en su tanque, y Salvador permaneció en silencio y
tenso, aguardando que continuara—. Para enlazar el Imperio, tenemos que poseer una red
de transporte y comercio. Y para eso, hay que tener naves.
Salvador se aclaró la garganta.
—Sí, por supuesto. Tenemos la Flota Espacial VenHold, Celestial Transport, y un
sinnúmero de otras empresas.
Todo el mundo permanecía en silencio en el salón de banquetes. Entonces Norma
dijo:
—Miles de naves de las máquinas fueron abandonadas en el espacio. Aún se
encuentran intactas. Esas naves se pueden utilizar para el comercio, para la civilización.
Pero hay otros grupos que destruyen estos navíos donde quiera que los encuentren. Las
turbas causan un gran daño. Estoy muy preocupada por ello.
La garganta de Salvador estaba seca. «Los Butlerianos». Manford Torondo se
enorgullecía de enviar informes enumerando las naves de las máquinas que su gente
había saqueado y destruido.
—Actúan según sus convicciones. Algunos llamarían a su fervor admirable.
—Están destruyendo recursos valiosos que podrían ser utilizados para fortalecer la
civilización humana. Debe detenerlos. —Los remolinos de gas se abrieron, revelando a
Norma con todos los horribles detalles de su deformado ser, su atrofiado torso, las
diminutas manos y los pies, la gruesa cabeza y los enormes ojos, la boca casi invisible, la
nariz y los oídos—. O sino su Imperio se fragmentará y morirá.
Salvador se quedó completamente sin respuestas. No tenía idea de cómo podía acabar
con el movimiento Butleriano, incluso si lo deseara. Antes de que pudiera salir con
alguna excusa, sin embargo, Norma Cenva plegó el espacio, y su tanque desapareció de
la sala de banquetes, dejando sólo un remolino de aire desplazado.
El Emperador Salvador se sacudió la cabeza y murmuró con ligereza forzada:
—Es increíble lo que los Navegantes pueden hacer.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Un tranquilo observador podrá aprender innumerables secretos, pero yo prefiero ser un principiante activo.
—ERASMO, notas secretas de laboratorio

Con el fin de mantener sus pensamientos y recuerdos con precisión y un orden accesible,
un Mentat requería una cierta cantidad de meditación y práctica mental todos los días,
durante horas sin interrupciones de contemplación pasiva. Como Director de la escuela,
Gilbertus Albans mantenía su gabinete, un santuario de paredes aislado donde pudiera
ingresar y centrarse en la mejora de su mente. Los estudiantes, los compañeros
instructores y los administradores de la escuela sabían que no deseaba ser molestado
cuando estaba dentro de su cámara de oficina sellada.
Nadie podría adivinar lo que realmente hacía allí.
El núcleo de memorias de Erasmo estaba dispuesto en un podio, completamente
dedicado a la conversación. Mientras Gilbertus paseaba alrededor de la oficina, el robot
independiente habló:
—¿Te das cuenta que te burlas de mí sólo con moverte, haciendo alardes de tu
libertad yendo y viniendo?
Gilbertus se sentó en su escritorio, apartando un mechón de cabello de sus ojos.
—Lo siento. Permaneceré sentado.
Erasmo rió entre dientes.
—Te das cuenta de que eso no hace nada para resolver el problema.
—Sin embargo, le mantengo vivo. Debe aceptar ciertos sacrificios y limitaciones con
el fin de seguir existiendo. Lo salvé en Corrin.
—Y te lo agradezco, pero hablas de hace ochenta años atrás.
Gilbertus disfrutaba de las charlas y los debates con su antiguo mentor.
—¿No eras usted quién me decía que las máquinas tenían paciencia infinita?
—Es cierto, pero yo no estaba hecho un observador pasivo. Tengo demasiados
experimentos que llevar a cabo, mucho que aprender acerca de las intrigantes
inconsistencias en el comportamiento humano.
—Comprendo su situación, padre, pero tendrá que conformarse con el material de
estudio que le proporciono, hasta que encontremos alguna otra solución. No puedo
quedarme aquí para siempre. —Gilbertus ya había alcanzado el límite en el cual los
observadores casuales se empezaban a preguntar acerca de su perfecto estado de salud, la
forma en que parecía demasiado joven para su edad, a pesar de que había alterado su
apariencia para parecer más viejo. Con el fin de mantener en secreto el trato de extensión
de vida que había recibido por parte de Erasmo, Gilbertus había fomentado el rumor de
que consumía regularmente melange, y las propiedades geriátricas de la especia le
otorgaban una juventud y un vigor más allá de sus años. A pesar de que se mantenía un
registro de sus compras de especia, nunca había consumido aquella sustancia. Lo último
que necesitaba Gilbertus ahora era algo que lo hiciera parecer aún más joven.

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El robot volvió a hablar:


—Si voy a ser un erudito, entonces tengo que estudiar las interacciones humanas. A
pesar de este aislamiento tan frustrante, he sido capaz de aprovechar los conductos de
alimentación de la escuela y los sistemas de ventilación. Con los materiales que tenía a
mano, creé una aún más amplia red de fibra óptica, diminutos ojos espía remotos, por lo
que puedo observar las actividades del día a día de la escuela. Es fascinante.
—Si alguien llega descubrir esos ojos espía, los Butlerianos podrían incendiar la
escuela.
—Ilógico pero interesante —dijo Erasmo—. Voy a confiar en tus conclusiones,
después de mis experiencias con el sorpresivamente provocativo e impredecible
comportamiento humano.
Desde su escritorio, Gilbertus retiró un documento impreso, que se lo habían
presentado para la biblioteca de la Escuela Mentat.
—He conseguido una nueva historia publicada por los Butlerianos, que se centra en
destruir su reputación.
—¿Otra?
—Mira el título. La tiranía del demoníaco Robot Erasmo. —Levantó el libro, y las
fibras ópticas implantadas en las paredes y el techo de la sala observaron el título en la
portada del tomo.
Erasmo se rió nuevamente.
—Eso no suena muy objetivo.
—Pensé que disfrutaría de los aspectos propagandísticos de los relatos históricos.
—Siempre me divierte cómo una persona que no tiene conocimiento de primera mano
de los eventos reales puede distorsionar los hechos con tanta vehemencia. Cuando leí las
memorias de Agamenón, vi cómo el general cimek distorsionó la historia. Me tomó
mucho tiempo descubrir que los humanos no aprecian o siquiera quieren saber la verdad.
Para las máquinas, por otro lado, sería una gran desventaja si se utilizan a sabiendas datos
falsos para sacar sus conclusiones.
Gilbertus dejó escapar una sonrisa brillante.
—Creo que le gusta estar tan denostado.
El robot ponderó lo siguiente.
—Yo fui aborrecido por muchos siglos por mis equipos de trabajo, mis esclavos
domésticos. Incluso Serena Butler me despreciaba, y era una de mis seres humanos
favoritos de todos los tiempos. Tú, Gilbertus, eres el único que ha podido ver mi
verdadero valor.
—Y aún sigo aprendiendo —respondió Gilbertus. De hecho, él había leído las
historias de sí mismo, y sabía bajo sus propias observaciones, de que el robot de hecho
había cometido la mayor parte de los horrores que se le atribuían.
Erasmo parecía impaciente.
—Abre el libro. Quiero leer lo que los Butlerianos dicen acerca de mí.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Gilbertus pasó obedientemente página tras página para que Erasmo pudiera escanear
y absorber las palabras.
—Ah, no estaba consciente de que los Butlerianos tenían acceso a mis diarios de
laboratorio. ¿Se recuperó alguno de los volúmenes después de la Batalla de Corrin? Estoy
contento de que se conservaran los registros, aunque me preocupa que este autor, y
presumiblemente los lectores de este volumen, puedan extraer conclusiones ridículas de
mis datos cuidadosamente investigados. Creo entender más sobre el sufrimiento humano
que los propios humanos —dijo Erasmo. Gilbertus podía imaginar la cabeza de metal
líquido suave y hermosa que solía tener—. Sin embargo, si tú deseas proveerme un
sofisticado cuerpo una vez más, podré continuar con mi trabajo.
—Sabe que eso no sería prudente en estos momentos. —Aunque quería al robot
independiente por todas las grandes oportunidades que le había entregado, Gilbertus
desconfiaba y se protegía. A pesar de agudeza mental, Erasmo no era plenamente
consciente de los peligros que enfrentaría si alguna vez salía de su escondite. Y Gilbertus
no confiaba del todo en lo que el robot pudiera hacer.
—Desearía que los seres humanos no hubieran hecho un lío de las cosas —dijo
Erasmo, simulando un largo suspiro—. Los miles de años del dominio de las máquinas
fueron eficientes y bien organizados. Me temo que la galaxia nunca volverá a ser la
misma.
Gilbertus cerró La Tiranía del demoníaco Robot Erasmo.
—No estoy en desacuerdo, pero puede estar pasando por alto un dato clave.
—¿Una idea clave? —Erasmo sonaba encantado—. Compártelo conmigo.
—No tiene sentido para usted criticar a los seres humanos por su rebelión, cuando
usted mismo fue el catalizador. Usted personalmente fue la causa directa de la caída del
Imperio de las Máquinas.
Erasmo sonó ofendido:
—¿Cómo es eso? Yo pude haber contribuido inadvertidamente de alguna manera por
la caída del bebé de Serena de la torre.
—En todos los sentidos —contrarrestó Gilbertus—. Nada de la derrota de las
máquinas hubiera sido posible sin usted. Planeó el reto de Omnius, decidiendo poner en
duda la lealtad de los esclavos humanos que anteriormente no habían demostrado
evidencia alguna de que sus capataces se volvieran en contra de las máquinas. Planeó los
indicios de la rebelión humana.
—Fue un experimento interesante —dijo Erasmo.
—Y destruyó el Imperio Sincronizado. Sin usted, Iblis Ginjo nunca hubiera
organizado sus células rebeldes, nunca habría considerado derrocar a los mundos de
Omnius. Cuando mató al pequeño hijo de Serena Butler arrojándolo desde un balcón en
frente de una gran multitud, encendió una chispa en la yesca que usted mismo había
creado.
—Una conclusión inusual. —Erasmo sonaba vacilante, y luego admitió—: Cuando se
ve de esa manera, tal vez yo sea el responsable.

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Gilbertus se levantó de su escritorio.


—Acepte eso, Padre, cuando se encuentre inquieto en su aislamiento aquí. Si hubiera
tenido más cuidado, el Imperio de las Máquinas jamás habría caído. Y como es todo lo
que queda, y porque me preocupo por usted, no tengo la intención de ser descuidado.
Guardó el núcleo de la memoria del robot de nuevo en su armario escondido,
verificando que todos los sellos y candados estuvieran en su lugar. Luego, se fue a
instruir a sus alumnos sobre cómo ordenar sus mentes más parecidas a aquellas de las
máquinas pensantes.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La historia tal vez me recuerde con asombrado terror y odio. Pero no me importa, mientras no sea olvidado.
—GENERAL AGAMENÓN, nuevas memorias

Al frente de un pequeño grupo de cazadores Butlerianos, el Maestro Espadachín Ellus se


sentía más como un carroñero que como un depredador. Omnius y sus fuerzas robóticas
habían sido destruidas por completo, e incluso sus restos desactivados no planteaban
ninguna amenaza; los cimek rebeldes también habían sido eliminados, dejando cadáveres
caminantes por todos los puestos vacíos.
Pero aún quedaba por hacerse la limpieza.
En las heladas ruinas de la última fortaleza cimek en Hessra, los investigadores
humanos habían descubierto una base de datos compilada por la notoria titán Juno; los
registros enumeraban las ubicaciones de muchas de las bases cimek secretas, y Manford
había ordenado que cada una fuera destruida antes de que las bases cayeran en las garras
de los humanos corruptos como Josef Venport. Metódicamente, Ellus y sus cazadores
iban a cada conjunto de coordenadas en los registros Hessra y dejaban las bases de las
máquinas en ruinas humeantes. La misión iba a durar alrededor de seis meses o más, y
estaría fuera de contacto con la sede Butleriana excepto para presentar informes
ocasionales.
Durante sus años de despiadado entrenamiento físico en Ginaz, Ellus y Anari Idaho
—compañeros, rivales, amantes ocasionales— habían quedado fascinados por las
leyendas de la gloriosa Yihad de Serena Butler. Cautivados por las historias de aquellos
tiempos heroicos, él y Anari deseaban poder haber luchado contra los ejércitos de robots
de combate o feroces andadores cimek, pero habían nacido un siglo demásiado tarde.
Todo lo que quedaba ahora era una operación de limpieza para erradicar las sobras…
pero era un trabajo que debía hacerse.
Su nave exploradora alcanzó la siguiente posición… una roca llena de cráteres, sin
aire que apenas cumplía la definición de planeta. Los robots no tenían necesidad de una
atmósfera, y el cerebro de los cimek, protegido dentro de sus contenedores de
conservación, podía sobrevivir incluso en cualquier lado. Si aquel sistema no hubiera
aparecido en los registros secretos cimek, nunca nadie se habría molestado en ir allí.
—Escaneen de cerca y mantengan los ojos bien abiertos —dijo Ellus a sus camaradas
Butlerianos—. Busquen estructuras artificiales. Tiene que haber algo aquí.
Ellus había pasado años en Ginaz aprendiendo a luchar con una espada de impulsos
contra los mek de combate recuperados. Él y Anari lo habían hecho bien, matando a
muchos de sus oponentes metálicos, sintiéndose como gladiadores en un antiguo estadio.
Pero todo era para aparentar. Las máquinas pensantes habían sido derrotadas hacía
mucho.
El Maestro Espadachín siempre había fantaseado con la búsqueda de una base que
aún funcionara repleta de malvadas máquinas pensantes oponentes… dignas para que el

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hombre finalmente demostrara sus habilidades de combate. Era como dar vuelta sobre
una roca y descubrir una infestación de negros escarabajos diminutos. Aquello, sin
embargo, era un pensamiento privado que no se atrevía a discutir con nadie. Ni siquiera
con su querida Anari.
Ellus no sólo se sentía impulsado, sino también con una confiada calma. Cada paso
llevaba a los Butlerianos más cerca de erradicar todos los vestigios de las máquinas
pensantes, aunque los acercaba a no poder olvidarlas. ¿Qué es lo que iban a hacer cuando
ya no quedara nada? Cuando las máquinas pensantes hubieran desaparecido por
completo, el movimiento carecería de enfoque y propósito. Si no hay un enemigo, ¿tan
sólo crearemos uno nuevo? Los seguidores de Manford no podían ir por ahí rompiendo
todo lo que contenía electrónica o parte de ella —que sería un movimiento estúpido y
equivocado—, lo que inevitablemente obligaba a abandonar incluso el funcionamiento de
su propia nave espacial.
El transporte sobrevoló el paisaje austero, donde la lejana luz solar se filtraba entre
los riscos y cañones del relieve. Los tripulantes, seis miembros del equipo de Butlerianos
de Ellus y dos Maestros Espadachines más, se asomaron a través de los ventanales y
escanearon la superficie antes de la erupción de la charla.
—¡Ahí está, señor! En el lado izquierdo de ese cráter.
—Por Dios y la Santa Serena, pareciera que ya se ha librado una batalla allí abajo —
dijo uno de los Maestros Espadachines del equipo.
Ellus captó un destello de unas cúpulas metálicas y recámaras que constituían
claramente un puesto o una base. Varias de las cúpulas estaban destrozadas, y el paisaje
rocoso estaba salpicado con cráteres rodeados de destellos negros y escombros;
claramente el resultado de explosiones recientes en los lugares de impacto. Caminantes
cimek destrozados yacían esparcidos, sus patas de cangrejo rotas y dobladas. Las naves
de ataque robóticas estaban estrelladas en el fondo del cráter.
—Esto debe haber ocurrido durante la guerra civil entre los cimek y Omnius —dijo
Ellus—. Esta era una base secreta cimek, y los robots de combate lucharon contra ellos
aquí. —Miró fijamente a lo que seguía—: Parece que las dos partes se eliminaron una a
la otra.
—Esperemos que hayan dejado algo para nosotros en toda esta basura —dijo el
Maestro Espadachín Alon con una risita—. De lo contrario, será un viaje largo y en vano.
—Si queda algo, nos desharemos de él. —Ellus se volvió hacia su piloto—.
Encuentra un lugar para aterrizar así podemos hacernos nuestro propio camino hacia el
interior.
Encontraron que el núcleo de las instalaciones del laboratorio seguía intacto, y la nave
logró acoplarse con una escotilla de acceso. El ambiente en el interior se notaba frígido,
pero sorprendentemente respirable. Los sistemas de soporte de vida estaban todavía en
marcha y con el poder suficiente para funcionar.
—Todo el mundo, únanse a nosotros en el interior y asistan a la operación —anunció
Ellus. Todos querían su oportunidad.

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—Deben haber llevado a cabo experimentos con seres humanos aquí —dijo Kelian, el
tercer Maestro Espadachín—, o no se habrían molestado con calefaccionar el aire.
—Si encontramos registros dentro, tal vez podamos descubrir lo que los cimek
estaban haciendo y lo que les ocurrió durante aquella batalla —dijo uno de los
Butlerianos. Ellus no se había molestado en aprenderse todos los nombres.
Alzó la voz, de forma enérgica y formal:
—Este tipo de enigmas no nos conciernen. Sólo tenemos que deshacernos de este
lugar, porque es inherentemente peligroso. —Se estremeció al pensar lo que podría llegar
a ocurrir si una persona ambiciosa, como Josef Venport, llegaba a encontrar un sitio por
el estilo, e intentara recrear la abominable obra de los cimek.
Una vez que todo el equipo hubo cruzado la guarnición, los Butlerianos comenzaron a
moverse a través de las recámaras, saqueando y destruyendo. No necesitaban órdenes
explícitas.
El Maestro Espadachín Alon descubrió los registros experimentales que mantenían en
un conjunto de bases de datos informáticas no sensibles, pero los Butlerianos azotaron la
máquina en ruinas sin leerlos. Los especímenes, las muestras congeladas de tejidos,
cerebros disecados, patrones de flujos de circuitos y embalses de fluidos eléctricos azules
vibrantes ocupaban estantes y armarios de almacenamiento.
La destrucción completa llevó horas. Ellus podría hacer bombardeado todo el puesto
de avanzada desde la nave de caza, pero creía en hacer las cosas correctamente,
proporcionando a él y a sus compañeros la satisfacción emocional que pudiera transmitir
a su superior. Ellus incluyó todos los detalles que pudo recordar en sus informes para
Manford, para que el Líder Butleriano pudiera imaginar en lo que habían participado.
A medida que la destrucción continuaba, Ellus y los otros dos Maestros Espadachines
hicieron su camino hacia el centro del complejo, una cámara de pesadilla repleta de
maquinarias relucientes y de prohibidas tecnologías informáticas. Luciendo como un
hueco grabado en el vidrio, el hielo cubría la ventana interna con una gruesa puerta que
conducía a una bóveda sellada. Ellus se inclinó más cerca, preguntándose qué otros
horrores inimaginables podrían los cimek haber estado trabajando allí, mirando por la
ventana espolvoreada de hielo en la bóveda blindada. ¿Había alguna razón específica por
la que las máquinas pensantes habían llegado a erradicar este lugar secreto cimek?
En el interior, encontró a dos formularios de legitimación: las figuras delgadas
humanas de un hombre y una mujer. Ninguno de los dos poseía cadenas o pulseras que
los identificaran como prisioneros. Ambos estaban petrificados, cubiertos por una fina
capa de escarcha.
Ellus convocó a Alon y a Kelian a su lado mientras estudiaba los controles de la
cámara, tratando de determinar la manera más probable que quitaría el sello de la puerta.
Con solamente cuchillos, arietes, y garrotes, ninguno de los tres Maestros Espadachines
conseguiría alguna vez atravesar la masiva escotilla. Afortunadamente, a pesar de que
sabía muy poco acerca de tecnología, los controles fueron intuitivos, tal vez incluso con
un buen grado de cooperación, como si un pequeño demonio seguía viviendo en el

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sistema informático y deseaba causar daño. En cuestión de minutos, la puerta de la


bóveda se abrió con un siseo, jadeando un turbulento aire con olor a químicos. Ellus
contuvo la respiración por miedo a que aquel gas pudiera ser venenoso, pero se disipó
velozmente.
Un pequeño resplandor de las luces de la estación en medio del frío de la bóveda
iluminaba sin parpadeos al hombre y a la mujer, manteniéndolos conservados. Eran de
unos veinte años, recortados a la perfección en apariencia, con los cabellos oscuros,
rasgos delgados, y una línea de escarcha en las cejas y labios. Ambos estaban desnudos.
Ellus sintió pesadas nauseas en su interior.
—Esta pobre gente. Deben haber sido víctimas de experimentos.
Kelian dijo:
—Manford querría que nosotros les diéramos un entierro respetuoso.
—La mente del hombre es sagrada —entonó Alon.
En aparente desacuerdo con la evaluación de sus muertes, el joven y la mujer abrieron
al mismo tiempo sus ojos, orbes grises que miraban fuera de foco. El dúo se estremeció,
temblaron sus hombros, y aspiraron el aliento de una persona ahogándose en voz alta.
Con un grito, Ellus corrió para atrapar a la joven antes de que colapsara, pero ella
desplazó la asistencia con una fuerza inesperada, y se fue directo abajo.
El joven dio un paso adelante, limpiándose las telarañas de su cabeza.
—Ese fue un largo tiempo de espera. ¿Han pasado décadas… o siglos?
—Los hemos sacado ahora. Están a salvo —dijo Ellus—. ¿Quiénes son ustedes?
La joven tomó la palabra.
—Soy Hyla, y éste es mi gemelo Andros.
—¿Somos libres ahora? —preguntó el hombre.
Los Maestros Espadachines los llevaron fuera de la fría cámara.
—Sí, son libres, les salvamos —dijo Ellus.
Kelian agregó:
—Omnius y las máquinas pensantes ya no existen. Los cimek han sido destruidos,
hasta el último de ellos. ¡Hemos ganado! Pueden estar seguros de que su larga pesadilla
ha terminado.
Los gemelos se miraron entre sí, ladeando la cabeza para escuchar. En otras salas del
complejo, Ellus oía el desenfrenado clamor de los Butlerianos destruyendo las
maquinarias y las computadoras.
—Afortunadamente, los encontramos a tiempo —dijo Ellus—. Pronto concluirá la
demolición de esta base.
Los ojos de Andros se estrecharon, y su rostro se puso firme.
—No deberían estar haciendo eso.
—Viajamos a todas las bases conocidas de las máquinas y borramos todos los
vestigios del reinado terrorífico de los cimek —dijo el Maestro Espadachín Alon—. Ésa
es nuestra misión. Una vez que destruimos todo bajo nuestros talones, esos oscuros
recuerdos nunca nos molestarán de nuevo.

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Una ola de furia barrió el rostro del joven como una tormenta de polvo. Su piel
parpadeó, el tono de su carne pálida tomó un cariz metálico, como si el mercurio fluyera
justo debajo de su piel. Andros sacudió su mano, que llegó a ser tan rígida como el acero,
cortando lateralmente en un golpe de karate sin esfuerzo y limpio la cabeza del Maestro
Espadachín.
Incluso antes de que la sangre pudiera brotar del tronco del cuello de Alon, la joven
saltó hacia adelante. Hyla metió el puño en el pecho de Kelian, aplastando su esternón y
empujando todo el camino hasta alcanzar su columna vertebral.
El Maestro Espadachín Ellus tuvo el tiempo justo para desenvainar su espada, pero
Hyla esquivó la hoja con la piel de su antebrazo acorazado. Un sonido metálico resonó, y
la inesperada sacudida casi le dislocó el brazo a Ellus. Había luchado contra los mek de
combate más sofisticados en Ginaz; su instructor lo había desafiado con el punto más alto
y rápido en la memoria del robot de batalla. Pero nada de eso lo había preparado para
estos gemelos.
La joven tomó la espada de Ellus con ambas manos y rompió la hoja por la mitad, y
luego le dio un golpe duro en la base del cuello, aplastando su espina dorsal y
paralizándolo. El último Maestro Espadachín cayó al suelo, todavía despierto, todavía
consciente.
Tres sonrojados Butlerianos ingresaron vertiginosamente en la cámara justo cuando
Ellus caía. Sonriendo, Andros saltó hacia ellos y comenzó a romperles miembros tras
miembros.
Hyla se puso sobre el paralizado Ellus, mirando hacia abajo, hacia él, con el joven
rostro hermoso, e inhumano. El Maestro Espadachín escuchó gritos mientras el hermano
terminaba de asesinar a los tres Butlerianos, luego dirigiéndose por las delimitadas vías
para cazar al resto. Ninguna de aquellas personas tendría una oportunidad.
Hyla se inclinó hacia Ellus y le dijo:
—Nosotros somos los hijos de Agamenón. Mi hermano y yo hemos estado despiertos
aquí durante décadas, sin nada que hacer, excepto maravillarnos, preguntar, y aguardar.
Ahora, antes de que termine de matarte, me dirás exactamente lo que ha sucedido en los
años intermedios. Tenemos que saber.
El Maestro Espadachín mantuvo su boca cerrada.
En el módulo contiguo, otro conjunto de gritos horrorizados se alzó, haciendo eco en
las paredes curvas y metálicas.
—Dime. —Hyla se inclinó, extendió su dedo índice, y comenzó a jugar con su ojo.

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La esclavitud puede tomar muchas formas. Algunas son abiertas, mientras que otras son discretas. Pero todas
son condenables.
—VORIAN ATREIDES, los diarios del legado, período en Kepler

Los mercados de esclavos en Poritrin cubrían una vasta área de la llanura fangosa y
húmeda del Río Isana. Vorian se sintió desanimado al ver el desorden de los buques que
desembarcaban y se iban, las multitudes que crecían en el mercado. Localizar un grupo
de cautivos en todo aquel lugar sería casi imposible, sin embargo, se había liberado de la
lucha durante generaciones contra Omnius… y la raza humana había ganado, superando
todos los pronósticos. Sí, iba a encontrar a su pueblo.
Pero requeriría un enorme esfuerzo.
Poritrin había participado mucho en la compra y venta de esclavos. Durante la
cruzada de las máquinas pensantes, muchas poblaciones planetarias habían negado unirse
a la lucha, escondiéndose de la batalla más importante que la humanidad jamás había
enfrentado. Por esa razón, otros humanos se creían con derechos a forzar a los pacifistas a
trabajar por el bien común.
Ahora, sin embargo, la Yihad había terminado y las máquinas pensantes habían sido
derrotadas. Mientras Vor caminaba entre la multitud que se empujaba, no pudo siquiera
imaginar ninguna justificación a la esclavitud, pero la práctica de la misma continuaba de
todos modos. Demasiado dinero y poder estaban involucrados en las operaciones, y
algunas de las sociedades Imperiales aún dependían de estos mercados de esclavos.
Moralmente obsoletos, pero seguían siendo rentables. Sabía, sin embargo, que una nueva
justificación se había desarrollado como un efecto secundario inesperado del fervor
antitecnológico. Con muchos planetas ingenuamente abandonaban las maquinarias
sofisticadas a raíz del creciente movimiento Butleriano, se requería una mano de obra
inmensa para poder llevar a cabo los trabajos. Para algunas personas, asumió, los
esclavos eran mucho más aceptables que las máquinas…
Vor había estado en muchos planetas durante su vida, más de lo que podía recordar.
En sus primeros años, acompañando al robot Seurat a través de todos los Planetas
Sincronizados en una nave, entregaba las actualizaciones a las copias de Omnius. Una
vez que hubo jurado lealtad hacia los Mundos de la Liga, había luchado contra las
máquinas pensantes planeta tras planeta, desde hacía más de un siglo. Allí, en Poritrin, se
había llevado a cabo un ambicioso plan de construcción de una gigantesca flota que
imitaba a los buques de guerra… el gran farallón que había intimidado la flota de
Omnius, un truco con un maravilloso éxito.
No había estado en Poritrin en muchos, muchos años.
Como un espectáculo en el medio de la Yihad de Serena Butler, un levantamiento
masivo de los esclavos en aquel planeta había causado una gran devastación. La
explosión de una bomba semiatómica había aniquilado gran parte de la ciudad de Starda,

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y asesinado al legendario científico Tio Holtzman, un duro golpe para las defensas de la
humanidad.
Pero la explosión sólo había despejado un barrio popular de la ciudad. Las tierras
bajas estaban ahora pavimentadas, fusionadas al suelo, con aguas de fondo común
constreñidas dentro de canales rígidos. Un caleidoscopio de las estructuras temporales
llenaba las áreas abiertas donde los negreros llevaban sus cargas, ofreciéndolas a la venta,
luego tomaban sus carpas de campaña y se marchaban lejos, con nuevos mercaderes que
se abalanzaban para ocupar el espacio abierto. Como servicio, los vendedores ofrecían
alojamiento, comida, medicamentos, sesiones de masaje, prostitutas, y el préstamo de
dinero.
De una triste manera, se dio cuenta de que no había cambiado mucho.
Manteniendo los ojos abiertos e ideando un plan para su búsqueda, Vor se encontró a
sí mismo en una sopa humana mientras se movía a través de Nueva Starda, absorbiendo
el tamaño y la estructura del lugar. Estaba rodeado de arena y por los olores y los ruidos
de la ciudad, y el sólo caminar por las calles y callejones se sentía como hacer su camino
a través de una batalla campal contra mek de combate.
Vor añoraba la cacería de las aves gornet, que le brindaban la tranquilidad y la paz de
Kepler, aislado en las colinas. Ahora tenía que cazar para su propia familia, sus amigos y
vecinos, y así llevarlos a casa. Eran prisioneros allí… sin duda estaban vivos, pues los
esclavos muertos no poseían ningún valor. Tenía que encontrarlos rápidamente antes de
que fueran separados y vendidos a docenas de diferentes compradores. Los liberaría a
cualquier costo, y los llevaría de vuelta con él… y encontraría un modo de proteger al
mundo que había adoptado como propio durante su último medio siglo.
Durante su vuelo desde Kepler, recordó todas las fotografías que Mariella había
extendido por toda su casa. Vor había reunido laboriosamente una lista de sus hijos e
hijas, sus nietos adultos, sus cónyuges, los vecinos, los compañeros de los agricultores en
el valle, los amigos perdidos, todos los que debía recordar. Tenía que asegurarse de no
haber dejado a nadie atrás.
Mientras caminaba por el mercado de esclavos, se encontró con un vendedor de
esclavos de estilo gitano. Cuando Vor le mostró la lista de nombres, el hombre frunció
los labios y le miró con sorpresa.
—Su primer error, señor, es pensar que hacemos un seguimiento individual de
nombres. Los artículos puestos a la venta no son individuos con identidades separadas.
No son más que herramientas para hacer una tarea. —Arqueó las cejas—. ¿Se puede dar
nombre a una palanca o a un martillo?
Recordando como Xavier Harkonnen hubiera presentado un detallado plan de batalla,
lo siguiente que hizo Vor fue dirigirse hacia una de las oficinas de turismo en Poritrin,
donde los guías anunciaban giras a través de los cañones río arriba o vuelos de zepelín
sobre las llanuras abiertas. Esperaba que aquella oficina esponsoreada por el gobierno
conociera sobre la distribución de los mercados de esclavos, tal vez ofreciéndole un mapa
o un guía, pero el sonriente funcionario no lo ayudó por completo.

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Vorian Atreides había realizado investigaciones adicionales y pagado sobornos. A


través de los siglos, había amasado una fortuna, ahora dispersa en varias cuentas remotas
en todo el Imperio. La riqueza no significaba mucho para él, ya que tenía todo lo que
necesitaba y no llevaba un estilo de vida extravagante. Afortunadamente, el nuevo
sistema bancario que ofrecía VenHold estaba vinculado a esas cuentas, por lo que Vor
tenía acceso a sus fondos. Podía ser generoso con sus alicientes, pero sencillas preguntas
planteaban muchas preguntas propias.
A pesar de su creciente sentido de urgencia, se hallaba atormentado por los rostros de
toda la gente que había vivido con él en Kepler, el tejido social que se había hecho de su
vida lo hacía sentir tan completo, y decidió tomar un camino diferente, pensar como un
hombre de negocios en lugar de un agraviado juerguista. Vorian Atreides había engañado
a ejércitos enteros de máquinas pensantes; ciertamente podría ser más astuto que un par
de traficantes de esclavos.
Entre los puestos repletos de personas, el hombre alto, de cabello oscuro, se dirigió a
uno de los guardias dragones de la policía que patrullaba por los mercados:
—Estoy dispuesto a pagar por información sólida y verificada. Tengo un gran
proyecto de construcciones en una zona especialmente caliente y húmeda en mi planeta.
Seguramente, ¿no perderán de vista de dónde vienen los esclavos? Yo no quiero comprar
una mano de obra de un mundo frío, o uno árido. He hecho mis investigaciones, y
necesito gente acostumbrada al clima, o voy a perder la mitad de mis trabajadores en una
semana.
El guardia frunció los labios.
—Sé a lo que se refiere, señor. Nueva Starda está en proceso de instituir registros
para ayudar a emparejar a ciertos tipos de esclavos en entornos compatibles. Por
desgracia, el sistema formal se encuentra atrapado en la comisión en estos momentos, y
no es fácil disponer de él. —Se encogió de hombros.
Vor reconoció la tentadora pista y la duda como una sutil petición de soborno. Así, le
ofreció dinero, y el guardia se rascó un lado de su rostro, como su estuviera pensando en
el problema, a pesar de que ya tenía una solución.
—Conozco a una mujer en la administración del puerto espacial que tiene acceso a
los registros de carga y descarga. Dicha información no está normalmente abierta a la
inspección, pero si le da mi nombre y le paga una tarifa… discretamente, se le permitirá
inspeccionar los registros de todos los buques esclavistas que han llegado recientemente.
Vor mantuvo fría su expresión, aunque el pulso se le aceleró. Había visto a las tres
naves esclavistas depredando Kepler, y esperaba encontrar la documentación.
El guardia se embolsó su pago con un hábil movimiento.
—Se puede requerir una tarea de su parte, para que tal vez usted pueda ver la
información sobre los planetas de origen y encontrar a los trabajadores a gusto.

***

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

En el puerto espacial, Vor tuvo que pagar tres sobornos más sólo para hallar a la mujer
con la que tenía que encontrarse, y luego otra gran suma para ganar el acceso a los
registros de aterrizaje. El dinero no importaba; pagaría lo que hiciera falta. En sus
primeros años impetuosos, él y Xavier podrían haber intentado coaccionar por
información, luchando por la justicia, pero aquel método era, irónicamente, más
civilizado, aunque más caro.
No podía derrocar a un mundo entero o una manera de vida de larga data. Al ver las
largas listas de carga humana se le desgarró el corazón. Todos aquellos cautivos habían
sido arrancados de sus hogares en cientos de planetas mal defendidos, dejando atrás
familias tan angustiadas como él. Pero Vorian Atreides era sólo un hombre, y estaba
llevando a cabo una cruzada. Su cruzada personal ahora era salvar a la gente que amaba.
Cuando revisaba los registros, el gran número de buques lo sorprendió. Incluso en el
apogeo de Salusa Secundus, dudaba de que la capital de la Liga hubiera experimentado
tanto tráfico. De esa manera, la esclavitud en definitiva no estaba en decadencia.
Luego de varias horas, descubrió lo que estaba buscando: una notación de un grupo
de tres naves cuyo destino anterior estaba catalogado como Kepler. Los registros
mostraban imágenes de los buques para fines de seguridad, y reconoció a los navíos
como los que habían aterrizado en las tierras de cultivo después de la destrucción de la
aldea con las olas de aturdimiento generalizadas.
Apretó la mandíbula para contener su ira, deseando que el esclavista prisionero
hubiera vivido un poco más para que Vor pudiera haber aprendido más detalles acerca de
los capitanes y las tripulaciones. Pero desarrolló su plan con la información que poseía.
La más alta prioridad: alcanzar a su pueblo y ponerlos a salvo, a todos ellos. La
secundaria, y más agradable, era la misión de hacer daño a los esclavistas. Si tenía
previsto todo lo suficientemente bien, podría lograr ambas.
Se tomó el tiempo para comprar un traje nuevo al cuerpo y asumió la identidad de un
rico hombre de negocios de Pirido. Incluso compró un pequeño perro faldero bien
entrenado con un collar enjoyado, que trotaba alegremente al lado de su nuevo amo
mientras Vor paseaba por los mercados de esclavos hacia la ubicación apropiada de la
rejilla. Allí, contrató a cuatro jóvenes y compró ropa similar para ellos, que podrían
acompañarle como su séquito, con instrucciones estrictas de que no debían decir nada.
Siguiendo el mapa de la red que había comprado, pudieron marchar a las franjas
horarias de aterrizaje específicas y las zonas de espera donde las naves mantenían su
carga humana. Cuando Vor vio los tres buques descomunales cerca de la zona de espera,
recordó claramente haberlos visto despegar desde el valle de Kepler, cargado de cautivos.
Sí, había llegado al sitio correcto.
Metiéndose en el personaje, tomó un aire altivo y frunció el ceño fulminantemente
hacia un hombre de labios gruesos, pero de fina voz, que le impedía marchar
directamente a los corrales.
—No se permite acercarse a los esclavos, señor. Son una valiosa mercancía.

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—Entonces, buen hombre, no sabe cómo se hacen las cosas aquí —dijo Vor. Sabía
que su gente estaba allí, justo al otro lado de la valla de retención, y se puso tenso,
dispuesto a matar a aquel hombre de ser necesario. Pero si rompía la seguridad y trataba
de huir con los cautivos, sabía que no llegaría muy lejos… no allí en Poritrin. Así que se
abstuvo al personaje—. Si tengo la intención de hacer una oferta en la totalidad del lote
de estos recién llegados, quiero inspeccionar su salud. No compraré ningún esclavo débil,
enfermo o sucio. ¡Mancharín todo mi planeta! ¿Cómo sé que no están infestados con
gusanos de Chusuk? ¿O con hervidores de sangre?
Los labios carnosos del esclavista descendieron acompañando su ceño fruncido.
—Van a tener el alta médica completa, no te preocupes. Cuidamos de ellos; hemos
perdido sólo dos durante el vuelo hasta aquí desde Kepler.
—¿Sólo dos? —Vor tuvo que luchar para mantener alejada la mirada de disgusto en
su rostro. ¿Cuáles dos? ¿Bonda? ¿Su nieto Brandis? Los nombres rodaban por su mente.
Eso significaba dos muertos más, sumados a los diez que habían muerto al resistir la
incursión inicial… la gente que conocía y amaba. Su desprecio no fue fingido—. Suena
vergonzoso para mí. No recuerdo que la Flota Espacial VenHold o Celestial Transport
perdiera rutinariamente pasajeros en un simple viaje.
Con un gruñido, el esclavista pasó los ojos arriba y abajo en las prendas de Vor,
fastidioso; sus cuatro seguidores permanecían silenciosos, y el perro, quisquilloso.
—En cualquier operación comercial que implica cargas, hay una cierta cantidad de
daños durante el envío. Esas personas salen a la venta mañana por la mañana. Los
tendremos limpios para entonces.
—¿Y bien alimentados, supongo?
—Van a estar listos para la venta.
Obviamente, el esclavista no iba a dejar que se viniera más cerca, así que Vor se
percató en las medidas de seguridad visibles alrededor de las naves. Asintió con la cabeza
a su séquito, le dio un ligero tirón a la correa, y el perro se volvió y trotó fielmente a su
lado.
—Estaré de nuevo en la mañana.
Alquiló una habitación, y les prometió a los cuatro seguidores otro pago si se reunían
con él al día siguiente y, a continuación, se atrincheró dentro de la habitación para
continuar con su planificación. El perro se sentó en su regazo, perfectamente contento.
Aunque dos veces Vor le devolvió las caricias a la pequeña criatura mientras se proponía
sus estrategias, se negaba a darle un nombre; porque, también, no era más que una
herramienta.
Una vez aterrizado en Poritrin en los mercados de Nueva Starda, los esclavistas
utilizan medidas de seguridad para administrar y proteger sus cargamentos humanos, pero
incluso los buques vacíos eran blancos fáciles. En su juventud, él y Xavier Harkonnen
hubieran llevado a cabo una operación militar, con soldados armados para atacar a las
naves negreras. Vor no habría tenido ningún reparo en matar al capitán y la tripulación,

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aprovechando a sus cautivos, y tal vez incluso liberando hordas de otros esclavos
también. Caos irremediable; usar más los músculos y la testosterona que el cerebro.
Pero eso era una idea estúpida, y no uno de los medios más eficientes para conseguir
a sus seres queridos. Vor se preguntó cómo él y Xavier habían logrado sobrevivir en
aquel entonces. No se atrevía a intentar algo tan audaz en esta empresa (muchos de los de
su propio pueblo podrían ser dañados), por lo que pensó en una solución más práctica y
madura en su lugar.
Sólo después de que estuviera seguro de haber podido sacar a su familia y a sus
amigos, iba a causar un poco de caos adicional…
A la mañana siguiente, él y su perro mimado, seguido por los cuatro jóvenes serios
vistiendo en las ropas de Pirido, llegaron al comienzo de la subasta correspondiente.
Abrieron camino al frente de una multitud hinchada de espectadores, inversores, e incluso
algunos provocadores que no tenían nada mejor que hacer que ir a mofarse de los
esclavos miserables, dirigiéndose de una subasta a la siguiente. En el mercado de
esclavos de Nueva Starda, se celebraban numerosas subastas similares. Esa mañana, la
gente a su alrededor no veía nada especial en aquella venta en particular.
El maestro de la subasta llamó al orden en la multitud, y los fornidos cazadores de
esclavos colocaron las filas de cautivos sobre un escenario levantado a dos metros del
suelo. Vor observó al triste grupo de arriba, todos atados y luciendo desanimados. Sus
aspectos eran tan diferentes ahora; sin embargo, no esperaba que alguno de ellos lo
reconociera. El perro ladró, y luego se quedó en silencio entre el bullicio.
Las emociones se enturbiaron en su interior al reconocer tantos rostros. Estaba furioso
de ver a su pueblo de aquella manera, sin embargo, muy contento de verlos con vida, y
determinado de que volverían a casa a sus vidas normales. En verdad estaban limpios,
pero demacrados. Reconoció algunos moretones en sus pálidas pieles, pero no signos
evidentes de brutalidad. Vio a Deenah, su tan querida sobrina que ya era una madre
propia, a sus hijos Oren y Clar, a la hija de Bonda y su marido Tir, y docenas de otros.
Tendría que comparar a todos en contra de su lista de personas desaparecidas de Kepler;
iba a localizar a cualquier rezagado si era necesario, pero esperaba haber llegado a
tiempo.
—Tenemos una oferta inicial de seis mil Solaris —dijo el capitán de la subasta,
después de que alguien gritó la cantidad. Un segundo cliente ofertó siete mil. Otro saltó a
diez mil en medio de un murmullo de admiración entre dientes. Vor dijo nada, sólo
esperó. La licitación se elevó gradualmente hasta quince mil, luego a veinte mil.
Entonces, alguien pidió que los esclavos pudieran dividirse en lotes más pequeños y que
la licitación continuara por grupos especificados. El oferente se comprometió a pagar una
prima, pero sólo para los hombres sanos.
Vor sabía que tenía que actuar. Alzó la voz antes de que la casa de subastas pudiera
considerar la propuesta:
—Treinta mil Solaris para todo el lote, con entrega inmediata. —Podría haber pagado
menos, pero quería hacer un punto.

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Una ráfaga de aire inhalado recorrió la multitud. Los cuatro jóvenes de su séquito
miraban con sorpresa, uno llevaba una sonrisa traviesa, seguro de que esto era parte de
una estafa más grande.
—¿Podría repetir eso, señor? —dijo el maestro de la subasta, con un gran respeto.
—Treinta mil Solaris, pero sólo si puedo tomar posesión de ellos de inmediato. Todos
ellos. —La cantidad era suficiente para comprar todo un continente en algunos planetas
pequeños—. ¿O es que quiere hacerme perder el tiempo?
Los cautivos de Kepler en la plataforma se agitaron, murmurando entre sí, mirando al
hombre que había hecho tal oferta… el hombre que sería su amo. Su hija Bonda había
reconocido a Vor tan pronto como hizo su oferta. Podía verlo en sus ojos.
El maestro de la subasta vaciló, aunque nadie esperaba la licitación para ser coronado.
—Vendido, al caballero con el perro la totalidad de los esclavos del planeta Kepler.
Después de que el puñado de aplausos se apagara y Vor pagara por los esclavos, supo
que tenía que hacer su punto.
—Ahora, libérenlos, y quítenles sus ataduras. —Los traficantes de esclavos vacilaron,
pero él se mantuvo firme—: Son de mi propiedad, y puedo hacer con ellos lo que quiera.
—Eso puede ser peligroso, señor. —El maestro de la subasta levantó una mano para
llamar a un guardia dragón—. Estos son esclavos frescos, no rotos ni entrenados.
Entregando el perro a uno de los hombres más jóvenes de su entorno, Vor caminó
hasta el borde de la plataforma de vuelo estacionario y se balanceó hacia el escenario.
—Les recortaré yo mismo sus propias ataduras si debo hacerlo.
No se preocupó por las murmuraciones enojadas mientras usaba su propia daga para
cortar las ataduras de dos de los prisioneros más cercanos, sus dos emocionados hijos,
Oren y Clar.
—¿Tengo que hacer todo esto por mí mismo? Tal vez retenga una parte de mi cuota
como compensación por las molestias.
Los fornidos esclavistas se movieron rápidamente para cortar al resto de los cautivos.
Vor volvió a gritar a la audiencia:
—Durante siglos, las máquinas pensantes esclavizaron a nuestros hombres y mujeres,
y sacrificamos la mitad de la raza humana por la libertad. Y sin embargo ustedes, todos
ustedes, son los que aún perpetúan esto. Deberían entender más acerca de la libertad.
Los otros prisioneros corrieron hacia adelante… amigos, familia, vecinos, algunos
llorando con alivio, otros temblando, incrédulos. Todo el grupo se trasladó fuera de la
plataforma y permanecieron todos juntos, a un lado de la incómoda audiencia.
Sus hijos lo abrazaron, y sus vecinos lloraron. Vor despidió a los cuatro jóvenes que
había contratado, y luego le entregó la correa del perro a Bonda.
—Toma, te he conseguido una nueva mascota.

***

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Aunque la gente de Poritrin no estaba de acuerdo con la filosofía de Vor sobre la


esclavitud, el dinero de sus cuentas resolvió cualquier problema que los comerciantes
pudieran haber tenido. Arregló las habitaciones para su pueblo en una casa de
alojamiento temporal, por lo que todos ellos pudieron descansar, asearse, y celebrar
mientras él estudiaba los horarios del puerto espacial, asegurándose el camino de vuelta a
Kepler. Un plegador espacial VenHold debía partir en dos días, y compró boletos para
todos ellos. Estarían de vuelta en casa en una semana.
Le dio a Bonda la tarea de verificar todos los nombres en su lista, después marcando
tristemente a las dos personas que habían muerto durante el transporte… el esposo y la
esposa que habían vivido en una granja adyacente a la casa de Mariella.
Incluso en medio de tanta alegría y abrazos, Vor permanecía perturbado. Cuando
había dejado atrás la vida pública, había querido solamente encontrar la soledad y la paz.
Ahora tenía más trabajo que hacer. Se deslizó por la noche después de asegurarse de
comprobar que todos los de su pueblo estaban a salvo y seguros.

***
Acompañó a los esclavos liberados al puerto espacial, con ganas de verlos con sus
propios ojos mientras abordaban, para asegurarse de que estaban en camino. Se sintió
satisfecho con gravedad.
El puerto espacial se hallaba agitado debido a un grave accidente la noche anterior,
pero la mayoría de los incendios en el campo se habían extinguido. El trío de buques
esclavistas que habían depredado Kepler había presentado los papeles de salida y
despegado poco después de la puesta del sol, con sus bodegas de cargas vacías y listas
para ser rellenadas. Lamentablemente, debido a un extraño mal funcionamiento del motor
en simultáneas y una explosiva mezcla inadecuada de combustible, los tres buques
explotaron en el cielo sobre Nueva Starda. Un extraño y terrible accidente.
Vor había estado allí, solo, para observar. A medida que las personas en el terreno se
quedaron mirando, horrorizadas, él era el único que sonreía…
Ahora, uno de los últimos en subir a la nave de transporte, fue Bonda, que acunaba al
perro, al cual ya adoraba. Vor se volvió hacia ella, y bajó la voz.
—Dile a tu madre que volveré tan pronto como pueda.
Ella parpadeó sorprendida.
—¿Qué? ¿No vienes con nosotros? ¡Te necesitamos en Kepler!
Su marido Tir estaba a su lado.
—¿Qué pasa si más esclavistas vienen?
—Eso es exactamente lo que espero prevenir. Tengo otras cosas que hacer antes de
que pueda volver a casa. Tal vez puedan mantener a Kepler seguro.
—Pero… ¿a dónde vas? —preguntó Bonda. El perro se retorció en sus brazos y le
lamió la mejilla.

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—A Salusa Secundus —dijo—. Tengo la intención de hablar con el mismísimo


Emperador.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La única máquina buena es una máquina muerta.


—MANFORD TORONDO, extracto de los discursos en Lampadas

Zimia tenía mucho prominentes monumentos hechos de los restos de formas guerreras
cimek, pero él tuvo que disponer de constantes guardias para evitar que se convirtieran en
objetos de vandalismo por los Butlerianos. A pesar de que tales exhibiciones celebraban
la derrota de las máquinas, el movimiento antitecnológico deseaba exterminar todo
vestigio… todas las «tentaciones,» como los llamaban.
Aunque la Yihad se había ganado hacía un siglo, Roderick Corrino entendía la
continua necesidad del público para expresar su ira, por lo que había convencido a su
hermano para crear un evento formal, una liberación de la presión. Cada mes, a los
campeones de las personas se les permitía atacar alguna representación de las máquinas
pensantes. A Salvador le encantó la idea, y cada «festival del alboroto» se hizo más
popular que el anterior.
Ahora, Roderick iba con su hermana en un hosco coche tirado por dos sementales
salusanos. El último espectáculo tendría lugar en las afueras de Zimia, entre las torres
blancas de la ciudad capital y las colinas donde los nobles mantenían sus fincas, viñedos
y huertos.
Era mediodía, y la creciente multitud estaba de un humor festivo. Los ciudadanos
habían establecido zonas de picnic en un amplio perímetro en torno a las reliquias de las
máquinas pensantes que iban a ser objeto de la masacre de hoy: una pequeña nave de
exploración robótica y la cáscara de una cápsula de la peste que había sido puesto en
marcha por Omnius. Ni uno de los objetos había caído originalmente allí, pero estaban
entre los muchos que se habían recuperado después de la guerra, y almacenados para
estas celebraciones mensuales. Teniendo en cuenta el alcance de los Planetas
Sincronizados, los restos de máquinas no eran difíciles de encontrar, más que suficiente
para mantener a la celebración de las fiestas populares del alboroto durante muchos años
por venir.
Ahora, hijos alegres arrojaban rocas contra los objetos metálicos, haciendo fuertes
clangs. Luego sería el turno de los adultos, para hacer aún más daño.
En el interior del coche, Roderick se comportaba fresco y profesional, todo un
representante obediente de la Corte Imperial, pero Anna no parecía estar de humor para
las fiestas. A lo largo de la procesión desde el Palacio, la chica había estado llorando
sobre Hirondo Nef, rogando a Roderick que la ayudara a encontrar (que, por supuesto, él
no lo haría). Era tan delicada, tan desprotegida, tan fácilmente manejable; Roderick se
debatía entre ser duro con ella dejándola herida, o continuar protegiéndola contra la
angustia.
—¡Hirondo está muerto! —dijo—. ¡Lo sé! ¡Salvador lo hizo asesinar!

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El coche se sacudió en una parada, y Roderick colocó un brazo alrededor de su


hermana que temblaba, consolándola lo mejor que pudo.
—Nuestro hermano no haría eso. Te lo prometo, sólo ha reasignado al hombre a un
lugar seguro en el que pueda comenzar una nueva vida; y tú también debes hacerlo.
Tratando de protegerte.
Roderick había, de hecho, impedido a Salvador de asesinar al chef en el acto. Había
intervenido justo a tiempo para poner al joven en detención, principalmente por su propia
seguridad. Luego, dejando a su propio hermano a un lado, Roderick le aconsejó:
—Un Emperador no puede dejar de tener sangre en sus manos, pero nunca debe
matar cuando no tiene que hacerlo.
Afortunadamente, Salvador lo había escuchado, como hacía generalmente. Nef fue
enviado lejos, reasignado a una de las fincas nobles fuera de la ciudad, donde nunca se
aprovecharía de Anna nuevamente.
Su hermana lo miró, sus pequeños ojos azules llenos de lágrimas.
—No quiero ser protegida. ¡Quiero a mi Hirondo!
Roderick odiaba tanto ver el dolor en el rostro de su hermana. Parecía que Anna ni
siquiera recordaba que ella había estado enamorada de un joven guardia cuatro meses
antes. Tenía tanta necesidad de aceptación y amor que sus emociones eran como una
manguera de alta presión, sin inhibiciones ni control.
—Siento mucho que estés herida, Anna.
—¿Sabes dónde está Hirondo? Lo amo. Tengo que verlo.
—El Emperador no lo considera adecuado para ti. Hirondo debería haber sabido
mejor que te ponía en esa posición. Es un hecho desafortunado de la vida, pero hay que
encontrar a alguien de tu propia estación. Somos Corrino, y ciertas cosas se esperan de
nosotros.
Él y Salvador pronto tendrían que discutir sobre casarla cuanto antes. No debería ser
difícil encontrar algún noble a quien pudiera amar de igual manera aplastante. A menos
que ella decidiera ser contraria por el hecho de que era de esa manera.
Se secó las lágrimas de sus mejillas.
—¿Es que no tengo derecho al amor? En su lecho de muerte, nuestro padre dijo que
quería que nos casáramos bien.
—Tienes derecho a amar, querida hermana, si tan sólo puedes encontrarlo en el lugar
correcto: El Emperador Jules no se refería a casarnos con los chefs. —La besó en la
frente—. Salvador no está alegre en absoluto con lo que hizo. Estaba haciendo su deber,
como debe hacerlo. Por favor, escúchame a mí, como tu hermano; olvídate de Hirondo.
—¡Pero sólo le arrastraron lejos de mí! Ni siquiera tuvimos la oportunidad de decir
adiós. Tengo que verlo, sólo una última vez. ¿Cómo podré vivir conmigo misma si no sé
qué está bien, si no puedo verlo con mis propios ojos? Te lo prometo, si me dices dónde
está, me enfrentaré a mis responsabilidades a partir de ahora.
Roderick negó con la cabeza, pero no iba a dejar de suplicarle.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Debemos enfrentar nuestras responsabilidades sin importar si conseguimos lo que


queremos. —Abrió la puerta del coche—. Ahora, iremos por ahí y realizaremos otra
tarea. Las personas te están esperando. Todos te aman.
Los Corrino fueron a una plataforma cubierta de banderas que había sido erigida para
la ocasión, y miraron a la multitud. Los niños que lanzaban piedras se retiraron a una
distancia segura de las réplicas de máquinas, vigiladas por guardias y niñeras para que
sus padres pudieran participar de las festividades. La multitud se lanzó hacia delante,
energizada por la llegada del hermano y la hermana del Emperador. La mayoría de las
personas en la multitud llevaba a barras, garrotes, mazas, y palancas.
—Dejaré que hagas los honores en esta ocasión —dijo Roderick a su hermana—. Da
rienda suelta a la energía de las personas. —Antes de darte rienda suelta a ti misma.
Con los ojos rojos, Anna se dirigió a la parte delantera de la plataforma, y la gente
reunida cayó en un silencio, conteniendo la respiración colectiva como una jauría de
perros de caza en espera de ser desatados sobre una liebre. La nave robot y la cápsula de
plagas esperaban allí, intactas, recordatorios simbólicos de la horrible tiranía de las
máquinas… que pocas personas vivas podían recordar. Pero ellos sabían lo que les habían
enseñado, y sabían lo que debían odiar.
Anna levantó la mano, y la multitud se puso tensa. Ya había hecho esto antes, sabía
las palabras, pero Roderick estaba listo para hacerse cargo por si su hermana se rendía
nuevamente a la miseria sobre Hirondo. Respiró profundamente, lo miró, y él asintió con
la cabeza para tranquilizarla.
Anna dijo:
—Hemos derrotado a las máquinas pensantes, pero nunca olvidaremos lo que le
hicieron a la humanidad. —Las personas reunidas murmuraron y silbaron, blandiendo sus
armas sencillas pero destructivas—. Que este día sirva como recordatorio para nosotros y
para nuestros hijos de nuestra victoria contra las máquinas que nos esclavizan. —Se llevó
la mano hacia abajo en un movimiento de corte, y la multitud se lanzó hacia delante.
El clamor fue ensordecedor cuando las barras de metal, palos y mazas derribaron la
cápsula, la nave robótica. Placas del casco abrochado, controles destrozados, plaz hecho
añicos. Las personas aplaudieron y se rieron, algunos gritaron con ira sin palabras,
golpeando al enemigo, símbolo de pesadilla.
El frenesí duró media hora, y para cuando las personas fueron saciadas, los restos de
los objetos de la máquina que habían sido golpeados ya no tenían forma, una metralla
irreconocible.
Mientras las lágrimas corrían por las mejillas de Anna Corrino, la gente pensó que
lloraba por la victoria de la humanidad, pero Roderick sabía que no era así.

***
Aunque ambos hermanos hicieron todo lo posible para ocultar a Hirondo de ella, el joven
enamorado aún encontró una manera de conseguir enviar un mensaje a la princesa. Se las

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arregló para pasar de contrabando una nota revelando su paradero a Lady Orenna, y la
vieja madrastra de Anna simpatizaba con los jóvenes amantes. Podía parecer fría e
insensible ante los demás, pero la Emperatriz Virgen tenía un punto débil en su corazón
para la niña, y ayudó a Anna a escapar, por no decir una última despedida.
Por lo tanto, Anna y Hirondo tuvieron un reencuentro inesperado y glorioso en los
cuartos de la casa solariega donde se había exiliado de la servidumbre. Ella sabía en su
alma que estaban destinados a estar juntos.
Anna había quedado profundamente enamorada de aquel hombre y no podía imaginar
pasar su vida sin él, a pesar de su humilde tarea. Ahora que estaban juntos de nuevo, los
dos hablaban en voz baja sobre huir hacia Harmonthep, Chusuk, o algún otro mundo
remanso.
—No importa dónde, siempre y cuando estemos juntos —susurró ella, acurrucándose
a su lado en la cama.
Hirondo era de piel aceitunada con un físico sólido y ojos marrones que siempre
mantenían un dejo de tristeza. Le acarició el pecho desnudo, queriendo hacer el amor
nuevamente con él, pero parecía preocupado.
—Me gustaría irme contigo más que nada, Anna, pero nunca lo lograríamos. No
tengo dinero, ni recursos, ni contactos.
—Yo tengo todo eso, mi amor. De alguna manera, de alguna manera, lo haré. —Ella
no tenía ninguna duda; porque estaban enamorados, y todo saldría bien—. Tengo que
hacerlo.
Él negó con la cabeza.
—Tu familia nos cazará. Nunca funcionará. Son demasiado poderosos. Esta tiene que
ser nuestra despedida… pero nunca te olvidaré.
Ella lo fulminó con la mirada, por ser tan pesimista, preguntándose por qué todo el
mundo estaba tan firme en contra de dejarla ser feliz. De repente, consciente de su
desnudez, Anna giró fuera de la cama y se puso su ropa de nuevo, preguntándose si había
cometido un error. Había deseado a Hirondo tan desesperadamente, y ahora parecía que
no tenía columna vertebral. Muy bien, haría los arreglos por sí misma sin su acuerdo, y
demostraría a Hirondo que se podía hacer.
Sin previo aviso, la puerta de las habitaciones del servicio se abrió de golpe, y los
guardias Imperiales uniformados entraron corriendo, gritando órdenes, agarrando a
Hirondo mientras trataba de escabullirse. Fueron más suaves cuando se apoderaron Anna,
pero mantuvieron un agarre seguro sobre ella, sin embargo.
Sacudiendo la cabeza con triste decepción, Roderick entró detrás de sus protecciones.
—Anna, me esforcé por ayudarte, pero está fuera de mis manos ahora.
Ella luchó, tratando de correr hacia Hirondo, pero no podía liberarse.
—¿Cómo lo supiste?
—Es mi trabajo saber. Y tú dejaste un camino ancho.
Llevaron a Anna de vuelta al Palacio Imperial y la escoltaron directamente ante el
Emperador en su suite privada. Roderick se hizo a un lado con los brazos cruzados sobre

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

el pecho. Salvador vestía una túnica dorada y blanca de estado y parecía como si hubiera
estado en una sesión en el Salón del Landsraad. Miró a su hermana con una cara agria.
Anna cayó de rodillas delante de él, y se agarró su túnica.
—¡Por favor, Salvador! Permítanme demitir de mi título y huir con Hirondo. No
pediré dinero. Cambiaré mi nombre. ¡Estamos destinados a estar juntos!
Salvador miró hacia el cielo, como si pidiera ayuda, y luego estabilizó su mirada en
ella.
—Eso nunca sucederá. Eres una Corrino y siempre serás una Corrino. Nuestro padre
nos dijo que te cuidáramos. —Entonces habló como si fura la emisión de un decreto—:
Nunca volverás a ver a Hirondo Nef nuevamente.
—¡No lo mates! Por favor, no le hagas daño.
Salvador frunció los labios y se echó hacia atrás en su silla.
—Eso sería la solución más simple, pero él está por debajo de mí. Además,
encontrarías a algún otro para coquetear inapropiadamente. Matar Hirondo Nef no
resuelve el problema a fondo, querida hermana, cuando tú eres el problema. Nuestro
hermano tiene una idea mucho más razonable.
Roderick frunció el ceño, como si no le gustara que se le diera el crédito por la idea.
O por culpa.
—Estamos muy impresionados con Dorotea y las otras Hermanas en la corte real. Son
mujeres de refinamiento y sabiduría, y la Escuela de Rossak es una de las mejores del
Imperio. La solución es evidente.
Salvador tiró de la túnica de las manos de Anna, y la apartó.
—Te estamos enviando con la Hermandad, donde creo que se encuentra un propósito
en la vida. Tal vez con su formación hagas algo valioso y significativo, en lugar de perder
el tiempo en los delirios y las actividades sin sentido. Tienes que crecer. Ya no podemos
manejarte aquí en la corte.
Anna miró a Roderick en busca de ayuda, pero él negó con la cabeza y le dijo:
—Esto es lo mejor. Puede que no lo sepas ahora, pero un día agradecerás al
Emperador por su amabilidad.

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La adaptabilidad es la esencia de la supervivencia.


—Del Libro de Azhar

—A menos que sigan las instrucciones con cuidado, algunas podrán perecer durante el
ejercicio de hoy —dijo la Reverenda Madre a las acólitas reunidas en la superficie de la
copa del árbol polimerizado. Su sonrisa no cargaba una pisca de humor—. Lo mismo
puede decirse de muchos aspectos de la vida: Si no tienen cuidado, podrían morir.
Mientras que las jóvenes estudiantes vestían de color verde pálido, la Reverenda
Madre Raquella llevaba un leotardo negro, al igual que Valya y la otra asistente
supervisora, la Hermana Ninke, una mujer fornida y musculosa, con un rostro severo y
manchas de color gris en su cabello castaño rojizo, aunque sólo tenía treinta y cuatro
años.
Ninke llevaba una copia encuadernada del manual de la Hermandad recientemente
compilado, de las filosofías y religiones, el Libro de Azhar. A veces, a la Reverenda
Madre le gustaba citar el libro durante la instrucción en el aula. A pesar de que sin duda
sabía cada palabra en el texto, Raquella también creía en el poder de la formalidad y los
ritos, ayudándola a consolidar la profunda importancia de la recopilación filosófica.
Los estudiosos de la Hermandad habían recopilado el Libro de Azhar en medio de los
disturbios de la CTE y el escándalo sobre la imposición de gran envergadura de la Biblia
Católica Naranja. El compendio de creencias y esoterismos era una respuesta privada
solamente a la Biblia Católica Naranja, aunque a las mujeres se les negaran los vínculos
religiosos.
Rossak era más que una escuela, con los puertos espaciales de larga data y ciudades
acantilado antiguas que ya habían sido requisadas por Raquella y sus seguidoras. Por
ahora, sus egresadas contaban por decenas de miles. Después de las que Hermanas
terminaran el entrenamiento, algunas regresaban a sus mundos originales para aplicar sus
nuevas habilidades, demostrando el valor de la formación de Raquella. Algunas mujeres
de la Hermandad entrenadas activamente viajaban por todo el Imperio para reclutar para
la escuela, manteniendo los ojos abiertos para nuevas y dignas estudiantes. La mayoría de
las Hermanas, sin embargo, permanecían en Rossak para unirse a las crecientes filas de
las mujeres avanzadas en lo que había llegado a ser no sólo una escuela, sino una orden
de fortalecimiento de adeptas a una nueva forma de vida.
Cuando Valya había entrado por primera vez la Escuela Rossak como una acólita de
dieciséis años de edad, muchas de las palabras en el léxico de la Hermandad le habían
sonado tan místicas, con raíces en los embrujos de las hechiceras originales. Recordó
encontrar todo aquello muy emocionante y misterioso… a diferencia de cualquier cosa en
su vida aburrida en Lankiveil.
Atrapada en aquel planeta remanso con pocas esperanzas de progreso, Valya
Harkonnen había tomado la decisión de convertirse en una luchadora superior, para poder

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

mantenerse firme frente a las amenazas. Ella y su querido hermano, Griffin, habían
participado en el boxeo tradicional, en lucha libre y en partidos de artes marciales. Él era
más alto y más fuerte, pero no tenía la velocidad, el engaño, y la imprevisibilidad de ella,
de modo que lo derrotó muchas más veces… lo que le ayudó mejorar, como ella lo hacía.
Ni Valya ni Griffin parecían formidables combatientes, pero estaban engañosamente
especializados y la «normalidad» de su aspecto a menudo hacía que sus oponentes
bajaran la guardia. Desde que se había unido a la Hermandad, Valya había aprendido aún
más las técnicas de control de su cuerpo, los músculos y los reflejos. Sabía que la
próxima vez que discutiera con Griffin, él estaría muy sorprendido.
Ahora, el nuevo grupo de acólitas se amuchaba en las copas de los árboles
pavimentadas. Miraban al precipicio cortado en el dosel alto, al igual que un cañón
tallado por ramas y hojas entrelazadas.
—Durante la manifestación de hoy, demostraremos lo poderosas que las mujeres
podemos llegar a ser —dijo Raquella, la de cabello gris, mirando hacia arriba como
Karee Marques y otras tres hechiceras de sangre pura, preparadas para impresionar a las
acólitas. Valya había visto la demostración muchas veces antes, pero se sentía
impresionada y entristecida, como siempre.
Aquellas últimas supervivientes de las mujeres más poderosas de Rossak exhibían
notables talentos, en muchos aspectos superiores incluso a la capacidad de la Reverenda
Madre Raquella, centrando el control sobre su cuerpo hasta la célula más pequeña. Valya
se sintió decepcionada y desanimada porque nunca podría tener tales poderes sin poner
en riesgo el proceso de transformación. Y hasta el momento, las pruebas para crear
nuevas Reverendas Madres habían sido un callejón sin salida.
Karee Marques dijo:
—Una vez, las hechiceras de Rossak eran temidas en gran medida, las mujeres más
poderosas de la antigua Liga de Nobles. Sin nuestras facultades mentales, la raza humana
no podría haber sobrevivido a la guerra contra los cimek.
Las tres hechiceras a un lado encresparon sus manos en puños cerrados vagamente.
Sus cabellos comenzaron a flotar libremente, lleno de energía de electricidad estática. Las
hojas plateadas-púrpura en el borde de la cubierta forestal aplanadas comenzaron a
moverse como si estuvieran vivas… como si huyeran. La cabeza de Valya empezó a latir
con la presión. Preocupadas por la ola de poder, dos pájaros polilla graznaron y salieron
volando, batiendo sus alas iridiscentes.
—Las hechiceras eran capaces de matar cimek con sus poderes psíquicos, hervir el
cerebro dentro de sus contenedores de preservación. Y como eran blindados, no lo podían
soportar. —El rostro de Karee se elaboró, la cepa tirando de los tendones en su apretado
cuello—. Pero cada victoria contra los cimek costaba la vida de una hechicera. Las más
poderosas causaban el mayor daño, pero para el final de la Yihad, la mayoría de las
hechiceras que vivieron se habían sacrificado. El linaje se diluyó… y aquellas de nosotras
aquí en la Escuela somos todas las que quedan.

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Junto en un silencio sobrecogedor, el grupo de hechiceras se levitó a sí mismas,


elevándose desde el dosel pavimentado como si fueran cargadas por suspensores, pero lo
hacían todo con su mente, manteniendo los ojos cerrados.
Valya permaneció en silencio, mirando con asombro. Oyó a las acólitas jadear.
—Esto es sólo un indicio del potencial de cada ser humano —dijo la Reverenda
Madre Raquella—. A través de un estudio cuidadoso de los registros genéticos en nuestra
base de datos de cría, hemos sido capaces de eliminar el potencial de muchos terribles
defectos congénitos. Una vez, un gran número de nacidos fueron arrojados a la selva,
genéticamente inferiores, horriblemente deformados. Eso ya no sucede. —Los labios de
la anciana acompañaron su ceño fruncido—. Pero las hechiceras rara vez nacen ahora.
Karee y las otras hechiceras flotaron hacia abajo hasta el dosel y, relajadas, dejaron a
un lado su intensa concentración que se había acumulado como un zumbido telepático en
el aire. Valya sintió retroceder el dolor en el interior de su cráneo.
Notó que todas las hechiceras tenían los ojos abiertos ahora, y emitían un suspiro
simultáneo.
—Deben alcanzar cada una su propio potencial —dijo Raquella a las acólitas
fascinadas—. Deben trabajar con nosotras para encontrarlo.
—Sin las máquinas; sólo usaremos lo que se encuentra en nuestros corazones y
mentes —dijo una nueva acólita llamada Ingrid, que había llegado de la fortaleza
Butleriana de Lampadas. Había sido recomendada por la Hermana Dorotea, que ahora
servía al mismísimo Emperador Salvador Corrino.
Raquella paseó por las acólitas reunidas. Sus ojos azules estaban húmedos cuando las
tuvo frente a frente.
—Respondan a esto: ¿de qué manera somos lo seres humanos mejores que las
máquinas?
—Creando —respondió una de las acólitas inmediatamente.
—Adaptándose.
—Previendo.
Ingrid elevó la voz:
—¿Amando?
Valya no estaba segura de si le gustaba esa nueva Hermana. Ingrid era intensa y
parecía no escuchar bien. Había llegado a la escuela con demasiadas opiniones inflexibles
y tenía una tendencia a dejar escapar lo que estaba en su mente. Y, ahora que la
Reverenda Madre Raquella había confiado a Valya con el secreto de los equipos
reproductores, hizo que sospechara de la joven o de cualquier persona con vínculos tan
cercanos a los Butlerianos.
La Reverenda Madre se puso de lleno en frente de la nueva e ingenua acólita.
—¿Se tiene en cuenta al amor como una ventaja humana?
—Sí, Reverenda Madre. —Ingrid parecía nerviosa.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Sin previo aviso, Raquella abofeteó con fuerza su rostro. Al principio Ingrid pareció
confundida, chocada, y dolida; entonces su cara enrojeció de furia. El calor se encendió
en sus ojos mientras trataba de controlar su temperamento.
Con una sonrisa, Raquella se relajó y dijo:
—El amor nos puede diferenciar de las máquinas pensantes, pero no es
necesariamente una ventaja. ¡Durante la Yihad, no derrotamos Omnius con amor! El
odio, ahora, eso es otro asunto, ¿no es así? —Se acercó más—. Todas lo vimos en sus
caras cuando llamó la atención. ¡El odio! Esa es la emoción que nos permitió derrotar a
las máquinas. El odio controlado. Ese es un concepto para entender, pero uno muy
arriesgado.
Ingrid no tuvo miedo de hablar:
—Y la fe. Con el debido respeto, Reverenda Madre, el odio por sí solo no nos llevó a
la victoria. Teníamos fe en nuestra causa justa, y el amor creó todos esos mártires
dispuestos a sacrificarse por sus familias, sus amigos, e incluso para los extraños. La fe,
Reverenda Madre, la fe. Y el amor.
Raquella parecía decepcionada de la joven.
—Eso puede ser lo que Manford Torondo enseña a sus seguidores, pero ahora estás
en la Hermandad. Tu perspectiva debe cambiar de aquella aceptación ciega de lo que sea
que los Butlerianos dicen.
Ingrid volvió la cabeza hacia atrás, como si hubiera oído un sacrilegio, pero la
pregunta sobre las ventajas humanas era un ensayo para lo que Raquella deseaba enseñar.
Se dirigió al grupo de acólitas:
—Tienen que dejar de lado las creencias que celebraban antes de llegar a Rossak.
Permitan a sus mentes convertirse en una pizarra receptiva sobre la que vamos a inscribir
nuevas creencias, nuevas formas. Deben ser Hermanas primero, y todo lo demás segundo.
—¿No somos seres humanos primero? —preguntó Ingrid. Valya decidió que
definitivamente no le gustaba aquella joven y molesta mujer.
—Hermanas primero.
A una señal de Raquella, la Hermana Ninke abrió el Libro de Azhar y leyó un pasaje
preestablecido:
—«La primera pregunta que debemos hacernos cada día cuando nos levantamos, y la
última pregunta cada noche cuando nos retiremos, es la siguiente: ¿Qué significa ser
humano? Estas cuatro palabras son la base de todo nuestro comportamiento y esfuerzo. Si
no tratamos de responder a esto, ¿qué sentido tiene respirar o comer o ir vivir la vida de
cada día?».

***
Esa noche, un navío de abastecimiento llegó a Rossak con un mensaje de Salusa
Secundus, envuelto en empaque ostentoso.

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Valya estaba asistiendo a la Reverenda Madre en su cámara privada, de paredes de


piedra, cuando el cilíndrico mensaje llegó. Las habitaciones de Raquella estaban en la
parte más antigua de las cuevas, en una cámara que había pertenecido a la legendaria
hechicera Zufa Cenva.
Valya había estado escuchando a la anciana describiendo cómo las voces de los
recuerdos del pasado habían guiado sus planes para utilizar los registros de reproducción
computarizados para pastorear a la raza humana. Su voz siguió hablando:
—Las mujeres siempre han sido la fuerza impulsora detrás de la sociedad, sean o no
los hombres los que usan los mantos del liderazgo. Tenemos el poder genético innato
para crear, y a pesar de que el Imperio sigue tropezando en sus primeros pasos, si en
Hermandad puede extender su influencia, enviando más de Hermanas bien entrenadas
como consejeras, confidentes o esposas, entonces podemos proporcionar una base más
estable para las grandes casas de la Liga del Landsraad. —Raquella exhaló un largo
suspiro melancólico—. Ah, si tan sólo pudieras verlo tú misma, Valya. Incontables
generaciones contenidas en la memoria, la vida sobre la vida, que se extiende por todo el
paisaje agreste de la historia humana. La perspectiva es… ¡impresionante!
Valya observaba con curiosidad mientras una joven Hermana entregaba un paquete a
la Reverenda Madre. Raquella despidió a la chica, curiosa para estudiar el cilíndrico
mensaje sellado; Valya se ofreció a dejarla allí, pero la Reverenda Madre hizo un gesto
improvisado para que se quedara. Valya se sentó inmóvil, guardando silencio mientras
Raquella leía la hoja enrollada.
—Proviene de la hermana Dorotea.
—¿Noticias de la Corte Imperial? —Aunque se sentía muy cerca de la Reverenda
Madre Raquella, Valya todavía esperaba ansiosamente el día en que pudiera salir Rossak.
Esperaba que algún día que se la asignara a Salusa Secundus, donde pudiera hacer
conexiones de vital importancia con algún noble influyente y funcionarios Imperiales y
ayudar así a la Casa Harkonnen a recuperar su antigua posición. Podría incluso casarse
con una poderosa familia noble. Aparte de eso, tal vez podría obtener una posición con
Venport Holdings. La Hermandad le proporcionaba una gran variedad de opciones…
La frente de Raquella se frunció como un pergamino pálido mientras digería el
mensaje codificado; no parecía saber si sonreír o fruncir el ceño.
—El Emperador Salvador quiere que su hermana, Anna Corrino, se una a la
Hermandad. Algo que ver con un escándalo en la corte. Nuestra escuela ha recibido
instrucciones de aceptar a la niña como acólita. —La anciana miró a Valya, y levantó las
cejas—. Tiene tu edad.
Valya parpadeó sorprendida. A los veintiún años, era poco más que una niña
solamente.
—¿La hermana del Emperador? —preguntó—. Si se une a nosotras, nuestra escuela
ganaría visibilidad y prestigio… ¿pero está Anna Corrino calificada para convertirse en
una acólita?

LSW 102
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No es una petición. —La Reverenda Madre dejó a un lado el mensaje—.


Necesitamos hacer arreglos para traerla en el próximo plegador espacial desde Salusa.
Como Reverenda Madre viajaré allí yo misma para recibir a la princesa Corrino a nuestro
cuidado. Sus rangos demandan que hagamos todo lo posible para que se sienta valorada y
bienvenida. —Miró a Valya, considerando y tal vez escuchando las voces no audibles
dentro de su cabeza. Llegando a una decisión, sonrió—. Y quiero que me acompañes.

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Uno puede dibujar mapas de planetas y continentes con una precisión extrema, pero el mapa de la vida contiene
terrenos inexplorados.
—ABULURD HARKONNEN, memorias de Lankiveil

A media tarde, la aguanieve se detuvo y el cielo se aclaró, un recordatorio un tanto burlón


de cómo podría llegar a ser agradable Lankiveil. Envuelto en su campera de abrigo de
piel de ballena, Griffin Harkonnen vio a los pescadores arrastrando su arte fuera de los
verdaderos; sabía que les tomaría hasta casi la noche para tener los navíos listos, pero él
los admiraba por intentarlo.
Había ido con respecto al presupuesto y las proyecciones fiscales, y sabía lo mucho
que el duro invierno había dañado a la economía. Varios muelles necesitaban ser
reparados, y una avalancha había cerrado una de las vías a través de las montañas. Algún
día, a través de sus propios esfuerzos, esperaba que el tesoro planetario creciera lo
suficientemente fuerte como para permitir a su pueblo a hacer algo más que ganarse la
vida en tiempos difíciles.
Levantó la vista cuando un rugido lleno de humo partió el cielo: un servicio de
transporte de baja órbita, la nave de suministro regular que llevaba paquetes de útiles
caros, documentos formales, despachos de correo y comunicados de prensa de Salusa
Secundus. No esperaba una respuesta, sin embargo, del examen gubernamental que había
tomado, ya que la burocracia y las aprobaciones molían lentamente al papeleo
administrativo. Pero pronto, cuando recibiera los resultados de las pruebas que sabía que
había pasado, se convertiría en un representante de pleno derecho en el Landsraad, y la
relación del proxy de mal gusto podría ser terminada.
Después de aterrizar el transbordador, Griffin fue a firmar la entrega, aunque algunos
de los nuevos capitanes querían específicamente la marca de Vergyl Harkonnen. Por
ahora, sin embargo, la mayoría de los capitanes de naves espaciales conocían al joven de
vista. Griffin marcaba la diferencia al conocer a cada uno de ellos, sin querer ignorar las
posibles conexiones.
Algunos de los buques que llegaban a los planetas distantes como Lankiveil eran
operados por la Flota Espacial VenHold, pero Celestial Transport hacía paradas más
frecuentes en aquel sector. Después de que el transbordador aterrizara en el pequeño
puerto espacial pavimentado, los manipuladores de carga locales salieron de sus casas,
listos para ayudar a descargar y distribuir los envíos de otros mundos.
Griffin fue profesional y cordial cuando salió a saludar al capitán del transporte, pero
el de otro mundo sonaba molesto mientras sostenía la hoja de manifiesto.
—¡Que planeta miserable! He estado en órbita desde la madrugada de ayer, pero las
nubes de tormenta eran gruesas como un escudo planetario. No creía que alguna vez
hubiera sido posible aterrizar. —Parecía estar culpando a Griffin—. Sus entregas y
despachos no son dignos de que mi nave se estrelle otra vez.

LSW 104
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No fue mi decisión vivir en este lugar abandonado —dijo Griffin, reprimiendo su
largamente sostenido resentimiento—. Nos alegra que usted lo lograra, capitán. Los
pronosticadores dicen que las tormentas se cerrarán de nuevo mañana.
—Oh, ya me habré largado para ese entonces, debido a los retrasos aquí. —Con un
gesto brusco, el capitán le entregó a Griffin un paquete de papeles diplomáticos y letras.
Mientras la tripulación y porteadores locales de suministros de la bodega de carga del
transbordador eran descargados, Griffin dejó los artículos marcados fuera el manifiesto,
transfiriendo entonces los fondos de la tesorería para pagar las entregas municipales. Le
ofreció hospitaldad al capitán, pero el hombre no quería ser nuevamente el anfitrión en
aquel momento de su confianza vacía. Unas nubes grises comenzaron a congelar todo
después de sólo una hora de tiempo claro.
Tan pronto como el transbordador se levantó en el cielo y terminó la supervisión de
que las cajas de carga se enviaran a los almacenes del puerto, Griffin llevó los
documentos de nuevo a la casa de madera oscura que compartía con su familia. En el
estudio colmado por el calor del fuego, se sentó de nuevo y buscó a través de los
paquetes, con la esperanza de pasar el resto del día realizando negocios.
Debido al hecho de que Lankiveil estaba tan aislado, siempre estaba feliz por los
despachos informativos del Imperio. Anhelaba, pero no esperaba, una carta o una
holograbación de su hermana, a la que rara vez se le permitía escribir. Una clasificación
rápida de los paquetes dio lugar a la decepción: nada de ella, y ningún documento de
aprobación que lo nombrara representante planetario de Lankiveil en el Landsraad.
Tampoco encontró un despacho de su tío Weller con una actualización de su progreso de
planeta en planeta, por los nuevos acuerdos comerciales para la piel de la ballena.
Con el creciente disgusto, vio que la pila contenía sólo los informes de gobierno,
algunas indagaciones comerciales, y un documento de aspecto oficial de las oficinas de
Celestial Transport. Al entrar en la habitación para saludarle, su padre echó un vistazo a
través de la correspondencia, pero no vio nada que le interesara, y se fue a consultar con
el chef de la cena.
Griffin se abrió camino a través de la pila. Luego, cuando abrió el envío de CT, sintió
un escalofrío como un lavado de rociado helado acurrucándose sobre la proa de un barco
de pesca. La carta comenzaba con aquellas dos palabras que siempre habían significado
noticias catastróficas a lo largo de la historia:
«Lamentamos informarle…».
El buque comercial plegador espacial que llevaba como pasajero a Weller Harkonnen,
junto con todo el cargamento de pieles de ballena de Lankiveil, se había perdido en el
camino hacia Parmentier. Debido a un fallo en la navegación, todos los bienes y pasajeros
habían desaparecido en algún lugar en el espacio profundo. Eran considerados
irrecuperables.
La carta continuaba:
«El viaje espacial a través de distancias tan grandes y las rutas mal cartografiadas
han sido siempre un asunto arriesgado, y los accidentes ocurren inevitablemente.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Celestial Transport está tratando de trabajar a través de esta dificultad, y le


agradecemos su paciencia en este asunto. Permítanos expresar nuestras más sinceras
condolencias personales».
La carta llevaba la firma replicada de Arjen Gates, director de la empresa. Griffin
sabía que debía haber enviado más de un millar de cartas similares a los familiares de los
otros pasajeros. Una declaración de renuncia y descargo de la responsabilidad estaba
adosada como una referencia en la documentación original de embarque que Griffin
había firmado cuando contrató el transporte.
Weller se había ido, y la carga con él. Al principio, Griffin pensó más sobre la
pérdida de su querido tío, entonces, mientras leía el envío otra vez, también comenzó a
comprender la gravedad del golpe en la tesorería Harkonnen. Habría muy poca
compensación, sólo un pago mínimo que se había descrito en la letra pequeña de la carta
de porte. Griffin había invertido gran parte de su patrimonio familiar en el negocio de
venta de piel, y la Casa Harkonnen tardaría décadas en recuperase de aquello. Su plan
cuidadosamente orquestado para expandir a los Harkonnen mediante la influencia
comercial se había derrumbado en el vacío del espacio inexplorado.
Como en un sueño, Griffin oyó a su padre alegremente silbando en la cocina. Vergyl
y el chef de la familia tenían tan buena relación. El joven se sentó atónito y en silencio
por un largo tiempo, sin querer destruir la felicidad de su padre. Esperaría hasta el día
siguiente antes de decírselo a los demás.
Cuando Valya se enterara de la noticia, sin duda encontraría alguna forma de arrastrar
la culpa de nuevo hacia Vorian Atreides. Griffin, sin embargo, comenzó a preguntarse si
la familia Harkonnen estaba maldita.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Una tormenta en el desierto deja muchas cicatrices, pero borra muchas otras.
—Un dicho de los Freemen de Arrakis

Luego de haber extraído toda la información que aquel piloto del mercado negro pudo
dar, Ishanti pasó dos semanas de instrucciones sobre las actividades silenciosas del
desierto. Pronto se encontró con varias operaciones ilícitas de recolección de especia.
El jefe de los cazadores furtivos, Dol Orianto, había hecho comentarios jactanciosos
en los bares de Arrakis City. Parecía pensar que no había nada de qué preocuparse.
—Este planeta es lo suficientemente grande para la competencia; hubo un montón de
operaciones de melange independientes durante la fiebre de la especia. ¡Venport no posee
el mundo entero! —había reído Orianto, y sus trabajadores con él.
El pequeño puesto de avanzada industrial en las montañas sobre Carthag era evidente
y sin defensa, y los equipos VenHold se lanzaron sobre él. El ataque había terminado
rápidamente, e Ishanti y sus cuarenta aeronaves de combate se alejaron del puesto de
avanzada industrial, dejando en ruinas humeantes a los edificios tras de sí, y cuerpos
carbonizados esparcidos en las rocas. Los silos de almacenamiento de especia
permanecieron intactos. El Director Venport había sido firme en que la mezcla de
contrabando era demasiado valiosa para ser desechada en un ataque de resentimiento.
Al principio, Ishanti había considerado dejar a uno o dos de los cazadores furtivos
vivos para que pudieran enviar un sombrío informe a Arjen Gates y Celestial Transport.
En lugar de ello, grabó las imágenes del ataque, decidiendo que un sencillo paquete de
mensaje haría un trabajo mejor. De esa manera podían controlar el mensaje.
Ahora, en el interior del habitáculo ruidoso del transbordador, Ishanti gritó a sus
compañeros, la mayoría mujeres Freemen guerreras, por encima del repiqueteo de las alas
articuladas.
—Una vez que terminemos aquí, salvaremos el equipo y recuperaremos la especia
como un regalo especial. —Secretamente, también enviaría un mensaje de inmediato al
Naib Sharnak en el asentamiento del desierto profundo, informándole a su pueblo que si
se movían rápidamente podrían llevarse todos los cuerpos para recuperar el agua antes de
que nadie notara la diferencia.
Ishanti había tenido cuidado al capturar a Dol Orianto con vida, para ue el hombre
horrorizado pudiera ver la masacre de sus tripulantes. Atado y tirado en la cubierta como
una pieza de carga descartada, Orianto se retorcía y luchaba, pero cada vez que intentaba
cumplir su objetivo, los enlaces del hilo shiga atados alrededor de sus muñecas, piernas y
garganta, trazaban líneas de sangre en la carne.
—No hay nada que puedas decir para salvarte a ti mismo —dijo Ishanti con voz fría,
de cuclillas junto a él—. Piensa con cuidado ahora en la única decisión que te queda, tu
decisión más importante: ¿Cómo morirás? ¿Con valentía, o como un cobarde?

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Brian Herbert
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Él no respondió. Las lágrimas caían de sus ojos… Una enorme pérdida de agua,
pensó, pero todo su cuerpo era una pérdida de agua. Aún así, algunos mensajes eran
necesarios y, en el gran esquema de las cosas, eran más importantes que unos pocos litros
de agua.
Ya le había entregado al piloto el rumbo, y la aeronave voló por encima de las nubes
de polvo. Ishanti había estudiado las lecturas para encontrar la tormenta de Coriolis más
cercana. Estaban a menos de una hora de distancia.
Cuando Dol Orianto no respondió a su pregunta, ella se echó hacia atrás y se fue en
silencio. El jefe cazador furtivo gimió, pero no rogó por su vida; le dio crédito por eso.
El piloto, un experto en los patrones climáticos de Arrakis, los guió en un remolino de
nubes y polvo. A partir de los puertos sellados, los pasajeros pudieron ver ahí abajo una
boca espantosa. El vórtice de vientos huracanados infundió temor en los habitantes del
desierto. Visualizando aquella gigantesca tormenta ahora desde arriba, incluso a una
altitud segura, a Ishanti le resultó imponente, intimidante, y hermosa de alguna manera.
Pero no era bella para Dol Orianto.
Cuando estaban directamente sobre el huracán de arena, el piloto rodeó e hizo una
señal desde la cabina. Ishanti se levantó de su banco de metal duro, agarró al cazador
furtivo por los hombros y lo arrastró por los pies. Estaba temblando.
—Hay cosas que se tienen que hacer —dijo, a modo de disculpa. Josef Venport había
dejado sus deseos muy en claro—. Otros lo llamarían una muerte gloriosa.
Ella y sus compañeros aseguraron sus arneses a la pared interior para no ser
succionados cuando la escotilla se abriera. Orianto se retorció con más fuerza, tratando de
escapar, pero el endurecido hilo shiga cortó sus muñecas, y sus venas derramaron sangre.
Ishanti cerró los ojos, pronunció una breve oración, y lo lanzó a través de la escotilla.
El hombre cayó de cabeza en el cielo, hacia la boca abierta de la tormenta de Coriolis.
Se redujo a tan sólo un pequeño punto mucho antes de que la vorágine se lo tragara. Sí,
algunos podrían llamar a eso una muerte gloriosa.
Cerró la escotilla de la aeronave e hizo una seña al piloto.
—Tenemos todas las imágenes que necesitamos. Ahora, llévanos de regreso a Arrakis
City Tengo un informe que realizar.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La práctica puede llevar a un estudiante muy lejos. Pero para avanzar en verdad, deberá experimentar la
realidad.
—GILBERTUS ALBANS, manual del Mentat

La escuela Mentat aceptaba sólo a los candidatos más talentosos, y en las décadas que
Gilbertus Albans había dirigido la instalación, varios de sus alumnos se habían destacado
en los programas más rigurosos, avanzando más rápido que sus compañeros. Sus mentes
eran eficientes y organizadas, avanzadas, afiladas… verdaderos equipos humanos.
Erasmo estaba muy orgulloso de ver su influencia.
Actualmente, el mejor estudiante de la escuela, sin duda el mejor de la historia, era
Draigo Roget. Draigo había superado incluso a la mayoría de los instructores Mentats en
sus habilidades, un hecho que no se le escapó al mismo joven, que a veces demostraba
demasiado alto su ego. Hacía sólo cinco años, Draigo había llegado a Lampadas, pasado
las pruebas de calificación y examen de ingreso, y pagado su considerable cuota como un
regalo de un benefactor anónimo.
Gilbertus nunca había conocido a alguien tan brillante, y ahora estaba casi terminando
Draigo con todo lo que la escuela Mentat podía enseñarle. Se graduaría con el siguiente
grupo en un mes, y Gilbertus le había pedido que considerara quedarse en Lampadas
como instructor, pero Draigo fue evasivo.
Esa mañana se reunieron en una sala de juegos de guerra ovalada; la habitación era lo
suficientemente grande para dar cabida a cientos de estudiantes, pero ahora sólo los
contenía a ambos. Las ventanas de todo el perímetro de la sala mostraban parte del
edificio y los destellos de las aguas verdosas del lago pantanoso silueteaban en las
paredes azules, brillando bajo la luz del sol.
El par de Mentats, sin embargo, tenían sus atenciones permanentemente dedicadas a
batallas espaciales imaginarias.
Se sentaban en unas sillas altas y participaban en un concurso, cada uno controlando
una flota de guerra holográfica a través de una carrera táctica de obstáculos llenos de
asteroides, pozos de gravedad, contratiempos en el tejido espacial, objetivos inciertos.
Con sus mentes, Gilbertus y Draigo intentaban realizar escaramuzas, lanzar flotas de
guerra simuladas el uno contra el otro, persiguiendo una guerra imaginaria a la velocidad
del pensamiento.
Moviéndose apenas en sus sillas, hacían movimientos de los dedos que eran
interpretados por los sensores de movimiento y se transmitían al mecanismo. Gilbertus
nunca demostraría aquel sistema a Manford Torondo, a pesar de que, técnicamente,
aquello no era tecnología prohibida, ya que no podía funcionar sin una guía humana.
Las batallas espaciales simuladas agitaban el aire entre ellos, los movimientos de los
buques eran tan veloces, que las imágenes se tornaban borrosas. Los buques de guerra
eran como las piezas de un juego, enredado dentro de un sistema solar lleno de gente. Los

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compromisos complejos tuvieron lugar entre las lunas o gigantes de gas, cerca de
planetas habitados, o fuera en la nube cometaria distante. Los códigos de color
distinguían los lados, rojo contra amarillo, batallas en las batallas.
En el transcurso de una hora, hablando apenas una palabra, Gilbertus y Draigo ya
habían luchado once batallas, y ahora el tiempo aumentaba. Salvo en sus intensos
ejercicios con Erasmo, el maestro Mentat nunca se había enfrentado a un tal desafío.
Todavía tenía una ventaja sustancial sobre Draigo, pero su alumno lo estaba alcanzando.
En la escala de tiempo comprimida de la simulación, los sistemas solares enteros
podrían perderse en segundos. Cada Mentat podía imaginar planes de batalla,
desplegando dos o tres órdenes en cuestión de segundos, cuyas consecuencias se
desarrollaban en sus mentes. Gilbertus había enseñado esas técnicas, pero pocos de sus
alumnos habían comprendido el amplio campo de visión de la filosofía de la Gestalt: una
reestructuración de la percepción para abarcar la totalidad, en lugar de sus partes
individuales.
Gotas de sudor cubrían la frente de Gilbertus.
Invisible, el núcleo de memoria de Erasmo asistió a la partida a través de los sensores
ocultos. El núcleo de circuitos gelificados del inquieto robot necesitaba una pequeña
dosis de libertad. Gilbertus tenía previsto la construcción de una forma física para que el
robot independiente pudiera recuperar la movilidad. Algún día. Con su excepcional
inteligencia, Erasmo necesitaría estimulación constante. El núcleo del robot se había
ofrecido ayudarle en las simulaciones de juegos de guerra contra Draigo, pero Gilbertus
se había negado a cruzar esa línea moral.
—Hacer trampa —lo había llamado.
—Mejorar tus posibilidades —contrarrestó Erasmo—. Aumentar tu ventaja.
—No. Sólo observará; eso es todo.
Al presenciar el rápido progreso de su alumno estrella jugando aquel juego con él, sin
embargo, Gilbertus comenzó a tener dudas…
Mientras que los hombres permanecían concentrados en su simulación, sentados uno
frente al otro, Gilbertus habló a su discípulo:
—Continúas mejorando, pero nunca hay que olvidar que siempre hay elementos
imprevistos en la batalla. Factores aparentemente pequeños e insignificantes, pero
posiblemente de gran importancia, cosas que no se pueden planificar. Permanece alerta,
evalúa cada situación rápidamente, y toma las medidas adecuadas.
—Usted está tratando de distraerme, señor. —Las cejas negras de Draigo estuvieron a
punto de juntarse en medio de la concentración, y su mirada oscura estudió el conflicto
espacial simulado.
Unas altas conversaciones interrumpieron a los competidores cuando unos estudiantes
abrieron las puertas de la cámara y entraron para su clase programada. Sorprendido por la
interrupción, Draigo crispó, esparciendo su flota proyectada alrededor del campo de
batalla virtual. Gilbertus podría haber aprovechado la oportunidad para asegurar una
victoria entonces, pero pausó el juego.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Elementos imprevistos, como este, por ejemplo —dijo.


Draigo se recuperó.
—Entiendo. ¿Vamos a terminar?
—Muy bien. Un Mentat debe aprender a concentrarse en todas las circunstancias.
Gilbertus reanudó la simulación mientras los estudiantes Mentat se reunían para
observar el espectáculo, pero en su conciencia debía poner fin a esa batalla privada y dar
a los demás alumnos la atención que merecían. En el fragor de la batalla, Gilbertus
intencionalmente amainó y esperó a que su oponente se moviera dentro para la matanza.
Al notar el cambio de mentalidad de su instructor, sin embargo, Draigo se recostó en
su silla alta con una mirada de disgusto. Dejó que su propia fuerza colapsara y fuera
golpeada por la fuerza paralizada de Gilbertus. Con un suspiro, el joven se desactivó a sí
mismo de los controles del juego de guerra.
—No quiero ganar de esa manera.
Gilbertus se levantó y se estiró.
—Pronto no tendrás que hacerlo.
El joven había ganado casi el cuarenta por ciento de las batallas.

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De una pequeña semilla puede crecer un árbol poderoso, capaz de soportar las más severas tormentas.
Recuerden, Rayna Butler era tan sólo una niña febril y enfermiza cuando comenzó su cruzada… ¡y miren lo que
ha crecido de ella! Yo no soy más que otro árbol en el bosque de las firmes creencias que Rayna plantó. Mis
seguidores no se doblegarán a los caprichos de los no creyentes que luchan contra nosotros.
—MANFORD TORONDO, el único camino

A pesar de que su importante trabajo lo llevaba a través del Imperio, Manford disfrutaba
de los raros momentos de paz en su propio hogar en compañía de Anari. Las sencillas y
saludables personas de Lampadas se habían establecido en unas pequeñas granjas,
cultivando sus propios alimentos, haciendo sus propias telas, y viviendo una existencia
satisfecha sin monstruosidades artificiales: sin esclavitud por las máquinas o dependencia
de las muletas de la tecnología.
La mente del hombre es sagrada.
La cabaña de Manford había sido construida de labrar y mortero, enmarcada con
maderas cortadas a mano y formas hechas con herramientas manuales. Sus seguidores
habían levantado la casa para él, y si lo hubiera deseado, le habrían construido un palacio
más magnífico que el del mismísimo Emperador, pero la idea era tan contraria a la
filosofía y los deseos de Manford que le echaba en cara a cualquiera que se atreviera a
sugerirlo. Su acogedora casa era perfecta, cuidadosamente decorada con tejidos hechos a
mano, adornada con pinturas hechas por sus seguidores. Los voluntarios plantaron flores
en frente de la casa; jardineros cortaban sus vallados; paisajistas establecían los caminos
de piedra. La gente le preparaba comidas al horno y se las cocinaban para él, con tal
generosidad que nunca podría comer todo, y por eso lo compartía.
Su corazón se hinchaba al ver una prueba positiva de que los seres humanos podían
ser felices sin aparatos, equipos o sofisticada, y malvada, tecnología. Los Butlerianos
trabajaban más duro, comían mejor, y eran generalmente más sanos que los que buscaban
tratamiento constante de médicos y medicinas.
El Imperio poseía muy pocos mundos como aquel, y su movimiento aún tenía mucho
que hacer. Más allá de simplemente aplastar los vestigios de los robots de combate y los
buques de las máquinas pensantes, tenía que hacer batalla constante contra una
mentalidad de dependencia.
Pero no esa noche. Envió a sus seguidores lejos, dándoles las gracias por su
compañía, pero insistiendo en que necesitaba su soledad para descansar y meditar. Sólo
Anari Idaho permanecería con él, como siempre.
Se sentaba apoyado en sus cojines, viéndola realizar sus tareas. Sabía que, si
chasqueaba los dedos, un sinnúmero de otros se apresurarían a satisfacer todas sus
necesidades: lo depositaban en un palanquín, le daban de comer, mantenían su casa, y le
atendían obsesivamente. Pero nadie era como Anari. Manford no habría sobrevivido sin
ella. Cuidaba muy bien de él.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La Maestro Espadachín añadió otro tronco cortado ante el fuego de la pila de leña
fuera de la casa (había leña suficiente para donar un centenar a personas durante un año).
Por la noche fría del otoño, a Manford le gustaba tener las ventanas abiertas para que el
aire fresco ingresara, y así Anari mantenía el fuego encendido; incluso se despertaba cada
tanto para agregar leña a lo largo de la noche. En la cocina, ya había puesto hervidores de
agua en la estufa para calentar el baño para Manford. Anari nunca se había quejado de las
tareas serviles, de hecho, de vez en cuando tarareaba debido a que estaba tan contenta con
su vida, tan feliz de cuidar de él.
Pasó junto a él ahora, llevando la segunda palangana de latón. Podía oler las hojas
aromáticas resinosas que había impregnado en ella.
—El baño está casi listo. Volveré por ti.
—Yo puedo ir a mi baño por mí mismo —dijo él.
—Lo sé. Pero me encanta hacer cosas por ti. —Ella sonrió suavemente y salió de la
habitación.
Mientras Anari se iba, él se levantó en sus poderosos brazos y los utilizó como
piernas para caminar por la habitación patas arriba, donde se tomó de una de las
numerosas barras paralelas que se habían instalado a su altura, que le ayudaban a
mantener el equilibrio cuando se movía en torno a la casa por su cuenta. A pesar de haber
perdido la mitad de la altura de su cuerpo, se ejercitaba regularmente con lo que quedaba.
Nunca se rendiría a la impotencia, pero parecería certero si se dignificaba en público.
Dejaba que la gente le ayudara cuando era necesario, pero no estaba tan paralizado como
la gente creía estaba.
Oyó a Anari verter la palangana en la bañera del cuarto de al lado, después de lo cual
regresó a donde había estado sentado sobre sus cojines. Anari vio que había cruzado la
habitación sin ella, le dio una breve expresión de desaprobación, luego se agachó y
extendió un brazo.
Se deslizó en su fuerte abrazo, envolviendo un brazo alrededor de los hombros para
sujetarse a sí mismo en posición vertical. Anari lo llevó a lo largo de sus caderas, como
una pareja de enamorados caminando por la calle, salvo que ella hacía de los pies de
ambos. Apoyándolo contra ella, se inclinó y hundió su palma en el agua para comprobar
la temperatura. Viendo que era adecuada, le quitó la camisa y las envolturas a Manford, y
entonces lo puso en la bañera.
Cerró los ojos y suspiró. Anari tomó un trapo deshilachado y comenzó a lavarlo.
Nunca daba indicación alguna de que se trataba de una tarea. Él la dejaba continuar. No
se sentía incómodo de ser el centro de las atenciones de Anari, porque le hacía sentir que
estaba en un lugar seguro con ella, que podía confiar en ella completamente. Dejó que sus
pensamientos se alejaran, pero las pesadillas siempre estaban allí… ese terrible día de la
explosión que mató a Rayna Butler.
Manford siempre se preguntaba si de haberse podido mover más rápido, podría
haberla salvado de alguna manera. Había hecho un intento heroico, y fracasado, y eso le
había costado a sus piernas. Habría estado dispuesto a sacrificar cualquier cosa por ella.

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Incluso después de la derrota de Omnius, Rayna Butler había continuado su


movimiento antitecnológico, después conocido como el Culto de Serena. Luego de lanzar
su cruzada cuando era apenas una niña, milagrosamente sobreviviendo a las plagas de las
máquinas que mataron a toda su familia, Rayna nunca se desvió de su misión, hasta que
la bomba de un asesino la mató a la edad de noventa y siete años.
Los disturbios de la CTE fueron un punto de inflamación añadido a sus seguidores. El
alboroto contra la Biblia Católica Naranja no era precisamente el mismo que el deseo de
Rayna para sofocar la tecnología, pero los dos movimientos tenían objetivos similares.
Rayna Butler habría sido vieja, pero todavía era fuerte y carismática, y no se había
basado en la tecnología médica o en la melange o las drogas; había vivido hasta tal edad
porque era pura.
Manford se había unido a los Butlerianos como un entusiasta, idealista de quince años
de edad, después de huir de casa. Sabía que las máquinas habían acabado con la
población en el planeta natal de su familia hacía mucho tiempo, y a pesar de que Omnius
y los cimek habían sido derrotados décadas antes de su nacimiento, Manford todavía les
guardaba rencor. Era un joven apasionado que quería luchar mucho después de que los
combates terminaran.
Encajando entre los Butlerianos, le encantaba estar cerca de Rayna, escuchándola,
observándola. La adoraba como un estudiante que chocara contra un anciano profesor,
admirando la chispa y el brillo de sus ojos, el brillo de su piel de marfil pálida. A pesar de
que había perdido todo su cabello de niña debido a la plaga inducida de las máquinas,
Manford todavía veía su inmensa belleza.
Ella lo había destacado entre sus seguidores, y una vez, incluso le había dicho a
Manford que esperaba grandes cosas de él. Cuando le dio aquella respuesta avergonzada
de que él era demasiado joven para convertirse en un verdadero líder, Rayna respondió:
—Sólo tenía once estuvieron cuando recibí mi llamado.
A medida que el naciente Imperio se expandía, hubo quienes se resistieron a los
esfuerzos de las fuerzas de Rayna, los intereses empresariales protecnológicos,
poblaciones planetarias que se negaron a renunciar a sus comodidades. Durante uno de
sus mítines en Boujet, un planeta que estaba tratando de construir una base industrial y
tecnológica, un fanático protecnológico colocó una bomba, con la intención de matarla.
Manford, que había descubierto la bomba en el último minuto, corrió para proteger
Rayna, y había sido atrapado en la explosión. La vieja Rayna había muerto en sus brazos,
ensangrentada y sin embargo beatífica. Había levantado un dedo ensangrentado para
bendecirlo, diciéndole a Manford con su último aliento que continuara su buen trabajo.
Ahora, la idea le hizo estremecerse en el baño caliente. Todavía tenía pesadillas de
cómo había visto la luz desvanecerse de los ojos de Rayna mientras la abrazaba,
imaginándola brevemente como una mujer joven de nuevo. Estaba tan embelesado como
su muerte, y tan en estado de shock, que no se había dado cuenta de sus propias heridas
graves, su parte inferior del cuerpo destruido…

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Después, las turbas Butlerianas irrumpieron en las ciudades y las fábricas de Boujet,
quemando la mayor parte de la tierra y dejando a la gente allí sin tecnología, sin sus
comodidades, sólo cenizas. Habían vuelto al planeta a la Edad de Piedra.
Manford había asombrado a los médicos al sobrevivir al trauma, y tenía la bendición
de Rayna como su armadura y su espada. Una de sus posesiones más sagradas era un
trozo de tela manchada de sangre retirado de su cuerpo el día de su muerte. Llevaba el
tejido rasgado en todo momento, dándole fuerzas.
Anari comenzó a trabajar sus músculos anudados con los dedos, masajeando sus
hombros. Mirando hacia abajo a Manford mientras removía en el agua con infusión de
hierbas, preguntó:
—¿Estás pensando en Rayna de nuevo? Puedo verlo en la mirada en tu rostro.
—Rayna está siempre conmigo. ¿Cómo puedo dejar de pensar en ella?
Anari lo sacó del agua y suavemente lo secó con la toalla, y luego lo vistió de nuevo.
Mientras lo sostenía con sus fuertes brazos, él inclinó su cabeza sobre la de ella.
—Llévame junto a mi escritorio cerca de la cama. Y una luz de una vela. Me gustaría
leer antes de irme a dormir.
—Como desees, Manford.
Cuando lo dejó solo, se sentó ante las copias de los diarios impresos encuadernados y
cuadernos escritos de laboratorio por el atroz robot Erasmo. Se habían recuperado las
copias de seguridad de los peligrosos documentos en los restos de Corrin, pero se
mantenían bajo llave. Diarios pésimos, proporcionando una ventana a la mente de un
monstruo. Ahora Manford estudiaba las páginas, asqueado por lo que el retorcido robot
había escrito. Era como hacer frente a las palabras de un demonio, y cuanto más leía, más
se horrorizaba. El orgullo de las máquinas pensantes en sus torturas y crímenes se
mostraba a través de las cuentas de pedantes. Los comentarios enfriaban el alma de
Manford.
«Las máquinas poseen la paciencia que los seres humanos nunca podrán alcanzar»
había escrito Erasmo. «¿Qué es una década, un siglo, un milenio para nosotros?
Podemos esperar. Y si creen que nos han derrotado, que sigan confiando. Los seres
humanos crearon máquinas pensantes en primer lugar, y estas se convirtieron en sus
amos. Incluso si tienen éxito en la erradicación de todas las mentes equipo en esta
guerra, yo sé lo que va a pasar. Los conozco. Dado el tiempo suficiente, olvidarán… y
nos crearán de nuevo. Sí, podemos esperar».
Preocupado por el pasaje, Manford sintió que las lágrimas en los ojos le picaban, y
juró que nunca debería volver a suceder. Cerró el volumen, pero sabía que no iba a
dormir durante mucho tiempo. Algunas cosas eran demasiado aterradoras como para
compartirlas con sus seguidores.

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Kevin J. Anderson

¡Vida! Si tan sólo pudiéramos revisitar nuestro pasado y tomar decisiones más sabias.
—Lamento anónimo

En las raras ocasiones en que Raquella Berto-Anirul había visitado Salusa Secundus, el
tiempo siempre era excepcionalmente claro y los días cálidos soplaban con una suave
brisa que agitaba las banderas de colores de la Liga del Landsraad y la cresta del león
dorado de los Corrino. De las vidas históricas que azotaban su mente, podía recordar
aquel planeta durante siglos, una joya entre todos los mundos establecidos de la
humanidad.
Mientras Raquella y su delegación de las Hermanas llegaron aquella tarde, sin
embargo, el cielo estaba plomizo y el aire tan quieto como una respiración contenida, por
lo que las banderas de colores colgaban de de sus holguras en los mástiles. Zimia había
crecido sombrío, como si supiera que Raquella había venido por Anna Corrino desde tan
larga distancia.
Había querido impresionar al Emperador Salvador con la profesionalidad de la
Hermandad, para probar que su decisión de enviar a su hermana a Rossak era correcta.
De acuerdo con el calendario establecido, Raquella y sus compañeras debían haber
aterrizado la noche anterior, pero un retraso de último minuto en el plegador espacial de
Ven-Hold había impedido su llegada a tiempo. Ahora el grupo de mujeres estaba horas
atrasadas para su reunión en el Palacio Imperial. No es un comienzo auspicioso, pensó.
El vehículo terrestre alquilado las llevó a un bucle bullicioso enfrente de la alta aguja
del Palacio Corrino, como si la Reverenda Madre Raquella, la Hermana Valya, y las otras
dos Hermanas fueran invitadas a una recepción glamorosa. Un par de lacayos de librea
abrieron las puertas del vehículo terrestre y ayudaron a Raquella a descender, tratándola
como a una mujer de edad frágil. Dejó que se sintieran útiles, aunque todavía era muy
ágil y no necesitaba ninguna ayuda.
Cuando Valya Harkonnen salió del vehículo, la joven miró a su alrededor, claramente
impresionada por la gloria de la capital, antes de recordarse a sí misma de recalcular sus
emociones. Los lacayos se movieron apresuradamente hacia otro coche de embajadores
para dar la bienvenida a más representantes, sin dar una segunda mirada a las mujeres de
Rossak. Nadie le prestaba mucha atención a su llegada.
Mientras hacían su camino hacia el palacio, Raquella y su comitiva se perdieron en el
flujo de los dignatarios, funcionarios y representantes que se filtraban dentro y fuera del
gigantesco palacio. Llena de confianza, se presentó ante una escolta uniformada que
esperaba en la base de la larga cascada de escaleras que conducían hasta el gran arco de
entrada.
—Soy la Reverenda Madre Raquella Berto-Anirul, de la escuela de la Hermandad en
Rossak. Mis compañeras y yo hemos llegado a petición del Emperador para ver la
Princesa Anna Corrino.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Sin sorprenderse en absoluto, como si simplemente hubiera anunciado la entrega de


un paquete de comestibles, el hombre las condujo hasta una sucesión aparentemente
interminable de escalones de mármol blanco.
En la entrada del Palacio, la larguirucha Hermana Dorotea se apresuró a
interceptarlas, mirando sin aliento. Otras cinco Hermanas graduadas que servían en la
Corte Imperial se habían unido a ella. Todas se inclinaron con respeto ante la Reverenda
Madre; incluso la hermana Perianna, asignada como secretaria personal de la esposa de
Roderick Corrino, se había separado de sus deberes para saludar a los visitantes.
Dorotea desestimó la escolta del palacio y guió Raquella y sus compañeras a través de
los pasillos abovedados que hacían eco.
—Me disculpo por no organizar una recepción más organizada, Reverenda Madre.
No estábamos seguras de cuando iba a llegar.
—Los caprichos de los viajes espaciales —dijo Raquella, actuando como si no
importara—. La Flota Espacial VenHold es bastante fiable, pero este retraso estaba fuera
de nuestro control. Espero que el Emperador Salvador no esté muy molesto.
—Yo arreglé las citas en su calendario —dijo Dorotea. Se había criado entre la
Hermandad, y no tenía idea de que era en realidad la nieta de Raquella—. No notará la
diferencia, y Anna, sin duda no tiene prisa por irse.
Raquella permitió que un orgullo cálido se arrastrara en su voz.
—Tú siempre has sido una de mis Hermanas más competentes. Estoy impresionada
con lo que has hecho aquí en el Palacio. —Hizo una pausa—. ¿Espero que hayas
desempeñado un papel decisivo en la elección de nuestra escuela para Anna Corrino?
—Puede que lo haya sugerido. —Dorotea le dio una leve inclinación de cabeza—.
Gracias por venir en persona a recibir a la princesa como una nueva acólita. El gesto
significa mucho para su familia.
—Es un gran honor que el Emperador me ha confiado. Con tantas escuelas nuevas
que salen a lo largo de todo el Imperio, sí que tenía otras opciones.
Dorotea llevó a las visitantes hacia las profundidades del extenso palacio.
—Mis hermanas y yo hemos demostrado nuestra valía y daremos un buen ejemplo.
Dada la predilección de Anna hacia la inmadurez, el Emperador quiere que Anna sea
entrenada a lo largo de las mismas líneas que nosotras fuimos. —Miró directamente a
Valya, evaluándola—. He leído los informes. ¿Eres tú la única que se hizo cargo de mis
funciones asistiendo a la Hermana Karee Marques en la investigación farmacéutica?
—Sí. Todavía tenemos mucho trabajo por hacer. —Le hizo una reverencia, pero
apenas podía contener su emoción—. En este momento, sin embargo, estoy agradecida
por esta oportunidad de ver la capital imperial.
Dorotea le dio una leve sonrisa.
—Entonces tenemos mucho en común.
Raquella interrumpió:
—Tengo confianza en la Hermana Valya. Ella misma ha demostrado sus muchas
aptitudes. Por ahora, añadiré la amistad de Anna Corrino a su lista de deberes.

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Los ojos de Valya brillaban de emoción al estar en Salusa Secundus, dando a


Raquella una pisca sobre las prioridades de la joven. No halló humilde el tono de Valya,
ni tampoco convincente, cuando dijo:
—Trataré de hacerla sentir bienvenida durante su difícil transición a la Hermandad.
—Ustedes dos son de la misma edad, así que se pueden relacionarse entre ambas. —
Dorotea parecía escéptica, también, tal vez porque veía a Valya como una rival
personal—. Sin embargo, el Emperador me pidió que acompañara a su hermana, para que
pueda tener una cara familiar en un mundo extraño. Mi trabajo en Salusa Secundus
concluye por mandato Imperial, así que voy a regresar a Rossak con ustedes.
Aunque hubiera preferido dejar a Dorotea donde estaba, Raquella no podía revocar
los deseos del Emperador Salvador.
—Muy bien, podrás regresar a tu trabajo con la Hermana Karee, y reasignaré a la
hermana Valya. Estaré triste de perderte como nuestra representante en la Corte Imperial,
pero todavía tenemos cuatro Hermanas aquí. —Dentro de Raquella, las voces susurraron
con entusiasmo, señalando que algunas otras Hermanas estaban tan avanzadas en su
formación como Dorotea, o al menos listas para intentar la transformación. Tal vez ella
sería la próxima… ¡Mi propia nieta! Pero todas las Hermanas debían ser iguales, y los
lazos familiares permanecer ocultos.
Poco después de dar a luz a Dorotea, la hija de Raquella, Arlett, se había negado a ser
separada de su bebé, insistiendo en que tomaría a la niña, dejando la Hermandad, y
encontraría al padre. Al ver tal debilidad en su propia hija, Raquella había llegado a una
decisión importante, alentada por todas esas otras voces insistentes y objetivas de la
historia.
La Reverenda Madre había entrado en la guardería donde los recién nacidos
descansaban en sus cunas. Sin dudarlo, Raquella eliminó todas las etiquetas de los bebés,
luego trasladó a los niños por los alrededores, y envió a todas las madres hacia otros
lugares, incluyendo a Arlett, con instrucciones para difundir la palabra acerca de la
Escuela Rossak en todo el Imperio.
Desde ese día, Raquella mantuvo la política de que las hijas nacidas de leales
Hermanas y criadas en Rossak no tendrían conocimiento de su filiación. Cada niño sería
comenzado con un borrón y cuenta nueva y sin tratamiento preferencial.
Cuando Dorotea tenía la edad suficiente, Raquella le había enviado como misionera a
Lampadas para poder trabajar tranquilamente entre los Butlerianos, observando y
analizándolos. La Reverenda Madre quería que fuera una experiencia formativa única,
sumergiéndola en una organización extremista para mostrarle a su nieta cómo la gente
podía ser conducida a las longitudes ilógicas por una causa percibida. A partir de ese
escalón, Dorotea había ido a Salusa Secundus y trabajado su camino en la Corte Imperial.
Ahora, después de años de tareas con éxito, volvería a casa. Raquella no podía admitirlo
en voz alta, pero estaba feliz de tener Dorotea a su espalda.
Valya habló rápidamente:

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Reverenda Madre, si la Hermana Dorotea abandona la Corte Imperial, ¿puede que


se me permita permanecer en Salusa? Me gustaría tener la oportunidad…
—No. —Raquella no tuvo que reflexionar sobre su decisión. No sólo necesitaba la
ayuda de Valya con los equipos reproductores, sino también era muy consciente de las
ambiciones de la joven para restaurar el nombre de su familia—. Si alguna vez se te
asigna a Salusa, será para cumplir con nuestros objetivos, no el tuyo propio. No te
olvides, estás en la orden ahora, con responsabilidades para con el resto de nosotras. La
Hermandad es tu única familia ahora.
Valya se inclinó en contrición.
—Sí, Reverenda Madre. La Hermandad es una familia diferente a cualquier otra. ¿Tal
vez una asignación misional algún día entonces, si me encuentra digna? Aprecio la
promoción que me dio, pero preferiría no quedarme en Rossak por el resto de mi vida.
—La paciencia es una virtud humana, Hermana.
Dorotea hizo un gesto para que la siguieran.
—Ven, arreglaré para que conozcas a Anna Corrino.
Las otras cinco hermanas que servían en la corte intercambiaron breves despedidas,
luego volvieron a sus negocios en el Palacio. Con susurrados pasos, Dorotea guió a la
Reverenda Madre y a su séquito a través de un laberinto de pasillos abovedados y hacia
un ala menos llena de numerosas oficinas, salas de reuniones y salas de la biblioteca.
Dorotea se detuvo ante la puerta de una gran habitación, y entonces escoltó a las
cuatro hermanas al interior de una cámara de recepción pequeña, donde la joven Anna
Corrino esperaba por ellas con el ceño fruncido en su rostro petulante. Una guardiana del
palacio de aspecto severo se situaba en la puerta justo en el interior de la habitación, para
evitar que huyera. Aunque Raquella nunca había conocido a la hermana del Emperador
antes, sus rasgos Corrino eran inmediatamente reconocibles.
Anna sonó distante, poniendo evidente desprecio en su voz:
—Cuando no llegaron la noche anterior, esperaba que mi hermano hubiera cambiado
de opinión, pero están aquí de todos modos.
Raquella también detectó ansiedad en su voz. Tratando de ser simpática, dijo:
—No era nuestra intención causarte estrés excesivo. El plegador espacial se retrasó.
—Tomó una de las manos de la joven entre las suyas—. Puede que recibas buena vida
aquí en el Palacio Imperial, pero te gustará la Hermandad.
—Lo dudo —dijo.
Valya se acercó sonriente, su comportamiento muy diferente de lo que había sido
unos momentos antes.
—No lo dudo. Seré tu amiga, Anna. Hermana Anna. Nos convertirémos en grandes
amigas.
Al ver a alguien de su misma edad, la otra chica se iluminó y sus emociones se
suavizaron un poco.
—Tal vez sea lo mejor. Sin Hirondo, no quiero estar cerca de este lugar nunca más.

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Mirar hacia atrás podrá parecer un ejercicio más simple que mirar hacia adelante, pero puede llegar a ser más
doloroso.
—ORENNA CORRINO, la Emperatriz Virgen, diarios privados

Dos días, pensó la Princesa Anna. Sólo dos días para que tuviera que unirse a las acólitas
Hermanas y viajar a Rossak… exiliada porque se había atrevido a amar al hombre
equivocado, porque había tomado sus propias decisiones, porque se había negado a seguir
las reglas impuestas por sus hermanos. En cierto sentido, parecía casi romántico, una
demostración de que se había pegado a sus principios y seguido a su corazón… y ahora
estaba siendo enviada a una escuela de todas mujeres. ¡Era tan injusto!
El reloj seguía corriendo hacia abajo. Se había imaginado corriendo con Hirondo,
pero incluso él se había resistido a los riesgos. Ahora sabía que nunca volvería a ver a su
amante nuevamente. A pesar de las seguridades brindadas por Roderick, Anna ni siquiera
estaba convencida de que aún estuviera vivo. Tal vez si pudiera huir por sí misma…
Su corazón latía rápidamente, y tuvo problemas para controlar su respiración. ¿Cómo
podía no estar molesta por haber sido despojada del único hogar que había conocido?
Salvador la trataba como a una niña mimada. ¿Por qué debería tomar todas las decisiones
por ella?
Y aunque las Hermanas habían venido aquí, torpemente tratando de hacer que se
sintiera cómoda con su nueva situación, las mujeres insulares parecían extrañas y etéreas.
Incluso en la corte, nunca le había gustado la larguirucha Hermana Dorotea, a quien veía
siempre susurrando consejos a sus hermanos. Ahora estaría inmersa en toda una escuela
de mujeres así. Anna no tenía ningún deseo de unirse a ellas, o de ser como ellas, pero no
tenía otra opción. El Emperador despiadado había ordenado.
Los guardias le impedirían salir de los extensos terrenos del palacio, sin embargo,
Anna se apresuró hacia afuera, sintiendo una desesperada necesidad de esconderse en
alguna parte, para escapar… aunque sólo fuera por un rato. Tomó un camino de losas a
través de los jardines ornamentales que rodeaban el Palacio Imperial y cruzó un puente
peatonal que atravesaba un arroyo que fluía. Mirando hacia atrás para asegurarse de que
nadie la seguía, aunque los monitores ocultos sin duda hacían seguimiento de cada
movimiento, la joven apresuró el paso y tomó un camino lateral a través de un bosque de
olmos salusanos. Buscaba tan sólo unos últimos minutos de libertad, antes de ser detenida
formalmente y arrastrada fuera hacia otro planeta. Anna ya se sentía una prisionera.
Por delante, vio a una de las cabañas más grandes en el mismo terreno, ahora tapiadas
y largamente abandonadas. La estructura se encontraba a horcajadas sobre el arroyo, por
lo que el agua gorgoteaba debajo y hacía girar una rueda hidráulica de gran altura. Un
escalofrío le recorrió la espina dorsal. Rara vez había visitado aquella parte de los
jardines, rememorando los malos recuerdos asociados a esa casa… el lugar donde hacía
tanto tiempo había presenciado el terrible crimen contra su madrastra, Orenna; un crimen

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

que la había traumatizado profundamente y provocado una cascada de acontecimientos


sangrientos que nunca podría olvidar.
Anna sólo había sido una niña entonces. En los años posteriores, se había obligado a
volver allí unas cuantas veces, acercándose a la casa aislada, tratando de acercarse cada
vez más para hacer frente a su miedo. Aunque el pánico siempre se arremolinaba
alrededor de su cabeza como mirlos asustados, trataba de convencerse de que poner un
pie en el interior de alguna manera borraría las pesadillas. Pero Anna no lograba reunir el
valor necesario. Ahora nunca tendría la oportunidad. Las cicatrices permanecerían…
Al salir de la pista de cuidados, Anna se dirigió hacia un laberinto de arbustos donde
solía jugar cuando era niña. Las plantas únicas Ecazi eran turquesas ahora, en base a una
elección que Anna había hecho años atrás, utilizando el poder de su mente. Y, aunque no
lo había hecho en mucho tiempo, podría cambiar los colores de las hojas cada vez que
quisiera (y de otra manera modificar la sensibilidad de las plantas), cuando caminaba
cerca.
Muchas de aquellas especies eran sensibles a los pensamientos humanos y los estados
de ánimo, pero Anna tenía una afinidad particular por esa variedad, más que la mayoría
de los cultivadores. Los jardineros del palacio consideraban a los arbustos ornamentales
como defectuosos, porque sus pensamientos no podían penetrar en ellos. Como
consecuencia, había pasado mucho tiempo allí cuando era una niña, rodeada por el denso
nudo de las plantas, que cobraban conciencia con su mente; ese era su pequeño secreto.
Anna había descubierto su afinidad por esas plantas particulares, incluso antes de que
fuera testigo del brutal ataque de Touré Bomoko contra su madrastra. La densa arboleda
era su lugar secreto, el escondite de un niño cuando no se le permitía a nadie más ir.
Ahora, las ramas rígidas la rozaron mientras presionaba a través de ellas, separándose lo
suficiente como para dejarla pasar, para luego cerrarse detrás de ella.
En el interior, tomó una respiración profunda que la calmó y se sentó sobre un
pequeño banco de ramas dobladas que había formado con sus pensamientos y, sobre ella,
las ramas tejidas dejaron filtrar la luz del sol. En otros rincones y cestas de ramas vivas de
formas mentales, mantenía un alijo de latas de comida, agua, juegos y libros de estilo
antiguo. Podía ocultarse allí por días y salir cuando fuera seguro.
La mayoría de las veces, ni siquiera se daba cuenta de que había desaparecido, pero
con el servicio de transporte de Rossak previsto para partir pronto, alguien trataría de
cazarla. Se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que los guardias dieran la alarma. Si
era capaz de ocultarse el tiempo suficiente, podía que Salvador pensara que ya había
huido a algún sistema estelar lejano. Cuando por fin saliera, tal vez su hermano estaría
tan aliviado de verla segura que él se decidiría dejarla quedarse después de todo.
Media hora más tarde, oyó voces fuera de su escondite, los guardias del palacio
gritando su nombre. Los ignoró y se acomodó en la lectura de un libro histórico, un
análisis de los acontecimientos que rodearon la violación de la Emperatriz Virgen y la
sangrienta venganza que el Emperador Jules había mandado contra Touré Bomoko y los

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delegados de la CTE a quien le había concedido santuario interior de los jardines del
palacio.
Anna no había tenido ni siquiera cinco años de edad entonces, por lo que no había
entendido nada de política, la cual aún no entendía completamente, a decir verdad, pero
las imágenes se habían grabado en su cerebro. El Emperador Jules había hecho a su hija
ver las ejecuciones, también, de alguna manera creyendo que la horrorosa visión la haría
sentir mejor. Su mente se había desgastado desde entonces.
Como muestra de coraje, Anna intentó nuevamente comprender el complicado fondo
de las decisiones y justificaciones. Si las Hermanas iban a arrastrarla hasta Rossak y
lavarle el cerebro con su misteriosa formación, esta podría ser su última oportunidad de
ajustar sus pensamientos rectamente.
Usó una orden mental que hizo que uno de los armarios de ramas de las paredes se
abriera para ella, y sacó una lata de galletas de chocolate de melange. Mordisqueando la
galleta, siguió leyendo el denso libro.
La violenta respuesta tras la publicación de la Biblia Católica Naranja había tomado
al Emperador Jules por sorpresa. Tres años en disturbios, después del asesinato de varios
delegados, el acosado presidente de la CTE, Touré Bomoko, huyó hacia Salusa Secundus
con su partida de refugiados y suplicó al Emperador refugio y protección.
Los asesores de Jules advirtieron en contra de ponerse del lado de los delegados,
señalando que ochenta millones de personas ya habían sido asesinadas en los disturbios
contra la Comisión. Al escuchar esto, el Emperador distante se encogió de hombros y dijo
la famosa frase: «Exageran el peligro; son sólo seis mil por planeta. ¡Pierdo más que eso
por unas salchichas contaminadas!».
Así que, por orden del Emperador, a treinta y cinco delegados se les dio refugio en
Salusa, junto con el Presidente Bomoko. Jules seguía sin entender por qué la gente estaba
tan molesta, y aseguró que Bomoko iba a tratar de calmar a las masas. Sin embargo,
cuando el Emperador trató de abordar una turba sedienta de sangre en Zimia, su aparición
no salió muy bien, y, por su propia seguridad, se vio obligado a retirarse con sus
guardias. Las tensiones se mantuvieron altas durante más de un mes.
En ese momento, su hermano Salvador tenía treintaiún años y Roderick veintinueve,
mientras que Anna era sólo una niña, mimada y protegida de todos los disturbios. Un día,
mientras jugaba en los jardines, vagó en la cabaña de la noria, en busca de su madrastra.
Encontró a Orenna en una de las cámaras, sus ropas arrancadas, y el Presidente Bomoko,
también desnudo, atacándola.
Anna había sido demasiado joven para comprender, pero gritó. Sorprendida y
aterrada, siguió gritando. Recordó a Orenna gritando también, y entonces muchos otros
gritos caóticos. Los guardias corrieron hacia ella; Anna recordaba las imágenes de forma
borrosa, sin definición, y trató de ahuyentarlas mientras se centraba en las palabras del
relato histórico, aquellas letras frescas y nítidas que describían un acontecimiento
horrible. Un capítulo entero se llamaba«La Violación de la Emperatriz Virgen».

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Supuestamente, el Emperador Jules nunca había compartido un dormitorio con su


legítima esposa. Siendo realistas, los historiadores admitieron que su matrimonio podía
muy bien haber sido consumado, pero Jules y Orenna simplemente no se llevaban bien.
Prefería sus concubinas, con quien había procreado a sus tres hijos.
Sin embargo, el furor por el asalto a la Emperatriz, violada por un hombre a quien
Jules había otorgado tan generosamente protección, condujo al gobernante sobre el borde.
El Emperador ordenó a sus guardias que tomaran y ejecutaran a todos los miembros de la
delegación.
El corazón de Anna golpeó ahora al recordar las horas desesperadas cuando los
guardias Imperiales perseguían y sacrificaban a los treinta y cinco de los delegados,
ensangrentando el palacio y los jardines de los alrededores. Aunque algunos de los
hombres y mujeres trataron de huir, fueron capturados, sacados al patio público, y
masacrados. El padre de Anna hizo su guardia; Orenna también estaba allí, tan blanca
como la tiza, sin hablar una palabra. Un delegado tras otro cayó de cuclillas, pidiendo una
clemencia que nunca llegó.
Y de alguna manera en la agitación, el Presidente Bomoko se escabulló. Desapareció
del palacio, demostrándole a la gente su mal genio. Al ser tan claro que el violador había
recibido ayuda de algunos de los empleados, el Emperador Jules interrogó a catorce
sospechosos, y aunque no revelaron la información, no sobrevivieron al interrogatorio.
Angustiado, pero inflexible, el Emperador Jules se había colocado ante de las
multitudes de hinchamiento y se dirigió a ellos de nuevo, esta vez condenando a los
delegados de la CTE, contando a las turbas que se había equivocado. Ese había sido el
mismo año en que la bomba de un asesino había matado a Rayna Butler, lo que inflamó
al movimiento Butleriano. Tiempos difíciles…
Traumatizada por el evento, la Emperatriz Orenna se recluyó durante varios meses, y
hasta el día de hoy se negaba a hablar de aquellos días oscuros. El resto de los cinco años
de reinado del Emperador Jules Corrino habían sido duros y reaccionarios, pero Touré
Bomoko nunca fue encontrado, a pesar de un sinnúmero de supuestos avistamientos.
Anna cerró el libro y se comió otra de las galletas de melange. Pronto, estaría lejos de
los recuerdos de una parte de su pasado. En Rossak, entre las Hermanas, muy poco, y tal
vez nada, volverían los acontecimientos a su mente. Tal vez sería lo mejor, después de
todo. A veces odiaba ser parte de la familia imperial.
A pesar de que creía que los guardias habían ido a otra parte de los terrenos a
buscarla, Anna ahora oyó movimiento fuera de su refugio. Una voz de mujer gritó, firme
pero no desagradable.
—Anna, sé que te estás escondiendo allí. Mueva estas ramas y déjame entrar, por
favor.
Anna se quedó inmóvil como un ciervo asustado; sentada en su banco de madera,
contuvo el aliento.
—Hija, no engañas a nadie. Soy Orenna; deja que hablemos. Por favor. Quiero
ayudarte. Estoy sola.

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—No soy una niña —dijo Anna, entregándose un poco.


—Sé que no lo eres, y lo siento. Te he visto dar forma a los arbustos antes, pero
nunca le dije a nadie acerca de tu escondite secreto, o de tu habilidad especial con las
plantas. —La voz era tranquilizadora—. Ven, déjame despedirme.
Anna tenía un vínculo especial con su madrastra. A menudo, hablaban de plantas y
aves, o simplemente caminaban juntas, en silencio admirando la belleza natural que las
rodeaba. Orenna una vez le había confiado que pensaba que las dos eran la una para la
otra, terapéutica de una manera que ni podía haber esperado.
Incluso después de todos aquellos años, nunca discutieron sobre la violación que
Anna había presenciado, pero colgaba allí entre ellas, al igual que otra presencia.
Con un suspiro de resignación, Anna envió un pensamiento que separó las ramas.
Orenna entró, mirando a su alrededor.
—Siempre me he preguntado cómo se veía tu escondite por dentro. —La mujer
llevaba un vestido blanco, con el escudo de leones de los Corrino de oro bordado en una
solapa—. Esto es muy bueno.
—Por lo menos es pacífico. —Anna curvó una rama hacia abajo para crear un asiento
para su madrastra.
Al subirse sus faldas, la Emperatriz Virgen se sentó. Con un guiño de sus ojos azules
llorosos, dijo:
—No quitarás esto para que caiga, ¿verdad?
Anna se rió.
—Eso depende de lo que digas. ¿Vas a tratar de convencerme de que seré feliz en
Rossak?
Orenna miró de cerca a la joven.
—Tenemos un entendimiento entre nosotras, un vínculo de amistad. ¿Confías en mí,
Anna?
Necesitó unos instantes para contestar, pero dijo:
—Sí.
Su madrastra apartó el pelo plateado de sus ojos.
—Debes darte cuenta de que no hay ningún lugar para que puedas ir por ahí. Aparte
de este pequeño refugio, no te puedes ocultar en cualquier lugar en Salusa Secundus, y no
puedes conseguir salir del planeta sin alertar al Emperador.
—Entonces me quedaré aquí. Tú me puedes traer comida y bebida. —Sabía que la
idea nunca funcionaría incluso cuando lo sugirió.
—Tarde o temprano, se darán cuenta, y serías descubierta.
—Entonces moriré aquí. ¡Prefiero eso a que tener que ir a Rossak! Mi vida terminó
cuando se llevaron a Hirondo lejos de mí de todos modos.
—¿Pero deben las vidas de otros terminar así?
—¿Qué quieres decir?
—Si no te presentas pronto, Salvador ejecutará Hirondo, y a todo el personal de la
cocina por ayudarlo a mantener el secreto de su historia de amor.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Las lágrimas corrían por el rostro de Anna.


—¡Odio a mi hermano! ¡Es un monstruo!
—Es muy tradicional, y sabe lo que el público espera de una familia real. Sólo quiere
lo mejor para ti, y para la Casa Corrino.
—Estás de su lado, tal como lo está Roderick.
La Dama Orenna negó con la cabeza.
—Por el contrario, estoy de tu parte, hija, y quiero que prosperes y crezcas en edad.
Quiero que seas tan feliz como sea posible, tan feliz como se puede ser sin el hombre que
amas. Así como yo he tratado de serlo.
Las palabras hicieron que Anna se tomara una pausa, y preguntara:
—¿Qué quieres decir? ¿Tú quisiste a alguien que no pudiste tener?
Orenna parecía triste, pero le dio una sonrisa poco convincente, cepillándose
distraídamente la manga.
—Oh, eso fue hace mucho tiempo, y nada de eso importa ahora. Tuve que seguir
adelante, y tú debes hacer lo mismo.
Anna se secó las lágrimas de sus mejillas, mirando a la mujer mayor con los ojos
enrojecidos. ¿A quién había querido realmente?
—Rossak es donde perteneces ahora. Será su santuario, al igual que este pequeño
lugar. Ve con las Hermanas, aprende sus enseñanzas, y cuando regreses serás más fuerte
que nunca. Te lo prometo. Sé lo mejor que puedas ser sin Hirondo, y con el tiempo su
tristeza se curará. Que se vaya a otro lugar y encuentre una nueva vida.
—Pero las hermanas no creen en el amor. ¿Cómo se puede creer que me vayan a
ayudar?
—Tú debes encontrar un nuevo tipo de fuerza interior, que no se basa en tu relación
con un hombre. He tenido que hacer esto en los últimos años, y me siento más fuerte para
él, una mejor persona.
Anna permaneció sentada durante un largo rato, escuchando los sonidos del exterior,
los ruidos de quienes la buscaban. Fue al perimetro de su habitación y mentalmente creó
una apertura para mirar afuera. Los jardines y el bosque estaban completamente
inmóviles.
—Muy bien, lo intentaré… por ti.
Se abrazó a su madrastra, y a continuación, desplegó una puerta de hojas y emprendió
su camino hacia afuera.

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Cada familia noble posee sus oscuros secretos.


—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, grabaciones de la Hermandad

Valya Harkonnen se deleitaba con cada momento que ella y sus Hermanas pasaban en la
Corte Imperial. Allí era donde ella y su hermano pertenecían, no en Lankiveil. A pesar de
que no era más que un miembro de la comitiva de la Reverenda Madre, estaba todavía en
el interior del Palacio Imperial en Zimia. Entonces tuvo una mejor idea de lo que merecía
su familia.
En el pasado, los Harkonnen habían pertenecido al corazón de la antigua Liga de
Nobles, muy respetados, con una historia honorífica. Pero gracias a Vorian Atreides,
quien deshonró a Abulurd hacía tantos años, se encontraban excluidos de los círculos de
poder. El recuerdo la corroía, pero utilizaba las técnicas de la Hermandad para calmarse y
centrar sus pensamientos. Sin embargo, mientras miraba alrededor de la corte, podía ver
las posibilidades.
Para todos los demás allí, incluso para Anna Corrino, ella no era más que la Hermana
Valya. Su apellido nunca era mencionado. Algún día, sin embargo…
Ahora, acompañaba a la Reverenda Madre a una audiencia de los más ricos líderes
del Landsraad. No podía dejar de pensar que los Harkonnen eran nobles, también, a pesar
de que su línea de sangre había sido podada del árbol de la familia imperial.
Cuando la Reverenda Madre Raquella presentó a ella y su séquito al Emperador la
primera noche, Salvador les dio sólo un saludo superficial.
—Espero que su escuela puede ayudar a mi querida hermana. Necesita orientación e
instrucción.
—La cuidaremos gratamente, señor. —Raquella se inclinó—. Y veremos que alcance
todo su potencial.
En medio de su comida privada, el Emperador se limpió la boca con una servilleta
brillante, y luego frunció el ceño ante los restos de comida en la bandeja, como si hubiera
perdido el apetito. Parecía estar sufriendo de indigestión.
—Estoy ansioso por que se lleven a Anna lejos de aquí, y confío en su discreción para
llamar la atención lo menos posible. No hay necesidad de añadir más leña al escándalo.
—Valya pudo leer la vergüenza en el rostro.
Sin embargo, el siguiente plegador espacial desde Salusa hacia Rossak no partiría
hasta dentro de dos días, por lo que permanecieron en calidad de invitadas en el Palacio
Imperial. A Valya no le molestó ni siquiera un poco. Bebió de los detalles de la
experiencia, sabiendo que sus antepasados habían caminado por los mismos pasillos y
dormido en las mismas habitaciones. Su padre habría sido un duque o un barón en el
Landsraad, si su patrimonio familiar no hubiera sido despojado a la distancia. Tales
pensamientos siempre la enojaban, pero se calmaba al pensar en lugar de su hermano y lo

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

duro que Griffin estudiaba para convertirse en el representante oficial de Lankiveil en


Salusa Secundus. Estaba segura de que pasaría sus exámenes.
Mientras tanto, Valya trataba de acercar sus pasos a Anna Corrino, pero la hermana
del Emperador no tenía interés en ser social, eligiendo en lugar de eso ponerse de mal
humor en sus aposentos. Una vez que llegaran a Rossak, sin embargo, no habría tiempo
suficiente para hacer amistad con ella, en circunstancias que no estaban bajo el control de
la Princesa. Valya no tenía intención de perder el tiempo aquí en la Capital Imperial.
Sintiéndose como una colegiala o una turista, le había pedido a la Reverenda Madre si
podría asistir a la reunión de negocios del Emperador, para que pudiera observar y soñar
con lo que podría haber sido. Cuando Raquella pidió la solicitud, la Hermana Dorotea
obtuvo tan fácilmente una invitación para que se sentaran durante el procedimiento.
Salvador celebró su audiencia en una antecámara otoñal del ala del palacio, debajo de
una cúpula pintada con vivos frescos de los Butler luchando batallas heroicas contra las
máquinas pensantes. Frente a la audiencia, el Emperador se sentaba en un gran sillón de
oro encima de una tarima. Esta cámara secundaria estaba medio vacía, y los asientos no
ocupados se habían retirado del suelo de piedra, dejando sólo el número adecuado de
bancos para los cincuenta participantes que se reunían cerca del trono.
—Hoy he decidido tener una sesión más íntima. —La voz de Salvador hizo eco a
través del sistema de altavoces, con el volumen ajustado demasiado alto para el pequeño
público. Esperó a que un técnico de la corte restableciera los controles, luego empezó de
nuevo—: Tenemos algunos problemas económicos que discutir, áreas en las que los
líderes planetarios pueden ser más cooperativos con los otros que en el pasado han sido
de beneficio mutuo, por supuesto. Con esto en mente, he traído una serie de testigos
expertos para testificar.
Dos hombres con uniformes de negocio se presentaron en una plataforma en la base
de la tarima, uno se acercó a un podio y activó un holo-apuntador. Durante varios
minutos, habló acerca de los aranceles impuestos a los materiales importados entre los
diferentes sistemas estelares, recargos a los impuestos por Venport Holdings para el
transporte, y el aumento significativo de los riesgos de la contratación con empresas de
transporte marítimo de bajo precio que no utilizaban a los misteriosos Navegantes. A
pesar del vértigo a sentarse en el período extraordinario de sesiones, Valya se sintió
aburrida, hasta que la puerta dorada de la entrada principal de la sala se abrió.
Un hombre alto, de rasgos de halcón se adelantó, vestido con un traje militar pasado
de moda. Mirando más de cerca, Valya pensó que podría ser un auténtico uniforme del
ejército de la Humanidad hacía décadas, adornado con trenzas y espesas. Los otros
asistentes de la reunión se volvieron para mirar, murmurando por la interrupción, y
algunos incluso parecieron aliviados por el descanso del tedioso discurso. Valya pensó
que el visitante se veía como un actor de un drama histórico de la Yihad. Había algo en él
que le parecía extrañamente familiar.
El enfoque del hombre era demasiado fuerte para ser distraído por el ruido de la
conversación sorprendida. Se dirigió directamente a la tribuna como un general en medio

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de la captura de una colina estratégica, y le dio un codazo sorpresivo al economista para


sacarlo del camino.
—Han pasado más de ochenta años desde la última vez que estuve en Salusa, por lo
que algunos de ustedes tal vez no sepan quién soy. —Pasó la mirada de arriba abajo hacia
el Emperador Salvador en el trono, como si lo estuviera evaluando—. Puedo ver a los
Butler en usted, Sire, un poco más de Quentin que de Faykan.
Salvador se erizó en su trono.
—No le reconozco, señor. Explíquese.
Valya repentinamente supo quién era el hombre, o quién tenía que ser. ¿Todavía
estaba vivo? Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, y el odio la dejó sin habla. Había
pasado mucho tiempo mirando su imagen, odiando lo que le había hecho a su familia, a
su futuro. ¿Pero todavía estaba vivo? Parecía inconcebible.
Desde su llegada, había visto estatuas de Vorian Atreides en Zimia, y tenía registros
estudiados de sus aventuras con Xavier Harkonnen, memorizando su discurso
condenatorio en el juicio de Abulurd, que había provocado la caída de toda su familia.
Sorprendentemente, el aspecto del hombre no había cambiado en el transcurso de la
Yihad… pero eso era de esperar. El trato de la extensión vital dada a él por el general
Agamenón era un asunto de interés público.
A lo largo de su vida, Valya había sabido que Vorian Atreides había sido la causa de
la desgracia de su familia, pero siempre era algo lejano, teórico. Hacía ocurrido en
generaciones ya desaparecidas. Suponiendo que debía estar muerto, esperaba que él
hubiera sufrido una muerte horrible y dolorosa.
¡Ahora estaba aquí! Su pulso se aceleró, y su piel se sintió hirviendo con ira.
—Soy Vorian Atreides —dijo, como si esperara un aplauso. Otros habían estado
murmurando su nombre. La Reverenda Madre Raquella miró aturdida, aunque no tenía
un brillo muy peculiar en sus ojos. Salvador se incorporó, uno de los últimos en la
cámara en captar la identidad del intruso.
—Estoy aquí para exigir la protección de mi mundo y el fin de una injusticia. Varios
asaltantes atacaron recientemente nuestro planeta de Kepler, y tomaron mi pueblo. Acabo
de venir de los mercados de esclavos de Poritrin, donde los liberaron.
El emperador se inclinó hacia delante en su trono, y su voz sonó a través del sistema
de altavoces de la cámara, de nuevo muy fuerte:
—¿Kepler? Nunca he oído hablar de ese lugar. —Miró a su alrededor, pero ningún
consejero se situaba cerca de él—. ¿Ahí es donde has estado todos estos años?
—Tenía la esperanza de comenzar de nuevo allí. Después de todo lo que contribuí a
la Yihad, no es mucho pedir, ¿verdad, Emperador Salvador?
—No, por supuesto que no. Si realmente es quien dices ser, entonces, te lo mereces.
Se retiró siendo un héroe.
Vorian se paró derecho, sin ceder ante el trono.
—Estoy aquí para pedir protección para mi planeta y sus habitantes. Aunque
preferiría que se cierren los mercados de carne de Poritrin y se prohíba la práctica de la

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

esclavitud, sé que nunca sucederá. No es realista, debido a los intereses creados. —Miró
al experto en economía confundido, que todavía parecía ansioso por terminar su
presentación—. Sin embargo, Sire, voy a aceptar su garantía de protección para Kepler,
de modo que los esclavistas nunca nos molestarán de nuevo. —Continuaba mirando a
Salvador como si no existiera el resto de la audiencia… como si no existiera Valya—. Sé
que un Corrino puede concederlo.
—Si usted puede probar quién es. —Salvador renunció a su trono. Su confusión
inicial se había deslizado poco a poco hacia el temor—. Supongo que es una posibilidad,
Bashar Supremo. ¿Aún mantiene esa compostura?
—Bashar Supremo —dijo Vor—. Además, Héroe de la Yihad, y antes de que eso fui
Primero. No sé las filas de su ejército actual. Debido a mi servicio honorable, se me
concedió permiso para usar mi rango, siempre y cuando yo viviera; y en mi caso, eso es
un tiempo muy largo. Presentaré una prueba genética de mi identidad, si eso es lo que
necesita.
Salvador parpadeó, obviamente, no estando seguro de cómo hacer frente a una figura
tan legendaria; los murmullos de admiración recorrieron la multitud.
—Tenemos que hablar más de esto, señor, pero en este momento provisionalmente le
damos la bienvenida de nuevo a Salusa. La Casa Corrino recuerda su servicio
excepcional durante la Yihad y las grandes victorias que alcanzó en nuestro nombre. Si
no fuera por su heroísmo, Bashar Supremo Atreides, ninguno de nosotros estaría aquí
hoy. —Se acercó para estrechar la mano de Vorian.
La actitud deferente del Emperador hizo que Valya se encogiera. Pensó que iba a
vomitar.
La cámara estalló en aplausos y gritos de aprobación, pero Valya tuvo que contenerse
para no gritar. Después de lo que este bastardo le había hecho, ¿cómo podría el
Emperador incluso considerar honrarlo? Este hombre había aplastado a la Casa
Harkonnen y echado a su familia en el montón de basura de la historia. Debía ser
arrojado en la más profunda prisión salusana.
Quería lanzarse hacia él y atacarlo con todos los métodos de lucha que sabía; pero no
ahora, no todavía. Había aprendido a tener paciencia y a planificar durante sus años en la
Hermandad. Ahora estaba aquí para ayudar a la Reverenda Madre Raquella y para
convertirse en una compañera de la hermana del Emperador. No quería arrojar la
oportunidad de restaurar la legitimidad de su familia.
Su hermano, en cambio, podría hacerse cargo del resto. Confiaba en Griffin, y sabía
que lo haría por ella. Ahora que Valya sabía que Vorian Atreides estaba vivo, y a que
planeta llamaba hogar, Griffin podría seguirle la pista y tomar la venganza que su honor
de familia requería.

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Lamentablemente, tengo que admitir que soy el pináculo de mi línea sanguínea. Todos mis descendientes son
una decepción, a pesar de las ventajas de sus crianzas.
—GENERAL AGAMENÓN, nuevas memorias

Los gemelos habían permanecido encarcelados en su bóveda de conservación, inmóviles


y totalmente conscientes, desde hacía más de un siglo. En todo ese tiempo, Andros y
Hyla no tenían nada más que hacer que pensar y preparar un elaborado plan. Como nunca
habían salido del laboratorio, tenían poca comprensión de la Yihad o de los seres
humanos de la Liga que lucharon contra los Planetas Sincronizados.
El silencio dentro de la instalación sellada ahora parecía pesado y poco natural, como
si las paredes todavía reverberaban con gritos.
—Los matamos a todos muy pronto. —Andros se situó en el módulo de laboratorio,
interesado en el estudio de los patrones de color rojo que salpicaban las paredes, las
partes de cuerpos esparcidas de los Maestros Espadachines y los Butlerianos que los
había lanzado inadvertidamente—. Podrían haber proporcionado más información.
El Maestro Espadachín Ellus había sido bastante reacio a divulgar los secretos, pero
lo hizo con el tiempo, aunque Hyla se había visto obligada a utilizar sus dedos para
extraer varios de sus dientes.
—Podemos ser perdonados por nuestra impaciencia. —Juntó sus dedos y sintió la
pegajosidad de la sangre seca—. He estado inquieta, y Juno nunca nos permitió mucho
tiempo para practicar las habilidades que nos otorgó.
Gracias a lo que Ellus había revelado entre sus gritos, Andros y Hyla sabían la
historia básica de la Gran Purga de la humanidad contra Omnius y la victoria final en
Corrin y cómo la rebelión cimek había fallado en última instancia. La batalla que había
acabado con tantos neo-cimek y acorazados robóticos en aquel laboratorio; en el puesto
avanzado había sido poco más que una escaramuza sin marcar en una guerra mucho más
grande. Aun así, había dejado a los gemelos varados, conservados dentro de la bóveda
año tras año tras año.
Tal cosa podría haber conducido a una locura menor, pensó Hyla.
—Debemos salir de aquí —dijo Andros—. Tomaremos su nave, estudiaremos sus
registros, y encontraremos todo lo que necesitamos saber.
—Juno nos creó como especímenes superiores. —Hyla miró a su alrededor en la
masacre—. Acabamos de demostrarnos que no hay mucho más que necesitemos saber y
ver y hacer.
—Juno nunca regresó después de que Omnius atacara este puesto de avanzada, y
nuestra preparación es incompleta —dijo Andros—. Tendremos que hacer el resto
nosotros mismos.
Compañera elegida del general Agamenón durante más de mil años, la titán Juno
había sido una de las más antiguas cimek. Juno, Agamenón, y el resto de los veinte

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

titanes se habían apoderado de la complaciente humanidad, gobernando como tiranos


antes de despojar quirúrgicamente sus cuerpos orgánicos y colocar sus cerebros en
contenedores de preservación, para que pudieran vivir durante siglos dentro de cuerpos
mecánicos. En primer lugar, sin embargo, Agamenón había conservado su propio
esperma para crear su descendencia cuando lo considerara oportuno, pero sus otros hijos
le habían fallado, causando que Agamenón los borrara a todos.
Juno, sin embargo, había establecido aquel programa de prueba secreta, donde creó a
Hyla y a Andros del esperma de Agamenón y los óvulos de una hembra esclava. El
General Agamenón no supo nunca nada del plan. Juno había mejorado a los niños
impregnándoles su piel con metal líquido, intensificando sus reflejos y saturando sus
mentes con habilidades de combate sofisticadas y conocimientos impresos en sus
cerebros plegables tácticos con toda la información que necesitaban para convertirse en
armas invencibles. Dignos hijos de Agamenón.
Juno tenía la esperanza de poner en marcha un programa de cría a gran escala una vez
que los gemelos hubieran demostrado el concepto. Acechada de ida y vuelta en su
voluminoso cuerpo de combate frente a sus cámaras de adoctrinamiento, Juno había
hablado con gran anticipación acerca de cuándo iba a presentar a los gemelos a su
legendario padre. Las palabras de parche vocalizador de Juno cargaron genuina tristeza y
enojo cuando habló de cómo Vorian Atreides, decimotercero hijo de Agamenón y la
mayor esperanza, los había traicionado después de todo.
Los gemelos habían escuchado cada palabra, absorbiendo todo eso en un pesar
vengativo.
El ataque de los robots en aquel puesto de avanzada había destruido a los neo-cimek,
los ayudantes de laboratorio. Hyla estaba amargada de que la reina cimek los hubiera
descartado tan rápidamente. Según el Maestro Espadachín Ellus en sus últimas
revelaciones, Juno estaba muerta, al igual que Agamenón; traicionado por Vorian
Atreides.
—¿Nos llevaremos algo con nosotros del laboratorio? —preguntó Andros.
—No hay nada que necesitamos aquí. Estoy harta de este lugar. Tú y yo somos
suficientes. Dejaremos que el vacío del espacio recupere el puesto de avanzada.
Los dos se dirigieron hacia la nave Butleriana atracada y rápidamente se
familiarizaron con los controles dentro de la cabina del piloto. El piloto había montado
tres iconos religiosos prominentes en un improvisado altar: una hermosa mujer, un niño
pequeño, y una mujer sin cabello andrógino que levanta sus manos en predicación. Hyla
descartó los artículos.
El sistema de navegación del navío mostró las cartas de mundos prominentes en el
Imperio recién formado. Hyla también encontró relatos históricos de la Yihad contra
Omnius, celebraciones del gran héroe Vorian Atreides… su hermano.
—Tenemos mucho trabajo que hacer —dijo Andros—, y tenemos un largo viaje por
delante.

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—Tenemos tiempo. Ya hemos esperado un siglo. Ahora encontraremos a nuestro


hermano.
Andros activó los motores de la nave, que se elevó del suelo lleno de cráteres,
dejando el maldito puesto de avanzada atrás.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La historia de la cooperación entre la Escuela Suk y la Hermandad de Rossak no es algo sorprendente, desde
que el doctor Mohandas Suk y Raquella Berto-Anirul trabajaron juntos en un equipo médico contra la peste
durante la Yihad. Hoy en día, los dos grupos continúan patrocinando a los foros de educación, pero nosotros
sospechamos que sus lazos son mucho más profundos.
—Reporte de inteligencia del Príncipe Roderick

Cuanto más pensaba en ello, el Emperador se encontraba más profundamente preocupado


por el resurgimiento de Vorian Atreides, por no hablar de las demandas que había hecho.
Un héroe legendario guerra, venerado por generaciones de escolares, un líder que había
ayudado a salvar a la raza humana en su mayor conflicto… ¿y convenientemente
regresaba después de ochenta años de ausencia? ¿Qué era lo que el hombre realmente
quería? ¿Un puñado de naves de patrulla militares para vigilar un planeta que a nadie le
importaba? Eso le parecía muy sospechoso.
Salvador estaba tratando de ser prudente en aquel asunto con Atreides y la
verificación de la identidad del hombre. Sí, la longevidad de Vorian Atreides era bien
conocida y bien documentada, pero cualquier persona con características similares podía
presumir ser el héroe largamente desaparecido de la Yihad, en base a las estatuas y las
imágenes en los libros de historia. Nadie vivo recordaba exactamente cómo Vorian lucía,
ni sus gestos, ni el tono de su voz. Además, las multitudes crédulas continuaban buscando
al renegado Touré Bomoko a la vuelta de cada esquina, por lo que las apariencias no eran
exactamente fiables.
Como Emperador, sabía que tenía que tener cuidado. Pero si el hombre era quien
decía ser (y Salvador sospechaba que lo era), tal vez podría subirse sobre los faldones de
la popularidad de los Atreides.
Con el fin de darse tiempo para pensar, el Emperador envió a los expertos
económicos, los asistentes del Landsraad, y a las Hermanas de Rossak, instrucciones
estrictas de que no debían hablar de la extraña visita que habían visto en la corte, aunque
sabía que los rumores se saldrían de control muy pronto, ¡y luego el alboroto!, asumiendo
que la identidad del hombre pudiera ser verificada genéticamente. Vorian Atreides había
aceptado, incluso hasta parecía haber anticipado tales preguntas y dudas, y no se había
opuesto cuando el Emperador exigió muestras biológicas para las pruebas. Por ahora,
Salvador sólo podría retrasar algo que probablemente era inevitable.
El hombre fue sometido a un examen médico precipitado por la Dra. Ori Zhoma
misma, Directora de la Escuela Suk, quien había regresado recientemente a Zimia por
negocios en la antigua sede Suk. Incluso ahora estaban analizando sus muestras de
sangre.
A la espera de las respuestas, Salvador no sabía si sentirse honrado o nervioso.
Necesitaba hablar con Roderick. Mientras tanto, reclamado por asuntos Imperiales
urgentes, ofreció Vorian Atreides hospedería temporal en el Palacio. El hombre del

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pasado pareció entender la reticencia de Salvador, sintió la incomodidad de su reunión, y


se despidió:
—Esperaré su llamada, Sire.
En lugar de asistir a otro negocio, sin embargo, Salvador se sentó solo, luchando con
los posibles escenarios, y pasó la tarde anticipando el informe de la Dra. Zhoma.
Por último, la médica entró en la sala del trono, eficiente y al grano. Realizó un arco
alrededor del trono, se enderezó, y entregó sus resultados en un profesional de voz
quebradiza.
—Hemos realizado nuestras pruebas, Sire, comparando las nuevas muestras con ADN
extraído de artefactos históricos de la Yihad. Este hombre es en verdad quien dice ser:
Vorian Atreides.
El Emperador asintió, aunque no estaba del todo contento con la noticia. La
apariencia del héroe podría causar inestabilidad en un momento en que el Imperio no
podía permitírselo. Salvador y su hermano tenían que decidir qué hacer.

***
Después de las noticias de identidad verificada respecto a Vor, en el pueblo de Zimia
surgió una celebración espontánea, como flores caídas despertando después de una lluvia.
¡El mayor héroe de la Yihad! ¡El legendario Primero que había combatido a las máquinas
pensantes durante más de dos ciclos de vida, desde el inicio del conflicto hasta su
sangriento final! La sola idea disparaba sus imaginaciones, los emocionaba, levantaba sus
mentes de sus problemáticas vidas mundanas. Era como si hubiera salido de un tomo de
la historia, por arte de magia a la vida.
Recreando el boato de los días antes de la Batalla de Corrin, los Butlerianos
marchaban y coreaban, reverenciando a los tres mártires: Serena Butler, su hijo bebé,
Manion, y el Gran Patriarca Iblis Ginjo.
El Emperador Salvador acompañaba a Vor con grandes sonrisas en medio de la
aclamación del público, dándole la bienvenida como a un camarada perdido hace mucho
tiempo. A medida que las multitudes se congregaban en la plaza del Palacio, el
Emperador aceptó los aplausos como parte suya. Vor participó en el espectáculo como un
hombre que soportaba un procedimiento médico desagradable.
Las personas lo trataron como un salvador, rogándole que tocara a sus bebés, para
bendecir a sus seres queridos. Los Butlerianos lo adoptaron como uno de los suyos,
aunque a él no le gustara. Su movimiento parecía aún más extremo que la cruzada de
Rayna Butler contra todo tipo de máquinas y tecnología durante los días más oscuros de
la Yihad. Los seguidores de Rayna habían causado una gran cantidad de daños,
especialmente en Parmentier, donde su propia nieta Raquella había atendido a los que
cayeron enfermos de las plagas Omnius, y los seguidores de Rayna Butler se habían
vuelto contra ella.
Aquellos Butlerianos le inquietaban.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Décadas habían pasado desde la última vez que Vor había puesto un pie en la ciudad
capital, y mientras miraba alrededor, vio indicios de decrepitud, el nivel de tecnología
había retrocedido en lugar de avanzar. Signos sutiles: vehículos, instrumentos, incluso la
iluminación y los sistemas de sonido para el gran desfile en su honor… todo parecía un
poco más primitivo. Pero cortésmente vio como el colorido desfile se presentaba más allá
de la base del palco imperial.
Salvador se sentaba junto a él, sonriendo, mientras que su hermano, Roderick,
permanecía por detrás del evento. Como las multitudes seguían hinchándose en la plaza
del Palacio, los aplausos y las voces excitadas se hicieron ensordecedores. Las personas
llamaban a Vor, coreando su nombre y exigiendo que diera un discurso. El Emperador
levantó las manos y trató de imponer el orden, con poco éxito. Pero cuando Vor se puso
de pie, la multitud cayó en un silencio atronador tan rápidamente como el aire que corría
a través de una escotilla abierta.
—Les doy las gracias por una maravillosa bienvenida. Ha sido un tiempo tan largo.
Luché mis batallas en la Yihad de Serena Butler, y ahora veo la victoria que realmente
obtuve: un Imperio libre, una civilización animada, sin obstáculos por la amenaza de las
máquinas pensantes. —Sonrió con falsa modestia—. Y me conmueve saber que no me
han olvidado.
En el período de calma después de sus palabras, alguien en la multitud gritó:
—¿Has venido para tomar el trono? ¿Has venido a llevarnos contigo?
Alguien llamó:
—¿Eres nuestro próximo Emperador?
Las voces se hincharon en un rugido ensordecedor, coreando su nombre: ¡Vorian!
¡Vorian!
Sobresaltado, Vor rió y rechazó los comentarios.
—No, no. He venido a proteger a mi pueblo en Kepler, nada más. El trono del
Emperador pertenece a los Corrino. —Se volvió hacia Salvador y se inclinó un poco por
respeto hacia él, inspirando más aplausos entre la multitud. Pero todavía podía oírles
cantar su nombre, no el de Salvador.
Y pudo ver que el Emperador no estaba para nada contento.

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El temor supersticioso es algo infantil, una medida de ignorancia y credulidad. A veces, sin embargo, ese temor
está bien fundado.
—GRABACIONES DE LA ESCUELA SUK, análisis de las tensiones de la psique humana

—Te enseñé a pensar más allá de ti mismo —dijo la esfera de Erasmo—. Ahora, como la
mejor maquina pensante, se puede proyectar hacia el futuro, hacer planes y estimaciones.
Bajo mi dirección, formaste tu escuela aquí hace setenta años. Enseñamos a muchos
humanos a ordenar sus mentes como las computadoras. Les hemos mejorado, los hicimos
menos volátiles.
Gilbertus dijo:
—Y estoy contento por nuestros setenta años de éxito, a partir de una década después
de la caída del Imperio Sincronizado.
—Pero no hay que renunciar a la utopía. —La voz simulada de Erasmo mantenía un
tono de regaño.
Utopía. Gilbertus respiró hondamente, sin decir lo que estaba en su mente, que ya no
sentía como lo había hecho en su juventud respecto a las máquinas pensantes. Utopía era
el estado más ideal de la sociedad, mejor de lo que cualquier ser humano podría crear.
Esa había sido una de las opiniones a menudo repetidas de Erasmo, y se había vuelto tan
arraigada en la psique de Gilbertus que no había dudado ni una palabra de lo que le decía
el robot independiente a él.
En los años transcurridos desde el final de la Yihad y la Batalla de Corrin, Gilbertus
había hecho sus propias investigaciones, manteniendo cuidadosamente sus secretos,
incluso el del robot independiente. Viviendo entre los seres humanos libres, observando
el crecimiento del nuevo Imperio, Gilbertus había estudiado los aspectos de la sociedad
que Erasmo nunca le había mostrado. Allá en Corrin, el robot había hecho muchos
violentos experimentos en los cautivos y las conclusiones obtenidas sobre la base de ese
conjunto de datos eran aisladas, pero una vez que leyó los numerosos relatos de la antigua
Liga de Nobles, Gilbertus veía las cosas de manera diferente y comprendía el verdadero
valor visualizado durante la Yihad de Serena Butler, cuando los seres humanos habían
arriesgado todo en su carrera para liberarse del yugo de las máquinas pensantes.
Aquellas historias no filtradas no eran las mismas que lo Erasmo le había enseñado, y
Gilbertus comenzó a desarrollar una perspectiva más equilibrada. Le molestaba pensar
que su gran mentor podría no ser del todo acertado, o siquiera objetivo.
Pero no podía decírselo a Erasmo.
La voz del robot interrumpió sus pensamientos.
—Estoy indefenso y vulnerable en este estado, Gilbertus, y crece a cada momento.
¿Debe realmente tomar tanto tiempo que me encuentres otro cuerpo? Dame uno de esos
mek de combate fuera de servicio, si es necesario. Tú y yo juntos. A continuación, podrás

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

modelar un medio adecuado para mi regreso a la funcionalidad completa. —Simuló un


suspiro—. ¡Ah, qué hermoso cuerpo que solía tener!
—No es prudente precipitarse, padre. Un solo error podría destruirlo todo, y no me
atrevo a perderlo. —Tampoco se atrevía a admitir que temía lo que podría hacer si
Erasmo recuperaba por completo sus capacidades nuevamente, la destrucción que
probablemente causaría en toda la galaxia poblada. Nada de esto significaba que
Gilbertus sintiera menos afecto por el robot independiente, que siempre sería a su padre,
pero hacía su relación más compleja, y guiaba a las decisiones que tenía que hacer sobre
lo que le permitiría al núcleo mental hacer, y donde tenía que dibujar la línea.
—Pero si algo te sucediera a ti… —El robot dejó que sus palabras flotaran en una
pausa embarazosa.
—Usted me dio el trato de extensión vital, ¿recuerda? Pero supongo que podría morir
en un accidente. He considerado compartir a mi estudiante Draigo nuestro pequeño
secreto. Un hombre objetivo, el mejor de todos los alumnos Butlerianos que Manford me
ha obligado a permitir en la escuela.
Erasmo sonaba emocionado:
—Has hablado mucho de Draigo Roget. Si crees realmente que nos puede ayudar,
entonces por supuesto que deberíamos adoctrinarlo.
—Pero no estoy seguro de su lealtad incondicional.
La escuela había empezado con cosas pequeñas. Había escapado Corrin con el resto
de los refugiados, y después de malvivir durante algunos años, fue a escondites secretos
que Erasmo identificó y reunió las semillas de una fortuna, que había utilizado para poner
en marcha su centro de formación. Gilbertus mantuvo su nombre real, porque nadie de
Corrin jamás lo había conocido.
Habían elegido Lampadas debido a su aislamiento, un lugar donde sus estudiantes
podrían organizar sus procesos mentales sin ser molestados. El planeta había sido cruel
con ellos al principio, los pantanos inhóspitos y la formación complicada. Pero Gilbertus
tuvo éxito, con la ayuda secreta del robot independiente.
Bajo el sistema los dos se establecieron, algunos de los graduados de la Escuela
Mentat quedaron atrás para dar clases, mientras que algunos estudiantes especiales
trabajaban como asistentes de enseñanza. Otros graduados reclutaban nuevos candidatos
de todo el Imperio, que a su vez venían a Lampadas y se iban años más tarde como
mismísimos Mentats…
Y en todo ese tiempo, Draigo había sido el mejor alumno (y ayudante de cátedra) de
todos, pronto a graduarse con los más altos honores en la historia de la escuela.
—Reflexionaré más a fondo, Padre —dijo, y luego cuidadosamente alejó el núcleo de
memoria.

***

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Cuando Gilbertus le pidió a su estudiante Alys Carroll para que le ayudara a realizar de
un inventario de los componentes de robots guardados en el almacén de enseñanza, ella
reaccionó como si le hubiera pedido que se le uniera en las profundidades del infierno.
Como era de esperar. Y era por eso exactamente por la que la había elegido en primer
lugar.
—Es una tarea servil, Director. —Dio un paso hacia atrás y miró a otro lado—. Sin
duda, uno de los nuevos estudiantes sería más apropiado para la tarea.
—Pero no le pedí a ninguno de los nuevos estudiantes. Te lo he pedido a ti. —
Entrecerró los ojos—. Soy el creador y director de toda esta escuela, sin embargo, estoy
dispuesto a hacer la tarea porque veo la necesidad. Te he aceptado en esta escuela como
un favor personal hacia Manford Torondo, con la promesa de que todo lo que sé te lo
enseñaría. Estoy seguro de que la arrogancia no era una de las enseñanzas de nuestro plan
de estudios.
La joven todavía se veía tensa y pálida, y balbuceó:
—Lo siento, señor. No quise decir…
—Cuando tú salgas al Imperio y sirvas en una operación de negocios o en la banca de
una gran casa noble, ¿vas a escoger y elegir entre las tareas que tu amo te da?
La respuesta de Alys no respondió la pregunta:
—Trabajaré para el movimiento Butleriano, Señor Director, no para alguna entidad
comercial. De hecho, he considerado quedarme aquí como maestro. Es vital y necesario
para asegurar que los estudiantes reciban la instrucción adecuada.
—Reciben la instrucción adecuada —dijo Gilbertus, con su afilado tono—. Si eres
Butleriano o no, un Mentat debe ser objetivo y completo. La realidad no cambia sólo
porque no te gustan los datos.
—Sin embargo, una adecuada presentación de los datos puede cambiar la forma en
que se percibe la realidad.
—Esto tiene los ingredientes de un debate fascinante, jovencita, pero en este
momento hay un trabajo que hacer. Ven conmigo.
Con una reticencia evidente, Alys lo siguió austeramente hasta un almacén. Abrió la
puerta con una llave de la cadena en el bolsillo del chaleco. Globos luminosos sensibles
al movimiento brillaron como estrellas blancas y duras, proyectando largas sombras.
Dentro había varios robots parcialmente desmantelados que Gilbertus había
confiscado y aplicaba para propósitos de enseñanza: cabezas desprendidas de robots con
caras pulidas, constelaciones oscuras de fibras ópticas, pistón y cable fornido impulsados
en armas de combate mek, garras prensiles que habían sido retiradas de torsos cilíndricos.
Tres mek de combate estaban intactos, salvo la totalidad de sus sistemas de armas que
habían sido extraídos como medida de seguridad.
Alys vaciló en el umbral, mirando fijamente las máquinas, y luego se obligó a entrar
en el almacén.
—La mayoría aún tienen fuentes de alimentación rudimentarias —dijo Gilbertus—.
Tenemos que saber cuántos de cada modelo tenemos, qué piezas se pueden todavía

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

encender, y cuáles son chatarras inútiles, o que no nos servirán para ningún propósito.
Quiero un inventario funcional.
Debido a que a menudo visitaba aquel lugar, reflexionando sobre el potencial de
todos aquellos componentes, ya conocía el inventario bastante bien. Cada robot, cada
pieza desmontada, se había obtenido a un precio estimado y después de muchas
discusiones. Los Butlerianos querían todo vestigio de máquinas pensantes erradicado,
pero él, al igual que los instructores de la Escuela de los Maestros Espadachines en
Ginaz, insistió en que los robots sobrantes eran necesarios para sus escuelas.
—¿Tenemos que correr el riesgo de alimentarlos?
—¿Correr el riesgo? —preguntó Gilbertus—. ¿Por qué dices correr el riesgo?
—¡Son máquinas pensantes!
—Máquinas pensantes derrotadas. Debes tener más orgullo por nuestros logros. —
Sin dejar que la discusión continuara por más tiempo, se acercó a un estante de metal que
contenía cuatro cabezas de robot unifamiliares.
Sabía que Erasmo le estaba mirando ahora. Los ojos espía habían sido incorporados
hábilmente en los rincones ocultos de la bodega, así como en las salas de conferencias, en
el comedor, en las canchas de deportes, y algunas de las torres perimetrales. Varios
caminos de circuitos increíblemente delgados hechos de metal líquido de no más de unas
pocas moléculares de espesor se extendían como las crecientes fibras de una red compleja
de raíces del bosque, todas remontándose al aislado núcleo de memoria del robot.
Mientras miraba a los mek combate y sus apéndices tristes, Gilbertus acarició su
barba de chivo y contempló la civilización increíblemente organizada de los Mundos
Sincronizados… todos se habían ido, debido a la destrucción del miedo humano y el
odio. Y ahora la civilización estaba siendo amenazada por un movimiento que temía la
tecnología en todas sus formas, incluso a mecanismos industriales básicos. A pesar de
que enfermaba a Gilbertus, tenía que aceptar a los Butlerianos y su apoyo a su escuela…
por el momento.
De pronto, las fibras ópticas en dos de las cabezas de robot en frente de él
comenzaron a brillar, resplandeciente como asterismos. A continuación, las armas de
combate mek unifamiliares temblaron y se inclinaron, los dedos segmentados se
extendieron y luego se doblaron nuevamente. En el otro lado de la habitación, un mek de
combate intacto giró de lado a lado.
Alys Carroll gritó.
Los otros componentes independientes comenzaron a temblar y saltar, despertando.
Otro mek de combate brilló con vida, levantando un brazo desarmado.
—¡Están poseídos! —gritó Alys—. Deben ser destruidos. ¡Tenemos que ir a las
barricadas de la cámara! —Retrocedió hacia la puerta del almacén, con el rostro tan
blanco como la leche.
Gilbertus se mantuvo calmado.
—Es sólo una subida de tensión al azar, puede arreglarse fácilmente. —Se acercó al
mek de combate cercano, jugueteó con la carcasa del torso, y le retiró la fuente de

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Brian Herbert
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alimentación para que el robot se desplomara, oscuro y muerto una vez más—. No hay
nada de qué preocuparse.
Estaba seguro de que no le había creído, tal vez ni siquiera había podido oír su
respuesta. Desactivó al segundo mek de combate, luego fue metódicamente alrededor de
la sala, manteniendo su rostro plácido, aunque sus propias emociones estaban elevándose.
Gilbertus no tenía ninguna duda en su mente de quien había hecho aquello. Erasmo se
había vuelto cada vez más inquieto; Gilbertus tendría que hacer algo pronto para
mantener el robot en su lugar.
Apagó las extremidades separadas, impulsado fuera de las cabezas de la máquina, a la
vez que de seguro Erasmo lo estaba viendo, y sin duda divirtiéndose. ¿Era una broma
destinada a asustar o a provocar su alumna Mentat? ¿Una manera de forzar Gilbertus a
tomar medidas? El último brazo del robot hizo clic juntando sus dedos de metal, como si
se burlara; Gilbertus lo apagó eliminando la pequeña célula de potencia.
Miró a Alys y sonrió.
—Ya ves, esto es trivial, aunque es una lección que debemos aprender. En el futuro
tomaremos precauciones adicionales. —La condujo fuera del almacén, cerró la puerta y,
con la llave en el bolsillo de nuevo, cerró firmemente.
En el hall, Alys estaba asustada, y él sabía que ella hablaría entre los demás
estudiantes Butlerianos, posiblemente, incluso presentaría un informe a Manford.
Gilbertus dio unos pasos pausados de vuelta hacia su oficina, haciendo como que no
sentía la urgencia.

***
Después de activar los paneles ocultos para revelar el núcleo de memoria, Gilbertus no
esperó y dijo impulsivamente:
—¡Eso fue peligroso, y tonto! —Aunque las puertas estaban cerradas, luchó por
mantener la voz baja, para que nadie le pudiera oír hablar mientras supuestamente se
encontraba solo en su oficina privada—. ¿Qué quiso conseguir con su pequeño truco,
salvo aumentar el temor supersticioso de uno de mis estudiantes?
—Tu estudiante ya ha dejado sus sentimientos muy claros. Su mente puede ser
organizada a lo largo de las líneas de los Mentat que le han enseñado, pero no está abierta
a nuevas creencias.
—¡Sólo hizo que se abriera más de lo que estaba! Ahora ella está aún más
aterrorizada.
El robot fabricó una de sus risas de hojalata.
—Analicé muchas imágenes de sus expresiones faciales. Fue muy divertido.
—¡Fue una estupidez! —espetó Gilbertus—. Y puede haber repercusiones. La gente
querrá explicaciones. Manford podría enviar inspectores Butlerianos aquí.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Que vengan. No encontrarán nada. Simplemente quería probar mis nuevas


extensiones, y tuve la oportunidad de verificar mi teoría acerca de la reacción de esa
mujer. Los simpatizantes Butlerianos son tan predecibles.
Gilbertus se sentía muy agitado. Todavía no comprendía al robot independiente.
—¡Tiene que entender que Manford y sus seguidores son peligrosos! Si le
encuentran, le destruirán, y a mí, y toda esta escuela.
—Estoy aburrido —dijo Erasmo—. Tenemos que irnos de aquí y encontrar un lugar
en el que podemos trabajar juntos en paz. Podemos construir nuestra propia ciudad de
máquinas y fabricar un nuevo órgano apropiado para mí. Las cosas pueden volver a ser lo
que eran.
—Las cosas nunca van a ser como antes —dijo Gilbertus—. Le brindo las
actualizaciones y las noticias, pero no ve todas las actividades diminutas que pasan por
todo el Imperio. Usted no siente el estado de ánimo de las personas. Confíe en mí. Sólo
tiene que aguardar a su tiempo.
El robot se quedó en silencio por un largo momento y luego dijo:
—Me recuerda a cuando estaba atrapado en esa grieta en Corrin, congelado en aquel
lugar, encerrado allí durante años y años. Ahora estoy tan encarcelado, salvo que esto es
peor, porque puedo ver algo de lo que está pasando ahí fuera. Hijo mío, quiero participar.
¡Piensa en lo mucho que podríamos aprender, cuánto podríamos lograr!
—Todos esos años en la grieta, sin nada que hacer más que pensar y ampliar su mente
es lo que le convirtieron en la notable máquina que sigue siendo ahora. Aproveche este
tiempo para seguir evolucionando y mejorando.
—Por supuesto… pero es muy tedioso. ¡Yo disfruté tanto de mi cuerpo!
Gilbertus empujó el núcleo metálico de nuevo en su bóveda blindada y escondida, y
luego cerró los segmentos entrelazados del compartimiento. Se sacudió el sudor de la
frente y se dio cuenta de que su corazón latía con fuerza.

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Incluso el altruismo posee implicaciones de negocios.


—JOSEF VENPORT, memo interno de VenHold

Como Jefa de la Administración de la Escuela Suk, la Dra. Zhoma no podía permitirse el


lujo de mantener un perfil bajo. Su trabajo consistía en buscar benefactores, destacar los
beneficios y los logros de los Suk y salvar la escuela de sus situaciones desesperadas.
Impulsando personalmente el desarrollo de la tecnología médica avanzada, especialmente
entre las poblaciones reaccionarias que veían a la ciencia con recelo, dio discursos
informativos frecuentes a los líderes planetarios en los mundos de la Liga, con la
esperanza de inspirarlos.
Aunque no era una mujer que entrara en pánico o reaccionara de forma exagerada,
Zhoma tenía mucho cuidado de ocultar las finanzas tambaleantes e inestables de la
escuela después de años de mala gestión y corrupción por parte de sus predecesores. La
financiación Suk también había sido dañada por la marea desconcertante y cada vez
mayor de los Butlerianos, quienes evitaban el tratamiento médico razonable y las pruebas
a favor de la oración. A pesar de todo, la orden Suk tenía que sobrevivir, y la Dra. Zhoma
estaba decidida a salvarla, sin tener en cuenta las reglas o convenciones que podría tener
que doblar o romper. Incluso la Reverenda Madre Raquella no sabía de su difícil
situación presupuestaria, porque Zhoma se habría avergonzado de admitirlo ante ella.
En el año desde que asumió al cargo que el charlatán y estafador Elo Bando había
dejado, había pasado muy poco tiempo sirviendo como médica, y en su lugar buscaba la
financiación y promovía la causa de la Escuela Suk. En efecto, se había convertido en
una abogada en lugar de una médica, pero ese trabajo era necesario para la supervivencia
de la institución, que era ampliamente reconocida como lo mejor que la humanidad tenía
para ofrecer.
Había estado dando a los inversores un recorrido por el antiguo edificio de la sede
Suk en Zimia cuando el Emperador Salvador la llamó para que se verificara la identidad
del hombre que decía ser el Bashar Supremo Vorian Atreides. Había conocido a Salvador
en numerosas ocasiones, como cuando le pidió en repetidas ocasiones médicos de
reemplazo y ella le había asignado algunos nuevos. El Emperador pasó por muchos
médicos, diciendo que el tratamiento de la mayoría era malo, y que no le había gustado
un doctor Suk más que Elo Bando (que, en sí mismo, no hablaba mucho de la inteligencia
del Emperador Corrino, porque Bando había sido un villano y un idiota).
Sin embargo, Zhoma había deseado demostrarle sus capacidades personales al propio
Emperador, lo que demostraría su competencia. Si los Corrino se convertían en mecenas
de los doctores Suk, las preocupaciones financieras de la escuela habrían terminado. Por
desgracia, no parecía probable que aquello sucediera.
Y ahora estaba fuera en otra misión de la escuela, esta vez una mucho más privada. A
veces, por pura necesidad, tenía que operar en zonas grises de la ley; como lo había hecho

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

durante sus breves años en la Hermandad. La Reverenda Madre una vez le había
regañado por las racionalizaciones fáciles y la ética situacional convenientes, pero Zhoma
sabía que Raquella habría barajado las mismas opciones si su Hermandad hubiera estado
en juego.
Esta vez, en lugar de hablar en un banquete o en una reunión con los representantes
del Tesoro, la Dra. Zhoma tuvo que ocultar sus movimientos de manera que nadie
pudiera localizarla. Ya había asumido tres identidades falsas diferentes en el viaje a un
sistema estelar lejano, a bordo de un buque VenHold bajo un solo nombre, bajando, para
embarcarse en otra nave como otra persona, cambiando de personalidad de planeta en
planeta hasta llegar a una cita importante.
Por último, a bordo del buque correspondiente en la fecha correspondiente, se reunió
con el propio Director Josef Venport.
Todos sus navíos tenían cubiertas ultra-seguras que albergaban a sus misteriosos
Navegantes, así como las áreas restringidas y salas de juntas administrativas para la
realización de negocios. Zhoma no estaba vestida como doctora Suk, había dejado de
lado el anillo de plata del metal tradicional que unía a su pelo de color marrón oscuro.
Allí, era una mujer de negocios que buscaba financiación.
Venport era un hombre fornido de bigote prominente, cejas espesas y una espesa mata
de pelo peinado hacia atrás. Se habían conocido antes, tanto abiertamente en situaciones
del Landsraad, y en secreto, como la de hoy. Tenía los recursos para mantener intacta la
escuela.
Ahora estaba sentado en un escritorio plano que flotaba exactamente a la altura
adecuada, sostenido por un campo suspensor resistente. Su superficie de escritura era una
hoja muy fina de palo de pollo de Ecaz, y la veta de la madera carmesí conservada aún
fluía y latía como un sistema circulatorio herido.
Venport era un hombre robusto y rígido, sin embargo, sus ojos ahora celebraban un
brillo de diversión.
—¿Entiende, Dra. Zhoma, que es inútil trabajar tan duro para ocultar sus
movimientos? Cada pasajero es monitoreado e investigado desde el momento en que
suben a bordo.
Un nudo se ató en el estómago de Zhoma. Siempre se enorgullecía de su nivel de
competencia.
—¿Se hace un seguimiento de cada una de sus naves? ¿De todo el mundo? —
Teniendo en cuenta el número de pasajeros que se movían entre los miles de mundos del
Imperio, se estremeció al pensar en la capacidad de los registros que tal esfuerzo
requeriría.
—La Flota Espacial VenHold tiene suficiente potencia de cálculo, además de Mentats
y observadores expertos que están capacitados para nuestros propósitos. —Para Venport
admitir que utilizaba computadoras (no sensibles, por supuesto), era una afirmación
provocativa, tal vez lo decía sólo para demostrar un nivel de confianza en ella, tal vez
simplemente estaba haciendo alarde de su invencibilidad.

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—Espero que no comparta la información que adquiere —dijo ella.


—Por supuesto que no. Como médica, usted tiene también una gran cantidad de datos
médicos confidenciales. No quisiéramos que saliera, tampoco. Hmmm, somos fiduciarios
de cierta información, usted y yo.
Ella se enderezó.
—La Escuela Suk descansa sobre una base de confianza y fiabilidad. Tenemos la
confianza de nuestros pacientes como algo sagrado.
Venport le iluminó:
—¿Ve? La gente racional entiende las necesidades racionales. Pero con demasiada
frecuencia tenemos que tratar con personas irracionales, y en tiempos como estos, cuando
los bárbaros testarudos tienen la intención de sumirnos en una nueva Edad Oscura, tengo
que estar seguro de mis propios aliados. Es por eso que estuve dispuesto a ayudar a su
escuela. —Cruzó las manos sobre el escritorio. Los patrones de color rojo oscuro se
arremolinaban alrededor de una manera inquietante.
La Dra. Zhoma consiguió esbozar una sonrisa frágil. Venport había sido muy
generoso en ayudar a la Escuela Suk través de sus graves dificultades financieras, pero
todavía cargaba el suficiente interés para paralizar su tesorería ya inestable. Tenía que
probar su generosidad ahora.
—He venido a pedir un poco más de indulgencia y comprensión de su parte, Director
Venport.
Una arruga se dibujó en su rostro, y su actitud cambió ligeramente. No era un hombre
al que le gustara cuando las cosas no salían como quería.
—Por favor, explique con más detalles.
—Necesitaré más tiempo, o condiciones más flexibles, para los próximos pagos
programados. Con todas nuestras nuevas instalaciones en Parmentier, la Escuela Suk se
encuentra en un difícil período de transición.
—Todavía en el caos presupuestario, querrá decir —dijo Venport.
—Ese es el legado de mi predecesor, el Dr. Bando, como usted bien sabe. —Zhoma
tragó saliva, tratando de ocultar el rubor de la vergüenza.
—Afortunadamente, ya no está con nosotros. —Venport le dedicó una sonrisa de
complicidad, que sólo profundizó la vergüenza que sentía por su implicación en su
muerte.
Elo Bando había sido encontrado muerto en su nueva oficina de la opulenta sede en el
complejo de la escuela a medio construir en Parmentier. Bando había elegido mover el
complejo principal de la escuela de Zimia al antiguo mundo natal del fundador de la
escuela, Mohandas Suk, donde el gran hombre había pasado años cuidando a los
enfermos terminales.
La muerte de Elo Bando había sido catalogada como un suicidio, una auto-infligida
sobredosis; una conclusión que era absurda para cualquiera que mirara el expediente: le
habían inyectado más de cincuenta veces con varios venenos, estimulantes y
alucinógenos, por lo que su muerte fue larga y angustiosa. La Dra. Zhoma,

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

administradora secundaria de la escuela en aquel tiempo, insistió en que se realizara la


autopsia y determinara la causa real, pero ya sabía la conclusión a la que iba a tener que
escribir en los registros formales, y no se arrepintió de lo que había hecho. No podía
haber ninguna excusa para la conducta obscena del hombre.
El reprobable Bando casi había destruido la buena institución académica que
Mohandas Suk había fundado hacía décadas, robando a los estudiantes y a la humanidad
de un legado perdurable de la medicina. Pero el dinero había desaparecido, gracias al
egoísmo del hombre libertino, y los numerosos hospitales de capacitación en
construcción en Parmentier se encontraron al borde de la quiebra.
Bando había ganado gran prominencia por la desparasitación al mismísimo Salvador
Corrino, ganando la confianza del Emperador, neutralizando sus fobias, y proponiendo
una serie de tratamientos de «terapia de protección contra el veneno» imaginario, y caros
y falsos tratamientos de prolongación de vida. Por sus servicios al Emperador, Bando
tenía enormes sumas embolsadas, que luego aprovechó para ampliar las instalaciones Suk
mucho más allá de los medios de la escuela, por lo que la organización pareció estar
floreciendo. Todo era una ilusión, y la escuela estaba muy endeudada, construida sobre
una base de cáscaras de huevo.
Zhoma había atrapado a Elo Bando en sus crímenes. Cuando descubrió que ya había
recaudo una fortuna y se disponía a huir, Zhoma mató al hombre vilmente por sí misma,
y luego encubrió el asunto. Era necesario y lo había hecho sin vacilar, con miedo al
escándalo de corrupción que pudiera exponer a la precaria situación financiera de la
escuela. Pero Bando había llevado a cabo su estafa muy bien y logró engañar a todos los
observadores externos, especialmente al Emperador Salvador.
A fin de impedir la disolución de la institución, Zhoma no se atrevió a revelar al
Emperador cómo Bando le había engañado, por lo que se vio obligada a recurrir a otras
alternativas. La más importante de ellas, Venport Holdings tenía grandes sumas de dinero
distribuidos a través de numerosas empresas, incluyendo banca interplanetaria. El
magnate tenía sus propias fuentes de información, y después de un cuidadoso estudio del
informe de la autopsia de Elo Bando, fácilmente conjeturó lo que la Dra. Zhoma había
hecho, y no intentó ocultar lo que sabía.
Curiosamente, su método de tratar con el charlatán Bando se ganó el respeto
encantado de Venport. Le dijo que admiraba la forma en que había resuelto un problema
pegajoso, por no mencionar el hecho de que se había salido con la suya. Divertido e
impresionado, había accedido a prestar a Zhoma grandes sumas de dinero.
—De hecho, la entiendo muy bien, doctora.
Al principio, Zhoma estaba preocupada de que él usaría el conocimiento para
chantajearla, pero Venport era un hombre que atesoraba información interesante, aun
cuando no necesariamente podía hacer uso de ella. Pero podría, por supuesto, en
cualquier momento.
Aunque el asesinato fue en contra de los principios Suk, Zhoma sabía que había
hecho lo correcto, lo honorable, en matar el charlatán por el bien de la escuela. Deseaba

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decirle a la Reverenda Madre de ello un día, ya que la mujer mayor lo entendería. Incluso
después de tantos años de distancia de la Hermandad, Zhoma sentía que necesitaba la
aceptación de Raquella, por no mencionar el perdón.
Se sentaba fríamente ahora, frente a un escrutinio de Venport.
—Es más que sólo las irregularidades financieras que mi predecesor ha causado —
dijo—. Nuestra escuela sigue sufriendo la actitud Butleriana, la resistencia tonta a la
tecnología médica básica. Han saqueado, incluso apagaron, algunas de nuestras modernas
instalaciones de tratamiento en otros planetas. Muchas vidas se han perdido debido a que
los escáneres de prueba y los instrumentos quirúrgicos se han roto.
Su expresión se ensombreció.
—No tiene que convencerme a mí, doctora.
—Tengo fe en que la iluminación prevalecerá.
—Me gustaría poder compartir su fe, Dra. Zhoma, pero la fe es el mayor problema
que la humanidad enfrenta ahora, y la próxima era de la razón no será simple en esta
época de creencias mágicas y temor supersticioso.
—Así que debemos continuar la lucha. Usted ha arrojado a nuestra escuela un
salvavidas, Director Venport, y me temo que lo necesitaremos un poco más.
Se aclaró la garganta y dijo:
—Entiendo las dificultades que enfrentan, pero discutamos las consideraciones
prácticas. Como personas de negocio.
Tragó saliva, temiendo qué términos se impondrían.
—Aquí está mi solución: ¿Entiendo que se adquirieron y analizaron muestras
biológicas de Vorian Atreides, por orden del Emperador Salvador? Todo el mundo
pensaba que estaba muerto hace mucho tiempo, pero ahora que ha regresado, no ha
envejecido ni un día ¡y el hombre es más de dos siglos de edad!
—Debido al trato de extensión vital del general Agamenón —dijo Zhoma—. Eso es
un asunto de registro en los anales de la Yihad, pero la técnica se ha perdido. Sólo los
cimek sabían cómo llevar a cabo el procedimiento.
—Y ¿no sería un triunfo para nosotros encontrarla de nuevo? En cualquier caso,
quiero las muestras originales, Dra. Zhoma. Seguramente no han sido descartadas.
Obténgalas para mí, y aceptaré eso como tres pagos próximos de la Escuela Suk.
La frente de Zhoma estaba fruncida.
—Esas muestras son privadas, estrictamente para la prueba de la identidad genética
de Vorian Atreides. Usted habló de la responsabilidad fiduciaria antes, así que ya sabe
que es poco ético utilizarlas en cualquier forma no autorizada. —Por la expresión de
Venport, pudo ver que no estaba interesado en absoluto en su dilema moral. Cuando él
siguió considerando en silencio, le preguntó—: ¿Qué va a hacer con ellas?
—Eso no es de su incumbencia. Sólo tiene que ver que se haga.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Lo mejor es dejar la historia en el pasado, así las leyendas no interfieren en nuestras vidas cotidianas.
—ERASMO, notas secretas de laboratorio

Vistiendo su viejo uniforme de gala de una fuerza militar que ya no existía, Vorian
Atreides se reunió en privado con el Emperador y Roderick Corrino. A pesar de los
lujosos alrededores en el Palacio Imperial, prefería su casa privada con Mariella en el
tranquilo Kepler.
Ahora que había vuelto a aparecer con tanta fanfarria en la opinión pública, sin
embargo, temía que la gente no lo dejara en paz. La reacción del público entusiasta
durante el desfile reciente lo había perturbado tanto como lo había hecho el Emperador.
Cuando Vor entró en la oficina personal del Emperador, notó el escritorio y mesas
doradas, las valiosas pinturas en las paredes, las cortinas ricamente tejidas recogidas con
trenzas de oro. Recordó sus años de lucha en la antigua Liga de Nobles, que había sido un
héroe para el pueblo y fácilmente podría haberse coronado a sí mismo como el primer
Emperador después de la Batalla de Corrin. En aquel entonces, Faykan Butler había
tenido miedo de la popularidad de Vor, sin entender que Vor nunca había tenido
ambiciones imperiales. Le habían dado sus frutos y enviado lejos… que era exactamente
lo que Vor quería.
Ahora, convocado por Roderick y Salvador Corrino, podía adivinar que querían lo
mismo. Y él les haría pagar muy caro, de nuevo.
Los tres hombres se sentaron en una mesa tallada de madera elacca, y Vor abrió el
debate hablando de la práctica oscura de la esclavitud en los mundos marginales, así
como de los hombres crueles que habían golpeado recientemente Kepler.
—Tal vez es el momento para mí de dirigir una cruzada distinta. —Vor demostró la
ira en su voz, asegurándose de que sabían que podía causar un montón de problemas si lo
deseaba—. ¿No nos enseñó la Yihad que los seres humanos no deben ser tratados de esa
manera?
—La esclavitud sigue siendo una parte importante de la economía en la frontera —
observó Roderick.
—Entonces los planetas fronterizos deben ser protegidos de los traficantes de
esclavos.
A la cabeza de la mesa, Salvador lucía inquieto.
—Hay tantos planetas, ¿cómo podemos cuidarlos a todos?
Vor entrecerró los ojos.
—Puede empezar mirando a Kepler. Protegiendo mi mundo. —Inclinándose hacia
adelante, obligándose a mantener la calma, Vor describió el día en que muchos de sus
habitantes habían sido capturados, presentando una lista completa de sus nombres, así
como su proyecto de ley de venta para demostrar que los había comprado desde
Poritrin—. Los libré esta vez, pero eso no resuelve el problema. Más esclavistas se

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aprovechan de mi mundo; e incluso si no atacan mi valle de nuevo, irán a una de las otras
zonas colonizadas. No debe permitir que eso suceda, Sire.
La expresión de Roderick fue dura.
—Escuchamos su pasión, Vorian Atreides, pero en un Imperio cargado de crisis, unos
traficantes de esclavos rebeldes, en planetas mínimamente poblados, no son nuestra
preocupación predominante.
—Si acaso elijo unir al pueblo, podría hacerlo una preocupación predominante —dijo
Vor.
La ira del Salvador brilló, pero Roderick se mantuvo en calma.
—Tal vez usted podría utilizar su fama para lograr eso, y tal vez podamos llegar a
algún acuerdo razonable. ¿Qué, exactamente, le gustaría que hiciéramos acerca de su
situación?
—¡No se nos puede pedir prescribir la esclavitud por completo! —espetó Salvador.
—Podría pedirle por eso, pero no sería práctico. —Su mirada se dirigió al Príncipe—.
¿Qué pueden hacer a cambio de mi silencio, quieres decir? —Vor se detuvo y dio la
respuesta—: Bastante simple. Emitir un decreto Imperial anunciando que Kepler está
fuera del alcance de los esclavistas, entonces denme una docena de buques de guerra para
disuadir a cualquier persona que no escuche.
Salvador se balanceó hacia atrás como si hubiera recibido una bofetada.
—Nadie le habla al Emperador de tal manera. Se acostumbran a hacer peticiones, no
demandas.
Vor lo encontró humorístico.
—Conocí a su tatarabuelo. He luchado a su lado, y al lado de su hijo, y sus nietos;
mucho antes de que se haberse llamado a sí mismos Corrino y mucho antes de que el
Imperio existiera en absoluto. —Se inclinó sobre la mesa—. Teniendo en cuenta el hecho
de que mi familia fue secuestrada y vendida como esclavos, ustedes me perdonarán por
saltarme un par de lindezas. He venido aquí para pedir su ayuda, pero puedo llamar con la
misma facilidad a la gente. Ustedes vieron su reacción en el desfile. Se unirían en torno a
una leyenda viviente. Han visto estatuas con mi rostro, y monedas impresas con mi
imagen; al igual que un Emperador. Pero estoy seguro de que sería mucho más animado
para ustedes que para mí.
Mientras Salvador enrojecía, Roderick hizo un gesto de calma a su hermano, y luego
dijo:
—Nuestro Imperio es lo suficientemente frágil: los disturbios de la CTE, los
Butlerianos, tantos intereses poderosos nos tiran en todas las direcciones. —Hablaba
como si sus palabras estuvieran escritas en un fino pergamino, incluso antes de que las
pronunciara—. No vamos a tolerar la creación de más agitación innecesaria. Nuestra
gente debe pensar en el futuro, no ser recordada sobre el pasado sangriento.
La voz de Salvador fue más oscura:
—¿Ha venido a establecerse como el próximo Emperador? ¿Basado en lo que las
personas gritan?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Vorian soltó una risa fría.


—Escapé de aquellas aspiraciones personales hace mucho tiempo, y no tengo
intención de volver a ellas. Me he retirado y quiero que me dejen solo. Vengo ante usted,
Sire, jurándole mi lealtad a usted, y juro que no tengo ningún interés en asumir ningún
papel en el gobierno o en la comparecencia ante el Landsraad completo. —Sus ojos
grises se endurecieron—. Pero no quiero que mi familia y mi planeta estén desprotegidos.
Mantenga mi pueblo seguro y no tendrá nada de qué preocuparte. Volveré a caer en el
olvido. Nunca me verá de nuevo. —Vor miró hacia otro lado—. Francamente, lo prefiero
de esa manera, también. Sólo quiero ir a casa y que me dejen en paz.
—Desafortunadamente —dijo Roderick—, la gente sabe que está vivo ahora. Irán a
usted en Kepler, rogándole, molestándole, pidiendo que salga en ayuda del Imperio,
tomando el manto de una leyenda. ¿Cuánto tiempo va a ser capaz de resistir sus
demandas para que puedan devolverle a la vida pública?
—Tanto como sea necesario.
Vorian entendía que Salvador se sentía amenazado, pero eso nunca había sido el
centro de atención cuando el gran héroe de guerra estaba presente. Dado que el
Emperador actual no era siquiera el hijo legítimo del Emperador Jules Corrino, la dinastía
ya se estaba debilitando. Vor podría apoderarse del Imperio, si lo deseaba. Pero no lo
hizo.
—Le doy mi palabra de que seguiré permaneciendo en Kepler con mi familia. Nunca
me volverá a ver en Salusa de nuevo.
Salvador se mantuvo en silencio, considerando la oferta. Roderick dijo:
—La solución no es tan simple, Bashar Supremo. Usted ha dado un paso atrás en el
candelero. La gente sabe que todavía está vivo después de haber asumido su muerte hace
tiempo. No se puede quedar en Kepler. Tendrá que desaparecer de nuevo.
—Prefiero mantener un perfil bajo de todos modos. Cambiaré mi nombre si debo
hacerlo.
Roderick negó con la cabeza.
—No va a ser capaz de permanecer oculto en Kepler. Las personas allí le conocen
muy bien. —Su rostro era duro—. Esta es una garantía que vamos a exigirle como
condición de nuestra ayuda. Deje el planeta y Kepler nunca tendrá que preocuparse por la
amenaza de los esclavistas de nuevo. Emitiremos un decreto de protección imperial y
proporcionaremos un par de buques de guerra en órbita para mantener a los buques
esclavistas lejos, como pidió. Las tropas Imperiales operarán los buques de guardia al
principio, pero los navíos eventualmente serán entregados al control del gobierno local de
Kepler. Bajo este acuerdo su gente estará a salvo, su familia y amigos; pero tiene que
salir, irse a algún otro planeta.
—¡Desaparecer en la historia, a donde pertenece! —intervino Salvador.
Vor tragó, pero sólo pudo saborear el polvo. ¿Abandonar Kepler? ¿Abandonar a
Mariella, a sus hijos y nietos? Había sido feliz allí durante décadas, observando a los

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bebés crecer hasta convertirse en padres y esposas que envejecían… mientras que él no lo
había hecho ni un día.
Pero también se acordó de los buques esclavistas, cómo habían aturdido con tanta
facilidad a toda la aldea, escamoteando a todos los cautivos que querían y matando a una
docena de personas. Les había prometido que encontraría una manera de mantenerlos a
salvo…
—Mi solución paga la deuda de honor de los Corrino, protege a su pueblo, y salva un
mundo entero —dijo Roderick—. Sólo siga adelante y en silencio desaparezca de nuevo
por el resto de su vida, por más larga que esta sea.
Antes de que Vor pudiera responder, el Emperador intervino:
—Esa es nuestra oferta. La acepta o la rechaza.
Sin poder olvidar los campos ardientes y edificios de Kepler, o los concurridos y
hediondos mercados de esclavos de Poritrin, Vor entendió la realidad. Era hora de que
pasara página y comenzara un nuevo capítulo en su larga vida.
Cuando estuvo de acuerdo, vio al Emperador exhalar un suspiro de alivio
inconfundible.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

En mi propio planeta, hago mis propias reglas. Y poseo muchos planetas.


—JOSEF VENPORT, memo interno de VenHold

Con una flota espacial privada a su mando y Navegantes dedicados a guiarla de forma
segura a través del tejido espacial, Josef Venport podía viajar donde quisiera, cuando
quisiera. Su esposa, Cioba, podía manejar fácilmente las actividades de gestión de los
complejos allá en Kolhar, mientras que él se iba para hacer frente a otros asuntos
importantes. Algunos de sus destinos eran desconocidos para cualquiera en la Liga del
Landsraad, coordenadas planetarias celebradas sólo en las mentes enormemente
ampliadas de los Navegantes. La galaxia era un lugar enorme, e incluso algo tan grande
como un sistema solar podía ser fácilmente pasado por alto.
Muchas colonias y destacamentos aislados se habían establecido, y olvidado, durante
el milenio del dominio de las máquinas pensantes; el Emperador Salvador, y,
especialmente, los bárbaros fanáticos no necesitaban saber acerca de ellos. El planeta
santuario de Tupile era uno de esos mundos, el escondite de algunos de los fugitivos más
buscados del Imperio (después de pagar sumas exorbitantes a VenHold). A Josef no le
importaba mucho acerca de las personas que se ocultaban allí, sino que era simplemente
una transacción comercial.
La Dra. Zhoma había llegado a través de él con las muestras genéticas, como había
sabido que haría. La Escuela Suk no tenía otra opción, y su pequeña fechoría no era,
después de todo, mucho pedir.
Su propio interés particular, por el momento era el desagradable planeta Denali, un
pequeño mundo caliente con una atmósfera densa y venenosa, donde ningún ser humano
podría sobrevivir a excepción dentro de resistentes módulos de colonias. Josef había
hecho un punto estableciendo su propio puesto de avanzada privado en un sistema solar
que ningún explorador se daría cuenta, en un mundo donde los Butlerianos nunca
descubrirían los proyectos de investigación financiados por Venport Holdings.
Un Navegante personal volaba a bordo de un pequeño plegador espacial hacia el
sistema de Denali, después de lo cual Josef personalmente guió el transbordador a través
de las nubes de color naranja-gris que denotaban azufre y gases de cloro. Aterrizó en el
claro pavimentado al lado del grupo de cúpulas metálicas encendidas, los módulos de
laboratorio y los espacios de vida de sus científicos.
Josef miró a través de las ventanas de la cabina en la oscuridad corrosiva mientras la
esclusa de aire se conectaba sellando su transporte a la estación de acoplamiento. En el
exterior, pudo ver unas cuantas formas esqueléticas desechadas de caminantes cimek,
corpulentos cuerpos de máquinas que una vez que habían mantenido los cerebros de
hombres y mujeres; cerca de la inmortalidad. Hacía mucho tiempo, aquel duro planeta
había sido un puesto de avanzada cimek, y los restos de sus cuerpos mecánicos laicos

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yacían esparcidos, objetos convertidos en un montón de chatarra o piezas de repuesto.


Materiales de investigación. Apenas uno de sus muchos proyectos aquí en Denali.
A pesar de que había visitado esta instalación secreta sólo en raras ocasiones,
transmitió órdenes estrictas de que los equipos no interrumpieran sus trabajos sólo para
saludarlo con fanfarrias frívolas. Josef no quería molestar a los científicos individuales,
no cuando había demasiado en juego.
Al entrar en el complejo, respiró y atrapó un duro y fuerte olor a azufre y cloro,
contaminantes que se filtraban desde el aire exterior que los depuradores no podían
quitar. Josef pensaba que sus equipos de investigación ya ni siquiera notaban los olores.
Con pequeñas manos anudadas en frente de él, el Administrador Noffe saludó Josef.
Noffe era un calvo científico tlulaxa, parte de su rostro desfigurado por tres manchas
sorprendentemente blancas. Noffe nunca le había explicado de dónde habían provenido
las marcas, pero Josef imaginaba algún tipo de accidente de laboratorio, un producto
químico de blanqueo salpicado que causó un daño permanente. VenHold no había
contratado a Noffe para que fuera lindo, sólo para ser brillante.
El jefe de investigación tlulaxa siempre sonaba sin aliento.
—Aunque tuviéramos diez veces más instalaciones y un centenar más de
investigadores, Director Venport, se necesitarían más de una vida sólo para recrear el
progreso que se ha perdido desde el final de la Yihad. —Era un pensamiento serio.
A pesar de que era un defensor del progreso, Josef no era ciego a los peligros
planteados por algunas de las investigaciones, otra razón para el aislamiento del planeta.
Cada módulo de laboratorio tenía un riguroso sistema de cuarentena, muros de
protección, y circuitos independientes a prueba de fallos de modo que si una plaga
experimental fuera a escapar o una subrutina computacional lograba la capacidad de
tornarse agresiva, todo el módulo podría ser aislado y, si era necesario, aniquilado.
Noffe había sido un conocido investigador allá en Thalim, donde se había dedicado a
la clonación y a la investigación genética, decidido a crear buenas obras para borrar la
mancha de vergüenza en la historia de su raza. Pero a las turbas Butlerianas no les había
gustado eso. Habían llegado al sistema Tlulax, conquistado el planeta, demolido los
laboratorios de genética y de clonación (que no entendían), e impuesto severas
restricciones a todos los científicos tlulaxa. Bajo una nueva regla draconiana, crearon una
junta religiosa cuya aprobación se requería para llevar a cabo incluso las pruebas más
básicas de laboratorio. Noffe había hablado en contra de la injusticia, quejándose de que
los fanáticos no entendían la forma en que estaban dañando la humanidad. Y así lo
arrestaron y lo condenaron.
Pero Josef Venport había reconocido el potencial de los científicos y organizó la
huida de Noffe, llevándolo a Denali y nombrándolo administrador, donde había estado
muy contento y productivo desde hacía varios años. Noffe sentía un placer frío en la
supervisión de las líneas de investigación que harían que los bárbaros se retorcieran y
crujieran sus dientes.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Josef llevaba una pequeña caja sellada de muestras biológicas mientras seguía al
hombre pequeño en el módulo contiguo.
—Tengo un nuevo proyecto para usted, Administrador. Algo cercano a mi corazón.
—Siempre estoy abierto a nuevas ideas. Pero primero déjeme mostrarle lo que hemos
logrado desde mi último informe. —Noffe lo llevó en una inspección superficial de los
numerosos proyectos en curso en Denali. Estuvo muy orgulloso de guiar a Josef a una
habitación llena de tanques que contenían cerebros humanos expuestos, algunos
hinchados y mutados, otros arrugados.
—Los cerebros de los Navegantes fallidos son particularmente interesantes y
sensibles —dijo Noffe—. Incluso hemos hecho contactos preliminares con algunos de los
temas en los botes de conservación.
Josef asintió.
—Excelente trabajo. Estoy seguro de que deben estar orgullosos de ofrecer un
servicio de este tipo, después de no poder convertirse en Navegantes.
—Aprendemos de los errores, así como de los éxitos, Director.
En Kolhar, Norma Cenva revolvía a través de los voluntarios, ampliando y mejorando
sus mentes para que fueran sofisticados Navegantes; pero muchos de los candidatos no
sobrevivían a la transformación, sus cuerpos colapsaban, sus cráneos incapaces de
sostener el crecimiento físico de la materia gris. Dado que las fallas mutadas morirían de
todos modos, Josef despachó los asuntos a Denali para que los investigadores de Noffe
pudieran realizar sus experimentos. Fue un primer paso fundamental en la comprensión
de los notables cambios experimentados por un Navegante; algún día, podría ser posible
reproducir las habilidades mentales sin necesidad de esos cambios corporales extremos.
Cuando regresaron a la cámara de la oficina de Noffe, el tlulaxa ya no podía ocultar
su entusiasmo al mirar de manera significativa la caja que Josef aún cargaba.
—¿Qué es lo que ha traído, señor?
Puso la caja en el escritorio de metal de Noffe, y la abrió mostrandoselo.
—Estas son muestras biológicas de Vorian Atreides. —Hizo una pausa, buscando una
reacción en el rostro del tlulaxa.
—¿El mayor héroe de la Yihad? ¿Se han conservado estas muestras en éxtasis de
todos estos años?
—Son frescas. Tomado del mismísimo Vorian hace sólo unas semanas. —Al ver la
sorpresa del tlulaxa, continuó—: El viejo caballo de guerra tiene más de dos siglos de
antigüedad y se ve tan joven como yo. Su padre, el general Agamenón, le dio un
procedimiento de extensión vital que era común para los cimek.
—No creo que nadie sepa cómo hacer eso nunca más —dijo Noffe.
—Precisamente. Quiero que utilicen la historia celular en estas muestras para
redescubrir el proceso. Aprenda lo que los cimek hicieron para evitar que Vorian Atreides
envejeciera… y cómo podemos reproducirlo para nosotros mismos. —El administrador
de Denali se llevó la caja de la muestra haciendo una reverencia repentina, y Josef

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continuó—: Con todo el trabajo que tenemos por delante nuestro, necesitaremos este
procedimiento. Tenemos que sobrevivir si vamos a salvar a la humanidad.

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La venganza es tan difícil de definir como también de negar.


—GRIFFIN HARKONNEN, carta para Valya

Tras la pérdida de su tío Weller y todo el cargamento de pieles de ballena, Griffin


Harkonnen ya no esperaba la llegada de la nave regular de suministros de Celestial
Transport. Los buques de carga habían sido su relación con el resto del Imperio, llevando
noticias y mensajes desde y hacia Salusa Secundus, documentos que hacían de Lankiveil,
y de él mismo, una parte del gran paisaje gubernamental.
Pero ahora se sentía como si una puerta se hubiera cerrado de golpe en su cara. Su
hermana era muy consciente de la importancia de la empresa de su tío, y Griffin no sabía
cómo iba a decirle…
—Es un retroceso, no un completo desastre —le dijo Griffin a su padre, aunque no
creyera de verdad en sus propias palabras.
De pie junto a él en la sala, su padre dijo:
—Por supuesto, tienes razón. Saldremos de esto. Mi hermano nunca debió haber
salido del planeta; debería haber permanecido sólo aquí, en casa…
En la última entrega del correo, entre las cartas y paquetes, Griffin encontró un pago
de liquidación ínfimo de Celestial Transport para compensar la pérdida de su «querido»
(la carta modelo ni siquiera había incluido el nombre del difunto), así como el pago de la
suma asegurada de la carga, que había sido infravalorado enormemente. Debido a la
limitada distribución, Griffin no pudo demostrar cuánto valía la piel de ballena lejos de
Lankiveil. Si la empresa comercial se hubiera logrado y la demanda aumentado, habrían
tenido un montón de datos financieros, pero ahora no podía probar el caso.
«Por favor, acepte nuestras más profundas condolencias y este intento respetuoso
para hacer las cosas bien,» continuaba la carta. «Tenga en cuenta que la aceptación de
estos fondos constituye un acuerdo irreprensible para Celestial Transport y renunciamos
al derecho de reclamar otros daños y perjuicios en contra de esta empresa o cualquiera
de sus filiales. Este acuerdo es legal y vinculante para usted, sus herederos y asignado a
perpetuidad».
Griffin estaba molesto por el tono insensible de la carta, y consideró que el monto del
cheque era un insulto.
—¡Esto es sólo una fracción del valor de la carga! ¿Cómo se compensa nuestra
pérdida? He estudiado los precedentes legales en el código salusano. Tenemos dos años
para presentar una disputa, y proseguir con el litigio.
Vergyl Harkonnen, sin embargo, no tenía ni el deseo ni la inclinación a luchar.
—Persiguiendo al costo de la riqueza Weller dio su vida. —Sosteniendo el cheque, se
sentó y sacudió la cabeza—. ¿Por qué dejar que la codicia y la venganza profundicen
nuestra herida? Debemos aceptar este pago, y hacer lo mejor en la reconstrucción de
nuestras vidas.

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Griffin dejó escapar un amargo suspiro de resignación. Aunque sabía que Celestial
Transport los estaba engañando, una batalla legal en contra de una entidad tan rica sería
como nadar a través de un profundo pantano en las tierras altas de Lankiveil. Para luchar
contra ellos por su incompetencia tendría que cavar más profundo en el tesoro
sumamente debilitado, dedicando toda su atención al asunto mientras que dejaba otras
oportunidades comerciales alejarse de su camino. El asunto se prolongaría durante
años… y aún si la Casa Harkonnen ganaba el caso, el balance final sería una pérdida.
Si hubiera recibido la confirmación de que había pasado su examen político, Griffin
podría ir a Salusa Secundus como representante oficial del planeta Lankiveil, y dirigirse a
la asamblea del Landsraad. Podría exigir normas más estrictas, una mayor supervisión de
las operaciones de envío en el tejido espacial. Si pudiera conseguir ser designado a los
comités más importantes, tenía la intención de exigir una investigación sobre las prácticas
comerciales de Celestial Transport.
Pero no podía abandonar las posesiones de la familia aquí en Lankiveil. Su tesoro
estaba gravemente disminuido, y sus padres no podían manejar o incluso comprender la
magnitud de la crisis a la que se enfrentaban. Tomaría la mayor fineza de Griffin
mantener a la Casa Harkonnen de forma solvente, con la esperanza de que algún día
pudiera rehabilitar el nombre de la familia con colores. Con la pérdida de su tío y el
enorme retroceso monetario de una cosecha entera de piel de ballena, Griffin sintió que
sus sueños disminuían y se volvían hacia adentro, dejándolo con una poca ambición más
allá de mantener su hogar y su familia lejos de la ruina.
Un revés, uno duro… pero no un completo desastre.
Sabía que su hermana se habría aferrado a su justa indignación como arma, exigiendo
la satisfacción de Celestial Transport en lugar de la paz. Griffin y Valya siempre habían
disfrutado de un estrecho vínculo, mientras que una gran diferencia de edad los separaba
de sus hermanos menores, Danvis y Tula.
Pero Valya había estado ausente, en Rossak durante años, y esperaba que su tiempo
con los estudios intensivos de la Hermandad y la meditación hubieran canalizado sus
energías en direcciones productivas. Ella contaba con él allí, pero temía que se había
dejado caer…
Hacía diez años, cuando él y su hermana tenían trece y doce, respectivamente, su
padre y su tío habían tomado un barco en las gélidas aguas del norte, siguiendo a una
vaina de piel de ballena. Al estar montados en aquel mar picado, tanto Griffin como
Valya disfrutaron de la aventura. Nunca habían imaginado el peligro, y su padre había
ignorado la necesidad de los salvavidas, en contra del consejo de la tripulación.
De pie en la proa, riéndose de la pulverización, el adolescente Griffin no pudo ver la
ola que vino del lado de estribor y lavó la borda como las inesperadas ocasiones en que
alguien aplasta un insecto. Griffin fue consumido por la fuerza del Ártico y cayó a las
heladas aguas. En sólo unos segundos que apenas pudo moverse, logró a duras penas
mantener la cabeza por encima de la superficie.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Mientras luchaba en el agua, se acordó haber mirado hacia arriba para ver a su padre
mirando hacia abajo horrorizado desde la barandilla de la cubierta, y su tío Weller
gritando por unas cuerdas y un salvavidas. Luego pasó por debajo de Griffin.
Y Valya… Valya saltó tras Griffin. Sin pensar en sí misma, se zambulló en el agua.
Desafiando el frío paralizante, mientras se acercaba a él, le agarró por los hombros y le
levantó la cabeza por encima del agua. Y entonces, su adrenalina agotada, comenzó a
sucumbir a las aguas heladas, también.
Los salvavidas y las cuerdas de rescate habían salpicado en el agua, y apenas podía
aguantar. Jadeando, temblando, maldiciendo, Valya lo mantuvo a flote el tiempo
suficiente para que el barco pudiera girar a su alrededor… pero ahora ella se le escapaba.
Griffin se aseguró a un salvavidas, y luego la sostuvo.
Aunque el tío Weller gritaba a los marineros que tiraran de la cuerda, Griffin se
agarró a su hermana, negándose a dejarla ir. Mantuvo los dedos congelados cerrados en la
blusa mojada. Perdió el conocimiento, pero nunca la soltó.
Después, cuando ambos estaban secos, envueltos en mantas gruesas, y rodeados de
calentadores en la cabina del barco de piel de ballena mientras regresaban a su hogar,
Griffin miró a su hermana con incredulidad.
—Eso fue una estupidez. No deberías haber saltado.
—Tú habrías hecho lo mismo por mí. —Y Griffin supo que tenía razón.
—Los dos podríamos haber muerto —dijo.
—Pero recuerda: podemos contar el uno con el otro…
Y lo cierto que eso era. Ya le había devuelto el favor un año después de que ella lo
rescatara, cuando tres pescadores borrachos intentaron atacarla cerca de los muelles.
Siempre había sido atractiva, y el nombre Harkonnen había significado algo para los
brutos. Valya podría haberse defendido de uno de los grandes hombres con su velocidad
y fuerza sorprendentes, pero tres, a decir verdad, eran demasiado formidables. Sin
embargo, su dureza había conseguido un tiempo valioso permitiendo a Griffin presentir
su propio riesgo y correr en su ayuda. Habían hecho un trabajo rápido con el trío de
borrachos, y su padre había presentado cargos después.
Griffin cerró los ojos ante los recuerdos. Él y su hermana menor compartían un enlace
que se refería a lo paranormal. Cuando alguno de los dos se sentía deprimido o había
tenido otros problemas, parecían sentir uno lo que sentía el otro, a pesar de estar
separados.
Ahora, la extrañaba terriblemente…
No se interesó en el resto de los paquetes recién llegados, ni en las cartas y los
documentos oficiales; Vergyl y Sonia Harkonnen llevaron a sus hijos más jóvenes,
Danvis y Tula, a peinar una playa rocosa en el cauce principal, con la esperanza de reunir
mariscos. Habían salido como Griffin, gestionando las actividades de la administración
de Lankiveil, como lo habían estado haciendo desde que tenía veinte años.
Al dirigirse a las oficinas de los negocios de la ciudad, Griffin pasó el día
supervisando la distribución de los elementos recién llegados, así como las cargas que

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habían sido entregadas a los almacenes municipales. Luego se sentó en una reunión en la
que varios grupos de pescadores discutían sobre los derechos a ciertas calas de aguas
profundas.
Sólo otro día en Lankiveil… aunque Griffin no estaba seguro de que volvería a
sentirse normal otra vez después de las pérdidas recientes.
Cuando regresó a casa en la tarde, el hogar olía a hierbas ricas, aceite de pimienta, sal
marina, y el persistente olor a pescado. El cocinero había hecho una caldera grande de su
sopa especial, así como rollos recién horneadas. El olor de la sopa comenzó a abrirle el
apetito, pero esperaría para comer hasta que su familia regresara.
En su oficina en casa, Griffin buscó a través de la correspondencia que la nave de CT
había entregado, y para su deleite se encontró con un pequeño paquete de Valya. Estaba
bajo la impresión de que la Hermandad presionaba a sus integrantes para evitar la
nostalgia, el apego, y los lazos familiares; sus cartas a casa eran raras, y muy especiales.
Al abrir el paquete, se encontró que contenía un pequeño cristal de memoria al viejo
estilo utilizado sólo por los antiguos lectores hologramáticos, un modelo que Valya sabía
que su hermano tenía en su poder. El dispositivo era viejo, algo que Abulurd Harkonnen
había traído a Lankiveil en su exilio inicial. Ansioso por escuchar lo que tenía que decir,
Griffin rebuscó en sus estantes y cajones hasta que encontró el viejo lector, insertó el
cristal, y lo reprodujo.
Una imagen pequeña y brillante de su hermana apareció, de cabello oscuro, con ojos
intensos y labios generosos y un atractivo que se convertiría en belleza pura y simple si se
suavizaba con la edad. Cuando oyó la voz de Valya, sintió como si nunca hubiera dejado
Lankiveil.
—He visto a Vorian Atreides —dijo ella sin preámbulos—. ¡El corazón negro ha
vuelto! Por último, tenemos una oportunidad de justicia. —Valya encuadró sus hombros,
como si imaginara a su hermano tambaleándose hacia atrás con asombro.
—No está muerto, como pensamos, pero ha estado en la clandestinidad, y ahora está
de vuelta. ¡Maldito sea, se ve tan joven y saludable como siempre! ¡El Emperador
Salvador lo ha recibido, y celebró la visita de Vorian Atreides! —La repugnancia fluyó
de sus palabras—. Deberías haber visto su rostro, su actitud, como si fuera el dueño del
Imperio… Por ahora debe pensar que los Harkonnen han olvidado lo que hizo.
Griffin sintió que su propia rabia se incrementaba. Sus manos agarraron los brazos de
su silla mientras escuchaba.
—Hemos hablado de esto durante años, hermano, hasta lo hemos soñado; y ahora
tenemos nuestra oportunidad. Los Atreides pagarán por derribar a toda nuestra familia,
por hacernos aldeanos en lugar de Emperadores y Emperatrices.
Mientras absorbía todo esto, Griffin pensó en sus conversaciones acerca de las
injusticias cometidas en contra de su casa por Vorian Atreides. Juntos habían estudiado
los registros conocidos de la desgracia de su familia, incluyendo tanto la historia oficial
de los Anales de la Yihad y el dolor personal expresado por Abulurd en sus memorias
privadas. La Casa Harkonnen había sido muy importante en los viejos tiempos, antes y

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

durante la Yihad de Serena Butler. Con tristeza y nostalgia, él y Valya habían


contemplado las imágenes de la antigua finca de la familia en Salusa Secundus, con su
gran casa, viñedos, olivares y campos de caza.
En una discusión, cuando eran adolescentes, una animada Valya había hablado con su
hermano como si se hubiera enfrentado a una audiencia completa.
—Tenemos la grandeza inherente, pero fueron tomadas injustamente contra nosotros
a través de la propaganda y las distorsiones, por el propio Vorian Atreides. ¡Esta
injusticia fundamental ha empañado a la Casa Harkonnen por generaciones!
Valya había sido siempre explosivamente enojona por aquel tema, y los propios
sentimientos de Griffin corrían junto a los de ella. Ambos habían visto a amigos y
parientes morir en el frío y peligroso planeta donde la familia había sido exiliada. Mucho
había imaginado Valya lo diferente que su historia podría haber sido, a menudo
obsesionada con la venganza contra un hombre que había desaparecido ocho décadas
antes…
—Sé dónde está ahora, Griffin —dijo desde la imagen de la holo—. Se reunió con el
Emperador y se ha alejado de nuevo. Vive en un planeta llamado Kepler; he adjuntado las
coordenadas en esta grabación. Tiene una familia allí, un hogar feliz. —Hizo una pausa—
. Quiero que le arrebates todo.
Griffin sintió frío por dentro. Siempre había tenido la esperanza de que la venganza
no sería necesaria, que Vorian Atreides había muerto en un planeta distante, sin fanfarria.
Pero el hecho de que aún estuviera vivo, y su ubicación conocida, cambiaba toda la
ecuación.
—Hay una diferencia entre el honor y la justicia —dijo—. Debemos tener justicia
primero y luego comenzar a reconstruir nuestro honor. La herida abierta sangra y el
veneno se escurre, antes de que podamos sanar. Weller se ha ido, y tú sabes que nuestro
padre no tiene la columna vertebral para lograr esto. Lo haría yo misma, pero mis
obligaciones para con la Hermandad me lo impiden. Así que… te corresponde a ti vengar
nuestro honor de la familia.
Frunció el ceño mientras escuchaba. Deseó poder extender la mano y tocarla, hablar
con ella, pero su imagen seguía, reuniendo vehemencia, moviéndose en sus emociones.
—Es una cosa bastante simple. Vorian Atreides irá de nuevo a su planeta, donde
debería ser un blanco fácil para el asesinato. No sospechará nada. Nunca te he pedido
nada, nunca lo necesité, pero sabes lo importante que es para nuestra familia, para
nosotros… para mí. La venganza paga su propia deuda. Limpia la pizarra, hermano, y
entonces nada nos detendrá. Somos verdaderos Harkonnen, podemos lograr cualquier
cosa.
Justicia… honor… venganza. Griffin sabía que su vida no sería la misma después de
esto.
El rostro de Valya se iluminó con una sonrisa sincera ahora.
—Venga a nuestro honor familiar, Griffin. Sé que puedo contar contigo.
El holograma se apagó.

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Griffin se sentó allí, sintiendo como si hubiera sido golpeado por la borda de nuevo
en los mares del norte. Pero ella había saltado tras él entonces.
Tú habrías hecho lo mismo por mí, había dicho.
Sentado solo, caviló durante mucho tiempo, pensando racionalmente en todas sus
obligaciones comerciales, en el negocio de la familia que no podía entregar a su padre, en
los detalles administrativos, en los gastos de cuidado de un tesoro muy limitado. Tenía
que ayudar a la Casa Harkonnen a reconstruirse después de la pérdida del envío principal,
tenía que trabajar con la gente del pueblo para recuperarse del extremadamente duro
invierno.
Pero en el agua ártica entrecortada, Valya le había mantenido durante los pocos
minutos preciosos que había necesitado. Y cuando ella perdió el conocimiento en el mar
helado, cuando las cuerdas de la vida se retiraban a un lugar seguro, nunca la había
dejado ir…
Tú habrías hecho lo mismo por mí.
Ahora, cuando sus padres y hermanos regresaron a la casa, empapados por una
tormenta inesperada, se sorprendió al darse cuenta de la cantidad de horas que habían
pasado. Pero, ya fuera por la lógica o por ninguna, su obligación había sido clara para él
desde el primer momento, y se iría pronto.
—¿No has cenado aún, Griffin? —le llamó su madre—. Estamos a punto de probar la
sopa.
—Ahí voy. —Griffin se embolsó el cristal del holograma y salió de la oficina con una
sonrisa forzada. Mientras Danvis y Tula charlaban acerca de las aventuras del día, se vio
envuelto en sus propios pensamientos. Griffin apenas probó la sabrosa sopa y terminó
sólo a la mitad de una taza antes de que espetara—: Tengo que salir de Lankiveil en un
importante viaje de negocios. Quizá esté ausente por algún tiempo.
Su pequeño hermano y hermana lo acribillaron con preguntas, y aunque su padre se
sorprendió, no parecía estar demasiado curioso.
—¿Qué es lo que te llama desde lejos?
—Es algo que Valya me pidió que hiciera.
Vergyl Harkonnen asintió.
—¡Ah! Tú nunca pudiste negarle nada.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Permaneciendo de pie juntas, las descendientes restantes de las hechiceras originales de Rossak todavía
exhiben poderes mentales, aunque no los suficientes como para generar las ondas de energía telequinésicas con
las que una vez derrotaron a los poderosos cimek. Aún así, las hechiceras a menudo practican maniobras
defensivas, sobre todo para salvaguardar a la Reverenda Madre y la integridad de los registros de reproducción
de la Hermandad.
—PREFACIO AL «MISTERIOS DE LA HERMANDAD», libro de la Hermandad

La Reverenda Madre permanecía de pie junto a la barandilla en una plataforma junto al


acantilado, viendo como cientos de Hermanas con túnicas se presentaban a lo largo del
estrecho sendero justo debajo, en dirección a una de las entradas de las cuevas más
grandes. Era casi la hora de la comida de la tarde, con el sol empezando a ponerse detrás
del horizonte plateado púrpura de la selva. A lo lejos, vio las luces de los transbordadores
por encima de un gran claro elegido como zona de aterrizaje utilizada por personas que
iban a la selva para explotar los recursos farmacéuticos únicos de Rossak.
El estómago de Raquella había estado anudado todo el día, robándole el apetito.
Podía sentir la tensión como un peso tangible. Las memorias de las vidas dentro de ella
estaban perturbadas, una cacofonía de inquietud que no podía entender. Sin embargo, a
pesar de su estrecha comprensión de su propio cuerpo y mente, Raquella no pudo
identificar la fuente de su agitación. No sabía de las amenazas específicas, ni las
decisiones de peso en la cuerda floja…
El sorprendente regreso de Vorian Atreides permanecía dando vueltas en su mente, y
se preguntó cómo esa historia se desarrollaría. Era el abuelo materno de Raquella, el
padre de su madre biológica, Helmina Berto-Anirul, y el bisabuelo de la Hermana
Dorotea. Parecía más joven en comparación con Raquella, aunque era casi noventa años
mayor; una ventaja del trato de extensión vital.
Pero eso no era lo que le molestaba ahora. Vorian no había estado en contacto con
ella desde que desapareciera tras la batalla de Corrin, y siempre había creído que era lo
mejor. Las relaciones familiares tenían una forma de llevar a cabo las emociones que
consumían energía y una gran cantidad de tiempo. No tenía tiempo para esas cosas. Aun
así, desde el público, había disfrutado viéndolo. Raquella nunca había negado sus propios
sentimientos, sólo necesitaba mantenerse a raya, para poder manejar el importante trabajo
de la Hermandad.
Tal vez la reciente llegada de Anna Corrino la hacía tensarse. La hermana del
Emperador no era una acólita ordinaria. Y, a pesar de no poder identificar a la niña allí,
entre la multitud de nuevas reclutas, Raquella confiaba en que la Hermana Valya tendría
cuidado con ella.
Aunque aceptar a aquella alumna poco ortodoxa en la Hermandad era una necesidad
política, Raquella no tenía la menor idea de las habilidades básicas o la dedicación de
Anna. Le había dicho a Valya confidencialmente a bordo del transporte a Rossak:

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—Empezará como una acólita, como cualquier otra recluta, y hay una muy buena
posibilidad de que no pueda avanzar mucho en su formación. Independientemente, la
hermana del Emperador tiene que ser protegida a toda costa. Sabes que algunos de los
rigurosos ejercicios escolares plantean riesgos.
—La cuidaré —le aseguró Valya a la Reverenda Madre. La joven parecía
preocupada, profundamente perturbada después de ver a Vorian Atreides en Salusa
Secundus, y no había sido difícil para Raquella averiguar por qué, teniendo en cuenta la
parte de Vorian en la humillación de Abulurd Harkonnen. Valya no había dicho nada de
sus sentimientos a la Reverenda Madre, y Raquella no la había presionado al respecto,
pero era otro indicio de que Valya pensaba demasiado en la Casa Harkonnen, cuando
debería estar totalmente dedicada a la Hermandad.
Aun así, no pudo evitar Raquella estar impresionada por la inteligencia de Valya, el
poder y la determinación de acero. Raquella creía que Valya eventualmente lograría
grandes cosas, y las voces internas estuvieron de acuerdo, pero la joven tenía que ser
refrenada, y su tendencia a la temeridad controlada.
Raquella esperaba que la relación con Anna Corrino proporcionara el enfoque y
tomara las corrientes adecuadas.
La Reverenda Madre había hablado con la hermana del Emperador por la mañana en
su primera sesión de entrenamiento; Anna estaba enojada por haber sido raptada de su
lujosa casa, mostrando su queja y desinterés en el plan de estudios o en cualquiera de las
Hermanas. Raquella esperaba que Valya le demostrara a sí misma el desafío de hacer
amigos.
Era hora de la reunión de la cena. Las Hermanas comieron cada comida en dos turnos
comunales en una profunda cueva que había sido parte de una extensa red de la ciudad
junto al acantilado, lleno de la población una vez, pero ahora prácticamente vacío.
Tanto se ha perdido aquí, pensó Raquella. No necesitaba los recuerdos superpuestos
para recordar; había visto Rossak con sus propios ojos durante sus días de gloria.
Sin embargo, esta era una época de reconstrucción para Rossak, de volver a empezar
sin olvidar las lecciones del pasado. La Escuela de Rossak necesitaba recurrir a los
talentos de las descendientes de las hechiceras restantes, antes de que fuera demasiado
tarde. Suficientemente pocas de las mujeres telepáticas permanecían aún, en la multitud
de abajo, en medio de las túnicas de color verde pálido de las acólitas y las túnicas negras
de Hermanas completas.
Siguiendo la pista de abajo, vio a Karee Marques, la hechicera restante mayor, como
una mujer joven que había sido de gran ayuda a Raquella durante su trabajo allí con las
plagas de Omnius. Sintiendo a la Reverenda Madre, Karee no entró en la cueva del
comedor, pero subió la escalera de metal a un nivel superior donde Raquella se levantaba.
En lugar de un traje más tradicional, Karee llevaba un traje de trabajo blanco que a
menudo usaba al recoger las muestras de la selva; las bolsas de recolección todavía
colgaban de su cintura, repletas de hongos, hojas variadas, y flores amarillas.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Karee le dio un formal, incluso brusco, saludo, y por el tono de su voz Raquella pudo
notar que algo la trastornaba también. La vieja hechicera la miró con ojos verdes afilados,
y luego dijo sin preámbulos:
—Puedes sentirlo también, ¿no?
Raquella asintió con rigidez.
—La tensión en el aire es un fenómeno generalizado.
—Estaba recogiendo muestras en la selva, y meditaba sobre las importantes
cuestiones de la Hermandad, cuando de repente mis pensamientos se apoderaron de mi
cuerpo. Me quedé donde estaba, congelada en el camino; me había deslizado en modo
Mentat. Dejé que mi mente siguiera una cascada de consecuencias, al igual que lo que
aprendí en la escuela Mentat en Lampadas, ¡pero no pude hacer ninguna proyección!
Estaba tan perturbada que me apresuré a cumplir con las otras Hermanas Mentats para
trazar nuestro futuro, como hacemos a menudo, y todas pudimos sentir una urgencia en el
aire.
La Reverenda Madre asintió con la cabeza.
—Una sensación de angustia inminente. Ha sido así desde que volvimos de Salusa
Secundus. —En su mente, Raquella no pudo rastrear la fuente.
—Como hechicera, mis habilidades psíquicas me hacen más sensible que otras
personas. Sin embargo, esta peligrosa tensión afecta a las otras siete Hermanas Mentats,
también, y ninguna es hechicera. Y les afecta también. —Karee contempló el atardecer
con tintes de humo, que salpicaba de colores sobre los árboles polimerizados—. Desde
hace algún tiempo, nosotras, las Hermanas Mentats hemos estado reuniendo datos,
corriendo proyecciones. Hemos llegado a la conclusión de que la Hermandad se
enfrentará el peor cisma que marcará a Hermana contra Hermana.
—¿Un cisma sobre qué?
—La misma fractura que atraviesa a toda la sociedad humana: una disputa sobre el
uso de la tecnología. Me temo que algunas Hermanas podrían sospechar la naturaleza de
nuestra base de datos de cría… hay rumores de equipos de la Hermandad.
Raquella tragó saliva. Las voces en su cabeza estaban muy preocupadas, susurrando
consejos contradictorios, pero después de tantos años había aprendido a controlarlas de
forma limitada, empujándolas a un segundo plano cuando necesitaba concentrarse.
—Mi preocupación es con la mejora de la producción de la humanidad, filtrar los
rasgos indeseables, haciendo que nuestra raza sea fuerte. El deseo de dañar a otros seres
humanos, por ejemplo, podría ser eliminado, lo que resulta en sociedades más
armoniosas.
—La ingeniería social en su grado óptimo. Yo a horcajadas de la valla, mi vieja
amiga; como hechicera y Mentat que sabe acerca de los equipos de cría. Tú hablas de
moldear los rasgos humanos, pero ¿quién puede determinar lo que es deseable y lo que
no? Eso huele a lo que hacen las máquinas. Meterse con la cría humana es peligroso.
Raquella, sin embargo, había invertido demasiado en su visión de largo alcance, y sus
otros recuerdos había insistido en ello.

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—No, si lo hacemos bien. Y estás en lo correcto: un Mentat no puede hacer


proyecciones precisas con datos incompletos. Tendremos que contarles a las otras
Hermanas Mentats nuestro secreto.
—Ten cuidado —dijo Karee—. Si incluso una tiene simpatías Butlerianas…
—Sí, hay que tener cuidado, pero si no podemos confiar en los miembros de más alto
rango de nuestra Hermandad, ¿cuál es el futuro de nuestro proyecto?
Karee frunció los labios.
—La situación es complicada. Hay muchos futuros posibles… muchos de los cuales
podrían resultar en un desastre. El programa de cría es el núcleo de la Hermandad, una
causa noble que nos da un propósito. No debemos abandonarlo.
La tensión en el atardecer había crecido aún más aguda, punzante en la parte posterior
de la mente de Raquella. Sus manos nudosas se tensaron sobre el carril, y en silencio se
comprometió a no perder lo que había trabajado tan duro para crear.

***
En el interior del laberinto junto al acantilado de túneles y cavernas, dos Hermanas
compartían una comida privada de frutas de pan, vino, queso, y la selva. La Hermana
Dorotea no había visto a la joven acólita Ingrid en más de un año, y ambas estaban
ansiosas por ponerse al día con su amistad. Desde que había regresado de nuevo a
Rossak, Dorotea ya había recuperado su trabajo con la Hermana Karee en las cámaras de
la investigación de la selva, mientras que Valya introducía a Anna Corrino a la rutina
diaria de una acólita.
Durante sus primeros vasos de rico vino tinto, Dorotea le contó a Ingrid todo acerca
de la Corte Imperial en Salusa Secundus, y cómo había asesorado a Roderick y Salvador
Corrino. A pesar del glamour y la emoción del mundo capital, estaba muy contenta de
estar en casa, lejos de la mezquindad de la política imperial y la intriga.
Preocupada, la Hermana Ingrid se sentó escuchar, no hablando mucho en respuesta.
Se tragó un trozo de queso sin pan y luego un trago de vino, ambos de los cuales eran
importados de Lampadas.
—La noticia no es buena. Aunque no creo que las Hermanas lo reconozcan por ellas
mismas, las facciones están empezando a desarrollarse. Comenzó como una conversación
intelectual con una comida del mediodía, pero se intensificó a desacuerdos reales sobre el
uso de tecnología prohibida. Muchas de las Hermanas son como nosotras, detestan todo
lo que les recuerda a las máquinas pensantes. Otras afirman que debemos preservar
algunos aspectos de la tecnología informática para hacer la vida más fácil.
—Estoy decepcionada de escuchar eso. —El rostro de Dorotea se contrajo—. El
debate es vehemente allá en Zimia, pero aquí me esperaba que nuestras Hermanas
llegaran a la conclusión obvia y correcta de que este tipo de tecnología es peligrosa e
innecesaria. —Dorotea miró su copa de vino casi vacía—. Los seres humanos pueden
hacer lo que las máquinas pueden.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—He argumentado acerca de los peligros de la tecnología, pero a algunas Hermanas


no me oyen. La Hermana Hietta, por ejemplo, y la Hermana Parga, ambas utilizan un
antiguo dicho que deberíamos tirar por el barranco. Argumentan que debemos retener
algunas máquinas pensantes para ayudar a la humanidad, para dar a la gente más tiempo
libre para realizar actividades importantes. Es una tontería, por supuesto.
—En los pocos días desde que he vuelto, no he oído nada de este asunto. —Dorotea
dejó el vaso a un lado—. ¿Qué tan extensos son estos argumentos?
—Hietta y Parga tienen quizás veinticinco mujeres con ellas (no un grupo), y
alrededor de la misma cantidad de apoyo a nuestra gran visión estricta. La mayoría de las
Hermanas prefieren mantenerse al margen de la refriega, pero nadie puede evitar este
problema para siempre.
—Hay gente que tiene poca memoria, y los malos pensamientos conducen a malas
decisiones —dijo Dorotea—. Pero la Hermandad no utiliza máquinas pensantes, por lo
que es un argumento irrelevante.
Ingrid pellizcó su rostro con una mueca. Miró a su alrededor y bajó la voz:
—¡Hay rumores de computadoras aquí en Rossak!
Dorotea casi se atragantó con las bayas que había llevado a su boca.
—¿Qué?
—La información de cría mantenida por la Hermandad es enorme. Ninguna mente
humana, o una combinación de mentes humanas, incluso de nuestras Mentats, puede
abarcar todo. Algunas Hermanas han llegado a la conclusión de que se están utilizando
computadoras.
—Si eso es cierto, tenemos un problema muy grave.
—Allá en Lampadas, oí informes de misiones de los Butlerianos de búsqueda-y-
destrucción —dijo Ingrid—. Sería una vergüenza si eso llegara a suceder aquí…
Dorotea ya no tenía apetito.
—Tenemos que ver que no sea así, entonces. Si hay equipos en Rossak, debemos
encontrarlos y destruirlos nosotras mismas.

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El amor perdura, pero no la carne. Uno debe aferrarse a cualquier posible felicidad en el tiempo que se nos
permite vivir.
—VORIAN ATREIDES, diarios privados

Acompañado por nueve buques militares previstos por el Emperador Salvador Corrino,
Vorian regresó a Kepler sintiéndose triunfante pero agobiado. Mariella odiaría los
términos que lo ataban, pero se había visto obligado a estar de acuerdo. Además, después
de todos estos años en un solo lugar, tal vez fuera hora de que Vor siguiera adelante.
Teniendo en cuenta los aplausos entusiastas y esperanzados que había recibido de las
multitudes en Salusa Secundus, sabía que el Emperador tenía buenas razones para estar
preocupado. Vor había usado su propia influencia en lo posible, llegando a la definición
de un acuerdo razonable en el que ambas partes estaban un tanto insatisfechas con los
términos, pero dispuestas a aceptarlo, no obstante.
Al menos Kepler estaría seguro. Los seres queridos de Vor estarían a salvo.
Aquellos buques de guerra sobrantes del Ejército de la Humanidad montarían guardia
en órbita, destinados allí indefinidamente para ahuyentar a los esclavistas. Dentro de doce
meses, las tropas Imperiales de los buques regresarían a Salusa Secundus, pero los
buques quedarían atrás. Para entonces, el pueblo de Vor sería entrenado para montar sus
propias defensas. No serían capturados por sorpresa nuevamente, y ya no serían los
depredadores humanos quienes verían aquel mundo atrasado como una presa fácil.
Pero deseaba no tener que salir de Kepler, y confiaba en que Mariella se iría con él,
aunque no tenía muchas esperanzas en ese sentido. Era vieja, y sus hijos y nietos estaban
allí; una vida de recuerdos permanecía allí, y en aquella etapa de su vida no sería fácil
dejar todo atrás.
Después de que Vor aterrizara su nave en un campo abierto en el centro del valle, su
pueblo se apresuró hacia adelante, gritando. Habían hecho pancartas de bienvenida y
signos para él, y su pecho se hinchó cuando los aplausos que le dieron se sintieron como
bofetadas. Los locales parecían tener en cuenta la liberación de los cautivos como el
equivalente a una victoria contra las máquinas pensantes.
Veía los rostros sonrientes de las personas que en el pasado había visto en los
mercados de esclavos de Poritrin cuando había pagado su pasaje de vuelta a casa. Su hija
Bonda permanecía allí sosteniendo el pequeño perro que había comprado como parte de
su disfraz en Nueva Starda.
Vio a los equipos de trabajo, maquinarias de construcción, entregando maderas. Las
casas y edificios dañados en el ataque de esclavistas ya estaban siendo reconstruidas o
reparadas, ya que los aldeanos trabajaban juntos para fortalecer su comunidad. Y todos le
aplaudieron. Eso significaba más que todos los concursos y desfiles en Zimia.
Las lágrimas brotaron de sus ojos. Vor amaba aquel mundo y a aquella gente, y
odiaba el hecho de que tendría que partir. Pero había estado de acuerdo a los términos

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

con el fin de mantener a salvo a Kepler. Un intercambio justo. Ni Salvador ni Roderick


habían dado a entender que podría abordar el mayor problema de las operaciones
esclavistas rampantes, pero por ahora la concentración de Vor estaba más cerca de su
casa… la casa que pronto tendría que dejar atrás.
Al frente de la multitud, vio el rostro que más deseaba ver: resistido y alineado con la
edad, sus cabellos grises, pero con los ojos brillantes, estaba Mariella. Y cuando Vor miró
a través de su corazón en lugar de sus ojos, todavía veía a la mujer hermosa que había
cortejado tantas décadas antes.
A través de los siglos, Vorian Atreides había sido bendecido con una sucesión de
amores profundos y perdurables. En su juventud había amado a la legendaria Serena
Butler, aunque castamente… y luego lo había hecho con Leronica Tergiet de Caladan.
Sus dos hijos con Leronica habían ido los dos fuera a formar sus propias familias,
dejando Caladan. Entonces Mariella había sido el centro de su vida durante más de
cincuenta años.
Recordó a todas, todavía las quería a todas, y podía imaginar sus rostros en breves
destellos de memoria, pero el tiempo y una gran cantidad de vidas humanas fluían junto a
él como las aguas de un torrente, mientras permanecía atascado, una roca en medio de la
cascada. A veces, las personas queridas como Leronica o Mariella salpicaban una
boquilla superior a su alrededor, pero con el tiempo también pasaban. Y podía notar
cuántos años tenía Mariella.
En sus años de juventud, Vorian había vivido una vida ajena, al abrigo, llevando las
actualizaciones de Omnius a través de los Planetas Sincronizados con su mejor amigo, el
robot independiente Seurat. La lectura de las memorias de Agamenón le había hecho
creer que entendía a los humanos salvajes y sus vidas miserables. Había querido
complacer a su padre.
Los otros doce hijos conocidos de Agamenón habían sido preparados, entrenados, y
finalmente asesinados por el general cimek. Desde muy temprana edad, Vor había soñado
con convertirse en un cimek algún día, que su cerebro fuera removido de su débil cuerpo
biológico para poder vivir indefinidamente como cimek lado a lado de los titanes como
Agamenón, Juno, Jerjes, y Ajax. Pero eso nunca había sucedido.
En cambio, después de que Vor ganara una gran victoria contra los seres humanos, el
general Agamenón lo arrastró a un laboratorio cimek, lo ató a una mesa, y lo torturó con
sondas, productos químicos que lo quemaron, e instrumentos que lo cortaron. De este
modo, a través de un dolor indescriptible, Agamenón concedió el trato de extensión vital
que hizo a su decimotercer y mejor hijo virtualmente inmortal.
«Te di muchos siglos,» le había dicho a Vor más tarde. «No se puede esperar que
algo así sea barato».
Después, Vor había acordado que soportar el dolor era de hecho un pequeño precio a
pagar por una vida muy extendida, aunque en su cuerpo humano original. En los siglos
largos y difíciles que siguieron, sin embargo, Vor tenía sus dudas. En Kepler, otra vez se
mantuvo sin cambios, mientras que todo el mundo envejecía a su alrededor…

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Ahora, ignorando al resto de la multitud, envolvió sus brazos alrededor de Mariella y


la atrajo hacia sí, quería abrazarla fuertemente y nunca dejarla ir. Ella se derritió contra
él.
—Estoy tan contenta de que estés en casa. Gracias por lo que hiciste.
La aglomeración de gente alrededor de Vor exigió su atención, y aunque no estaba
interesado en las fiestas o celebraciones, sin embargo, su familia y vecinos insistieron en
ello. Bonda y Tir se acercaron, riendo, y levantaron su perrito para que pudiera lamer su
mejilla.
Sonriendo, Vor levantó las manos pidiendo silencio, y gritó:
—Todos ustedes estarán a salvo ahora. He llegado a un acuerdo con el Emperador
Corrino. Todo el Imperio sabe que ha emitido un decreto que hace que este planeta esté
fuera del alcance de los esclavistas. Un grupo de buques armados se colocaron en órbita
por encima, y he arreglado para ofrecerle más armas para defender sus familias y
hogares. Nadie acosará a este mundo nuevamente.
Desde sus vítores y silbidos, obviamente no se esperaba más del gran Vorian
Atreides. Se sentirían obligados a entregarle recados por las buenas intenciones, enviarle
regalos, ayudarlo en su granja, cocinarle alimentos, confeccionarle ropa, si es que la
necesitara o no. Nunca había visto a la gente tan feliz.
Le dolía el corazón el hecho de tener que irse sin decirles… a excepción de Mariella.

***
Cuando los dos regresaron a casa tarde esa noche, cansado de bailar y de conversar y de
la fiesta, sus oídos tapados por la música, Vor observó que el techo había sido reparado
por el fuego que los esclavistas habían encendido. La casa también tenía una mano de
pintura fresca y tejas nuevas.
Mariella parecía cansada cuando entró en el salón y se sentó en una silla, tirando una
manta sobre su regazo.
—Nuestra casa ha estado tan sola, Vor. Con el solo hecho de que estés aquí se siente
más llena.
Se calentó agua para hacer un té y se sentó a su lado, estudiando su rostro, deseoso de
preservar aquel momento en que permanecía con ella.
—Nuestra familia no tiene que preocuparse más. Me aseguré de ello. —Vaciló
mientras sorbía su té fuerte a base de hierbas con un leve toque de melange. Su esposa
sostenía su copa, mirando fijamente el vapor que se elevaba del líquido. Sus ojos
brillaban como con un brillo de lágrimas. ¿Ya sospechaba? Su voz se quebró cuando
dijo—: Pero tuve que hacer ciertas concesiones. Tuve que acordar que me iría…
desaparecería den uevo.
—Temía por eso —dijo Mariella con un largo suspiro—. Te conozco bien, mi esposo,
y he estado sintiendo una oscuridad desde hoy, algo que estabas teniendo problemas para
decirme.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Vor tragó saliva. Amaba aquella vida en Kepler, quería permanecer aquí para
siempre, pero eso era imposible.
—Soy una antigüedad, una reliquia de tiempos pasados. Con la Yihad terminada, el
Imperio tiene que seguir adelante, pero soy un recuerdo del pasado. El Emperador está
incómodo de tener a alguien con tan gran y renovada popularidad en la Liga del
Landsraad. No importa lo mucho que insista en que no tengo ningún interés en tomar el
trono, siempre albergará esa duda. Y habrá gente que vendráde la nada proverbial,
queriendo usarme para lograr sus propios objetivos. —Negó con la cabeza y dijo en voz
baja—: Antes de que Salvador Corrino estuviera de acuerdo en proteger a Kepler, hizo de
esto su condición estricta: me tengo que ir lejos. Vorian Atreides debe desaparecer
permanentemente.
Ella le dio una sonrisa triste, pero las lágrimas se quedaron en sus ojos, y en el
torrente de emociones que parecía estar teniendo problemas para llegar a articular
palabras.
Se enderezó.
—Quiero que vengas conmigo, Mariella. Podemos irnos a otro mundo… vamos a
revisar docenas de posibilidades en primer lugar, si quieres. Podemos llevar a nuestros
hijos, también. Cualquier persona que quiera ir. —Sus palabras salieron apresuradas
cuando empezó a sentir la esperanza de nuevo—. Podría ser una gran aventura para todos
nosotros.
—¡Oh, Vor! Por mucho que te quiera, no puedo salir de Kepler. Esta es mi casa. ¡Y
no se puede desarraigar a nuestros hijos, a nuestros nietos, sus familias, sus amigos, sus
cónyuges, de este valle!
La garganta de Vor se secó.
—No quiero irme sin ti. Podríamos ir juntos, sólo nosotros dos.
—No seas tonto. Soy una mujer vieja, demasiado vieja para empezar una nueva vida.
Los dos sabemos que tendrás que seguir adelante sin mí, tarde o temprano. —Se limpió
las mejillas con timidez, luego acarició su pelo gris—. Era hora de que te vayas de todos
modos, así no tienes que verme envejecer más. Es vergonzoso que un joven tan guapo
esté en mi cama.
—No me había dado cuenta de que tú eras menos hermosa —dijo Vor, apenas capaz
de formar las palabras—, y lo digo en serio. Yo soy el que debería estar agradecido, no
tú.
Luchó con sus emociones y obligaciones. Podía cambiar su apariencia y su nombre,
permanecer oculto en Kepler en algún remoto lugar. ¿Qué diferencia habría? Un puñado
de gente lo sabría, pero podía guardar el secreto, y el Emperador Salvador nunca se
enteraría.
Vor suspiró con resignación. Ese tipo de cosas siempre se descubrían, y si no cumplía
su palabra, podría poner a su familia y vecinos en peligro.
Mariella dijo en voz meditación:

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—Ya me has dado una vida feliz y un matrimonio más tiempo del que cualquier
mujer pudiera desear, pero sé que has nacido para andar. Cuando nos casamos, cuando
explicaste el hecho de que no envejecías. Ambos sabíamos, y los dos nos pusimos de
acuerdo, que llegaría un momento en que tendrías que seguir adelante.
—Pero no durante tu vida.
—Tal vez sea mejor así —insistió.
Se fue a su silla, se inclinó y la besó en la mejilla y luego en los labios, un beso que le
recordaba a su primer beso, hacía ya tanto tiempo.
—Deja de recordarme cuánto tiempo he estado vivo, Mariella. Es difícil de explicar
cómo la gran medida de los años puede llegar a pesar en mí.
—¿Sabes adónde irás? ¿O eso tiene que ser un secreto?
—Sólo prometí al Emperador que dejaría Kepler y nunca miraría hacia atrás; pero no
decidió a dónde iría. Yo… tengo en mente un lugar que me gustaría visitar —dijo—.
Arrakis. Necesito limpiarme, y he oído que hay tribus en los desiertos allí, personas con
increíblemente largas esperanzas de vida, posiblemente por el consumo constante de la
melange. Dudo que hayan vivido tanto tiempo como yo, pero puede ser que tengan
algunas ideas para mi.
—Pensaré en ti cada día —dijo Mariella—. Se los diré a nuestros hijos para que sepan
que estás ahí fuera en alguna parte, y seguro. Y sabrás dónde estamos. No te olvidaremos.
—Y yo nunca podré olvidarte —dijo—. Mi amor por ti está en cada respiración que
doy. Cuando me establezca, te enviaré un mensaje. Encontraré una manera de
mantenerme en contacto.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Yo soy el verdadero Emperador del Universo Conocido, y Salvador Corrino es mi mascota.


—MANFORD TORONDO, observaciones a Anari Idaho

Roderick Corrino experimentaba sentimientos de malestar cada vez que veía a robots de
combate en las luchas de exhibición privadas patrocinadas por su hermano. Nobles
elegantemente vestidos y sus damas miraban desde detrás de barreras de seguridad,
animando a sus favoritos y abucheando a los opositores. Era por la tarde en un pequeño
ámbito privado en los terrenos del Palacio Imperial, a raíz de un suntuoso banquete.
Muchos de los nobles llevaban velos y máscaras de dominó para disfrazar sus identidades
y protegerlos; la influencia Butleriana en Salusa se mantenía fuerte.
De acuerdo con las restricciones legales estrictas establecidas al final de la Yihad,
aquellos robots reactivados no tenían inteligencia artificial alguna y se programaron en
lugar de realizar una serie de maniobras de combate, que otorgaban oportunidades de
variabledefecto, que podrían causar una deficiencia inesperada o mejoras sorpresivas. Los
espectadores no sabían de antemano qué tipo de boxeador estaba recibiendo cuando
hacían sus apuestas, y el resultado nunca estaba predeterminado.
Roderick tuvo que admitir que le parecía un interesante y estimulante
entretenimiento, mirar aquellas demoníacas máquinas vencidas en duelo en la arena, a
sabiendas de que iban a destruirse mutuamente. Debido a que bailaba tan cerca del borde
del acantilado de la tecnología prohibida, los nobles fueron cuidadosamente
seleccionados para el espectáculo. Tales eventos, por supuesto, se mantenían en secreto
de los observadores Butlerianos.
Cuando su hermano sugirió por primera vez la idea, Roderick se había encogido. Si
Manford Torondo supiera lo que el Emperador y su círculo de nobles hacían detrás de las
altas puertas y las paredes de la finca privada… Pero Salvador dejó de lado sus
preocupaciones.
—Los nobles deben tener sus diversiones. Es un entretenimiento inofensivo, y el
resultado final es destruir robots, así que ¿cuál es el daño?
Roderick podía imaginar un gran daño, por lo que, sin el conocimiento de su
hermano, se había duplicado la seguridad que rodeaba a cada exposición de combate
privado y se aseguraba de que sólo se invitaran a los nobles de mayor confianza, a cada
uno de los cuales se les hacía un juramento de confidencialidad; una promesa que los
poderosos de la familia Corrino podrían cumplir.
Ahora veía como dos robots, uno de combate con una piel de aleación de cobre y el
otro de un reluciente cromo, se atacaban con armas integradas (aunque limitadas) el uno
contra el otro, arrojando sus cuerpos blindados al suelo. Un pequeño ejército de guardias
del palacio rodeaba al anillo, cargando armas pesadas y listos para destruir a cualquier
combatiente mek que pudiera irse de control.

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Sentado en su palco privado, a la sombra junto a Roderick, el Emperador hablaba con


Alfonso Nitta, un noble zalamero que buscaba el favor de restringir las operaciones de un
adversario de negocios. Nitta fabricaba los vestidos más caros para las damas, y un
plebeyo advenedizo había abierto una gran empresa rival en Hagal, después de pagar
sobornos al líder planetario.
—Es un negocio sucio —insistió Nitta—. Los Hagal tienen rencor hacia la Casa Nitta
porque mi abuelo informó de las operaciones de guerra; especualciones ilegales de su
abuelo durante la Yihad.
Salvador mantuvo sus ojos en los robots que chocaban.
—Veré lo que puedo hacer. —No parecía interesado, y Nitta era particularmente
inepto en la toma de su petición.
Roderick ayudó al noble con un codazo, porque no parecía entender cómo se
desarrollaba la actividad empresarial en aquellos niveles.
—Investigar el asunto tomará tiempo y recursos, Señor Nitta. El Emperador no tiene
que preocuparse acerca de su presupuesto discrecional.
Por último, los ojos de Nitta se iluminaron con comprensión.
—Ah, tal vez entonces una demostración de la calidad de mi producto. Ofreceré una
gran muestra de mis mejores y preciosos productos para vestir a Tabrina, el vestuario más
lujoso para hacerla impresionante y hermosa para usted, señor. Tal vez incluso algunos
innombrables elegantes podrían estar dispuestos.
Roderick suspiró. Teniendo en cuenta el estado de la relación de su hermano con
Tabrina, era precisamente lo que no debía decir.
Salvador respondió con frialdad:
—Dije veré el asunto.
El noble se inclinó y volvió su atención hacia el evento de combate.
Después de un tiempo, el Emperador se inclinó más cerca de Roderick, sonriendo
mientras uno de las mek de combate arrancaba un brazo cilíndrico a su oponente.
—Esto es muy apropiado. Primero lobotomizo los robots, y ahora hacemos que se
destruyan mutuamente. Puedo ver esto todo el día.
Roderick asintió.
—Es preferible tener a las máquinas obedeciéndonos que los seres humanos hagan lo
que ellas ordenan.
En las gradas, un nuevo invitado chilló rotundamente, temeroso de los feroces
monstruos metálicos, y luego se echó a reír cuando se dio cuenta que no había peligro
real.
—No lo recuerdo —dijo Salvador—. ¿Qué hemos apostamos hoy?
Roderick sabía que su hermano recordaba precisamente lo que habían apostado el uno
contra el otro.
—Nuestras casas de verano en Kaitain, por supuesto. Gane quien gane obtiene ambas.
—Oh, sí. Siempre he preferido la tuya.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El robot de piel cobriza arrojó una lanza en punta de debajo de su brazo, golpeando a
la otra máquina y haciéndola caer, donde yació en el suelo, retorciéndose entre chispas.
El primer mek iba a matar.
—Parece que mi robot es el que ganará —dijo Roderick—, pero sabes que eres
siempre bienvenido a quedarte en mi casa, si quieres.
La frente de su hermano mayor se arrugó como una hoja de papel doblada.
—¿Qué estás diciendo? El mek de cobre es el mío. ¿De verdad crees que el tuyo,
dañado, puede siquiera defenderse?
—Tú elegiste el de cromo, querido hermano. Recuerda, tú escogiste primero.
Los ojos azules de Salvador brillaron. Le gustaba hacerse el distraído cuando le
convenía, pero Roderick sabía que su mente era aguda. El Emperador Corrino era mucho
más inteligente que la mayoría de la gente pensaba. Endiabladamente más inteligente.
Sabía muy bien que había elegido al mek de cromo.
—Muy bien, pero deberías sentirte culpable de la manera que siempre se obtiene lo
mejor de mí.
—Fue pura suerte esta vez. No teníamos manera de saber qué robot ganaría.
El Emperador pasó un dedo por sus labios.
—Supongo que podríamos hacer trampa.
—¿El uno contra el otro? No te haría eso.
—Como recuerdo tan a menudo, eres un hombre mejor que yo.
Roderick no estuvo de acuerdo, ya que esperaba aquello, pero ambos sabían que era
verdad.
El robot de cromo hizo un giro y se tambaleó a sus pies para continuar la lucha,
acompañado de una ronda de aplausos encantados. Otro noble «encubierto» vino y le
susurró al oído una petición a Salvador. La máscara de dominó delgada no ocultó la
identidad de la persona mayor Tibbar Wari, un destacado corredor de bienes raíces que
necesitaba un favor. A lo largo de estos combates de gladiadores, los invitados del círculo
interior efectuaban dichas solicitudes, y Roderick tendría que ponerlas en práctica, de
acuerdo con las decisiones de su hermano.
Cuando el mek de piel cobriza finalmente derrotó a su oponente, convirtiéndolo en
espasmos de metralla, los guardias del palacio se adelantaron y criticaron el ganador.
Tibbar Warik se quejó por los pagos diferidos o en cesación de pagos de la nueva
Facultad de Medicina de Suk, un complejo extravagante en construcción en Parmentier.
Roderick pensaba que los médicos de élite tenían pretensiones de grandeza. Sin embargo,
como Salvador había recibido una gran cantidad de costosos tratamientos médicos (y
cuestionables, en opinión de Roderick) provenientes del ex jefe de la Escuela Suk, a
menudo hacía la vista gorda hacia los excesos. Warik estaba bastante molesto por las
pérdidas, y el Emperador lo despidió con una promesa.
Cuando el noble se fue, y mientras los miembros del personal de los escombros
arrastraban al robot fuera del campo de lucha, Salvador se volvió a Roderick.

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—Warik dice que hay una unos escándalos muy elaborados, que implican a un doctor
Suk quien engañó a un paciente. ¿Ya has oído que Lars Ibson de Caladan murió hace
poco? —Roderick recordó el plebeyo rico que había construido un imperio de pesca y
vivido como un Emperador—. De acuerdo con Warik, Ibson se basó en un doctor Suk y
pagó el precio de un rey para un tratamiento de cáncer en los huesos: tratamiento que
resultó ser falso. Placebos por completo. Ibson no vivió por más tiempo, y ciertamente
murió pobre.
Roderick no comentó que pensaba que muchos de los tratamientos prescritos de Elo
Bando para el Emperador caían en la misma categoría, después del muy sospechoso
«suicidio» de Bando de Parmentier; las investigaciones se habían cerrado, pero Roderick
sospechaba un problema más generalizado entre los Suk.
—¿Crees que la Escuela de Medicina estaría de acuerdo con una auditoría detallada
de sus operaciones? Hemos oído hablar de los inversores que dan préstamos de dinero a
la escuela, y sabemos que los Suk se toman ingresos sustanciales por sus servicios, pero
todavía no parece tener sentido. —Gran parte de la financiación para su expansión
extravagante había venido del exorbitante resumen que el propio Salvador había pagado
al ex jefe de la escuela.
—Un escándalo podría paralizar su buen trabajo —dijo Salvador—. Los Butlerianos
objetarán ante el tratamiento médico avanzado, y no me gustaría darles la razón. —Se
frotó las sienes—. Además, necesito otro médico personal, y los Suk no me han enviado
uno aceptable todavía. Echo de menos el pobre doctor Bando. La escuela no es lo mismo
sin él.
A pesar de las prácticas médicas corruptas de algunos médicos, Roderick sabía que la
Escuela Suk todavía producía mejores médicos que cualquier otra academia en el
Imperio, y recordó de la buena atención que Mohandas Suk había hecho durante las
plagas de las máquinas. A diferencia de Salvador, sin embargo, creía que la pérdida de
Elo Bando había mejorado su respetabilidad y no empeorarla.
—Déjeme buscar, Sire. Si están evadiendo los impuestos salusanos, o se hallan en
situación de impago, tendrán que rendir cuentas.
—La escuela se está convirtiendo en un problema, demasiado repleta de su propia
importancia. —Salvador se turbó—. No quiero que cierren. Al menos no todavía… no
antes de que tenga mi propio médico personal.
—Por lo menos, deben tener una vigilancia más estrecha.
El Emperador asintió, luego se inclinó hacia adelante mientras los próximos mek de
combate arrastraban los pies hacia el área de lucha.
—Tienes razón, hermanito, como de costumbre. Profundizaremos nuestras normas de
investigaciones financieras sobre ellos, y veremos lo que aparece.

LSW 174
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

¿Obtenemos nuestra identidad, nuestro valor, de nuestras familias o de nosotros mismos?


—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, manual de entrenamiento de la Hermandad

Como mentora y protectora de la Princesa Anna, Valya intentaba motivar de alguna


manera a la joven mujer y hacerla una persona mucho más fuerte… pero era una chica
muy poco manejable. Criada y protegida en el Palacio Imperial, Anna era propensa a las
decisiones, tanto juveniles como impulsivas y a los cambios de humor. La formación en
la Hermandad finalmente debía enseñarle a lidiar con eso, y Anna volvería a Salusa
Secundus como una mujer cambiada… y amiga íntima de Valya.
Quizá Anna pediría que Valya la acompañara de vuelta a Zimia y le diera una
posición en la Corte. A partir de ahí, Valya podría abrir las puertas políticas a su
hermano. Su éxito en la Liga del Landsraad tenía que recorrer un largo camino hacia la
restauración de la riqueza Harkonnen.
Pero eso no era todo lo que quería, ni por casualidad. En realidad considera al
asesinato de Vorian Atreides una prioridad aún más alta que conseguir que Griffin fuera a
Zimia, razón por la que le había pedido que se fuera en busca del hombre traicionero que
había derribado a la Casa Harkonnen. Si Griffin cauterizaba la herida supurante que había
hecho que generaciones de Harkonnen se tornaran tan miserables, su familia finalmente
podría escapar a la ignominia que se habían visto obligados a soportar durante ochenta
años, el terrible manto de vergüenza que había estado cubriéndolos como una capa de
hielo de Lankiveil. La venganza era más importante que la riqueza, mucho más
importante.
De vuelta a su mundo natal frío y estéril, Valya había visto con mucho sentido casarse
con un pescador nativo o cazador de ballenas. Su bisabuelo Abulurd había dejado a la
familia sin herencia, y su propio padre tenía pocas ambiciones, aceptando con demasiada
facilidad su estado reducido drásticamente. Su madre, Sonia, era una mujer tradicional de
la zona que nunca había estado fuera del planeta y no estaba interesada en el resto del
Imperio. Ya que ella no era de sangre noble, estaba dispuesta a aceptar la miseria de una
vida que ella y su familia tenían, sin cuestionar lo que los enemigos de la Casa
Harkonnen les habían hecho.
Valya no podía quedarse tranquila. Una vez que escapó de Lankiveil y la piedra de
molino que representaba, tuvo la intención de llevar a cabo a una gran cantidad de la
Casa Harkonnen. Para una mujer joven en su situación, la Escuela Rossak parecía ofrecer
infinitas posibilidades, como lo demostraba esta oportunidad de establecer vínculos
estrechos con los Corrino.
Aun así, Valya estaba perdiendo rápidamente el entusiasmo por su tarea de hacer
amistad con Anna Corrino. La chica era dulce, con muchas ideas falsas sobre cómo
vivían los demás, y a veces el trabajo ponía a prueba la paciencia de Valya.

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Solo ahora, se apresuraba por un pasillo y luego por otro, gritando el nombre de
Anna, pero sin obtener respuesta. ¡La chica era tan impredecible! Hacía unos minutos que
el desayuno había terminado en la gran sala comedor y las Hermanas se arremolinaron
alrededor o partieron hacia las salidas; el vestido verde de Anna se había escabullido,
fundiéndose con la multitud de mujeres. ¿Pensaba que esto era un juego? Murmurando,
Valya sintió una sensación de hundimiento. Si algo malo le pasaba a la Princesa Corrino,
no sería bueno para la Hermandad, ni para las ambiciones personales de Valya.
Al pasar junto a una alcoba, vio que Anna se asomaba desde alrededor de una estatua
de uno de los héroes de la Yihad, riéndose como una preadolescente. Valya tenía la
misma edad, pero había una enorme brecha de madurez entre ellas.
—No vuelvas a hacer eso. —Valya la tomó de la mano y la sacó con un poco más de
fuerza de lo que pretendía.
—Puedo cuidar de mí misma —dijo Anna.
Valya controló su temperamento, recordándose a sí misma las conexiones de esta
joven mujer.
—Rossak tiene sus peligros, y la Hermandad tiene sus reglas. Sólo estoy tratando de
cuidarte. —Se mantuvo protectora cerca de la mujer joven y problemática, mientras que
la guiaba para una clase de economía Imperial.
Cuando arrojó a Anna justo dentro de la sala de clase, la Princesa frunció el ceño.
—¿No vas a sentarte a mi lado? —La luz natural iluminaba la habitación, entrando a
través de rendijas y hendiduras en la roca, acompañado de una cálida brisa que estaba
impregnada de los olores acres de la selva.
—Esta es una clase de acólitas, y tengo otras cosas que hacer —dijo Valya—. Vendré
por ti apenas termine la conferencia.
—¿Eres mi mejor amiga ahora? —preguntó Anna—. No he tenido una mejor amiga
desde hace mucho tiempo.
Valya suavizó su voz.
—Sí, soy tu mejor amiga ahora. Confía en mí, una vez que te acostumbres aquí, no
tendrás que ir a casa. —Puso una mano en el hombro de la chica.
—Hirondo realmente se preocupaba por mí. —Anna parecía abatida y necesitada—.
Mi madrastra Orenna me amaba.
—Y ahora me tienes a mí, y tenemos nuestra confianza.
Anna la miró.
—Mis hermanos nunca confiaron en mí.
—Entonces será mejor aquí, con nosotras. —A través de sus propios sentimientos y
metas, Valya sentía cierta simpatía por esta mujer inadaptada que había sufrido de su
amorío condenado con un humilde trabajador de la cocina, pero Valya sabía que los
apegos emocionales podrían poner en peligro su propia misión en la vida.
Vio claramente que Anna urgía desesperadamente por la necesidad de tener una
amiga, y sin duda había sido así durante años. Valya tenía la intención de cumplir esa
función, en parte por compasión, pero sobre todo por sus propias razones. Sólo podía

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

esperar que Griffin también cumpliera con sus obligaciones. Ya debía estar en camino
para lidiar con Vorian Atreides.

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La lógica y la razón son engañosas. Pueden llevar a un hombre a perder su alma.


—MANFORD TORONDO, discurso en Salusa Secundus

A pesar de que el movimiento Butleriano se había esparcido a lo largo del Imperio, sus
cuarteles generales en Lampadas eran modestos y poco pretenciosos. Manford sentía que
la dominación de las máquinas pensantes debía haberle enseñado a la humanidad la
humildad al menos. Había sido mediante la arrogancia y la ambición que los titanes
originales habían creado las computadoras inteligentes en primer lugar.
Apoyado en una silla en su escritorio, el cual escondía la falta de sus piernas a los
visitantes, estudiaba minuciosamente las listas de planetas donde sus representantes
habían llevado a cabo exitosas redadas de demostración. En ocasiones, los líderes locales
Butlerianos enviaban holograbaciones, pero Manford prefería la experiencia más íntima
de leer palabras escritas por una mano humana.
La humanidad se había metido en una gran cantidad de problemas mediante la
búsqueda de facilidades, la velocidad y la simplificación. Dispositivos que podían ser tan
seductores. Se quedó embrujado por las palabras oscuras que Erasmo el robot había
escrito en su diario: Dado el tiempo suficiente, olvidarán… y nos crearán de nuevo.
Cuando los vehículos fueron fácilmente disponibles, los letárgicos engordaron porque
eran demasiado perezosos para caminar. Las máquinas de calcular podrían proporcionar
respuestas rápidas a sumas complejas, haciendo que la mente humana se atrofiara y se
olvidara cómo calcular. Como prueba del potencial humano y la superioridad, los
Mentats de la escuela de Gilbertus Albans realizaban todas las funciones que una
computadora podría, y eran mucho más confiables que cualquier máquina calculadora…
Aunque Manford anhelaba una temporada tranquila con Anari, donde pudieran ver el
ritmo natural de la cosecha y el clima cambiante sobre Lampadas, sabía que no había sido
hecho para una vida normal, ni la tenía su amada mentora, Rayna Butler. Había
sobrevivido a las horribles plagas de Omnius, mientras que toda su familia moría a su
alrededor. Para siempre marcada por la experiencia, Rayna pasó toda su vida insistiendo
en que la humanidad expurgara su dependencia de las máquinas. Siguiendo su ejemplo
heroico, Manford había caminado a través de un crisol similar. Estaba tan lleno de
cicatrices, pero de una forma diferente, estaba tan impulsado. Viajaría de nuevo pronto.
Siempre había planetas que necesitaban oír sus palabras.
Anari Idaho entró en la oficina con su impecable uniforme negro y gris. Llevaba el
pelo corto, su rostro lavado y limpio para mostrar su belleza áspera, la devoción en su
expresión era tan indeleble como un tatuaje.
—Dos forasteros están aquí para solicitar una reunión. —El ligero descenso de su
boca era una señal de desaprobación—. Han traído… su equipo.
Manford dejó los documentos a un lado.
—¿Quiénes son? ¿Qué tipo de equipo?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Vienen del planeta Zenith, son científicos de algún tipo. Uno de actúa como si
fuera una persona de nota.
Ahora Manford sentía curiosidad. Después de preguntar el nombre del hombre y no
hacer ninguna conexión con él, dijo:
—¿Qué quieren aquí científicos?
—¿Los interrogo? —Sonaba ansiosa. Manford sabía que, si lo solicitaba, ella les
rompería el cuello sin pestañear. No sabía lo que haría sin ella.
—Hazlos entrar. Hablaré con estos científicos yo mismo. Si necesito que hagas algo,
te lo pediré.
Un par de hombres diminutos entraron en la habitación, tirando de una caja sellada
del tamaño de un pequeño ataúd. Flotaba en suspensores, y las luces parpadeantes de un
panel de diagnóstico brillaban en lo alto.
El menor de los dos pertenecía a la raza en desgracia tlulaxa, tenía el pelo corto y
oscuro y una expresión pellizcada, y era obvio que estaba subordinado. Después del
horrible escándalo que había derribado las granjas de órganos tlulaxa durante Yihad de
Serena Butler, la mayoría de los seres humanos cargaban un animus intrínseco hacia la
raza, pero los tlulaxa habían sido sometidos y supuestamente rehabilitados. En las últimas
décadas, los celosos Butlerianos habían establecido una presencia de vigilancia en los
principales mundos tlulaxa, siguiendo de cerca cualquier investigación que se realizaba
allí. Muchos de sus insidiosos proyectos habían sido anulados, para gran consternación
de los maestros tlulaxa. Pero habían sido mansos y cooperativos; no esperaba ningún
problema de ellos.
El segundo hombre, obviamente, quien estaba a cargo, no era un tlulaxa. Los ojos
grandes le daban una mirada de búho. Tenía el cabello castaño, un mentón débil, y una
actitud estudiosa que le hacía parecer más como un contador que un investigador. El
hombre libresco se adelantó rápidamente, evidenciando una manera erudita y hasta
conciliadora.
—Gracias por recibirnos en tan poco tiempo, Líder Torondo. Soy Tolomeo, un
científico independiente y representante de Zenith en el Landsraad. Este es mi buen
amigo y socio de investigación, el Dr. Elchan.
Manford mantuvo una expresión fría.
—¿Y qué le trae a Lampadas? Muy pocos científicos autoproclamados ofrecen a
unirse a nuestro movimiento para la preservación del alma humana. —Forzó una
sonrisa—. Pero sigo siendo optimista.
Tolomeo parpadeó como una lechuza, y se tomó un momento para ordenar sus
cojinetes.
—Eso es parte de la razón por la que hemos llegado. Usted puede haber oído acerca
de mi planeta Zenith, que alienta y financia muchos proyectos de investigación realizados
en beneficio de los avances de la carrera médica humana, desarrollos agrícolas,
construcción de refugios automatizados para los pobres en los mundos primitivos. Como

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el representante oficial de Zenith, escuché el discurso que presentó en el Salón del


Landsraad, y me sentí obligado a verlo en persona.
—Ah, ahora lo recuerdo. Usted habló en el expediente. —En aquelentonces, el
hombre había parecido débil e insignificante, como si el destino de la raza humana
pudiera reducirse a un sencillo debate escolar.
Tolomeo ofreció una sonrisa.
—Aunque tengo que admitir que no estaba de acuerdo con su argumento, respeto sus
convicciones y pasiones. Un hombre debe hablar cuando tiene fuertes convicciones; eso
es lo que hace grande a los humanos. ¿Podemos estar de acuerdo en eso? ¿Un poco de
terreno común?
—Sólo un punto de partida. —Manford se preguntó qué pretendían estos hombres.
—Tengo que creer que podemos hablar como hombres razonables. Su apasionado
discurso me dio mucho en que pensar.
—Bueno. —Manford juntó las manos sobre el escritorio—. Los seres humanos
piensan. Las máquinas no. La mente del hombre es sagrada.
—La mente del hombre es sagrada —murmuró Anari.
—Nuestras dos partes han crecido tan alejadas que ya no se escuchan unos a otros,
Líder Torondo. ¿Qué pasaría si usted y yo pudieramos tener una discusión franca y
lógica? La raza humana sería mucho más productiva, más fuerte y más feliz si
encontramos algún tipo de compromiso. No hay que trabajar en contra unos de otros.
La sonrisa de Tolomeo fue esperanzadora, e ingenua. Manford no devolvió la sonrisa.
—Uno no compromete mediante la reducción de una cosa a la mitad. Son mis
creencias y principios fundamentales.
El científico se rió nerviosamente.
—¡Oh, no estoy pidiendo nada de eso! Por favor, escúcheme. Todos sabemos que la
tecnología puede ser objeto de abuso, pero no es intrínsecamente mala. Algunos de
nuestros primeros experimentos se centraron en el crecimiento de las hojas del tejido a
base de polímero para ser injertado en víctimas de quemaduras; trabajo del Dr. Elchan.
Los doctores Suk ya lo usan ampliamente. Pero hemos ido mucho más allá de eso. Mi
socio y yo le hemos traído un regalo creado en nuestros laboratorios en Zenith. —Hizo un
gesto hacia el ataúd de maletines que se balanceaba sobre sus suspensores como un bote
de remos en un lago—. Lo encontrará muy beneficioso.
El tranquilo socio tlulaxa no parecía tan optimista, de hecho, Manford podía sentir un
profundo temor que emanaba de él, como si estuviera caminando por una cuerda floja
sobre un abismo profundo. Tolomeo, sin embargo, era como un cachorro, sonriendo
alentando a su amigo. Después de abrir la caja, el tlulaxa metió la mano y sacó un objeto:
¡una pierna amputada color carne!
Anari se estremeció, y tomó su espada. Elchan espetó:
—¡No, no es un truco! Por favor, sólo miren. —Tolomeo envió a su compañero una
mirada inquisitiva, sorprendido por la reacción.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

No, Manford se dio cuenta con una inspección más cercana que era una pierna
ortopédica enfundada en un polímero muy realista, parecido a piel.
Tolomeo continuó con un orgullo descarado en su voz:
—En Zenith, tenemos un laboratorio independiente separado que se dedica al
desarrollo de prótesis de extremidades artificiales realistas que se conectan directamente
con las terminaciones nerviosas biológicas. En el pasado, muchos veteranos de la Yihad
se vieron obligados a vivir amputaciones. Más pronto, antes de los problemas de órganos
agrícolas. —Le echó un vistazo a Dr. Elchan, y luego otra vez a Manford—, los
laboratorios tlulaxa siempre le echaron ojos al tanque de cosecha propia o de órganos
internos, pero el trabajo ha sido prácticamente abandonado por casi un siglo. Ahora él y
yo hemos creado este nuevo sistema biónico que, cuando se unen y se configuran
correctamente, puede aprovechar los impulsos de su mente. Los análogos musculares son
fibras de polímeros sensibles, y los conductores de los nervios son alambres delgados.
Tomó la pierna falsa de su pareja y la sostuvo en alto como un apoyo, hurgando la
carne con los dedos.
—Nuestro regalo para usted, Líder Torondo: una rama de olivo que le muestre los
beneficios reales de la tecnología cuando se aplica correctamente. ¡Con esto, usted
debería poder caminar de nuevo! El Dr. Elchan puede darle piernas, para que pueda ver
cómo la ciencia puede ayudar a la humanidad y aliviar el dolor de tantas personas que
sufren.
Manford no estaba ni un poco tentado por la oferta.
—Los cimek utilizaron principios similares para sus cerebros para operar sus formas
de máquinas. El cuerpo humano no es una máquina.
Tolomeo lo miró desconcertado.
—Pero por supuesto que es una máquina biológica. El esqueleto es un marco
estructural, las fibras musculares son como los cables y las poleas, los vasos sanguíneos
son conductos transportadores de fluidos, las terminaciones nerviosas son como sensores,
el corazón es el motor y el cerebro como un núcleo de memoria.
—Lo que usted está diciendo es profundamente ofensivo.
El científico parecía decepcionado por la reacción dura de Manford, pero siguió
adelante de todos modos con su férrea determinación.
—Por favor, escúchame. Mire usted a mi amigo y colega. —Se volvió hacia su
compañero tlulaxa, aunque el otro hombre no deseaba en absoluto la atención—. Debido
a un grave accidente, el Dr. Elchan perdió el uso de su brazo izquierdo, y lo hemos
reemplazado con una de estas prótesis. Dudo que incluso lo hubiera notado hasta ahora.
El otro hombre levantó el brazo, flexionó los dedos, y usó su mano real para retirar
una funda gris revelando la piel plástica lisa en su brazo izquierdo. Un escalofrío de
repugnancia recorrió la espalda de Manford. De pie en la puerta de la oficina, Anari
Idaho también sintió rechazo por la prótesis.
Aún parloteando como si de la presentación de un informe de progreso de color rosa a
una reunión de la junta se tratara, Tolomeo retiró la segunda pierna del ataúd contenedor.

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—Después de ceñirse de inmediato a su cuerpo, usted será un hombre nuevo por


completo. —No se dio cuenta de que había pasado por encima de una línea muy
importante.
Luchando contra su disgusto, Manford levantó la barbilla y miró a Anari.
—Ya sabes qué hacer, Maestra Espadachina.
Al igual que un resorte liberado, sacó su espada y cargó contra los dos científicos.
Con un grito de sorpresa, Tolomeo dejó caer la pierna artificial sobre el escritorio de
Manford y Anari balanceó su espada como un leñador cortando un tronco. Lubricantes y
fluidos de nutrientes brotaron, rociando los papeles, pero Manford no se inmutó.
Tolomeo y Elchan gritaron de consternación. Anari golpeó tres veces antes de que la
pierna fuera destrozada sin remedio, y entonces hizo un trabajo rápido con la otra.
—La mente del hombre es sagrada —dijo.
Sollozando, el Dr. Elchan sacó su brazo izquierdo apretado contra su pecho, por
temor a que la Maestra Espadachina cortara la extremidad artificial de su cuerpo.
Horrorizado, Tolomeo dijo con voz hueca, como si hubiera sido sido traicionado:
—¿Por qué ha hecho esto? Esas piernas son nuestro regalo para usted. —Manford
casi se compadeció del hombre. ¡Honestamente no lo entendía!
—Hay una cualidad seductora a la tecnología de las máquinas. Es una pendiente
resbaladiza —dijo Manford—. Si yo permito esto, ¿por dónde trazaré la línea? No quiero
abrir esa puerta.
—¡Pero usted utiliza máquinas con regularidad, señor! Su lógica es arbitraria.
¡Increíble, el hombre todavía estaba tratando de llegar a él! En cierto modo, admiraba
la dedicación de Tolomeo a sus creencias, incluso si estaban equivocadas.
—Mi fe es perfectamente clara.
El Dr. Elchan estaba aterrorizado y tembloroso, pero Tolomeo se mantuvo en sus
principios.
—¡Por favor, tiene que haber algo! Si no permitirá que le demos estas prótesis de
extremidades, entonces podemos crear una plataforma suspensora simple para que usted
viaje cómodo.
—No. Una plataforma suspensora sigue siendo tecnología, un primer paso en el
camino a la ruina, y no voy a permitirlo. Sus tentaciones no funcionarán conmigo.
Tolomeo señaló la espada desnuda que Anari sostenía.
—La tecnología hizo esta hoja. La tecnología impulsa las naves espaciales que se
utilizan para viajar de un planeta a otro. ¿Usted las acepta cuando cumple con sus
necesidades?
Manford se encogió de hombros, sin estar dispuesto a darle la razón.
—No soy perfecto, y hago algunos sacrificios por el bien mayor. Hay muchos miles
de mundos en el Imperio, y todos necesitan oír mis palabras. No puedo simplemente
gritar a través del espacio. Es un compromiso necesario. Tengo que usar algunas formas
de tecnología para el bien común.
—Eso es una contradicción —dijo Tolomeo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—La fe ve a través de contradicciones, mientras que la ciencia no puede. —Miró a las


prótesis destrozadas—. Pero cuando se trata de mi cuerpo, yo trazo la línea. La sagrada
carne humana fue hecha a imagen de Dios, y la única ayuda que voy a aceptar en lugar de
caminar es de otro ser humano. Incontables voluntarios están dispuestos a llevar a cabo el
palanquín donde tengo que ir. Anari aquí. —Hizo un gesto hacia la Maestra
Espadachina—, me lleva en sus hombros cuando es necesario.
Tolomeo frunció el ceño, como si Manford le hubiera hablado en un idioma
extranjero.
—¿Entonces es su preferencia oprimir a un ser humano en lugar de utilizar una
simple silla de ruedas? ¿No ve lo degradante que es utilizar a una persona como una
bestia de carga?
Una llamarada de ira enrojeció el rostro de Anari.
—Considero que es un honor.
Levantó la espada, dando un paso hacia los dos científicos, pero Manford le impidió
que los matara.
—No hay necesidad de violencia, mi fiel compañera. Estos científicos equivocados
vinieron aquí a hablar de su punto de vista, y yo acordé escucharlos.
Ella murmuró en voz baja.
—No soy una esclava. Te sirvo de buena gana.
Manford dijo a los dos hombres:
—No cederé en el asunto. Respeto su dedicación a sus delirios, Dr. Tolomeo, pero si
sólo se puede ver la luz. Su misión aquí ha sido una completa pérdida de tiempo, y esta
reunión ha finalizado. Puede dejar su basura de equipos aquí. Veremos que sean
desechados correctamente.
Mientras los dos científicos se iban en desgracia, Tolomeo lucía con evidente
decepción, devastado al ver las prótesis de piernas destrozadas. Se veía tan perdido y
confundido; simplemente no podía comprender a un hombre cuyas convicciones eran
diferentes de las suyas.
Manford sintió lástima por él, y por lo que tendría que suceder después.

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Cuídate del conocimiento que buscas, y del precio que deberás pagar por él.
—Axioma de la Hermandad

Cuando Josef Venport regresó de Denali, una desagradable sorpresa le esperaba en la


sede de Kolhar, una mucho más grave que los problemas administrativos habituales que
enfrentaba.
Su esposa lo encontró, acompañado por su jefe de seguridad, Ekbir. Cioba no dijo
nada al principio, pero podía leer una gran cantidad de preocupaciones en su expresión
impasible. Dejó que Ekbir entregara la información.
—Un espía, señor.
Josef se puso rígido mientras la ira rugía dentro de él, aunque no se atrevió a mostrar
ninguna reacción. La idea parecía totalmente absurda, pero no era inesperada. Con su
flota espacial, la banca planetaria, y las operaciones mercantiles, Venport Holdings era
demasiado influyente y de gran alcance como para no llamar la atención de los
maliciosos.
—Lo neutralizamos —dijo Cioba—. Limitamos la divulgación de información.
Tengo ideas sobre cómo hacer frente a los espías, pero pensé que debía consultar contigo
primero.
—¿Dónde lo encontraste? —preguntó Josef.
Ekbir se armó de valor, y encontró la mirada del Director.
—En los campos de Navegantes, señor. El hombre se hizo pasar por uno de nuestros
técnicos. Tenía un uniforme apropiado, tarjeta de identificación, códigos de acceso.
—Descubre cómo las consiguió.
Ekbir asintió lentamente.
—Ya se está trabajando en ello, señor.
Las cejas gruesas de Josef se juntaron.
—Todos los técnicos de mantenimiento de VenHold son cuidadosamente examinados
y se les da entrenamiento psicológico específico. Son un equipo muy unido. ¿Cómo se
infiltraron en ellos?
Cioba asintió.
—Esa fue exactamente la forma en que fue capturado. Aunque sus credenciales
parecían estar impecables, nuestra gente sentía que algo iba mal. Según se informó, en
menos de una hora.
El rostro de Josef se tornó cálido al imaginarse la llanura de hierba cubierta de
tanques sellados, conteniendo cada una un embrión de Navegante inmerso en
concentraciones mutagénicas de gas melange.
—Descubrió lo que estamos haciendo por ahí, supongo.
—Sí, señor. —Ekbir no tenía forma de negarlo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Josef había sabido que el secreto se conocería tarde o temprano. Norma Cenva fue la
primera en experimentar las mejoras biológicas causadas por la exposición a largo plazo
del gas, pero la mente de su bisabuela había sido especial en primer lugar. Sólo después
de una gran cantidad de experimentación tenían otro candidato humano que había
sobrevivido al cambio. Los éxitos representaban todavía un porcentaje relativamente
pequeño.
—No ha revelado mucho para nosotros, sin embargo, a pesar de que sólo hemos
comenzado el proceso de interrogación —dijo Cioba—. Estuve monitoreándolo yo
misma, y tenemos Escalpelos trabajando en ello.
—Bueno. —Los torturadores entrenados especialmente en la división de escalpelo de
la organización Suk eran eficientes en infligir dolor a largo plazo, sin daños visibles.
Miró a su esposa, admirando su pálida piel, su belleza de porcelana; el patrimonio
hechicero de Cioba era prominente en sus rasgos, pero por desgracia no exhibía poderes
telepáticos—. Me gustaría que sólo pudieras entrar en su mente y extraer la información.
Ella le acarició el brazo con un breve toque eléctrico.
—Sí, podemos desear. Pero, mientras tanto, tenemos que utilizar otros medios. —Tal
vez sus dos hijas mostrarían una mayor fortaleza mental, una vez que se hicieron mayores
y completaran su formación en la Hermandad.
—Suponemos que fue enviado por una de las otras empresas de transporte comercial,
ansiosas de aprender acerca de nuestros Navegantes… —La voz de Ekbir vaciló cuando
se dio cuenta que estaba declarando lo obvio.
—Arjen Gates, su compañía ya se había entrometido en las operaciones de especia en
Arrakis. Puse fin a eso, pero no creo que aún haya aprendido su lección. —Josef había
sentido gran placer al ver las imágenes que Ishanti le enviado de la captura y destrucción
de las operaciones de caza furtiva cerca Carthag, lanzando al principal rival hacia una
tormenta de Coriolis.
Ninguna de las otras flotas espaciales había desarrollado algo similar a los
Navegantes, y sus competidores sólo tenían la más vaga comprensión de por qué los
buques VenHold nunca sufrían un percance, cuando su propio vuelo a ciegas daba lugar a
altas tasas de accidentes. A través de un cuidadoso análisis, Cioba había supuesto que
algunas de las otras compañías podrían estar utilizando dispositivos de navegación
computarizados, que estaban estrictamente prohibidos. Venport tenía sus propios espías
que investigaban el asunto.
Personalmente, Josef no tenía reparos en el uso de dispositivos mecánicos de
navegación, a los que consideraba útiles y confiables; él mismo los habría utilizado si no
tuviera Navegantes, y las restricciones en contra de ellos eran una tontería. No obstante,
si podía probar que uno de sus rivales utilizaba computadoras fuera de la ley, no dudaría
en informar sobre ello, lo que daría lugar a la confiscación y destrucción de todas las
probabilidades de envío en la flota de la competencia. Eran, después de todo, sólo
negocios.
—Déjame ver a este espía —dijo Josef.

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—Lo estamos reteniendo en la sala de interrogatorios, señor, a la espera de sus


órdenes.
Josef se rascó el espeso bigote, y miró a su esposa.
—Sabes cuáles van a ser mis órdenes.
Cioba lo llevó fuera de la habitación, caminando junto a él.
—No tomar ninguna acción precipitada.
El guardia de seguridad les guió a los niveles subterráneos de la torre de la sede,
donde se encontraron con un hombre enjuto, que mantuvo la cabeza baja y lucía de
manera fúnebre. El Dr. Wantori había completado la formación especializada en la
Escuela Suk, aunque su título no era un asunto de interés público. En el transcurso de sus
estudios en la institución médica, ciertos adeptos descubrieron una inclinación para
infligir dolor en lugar de aliviarlo. Wantori fue el mejor de los interrogadores y
torturadores subrepticios de escalpelo que Josef pudo encontrar.
—Por aquí, señor —dijo Wantori con voz grave—. Empezamos a hacer progresos.
Se detuvieron frente a una ventana de visualización de plaz opaco.
—¿Está ahí? —preguntó Josef—. ¿Por qué está todo tan oscuro?
—No hay nada que ver, por el momento. —Wantori trabajó en la pantalla, deslizando
a través del espectro. Una imagen borrosa, y luego se centró en como los sensores se
ajustaban al rango y matemáticamente cambiaban la pantalla a la luz visible.
Un hombre colgado en un ángulo en el centro de la cámara, con los brazos y las
piernas extendidas, con la cabeza inclinada hacia el piso. Se veía como un alma perdida
en una antigua historia del limbo.
—¿Qué has hecho con él?
—Está sano y salvo, señor. La cámara está desprovista de luz y sonido. Los
suspensores niegan la gravedad. La temperatura precisamente coincide con la
temperatura de su cuerpo. En sus propias percepciones, no está en ninguna parte. —
Wantori miró, parpadeando sus grandes ojos, como si no le gustara revelar sus técnicas—
. Muchas veces eso es suficiente para quebrar a un sujeto de interrogatorios, pero éste no
ha revelado nada.
—No lo habría esperado. Cualquier hombre que pueda entrar a mi campo de
Navegantes no es ningún espía ordinario. Es muy dedicado o muy bien pagado —
consideró Josef—. Espero que esté bien pagado, debido a que un mercenario puede ser
comprado, mientras que un hombre con convicciones políticas o religiosas es más difícil
de romper.
Ekbir señaló:
—Físicamente está ileso, salvo algunas contusiones y un dedo roto, que recibió al
resistirse a la captura.
—Le curé —dijo Wantori.
—Tal vez no deberías haberte molestado —dijo Josef.
El interrogador sacudió ligeramente la cabeza.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—El dolor de un hueso roto o el dolor de contusiones disminuye la eficacia de la


privación sensorial. Se le da al sujeto algo a lo que aferrarse, un foco. Ahora no tiene
nada, ni siquiera dolor. Para él, debe parecer que han pasado mil años. Y mi
procedimiento está recién comenzando.
Josef dijo:
—Déjame hablar con él.
Wantori lo miró alarmado.
—Va a ser un revés para nuestro proceso de desorientación, señor.
—¡Déjame hablar con él! —Josef apenas controló su temperamento. El hecho de que
alguien viniera aquí como un violador en un convento de monjas le ofendió. Durante
generaciones los Venport habían construido su imperio, la investigación financiada, los
buques construidos, la riqueza y el poder adquirido. Le resultaba profundamente
insultante que alguien tratara de tomar lo que habían conseguido.
Cioba asintió al interrogador.
—Haz lo que dice mi marido. Puede dar algunos resultados interesantes.
Wantori activó un conjunto de controles, señalando hacia un altavoz de entrada.
Cuando Josef habló, sus palabras resonaron en el tanque sin luz.
—Mi nombre es Josef Venport. —Después de días de completo silencio, sin ninguna
sensación en absoluto, el espía cautivo debía de haber pensado que sonaba como una
deidad—. Puedo decir que eres un profesional en lo que haces, y no insultarte al hacer
preguntas detalladas. El Dr. Wantori se hará cargo de eso por mí. ¿Al menos tienes la
cortesía de decirme tu nombre y por qué estás aquí?
El espía se retorció mientras flotaba, pero no parecía incómodo o desorientado. No
trató de encontrar la fuente de la voz.
—Estaba esperando a que alguien pregunte. Mi nombre es Royce Fayed, y debo
pensar que mi razón para venir aquí es obvia.
—¿Quién te ha enviado?
¿Era eso una sonrisa en el rostro del espía?
—Pensé que no iba a hacer preguntas detalladas.
—Disfrute de mi curiosidad. —Las fosas nasales de Josef se ensancharon.
—Lo siento, Director Venport, pero va a tener que trabajar un poco más que eso.
Josef sabía que no debía dejarse arrastrar a ese juego, por lo que apagó el transmisor,
y luego se volvió hacia Wantori.
—Averigüe lo que pueda. Averigüe todo.

***
Cuando el extranjero llamado Royce Fayed fue llevado a las oficinas principales de Josef
Venport de nuevo dos semanas más tarde, el espía se veía demacrado y cambiado de
manera significativa. Sus manos y sus dedos estaban cómicamente extendidos, las

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articulaciones destrozadas y vueltas a fusionarse mal. Su cabeza había sido afeitada y


cicatrices empañaban su cuero cabelludo. El Dr. Wantori había sido muy cuidadoso.
Fayed se puso de mal humor mientras el jefe de seguridad VenHold leía su informe:
—Está trabajando para Celestial Transport. Arjen Gates lo contrató personalmente.
La compañía está desesperada después de la reciente serie de accidentes y la no
disponibilidad repentina de cobertura de seguro para ello. Inteligente de ustedes poner
esto en marcha.
Josef se permitió una sonrisa, y miró a su esposa. Otro plan que él y Cioba había
desarrollado juntos. Les había costado años, pero su sociedad de cartera había comprado
una participación de control en la mayoría de las compañías de seguros que cubrían el
transporte espacial comercial. Como tal, VenHold ahora poseía datos precisos sobre
cuántas pérdidas Celestial Transport había sufrido en los contratiempos en plegar el
espacio, y, puesto que era propietario de las compañías de seguros, Josef era capaz de
negar la cobertura a CT de plano. Podría haber cobrado primas escandalosas, pero el
dinero no le importaba tanto como manejar a su competidor clave del negocio.
—Arjen Gates quiere saber cómo navegar en el tejido espacial —dijo Fayed sin rastro
de humor—. Y yo estoy pagando el precio por su curiosidad. No me estoy quejando.
Acepté el trabajo.
—Ni siquiera vamos a enviarle su cuerpo como una advertencia de que su intento
fracasó. Dejaré que permanesca sin saber.
El hombre roto todavía tenía un brillo en sus ojos.
—¿No quiere saber por qué necesita tan urgentemente a los Navegantes?
—Su tasa de pérdida responde a esa pregunta —señaló Cioba.
—Oh, pero está más desesperado. —Royce Fayed hizo todo lo posible para
enderezarse a sí mismo, aunque su cuerpo ya no funcionaba correctamente.
—¿Estás tratando de hacer un trato? —preguntó Josef—. Si supiera que posee más
información, sólo tengo que pedirle al Dr. Wantori que continúe el interrogatorio.
Fayed no se estremeció.
—Eso no será necesario. Aprovecho la satisfacción de saber cuando le digo que será
aún más frustrante. —Sus labios amoratados de alguna manera formaron una sonrisa.
—¿Qué es? —espetó Josef.
—Exploradores de CT recientemente descubrieron cientos de naves robots
perfectamente intactas. Una vez que hayan sido renovadas y reequiparadas con motores
Holtzman, la flota de Celestial Transport será cuatro veces más grande de lo que es
ahora, tal vez incluso más grande que la suya propia. Los exploradores también
encontraron instalaciones robóticas para descanso y fabricación de buques de gran
tamaño. Arjen Gates tiene todo ahora… excepto Navegantes.
Josef respiró rápidamente, y una emoción hambrienta llenó sus ojos.
—¿Y dónde están esas naves? ¿Cómo puedo encontrarlas? —Sus propios
exploradores habían estado peinando planetas de las máquinas conocidos por
instalaciones intactas como aquella, con la esperanza de encontrar una yarda clave de

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

fabricación. No había esperado que los carroñeros de Celestial Transport tuvieran más
éxito que su pueblo.
Fayed dejó escapar una risa sibilante.
—Y ahí está la broma para usted, Director Venport. Me contrataron para aprender
acerca de sus Navegantes, pero no sé donde está la instalación. No tengo las coordenadas,
ni siquiera en que sistema estelar es. Ese es mi truco final para usted. Su médico es muy
competente en el interrogatorio, pero realmente no sé nada más que eso.
El Jefe de Seguridad Ekbir estaba sorprendido por la revelación.
—Pido disculpas que no le he obtenido la información adicional en primer lugar,
señor. Le creo cuando dice que no sabe.
Cioba se sentó tranquilamente en su silla. Asintió con la cabeza.
Desafortunadamente, Josef creía en el hombre también. Su mente ya estaba corriendo
con los sueños de lo que la Flota VenHold podría hacer con todo un depósito lleno de
naves robóticas vírgenes, completamente funcionales. Odiaba pensar a Arjen Gates
incluso ahora supervisando a sus ingenieros, que se preparaban para añadir las naves
espaciales a su flota.
—Puede matarme ahora —dijo Fayed con un suspiro—. Ya he terminado.
—Oh, no tengo la intención de matarte. —Josef se levantó de su escritorio—. Te
llevaré con mi bisabuela.

***
En el campo de los tanques de Navegantes, Josef y Cioba llevaron al dolorido y frágil
espía hacia el tanque de Norma Cenva, que daba a los demás candidatos Navegantes.
Había días en que tenía que trabajar muy duro para conseguir su atención, pero ese día,
sin embargo, Norma estuvo inmediatamente interesada.
Su voz extraña trinó a través de los altavoces después de que le contaran que había
sido capturado un espía.
—Muchos quieren saber el secreto de la creación de los Navegantes.
—Es nuestro secreto —dijo Josef—, un secreto de los Venport. Lo capturamos antes
de que pudiera entregar su información.
Una larga pausa de su tanque. Fayed se quedó mirando por la ventana de plaz
transparente en los remolinos de color rojizo-anaranjado de gas desde donde podía ver la
forma distorsionada de la mujer en el interior.
—¿Por qué pones tanta atención a lo que ves, Fayed? —le preguntó Cioba—. ¿No
viste ya esto cuando estabas espiando?
—No así de cerca.
—¿Por qué lo has traído ante mí? —preguntó Norma.
—Tiene una mente muy interesante. Nuestros interrogadores lo encontraron todo un
reto. Cioba cree que tiene potencial, y estoy de acuerdo.
No pudo decir si el interés de Norma había sido despertado. Ella dijo:

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—Necesitamos gente con potencial. Más Navegantes.


Josef podría haber ejecutado al hombre y haber terminado con ello (Ekbir se habría
hecho cargo sin haber sido invitado a hacerlo), pero Josef sentía un rencor personal en
particular en contra de este hombre que había intentado robar el sustento de su familia,
diluir el logro original Venport de los Navegantes dando paso a imitaciones baratas.
Josef se volvió hacia el espía dañado.
—Has venido aquí para descubrir cómo se hacen los Navegantes, Fayed, así que te
mostraré. Te mostraremos todo, entregándote una mayor comprensión de lo que
esperabas.
Norma apretó suavemente su rostro no humana en contra del plaz, mirando con sus
grandes ojos. Vio como Josef instruía a sus guardias para colocar a Royce Fayed dentro
de uno de los tanques vacíos.
Lo sellaron y se rellenó la cámara de gas de especia.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Soy un pensador. Eso es lo que hago, con gran profundidad y detalles, a cada momento del día. Me gusta creer
que vale la pena. Y, sin embargo, no puedo dejar de recordar lo que Erasmo me dijo una vez, cuando era un
joven y él mi maestro: «Todas estas cosas con las que nos ocupamos nosotros mismos, ¿no constituyen mucho
en las escalas de las cosas? No importa qué tan extenso ponderemos cualquier tema en particular, sólo hay muy
poco allí».
—GILBERTUS ALBANS, reflejos en el Espejo de la Mente.

Las oficinas de la administración de la escuela Mentat eran un laberinto de salas


modulares y cabinas; en el fondo, la música sonaba tan baja que Gilbertus a menudo la
ignoraba. Aquella tarde, sin embargo, la melodía le llamó la atención porque oyó las
puntuadas notas potentes de «Rapsodia en Azul», una de las piezas favoritas de Erasmo
en la Vieja Tierra. Dado que el robot independiente había logrado conectar su núcleo de
memoria con los sistemas de audio de la escuela, Erasmo no había tenido ninguna duda
en elegir la música por sí mismo, otro recordatorio sutil de su presencia oculta. Ninguno
de los profesores o estudiantes de la escuela sería capaz de adivinar los pensamientos y
emociones que tales melodías suscitaban en Gilbertus, o en la mente de la máquina
Erasmo, con sus programas de simulación.
Gilbertus dejó una reunión de personal, se dirigió al ala secundaria, y entró en una
oficina que era más adecuada para un profesor titular que para un simple estudiante, pero
Draigo Roget no era un ayudante de enseñanza ordinario. En la cúspide de la graduación,
Draigo había alcanzado los límites de lo que podía enseñarle Gilbertus o cualquiera de los
instructores, y pronto el joven se apartaría de la escuela como un Mentat en toda regla.
Gilbertus le había hecho repetir las ofertas de una cátedra.
—Algunos de los mejores graduados optan por quedarse atrás. Tú has obtenido los
mejores resultados que cualquier otro estudiante en la historia de esta institución, y,
probablemente, puedas enseñar mejor que la mayoría de nuestros instructores.
Draigo permaneció evasivo.
—También puedo servir fuera en el Imperio como un Mentat. Eso es lo que he sido
entrenado para hacer. —Gilbertus no podía discutir con la lógica, a pesar de que había
insistido en que le dieran la oficina más grande y otros beneficios con la esperanza de que
considerara la posición.
Una vez más, consideró en decirle a Draigo sobre Erasmo, esperando por fin tener un
aliado en la protección y el estudio básico de la memoria del robot. Erasmo habría sido
feliz de trabajar con otro pabellón, alguien que pudiera ser más fácil de convencer para
que le edificara una nueva forma de máquina. Pero sin embargo, Gilbertus decidió que no
podía correr ese riesgo… y ninguna vez.
Ahora, Draigo no levantó la vista cuando el Director entró. Con sus cejas oscuras
dibujadas juntas, el joven estaba peinando sobre pilas de documentos impresos que
desbordaban su escritorio y se sentaba junto a más pilas en el piso a ambos lados:

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registros escritos que realizaban un seguimiento de las apariencias y movimientos de las


naves de Omnius lo largo de más de un siglo de la Yihad, un sinnúmero de puntos de
datos dispersos.
Mirando hacia arriba a Gilbertus, como si hubiera sido atrapado en una acción ilícita,
Draigo dijo:
—Sólo es un poco de ejercicio mental antes de mi graduación. Por el cotejo de todos
los datos de avistamientos y ataques conocidos, estoy tratando de dar marcha atrás y
hacer una proyección Mentat que vea en las influencias de las ondas de segundo orden.
Tal vez pueda descubrir las huellas ocultas de otras flotas o puestos de avanzada de
robots abandonados. Teniendo en cuenta los criterios de valoración suficientes, tal vez
pueda extrapolar los inicios.
—Interesante y muy ambicioso. ¿Te gustaría un poco de ayuda? —Gilbertus entendía
la profundidad del problema; no era simplemente una proyección retrógrada, ya que no
tenía forma de saber cuántos depósitos o astilleros diferentes habían puesto en marcha
todos los buques, o cuáles habían sido destruidos o parados durante el transcurso de la
Yihad. Sin embargo, con suficientes puntos de datos y la intensidad de la concentración
mental, tal vez se podría desentrañar un poco de información. Si alguien era capaz,
Draigo podría hacerlo—. Con toda esa información, hay que dividirla y comparar los
resúmenes.
El joven sonrió.
—Eso sería una excelente idea, y apreciaría su ayuda. ¿Un último esfuerzo de
cooperación entre el maestro y el estudiante?
La finalidad de las palabras descorazonó a Gilbertus. Tomando asiento en el
mostrador de al lado, procedió a escanear un documento tras otro, a gran velocidad de
lectura, absorbiendo datos. Mientras conservaba todos los puntos en su mente, los
patrones comenzaron a surgir, y varias horas más tarde, cuando los dos compararon lo
que habían descubierto, Draigo dijo lo que ya estaba pensando Gilbertus.
—He extrapolado unos pocos lugares donde un gran número de buques de las
máquinas podrían haber sido construidos y puestos en marcha —dijo Draigo—. Amplios
astilleros.
—También lo he proyectado —dijo Gilbertus—. La convergencia más importante de
caminos se origina a partir de un sistema estelar etiquetado como Thonaris. Sí, la
evidencia sugiere que podría ser una prominente instalación industrial de las máquinas.
—Aunque no recordaba personalmente mención alguna de dichos astilleros, siempre
podía pedir a Erasmo la confirmación.
Draigo tocó con la punta de los dedos los registros, que había apilado en ordenadas
pilas después de memorizar las entradas.
—Esto parece una información útil. Gracias por su ayuda.
Los dos hombres permanecieron en silencio por un tiempo, cada uno ponderando las
consecuencias. Gilbertus sabía que si revelaba los datos a los Butlerianos, como esperaba
que se hiciera, Manford Torondo saquearía y destruiría cualquier puesto de avanzada, si

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

es que existía. O, los intereses comerciales podrían salvar y explotar el tesoro. A


Gilbertus no le gustaba ninguna de las alternativas.
—Podría ser mejor si consulto al Emperador sobre lo que desee hacer —sugirió
Gilbertus—. Lo consideraré más a fondo, pero tal vez debería ofrecer esta proyección con
él en persona la próxima vez que viaje a Salusa Secundus.
Draigo se encogió de hombros, como si no tuviera ningún interés en el asunto, ya que
el problema estaba resuelto.
—Tenemos tiempo. El puesto de avanzada de las máquinas ha esperado allí intacto
desde antes de la Batalla de Corrin, si nuestra deducción es correcta.
—Ha sido agradable trabajar contigo, Draigo Roget —dijo—. Extrañaré nuestros
concursos de amistad y nuestra cooperación.
El otro hombre inclinó la cabeza.
—Y me ha gustado aprender de usted, pero tengo ganas de graduarme. Haré mi mejor
esfuerzo para seguir aprendiendo, incluso en el mundo exterior.

***
Luego, en la intimidad de su despacho, Gilbertus retiró el núcleo de memoria de su
compartimiento oculto y conferenció con la mente del robot sobre la nueva información.
—Oh, sí, me acuerdo de los astilleros en Thonaris —dijo Erasmo en su voz erudita—.
Una de nuestras operaciones industriales más grandes.
—Ahora que tengo la información, ¿cómo debo revelarla? —Gilbertus estaba en
problemas—. ¿Y a quién? ¿A Manford Torondo, para aumentar su buena voluntad para
con la escuela? ¿Al Emperador?
—No hay prisa para revelarlo en absoluto. Uno simplemente no le regala información
tan importante, hasta al Emperador. Considera el valor, y mantenlo como moneda de
cambio. Revélalo sólo cuando sea necesario, cuando sea nuestro mejor para nuestro
interés. Nunca se sabe cuando un «descubrimiento» puede ser útil.
—Eso suena como un buen consejo.
—¿Alguna vez te he dado alguno de otro tipo?
Gilbertus sonrió.
—Sin comentarios.

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Somos como el salmón, nadando contra la corriente de la vida. Cada uno de nosotros está desesperado por
saber de dónde venimos, quiénes y cómo eran nuestros antepasados, y cómo vivían, como si el pasado nos
sirviera de guía parael futuro.
—ABULURD HARKONNEN, notas sobre Lankiveil

Cuando Valya fue asignada para llevar a cabo una hora de entrenamiento intensivo
privado con Anna Corrino y las dos jóvenes hijas de Josef Venport, la disparidad de
edades de las acólitas era notable, pero su nivel de habilidad era más o menos
equivalente. En todo caso, las jóvenes Sabine y Candys, de nueve y diez edad
respectivamente, eran más centradas y talentosas que la hermana frívola del Emperador.
Cuando la Reverenda Madre le pidió que quitara su tiempo de estudio de los registros
de reproducción computarizados, la reacción inicial de Valya había sido de molestia,
porque el uso de las computadoras para hacer proyecciones de linaje parecía mucho más
vital para el propósito de la Hermandad, y para su propio avance. Sin embargo,
definitivamente veía las ventajas de establecer vínculos estrechos con ambas Anna
Corrino y las dos hijas Venport.
—Haré mi mejor esfuerzo, Reverenda Madre —dijo.
Raquella no le había dado a Valya ningún plan de estudios específico, dejando la
instrucción a su propia discreción, y se preguntó si la Reverenda Madre estaba usando
esto como un medio para probarla también a ella…
—A esto le llamamos la pared del laberinto —dijo Valya, llevando a sus tres alumnas
a una pequeña y tenue cámara. E toda una pared de la habitación (detrás de un panel
delgado de plaz) una capa de tierra fina tamizada cubría una compleja colonia de
insectos. En el cuadro intercalado, una colmena de blindados nematodos excavadores
cubría de quitina las placas excavadas de un laberinto de serpenteantes túneles. Habían
vaciado el bolsillo central desde que su reina guiaba todas las operaciones de sus drones.
Valya secretamente pensaba en aquella reina como la «Reverenda Madre».
—Hemos estado aquí antes —dijo la de nueve años de edad, Sabine, sonando
superior.
Valya le frunció el ceño.
—¿No has visto lo que pretendo enseñarte?
Candys estaba fascinada por los insectos alargados que continuaban excavando y
reorganizando la arquitectura de su colonia. Anna miró irritada.
—Quiero que estudien los movimientos de estos animales, analicen sus actividades, e
interpreten el orden intrigante de sus vías. Esta colonia burrower es como un
microcosmos del universo, lleno de caminos que se cruzan, algunos que se ramifican, y
otros que simplemente se detienen en los extremos ciegos. Es como el mapa de la vida de
una persona: sólo tiene sentido si se estudia con cuidado.
La voz de Anna cargaba una molestia impaciente.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Mis hermanos no me enviaron a Rossak para mirar a una colmena de insectos


durante todo el día.
—Una hora es poco de todo el día —dijo Sabine Venport.
—Tus hermanos realizan ejercicios equivalentes —dijo Valya—. ¿Acaso el
Emperador Salvador no tiene que pensar en las conexiones entre los planetas del Imperio,
las familias nobles, las líneas de sangre, los matrimonios, las peleas?
—Nuestros padres son dueños de Venport Holdings —dijo Candys—. Eso es casi tan
importante como ser Emperador.
Anna se burló de la niña.
—No hay comparación.
Valya interrumpió el argumento:
—Todas ustedes son acólitas ahora, y su familia es la Hermandad. Los Corrino y los
Venport no significan nada aquí. —Hablaba con gran convicción, a pesar de que sentía lo
contrario. Valya no las quería preguntando sobre los Harkonnen…
Si movía los hilos correctos, haría las conexiones apropiadas; Valya podría salvar la
situación de su familia a través del poder y la influencia de los Corrino y los Venport.
Dirigiendo su atención, Valya se situó cerca de Anna Corrino mientras las tres
miraban fijamente a los excavadores corriendo.
—Estúdienlos hasta que vena el patrón, y entonces tendrán una visión de su
propósito. La reina de la colmena debe tener algún plan general que podemos
desentrañar.
—Me gusta verlos —dijo Candys.
Valya susurró, como si compartiera un secreto con solo Anna:
—Algunas de las hechiceras usan esto como un ejercicio mental. Después de años de
práctica en la dirección de sus pensamientos, unas pocas han aprendido a cambiar el
patrón de los túneles. Pueden volver a escribir el plan maestro.
—¿Puedo hacer eso? —dijo Anna.
Valya se rió, pero no la desanimó.
—No lo sé. ¿Se puede? Se necesita una gran concentración.
Anna miró a Valya, quien vio a una niña asustada detrás de sus ojos.
—Yo tenía un árbol especial allá en el palacio, y con los años lo convertí en mi
propio escondite secreto. Podía hacer que las ramas crecieran en cualquier dirección que
yo quisiera. Mucha gente puede manipular plantas, pero no esa variedad en particular, y
yo era especialmente buena con ella. La Hermana Dorotea estaba intrigada cuando oyó
hablar de ello, pero se negó a aceptarlo. No creía que posiblemente pudiera tener poderes
mentales como esos, pero no llevaría a cabo por ella, ¿por qué habría de hacerlo? —
Olfateó.
—Bueno, yo lo creo —dijo Valya, e hizo que Anna le sonriera.
—¿Podemos hacerlo? —preguntó Sabine—. Somos jóvenes, pero ya hemos estudiado
con la Hermandad durante dos años.

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Valya se detuvo a considerar cómo la Reverenda Madre podría haber contestado, y


les dijo:
—Algunos dicen que una persona puede lograr cualquier cosa que le gusta, si es que
se aplica a sí misma, pero eso es sólo un tópico vacío. No se puede realmente hacer
«nada,» pero si se aplica a sí mismos, se pueden descubrir fortalezas que otros no tienen.
Sorprenderán a la gente que no lo espera de ustedes. —Bajó la voz—. Y así es como
ustedes se convertirán en poderosas.
Las tres pasaron el resto de la hora mirando en silencio, estudiando los excavadores.
Valya se quedó con ellas, pero sus pensamientos estaban muy lejos, contemplando las
conexiones y posibilidades en su propio futuro.

***
Sola de nuevo para ponerse al día con sus deberes en las cavernas altas y secretas que
mantenían los registros de reproducción, Valya Harkonnen se sentaba en el centro de un
carrusel de computadoras, haciendo gestos con las manos a las pantallas táctiles que se
hallaban frente a ella, accediendo a los registros que quería. Tamizó a través de los
archivos históricos y de la familia, explorando los afluentes de datos que fluían desde el
río principal de eventos famosos que se habían producido en la Yihad.
La Vieja Hermana Sabra Hublein la había entrenado para utilizar los sistemas, y
Valya se mostró notablemente intuitiva, disfrutando en profundizar en los estratos
electrónicos de la información genética, así como en los antecedentes familiares y en los
registros personales.
Cada vez que se deslizaba por la puerta holográfica escondida en aquellas cámaras de
computadoras, Valya agradecía el gran privilegio que Raquella había infundido en ella.
Siempre hacía todo lo posible para demostrar que se merecía el honor.
Aunque ella y la Reverenda Madre estaban separadas por un enorme abismo en edad,
compartían algo que no podía expresarse con palabras; Valya veía la forma en que la
anciana la cuidaba, observándola tras las arrugas de una expresión alrededor de los ojos
azul pálido, la forma en que fruncía los labios al hablar. La esperanza que sentía por
Valya, como un padre que desea que su hijo tenga éxito.
La Hermandad era la familia de la joven ahora, como la Reverenda Madre insistía,
pero el mayor secreto de Valya era que no podía olvidarse de su otro patrimonio.
Mantenía su lealtad dividida tan cuidadosamente oculta posible.
En el inesperado regreso de Vorian Atreides, su ira hirviendo había clamado por
destruir la espina en el costado de su familia, pero había pasado esa noble obligación a su
hermano, y sabía que Griffin no fallaría. Se preguntó dónde estaba ahora…
Cerca de allí, unas Hermanas en túnicas estaban sentadas ante otras pantallas o
entraban y salían de las cámaras ocultas, pero Valya no les prestó mucha atención. Se
centraba en la indagación de información, la búsqueda de los archivos históricos que
mostraban la enmarañada relación entre Vorian Atreides y la familia Harkonnen.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Enclavada en los registros, mal etiquetados (tal vez intencionalmente) para que nadie
los encontrara, había cartas que Abulurd Harkonnen y Vorian Atreides se habían escrito
el uno al otro años antes de la Batalla de Corrin. Sus ojos se agrandaron cuando vio la
información: Vorian Atreides decía que quería restaurar a Xavier Harkonnen a la buena
voluntad de la historia, insistiendo en que el hombre era un héroe, no un traidor a la
humanidad, pero la Liga no tuvo ganas de escucharlo.
Encontró dos cartas que Abulurd le había enviado a Vorian, allá cuando los hombres
seguían siendo amigos. La primera, escrita en el calor de la Yihad, decía: «Algunos dicen
que la sangre Harkonnen que corre por mis venas me deshonra, pero aceptan las
mentiras que he escuchado, los intentos de manchar el papel de mi abuelo. Tú y yo
sabemos por qué hizo lo que hizo. Para mí la actuación de Xavier Harkonnen habla de
honor en vez de cobardía».
En otra carta, Vorian prometía a Abulurd que una vez fuera derrotado Omnius
trabajaría incansablemente para restaurar el nombre Harkonnen. Sin embargo, después de
los acontecimientos en el Puente de Hrethgir, Vorian rompió su promesa, dio la espalda a
la familia Harkonnen, y se encargó de que Abulurd fuera enviado al exilio.
La última carta de Abulurd en los archivos, escrita durante los oscuros días de la
desgracia a raíz de la Batalla de Corrin, fue aún más reveladora, y acusadora: «Vor, esta
es mi segunda carta a ti, mi segunda petición urgente. Sé que ya no me quieres y
destruiyes mi nombre. ¿Eso te libra de tu promesa de corregir la historia? Honra al
menos restaurando a Xavier Harkonnen, que valientemente voló su nave hacia el sol
para destruir el mal de Iblis Ginjo. ¿O vas a echar a un lado a Xavier, y a todos los
Harkonnen, a causa de mi decepción? ¿Qué dice eso acerca del honor de los Atreides?».
Valya desvió la mirada y se dio cuenta de que estaba llorando. Se secó las lágrimas.
Tenía fe en que Griffin haría lo que fuera necesario. ¡Ese hombre detestable merecía
morir!
Usando una señal con la mano para activar unos paneles, mientras examinaba los
archivos y trazaba su árbol genealógico, reconoció muchos de los nombres: desde
Abulurd, de regreso a Xavier, Ulf, e incluso generaciones más lejanas en los archivos de
la historia. Muchos hechos heroicos… pero después Xavier se suicidó con el Gran
Patriarca Ginjo; la opinión pública se volvió contra él por lo que los descendientes
cambiaron su apellido. El nieto de Xavier, Abulurd, trató de reclamar su herencia, pero su
destierro tardío sólo completó la destrucción de su legado.
La siguiente pantalla mostró siete imágenes de Abulurd a diferentes edades. Su
corazón se hundió mientras observaba los rostros cambiantes de exuberancia juvenil al
triste reconocimiento del fracaso al final de su vida en el exilio.
Se sobresaltó cuando una brisa le tocó la cara, una ráfaga de aire caliente en la
caverna, como si alguien hubiera respirado sobre ella y luego revoloteara alejándose.
Cerca, oyó un susurro que se desvaneció en las sombras. Valya miró a su alrededor, con
sus sentidos aumentados, pero no vio a nadie. Otras Hermanas de confianza trabajaban en
las estaciones de computadoras dentro de la enorme cámara, pero todas estaban muy lejos

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de ella. Una sensación de carne de gallina se deslizó por su espalda… y luego


desapareció.
Esperó, tensa, pero la sensación no se repitió. Oyó sólo el zumbido de los
ventiladores y los sistemas de refrigeración, la ponderación subsónica de las máquinas
pensantes. Todo parecía normal…
Inquieta, trató de calmarse al recordar cómo se había unido a las Hermanas de
Rossak, cuando una mujer vestida de negro llegó a Lankiveil en un transporte de carga.
La Hermana Arlett, una graduada de la Hermandad, una viajera que se detenía en lugares
alejados para recomendar la Escuela de Rossak. La misionera había visto un hambre y un
potencial en los ojos de Valya, y dio a la joven esperanza cuando Valya supo que tenía
pocas posibilidades de mejorar en Lankiveil.
—La Hermandad se esfuerza por mejorar a la humanidad, una mujer a la vez —le
había dicho Arlett—. En Rossak, puedes aprender a ser una misma, y más a ti misma.
Valya estuvo fascinada por la elección. La Escuela Rossak era su oportunidad para
mejorar sus perspectivas. Aunque Griffin estaba triste de ver partir a su hermana, y su
madre rechazó las aspiraciones de la joven, Valya había tomado una decisión
rápidamente. Había volado lejos con la Hermana Arlett, sintiendo que no se arrepentiría
en absoluto…
Ahora, después de haber terminado el trabajo con los ordenadores ocultos, Valya
volvió a las principales madrigueras y las clases donde las acólitas acababan de terminar
una sesión de meditación. En la actualidad, vio a Anna Corrino corriendo hacia ella,
seguida por la Hermana Dorotea, impaciente. No había dudas de que Anna había tenido
problemas en la clase.
—No necesito clases de meditación —dijo Anna—. Quiero trabajar en el programa
de cría contigo.
Valya se detuvo, pero continuó caminando hacia el complejo principal de la escuela.
—¿El programa de cría?
—Todo el mundo sabe que los registros de reproducción quedan por ese camino.
—Cada Hermana tiene responsabilidades más allá de continuar con su educación —
dijo la Hermana Dorotea deliberadamente a Anna—. La Hermana Valya tiene sus propios
deberes, y yo tengo el mío que es asistir a Karee Marques en la selva.
Valya había oído rumores de que Dorotea podría incluso convertirse en el líder de la
Hermandad un día. Pero si era así, Valya se preguntaba por qué la Reverenda Madre la
había dejado fuera del registro secreto de ordenadores de cría. ¿Tal vez porque Dorotea
había pasado años estudiando con los Butlerianos en Lampadas?
Anna tomó a Valya por el brazo, felizmente alegando amistad.
—Quiero ver a los registros de reproducción. Deben ser muy importantes.
La mente de Valya se aceleró. Anna Corrino no estaba acostumbrada a no tener
acceso en cualquier lugar.

LSW 198
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Una vez que te conviertes en una Hermana completa y pases todas las pruebas, tal
vez pueda usar mi influencia para arreglar un breve recorrido, pero los detallados árboles
genialógicos están generalmente fuera de los límites.
Anna sonrió.
—Lo sé todo sobre la Casa Corrino ya.
Valya se preguntó si Anna había hablado de la rama Harkonnen del árbol familiar de
los Butler/Corrino. ¿Le sorprendería saber que eran primas? En lugar de responder
directamente a Anna, parafraseó las palabras de la Madre Superiora.
—Tal vez sea así, pero recordemos que todas somos Hermanas, y la Hermandad es
nuestra familia.

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No todos los accidentes son lo que aparentan. Las víctimas no siempre saben por qué han sido escogidas.
—GENERAL AGAMENÓN, memorias verdaderas

Ahora que habían sido puestos en libertad, Hyla y Andros volaron en su nave robada
hacia el corazón del Imperio humano: Salusa Secundus. Durante el vuelo, tuvieron
tiempo para asimilar la información a bordo de la nave Butleriana, resintiendo y también
cuestionando los hechos expuestos, sobre todo cómo las bibliotecas de historia retrataban
a su padre, el general Agamenón, y el tiempo de los titanes cimek.
Los gemelos también aprendieron cómo su hermano pródigo, Vorian, se había vuelto
por completo contra el Imperio Sincronizado, cómo fue adorado como un héroe entre los
humanos salvajes, a los que las máquinas pensantes despectivamente llamaban hrethgir.
—Aparentemente veneran los traidores —dijo Andros—. Los hrethgir no
comprenden la grandeza de sus antepasados; y nuestro hermano no es digno de ser hijo
de Agamenón.
—Tal vez podamos restaurar eso —dijo Hyla—. Si Vorian se volvió una vez, tal vez
podamos volverlo nuevamente… de nuevo a sus raíces. Y los tres podremos alcanzar el
potencial de nuestra ganadería.
—Merece morir por lo que ha hecho —dijo Andros.
Hyla le dirigió una fría sonrisa con bordes afilados.
—Lo único que quieres es ser el único hijo de Agamenón.
—Soy el único y verdadero hijo de Agamenón.
Al llegar al mundo capital, hicieron una parada en las transmisiones de información
para recoger datos, manteniendo su nave desapercibida e invisibles, no por temor a ser
detectados, sino porque cualquier clamor afectaría su misión.
A pesar de que la red tecnológica de Salusa Secundus parecía haberse deteriorado
desde el momento de la Yihad, los gemelos se enroscaron en transmisiones y luego se
metieron en las bibliotecas históricas, donde escanearon los volúmenes de historias
fuertemente inclinadas. Los registros de la Yihad celebraban numerosos actos heroicos de
Vorian contra las máquinas pensantes, incluso atacando a los cimek que lo habían criado
y concedido el milagroso trato de extensión vital reservado solo para los mejores. Con los
conocimientos del momento, alabaron cómo había engañado y asesinado a su propio
padre.
Vorian fácilmente podría haberse convertido en el primer Emperador después de la
Yihad, y por derecho debería haberlo sido, pero había permitido que los débiles de los
Corrino tomaran ese manto. Había elegido el camino más fácil, dándole la espalda a la
fama y al poder que le era debido. Había desaparecido hacía ocho décadas en las vastas
aguas del Imperio.

LSW 200
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Hyla no podía comprender por qué su semihermano haría tal cosa, dado su potencial.
Incluso después de todos estos años, no tenía ninguna duda de que se mantenía con vida;
al igual que los gemelos. Probablemente viviría durante siglos y siglos.
No pasó mucho tiempo hasta que Andros lo encontró. Vor de hecho había regresado a
la escena pública, apareciendo recientemente en nombre de un mundo insignificante que
había sido su hogar. Un lugar en el que tenía una familia. Después de agitar al populacho
en Salusa Secundus, inclinándose y sonriendo ante los aplausos, aceptando los desfiles
que se lanzaron en su nombre, Vor había partido, pensando que podría caer en el olvido
otra vez…
—Tenemos que ir allí —dijo Andros.
Hyla obtuvo fácilmente las coordenadas del planeta Kepler.
—Por supuesto que sí.
Se sirvieron del combustible que la nave necesitaba, asesinaron a dos personas que
encontraron en el camino, y volaron para encontrar al equivocado hijo traidor de
Agamenón.

***
Aún cuando los mellizos se habían criado aislados en el laboratorio
experimental/formacional, su madre sustituta, Juno, había bombeado una gran cantidad
de información en ellos, dándoles habilidades de combate y de infiltración. Mientras que
algunos detalles estaban fuera de fecha, las técnicas eran atemporales.
Andros y Hyla esperaban en las colinas espinosas al borde del valle habitado donde
sabían que Vorian Atreides había hecho su hogar. Después de que la completa oscuridad
los cubriera, corrieron a través de las tierras de cultivo de los alrededores y del pueblo en
expansión; habían aprendido de memoria los registros de zonificación del pueblo. Sabían
cuál era la casa de su hermano, sabían los nombres de su mujer, de todos sus hijos
adultos, de sus nietos, de sus colaboradores más cercanos. Aunque la descendencia de
Vorian llevaba la línea de sangre del general Agamenón, Andros y Hyla no estaban
interesados en los descendientes inferiores. Querían sólo a su hermano; y tenían sus
propias razones para aquello.
A dicha hora, sólo una luz se mantenía en la gran casa. La noche era tranquila excepto
por los susurros vagos del ganado. El zumbido de los insectos piando en la noche cayó en
el silencio mientras los gemelos se deslizaban hacia delante a través de las sombras
iluminadas por las estrellas. Rodearon la casa con cuidado, luego se acercaron a la
ventana iluminada. En el interior, Hyla sólo vio a una anciana sentada sola en una silla, al
parecer, leyendo, pero parecía medio dormida. Una débil y suave música provenía de una
caja de concierto en una mesa. Hyla reconoció a la esposa de Vorian, Mariella, pero no
vio ni rastros de su hermano.
Andros quería entrar, matar a la anciana, y saquear la casa, pero Hyla lo detuvo.

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Kevin J. Anderson

—Juno nos enseñó la diferencia entre tener éxito a través de la inteligencia y el éxito
a través de la fuerza. Si Vorian no está ahí, aprenderémos lo que podamos primero de
forma rápida y eficiente. Si eso no funciona, tenemos la opción de la violencia posterior,
pero no al revés.
Andros estuvo de acuerdo, y se fueron a la puerta principal. Con un rápido giro de su
muñeca, Hyla rompió la perilla, y luego el cerrojo de su zócalo. Los dos se lanzaron a la
casa con tanta rapidez que Mariella apenas tuvo tiempo de levantarse de su silla.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué están haciendo aquí? —La anciana se puso tensa e
indignada, pero Hyla ya podía oler el miedo que comenzaba a exudar de sus poros.
—Estamos buscando a su marido —dijo Andros—. Nuestro querido Vorian.
Anhelamos verle. ¿Dónde podemos encontrarlo?
Las fosas nasales de Mariella se encendieron.
—Conozco a mi marido desde hace setenta años, y nunca los he visto antes.
—Somos su hermano y hermana —dijo Hyla—, y sólo nos enteramos recientemente
donde se ha estado escondiendo todo este tiempo.
Los ojos de la anciana se estrecharon.
—Sí… puedo ver el parecido, pero nunca mencionó a un hermano o hermana antes.
—Tratando de ser discreta, pero haciéndolo con torpeza, Mariella miró a su alrededor, sin
duda en busca de un arma.
—No sabe nada de nosotros, pero hemos venido a Kepler para una feliz reunión
familiar —dijo Andros. Incluso Hyla pudo ver que su intento de sonrisa encantadora no
fue convincente.
—Ya no es de Kepler —dijo Mariella—. Lo han perdido. Se fue, de forma
permanente. Y creo que lo mejor será que se vayan también.
Hyla frunció el ceño, molesta de que aquello no era tan fácil y sencillo como lo
habían pensado.
—¿Adónde se fue? Hemos hecho un largo viaje para venir aquí.
Las sospechas se cristalizaron en torno a Mariella, y cruzó los brazos sobre el pecho
en un gesto desafiante.
—No creo que quiera decírselos. Se despidió y salió de Kepler por razones que
consideró buenas y suficientes. Si quería que supieran donde estaba, les habría dicho a
ustedes.
—Esto está llevando demasiado tiempo. —Con una estocada hacia adelante, Andros
tomó a Mariella por el hombro y la empujó hacia abajo en la silla con tanta fuerza que se
rompió la clavícula por debajo de su agarre. La anciana dejó escapar un grito de dolor—.
Es hora de que probemos otros métodos.
Los hermanos habían interrogado con éxito un Maestro Espadachín que estaba
habituado al dolor; Hyla dudaba de que una anciana representara un gran desafío.
—Está bien —le dijo a su hermano—, pero tendremos que cubrir nuestras huellas
después. No podemos permitir que cualquiera de estas personas ponga en alerta a Vorian
de que lo estamos rastreando.

LSW 202
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

***
Dos horas antes de la madrugada, antes de que el pueblo se agitara durante las tareas
agrícolas preamanecer, alguien se dio cuenta de que las llamas subían y dio la voz de
alarma. Muy tensos después de la incursión esclavista, a pesar de las naves Imperiales
que los protegían en órbita, el pueblo de Kepler se apresuró para ayudar.
Bonda corrió con su esposo e hijos para ver que la casa de Mariella estaba en llamas.
Las llamas ya habían consumido la planta baja y ahora se arrojaban sobre los frontones.
Nunca había visto una casa prenderse fuego tan rápida y completamente.
—¡Madre! —gritó ella, tratando de correr, pero su marido, Tir, la agarró del brazo
para protegerla.
—¿Está fuera? ¿Mi madre salió? —gritó Bonda.
Bomberos voluntarios lucharon para conectar las mangueras a la boca del pozo fuera
de la casa y rociaron agua sobre las llamas. Algunos de los bomberos la miraron, con los
rostros enrojecidos y sombríos a medida que continuaban luchando contra las llamas.
Bonda luchó contra su marido, pero él se negó a dejar ir a su brazo. El corazón le latía
con fuerza, su garganta ardía. El porche se derrumbó en el infierno. Las lágrimas
corrieron por el rostro de Bonda. Chispas volaron en espiral como luciérnagas en las
corrientes de calor.
Había crecido en esa casa con sus hermanos y hermanas, pero con su padre
desaparecido, se había sentido medio vacía. Su madre le había parecido una pálida
sombra de sí misma sin él, pero ella se había negado a ir a vivir con alguno de sus hijos.
—Tal vez salió —dijo Bonda, aunque nada podría haber sobrevivido a esa hoguera.
Sus rodillas fallaron, y cayó al suelo. Tir se hundió a su lado, poniendo sus brazos a su
alrededor, abrazándola. Las llamas se elevaron más en el cielo.

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Brian Herbert
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Somos mucho más valientes en nuestros pensamientos privados de lo que en verdad somos.
—GENERAL AGAMENÓN, memorias verdaderas

Antes de que Valya le enviara el mensaje, Griffin Harkonnen nunca había oído hablar del
planeta donde Vorian Atreides se escondía. Kepler era uno de los cientos de mundos
inadvertidos y anodinos que conformaban la frontera del Imperio. Incluso durante los
siglos de dominio de las máquinas pensantes, Omnius nunca se había molestado por
Kepler. No era de extrañar que Vorian simplemente hubiera desaparecido allí durante
décadas.
Por supuesto, Lankiveil no era mucho de un planeta, ya sea un lugar adecuado
únicamente donde un hombre caído en desgracia como Abulurd Harkonnen fuera
desterrado, pero poco más que eso. Difícilmente se podría llamar «hogar» en la agradable
sensación de la palabra.
Sin embargo, a través de todas las dificultades y resentimientos, Griffin había tratado
de ver el potencial que había, las posibilidades para el comercio de piel de ballena, las
inversiones que podría traer de otras familias nobles si tuviera la oportunidad de hablar
con ellas. Y una vez que se convirtiera en el representante en el Landsraad, viajaría a
Salusa Secundus, haría aliados, y negocios; y, finalmente, la gente se enteraría de que sus
antepasados eran los mismos que la familia Butler, que se llamaron Corrino después de la
Yihad. Todo era parte de la estrategia de largo plazo suya y de Valya. Aunque Griffin
podría no vivir para verlo terminado, sus hijos y nietos lo harían.
Pero el resurgimiento de Vorian Atreides le había ensillado con las demás
obligaciones en primer lugar.
Tras la pérdida de Weller y la carga de pieles de ballena, Griffin entendía lo
importante que era para él estar en Lankiveil, para guiar a su familia a través de las aguas
turbulentas y peligrosas. Al no poder hacerlo en persona, había dejado instrucciones
cuidadosas, diputados nombrados entre la gente del pueblo, y entrenado a Vergyl
Harkonnen lo mejor que pudo. Tenía la esperanza de que podrían manejar el negocio de
Lankiveil bastante bien hasta que volviera.
Venga a nuestro honor familiar, Griffin. Sé que puedo contar contigo.
A pesar de que le generaba una considerable repulsión buscar la venganza contra un
hombre tan viejo, el honor de la familia Harkonnen triunfaba sobre todo, incluyendo las
hojas de contabilidad y planes de cinco años en los cuales había estado invirtiendo tanto
tiempo. Teniendo en cuenta la gravedad de lo que Griffin tenía que hacer ahora (asesinar
al héroe más famoso de la Yihad), tenía algunas dudas. Pero no eludía la responsabilidad.
Tenía que enfrentarse a la terrible tarea, pero necesaria, y completarla.
Después de dejar de lado el dinero necesario en Lankiveil para los gastos y la
automatización de las cuentas para que una vez llegadas las naves espaciales fueran
compensadas y las cargas vitales pagadas, Griffin presupuestó con cuidado el dinero del

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

acuerdo de Celestial Transport y reservó el pasaje más barato posible a Kepler. La mayor
parte de los fondos que llevó con él salían de los ahorros que había acumulado para pagar
las certificaciones gubernamentales interesadas sobre Salusa Secundus y para establecer
una oficina en la ciudad capital. Por el momento, dejó a un lado esos sueños.
La ruta indirecta requirió varias transferencias diferentes, y se vio obligado a viajar a
bordo de un buque de carga de antiguo modelo operado por Celestial Transport. Después
del terrible accidente que había costado la vida de su tío, Griffin se mostraba reacio a
hacer frente a CT, pero con el siguiente buque que estuviera disponible tomaría más de
seis semanas para llegar a Kepler. No quería irse por tanto tiempo.
Al llegar a su destino, vio a un grupo de grandes buques de guerra bien armados,
dando vueltas en órbita, vigilando como guardianes feroces. Según los informes, Vorian
Atreides había obtenido la protección militar del Emperador Salvador. Griffin entrecerró
los ojos, sintiendo un destello de fastidio. No conocía los detalles, pero asumía los
sobornos a los involucrados, la coacción, y el pedido favores especiales. El patriarca
Atreides manipulaba a la gente en el poder con tanta facilidad.
Por el contrario, el Emperador Corrino nunca se había molestado en estacionar
defensas en Lankiveil…
El pequeño puerto espacial de Kepler era poco más que un campo de aterrizaje y una
estación de transferencia a uno de los catorce valles habitados del continente. Weller le
había dicho una vez: «La única forma de obtener respuestas es haciendo preguntas».
Todos, desde los humildes técnicos de reabastecimiento hasta el administrador de turno
de las operaciones del puerto espacial estarían encantados de hablar sobre Vorian
Atreides, cuya identidad ya había sido expuesta. Durante años, al parecer, había vivido
una vida tranquila allí, fingiendo ser un hombre sencillo, muy querido por su familia y
sus vecinos. Ahora, después de lo que había hecho para conseguir la protección de
Kepler, lo consideraban un héroe, celebraban sus logros y aplaudían todo lo que había
hecho por el planeta y su gente.
Un controlador de carga tenía más que decir:
—Cuando los esclavistas allanaron el valle de Vorian y capturaron a sus amigos y
familiares, ¡tomó su propia nave y corrió a rescatarlos! El resto de nosotros se había
rendido. ¿Qué se puede hacer después de una redada de esclavos? ¡Pero él encontró una
manera! —Mientras hablaba, el locuaz hombre operaba un panel de control, moviendo
cajas de suministros con suspensores desde la bodega de la lanzadera hacia los grandes
camiones de reparto—. Sí, señor, Vorian siguió a los esclavistas a Poritrin y utilizó su
propia fortuna para volver a comprar los cautivos; no sólo a sus propios miembros de
familia, sino a todo el mundo. Luego fue a Salusa y obligó al Emperador a garantizar
nuestra protección. El hombre ya era legendario por sus hazañas en la Yihad, y esto sólo
se suma a su increíble legado de actos desinteresados.
El controlador de carga señaló con el dedo hacia el cielo.

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—Tenemos esos buques de guerra allí porque Vorian Atreides le exigió al


Emperador. Nadie más podría haberlo hecho, sino el ex Bashar Supremo del Ejército de
la Humanidad. Pero Vorian… ah, sigue siendo un hombre a tener en cuenta.
—Sí, suena como que lo es —dijo Griffin, frunciendo el ceño. ¿Podría ser este el
mismo hombre del que había oído hablar toda su vida, el monstruo que iba a apuñalar a
su mejor amigo Xavier Harkonnen en la espalda?
Cuando envió a su mensaje, Valya había olvidado mencionar la razón por la que
Vorian Atreides había llegado a la Corte Imperial, en primer lugar, que estaba
aparentemente en una misión de misericordia para proteger su planeta adoptivo. Ella
debió haberlo sabido.
—Me gustaría conocerlo —dijo Griffin, empezando a sentir un poco de incertidumbre
sobre la naturaleza de su enemigo. Al parecer, el hombre no era todo blanco o negro,
aunque eso no disminuía su traición contra la Casa Harkonnen—. De hecho —dijo
Griffin—, no tengo conexiones con los que van de regreso. ¿Dónde vive? No ha vuelto a
la clandestinidad, ¿verdad?
—Todo el mundo conoce el pueblo donde ha vivido todos estos años. —El
controlador de carga se detuvo mientras las cajas flotaban junto a él. Se pasó una mano
por la frente gruesa y sudorosa, y a continuación, le entregó el nombre de un valle, junto
con unas instrucciones vagas. Era suficiente para empezar. Por lo que Valya había dicho
y Griffin visto en el registro histórico, su presa no evitaba llamar la atención sobre sí
mismo si tenía la oportunidad.
Una mujer en la oficina de administración le dio una orientación más detallada, y
luego se las arregló para conseguir transporte hacia el valle. Su corazón latía con
anticipación. Cuando Valya le había confiado aquella tarea, colocando la obligación
sobre sus hombros, no parecía considerarla una misión demasiado difícil.
Pero ¿realmente esperaba que caminara hasta el hombre y simplemente lo matara?
Eso no parecía ser más honrado de lo que le habían hecho los Atreides a Abulurd
Harkonnen.
En su mente, Griffin imaginó cómo su encuentro podría desarrollarse. Después de
tantos años bajo mentiras, ¿por qué debería Atreides esperar tener noticias de los
descendientes del joven Bashar cuya carrera había arruinado hacía mucho tiempo, cuyo
nombre había ensuciado? La sorpresa sería completa, y la escritura que había que hacer
para que el hombre supiera exactamente quién lo había derrotado. Los Harkonnen iban
hacerle entender cuánto dolor toda la familia había sufrido a causa suya, y luego lo
mataría en un combate justo.
Creciendo juntos, Griffin y Valya se habían instruidos unos a otros en la
construcción, en los ensayos, y en la lucha. Se habían adaptado perfectamente, casi como
si telepáticamente estuvieran unidos. Desarrollaron sus propias técnicas de combate,
perfeccionaron sus reflejos, aprendieron cómo responder al más mínimo atisbo de
movimiento. Sin dudar. Pudieron entrenar en troncos-vaho equilibrados, o pudieron

LSW 206
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

saltar, patear, y caer en tierra de nuevo con aplomo perfecto en las estrechas canoas
tambaleantes del puerto.
Ahora Griffin se preguntaba si Valya se había estado preparando para un encuentro
como este todo el tiempo. Si tenía que luchar contra Vorian Atreides, sus habilidades
podrían sorprender por completo a su enemigo.
Su hermana consideraba a los dos los únicos Harkonnen verdaderos fieles a su línea
de sangre. Entre partidos de práctica, estudiaron la historia de sus antepasados Abulurd,
Xavier… Quentin Butler, Faykan Butler, los grandes héroes de la Yihad.
—Estamos en la línea Imperial —le había dicho—. Deberíamos estar en Salusa
Secundus… no olvidados aquí en Lankiveil. Estábamos destinados para cosas mucho
más grandes.
Asesinato, para vengar el honor de la familia.
Al llegar al valle protegido donde Vorian Atreides y su familia hicieron su hogar,
Griffin llegó en medio de una procesión, no una celebración de la valentía y la habilidad
de Vorian, sino un funeral. Las casas del pueblo estaban adornadas con crespón negro, y
la gente que caminaba por las calles estaba de luto. Los pocos cientos que se reunían
podrían haber sido toda la población del valle.
Griffin tenía la esperanza de hacer algunas preguntas discretas para poder saber dónde
vivía el hombre, cualquiera podría ver que sus preguntas provenían de un extranjero. Pero
no lo reconocerían. Habían pasado ocho décadas desde que Vorian había visto a un
Harkonnen viviente, y Griffin estaba a tres generaciones de Abulurd.
Trató de deslizarse discretamente en el cortejo fúnebre, sintiéndose incómodo. Tal
vez podría susurrar una pregunta o dos. Una mujer de mediana edad con los ojos
enrojecidos se acercó a él.
—Nuestros negocios están cerrados por hoy, señor. En momentos como estos, la
comunidad se reúne.
—¿Quién es el difunto?
—Nuestra madre ha muerto. Era muy querida. Mariella Atreides. —La mujer negó
con la cabeza—. Soy Bonda, su hija.
Griffin se ocultó del shock.
—¿Atreides? ¿Conoces a Vorian Atreides, entonces? ¿Es tu primo? —Agregó
rápidamente, antes de que sus preguntas pudieran pasar a primer plano—: Los miembros
de mi familia sirvieron con él hace mucho tiempo, durante la Yihad.
Debido a la triste ceremonia, la guardia de Bonda estaba baja. Formó una débil
sonrisa, y pareció pensar en nada más que en los comentarios de Griffin.
—Vorian era mi padre, y fue muy querido aquí. Hizo muchas cosas buenas por
Kepler. Todos le echamos de menos. —Negó con la cabeza—. Hubo un incendio… la
casa se quemó. No sabemos la causa exacta. —Bonda lo miró con los ojos brillando en
lágrimas—. Mis padres se casaron hace casi cincuenta años. Supongo que no es de
extrañar que mi madre no durara mucho después de que él se hubiera ido.

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Brian Herbert
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—¿Ido? —Una alteración se arremolinó por la mente de Griffin—. ¿Vorian está…


muerto, entonces? —No sabía si sentirse nervioso o aliviado. Si su némesis estaba
muerto, entonces los Harkonnen ya no necesitaban venganza. Valya podría no estar del
todo satisfecha, pero al menos Griffin podría volver a casa, para trabajar en el negocio de
la solidificación de Lankiveil, y prepararse para ir a la capital Imperial en cuanto sus
resultados en los exámenes y documentos les fueran devueltos…
Los ojos de Bonda se abrieron brevemente.
—Oh, no, mi padre no está muerto, no estaba en Kepler cuando se produjo el horrible
incendio. Después de su regreso de la reunión con el Emperador en Salusa Secundus,
dejó Kepler para siempre. Una especie de pacto que hizo con el trono con el fin de
garantizar la seguridad de este planeta.
Griffin estaba temblando.
—¿Tienes alguna idea de dónde se ha ido? He viajado hasta aquí sólo para verlo, sólo
para… traerle algo de mi familia.
—¡Eso demuestra gran dedicación! Kepler no es un lugar simple de hallar. —Bonda
negó con la cabeza mientras los dolientes se reunían en el centro de la ciudad—. Mi
padre se fue a buscar más aventuras, supongo. Mi madre insistió en que se fuera sin ella,
y estoy tratando de aceptar eso.
—¿Conoces el nombre del planeta?
—No lo guardó en secreto. Fue a un lugar al que nunca ha ido, el mundo desértico de
Arrakis. Me temo que no volverá nunca más.
—¿Arrakis? ¿Por qué se fue allí?
La mujer se encogió de hombros.
—¿Quién puede saberlo? Mi padre ha vivido tanto tiempo, tal vez ha estado en todas
las partes que le interesa. ¿Te quedarás para el funeral, como nuestro invitado? Cuéntanos
lo que sabes de él, alguna historia. Estoy segura que todos estaremos encantados de
escucharla.
Griffin tragó saliva. No desearían oír las únicas historias que conocía acerca de
Vorian Atreides.
Aunque se sentía reacio a permanecer allí, donde obviamente no pertenecía, no
conocía tampoco los horarios de transporte, si sería día antes de que otro buque saliente
llegara a Kepler.
—Me quedaré para el funeral —dijo—. Me gustaría saber más acerca de tu padre,
pero mis propios cuentos de Vorian Atreides deben seguir siendo privados.
—Como quieras —dijo Bonda—. Ahora, si me disculpas, tengo un elogio que
entregar.
A Griffin no se le ocurrió nada más que decir, y no quería decir más mentiras, así que
esperó, tan tranquilo y sin pretensiones como fuera posible, mientras que observaba la
celebración de la vida de Mariella Atreides.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La galaxia está repleta de maravillosos y hermosos mundos y algunos un tanto complicados. Ninguna persona
podrá visitarlos todos en una vida, ni siquiera yo, con todos los años con los que cargo.
—VORIAN ATREIDES, diarios privados, período en Kepler

Los trabajadores de especia estuvieron contentos de recibir a Vor entre ellos. Los
hombres tenían mentes abiertas ante las solicitudes de aceptación hacia un extranjero que
no se había encontrado con mejores opciones que trabajar fuera en el desierto profundo.
Pero poseían una dura e impaciente disciplina. La irresponsabilidad no era tolerada en el
desierto, pues el simple error podía costar muchas vidas.
Los nuevos reclutas tenían que aprender rápidamente, y en el medio de aquella
disputa física tan demandante, Vor extrañaba profundamente a Mariella y a toda su
familia y amigos en Kepler.
El ajetreado y poco vistoso jefe de tripulación llamado Calbir llevó a Vorian bajo su
mando, tratándolo como un hombre joven y sin experiencia, incluso cuando Vor era
mucho, mucho más viejo que él. Parecía que no conocía el apellido de Vor, a pesar que
de Vor lo había mantenido en su identificación, poniendo el nombre completo en las
documentaciones de Combined Mercantiles. No les contó a sus nuevos camaradas nada
sobre quién era en realidad, y nadie en aquel nivel parecía hacer ninguna conexión con su
nombre. Tan sólo lo conocían como «Vor», y su primer nombre no generaba interés.
Percatándose de que la nueva adquisición llevaba un cinturón escudo, Calbir dijo:
—Eso te identifica como un extranjero, muchacho. Sé por qué lo llevas, para
protección personal en Arrakis City, pero no lo actives aquí, o será nuestro fin. Los
escudos Holtzman atraen a los gusanos gigantes. Sólo para asegurarme, déjame ponerlo
en tu casillero hasta que regresemos a la base. —Vor se sacó el cinturón y se lo entregó.
Debido a sus muchos años de experiencia en el vuelo de aeronaves y naves terrestres,
Vor sugirió que podría ser un buen piloto en uno de los transbordadores de un solo
hombre que exploraban sobre las llanuras del desierto, manteniendo la alerta ante
cualquier señal de melange abandonada en las arenas, pero Calbir rechazó la idea:
—¿Años de experiencia? —Miró de arriba abajo al hombre aparentemente joven que
se paraba ante él—. Los vientos de Arrakis son duros e inesperados. Tienes que
demostrar verdadera maestría antes de que te confíe un transbordador. No me interesa de
dónde eres o dónde sea que hayas volado, no estás listo para este lugar; confía en mí
cuando te lo digo.
Vor sabía que el viejo jefe estaba equivocado, pero, por otro lado, para convencerlo,
tendría que revelar más sobre él de lo que deseaba. En cambio, se fue a trabajar hacia las
otras gigantescas excavadoras de especia, una maquinaria del tamaño de un gran edificio.
Como una bestia de pastoreo artificial, masticaba trincheras a través de arenas
enriquecidas de especia. Las grandes bandas de rodadura de la excavadora podían hacer
sorprendentemente un buen recorrido por las dunas, recorriendo afloramientos de roca

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protegidas por otras mientras los transbordadores vigilaban por si un gusano de arena se
acercaba. Moviéndose a través del desierto, la excavadora reunía una gran cantidad de
melange y trataba de escapar de las monstruosas criaturas que recorrían las arenas de
especia.
Los colectores absorbían y derramaban escombros a una centrifugadora, como
estómagos sucesivos en un ungulado, excepto que en aquel momento separaban las
partículas de arena. Todo lo que quedaba era el rico polvo suave que olía a canela pero
que era una droga extremadamente potente.
Bien temprano en la vida de Vor, la melange había sido un producto interesante, una
sustancia rara distribuida a los nobles por el comerciante Aurelius Venport. Durante las
plagas inducidas por Omnius, sin embargo, la especia había demostrado ser un paliativo
eficaz, potenciando el sistema inmunológico y ayudando a muchas personas a
recuperarse. Ese descubrimiento, y la desesperación de la humanidad, habían provocado
un auge en la cosecha de melange en el planeta desértico, donde pocas personas
civilizadas anteriormente habían querido ir. Durante la fiebre de la especia, hordas de
ambiciosos cazadores de fortuna (tanto optimistas como charlatanes) viajaron a través del
espacio hacia Arrakis. Muchos murieron en lo alto, y algunos se hicieron ricos. La
afluencia de los forasteros cambió para siempre la vida de los habitantes solitarios,
ampliando pequeñas ciudades a empresas como Arrakis City en centros comerciales
bulliciosos.
Como una consecuencia imprevista de las medidas de lucha contra las plagas, la
mayor parte del Imperio era ahora adicto a la especia, aunque Vor no recordaba haberla
visto en Kepler. Los mercados interplanetarios exigieron un aumento de la producción.
Durante las epidemias, todos los competidores fueron tolerados con el fin de ayudar a
satisfacer las necesidades de las poblaciones enfermas. Ahora, sin embargo, el poderoso
Combined Mercantiles, parte del Imperio comercial Venport, era implacable en la
conducción hacia afuera de toda competencia y anulaba a sus rivales uno por uno, a
través del soborno, el chantaje, el sabotaje, o los medios más extremos. Muchos
asentamientos rivales eran ahora tan sólo pueblos fantasmas en las rocas del desierto.
Calbir y su tripulación de especias, incluyendo a Vorian, trabajaban para Combined
Mercantiles. Cuando Vor había llegado a Arrakis City y pidió trabajar en un equipo
profundo del desierto, se le advirtió varias veces que se mantuviera al margen de
cualquier cosa que no fuera una operación para Venport si valora su vida.
—Por otra parte —dijo una mujer de desecado y triste aspecto que le vendió los
suministros—, si valora su vida, no iría por ahí en primer lugar.
La había dejado de lado con una sonrisa.
—He tenido bastantes comodidades en mi vida. Las dunas abiertas me llaman. Hay
gente lejos en el desierto que me gustaría conocer.
—Si usted lo dice. Pero no esté tan seguro de que quieran conocerle.
Por ahora, Vor había pasado varias semanas en el equipo de especia. Era un trabajo
caluroso y polvoriento, pero no le importaba. Lo encontró rejuvenecedor, pues podía

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

dejar que su mente se pusiera en blanco y seguir con sus deberes sin pensar en el futuro
excepto en lo que había al final del siguiente largo y agotador turno. El trabajo en sí era
emocionante: ¿cómo no podría un trabajo así llegar a ser tedioso, cuando en todo
momento un leviatán podría emerger desde debajo de las arenas y devorar todo?
En su trabajo diario, la excavadora se escabullía por las arenas abiertas,
apresurándose al siguiente saliente de roca. Desde el momento en que un transbordador
explorador descubría un depósito de especia, hasta el momento en que los transportistas
caían con sus maquinarias de recolección en las dunas abiertas, Vor y su equipo
trabajaban en una carrera contra el tiempo. La gigantesca maquinaria se lanzaba a través
de la arena, atrapando tanta melange rojiza como fuera posible. Como último recurso, si
es que alguna vez se hallaban demasiado lejos de la seguridad y no podían correr más
rápido que un gusano que se aproximaba, la tripulación podría expulsar en una cápsula de
escape, y los contenedores de carga de melange se lanzarían hacia el cielo, guiada por
transbordadores lentos a las zonas de seguridad más cercanas, donde Combined
Mercantiles podría recuperar y rescatar a las personas y a la especia.
Hasta ahora, eso no había ocurrido. Un error de cálculo por incluso un minuto los
condenaría. Vor no quería acabar con su vida en medio de restos de máquinas lentamente
digeridos en el esófago de un gusano.
En lugar de regresar a Arrakis City cada día, que estaba a cientos, a veces miles, de
kilómetros de distancia, la excavadora pasaba las noches en afloramientos rocosos
solitarios, islas duras a salvo de los gusanos de arena. Ahora, mientras las estrellas
brillaban en la oscuridad impenetrable de la noche del desierto vacío, Vor caminaba
inquieto por sobre las rocas, el pensamiento fijo en Kepler, en Mariella, preguntándose
cuántos años tendría que esperar antes de que pudiera correr el riesgo de volver a ir allí,
sólo para verlos. Y si Mariella todavía estaría allí.
Mientras vagaba, solo, Vor estuvo intrigado al encontrar evidencia de un antiguo
refugio hecho de piedras apiladas. Llamó Calbir velozmente.
—Parece que no somos los primeros en acampar aquí. ¿Otro equipo de excavación?
El jefe de equipo canoso hizo una expresión de disgusto.
—Gente del desierto. Zensuníes, probablemente descendientes de los esclavos
fugitivos. Llegaron a Arrakis porque pensaban que ninguna persona cuerda querría
revolver este lugar. Durante la fiebre de la especia, empacaron y se retiraron al desierto
más aislado, sólo para estar lejos de la gente. Me han dicho que todavía se llaman a sí
mismos los Freemen, pero con el estilo de vida aquí, y sin indicios de civilización, apenas
pueden considerarse libres.
—¿Alguna vez has conocido a uno? —preguntó Vor—. Yo… me gustaría hablar con
ellos.
—¿Por qué querrías hacer eso? ¡Saca esos sueños de tu cabeza! Es probable que veas
a un hombre del desierto, si trabajas por aquí el tiempo suficiente, pero no tenemos
mucho que ver con ellos.

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La cansada tripulación de especia se acostó bajo el cielo, contenta de estar fuera del
confinamiento asfixiante de la maquinaria polvorienta. Calbir ordenó una guardia, aunque
los hombres se quejaron de que parecía una precaución ridícula y paranoica, hasta que les
mostró los signos del antiguo campamento en el desierto.
—Preferiría que todos perdamos un poco de sueño a que perdamos nuestras vidas. Y
si no están preocupados acerca de unos nómadas, sólo tengan en cuenta que Josef
Venport se ha hecho un montón de enemigos, también.
Los hombres no discutieron más.
La arena y las rocas habían absorbido la energía térmica durante el día, y radiaron
calor durante las primeras horas de la noche, pero el aire del desierto estaba tan carente
de humedad que retenía poco calor. Finalmente, la noche se hizo fría.
Los hombres se sentaron alrededor del campo rocoso, envolviendo paños sobre la
boca y la nariz para mantener el polvo fuera. Se relajaron contando historias de poderosas
tormentas del desierto a las cuales habían sobrevivido, escapes de los ataques de gusanos
de arena, miembros de la tripulación que habían conocido y perdido, y amores que habían
dejado atrás en otros mundos.
Vorian escuchó, pero mantuvo sus propias historias para sí mismo. Podría haber
pasado toda la noche, todas las noches, describiendo sus aventuras terribles durante la
Yihad. Había luchado en más batallas y visitado más planetas que todos aquellos
hombres juntos. Pero no trataba de ganar prestigio entre los trabajadores de especia
alardeando. Aquí, en un equipo de especia, la intimidad de un hombre era su privilegio y
su pasado era suyo, que podría optar por compartir o no. Los momentos favoritos de Vor
no eran las aventuras de todos modos, sino los años de paz, la vida del día a día con las
mujeres que había amado durante décadas, viendo a sus hijos crecer y tener sus propias
familias.
Prefiriendo a recordar en privado sobre lo que había dejado atrás, se echó hacia atrás
con la cabeza contra una roca redondeada, mirando fijamente la tranquila noche del
desierto mientras la conversación se desvanecía lentamente. Vor tenía mucho en que
pensar, pero no tenía nada más que demostrar en su larga vida.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Las líneas del pasado pueden atarnos fácilmente y entrelazarnos. Ya seamos capaces de verlos o no, estos hilos
de la historia nos unen a todos.
—NORMA CENVA, «tésis sobre la estructura de la realidad», documento presentado a Tio Holtzman en Poritrin

Otro candidato para Navegante había muerto, y Cioba estaba allí para supervisar que
removieran el cuerpo de su tanque sellado.
Dos trabajadores de VenHold entre ella investigaban a través de procedimientos
adicionales de seguridad después de que el espía, Royce Fayed, se infiltrara en Kolhar, y
conectaron las mangueras sellando las conexiones al tanque, drenando el valioso gas
melange. Cuando el diagnóstico brilló con luz verde, los hombres silenciosos se pusieron
máscaras de respiración en la cara y abrieron la escotilla de entrada. Llegaron dentro y
forcejearon con el cadáver disuelto a medias.
Cioba miró la operación, con los ojos oscuros sin parpadear, pero no dijo nada,
después de haber pasado por esta rutina muchas veces antes. A pesar de los fallos, sin
embargo, los candidatos para Navegantes se conseguían mucho más frecuentemente que
las compañeras Hermanas de Cioba de Rossak, que mantenían el intento de lograr su
propio avance mental y convertirse Reverendas Madres.
Trescientos candidatos para Navegantes en el último año, y setenta y ocho fracasos,
pero sólo doce muertes. Normalmente, los monitores médicos detectaban cuando los
sistemas de los voluntarios empezaban a fallar, y podían rescatar y revivir a la persona
parcialmente transformada antes de que apareciera la muerte. Los Navegantes medio
transformados nunca podrían llegar a ser seres humanos normales otra vez, pero podrían
servir de investigación para VenHold. Sus cerebros aún vivos estaban de alguna manera
dañados, pero en otros aspectos superiores, y los científicos en la instalación de
investigación de Denali de Josef aprendían mucho de su estudio.
Con sus gruñidos amortiguados detrás de las máscaras faciales selladas, los dos
trabajadores sacaron el cadáver inerte y lo pusieron en el suelo. La piel estaba pálida y
flácida, el cráneo alargado y distorsionado como si alguien lo hubiera formado con
arcilla, y luego lo dejara caer desde una altura. El cuerpo parecía como si hubiera sido
hervido parcialmente. Estos restos se convertirían en un espécimen de disección.
Juntos, Cioba y Josef Venport hacían un equipo fuerte. Josef era un hombre dedicado,
pero miraba el número de fracasos y éxitos, viendo las puntuaciones como un balance
general sin preocuparse con lo esotérico y lo mental. Dada su formación en la
Hermandad, sin embargo, Cioba sabía que algunas respuestas sobre el avance de la mente
humana no estaban claras.
Mientras que los trabajadores transportaban fuera el cadáver para ser empaquetado y
enviado en el siguiente buque de suministros hacia los laboratorios de Denali, Cioba fue a
la cima de la loma y se paró frente a la cámara que contenía a Norma Cenva, aislada en

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sus pensamientos. Aunque Norma era la bisabuela de Josef, Cioba también tenía una
fuerte conexión con la mujer, directamente por sus lazos en Rossak.
Norma había comenzado su exótica transformación incluso antes del nacimiento de
Karee Marques, antepasada de Cioba, y Norma tenía sus propios lazos genéticos con las
mujeres potenciadas psíquicamente de Rossak; su madre, Zufa Cenva, había sido una de
las hechiceras más poderosas.
Ahora, cuando Norma reconoció su llegada, Cioba dijo sus pensamientos
inmediatamente. La mujer en el tanque ya no entendía de bromas y charlas.
—Ha cambiado usted misma en algo más que humano, Norma. Confío en que es
consciente de que las Hermanas de Rossak, incluyendo las últimas hechiceras, también
están tratando de mejorarse a sí mismas a través de traumas inducidos por droga,
encuentros cercanos a la muerte. ¿Cree usted que hay alguna similitud con la
transformación de los Navegantes?
Norma hizo una pausa durante un largo rato.
—Todas las mejoras clave se producen a través de la crisis y la supervivencia. Sin
estrés y desafío extremo, no se puede saber el potencial.
Norma había pasado por el mismo ciclo que ella, comenzando como una joven
brillante pero mal formada desde Rossak, soportando una vida de rechazo fulminante de
su madre, y luego siendo capturada y torturada casi hasta la muerte por uno de los titanes
cimek, un calvario del que surgió con increíbles poderes mentales. Del mismo modo, sólo
en el borde de la muerte había sido Raquella capaz de convocar a sus potentes
habilidades ocultas; había elevado todo su ser, convirtiéndose en una mujer muy superior
a la que había sido antes.
—Pierdo la noción de cómo ha pasado tanto tiempo —dijo Norma desde su tanque—.
Me has hecho pensar en Rossak.
—Mis dos hijas están ahí —dijo Cioba—. Sus propias tátara-tatara-nietas.
—Nietas… —dijo Norma—. Sí, sería algo bueno para ver.
Antes de que Cioba pudiera reaccionar, el tanque de Norma Cenva comenzó a brillar,
y un torbellino las rodeó, una distorsión vertiginosa. Cioba contuvo el aliento, aspirando
grandes bocanadas de aire, luchando por mantener el equilibrio, pero entonces, la
gravedad ligeramente desapareció. Levantó la vista y reconoció la familiar ciudad con el
acantilado, las selvas que se expandían plateadas y púrpura llenando los fértiles valles, y
los volcanes humeantes que daban al horizonte una topografía de mal agüero. Cioba trató
de controlar su asombro. Habían aparecido en un balcón de observación abierto, uno de
los lugares de reunión donde la Reverenda Madre convocaba a sus acólitas… donde
Cioba había sido testigo de los funerales de más de una docena de mujeres jóvenes que
no habían sobrevivido a la prueba a través del veneno.
¡Estoy de vuelta en Rossak!, pensó.
Su corazón se hinchó, y deseando ver a Sabine y Candys, incluso a Karee Marques, la
abuela que había sido fundamental en la sensibilización y formación de Cioba través de
sus propios años de entrenamiento en la Hermandad. La filiación de muchas acólitas y

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Hermanas estaba escondida, para que pudieran centrarse en la formación en lugar de los
asuntos de familia. Sin embargo, debido a su linaje de hechicera, Cioba había sido tratada
de manera diferente.
Debido a que Norma había batido a las dos sin contemplaciones desde el lejano
Kolhar, Cioba todavía llevaba el traje de negocios que llevaba durante todas las
operaciones de VenHold, pero ahora mientras miraba alrededor, levantó la mano, sacó su
pañuelo, y aflojó su cabellera para que sus largos y oscuros cabellos fluyeran. En la
actualidad, se parecía mucho a una de las poderosas mujeres telepáticas cuyas mentes
habían borrado innumerables cimek.
La llegada de Norma y su gran tanque se notaron rápidamente, y pronto las Hermanas
se reunieron en el balcón. Cioba identificó a aquellas que no la reconocían
inmediatamente. Norma no parecía entender o notar el alboroto.
Cioba levantó la voz.
—Estamos aquí porque Norma Cenva ha ofrecido dar consejos sobre las
transformaciones de la Reverenda Madre. Puede ser capaz de establecer paralelismos con
los Navegantes que ayuda a crear en Kolhar.
La Reverenda Madre Raquella se apresuró a subir, acompañada por Karee Marques.
La abuela de Cioba estaba vestida con un traje de trabajo blanco repleto de manchas de
color púrpura, rojas y azul de las bayas, hojas y hongos que encontraba cuando se
alimentaba en los niveles inferiores de la selva.
—Rossak ha cambiado mucho… y poco —dijo Norma a través de sus altavoces del
tanque.
Karee no podía dejar de sonreír a Cioba.
—Has cumplido con todas las expectativas, nieta. Muchas de nuestras Hermanas
graduadas han ido a unirse a las familias nobles como esposas o asesoras, pero tú has
cimentado la bodega de la Hermandad en el mayor conglomerado del Imperio.
—Sí, fue una decisión de negocios excelente. —Había sido una elección calculada
entre la Reverenda Madre Raquella y Josef Venport, pero Cioba sentía un verdadero
orgullo en su familia y en el poder e influencia de Venport Holdings.
Las dos hijas de Cioba se apresuraron hacia ella, llenas de emoción, pero luchando
para actuar con la actitud tranquila que les habían enseñado. Cioba no pudo ocultar su
alegría. Abrió mucho los brazos y arropó a Sabine y Candys en un abrazo.
—Sé que las dos están haciéndolo bien. Harán que la Reverenda Madre y toda la
Hermandad se enorgullezcan. —Con la genética de hechicera, tanto de Marques y de las
líneas de sangre de Cenva, por no hablar de la influencia política de la familia Venport,
aquellas chicas tenían un futuro espléndido.
La Reverenda Madre observaba la interacción con el ceño fruncido fríamente. Cioba
notó que cuando la Hermana Dorotea se unió a la reunión, Raquella se alejó
deliberadamente de ella.
—Tratamos de no alentar o recordar a nuestras acólitas de sus lazos familiares —dijo
la anciana.

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Pero Cioba la encaró.


—En muchos casos eso es cierto, Reverenda Madre, pero éstas son las hijas y
herederas eventuales de Josef Venport, las nietas de las hechiceras. Tienen la obligación
de saber quiénes son, y qué se espera que sean.
Sorprendiéndolas, Norma Cenva habló a través del altavoz, recordándoles a la
draconiana hechicera Zufa Cenva, que había acumulado tanta decepción sobre su propia
hija atrofiada.
—A veces, no conocer a tu madre puede ser una gran ventaja.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La mayor parte de la historia del Imperio está por delante de nosotros, más allá de nuestra vista. Pero
recuerden mis palabras: me recordarán.
—EMPERADOR SALVADOR CORRINO, discurso de coronación

Aunque Roderick era dos años más joven que su hermano, a menudo se sentía como el
más maduro.
Se mordió la lengua al escuchar a Salvador tartamudeando mientras practicaba un
discurso en uno de los salones del jardín del Palacio Imperial. Las puertas prismáticas se
cerraron, y Roderick era la única audiencia. Se sentaba en un diván tieso frente a su
hermano, con la esperanza de ofrecer asesoramiento.
Después de la aparición de Manford Torondo ante el Consejo del Landsraad, y los
continuos brotes del fervor Butleriano, Roderick había desempolvado un discurso anti
computadoras que el Emperador Jules había entregado más de una vez; sustituyó partes
por frases simplificadas para adaptarlo mejor a Salvador, dejando el lenguaje más florido
de su padre un poco de lado. Roderick estaba contento con la forma en que se había
actualizado el discurso, pero al escuchar a su hermano practicarlo, señaló la tendencia de
Salvador para frenar sus palabras y tropezar con ellas, sin necesidad de utilizar el tiempo
o la inflexión adecuada.
—La defensa contra la tentación termina en casa, quiero decir, comienza en… —
Salvador volvió a mirar el texto, y sacudió la cabeza—. Nunca seré un gran orador,
hermano, así que establescamos un objetivo más simple para no causar más daño.
—Eso era perfectamente aceptable —mintió—, pero he oído que lo haces mejor. Aun
así, la gente entenderá tu mensaje. Y debe servir para calmar algunas de las travesuras
Butlerianas por el momento.
Salvador parecía ver a través del débil esfuerzo para levantar el ánimo. Negó con la
cabeza en consternación y estudió de nuevo las palabras del holo-apuntador.

***
Después de ayudar a preparar a su hermano, Roderick aún tenía mucho trabajo que hacer
y no tuvo tiempo para hablar con su esposa, Haditha. Ella le había enviado mensajes a
través de los funcionarios, y ahora él se apresuraba a casa a vestirse para el discurso
público. Ni siquiera tenía conocimiento de una emergencia relacionada con Haditha hasta
que entró en los aposentos reales.
Su mujer ya se había ido, y el malhumorado jefe de personal le habló de un
enfrentamiento entre Haditha y su secretaria personal, la Hermana Perianna, una mujer
entrometida y sin sentido del humor, que también había sido entrenada en Rossak
(aunque Roderick no la encontraba en absoluto comparable a la Hermana Dorotea). Al

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parecer, Perianna había dejado su posición a corto plazo y ya no era bienvenida en el


Palacio.
Ahora, sin embargo, Roderick no podía preocuparse por una disputa doméstica.
Haditha era capaz de manejar a su propio personal casero. Apenas tuvo tiempo de
vestirse para la noche y tomar un plato rápido de pan y embutidos, antes de tener que salir
a la sala del Parlamento. Esperaba que Salvador hubiera practicado el discurso un par de
veces más.
Encontró que Haditha ya lo esperaba en el palco privado que compartían en un lado
del escenario central en la cavernosa sala abierta. Con el cabello largo, castaño y rizado y
sus rasgos patricios, se parecía a los retratos que Roderick había visto de su difunto tío
abuelo, un militar de la Yihad, pero con rasgos más delicados y ojos oscuros. Llevaba un
vestido de encaje negro con un collar de perlas, el cabello en su lugar con un pasador
tachonado.
Cuando Roderick se sentó, se inclinó y la besó en la mejilla.
—Siento llegar tarde —dijo—. Hoy ha sido bastante duro. —Estaba vestido con un
esmoquin con colas, listo para la fiesta de alcurnia, que se celebraría después del
discurso. Su estómago se revolvió con la comida que había bajado tan rápidamente.
Por sus intensos ojos parpadeantes, se dio cuenta que Haditha estaba molesta.
—Hoy ha sido un desastre. Perianna se ha ido, y en buena hora.
Podía ver la profunda herida en el rostro de su esposa, y asumió que había sido algo
más que una discusión con su secretaria personal.
—¿Qué pasó?
—Desde hace varias semanas, he estado notando pequeños detalles… algunos de mis
bienes se movieron, cajones no del todo cerrados de la misma manera en que los dejé,
documentos un poco más erguidos, un stylus fuera de lugar en mi mi escritorio y en el
tuyo.
—¿Mi escritorio? ¿Se llevaron algo?
—No que me diera cuenta. Perianna es la única que tenía acceso, pero lo negó todo
cuando le pregunté. Hoy, sin embargo, la vi llegar de mi estudio privado. Me escondí, así
que no sabía que la estaba vigilando, y cuando le pregunté más tarde, Perianna aseguró
que nunca había ido allí, que era una mentira. Así que le expuse. Hizo una gran
demostración de indignación, insistió en que buscara en su habitación todas sus
posesiones, y que pensaba que era una ladrona.
Roderick entrecerró los ojos, sintiendo una creciente preocupación.
—¿Y lo hiciste?
—Tuve que hacerlo, una vez que me había empujado a ello. Por supuesto, no hemos
encontrado nada, como debe haber sabido. —Los ojos de Haditha brillaron con ira—.
Perianna dijo que ya no podía servirme correctamente si no confiaba en ella, y renunció a
mi servicio. La dejé irse.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Roderick sintió frío. La sierva había sido entrenada en la Hermandad, y sabía debido
a las habilidades demostradas abiertamente de Dorotea que Perianna bien podría haber
memorizado todo lo que había visto, sin necesidad de llevar pruebas materiales.
—Quizás deberíamos haberla retenido para más interrogatorios.
—De eso me percaté, pero demasiado tarde, y ya se había ido. Se dirigió hacia
Salusa.
Roderick apretó la mandíbula. Sabía que su esposa no tenía secretos estatales
peligrosos en sus aposentos privados, por lo que Perianna no habría encontrado nada
crítico. Incluso si hubiera alcanzó a ver su propio diario personal, que contenía sólo unas
pocas entradas personales sobre su familia, nada políticamente significativo. Y no había
ninguna prueba de su espionaje, pero todavía sentía una sensación de hundimiento en su
estómago ya turbulento.
El Emperador Salvador surgió en el escenario a continuación, caminando hacia el
podio. Cada uno de los hermanos llevaba transmisores-receptores implantados, por lo que
Roderick podría formular observaciones a Salvador, si era necesario. Mientras Roderick
mantenía el transceptor apagado para que pudiera pensar en lo que su esposa le había
dicho, Salvador lanzó una mirada inquieta hacia el palco.
—Probablemente no es nada —dijo Roderick, y luego volvió su atención sobre el
discurso del Emperador. Apretó la oreja para encender el transceptor, y notó la expresión
de Salvador de gran alivio antes de que subiera al podio.

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Las teorías cambian con la llegada a la luz de nuevos datos. Los hechos, sin embargo, no cambian; así como
tampoco mis principios. Es por eso por lo que sospecho de cualquier clase de teoría.
—MANFORD TORONDO, dirigido a los Butlerianos en Lampadas

El ambiente intelectual de Zenith impulsaba la innovación, la creatividad científica, y el


planeta se enorgullecía de ser un oasis para el descubrimiento y el progreso.
Investigadores como Tolomeo y su socio, el Dr. Elchan, recibían financiaciones de un
fondo de dinero interplanetario subvencionado que se dispensaba fácilmente a cualquier
persona que tenía una idea viable y un plan concreto de aplicación.
Tolomeo procedía de una familia numerosa, tres hermanas y dos hermanos, todos
investigadores exitosos en diversos campos, cada uno con un laboratorio independiente y
personal de técnicos. Tenían competencias amistosas para ver cuál de ellos podía jactarse
los descubrimientos más beneficiosos, y a pesar de que Tolomeo tenía poco tiempo para
mantenerse al día con todas las publicaciones técnicas en su campo específico, hacía el
esfuerzo de leer todos los periódicos que sus hermanos y hermanas publicaban.
Los equipos científicos zenan trabajaban con el claro entendimiento de que cuando
los descubrimientos demostraban pragmatismo y ser lucrativos, una parte importante de
las ganancias volvía a entrar en el fondo para estar disponible para el siguiente grupo de
científicos con ideas interesantes. Los avances se ofrecían para el desarrollo de otros
mundos en el Imperio. Incluso con esa apertura y generosidad, la economía de Zenith
prosperaba.
Trabajando en la última década en su finca rural de laboratorio, Tolomeo estaba
complacido y orgulloso de lo que él y el Dr. Elchan habían logrado. Hasta el momento,
dos de sus descubrimientos habían sido altamente rentables, y otros tres lo habían sido
moderadamente. El edificio del laboratorio y residencia estaba rodeado de veinte acres
praderas de rodadura salpicadas de grupos de árboles. Tolomeo supervisaba un equipo de
una docena de técnicos, asistentes de laboratorio, y trabajadores domésticos. Era un
ambiente propicio para la creatividad y el desarrollo intelectual.
Disfrutaba tanto del ambiente colegial de Zenith que se había ofrecido para servir un
mandato como representante del planeta en la Liga del Landsraad. Era una tradición
familiar hacer su deber cívico. Nunca en su vida había dudado de que él y su dedicado
socio estuvieran haciendo un buen trabajo.
Por lo tanto, como hombre razonable y de mente abierta, estaba sorprendido por el
fervor Butleriano en contra de la tecnología. No tenía ningún sentido para él.
Por supuesto, nadie podía negar los horrores que las máquinas pensantes habían
infligido a la humanidad, pero era ridículo culpar a la ciencia misma por las ambiciones y
los fallos humanos. Sólo una persona de mente cerrada podía negar, por ejemplo, que el
diagnóstico médico Suk y las técnicas quirúrgicas sofisticadas habían salvado un
sinnúmero de vidas, o que la maquinaria agrícola había aumentado la productividad de la

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

agricultura en varios órdenes de magnitud más allá de lo que los esclavos humanos
podían hacer, y de ese modo se habían salvado a muchos del hambre. De hecho, una de
sus hermanas había desarrollado una cepa de trigo modificada genéticamente que
triplicaba la producción de un solo cultivo. ¿Cómo podría alguien argumentar en contra
de eso?
Y, sin embargo, el poderoso movimiento Butleriano se había extendido a muchos
planetas, pero por suerte no en aquel. La idea le desconcertó. ¿Cómo puede la gente ver
un retorno a la vida primitiva con cualquier tipo de nostalgia melancólica?
El discurso de Manford Torondo en el Salón del Landsraad lo había convencido de
que debía faltar una pieza vital en la respuesta, porque Tolomeo simplemente no podía
comprender ese tipo de pensamiento. Frustrado porque no entendía a los Butlerianos,
aunque había visto, sin embargo, lo gran influyentes que eran, y la necesidad de dedicarse
a la búsqueda de un terreno común con ellos.
Investigó dónde y cómo el movimiento había comenzado después de que la
fundadora, una mujer llamada Rayna Butler, sobreviviera a una fiebre horrible de niña.
Aunque a Tolomeo no le gustaba pensar mal de un mártir venerado, sospechaba que
podría haber sufrido un daño cerebral, un cambio de la personalidad bioquímica que la
hacía desequilibrada. Había ganado influencia a través de carisma puro, aprovechando el
innegable temor a Omnius. Su sucesor, Manford, también había sufrido un trauma físico
y psicológico extremo con la pérdida de sus piernas. A nivel personal, Tolomeo no podía
dejar de sentir simpatía por el pobre hombre, sin embargo, Manford llevaba a sus
seguidores a lo largo de un camino insensato, en detrimento de toda la humanidad.
Tolomeo había estado tan seguro de que, si le ofrecía una prótesis completamente
funcional, haciéndolo un hombre entero con piernas otra vez, Manford admitiría que
parte de tecnología estaba dedicada al mejoramiento de la humanidad. El primer paso en
un camino que alumbraría a los fanáticos anti ciencia.
Pero la reacción de Manford ante el regalo había sido terrible e incomprensible.
Tolomeo se sintió como si la propia gravedad hubiera fallado. Después de haber pasado
su vida en Zenith, donde las ideas se discutían abiertamente y se debatían, se encontró
con la terquedad espantosa y ciega de los Butlerianos. El Dr. Elchan, cuya carrera había
sido muy eguida, tanto de manera justa como de manera injusta, estaba aterrorizado,
habiendo advertido a Tolomeo que Manford podría reaccionar de tal manera, y de hecho
Elchan había afirmado que tuvieron suerte de haber escapado con vida… lo cual le
parecía absurdo, pero podía muy bien haber sido cierto.
Intimidado, Tolomeo y Elchan habían regresado a la finca laboratorio de los campos
en Zenith y, con un poco de vergüenza, se enterraron a sí mismos en su trabajo. Forzando
optimismo, Elchan dijo en su laboratorio:
—No debemos desanimarnos, amigo mío. Hicimos lo que pudimos, expusimos
nuestro caso. No perdamos más tiempo con los Butlerianos. —No paraba de decir las
palabras porque necesitaba convencerse a sí mismo.

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El investigador tlulaxa, por otro lado, estaba tranquilo y despreocupado. Tolomeo y el


Dr. Elchan habían sido amigos y colaboradores desde hacía muchos años, trabajando con
una sinergia que producía no sólo buenos resultados sino también un ambiente muy
agradable y estimulante. A través de su labor humanitaria, Elchan había superado gran
parte de los prejuicios con los que eran considerados los tlulaxa.
—Estoy contento de estar a salvo de vuelta aquí. —Elchan levantó el brazo izquierdo,
y flexionó los dedos artificiales—. Sabemos que la prótesis de extremidades funciona,
gracias a las conexiones en mis terminaciones nerviosas naturales con estas artificiales.
Tengo mi mano de nuevo, y la puedo usar, aunque no puedo sentirla.
—Los receptores nerviosos sensoriales son un problema totalmente diferente —dijo
Tolomeo—. Pero trabajaremos para repararlo.
Elchan estuvo de acuerdo.
—La mejor manera en que podemos conseguirlo es seguir dando la espalda a la
humanidad. Finalmente nos superaremos ante las actitudes Butlerianas. La ciencia sigue
siendo verdad, si ellos crean o no en ella.
Tolomeo sabía que su trabajo actual realmente capturaba la imaginación y la emoción
de la sociedad Imperial. En tanques y cubas de untrientes crecían receptores y circuitos
orgánicos similares a lo que los cimek habían utilizado para orientar a los órganos
mecánicos de los caminantes con cerebros.
Tolomeo y su compañero habían recibido una importante financiación del Consejo de
Zenith, pero Elchan también había doblado ciertas reglas para adquirir tranquilamente los
restos de los caminantes cimek con el fin de estudiarlos. Los Butlerianos destruían ese
tipo de tecnología cada vez que la encontraban, y debido a que la mayoría de los restos
habían sido destruidos, los científicos tenían acceso a muy pocos registros o muestras de
cómo los mentrodos internos y contenedores de preservación efectivamente trabajaban.
Los caminantes cimek intactos eran muy raros. Tolomeo no le preguntó a Elchan sobre
sus fuentes.
El investigador tlulaxa reflexionó con un matiz de desprecio:
—Algún día, me gustaría diseccionar el pequeño cerebro de Manford Torondo para
ver si hay alguna diferencia notable entre él y un cerebro humano normal.
Tolomeo no quería burlarse del líder Butleriano.
—Eso es cruel. —Permaneció entristecido y decepcionado de no haber llegado a un
compromiso en beneficio de todos. Después de estar de vuelta en casa por una semana
desde el desastroso viaje a Lampadas, la vida había comenzado a volver a la normalidad.
Y entonces los Butlerianos vinieron por ellos…
Cuarenta naves descendieron en el complejo del laboratorio rural. Con el rugido de
los motores suspensores sobrecargados, los pequeños transportes se abalanzaron como
cuervos sobre carroña fresca. Muchos de los trabajadores del laboratorio se iban a casa
durante el día, y en los últimos años se alejaban corriendo tan pronto como comenzaban
los tumultos. Huyeron al ver las naves aterrizando en las colinas cubiertas de hierba,
dejando a Tolomeo y Dr. Elchan solos para enfrentar los Butlerianos.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Los sonidos fueron ensordecedores cuando las escotillas se abrieron y las rampas se
ampliaron; un grupo de Maestros Espadachines, al igual que cientos de civiles armados
con garrotes, descendió. Los dos científicos de corta estatura se quedaron mirando la
pantalla innecesariamente por fuerza, con la boca abierta, como si fueran incapaces de
creer lo que estaban viendo.
Elchan gimió de consternación.
—No podemos correr. —Se quedaron solos en frente del edificio principal de
investigación.
—¡Esto no tiene sentido! —insistió Tolomeo—. ¿Por qué vienen aquí?
En medio de una oleada de vítores y anticipaciones, el hombre sin piernas apareció,
montado en un arnés llevado en los hombros de su Maestra Espadachina. Tolomeo no
había hallado intimidante al hombre cuando se hallaba sentado detrás de un pequeño
escritorio en Lampadas; aquí, sin embargo, el líder de la turba le hizo sentir escalofríos
por su espina dorsal.
—Tolomeo de Zenith —dijo Manford—, hemos venido a ayudarle. La tentación lo ha
llevado por mal camino. La ambición le ha mentido. Es mi propósito ver que usted sea
colocado en el camino correcto.
Mientras que el líder de la turba hablaba, los Butlerianos exuberantes persiguieron a
los técnicos del laboratorio que huían que todavía no habían logrado escapar del recinto.
Manford no hizo nada para devolver la atención.
—¿Por qué está aquí? —Tolomeo vio con horror como una de sus trabajadoras era
abordada por los fanáticos, quienes luego la azotaron cuando cayó al suelo. Ya no
pudiendo ver a la mujer a causa de la multitud a su alrededor, oyó sus gritos—. ¡Dígales
que se detengan!
Anari Idaho llevó a Manford hasta los dos científicos acobardados. Mirando hacia
abajo a sus hombros, dijo:
—Ellos tienen su misión, y yo tengo la mía.
La técnica dejó de gritar. Más Butlerianos emergieron desde las naves, y Elchan
estaba aterrorizado. Tolomeo quería consolar a su amiga, pero sabía que sus palabras
serían huecas.
—Notificaré al consejo. Esto… esto es un laboratorio privado.
La voz del hombre fue suave y conversacional:
—Sí, es su laboratorio. Entraremos y ver lo que ha estado haciendo.
Tolomeo no quería dejarlos entrar en el edificio de investigación, pero los Butlerianos
fluyeron hacia adelante como un tsunami, llevándolos hacia el interior. Los fanáticos se
extendieron por todo el interior, rompiendo los equipos y los prototipos, arrancando los
accesorios, y lanzando piedras a través de ventanas.
Tolomeo apenas podía respirar. Aquello era horrible y surrealista, como una pesadilla
alucinógena de la que no podía escapar.
—¡No lo entiendo! —Las lágrimas corrían por su rostro—. Nunca he hecho daño.
Sólo quería ayudar.

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Manford negó con la cabeza, mostrando una profunda tristeza.


—Estoy ofendido de que creyera que necesitaba la ayuda de su vil tecnología, que
pudiera pensar en mí de forma tan débil.
Dentro de las instalaciones de investigación, Anari Idaho llevó a Manford para que
pudiera mirar con condena sombría en los bancos de pruebas en los que se cultivan las
prótesis y las terminaciones nerviosas, donde podía ver máquinas de análisis y, lo peor de
todo, los tres caminantes cimek desmantelados.
Manford se agachó para recoger una parte de plástico rígido, y luego lo arrojó al suelo
con repugnancia.
—¿Por qué piensa que la raza humana necesita mejoras de este tipo? Sólo
necesitamos la fe… y tengo fe en usted, Tolomeo de Zenith. Es por eso que le daré otra
oportunidad.
Tolomeo contuvo el aliento, confundido. Todavía podía oír el caos, la destrucción
dentro del edificio y en el exterior, en todo el complejo. Quería vomitar. Junto a él,
Elchan estaba paralizado por el miedo, temblando, en completo silencio; parecía haber
captado un hecho fundamental que Tolomeo todavía no podía comprender.
Manford frunció el ceño.
—Me temo, sin embargo, que su socio tlulaxa ha caído demasiado hondo en la
condena. No podemos salvarlo; pero podemos permitir que sea parte de su educación. Tal
vez será iluminado después de todo.
Elchan gimió y trató de escapar, pero dos de los fanáticos lo atraparon y lo empujaron
hacia Manford y Anari. La Maestra Espadachina sacó su espada y de un solo golpe cortó
el brazo izquierdo protésico, cortándolo por debajo del hombro, en la costura donde la
carne real conocía las terminaciones nerviosas artificiales. La víctima gritó mientras
miraba a su muñón, donde el líquido nutriente se filtraba, bombeado por un sistema
hidráulico. La sangre también corría desde el muñón de su brazo, que brotaba de una
arteria.
Tolomeo trató de ayudarlo, pero fue retenido por unos fuertes brazos. Su corazón latía
con fuerza, y tuvo problemas para respirar. Se encontró con la mirada aterrorizada de su
amigo, pero sólo por un instante antes de que Elchan cayera al suelo desmayado.
—Ahora por lo menos puede morir como un ser humano —dijo Manford—. La
mente del hombre es sagrada.
—La mente del hombre es sagrada —murmuraron los otros, y Manford hizo un gesto
para que se alejaran. Uno de los Maestros Espadachines arrastró a Tolomeo afuera, pero
dejaron a Elchan dentro del laboratorio, al parecer para que muriera desangrado. Aquello
no era real, no tenía sentido. Tolomeo se negaba a creer que dichos hechos estuvieran
pasando.
Después de haberse retirado a los terrenos de césped fuera del complejo de
investigación, los seguidores de Manford arrojaron bombas incendiarias por las ventanas
ya rotas, y prendieron fuego al lugar.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—¡Dejen eso! —gritó Tolomeo—. ¡Dejen que Elchan salga! ¡No pueden hacerle esto
a un ser humano! Es mi amigo.
—No es digno de ser salvado —explicó Manford, y entonces ignoró las súplicas cada
vez más desesperadas de Tolomeo. Las llamas se elevaron más. Tolomeo vio a su
compañero aparecer en una de las ventanas y tratar de salir, pero los Butlerianos se
abalanzaron con palos y lo golpearon hasta que se encogió por dentro y desapareció.
El fuego alcanzó el techo y, a continuación, llegó hacia los nutrientes inflamables en
el interior. Pequeñas explosiones destruyeron un laboratorio tras otro. Tolomeo pudo oír
su amigo gritando.
—¡Detengan esto! —sollozó y cayó de rodillas. Las lágrimas corrían por su rostro.
Mantuvo su cabeza entre las manos, temblando—. Dejen esto, por favor…
Manford llevaba una sonrisa de satisfacción, mientras que Anari Idaho no tenía
expresión alguna. Agarró a Tolomeo por el cabello, le levantó la cabeza, y le obligó a ver
el laboratorio ardiente.
—Le hemos concedido un regalo —dijo Manford—, y tengo fe que aprenderá de
esto. Permítanme citar uno de los diarios de Erasmo que he estudiado. Las descripciones
son demasiado horribles para la mayoría de la gente, pero hay que escucharlo: «Los seres
humanos siguen peleando como niños que hacen berrinches,» escribió Erasmo, «pero
nuestra tecnología es superior. Con nuestros desarrollos, nuestra adaptabilidad y
nuestra persistencia, siempre ganaremos. Los seres humanos son irrelevantes… pero
tengo que admitir, que son interesantes».
Manford cerró los ojos, como para disipar el disgusto.
—Espero que haya aprendido el error de su actitud, Tolomeo de Zenith. Oraremos
por usted.

***
En Zenith, el fuego se extinguió en unas pocas horas, pero en ese momento los buques
Butlerianos ya se habían ido, dejando a Tolomeo mirando a los restos humeantes y
escuchando el silencio desgarrador. Manford Torondo y sus seguidores se habían
quedado hasta que el Dr. Elchan dejara de gritar… y había gritado por mucho tiempo.
Examinando los restos carbonizados, Tolomeo sintió que había perdido todo, a
excepción de su conocimiento y la curiosidad científica. Los bárbaros no habían tomado
todo de él. Se acurrucó allí en la colina cubierta de hierba, tan profundo era el
pensamiento que parecía un trance, pensando exactamente lo que iba a hacer a
continuación. Desarrolló un plan, un plan detallado.
Se enderezó, se limpió los ojos enrojecidos, y trató de recuperar su punto de apoyo a
la realidad. Era como si las leyes de la física hubieran cambiado a su alrededor, y tuviera
que reestructurar sus creencias fundamentales.
No se atrevió a ir por sus hermanos y hermanas, reclutarlos para hablar y lanzar su
imaginación contra la Butlerianos; no los expondría al riesgo, porque los salvajes irían a

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sus laboratorios, como lo habían hecho, y encerrarían a sus hermanos en el interior,


quemándolos vivos. No, tenía su cerebro… su mejor herramienta, su mejor arma.
Los Butlerianos habían aplastado destruido todo, asesinado a su mejor amigo, y lo
dejaron derrotado, pero Tolomeo no se dio por vencido. Manford no tenía ni idea del
enemigo que había creado aquel día.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Consideren la vida humana: somos animales, pero sin embargo se espera que seamos mucho más que eso.
Aunque el honor nos obliga a tomar decisiones altruistas, incluso actuando en beneficio de otras personas,
siempre regresa a su propio interés, sin importar lo mucho que uno intente ocultarlo.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, sobre la condición humana

La Hermana Ingrid poseía una mente inquisitiva, en su prejuicio.


Antes, mientras se sometía a la formación de los Butlerianos en Lampadas, sus
instructores le habían comentado sobre aquel tema, y la habían elogiado por ello; hasta
cierto punto, siempre y cuando no les preguntara cosas equivocadas. Esa curiosidad le
permitió sobresalir en ciertos temas que le interesaban, como la química y la fisiología
humana, pero un profesor la había regañado por distraerse con intereses irrelevantes.
Ingrid se dio cuenta de que a menudo pasaba mucho tiempo en cuestiones accesorias que
descuidaba el rígido plan de estudios.
Por recomendación de la hermana Dorotea, había solicitado la formación en la
Hermandad de Rossak para escapar de las escuelas en Lampadas que encontraba cada vez
más tediosas. Según Dorotea, la Hermandad proporcionaría nuevos estímulos para su
mente activa.
En los últimos días, la idea de computadoras secretas ocultas en Rossak por las
Hermanas corruptas la había mantenido despierta por la noche. Otra acólita había
susurrado la idea, y muchas de las acólitas maduras estaban fijas en la excitante
perspectiva, pero Ingrid permanecía escéptica. Los chismosos no tenían ninguna prueba,
ni siquiera un argumento convincente, y como Ingrid no había demostrado ser demasiado
perspicaz, no era probable que se diera cuenta de detalles que Ingrid no tenía.
Aún así, una idea tan horrible tenía que ser tomada en serio. Había aprendido mucho
de Manford Torondo. Por motivos de seguridad, Ingrid asumiría el rumor de que era
verdad hasta que se enterara de lo contrario. Si era capaz de encontrar la prueba, la
Hermana Dorotea la ayudaría a erradicar las máquinas pensantes y limpiar a la
Hermandad.
Cuando mencionó la idea, Dorotea creció igualmente en preocupación.
—Déjame preguntarte algo. Mucho ha cambiado aquí desde que fui asignada a
Salusa, pero espero que la Reverenda Madre no haya llegado tan lejos por tan mal
camino.
Ingrid, sin embargo, no se contentaba con descartar la idea y esperar a que alguien
más entregara las respuestas. Se dio cuenta de que, si le hacía demasiadas preguntas a
Dorotea, y si era de las personas equivocadas, la Hermandad podría enterrar sus secretos
aún más profundamente.
Las máquinas pensantes eran seductoras, y una o dos Hermanas podrían haber
inventado una justificación mal aconsejada al uso de las computadoras. «Apologistas de
las máquinas,» como se les conocía en el Imperio. Pero para Ingrid, no había sutilezas, ni

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líneas de expresión o zonas grises: Las máquinas pensantes, bajo cualquier pretexto,
tenían que ser eliminadas.
La ciudad acantilado era grande, complicada y estaba prácticamente vacía. Buscó en
las zonas que parecían estar cerradas y barricadas, donde se hallaban los signos de
prohibida la entrada. Se esperaba que una Hermana siguiera las reglas, pero también se
esperaba que pensara, cuestionara.
E Ingrid cuestionaba. El lugar más probable parecía estar en las cámaras restringidas
que mantenían todos los registros de reproducción.
En la oscuridad que precedía al amanecer, se deslizó alrededor de la barricada
custodiando el camino cuesta arriba empinada que conducía a lo largo de la pared del
acantilado a las cuevas restringidas. Sus ojos se acostumbraron a la luz de las estrellas
mientras se abría camino hacia arriba, viendo indicios de que había viajado mucho.
Cuando estuvo muy por encima de los senderos frecuentados por los instructores y
los estudiantes en la escuela, vislumbró un brillo por delante en el camino, alguien
descendía, guiado por una luz de mano furtiva. Ingrid se escondió en una grieta de roca
flanqueada por dos grandes losas y esperó, conteniendo la respiración.
Una hechicera anciana de bata blanca pasó junto a ella con una rápida pero minuciosa
marcha, e Ingrid reconoció a Karee Marques. La Hermana Dorotea había comenzado a
trabajar en las antiguas investigaciones químicas de la bruja en su laboratorio en el suelo
de la selva. Ingrid se preguntó por qué la mujer de mediana edad estaba allí en la
oscuridad de la noche. Teniendo en cuenta las cuevas superiores restringidas, era
probable tuviera que ver con los registros de reproducción.
Después de que Karee bajara por el camino a la sección habitada de la ciudad
acantilado, Ingrid corrió hasta el punto más alto del empinado camino, sintiendo un
nuevo vigor. A continuación, continuó hacia la selva tarareando y cocinando a fuego
lento, mientras que por encima un nuevo velo de nubes oscurecía muchas de las estrellas.
Ingrid se volvió lentamente, estudiando el sendero, las rocas, usando su imaginación para
adivinar lo que podría haber estado haciendo Karee.
Cuando llegó a la cima del acantilado, no vio ni rastro de las Hermanas que había
visto estacionadas en la entrada de la cueva durante las horas de luz del día; se habían ido
a dormir, tal como había esperado. La entrada a los túneles restringidos se veía oscura y
amenazadora.
Durante unos minutos, Ingrid vaciló, tratando de decidir qué hacer. Al cabo de una
hora, los colores pintaban el cielo con el amanecer, y aún no tenía respuestas. En poco
tiempo, sus Hermanas se agitarían en la parte habitada de la ciudad acantilado,
moviéndose en los senderos y balcones inferiores, y en el interior de los túneles.
Justo en ese momento, desde el empinado sendero de abajo, detectó el sonido
característico de voces y vio a un par de Hermanas ascendiendo por un único sendero en
la oscuridad, sus siluetas iluminadas por luces de mano brillantes. No serían capaces de
verla en la oscuridad, si se quedaba detrás de las rocas. Sus voces se hicieron más fuertes
a medida que ascendían, y aparecían dentro y fuera de la vista, ocultas por voladizos

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

rocosos. Su corazón latió con más fuerza, y no se le ocurrió ninguna explicación que
aparentara ser legítima en caso de ser atrapada. Pero ¿por qué iban siquiera a sospechar?
Se escondió en las sombras más oscuras al lado de uno de los nudosos cedros de
Rossak mientras las dos Hermanas llegaban a la entrada de las cuevas de registro,
rodeadas de una luz brillante. Una de las mujeres era la Hermana Valya. Aparte de su
conversación, Ingrid sólo oía el murmullo de los sonidos de la selva de abajo, marcado
por las llamadas de las aves nocturnas de sus nidos en el acantilado.
Ante ninguna sospecha, las dos Hermanas entraron en la cueva oscura, llevando sus
luces. Después de un interminable momento de vacilación, Ingrid se deslizó tras ellas,
permaneciendo mucho más allá del círculo iluminado. Se movía con pasos silenciosos,
tan cerca como se atrevía. En Lampadas, se aventuraba a menudo por la noche, llevando
nada más que una luz de vela, o ninguna en absoluto.
Valya y su compañera caminaron por los pasillos de paredes de piedra y se volvieron
en una esquina, sumiendo al pasaje principal en la oscuridad otra vez. Ingrid se escurrió
por delante para alcanzarlas, vio a la pareja de luces de mano brillar de nuevo, pero sólo
por un momento antes de que giraran a la izquierda y desaparecieran, como si hubieran
caminado directamente a través de una pared.
El tono negro del túnel era inquietante, pero Ingrid estaba mucho más temerosa de ser
descubierta que de las tinieblas. De hecho, había algo misterioso y siniestro en aquellos
pasajes ocultos. Cuando llegó al lugar donde las dos se habían esfumado, Ingrid miró a su
alrededor, esforzándose por hallar cualquier tenue rayo de luz, cualquier apertura, pero lo
único que podía ver era una pared de roca.
Pero las dos Hermanas se habían ido a alguna parte. Ingrid corrió arriba y abajo del
pasaje, segura de que estaba en el lugar correcto, pero no pudo encontrar ninguna
abertura. En la oscuridad, llevó las manos y la cara contra la pared de roca, tratando de
descubrir una puerta secreta. Débilmente, oyó zumbidos, como un nido de insectos… o
tamborileantes maquinarias. Continuó siguiendo su camino a lo largo del muro de piedra.
De repente, su mano pasó a través de la roca.
Roca ilusoria. ¡Una imagen opaca proyectada sobre una abertura oculta! Ingrid se
quedó sin aliento. Aturdida, dio un paso atrás, y luego se movió nuevamente con cautela
hacia delante para pasar todo su brazo a través de la pared. Sí, una entrada oculta.
Haciendo acopio de valor, Ingrid dio un paso a través de la pared y se encontró
parpadeando dentro de una gran gruta brillante que palpitaba con el sonido; una brisa que
circulaba lavando su cara.
Cuando sus ojos se adaptaron, vio lo impensable. Fila tras fila de computadoras,
dispositivos de almacenamiento complejos, así como un bajo muro de pantallas de
monitores y plataformas de metal donde Hermanas de túnicas se sentaban ante las
máquinas. La Hermana Valya se había detenido ante un conjunto de pantallas, vaciló
como si sintiera algo y luego se volvió hacia la entrada encubierta.
Horrorizada, Ingrid retrocedió y trepó por la pared falsa hologramatica. Esperaba
haberse ido antes de que Valya se fijara en ella. Incapaz de comprender la inmensidad del

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secreto criminal que sus propias Hermanas guardaban, Ingrid huyó por el pasillo oscuro,
sin importarle que no pudiera ver. Le pareció oír un ruido detrás de ella, y siguió
corriendo hasta que se salió fuera en el frío de la noche, iluminada por las estrellas cerca
de la ruta junto al acantilado. Su corazón parecía estar gritando dentro de su pecho.
Respirando con dificultad, comenzó a hacer su camino por la senda empinada
tratando de calmarse. Tenía que pensar. Tenía que encontrar a alguien a quien contarle.
La Hermandad de repente le pareció oscura, una cosa monstruosa llena de secretos. La
cámara de las computadoras no era un lugar que se suponía que debía ver.
Ingrid entró en un sueño. ¿Cuánto más de la formación de la Reverenda Madre era
una mentira? Las Hermanas afirmaban depender sólo de las capacidades humanas y, sin
embargo, ¡se basaban en la muleta de las computadoras! ¿Qué pasaba si Dorotea la había
engañado así? Ingrid no quería creer que… pero, ¿cómo podía estar tan segura?
La única manera, decidió, era revelar las computadoras directamente a Manford
Torondo. Él y sus seguidores destruirían las máquinas malvadas sin escuchar
racionalizaciones.

***
Mientras se preparaba para su tranquilo trabajo con los equipos, entre la mayoría de
Hermanas que subían por día, Valya había visto al intruso. Con un destello de percepción
aguda, tal como le habían enseñado, reconoció a la nueva acólita de Lampadas: la
Hermana Ingrid, la joven que llevaba sus creencias Butlerianas impregnadas como un
tatuaje en su piel.
Valya no les dijo a las otras trabajadoras antes del amanecer, sino simplemente, y en
silencio, salió por la antesala y se lanzó de nuevo a través del holograma al túnel oscuro.
No activó su luz de mano, pero se movió con sigilo.
Más adelante, pudo escuchar a la acólita corriendo asustada.
Con cuidado de no hacer ruido, se detuvo justo en la entrada de la cueva, vio la figura
sombría pausada de Ingrid a la cabeza de la ruta y luego comenzó a abrirse paso en la
oscuridad.
Familiarizada con la ruta con viajes frecuentes en la oscuridad de la noche, Valya se
lanzó tras ella. No tenía ninguna duda de que la chica había visto todo. Oyó a Ingrid
tropezar, jadeando. Con la accidental caída producto de una piedra, la perseguidora hizo
demasiado ruido, e Ingrid se quedó inmóvil, dando vueltas, pero aún sin poder ver.
Valya la alcanzó en un momento. Habló sin dudarlo, con la intención de mantener a
la acólita con la guardia baja.
—Te ves mal, Hermana Ingrid. ¿Puedo ayudarte? —Con un movimiento sutil, se
deslizó junto a ella en el camino y le bloqueó el paso hacia abajo—. Sabes que este es un
lugar restringido. No deberías estar aquí.
La mirada de la muchacha se parecía a la de un animal atrapado.
—Tú no estás en condiciones de darme lecciones.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Valya se sintió segura de que era una mejor peleadora, después de todas las vigorosas
sesiones de combate con su hermano.
—Necesitamos tener una pequeña charla.
Ingrid dejó escapar:
—No confío en ti. Has sido corrompida por las computadoras.
—¿Las computadoras? —Valya hizo todo lo posible para parecer sorprendida—.
¿Qué quieres decir?
Ingrid señaló el rastro, y esa vacilación fue suficiente. Valya se le acercó, y empujó a
la joven por el precipicio tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de gritar. Cerca de la
mitad, Ingrid golpeó la pared de roca de forma brutal, y luego se estrelló en el dosel y
cayó el resto del camino hasta el suelo de la selva.
No había habido ninguna elección, y Valya no lamentaría su decisión. Las
computadoras de innumerables generaciones de conocimiento eran irremplazables, y
había jurado a Raquella que iba a guardar el secreto de los registros de reproducción. Con
todo esto como su mayor prioridad, ya que era su deber jurado, el asesinato había sido
fácil.
Pero ahora tendría que decirle Raquella lo que había hecho.

***
Para cuando llegó a las habitaciones privadas de la Reverenda Madre, Valya se había
calmado a sí misma con el fin de no mostrar dudas, cuando diera a luz a su confesión. El
alba estaba alzándose, y las Hermanas se levantaban para sus tareas matutinas. Raquella
estaba ocupada con las primeras actividades cuando le dio la bienvenida a Valya dentro
de la habitación.
Después de asegurarse de que la puerta estaba cerrada para mayor privacidad, Valya
confesó haber matado a la acólita, revelando poco de sus emociones. La anciana no
aparentó casi ninguna reacción, pero miraba a Valya como un cirujano evaluando una
complicación particularmente grave en la mesa de operaciones. Finalmente, extendió la
mano y envolvió sus dedos alrededor de la muñeca de Valya con mano de hierro.
—¿No tuviste más remedio que matarla? —Apretó con más fuerza, tomando el pulso
a la mujer mucho más joven.
Valya decía la verdad, y seguro que Raquella podría detectar cualquier mentira.
—Estoy convencida de que esta era la mejor manera de proteger los registros de
reproducción. Dejarla con vida era un potencial mucho mayor para el desastre.
Conociendo a la Hermana Ingrid, y viendo su reacción, estoy segura de que estaba
empeñada en causar problemas.
—¿Y no tenías otros motivos?
—Ninguno. —Valya miró fijamente a la Reverenda Madre.
Raquella sostuvo su muñeca durante un largo rato, sintiendo el ritmo de su pulso, la
humedad de su piel.

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—No justifico lo que hiciste, pero creo que tu motivación era pura. Muéstrame dónde
está el cuerpo. Tenemos que asegurarnos de que no surjan más preguntas, o tu apuesta
peligrosa fallará.
Las cuevas Rossak se afanaban con las actividades del amanecer. Después de
coordinar para que otra Hermana enseñara en su clase, la Reverenda Madre y Valya
tomaron un ascensor y bajaron al suelo de la selva. Se abrieron paso entre la maleza sin
caminos, siguiendo el borde del acantilado hasta el lugar en el que Ingrid había caído.
Después de una hora de búsqueda, encontraron el cuerpo arrugado cubierto con un
chorrito de sangre a través de una roca. Dos aves de zafiro ya habían encontrado su festín,
pero se fueron volando, sorprendidas, ante la proximidad de las mujeres.
Valya miró a la acólita muerta y todavía no demostró ninguna culpa. La Hermandad
era su única familia.
—No me gusta lo que hice, Reverenda Madre. Estoy lista para hacer frente a las
consecuencias en caso de que sean necesarias.
Raquella contempló la imagen durante un largo rato.
—Las dos sabemos que Ingrid habría llamado a los fanáticos hacia Rossak, y las
computadoras de cría debían ser protegidas a toda costa. Representan siglos de trabajo de
las hechiceras de generaciones de linajes en detalladas proyecciones, nuestra clave para la
evolución futura de la humanidad. Lamento admitir esto, pero por algunas cosas vale la
pena matar.
Raquella tenía que ayudar a Valya a llevar el cuerpo sin vida de Ingrid selva adentro,
fuera de la vista de la trayectoria del alto acantilado. Lo llevaron bien afuera de cualquier
camino, donde los depredadores no tardarían en disponer de los restos.

***
Después de despedirse de Valya, la Reverenda Madre volvió sola a sus aposentos
privados, donde se sentó entre sus preciados volúmenes, pensando. Un ejemplar del Libro
de Azhar descansaba sobre una mesa al lado de su silla. A veces le gustaba pasar el
pulgar a través de él para encontrar pasajes útiles. Hoy, sin embargo, sus problemas iban
más allá de cualquier experiencia que pudiera haber encontrado en la redacción de ese
volumen.
Era consciente de las crecientes tensiones entre las Hermanas, y la reciente predicción
Mentat de Karee de un terrible cisma en la Hermandad que se cerniría como una
tormenta. Tal vez aquel evento era el primer disparo de advertencia.
Raquella oyó el clamor de sus otros recuerdos llamándola, gritando alarmadamente y
ofreciendo consejos contradictorios. Esas experiencias ancestrales no eran como una serie
de libros de la biblioteca que pudiera sacar de la estantería cada vez que quisiera; los
recuerdos iban y venían por su propia voluntad, por sus propias razones, y en su propio
horario. A veces podría un poco disminuir su clamor, pero siempre se disparaban
nuevamente.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

En cuestión de segundos, se callaron y no respondieron a sus preguntas, dejando a


Raquella sin respuestas u orientaciones.

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No hay persona más optimista en el universo que la graduada con los más altos honores, que está fresca por
haber completado sus estudios y lista para alcanzar y realizar sus sueños más lejanos.
—De un estudio imperial de los movimientos de las escuelas

Doce estudiantes Mentat habían completado sus entrenamientos. Un panel de rigurosos


instructores los interrogó, y luego fueron enviaron junto a Gilbertus Albans para su
aprobación final.
Entre ellos estaba el talentoso Draigo Roget, dos Hermanas de Rossak, y los otros que
había llegado a conocer con el correr de los años de instrucción. Gilbertus los observó a
todos. No había dudas en su mente…
Algunos podrían encontrar incongruente que, en una institución dedicada a la lógica y
la organización mental precisa, las ceremonias de las graduaciones estuvieran
impregnadas de tradiciones manufacturadas. En el establecimiento de la Escuela Mentat,
Gilbertus había hecho grandes esfuerzos para dotarun sentido de reverencia e histórico.
Todos los edificios parecían viejos y sólidos, las reglas eran complejas, y las formas
densas daban la impresión de una burocracia pesada. Cada certificado de graduación
estaba adornado con letras, pintadas a mano, y se presentaba en un pergamino real. Los
graduados llevaban libros bordados voluminosos y con tapas hinchadas poco prácticas.
Gilbertus sabía que todo era meramente simbólico y no servía para nada realmente,
aunque a los estudiantes y los instructores les encantaba, a la candidata de los Butlerianos
en particular. Los extranjeros no podían dejar de hallarse impresionados con el ritual de
graduación, los pronunciamientos que se hacían en lenguas antiguas, casi olvidadas, que
cada estudiante Mentat se había visto obligado a memorizar. Algunos podrían haber
dicho que el aprendizaje de aquellas lenguas muertas era un ejercicio inútil, pero
Gilbertus preveía que esos dialectos, entendidos por muy pocos seres humanos vivos,
podrían ser útiles como lenguajes privados para los comandos de los campos de batalla o
el espionaje empresarial.
Bien ensayado antes del evento, los doce estudiantes ahora estaban alineados mientras
Gilbertus se situaba en un podio en el anfiteatro principal. Continuó hablando, recitando
de memoria la misma frase una y otra vez, reconociendo a cada estudiante como un
verdadero Mentat, concediéndole la bendición de la escuela de Lampadas.
—Por la presente declaro que todos ustedes están preparados para promover la
claridad de pensamiento y el avance de las capacidades mentales humanas. —Al final de
cada declaración, el público entonaba: «La mente del hombre es sagrada,» una concesión
de los Butlerianos que Gilbertus había incluido en la ceremonia.
Cuando terminaron, Draigo Roget se acercó a hablar con Gilbertus. Se había quitado
la bata de graduado, colgado la prenda en su cuarto, y ahora estaba de vuelta en su
ajustado mono negro. Hizo una reverencia formal.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—He venido a darle las gracias por su instrucción, señor Director. Usted me ha
concedido una oportunidad que nunca olvidaré.
—Me gustaría que te quedaras con nosotros, Draigo. No podría pedir un instructor
más prometedor. Podrías elevar tan alto nuestra escuela, incluso tal vez mi posición. No
estaré aquí para siempre, ya sabes. —En verdad, Gilbertus pensó que podría aguantar
físicamente durante siglos o más, pero el tiempo apremiaba sobre él. En poco tiempo,
tendría que abandonar la escuela y dedicarse a otra identidad. Demasiadas décadas habían
pasado, y ya no podría disimular tanto la edad como la decrepitud, pues había llegado
incluso a los límites de las aptitudes geriátricas conocidas por el consumo de melange,
que dejaba que la gente creyera que utilizaba.
—Podría hacer eso, señor, pero todo el Imperio espera. Creo que mi destino está ahí
fuera.
De mala gana, Gilbertus asintió.
—Entonces te deseo la mejor de las suertes y espero que nos volvamos a encontrar.

***
Gilbertus permanecía de pie en la pista de aterrizaje flotante, levantando una mano en
señal de despedida mientras el transbordador que contenía Draigo Roget y otros pasajeros
se preparaba para despegar. El cabello negro de Draigo se veía pegado a la ventanilla,
pero parecía no haberlo visto. Con un suave oleaje y un extraordinariamente silencioso
motor suspensor, la nave blanca ascendió rápidamente, hasta que se volvió tan sólo un
punto en el cielo, y luego desapareció.
Mientras miraba, Gilbertus sintió tristeza por la partida, mezclada con alegría y
orgullo por su alumno más logrado. Con la larga carta de recomendación que había
escrito para Draigo, el joven no debería tener problemas para encontrar una posición
segura con una de las familias nobles, tal vez incluso en la Corte Imperial. Teniendo en
cuenta su cualificación y ambiciones, el nuevo Mentat llevaría, sin duda, una vida
interesante. Ciertamente tenía el potencial.
Alrededor de la pista de aterrizaje, la tripulación de las naves utilizaba grúas para
dejar rocas en una sección poco profunda del pantano, formando un dique para el
espaciopuerto en expansión. El ruido del tráfico espacial había perturbado a algunas de
las criaturas de los pantanos más grandes, lo que provocaba que atacaran y los
aeródromos flotantes fueran dañados. Como resultado, Gilbertus había ordenado trasladar
a la pista de aterrizaje a aguas poco profundas, para mayor protección contra los ataques.
Muchos misterios permanecían en la desolación alrededor de la escuela, mientras que
algunas de las criaturas vivían en los alrededores de las turbias aguas que habían sido
estudiadas por los naturalistas. Gilbertus lo prefería así, porque los peligros desconocidos
requerían una preparación y capacidad de adaptación constantes, y estados superiores de
inteligencia para sobrevivir. Erasmo había demostrado en repetidas ocasiones que las
capacidades mentales ampliadas eran una asunción de riesgos…

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De regreso a su oficina privada, con las puertas firmemente cerradas y las cortinas
púrpuras bajas, Gilbertus conversó con el brillante núcleo de memoria. Después de tanto
tiempo, estaba en sintonía con las sutiles indicaciones de los estados de ánimo del robot
independiente, y la esfera circuitos gelificados parecía extraña aquel día, brillando en un
tono más claro. Lo interpretó como ansiedad.
—Ahora que los graduados se han ido, tienes la oportunidad de crearme un cuerpo
temporal —dijo Erasmo—. Puedo ayudarte de cualquier manera que desees. Ya he
planeado numerosas nuevas pruebas y experimentos para llevar a cabo, lo que aumentará
el conocimiento sobre el comportamiento humano.
—¿Para beneficio de quién?
—El conocimiento es un beneficio en sí mismo.
Gilbertus sabía que se había quedado sin excusas aceptables para conceder a su
mentor tal deseo, pero seguía siendo imposible en la actualidad.
—Mis materiales son limitados.
—Confío en tu ingenio.
Gilbertus suspiró.
—Haré lo que pueda, pero es difícil y peligroso.
—Y dolorosamente lento.
El Director se echó hacia atrás en su silla, sintiéndose preocupado y triste. A pesar de
sus reservas acerca de lo que el robot había hecho a todos sus sujetos experimentales
humanos, se dio cuenta de que se sentía solo y sin su mentor. Y en los momentos finales
de la Batalla de Corrin, cuando parecía que las máquinas pensantes podrían
efectivamente derrotar al ejército de la Humanidad, Erasmo había saboteado el ataque
robot para salvarlo de una muerte segura, a un simple humano.
Gilbertus negó con la cabeza.
—Hoy, Draigo Roget se fue. Habíamos crecido juntos con los años, pero no quería
quedarse.
—Entiendo —dijo Erasmo—. Era tu alumno favorito, tal como tú fuiste el mío.
—Fue una gran alegría haber sido un mentor para él. Es el mejor de los nuevos
Mentats.
—Entiendo perfectamente, aunque no estoy seguro de que nuestros Mentats sirvan en
el lado correcto del conflicto. En cierto sentido, estamos ayudando a demostrar la
afirmación Butleriana de que las máquinas pensantes son innecesarias. —Al robot le
gustaba difundir información esotérica—. Los Butlerianos son como los Luditas de la
historia antigua, esos pensadores parroquiales en la Vieja Tierra en el siglo XIX del
antiguo calendario. Eran alborotadores de mente estrecha en Inglaterra que culpaban de
sus dificultades financieras a las máquinas eficientes que habían sido llevadas a las
fábricas locales. Las turbas destruyeron las máquinas, esperando que así se perfilara el
retorno a la prosperidad. No funcionó.
El núcleo de memoria brilló más intensamente.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Creo que la superstición y el miedo están esclavizando a la humanidad con más


dureza que la que Omnius nunca tuvo. En lugar de sufrir bajo el yugo de las máquinas
pensantes, se dejan intimidar por seres humanos pensantes. El progreso tecnológico no
puede ser retenido para siempre.
—Y, sin embargo, si no lo hacemos, al menos, pretenderemos servir a los propósitos
Butlerianos, que podrían destruir esta escuela —dijo Gilbertus. Se dio cuenta de que a
medida que el soliloquio del robot se hacía más vehemente, el núcleo brillaba de color
naranja pálido, y luego de un rico cobre oscuro—. ¿Qué ha hecho?
Como si lo detectara, el núcleo volvió a su original color dorado, y luego pasó a
través de una gama espectral entera de colores.
—Estaba aburrido en mi armario, así que he modificado algunas de las
programaciones internas. Es mi manera de permanecer en mi sano juicio, tal vez, a mi
manera sintetizada. Por favor, entiende, tengo sólo unas pocas vías de crecimiento
personal.
Gilbertus preguntó si no debería alarmarse.
—Haré mi mejor esfuerzo para encontrar un aparato móvil adecuado para que pueda
usar, por lo menos temporalmente, pero debemos establecer estrictos controles sobre
donde lo utilizaremos, con el fin de evitar ser descubiertos.
—Tal vez podrías convertirme en un cazador de esas criaturas salvajes que rondan
por aquí. Libérame en la tierra alrededor de la ciénaga, y me ocuparé del estudio de los
animales salvajes, del uso de esos datos para aumentar mis estudios de los seres
humanos.
—Una idea interesante, pero no estamos listos como para empezar largándolo en
cualquier lugar. Por un lado, ¿cómo sé que no va a tratar de crear un Imperio de máquinas
pensantes de nuevo?
El robot simuló su risa.
—¿Por qué debería querer crear otra súpermente? Omnius me causó tantos problemas
como lo hicieron los humanos. ¿Por qué crees que te he enseñado cómo ser un Mentat?
Es para demostrar que los seres humanos podrían ser más de lo que habían sido antes. Lo
mismo es cierto para las máquinas pensantes. Debemos convivir con los seres humanos
en el futuro, una unión de máquinas y hombres.
Gilbertus respondió:
—Una unión de personas y máquinas, en ese orden, es más adecuado; con la
humanidad a su cargo.
Erasmo permaneció en silencio por un momento.
—Una cuestión de perspectiva. Sin embargo, no te olvides que sin mí, no eres nada.
—Hay que pararse en los hombros del otro —dijo Gilbertus con una sonrisa suave.

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No tengo miedo de utilizar cualquier arma a mi disposición; y la información puede ser el arma más poderosa.
—JOSEF VENPORT, memo interno de VenHold

Cuando Draigo Roget llegó a Kolhar, recién egresado de sus intensivos y costosos
estudios en Lampadas, Josef Venport lo recibió como un héroe que regresa después de
mucho tiempo.
El reciente Mentat llevaba una túnica oscura y ondulantes pantalones negros. Salió de
la lanzadera y parpadeó a la luz del sol del mediodía, mirando a las torres del puerto
espacial, la sede administrativa de la flota espacial y las estructuras en bloques de plantas
de fabricación de maquinaria. Josef y un pequeño comité de bienvenida cruzó a toda
velocidad a través del campo de aterrizaje en un vehículo terrestre. Cuando salieron,
Draigo se adelantó y dio una breve reverencia a su benefactor.
—Su plan funcionó a la perfección, señor.
Josef estrechó la mano del hombre con energía, y luego dio un paso atrás y miró a
Draigo, observándolo de arriba a abajo.
—Has cambiado. Toda tu conducta se ve mucho más… intensa. —Lo dijo como un
cumplido.
Draigo asintió ligeramente.
—Y la concentración. Fue un proceso largo y difícil convertirse en un Mentat, pero
no se arrepentirá de su inversión.
Josef no podía dejar de sonreír.
—Eres uno de los primeros candidatos que se sembraron en la escuela, y espero que
otros se unan a nosotros en breve. VenHold requiere Mentats calificados. —Planeaba
utilizarlos para supervisar las cuentas en sus operaciones bancarias en diferentes planetas,
y los subsidiarios de VenHold, Combined Mercantiles tenían también vastos y complejos
requisitos de mantenimiento de registros.
Josef había probado muchos jóvenes candidatos para la formación Mentat, con Cioba
realizando entrevistas cuidadosamente en su nombre. Una vez que los mejores fueron
hallados, su jefe de seguridad, Ekbir, elaboró completamente nuevas identidades e
historias a los estudiantes antes de que viajaran a Lampadas, para ocultar sus lealtades de
los posibles observadores Butlerianos persistentemente curiosos. La Escuela Mentat
estaba demasiado cerca e inquietantemente aliada con Manford Torondo y sus bárbaros, y
a Josef no le sorprendía que los petulantes fanáticos negaran a sus candidatos el acceso a
la formación especializada. Así, VenHold financiaba secretamente sus matrículas;
aquellos estudiantes no se conocían entre sí, por motivos de seguridad.
—¿Así que soy entre los primeros? —preguntó Draigo—. Estoy muy contento de
saberlo.
—Muchos más te seguirán —dijo Josef—. Mañana, Cioba y yo empezaremos a
familiarizarte con el nuevo trabajo que harás por nosotros.

LSW 238
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

***
Los dos hombres se destacaban en el campo iluminado por el sol, donde la luz se
reflejaba en los tanques cerrados llenos de gas melange. Draigo observaba las formas
mutantes de los candidatos para Navegantes como algo de gran interés. Anteriormente,
Josef no había revelado este secreto.
—Gracias por haberme revelado todo esto, Director Venport.
Josef se encogió de hombros.
—Un Mentat con datos incompletos es inútil.
Su esposa se unió a ellos, vestida con un conservador traje de etiqueta, su cabello
largo fijado arriba bajo un pañuelo. Ella y Norma Cenva habían regresado de su extraño e
inesperado viaje a Rossak; Josef no veía con cariño el intercambio de información
confidencial entre Ven-Hold y la Hermandad, pero tanto Norma como Cioba, por no
mencionar a sus propias hijas, estaban inextricablemente vinculadas con esas mujeres, y
él que no serviría a ningún propósito obligarlas a elegir a sus lealtades.
Cioba los siguió mientras caminaban por los pasillos de un tanque que había elegido,
en particular. Josef se asomó a la ventana de observación de plaz curvo y desde allí le
habló al Mentat vestido de negro.
—Lo que has experimentado fue una cosa difícil, Draigo, pero la metamorfosis en un
Navegante requiere aún cambios más extremos. Este hombre, por ejemplo, no es un
interesante voluntario, en realidad, sino un espía que cogimos en el acto.
—¿Un espía? ¿Qué estaba buscando?
—Todo lo que estamos haciendo con los Navegantes… pero le detuvimos antes de
que pudiera revelar nuestros secretos a su empleador, Celestial Transport. Lo puse en la
cámara, con la intención otorgarle meramente una ejecución poética, pero me está
sorprendiendo con sus habilidades de adaptación. —Josef golpeó con los nudillos en la
ventana de plaz claro. La figura dentro tembló y se volvió como una marioneta de hilos
invisibles—. Su nombre es, aparentemente, Royce Fayed, aunque no sé si recordará una
cosa tan trivial como esta después de que la transformación se complete. Mi bisabuela le
está guiando. Creo que puede sobrevivir para convertirse en un Navegante después de
todo.
El rostro de Fayed parecía distorsionado e hinchado, con los ojos ampliados, sus
mejillas redondeadas, y la barbilla derretida como si fuera una figura de cera expuesta a
un exceso de calor. Sus grandes ojos parpadearon, pero su boca no se movió. No hizo
ningún intento de decir cualquier cosa.
—Si era un espía, ¿entonces es su enemigo? —Draigo miró a través de las nubes
oscuras en el interior de la cámara—. Lógicamente, no puede ser digno de confianza
como Navegante. Dada esta mutación extrema infligida sobre él, ¿cómo puede el hombre
no odiar a Venport Holdings? Si lo coloca a bordo de uno de sus buques plegadores del
espacio, ¿qué lo detendrá a la hora de estrellar la nave con todos los pasajeros y la carga,
o llevarlo a Celestial Transport? Al parecer, es un gran riesgo el que está tomando.

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—Norma nos asegura que no hay riesgo —dijo Cioba—. Ahora que la mutación
inicial ha ocurrido y su mente se encuentra en expansión, está muy ansioso por
convertirse en un Navegante para nosotros. Desea esto enormemente.
—Interesante —dijo Draigo sin comprometerse.
Josef sonó más a la defensiva de lo que pretendía.
—Si Norma Cenva me dice que confíe en él, ¿cómo puedo actuar? Ella es el corazón
de todo nuestro imperio comercial.
—Acepto su conclusión, señor. Tendrá todos los Navegantes que se puedan crear,
teniendo en cuenta el descubrimiento que hice recientemente. —El nuevo Mentat se
volvió con sequedad—. Es mi regalo para usted. Una proyección muy interesante.
Josef enarcó las cejas.
—Ahora tienes mi atención.
—Antes de que completara mi formación como Mentat, Gilbertus Albans y yo
estudiamos más de un siglo de registros, de conocidas rutas de vuelo trazadas y los
movimientos de las naves de las máquinas pensantes. Después de compilar las
innumerables pistas, realizamos una extensa proyección Mentat y cada uno de nosotros
llegó a la misma conclusión. —Draigo sonrió, manteniendo el suspenso—. Señor, he
postulado la posible ubicación de un gran astillero de las máquinas, una instalación de
fabricas de reabastecimientos de combustible que, con toda probabilidad, tiene un gran
número de naves e industria en órbita. Dado que no hay ningún registro de este depósito,
si es que existe, debo concluir que toda la instalación, casi de seguro, no ha sido
descubierta y permanece intacta.
Josef se iluminó.
—Y está allí para ser tomada. —Miró a la figura retorcida flotando en suspensores en
el tanque repleto de gas—. El espía mencionó que Celestial Transport ha encontrado este
tipo de instalaciones, pero no tengo ni idea de dónde están.
—Tal vez yo sí —dijo Draigo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Todas las junglas son ecosistemas únicos, y los bosques tropicales de Rossak lo son incluso mucho más, y más
importantes debido a los recursos bioquímicos que provee. Está entre nuestros intereses mantener todo el
control posible sobre los recursos de ese planeta.
—COMBINED MERCANTILES, reporte confidencial

Raquella llamó a Valya y a Dorotea a su librería y oficina privada, pero antes de que
pudiera terminar con sus negocios, Dorotea la interrumpió, visiblemente agitada.
—Reverenda Madre, estoy preocupada. Una de nuestras nuevas acólitas, la Hermana
Ingrid, no ha aparecido para sus clases desde ayer. No se encuentra en su habitación.
Nadie la ha visto.
Valya se tensó, pero la Reverenda Madre evitó hábilmente mirar en su dirección.
—Tu preocupación es admirable, Hermana Dorotea. Enviaré a investigar y a ordenaré
a las demás que ayuden en el asunto. —Alzó sus ojos, sentada ante su escritorio
observando a las dos mujeres a las que había convocado—. Pero tengo cientos de
estudiantes aquí en Rossak, y las llamé para discutir sobre una en particular: Anna
Corrino. Debido a sus rangos, debemos asegurarnos de que se la trate adecuadamente.
Hermana Dorotea, estuviste con los Corrino por un año. Me gustaría escuchar tus
opiniones sobre la Princesa.
—Pero la Hermana Ingrid…
—Estamos hablando sobre Anna Corrino en estos momentos. Tus opiniones, por
favor. —Su Voz se elevó poderosamente, llamando la atención de Valya y Dorotea al
mismo tiempo.
Dorotea parpadeó, y largó un rápido suspiro.
—Discúlpeme, Reverenda Madre. —Mientras Valya permanecía sentada frente a
Raquella, la otra Hermana se paseaba por la sala—. Sí, conozco muy bien a los Corrino, y
conozco la personalidad de Anna. No la cobije. Se comporta de manera presumida,
frecuentemente quejándose o usando técnicas de resistencia pasivas. Nunca ha
demostrado responsabilidad, ni siquiera ha interesado aprender sobre las consecuencias
de sus acciones.
—Nunca tuvo la oportunidad —agregó Valya—. Durante toda su vida, sus hermanos
se hicieron cargo de todos los problemas, salvándola siempre. Actuaba sólo donde podía
hacerlo, mientras se relacionaba inapropiadamente en un romance con un joven cocinero
en el Palacio, forzando a sus hermanos a enviarla aquí a Rossak, en un lugar sólo para
que no causara mayores problemas.
Raquella asintió.
—Hubiera sido mejor si aprendía a ser fuerte y competente por su cuenta. No creo
que el Emperador tenga expectativas particulares en nuestra escuela, más que mantenerla
lejos de los problemas. Pero estaríamos ignorando una importante oportunidad si no la

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convertimos en una de nosotras. Un día, Anna Corrino retornará a su familia, y nos


aseguraremos de que esté dedicada por completo a la Hermandad.
Valya permitió que su frustración se notara en su voz.
—No muestra intereses en nuestros salones de estudio, ni tampoco en los ejercicios
mentales.
Dorotea la observó.
—Tú eres esencialmente su cuidadora, asegurándote de que no se lastime, ¿pero qué
bienes le ha aportado eso? Con esconderla y protegerla no se volverá más fuerte. Necesita
afrontar los mismos vigorosos entrenamientos que todas las acólitas deben soportar.
—Es la hermana del Emperador —dijo Valya—. No debemos permitirnos que resulte
lastimada.
La Reverenda Madre asintió en consentimiento.
—Entonces deberás asegurarte de que no suceda, pero le estaríamos fallando a Anna
si no la entrenamos. Debemos empujarla, no cobijarla. Nuestras metas son mejorar a cada
Hermana. Tenemos que movernos hacia adelante, no estancarnos. Exponer las
dificultades del cuerpo humano y la psique; con salvaguardas apropiados, desde luego. —
Asintió, elevando a su mente sobre lo complicado que era aquello—. Pondremos a la
muchacha en situaciones de riesgo, la enviaremos en empresas de supervivencia por unos
cuantos días. Y deseo que ustedes dos la acompañen, que la vigilen. Vayan a las
profundidades de la selva, lejos de la ciudad-acantilado.
Valya comprendió los propósitos secundarios de la Reverenda Madre: ahora que
Dorotea comenzaba a hacer preguntas sobre Ingrid, deseaba a aquella mujer lejos de la
ciudad.

***
A Valya Harkonnen no le gustaba ser forzada a hacer las cosas. Le hacía sentirse
atrapada, sin control, y había dejado Lankiveil para escapar de aquello. Pero podía ver las
ventajas de pasar días en soledad con la hermana del Emperador.
Ahora Dorotea, Valya, y Anna caminaban por una pendiente volcánica rocosa a
diferencia de las densas selvas plateadas y púrpuras detrás de ellas. Vestían chaquetas
ligeras y ropa al aire libre en capas, y no llevaban tiendas de campaña, equipo, o
disposiciones. Como primer ejercicio de entrenamiento para Anna, la Reverenda Madre
quería que vivieran de la tierra, bebieran agua de los ríos, y comieran bayas, hongos e
insectos ricos en proteínas.
Habían estado lejos de las cuevas civilizadas durante tres miserables y muy largos
días, pero al menos habían mantenido a la chica Corrino con vida. La experiencia era
muy diferente de las salidas de Anna a los jardines del palacio.
Como era de esperar, Anna protestó tener que ir al ejercicio de supervivencia,
aferrándose a las comodidades mínimas de la solución de la cueva, pero una severa
Dorotea le recordó que una acólita debía seguir las reglas de la Hermandad.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Ya no estás en Zimia. Todas las acólitas son iguales aquí, y la Reverenda Madre
determina las asignaciones.
Valya trató de parecer más simpática.
—Es una parte importante de convertirse en una Hermana, nos fortalece. Recuerda, el
Emperador dio instrucciones estrictas de que no puedes volver a tu familia hasta que
completes tu formación.
La chica le había sonreído a Valya, al menos intentándolo… pero su dedicación se
disipó rápidamente. A las pocas horas de su partida del amanecer, Anna se quejó de los
pies lastimados, de maleza enmarañada, de los insectos que la picaban. No le gustaba el
sabor del agua que encontraron en los arroyos ni tampoco las tabletas antibacterianas;
afirmaba que estaba desesperadamente hambrienta, pero no quería comer bayas u hongos,
y mucho menos gusanos de un tronco podrido. Incapaz de dormir por la noche en el
suelo, reaccionaba de forma exagerada a cada pequeño sonido. En la caminata de hoy
estaba segura de que se había perdido, aunque seguía intentando parar y descansar, o
volver, pero sus compañeras no se lo permitían…
Tres largos días pasaron. A menudo, Valya y Dorotea se miraban o sacudían sus
cabezas. Para Valya, esto se había convertido en una misión de supervivencia de una
especie diferente…
No pudo evitar preguntarse dónde estaría Griffin ahora, si se las había arreglado para
rastrear y matar a Vorian Atreides. Con la inteligencia y las habilidades de lucha de su
hermano, parecía seguro de que tenía una tarea más fácil que esto.
La Hermana Dorotea tenía el hábito de dar una conferencia a sus compañeras en lo
que era comestible y lo que no, pero su actitud de superioridad y los métodos didácticos
se habían vuelto molestos. De sus propios años en el planeta, y muchos meses de trabajo
con Karee Marques, Valya sabía muy bien qué comer de la selva. Este era su décimo
ejercicio de supervivencia fuera de la ciudad acantilado; Dorotea, por el contrario, se
había ido de Rossak durante años.
Su objetivo era un grupo de aguas termales que esperaban alcanzar para el mediodía.
Visto en atisbos a través del dosel disperso, el cielo era de gris plomo, haciendo alusión a
la lluvia, y estaba más caliente allí, lejos de las brisas estacionales en las paredes de los
acantilados. Una vez que habían subido por encima de la mayoría de los árboles, el suelo
consistía en una áspera roca negra y porosa a la izquierda de un flujo de lava. La roca
oscura se revolvía en diques largos, con los dedos verdes de la selva que parecían fiordos
de color púrpura.
Ahora que la prueba estaba a punto de terminar, Valya levantó la vista para ver el
cielo gris engrosarse y oscurecerse mientras la lluvia comenzaba a caer. Aminoró el paso
y tomó la delantera a Dorotea; incluso Anna comenzó a caminar más rápido, ya que no
quería que la dejaran sola.
—Quiero llegar a las aguas termales —dijo Valya—, así podremos armarnos un
refugio.

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—¿Conocías a la Hermana Ingrid? —preguntó Dorotea mientras se abría paso entre la


maleza, doblando un helecho que cubría el camino—. La recomendé a Rossak después de
conocerla en Lampadas. Estoy preocupada por ella, que parece haber desaparecido así sin
más.
—Eso suena melodramático. —Valya fue cuidadosa de decir la verdad exacta,
manteniendo los indicadores de la falsedad fuera de su tono; después de su servicio en la
corte Imperial, Dorotea era muy hábil para detectar mentiras—. Probablemente ya ha sido
encontrada.
—Me alegro de que no viniera con nosotras aquí —dijo Anna, y entonces miró más
allá del camino para observar una mancha que cubría las espinas de unos hongos.
Al oír un estrépito y un chillido, Valya vio un borrón de movimiento que corría hacia
ellos, cerca del suelo. Anna gritó.
Con apenas una mirada entre ellas, Dorotea y Valya se colocaron entre Ana y el
animal, dejándose caer en posturas defensivas, manteniendo su centro de gravedad bajo.
Los colmillos de la bestia peluda rompían la maleza que crecía entre las rocas de lava, y
luego pisoteó hacia ellas con las patas como pistones.
En el último momento posible, en su propia falta de definición de movimiento, Valya
esquivó y dio una patada al animal, aturdiendo a la criatura y derribándola a su lado. Sus
reflejos de combate eran algo natural después de tantos años de entrenamiento con
Griffin. Mientras Dorotea tiraba de Anna para asegurarla, Valya saltó sobre el cuello de
la criatura y condujo su talón hacia abajo con la fuerza suficiente para aplastar su
garganta y las vértebras, un reguero de sangre a chorros emergió de la boca y las fosas
nasales de la bestia. Aun gravemente herido, el animal se retorció y trató de levantarse de
nuevo, antes de que sus piernas se doblaran y cayera, muerto.
Apenas jadeando, Valya volvió para mirar los ojos muy abiertos de Anna.
—Siempre puedes estar perfectamente segura, si sabes cómo protegerte. ¿No sería
eso una habilidad útil que tuviera la hermana del Emperador?
La joven asintió, todavía sin habla.
Dorotea se la quedó mirando, asombrada también.
—¿Dónde aprendiste a luchar así? Vi movimientos que nosotras no aprendemos en la
Hermandad.
—Mi hermano y yo nos enseñamos unos a otros. —Se sacudió, y luego se volvió más
pragmática—. Podría haber más de estos animales en las inmediaciones, y el cielo parece
siniestro. Creo que no debemos ir a las aguas termales. Iremos directamente a la escuela.
Como si fuera una señal, el suelo retumbó y se sacudió, lanzando rocas de lava negra
a un lado mientras una costura estrecha se abría, y chorros de una columna de vapor de
agua manaron, junto con un chorro fino de flujo rápido de magma escarlata en la selva,
haciendo que las plantas estallaran en llamas.
—Estoy de acuerdo —dijo Dorotea—. Podemos ir a la base del acantilado y
asegurarte. —Anna Corrino no se quejó.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Dorotea abrió el camino y se metió en la selva creciente, tomando a un camino cuesta


abajo de nuevo. Valya sintió crecer la inestabilidad del terreno debajo de ellas. Una salida
de vapor se abrió, espirando sibilantemente una fumarola, y saltó hacia Anna,
estrellándose en medio de las plantas y tropezando con la roca de lava áspera.
Hicieron su camino de salida de la zona de actividad volcánica y localizaron un débil
rastro, como un camino de juegos. Valya y Dorotea encontraron suficiente descanso en la
selva para orientarse y decidieron que podían hacer su camino de regreso a la ciudad-
acantilado al anochecer. Encontraron la base de la pared de roca y la siguieron,
avanzando entre la maleza. La lluvia no se presentó durante un tiempo
sorprendentemente largo, y luego comenzó a caer, corriendo rauda, por lo que Anna
encorvaba sus hombros y clavaba la mirada miserablemente en el suelo. Para Valya, por
otro lado, el tiempo le recordaba a una borrasca agradable en Lankiveil.
Un poco más adelante, Dorotea gritó alarmada, y Valya apresuró hacia Anna para ver
lo que sucedía. La Hermana mayor estaba mirando los fragmentos espeluznantes de un
cadáver, los huesos y un cráneo que eran claramente humanos, todo rasgado en pedazos,
y la destrozada túnica verde tejida de una acólita colgaba en jirones de los arbustos. El
corazón de Valya se hundió.
—Es Ingrid —dijo Dorotea, llorando—. ¡Sabía que algo le había pasado! —
Desprendió una fina cadena de oro enredada en los huesos sangrientos. Valya lo
reconoció: el símbolo de los Butlerianos, un puño cerrado alrededor de un engranaje
estilizado.
Mirando hacia arriba, Valya vio a través de la lluvia que estaban cerca de los túneles
habitados. Ella y Raquella habían arrojado el cuerpo de la acólita mucho más profundo en
la selva y lejos de cualquier camino, pero los depredadores debían haberla arrastrado
hasta allí.
Afortunadamente, una nauseabunda Anna dijo exactamente lo correcto:
—Pobre Ingrid, debe haber caído por el precipicio. Los animales la arrastraron aquí…
¡y se la comieron!
Dorotea tenía una expresión dura que parecía como si se hubiera agudizado en una
piedra de afilar.
—Pero, ¿cómo se cayó por el precipicio? Eso no suena a ella. Siempre se mantenía
firme. —Dorotea se limpió la lluvia, y con el rostro empapado de lágrimas, alzó la mirada
hacia la alta pared natural.
—¿Deberíamos llevar el cuerpo con nosotras, o dejarlo aquí? —preguntó Anna. No
parecía ansiosa por tocar el cadáver.
Valya se mantuvo inflexible, sabiendo lo que tenía que decir.
—Es la manera de la Hermandad dejar el cuerpo aquí, para que la naturaleza siga su
curso.
Agarrando la cadena en la mano, Dorotea se alejó lentamente del lugar horrible, como
si sus músculos no respondieran a las órdenes. Pensando en el control de daños, Valya se
movió al lado de Dorotea y le puso un brazo reconfortante a su alrededor.

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—Sé que era tu amiga.


Mientras consolaba a la Hermana mayor, sin embargo, vio un destello de celo en el
rostro de Anna, pero Valya necesitaba estar cerca de Dorotea, también, para asegurarse
de que no le hiciera demasiadas preguntas equivocadas.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Un hombre podrá alejarse velozmente, pero nunca podrá escapar de sí mismo.


—Aforismo Zensuní

Los cielos de Arrakis se tenían de verde claro, y la seca tierra baldía oliva estaba untada
con velos del omnipresente polvo. Aquel día los bientos eran leves, y las estaciones
meteorológicas no preveían actividad de tormentas, por lo que el jefe del equipo permitió
que Vorian Atreides volara una de las aeronaves exploradoras mientras que las
operaciones de cosecha de la especia de VenHold continuaban en el valle.
A pesar de que el viejo canoso Calbir había puesto a prueba el dominio de Vor en la
cabina varias veces, todavía lo trataba como a un piloto novato, dándole conferencias a
través de la lista de verificaciones, advirtiéndole que vigilara las violentas corrientes
ascendentes térmicas o los inesperados ciclones localizados.
—Nunca hay que subestimar a Arrakis, joven, porque a este planeta le importas un
comino.
Vor prometió ser cuidadoso y salió volando, con la intención de buscar cualquier
cambio en el cielo, o la más leve ondulación de un gusano de arena que se acercara. Este
era su tercer vuelo explorador en solitario en una semana, y conocía sus capacidades.
Al amanecer, los exploradores de especia habían visto manchas oxidadas en las dunas
en el medio de un valle cerrado, rodeado de rocas. El valle protegido era grande, pero
seguía siendo demasiado pequeño como para ser del dominio exclusivo de un gusano de
arena gigante, aunque las fuertes vibraciones de la maquinaria de la cosechadora de
especia eventualmente atraían a una de las criaturas. Afortunadamente, la única abertura
mayor al desierto era un estrecho cuello de botella en los acantilados, así que sabía
exactamente por donde un gusano tendría que entrar.
Mientras que la excavadora se escabullía por las arenas abiertas del valle, llegando
hasta el seguro bastión de rocas, Vor giró la aeronave en un amplio arco, dando vueltas
de horizonte a horizonte, en busca de alguna señal de un gusano merodeador. Mantuvo
los ojos abiertos mientras volaba su patrulla, pero se esperaba que los hombres tuvieran
más de la cantidad normal de tiempo para instalar su cosecha. Los altos muros del valle
formaban una fortaleza natural.
Ganó la altitud y dio la vuelta a la cuenca del desierto, explorando la extensión
ondulada de las dunas de abajo en busca de alguna señal de gusanos. Hasta ahora, el
páramo de arena se veía sereno, calmante, e hipnótico…
Vor se relajó, inhaló profundamente, y se preguntó cómo sería limpiar y liberar el
enorme vacío, los bordes afilados y las sombras abruptas, las vistas de la mente,
abriéndola y liberándose de siglos de pensamientos. Echaba de menos a Mariella, a su
familia y amigos en Kepler, pero se consoló al saber que estaban a salvo de los
esclavistas. La punzada agridulce era fuerte en su corazón, a pesar de que se desvanecería
conforme pasaran los años… como lo había hecho antes.

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Dejando que se desplomara la línea de memorias más profundas, pensó en Leronica,


la primera mujer a la que le había dado una vida humana normal, y en sus hijos, Estes y
Kagin. Pensó también en el ascenso y caída de su mejor amigo Xavier Harkonnen
durante la terrible Yihad… y la hermosa y trágica Serena Butler. Tantos recuerdos, tanto
tiempo.
Pensó además en su protegido, Abulurd Harkonnen, en quien había invertido tantas
esperanzas, pero que había desobedecido las órdenes directas de Vor asegurando la mejor
de las razones, y lo peor de las tácticas cuando el destino mismo de la humanidad pendía
de un hilo. Abulurd lo había traicionado, y a toda la humanidad, en el choque final contra
las máquinas pensantes, y Vor se había ocupado de que Abulurd fuera condenado y
desterrado.
Sí, el estar tan solo le ayudaba a cristalizar sus recuerdos y ponerlos en un estante de
su mente como artefactos en un museo. También dejaba que Vor siguiera adelante con su
vida… su larga, larga vida.
Miró hacia abajo de nuevo, explorando el desierto mientras terminaba su amplio
círculo. Aún no había señales de gusanos, sólo el agudo sonido del endiablado polvo que
pirueteaba en la cima de una duna.
Una ráfaga de transmisión cruzó la línea de comunicación, crepitando con estática en
la cabina de Vor. Siempre había estática a causa del polvo y la carga ambiental en la
atmósfera, pero ahora escuchó gritos, una algarabía de voces asustadas, un golpe fuerte.
—Dioses de las profundidades, que de…
—¡Estamos bajo ataque!
A continuación, un grito y una oleada de estática llenaron la línea de comunicación,
antes de silenciarse abruptamente.
Los dedos de Vor se detuvieron justo encima del botón de transmisión cuando la
aeronave giró alrededor y voló de nuevo hacia el valle protegido. Quería pedir detalles,
explicaciones, pero la precaución le aconsejó permanecer en silencio, sintiendo que esto
podría no ser un encuentro con un gusano de arena. Vor no quería dejar que los atacantes,
si eran humanos, supieran que estaba viniendo. Estaba a decenas de kilómetros de
distancia, pero empujó los motores de la aeronave a su aceleración máxima.
Cuando se acercó el valle, sin embargo, redujo el poder de los rugidos de los motores
de la aeronave para que todo fuera mucho más tranquilo. Desde lejos, aún podía ver las
nubes de polvo que se disipaban desde el tubo de escape de la excavadora. Se abalanzó
hacia el valle y vio a tres de los rodillos en las dunas ardientes, sus motores estallados, y
cuerpos humanos esparcidos en la arena. Los motores de la excavadora se habían cerrado
en el centro del valle, y la enorme mole de metal estaba sentada, cubierta de polvo, sobre
sus patas, unos parches desnudos de su reluciente casco de metal en la luz del sol.
Otra persona podría haber entrado en pánico y apresurarse para regresar a Arrakis
City y realizar un informe y pedir refuerzos, pero Vor no era la clase de hombre que
dejaba que una crisis continuara sin su intervención. Aunque su aeronave probablemente
tenía suficiente combustible para realizar otro viaje, para cuando redactara su informe y

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

trajera ayuda, sería demasiado tarde. Para entonces, los gusanos de arena podrían haber
borrado todas las pruebas.
Tenía que hallar las respuestas a lo que había atacado a la tripulación de especia, y
ayudar a cualquiera que todavía pudiera estar vivo. ¡Había sucedido tan rápido, y no
había ninguna causa a la vista! Menos de quince minutos habían pasado desde que se
había recibido la señal de emergencia. Si una fuerza paramilitar de una operación de
especia rival había atacado la excavadora, Vor no tenía ningún arma excepto su ingenio y
habilidades de combate. Incluso su cinturón escudo personal estaba sellado dentro de su
armario a bordo de la excavadora.
Vor aterrizó en la arena marcada con pisadas y dejó los motores de despegue de la
aeronave activos, pero en estado de alerta. Cualquiera que fuera la fuerza que había
atacado y devastado las operaciones allí tendría que haber visto a su nave exploradora; si
es que aún se encontraba allí. Cualquiera que estuviera familiarizado sobre cómo
funcionaba el negocio de melange sabía que al menos una nave exploraba cada operación
de cosecha.
Salió de la cabina y aterrizó en las blandas dunas, y luego corrió hacia la imponente
máquina de metal. Tres cadáveres quemados yacían junto a una pila de cuerpos de los
hombres que conocía. Vor no se permitió pensar en sus nombres. Todavía no. Había visto
cuerpos en campos de batalla antes… pero este no se suponía que fuera un campo de
batalla.
Sintió un recordatorio escalofriante a cuando había tratado de detener a los traficantes
de esclavos en Kepler, cómo había llegado demasiado tarde para impedir que los buques
de carga humanos se llevaran a su familia y vecinos, despegando hacia el cielo con ellos.
Las vainas de carga de especias llenas permanecían intactas, y nadie había utilizado el
lanzamiento de emergencia, la cápsula de escpe aún aguardaba en el puente superior.
La rampa de entrada estaba abierta, mostrando el cavernoso y oscuro interior de la
excavadora, pero Vor decidió instintivamente no entrar por ese lado. En cambio, corrió a
la parte delantera de la gigantsca máquina. Durante las operaciones activas, un amplio y
redondo transportador cubierto de arena engullía la capa superiora del desierto, para
luego arrojar la arena en los recipientes centrífugos de procesamiento.
Agachándose, Vor trepó por el transportador y entró en la máquina de procesamiento
a través de la rampa de entrada, emergiendo en la primera tolva en forma de caja.
Cubierto con polvo, detuvo la necesidad de toser por el fuerte olor de canela de especia
en el aire. Se arrastró hacia adelante.
Los cuerpos de otros tres trabajadores yacían en la cubierta de metal. Un contenedor
de especia cosechada había sido abierto, el polvo rojizo derramado imprudentemente en
el suelo. Miró de lado a lado, deconstruyendo las sombras, pero no vio ningún
movimiento, no oyó ningún ruido.
Debe haber sido una operación quirúrgica, un poderoso asalto y retroceso de
contramedidas podrían haberse empleado. Se acordó de sus compañeros de tripulación
hablando de los enemigos que Josef Venport se había creado cuando no tenía

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consideración de los competidores en el negocio de la melange. Esto apestaba a un ataque


de represalia.
La excavadora crujía y vibraba, a pesar de que los motores habían sido apagados. El
calor del sol y el metal helado causaban que se asentara. Con nadie afuera buscando
señales de gusanos, Vor se dio cuenta de que un gusano de arena podría aventurarse a
través del cuello de botella en las paredes de los acantilados en cualquier momento. Pero
estaba más preocupado por un tipo diferente de enemigo ahora: alguien había asesinado a
sus compañeros de tripulación, sus amigos, y el honor le impulsaba a descubrir quién era.
Con pasos suaves se arrastró por las escaleras metálicas planas hacia la cubierta de
tripulación repleta de sombras, que debería haber estado vacía, ya que se requería que
todos los trabajadores de servicio durante las operaciones cosechadoras de especia
permanecieran activos. Aun así, Vor descubrió un solo cuerpo allí, un hombre tendido en
la cubierta, con el cuello roto. Moviéndose tan silenciosamente como podía, recuperó su
cinturón protector de su casillero y lo encendió, pero no lo activó aún.
También tomó pistola de bengalas de un armario de emergencia, una pesada palanca
de un juego de herramientas y, llevando las armas improvisadas en cada mano, se dirigió
hasta un nivel más a la plataforma de operaciones. Aunque el miedo hacía a Vor
cauteloso, su emoción lo hacía avanzar. ¿No estaba acaso toda la tripulación de especia
muerta? Tenía que ver si alguien necesitaba rescate. Era sólo un hombre, pero estaba
acostumbrado a actuar solo. Había conseguido numerosas victorias en la Yihad,
derribado planetas enteros de las máquinas a través de la destreza y las ideas inteligentes.
Se sentía listo para enfrentar a los asesinos y saboteadores que habían hecho esto, aunque
se dio cuenta de que no podía derrotar a una fuerza paramilitar entera. Comenzó a sentir
que tenía demasiados compromisos por sí mismo, y siempre tenía que preocuparse por un
gusano de arena.
Arrastrándose por las escaleras metálicas hasta la escotilla de entrada de la plataforma
de operaciones, se quedó paralizado. Justo dentro de la puerta, el rostro del viejo Calbir lo
miraba fijamente, con los ojos abiertos y la boca abierta y babeante, pero no era más que
su cabeza, apoyada en un panel de comunicación. El resto del cuerpo del jefe de equipo
yacía desplomado en la silla dos metros de distancia. A juzgar por el muñón irregular del
cuello, parecía como si la cabeza del Calbir hubiera sido arrancada de su cuerpo. Otro
hombre yacía muerto en el interior de la escotilla abierta de la cápsula de escape, con el
cuerpo tendido boca abajo y una herida abierta y sangrante en la espalda.
En el panel de control principal, con los brazos cruzados sobre el pecho, había un
hombre y una mujer que parecían tener unos veinte años de edad. Enjutos y salvajes,
como panteras, estaban cubiertos con sangre desde sus manos hasta sus hombros.
—Tú debes ser Vorian Atreides —dijo el hombre—. Sabíamos que no intentarías
huir.
Los labios de la joven se curvaron en una sonrisa.
—Se parece a ti, Andros. El parecido es sorprendente.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Vor había esperado ver a un ejército entero, considerando el daño que habían dejado a
su paso, pero estos dos estaban aparentemente solos. Encontró algo extrañamente familiar
en sus rostros, sus ojos grises, su pelo oscuro. La pareja mortal desenrolló sus brazos,
como cobras que se preparan para la huelga, y su piel brilló con un brillo metálico
subyacente. Avanzaron al unísono, acercándose a él con una marcha fluida y
depredadora.
—Simplemente sorprendente, Hyla —dijo el hombre.
La joven mostró un arma en su mano rechoncha.
—Queremos hablar contigo, Vorian… y tal vez jugar contigo un poco, hasta que
obtengamos algunas respuestas. No puedes saberlo, pero tenemos muchas cosas en
común, y tanto potencial juntos.
Sin importarle lo que querían decirle, Vor activó su escudo personal corporal, y el
rizado zumbido apareció rodeándolo una fracción de segundo antes de que la mujer
disparara su aturdidor. La explosión golpeó inútilmente contra su escudo.
—¡Creí que habías dicho que nadie usaba escudos en operaciones en el desierto!
Hacía muchas décadas, Vor había visto ese tipo de armas cuando los cimek reprimían
disturbios entre sus poblaciones humanas esclavas. Sabía también que podían
configurarse para matar.
Cuando el aturdimiento no logró incapacitar a Vor, el joven se lanzó hacia adelante.
Vor lo esquivó y alzó la gruesa palanca de metal golpeando a Andros en las costillas;
pudo decir que el hombre no llevaba escudo propio. Al ver toda la muerte y el caos, Vor
no contuvo su fuerza. El impacto fue sólido, y Andros se estremeció, pero agarró la
palanca y se la sacó de la mano a Vor.
Vor se retrasó. El golpe debió haber roto las costillas del joven, ¡pero ni siquiera
parecía magullado! Ahora Hyla se lanzó sobre él, y Vor disparó la pistola de bengalas en
el pecho. El flash del proyectil explotó y la lanzó de nuevo hacia Andros y ambos
estallaron en llamas. Todavía venían hacia él, con llamas consumiendo sus ropas.
Vor se balanceó sobre la baranda y se dejó caer a la cubierta inferior. Si aquellos dos
habían matado a toda la tripulación, era una tontería luchar de pie contra ellos. Sólo unos
pocos segundos por delante de la pareja, Vor se topó con los alojamientos de la
tripulación, selló la puerta del mamparo, y se trasladó hacia el extremo opuesto de la
cubierta.
La misteriosa pareja asesina comenzó a golpear la puerta de metal, y luego una ráfaga
explosiva rompió la cerradura. Tenía la esperanza de ganar más tiempo que eso, pero los
dos lo seguían, corriendo hacia adelante con su ropa quemándose lentamente y la piel
ennegrecida, pero sin actuar como si estuvieran heridos en absoluto.
No debía subestimarlos, aunque no tenía ni idea de quiénes eran o cómo habían
obtenido esos poderes. Tenía que pensar en alguna forma de incapacitarlos, o al menos lo
suficiente como para poder regresar a su aeronave que lo esperaba.
Preguntas clamaron en su mente: ¿Quiénes eran estas personas? No parecían ser
saboteadores de una operación de especia rival. Andros y Hyla: no reconocía sus

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nombres, pero estaba seguro de que no sabría nada de ellos. ¿Qué es lo que querían? Y
que familiaridad extraña en sus rostros, así como la similitud de apariencia entre Vor y
Andros, una observación que Hyla había hecho. ¿Una coincidencia, o significaba algo
más?
Vor corrió por la longitud de la excavadora, se dejó caer a otra cubierta, y se dirigió a
las cápsulas de carga llenas de especia, donde una puerta de salida de emergencia le
permitió huir. Llegó a la sellada puerta de metal, la abrió, y salió a una pasarela a lo largo
de la parte exterior de la excavadora. El viento caliente silbaba alrededor de la cápsula de
carga de melange, estaba a más de quince metros sobre el suelo.
Normalmente, el mecanismo de expulsión para el lanzamiento de emergencia de las
vainas de carga era operado desde el puente de la excavadora, pero los controles
manuales secundarios estaban allí. Frente a un gusano que se aproximaba y la pérdida del
vehículo gigante, Vor dudaba que muchos trabajadores de especia tuvieran la suficiente
presencia de ánimo para salvar el cargamento de melange cuando ellos mismos estaban
condenados, pero ahora estaba contento por la cápsula de seguridad. Si activaba la
secuencia, tenía menos de un minuto.
Andros y Hyla emergieron de la escotilla de escape y corrieron tras él a la pasarela
alrededor de la cápsula de carga.
—Sólo queremos hablar contigo —llamó Hyla con una voz carente de emociones—.
Si eres útil, podemos decidir no matarte.
Vor llegó a un polo de escape y una escalera de metal delgada que corría por la parte
exterior de la cosechadora de especia. Comenzó a deslizarse, pero los peldaños
interfirieron, le hacían ir más lento.
Cuando estuvo a tres metros por encima de la arena se soltó y cayó, justo a tiempo
para ver Andros y Hyla parados en la escalera. El joven disparó su arma, y el impacto del
disparo derritió un parche redondo de arena convirtiéndola en vidrio a medio metro a su
izquierda.
En ese momento, el procedimiento de expulsión liberó los pernos de anclaje y lanzó
la cápsula de carga de melange en el aire, arrastrando a sus dos perseguidores con él.
Vor permaneció en el suelo, y luego se puso de pie de nuevo, y corrió por la arena
empalagosa hacia su aeronave exploradora aterrizada. Miró hacia atrás, viendo elevarse a
la cápsula de carga en el aire. El joven y la mujer se aferraban a la pasarela, colgados,
mientras la cápsula de carga se elevaba más alta, cincuenta metros por encima del suelo.
Andros y Hyla se soltaron al mismo tiempo, como si hubieran tomado una decisión
mutua.
Mientras volvía a la cabina, Vor observó a los dos caer en picado al suelo.
Aterrizaron simultáneamente en posiciones seguras incluso desde una altura imposible, y
luego se lanzaron de nuevo, saltando hacia la aeronave sin la más mínima lesión o
vacilación.
Vor encendió los motores de la nave, y despegó verticalmente desde las arenas
incluso antes de que la cubierta de la cabina se hubiera cerrado. Volar una nave era su

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

segunda naturaleza, y ahora giró alrededor y se dirigió hacia los afloramientos rocosos
que rodeaban el valle. Si podía salir al desierto abierto, volaría directamente hacia
Arrakis City.
Antes de que ganara altitud, una pequeña explosión golpeó el tren de aterrizaje de su
aeronave, y uno de los motores tosió, rugió, y luego colapsó. Los perseguidores habían
disparado sus antiguas armas cimek, dañando los motores. El volante comenzó a dar
vueltas, pero Vor luchó con los controles, tratando de mantener la altitud, sin estar seguro
de si era mejor aterrizar en las arenas abiertas más allá del cuello de botella, o en las
rocas, donde al menos podría ocultarse.
El humo brotaba de ambos motores. El joven volvió a disparar, pero falló. Vor estaba
muy cerca de la tierra, pero con una explosión de energía auxiliar pudo alejarse, en un
intento de conseguir la mayor distancia posible de sus perseguidores. Su mente corrió. No
había ningún lugar donde esconderse en las dunas, pero podía ponerse a cubierto en la
cresta rocosa, tal vez tenderles una emboscada, aunque Andros y Hyla no serían blancos
fáciles.
En el generador de imágenes trasero, vio las dos figuras diminutas que corrían por el
valle abierto, literalmente, corriendo tras la herida aeronave mientras intentaba escapar.
El vientre de su nave desaceleró al raspar una duna alta, enviando una ola de polvo y
arena en el aire. Vor aguantó, sacudido por el impacto, y trató de seguir volando, pero la
aeronave golpeó el suelo de nuevo y se estrelló contra la arena. Se las arregló para
levantarse una última vez, acercándose hacia la línea de rocas que formaban una barrera
alrededor del valle. Finalmente, se deslizó en la arena suave y viró a hacia una abrupta
parada discordante contra las primeras rocas. Su escudo corporal lo protegió de los golpes
fuertes durante el choque.
Abrió el dosel, saltó y corrió hacia las losas erosionadas de roca, abriéndose paso, con
las manos y los pies para subir cuando fuera necesario. Miró por encima del hombro para
ver a las dos figuras corriendo hacia él sin inmutarse, dejando líneas de huellas a través
de la arena blanda.
Las rocas calientes por el sol quemaron los dedos de Vor, pero siguió subiendo. Una
vez que llegó a un punto de ventaja, vio cómo los dos se detenían para estudiar su nave
estrellada, pero en cuestión de segundos comenzaron a ascender en las rocas. Mantuvo un
ojo hacia fuera buscando ondas reveladoras de movimiento de algún gusano: atraída por
la conmoción, tarde o temprano, una de las bestias podría encontrar su camino a través
del cuello de botella en el valle cerrado. Pero por ahora, las arenas se mantenían plácidas.
El corazón de Vor latía mientras subía a la cima de la cordillera, donde se sorprendió
al encontrar una extraña mujer de pie que, al parecer, lo esperaba. Llevaba un atuendo
camuflado del desierto apareciendo entre las rocas, y llevaba una mochila con
herramientas. Estaba tan cerca, Vor no podía creer que ella había subido allí arriba por él.
La mujer era de edad indeterminada, su piel erosionada, pero sus ojos brillaban.
Mechones de pelo castaño revoloteaban alrededor de la capucha que le cubría la cabeza.

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—Tú debes ser parte de la tripulación de especias ahí abajo —dijo casualmente, como
pidiendo su color favorito. Tapones sellaban su nariz, dándole a su voz un acento nasal.
—Soy el único sobreviviente. —Vor señaló a los dos que ahora subían por las
rocas—. Esos dos emboscaron y asesinaron a todos en la cosechadora. No sé quiénes son,
pero son tan fuertes como mek de combate. —Volvió su atención hacia ella—. ¿Y quién
demonios eres tú?
—Soy Ishanti. Trabajo para Josef Venport, vigilando a algunas de las operaciones
exteriores de especia. Pero nunca esperé esto. Tenemos que salir y hacer nuestro informe.
Todavía respirando con dificultad, Vor miró a la extensión de desierto bronceado más
allá de las rocas.
—¿Tienes un transporte? ¿Cómo podemos escapar?
—No tengo ningún vehículo.
Vor parpadeó.
—Entonces, ¿cómo conseguiste hacer todo el camino hasta aquí?
—Utilizo lo que el desierto tiene para ofrecer, y es lo que utilizaremos una vez más.
Sígueme. Tengo una idea. —Ishanti revoloteó por las rocas, manteniéndose baja y
escondida por su bata del desierto, pero le dijo a Vor que se dejara ver. Pasaron junto a
una muesca rocosa llena de grava suelta. Subieron una pendiente por delante de ellos,
varias rocas enormes y redondas estaban equilibradas precariamente en la parte superior
de una rampa.
Al ver la silueta de Vor, Andros y Hyla se revolvieron como arañas hasta la muesca
rocosa. Ishanti los vio y sonrió.
—Todo lo que necesitan es un pequeño empujón. —Ella y Vorian empujaron con
todo su peso las rocas, moviendo las dos más grandes y soltándolas. Las pesadas rocas
comenzaron a rebotar y caer, destruyendo las paredes. La pequeña avalancha tomó
impulso, corriendo hacia abajo.
Andros y Hyla se vieron atrapados en el embudo, y aunque trataron de trepar por las
paredes rocosas, las piedras los arrastraron. Vor esperaba que estuvieran convertidos en
pulpa, pero de alguna manera el joven y la mujer corrían a lo largo y por encima de las
rocas que caían, sus pies moviéndose rápidamente, hasta que ya no pudieron seguir el
ritmo y cayeron por la ladera. Vor no se permitió tiempo para suspirar. En la base del
acantilado, vio a los dos moverse de nuevo hacia él, lanzando rocas rotas a los costados,
desenterrándose a sí mismos.
—Tenemos que irnos —dijo Ishanti—, por el otro lado de la cordillera hacia el
desierto abierto. ¿O prefieres esperar y luchar?
—Ya lo he intentado. ¿Qué hay en el desierto abierto?
—Seguridad. Pero, en primer lugar, apaga el escudo, a menos que quieras morir.
—Me ha mantenido vivo hasta ahora.
—Pero allá afuera en las dunas no lo hará. El campo atraerá a un gusano y lo volverá
loco. Los monstruos son bastante difíciles de controlar.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

¿Controlar? Vor no sabía lo que quería decir, pero obedientemente apagó su escudo.
La mujer trotó por la pendiente empinada, descendiendo como una cabra de montaña
hasta llegar a la superficie del desierto. Sin detenerse, salió corriendo hacia la abierta
expansión de arena.
Él jadeaba tras ella.
—¿A dónde vamos?
Ishanti se volvió para mirarlo, sus ojos profundamente azules; Vor había llegado a
reconocerlo como un signo de la adicción a la especia de toda la vida.
—Confía en mí, y confía en lo que sé del desierto.
No dudó.
—Está bien, confiaré en ti.
A pesar de que utilizaba pocas palabras, Ishanti se explicó mientras se dirigían hacia
las dunas.
—Con las operaciones de especia en el valle, debe haber un gusano ya cerca.
Tendremos que esperar a que venga por nosotros antes que esos dos nos alcancen.
—No suena mucho como una elección.
En la cima de una cresta de dunas, se protegió los ojos para escanear la línea de rocas
que acababan de dejar. Andros y Hyla ya estaban siguiendo su camino hacia abajo, hacia
la arena. Vor se preguntó si eran androides, con la piel acorazada y habilidades mejoradas
de lucha.
—Normalmente te aconsejaría pisadas regulares o pesadas —dijo Ishanti—, pero
ahora queremos llamar su atención. Simplemente corre. —Su mochila estaba replaeta con
herramientas e instrumentos extraños, postes, ganchos, un rollo de cuerda colgaba por
fuera. Sin disminuir la velocidad, la mujer del desierto sacó los artículos que
necesitaba—. Mantén los ojos abiertos ante las señales de gusanos; eso significará que
Shai-Hulud estará sobre nosotros, y no tendremos mucho tiempo.
Detrás de ellos, Andros y Hyla llegaron a la arena y se lanzaron hacia adelante, al
parecer sin cansarse. Vor pudo ver que su ventaja disminuía rápidamente. Luego se
volvió hacia delante para ver un resplandor semejante a la onda de choque, acompañado
de vibraciones que retumbaron a través de la arena. Señaló.
—¡Un gusano!
Ishanti asintió.
—Bien. Viene exactamente de la dirección correcta. Podremos hacerlo. —Se puso de
rodillas y sacó más artículos de su mochila—. Permanece junto a mí, y has lo que yo
haga. Hay una muy buena posibilidad de que los dos estamos a punto de morir, pero
también hay una posibilidad de que nos alejemos.
Vor no tuvo tiempo de hacer preguntas mientras la ondulación de la arena perturbada
corría hacia él como un oleaje espumoso durante una tormenta en el océano. Ishanti
removió algo que parecía una pequeña granada sónica. Activó su luz intermitente y la tiró
en un hueco en las dunas no muy lejos. Se agachó en la cresta.
—Espera y observa. Prepárate.

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—Estoy listo —dijo, pero no sabía realmente para qué estaba preparado.
La granada sónica detonó, y envío un pulso fuerte que latió en la arena, casi
ensordeciendo a Vor. El gusano de arena que se acercaba surgió de debajo de la arena,
levantando una boca cavernosa lo suficientemente grande como para tragarse incluso a la
mayor cosechadora de especia. A pesar de haber vivido durante siglos y haber visto
muchas cosas increíbles, Vor contuvo la respiración, de pie temeroso en la cresta de
dunas. El gusano sin ojos se volvió hacia la fuente del pulso, raspando su espalda surcada
tan cerca de ellos que Vor podría haber lanzado una piedra y golpearlo.
Ishanti de hecho corrió hacia el gusano de arena, y él se hallaba justo detrás de ella.
—¡Vamos, sólo tenemos unos pocos segundos! —Como una loca, trotó a lo largo y
saltó sobre la cresta inferior del gusano, usando un gancho con punta como un garfio.
Después de tener éxito, Ishanti extendió el brazo derecho por él—. ¡Toma mi mano!
Asombrado por lo que estaba haciendo, Vor le tomó la mano, y lo levantó sobre el
lomo del gusano, donde le dio uno de sus gancho. No creía, sólo seguía su ejemplo.
Subieron la línea de segmentos anillados, y el monstruo continuó, sin darse cuenta de los
insignificantes jinetes.
Ishanti atascó una palanca en las grietas entre los anillos del gusano. Con un gruñido
pesado, la empujó, abriendoel anillo exponiendo la piel de color rosa suave debajo. El
gusano de arena se estremeció, e Ishanti pinchó la tierna carne. Por último, el gusano se
revolvió para evitar el dolor y comenzó a rugir al desierto.
—Átate. —Le arrojó a Vor el otro extremo de la bobina de cuerda—. Tenemos que
aguantar hasta que lleguemos lo suficientemente lejos.
Hizo lo que le dijo. Dejando una estela de arena batida por detrás, el gusano se
marchó con una velocidad asombrosa. Con su pelo azotando alrededor de su cara, Vor se
volvió para ver a Andros y Hyla de pie, derrotados en las arenas abiertas.
Ishanti guió al gusano hacia adelante, y huyeron hacia la desolación del desierto
profundo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Una búsqueda exitosa depende de la persistencia y la buena fortuna, pero una misión exitosa depende del
carácter de la persona a la cual le fue entregada.
—XAVIER HARKONNEN, memorias de la Yihad de Serena Butler

Teniendo en cuenta la cantidad de riqueza y comercio que fluía de Arrakis, Griffin


Harkonnen se sorprendió al ver que el puerto espacial de la ciudad principal era poco más
que un barrio pobre lleno de gente. Con el comercio de especia, había esperado una
metrópolis moderna, pero en lugar de eso vio que la gente vivía en chozas hechas de
ladrillo fundido y polímero. Todas las ventanas y puertas estaban selladas para evitar que
el polvo ingresara. Arrakis tenía una reputación de succionar las riquezas y las esperanzas
más rápido que los buscadores de fortuna podían ganar de nuevo en el desierto.
Cuando llegó y vio a toda la gente sin esperanza que no tenía ninguna posibilidad de
conseguir algo fuera del planeta, el corazón de Griffin se hundió, mientras sentía
nostalgia del rústico Lankiveil, sin importar las dificultades de vivir allí. Pero se negó a
abandonar su búsqueda, su deber.
«Venga nuestro honor familiar, Griffin,» había dicho su hermana. «Sé que puedo
contar contigo».
Siempre había sabido que la búsqueda de un hombre en todo un planeta sería difícil,
incluso para una persona extravagante que llamara la atención como Vorian Atreides,
pero cuando miraba a los acantilados y el desierto sin fin más allá, no podía entender por
qué alguien elegiría venir aquí.
Si la investigación de Griffin era exacta, Vorian Atreides era bastante rico, ocultando
su fortuna en varios planetas. En Kepler, Griffin había visto por sí mismo que el hombre
era muy querido, incluso reverenciado. Si el Emperador había pedido a Atreides dejar
Kepler, ¿cómo no había optado por construir una finca en alguna parte y vivir
cómodamente?
El hombre le había dicho a su familia a dónde tenía la intención de ir después de salir
de Kepler. El secreto no había sido difícil de descubrir. Griffin no creía que Atreides
estuviera huyendo, o escondiéndose, y no tenía ninguna razón para creer que su presa
podría tomar medidas extremas para cambiar su nombre o disfrazar su identidad. No tenía
idea de que Griffin lo estaba rastreando, así que ¿por qué habría de huir? ¿Por qué habría
de ocultarse? A pesar de ello, Griffin dudaba que fuera tan fácil de encontrar. Aquel vasto
planeta desolado parecía un mundo simple para que pudiera desaparecer.
Valya había odiado al vástago Atreides durante tanto tiempo que sólo lo veía como un
monstruo que tenía que ser castigado por lo que le había hecho a la Casa Harkonnen.
Pero Griffin quería entender al hombre que iba a matar, recopilando toda la información
que podía sobre la larga vida de Vorian, incluyendo sus primeros años en el Imperio de la
máquinas antes de cambiar de bando y unirse a la Yihad de Serena Butler… así como su
amistad con el antecesor de Griffin, Xavier Harkonnen, la gran purga atómica que había

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borrado todos los Planetas Sincronizados y, finalmente, la trascendental Batalla de


Corrin, después de la cual Vorian Atreides había ennegrecido el apellido Harkonnen para
siempre.
Pero ¿por qué un hombre como él vendría de buenas ganas a un lugar como Arrakis?
Para juntar más riquezas, suponía Griffin, por el gusto que estaba haciendo alguna gente
rica.
Se quedó solo por un tiempo, rodeado por el bullicio de las multitudes indiferentes, y
luego partió a la ciudad. Su piel era todavía suave y húmeda, y ya estaba quemada por el
sol.
Detrás de él, un transporte cisterna de agua de gran tamaño voló, proviniendo desde
un mundo donde el agua podría recogerse de un océano alienígena, luego ser desalinizada
y trasladada allí. Conociendo los costos del transporte comercial por su trabajo con las
pieles de vallena, Griffin pensó lo desesperado que aquel mundo debía estar por agua si
era comercialmente viable volar una nave de un planeta a otro y obtener un beneficio de
ella. También comprendió por qué la melange allí era tan cara. Simple economía.
Griffin se mostró cauteloso con sus propios fondos limitados, cargando efectivo
secretamente en varios bolsillos y mochilas en su cuerpo. Había presupuestado todos sus
movimientos, asegurándose de que tendría lo suficiente para comprar su pasaje de
regreso a Lankiveil. Sabía que se vería obligado a contratar a los investigadores locales, y
ofrecer generosos sobornos con la esperanza de recuperar fragmentos de información.
Vio paletas suspensoras llenas de botes de especia concentrada, todas los cuales
llevaban el logotipo de Combined Mercantiles. Los mendigos se le acercaban
constantemente, y deseaba ayudarlos, pero simplemente no tenía fondos de más para
gastar, si quería cumplir su misión. Muchas de las personas indigentes eran forasteros
como él, acurrucados en harapos contra edificios, envueltos en su miseria y cubiertos de
polvo.
Implacables en igual medida, los vendedores molestaban a Griffin, tratando de
venderle máscaras de retención de agua, revestimientos para los ojos, dispositivos de
predicción climática, brújulas magnéticas (que nunca parecían apuntar dos veces seguidas
en la misma dirección), e incluso talismanes mágicos garantizados para protegerse de
Shai-Hulud. Era obviamente un extranjero, y por lo tanto un objetivo para las estafas;
Griffin rechazó todas las ofertas.
Obviamente, otras personas eran nativos: se podía decir aquello a simple vista por sus
pieles oscuras y curtidsa al descubierto, por la manera en la que se movían y se
mantenían en las sombras, y la forma en que se cubrían la boca y la nariz. Tenían unos
pensamientos duros y sentían un asco disimulado por los ingenuos forasteros, pero pensó
que podrían ser su mejor fuente de información. Sin embargo, cuando detuvo a un
anciano del desierto para hacerle preguntas, el hombre lanzó una señal con dos dedos en
alto, dijo algo en un idioma que Griffin no entendió, y luego se escabulló hacia un
callejón.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Desalentado, Griffin encontró alojamiento y mostró al titular una imagen de Vorian


Atreides. El obeso propietario negó con la cabeza.
—Tratamos de no percatarnos de la gente de aquí. E incluso si ese hombre entró en
mi establecimiento, muy probablemente habría estado envuelto en un tocado con tapones
en la nariz y mascarilla facial. Nadie ha visto jamás a una persona vestida así por aquí. —
Señaló con la cabeza la imagen.
Sin revelar su nombre, en caso de que alguien le avisara a su presa, Griffin preguntó
entre los vendedores en las calles, pagando cantidades simbólicas a cualquier persona que
mostrara interés. Los que le dieron información demostraron su interés con claridad, con
la esperanza de un soborno más grande. Cambiando de tema, se contactó con un
investigador local, ofreciendo el pago sólo si el hombre producía resultados; el
investigador no estuvo entusiasmado con el acuerdo, pero dijo que investigaría el asunto,
siempre y cuando no le tomara demasiado tiempo.
Decidido, Griffin se dio cuenta de que tendría que hacer la mayoría del trabajo él
mismo. Había venido desde tan lejos, había prometido a su hermana, y supo que estaba
físicamente más cerca de encontrar Vorian Atreides que nunca.
Una noche después de la puesta del sol, al pasar a través de una puerta de humedad
sellada en un establecimiento de bebidas, hombres hoscos y sucios se sentaban alrededor
a consumir cerveza de especia, gastando la totalidad de sus salarios, ya que hacía tiempo
que habían renunciado a la compra de pasajes para salir de Arrakis. Griffin encontró
desalentador ver a las personas que habían dejado de tratar de recuperar su autoestima. Se
comprometió a no dejar que eso le sucediera…
Después de determinar el importe exacto que estaba dispuesto a invertir, pagó las
bebidas y pidió información o sugerencias sobre cómo podría encontrar a una persona en
particular, a lo que Griffin nunca les dio el nombre. Algunos hombres trataron de que les
pagaran antes de que siquiera miraran la imagen de Vorian o solicitaban el pago después
de sólo mirar la imagen, incluso cuando no tenían información. En el transcurso de dos
horas Griffin se sintió frustrado con la chanza, después de gastar sólo una mínima
cantidad de su dinero en efectivo. Se dirigió a una mesa del rincón y bebió un solo vaso
de la potente cerveza de especia, pero la amarga droga canela corrió directamente a su
cabeza, y pidió un vaso de agua en su lugar, que le costó el doble que la cerveza.
Por el momento se dio por vencido y salió del bar, los hombres riéndose de él.
—Vuelve mañana. Pensaremos en ello, a ver si tenemos más información —dijo un
líder rudo que tenía una tos persistente.
Escatimando la pérdida de dinero de la tarde, Griffin se fue sin cerrar la puerta del bar
y regresó a las calles nocturnas. No le gustaba este lugar en absoluto. En el aire más frío
la noche trató de orientarse, se volvió en la dirección en la que pensaba que hallaría su
alojamiento, y se dirigió por una calle lateral estrecha.
En aquel vil planeta, Griffin estaba realmente empezando a extrañar Lankiveil, y no
podía esperar hasta ver a sus padres de nuevo, junto con su hermano menor y su hermana.
Un día, incluso Valya volvería desde Rossak. Los oscuros helados océanos de Lankiveil,

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las flotas pesqueras, y las tormentas de hielo de invierno eran robustas y desagradables,
pero se habían convertido en una especie de hogar. A regañadientes, admitió para sí que
Lankiveil no sólo había endurecido los Harkonnen, haciéndolos más capaces de
responder a los desafíos, sino que incluso lo necesario para sobrevivir allí no se parecía
nada en comparación con el crisol de aquel planeta desértico.
Al oír la refriega de pasos detrás de él, se volvió para ver una sombra que se acercaba.
Griffin se puso tenso, llevando su mano izquierda a los controles de cinturón escudo y su
mano derecha en la empuñadura de su cuchillo de combate. Gracias a Valya, tenía mucha
experiencia en el combate cuerpo a cuerpo.
Al darse cuenta de que había sido descubierto, el desconocido se detuvo, y luego
esbozó una luz de mano en la cara de Griffin, dejándolo ciego.
—¿Quién es usted? ¿Qué quieres? —preguntó Griffin, tratando de no parecer
intimidado.
La persona que se acercaba atenuó la luz de mano, y Griffin reconoció a uno de los
clientes reticentes del bar, un hombre rubio con una gruesa cosecha de cabello plateado.
—Tienes el dinero para pagar por la información. —El hombre se acercó más—. A
cambio de todo eso, te daré algo que no imaginas.
—¿Y qué es eso? —Al ver un fuerte destello en los ojos del hombre, Griffin
sutilmente activó su escudo. En las sombras de la calle lateral, el zumbido fue fuerte, y
vio una ligera distorsión en el aire.
Observó a su adversario vigilando sus movimientos más minúsculos, alerta a
cualquier truco o finta. Deseó que Valya estuviera allí con él. El hombre no hizo ningún
comentario sobre el escudo, y se le ocurrió a Griffin que podría no saber lo que era. Los
escudos eran ediciones estándar en toda la Liga del Landsraad, pero se percató de que
nadie se había dado cuenta del uso de ellos en el planeta desierto.
El hombre se acercó y sacó su cuchillo largo.
—Te mostraré cómo se siente morir. —Se rió y empujó la hoja hacia adelante como
la picadura de un escorpión, obviamente esperando un blanco fácil y ligero. Griffin se
volvió, y el campo Holtzman brillante desvió el golpe. Su pulso se aceleró y la adrenalina
fluyó, preparándolo para una intensa ráfaga de combate… pero este hombre no parecía
igualar habilidades de lucha de Griffin.
Su atacante trató de recuperarse de su sorpresa, y torpemente condujo el puñal otra
vez hacia él, pero no estaba acostumbrado a luchar contra un hombre blindado. Griffin
usó su daga para cortar la parte de atrás de la mano del hombre. Una espesa sangre oscura
brotó de sus venas mientras retrocedía con un grito. Griffin blandió su cuchillo de
costado, trazó un arco completo, y apuñaló al hombre en la parte inferior izquierda. La
hoja se hundió profundamente, y el atacante gruñó y tosió. Casi tiró a Griffin al suelo
cuando se derrumbó de rodillas.
Con asombro enfermo, exclamó:
—¡Me has asesinado! ¡Me has asesinado!

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Pero Griffin había sido cuidadoso. Aunque él y Valya en realidad nunca se habían
hecho daño el uno al otro en sus muchas partidas de combate, sabían de vulnerabilidades
muy bien.
—No es un golpe letal. —Se arrodilló junto al hombre gimiendo—. Pero puedo
cambiar eso. —Sostuvo la sangrienta punta cerca del rostro del hombre—. ¿Quién te
envió a matarme?
—¡Nadie! Sólo quería tu dinero.
—Bueno, no estuvo muy bien planeado. ¿Todo el mundo aquí es tan torpe?
El hombre aulló de dolor.
—¡Me estoy muriendo desangrado!
Griffin miró de lado a lado, debido a que la conmoción atraería a alguien en cuestión
de segundos. Presionó la daga contra la garganta del hombre.
—Terminaré con el dolor lo suficientemente rápido, si no contestas a mi pregunta.
—¡Muy bien! ¡Sólo quería tu dinero! —se lamentó el hombre—. ¡También tuve la
intención de tomar tu agua!
—¿Tomar mi agua? No tengo mucha agua.
—¡El agua de tu cuerpo! Los habitantes del desierto pueden destilarla… venderla. —
El hombre lo miró con desprecio—. ¿Estás satisfecho ahora?
Griffin presionó la punta daga con más fuerza contra la garganta del matón.
—¿Y dónde debo buscar a Vorian Atreides? ¿Tienes más información sobre eso,
también?
El hombre gimió y se agarró la herida del cuchillo en el costado.
—¿Cómo voy a saber dónde está? La mayoría de las personas que vienen de otros
mundos van a trabajar en las cuadrillas de especia. Consulta en las oficinas de Combined
Mercantiles, y fíjate si ellos lo contrataron.
Unas sombrías figuras emergieron de las puertas y revolotearon por la calle lateral. El
hombre se retorció y gritó de nuevo. Decidiendo que no obtendría más información de él,
Griffin se puso de pie.
—Necesitamos a un médico aquí —gritó. Las personas se reunieron alrededor del
matón gimiente, quien levantó la vista hacia ellos. Agitó sus manos y trató de zafarse.
Griffin se quedó asombrado al ver un destello del cuchillo en la mano de una mujer.
Se sacudió rápidamente, clavó la hoja bajo la barbilla del hombre hasta en su cerebro. La
víctima se convulsionó y cayó muerta, derramando muy poca sangre adicional.
—Era un ladrón —dijo ella, inclinándose para limpiar la cuchilla en su ropa—. Ahora
tomaremos su agua. —Miró a la expresión atónita de Griffin, como si esperara que la
desafiara—. A menos que tú tengas algo que decir.
Griffin tartamudeó.
—No… no. —Se dio la vuelta y huyó por la calle lateral hacia su alojamiento, sólo
queriendo salir de allí, pero alerta y listo con su cuchillo en caso de que alguien lo
atacara.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Detrás de él, las personas envolvieron silenciosamente el cuerpo del delincuente y lo


llevaron rápidamente por otro callejón. Griffin escuchó una puerta cerrarse, pero cuando
miró hacia atrás, todos sus signos habían desaparecido.
¡Qué lugar tan bárbaro! ¿Y Vorian Atreides había elegido venir a Arrakis?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

No deberíamos estar muy orgullosos de nuestros triunfos. Una victoria percibida puede ser solamente el punto
débil de tu enemigo.
—MANFORD TORONDO, el único camino

No le quedaba nada. Y no tenía nada que perder.


La herida abierta en sus recuerdos obligó a Tolomeo a abandonar su casa y nunca
volver a examinar las ruinas humeantes que se alzaban como un monumento a la
ignorancia, la intolerancia y la violencia de los Butlerianos. Después de mucha
contemplación, decidió dejar que su familia creyera que también había sido asesinado por
los salvajes.
Realmente estaba muerto, en cierto modo. Su creencia en la naturaleza racional de la
sociedad humana había sido arrancada y pisoteada, convertida en meros restos
sangrientos. Podría rendirse y volver tranquilamente a la investigación, o podría hacer
algo. El problema había sido definido con una claridad dolorosa.
En el pasado, había observado las travesuras antitecnológicas con una decepción
independiente pero triste, incluso con un poco de diversión. ¿Cómo podía alguien creer
semejante tontería? Tolomeo había sido desdeñoso, cometiendo el error de no tomarlos
en serio. Eran turbas incultas fácilmente influenciadas por un orador fogoso, bueno en la
creación de chivos expiatorios, pero poco experto en la comprensión. Estaba convencido
que el conocimiento era más fuerte que la superstición, y la racionalidad más fuerte que
la paranoia. Había sido una suposición ingenua.
Ahora sabía que la simple lógica no podía ganar un argumento contra los salvajes. La
multitud había quemado la instalación de sus laboratorios, destruido sus registros y
equipos, y asesinado a su amigo y compañero.
No tenía fervor animalista, terror supersticioso, o una inclinación por la destrucción
sin sentido. Tenía algo más fuerte en mente. Y Tolomeo ya no lo usaría de manera fría,
analítica. En respuesta a su violencia celosa, era alimentado con una pasión y unidad
diferente a cualquier cosa que jamás había sentido antes. Esto no era sólo un ejercicio de
pensamiento o un problema en un libro, sino que era una batalla por la civilzación misma,
en vez de la barbarie. En lugar de aplicar sus conocimientos a actividades teóricas, a la
investigación de buenos modales y la difusión de ideas, Tolomeo juró venganza, se
comprometió a destruir a los Butlerianos.
Utilizando la última parte del dinero que había juntado de sus cuentas de laboratorio,
y luego pidiera prestado (algunos podrían decir robado) el saldo de sus fondos de
investigación asignados por el Consejo de Zenith, Tolomeo reservó un pasaje a un lugar
donde estaba seguro que sus habilidades serían bien recibidas. Allí estaría protegido, y
podía ofrecer sus servicios a un hombre de ideas afines.
Kolhar. La sede de Venport Holdings.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

***
Después de lo ocurrido en Zenith, se mostró reacio, y aterrorizado, a revelar su identidad,
pero si en alguna parte del Imperio estaban libres de la influencia antitecnológica, era en
aquel planeta. Recordó cómo el Director Venport había desafiado a Manford en la
reunión del Landsraad. El magnate de los negocios lo entendería.
Después de llegar, sin embargo, le llevó a Tolomeo cinco días concretar una reunión
personal con el administrador de VenHold. La flota espacial era un torbellino de
actividad. Los buques estaban siendo acondicionados y suministrados, retraídos de sus
rutas regulares para partir en una misión no documentada. Tolomeo sabía que no debía
hacer preguntas, pero era persistente, como el acero en su columna vertebral. No se
rendiría.
En el vestíbulo del edificio administrativo, mostró sus credenciales a una sucesión de
subordinados y, finalmente, habló directamente con Cioba Venport, la barrera más
importante para una audiencia con el propio Director. Su experiencia anterior, y tal vez la
mirada ardiente en sus ojos, la convencieron. Lo condujo directamente a la oficina de su
marido.
A pesar de que quería ser valiente, la voz de Tolomeo tembló y las lágrimas le
quemaron los ojos mientras recordaba su encuentro esperanzador con Manford Torondo
en Lampadas, cuando le había ofrecido prótesis para sus piernas, un milagro para
restaurar su capacidad de caminar. Las emociones se mostraban en su carne viva mientras
describía lo que había sucedido a su laboratorio y a su compañero. Quería hablar como un
hombre dedicado, racional, superando su terror y dolor, pero se vio incapaz de hacerlo.
Aun así, el Director Venport no pareció pensar menos de él.
—Traté de presentar una salida pacífica a los Butlerianos, y su respuesta fue asesinar
a mi compañero y destruir mi vida. —Tolomeo tomó aliento mientras luchaba contra las
llamas en su memoria, los terribles, e inquietantes gritos.
Tolomeo observó el destello de interés en los ojos de Venport, e insistió:
—No he sido derrotado, señor. No permaneceré en silencio mientras esos animales
continúan su alboroto. Estoy aquí para ofrecer mis servicios en cualquier capacidad para
defender a la civilización humana. Un día Manford Torondo entenderá que cuando me
atacó, plantó las semillas de su propia caída.
Venport miró a su esposa consultándola en silencio, y ella le dio el visto bueno más
remoto. La sonrisa del Director fue tan amplia que su tupido bigote se escrespó hacia
arriba.
—VenHold está encantado de tenerle, Dr. Tolomeo. Tenemos acceso a una secreta
instalación de investigación en un planeta desconocido, donde otros científicos como
usted tienen la libertad de trabajar en proyectos innovadores, sin temor a la influencia
Butleriana.
Tolomeo recuperó el aliento.
—Eso suena maravilloso, increíblemente maravilloso.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El otro hombre dio unos golpecitos con los dedos sobre su escritorio.
—Es un lugar donde puede dejar que su energía e imaginación tengan rienda suelta,
con recursos y fondos prácticamente ilimitados, para desarrollar avances tecnológicos
que nos fortalecerán contra la oscuridad de la ignorancia. Tengo la intención de aplastar a
esos fanáticos descerebrados bajo mi talón.
El alivio de Tolomeo fue tan grande que tuvo que sentarse. Sus ojos brillaban, y,
finalmente, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Entonces ahí es donde pertenezco, señor.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

La mayoría de los logros no son más que los pasos iniciales o intermedios. El no seguir hacia adelante es un
error común.
—MANFORD TORONDO, dirigido hacia Salusa Secundus

Manford estaba a la vez inestable y mareado después de su exitosa purga en las


instalaciones de investigación en el planeta Zenith. ¡Los pecados del equivocado
Tolomeo y su compañero tlulaxa eran tan evidentes, y sus delirios tan arraigados! Sólo
unas pocas décadas habían pasado desde la derrota de Omnius, y si las más grandes
mentes científicas de la humanidad ya se habían alejado mucho del verdadero camino,
entonces Manford lloraba por el futuro.
La profecía que Erasmo escribiera en su diario continuaba persiguiéndolo: Dado el
tiempo suficiente, olvidarán… y nos crearán de nuevo.
¡Tenía que probar que la profecía estaba equivocada! Aquel no era el momento para
celebrar o tomar el sol en una victoria asumida. Aquel no era un momento de orgullo
desmedido, de mayor moderación. Después de que sus seguidores dejaran las ruinas
humeantes de las instalaciones de investigación, Manford no volvió a Lampadas
pacíficamente, por mucho que quisiera un descanso tranquilo con Anari a su lado. En su
lugar, ordenó a sus seguidores dirigirse a Salusa Secundus. Ya era hora de enfrentar al
Emperador Salvador Corrino y hacer que el hombre viera con claridad.
Cuando su grupo de buques aterrizó en el espaciopuerto de Zimia, no pidió
autorización. Sus seguidores desembarcaron en masa e hicieron una marcha improvisada
hacia el centro de la ciudad y el Palacio Imperial, mientras que los funcionarios salusanos
trataban de decidir cómo reaccionar. La inesperada llegada de tantos manifestantes
sorprendió a las fuerzas de seguridad de la capital, bloqueó el tráfico, y arrojó a los
negocios diarios al caos. Manford se alegró de despertar esa atención, porque se
aseguraba así que iba a ser tomado en serio. Le resultaba edificante.
Puesto que estaba haciendo una aparición pública formal, en lugar de ir a la batalla,
montaba en un palanquín llevado por dos de sus seguidores. Anari Idaho caminaba a su
lado, dispuesta a matar a cualquiera que le diera un indicio de problemas.
Mientras marchaban por la ciudad, Manford observó los bloques de edificios
principales de la antigua Escuela de Medicina Suk. Los Suk habían establecido
recientemente una base mucho más amplia en el planeta Parmentier, pero allí la
estructura original de piedra seguía siendo un punto de referencia. Fuera del campus, un
cartel, recientemente construido, celebraba el centenario de la escuela, a pesar de que los
doctores Suk no habían establecido formalmente su pedido hasta mucho después de la
Batalla de Corrin.
Manford veía a la sede de la vieja escuela con fastidio, recordando a los falsos y
orgullos médicos avanzados, como Tolomeo, alegremente asumiendo que la tecnología
podía arreglar cualquier fragilidad del cuerpo humano. Manford detestaba la idea de tener

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

máquinas conectadas como parásitos en su cuerpo. Se apartó de la instalación médica


más antigua, estremeciéndose. Los hombres no debían creerse el equivalente de Dios.
Por delante, vio las torres del llamativo Palacio del Emperador Corrino. El propio
domicilio de Manford en Lampadas no tenía tales pretensiones; sus riquezas estaban en
su alma, en sus creencias y en la devoción de sus seguidores.
—¿Debo enviar corredores por delante para exigir una audiencia con el Emperador
Salvador? —preguntó Anari.
—Él ya sabe que estamos llegando. Cuando mi pueblo alcance la escalinata del
Palacio, será la única invitación que necesite. El Emperador hará espacio en su
calendario, no tengas miedo.
Agarró los lados del palanquín mientras sus portadores marchaban por las escaleras
de piedra. Guardias uniformados montaban guardia en los arcos, mirando a Manford
sospechosamente. Levantó la mano en un gesto amenazante.
—He venido a visitar al Emperador. Mi pueblo, que es leal a Salvador, le tiene
noticias importantes. Él querrá escucharlas.
—El Emperador ha sido notificado de tu llegada —dijo el prestigioso guardia de
enfrente. Aunque estaba obviamente incómodo, el capitán se mantuvo firme—. Nosotros
le informaremos tan pronto como esté disponible.
Manford le dio una suave sonrisa y levantó la voz.
—Mis seguidores tienen hambre y sed. ¿Quizás algunos de los comerciantes locales
puedan ofrecernos refrescos mientras esperamos?
Sin ser invitados, los Butlerianos se dispersaron en los bares, restaurantes y puestos
de mercado que servían a turistas y dignatarios alrededor de la plaza capital. Aunque
algunos de los propietarios de servicio de alimentos se quejaron, sabían lo
suficientemente bien que no tenían que pedir el pago de las comidas o bebidas que los
Butlerianos tomaban. Por la «gracia» de los vendedores, Manford prometió rezar por
ellos.
Después de una hora sin una respuesta desde el interior del Palacio, su pueblo
comenzó a mostrarse inquieto, y el zumbido de las conversaciones insatisfechas se hizo
más fuertes. Anari Idaho estaba dispuesta a abrirse camino en el palacio, pero Manford la
tranquilizó con una sonrisa y un gesto.
Por último, el capitán de la guardia reapareció, asintió con la cabeza, y le dio una
media sonrisa de bienvenida.
—Líder Torondo, el Emperador Salvador ha dispuesto un lugar donde usted y él
puedan tener una conversación privada.
Manford se inclinó ligeramente.
—Es todo lo que pedí.
Anari caminó a su lado mientras los portadores llevaban el palanquín a través del arco
hacia el gran hall de recepción. El resto de los Butlerianos se quedó afuera, pero Manford
no estaba preocupado por estar separado de ellos. Podía convocar rápidamente a los fieles
si debía necesitarlos.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Salvador Corrino le esperaba en una pequeña sala de conferencias vacía. El


Emperador lucía disgustado por haber sido obligado a adaptarse ante aquella visita
inesperada, aunque Manford observó el destello de inquietud detrás de sus ojos. Se
sorprendió de que Roderick Corrino no estuviera allí, ya que el Emperador rara vez
tomaba decisiones importantes sin el consejo de su hermano. Quizás Salvador no creía
que aquello fuera una decisión importante; Manford tendría que convencerlo de lo
contrario.
—Con cierta dificultad, me las he arreglado para reorganizar mi agenda, Líder
Torondo. Puedo hablar con usted no más de quince minutos. —Su discurso fue
lacónico—. Soy un hombre muy ocupado con muchas demandas importantes en mi
tiempo.
—Y he llegado con una de las tareas más importantes que debe afrontar —dijo
Manford—. Gracias por recibirme.
Salvador no había terminado.
—Su llegada causó una gran cantidad de trastornos. Se requieren permisos para un
acontecimiento de estas dimensiones. Por favor, sea más considerado la próxima vez.
—No voy a controlar a mis seguidores con permisos. Usted debe escucharme. —La
nariz de Salvador inspiró con indignación, pero Manford no tenía paciencia para herir los
sentimientos mezquinos del hombre—. Recurro a medidas extremas porque el tiempo es
corto, y el peligro se incrementa día a día. Oremos que no necesite seguir adoptando
medidas extremas.
Los ojos del emperador se estrecharon.
—¿Me está amenazando?
—Estoy aclarándole. Anteriormente, cuando comparecí ante la asamblea del
Landsraad, mi petición de voto se vio perturbada por actividad terrorista. Haga que los
perpetradores sean capturados y castigados.
—El asunto está siendo objeto de investigación.
Manford entrelazó los dedos.
—Entonces programaremos otra votación y exigiremos a cada representante del
Landsraad estar allí. Tienen que decidir cuál es su posición sobre el futuro de nuestra
civilización.
—Le daré a usted prioridad lo mejor que pueda. —Salvador estaba tratando de sonar
duro, pero no pudo ocultar su trago rápido—. El calendario de la Liga del Landsraad está
lleno desde hace bastante tiempo.
—No es suficiente. Mis seguidores siguen descubriendo restos de máquinas pensantes
que podrían volverse fácilmente en contra de la humanidad, pero eso es sólo la punta del
iceberg. El mayor peligro al que nos enfrentamos es la debilidad humana y la tentación.
Los científicos y los industriales parecen tener intención de provocar una nueva era de
máquinas, una nueva dependencia de la tecnología. Mis seguidores acaban de descubrir
esto en Zenith, y usted puede estar seguro de que nos ocupamos del problema. Todavía
estamos en un punto de equilibrio muy peligroso, sin embargo. Nunca debemos olvidar

LSW 268
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

nuestro dolor, nunca olvidar lo que Rayna Butler nos dijo. Hago un llamado a su corazón,
Emperador Salvador Corrino, para hacer lo que es correcto. Párese al lado nuestro y
declare abiertamente su postura en contra de la tecnología avanzada.
—Tengo muchos intereses en conflicto para llegar a pesar entre miles de planetas.
Pero le prometo que consideraré lo que dice. Ahora, si eso es todo…
—Si usted no elige el lado de la justicia, Sire, los Butlerianos lo harán por usted. Vio
el grupo de súbditos leales que he traído aquí. A lo largo del Imperio, tengo millones de
seguidores que están tan dedicados como estos. Juro que todos estamos dispuestos a estar
a su lado y pelear. Siempre que haga lo que es correcto. —Alzó las cejas, esperando.
El Emperador Salvador estaba claramente intimidado, aunque trató de no
demostrarlo.
—¿Y una votación en el Landsraad va a satisfacerlo?
—El voto del Landsraad es evidente. No, mi pueblo exige un gesto más visible de su
parte, una demostración dramática de su apoyo. —Manford fingió que la idea sólo se le
había ocurrido, a pesar de que la había planeado cuidadosamente en el viaje desde
Zenith—. Por ejemplo, mire la sede histórica de la Escuela Suk, aquí mismo en Zimia.
Esos médicos arrogantes, con sus experimentos extremistas, están tratando de cambiar la
forma de la humanidad. Un ser humano debe poder cuidar de su cuerpo y rezar por su
salud, no depender de máquinas para mantenerlo con vida. Tenemos que mejorar nuestras
mentes y cuerpos a través de nuestras propias aspiraciones y el trabajo duro, no a través
de medios artificiales. Sería un generoso primer paso si cerrase la Escuela Suk aquí, un
gesto muy visible que enviaría un mensaje claro.
El Emperador Salvador miró de lado a lado, como queriendo que Roderick estuviera
allí.
—Lo consideraré… en el espíritu de mantener una buena relación con usted y sus
seguidores. Lo que pide llevará tiempo, pero creo que puedo permitirme que tenga lo que
desea con «la vieja sede de la escuela Suk», siempre que cause problemas aquí.
Manford extendió las manos sin poder hacer nada, sin mostrar su sensación de
triunfo, aunque el Emperador lo había concedido fácilmente.
—Los Butlerianos tienen mucha energía y entusiasmo, Sire. Tengo que darles un
poco de libertad para sus pasiones… pero es un vasto Imperio, y hay una gran cantidad
de trabajo para que nosotros hagamos. Podríamos ir a los planetas exteriores, o
podríamos permanecer aquí en Zimia. ¿Tal vez nos proveería una parte de la flota,
doscientos buques del Ejército de la Humanidad? Podríamos ir a otro lugar y continuar
nuestro trabajo lejos de Salusa Secundus. Por el momento.
Manford pudo ver el sudor en la frente del Emperador, tal como lo había planeado.
—Ahora que lo menciona, sí tenemos buques militares que ya no están siendo
utilizados. Tal vez podría juntar un par de cientos de buques retirados de servicio. Tendrá
que ponerlos a prueba y conseguir una tripulación, pero se puede dedicar por completo a
su esfuerzo, a condición de que se vayan muy lejos de aquí.
Manford sonrió y miró a Anari, que tenía una expresión de satisfacción.

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—Era optimista de que podríamos llegar a un acuerdo adecuado, señor —dijo—.


Puedo poner a mi propia gente para servir a bordo de la nueva flota, y estaremos de
vuelta para hacernos cargo de la Escuela Suk, en el momento adecuado. —Hizo una señal
para que los portadores del palanquín giraran y se fueran. Mientras se alejaba, Manford
fingió no darse cuenta de que el Emperador Salvador dejó escapar un suspiro de alivio
tembloroso.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Todas las Hermanas poseen un entrenamiento similar, un armario similar, y presumiblemente, una mentalidad
similar, pero debajo de la superficie son tan diversas y separadas como las raíces que se extienden a partir de
un solo árbol.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, manual de la Hermandad

La Hermana Candys Venport estaba rebosante de emoción y fascinación mientras corría


hacia Valya.
—¡Es la hermana Anna! Debes verlo tú misma.
Valya se tambaleó sobre sus pies, lista para seguir a la chica a través de los túneles.
—¿Está herida? —La hermana del Emperador tenía muy poco sentído común, y
fácilmente podría haber conseguido meterse en problemas. Por otro lado, desde que
regresara de la búsqueda de supervivencia y encontraran el cuerpo de Ingrid, Anna se
tomaba más en serio sus estudios, y había venido mostrando una mayor preocupación por
ellos.
—No se hizo daño. —La niña tiró de la mano de Valya—. Lo ha hecho mucho mejor
de lo que Sabine o yo jamás podríamos.
Dentro de la pequeña cámara, Anna estaba sentada con las piernas cruzadas en el
suelo, mirando fijamente al panel de la pared que rodeaba el enjambre de insectos. Su
concentración se interrumpió y Anna parpadeó dándose la vuelta, sorprendida de ver a
Valya allí.
—Líneas rectas… —sonaba exhausta—. ¿Quién iba a imaginar que era tan difícil
sólo hacer líneas rectas?
Al principio, Valya no entendía de lo que hablaba la joven, pero Candys señaló los
túneles hechos por los insectos. La mayor parte de las madrigueras se arremolinaban
alrededor de las curvas al azar de la naturaleza, pero en una de las esquinas del panal,
todas las líneas eran perfectamente rectas, exactamente horizontales y verticales,
cruzándose en cruces perpendiculares precisos.
—Es como lo que hacía con los árboles allá en el jardín Imperial —dijo Anna—.
Estos insectos me responden. Deben ser telepáticamente sensibles, como los arbustos. —
Anna miró la expresión atónita de Valya, y el rostro de la Princesa descendió—. ¿Estás
decepcionada? Cuando me dijiste que meditara en sus movimientos, ¿no era esto lo que
yo tenía que hacer?
—No, quiero decir sí, esto está muy bien, sólo estoy… sorprendida. —Tendría que
estudiarlo más a fondo—. Estoy muy impresionada. Me pregunto si otras Hermanas
pueden hacerlo.
—Es un don que tengo —dijo Anna. La chica podría ser estropeada, inmadura y
emocionalmente inestable, sin embargo, ahora Valya revisaba su opinión. Si se la guiaba
con cuidado, esos poderes mentales podrían ser útiles, aunque dudaba si Anna Corrino
tendría la madurez o la unidad para lograr algo significativo.

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Antes de que pudiera llevar a Anna para ver a la Reverenda Madre, Dorotea se detuvo
en la puerta de la cámara. Parecía severa y endurecida.
—Hermana Valya, te he estado buscando. Me gustaría que te unieras a mí, junto con
algunas Hermanas especialmente elegidas, en una importante reunión privada.
—¿Puedo ir yo también? —Anna se puso en pie—. Podría compartir algunas ideas
para una reunión.
—Esta reunión no es para als acólitas. Valya pertenece a nosotras.
Anna pareció estar decepcionada, y un destello de celos onduló sobre su rostro.
Tratando de calmar a la niña Corrino, Valya dijo:
—Volveré contigo tan pronto como pueda. Hermana Candys, lleva de vuelta a Anna a
sus aposentos. Dorotea y yo tenemos asuntos que discutir. —Se preguntó qué deseaba la
otra mujer.
A pesar del creciente número de Hermanas entrenadas en Rossak, no era difícil
encontrar verdadera intimidad. La gran ciudad-acantilado una vez había estado poblada
con cerca de cien mil hechiceras, sus compañeros, y los niños, junto con todos los
habitantes de Rossak normales y forasteros que venían a recoger la riqueza de la selva.
Las plagas de Omnius, sin embargo, habían acabado con gran parte de la población y
grandes secciones de los túneles estaban ahora vacíos.
Dorotea llevó Valya a una habitación sin ventanas, donde Valya evaluó rápidamente a
las otras nueve mujeres que se reunían allí, incluyendo a la Hermana Perianna, que
recientemente había regresado de Salusa, junto con la Hermana Esther-Cano, la Hermana
Ninke, la Hermana Woodra, y cinco más que no conocía.
—Les dije que podíamos confiar en ti; espero no estar equivocada —le dijo
Dorotea—. Pareces ser la favorita de la Reverenda Madre, pero sé que también has
trabajado con Karee Marques. Creo que estás dedicada a nuestra causa. Nos reunimos
aquí para discutir el futuro de la Hermandad.
—Pueden confiar en mí —dijo Valya automáticamente. Comenzó a evaluar a las
mujeres en su mente, para descubrir el denominador común.
Dorotea anunció a todas las mujeres:
—Estamos aquí porque nos preocupa que la Reverenda Madre Raquella haya perdido
su camino.
La frente de Valya se frunció.
—¿En qué sentido? Ella creó la Hermandad; ¿acaso no define los objetivos de la
orden, como la única Reverenda Madre?
—La Hermandad tiene su propia identidad —dijo Dorotea.
—Y tenemos mucho que ofrecer —dijo Perianna—. El Emperador ha descubierto
esto. Muchas familias de nobles y también los intereses comerciales ven el valor en
nuestra formación. Pero si la Reverenda Madre lanza su apoyo al lado de los apologistas
de las máquinas, puede dañar nuestra reputación.

LSW 272
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No sólo nuestra reputación —dijo la hermana Woodra—, sino nuestras almas. La
esencia misma de la Hermandad es ayudar a las mujeres a lograr la superioridad en
cuerpo y mente, evitando el señuelo seductor de las máquinas.
Valya ocultó su sorpresa y tomó asiento. Suponía que tendría que informar de esta
discusión a Raquella
—¿Y cómo creen que la Reverenda Madre se ha alejado de esto? Ella tiene voces y
recuerdos que el resto de nosotras no puede oír. Me inclino a confiar en su juicio.
—Ninguno de nosotras sabe lo que es ser una Reverenda Madre —dijo Dorotea.
—Sin embargo —dijo Ninke.
—Raquella ha cambiado —prosiguió Dorotea—. Lo he visto. ¿No es posible que esas
voces y recuerdos en su cabeza puedan engañarla, así como asesorarla?
Valya fingió considerar el punto.
—Nunca sabremos con seguridad hasta que descubramos cómo crear otras
Reverendas Madres, para que podamos compararnos unas con las otras.
—¡No ha hecho casi nada para investigar el asesinato de la hermana Ingrid! —dijo
Dorotea.
—¿Asesinato? ¿No es más probable que se cayera por el camino? —Valya mantuvo
su tono informal—. Hay una razón por la que el camino del acantilado está restringido.
Probablemente estaba en donde no se suponía que tenía que estar.
—Eso no es todo. Hemos escuchado rumores de que incluso máquinas pensantes
prohibidas pueden estar escondidas aquí en Rossak —dijo la hermana Esther-Cano,
bajando la voz hasta un susurro nervioso.
Con un jadeo profundo, Valya no tuvo que fingir su sorpresa. ¿Cómo podrían estas
otras mujeres saber sobre las computadoras de cría? Había desechado a Ingrid antes de
que pudiera decirle a nadie más. Valya dio un bufido de incredulidad.
—Eso suena como una cacería de brujas Butleriana.
Dorotea apretó los labios y asintió lentamente.
—Cuando la Reverenda Madre me envió a mi primera misión en Lampadas, quería
que estudiara a Manford Torondo, que analizara a sus seguidores y sus acciones
supuestamente irracionales. No creo que esperara que los escuchara. Sin embargo, vi la
verdad de Manford allí. Escuché los discursos grabados de Rayna Butler. Y aunque no
viví durante esos tiempos yo misma, me enteré de lo horrible que las máquinas pensantes
realmente fueron.
Valya se sentó y escuchó a las mujeres discutir los rumores que habían oído, y
expresó sus temores. No tenía ninguna intención de tratar con estas mujeres. Asintió con
la cabeza en los momentos oportunos, respondió con una expresión de preocupación o
mirada contemplativa. Parecía que se había infiltrado.

***

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Kevin J. Anderson

Cuando las denunció ante la Reverenda Madre, la anciana recibió la noticia con una
expresión de muerte, y le dijo a Valya que continuara su amistad con el grupo.
—Parece que tienes un talento natural para el engaño.
No escuchó ninguna condenación en su tono, pero aún así, Valya se sintió desnuda
frente a la anciana, con su alma al descubierto y todos sus pensamientos y motivaciones
diseñados para la observación y el análisis. Valya mantuvo la mirada baja, un intento
deliberado para provocar la simpatía.
—Lo siento si piensa que soy indigna de confianza, Reverenda Madre.
—La capacidad de mentir convincentemente puede ser útil, siempre que se use para
un propósito apropiado. Una vez entiendas lo que es mentir, podrás entender a la verdad,
nuestra verdad.
Valya apartó los ojos mientras la Reverenda Madre continuaba:
—Hermana Valya, sé que proteges un ardiente deseo de redimir a la Casa Harkonnen,
y acepto que puede que nunca te desvíes del todo de tu objetivo. Pero he mirado
profundamente en tu alma, y creo que estás en el lugar correcto en el momento adecuado
para el bienestar de la Hermandad. —Los ojos de la anciana se estrecharon—. No te veo
en una escala buena o mala. Más bien, te veo como un medio para que nuestra orden
pueda alcanzar la verdadera grandeza. Los dos objetivos no son necesariamente
contradictorios.
Ya había percibido que Raquella la preparaba tanto a ella como a la Hermana
Dorotea, incluso enfrentando a una contra la otra. Para ver quién era mejor.
Raquella se detuvo con una sonrisa amable.
—Lograrás lo que deseas lograr. Creo que eres una de las jóvenes más capaces que he
conocido, y es por eso que te he confiado mucho.
Valya sonrió con orgullo, pero se sentía extraña, como si hubiera sido hábil y
maliciosamente manipulada desde una ruta que se había establecido para sí misma.
—Y si te conviertes en una Reverenda Madre, como yo, entonces podrías llegar ser
muy poderosa en verdad.

LSW 274
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Una cacería siempre será exitosa, sólo si uno está dispuesto a redefinir las metas cuando sea necesario.
—VORIAN ATREIDES, diarios privados, período en Kepler

Cabalgar al gran gusano de arena dejó asombrado a Vorian. Durante el viaje a través del
desierto, Ishanti nunca había bajado la guardia. Sin embargo, tomaba la aventura con
calma, como si controlar a aquella criatura fuera una actividad cotidiana.
Mientras que el gigante se deslizaba a través de la arena con la velocidad de una
tormenta de Coriolis, la mujer parecía preocupada de que Vor no estuviera preparado
para el desierto profundo.
—¿Dónde están tu máscara y tus tapones para la nariz? ¿Cuánta agua llevas? ¿Y
comida? No estás listo para este lugar.
Todavía aferrándose a las cuerdas, Vor tosió debido al hedor de polvo y canela que
flotaba alrededor del gusano de arena.
—Estaba en una aeronave, volviendo a la cosechadora de especia. No esperaba
encontrar mi equipo entero sacrificado, y no tenía intención de ser derribado.
Su mueca mostró lo que pensaba de su explicación.
—Si se pudiera prever cada accidente, todos estaríamos preparados. Sólo aquellos
que aprenden a aceptar la imprevisibilidad sobrevivirán.
—Tú fuiste realmente impredecible. No te conozco mejor de lo que conozco a esos
dos asesinos. —Le dedicó su mejor sonrisa—. Francamente, prefiero tu compañía a la de
ellos.
—El Naib Sharnak decidirá qué hacer contigo. —Empujó al gusano de arena con uno
de sus ganchos, y la bestia corrió hacia adelante.
Por ahora, el hambre le apretaba en el estómago, y el polvo y la sequedad extrema del
aire le habían resecado la garganta. Como para darle una lección, Ishanti no le había
ofrecido nada de agua, aunque de vez en cuando la veía sorbiendo de unos tubitos en su
cuello.
En toda su vida, Vor nunca había estado realmente tan sediento como ahora. A pesar
de que había pasado el último mes en Arrakis, su metabolismo aún no se había adaptado
a los cambios drásticos. Incluso bajo las raciones apretadas con el equipo de cosecha de
especia, todavía conservaba un montón de agua en grasa, pero ahora su garganta se sentía
como cenizas calientes. Su piel estaba seca, sus ojos le ardían, podía sentir como el
mundo árido le robaba la humedad, hasta la última gota de sudor, cada toque de vapor de
un aliento exhalado.
A pesar de que pudiera ser seca y miserable, sabía que Ishanti no dejaría que
simplemente se perdiera, ya que se había tomado la molestia de rescatarlo. Por otro lado,
no estaba obligada a mimarlo, ni él le pidió que lo hiciera. Intentó alejar sus
pensamientos de su sed.

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Horas más tarde, cuando se acercaban a una línea de montañas grises, Ishanti le
explicó con detalles pacientes, como si fuera un niño, cómo desmontar del agotado
gusano de arena. Vor prestó mucha atención y, cuando llegó el momento, trató de
imitarla mientras ella saltaba sobre la suave arena, y luego se congeló en su lugar
mientras la bestia malhumorada se deslizaba hacia adelante, sacudiendo su cola caliente
con fuerza. Cuando alejó lo suficiente, Ishanti le hizo un gesto de silencio a Vor, y
observó a la criatura en retirada; ambos se quedaron inmóviles otra vez mientras el gran
gusano se detenía, se volvía en su dirección, y avanzaba pesadamente hacia atrás, hacia la
abierta expansión del desierto. Ishanti dejó escapar un suspiro de alivio, y luego instó a
Vor que se apresurara hacia los acantilados.
—Eres un principiante que aprende rápido. Bien.
A pesar de que estaba lleno de preguntas acerca de qué hacer a continuación, sintió su
impaciencia con sus investigaciones, por lo que sólo la siguió. Lo llevó a las rocas con
una confianza fácil, como si hubiera pasado por allí muchas veces antes. Estudió el
terreno buscando cualquier pista sobre dónde podría encontrarse y descubrió que Ishanti
estaba siguiendo marcas de guijarros bien colocadas, unos pequeños signos que parecían
casi naturales. Sólo unos pocos pies habían pisado aquellas rocas para marcar un sendero,
o alguien podría haber borrado las huellas después de cada paso.
Recordó el campamento abandonado que él y la tripulación de especias habían
encontrado en las rocas, y ahora estaba intrigado, pensando que podría finalmente llegar a
conocer a los misteriosos Freemen de Arrakis. Ellos eran la razón por la que había
elegido aquel planeta fuera de la vía en el primer lugar.
Vor no se percató de la cueva hasta que estuvieron en ella. La apertura estaba
disfrazada por un codo de roca que requería un giro brusco a la izquierda, otra piedra en
buena posición bloqueaba la entrada de la vista. Ishanti se detuvo para abrir una puerta
sellada, y se encontraron frente a tres hombres del desierto armados con cuchillos, a
medio desenvainar. Cuando Ishanti levantó la mano y le dio una señal, la dejaron pasar,
pero los hombres no dejaron que Vor entrara.
—No respondo por él, todavía —dijo Ishanti—. Todavía tiene que pasar nuestras
pruebas.
Vor los estudió, viendo sus posturas firmes, su disposición confiada para el combate,
tomando nota de los colores blanco lechoso inusual de sus dagas. Decidió no hacer
preguntas, no para suplicar por su vida, ni para sumirse; sólo se enfrentaría a la gente del
desierto, dejándolos hacer sus propios juicios sobre la base de lo que veían. Los guardias
parecieron apreciar eso.
—Este hombre es el único sobreviviente de un equipo cosechador de especia —
continuó Ishanti—. Déjenlo pasar. Tenemos que hablar con el Naib. —Los tres se
hicieron a un lado, pero no bajaron la guardia.
En una sombría gruta fresca, iluminada por un solo globo flotante, Ishanti le presentó
a un hombre viejo y canoso que llevaba su largo cabello gris en una trenza gruesa; tenía
la frente alta, y una expresión tranquila, con los ojos duros. Ella hizo un gesto para que

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Vor se sentara en una de las alfombras de fibra con dibujos sobre el suelo de piedra, y
tomó un lugar muy cerca de él. Vor permaneció respetuosamente en silencio mientras
Ishanti resumía lo que había pasado a la tripulación de la cosechadora de especia a manos
de dos cazadores aparentemente indestructibles, y cómo había ayudado a escapar a
Vorian.
El hombre, el Naib Sharnak, miró a Vor con frialdad, como un médico que realiza
una disección, y luego levantó la barbilla.
—¿Dos personas masacraron a un equipo cosechador de especia entero, derribaron su
aeronave e hicieron peligrar a Ishanti? ¿Y dices que estaban tras de ti?
—Dijeron que estaban detrás de mí. Nunca he visto ni oído hablar de ellos antes.
Una de las personas del Naib trajo un servicio elaborado de café de especia que era
tan potente que Vor apenas pudo beber, a pesar de su sed. No le ofrecieron agua, aunque
la anhelara.
—Yo misma tengo muchas preguntas sobre el joven y la mujer que causaron tanto
daño —dijo Ishanti, entrecerrando sus ojos de azul profundo—. Represento a Combined
Mercantiles aquí. Si uno de nuestros competidores ha descubierto un arma secreta o ha
enviado asesinos y mercenarios, entonces tengo que hacer mi informe. No eran gente
normal, quizá no del todo humanas. No serán fáciles de matar.
—Los Freemen no son fáciles de matar, tampoco —dijo el Naib Sharnak.
Vor había estado lidiando con las mismas preguntas desde su fuga, apretando y
empujando las posibilidades, pero ninguna de las respuestas tenía sentido para él. La
pareja de atacantes le había llamado por su nombre. Pero él había vivido una vida
tranquila en Kepler durante décadas, y había llegado a Arrakis sin estridencias. Nadie
debería haber sabido que estaba allí en absoluto. ¿Quién podría estar cazándolo?
—Si hay una amenaza para el desierto, entonces es una amenaza para nosotros —dijo
el Naib—. Enviaré exploradores para estudiar los restos de la cosechadora de especia, si
queda algo. Usted se quedará con nosotros.
—¿Cómo prisionero?
Sharnak enarcó las cejas.
—¿Eres lo suficientemente tonto como para intentar escapar?
—¿A dónde podría huir? De hecho, esperaba realmente encontrarme con ustedes. Es
por eso que vine a Arrakis en primer lugar.

***
Dos días después, los exploradores del desierto del Naib Sharnak volvieron, una pareja de
jóvenes llamados Inulto y Sheur. Mientras Vor se sentaba con el Naib en una pequeña
caverna del sietch, los dos jóvenes describieron con palabras emocionadas lo que habían
visto; la misión había sido, obviamente, una aventura para ellos. Ishanti entró para
escuchar su informe.

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—Montamos tan rápido como pudimos, Naib —dijo Sheur—. Una tormenta de polvo
por la noche nos llevó a un refugio temprano, pero nos fuimos de nuevo antes de la
próxima salida del sol.
—¿Y qué han encontrado?
—Nada. —Inulto bajó la cabeza—. Un gusano había estado allí. Toda la maquinaria,
la aeronave, los rodillos de dunas, los cuerpos; toda la evidencia se ha ido. No queda
nada.
—Sé lo que vi —dijo Vor—. Estoy seguro de que los asesinos siguen vivos.
Ishanti estaba ansiosa y enojada.
—Tengo que regresar a Arrakis City e informar a la oficina central. El Director
Venport querrá saberlo. —Miró a Vorian—. Supongo que deseas regresar a la
civilización. Tenemos un transporte rápido. Te puedo llevar allí directamente.
Vor se sorprendió tanto al decir:
—No, prefiero quedarme aquí por un tiempo. Me intriga hablar con su gente. El
rumor es que viven una vida muy larga, más de un siglo.
—Son los efectos geriátricos de la melange —dijo Sharnak—. Esa es la forma en que
vivimos. No se puede robar cualquier secreto de la inmortalidad de nosotros.
Vor rió.
—Oh, ya tengo la inmortalidad, pero estaría interesado en hablar con otros acerca de
ella.
El Naib miró las características de su visitante, probablemente tomando nota de los
primeros indicios de canas en el pelo, y se burló.
—¿Qué sabes usted de la inmortalidad?
—Sólo lo que he aprendido durante los doscientos dieciocho años de mi vida.
Sharnak rió aún más fuerte.
—¡Usted está delirando! Los forasteros creen cosas ridículas, cosas realmente
ridículas.
Vor le dirigió una sonrisa de satisfacción.
—Se lo juro, nací antes del comienzo de la Yihad de Serena Butler, hace más de dos
siglos. —Explicó quién era, a pesar de que estos pueblos aislados del desierto sabían
poco de la política y la historia de la guerra contra las máquinas pensantes, un conflicto
galáctico que había llegado a su fin un siglo antes—. He peleado en batallas épicas,
viajado mucho, y he visto innumerables amigos morir, muchos de ellos con heroísmo. Vi
a dos de mis mujeres darme niños. Crié familias, y ellos, también, todos envejeciendo…
mientras yo no cambiaba. Los cimek me dieron un trato de extensión vital, y usted tiene
su melange con sus propiedades de mejora, pero hemos vivido tanto largas vidas, vidas
largas y duras.
El Naib parecía perturbado por sus afirmaciones, pero Vor lo miró fijamente hasta
que él desvió la mirada.
Ishanti extendió la mano para tocar el lado de la cara de Vor.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No tenemos la piel suave como tú. —Entonces se contuvo y añadió con un
resoplido—. Los viejos reflexionan sobre estas cosas. Estoy más preocupada por el
negocio en cuestión, y por si esos dos asesinos atacan otras de las operaciones de cosecha
de especia.
Al siguiente amanecer, ella se fue en su aeronave.

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El precio no vale nada para el hombre que no puede poseerlo.


—JOSEF VENPORT, memo interno de VenHold

Los transportes de la Flota Espacial VenHold eran usados principalmente para llevar
pasajeros no militares y cargamentos, evitando astutamente conflictos interplanetarios,
pero ahora Josef Venport estaba lanzando un ataque directo. Dudaba de que los
trabajadores de Celestial Transport le prestaran demasiada importancia, pero intentaba
conseguir aquello que debió haber sido suyo en un primer lugar.
A través de su estudio de las detalladas cartas estelares, Draigo Roget había
identificado el sistema estelar Thonaris como la ubicación probable de una importante
base de las máquinas pensantes que hasta ese momento había escapado a la detección. De
alguna manera, los exploradores de Arjen Gates habían tropezado con el lugar;
probablemente a través de una tonta suerte, mientras que Draigo había calculado la
ubicación a través del intelecto y la habilidad.
Y ahora, con una gran flota privada de buques de VenHold, todos cargados con
armamento comprado en el mercado negro, Josef tenía intención de tomar el puesto de
avanzada de su rival en los negocios.
Con la información compartida, las imágenes estelares, y los cálculos insondables del
tejido espacial interdimensional, el grupo de Navegantes guió a la flota VenHold al borde
del sistema Thonaris, una estrella naranja anodina orbitada por un sol enano marrón
prácticamente invisible. Escaneos de alta resolución peinaron el volumen del espacio en
busca de signos de habitantes o de actividad industrial.
Draigo estaba junto a Josef en el puente de mando de una antigua jabalina militar que
había comprado en el Ejército de la Humanidad. Con modificaciones adicionales de los
astilleros de Kolhar, el buque de guerra llevaba aún más potencia de fuego.
—Estoy seguro de que este es el sistema estelar correcto, señor —dijo Draigo—. Pero
todavía tenemos una amplia área para buscar y encontrar la estación.
Josef frunció el ceño, y se rascó el espeso bigote de color canela.
—No puede ser tan difícil, o Arjen Gates nunca lo habría encontrado.
—Los accidentes ocurren, señor… estadísticamente hablando.
Después de dos horas, la búsqueda había identificado seis planetas en el sistema de
dos masas congeladas que no eran mucho más grandes que cometas, un mundo que era
demasiado caliente y estaba muy cerca del sol, dos gigantes de gas con una noción
superficial de lunas, y un gran cúmulo de planetoides rocosos.
—Estos planetoides irradian demasiada energía —dijo Draigo—. Indican actividad
artificial, operaciones industriales, probablemente.
Josef estaba convencido.
—Ese es nuestro destino, entonces. Prepárese para moverse. Haremos esto rápido y
con eficacia.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Draigo llamó a una proyección de las setenta naves VenHold, que estaban dispersas
en un patrón como puntos de intersección en un diagrama complejo.
—Lo mejor es moverse con un golpe repentino y devastador. He planeado lo que creo
que será un escenario eficaz, señor. En la Escuela Mentat, adquirí mucha experiencia en
complicadas simulaciones militares espaciales.
—Eso era lo que quería que aprendieras, Draigo. Dirigirás el ataque. La presencia de
Celestial Transport tiene que ser desarraigada y descartada como una mala hierba. —
Transmitió a todas sus naves—: Mi Mentat tiene el mando táctico. Sigan sus órdenes en
este combate. —Luego se sentó a mirar.
Bajo el completo silencio de comunicaciones, las naves activaron sus motores
estándar más rápidos que la luz y descendieron en el sistema. Draigo ya había dado
instrucciones detalladas, nave por nave, trazando cada movimiento como si ya se hubiera
producido la batalla. Todas las armas estaban encendidas y listas para disparar, pero Josef
había especificado que causarían el menor daño posible. Advirtió a los capitanes
individuales:
—Reduciré el valor de cada nave viable que arruinen de sus bonos. —Eso les debía
dar un incentivo suficiente.
Los astilleros aparecieron rápidamente a la vista, demostrando que el Mentat estaba
en lo correcto. Un planetoide estaba cubierto de cráteres con automatizados puestos de
minería y maquinaria de procesamiento de metales, pero el corazón de los astilleros
estaba en su complejo de ensamblaje en órbita baja, los grandes puertos espaciales que
llevaban a cabo los buques abandonados. Las luces brillantes y firmas térmicas indicaban
un nivel significativo de actividad.
Al menos cincuenta grandes naves robóticas colgaban en diversas fases de ejecución,
las enormes naves de fuerza brutal que estaban a oscuras excepto por una lentejuela de
luces y una oleada de figuras que se movían alrededor en las bahías del motor. Josef vio
al menos una docena de barcos más pequeños e identificó el centro administrativo de la
base de CT en la red de trabajo en órbita. Además de los cincuenta navíos terminados y
actualizados con los motores plegadores espaciales, docenas más de buques estaban en
construcción. El complejo de Thonaris también mostraba muchas fábricas robóticas que
utilizaban materias primas de los asteroides para crear nuevas vigas estructurales, placas
del casco, y componentes internos. Pero los ocupantes de CT no se habían molestado en
activarlos. Más bien, estaban requisando las viejas naves mayormente terminados.
Los ojos de Josef bebieron en todas las posibilidades.
—Ya has superado mis expectativas, Mentat. Cuando esto termine, podrás reclamar
tu recompensa.
—¿Recompensa? —La frente de Draigo se frunció—. ¿No fue esta la tarea para la
que me contrató, señor?
—Y ha sido una buena inversión. —Josef se inclinó hacia delante, mirando a la
pantalla.

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Los asaltantes de VenHold convergieron en el depósito de Thonaris como un


enjambre de avispas molestas, englobando las operaciones de acuerdo al plan de asalto
del Mentat.
Como era de esperar, los trabajadores de CT entraron en pánico y comenzaron a
transmitir alarmas. Unos buques intentaron evacuar, pero no tenían adónde ir. La flota
VenHold era una fuerza innegablemente superior, lista para una batalla rápida y decisiva.
Las operaciones de Celestial Transport parecían estar en las etapas iniciales de
consolidación, después de haber reactivado sólo un puñado de bases de fabricación. Bien,
pensó Josef. No habían tenido tiempo para causar un daño irreparable. Los trabajadores
también parecían tan seguros de sus actividades secretas que aún no habían establecido
un sólido perímetro defensivo.
Peor para ellos.
El Mentat observó las imágenes escaneadas de los planetoides, las naves robot
renovadas y los buques de CT en órbita, calculando y volviendo a calcular las
posibilidades.
—No tienen manera de rechazarnos, señor. Lógicamente hablando, deben rendirse sin
disparar un solo tiro.
—Eso sería conveniente, pero hay que estar preparados de todos modos. —Por
órdenes de Josef, sus naves no respondieron a las numerosas demandas indignantes de los
trabajadores CT. La respuesta era innecesaria, ya que sus intenciones eran evidentes. Sólo
los detalles se mantuvieron.
Miró a Draigo, que no daba muestras de alegría. El Mentat dio su informe a paso
ligero, con voz tranquila.
—He identificado todos los puntos débiles, señor. Creo que podemos tener el
complejo consolidado dentro de una hora.
Para sorpresa de Josef, el propio Arjen Gates apareció en la pantalla. El jefe de
Celestial Transport tenía el pelo corto de color marrón, una barbilla puntiaguda, y unos
ojos que parpadeaban con demasiada frecuencia. Su voz era débil, lo suficientemente alta
para sonar intimidado; y, ciertamente, tenía buenas razones para sentirse así ahora.
—Quienquiera que sea, está invadiendo territorio soberano. ¡Tengo derecho a este
sistema no ocupado por las leyes de rescate! No tiene derecho a estar aquí.
Josef se echó hacia atrás y se rió entre dientes. ¡El odioso competidor era un premio
inesperado que sería gratificante en un nivel por completo diferente!
Cuando nadie respondió a su demanda, Arjen Gates sonó aún más asustado.
—Si usted es seguidor del movimiento Butleriano y quiere destruir estas naves
robóticas, ya las he reclamado como propiedad personal. ¡No tiene derecho! ¡Estas son
valiosas reliquias que se utilizarán para la expansión del comercio humano! Exijo hablar
con su representante.
Josef dejó que el hombre esperara unos segundos más, y luego activó su propia
comunicación.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No somos Butlerianos, mi querido amigo Arjen. Si te sirve de consuelo, no tengo la


intención de dañar cualquiera de estas naves.
Cuando Arjen Gates comenzó a farfullar y gritar, Josef silenció el volumen.
—Comienza la consolidación, Mentat, y no se te ocurra perder tiempo. Tenemos
mucho trabajo que hacer aquí.

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El deslumbramiento lógico siempre derrotará a la ignorancia emocional, aunque la batalla no sea


necesariamente bella.
—Declaración de la misión, centro de investigación de Denali

Tolomeo había sido advertido que incluso una simple inspiración en la atmósfera de
Denali le expulsaría los pulmones hacia afuera y le causaría una muerte dolorosa. Se
llevaban a cabo proyectos de investigaciones peligrosas bajo fuertes medidas de
seguridad, con enclavamientos y mecanismos de seguridad que esterilizaban o
aniquilaban a un módulo completo de laboratorios si algo salía mal.
Sin embargo, cuando llegó allí, Tolomeo se sintió más seguro que nunca. Ninguna
nave podría encontrar este lugar sin una orientación específica de un Navegante de
VenHold. Los Butlerianos nunca podrían ir allí. Y era libre de seguir la investigación que
eligiera.
Se sentía como un proyectil que había sido lanzado en una trayectoria de ajuste.
Ahora entendía su verdadera vocación, la razón más importante para hacer la
investigación. Sin fines de lucro o de conveniencia, sino para detener a los salvajes de la
destrucción de la civilización misma. Un problema intelectual para resolver y una
apasionada batalla para luchar. La muerte de su amigo de Elchan no sería en vano.
Viajó con un envío programado de contenedores de productos químicos, gases a
presión, y suministros de alimentos. El jefe de investigación tlulaxa, Noffe, le dio la
bienvenida con una amplia sonrisa. Con la cabeza calva y prominentes manchas
blanqueadas en el rostro, Noffe no se asemejaba mucho al Dr. Elchan, el compañero
asesinado de Tolomeo, pero algunas de las características raciales tlulaxa eran similares.
Al ver al hombre, Tolomeo sintió una punzada en el pecho; extrañaba a Elchan.
Noffe le tendió la mano.
—Bienvenido a Denali, un lugar de descubrimiento sin restricciones. Debido a que el
Director Venport lo recomendó personalmente, esperaré grandes cosas de usted.
La voz del administrador tenía un timbre similar a la de Elchan, que hizo que
Tolomeo oyera el eco de los gritos agonizantes de su amigo en su cabeza. Respiró hondo
y se obligó a no hacer una mueca.
—Me siento honrado de estar aquí, señor. Esto es lo que necesito. Esto es lo que
necesita el género humano… y tengo un plan para hacerle frente a los Butlerianos.
Noffe pareció oír su propio conjunto de gritos recordados.
—Todos tenemos un objetivo común aquí, mi amigo. Esos monstruos saquearon mis
laboratorios en Tlulax, destruyeron mi trabajo. No quieren que descubramos nada. —
Parpadeó, trayéndose a sí mismo de vuelta al presente—. Aquí en Denali, es diferente.
Nuestro trabajo está subvencionado por Venport Holdings, y los descubrimientos
rentables beneficiarán a la empresa. Pero también a la civilización humana.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No me importa si los beneficios de mis inventos se los lleva Josef Venport. —
Estaba ansioso por empezar—. Prefiero dar el poder a los visionarios racionales en lugar
de a bárbaros violentos.
Después de pasar a través de tres puertas hacia el corazón de la instalación, llegaron a
la oficina administrativa de Noffe. El tlulaxa se sentó y cruzó las manos sobre su regazo.
—Mi corazón está con usted, he leído el informe sobre lo ocurrido en Zenith. Por
favor, acepte mi palabra de que no es necesario tener miedo aquí.
Noffe se echó hacia atrás, como si un peso mucho más pesado que la gravedad
planetaria lo estuviera empujando hacia abajo.
—Solía pensar que el miedo era una debilidad. ¿Cómo podría una persona asustada y
tímida lograr mucho, si se veía frenado por sus preocupaciones? Pero los Butlerianos
convirtieron el miedo en la violencia y el pánico en un arma. Al crear problemas
imaginarios y levantando espectros de enemigos inexistentes, transforman a la gente
común en una manada salvaje que destruye todo lo que no entienden. —Sacudió la
cabeza con tristeza—. Y hay una gran cantidad que no entienden.
Tolomeo tragó saliva y asintió.
—Tenemos que ganar esta batalla por las mentes y el futuro de la raza humana. Pensé
que los Butlerianos simplemente tenían un punto de vista diferente, que podríamos
debatir el asunto de una manera racional. —Nunca sería capaz de olvidar el
aplastamiento, el saqueo, el asesinato sin sentido—. Ahora veo que son malvados. El mal
verdadero. Seré uno de sus más grandes soldados en esta guerra que se avecinaba.
Noffe rió.
—Oh, espero que usted sea mucho más que un soldado; quiero que sea uno de mis
generales.
El administrador tlulaxa la llevó a través de los módulos conectados. Con gran
orgullo, Noffe le mostró un laboratorio lleno de tanques sellados que contenían mutados
cerebros expandidos de los Navegantes fallidos. Habían sido separados de sus cuerpos
físicos, recordándole los legendarios pensadores, que se remontaban a antes de los días de
la Yihad.
—En comparación con nosotros, estos cerebros desarrollados nos hacen ver como
unos niños que aprendieron sus primeros pasos. —Noffe golpeó con los nudillos contra
una de las curvas de las barreras transparentes—. Pero aún así, dependen de nosotros para
el soporte vital y la comunicación con el mundo exterior. Estos sujetos no fueron
aceptados como candidatos para Navegantes, pero al probar sus cerebros mejorados
sirvieron como componentes de máquinas nuevas.
Tolomeo asintió.
—El trabajo de mi vida, junto con el Dr. Elchan era desarrollar una interfaz superior
entre la mente humana y sus componentes artificiales. Quiero liberar a los humanos más
frágiles de la prisión biológica de su mortalidad. —Bajó la voz—. Es un anatema decir
esto en la Liga, pero creo que los cimek mostraron el camino a un gran número de

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avances potenciales… si sólo Agamenón y los demás titanes no hubieran estado tan mal.
—Negó con la cabeza.
Noffe respondió con un movimiento de cabeza vigoroso.
—Estoy completamente de acuerdo. Si una persona enloquecida utiliza un martillo
para matar a alguien, ¿significa eso que deberíamos prohibir los martillos? ¡Absurdo!
Tolomeo continuó hablando sobre el trabajo que él y Elchan habían hecho en Zenith.
—Todas mis notas y datos fueron destruidos por la multitud, pero estoy seguro de que
puedo reproducir la mayor parte de mis estudios. Por desgracia, es muy difícil de
encontrar cuerpos de caminantes cimek intactos después de que los Butlerianos realizaran
sus purgas.
Los ojos de Noffe brillaron.
—Entonces tengo algo que le podría interesar. —Llevó a Tolomeo a una gran cúpula
hangar de tejas de plastiacero blancas, iluminadas por globos suspensores. Dentro de la
bahía se hallaba de pie una intimidante máquina en un cuerpo de combate, con las piernas
reforzadas con bisagras y un núcleo blindado, como una tarántula mecánica.
Tolomeo tomó aliento.
—¡Un guerrero cimek en forma, y completo! Hasta ahora, he visto sólo migajas.
Noffe fue magnánimo cuando activó una de las ventanas de visualización de la cúpula
hangar para que pudieran ver el paisaje que les rodeaba. A través de la niebla de cloro
mortal, Tolomeo discernió formas de máquinas arácnidas similares, así como organismos
constructores y voladores.
—Hay por lo menos veinte de ellos aquí mismo, en las cercanías de las cúpulas de
laboratorio —dijo Noffe—. Después de que Vorian Atreides matara a Agamenón y al
último de los titanes, los cerebros de los neo-cimek en esta base perecieron. Los cuerpos
de máquinas son suyos, si es que puede hacer algo productivo con ellos.
—Productivo —reflexionó Tolomeo—. Y también en defensa. Crearé un camino para
que estemos en contra de la locura de barrer el Imperio. —Una vez más, extendió la
mano para agarrar la de Noffe y le dio una sacudida vigorosa—. Nos uniremos y
trabajaremos por el bien de la humanidad.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Debido a las últimas tecnologías en armamento para las fuerzas militares, tal vez parezcan suficientes para
sobrepasar al enemigo, pero si no llevas poder de fuego mental al combate, todo podría ser para nada.
—Un general de la Vieja Tierra

Durante las décadas en que Gilbertus Albans había dirigido la Escuela Mentat, un puñado
de graduados se destacaba en sus recuerdos. Además de Draigo Roget, que ya de seguro
habría encontrado algún poderoso benefactor en los nobles del Landsraad, recordó a
Korey Niv, Hermine Castro, Sheaffer Parques, Farley Denton, así como un número
excepcional de Hermanas de la escuela de Rossak. Todos los rostros paseaban a través de
su ordenada memoria, junto con las anécdotas sobre sus experiencias en la escuela.
Y ahora Karee Marques había vuelto, una de las últimas hechiceras de sangre pura.
Debido a su formación en la Hermandad, Karee ya tenía una mente organizada y el
control preciso de su cuerpo. Candidata perfecta para Mentat, había destacado allí. De las
ocho Hermanas que se habían convertido en Mentats, Karee era de lejos la mejor. Había
pasado mucho tiempo hablando de ella como con Erasmus. Gilbertus estaba muy
contento de verla regresar.
Al aterrizar en Lampadas, Karee había enviado un mensaje para informarle de su
inminente llegada. La anciana se bajó de una lancha de alta velocidad en una de las
cubiertas flotantes alrededor de los edificios escolares. Tenía más de un siglo de
antigüedad, y su cabello blanco se había reducido; esperaba que no notara nada malo
acerca de su propia edad aparente, que no había cambiado en años. Las Hermanas eran
extraordinariamente perceptivas…
La recibió en el muelle y le dio la bienvenida con gusto. Lo había visitado otras dos
veces en los años posteriores a su graduación, pero nunca había traído regalos. Ahora
observó que llevaba un pequeño paquete.
Después de preguntar acerca de las dos Hermanas graduadas recientes, que ya habían
regresado a Rossak, Gilbertus la llevó dentro de los edificios diáfanos que Karee conocía
tan bien. Cuando llegaron a su despacho, presentó el paquete ante él, sonriendo.
Levantó las cejas, estudiando los detalles y tratando de buscar pistas.
—¿Debo escanearlo por seguridad?
La Hermana Karee rió, un sonido alegre.
—Puede tener consecuencias explosivas para los Mentats, pero le aseguro que no hay
ninguna amenaza directa.
Desde el momento en que había creado la escuela, Gilbertus había establecido
medidas de seguridad estrictas. Su objetivo principal era proteger el núcleo de memorias
de Erasmo, pero sus preocupaciones generales habían resultado bien fundadas cuando
hacía ocho años un instituto rival de técnicas mentales emitió una demanda legal en
contra de la escuela Mentat y minó la capacidad de Gilbertus para obtener financiación.
Nunca había oído hablar del instituto rival antes, pero el competidor llevó el asunto ante

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los tribunales. Después de que su caso fuera desestimado por carecer de fundamentos, el
líder enfurecido envió saboteadores a bombardear el sitio en Lampadas, y el ataque se
había traducido en la pérdida de dos edificios y el daño a los demás. En respuesta, el
Emperador Salvador disolvió la escuela rival y envió a sus líderes a la cárcel.
Pero Gilbertus confiaba en Karee Marques. Trabajó en los nudos con los dedos, pero
las cuerdas que sujetaban el paquete estaban bien atadas.
—Parece que me has proporcionado con todo un reto.
Gilbertus también estaba preocupado por los restos de tecnología que guardaba, los
mek de combate fuera de servicio y las mentes de computadoras desmanteladas que
servían como valiosas herramientas de instrucción, especialmente después de la travesura
de Erasmo aterrorizando a la sobria Alys Carroll. Manford Torondo acababa de regresar a
Lampadas con un grupo más amplio de entusiastas Butlerianos que nunca se habían
reunido antes, y el hombre sin piernas había solicitado una reunión privada con Gilbertus
para mañana.
Sí, la Escuela Mentat necesita seguridad.
Por último, quitó el cordón y abrió el envoltorio en la parcela para revelar varios
frascos de vidrio llenos de líquido de color rojo rubí.
Karee se inclinó hacia delante.
—Se llama sapho, una destilación potente que hemos desarrollado en mis estudios
químicos sobre Rossak. Proviene de las raíces de la barrera en Ecaz. —Levantó las cejas,
y continuó—: Lo he probado en varias Hermanas, y todas han notado los efectos, pero es
más profundamente eficaz entre nuestros Mentats.
Gilbertus observó la botella a la luz y el color rico brilló a través del cristal.
—¿Qué hace?
—Promueve una intensa concentración y enfoque. Da órdenes a tus pensamientos,
agudiza tu agudeza. Lo he probado en mí misma. Después de beber incluso una dosis
pequeña, uno de mis técnicos de laboratorio desarrolló muchas vías de investigación que
no habíamos considerado antes.
Decidió probar la sustancia y pedir a Erasmo su opinión.
—¿Efectos secundarios?
Ella abrió la boca, y le mostró un sorprendente enrojecimiento en sus tejidos.
—Se tiñe la piel, así que ten cuidado de no derramarlo en tus labios, o en cualquier
otro lugar. No hay otros efectos secundarios conocidos. Si encuentras que el sapho es
beneficioso y decides dejar a tus estudiantes Mentat usarlo, puedo proporcionarte el
proceso de destilación. Es mi regalo de nuevo a esta gran escuela. Estoy segura de que
podrás obtener las materias primas fácilmente de los comerciantes en Ecaz.
—Gracias. —Puso el vial hacia abajo sin necesidad de abrirlo—. Lo intenteré más
tarde, después de un nuevo estudio. Te doy las gracias por la oportunidad. Debemos
buscar todas las vías que nos ayuden a mejorar la mente humana.

***

LSW 288
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

A la mañana siguiente, Gilbertus estaba preparado para su encuentro con Manford


Torondo, aliado incómodo de la escuela Mentat.
Como un resorte en su paso, su alumna, Alys Carroll, introdujo al líder Butleriano en
sus oficinas, y Gilbertus se puso de pie para recibirlo. Portadores silenciosos llevaban a
Manford en un palanquín. El líder Butleriano no pretendía que esto fuera una visita
social. Habló rápidamente.
—Todos podemos regocijarnos, señor Director; por ahora estamos en condiciones de
ampliar nuestros esfuerzos y aprovechar toda la atención del Imperio. El Emperador
Salvador ha dado a nuestro movimiento más de doscientas naves de guerra del Ejército de
la Humanidad.
—Usted tiene un objetivo admirable —dijo Gilbertus, porque se lo esperaba.
—Seguimos encontrando violaciones, terca y necia resistencia. Por lo tanto, he
decidido impulsar la línea de fondo aún más lejos. Debemos dar el ejemplo. Mis propios
aliados deben ayudar a demostrar el punto. —Los ojos de Manford se estrecharon
mientras miraba alrededor de la oficina, como si buscara alguna forma de tecnología
maldita. Gilbertus sintió un escalofrío, consciente de que el núcleo de memoria del robot
estaba escondido dentro del armario sellado. Sabía que Erasmo estaría escuchando a
escondidas con sus ojos espía, incluso ahora.
—Quiero la ayuda de su escuela en esto, Gilbertus Albans.
Llegó a dominar su expresión, manteniendo en su rostro una máscara de calma.
—¿Qué es lo que desea de mí?
—Necesito Mentats que estén capacitados en tácticas de batalla. Con nuestros buques
de guerra recientemente adquiridos, necesito que los Mentats proyecten escenarios de
batalla. En un sentido muy literal, esta será una guerra por los corazones de la
humanidad.
Gilbertus ya sabía que sus estudiantes eran muy capaces, ya que él y Draigo habían
jugado a la guerra teórica muchas veces, sin embargo, dudó.
—Supongo que se podría hacer.
—Entonces será hecho. Necesitaré a todos los que pueda proporcionar, especialmente
a mis alumnos Butlerianos.
Alys habló rápidamente.
—Seré voluntaria por el esfuerzo. Puedo ajustar mi entrenamiento en consecuencia.
—Miró a Manford, y luego a Gilbertus—. Y sé que muchos otros estudiantes piensan
como yo.
—No tengo ninguna duda de ello —dijo Manford.
Gilbertus se sintió incómodo. Sonrió y asintió con la cabeza.
—Con su ayuda —continuó Manford—, bloquearemos los mundos sin control, los
limpiaremos y los cuidaremos de sí mismos. Los amantes de las máquinas tienen su
tecnología, pero no tendrán a mis Mentats.
—La mente del hombre es sagrada —entonó Alys.

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Kevin J. Anderson

Gilbertus se obligó a no mirar en el aparentemente inocente armario donde guardaba


a Erasmo.
—Puede llevar meses prepararlos adecuadamente, pero pondré en práctica el nuevo
plan de estudios de mañana.
—Hágalo hoy —dijo Manford.
Alys abrió la puerta, y los portadores del palanquín de Manford se volvieron y se lo
llevaron fuera de la oficina.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El camino para el avance humano yace sobre el descubrimiento, y los grandes descubrimientos generalmente
atraen nuevos riesgos.
—Del Libro de Azhar

Fuera de balance, rodeada de desconocidos, Anna Corrino había pedido por la amistad de
Valya. Sintiendo los celos de la Princesa durante cualquier momento en que pasaba con
Dorotea, por necesidad, Valya trataba de dedicarle gran parte de su atención posible a la
hermana del Emperador.
Pasaban días y días juntas, y Valya animaba a la joven a confiar en ella, en particular,
sobre su romance con Hirondo Nef. Huele al tonto enamoramiento juvenil, pensó Valya,
pero no dijo nada acerca de ello en voz alta, sólo se compadeció de su compañera y la
consoló por su desgraciada soledad. Mientras hablaban, Valya sonreía a menudo para
convencer a Anna que era una amiga cercana.
Una mañana, Valya llevó a la chica hasta el nivel más bajo interior de los túneles de
la cueva, aunque los caminos de salida de la planta a la turbia selva se habían sellado de
forma permanente. Los ojos de Anna estaban muy abiertos por la fascinación.
—¿Se supone que debemos estar aquí abajo? —Su susurro demostró ansias de hacer
algo un poco prohibido.
—Estos niveles contienen utilidad, almacenamiento y salas de máquinas de las
cavernas anteriores. Es el lugar donde se lleva a cabo una gran parte del trabajo de baja
categoría. Antes, cuando esta era una ciudad mucho más grande, un grupo de hombres se
desempeñaban como trabajadores de apoyo, pero la Reverenda Madre ha hecho que la
escuela sea un santuario para las mujeres talentosas… lo que significa que debemos
realizar el trabajo nosotras mismas. Se espera que todas las acólitas sirvan aquí en turnos,
incluso la hermana del Emperador. —En cuanto a ella, Valya preferiría haber estado
trabajando con los equipos de reproducción, pero se concentraba en sus obligaciones para
con Anna, por el momento, lo que Raquella consideraba una prioridad.
La expresión de Anna cayó. Estaba claramente desalentada por la poco glamorosa
asignación.
—Oh.
Valya, sin embargo, le dio una palmadita en la espalda de camaradería.
—Me reuniré contigo para tu turno en la sala de costura, para reparar la ropa.
Podemos trabajar juntas por un rato.
Aquello alegró a Anna. Caminaron pasando las últimas estaciones de lavandería
donde acólitas de túnicas verdes limpiaban manualmente las prendas en grandes tablas de
lavar, usando agua que salía por una cañería de los acuíferos subterráneos. El cuarto de
costura tenía mesas largas con batas y ropa interior repartidas en ellas, cuatro máquinas
de coser estaban adosadas a las tablas, pero la mayoría de las acólitas utilizaban agujas e
hilo.

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Valya sacó una túnica blanca de una gran bandeja y se sentó en una silla vacía,
extendiendo el manto sobre una mesa para señalar una costura deshilachada.
—Esta es una túnica de una hechicera. Esas mujeres son un poco quisquillosas, así
que asegúrate de hacer un muy buen trabajo.
—Me gusta coser —dijo Anna—. Algunas de las damas de la Corte me enseñaron a
hacer el bordado tradicional. Parecía inútil al principio, pero con el tiempo pareció que
me calmaba, y mi mente podía pasear.
Valya recordó lo que la supervisora le había enseñado hacía años, durante su propio
primer turno en la sala de costura, y ahora ella contaba la misma historia a Anna.
—Uno de los grandes líderes religiosos de la Vieja Tierra, Mahatma Gandhi, solía
reparar sus propias prendas. Era un hombre sencillo, pero muy complejo en su
pensamiento.
—Nunca he oído hablar de él. —Mostrando poco interés, Anna levantó la prenda y
buscó la rotura. Valya encontró un traje negro cuyo bolsillo necesitaba repararse y se
sentó junto a la chica Corrino. Anna amaba charlar, y ahora pensaba:
—¿Tiene la Reverenda Madre Raquella realmente las voces de todas sus antecesoras
en el interior de su cabeza?
—Ha alcanzado un pináculo de capacidad que el resto de nosotras sólo podemos
soñar.
Los ojos de Anna se iluminaron, y dijo con voz emocionada:
—Dice que cada una de nosotras puede convertirse en una Reverenda Madre,
también, si sólo pudiéramos centrar nuestros pensamientos y ser lo suficientemente
fuertes como para sobrevivir al proceso.
—Es muy peligroso —advirtió Valya—. Nadie, excepto Raquella, ha tenido éxito en
la transformación. De hecho, la mayoría han muerto por el veneno.
—¿Así que no lo has probado tú misma?
—¡No! —Hasta que se comprobara el proceso, Valya nunca arriesgaría el futuro de
su familia en una apuesta tan caprichosa—. Ayudé a la Hermana Karee con sus
investigaciones para desarrollar el próximo fármaco útil para las posibles candidatas, pero
mis otras responsabilidades en la Hermandad son demasiado importantes para mí como
para tomar un riesgo tan grande.
—Creo que sería fascinante tomar el veneno y oír voces. —Anna tiró de la rosca,
claveteó con la aguja, y señaló a la puntada apretada—. Mi madre era una concubina, y
nunca la conocí… ¡pero podría tener toda su vida en mi cabeza! Siempre pude leer acerca
de la línea de los Corrino en las historias, pero no sé mucho sobre el lado de mi madre.
¡Las voces me lo dirían!
Somos primas de sangre, pensó Valya. Se aseguraría de que Anna se enterara de ello,
pero no hasta un tiempo adecuado.
Valya trató de no fijarse en su objetivo de lograr la venganza por el nombre
Harkonnen, pero era como una lesión crónica de su psique. Griffin no le había enviado
ningún informe de la situación cualquiera que fuere, pero cada día esperaba recibir un

LSW 292
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

mensaje de triunfo declarando que se había ocupado de Vorian Atreides; preferiblemente


por una muerte lenta y dolorosa.
Anna se rió entre dientes.
—Me acuerdo de un bufón en la Corte Imperial que oía voces en su cabeza. Dijeron
que estaba loco, y se lo llevaron.
Las fosas nasales de Valya se encendieron.
—La Reverenda Madre no está loca. Tan pronto como Karee Marques descubra la
química transformadora apropiada, otras corroborarán sus afirmaciones.
—¡Tal vez deberíamos hacerlo, sólo tú y yo! —dijo Anna en tono conspirativo—.
¡Podemos ser las primeras después de Raquella!
Valya levantó la cabeza, alarmada.
—Cállate, no digas eso; no estamos listas. Ni siquiera lo estoy. —Miró a su alrededor
para asegurarse de que ninguna de las acólitas había escuchado los comentarios de Anna.
Todas las voluntarias anteriores se habían sometido a las pruebas psicológicas más
rígidas y exigentes, y aún así habían fallado. Anna Corrino era demasiado inmadura y
desenfocada.
Ajena a la preocupación de su compañera, la niña terminó de reparar el manto, dobló
la prenda y la depositó sobre la mesa. Tarareando, finalmente inquirió en un tono frívolo:
—Sólo estaba siendo curiosa, preguntándome qué sería. Me gustaría tener esas
habilidades algún día, eso es todo.
Valya se había hecho esa pregunta a sí misma muchas veces, pensando que, con las
habilidades añadidas de una Reverenda Madre, el control corporal preciso y la biblioteca
histórica de recuerdos, podría ser una fuerza formidable para restaurar a la Casa
Harkonnen. Pero si moría al intentar la transformación, su familia sufriría la pérdida, y
todo el peso de la redención de la ignominia caería en los hombros de Griffin. Nunca le
haría eso a su hermano.
La otra chica charlaba mientras continuaban reparando, pero Valya no dijo nada.

***
Esa noche, Valya tenía la incómoda sensación de que estaba en su pequeña habitación
privada, sin poder dormir. Muchas de las más jóvenes Hermanas compartían cuartos,
pero con gran parte de la ciudad acantilado vacía, a las Hermanas avanzadas, como ella,
se les daba su propia habitación. Ahora, sin embargo, pensaba que debería haber sugerido
compartir cuartos con la hermana del Emperador, sólo para cimentar su amistad… y
permitirle vigilar a la chica más de cerca.
Durante la cena, mientras que Anna contaba historias de la Corte Imperial a otras
acólitas, con Valya obedientemente a su lado, la Hermana Dorotea se unió a ellas. Las
preocupaciones persistentes de Dorotea sobre la muerte de Ingrid y su fisgoneo repetido
en los rumores de los equipos de la Hermandad, la hicieron una compañera de cena
desagradable. Valya pretendía ser cordial, no queriendo llamar las sospechas de la otra

LSW 293
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Kevin J. Anderson

mujer, pero era difícil, teniendo en cuenta lo que sabía. Por el momento, Dorotea la
consideraba una aliada, y Valya no quería cambiar esa utilidad, adormeciendo la
percepción…
Ahora, mientras trataba de dormir, los pensamientos de Valya continuaron agitándola,
no solamente las preocupaciones sobre las sospechas de Dorotea, sino también las
preocupaciones sobre lo que estaba haciendo Griffin, así como la responsabilidad de
cuidar a Anna, y la persistente pregunta que siempre evitaba, la de tratar de convertirse en
una Reverenda Madre por sí misma. Si Valya era de las primeras en tener éxito después
de Raquella, podría tener el poder para gobernar la Hermandad un día.
De su trabajo con la hermana Karee, sabía de muchos fármacos no probados
desarrollados en su laboratorio, a la espera de las voluntarias para intentarlo. Pero pocas
mujeres tenían el valor de dar el salto, y las que parecían demasiado ansiosas como Anna
Corrino, no estaban, obviamente, listas.
Por el momento, Karee Marques había viajado a Lampadas para reunirse con su
antiguo maestro Mentat, Gilbertus Albans. El laboratorio farmacéutico del bosque estaba
vacío, e incluso Dorotea no perdía sus días allí. Valya todavía tenía su clave de acceso,
pero rara vez la usaba; Anna le había pedido en varias ocasiones una visita secreta del
lugar, y por último Valya se había visto obligada a acceder el día anterior, sólo para
tranquilizar a la niña.
Pero aquella noche había habido algo más que la intensidad de Anna. La Princesa
había preguntado en repetidas ocasiones sobre el laboratorio farmacéutico y los venenos
en espera de ser probados, y la siguiente candidata que podría hacer el intento de
convertirse en una Reverenda Madre. Cuando Valya la reprendió por sus preguntas poco
realistas, Anna se quedó en silencio; demasiado rápido y con demasiada facilidad, le
parecía ahora.
Con un extraño nudo de temor, Valya se levantó y buscó en sus posesiones,
incluyendo los bolsillos de su bata. Se turbó al descubrir que su clave de laboratorio se
había desvanecido. Con el pulso acelerado, se vistió de prisa, tomó un globo de luz, y se
apresuró hacia cámara de reposo de Anna en la sección de acólitas. Lamentablemente, no
se sorprendió al descubrir la litera de la chica vacía, aunque sus dos compañeras estaban
profundamente dormidas.
Sabía a dónde se había ido Anna, pero no se atrevió a dar la alarma o despertar a las
otras Hermanas. Este era su problema, su fracaso, y tenía que tratar con él de inmediato.
Con su corazón latiendo más por miedo que por esfuerzo, Valya corrió por la copa de
los árboles polimerizados y subió a la cabina del ascensor hasta el piso de la selva. Al
caer la noche, las selvas eran mucho más peligrosas que durante el día, pero temía que la
hermana del Emperador tuviera la intención de tomar un riesgo aún mayor de los peligros
naturales de la selva. Valya estalló en un sudor frío. Si algo le sucedía a Anna, las
repercusiones políticas arruinarían todas las esperanzas de la familia Harkonnen.
Usando el globo de luz para iluminar sus pasos, Valya corrió por el camino enredado
al enorme árbol ahuecado, y encontró que la puerta de metal negra estaba entornada.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Respirando fuertemente, se apresuró a entrar en la cámara principal del laboratorio. Las


diversas estaciones de trabajo estaban vacías, todos los experimentos silenciosos sin
Karee para supervisar el trabajo sensible.
Al oír un ruido furtivo, vio a Anna en las sombras. La joven no parecía sorprendida
de ver a Valya allí, y habló en un susurro excitado, aunque eran las únicas en la cámara.
—Tengo una de las drogas de muestra aquí. No puedo decir lo que es, sin embargo.
—Levantó una jarra de barro, retirando la tapa—. He estado buscando la que huele
mejor. —Sacó una pequeña cápsula azulada.
Valya se lanzó hacia ella y le sacó la cápsula de su mano. La jarra de barro cayó,
rompiéndose en el suelo y dispersando las pastillas.
Anna frunció el ceño.
—Estaba eligiendo una para ti. Tú y yo podemos tomar el medicamento juntas y
convertirnos en las primeras nuevas Reverendas Madres. ¡Se lo mostraremos a todas! —
Se arrodilló para recoger algunas de las pastillas caídas, pero Valya la obligó a ponerse en
pie.
—¡No deberías haber venido aquí sin permiso! ¿Sabes cuántas Hermanas han muerto
ya?
Los ojos de Anna brillaron con lágrimas, afectados por el regaño de su amiga.
—Iba a llevar pastillas y compartirlas contigo. —Trató de liberarse, pero Valya la
sostuvo firmemente por el brazo.
Sin aliento, la Hermana Dorotea apareció en el laboratorio. Tenía los ojos brillantes y
sospechosos mientras miraba a Valya.
—Te he seguido. ¿Qué estás haciendo aquí?
Un destello de fastidio cruzó la mente de Valya. ¿Dorotea la estaba espiando?
—No te preocupes, me he ocupado de ella. —Habló con dureza en su voz, en un
intento de disipar las sospechas de la mujer mayor—. No hay motivo de preocupación. La
Reverenda Madre me dio instrucciones para velar por la Hermana Anna. A veces, es…
impetuosa, pero la atrapé a tiempo. No ha pasado nada. —Sin soltar el brazo de Anna,
condujo a la chica hacia la puerta. Por si fuera poco, lanzó una mirada furiosa y
amenazante a la otra Hermana, echándole la culpa—. Con la hermana Karee lejos, este
laboratorio es tu responsabilidad. Nunca se debe dejar esta estación sin vigilancia, incluso
de noche. Pudo haber sido una catástrofe.
Dorotea se quedó perturbada.
—Tengo que informar de esto a la Reverenda Madre.
—Sí —dijo Valya—. Lo haremos.
Anna intentó reprimir sus lágrimas, mientras Valya se la llevaba, susurrando a la
acólita.
—No hay necesidad de preocuparse. Yo me encargaré de esto, pero ni se te ocurra
tratar de escapar de mí otra vez.

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A pesar de su apariencia ifalible, las proyecciones de las computadoras no son prescientes.


—TICIA CENVA, antigua líder de las hechiceras de Rossak

Al día siguiente, Raquella leyó el reporte completo firmado por la Hermana Perianna,
detallando su servicio a la esposa de Roderick Corrino en la Corte Imperial. Después de
ser atrapada espiando de forma inepta, Perianna había escapado antes de que pudieran
hacer demasiadas preguntas, y había vuelto a Rossak en un estado de ánimo deprimido.
Decepcionada, Raquella reservó el informe. Perianna había perdido su posición vital en el
Palacio, y su esfuerzo no había conseguido más que detalles triviales acerca de las
interacciones internas entre Salvador, Roderick, y sus mujeres. Nada de mucho valor.
Con un sabor amargo en la boca, Raquella dejó su oficina y fue a observar las clases
en curso. Le gustaba variar sus rutas y horarios para obtener una imagen más completa de
lo que estaba pasando. Cuando la Hermana Dorotea la llamó por su nombre en uno de los
pasillos, Raquella sintió un escalofrío por la espalda, pero se obligó a mantener la calma,
a pesar de que las voces de las memorias en su cabeza clamaban advirtiéndola. Dorotea
se había convertido en una molestia últimamente, y el cariño latente incluso de Raquella
para su nieta se había desgastado.
La noche anterior, Dorotea había marchado a sus aposentos privados con la Hermana
Valya y Anna Corrino a cuestas, diciendo que Anna había huido a los laboratorios en la
selva. Aunque alarmada por la información, Raquella dio una respuesta severa.
—Es responsabilidad de la Hermana Valya. No tengo que estar preocupada por cada
broma o indiscreción cometida por una acólita.
Dorotea no había estado satisfecha por la reacción, y se había ido murmurando en
descontento. Ahora aparecía corriendo nuevamente, respirando hondo para calmarse.
—Reverenda Madre, he leído el informe de la muerte de la Hermana Ingrid, y no
estoy satisfecha con las conclusiones. Creo que el asunto debe ser objeto de nuevas
investigaciones.
Juntando sus manos en frente de ella, Raquella dijo:
—Ingrid era una muchacha impetuosa, que mostró un gran potencial. Su muerte fue
una pérdida para la Hermandad, pero el asunto está cerrado.
El enojo de Dorotea era palpable.
—¿Está demasiado ocupada para hacer frente a un asesinato, Reverenda Madre?
—¿Asesinato? —Raquella entrecerró los ojos—. La niña se cayó del acantilado. Es
una peligrosa ruta en donde no debería haber estado. Eso es todo lo que hay del asunto.
Los accidentes ocurren.
—¿Y si alguien la empujó por el acantilado?
—¿Sugieres que tal grave delito fue cometido por una de tus Hermanas compañeras?
¿Tienes pruebas de ello? —Raquella colocó sus manos en sus caderas—. ¿Alguna
evidencia en absoluto?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Dorotea bajó la mirada.


—No, Reverenda Madre.
Como si llegara al rescate, la vieja hechicera Sabra Hublein corrió hacia ella, y
Raquella pudo leer la alarma en el rostro de la anciana. Su túnica blanca estaba sucia en
la parte frontal inferior, lo que sugería que podría haber corrido aprisa por debajo de las
cuevas de las reproducciones de cría.
Con apenas una mirada a Dorotea, Sabra dijo:
—Perdone la interrupción, Reverenda Madre, pero tengo que hablar con usted a solas.
—Bajó la voz—. Hemos hecho una proyección importante.
Encantada de tener una excusa para poner fin a la conversación, Raquella desestimó a
Dorotea. Aunque la otra Hermana no estaba, obviamente, satisfecha, la Reverenda Madre
tomó a Sabra por el brazo y la llevó rápidamente a través de los túneles, pasando por las
aulas, y directo a sus oficinas privadas, donde podían reunirse sin ser oídas.
Sabra susurró:
—Nuestros equipos han ordenado a través de proyección tras proyección, utilizando
todas las variables, todas las montañas de datos, y tengo alarmantes noticias relativas a un
linaje noble específico. —Su voz era áspera, como papel roto—. Haciendo uso de todo
nuestro poder de computación, hemos recopilado los datos de linajes y descendencias
proyectados utilizando las muestras disponibles de ADN de toda nuestra biblioteca de
cría, aplicando las probabilidades primarias, secundarias, terciarias, y más allá. Es posible
que hayamos llegado a los límites de las capacidades de las computadoras, pero estoy
segura de que la proyección es válida.
—¿De qué línea de sangre? —preguntó Raquella, tratando de mantener la calma—.
¿Los descendientes de quién?
—¡Del Emperador Salvador Corrino! Hemos modelado su posible descendencia a
través de la Emperatriz Tabrina, a través de cualquiera de sus concubinas actuales, y
todos los otros linajes nobles probables. Su gen Corrino específico es el factor común.
Raquella podía observar que era una investigación de mérito.
—¿Y qué es lo que has encontrado? ¿Por qué estás tan alarmada?
Los ojos de Sabra brillaron.
—Es muy coherente, e incluso nuestras Hermanas Mentats han verificado la
conclusión general de que si se le permite al Emperador Salvador a tener, a través de la
descendencia de cualquier probable compañera, una familia, producirá al tirano más
terrible en la historia, dentro de cinco a diez generaciones. Si los modelos de proyección
son correctos, cientos de millones, o miles de millones de vidas podrían estar en juego,
un derramamiento de sangre a escala de la Yihad.
—¿Se puede predecir eso?
—Oh, sí, la Reverenda Madre; con un grado razonable de exactitud. Si esta línea de
sangre continúa, el tirano resultante estará destinado a causar el caos y la carnicería, en
todo el Imperio. Naturalmente, hay muchos factores en la creación de un modelo de este
tipo, y las computadoras no pueden estar absolutamente seguras, pero la probabilidad es

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preocupantemente alta. Recomiendo vivamente, como medida de precaución, que


encontremos alguna manera de evitar que el Emperador tenga hijos.
—¿Qué pasa con su hermano, Roderick? Él ya tiene hijos. ¿Tenemos que reducir la
línea de sangre Corrino por completo?
Sabra mostró un atisbo de alivio.
—No, Roderick Corrino tiene una madre diferente, y una composición genética
diferente. De hecho, no tiene ninguno de los factores peligrosos, ni tampoco sus cuatro
hijos. Ya hemos estado manteniendo una estrecha vigilancia sobre ellos. Sólo Salvador
eleva nuestras preocupaciones.
Según los registros, la madre de Salvador había sido emocionalmente desequilibrada
y había intentado matar al Emperador Jules cuando decidió poner fin a su servicio como
concubina. Por el contrario, la madre de Roderick no sólo era hermosa, sino también muy
inteligente. La madre de Anna era también de una genética y cepa buena, bastante
normal. La falla, entonces, provenía de la línea materna de Salvador. Raquella no era la
única que creía que Roderick hubiera sido un mejor Emperador que su hermano.
El coro de voces dentro de su mente estuvo de acuerdo, también.
—Permítanme examinar los datos, y decidiremos sobre el siguiente paso. A pesar de
las necesidades dinásticas, hay pocas posibilidades inmediatas de que Salvador deje
embarazada a la emperatriz; apenas pueden tolerarse entre sí, de acuerdo con los informes
de las Hermanas Dorotea y Perianna. Podríamos, sin embargo, tener la necesidad de
controlar a sus concubinas…
—Esto es bastante peligroso, Reverenda Madre, pero no debemos dejarlo al azar. Si
arrancamos el problema de raíz ahora, el curso de la humanidad será relativamente fácil
de corregir.
—Y podemos hacerlo —dijo Raquella—. Nadie más podrá ver la amenaza. —Sonrió
para sus adentros. Este era exactamente el tipo de reto para el que se había previsto y
guiado la Hermandad.
Las voces en sus memorias continuaron susurrando advertencias, reaccionando con
alarma y confirmando lo que Raquella ya había decidido.
—Rara vez dejo algo al azar, Sabra. Prefiero esterilizar a Salvador en vez de tener
que matarlo, pero hay que hacerlo. Será nuestra contribución al bienestar del Imperio.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Un juramento de lealtad es como una promesa a Dios.


—ANARI IDAHO, Maestra Espadachina a Manford Torondo

Desde que Manford había sido complacido por las concesiones que había recibido del
Emperador Salvador, Anari también estaba complacida. Doscientas treinta naves del
Ejército de la Humanidad le habían sido entregadas, para que así sus Butlerianos pudieran
expandir sus operaciones de buscar cualquier tipo de tecnología seductora. Pronto tendría
más Mentats entrenados en tácticas también.
Siempre había sido la mayor gloria de Anari ayudar a Manford a lograr lo que la
Santa Serena y Rayna Butler le habían encomendado que hiciera, pero ahora estaba
especialmente feliz de estar viajando con él hacia Ginaz, el hogar de la Escuela de los
Maestros Espadachines. Durante el vuelo, Anari le atendió en cada necesidad, y se
distrajo en pensamientos nostálgicos. Había pasado años entrenándose en la isla del
planeta, convirtiéndose en una Maestra Espadachina certificada.
Apoyado en su asiento Manford miró por el ventanal del transbordador descendente.
Ella se inclinó, con el rostro cerca del suyo, y juntos contemplaron en el océano
iluminado por el sol, capturando su primera visión del archipiélago en donde se hallaban
los campos de entrenamiento de los Maestros Espadachines.
Manford le dedicó una cálida sonrisa, melancólica.
—Contigo hablando en mi nombre, Anari, aseguraremos más que suficientes
Maestros Espadachines para dirigir a los cruzados en todos nuestros buques nuevos.
Su corazón se hinchó con el cumplido.
—No tengo nada que ver con ello, Manford. La dedicación y la moralidad están
arraigadas en cada Maestro Espadachín. Son los paladines de la humanidad y se unirán a
nuestra causa, por ti, y porque es lo que hay que hacer.
Le dio una palmadita en el brazo.
—Eso no disminuye el hecho de que me alegra de que estés aquí conmigo.
El transbordador aterrizó en la isla principal, donde un sinnúmero de estudiantes para
Maestros Espadachines habían sido entrenados en los años transcurridos desde la muerte
de Jool Noret. Anari abrochó el arnés, endureció las correas a través de su pecho y la
cintura para asegurarse de que estaban firmes, luego se volvió y se agachó. Manford la
agarró por los hombros y se encaramó en el zócalo formado para mantener sus caderas.
Se puso de pie sobre sus musculosas piernas, apenas notando el peso añadido, y caminó
con orgullo por la rampa.
Un grupo de combatientes, con camisas de bronce había venido a darles la
bienvenida. A pesar que muchos de sus compañeros estaban dispersos en misiones
privadas por todo el Imperio, reconoció a dos de sus profesores Maestros Espadachines
entre el comité de bienvenida. En lugar de llamar a sus instructores, sin embargo, fingió
ser invisible. Anari no quería sobrepasar sus límites. En aquella situación, al lado de su

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amado Manford, estaba allí únicamente por él, para llevarlo, para que le sirvieran a él; no
para demostrar su propia e importante posición. No iba a hablar a menos que necesitaba
hacerlo.
Mientras estaba de pie bajo la luz brillante del sol, Manford observó al comité de
bienvenida. No dijo nada, esperando a que uno de los instructores se reverenciara, y
luego todos los Maestros Espadachines hicieron lo mismo. Era una señal suficiente de
respeto. Manford les hizo un gesto hacia arriba, sonriendo con benevolencia.
—Vengo ante ustedes con una gran oportunidad —dijo—. A pesar que nuestra
cruzada contra las máquinas ha terminado y hemos derrotado a Omnius, la raza humana
aún necesita a los Maestros Espadachines. Tenemos una nueva batalla, no sólo para
luchar contra los opresores, sino para salvar nuestro futuro. ¿Todavía recuerdan cómo
luchar?
Una aclamación rotunda se elevó de los reunidos.
—¡Sí! —Más hombres y mujeres musculosos habían llegado a la zona de aterrizaje
para ver a Manford.
Los Maestros Espadachines tenían poca utilidad para los rangos y la autoridad.
Entrenaban con otros, superaban a los otros. Los combatientes superiores eran evidentes
para cualquier observador, y no necesitaban insignia especial, aparte de las armas que
llevaban en las vainas. Uno de los instructores, el Maestro Fleur (entre uno de los
instructores más duros de Anari), ahora actuaba como portavoz.
—Damos la bienvenida a un nuevo reto. Los Maestros Espadachines de Ginaz han
esperado durante mucho tiempo por un digno oponente. Seguimos las enseñanzas del
gran Jool Noret, pero muchos de nosotros trabajamos como meros guardaespaldas, o para
viajar a través del nuevo Imperio, ofreciendo nuestros servicios a los oprimidos. Sin
embargo, siempre hemos esperado más.
Anari casi pudo oír la sonrisa en la voz de Manford cuando dijo:
—Entonces, estoy muy contento de haber llegado.

***
En las colinas cubiertas de hierba, sobre la playa de arena negra, los Maestros
Espadachines se entrenaban para el combate. El Maestro Fleur había establecido una
demostración especial para Manford, que estaba sentado en una silla especial. A su lado,
Anari permanecía mirando ansiosamente. Una parte de ella deseaba participar,
recordando cuando había sido una estudiante. Sabía que, si se lo pedía a Manford, le daría
permiso para que se uniera, pero tenía un propósito más elevado ahora. Aunque
recordaba con cariño sus días de entrenamiento, sus actuales funciones eran mucho más
importantes.
El Maestro Fleur había llamado a un robot de metal negro de aspecto demoníaco para
que se colocara en el centro de la zona de césped abierto. El enorme mek de batalla con
múltiples brazos sobresalía con sus cuatro metros de altura, un Goliat robótico rescatado

LSW 300
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

de una de las naves abandonadas de las máquinas. Se paraba sobre sus patas como
columnas, con protuberancias espinosas defensivas en sus codos, hombros y cintura. Las
armas proyectiles incrustadas en sus cuatro brazos estaban desactivadas, pero el mek
poseía otras técnicas de lucha brutal y bastante fuerza motora para levantar edificios.
Pareciendo minúsculos, los alumnos Maestros Espadachines rodeaban en un anillo a
la máquina, listos para demostrar su destreza con primitivas pero efectivas espadas de
impulsos.
Fleur le dijo a Manford:
—Continuamos perfeccionando nuestras habilidades de lucha, si las máquinas
pensantes alguna vez regresan.
Anari sabía que el estar tan cerca de la enorme pesadilla mek hacía que Manford se
pusiera incómodo, pero ella lo protegería. Le molestaba la idea de que los Maestros
Espadachines, así como la Escuela Mentat, sintieran la necesidad de mantener los
recordatorios de odio como una parte necesaria de la formación, pero de mala gana
entendía. Otro compromiso, un mal necesario.
Uno de los estudiantes activó los sistemas de energía del mek, y las fibras ópticas
brillaron como una constelación de estrellas en su cara negra pulida, evaluando su
entorno. La máquina de batalla giró por la cintura, se estiró y elevó su gigantesco
hombro. La cabeza roma dio una vuelta completa escaneando a los opositores ante él.
Con un grito, los alumnos Espadachines se lanzaron hacia adelante.
Manford observó con interés. Los ojos de Anari brillaron al recordar muchos de esos
ejercicios. Creciendo como una huérfana, se había visto obligada a superar grandes
dificultades y había luchado contra incontables oponentes para demostrar que era lo
suficientemente buena. En su adolescencia, había hecho su camino a Ginaz y exigido ser
entrenada. En poco tiempo, derrotó a cinco personas que trataron de negarle la entrada a
la escuela, y, finalmente, los maestros la aceptaron. Allí, estudió todo tipo de técnicas de
combate: cuerpo a cuerpo, así como táctico, luchando contra humanos o máquinas. Su
cuerpo había sido golpeado y maltratado innumerables veces, pero siempre se había
curado, y su corazón nunca había sido derrotado.
Uno de sus camaradas había sido Ellus, el único aprendiz que podría pelear con ella
para un punto muerto sobre una base regular. Finalmente, los dos se hicieron amantes,
pero disfrutaban más con el físico, con el sudor y la alegría del combate, que con el sexo
en sí. Debido a eso, Anari había sido capaz de dejar a un lado sus sentimientos por el
hombre cuando ambos se apartaron para unirse a los Butlerianos. Desde que conocía a
Manford, había formado objetivos más importantes y aceptado una misión que iba más
allá de las unidades hormonales de los seres humanos comunes y corrientes. En la mente
de Anari, la lealtad y la dedicación lograban un estado superior.
Anari recordaba cuando ella y Ellus habían luchado contra un modelo equivalente al
mek de batalla, y los dos habían destruido al gigantesco oponente. Mientras permanecía
como compañera cercana de Manford, Ellus se había ido con otros dos Maestros

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Espadachines y un grupo de Butlerianos dedicados a localizar y destruir docenas de bases


cimek perdidas.
Se esperaba que estuvieran fuera durante meses, pero sabía que Ellus volvería a
Lampadas y anunciaría su éxito. Hubo un tiempo en que podría haberse perdido para
haber desaparecido durante tanto tiempo, pero ahora tenía a Manford… más de Manford
que cualquier otra persona podría tener. Esa clase de amor era tan puro y claro como un
diamante Hagal.
Ahora, estaba inquieta y fascinada mientras los aprendices Espadachines golpeaban al
mek de combate, atacándolo como una multitud exuberante y mortal, pero la descomunal
máquina de batalla no fue derrotada fácilmente. Los alumnos siguieron luchando como
lobos que tratan de derribar a un mamut furioso.
El enorme mek atacó con sus cuatro brazos articulados, chasqueando las pinzas
articuladas. Se apoderó de uno de las espadas de impulsos y la echó a un lado, tirando tan
fuerte que dislocó el hombro del luchador. El hombre desarmado gritó de dolor y se
tambaleó a un lado mientras dos aprendices se zambullían en la brecha para cubrirlo. El
mek de batalla les dio un manotazo alejándolos. Luego se movió hacia atrás
repentinamente y puso un brazo espinoso, señalando hacia los lados para destripar a uno
de los alumnos. En una explosión de sangre, la víctima tropezó y tosió. Finalmente, otro
luchador la recibió, pero era claramente una herida mortal.
La visión de la sangre aumentó el frenesí de los especializados alumnos restantes, y
se abalanzaron sobre la máquina. Sus espadas de impulsos desactivaron uno de los cuatro
brazos de lucha del mek. El mek de batalla se tambaleó hacia arriba y barrió de lado,
golpeó a tres aprendices más, que se pusieron en pie nuevamente y saltaron alejándose.
El mek giró y empujó con sus tres brazos activos en una ráfaga de agudos y punzantes
golpes. Trató de disparar sus inútiles armas de proyectiles, pero vaciló cuando los
sistemas de armas integrados no funcionaron.
Anari respiraba con dificultad, mirando intensamente. Su palma sudada apretaba la
empuñadura de su propia espada de impulsos con tanta fuerza que pensó que podría
aplastarla. Bajó la mirada hacia Manford en su silla, al descubrir que la observaba en
lugar de la pelea. Sus ojos brillaban con la comprensión.
—Ve —le susurró.
Como una piedra lanzada por una catapulta, Anari se lanzó a la carga con una sonrisa
salvaje y encantada en su rostro. Su primer golpe con la espada de impulsos envió una
vibración que adormeció todo el camino hasta su brazo, haciendo un hueco serio en el
caparazón de la máquina.
Anari cambió la espada de impulsos a la otra mano y siguió luchando. Una estocada
en una buena posición al rostro metálico liso del mek acertó a un conjunto de fibras
ópticas, dejándolos fuera de línea. Trabajando en conjunto, tres de los participantes
habían usado sus espadas para bloquear uno de los brazos articulados de lucha del robot.
El resto de los combatientes se arrojaron sobre el mek de batalla sin tener en cuenta la
seguridad personal, dando puñaladas y golpes. El golpe de Anari a las fibras ópticas había

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

creado un punto ciego, y un aprendiz era capaz de llegar a la placa de acceso debajo de la
cabeza mecánica. Quitó el plato y empujó su espada de impulsos profundamente en el
núcleo del robot.
Herido y lisiado, el mek de batalla ya no podía luchar. Anari agarró uno de los brazos
articulados inútiles y tiró de él sobre los hombros de la máquina como un mamut, en una
extraña parodia a cómo Manford montaba sobre sus hombros. Allí, utilizó su espada de
impulsos para cercenar la cabeza de la base del cuello del mek.
Con un gemido, la máquina gigantesca perdió el equilibrio y cayó de nuevo. En
cuestión de segundos, los alumnos la habían roto en innúmerables pedazos, destruyendo
cada pista de un circuito funcional.
Satisfecha, orgullosa y llena de júbilo, Anari regresó con Manford. Se limpió el sudor
de la frente y le hizo una reverencia de agradecimiento.
—Fue hermoso —dijo—, volver a mi elemento.
Fuera del perímetro de la lucha, el aprendiz eviscerado gorgoteó y murió. Una de las
médicas de campaña había tratado de detener la hemorragia y meter los intestinos del
hombre de nuevo en su abdomen. Ahora se limitó a sacudir la cabeza, levantó las manos
con sangre, y se inclinó con respecto ante el guerrero caído por la valentía que había
demostrado, a pesar de que sólo había sido un aprendiz.
Fleur miró el combatiente muerto, con un atisbo de tristeza, y luego dedicó su
atención al resto de los combatientes.
—Los Maestros Espadachines luchan y mueren. Es por eso que estamos aquí.
—La mente del hombre es sagrada —dijo Anari.
Manford habló en voz alta al Maestro Fleur.
—Los seres humanos pueden ser influidos con tanta facilidad, y alguien tiene que
mantenerlos en el camino, alguien con una visión clara. A algunas personas puede no
gustarle, pero nosotros los Butlerianos tenemos una vocación más elevada.
—Su llamado es nuestro llamado. —Fleur levantó la barbilla—. Observe, casi han
terminado.
Los doce alumnos restantes continuaron rompiendo al robot de combate, incluso
después de que se viniera abajo. Uno de ellos desacopló un conjunto de los brazos
articulados de combate y los alzó como un trofeo. Los otros aprendices desmantelaron
metódicamente el robot de lucha y arrastraron las piezas esparcidas por el césped. Uno
sostenía la cabeza ovoide cercenada.
—¡Otro opositor vencido, Maestro! —gritaron. En torno a él, los alumnos
Espadachines parecían maltratados y agotados, pero sus ojos brillaban de emoción
salvaje.
Manford le dijo a Fleur:
—Necesitamos que cientos más como estos se unan a nuestra causa. Con nuestra
nueva flota, debemos actuar contra innumerables mundos, para vigilarlos y asegurar que
la peligrosa tecnología nunca corra desenfrenada nuevamente.
—Tendrás tantos Maestros Espadachines como necesite —le prometió Fleur.

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—Bien. Muy bien —dijo Manford, y luego continuó en voz más baja—: No todos
nuestros enemigos son tan obvios como un mek de combate, sin embargo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Cualquier intento de modificar los textos sagrados, por más fiable que sea, es inherentemente peligroso.
—Extracto de un informe confidencial, sólo para los ojos del Emperador

—Necesito un argumento convincente para que el viejo edificio de la Escuela Suk sea
derribado, y así enviaremos un mensaje —dijo Salvador con un gemido—. Los
Butlerianos me obligaron a estar de acuerdo con ellos, y lo van a destruir de una manera u
otra, pero necesito que me proporciones una excusa de legítima resonancia.
Roderick luchaba con sus necesidades mientras los dos hermanos estaban reunidos en
el frondoso jardín de invierno del Palacio.
—Es una cosa muy triste, y Manford Torondo está equivocado en resentirse con ellos
así. Ambos sabemos que los doctores Suk proporcionan un servicio valioso, para aquellos
que pueden permitírselo. Se cuidan mucho de no utilizar tecnología cuestionable.
—¿Tecnología cuestionable? Las turbas de Manford cuestionan toda la tecnología.
—Si nuestro propio padre hubiera buscado atención médica a tiempo, no habría
muerto a causa de un tumor cerebral.
Salvador olfateó.
—Y entonces no me habría convertido en gobernante supremo cuando lo hice, así que
hay un resquicio de esperanza.
Roderick asintió lentamente. Tenía que llegar a una buena justificación para derribar
la sede de la vieja escuela. Si aportaba el hecho de que el ex administrador Suk, Elo
Bando, había engañado a Salvador por una fortuna para procedimientos médicos
innecesarios, podría causar la suficiente cantidad de escándalo, pero también haría a su
hermano parecer un tonto. Dudaba de que pudiera convencer a Salvador de que había
sido engañado.
—Tal vez podamos juguetear con las cuestiones de irregularidades financieras. Ha
habido rumores, ya sabes.
—O iniciar un rumor por nuestra cuenta de que poseen una computadora en
funcionamiento encerrada en una habitación escondida en alguna parte. —Salvador dejó
escapar un suspiro de impaciencia—. El pueblo de Manford no se molestará en
comprobar sus hechos. Arrasarán con el edificio hasta los cimientos, y no les importará si
la tienen o no encuentran nada.
—Eso ciertamente funcionaría, pero una mentira convertiría en enemigo a la Escuela
Suk —dijo Roderick, aumentando la alarma.
—No hemos visto miles de doctores Suk pululando en la capital amenazando con
violencia; es de los Butlerianos de quienes tenemos que preocuparnos. Tengo que tirarles
un hueso, y Manford Torondo dejará en claro lo que quiere. —Salvador negó con la
cabeza, y sus ojos parecieron encantados—. Pero tenemos que salvar la situación de
alguna manera con los doctores Suk. Solicitaremos un médico personal dedicado para mí
de la Escuela Suk en Parmentier, como una muestra de nuestro apoyo. Una vez que

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enviemos a Manford y sus secuaces sin sentido en su camino, puedo hacer las paces con
el Suk.
A medida que se paseaban entre el follaje exótico en todo el jardín de invierno,
Roderick intentó de nuevo aconsejar la cautela, pero Salvador dijo:
—Me has aconsejado en el pasado a ser lógico en lugar de emocional, pero estoy
tratando con personas excitables. Odio ser encajonado, pero me veo obligado a apaciguar
a los Butlerianos. Si alguna vez se vuelven contra mí, arrastrarán a toda la familia
Corrino por las calles y pondrán a otra persona en el trono.
—No te preocupes, hermano —dijo Roderick—. Nunca dejaría que eso suceda.

***
A la mañana siguiente, el Emperador Salvador se despertó con la decisión de que
nombraría a su primer hijo Salvador II. (Roderick había sido su segunda opción). El
problema era que no tenía hijos, ni hijas, tampoco. Ni por parte de su esposa o de
cualquiera de sus concubinas.
Como Emperador, se esperaba que Salvador tuviera un heredero, tarde o temprano, de
preferencia uno legítimo; y la Emperatriz conocía sus deberes en ese sentido. Se había
estipulado en el contrato de matrimonio.
La noche anterior, él y Tabrina no había peleado, lo que le otorgó una débil
esperanza. Durante la tarde, Tabrina había hablado con la viuda Orenna sobre su propia
relación con el ahogado Emperador Jules, y que al parecer había conseguido el cariño de
la Emperatriz. Ella y Salvador tuvieron una agradable comida, con buen vino, y una
bonita y larga conversación que duró hasta bien entrada la noche. Hablando como
embajadores de países que habían estado durante mucho tiempo en guerra, discutieron
detenidamente cómo podrían encontrar maneras de conseguir el mejoramiento a largo
plazo del futuro. Por desgracia, su acercamiento no había incluido una cama compartida,
todavía no, pero decidió no pasar la noche con una de sus concubinas, tampoco.
Temprano a la mañana siguiente, vestido con una bata de baño elegante y ropa
interior (que sus asesores le aseguraron que sería seductora), caminó a lo largo de un
pasillo del segundo piso hacia las habitaciones privadas de Tabrina. Olía a colonia cara, y
la pequeña mota de pelo marrón tenue en la parte superior de su cabeza brillaba con
mousse aromático.
Llamó a su puerta adornada, y fue recibido por una sirvienta con un rostro ovalado y
buena figura. No era tan atractiva como sus concubinas, pero atractiva al fin. Por el
momento, sin embargo, su propia esposa ordenó su atención. La sirvienta parecía muy
sorprendida de verlo, pero se abrió paso por delante de ella.
—Estoy aquí para la Emperatriz.
Por delante, la puerta del camerino de Tabrina estaba entreabierta, y empujó para
abrirla.
—Buenos días, querida. —Le dio su sonrisa más amable.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Tabrina se volvió y lo miró sorprendida e irritada. Sus ojos oscuros y almendrados


recorrieron su cabello y vestido, y su expresión se desconcertó, pero su voz fue hosca.
—¿Qué es lo que quieres? —La amabilidad de su conversación de la cena había
desaparecido.
Desconcertado, Salvador balbuceó en un primer momento, y luego dijo:
—Pensé que podríamos terminar lo que empezamos anoche. Sellar la nueva fase de
nuestra relación.
—¿Qué nueva fase?
—Nos llevamos muy bien…
—¿Entonces has venido aquí porque decidiste otorgarme un papel más amplio en el
gobierno? ¿He sido ascendida a una nueva posición? ¿Consejera de Comercio,
diplomática, legisladora?
—Yo, eh, no he cumplido con mis asesores todavía.
—Por lo tanto, no tienes ninguna razón para estar en mi habitación, ¿verdad?
—Pero yo… Soy el Emperador. ¡Te puedo mandar a mi cama!
Las cejas alzadas de Tabrina y la fría mirada respondieron con mucha más claridad
que las palabras. Por último, dijo:
—Deja de perder mi valioso tiempo y vete con una de tus concubinas, si no puedes
controlar tus impulsos.
Aturdido y confuso, se retiró de la puerta con paso veloz, sin sentirse como el
gobernante de miles de mundos.
Salvador comió un desayuno solo en la mesa del comedor como hacía tiempo debería
haber compartido con su Emperatriz. Deseó que nunca hubiera escuchado a sus asesores,
que insistieron en que el matrimonio con la Casa Pele era un partido político perfecto.
Tabrina se comportaba tan pretenciosamente para una mujer de una familia poco
sofisticada, aunque rica.
Roderick entró mientras el Emperador estaba bebiendo su primera taza de café
mezclado con melange. Reconoció el mal humor de su hermano al instante.
—¿Qué pasa, Salvador?
Con su espeso cabello rubio y rasgos cincelados, Roderick parecía totalmente relajado
en su hermoso cuerpo. Lo peor de todo, tenía un matrimonio feliz y cuatro hermosos
hijos. Sin embargo, Salvador trataba de no culpar a Roderick por sus frustraciones.
Suspiró y dijo:
—Estoy desanimado por mi relación con la Emperatriz, o mi falta de una. —Parpadeó
hacia su plato de comida—. Ni siquiera recuerdo haber probado mi comida para venenos.
¿Me veo bien? ¿Ves a mi piel cambiar de color? —Se frotó las sienes—. ¿Se tambalea mi
voz? ¿Cualquier cosa en mis ojos?
—No, estás perfectamente normal, aunque más angustiado de lo habitual. Ves un
nuevo médico cada semana. Debemos tratar de conseguir a un médico personal
consistente. —Su expresión se convirtió en profesional—. Déjame entrevistarlos, para
que pueda asegurarme de obtener lo mejor que la Escuela Suk tiene para ofrecer.

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—Eres tan bueno conmigo, Roderick, pero echo de menos al atento Elo Bando; era el
único que realmente entendía mis males.
Un destello de disgusto cruzó el rostro del hermano menor.
—Sí, pero el Dr. Bando se ha ido. Tenemos que encontrar una alternativa adecuada.
—Roderick levantó una cafetera de plata, rellenado la copa del Salvador, y también la
suya.
—Quiero lo mejor.
Como gobernante del gran Imperio, Salvador tenía que mantener su estado de salud
perfecto, pero tenía muchas enfermedades, la mayoría causadas por el estrés de su
posición. Sí, necesitaba un médico a su lado en todo momento, alguien familiarizado con
todos los aspectos del expediente médico de Salvador, listo para responder a cualquier
problema.
—La amenaza de asesinato siempre está presente, por lo que necesitamos un médico
en el que podamos confiar absolutamente —dijo Roderick.
El Emperador miró su café.
—Eres la única persona en quien confío mi vida, Roderick. Por favor, envía la
palabra a la principal Escuela Suk en Parmentier, y comienza el proceso de aventar el
número de candidatos.
Roderick fue considerado.
—Bueno, ya tuviste a la cabeza de la escuela como tu médico personal una vez.
—Sí, y me gustaba. No me he sentido verdaderamente saludable desde que se quitó la
vida. —Dejó escapar un largo suspiro.
—¿Por qué no exigir a la nueva directora de la Escuela Suk como tu médica privada?
La Dra. Zhoma es probablemente la médica más competente que tienen. La entrevistaré.
Sirvió bien cuando le pedimos que confirmara las muestras genéticas de Vorian Atreides.
Salvador no había quedado impresionado con ella.
—No posee mucha personalidad o manera de cabecera. Es ruda, poco amigable.
—Y competente. He estudiado su expediente, Salvador. Es seria y confiable, y su
conocimiento médico es completo.
—Suena como propaganda. —Sorbió su café—. Pero tienes razón, no he tenido la
buena suerte de elegir mis propios médicos, y la directora de la Escuela Suk es una
persona debidamente impresionante para atender a mis necesidades médicas. Confiaré en
tu consejo.
Roderick asintió.
—Con tu permiso, me pondré en contacto con la Dra. Zhoma en privado y solicitaré
sus servicios. Esta nueva posición le dará una gran cantidad de influencia personal y
política, más compensando la pérdida de su antigua escuela en Zimia. Podemos arreglar
con la doctora que aún seguimos apoyando de forma privada a la escuela y a sus
esfuerzos para ayudar a la humanidad, a pesar de las realidades políticas de los
Butlerianos. Un poco del necesario da y quita.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Bien, me gusta eso. No hay manera de mantener a ambos lados completamente


felices, pero tal vez pueda suavizar algunas plumas erizadas. —Sí, Roderick habría sido
un mucho mejor Emperador… y sin su hombro donde apoyarse, Salvador habría sido
mucho más débil—. Prométele a la Dra. Zhoma que, si se convierte en mi médico
personal, y hace el trabajo que espero que haga, haré lo que pueda para proteger la
Escuela Suk en Parmentier, garantizando su autonomía o algo así. Puede dejar que un
socio se haga cargo en su ausencia, el Dr. Waddiz.
—Sí, yo me encargo de él.

***
Más tarde esa mañana, para su primera reunión oficial, una pequeña delegación llegó ante
Salvador en la sala Imperial de audiencias, toda una celebración de libros encuadernados
y listos para hacer una presentación. Vestidos con el uniforme azul pálido de la Imprenta
Real de la Cofradía, se inclinaron ante el Emperador y su hermano.
La mayor del grupo, Nablik Odessa, era una mujer de piel oscura con un rostro
mofletudo y ojos inteligentes. Se dirigió hacia la organización de los maquinistas.
—Señor, tenemos el placer de presentarles la nueva edición de la Biblia Católica
Naranja, recién salida de las prensas. Tan pronto como recibamos su sello de aprobación,
podremos imprimir las primeras cien millones de copias para su distribución a la
población. —Extendió un grueso volumen encuadernado en piel de naranja.
—Le presentamos la Edición del Emperador Salvador —dijo uno de los otros
impresores, un hombre pequeño con un bigote gris. Sonrió—. ¿Le gusta, señor? ¿Hay
algo que desee cambiar?
Salvador se rió entre dientes.
—¿Quieres que corrija todo el libro de un vistazo?
—No, Sire. Lo siento mucho, pero estoy un poco emocionado. —El pequeño hombre
estaba inquieto, mirando mientras el Emperador estudiaba la página del título con su
nombre en él, y luego hojeaba el libro.
—Es un hermoso volumen. Digno de tener mi nombre. —Miró a Odessa—. ¿Han
chequeado este con precisión?
—Equipos enteros lo han comprobado, Sire. Cada palabra. Le aseguro, tomamos
medidas de control de calidad extraordinarias.
Salvador miró a Roderick, y luego a las impresoras.
—Nuestros teólogos discutieron durante cinco años sobre los tramos disputados de la
edición anterior, y hemos luchado para eliminar todos los aspectos controvertidos. No
quiero ningún disturbio por el momento.
Odessa miró a sus colegas.
—Esa parte del proceso está fuera de nuestro control, Sire. Producimos solamente el
libro físico.
Salvador cerró el volumen.

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—Bueno, entonces, no quiero oír hablar de una palabra mal escrita aquí, porque eso
sería una mala imagen para mí. La mayor parte de la financiación proviene de mis
propias arcas.
—El libro está limpio, señor; le doy mi palabra.
—Muy bien, entonces. Inicie las prensas.
—La copia que mantiene es de la primera impresión, una edición especial limitada,
con todas las copias numeradas.
—Sí, veo que tengo el número uno.
—Hemos traído copias adicionales con nosotros. —Odessa hizo un gesto a los libros
que sus compañeros mostraban, y hacia más volúmenes apilados en mesas en la parte
trasera de la sala de audiencias.
Roderick se aclaró la garganta, y se acercó a su hermano.
—Yo los pedí. Si pudieras firmar algunos para varios dignatarios, los distribuiremos
de manera prioritaria, de acuerdo a una lista que he compilado. —Hizo una pausa,
luchando por contener una expresión de disgusto—. Y uno personal para Manford
Torondo.
Salvador estaba molesto, pero comprendió la necesidad.
—¿Crees que se sentirá honrado de recibirlo?
—Probablemente no, pero estará indignado si no le enviamos uno.
—Sí, sí, ya veo lo que quieres decir.
Roderick le entregó una pluma, y él firmó personalmente una copia para Manford,
antes de pasar a lo largo.
—Muchos nobles han pedido su firma —dijo Odessa, sonriendo.
—La mitad de preferiría verla en una carta de renuncia —dijo el Emperador con una
pequeña sonrisa—, o en una transferencia de crédito de gran tamaño.
Luego firmó los veinte libros en poder de la delegación, añadiendo personalizaciones
a varios dignatarios de acuerdo a las notas que su hermano le dio.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Las pequeñas experiencias conforman las bases de nuestra existencia. Eso es calculable.
—Diálogos de Erasmo

Karee Marques había partido luego de su visita, y Gilbertus no había oído palabra alguna
sobre Draigo Roget. El Director se sentía muy solo en la Escuela Mentat, pero tenía
tiempo para su propio trabajo tranquilo. Se había hecho la idea de que tendría que tomar
otro riesgo para Erasmo.
Habló con el brillante núcleo de memorias del robot independiente.
—He tomado una gran cantidad de esfuerzo, Padre, pero tengo una sorpresa para
usted. Incluso he logrado hacer un bypass a sus ojos espía para mantenerlos en secreto.
Erasmo sonaba encantado.
—He aprendido mucho de las sorpresas.
—Requiero que vengs conmigo. —Colocó el núcleo de memoria esférico en una
maleta y lo llevó fuera, caminando con confianza hacia el pequeño puerto deportivo
construido hacia fuera sobre el amplio lago del pantano. Nadie le preguntó al Director de
la escuela a dónde iba.
Gilbertus subió a un pequeño bote a motor, metió la maleta debajo de un banco, y
llevó la nave hacia fuera sobre las aguas verdosas del lago del pantano iluminadas por el
sol. Mientras aceleraba sobre el agua, los insectos zumbaron a su alrededor a pesar del
sistema repelente electrónico en el arco.
Cuando se acercó a una pequeña isla adornada con altos juncos y árboles nudosos, dio
una vuelta hasta el otro lado, fuera de la vista de la escuela, y dirigió el barco en un canal
estrecho dominado por árboles caídos y vides que tocaban el agua. El barco dio un
codazo al follaje fuera del camino mientras se deslizaba más allá de una playa fangosa.
Después de la graduación y partida de Draigo, Gilbertus había ido allí varias veces, con
lo que los componentes del almacén demostraban, pieza por pieza, que había preparado
todo hasta el día en que llevara de forma sorpresiva allí a Erasmo.
Un muelle pequeño oculto surgió automáticamente de la pared de la vida vegetal,
dando a Gilbertus un lugar para atracar. Salió de la nave, llevando la maleta, y luego la
abrió para que las ópticas del núcleo de memoria pudieran beber de los deliciosos
detalles.
Los pequeños altavoces proyectaron la voz del robot.
—¡Un nuevo entorno! ¿Es este nuestro destino?
Llevando el núcleo, Gilbertus empujó por último unas gruesas ramas colgantes,
siguiendo un camino sutil pero memorizado por el barro, hasta que llegaron a la pequeña
cabaña de madera que había construido como un refugio privado. El personal de la
escuela sabía sobre su casa de contemplación, pero no lo que guardaba en su interior. Las
ventanas estaban cubiertas, y el edificio bien sellado.

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Sacó las llaves del bolsillo del chaleco, abrió la puerta de la casa, y entró en el
edificio de una sola habitación. En el centro de la pista había un maltrecho desactivado
robot de combate.
—Lo hice por usted, un nuevo cuerpo —dijo—. Es sólo temporal, pero puede
concederle movilidad por un tiempo.
La voz del robot contestó después de una larga pausa.
—Muy peligroso… pero muy apreciado. Gracias. —La voz simulada sonaba un poco
mareada.
Gilbertus insertó el núcleo de memoria en un puerto en el cuerpo del robot de
combate, colocando las conexiones en su lugar. Ya había quitado el control de la mente
rudimentaria original del mek, y ahora Erasmo hacía sus propios nuevos vínculos. Jamás
llegaría a ser lo mismo que la forma de metal líquido familiar que solía tener, en la que le
gustaba llevar ropas elegantes e imitar expresiones humanas. El cuerpo original de
Erasmo había sido destruido en Corrin, pero este tendría que servir por ahora.
Gilbertus sintió una oleada de emoción a medida que el cuerpo robótico empezó a
moverse. El mek se había construido para la fuerza y el poder, no para la gracia, y
Erasmo dio pasos lentos al principio. Con los sensores visuales activos, el parche de voz
vibró a la vida, y la voz sonó contundente y poco familiar.
—Esto es… maravilloso, mi hijo.
—Gracias. Lamento no poder hacerlo mejor.
—Todavía no. Pero tengo fe en ti.
Erasmo comenzó a caminar en su nuevo cuerpo alrededor de la pequeña casa de
campo, tomando medidas audaces a través del piso de madera dura.
—Algunos de los sistemas se deberían ajustar, pero no puedo llevar a cabo las
reparaciones internamente.
Llevando consigo al torpe mek al exterior, Gilbertus lo guió por caminos ocultos a
través de las hierbas del pantano.
—Esto está muy lejos de nuestros paseos ocasionales a través de sus jardines
contemplación de Corrin, pero es lo mejor que hemos tenido en mucho tiempo.
—Y nuestras conversaciones pueden ser tan estimulantes.
En su enfoque, una inmensa garza de alas rojas despegó desde el agua pantanosa y se
elevó hacia el cielo.
—Esto le da la oportunidad de estirar las piernas y recordar cuando era un robot
independiente, pero tenemos que tener cuidado. Si los Butlerianos descubren esto, le
destruirán para siempre. —Las palabras quedaron atrapadas en su garganta, y sintió las
lágrimas ardiendo en sus ojos—. Y no quisiera eso.
En un charco de sol cerca de la costa, dos grandes jorobas verdes y negras rompían la
superficie del agua. Desconfiando de las criaturas que habitaban el lago del pantano,
Gilbertus dio un paso atrás desde la orilla, pero Erasmo utilizó los sensores visuales del
mek de combate.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Sólo tortugas; las estudié en la biblioteca de ciencias de la escuela, pero hay poca
información disponible. Los biólogos humanos realmente deberían prestar más atención a
la diversidad de este continente.
—Buscaré información cuando regrese a la escuela.
El mek de combate se giró hacia él.
—No es necesario. Capturaré uno para el estudio, y así podremos analizarlo los dos
juntos. —Impulsivo y excesivamente entusiasmado con su nueva libertad, Erasmo se
metió en el agua hacia las tortugas. Hundió su pesado cuerpo en el barro y el agua marrón
se levantó contra su pecho.
—Eso no es necesario —lo llamó Gilbertus—. Los pantanos aquí son inestables. No
puedo garantizarle la integridad de su cuerpo. —De hecho, se había asegurado que el mek
no fuera duradero, por si acaso. Y había utilizado una proyección Mentat para predecir
cómo el robot independiente reaccionaría. Las tierras bajas alrededor de su cabaña de
contemplación estaban rodeadas por lodo traicionero, una medida de seguirdad adicional.
El robot se arrojó pesadamente en el barro espeso, con la intención de alcanzar a las
lentas tortugas que dormitaban en el agua a los rayos del sol a diez metros de la orilla.
Las tortugas levantaron la cabeza en forma de bala y observaron a la corpulenta máquina
que caminaba y se echaba en su territorio.
Erasmo levantó uno de los brazos de armas del mek.
—El circuito de aturdimiento no funciona —dijo.
—Deshabilitado intencionadamente —admitió Gilbertus—. Acuérdese de los
requisitos Butlerianos.
—Entonces capturaré un espécimen de forma manual. —Se hundió más
profundamente en el lodo.
—Por favor, no lo haga. Quédese contento con su movilidad en la isla. Si se hunde en
el pantano, es posible que no pueda recuperar el núcleo de memoria. —A pesar de la
advertencia, no esperaba que Erasmo expusiera moderación.
Las tortugas gruñeron y saltaron fuera, remando en el marasmo de las hierbas del
pantano. Erasmo empujó al mek de combate adelante aumentado la velocidad, pero su
cuerpo pesado se desaceleró y se detuvo en el atolladero. Inclinó y hundió sus circuitos
de parpadeo. Mientras luchaba, el barro salpicó en todas las direcciones.
—¡Este cuerpo ha perdido su integridad! —Increíblemente atrapado en el lodo, el
robot se debatió, pero más agua se filtró en los circuitos sensibles, cerrando varios
sistemas de movilidad.
Gilbertus recuperó una canoa suspensora estrecha que almacenaba en su casa y,
receloso de los depredadores en el agua, se deslizó hacia donde el voluminoso mek había
quedado empantanado y se hundía.
—Parece que he calculado mal —dijo Erasmo.
—Me di cuenta de que la estaba pasando bien, pero es obvio que aún no está listo
para un nuevo cuerpo. —Gilbertus alcanzó al mek y vio con creciente alarma la rapidez
con que se estaba hundiendo en el pantano. Trabajó para quitar el panel de acceso,

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sumergiendo las manos bajo el agua. Vio dos cosas viscosas negras deslizándose hacia él
desde la costa: sanguijuelas segmentadas. Mientras los hombros del robot sumergido bajo
la superficie se hundían más profundamente en el lodo, Gilbertus finalmente retiró el
núcleo de memoria y lo sostuvo goteando fuera del agua. Con un empujón, deslizó la
canoa suspensora al momento en que llegaron las sanguijuelas rodearon al mek
sumergido, poco impresionadss con su presa.
Volvió a la orilla, y llevó a la esfera de circuitos gelificados de nuevo a la casa de
campo de contemplación.
—Se ha sobrepasado demasiado —dijo—. No puedo correr el riesgo de llevarme otro
cuerpo fuera de la escuela; no por mucho tiempo.
Aunque estaba decepcionado, el robot independiente expresó su emoción.
—A pesar de la corta duración, fue de lo más agradable. Un recordatorio de las cosas
que podemos hacer una vez que pueda moverme otra vez.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Sería interesante esterilizar a toda la raza humana, tan solo para observar cómo reacciona durante la crisis.
—De los Diarios de Erasmo

Cuando la lanzadera de Raquella alcanzó el puerto espacial principal de Parmentier, vio


las proyecciones de las masivas construcciones en el norte, un complejo de edificios
escolares y estructuras de soporte que se alzaban alrededor de un área central que algún
día estaría repleta de jardines y fuentes. En aquellos momentos, el área central estaba
llena de grúas, maquinarias, chozas de construcción, y montones de materiales. Una
cantidad considerable de polvo flotaba en el aire.
Un proyecto muy ambicioso. La Dra. Zhoma continuaba el exagerado trabajo
comenzado por su predecesor, aunque la construcción en varias de las fachadas
superfluas y servicios de esparcimiento había quedado en suspenso. Pero no era asunto de
Raquella gestionar el crecimiento de la escuela. Zhoma estaría suficientemente
sorprendida de verla, a pesar de que la Reverenda Madre tenía razones más que
suficientes para llegar a Parmentier.
Hacía mucho tiempo aquel planeta había sido el hogar de Raquella, y se recordó
trabajando con Mohandas Suk en el Hospital de Enfermedades Incurables, luchando para
salvar el mayor número posible, distribuyendo melange como paliativo. Cuando las
víctimas todavía caían como el trigo cosechado, las turbas habían inundado el hospital,
destrozándolo y quemándolo, dirigidas por una niña que había sobrevivido a las fiebres y
reclamaba tener visiones de Santa Serena y oír voces en su cabeza. Raquella y Mohandas
se habían visto obligados a huir.
Los herederos del movimiento de Rayna todavía estaban por ahí, más fuerte que
nunca y con el mismo orden del día. Afortunadamente, la escuela fundada por Mohandas
Suk también parecía estar prosperando, con este nuevo gran complejo en construcción.
Zhoma parecía estar haciendo un buen trabajo… y teniendo en cuenta su reciente
invitación para convertirse en la doctora personal del Emperador, podría estar en
condiciones de ayudar a la Hermandad.
En el verano cálido y seco de Parmentier, la Reverenda Madre llevaba un traje negro
ligero con bolsillos de ventilación. Un vehículo terrestre contratado la llevó por un
camino polvoriento mientras se sentaba en silencio, dejando atrás los dormitorios a medio
terminar, los teatros, los centros operativos y los laboratorios de capacitación. También
notó las tropas privadas de seguridad, las fuerzas paramilitares y los equipos.
En el complejo de la escuela, fue recibida por un hombre de piel morena, alto, con
una larga cola de caballo asegurada en un anillo de plata Suk.
—Soy el Dr. Waddiz, administrador adjunto de la escuela, y el propietario del
cuarenta y dos por ciento.
¡Qué cosa tan extraña dice!, pensó. ¿Por qué pensaba que estaba interesada en su
porcentaje de participación?

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—Estoy aquí para ver a la Dra. Zhoma antes de que salga para Salusa Secundus.
Tenemos asuntos que discutir.
Waddiz se crispó con asombro evidente.
—La noticia de su promoción no ha sido difundida públicamente.
Raquella no sintió la necesidad de darle más detalles.
—La Hermandad tiene muchos ojos y oídos.
Con un reconocimiento nítido, Waddiz la llevó por las amplias escaleras fuera de un
edificio de estilo griego que contaba con elaboradas columnas corintias y frisos en
bajorrelieve. Le resultaba innecesariamente ostentoso, una distracción de los objetivos
humanitarios de la escuela. Mohandas nunca se había preocupado tanto por la
ostentación.
Haciendo una pausa en la parte superior de la escalera, el administrador adjunto hizo
un gesto hacia el área central de polvo.
—Tan pronto como estos edificios se completen, instalaremos un complejo de
gimnasios aquí, con piscinas de entrenamiento, pistas de atletismo, e incluso un canal
para barcos de carreras. El plan general es difícil prever en este momento, con todo el
polvo de la construcción. —Los trabajadores y los equipos se precipitaban alrededor en
un frenesí de actividad, y las máquinas zumbaban ruidosamente.
Raquella estaba asombrada de que incluso el éxito de la escuela pudiera pagar todo
aquello.
—¿Y estas cosas son necesarias para la formación de nuevos médicos?
—El ejercicio y los deportes competitivos son muy buenos para el cuerpo humano.
Los griegos y los romanos de la Vieja Tierra entendieron esto hace quince mil años, y
hoy en día sigue siendo cierto.
Waddiz la condujo a través de puertas talladas con diseños metálicos en forma de las
plantas medicinales.
—Por aquí, por favor. La Dra. Zhoma se encuentra actualmente en un procedimiento
experimental. ¿Tal vez usted esté interesada en observarla?
—Por supuesto. Serví aquí en un hospital durante muchos años yo misma.
—Eso fue hace casi un siglo —dijo Waddiz, con clara admiración—. Hemos
recorrido un largo camino desde entonces.
En el nivel superior, los olores químicos colgaban en el aire, disolvente, pintura,
mortero, y pegamento. Pasaron a través de una bolsa de aire a una gran sala blanca que
contenía numerosas máquinas médicas atendidas por hombres y mujeres de batas blancas.
Waddiz se detuvo frente a una cápsula blanca del tamaño de un ataúd grande con una
ventana de plaz transparente en la parte delantera. En el interior, Raquella pudo ver a una
mujer atada a una plataforma que giraba lentamente, como la carne en un asador, bañada
en agujas de color claro.
—La Dra. Zhoma recibe estos tratamientos al día —dijo Waddiz, pero no explicó
más—. Por desgracia, no será capaz de continuar con ellos cuando tome residencia en el

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Palacio Imperial. Salusa Secundus está un poco por detrás de nuestra tecnología. —Miró
a su cronómetro de muñeca y se excusó.
Cuando la máquina se detuvo, Zhoma surgió, luciendo renovada. Sonrió con sorpresa
cuando reconoció a su visitante.
—Estoy feliz de verla aquí, Reverenda Madre, pero esto es más que inesperado.
—Tenemos que hablar de negocios.
Zhoma asintió a paso ligero.
—Desde luego. Podemos hablar durante el almuerzo.
Las dos mujeres se sentaron en una de las varias cámaras de comedores privados que
rodeaban una gran cafetería, donde ambas comieron porciones pequeñas de comida
saludable, muy parecida a lo que estaba acostumbrada a comer Raquella en Rossak. A
pesar de que se mantuvo profesional y distante, Zhoma no pudo ocultar el hecho de que
estaba tratando de encontrar una manera de volver a congraciarse con la Reverenda
Madre.
—Felicitaciones por tu selección como doctora personal del Emperador. Es un gran
honor.
—Es también un reconocimiento de las capacidades de nuestra escuela. Roderick
Corrino me eligió por sí mismo, basado en mi servicio pasado. Mi trabajo aquí en
Parmentier es importante, pero las muestras de apoyo de los Corrino fortalecerán en gran
medida nuestra escuela y, por supuesto, la tasa no es despreciable. El Dr. Waddiz hará un
trabajo adecuado mientras estoy fuera.
Mirando con atención, Raquella señaló un destello de desesperación en los ojos de la
Dra. Zhoma, y habiendo referencias a problemas económicos de la Escuela Suk se
preguntaba hasta qué punto la organización necesitaba este movimiento de cabeza desde
el Emperador como había escuchado. O el pago.
Raquella vio la apertura que necesitaba.
—Te daré una advertencia: el Emperador Salvador no es necesariamente un amigo de
la Escuela Suk. Busca en sus motivaciones y preparate. Con demasiada frecuencia, los
Butlerianos lo controlan.
Zhoma profirió na risita sorprendida y nerviosa.
—Y, sin embargo, estaba tan enamorado de mi predecesor que pagó grandes sumas
para sus tratamientos médicos. ¿Cómo no apoyar a la escuela?
—Oh, puede respetar a los médicos, sobre todo cuando se siente sus dolencias, pero
obedece a los Butlerianos. Manford Torondo tiene al Emperador bajo su pulgar, y desea
limitar el uso de la tecnología médica. Recuerda, todavía tenemos algunas Hermanas que
trabajan en silencio en la Corte, y te ayudaran siempre que puedan.
Vaciló, pero entonces Zhoma dijo con un matiz de determinación:
—Cuando tenga el oído del Emperador, lo convenceré para apoyar a la Escuela Suk.
Su padre murió de un tumor cerebral, y ahora se imagina a sí mismo muchas dolencias.
Creo estará de nuestro lado debido a sus propios intereses personales.

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Desde el otro lado de la mesa, Raquella agarró el brazo de la otra mujer para
transmitir la urgencia.
—Sé que el Emperador ya ha acordado hacer un gesto a su cargo, con el fin de
satisfacer a Manford.
Zhoma parecía perturbada.
—¿Qué más quieren? Hemos tratado de dar cabida a las preocupaciones Butlerianas.
Nos deshicimos de toda la tecnología, eliminando cualquier atisbo de control de una
computadora, pero seguimos moviendo la línea de la aceptabilidad, la búsqueda de
nuevas cosas que objetar. El análisis médico es complejo y sofisticado; ¿quieren acaso
que regresemos a las cacerolas de sangrado, sanguijuelas, y encantamientos? ¿Es así
como el Emperador Salvador quiere que lo trate, como su médico personal?
—Lo que Salvador desea para sí mismo y lo que les permite a los Butlerianos hacer
pueden ser dos cosas diferentes. Es una persona imperfecta, de más maneras de las que
sabes. —Se inclinó hacia adelante, añadiendo intensidad en su voz. Tenía que llamar la
atención de aquella mujer, haciéndola ver cómo se alinearían los futuros de sus
problemas, y los suyos. Tu nueva misión es la razón por la que vine aquí. Tengo que
hacerte una petición confidencial, una petición muy importante.
Zhoma parpadeó y respondió demasiado rápido, con demasiado entusiasmo.
—¡Por supuesto, Reverenda Madre! Cualquier cosa que usted desee. —Por un
momento, parecía que la joven avergonzada era una acólita de Rossak nuevamente.
—Has tenido la oportunidad de estudiar nuestros registros de cría en Rossak.
La doctora asintió.
—Admiro el proyecto más de lo que puedo describir. ¿Cómo puedo ayudarle?
—Sabes que es una de las mayores bases de datos de la historia humana, y con tanta
información y análisis intensivo, ciertas proyecciones son posibles. —Hizo una pausa—.
Hemos descubierto una grave falla en la línea de sangre Corrino, específicamente en los
antepasados de Salvador.
El comentario tomó a Zhoma completamente por sorpresa.
—¿Cómo sabe eso? ¿Quién podría evaluar tal cantidad de información? ¿Sus
Mentats?
Raquella evitó una respuesta directa.
—Tenemos maneras de mirar hacia el futuro y predecir las características de la
descendencia de los criadores que lo componen. —Bajó la voz y miró a su alrededor,
pero estaban completamente solas—. La Hermandad ha determinado que Salvador
Corrino no debe tener descendencia. Lleva una falla crítica. Su rama del árbol
genealógico debe ser podada por el bien del futuro de la humanidad.
Zhoma miró el resto de comida en su plato, pero no parecía tener apetito. Muchas
preguntas cruzaron su rostro, pero las contuvo.
—Un paciente debe confiar en el diagnóstico de un médico calificado. ¿Cómo puedo
dudar de una conclusión de este tipo, cuando se trata de una de las mujeres más

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

respetadas en el Imperio? —Tragó saliva en las implicaciones de lo que estaba diciendo


la Reverenda Madre—. Pero, ¿qué hay que hacer?
Raquella sonó razonable.
—No todo está perdido para los Corrino. Si la sucesión continúa a través de la línea
de su hermano, todo estará bien.
—Pero… ¿cómo podemos garantizar eso?
La Reverenda Madre frunció los labios.
—Si vas a ser la doctora personal de Salvador, lo asistirás con regularidad.
Simplemente has que sea imposible para él concebir un hijo… hay muchas drogas no
detectables que causan esterilidad. Nadie tiene que saberlo.
Los ojos de color marrón oscuro de Zhoma se agrandaron y su boca se aflojó.
—Lo que pide es traición. Incluso con mi respeto por la Hermandad, y por usted.
Raquella había estudiado la mujer durante años y conocía sus puntos débiles exactos.
—Si haces esto, personalmente te perdonaré por tus indiscreciones pasadas. Por mi
mando, la Hermandad te dará la bienvenida de nuevo como una de nuestras integrantes
más estimadas.
Zhoma en verdad se quedó sin aliento, y luego se contuvo, luchando por restablecer
su actitud fría.
—Reverenda Madre, no sé… no sé qué decir.
Raquella endulzó la oferta.
—La Hermandad controla gran riqueza. Si nos ayudas en este asunto, estoy dispuesta
a transferir cantidades importantes a la tesorería de Parmentier, una inversión para
fortalecer el nuevo complejo de la escuela y el sello de nuestra alianza.
Vio la reacción en los ojos de Zhoma. Sí, efectivamente, la escuela de medicina se
encontraba en una situación financiera desesperada.
Zhoma tragó saliva.
—Esos fondos serían buenos.
Empleando un tono preciso de su voz, con toda la persuasión de la que era capaz,
Raquella dijo:
—Piensa en la humanidad como tu paciente, no el Emperador. De acuerdo con
nuestras proyecciones más precisas, uno de sus descendientes será el causante de estragos
en una escala tal que por comparación se volverá un tirano y los anteriores parecerán no
más que colegiales tirando piedras. Nuestra raza, nuestra civilización, está al borde del
desastre, y te estoy ofreciendo una manera de traernos de vuelta desde el borde.
Los ojos de Zhoma se empañaron y asintió.
—Sí, la humanidad es mi paciente. —Se armó de valor—. Lo haré, porque tengo fe
en usted, Reverenda Madre.

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Como mortales, cada una de nosotras nace sentenciada a la muerte de todos modos, entonces, ¿qué diferencia
hace una pequeña mezcla de veneno? ¿Por qué no tomar la posibilidad de sobrevivir a la prueba y hacer algo
significativo de nuestras vidas? ¿Por qué no intentar convertirse en Reverendas Madres? Yo soy la prueba
viviente de que ese límite en la consciencia humana puede ser alcanzado.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, de un discurso de inspiración a las acólitas

Dorotea mantenía su voz baja e intensa, a pesar de que estaban afuera, al aire libre, lejos
de las otras Hermanas.
—Tengo algo muy importante que discutir contigo, Hermana Valya.
Habían caminado hasta el borde de la cubierta pavimentada y se sentaron juntas en la
amplia extensión de lavanda. Desde aquel punto de vista, Valya podía ver la pared del
acantilado y el empinado sendero desde donde había empujado a Ingrid a su muerte.
Después de que Anna Corrino fuera atrapada tratando de robar uno de los venenos
experimentales de la Reverenda Madre del laboratorio de la Hermana Karee, y fuera
publicado el informe desdeñoso de la muerte de Ingrid, Dorotea había sido cautelosa en
torno a Valya.
Ahora, no estando segura de qué esperar, Valya mantuvo su cuerpo alerta contra los
ataques. ¿Cuánto había descubierto Dorotea? Para bien o para mal, sin embargo, Dorotea
parecía resentir la reacción de la Reverenda Madre Raquella, pero no la de Valya. Como
prueba de ello, Valya seguía siendo invitada a sentarse en las reuniones silenciosas del
grupo secreto que Dorotea había formado, difundiendo rumores de tecnologías ilegales en
la Hermandad.
—Siempre estaré aquí si necesitas hablar conmigo —dijo Valya—. Somos amigas,
¿no es cierto?
Desde hacía algún tiempo, había permanecido cerca de Dorotea, para que pudiera
mantener un ojo en la otra mujer, demostrando una preocupación hábilmente fingida
sobre Ingrid. El desafortunado efecto secundario era que la más mínima cantidad de
ayuda que Valya ofrecía hacia Dorotea despertaba los celos de Anna Corrino, y la
hermana del Emperador no estaba acostumbrada a compartir. Pero Dorotea era un
problema más inmediato.
Valya tenía muy claras sus prioridades: si tenía que volver a matar para proteger el
secreto de los equipos de reproducción, lo haría sin dudarlo un instante.
—A veces somos amigas —respondió Dorotea—, pero a veces parece que somos
rivales. Aun así, te respeto, Sor Valya. Sé que somos iguales, y la Reverenda Madre nos
asignó importantes responsabilidades a cada una de nosotras. Tú y yo somos la mejor
esperanza de la Hermandad para convertirse en las próximas Reverendas Madres; y
debemos demostrar que somos dignas. Todo depende de nosotras.
Valya tragó saliva, y le hizo una pregunta a la que ya percibía la respuesta.
—¿Y cómo crees que deberíamos hacer eso?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Dorotea metió la mano en el bolsillo de su bata y sacó dos pequeñas pastillas, una un
poco más oscura que la otra.
—Estos son los derivados de la droga de Rossak, que recientemente he preparado con
la Hermana Karee: una ligera, pero crítica, alteración. Es la sustancia que tiene la
intención de darle a la próxima voluntaria.
—¿La droga de Rossak? Eso es lo que casi mata a la Reverenda Madre Raquella.
Todas las demás que la consumieron han muerto.
—No esta formula en particular —dijo Dorotea. Extendió las pastillas—. Se trata de
la mejor oportunidad que jamás tendremos. Al pasar por el calvario, llegaremos a ser tan
poderosas como la Reverenda Madre Raquella.
Primero Anna, y ahora Dorotea…
La mujer extendió una de las píldoras, pero Valya no se movió para aceptarla. Sobre
la base de todo lo que había sucedido antes, aquello sería un suicidio. Pero no quería
aparecer como una cobarde ante alguien tan influyente como Dorotea… no quería reflejar
la vergüenza de su antepasado Abulurd Harkonnen.
—Deseo tener el control y la sabiduría de una Reverenda Madre, como Raquella,
pero el camino es demasiado incierto. —Valya tenía demasiado en juego: ¿que sería de
Griffin prescindiendo de ella? Tenía que vivir para que pudiera ayudarle a tomar ventaja
de la situación después de matar a Vorian Atreides. También tenía que terminar su
formación en la Hermandad y volver a la Casa Harkonnen para que pudieran reclamar su
herencia.
No quería terminar como un cadáver descompuesto, media consumida y objeto de los
depredadores en las selvas, como las otras hermanas muertas.
—Alguien tiene que ser la primera. Tenía la esperanza de que te unieras a mí. —La
voz de Dorotea tenía una ventaja—. Cuando las dos seamos Reverendas Madres,
podremos hablar de las otras Hermanas y utilizaríamos nuestras percepciones aumentadas
para descubrir quién está mintiendo, y lo que realmente le pasó a Ingrid.
Tratando de ganar tiempo, Valya contempló el dosel polimerizado iluminado por el
sol. Por supuesto, no tenía intención de ayudar a aquella mujer a descubrir la verdad en
particular.
—Es posible que no te guste la respuesta que encuentres. ¿Y si realmente fue un
accidente?
—Entonces será un accidente. Pero al menos sabremos lo que le pasó.
Valya estaba jugando un partido muy serio, tratando de controlar y distraer a Dorotea
por el bien de la Hermandad. En este momento, con Raquella lejos en la Escuela Suk,
sintió que la otra mujer era más peligrosa.
—No podemos consumir el veneno aquí en el dosel abierto. —Bajó la mirada hacia
los abismos dentados en las copas de los árboles plateados, y la caída fatal hacia el suelo
de la selva—. Deberíamos estar dentro de los colegios de médicos, bajo la supervisión
cuidadosa de los médicos, cuando tratemos con el veneno. Esto es aún más peligroso.
Dorotea frunció el ceño.

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—Es una batalla interna, un reto que debemos enfrentarnos a nosotras mismas.
Ninguna cantidad de asistencia médica nos ayudará. —Encontró una robusta sección
abierta de la cubierta reforzada—. Estaremos tan seguras aquí como en cualquier lugar en
las cuevas, si sobrevivimos al veneno. Nos corresponde a nosotras, Valya… sin ningún
médico.
Valya miró la píldora de veneno y sintió que se le aceleraba el pulso. Podía
fácilmente agarrarla y tragarla o tirarla a la basura.
Dorotea dijo:
—Sabes que esto es lo que quiere la Reverenda Madre.
Valya había visto a tantas anteriores voluntarias: las mejores candidatas del momento
perecían en el intento, o acababan con daño cerebral.
—¿Por qué correr ese riesgo por ti misma?
—El principio fundamental de la Hermandad es para que nosotras alcancemos la cima
de la humanidad, pero sospecho que hay corrupción en nuestra meta, tal vez incluso
influencia insidiosa de máquinas pensantes. Si me convierto en una Reverenda Madre,
entonces seré igual a Raquella. Seré su obvia sucesora, y podré llevar a la Hermandad por
el camino correcto. Podemos compartir ese poder, si te unes a mí. —La Hermana Dorotea
retiró la mano—. ¿O tienes miedo de venir conmigo?
—No he dicho eso, pero las probabilidades de éxito son sumamente pequeñas. Si
verdaderamente somos lo mejor que la Hermandad tiene, entonces ¿no causaríamos un
gran daño a la escuela si las dos morimos?
—Si los humanos no albergaran esperanzas poco realistas, nunca habrían derrotado a
Omnius. Si cada una de nosotras tomamos la píldora, Valya, una de nosotras podría muy
bien sobrevivir y convertirse en la sucesora natural de la Reverenda Madre Raquella. Y si
ambas sobrevivimos, entonces tú y yo compartiremos el liderazgo. Es la mejor
oportunidad para el futuro de la Hermandad. Hasta ahora hemos estado desviándonos de
su ruta, y esta es la única manera para que podamos guiarnos en una dirección diferente.
—Extendió la segunda pastilla nuevamente—. Por favor, Valya. Te quiero conmigo.
De mala gana, Valya aceptó la píldora.
Dorotea parecía muy aliviada.
—¡Hagámoslo ahora! Hemos esperado bastante tiempo ya. —Sus ojos brillaron con
una extraña intensidad. Entonces, como si tuviera ganas de continuar antes de perder el
valor, Dorotea se tragó su pastilla.
En alarma, Valya imitó su gesto, fingiendo morder la pastilla en la boca, pero la
retuvo en su lugar y esperó a ver qué pasaría con Dorotea.
Ingiriendo la droga, Dorotea dejó escapar un suspiro, cerró los ojos… y empezó a
retorcerse en la superficie rugosa de las hojas fusionadas, lentamente al principio, y luego
con el aumento de la agonía. Valya observó sus convulsiones por un momento, sin
atreverse a ayudarla o hacer sonar una alarma. Por último, Dorotea se acurrucó con su
rostro desencajado de dolor; la saliva goteaba de sus labios apretados.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Valya le tocó el hombro, sintiendo las sacudidas de los violentos temblores, y luego
no hubo movimiento en absoluto. Se acercó más, incapaz de decir si la otra Hermana aún
respiraba. Valya arrojó su propia pastilla, tirándola a través de una brecha en las ramas,
dejando que cayera todo el camino hasta el suelo de la selva, muy por debajo.
Por detrás, oyó a varias Hermanas corriendo hacia ellas y sus voces pidiendo ayuda.
En una gran actuación, Valya fingió colapsarse y comenzó a temblar entre espasmos.
Esperaba ser convincente.

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El desierto no siempre es el lugar más seguro para ocultarse.


—Dicho zensuní

El investigador le informó a Griffin de que no había tenido éxito en la búsqueda de


cualquier información referida a Vorian Atreides, pero no obstante, le exigió el pago.
Griffin se negó, citando su acuerdo verbal. Cuando el hombre insistió en el tema y lo
amenazó con una pistola de proyectiles, Griffin le rompió la muñeca con un golpe
crujiente, y le arrebató el arma.
—Tengo mis propias pistas que seguir —dijo.
Dejando al hombre gimiendo detrás, Griffin fue a la sede en Arrakis City de las
operaciones cosechadoras de especia de Combined Mercantiles. Abarcando dos cuadras,
el edificio parecía una fortaleza. Teniendo en cuenta las conmociones, peleas, y las
operaciones de melange que competían en el planeta desértico, tal vez había sido antes
una fortaleza.
Aún sin adecuarse a la violencia robusta de aquel mundo, con la cual ya se había
encontrado dos veces, Griffin no relajó su guardia mientras seguía buscando. Se negó a
tocar los fondos de contingencia que había reservado para comprar su pasaje de vuelta a
casa, pero se gastaría el resto de su dinero, agotándolo en un intento de encontrar a
Vorian Atreides y conseguir el resultado que el honor exigía.
La venganza paga su propia deuda, había dicho su hermana.
Y cuando por fin regresara a Lankiveil, podría centrarse en poner su casa en orden y
expandir sus relaciones comerciales, tratando de establecer a la familia en un curso
estable.
El día anterior, había grabado un largo mensaje para Valya, describiendo su progreso
y su esperanza para la inminente finalización de su búsqueda. Quería tranquilizarla sobre
lo duro que había estado trabajando. La grabación del mensaje enfocó sus pensamientos y
alimentó su deseo de continuar, incluso tan lejos de casa.
Por razones sentimentales, grabó otra breve carta al resto de su familia en Lankiveil,
aunque no hizo más que decirles que estaba sano y salvo, y los echaba de menos. En el
momento en que llegara a casa, estaba seguro de que su certificación como representante
del Landsraad estaría esperándolo. Al final de la carta, le dio a su padre varias tareas:
enviar sus preguntas a Salusa sobre la adquisición de espacio de oficinas cerca del
Palacio de Landsraad, para negociar los proyectos de construcción a corto plazo con los
trabajadores del interior que llegaban a la costa cada primavera, y para invertir en las
futuras pieles de ballenas en una determinada cosecha flotante; aunque no sabía si Vergyl
seguiría adelante con ello. Griffin pagó una tasa para enviar los mensajes a Rossak y a
Lankiveil, consciente de que podrían pasar meses en tránsito.
Se dirigió a la sede de operaciones de especia y preguntó a varios empleados por
información sobre un posible empleado llamado Atreides. En respuesta, recibió sólo

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

encogimientos de hombros indiferentes; una mujer de aspecto aburrido simplemente le


dijo:
—Cuando alguien viene a Arrakis, no desea ser encontrado. —Nervioso, Griffin pagó
para examinar los registros del personal en las unmerosas cuadrillas de especia que
trabajaban en el desierto para Combined Mercantiles, y el empleado le dio un auténtico
desafío, un enorme y desorganizado de registro de libros.
Pasó la mayor parte de ese día inspeccionando las listas buscando un nombre
específico. Los libros de registros estaban incompletos, algunos organizados por fecha de
contratación, otros agrupados por las localidades de la tripulación. Sólo tres volúmenes
enumeraban los nombres en orden alfabético. A las cuadrillas de trabajadores se les
pagaba en efectivo o con agua, y muy pocos registros se mantenían de otras transacciones
financieras.
Si Atreides estaba usando un alias, Griffin nunca podría encontrarlo, pero si el
hombre importante no era el tipo de persona que ocultaba su identidad, ¿tenía alguna
razón para hacerlo ahora?
Mientras Griffin les acosaba con preguntas, los secretarios de Combined Mercantiles
estaban preocupados por un nuevo informe alarmante, un equipo de especia había sido
emboscado en el desierto, había sido destruido y cada uno de los trabajadores asesinados.
La pérdida de la tripulación y de la maquinaria de seguro se había debido al mal tiempo o
a un ataque de algún gusano de arena, pero un testigo había informado de que la
cosechadora fue atacada por hombres armados. Combined Mercantiles aumentó de
inmediato la alerta de seguridad y redobló las escoltas militares en sus operaciones en el
desierto.
Tal vez las víctimas fueron de la tripulación de Vorian, reflexionó Griffin, dándole
cierto grado de esperanza. Valya nunca estaría satisfecha si el hombre moría sin tener que
enfrentarse a un Harkonnen y sufrir por el dolor que les había causado, pero Griffin no
estaba seguro de lo que sentía él mismo. Nunca había matado a nadie antes.
Vio a una mujer del desierto salir de la sede y se apresuró a intervenirla. Ella se
endureció, resistida, y cubierta de polvo. Sus ojos, completamente azules brillaron
mientras la detenía. Se burló de su ofrecimiento de soborno.
—La información no es algo que se compra o se vende, sino para ser compartida o
declarada, como lo vea conveniente.
La mujer continuó su camino, pero él persistió.
—Estoy buscando a un hombre llamado Vorian Atreides. Está en algún lugar en
Arrakis, pero no sé dónde buscar.
Sus cejas se juntaron, y se fijaron sobre una máscara de respiración que cubría la
boca. Parecía ansiosa por irse.
—¿Para qué lo quieres?
—Tengo que hablar con él acerca de un asunto personal. Conoció a mi familia hace
mucho tiempo.
No pareció creerle, y tenía un aspecto extraño y agitado en su rostro.

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—Nunca he oído hablar de la persona que buscas. Estás perdiendo el tiempo. —Le
dio las gracias mientras se apresuraba a salir a la calle, sin mostrar más interés en él.

***
El tranquilo vacío del desierto le daba a Vorian una sensación de serenidad,
especialmente por la noche. Echaba de menos sus noches satisfechas en una cama
familiar con Mariella, aunque se sentía a gusto entre estos Freemen, a pesar de que se
mantenían cautelosos y desconfiados de él; dudaba que alguna vez aceptaran a un
extraño, aunque pasara el resto de su vida allí.
De las otras personas del desierto, había oído cuentos de las tribulaciones sufridas por
los Freemen, sus generaciones de esclavitud, cómo sus antepasados se amotinaron en
Poritrin y robaron una nave experimental plegadora del espacio para un éxodo masivo de
los mundos de la Liga, sólo para caer allí en Arrakis. Se unieron con los descendientes de
un legendario desterrado al desierto, Selim Montagusanos. Toda esa historia, desconocida
y no escrita, era fascinante para Vor; el resto del Imperio permanecía al completo
inconsciente de ella.
Le gustaba sentarse al aire libre bajo las estrellas. Levantó la vista ahora mientras las
dos lunas se dibujaban en el cielo, el satélite más bajo y más rápido acercándose a su
primo. Los Freemen habían establecido innovadores recolectores de rocío entre las rocas,
condensando cualquier débil rastro de humedad de la atmósfera helada. La mayoría de la
gente de Sharnak estaba dormida, y los que estaban de guardia no le prestaban atención.
Al meditar en estas cosas, sus ojos vieron un destello de movimiento en las rocas
oscuras de abajo. Por un instante, la luna expuso un par de figuras, que volvieron a
desaparecer en el olvido negro. Alerta, trató de convencerse a sí mismo que había visto
un par de exploradores nocturnos enviados por el Naib Sharnak. ¿Quién más podría estar
allí, y cómo iban a sobrevivir?
Sentado inmóvil, estudió las rocas por un largo momento, captando otra sombra que
se movía, y luego se deslizó al interior y cerró la puerta de humedad de la cueva mientras
miraba a uno de los guardias del campo.
A esas alturas ya se había acostumbrado a la riqueza de olores extraños y ruidos de
fondo comunes de la gente hacinada con muy poca comodidad o privacidad. Los túneles
estaban a oscuras y en silencio, pero encontró a uno de los centinelas, un hombre de cara
agria con una barba irregular. El hombre parecía molesto por la interrupción de sus
andanzas nocturnas.
—Vi algo afuera —dijo Vor—. Tú debes saber lo que es.
—No hay nada por ahí, excepto las rocas y la arena, y Shai-Hulud, si tienes la mala
suerte de verlo.
—Vi a dos figuras allí afuera.
—Sólo fantasmas o sombras. He vivido en el desierto durante toda mi vida,
extranjero.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Vor se erizó, y habló en voz alta.


—Una vez yo mandé a todo el ejército de la Humanidad, y luché más batallas de las
que te puedas imaginar. Deberías inspeccionar al menos.
Oyendo voces, otro centinela se acercó, uno de los jóvenes que habían sido enviados
para investigar el sitio de la cosechadora de especia. Desde hace días, Inulto había
escuchado a Vor hablar de Arrakis City, Kepler y Salusa Secundus, todos los cuales
fueron igualmente exóticos para él. Parecía inclinado a creer en Vor, y le dijo:
—Ven, despertemos al Naib Sharnak y dejemos que él decida.
—No harás tal cosa —dijo el centinela con cara agria—. Te lo prohíbo.
Inulto se burló, mostrando poco respeto por el otro hombre.
—No me prohibirás nada, Elgar. —Ignorándolo, el explorador llevó a Vor a los
cuartos de Sharnak, murmurando en tono sarcástico:
—Elgar piensa que será nuestro Naib un día, pero ni siquiera puede comandar a la
tribu cuando sólo cinco de nosotros estamos despiertos.
Llamaron a la cortina, y el Naib Sharnak salió, parpadeando y refunfuñando. Su
cabello gris oscuro, normalmente trenzado, se extendía largo y despeinado por el sueño.
Sin embargo, antes de que Vor pudiera decirle al líder lo que había visto, gritos vinieron
de abajo del pasillo de piedra, seguido de otro totalmente desgarrador.
Sharnak se levantó al instante, gritando para despertar a su pueblo. Los hombres y
mujeres de las cavernas emergieron de sus cámaras para dormir, llamando a sus
compañeros a las armas, ya que no se habían olvidado de ser las presas de los cazadores
de esclavos, incluso después de generaciones de relativa paz.
—¡Denme un arma! —gritó Vor. Inulto sólo tenía un cuchillo, pero Sharnak mantenía
un par de dagas color blanco lechoso. De mala gana, le entregó una a Vor, y los tres se
corrieron por el pasillo.
La puerta sellada de humedad se había roto, y dos cuerpos yacían en el suelo de
piedra. Vor corrió hacia el torbellino de la lucha contra el interior del túnel, justo a
tiempo para ver Elgar, luciendo aterrorizado. Uno de los intrusos lo agarraba por la
espalda, tiraba de su cabello, plantaba una rodilla en su espalda, y quebraba su columna
vertebral. El atacante luego lo descartó, echando el cuerpo hacia el suelo.
Vor vio a Andros y Hyla. Ellos lo vieron y sonrieron.
—Oh, ahí estás —dijo el joven.
—¿Quién son ustedes? —La ira se apoderó de Vor, y sostuvo el cuchillo ante él,
aunque recordó el efecto mínimo que las armas tenían sobre aquellos dos—. ¿Cómo es
que me conocen?
Andros y Hyla no estaban preocupados por las decenas de combatientes Freemen que
llegaron a enfrentarse a ellos. La joven dio un paso hacia adelante, colocando
casualmente su talón sobre la columna vertebral rota de Elgar.
—Tú eres Vorian, el hijo de Agamenón. ¿No nos reconoces?
El joven dijo:

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Brian Herbert
Kevin J. Anderson

—Sabemos lo que le hiciste a nuestro padre y al resto de los titanes… cómo nos
traicionaste.
Hyla dio un paso adelante.
—Pero la sangre es fuerte y gruesa, y tú eres nuestro hermano. Tal vez si buscamos
en nuestros corazones encontraremos tu perdón.
¿Hermanos? Vor sintió como si un impacto de asteroide hubiera sacudido a todo su
mundo. Sabía que el general Agamenón había guardado muestras de esperma de hacía
siglos, antes de haber abandonado su cuerpo humano. Con la esperanza de encontrar un
digno sucesor, Agamenón había utilizado a los vientres de mujeres para dar a luz hijos
para él, todos los cuales había encontrado inadecuados. Vorian había sido su mejor
esperanza, y más tarde su mayor decepción. Vor no podía negar que estos dos parecían
compartir los genes Atreides, pero uno era una hija.
—Ven con nosotros —dijo Hyla—, y decidiremos lo que vales.
—¿O tenemos que matar a todos estos otros primero?
Con un grito valiente y tonto, Inulto se arrojó hacia Andros, levantando la daga. En el
momento en que se movió, Hyla despectivamente extendió la mano y tomó la garganta
del joven con una mano. Inulto se agitó, apuñalándola con un cuchillo mientras ella le
aplastaba la laringe y lo arrojaba al suelo como una muñeca rota. Su piel y la de su
hermano parpadearon con mercurio. Los cortes del cuchillo en el brazo eran sólo tan
profundos como la capa superior de piel, casi sin sangre.
Tan pronto como Hyla mató a Inulto, cinco de los hombres del desierto se
precipitaron hacia adelante, aullando. Los gemelos lucharon como un par de cubos de
demonios, rompiendo huesos, cráneos, y aplastando oponentes contra las paredes.
—¡Alto! —gritó Vor, y luego se volvió a Sharnak—. Diles a tus combatientes que
retrocedan. Iré con ellos. Nunca quise que tu pueblo resultara herido.
Pero el Naib parecía furioso. Les gritó a dos luchadores:
—Retengan a Vorian Atreides. Manténganlo alejado de esos dos.
A medida que los hombres del desierto agarraban sus brazos, Vor luchó, pero eran
muy fuertes.
—¡Lucharé mis propias batallas, maldita sea!
—No, porque eso es exactamente lo que desean —dijo Sharnak—. No pueden contar
contigo. Y si estás en connivencia con ellos…
Ahora los guerreros Freemen atacaron a los gemelos con fuerza, y demostraron ser un
rival mucho más difícil que un equipo de cosechadores de especia cansado. Por pura
ferocidad, condujeron a Andros y a Hyla afuera mientras golpeaban en la piel impregnada
de plata. Un luchador logró cortar justo por debajo del ojo izquierdo de Andros, casi
sacándoselo.
El impulso de la arremetida empujó a los gemelos hacia la puerta de humedad rota. Se
miraron furiosos, aún teniendo la intención de capturar a Vor y obviamente consternados
por su fracaso.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Derramaremos su sangre por la arena y volcaremos sus cuerpos; incluso Shai-


Hulud los escupirá —les gritó el Naib.
—Son oponentes indignos —dijo Andros con una sonrisa burlona.
Vor estaba decidido a no dejar que aquella gente luchara por él, pero no pudo
liberarse. Al menos ocho guerreros del desierto yacían rotos y probablemente muertos en
el suelo de la cueva, pero el resto no presentaba ningún signo de retroceder, y más
llegaban corriendo desde los profundos túneles. El hermano y la hermana vacilaron como
si calcularan las probabilidades, y luego reaccionaron al mismo instante, habiendo optado
por la misma elección.
Su última mirada hacia Vor estuvo llena de promesas y amenazas. Haciendo caso
omiso de los Freemen con los que habían luchado y matado, los gemelos ensangrentados
se retiraron a través de la cerradura de humedad y se desvanecieron como una bocanada
de vapor de una roca caliente.
El Naib Sharnak gritó:
—¡Encuéntrenlos! ¡Mátenlos! —Pero Vor sabía que sería inútil. No tenía idea de si
los gemelos tenían un vehículo o una aeronave, o si tenían algún modo de cruzar el
desierto por su cuenta, pero no iba a subestimarlos.
El Naib respiró con fuerza, y su voz tuvo un tono asesino.
—Necesitaré una explicación satisfactoria, Vorian Atreides o tendré tu agua.
Cuando los guerreros lo liberaron, Vor se enfrentó con calma al líder de la tribu.
Hacía mucho tiempo, había fingido estar del lado del general cimek, de manera que
pudiera traicionarlo y salvar a la humanidad. Había tomado el contenedor de su padre y
arrojado al cerebro retorcido desde una alta torre, de modo que salpicara en los
acantilados congelados por debajo. Luego de esa victoria, Vor había pensado que habría
paz, pero, obviamente, la mancha de los titanes no había sido completamente erradicada.
Ahora, la gente del desierto estaba indignada y sorprendida de que sólo dos oponentes
pudieran causar tanto daño, y Vor se dio cuenta de que necesitaba contar lo que sabía.
—Les daré todas las explicaciones que tengo, sobre quién soy y lo que he hecho en el
pasado, pero dudo que sean suficientes.

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Brian Herbert
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Hay muchos viajes en la vida, pero pocos te llevan al borde de la muerte y luego te traen de regreso. Después de
una lucha tan monumental, te encuentras en una posición que es mucho más alta que la que una ocupaba antes.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, poco después de su transformación

El veneno se arremolinaba alrededor de su mente como una tormenta, con nubes y


vientos que barrían su concentración e intentaron robarle la vida.
De pronto, el cuerpo de Dorotea se sacudió, y sus ojos se abrieron.
A través de un pequeño puntito en la conciencia, descubrió que estaba en una
habitación del hospital… en la enfermería de la Hermandad, se dio cuenta, acostada en
una cama rodeada de un equipo médico. Lo reconoció como el lugar donde las Hermanas
comatosas se mantenían con vida, las que habían fallado en la prueba para convertirse en
una Reverenda Madre y, sin embargo, sobrevivido.
Dos mujeres discutían su estado al alcance de su oído. Dorotea descubrió que no
podía moverse, su cuerpo estaba demasiado débil. Levantó un dedo y luego otro, pero eso
era todo lo que podía manejar. En una falta de definición, se acordó de haber tomado el
veneno cuidadosamente calibrado, y luego de perder el control mientras su cuerpo la
traicionaba, cayendo hasta el dosel.
Valya, ¿estaba allí, también? Dorotea no podía girar la cabeza. Lo último que
recordaba, en el mundo real, era estar viendo a la otra joven tomar el medicamento.
Y luego Dorotea se había perdido en un largo viaje dentro de sí misma.
Las Hermanas médicas todavía no la habían notado. Parpadeó de nuevo y descubrió
que su conciencia se había dividido, como si su cerebro se hubiera agrietado abriéndose y
atascado con una nueva consciencia, dominando y reemplazando la que había estado allí
anteriormente. Cerró los ojos y escuchó voces dentro de su cabeza, susurrando… y todas
ellas sonaban femeninas, como una multitud de espectadoras mirándola desde dentro
hacia afuera. Las palabras fueron leves al principio y luego tan fuertes y poderosas que no
pudo ignorarlas. Dorotea sintió una sensación de gran antigüedad allí, de mujeres
antiguas que la llamaban a través de grandes distancias.
Cuando enfocó su concentración en las voces, tratando de escuchar y comprender, un
torrente de recuerdos la alcanzó, una parte viva de su experiencia… no de su propia vida.
Mujeres antiguas le hablaron, a veces simultáneamente, aunque podía absorber todo lo
que decían. Los recuerdos fueron sorprendentes y reales, y comenzó a ordenarlos en su
cabeza, dándose cuenta de que formaban una cadena de vidas que se remontaba de una
generación a la vez, todo el camino hacia el oscuro pasado de la historia humana.
Vio las líneas de sangre que se desarrollaban en su interior, los eslabones de una
cadena de vidas: una mujer de hacía siglos, Karida Julan en el planeta Hagal, que había
tomado a un militar joven y apuesto como su amante y dado a luz a una hija, Helmina
Berto-Anirul… quien a su vez tuvo una hija: Raquella Berto-Anirul, la Reverenda Madre.
Y su hija era Arlett… ¡La madre de Dorotea!

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Criada en Rossak desde su nacimiento, Dorotea nunca había conocido a su madre, y


ahora veía a través de recuerdos desplazados que la Hermana Arlett había sido expulsada
después de darle a luz, despachándola a vagar por mundos dispersos y reclutando acólitas
para la Hermandad. En todos aquellos años, no se le había permitido volver a la escuela
de Rossak, a su hija. ¿Dónde estaba ahora? Dorotea no estaba segura.
Pero Raquella estaba allí en la escuela… ¡la abuela de Dorotea! La Reverenda Madre
nunca había dicho ni una palabra de ello, nunca la había reconocido. Y pronto Dorotea
vio más a partir del pasado y aprendió cosas que no quería saber.
Al igual que una imagen en un espejo distorsionado, observó la separación y el
abandono de la bebé, ella misma, desde dos lados diferentes. Desde una Arlett angustiada
pidiendo criar y amar a la niña, y desde la propia Raquella insistiendo en que ese tipo de
conexiones no podían permitirse. Todas las Hermanas debían ser entrenadas como
iguales, como parte de una comunidad en general, dijo, sin las distracciones de los lazos
familiares. Arlett había tenido que abandonar a su bebé, Raquella tenía que hacerse a un
lado, y Dorotea tuvo que pasar su vida en completa ignorancia de la verdad.
Sí, lo vio en su nueva biblioteca de recuerdos. La Reverenda Madre las había
desgarrado. A través de la infusión repentina de información, Dorotea se dio cuenta de las
implicaciones de largo alcance, y vio la medida de lo que Raquella había hecho. A causa
de su conflicto con Arlett, todos los bebés en la guardería habían sido cambiados, y sus
nombres eliminados para que las niñas no fueran más que «hijas de la Hermandad».
Pero más llegó hacia ella. El sonido distante de las otras memorias volvió a aumentar
en un rugido. Conoció a generaciones y generaciones de mujeres que habían vivido a
través de los miles de años de dominio de las máquinas pensantes, las depredaciones de
los robots independientes y mek de combate, la esclavización de poblaciones enteras.
Durante años, Dorotea había vivido en Lampadas, asignada a observar a los Butlerianos y
analizar fríamente sus movimientos. Había oído la verdad y la pasión, y había llegado a
creer en los peligros del progreso desenfrenado. Como se había mejorado a sí misma con
técnicas de Hermandad, Dorotea se había ido convenciendo cada vez más de que los
seres humanos no poseían la necesidad de las muletas de los ordenadores y la tecnología
avanzada, ya que cada persona tenía las habilidades innatas que necesitaba.
Tantas vidas estaban en su mente ahora, tanto sufrimiento en el momento anterior a
ella… reforzando lo que ya creía. Todas las voces femeninas le gritaron a la vez en un
tumulto que se desvaneció poco a poco hasta que una voz surgió: Raquella Berto-Anirul,
a una edad mucho más joven, hacía más de ocho décadas, justo antes de la Batalla de
Corrin.
Ahora Dorotea vio recuerdos horribles, la epidemia dolorosa que había causado
estragos en todo Parmentier, cómo Raquella y Mohandas Suk habían luchado para salvar
a tantas personas como podían… Cómo había llegado a Rossak para ayudar a las
hechiceras supervivientes contra la propagación de la enfermedad. En una imagen
instantánea dentro de su cabeza, Dorotea vio cuerpos con túnicas blancas y negras,
apilados en el interior de las ciudades cavernosas. Dorotea vio lo que Raquella había

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visto mientras caminaba por el sendero de acantilado en zig-zag, subiendo hacia las altas
cuevas donde las hechiceras guardaban sus registros de reproducción.
Los recuerdos de Raquella eran los propios recuerdos de Dorotea ahora. Vio a través
de los ojos de su abuela mientras estudiaba los catálogos completos de miles de millones
de líneas de sangre que las hechiceras habían compilado para las generaciones, los
registros tomados de una franja a través de la raza humana.
¡Y se conservaban en bancos de computadoras prohibidas! Recolectando y
procesando datos, elaboraban proyecciones y completaban los informes para que las
mujeres pudieran leerlos.
Dorotea quiso gritar en señal de protesta, pero sólo pudo mirar con horror. Durante
todos los años que había servido en Lampadas, acompañando a Manford Torondo
mientras daba discursos apasionados a inquietas multitudes, había sentido la verdad de la
cruzada del hombre. Había estado orgullosa de la Hermandad, de cómo las mujeres
utilizaban sus propias capacidades para lograr la superioridad física y mental.
Y ahora Dorotea sabía que las Hermanas se apoyaban en las muletas de máquinas
pensantes, después de todo; exactamente la insidiosa tentación contra la que advertía
Manford con tanta pasión. La Hermandad se promocionaba a sí misma como una
campeona del potencial humano, pero ahora, después de haber visto a través de los ojos
de su abuela, sus creencias idealistas se desvanecieron.
En efecto, había equipos ilegales ocultos en algún lugar de la ciudad de las cuevas.
Totalmente despierta, Dorotea se quedó sin respiración, adormecida por la avalancha
de revelaciones. Acostada sobre su espalda, volviendo a sí misma, se quedó mirando el
techo blanco de la enfermería y dejó que las ramificaciones se hundieran profundamente.
La Hermandad poseía computadoras prohibidas.
La Reverenda Madre Raquella era su abuela.
¡Y soy una Reverenda Madre ahora! Dorotea había sobrevivido a la agonía que había
matado a tantas de sus Hermanas. Este entendimiento fue el más potente de todos.
También era mucho más joven y más fuerte que su abuela. Dorotea decidió que debía
hacer algo para lograr un cambio importante en la Hermandad. Podía desafiar a Raquella
y obligarla a revelar las computadoras, pero no hasta que tuviera suficientes aliados.
Sabiendo que las máquinas pensantes estaban escondidas en algún lugar en las cuevas
restringidas, y que la hermana Ingrid había caído del sendero empinado, podía adivinar lo
que debía haber sucedido.
Su nuevo conocimiento era peligroso, y ella era débil y vulnerable. Con la Reverenda
Madre Raquella en la Escuela Suk, Dorotea todavía tenía poco de tiempo para planificar.
Se concentró en la habitación en silencio, escuchando los sonidos débiles a su
alrededor y en sintonía con la nueva toma de conciencia dentro de su cabeza, un enfoque
que también le permitió viajar a los bloques de construcción microscópicos celulares de
su cuerpo. Su corazón bombeaba, intercambiando alvéolos de oxígeno en el interior de
sus pulmones, los procesos químicos dentro de sus órganos, la transferencia de impulsos

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

nerviosos en el cerebro. Vivía en un universo en sí misma. No era de extrañar que la


Reverenda Madre quisiera que otras Hermanas experimentaran aquello.
Mientras evaluaba sus células internas, su metabolismo, sus fibras musculares,
Dorotea estudió su cuerpo como un piloto de naves espaciales que completa un resumen
exhaustivo, haciendo los ajustes necesarios. Cuando hubo terminado la tarea,
pronunciándose sana y completa, por fin abrió los ojos y se sentó.
Miró a su alrededor a la enfermería tranquila, parpadeando. ¿Qué le había pasado a
Valya? No la vio cerca, pero había visto que la otra Hermana tomaba la píldora. Así
como muchas voluntarias habían muerto al intentar el paso, ¿había tenido Valya un error
en la química? Esperaba que no.
En el otro lado de la enfermería, las dos Hermanas médicas vieron su movimiento, y
se volvieron para mirarla con asombro. Corrieron hacia Dorotea, pidiendo ayuda. Dorotea
se sentó allí y sonrió, dejando que armaran un alboroto sobre ella e hicieran un sinnúmero
de preguntas. Por el momento, se sentía bien.

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Para jugar el juego de la vida correctamente, compáralo con el ajedrez, considerando el segundo y tercer nivel
de consecuencias de cada acción.
—GILBERTUS ALBANS, reflejos en el Espejo de la Mente

La Cámara de Discusiones era uno de los salones más grandes de la Escuela Mentat, un
auditorio con paredes manchadas y oscuras cubierto de imágenes de estadísticas de los
grandes polemistas de la historia humana, que iban desde famosos oradores antiguos de la
Tierra, como Marco Cicerón y Abraham Lincoln, hasta Tlaloc quien había instigado la
Era de los Titanes, y hacia los oradores de los últimos siglos, como Renata Thew, y el
incomparable Novan al-Jones. Cuando educaba a Gilbertus en Corrin, Erasmo se había
asegurado de que su joven protegido estuviera familiarizado con los mejores.
En una antesala, Gilbertus revisó sus notas para el arriesgado discurso que tenía la
intención de dar, y luego hizo su camino hacia el escenario. Con quince de sus mejores
estudiantes ya sometidos en las batallas tácticas de entrenamiento, conforme con la
solicitud de Manford Torondo, Gilbertus se sintió obligado a proporcionar por lo menos
un cierto nivel de mitigación, una voz de la razón. Quería que los estudiantes
reflexionaran sobre las consecuencias… ¿pero lo escucharían acaso?
Al llegar al podio, el aula se quedó en silencio por respeto al Director.
—La lección de hoy se desviará de nuestra forma habitual de entrenamiento táctico.
Tomaremos un enfoque diferente, un cambio de ritmo.
Aquellos eran los mejores de su clase actual de aprendices Mentat, seleccionados a
mano por su destreza analítica y Manford demandaba sus servicios para su cruzada.
Gilbertus nunca había expresado su resentimiento por haber sido obligado a sacrificar a
aquellos estudiantes con gran talento en una causa que era fundamental, pero que, en
secreto, se oponía.
—Un componente crucial en el diseño de una estrategia exitosa es aprender a pensar
como tu enemigo. Esto no es un objetivo natural: Debe ser practicado, y algunos pueden
encontrarlo un reto difícil y extremadamente incómodo. Por lo tanto, debatiremos los
méritos de ambos lados de una cuestión clave, para ayudarles a explorar la mentalidad de
la parte contraria. Discutiremos los méritos de máquinas pensantes. —Después de un
suspiro audible o dos, los estudiantes parecieron contener la respiración. Hizo una pausa,
observando sus expresiones de intención, entonces habló con voz clara—: Tengan en
cuenta la postulación de que las máquinas pensantes, en algunas formas correctamente
restringidas, puede desempeñar un papel útil y seguro en la sociedad humana.
Esto provocó algunos murmullos de sorpresa y miradas airadas de los estudiantes que
Manford Torondo había enviado a la escuela.
Gilbertus dio una leve sonrisa.
—Con tantos de ustedes a punto de unirse a los buques Butlerianos, es apropiado
pensar en lo que estamos luchando, y en contra de qué estamos luchando. Fuera de eso,

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

chocarán con los Apologistas de las Máquinas, los líderes planetarios que sinceramente
creen que pueden poner máquinas pensantes al buen uso y mantenerlas bajo control. —
Todos los estudiantes estaban interesados, aunque su inquietud era palpable en el aire.
Hizo su propia elección, una joven pelirroja sentada en el centro; había planeado este
debate con ella detenidamente.
—Alys Carroll, tú serás mi oponente. Espero con interés una experta discusión
animada.
Ella se puso de pie y caminó hacia el escenario, con respaldo recto y decidido.
Gilbertus dijo a toda la clase:
—Discutiré uno de los lados de la cuestión, y Alys Carroll apoyará el punto de vista
opuesto. —Sacó una dorada moneda imperial brillante de su bolsillo. A un lado llevaba la
imagen de Serena Butler, y del otro la mano abierta de la Liga del Landsraad—. Cara, y
Alys argumentará de lado de las máquinas pensantes como un Apologista de las
Máquinas. Cruz, y yo tomaré esa postura.
La joven enojada parecía incierta, pero antes de que pudiera decir nada, él lanzó la
moneda al aire, la atrapó, y abrió su palma. Gilbertus echó un vistazo a la moneda y la
cubrió sin mostrar el resultado a los estudiantes. Mientras Erasmo tenía dificultades con
el concepto de la mentira, en un Mentat no existía tal impedimento, especialmente no en
un caso como este. El ejercicio debía ser muy fructífero, y la mujer Butleriana solo
necesitaba lidiar con su objetividad.
—Cara —dijo—. Alys, deberás discutir en nombre de las máquinas pensantes.
Los ojos de la joven se agrandaron. Gilbertus estaba sorprendido por la rapidez con
que la sangre drenó por su cara.
—Abro el tema de debate —continuó, sonriendo—. Tu objetivo en el debate será el
de poner en relieve los beneficios que las computadoras y los robots pueden aportar a la
humanidad. Nos convencerás de que este punto de vista tiene su mérito. Yo defenderé la
postura Butleriana.
Alys vaciló.
—Se lo ruego, por favor, no me pida que haga esto.
Gilbertus, habiendo proyectado que podría encontrar resistencia inicial, dio la
respuesta que había preparado.
—Los Mentats deben disciplinarse para examinar un problema desde todos los
ángulos, no sólo desde el punto de vista que coincide con sus propios sistemas de
creencias. Como tu instructor, te he dado una asignación. Como estudiante completarás
esa tarea. Conoces los hechos, Alys, y quiero que hagas una proyección. Dime las cosas
buenas que las máquinas pensantes podrían lograr.
Alys se volvió hacia el público, buscando las palabras. Finalmente, dijo:
—Las máquinas pueden ser utilizadas por los Maestros Espadachines en formación
para luchar con más eficacia contra las máquinas. Tienen su utilidad, pero el peligro… —
Abrió y cerró la boca, y una llamarada de indignación reemplazó su vacilación—. No. No
puede haber beneficios para las máquinas pensantes. Son un anatema.

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—Alys Carroll, no te pido que argumentes mi lado de la cuestión. Por favor, completa
tu tarea.
Alys se erizó.
—La tecnología avanzada es destructiva. Por lo tanto, pierdo el debate. ¡El punto no
se puede ganar!
—Se puede hacer. —Con la esperanza de salvar aquella potencialmente valiosa
lección, Gilbertus dijo—: Muy bien, yo tomaré la posición de los Apologistas de las
Máquinas, y tú podrás tomar el del argumento Butleriano. ¿Eso te parece mejor?
Ella asintió con la cabeza, y Gilbertus se dio cuenta de que estaba a la espera de la
oportunidad. El público parecía intrigado por este giro de los acontecimientos.
Alys insistió:
—Este es un ejercicio frívolo, Director. Aquí todo el mundo sabe la historia de las
máquinas y de la esclavitud durante siglos de dominación brutal, primero por los titanes
cimek y luego por la súpermente Omnius. Billones muertos, el espíritu humano
aplastado. —Se sonrojó de indignación, y luego trató de calmarse—. Nunca debe volver a
ocurrir. No hay ningún argumento en contra. —Varios de los estudiantes Butlerianos
murmuraron su acuerdo.
Gilbertus suspiró.
—No estoy de acuerdo, como debo hacerlo por el bien de debate. Los Apologistas de
las Máquinas aseguran que podemos domar a las máquinas pensantes y hacer que sirvan a
la humanidad. Sostienen que no hay que descartar todas las máquinas sólo por los
excesos de Omnius. ¿Qué hay de las maquinarias de recolección agrícola, se preguntan, y
las maquinarias de construcción para erigir refugios para los que no poseen hogar? ¿Y los
dispositivos médicos para curar a los enfermos? Hay usos humanitarios legítimos,
afirman, para las máquinas automatizadas y sistemas informáticos.
—¡Dudo que las poblaciones humanas oprimidas que sufrieron y murieron en los
innumerables Planetas Sincronizados estén de acuerdo! —reprendió Alys—. Pero esas
víctimas no pueden hablar por sí mismas.
Gilbertus la miró con una expresión suave.
—Esto puede parecer una base legítima para prohibir a las máquinas pensantes; si no
fuera por el hecho de las purgas atómicas que los seres humanos lanzaron a través de los
Planetas Sincronizados. Los seres humanos asesinaron a miles de millones de cautivos en
esos planetas, no las máquinas pensantes.
—Era necesario. A pesar de que esas poblaciones esclavizadas estuvieran muertas,
todavía están en una mejor situación.
Gilbertus aprovechó la apertura.
—¿Y cómo podemos estar seguros de que estaban de acuerdo? La suposición de que
volverían a elegir la muerte sobre la vida bajo el gobierno de Omnius es insoportable. Un
Mentat no puede hacer proyecciones válidas sin datos precisos. —Se dio la vuelta para
mirarla—. ¿Alguna vez has hablado directamente con cualquier ser humano que vivió en

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

los Planetas Sincronizados bajo la eficiencia de la regla de las máquinas? Como señalas,
todos están muertos.
—¡Esto es absurdo! Sabemos cómo era la vida realmente bajo el yugo de la
dominación de las máquinas; muchas cuentas de primera mano se han publicado.
—Ah, sí, las historias condenatorias escritas por Iblis Ginjo, Serena Butler, y Vorian
Atreides, pero esas cuentas fueron diseñadas para inspirar el odio a las máquinas y para
incitar a los seres humanos de la Liga a la violencia. Incluso las historias de los esclavos
rescatados del Puente de hrethgir fueron asimétricas y se utilizaron como propaganda en
la escritura de la historia.
Se dio cuenta de que su voz se elevaba, y se calmó. A través de sus ojos espía ocultos,
Erasmo escuchaba con gran interés, y esperaba que su mentor se sintiera orgulloso de él.
—Pero demos un paso atrás y consideremos los principios generales de cómo la
tecnología adecuada domesticada debe servir a la humanidad. Los robots tienen la
capacidad de realizar tareas repetitivas, que consumen mucho tiempo, o complejas, tales
como la recolección de datos, la cosecha de cultivos, o el cálculo de las rutas de
navegación seguras. La aceptación de la ayuda de la máquina limitada liberaría los seres
humanos para hacer nuevos avances.
—Cuando Omnius esclavizó a la raza humana, tuvimos poco tiempo para avanzar y
mejorar —señaló Alys hacia unos satisfechos murmuradores de su postura.
—Pero, al prohibir el uso de sofisticadas máquinas, máquinas que creamos para
beneficiar a la humanidad, le negamos la humanidad el progreso que ha hecho a lo largo
de la historia, y nos condenamos a la reanudación de la práctica de la esclavitud. Porque
le damos la espalda a las maquinas que podrían desempeñar funciones esenciales; los
seres humanos son sacados de sus hogares y familias, encadenados, golpeados y
obligados a realizar trabajos de baja categoría que las máquinas podrían hacer en su
lugar. Muchas personas mueren haciendo este trabajo arduo y peligroso, simplemente
porque nos negamos a utilizar máquinas pensantes. ¿Es eso moralidad o inteligencia? Se
podría argumentar que los violentos levantamientos budislámicos en contra de los
esclavistas humanos en Poritrin estaban tan justificados y eran necesarios como la Yihad
contra las máquinas pensantes.
Ella sacudió la cabeza enérgicamente.
—Oh no, es completamente diferente. Los budislámicos se negaron a luchar a nuestro
lado.
Gilbertus tragó una réplica mal aconsejada y respiró hondo.
—La diferencia de la filosofía no es una causa justa para la esclavitud. —Un silencio
incómodo siguió, porque muchos de los estudiantes de la escuela procedían de mundos
que todavía dependían de la mano de obra esclava.
Mientras Alys luchaba por contrarrestar sus palabras, Gilbertus señaló que la joven
normalmente segura de sí misma vacilaba, repitiendo los argumentos que ya había hecho.
Eso significaba que se estaba quedando sin ideas. Esto le dio esperanza. Si podía

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convencer sutilmente a los candidatos Butlerianos Mentat, tal vez podría guiar a más
gente de vuelta a la cordura.
Pero de repente, varios estudiantes empezaron a gritar en desacuerdo, ya sin escuchar,
y tratando de callar todo.
—¡Por favor, por favor! —Gilbertus levantó las manos a la calma. Tal vez lo había
llevado demasiado lejos—. Esto es sólo un ejercicio, una experiencia de aprendizaje. —
Sonrió, pero no tuvo la respuesta amistosa que había esperado. En lugar de ello, se
encontró debatiendo con el puñado de estudiantes hostiles, incluso Alys apenas podía
conseguir pronunciar una palabra.
Paradójicamente, se encontró ganando la discusión, pero perdiendo el control de la
misma y de la audiencia. A medida que el escándalo continuaba, examinó la habitación y
vio para su decepción que la mayoría de los estudiantes estaban inquietos. Incluso
aquellos que se habían expresado anteriormente de acuerdo con su lógica ahora tenían
miedo de mostrarlo en la cara de la vehemencia Butleriana.
Varios estudiantes abandonaron sus asientos y salieron. Uno se volvió desde la puerta
superior de la sala y gritó hacia el escenario:
—¡Apologista de las Máquinas!
La clase terminó en un escándalo.

***
Enormemente inestable, Gilbertus corrió a su despacho, cerró las puertas, y sacó el
núcleo de Erasmo de su escondite, pero no se sintió alivio cuando llevaba a la esfera
pulsante en sus manos temblorosas.
—Creo que he cometido un error.
—Ese fue un espectáculo fascinante y más que esclarecedor. Tengo curiosidad, sin
embargo. Sabías que había simpatizantes Butlerianos en la audiencia. No querían
escuchar un debate, sólo ver sus creencias reafirmadas. Como Mentat, debiste haber
proyectado los posibles efectos de tus palabras en esos oyentes poco receptivos.
Gilbertus bajó la cabeza.
—Fui imperdonablemente ingenuo. Simplemente presenté argumentos lógicos,
exactamente como usted y yo siempre hemos hecho en nuestros debates.
—Ah, pero otros no son tan racionales como nosotros.
Gilbertus depositó el núcleo de memoria en una mesa.
—¿He fallado miserablemente, entonces? Fundé esta escuela para enseñar el análisis
lógico y la proyección.
—Tal vez los Butlerianos reaccionaron con tanta vehemencia porque podían percibir
lo que realmente crees. La eterna batalla humana de la emoción frente a la inteligencia,
de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro que luchan por el control. La vida
humana es una lucha constante, mientras que las máquinas superiores no tienen que
molestarse con esas tonterías.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—¡Por favor, no use esto como una excusa para afirmar la superioridad de las
máquinas! Ayúdeme a encontrar una solución, una salida. Tengo que calmar la situación
antes del regreso de Manford. Se llevó sus naves a los mundos tlulaxa, pero ciertamente
escuchará un informe de esto cuando vuelva.
—Fascinante, cómo las cosas pueden ir mal con tanta rapidez —dijo Erasmo—.
Positivamente fascinante.

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El camino del destino humano no está nivelado, pero si plagado de altas cumbres y profundos abismos.
—Del Libro de Azhar

Los Butlerianos y su flota de naves de guerra viajaron hacia los mundos tlulaxa. A pesar
de que ya se habían impuesto restricciones severas en la sociedad, Manford estaba
interesado en flexionar sus músculos y listo para encontrar chivos expiatorios. Aquel era
el lugar perfecto para realizar su primer movimiento.
Hacía quince años, cuando Manford viajó a aquel sistema estelar, había estado
disgustado por lo que encontró. En aquel entonces, los seguidores de Rayna Butler habían
mostrado a los repugnantes tlulaxa el camino difícil pero necesario que la humanidad
debía seguir. Los proyectos biológicos ofensivos fueron declarados en contra de las leyes
de los hombres y Dios, y destruidos totalmente. Las reglas estrictas se habían impuesto a
todos los científicos tlulaxa, y graves advertencias habían sido emitidas por
consecuencias de la mala conducta. Pero los años habían pasado, y Tlulax estaba lejos de
ser el centro del nuevo Imperio. Manford estaba seguro de que a esas alturas la gente se
había extraviado y estaba decidido a atraparlos en ello.
Mientras la flota Butleriana descendía en la ciudad principal de Bandalong, Manford
y Anari estudiaron la arquitectura exterior construida por una raza que anteponía el
estudio de la genética por encima del valor de sus almas.
—No confío en ellos, Anari —dijo—. Sé que han roto las leyes, pero son una raza
inteligente. Es posible que tengamos que buscar mucho para encontrar pruebas.
—Encontraremos la evidencia. —Su voz sonó convencida. Manford sonrió: Las
estrellas dejarían de brillar antes de que Anari Idaho perdiera su fe en él.
Nadie, ni siquiera Josef Venport, levantaría gran parte de una protesta en defensa del
pueblo tlulaxa, que nunca habían sido populares en todo el Imperio, especialmente
después de un escándalo de una granja de órganos durante la Yihad en el que fueron
atrapados cometiendo actos inescrupulosos y horrendos. Manford disponía de doscientas
naves y de muchos de los nuevos líderes Maestros Espadachines, y pronto un grupo de
Mentats especialmente entrenados se uniría a ellos, como había sido prometido por
Gilbertus Albans. Era un comienzo auspicioso.
Las naves Butlerianas se apoderaron del puerto espacial de Bandalong, y el pueblo de
Manford se repartió por la ciudad en números abrumadores. Sus Maestros Espadachines
escogidos golpearon las puertas de los laboratorios, registraron edificios y santuarios
extraños. (No quería imaginar el tipo de religión que estas personas viles podían abrazar).
A medida que avanzaban, Anari emitió una advertencia silenciosa de que, si los
científicos tlulaxa podrían haber escondido astutamente armas defensivas en algún lugar
allí, se volverían contra los Butlerianos, pero Manford no creía verdaderamente que los
tlulaxa fueran tan tontos como para provocar una confrontación mayor. Eran unas
personas golpeadas con risas tontas.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Llevándolo en el arnés sobre los hombros, Anari entró en una de las instalaciones de
investigación biológica centrales. El laboratorio olía a productos químicos y a basura en
mal estado, por la fermentación de material celular y burbujeantes cubas de compuestos
orgánicos. El jefe de investigación era un hombre fornido, con aspecto de oso que era
más grande que la mayoría de los tlulaxa, e incluso algo parecido. Sus ojos estaban tan
redondos como platos, y estaba convenientemente aterrorizado.
—Le aseguro, señor, que nunca nos hemos perdido de las estrictas directrices ni
ningún otro investigador. Respetamos las restricciones que se impusieron sobre nosotros,
por lo que no encontrarán nada que objetar aquí. —El hombre trató de sonreír, pero fue
uan imagen lamentable.
Manford hizo una mueca mientras miraba alrededor del laboratorio.
—Encuentro muchas cosas desagradables aquí.
Al oír esto, el fornido jefe de investigación corrió a una serie de tanques translúcidos,
deseoso de probar su punto.
—¡Odiamos las máquinas pensantes, tanto como cualquiera! Mire, nuestro trabajo
utiliza sólo máquinas o equipos biológicos no prohibidos. Nada de lo que está prohibido.
Estudiamos las células naturales y de cría. Nuestro trabajo es mejorar la mente humana y
el potencial humano. Todo es parte del plan de Dios.
Manford reaccionó con un disgusto agudo.
—No es el lugar para determinar el plan de Dios.
El jefe de investigación se tornó más urgente.
—¡Pero miren aquí! —Indicó una cuba translúcida llena de esferas flotantes
pequeñas—. Podemos crear nuevos ojos para los ciegos. A diferencia de nuestras granjas
de órganos anteriores, en los que las piezas de repuesto fueron robadas de víctimas
indefensas, estos proyectos no dañan a nadie, sólo ayudan a los necesitados.
Manford sintió a Anari tensa debajo de él, sabiendo que estaba creciendo en su enojo,
como él.
—Si un hombre es ciego, es la voluntad de Dios, de que sea ciego. No tengo piernas,
y esa es también la voluntad de Dios. Esta desventaja es mi destino en la vida. Usted no
tiene derecho a impugnar las decisiones de Dios.
El hombre fornido levantó ambas manos.
—Eso no es…
—¿Por qué supone que una persona tiene que jugar con su cuerpo, con su vida? ¿Por
qué cree que es necesario vivir con comodidad y confort?
Sabiamente, el jefe de investigación no respondió, pero la decisión de Manford ya
había sido tomada. De hecho, se le había metido en la cabeza antes de que las naves
incluso llegaran a Tlulax. Encontrar puntos de venta para las manifestaciones energéticas
mantenía las llamas de la fe ardiendo. Apuntando a la investigación tlulaxa,
especialmente a los programas como aquellos horribles y odiosos globos oculares que
flotaban en tanques, mantenía a sus Butlerianos fuertes y temibles, y ayudaba a construir
su propia fuerza contra oponentes más insidiosos. Muchos de sus seguidores no captaban

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las sutilezas, pero le seguían de todos modos, siempre que les proveyera de refuerzos
regulares.
La voz del jefe del laboratorio sonó delgada y pequeña cuando chilló:
—¡Pero mi pueblo se ha adherido a todas las restricciones Imperiales!
Manford no dudaba de que el hombre estuviera en lo cierto, pero la realidad no se
ajustaba a sus propósitos. Agitó un brazo por el laboratorio.
—Este programa de investigación tlulaxa ha ido demasiado lejos en la exploración de
un reino donde ningún humano está destinado a ir.
El hombre fornido palideció en consternación. Los Butlerianos que se habían
congregado en el interior del complejo de investigación iniciaron un murmullo inquieto,
como depredadores que olfatearan sangre.
—Esta práctica de laboratorio, y toda su investigación, debe cerrarse y ser destruida.
Esa es mi orden.
Los seguidores de Manford comenzaron rápidamente a destrozar el equipo,
rompiendo los recipientes translúcidos para que los globos oculares se derramaran en un
chorro de líquido de nutrientes en el suelo blanco y limpio, rebotando como los juguetes
de un niño.
—¡Dejen eso! —exclamó el jefe de investigación—. ¡Exijo que lo dejen!
—Manford Torondo ha hablado. —Anari sacó su espada y lo hirió con un golpe que
escindió su cuerpo desde el hombro hasta el esternón.
Un técnico de laboratorio aprensivo vomitó ruidosamente y gimió de miedo. Manford
señaló al hombre.
—¡Usted! Le nombro el nuevo jefe de este servicio y oraré para que concentre sus
esfuerzos en el trabajo más adecuado y más humilde.
El técnico se pasó la mano por la boca y se tambaleó, a punto de desmayarse. Asintió
débilmente, pero no se atrevió a hablar.
Desde su puesto en los hombros de la Maestra Espadachina, Manford le dijo a Anari:
—Termina aquí. Luego iremos a Salusa Secundus y ayudaremos al Emperador a
mantener sus promesas.
Anari limpió su espada en la ropa del jefe de investigación asesinado, y luego miró a
los técnicos del laboratorio que temblaban.
—Estaremos pendientes de su trabajo y lo vigilaremos muy de cerca.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El centro de memorias de una computadora puede almacenar permanentemente enormes cantidades de datos. A
pesar de ser sólo un mero humano, nunca olvidaré lo que los Butlerianos me hicieron a mí, a mi compañero, y a
mi hogar. Ni siquiera los detalles más simples.
—TOLOMEO, grabaciones de investigación en Denali

En el complejo de investigaciones de Denali, Tolomeo se esforzaba por reconstruir el


trabajo que los salvajes habían arruinado en Zenith. Escribió notas, recopiló extensos
diarios, y luchó para duplicar las mezclas de productos químicos y polímeros que
anteriormente le habían mostrado una mayor promesa, muchos de los cuales el Dr.
Elchan había descubierto.
A veces, se sentía como si no pudiera hacer aquello solo… pero estaba solo, y
determinó que debía hacerse, por lo que se sumergió de nuevo en el problema con un
fervor que se comparaba incluso con el fanatismo Butleriano.
Con los conocimientos que obtuvo de la disección y la deconstrucción de los
mentrodos internos e interfaces neuro-mecánicas de los caminantes cimek, ya estaba
haciendo grandes progresos. Usando los marcos de hueso huecos de aleación, había
hecho diez brazos y manos de prototipo, anclajes óseos para poleas fibrosas que
funcionaban como los músculos, enfundados en un gel de proteínas y cubiertos con una
piel artificial resistente.
Ninguno de los prototipos era aún el equivalente de lo que él y Elchan habían creado
antes, pero la interfaz era superior. El extremo de cada rama experimental terminaba en
un conjunto de receptores, y Tolomeo les había sintonizado con su propia mente. Si
concentraba sus pensamientos sobre una acción específica, podía provocar una respuesta
de los nervios y los músculos artificiales, pero se requería de un esfuerzo de
concentración. El objetivo era hacer a la interfaz tan sensible que las extremidades
artificiales respondieran subconscientemente. Una persona no podía funcionar bien si
cada pequeño movimiento requería esfuerzo y planificación.
Los programas de investigación que Tolomeo había conocido en toda su vida
derivaban del colegio y la mente abierta, diseñados para beneficiar a todos. En su
juventud, él y sus hermanos y hermanas habían jugado juegos, imaginando las partes de
la sociedad a las que podrían ayudar, imaginando una utopía intelectual y creativa tras la
derrota de las máquinas pensantes. Ahora se daba cuenta de que tales actitudes estaban
peligrosamente ajenas al hecho de que existían fuerzas del mal, ignorantes, y
destructivas.
Tolomeo dormía poco y trabajaba el resto del tiempo. Nada más le interesaba. Antes
de aquello, siempre había trabajado con un socio de investigación, y un dolor de la
soledad colgaba a su alrededor constantemente. La interacción y la colaboración con
Elchan había sido un catalizador de avances, pero ahora Tolomeo estaba por su cuenta, su
única compañía el susurro de los conductos de aire de recirculación, el zumbido de los

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sistemas de soporte vital, y las burbujas de los depósitos de nutrientes que sostenían el
crecimiento sintético de las extremidades. La alegría de sus pruebas de laboratorio y los
triunfos felices de cada pequeño éxito se habían esfumado.
Tolomeo siempre había querido ayudar a la gente amputada haciendo de nuevo todo o
proporcionando nueva piel a las víctimas con cicatrices horribles. Podría haber sido un
humanitario, un héroe elogiado en todo el Imperio. Pero sus buenas acciones y generoso
corazón sólo le habían expuesto al odio, y le habían costado al Dr. Elchan su vida.
Cerró los ojos ahora en el laboratorio cuando recordó lo orgulloso que se sentía, y su
grado de satisfacción, para presentarse ante Manford Torondo con nuevas piernas. Había
tenido la esperanza de cambiar la vida del líder Butleriano, hacerlo sonreír y abrazar la
tecnología. Temblando, el investigador apretó los ojos cerrados, pero no pudo ahuyentar
el recuerdo persistente de la Maestra Espadachina con cara de piedra destruyendo la
prótesis en pedazos, destruyendo todo… y solo había sido el comienzo.
Tolomeo estaba sudando. Con su don para la ciencia, tenía que encontrar una manera
de empoderar a visionarios como Josef Venport, para que el hombre pudiera soportar con
fuerza contra la Edad Oscura que las turbas antitecnológicas estaban empeñadas en
imponer.
En el silencio del laboratorio le pareció oír los ecos inquietantes de los gritos de
Elchan.
Cuando abrió los ojos, Tolomeo vio que todos los miembros artificiales en los
depósitos de nutrientes habían temblado y agitado, como los brazos levantados de un
ejército desafiante, respondiendo a sus impulsos de pensamiento. Y cada una de las
manos estaba apretada en un puño implacablemente duro.

***
En el interior de la cúpula del hangar, tres monstruosos cuerpos de máquinas se
presentaron delante de él, inmóviles, pero impresionantes, sin embargo. Las patas
segmentadas, manos enormes, las torretas de tanques, los sensores y circuitos… todo
controlado por un contenedor de conservación que había soportado una vez al cerebro sin
cuerpo de un tirano.
En silencio, se paseaba por los órganos mecánicos que habían sido recuperados del
duro ambiente de Denali. Los caminantes blindados habían sido fregados, chorreados de
partículas, e inspeccionado por los daños. Tolomeo se quedó impresionado al ver que los
sistemas se mantenían intactos incluso después de décadas de exposición al aire cáustico.
Cada cuerpo de caminante blindado tenía un diseño único, construido para un
propósito específico y modificado de acuerdo con los gustos del usuario cimek.
Moviendo sus contenedores de preservación de un cuerpo artificial a otro, los cimeks
podían cambiar su forma física a voluntad, como si no fueran más que conjuntos exóticos
de ropa. Aunque eran artificios mecánicos, los cuerpos de los caminantes habían sido
construidos por seres humanos, controlados por seres humanos. Estas formas cimek

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

inmóviles eran la encarnación misma de las pesadillas Butlerianas, pero Tolomeo no les
temía en absoluto. Se imaginaba cómo su vida habría sido diferente si hubiera poseído
una de aquellas formas de guerreros cimek firmes contra los bárbaros en Zenith…
Las sofisticadas instalaciones que el Director Venport había puesto a su disposición
allí superaron incluso los mejores laboratorios que había utilizado antes. Todos los
instrumentos, química, o herramienta que podía imaginar las tenía con sólo pedirlo.
Durante el mes pasado, había conocido a sus compañeros de investigación, todos los
cuales tenían obsesiones y determinaciones, y muy posiblemente sus propias cicatrices,
como las suyas. Reunidos, los científicos tenían una unidad compartida, una meta
concreta de salvar y defender a la civilización. Aquello era algo más que una búsqueda
esotérica para el descubrimiento y la verdad.
Pero las instalaciones no estaban ajenas a los problemas. Aunque Venport había
colocado las mentes más brillantes en este campo de juego de la ciencia, los
investigadores sufrían de la falta de personal de apoyo. Tolomeo pidió ayudantes para
adaptarse en el equipo de protección y recuperar a los caminantes cimek intactos que
deseaba estudiar, pero tardó más de una semana antes de que finalmente llegaran. Cuando
se quejó cortésmente ante Noffe por la demora, el administrador tlulaxa asintió a
sabiendas.
—Es un reto encontrar personal cualificado que se ajuste a los criterios. Los
exploradores del Director Venport supervisan constantemente los mercados de esclavos
en Poritrin para adquirir cautivos bien educados con cualquier tipo de fondos calificados.
Tolomeo se sorprendió al enterarse de que los técnicos de soporte eran realmente
esclavos, ¿pero lo que hiciera realmente importaba? Allí a nadie le pagaban, y todos
trabajaban, en la práctica, todos eran iguales.
Noffe dio unos golpecitos con los dedos sobre la mesa.
—Y los hacemos tomar lecciones de historia. Incluso el gran Tio Holtzman prestaba
poca atención a las calificaciones o actitudes de sus trabajadores. Había atendido su casa
y salas de investigación con los esclavos, que no eran más que indispuestos budislámicos
que finalmente provocaron la caída de la ciudad de Starda. —Negó con la cabeza—. Sin
embargo, otro ejemplo de las multitudes ignorantes que destruyen las mejores partes de la
sociedad. Esto nunca se termina.
Con una mirada de enojo adusta, el administrador tlulaxa traspasó un mensaje
impreso en una hoja de papel film y se lo entregó a Tolomeo.
—Acabamos de recibir la noticia del saqueo y destrucción arbitraria de Manford
Torondo en Bandalong.
Mientras Tolomeo leía el informe, se sintió enojado, pero no sorprendido.
—Así que han destrozado todo de nuevo. ¿Cuánto conocimiento se perdió? ¿Cuántos
de sus descubrimientos podríamos haber usado aquí, en mi propio trabajo?
—Es una tragedia, por cierto. —El administrador se rascó la mejilla como si fuera a
quitarse las manchas albinas blanqueadas, y luego bajó la voz para transmitir un
secreto—. Pero toma consuelo en el hecho de que muy pocos datos clave se perdieron en

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realidad. Incluso en mi exilio aquí, me he mantenido en contacto, recibiendo resúmenes


regulares y archivos de copias de seguridad detalladas de muchos de los proyectos más
importantes de mi pueblo. Recuerda, los Butlerianos trataron de lincharme en Tlulax hace
quince años, así que sabía que no debía subestimarlos. —Noffe le dio una sonrisa
desafiante—. Pueden pensar que han ganado esta vez, pero continuaremos con el trabajo
aquí, donde los salvajes no nos puedan molestar. Reiremos últimos. Hemos salvado la
investigación.
—Pero no a la gente —dijo Tolomeo amargamente—. No a la gente. No hemos
ganado todavía. —Respiró hondamente—. Pero, recuerda mis palabras, lo haremos.

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La máquina pensante que más admiro es el cerebro humano.


—NORMA CENVA, artículo de los primeros diarios enviados a Tio Holtzman

Josef Venport prefería pensar en su asalto sorpresa a las maquinarias de Thonaris como
una consolidación industrial más que una conquista. Era un hombre de negocios, no un
líder militar. Con sus setenta naves armadas, la ocupación fue sencilla y eficiente.
Los buques incautados y rebautizados de Celestial Transport volaban ahora bajo los
colores de Venport. Los empleados de CT que trabajaban en el lugar para reparar las
naves robóticas habían sido reclutados al servicio: la mayoría se había unido
voluntariamente a VenHold. Algunos habían exigido un aumento de sus salarios,
mientras que sólo unos pocos necesitaron la coerción física.
Josef y su Mentat estaban en el interior del cálido centro administrativo bien
iluminado conectado a las principales redes de montaje.
—Estoy muy satisfecho con los resultados de esta operación, Draigo. Has obtenido
más que victoria con tu matrícula total de Mentat y de la escuela de Lampadas, y de tus
compañeros también. —Su sonrisa enroscó su grueso bigote—. Has puesto el listón muy
alto para el nivel de rendimiento que esperaba de ti.
Draigo respondió con un guiño complaciente.
—Trataré de hacer frente al desafío, señor.
En el pasado, cuando Josef encontraba un grupo de combate intacto o algún depósito,
sólo saqueaba y reacondicionaba las naves robóticas, pero Thonaris ofrecía mucho más.
Además de las decenas de naves de guerra robóticas completas o parcialmente
construidas que estaban simplemente allí para que las tomara, aquellos astilleros
componían una planta de fabricación totalmente automatizada e independiente que
incluía extractores de mineral poderosísimos, fundiciones, fabricantes, y líneas de
montaje robotizadas. No sólo podía renovar las naves robots existentes, podía
reprogramar a los fabricantes automáticos para construir naves diseñadas adecuadamente
en primer lugar.
Josef dio inmediatamente a su tripulación de ingeniería la tarea de estudiar los
sistemas de control de depósito y hacer que las líneas de montaje volvieran a funcionar,
después de elimina cualquier circuito IA existente o chips de control sensibles. Se sentía
mareado en los prospectos.
Josef recibió informes sobre la marcha mientras sus ingenieros exploraban las
instalaciones frías y cerradas. Arjen Gates y su tripulación de Celestial Transport sólo se
habían molestado con las ganancias fáciles. Josef dudaba que se hubieran atrevido a
volver a despertar a toda la fábrica. Arjen Gates no había sido un hombre con visión.
Mientras que los informes y las imágenes de las valiosas operaciones ingresaban,
Josef pasó los detalles a su Mentat para su estudio y memorización.
Draigo reflexionó:

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—Durante mis estudios en Lampadas, nos vimos obligados a escuchar las condenas
de todas las máquinas pensantes. Incluso me sorprende encontrarme a mí mismo en un
lugar así.
—Espero que los bárbaros no te lavaran el cerebro. Necesito tu intelecto, no tu
superstición.
—Le sirvo a usted, señor, pero quiero expresar mi preocupación de que sería muy
malo para nosotros si los Butlerianos llegan a descubrir estas operaciones.
Josef se burló:
—Son salvajes que sacuden palos y aúllan a la luna. No puedo tomarlos en serio.
Draigo pasó una mano por su traje negro.
—Sin embargo, recuerde que mi antiguo maestro, el Director de la Escuela Mentat,
ayudó a calcular la posición de estos astilleros.
Las cejas pesadas de Josef se juntaron.
—¿Es un simpatizante Butleriano?
—Es difícil decirlo. Es un hombre inteligente, racional, y dice lo que tiene que decir.
No puedo suponer, sin embargo, si cree o no.
Para demostrar que no le importaba, Josef ordenó a sus equipos de trabajo redoblar
sus esfuerzos. Cada día, más partes del complejo de fabricación de Thonaris estaban
funcionando…
Ahora, ocho días después de la ocupación, una nave de VenHold inesperada voló a
Thonaris, un pequeño transporte que contenía sólo dos pasajeros, ambos encerrados en
tanques. Norma Cenva había requisado la embarcación y utilizado sus propias
habilidades de Navegante para volar directamente desde Kolhar. Josef dudaba de que su
bisabuela hubiera explicado sus intenciones a cualquier persona en las torres del puerto
espacial, y la administración del puerto espacial de la empresa debía estar como loca.
Confió en Cioba para tratar el asunto. Para entonces, sin embargo, su pueblo debía estar
acostumbrado a las peculiaridades de Norma.
Cuando llegó a las instalaciones de robótica y se anunció a sí misma, Josef pidió a
Draigo que lo acompañara y le dio un pequeño confort de amistad mientras iban hacia su
nave. Norma parecía complacida por las operaciones crecientes que veía.
—Más naves —transmitió—, para más Navegantes.
Norma había instalado su tanque en la cubierta de navegación del buque, un recinto
de plaz con un marco abierto en el que un Navegante cerrado podía mirar a través del
remolino de gas de melange para ver el universo, mientras que el espacio se plegaba
alrededor de la nave. Como una concesión a los deseos de su bisabuela, Josef había dado
instrucciones de que todos los buques de VenHold fueran modificados con plataformas
de observación apropiadas para los Navegantes.
Cuando él y su Mentat subieron a bordo, Josef se sorprendió al ver que el segundo
tanque contenía al espía capturado, Royce Fayed, quien continuaba a sometido a su
mutación de transformación. Cabía destacar que el espía había demostrado inteligencia y

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adaptabilidad, y fue progresando a través del cambio, incluso más suavemente que los
candidatos seleccionados más intencionalmente.
Vibrante, la voz sin emociones de Norma llegó desde el altavoz de su tanque.
—He traído a mi protegido en su primer vuelo.
—¿Está preparado para ello? —preguntó Josef.
—Lo estará. Le estoy guiando. Su mente es… interesante. —Nadó más cerca de la
ventana gráfica del tanque, donde podía mirar al otro lado de Fayed, quien flotaba dentro
de su propio recinto, con los ojos hinchados cerrados como si estuviera en meditación—.
Corre a lo largo de las vías de la física superior, siguiendo el rastro a través de las
matemáticas dimensionales de décimo orden.
Como si las palabras y oraciones fueran un gran reto para él, Fayed habló en voz alta,
pero sus ojos no se abrieron y su expresión no cambió:
—Es fácil concentrarse hacia arriba… fácil perderse en los pensamientos. —Inhaló
un penacho giratorio de gas de melange recién liberado, y luego lo exhaló como un
hombre fumando una narguile—. Pero… tan difícil concentrarse hacia abajo.
Norma dijo:
—El auto-descubrimiento y la expansión de la mente son las partes más importantes y
evidentes para convertirse en un Navegante. Pero mi hijo Adrien me enseñó que es tan
importante para un Navegante recordar su humanidad. Si ese vínculo se rompe, no somos
mejor que el ser humano promedio. Estamos perdidos de ellos.
Josef sonrió ante el cambio de circunstancias. Su intención original en la colocación
del espía en el tanque de conversión había sido simplemente ejecutarlo de una manera
creativa, tal vez poética, ya que nunca había esperado que Fayed prosperara. Mientras
que no confiaba en nadie que vendiera su lealtad al mayor rival de VenHold, Norma
Cenva confiaba en él, por completo. Había examinado al nuevo Navegante a través de un
complejo proceso que nadie más podía entender, usando su presciencia. Había
demostrado muchas veces que su intuición era más precisa que las más sofisticadas
proyecciones Mentat de Draigo. Norma podía ver hacia el futuro y explorar líneas de
tiempo convergentes, y si avalaba por el talento y la fiabilidad de Fayed, él aceptaba eso.
Sin embargo, Josef se negó a bajar la guardia.
—Nuestras operaciones aquí han sido consolidadas con notable rapidez. Aún así,
estoy vigilante contra cualquier posible represalia de Celestial Transport —le dijo a
Norma. No tenía intención de cometer los mismos errores ingenuos y tontos que Arjen
Gates.
En lugar de salir de los astilleros de Thonaris sin protección, Josef mantuvo veinte
naves armadas allí en patrulla, mientras que el resto de la Flota Espacial VenHold regresó
a sus rutas regulares. Josef no podía permitirse el lujo de perder los beneficios de tantas
carreras comerciales.
Draigo agregó:
—Por ahora CT habrá concluido que algo salió terriblemente mal aquí. Vendrán a
investigar, y eventualmente pelearán.

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Norma nadó en su tanque, en silencio por un largo momento, antes de pronunciar con
firme confianza:
—No tienes que preocuparte por Celestial Transport.
Josef supuso que era una visión profética, pero ella se dejó caer en el gas de especia y
no habló más. Cuando su silencio duró un largo rato, se dio cuenta de que se había
distraído, vagando en busca de una idea profunda e intrigante. No trató de forzar su
atención, sin embargo, ya que una lluvia de ideas de Norma era a menudo
extremadamente rentable. Era más que un genio. Era la suma total de todos los genios
que habían vivido, y que jamás vivirían, combinados en una mente extraordinaria.
Royce Fayed habló:
—Volveremos a Kolhar ahora. Nosotros te guiaremos.
Josef no pudo ocultar la alarma en su voz.
—¿Estás cualificado? —No podía imaginar perder a su extremadamente talentosa
bisabuela a un accidente de navegación.
—Norma Cenva ha explicado la teoría, me ha mostrado ejemplos, y demostrado la
técnica correcta. Estoy listo. —El buque empezó a temblar, y los circuitos de mando
conectados a los tanques del Navegante se encendieron mientras recibían su nueva
entrada. El espía transformado añadió—: Los dos deben irse ahora.
—Ven, Draigo. ¡Rápido! —Josef sabía que una vez que los Navegantes volvían sus
mentes a un problema, podían olvidarse de los simples humanos en conjunto. Con Josef
piloteando, el transbordador se separó de la nave VenHold y regresó al principal
administrador de Thonaris. Tenía un acoplamiento apenas terminado cuando vio la nave
desaparecer de la existencia a sus espaldas en un parpadeo, doblando el espacio de nuevo
hacia Kolhar…
Se alegró de haber recibido la aprobación tácita de Norma como su éxito allí, por lo
menos asumió que estaba contenta. Y esperaba que Thonaris se convirtiera en un
poderoso centro vibrante, que produciría grandes beneficios para Venport Holdings.
A su alrededor, las líneas de manufactura automatizadas se iluminaron y temblaron,
utilizando los materiales que las máquinas extractoras habían extraído de los planetoides.
En aquella instalación, los nuevos buques se estaban construyendo en los muelles de
ensamblado, añadiendo a la Flota Espacial de VenHold una vasta y completa de red con
la que vincular a los miles de planetas en el Imperio.
Ahora que sabía que Celestial Transport ya no era una amenaza, gracias a la
presciencia de Norma, se permitió relajarse. Thonaris era un complejo bullicioso, una
base para competir con (y potencialmente incluso sustituir) los astilleros originales de
Kolhar establecidos por Norma Cenva y Aurelius Venport. Sí, este era un buen día.
Miró por el amplio ventanal del administrador y admiró su premio: el cuerpo del
propio Arjen Gates, capturado durante el ataque a los astilleros. El único hombre entre
todos los trabajadores y pilotos de CT a quien Josef no pudo perdonar.

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A partir de sus estudios sobre la historia de la humanidad, Josef sabía que los
antiguos barcos de vela eran adornados con figuras decorativas cuidadosamente elegidas,
y ahora Arjen Gates se había convertido en la suya. Una estatua horrible… un trofeo.
Patético, desesperado, suplicando por su vida, Gates había sido atado a una barra
transversal de acero, los brazos y las piernas atadas, el cuello atado para mantener la
cabeza erguida. Los trabajadores de Ven-Hold lo habían adaptado, y Josef se unió a ellos,
sonriendo a través de su visor mientras observaba el retorcimiento de Gates, vulnerable y
frágil. El rival gritaba maldiciones mientras entraban en la esclusa de aire.
—Eres una molestia —le había dicho Josef a través de los altavoces—. Te negaste a
aprender de tu lugar, y seguiste tomando lo que es mío. No soy un hombre de infinita
paciencia.
La esclusa de aire se abrió, y la descompresión había matado al hobre con uficiente
rapidez. Ligado al marco, luchando contra el vacío, Gates inmediatamente se congeló,
con el rostro dibujado con horror y consternación, sus ojos destrozados. Sí, montado
fuera de la administración de los astilleros robóticos, el cadáver petrificado hacía una
figura muy satisfactoria.
Pero Josef no sintió los aires del triunfo, sin embargo, y se volvió a estudiar las
operaciones de Thonaris y todo el trabajo que tenía que hacer.

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Midan lo que más teman. ¿Quieren que ese sea el punto de referencia de sus vidas?
—Preguntas para las acólitas, de los textos de Rossak

Cuando Dorotea vio por primera vez a Valya nuevamente, sintió una oleada de alivio.
—¿Tú también sobreviviste a la transformación? ¡Estoy contenta de verte! —Valya
había sido su primera aliada, la génesis de una nueva ola de Reverendas Madres. Una
nueva compañera quien también había visto las generaciones de horrores y esclavitud,
quien se percataría de que el riesgo más pequeño era demasiado grande… y que Raquella
había mantenido muchos importantes secretos de la Hermandad.
La mirada de Valya se alejó.
—No, la dosis de veneno estaba mal para mí. Después de que me tragara la píldora,
estuve tan enferma que la vomité antes de que pudiera afectarme.
La mente de Dorotea corrió mientras asimilaba lo que estaba viendo. Incluso más que
antes, era hiperconsciente de los diminutos signos reveladores, la mirada en los ojos de
Valya, el leve temblor de su boca, el rubor de sus mejillas, el cambio apenas perceptible
en su voz. Su compañera de la Hermandad estaba mintiendo, hábilmente, pero no lo
suficiente. ¡No se había tomado la píldora en absoluto!
—Me alegro de que estés bien —dijo Dorotea.
—Me aseguré de que te trajeran a la enfermería. Temíamos que murieras, o que
sufrieras daños mentales como todas las demás.
Con sus sentidos agudizados, Dorotea se percató de los signos de los que no había
querido percatarse antes. Había pensado en que Valya sería su amiga, pero ahora se
sorprendió al descubrir que la otra Hermana había actuado deshonestamente. ¡Tantas
mentiras!
Una decepción, pero difícilmente una insuperable. Tenía otras aliadas verdaderas. A
partir de ahora, Dorotea estaría al control del juego.

***
Cuando Raquella regresó desde la nueva Escuela Suk en Parmentier, se encontró con que
la Hermandad había cambiado. Dramáticamente. Después de sus muchos años de
intentos, después de tantas voluntarias que habían muerto o sufrido daños cerebrales
irreparables, una de sus Hermanas había pasado finalmente a través de la transformación
química y mental. Y había ocurrido mientras no estaba, y la voluntaria lo había hecho sin
asistencia médica. Notable, realmente notable, como lo era la persona que lo había hecho.
La Hermana Dorotea… Su propia nieta. La Reverenda Madre Dorotea, ahora. Las
voces de las Otras Memorias lo habían confirmado.
Dorotea nunca debería haber tomado el riesgo sin la debida autorización o
preparación, pero su éxito complacía a Raquella inmensamente. ¡Por fin, ya no era la

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

única Reverenda Madre! Finalmente tenía una sucesora, y aunque las inclinaciones
antitecnológicas de Dorotea le turbaron, el acceso de la mujer más joven a toda la
sabiduría de tantas vidas pasadas seguramente la iluminaría.
Pero en lugar de regocijarse con Raquella, Dorotea se retiró, luchando con sus
cambios internos. A última hora de la mañana, bajo un cielo cubierto de humo, la vieja
Reverenda Madre la encontró sola en las aguas termales cercanas, una serie de piscinas
humeantes, cuencos rocosos llenos de agua caliente que brotaban de una zona volcánica
subterránea y se desbordaban por la pendiente.
La nueva Reverenda Madre se sentaba en una roca en sus prendas de baño,
sumergiendo las piernas en el agua. Su vestido negro yacía sobre una roca cercana.
Dorotea se veía diferente a Raquella ahora, como si hubiera ganado miles de años de
recuerdos. ¡No era sorprendente que la transformación hubiera hecho mella en ella, pero
estaba viva!
Dorotea levantó la vista para verla, y no dijo nada, aunque un millar de mensajes no
verbales emanaron de su mirada.
Desconcertada, Raquella subió a la piscina, se sentó, levantó el dobladillo de su
propia túnica, y se quitó los zapatos para que pudiera sumergir sus pies en el agua
caliente al lado de Dorotea. Después de un pesado silencio, dijo:
—Felicitaciones por tu éxito. Eres la primera de muchas, espero. Lamento
profundamente no haber estado allí para ayudarte.
Las otras vidas dentro de ella estaban entusiasmadas, inundadas de posibilidades.
Ahora que Dorotea había identificado el derivado adecuado del fármaco de Rossak,
Raquella preveía un flujo constante de éxitos adicionales. Ahora sabía que no era una
casualidad en absoluto… Dorotea demostraba que se podía hacer. Karee Marques podría
estudiar la muestra precisa que Dorotea había tomado, y con la nueva información de la
Hermandad tendría una tercera Reverenda Madre, seguida por una cuarta, y muchas
más…
Crisis. Supervivencia. Avance. Por fin, Raquella sintió una gran esperanza por el
futuro de la maravillosa Hermandad que había creado.
Cuando Dorotea siguió sin responder, la preocupación creció en Raquella y trató de
acercarse a la cerrada mujer.
—Llegar a ser una Reverenda Madre puede ser bastante abrumador. Hay mucho que
tienes que aprender sobre el dominio del cuerpo, sus respuestas, y el control de las voces
en tu cabeza. Pueden ofrecerte una tormenta de consejos contradictorios, y te perderás si
te dejas ser enterrada en todas esas vidas. Es difícil de ajustar, pero tienes que dejar que te
ayude. Te daré consejos y compartiremos las experiencias de una Reverenda Madre a
otra. Tenemos mucho en común ahora; no hay otras dos mujeres como nosotras en la
historia de la humanidad.
Dorotea, finalmente, se centró en ella.
—Siempre hemos tenido mucho en común… abuela. Sé quién eres y lo que le hiciste
a mi madre biológica, la Hermana Arlett.

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Raquella se quedó helada, aunque debería haber esperado la revelación.


—Si me conoces, entonces no necesito explicar mis acciones. Ya tienes muchos de
mis recuerdos.
Dorotea apartó los ojos y miró hacia abajo en el vapor de las aguas termales, para
mantener sus verdaderos pensamientos ocultos.
—¿Dónde está mi madre ahora?
—Está realizando una misión importante para reclutar a mujeres jóvenes a nuestra
escuela.
—¿Cuándo la traerá de regreso aquí? ¿Cuándo puedo conocerla?
—Cumplir con tu madre biológica debe estar bajo en su lista de prioridades. —Quería
inspirar a Dorotea con la verdadera emoción de lo que podrían hacer ahora—. Somos
Reverendas Madres, tú y yo. Es como si ahora tuviera un tipo muy especial de Hermana,
que otros no pueden entender. Pero estamos muy adecuadas para la comprensión de una a
la otra. —Tantas posibilidades de repente se abrieron ante ella.
La incipiente Reverenda Madre se mantuvo fresca, incluso amarga.
—Así que te alegras de tener una nueva Hermana, ¿pero nunca quisiste una hija o una
nieta?
—No tengo deseos mundanos familiares de ningún tipo. Todas mis metas implican a
la Hermandad. Ahora has mostrado el camino, Dorotea… limpiando el camino para más
Reverendas Madres. Mi transformación fue un accidente, pero tú lo hiciste
intencionalmente. ¡La primera! Estaba empezando a preguntarme si alguna vez sucedería.
Ahora, con tu ayuda, podemos tener muchas más como nosotras en el futuro. —Raquella
quería que Dorotea viera el panorama en general, ya que tenía el mismo conjunto de
conocimientos y recuerdos del pasado. Juntas, tenían los mismos objetivos.
—Ya tengo un número de candidatas en mente. —Dorotea sonaba más lúgubre que
encantada.

***
En una aislada habitación, donde esperaba permanecer en reposo durante algún tiempo,
Dorotea se sentó en sus intensas conversaciones con cinco Hermanas que ya habían
presentado sus nombres como voluntarias a Karee Marques. Dorotea seleccionó las que
eran más aceptables para ella, las que tenían actitudes y políticas similares a las suyas.
Por lo que tenía en mente, necesitaba aliadas.
No requería, sin embargo, la guía de Karee o su permiso, ya que había superado a la
vieja hechicera en rendimiento. Tampoco lo consultó con la Reverenda Madre Raquella.
Dorotea las había reunido allí a escondidas, con la esperanza de que todas
sobrevivieran para convertirse en Reverendas Madres. Durante casi dos horas, ahora,
había estado preparando a las voluntarias, disipando sus temores y asesorando a través de
las eventualidades. Ayudó a cada mujer a imaginar lo que ocurriría en su mente y su
cuerpo cuando tomaran el derivado de la droga.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La Hermana Valya no estaba entre ellas. Dorotea sabía la verdad sobre la joven ahora.
Las voluntarias estaban reclinadas en sillas de médicos de lado a lado en las que
fueron aseguradas por correas, y estaban empezando a verse un poco nerviosas. Cada una
de ellas tenía una sola pastilla con la última fórmula de la droga de Rossak; Dorotea la
había preparado ella misma en el laboratorio de la Hermana Karee.
—Tan pronto como el veneno comience a abrir las puertas dentro de ustedes —dijo
Dorotea—, deben avanzar en el laberinto de sus capacidades de sentir y guiarse a través
de ustedes. Muchas de sus predecesoras se perdieron sin remedio… y murieron. Para este
viaje interior estarán solas, y sólo podrán tener éxito a través de su propia fuerza mental.
Pero las puedo ayudar a fortalecerse. Quiero que cada una de ustedes sean mis
compañeras Reverendas Madres.
Entrecerró los ojos y miró a todas las caras, recordando cómo estas mujeres habían
expresado su preocupación por la muerte de la Hermana Ingrid, la forma en que
compartían el aborrecimiento de Dorotea de confiar en las máquinas pensantes. Pronto,
cuando ellas también aprendieran acerca de los equipos ocultos, la Hermandad cambiaría
significativamente. Y no había tiempo que perder.
Las cinco candidatas murmuraron oraciones privadas, y luego se tragaron sus
píldoras. Dejando escapar suspiros de anticipación, se echaron hacia atrás y cerraron los
ojos. Dorotea iba de una mujer a otra, comprobando las correas que las mantenían en su
sitio, para que no pudieran hacerse daño. Sus cabezas colgaban a un lado.
Dorotea se puso delante de ellas, escuchando el murmullo silencioso y con ganas de
las voces en su cabeza. Sólo podría funcionar esta vez. Observó que las mujeres
comenzaron a retorcerse en sus limitaciones y a gritar de dolor…
Durante horas, lucharon a través de sus batallas internas, que convertía al veneno en
jaulas a sus mentes de las cuales tenían que salir. Sabía lo que estaba sucediéndoles.
Tres de las mujeres finalmente abrieron sus ojos y trataron de absorber el torbellino
de la vida que las asaltaban del pasado. Dorotea se puso de pie y les dio tiempo para
orientarse. Como si oyera una emisión de comunicación en sus oídos, escucharon por
dentro durante unos minutos, a las voces de otros recuerdos.
Las dos Hermanas restantes se desplomaron en sus sillas reclinadas con la sangre
corriendo de sus oídos, pero Dorotea no pensó en sus muertes, sólo en las tres nuevas
Reverendas Madres que se habían unido a sus aliados… que también podrían capacitar a
otras.
—Un nuevo día ha amanecido para la Hermandad —anunció.

***
Las mujeres de Rossak celebraron el sorprendente éxito de otras tres Reverendas Madres.
Velando por todas, Raquella parecía estar muy orgullosa, como si un gran peso se hubiera
retirado de ella.

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Valya se le unió para dar la bienvenida al grupo de nuevas Reverendas Madres,


aunque se sentía insegura. Si hubiera tenido el coraje de tomar la píldora junto con
Dorotea, podría haber sido una de ellas. No era una cobarde, pero tampoco era tan tonta
para intentar algo por lo que la tasa de fracaso había sido tan alta.
Sin embargo, si la hubiera tomado…
Dorotea se acercó a ella ahora, y habló en un susurro acusador.
—Sé que nunca tomaste el veneno que te di. Tenías miedo. —Valya miró hacia otro
lado mientras su mente giraba furiosamente por una respuesta, pero Dorotea continuó—:
Como tu amiga, entiendo perfectamente. Pero ahora puedo ayudarte a través del proceso,
y he decidido darte una segunda oportunidad. —Le tendió la mano, ofreciendo otra
píldora de color azul oscuro como la que le había ofrecido a Valya antes—. Llévala
contigo para recordarte las posibilidades. Tómala cuando estés lista.
Valya aceptó la cápsula y la guardó en un bolsillo de su traje negro. Dorotea le puso
una mano en el hombro, pareciendo muy sincera y alentadora.
—Te ayudaré a atravesarlo. Me gustaría mucho contar contigo como una de mis
Reverendas Madres.
—Una de las Reverendas Madres de la Hermandad, querrás decir.
Dorotea miró a sus nuevas compañeras y sonrió.
—Todas servimos a la Hermandad.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Se requiere un crisol al rojo vivo para derretir al corazón más duro.


—Del Libro de Azhar

Con anticipación, aunque agobiada por la tarea secreta de la Reverenda Madre Raquella,
la Dra. Zhoma esperaba el enlace que la llevaría al Emperador. Su paciente exclusivo. La
posición como médica imperial le ayudaría a ganar prestigio a su escuela. Si la nueva
Escuela Suk podía patinar sobre el hielo delgado de su desastre financiero, crecerían más
fuertes.
Pero Raquella le había advertido que el linaje de Salvador Corrino era defectuoso,
incluso peligroso. Zhoma aceptaba la conclusión de la Hermandad sin lugar a dudas, y
ella mantendría alerta para descubrir las señales por sí misma. Había traído un producto
químico de esterilización con ella, una sustancia que fácilmente se podía en un
suplemento vitamínico que prescribiría al Emperador después de haber hecho exámenes
físicos de referencia de toda la familia Corrino. En poco tiempo, se dispensaría de la
obligación de la Hermandad… sería perdonada, y el dolor a largo plazo de la vergüenza
se habría ido.
Después, podría dedicar sus habilidades de persuasión para hacer que el Emperador la
tomara como su aliada, una auténtica mecenas de la Escuela Suk. Zhoma no había sentido
tanto optimismo en un tiempo muy largo.
Esperó en la explanada en expansión del puerto espacial de la ciudad capital, mientras
las personas se afanaban en sus quehaceres diarios, sin prestarle atención. Había estado
allí por más de media hora, ahora, y nadie había aparecido. Preocupante, más que
preocupante. No le gustaba la incompetencia, y alguien en la oficina de programación del
Emperador no había planeado correctamente. Parecía como un desaire, y tal vez tendría
que conseguirse su propio transporte hasta el Palacio. Aquella no era la primera
impresión que quería hacer. ¿Qué pasaba si el Emperador Salvador ya la estaba
esperando, pensando que estaba atrasada?
Después de casi una hora, un hombre delgado con un traje gris corrió hacia ella.
—Perdone, ¿es usted la Dra. Zhoma?
Ella se puso firme, manteniendo su expresión fría.
—La administradora y doctora Suk especializada, y se supone que debo cumplir con
el Emperador. ¿Ha habido una falta de comunicación? Su mensaje dijo que quería verme
inmediatamente después de mi llegada.
—Ha habido muchos preparativos necesarios que se hicieron en el antiguo edificio de
la Escuela Suk en Zimia. Soy su enlace, Vilhelm Chang. La llevaré allí enseguida. —
Chang la condujo fuera de la explanada del edificio hacia un transporte privado y
elegante que llevaba la insignia de oro del león de la Casa Corrino en el casco. El piloto
estaba encendiendo los motores mientras abordaban.
—Entendí que iríamos directamente al Palacio.

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—No. Un acontecimiento importante está teniendo lugar en la vieja escuela, y el


Emperador la está esperando allí. Él le explicará todo por sí mismo.
El trnasporte la llevó al centro de la ciudad capital, donde vio que grandes multitudes
se reunían cerca del edificio de la Escuela Suk original. Las personas atestaban la zona
del parque de césped en el perimetro, desbordando en las calles cercanas. Por lo tanto,
una recepción después de todo. Era una buena señal, aunque inesperada.
Aun con la expansión en curso sobre Parmentier, Zhoma y su personal mantenían sus
oficinas en la elegante estructura antigua. Tal vez durante su mandato como médica del
Emperador, podía convertir el edificio histórico de ladrillo en un hospital para
enfermedades incurables, como el que Raquella Berto-Anirul y Mohandas Suk habían
dirigido antes en la plaga de Omnius.
Desembarcó y se dirigió hacia un área de recepción que llevaba hacia una serie de
dignatarios, así como el Emperador Salvador Corrino y su hermano Roderick. Zhoma se
quedó helada cuando vio Manford Torondo allí, también, su forma inconfundible a lo alto
de los hombros de una Maestra Espadachina.
Salvador saludó con la cabeza.
—¡Ah, Dra. Zhoma, llegó! Todo el mundo la ha estado esperando. Su asistencia es
necesaria, para el efecto completo. Siento todo esto. Hablaremos de ello más tarde.
Roderick Corrino parecía perturbado, y desvió la mirada. Dijo en voz baja:
—Esto no es lo que usted estaba esperando, doctora, pero explicaremos las razones en
privado. No se alarme. El Emperador encontrará alguna manera de hacérselo entender.
No estando segura de lo que estaba sucediendo, Zhoma miró al líder sin piernas
Butleriano, quien la miró con evidente desdén, como si fuera excremento de animales en
el camino.
Satisfecho de que la doctora Suk estuviera mirando, Manford llamó a sus seguidores
sin esperar el permiso del Emperador.
—¡Hacia adelante, al edificio de administración antiguo! —Hizo un gesto con un
brazo musculoso, y su Maestra Espadachina marchó hacia adelante. Las multitudes en las
calles y en los parques se movieron en una oleada, sus voces ascendiendo en gritos y
extraños cánticos victoriosos.
Confundida, la Dra. Zhoma siguió los hermanos Corrino.
—Pido disculpas por esto —dijo Roderick en voz baja.
—¿Qué… qué van a hacer? —Aquello claramente no era un espectáculo de
celebración en su honor.
Manford no dudó en dar órdenes al Emperador y sus compañeros.
—Espere aquí, señor, mis seguidores harán el resto.
Roderick y Salvador miraron escrupulosamente hacia delante.
—Simplemente una acción simbólica, doctora —le musitó el Emperador—. No hay
forma de evitarlo. Usted sólo tiene que tomar sus cosas, yo encontraré una manera de
hacer las paces.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

A medida que la Maestra Espadachina subía las escaleras del edificio antiguo con
Manford sobre sus hombros, las multitudes Butlerianas corrieron hacia delante para
rodear la estructura. Encendieron antorchas mientras corrían.
—¡No puede permitirles quemar nuestra gran escuela, señor! —Su voz sonó mucho
más pequeña de lo que pretendía.
—¿A ellos? —Salvador se volvió. Estaba molesto, y descargó su ira sobre ella—:
Esto es por mi orden. Como Emperador, tengo que mantener a todos mis súbditos felices,
y a veces eso implica decisiones difícilles. Lo superará; sólo recuerde que podría haber
sido mucho peor.
Sus ojos comenzaron a arder mientras olía el combustible en el aire, los vapores
acres. Luchó para mantener su actitud profesional.
Sobre los hombros de su Maestra Espadachina en la parte superior de las escaleras de
la entrada, Manford levantó los brazos en señal. Su pueblo reía y gritaba mientras
lanzaban sus antorchas y las llamas se encendían en los puntos clave. El fuego corrió
como un ser vivo, evidenciando la planificación anticipada, instalando incendiarios en
todo el edificio.
¡Su escuela! ¡Estaban destruyendo la histórica Escuela Suk! Varias explosiones desde
el interior del gran edificio antiguo hicieron que el mismo cielo pareciera estremecerse.
Zhoma observaba consternada sin aliento como el histórico edificio de administración se
incendiaba y las paredes se derrumbaban hacia adentro, dejando sólo la puerta de entrada
del arco intacta, donde Manford esperaba. Con calma, con las llamas elevándose en el
aire detrás de ellos, su Maestra Espadachina descendió las escaleras y lo llevó de vuelta
hacia el Emperador y sus compañeros. Salvador dio un espectáculo amable de aplausos,
mientras que Roderick se quedó en silencio al lado de su hermano.
Zhoma se dio cuenta de que las lágrimas corrían por sus mejillas. Las limpió. ¿Cómo
podía el Emperador Salvador permitir aquello? Era verdaderamente un títere de los
fanáticos antitecnológicos… como Raquella le había advertido. Zhoma no había tomado
la advertencia de la Reverenda Madre lo suficientemente en serio.
El líder Butleriano miró más allá del Emperador y se veía muy petulante mientras
hacía que su Maestra Espadachina se girara hacia Zhoma.
—Queríamos demostrar cómo las personas pueden ser contundentes sin tecnología,
doctora. Mire lo que hemos hecho simplemente flexionando nuestros músculos. —Se dio
la vuelta para mirar a las llamas crecientes—. El Emperador Salvador se ha
comprometido a respetar los principios básicos, y no tendrá necesidad de su engaño
médico.
Su garganta se sintió presa del disgusto ante lo que había visto.
—Soy una distinguida médica con experiencia y una formación completa. Su gente
sólo destruyó una instalación que podría haber ayudado a miles de pacientes. ¿No dice
nada a eso? —Sabía que debía mantener su indignación en sí misma, pero no podía reunir
el sistema de seguridad necesario—. Debido a usted y sus seguidores, un sinnúmero de
personas ahora morirá a causa de enfermedades curables. —Se volvió hacia el

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Emperador, luchando por mantener la ira y la acusación lejos de su expresión—. Señor,


¿usted realmente quiere que sus súbditos sufran a causa de esta multitud sin sentido?
Salvador parecía decididamente incómodo.
—Ha habido preocupaciones expresadas sobre… algo de la tecnología utilizada por la
Escuela Suk. Simplemente quería asegurarme de que no había nada de qué preocuparse.
Las multitudes aplaudieron y silbaron cuando el techo de una de las alas del edificio
se derrumbó.
—¡Pero sólo tenía que consultarme! Le aseguro que la Escuela Suk no crea ni utiliza
ninguna tecnología que viole los principios.
—Sin embargo, su actitud es equivocada, doctora —dijo Manford, como si le
explicara a un niño—. He leído acerca de las torturas realizadas por el robot Erasmo en
nombre de la búsqueda. Y también enviaremos inspectores a Parmentier, para estar
seguros.
—Eso no será necesario, Líder Torondo —interrumpió Roderick con voz dura—. Nos
pusimos de acuerdo con esta manifestación de hoy, y eso es más que suficiente. —Zhoma
lo miró, agradecida por lo menos de esa pequeña cantidad de apoyo; Salvador, sin
embargo, no parecía simpatizar con ella en absoluto.
El Emperador se negaba a defender a la escuela y sus médicos y, sin embargo,
¿quería vigilar su salud y curar todos sus enfermos? El corazón de Zhoma golpeó en su
pecho. Mientras miraba a Salvador, pudo creer plenamente la afirmación de la Reverenda
Madre Raquella de que aquel hombre generaría un tirano monstruoso en pocas
generaciones. Sí, tenía que ser esterilizado, por lo menos. Pero, ¿cómo podría Salvador
hacer mucho más daño a lo largo del resto de su reinado?
Zhoma vio con consternación como los ingenieros de demolición establecían cargas
alrededor de la red de laboratorios de investigación del edificio más antiguo del
complejo. Olió a humo desde el otro edificio, y ya no pudo ver. Se cubrió los ojos, pero
Roderick le tocó el brazo, y le susurró:
—No debe mirar a otro lado, o causará más problemas. Esta batalla ya está perdida.
Salvador continuó observando. Ni siquiera parecía perturbado por observar la
destrucción. Temblando y sintiéndose mal del estómago, la Dra. Zhoma miró hacia abajo
en un intento de ocultar su agonía.
Con los edificios destruidos tras él y el humo elevándose en el aire, Manford Torondo
cabalgó sobre los hombros de la Maestra Espadachina con rostro de piedra, a una
plataforma para hablar. Un ayudante se apresuró y le entregó un volumen encuadernado,
después de lo cual Manford dijo:
—Estos pasajes son de los diarios de Erasmo, el robot del mal, que cuentan los
experimentos médicos dementes y terribles que realizó con cautivos humanos.
Zhoma parpadeó, horrorizada pero también fascinada. Los registros de los
experimentos se habían tirado, aunque sabían que contenían datos médicos valiosos.
¿Cómo habían logrado obtenerlos los Butlerianos?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Manford comenzó a leer, sus palabras amplificadas a través de la muchedumbre por


un sistema de sonido invisible. La multitud gimió y gruñó mientras recitaba innumerables
descripciones de torturas infligidas a los innumerables cautivos: cómo había cortado las
extremidades de los sujetos vivos y reemplazado con injertos extraños, cómo había
viviseccionado a miles de víctimas, sólo para entender cómo funcionaban los seres
humanos.
Cuando terminó, Manford cerró el libro y señaló al edificio de administración
ardiente detrás de él.
—La investigación médica Suk es muy parecida a lo que hizo el robot Erasmo, y
ahora hemos impedido que tales horrores se produzcan aquí. Utilizar la tecnología para
mantenerse a sí mismo vivo no es natural, al igual que lo hicieron los cimek. El cuidado
apropiado y la oración son todo lo que una persona necesita para mantenerse sano. Si tal
no es suficiente, si una persona requiere de máquinas extraordinarias para seguir con
vida, es el tiempo de dicha persona para morir. Uno debe estar contento.
Asustada por el fervor, Zhoma deseó poder deshacerse de aquel fanático, tal como
había eliminado al charlatán Dr. Bando. Sin la ayuda de «máquinas extraordinarias,» el
hombre sin piernas nunca habría sobrevivido a la explosión que destruyó la mitad de su
cuerpo.
¡Y el Emperador Salvador estaba permitiendo esta caída en la barbarie! ¿Toda la
sociedad se había vuelto loca?
Inclinándose de nuevo, Roderick dijo:
—Créame, doctora, trataremo de hacer las paces con la Escuela Suk.
El Emperador Salvador se acercó a Zhoma, sonriendo con alivio.
—En la actualidad, con eso finaliza, y los Butlerianos podrán hacer su camino de
regreso a Lampadas. Venga conmigo al Palacio Imperial, doctora. Compartiremos un
suntuoso banquete, y empezaré a contarle de mis males.

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Algunas personas consideran los hechos como cosas peligrosas que deben ser encerrados y guardados muy
cuidadosamente. Pero yo considero a los misterios como una amenaza mucho mayor. Deberíamos buscar
respuestas donde sea posible, sin importar las consecuencias.
—GILBERTUS ALBANS, diálogos secretos de Erasmo

La aeronave regresó al sietch del desierto poco después del amanecer. Aún en estado de
alerta a raíz del ataque de la noche anterior, los guardias del Naib Sharnak rodearon la
nave, con las armas desenfundadas, listos para luchar. Estaban golpeados y magullados,
aún en estado de shock, llorando por los compañeros que habían perdido.
Ishanti surgió de la aeronave, desconcertada por su comportamiento.
—Acabo de regresar de Arrakis City donde hice mi informe a Combined Mercantiles.
—Frunció el ceño ante ellos—. Saben quién soy. Actúan como los cobardes ratones del
desierto.
El mismísimo Sharnak salió a su encuentro.
—Nos atacaron en la noche, causando grandes daños y matando a seis. Nos las
arreglamos para expulsarlos, pero todavía están ahí. —Negó con la cabeza—. Pensamos
que posiblemente fueran sus refuerzos.
—¿Quién atacó? ¿Otra operación de especia? ¿Una fuerza militar? —Abrió mucho
los ojos—. ¿Aquellos dos que nos persiguieron a Vorian y a mí?
Sharnak parecía avergonzado cuando admitió:
—Sí, sólo dos de ellos.
Uno de los jóvenes combatientes espetó:
—¡Eran demonios que no podían ser asesinados! Los reducimos drásticamente y los
atravesamos con cuchillos, les golpeamos con los puños, pero nada los hizo a un lado.
Sharnak asintió tristemente.
—Me temo que volverán.
—Un Naib no debe mostrar ningún miedo —dijo Ishanti con un tono de regaño—.
Sin embargo, sé cuán monstruosos son esos dos.
Sharnak parecía sombrío.
—Los atacantes estaban buscando a Vorian Atreides. Él hizo caer el mal sobre
nosotros, y su destino será determinado por el sietch.
—Su vida está en mis manos —dijo Ishanti—. Yo lo rescaté.
—Ahora tiene una deuda con nuestra tribu: seis Freemen muertos, cinco heridos, y
puede haber más víctimas si los atacantes regresan.
Ishanti demostró su molestia:
—Llévame de vuelta a las cuevas. Tengo una preocupante noticia que Vorian
Atreides necesita saber.

***

LSW 362
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Vor no podía descansar en su habitación de paredes de piedra, mientras dos jóvenes y


ansiosos Freemen esperaban fuera de la entrada, con las manos sobre las empuñaduras de
las dagas. Consideraba a los guardias redundantes. ¿A dónde iría? Quería estar a solas
para reflexionar sobre las implicaciones de lo que Andros y Hyla habían dicho.
Afirmaban ser descendientes del general Agamenón. La idea fue tan inesperada que
había sido paralizado por el shock, y ahora Vor se avergonzaba. Todavía tenía su escudo
personal, tal vez si hubiera luchado más, liberándose de las órdenes del Naib y
arrojándose contra sus «hermanos», los miembros inocentes de la tribu podrían no haber
sido asesinados.
Los habitantes del desierto tenían todo el derecho de hacerlo responsable. Su larga y
agitada vida podría terminar aquí en un asentamiento del desierto aislado donde nadie en
el Imperio sabría nunca qué había sido de él.
Como había perdido a Mariella y a sus amigos y familiares en Kepler, a pesar de que
había aceptado el hecho de que nunca podría volver a verlos. Toda la gente de aquella
parte de su vida ahora se unía a las crecientes listas de dolores y pesares, junto con
Leronica y esa rama de su pasado, incluso con Xavier Harkonnen y el joven Abulurd.
Xavier, en particular, había sido maltratado por la historia, y Vor era el único que sabía la
verdad, que la muerte de su amigo había sido heroica…
Hacía mucho tiempo, cuando ambos habían trabajado en equipo, Vor y Abulurd
habían planeado corregir esta injusticia, tan pronto como las máquinas pensantes fueran
derrotadas en Corrin. Pero después de que Abulurd lo traicionara y casi perdiera la
Batalla de Corrin a causa de su cobardía, Vor se había negado a seguir adelante con esos
planes, y como consecuencia Xavier seguía retratado como un monstruo en los registros
oficiales. Vor se sentía culpable por eso. Abulurd merecía su castigo, pero Xavier no era
más que un chivo expiatorio en la Yihad impulsado políticamente…
Sí, después de su larga vida, Vor sabía que tenía que expiar por muchas cosas, y no
hizo excusas o ignoró sus responsabilidades. Trató de hacer lo correcto y necesario, con
la esperanza de que las dos cosas fueran lo mismo más de las veces.
Los gemelos habían venido a cazarlo. ¿Querían reclutarlo o matarlo? Vor había
asesinado a su padre, pero el general cimek había merecido ser ejecutado, y Vor no
aceptaría incluso un parpadeo momentáneo de culpa por eso, incluso si los extraños hijos
de Agamenón exigían venganza.
Vor escuchó que alguien se acercaba. Los jóvenes guardias delante de la puerta se
pusieron firmes y reconocieron a Ishanti y al Naib Sharnak. Vor se volvió hacia ellos
cuando entraron.
La mujer del desierto cruzó los brazos sobre el pecho y no cedió ante el líder de la
tribu.
—Parece que estuviste ocupado mientras yo no estuve, Vorian Atreides.
—No tenía la intención de hacerlo, pero los asesinos nos han seguido hasta aquí.
—Un día volverán —dijo el Naib—, y tal vez podríamos prepararnos mejor si
entendiéramos lo que son.

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—Ya he dicho lo que sé. —Pero los Freemen habían estado fuera de la Liga durante
tanto tiempo que no entendían el poder y el temor que el general Agamenón había
ejercido; no entendían la marca indeleble que había hecho en la historia humana. Bajó la
voz—: Una vez más, nunca tuve la intención de traerle ningún daño a tu pueblo.
—Tus intenciones nos trajeron de vuelta a los espíritus de los muertos. —El Naib
lanzó una mirada afilada a Ishanti—. Tú eres la persona que lo trajo aquí, sin haber sido
invitado. Hay quienes murmuran que seas echada al desierto junto con este hombre.
Ishanti dio un bufido grosero.
—Que lo intenten. Deja que me acusen abiertamente, y responderé en mi propia
defensa. Si están demasiado asustados para hacer eso, entonces sus susurros no son más
que los murmullos de un vagabundo solitario en la arena. Me atengo a Vorian Atreides.
Creo que es honorable.
Vor apreciaba su apoyo. Ishanti era áspera y correosa, y el desierto había borrado su
belleza. Sin miedo e independiente, era una anomalía entre los Freemen, y se preguntó si
en realidad podría estar coqueteando con él. ¿Qué se preocupaba Vor por la edad? Ya
había pasado la vida con cada una de sus dos esposas, y amado a ambas, aun cuando sus
cuerpos se hicieron viejos y se volvieron enfermos. Pero tan pronto después de dejar a
Mariella, no tenía ningún interés en el romance, y no estaba seguro de estarlo
nuevamente.
El Naib Sharnak continuó:
—Los Freemen podemos defenderlo, pero esta no es nuestra batalla. Nunca ha sido
nuestra batalla, y me niego a perder sangre de mi pueblo contra tus enemigos. He
decidido expulsarte al desierto, extraño, por nuestra propia seguridad.
Ishanti lo miró indignada.
—Dale suministros y una oportunidad.
Al Naib no le importó, de una manera u otra.
—Siempre y cuando tú pagues por ellos, Ishanti. Para mí, no es necesario que muera,
simplemente que se vaya.
—En primer lugar, debe saber lo que descubrí en Arrakis City. —Ishanti miró Vor—.
Busqué a través de los registros de Combined Mercantiles, y encontré que ninguna
compañía rival se atribuye la responsabilidad por el ataque a la operación de especia.
—Te lo dije —dijo Vor—. Si esos dos son los hijos de Agamenón, me estaban
cazando. No se preocuparán por la política o la recolección de melange.
—Es cierto… pero otro hombre se me acercó en la ciudad, haciendo preguntas
detalladas sobre Vorian Atreides, también.
El Naib Sharnak hizo un sonido de disgusto.
—¿Cuántas personas están detrás de ti?
Ishanti añadió:
—¿Y por qué? ¿Qué has hecho?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—He hecho mucho, pero todavía estoy perdido. —¿Había lanzado Agamenón otra
descendencia asesina para rastrear a Vor?—. Háblame del hombre que trataba de
encontrarme.
—Era joven y saciado de agua de no más de veinticinco años. Cabello rubio y una
barba de chivo, como llevaban los nobles. Era evidente, incluso torpe, cuando preguntaba
acerca de ti. Si era un espía, no era muy bueno siéndolo.
Vor no conocía a nadie tan joven, y no sonaba como alguien de Kepler.
Ishanti se dirigió al Naib.
—Si esas personas peligrosas están buscando Vorian Atreides, deberíamos averiguar
quiénes son antes de alejarlo al desierto. ¿Y si vienen hacia aquí?
El Naib consideró aquello por un momento, y asintió.
—Tenemos que estar preparados para defendernos.
Ishanti se apresuró a decir:
—Yo me encargo de él.

***
En sus semanas en Arrakis City, Griffin había gastado la mayor parte de su dinero, y
hasta ahora su búsqueda no había dado resultados. Sólo tenía fondos suficientes para dos
noches más de alojamiento, y apenas suficiente para la comida y el agua. A pesar de que
había tratado de ser frugal, había gastado demasiado en sobornos infructuosos.
El espectro de Vorian Atreides se había cernido sobre generaciones de la familia
Harkonnen, y estaba sorprendido de que aquel nombre no provocara ninguna reacción
allí. La gente en Arrakis estaba tan preocupada con su trabajo diario que se preocupaban
poco por una figura de una guerra que había comenzado hacía casi dos siglos.
Griffin se negó a tocar el monto definitivo de los créditos que había reservado para
comprar su pasaje fuera del planeta. No se pondría en peligro: no tenía ninguna intención
de quedar varado en Arrakis, independientemente de si encontraba a Vorian Atreides.
Dos días más… y se iría a casa.
Extrañaba a Lankiveil. Había hecho lo que Valya le pidió, haciendo todo lo posible,
pero no había ido bien, y la Casa Harkonnen podría tener que retrasar, o incluso
abandonar, su plan de venganza.
Sintiéndose sin necesidad de socializar, Griffin tomó sus comidas en su habitación.
También desconfiaba de aventurarse a las calles después de la puesta del sol.
Una señal furtiva a su puerta le sorprendió, y se preguntó quien podría desear hablar
con él, sobre todo a aquellas horas de la noche. Sin embargo, sabía que había extendido
su nombre ampliamente, plantando pequeñas semillas de sobornos con la promesa que
vendrían más, a pesar de que tenía poco dinero. Esperaba que fuera alguien que
respondiera a sus preguntas.
Abrió la puerta para ver a tres personas en los atuendos del desierto, sus rostros
cubiertos por pañuelos y capuchas oscuras.

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—Tenemos preguntas para ti —dijo la persona frente a él, una mujer. La voz detrás
de la bufanda era ronca y áspera.
Vio sus ojos, y observó algo en ella… y luego la reconoció.
—Hablé contigo en el edificio de administración de especia.
Sin esperar invitación, los tres habitantes del desierto ingresaron a su habitación.
—Haces demasiadas preguntas, y queremos saber por qué.
Los hombres jóvenes saltaron hacia adelante. Uno agarró los brazos de Griffin, y el
otro colocó una capucha negra sobre su cabeza. Él se defendió con una fuerza y velocidad
que los sorprendió, golpeando a uno, derribando otro al suelo; luego alguien pinchó su
cuello con una aguja, y la idea de luchar se evaporó en la oscuridad.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La vida está llena de pruebas, una tras otra, y si no las reconocen acaso, de seguro fallarán en las más
importantes.
—Admonición de acólitas, la Escuela de Rossak

Un hombre solitario se paraba a la luz del sol matutino en la más alta azotea de la Escuela
Mentat, mirando hacia el pantano. Llevaba un sombrero de ala ancha, que se quitó para
limpiar el sudor de su frente. Mirando a través de las aguas verdosas, no vio más que los
barcos de seguridad escolares que realizaban sus rondas. Estaba engañosamente sereno
allí, en contraste con el estado de ánimo tormentoso de las clases, fomentadas por los
rígidos y furiosos estudiantes Butlerianos.
Gilbertus aún enfrentaba las repercusiones del debate en el que tuvo la simpatía de las
máquinas pensantes, aunque era teoría y sólo con fines didácticos. Había sido una
tontería creer que los vehementes seguidores antitecnológicos siquiera pudieran pretender
ser lógicos u objetivos. Y se había colocado en situación de riesgo.
Ahora que había vuelto Manford a Lampadas con todos sus dedicados seguidores y
una flota de buques de guerra, la situación estaba destinada a empeorar. Se habló mucho,
los informes se susurraron. Desde la ciudad capital en el continente principal de
Lampadas, Manford Torondo respondió llamando públicamente a Gilbertus para explicar
y renunciar a sus simpatías hacia las odiadas máquinas pensantes.
Muy por encima de los edificios flotantes vinculados del complejo, Gilbertus caminó
a lo largo del borde de la cubierta hacia el lado opuesto, donde podía mirar hacia abajo a
los edificios conectados. Algunas de las estructuras habían sido objeto de vandalismo
durante la noche: objetos pesados arrojados contra las ventanas, y las palabras
«¡Apologista de las Máquinas!» pintadas en la puerta de su oficina. Uno de los dibujos
sorprendentemente primitivos representaba a Gilbertus mismo copulando con una
máquina pensante. ¿Y sus estudiantes habían sido cuidadosamente seleccionados como
las más brillantes mentes entre las más talentosas?
Siguiendo sus órdenes, los trabajadores de mantenimiento estaban pintando sobre los
grafitis en aquellos momentos, y llevando a cabo reparaciones. Se dio cuenta de que
debería haber sido más hábil y prudente en el debate. Era culpa suya que el descontento
hubiera estallado, pero seguía sin entender cómo sus estudiantes podían hacer cosas tan
bárbaras a la escuela que veneraban.
Muchos de sus alumnos permanecían objetivos, y en un silencio de apoyo, pero
tenían miedo de criticar a los Butlerianos. Un estudiante había susurrado con rapidez:
—Estamos con usted, señor. Sabemos que no quería decir lo que dijo en el debate.
Ahora Gilbertus se puso el sombrero de nuevo y respiró hondamente. A pesar de la
fría mañana, no podía controlar el flujo de su transpiración. Creía en los hechos, datos, y
en la ciencia, y la Escuela Mentat se había construido sobre esa firme base. Había hecho
muchas proyecciones Mentat durante su vida. Era un adivino matemático, utilizando las

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estadísticas en lugar de los poderes paranormales de predecir ciertos resultados. Aunque


los estudiantes Butlerianos entrenados en la escuela eran una minoría, no se les había
permitido el hecho de que hicieran mucho más ruido que los moderados, así como
también eran propensos a la exageración y la intimidación. Tendría que haber previsto la
rapidez con que otros estudiantes volverían a la Escuela Mentat en su contra, o al menos
guardando silencio en lugar de defender a su director.
Mientras hacía su camino de regreso de la planta baja, Gilbertus supo que tenía que
encontrar una manera de hacer que aquel furor tonto se calmara.

***
A diferencia de la azotea, su oficina estaba oscura y sombría. Había corrido todas las
cortinas de la ventana para que pudiera hablar con la pequeña bola de oro que formaba a
Erasmo.
El robot independiente se mostró inflexible.
—Todo se perderá si las turbas de Manford encuentran mi núcleo de memoria. Has
cometido un error al permitir a tus estudiantes vislumbrar nuestros verdaderos
pensamientos. ¿Fue sólo un ejercicio, o estabas tratando de ganarlos para nuestra causa
con la lógica?
—Quería que pensaran.
—Si Manford Torondo vuelve a su pueblo en contra tuya, es posible que tengamos
que abandonar la escuela. Debes convencerlos. Pide disculpas; y miente si es necesario.
Haz lo que debas. Si llegan a lincharte, yo sería incapaz de defenderte; ni de defenderme.
—Lo entiendo, Padre. No dejaré que eso suceda, se lo prometo.
—Pero, ¿y si te mueres, y yo estoy condenado a permanecer aquí escondido y
desamparado? ¿Cómo sobreviviré? He sacrificado todo por ti. ¡Saboteé las defensas de
las máquinas en Corrin y provoqué la caída de Omnius, sólo para salvar tu vida!
Gilbertus inclinó la cabeza.
—Lo sé, y le prometo que le ayudaré, pero primero tengo que convencer a Manford
Torondo de que no soy ninguna amenaza.
Y así, para apaciguar a los disidentes, el director pronunció un discurso en el
auditorio de la escuela, con un tono tan convincente como pudo:
—Tenemos que dejar de racionalizar la medida en que la tecnología es aceptable. No
hay que medirla, sino mantenerse firme en contra de ella. —Había hablado con
elocuencia por la mejor parte de una hora, haciendo todo lo posible para persuadir a la
pequeña pero destructiva minoría de que era sincero.
Su arrepentimiento y excusas algo apaciguaron a Alys Carroll y a los otros
estudiantes furiosos, pero Gilbertus sabía que el problema no había terminado.
Recibió la noticia de que Manford Torondo pretendía investigar, en persona.

***

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Cuando el líder Butleriano vino a evaluar la situación en la Escuela Mentat, Gilbertus se


dio cuenta de que aquello podría ser el debate más peligroso.
Manford llegó en un barco motorizado hacia las plataformas flotantes interconectadas
de la Escuela Mentat. Salió cabalgando sobre los hombros de su Maestra Espadachina, y
eso en sí mismo era una mala señal. Gilbertus sabía que el hombre sin piernas permitía
ser sufragado en un palanquín cuando pretendía simplemente tener una reunión, pero
cabalgaba sobre los hombros de Anari Idaho cada vez que iba a la batalla.
Mientras saludaba a Manford, Gilbertus mantuvo una actitud constante de contrición
y cooperación.
—Pido disculpas, Líder Torondo, que este malentendido lo haya alejado de sus tareas
más importantes.
—Esta es una de mis tareas importantes. —Manford miró a los edificios—. Su
escuela Mentat debe estar sólidamente del lado de la justicia, sin equívocos. Mediante la
formación de seres humanos a pensar con la eficiencia de los ordenadores, demuestra
nuestra superioridad inherente sobre las máquinas pensantes. Pero por lo que mi amiga
Alys Carroll me dice, se ha permitido ser… tentado.
Gilbertus mantuvo la mirada baja.
—Le aseguro que no era más que un debate práctico, un ejercicio para desafiar las
preconcepciones de los estudiantes, nada más.
—Ha debatido demasiado bien, señor Director, y debemos hacer un hincapié en la
selección de un tema que no era apto para cualquier clase de debate, debido a que la
cuestión de las máquinas pensantes no es debatible. —Con la mano derecha, Manford le
hizo una señal a Anari, y ella se adelantó, arreando a Gilbertus al interior de la escuela.
Manford continuó—: Una cosa más. Siempre he sido reticente a su práctica de estudiar
robots de combate y cerebros informáticos como ayuda para la instrucción. Es demasiado
peligroso.
Gilbertus respondió con voz humilde:
—Entiendo. Después de mucha reflexión, también entiendo cómo se ha
malinterpretado mi reciente lección, y deseo enmendar mi error de juicio.
Una mirada de aprobación brilló en los ojos de Manford.
—Muy bien. Para nuestro primer paso, quiero que me muestre ese almacén donde
guarda las máquinas prohibidas. Alys Carroll me dijo que no todas sus muestras están
desactivadas como dice.
Gilbertus dio su mejor risa desdeñosa.
—No son más que piezas de museo, componentes desmontados.
—Manford dijo que quiere ver ese lugar —gruñó la Maestra Espadachina.
Gilbertus los llevó por los edificios de la escuela, a lo largo de pasajes y puentes,
cinco Butlerianos silenciosos pero intensos también los siguieron, dispuestos a hacer
cualquier cosa que su líder les ordenara.
Sacando la llave del bolsillo de su chaleco, Gilbertus abrió la puerta y abrió la entrada
a la gran bodega, que estaba iluminada por globos de luces chillonas. Anari y Manford

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permanecieron en la sala, mirando sospechosamente el interior, mientras que sus cinco


compañeros Butlerianos se desplazaron detrás de ellos.
Manford frunció el ceño a los mek de combate, los brazos de armas, las cabezas de
robot unifamiliares.
—Quiero aceptar sus afirmaciones de lealtad, señor Director, pero esto me causa gran
preocupación. Estos artefactos malvados no deberían tener cabida en sus enseñanzas.
Gilbertus escondió sus emociones como Erasmo le había enseñado.
—La mente del hombre es sagrada —dijo, tomando su decisión—. No puede haber
siquiera una apariencia de incorrección en la Escuela Mentat. Permítanme que me ocupe
yo mismo.
En el almacén, se encontró con una barra de metal que servía como un garrote, lo
recogió y lo sopesó en su mano.
—Gracias por la oportunidad y por creer en mí. —Tomando una respiración profunda
para prepararse a sí mismo, se acercó a la estantería llena de cabezas de robots, levantó el
garrote, y lo dejó caer con todas sus fuerzas.
Como Erasmo había dicho, tenía que convencer a los Butlerianos. Rompió la primera
cabeza del robot, aboyando la placa frontal y dispersando hilos de diamante óptico. Se
volvió a otro estante y descargó contra otras dos cabezas desmanteladas, luego se dio la
vuelta y empezó a estropear con furia a un mek intacto.
En unos momentos, los entusiastas Butlerianos agarraron sus garrotes improvisados y
se unieron a él en el caos.

***
Los seguidores de Manford Torondo estaban demasiado ansiosos mientras inundaban
través de la Escuela Mentat, asomándose a las habitaciones de los estudiantes, saqueando
sus posesiones, exigiendo que los estudiantes desbloquearan armarios cerrados (o
rompiéndolos los propios sellos si los estudiantes se negaban). En respuesta a las
protestas indignadas, dijeron los investigadores Butlerianos:
«Un Apologista de las Máquinas no tiene derecho a la privacidad, y si eres inocente,
no tienes nada que ocultar».
Gilbertus sabía que llegarían a su recámara lo suficientemente pronto. Su pulso se
aceleró mientras se abrían camino a través de los pasillos.
Cabalgando sobre los hombros de su Maestra Espadachina, Manford tuvo que
agacharse en la puerta de ingreso mientras entraba en la oficina del Director. Dos
Butlerianos los siguieron.
—Revisaré su oficina personalmente, señor Director Albans —dijo Manford—.
Simplemente un asunto formal.
—Desde luego —dijo Gilbertus, sin poder decir más. Estudió el plácido rostro del
líder Butleriano, tratando de detectar cualquier indicio de auténtica sospecha. ¿Manford
tenía acaso una razón para atacar su oficina, o simplemente estaba siendo cuidadoso?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Anari Idaho miró a los libros en su escritorio, estudiando los títulos con escepticismo.
—¿Por qué tiene tantos libros sobre el demoníaco robot Erasmo?
—Debido a que es importante conocer a nuestro enemigo. —Ninguno de los libros
arrojaba ninguna luz positiva sobre Erasmo en absoluto, algunos estaban llenos de
exageraciones ridículas, mientras que otros eran inquietantemente precisos. Gilbertus
había estado allí en Corrin, había observado los sangrientos experimentos «de respuesta
de pánico», las disecciones de gemelos vivos, incluso algunos de la supuesta «obra de
arte», que el robot había formado con vísceras y órganos internos.
—Ninguna persona con alma puede comprender a Erasmo —dijo Manford—. Sé que
esto es un hecho. He estudiado sus diarios originales de laboratorio yo mismo.
Gilbertus sintió que se le aceleraba el pulso.
—¿Usted posee los expedientes? ¿Puedo permitirme tomarles una lectura?
—No, señor Director. Parte de la información es demasiado vil para que otros ojos
puedan verla. Tengo la intención de quemar los documentos después de que haya
terminado con ellos.
Los Butlerianos sacaron los cajones de su escritorio, abrieron los armarios, levantaron
las esquinas de la alfombra en busca de cajas de seguridad ocultas debajo de las tablas del
suelo. Tomaron las barras de la cortina, desatornillaron los remates, y miraron dentro.
Gilbertus permanecía exteriormente tranquilo a pesar de su creciente temor. Si
encontraban los ojos espía microscópicos del robot, si descubrían las conexiones de
circuitos que llevaban al escondite seguro, entonces el núcleo de memoria del robot sería
destruido, Gilbertus ejecutado, y toda la escuela Mentat arrasada.
Tomaron libros y recuerdos de los estantes, investigaron los tableros en busca de
compartimentos secretos. Gilbertus intentó no mirarlos. Sus pensamientos corrieron al
considerar cualquier posible debilidad. Nunca había esperado que una búsqueda fuera tan
meticulosa.
Se mudaron a la siguiente sección de las estanterías que contenían el compartimiento
secreto escondiendo el núcleo de memoria del robot. Sacaron los libros del estante
superior, haciendo su camino hacia abajo.
—Por favor, tengan cuidado —les espetó—. Algunos de esos elementos son valiosos.
Manford les dio un guiño a sus seguidores.
—No hay necesidad de ser descorteses. El director ha cooperado plenamente. Como
dije antes, no dudo de su lealtad.
Gilbertus aprovechó una idea, una manera de distraerlos de su búsqueda. El propio
Erasmo había sugerido que mantuviera aquella valiosa pieza de conocimiento como
moneda de cambio. Ahora se decidió a jugarla.
—Tengo algo importante que revelarle, señor, resultado de una intrincada proyección
Mentat. —Manford indicó a sus seguidores que se detuvieran. Gilbertus se inclinó hacia
delante y bajó la voz—. Pero esto es mejor tratarlo en privado. Si la palabra se filtra antes
de estar listos… —Miró significativamente a los seguidores—. No conozco a esta gente.
Manford reflexionó un momento y luego desestimó a los Butlerianos.

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—Anari se queda.
—Eso es aceptable.
Después de que los otros Butlerianos hubieran abandonado la oficina, Manford dijo:
—Muy bien, espero que esto sea significativo. Cuénteme más.
Gilbertus habló apresuradamente:
—Creo que he localizado un extenso puesto robótico abandonado, un gran astillero o
una estación de suministros… tal vez la más grande de todas. Según mis proyecciones,
permanece intacto… y esperándolo.
—¡Excelente! —Manford parecía muy contento—. Haremos un ejemplo de ello.
Buen trabajo, señor Director.
—Puedo darle todos los detalles de mi proyección. Cuando me den la razón, espero
que usted considere una oferta de paz, para mostrar mi verdadera lealtad.
Manford rió.
—Director, ha habido bastante confusión aquí en su escuela, y esta inquietud, incluso
un cisma potencial, no sirve a mis propósitos. Necesito Mentats tácticamente entrenados
para nuestro trabajo continuo a la caza de tecnología prohibida y de las actividades
ilegales, por lo que sus Mentats deben continuar sus estudios. —Manford se acomodó en
el arnés sobre los hombros de Anari Idaho—. Emitiré una declaración de que no poseo
ninguna preocupación por la pureza de la escuela Mentat. Pondré fin a estos rumores, y
todo volverá a la normalidad.
—Y nosotros destruiremos los astilleros —dijo Anari Idaho.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La primera persona que puede negociar exitosamente en un camino peligroso es a la vez valiente como también
la más afortunada.
—Proverbio de la Hermandad

Al comienzo había tres Reverendas Madres más, guiadas por Dorotea. Y en la carrera
vertiginosa de la semana siguiente, once más tuvieron éxito… mientras que diez
Hermanas menos afortunadas murieron en la agonía. La Reverenda Madre Raquella guió
a cuatro de las voluntarias, llevándolas a tomar la nueva droga de Rossak, entrenándolas
sobre el proceso, como lo había hecho antes. Tres de las cuatro murieron.
En total, dieciséis mujeres pasaron a través de la barrera mental y se convirtieron en
seres humanos superiores, logrando su verdadero potencial.
Valya no era una de ellas.
Había mantenido la píldora de la droga de Rossak que Dorotea le había dado, pero
Valya luchaba con su decisión. A pesar de estar muy tentada, no había sido capaz de
reunir la voluntad para hacer el intento. A pesar de que creía sinceramente que había
aprendido lo que podría enseñarle la Hermandad, y se conocía a sí misma para estar más
calificada que la mayoría de las voluntarias que habían aceptado el riesgo, aún no podía
justificar las probabilidades. Casi la mitad de las que trataron el veneno perecieron en el
intento.
Y Valya todavía tenía mucho por vivir, mucho por lograr.
No había sabido nada de Griffin en mucho tiempo, y deseaba estar a su lado cuando
derrotara a Vorian Atreides, pero estaba allí, frente a un rival aún más complicado.
Valya se sentía como una persona de pie al borde de un vacío alto y estrecho,
sabiendo que podría ser capaz de saltar por encima, como otras lo habían hecho, pero si
no, la caída la mataría. Aún no estaba lista para dar el salto, y mantenerse con vida no era
cobardía, se dijo a sí misma, sino una necesidad. Había caído en sus propias aguas árticas
de dudas… y su hermano no estaba allí para saltar y salvarla.
En cambio, una tarde Valya volvió hacia su otro camino principal para el progreso.
Sonriendo, tratando de compensar por toda la atención que había dado previamente a
Dorotea en lugar de a Anna, acompañó a la hermana del Emperador de nuevo a su
habitación para dormir en la sección de acólitas.
—¿Por qué no estudiamos el libro de Azhar juntas? —sugirió Valya—. Te puedo
ayudar con tus lecciones. O podríamos hablar. Tal vez te gustaría decirme cómo fuiste
capaz de manipular tus árboles allá en Zimia, y esos insectos en los túneles.
Anna se iluminó.
—Tengo una idea mejor. —Valya sintió una excitación en la otra joven. A su
alrededor los túneles estaban vacíos y tranquilos. Anna miró a su alrededor, como si
buscara a alguien que pudiera espiar. Se acercó más, y habló emocionada—: ¡Es hora de
que vaya a través de la transformación y me convierta en una Reverenda Madre! Cuando

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tenga éxito, imagina de cuánta ayuda podré disponer en la Corte Imperial y mis hermanos
no serían capaces de decirme más qué hacer.
Valya sabía que la chica no estaba ni siquiera cerca de estar preparada para tal prueba,
era demasiado temperamental y caprichosa para ser candidata.
—Anna, aún no estás lista. Tal vez con un par de años más de entrenamiento.
—Puedo sobrevivir, Valya, lo sé. —Anna agarró su brazo—. Quédate conmigo y
ayúdame a atravesarla.
Valya reaccionó con alarma. Si Anna Corrino moría por el veneno, el Emperador no
tendría otra opción que tomar represalias. ¡Y culparían a Valya!
—No, Anna, no hables así. Muchas mujeres han muerto en el intento. El Emperador
Salvador lo prohibiría por completo.
—Soy mi propia persona, más que la hermana del Emperador, más… más que una
Corrino. —Las lágrimas brotaron de los ojos de Anna—. No sabes lo que eso significa.
Oh, lo sé muy bien. Valya trató de darle una sonrisa tranquilizadora.
—Soy tu amiga, Anna. No te quiero en ningún peligro, así que no puedo dejar que lo
intentes… todavía no. Pero si trabajas duro en tus estudios, desarrollarás tus habilidades
primordiales. —Valya sabía, sin embargo, que eso nunca sucedería, la Princesa
simplemente no tenía el enfoque y la determinación, sino una terquedad que aparecía de
vez en cuando.
En un arrebato, Anna le dio la espalda.
—Yo tomo mis propias decisiones. No me controlas; como has dicho, soy la hermana
del Emperador. —Metió la mano en su propia túnica y sacó una pequeña píldora, de color
azul oscuro—. Si tienes miedo de convertirte en una Reverenda Madre, entonces lo haré
sin ti.
Sobresaltada, Valya reconoció lo que parecía ser una segunda píldora que la Hermana
Dorotea le había dado recientemente.
—¿De dónde sacaste eso?
—De tus propios cuartos. La encontré allí, al igual que robé la clave de acceso para
entrar en el laboratorio de la Hermana Karee. ¡Has pasado tanto tiempo con Dorotea, que
ni te has dado cuenta!
Valya se lanzó hacia adelante para arrebatarle la píldora, pero Anna se hizo a un lado.
—Detente —dijo Valya—. ¡No sabes lo que estás haciendo!
—¡Estoy tan cansada de que la gente siempre me diga eso! —Poniéndose a una
distancia, arrojó la píldora en su boca y se la tragó. Valya observó horrorizada. Anna dio
un paso atrás y se cruzó de brazos, con aire satisfecho—. Ahora no hay nada que puedas
hacer.
Valya sintió frío, sabiendo cómo actuaría rápidamente el fármaco de Rossak. La
hermana del Emperador sonrió; luego se derrumbó en el suelo de piedra con
convulsiones, con la cara anudada en un grito que no podía escapar a través de sus
mandíbulas apretadas.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Valya se dejó caer de rodillas y se agarró a los hombros de Anna, tratando de traerla
de vuelta a la conciencia, pero la joven ya se había perdido en las profundidades de su
terrible experiencia. La reacción era extrema y otro pensamiento la dejó helada. ¿Qué
pasaba si Dorotea le había dado intencionalmente a Valya una dosis letal, una diseñado
para matarla antes de que pudiera transformarse?
El corazón de Valya golpeó en su pecho, y supo que debía convocar a una de las
Hermanas médicas y llevar a Anna a la enfermería. Miró a su alrededor frenéticamente en
busca de ayuda, pero tenía miedo de ser vista allí. ¡Era responsable de Anna Corrino!
Dorotea sabría muy bien de donde había venido el fármaco, y que Valya había
evitado tomarlo. Incluso podría haber adivinado que Valya estaba demasiado asustada
para intentar su propia transformación. ¿Qué pasaba si Dorotea había convencido a Anna
de tomar el veneno en su lugar?
Anna siguió retorciéndose y gimiendo, agitando sus brazos en un dolor inimaginable.
Sus ojos se pusieron blancos.
Todas las esperanzas de Valya de acercarse a los Corrino, de recuperar el estado de su
familia, yacían en el suelo de la cámara. ¿Cómo podría Anna haberle hecho esto?
Pero otro pensamiento se le ocurrió: Anna ya se había colado en el laboratorio de
Karee una vez, así que tal vez Valya podría convencer a las demás de que la chica lo
había hecho de nuevo, robado una cápsula de la droga de Rossak, y tontamente tragado
por su cuenta. Valya tendría que reemplazar la píldora, manteniendo otra en sus bolsillos
para que pudiera demostrar a Dorotea que todavía la tenía. Luego todo estaría aclarado.
Bajó la mirada hacia Anna Corrino, que yacía temblando con espasmos en el suelo de
piedra. Realmente no había nada que Valya pudiera hacer por ella; la suerte ya estaba
echada. Y una de las acólitas la encontraría muy pronto.
Moviéndose rápidamente, alerta ante cualquier movimiento en los pasillos, se deslizó
fuera de las recámaras de acólitas y corrió al laboratorio de la jungla de Karee Marques
para preparar las pruebas que necesitaba.

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Aquellos que se nutren de odio rara vez se dan cuenta de que están muriendo de hambre.
—Advertencia zensuní

Aunque estuvo aturdido y cegado durante la mayor parte del viaje, Griffin supo que sus
captores no estaban llevándolo solamente a un agujero oculto en una barriada de Arrakis
City. Se despertó a bordo de una vibrante aeronave que subía y bajaba entre las corrientes
térmicas. Reconoció las tres voces, especialmente aquella tan áspera que la mujer poseía,
pero conversaban entre sí en un idioma que no podía comprender.
Después de haber estado despierto durante varios minutos, empujando y golpeando en
la aeronave, gritó a través de la capucha opaca:
—¿A dónde me llevan? ¿Quiénes son ustedes? —Sus manos estaban atadas, y no
podía luchar.
—Sin preguntas —dijo la mujer. Sintió el pinchazo de la aguja en su cuello otra vez y
volvió a caer en la inconsciencia…
Cuando Griffin regresó a la difusa conciencia, se encontraba entornado en una silla,
con las muñecas todavía atadas a la espalda. Alguien tiró de la capucha de su cabeza, y
sintió como si la luz y el aire fresco le salpicaran en la cara como un balde de agua
helada.
Nadie desperdiciaba el agua en Arrakis, pensó, y se dio cuenta de que todavía estaba
drogado, posiblemente delirando.
Griffin dejó escapar un profundo suspiro, y los olores que asaltaron su nariz le
espetaron a la conciencia como las sales aromáticas antiguas. El aire se agitaba con el
humo de especia y los olores de humanos, como a transpiración fermentada y a piel y
cabello sucios. Vio que estaba rodeado de paredes de roca.
Sonando desconcertada, una voz masculina sin acento dijo:
—Nunca he visto a esta persona en mi vida. No tengo ni idea de quién es.
Griffin se volvió hacia la voz, centró sus ojos en la cara y trató de lanzarse de la silla.
—¡Vorian Atreides!
El otro hombre retrocedió, sorprendido. Dos de los captores de Griffin lo empujaron
hacia atrás en la silla. Un hombre rudo con el pelo gris-negro atado en una trenza gruesa
se paró frente a Griffin, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—¿Por qué has estado buscando a este hombre? —le preguntó, señalando a Atreides.
—Porque él destruyó a mi familia. —Griffin quería escupirlo. Su propia reacción
visceral lo sorprendió.
Vorian sólo dejó escapar un largo suspiro y sacudió la cabeza.
—Tendrás que ser más específico que eso. He vivido una larga vida, y no sé cuántos
de mis enemigos permanecen. Desde luego, no te reconozco. ¿Cuál es tu nombre?
—Harkonnen. —Llamó a todo su coraje y su ira, imaginando lo que Valya haría si
estuviera allí—. Griffin Harkonnen.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La mirada de asombro en el rostro de Vorian casi valió la pena el tiempo que Griffin
había esperado por verla. Cuando la realización floreció tras los ojos de Vor, estaba claro
que el hombre no se había olvidado de lo que había hecho.
—¿Eres el… nieto de Abulurd?
—Bisnieto. ¡Gracias a ti, los Harkonnen han sido despojados de nuestro patrimonio y
desterrados como parias en Lankiveil durante cuatro generaciones!
Vorian Atreides asintió, su expresión distante.
—Lankiveil… sí, me olvidé que era donde Abulurd había ido. ¿Realmente han
pasado ocho décadas? Debería haberlo revisado.
Griffin no había terminado.
—¡Y antes de eso, Xavier Harkonnen, héroe de la Yihad y uno de los más grandes
luchadores contra las máquinas pensantes! ¡Murió en desgracia porque tú arruinaste su
carrera!
Los ojos grises de Vorian parecían pesados.
—He querido y respetado a Xavier Harkonnen, y tuve la intención de hacerle digno
de ese derecho. Quise a Abulurd, también, que era más un hijo para mí que lo que mis
propios hijos fueron… hasta la Batalla de Corrin.
—¡Lo abandonaste!
—No había nada que pudiera hacer.
—¡Pudiste haberle perdonado!
Vorian se enderezó.
—No. No podía. Apenas pude evitar que lo ejecutaran. Le envié a un lugar donde
pudiera vivir su vida… Hice lo que pude.
—¡Lo que pudiste! Podrías haber dicho la verdad. Podrías haber pedido clemencia.
Tú, el gran Vorian Atreides, Bashar Supremo de la Yihad, podrías haberlo salvado.
—Me hubiera gustado poder hacerlo, pero la gente nunca lo hubiera permitido.
Incluso su hermano Faykan nunca lo perdonó. Me entristece la forma en que esto resultó
para tu familia… especialmente para Xavier, que era un buen hombre. Pero fui alejado
del escenario, y los Emperadores Corrino han dejado muy en claro que ya no soy querido
en la vida pública. Es por eso que vine a Arrakis, para ser olvidado. —Sus hombros se
hundieron—. Y, sin embargo, has venido a cazarme.
Valya había atribuido tantos crímenes a este hombre, y Griffin los sentía
acumulándose en su mente como apestosos cadáveres de peces que quedaran varados en
una costa. Venga nuestro honor familiar.
—Los Harkonnen recuerdan todo lo que has hecho a nuestra familia, Atreides. No
puedes esconderte de tu pasado.
La mujer del desierto de voz áspera dijo:
—Tu pasado no sólo se cierne sobre ti, Vorian Atreides; ha declarado la guerra.
—Pero mi conflicto con Abulurd fue hace mucho tiempo —le dijo a Griffin—.
¿Cómo puede eso afectarte? Has tenido cuatro generaciones para hacer tu propia vida en

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Lankiveil, ¿por qué ir en pos de mí ahora? —Vorian frunció el ceño en aparente


consternación—. ¿Cómo puede un viejo rencor durar tanto tiempo?
—¿Cómo puede jamás desaparecer? —Griffin sintió una infusión de la ira de su
hermana. El veneno tenía que ser drenado antes que la herida pudiera sanar—. Mis
hermanos y hermanas saben de nuestra desgracia. Mis hijos sabrán de ella.
—Dudo que conozcas toda la historia.
—Sé lo suficiente.
—Lamento escuchar cómo tu familia sufrió, y sé por lo que me culpas, pero es
absurdo aferrarte a tu odio por tanto tiempo pues te impedirá ver el futuro. Si no estuviera
todavía vivo, ¿tomarías venganza sobre mis hijos y nietos? ¿Cualquier descendiente,
siglos a partir de ahora, que llevara el nombre Atreides? ¿Por cuánto tiempo?
—Hasta que la Casa Harkonnen está satisfecha —respondió Griffin.
—Pero no tengo ninguna manera de hacer las paces. Tu búsqueda para mí ha sido en
vano. El Naib ya planea echarme al desierto. —Dejó escapar una pequeña risa sin sentido
del humor—. Si hubieras esperado un poco más, tu venganza se habría hecho cargo de sí
misma.
—La venganza nunca se hace cargo de sí misma. —Griffin se aferró a una visión de
Valya en su mente, y trató de pensar en lo haría en esta situación. No quería que se
sintiera decepcionada de él.
El Naib se enojó con Griffin y Vor.
—Esta es una lucha de sangre en la que los Freemen no tienen parte, Vorian Atreides,
y que has traído a nuestra puerta. —Hizo un gesto a uno de los hombres del desierto para
que recortara las ataduras en las muñecas de Griffin, y cuando fue puesto en libertad, el
joven extendió sus brazos doloridos, frotándose las manos, flexionando los dedos.
Vorian negó con la cabeza.
—Una vez más, no importa lo mucho que trate de dejar al universo solo, mis
enemigos me buscan. Y ahora he hecho enojar a tu tribu, también. Está claro que he
sobrepasado mi bienvenida.
El Naib se dirigió a sus hombres.
—Sepárenlos, y llévenselos de vuelta a las cámaras vacías. Mañana, el desierto los
tendrá a ambos, y su agua irá con ellos.
Griffin centró su mirada en Vorian Atreides mientras los hombres del desierto le
acompañaban fuera de los túneles.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Un emperador nunca tiene escasez de conspiraciones contra su persona.


—EMPERADOR FAYKAN CORRINO, primera regla del Nuevo Imperio

La Dra. Zhoma esperaba a Roderick Corrino, fuera de sus oficinas gubernamentales.


Normalmente no se sentía tan nerviosa, pero usaba una técnica calmante que le habían
enseñado hacía años en Rossak.
Negándose a tomar asiento, caminaba de un lado a otro delante de la recepcionista de
avanzada edad que se sentaba en el cómodo escritorio dorado, lo suficientemente
opulento para haber sido utilizado por cualquier noble del Imperio. Pero Zhoma sabía que
Roderick (a diferencia de su hermano), estaba menos interesado en la ostentación y la
propia indulgencia, pero sí en el gobernar sabiamente a los miles de mundos del Imperio.
El Príncipe Roderick llegaba tarde a su reunión programada, y Zhoma empezó a
preguntarse si los Corrino alguna vez cumplían con sus citas. Al menos había enviado un
mensajero considerado y profesional a pedir disculpas por el retraso.
No estaba tan impresionada, sin embargo, con Salvador. Después de que permitir a
los fanáticos Butlerianos arruinar el edificio escolar histórico, tenía mucho miedo por el
futuro de la civilización humana. Aunque la Reverenda Madre Raquella le había
advertido sobre algunos hijos de la cadena de descendientes, Zhoma sintió que el peligro
real ya estaba al alcance, no a generaciones de distancia.
Después de escuchar la letanía de los males del Emperador, Zhoma insistió en
brindarles chequeos médicos completos a Roderick, su esposa y sus cuatro hijos, como ya
había hecho con Salvador y su esposa, Tabrina. Acostumbrado recibir tratamientos
cuestionables por el Dr. Bando, Salvador quería que prescribiera una cura mágica. En
aquellas circunstancias, teniendo en cuenta su confianza infundada en Bando, y ahora en
ella, no debería tener problemas para convencerlo de tomar suplementos vitamínicos
atados con un fármaco para hacerlo estéril.
Mirando hacia fuera a través de los jardines y las fuentes ornamentales brillantes en
los jardines del palacio, Zhoma todavía daba vueltas desde las imágenes de barbarie que
la habían recibido a su llegada allí. La destrucción de la histórica sede Suk había sido una
gran pérdida, y le había aconsejado al Dr. Waddiz financiar fuerzas de seguridad
adicionales en Parmentier para proteger el complejo principal de la escuela. No tenía idea
de cómo la escuela podría pagar por él, incluso con el dinero que el Emperador y la
Hermandad estarían pagándole.
Sin embargo, ya se sentía atrapada allí.
Afortunadamente, Roderick parecía ser mucho más racional que su hermano, un
hombre que pensaba más allá de sus propios intereses. En su mente, él sería un mejor
Emperador…
Roderick Corrino ingresó a las oficinas exteriores a un ritmo acelerado, directo a los
negocios. Hizo un gesto para que lo siguiera a su oficina privada y cerró la puerta.

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—Perdón por el retraso, doctora. He estado hablando sobre el reciente asunto del
viejo edificio de la escuela Suk con mi hermano. En primer lugar, mis disculpas; en lo
personal la destrucción de ese centro histórico fue una farsa, pero era la mejor manera de
controlar a Manford Torondo y sus fanáticos por el momento. Permítanos ayudarle a su
escuela y compensarla por los daños.
Zhoma tragó saliva y trató de cubrir su alegría ante la posibilidad de un nuevo ingreso
de efectivo significativo a las arcas de la escuela.
—Gracias por eso, mi señor. El dinero no puede reemplazar el tesoro inestimable que
las turbas destruyeron, incluso si la tarifa se calcula en un alto valor de mercado. Aún así,
este tipo de financiación puede aplicarse a las otras obras. Los doctores Suk están
haciendo tanto bien, ayudando a tanta gente, aunque sólo debido a estar paralizados por
las limitaciones de la fuerza Butleriana sobre nosotros. No se nos permite usar nuestra
mejor tecnología, y por lo tanto muchas personas son mal diagnosticadas. Mueren por
falta de tratamiento que debería haber estado disponible.
Roderick le dedicó una sonrisa triste.
—Insisto en que utilice todos los medios disponibles para mantener a nuestra familia
en la mejor salud, sin importar lo que los Butlerianos digan. Deje que yo me encargue de
ellos.
Sabiendo que tenía que andar con cuidado, Zhoma aventuró:
—Tenía la esperanza, mi señor, de que usted pudiera ser nuestro abogado, no sólo
contra los Butlerianos, sino con tu hermano, también. En mi opinión médica, el cáncer de
su padre no lo habría matado si hubiera aceptado un tratamiento médico avanzado.
Roderick asintió lentamente.
—Nuestro padre… cambió hacia el final de su vida. Después del escándalo con Touré
Bomoko, la violación de la Emperatriz Virgen, y la ejecución de todos los delegados de
la CTE, se volvió bastante reaccionario. —El príncipe la miró de nuevo—. Pero no
tenemos que ser así. Seré su abogado, aunque no puedo garantizar que el Emperador
siempre vaya a escucharme.
—Es el hermano del Emperador.
—Y usted es la doctora del Emperador, así como la administradora de la Escuela Suk.
Le complacía que la considerara tan importante.
—A diferencia de otros administradores que se pagan a sí mismos generosamente y
juzgan el valor del dinero por encima de todo, mi sueldo como doctora de su hermano irá
directamente a las cuentas de la escuela Suk para pagar por la amplia nueva instalación
en Parmentier. —Zhoma mantuvo su expresión suave, demostrando nada de lo mucho
que había despreciado al Dr. Bando.
La puerta del despacho se abrió y una pequeña niña rubia entró corriendo al interior,
llorando. Ignorando a Zhoma, cruzó la habitación hacia su padre.
—¡Sammy se ha ido! ¡No puedo encontrarlo en ningún lado!
—Estoy en una reunión ahora, Nantha. —Roderick se inclinó para limpiar las
lágrimas del rostro de la niña de seis años de edad—. Espera afuera de mi oficina,

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

querida, y conseguiré que alguien encuentre a tu perro. Llamaré a las tropas imperiales, si
tengo que hacerlo. No puede estar muy lejos. Lo encontraremos.
La niña asintió con la cabeza. La besó en la mejilla, y corrió afuera, dejando la puerta
entreabierta detrás de ella. Momentos más tarde, otra persona la cerró desde el otro lado.
—Mi hija más joven —le dijo Roderick a Zhoma—. Perdón por la interrupción.
—He leído sus expedientes médicos, preparando los exámenes… siempre usted y su
familia resultan convenientes, señor.
Ahora que lo observaba como el racional y considerado Roderick Corrino, se sintió
convencida de que tenía que hacer algo más que simplemente evitar que Salvador tuviera
hijos… tenía que dejar de hacer más daño. Ahora mismo. Y como su doctora personal,
con muy buen acceso, tendría un montón de oportunidades…
Las opciones eran limitadas, pero evidentes. Como doctora Suk, ella había jurado
proteger la vida, pero si abría el camino para que Roderick se convirtiera en el regente,
razonó que estaría salvando vidas. Zhoma ya había aceptado el asesinato como la única
opción una vez con anterioridad.

***
Mantuvo una actitud profesional mientras que se reunía con Roderick, Haditha, y sus
cuatro hijos en la clínica del palacio. Después de realizar los minuciosos chequeos, la
Dra. Zhoma dio a la familia del Príncipe un certificado de buena salud y anotado sus
registros en consecuencia. Mientras Haditha y los niños salían de la oficina principal,
Zhoma los observó.
—Sus niños son la esperanza de los Corrino, Príncipe Roderick, la siguiente línea
imperial.
Sonrió.
—Todavía estoy confiado de que mi hermano produzca un heredero. Sabe que es su
responsabilidad para con la línea de sangre, y lo mismo ocurre con la Emperatriz Tabrina.
De no ser así, él tiene sus concubinas, al igual que nuestro padre. Tengo la intención de
molestarlo para llegar a lo suyo con un poco más de diligencia.
Zhoma lo miró con dureza, cuando entraron en la sala de examen privado, y ella cerró
la puerta de seguridad.
—Si no sale nada de él, estoy segura de que podrías manejar los deberes imperiales lo
suficientemente bien.
Al instante se quedó helado.
—Mi hermano es el Emperador que corresponde, y no tengo ningún deseo del trono;
mi deber es proteger y apoyar a Salvador. —La miró con tal intensidad, que se sintió
como si estuviera siendo víctima de una vivisección—. ¿Por qué lo pregunta? ¿Ha
encontrado algo en su examen médico?
—No, no. Está sano, pero he recetado un suplemento vitamínico que debería
aumentar su energía.

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—En ese caso, tal vez debería tomar el mismo suplemento, y mi familia también.
Ella no ocultó su reacción con la suficiente rapidez, y vio algo en su expresión.
—Eso no será necesario, señor. Es una fórmula especial, adaptada solo a Salvador.
Puedo proporcionar un suplemento similar para usted y su familia, si quiere.
No la presionó para obtener más información, pero vio las ruedas girando en su
cabeza. Temerosa de haber levantado sospechas, Zhoma se despidió tan rápidamente y
con toda la educación posible.

***
Incapaz de librarse de su incómoda sospecha, Roderick ahondó más profundamente en el
trasfondo de la Dra. Zhoma. Usando su mandato imperial, recuperó registros de viaje de
la mujer, que eran desconcertantemente fangosos, con muchos de sus viajes realizados en
circunstancias inusuales y con destinos que no tenían sentido. Sospechaba que Zhoma
escondía algunas actividades poco ortodoxas, que alarmaban a Roderick aún más.
Descubrió que no sólo era administradora Suk y una médica talentosa que se había
graduado con altas calificaciones (a pesar de que rara vez practicara la medicina en
pacientes reales), sino que Zhoma era también una ex asistente de la escuela de la
Hermandad en Rossak y había salido de la escuela de repente cuatro décadas atrás.
Pensó en las actividades sospechosas de la Hermana Perianna y su misteriosa salida
del servicio de su esposa. Y él y su hermano habían enviado a Anna a la Hermandad
como una nueva acólita para su protección e instrucción. ¿Podrían su adoctrinarla en su
lugar?
Tendría que estar alerta.
Esa noche se unió a su hermano durante una cena privada, a sabiendas de que
Salvador prefería la conversación entre ambos en lugar de los banquetes públicos
extravagantes y agotadores. Los hermanos comieron una comida sencilla pero deliciosa
de ave asada, arroz y verduras, todos los cuales habían sido cuidadosamente probados en
busca de venenos conforme con la solicitud de Salvador.
Cuando el Emperador sacó una pequeña ampolla llena de un líquido color miel
transparente, Roderick le impidió consumirla.
—¿Qué es eso?
—El suplemento vitamínico que la Dra. Zhoma me dio. Dice que hará que me sienta
como un hombre nuevo, más sano y con más energía. Ah, ha pasado un largo tiempo
desde que me he sentido normal.
Con el ceño fruncido, Roderick le tendió la mano.
—¿Puedo? —Salvador le dio el frasco, y Roderick lo sostuvo contra la luz,
observándolo—. Antes de tomar esto, me gustaría que lo analicen.
—¿Analizarlo? ¿Por qué? Lo recetó mi doctora personal. Tú mismo la elegiste.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Quiero estar seguro. Confiamos supuestamente en el personal de cocina, sin


embargo, ponemos a prueba toda nuestra comida en busca de venenos. ¿Deberíamos ser
menos diligentes con tus medicamentos?
Salvador frunció el ceño.
—Supongo que no.
Roderick se embolsó el vial.
—Sabes que siempre estoy cuidando de ti, Salvador.
—A veces creo que eres el único que lo hace, me lo merezca o no.
El corazón de Roderick latió ante su hermano, al ver el dolor y el vacío en su rostro.
—Por supuesto que lo mereces.

***
Debido a que su presencia agitaba a Salvador, la Emperatriz Tabrina pasaba gran parte de
su tiempo en las oficinas de Roderick, haciendo preguntas persistentes sobre los
representantes imperiales, así como de varios ministros y embajadores.
Roderick sabía que Tabrina estudiaba los deberes para encontrarse una posición
adecuada, si alguna vez o no le concedía el título Salvador. Cuanto más preguntara
Tabrina al Emperador, más terco se volvía. Roderick entendía a su hermano mucho mejor
que la Emperatriz.
No es que Salvador considerara a su esposa como una incompetente, sino que veía a
los puestos gubernamentales, los puestos en el gabinete y embajadas como premios que
se concederían para el servicio, como mercancías para ser vendidas a las personas
debidamente influyentes. Otorgar un trabajo a su esposa sería una oportunidad perdida.
Ahora Tabrina se acercó a Roderick en su oficina, estudiando dos nuevos decretos
que habían sido redactados en el nombre de Salvador. La puerta estaba cerrada
«confidencialmente,» de acuerdo a la Emperatriz. Permanecía tan paciente como era
posible, aunque se inclinaba demasiado y cargaba muchas feromonas como un perfume,
ciertamente no para el beneficio de Salvador.
Dejó los decretos a un lado, a pesar de que Roderick no había terminado de leerlos.
—Se habla tanto de que yo tenga un heredero imperial —dijo.
—A la medida en que debería hacerse. El hijo de Salvador será el próximo en línea
para el trono, y la gente se está cansado de esperar. —La miró—. Tienes
responsabilidades para con el Imperio, Tabrina.
—Podría tener un heredero Corrino… pero ambos sabemos que tú serías un mejor
Emperador. Eres más inteligente, más guapo. —Tabrina sonaba impertinente—. ¿Por qué
Salvador nació primero? Es como la ruleta genética, y pierdes.
—Él es el Emperador —dijo Roderick, erizado.
—Yo podría tener tu hijo —dijo ella rápidamente, con voz ronca—. Nadie podría
saber que me has embarazado tú en lugar de Salvador. Incluso las pruebas de ADN
mostrarían lo mismo. Nadie lo cuestionaría.

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—Yo lo cuestionaría. Y si no compartes la cama de mi hermano, él lo cuestionaría,


también. —Roderick se puso de pie y caminó alrededor de la mesa, lejos de Tabrina. Su
expresión se volvió más oscura, y se volteó hacia ella—. Tú eres la Emperatriz. Sé feliz
con eso. Ya tengo una esposa, una familia. No necesito ser algo que no soy.
—¡Pero es algo que eres! —dijo Tabrina, y Roderick levantó una mano para cortar las
palabras adicionales. Su recepcionista abrió bruscamente la puerta, y Tabrina atacó a la
anciana—: Les pedimos que no nos molestaran. Nos estás interrumpiendo.
La mujer miró más allá de la Emperatriz para enfocar su atención en Roderick, en un
claro rechazo. Se preguntó si había estado escuchando.
—Príncipe Roderick, me dio instrucciones estrictas para que le avisara en el momento
en que los resultados del análisis químico llegaran.
Roderick le dio las gracias.
—Sí, lo hice. Emperatriz Tabrina, creo que hemos terminado aquí. Este es un asunto
importante y privado. —La miró fijamente hasta que al final salió de su oficina en un
intento de buena gracia…
Después de que Roderick leyera los resultados de las pruebas sobre el suplemento
vitamínico que Zhoma había prescrito para Salvador, fue a ver a su hermano de
inmediato. Habían cometido un grave error, y era necesario rectificarlo lo más pronto
posible.
Momentos más tarde, Roderick apareció en el estudio privado del Emperador,
ahuyentó a los guardias en la puerta, y desestimó al puñado de asesores y escribas que le
atendían. Salvador parpadeó como un búho hacia él.
—¿Qué pasa ahora, Roderick?
Cerrando la puerta para que pudieran estar solos, dijo:
—Mi hermano, he descubierto un complot contra ti.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El cerebro humano es un instrumento frágil, fácil de dañar, fácil de pervertir.


—Admonición de la Escuela Médica Suk

Anna Corrino sobrevivió, pero había permanecido en estado de coma durante varios días,
sin respuesta a ningún tratamiento, sin mostrar ningún signo de conciencia. No estaba
muerta, pero la Hermandad estaba alborotada, temiendo por el futuro de la totalidad de su
orden.
La hermana del Emperador era impulsiva e imprudente, razón por la que había sido
enviada a Rossak en primer lugar. Aunque angustiada, la Reverenda Madre Raquella no
ganaba nada al culpar a Valya, que no había vigilado a Anna con suficiente atención y
por lo tanto inadvertidamente permitido a la niña hacer algo tan inconcebiblemente
estúpido. La Hermandad no buscaba chivos expiatorios, buscaba soluciones.
La desafortunada chica Corrino yacía en una cama en la principal clínica médica,
incómodamente cerca de donde las Hermanas voluntarias en estado vegetativo se
mantenían con vida. En general, las habitaciones custodiadas adyacentes a las
sobrevivientes con daños cerebrales permanecían bajo observación estrecha. Raquella
quería convocar a la Dra. Ori Zhoma inmediatamente, sacándola de Salusa Secundus para
ver si podía hacer algo para ayudar a Anna… pero la Reverenda Madre aún no estaba
lista para dejar que el Emperador supiera lo que había ocurrido.
Puede que todavía hubiera tiempo. Tenían que ser muy cautelosas.
Dorotea misma había permanecido inconsciente por días durante su transformación,
por lo Raquella no perdía por completo las esperanzas. Sin embargo, Dorotea había sido
fuerte, bien formada y comprometida… mientras que Anna Corrino no era ninguna de
esas cosas. Las condiciones de Anna eran un desastre sin precedentes, y todas las vidas
en la memoria de Raquella no podían decirle cómo escapar de las repercusiones
imperiales.
La Hermana Valya había tomado la tragedia de forma personal. P-asaba cada hora
extra en la cama de Anna, hablándole, tocando la mano de la niña, tratando de estimular
su regreso a la conciencia. Mientras Raquella entraba en el cuarto de la tarde, Valya
parecía pálida y asustada.
—¿Se le ha informado ya al Emperador Salvador? ¿Cómo crees que reaccionará?
—Envió a su hermana a nosotras para su custodia. Cuando se entere de esto, la
Hermandad podría estar en grave peligro. A menos que salga del coma.
Los ojos de Valya se estrecharon, y tragó saliva.
—¿Y si nunca se entera exactamente lo que ocurrió? Podríamos decir que fue un
trágico accidente, que un depredador la atacó durante un ejercicio de la selva, o que se
cayó de un camino del acantilado resbaladizo, como la Hermana Ingrid.

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—Pero eno ha muerto, niña, e incluso si así fuera eso no es una excusa. Es nuestra
responsabilidad. —En el silencio opresivo, ambas miraron a la chica, per ninguna dijo
nada.
De pronto, lanzando un suspiro profundo, Anna se irguió en la cama de la enfermería.
Sus ojos se abrieron de golpe, y miró a su alrededor sin dar la impresión de ver a sus
alrededores. Su boca se movió, y pequeños e incomprensibles sonidos emergieron, cada
vez más fuertes, hasta que Raquella se dio cuenta de que sonaban como las voces de las
Otras Memorias que iban y venían dentro de su propia cabeza, como si Anna las
canalizara. Parecía estar hablando en decenas de conversaciones superpuestas sin sentido,
al mismo tiempo, con la propia voz de Anna.
Gritando por las Hermanas médicas, Raquella se estremeció al darse cuenta de que el
intento de Anna de pasar a través de la transformación podría haberla dejado dañada, al
igual que algunas de las otras voluntarias que habían fracasado.
Tal vez hubiera sido mejor si hubiera muerto.

***
En la semana siguiente, la Mentat Karee Marques y varias otras hechiceras monitorearon
a Anna, atendiéndola, cuidándola. Aunque Anna había despertado, no había podido
recuperarse, y Raquella sabía que no podía evitar que el Emperador supiera por mucho
más tiempo, pero quería una mejor comprensión antes de darle la noticia.
Llamó a Valya y a Dorotea, la Reverenda Madre Dorotea, para escuchar los informes
de las hechiceras. Karee Marques parecía muy agitada.
—Las voces desordenadas de Anna la han dejado en su mayor parte, a pesar de que
vienen de a intervalos y finalmente se desvanecen. Cuando escupe las frases, no son
siempre los ecos de otros recuerdos: a veces recita hechos, puntos aleatorios de
aprendizaje, tales como listas históricas, como si la información se derramara fuera de
ella. Muestra un comportamiento similar a lo que alguna vez se llamó un idiota sabio.
Tiene una increíble capacidad para ciertos detalles. Podría ser útil, si pudiera aprender a
controlar el increíble flujo de información.
La Hermana Esther-Cano, la más joven de las hechiceras de sangre pura, tomó la
palabra.
—No tenemos idea de cómo pudo ser esto, pero la Hermana Anna se ha convertido en
una experta en la tecnología de los viajes del tejido espacial. Ha recitado una gran
cantidad de información sobre todos los aspectos de la construcción y el funcionamiento
de un buque, incluyendo la complejidad de las matemáticas Holtzman y las cámaras de
navegación.
Karee asintió.
—Hemos verificado los detalles de la medida en que hemos podido, y no
encontramos errores. Parece saber más incluso de lo que los trabajos publicados

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

sugieren… muy posiblemente como la información clasificada que sólo Venport


Holdings posee. Es difícil apartar la atención de tales cosas, incluso para alimentarla.
Raquella juntó las manos delante de ella en el escritorio.
—¿Discute otros temas con cualquier nivel de racionalidad?
Karee negó con la cabeza.
—No parece interesada en cualquier cosa excepto en los viajes del tejido espacial, por
ahora. Dice que construirá su propia nave y se convertirá en una Navegante, para poder
escapar de este lugar para siempre.
—No oculta su odio aquí —dijo la hermana Esther-Cano—. Nunca quiso venir a
Rossak en el primer lugar, pero fue forzada a hacerlo.
—Anteriormente, era emocionalmente inestable —señaló Valya en tono nervioso—,
pero esto parece muy diferente. Hice informe sobre las indicaciones previas de sus
peculiaridades mentales, tales como la forma en que fue capaz de manipular los
movimientos de los insectos de la pared de su colmena, y dijo que también podía alterar
el crecimiento de plantas en los jardines del Palacio. Tal vez tenía una extraña defensa
mental que no reconocemos.
Dorotea advirtió:
—Conozco al Emperador Salvador, y no tomará esto muy bien. Se apresurará a atacar
y echar la culpa. Debemos ser extremadamente cuidadosas acerca de cómo presentar este
problema con él.
Sintiéndose como una mártir, Raquella inclinó la cabeza.
—Yo soy la Madre Superiora de la Hermandad. Acepté a Anna Corrino en mi
cuidado, y prometí protegerla. Por lo tanto, iré a Salusa Secundus yo misma y daré la
terrible noticia. Anna me acompañará hasta el Palacio, pero cargaré con la culpa
personalmente, diciendo la verdad únicamente y pidiendo comprensión. Tal vez de esa
manera pueda salvar a la Hermandad, aunque me cueste la vida.
Dorotea se enderezó, y Raquella percibió un cambio en su actitud, como si tuviera la
intención de hacerse cargo de la situación.
—No, abuela. Los Corrino ya me conocen y me respetan. Tal vez pueda salvar esto.
Valoraron mi servicio; yo debería ser la que vaya. Tal vez pueda controlar el mensaje.
—No puedo dejar que vayas —dijo Raquella.
—Soy una Reverenda Madre ahora. —La voz de Dorotea fue pareja, pero el desafío
muy claro—. No tienes que dejarme. Haré lo que necesite.
A pesar de sus propias protestas, Raquella se dio cuenta de que la joven estaba en lo
cierto. Era la mejor solución. Estaba preocupada por la insubordinación, pero Dorotea
efectivamente había dado paso a muchas Hermanas a través del proceso de conversión en
Reverendas Madres… algo que Raquella nunca había sido capaz de hacer. Y en la
cuidadosa selección de las candidatas, Dorotea había fortalecido su propia base de poder
dentro de la orden. Era ambiciosa, con aspiraciones evidentes de que deseaba conducir a
la Hermandad, y el viaje a Salusa se vería bien en su currículum. ¿Estaba jugando un
juego de poder? Si era así, era muy arriesgada.

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Por último, Raquella accedió de buen grado.


—Muy bien, ve a Salusa y lleva a Anna contigo. Tu experiencia pasada con los
Corrino bien puede ser nuestra mejor esperanza.

***
Valya acompañaba a Anna Corrino y a Dorotea, junto con dos de las nuevas Reverendas
Madres, a través de las copas de los árboles polimerizados hacia la zona donde
desembarcaban los transbordadores. Anna era flexible y cooperativa, aunque continuaba
mascullando una corriente de frases ininteligibles. Sus ojos estaban vacíos, su expresión
fija.
El transbordador estaba listo para partir. Las dos Reverendas Madres ayudaron a
Anna a abordar después de que Valya le diera a la chica una nerviosa despedida. Antes de
subir por la rampa, Dorotea se volvió a Valya.
—Este es el momento para que puedas hacer tu elección. ¿Estarás de mi lado cuando
vuelva? Raquella no es la única que escucha las voces de las memorias interiores.
Muchas de nosotras conocemos la verdad de la historia ahora, y no nos dieron una
versión exacta de los hechos. La Reverenda Madre Raquella ha tomado terribles riesgos,
dejando al azar nuestras almas, ¡nuestras almas humanas!, para lograr sus ambiciones. No
creo en sus formas, ni tomaría las mismas decisiones, ¡especialmente sobre sus preciosos
programas de cría! —Un gruñido de disgusto cuajó en su garganta—. Lo sé todo, porque
entre los otros que viven en mi mente, tengo algunos de los propios recuerdos de
Raquella. Cuando me comunique con los Butlerianos, y vengan en vigor para encontrar
los ordenadores ocultos que ambas sabemos que hay en esas cuevas, ¿querrás ser mi
aliada, o mi enemiga? Piénsalo con cuidado.
Valya se quedó helada, sintiendo su piel de gallina.
—Tomaste un juramento de lealtad con la Hermandad. No puedes romper tus votos
de esta manera.
Una vena palpitó en el otro lado del temple de Dorotea.
—Como seres humanos, cada uno de nosotros tiene una vocación más elevada para
destruir a las máquinas pensantes. Sé la verdad ahora, y puedo escuchar los gritos de
todas esas generaciones pisoteadas por Omnius. Esto ocurrió debido a la arrogancia,
porque los humanos pensaban que podían controlar la tecnología que ellos mismos
desataron. ¡No debemos atrevernos a dejar que suceda de nuevo! «No crearás una
máquina a semejanza de la mente humana».
Valya entonó:
—La mente del hombre es sagrada.
Momentos más tarde, Dorotea abordó el transbordador y selló la escotilla detrás de
ella.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Algunas cosas son demasiado grandes para permanecer ocultas.


—Dicho anónimo

El paisaje en los alrededores de la sede Butleriana le recordó a Gilbertus las imágenes


que había visto de la Vieja Tierra en sus días de antaño, con colinas verdes, edificios de
granjas salpicando el paisaje y pastizales con el pastoreo de ovejas, cabras y vacas.
Incluso los animales eran originarios de la misma Tierra. La escena tenía el mismo sabor
que una antigua pintura de Van Gogh que Erasmo reverenciaba. Casas de Cordeville.
Gilbertus y Manford Torondo disfrutaron de un desayuno al aire libre de la suntuosa
granja con productos lácteos frescos proveídos de la casa privada del líder Butleriano.
Debido a la gran expedición que estaba a punto de lanzar hacia los astilleros de
Thonaris, Manford fue sorprendentemente locuaz.
—Si la proyección es correcta, señor Director, tendremos una gran victoria, justo lo
que necesito para mantener a mis seguidores energizados. Haremos algo bueno para la
humanidad. Me gustaría que estuviera allí para verlo.
Cuidándose de mantener las apariencias, el Mentat comió su desayuno, aunque no
tenía hambre.
—Estoy contento que encuentre méritos en los resultados de mi proyección. Pero
preferiría no acompañar a la flota. No soy un militar, y no puedo abandonar mis
obligaciones en mi escuela. Todavía tengo importantes programas de capacitación que
coordinar.
Como de costumbre, había escondido el núcleo de memoria en su oficina, al
despedirse del robot independiente y dejándolo con una sensación de intranquilidad. No
le gustaba dejar al núcleo de Erasmo solo, pero no tenía elección. Manford lo había
convocado. Gilbertus dio cuenta de que, en cierto sentido, trabajaba para dos maestros
diferentes, y ambos inválidos.
El líder Butleriano frunció el ceño ante su respuesta.
—¿No quiere estar con nosotros, para ver que su proyección Mentat resulta ser
correcta?
Gilbertus quedó plácido.
—Sé que estoy en lo correcto.
—Entonces lo quiero no por mis propias razones —dijo Manford—. En caso de que
sea necesario un nuevo cálculo.
Sabiendo cuál sería el consejo de Erasmo, el Mentat accedió sin mostrar desacuerdo.

***
Sintiéndose enormemente fuera de lugar, Gilbertus se situaba en una plataforma junto a
Manford Torondo. Frente a ellos, animados Butlerianos se reunían en el vasto campo de

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hierba delante de los navíos que estaban listos para despegar en órbita. El hombre sin
piernas estaba sentado en un palanquín en postes que descansaban sobre los hombros de
dos hombres, y su Maestra Espadachina estaba a su lado como una estatua impasable.
Manford sonrió mientras miraba a la multitud. Echó un vistazo a Gilbertus.
—Y ahora, como lo prometí, es tiempo de quitar la mancha de su nombre, señor
Director Albans, para demostrarle a todas estas personas que es perdonado, que es un
seguidor digno cuya lealtad no puede ser puesta en duda. —Animó a la multitud.
Gilbertus no sintió aquel calor interno con las alabanzas, como lo sentía cada vez que
Erasmo le felicitaba. Pero fingió, sin embargo, alegrarse que la reputación de la escuela
Mentat había sido restaurada.
Manford levantó las manos en el aire para calmar a la multitud y gritó sin
amplificadores artificiales:
—A través del análisis Mentat, Gilbertus Albans ha descubierto la ubicación de lo
que puede ser el más extenso astillero jamás construido por el mal de Omnius. Con
nuestra flota ampliada, erradicaremos otra plaga dejada por las máquinas pensantes.
Párese frente a mí, Gilbertus. Deje que estas personas vean al Mentat que ha revelado
nuestro próximo objetivo.
Por el sonido de los atronadores aplausos, Gilbertus supo que este hombre podía no
decir nada, pero el pueblo lo aprobaría. Aunque incómodo con tanta atención, el Mentat
dio un paso adelante y se puso a la vista, mientras que Manford seguía ocupándose de la
multitud.
—Recientemente, debido a un lamentable malentendido, algunas personas
cuestionaron la dedicación del Director a nuestra causa. Dejemos esas dudas a un lado. A
veces, los estudiosos pueden quedar atrapados en la teoría, mientras que los verdaderos
cruzados se centran en la práctica. Este hombre logra ambas cosas. Ha jurado su lealtad
hacia nosotros, y su gran escuela Mentat es una prueba de que su objetivo es hacernos
para siempre independientes de las máquinas pensantes.
En medio de la conmoción, Gilbertus no tuvo más remedio que quedarse allí y recibir
el aplauso. Anari Idaho incluso le entregó su espada, para que pudiera mostrarla ante la
multitud, lo que los hizo emocionarse aún más. Comprendiendo lo que esperaban de él, y
recordando las advertencias de Erasmo de hacer lo que fuera necesario para desviar las
sospechas de sí mismo, Gilbertus gritó en el clamor:
—¡En el sistema estelar de Thonaris!
Como Mentat, acostumbrado a un pensamiento profundo y consideraciones largas
antes de actuar, se sentía fuera de equilibrio allí con el líder incendiario, que tomaba
muchas de sus decisiones sobre una base emocional. Demoler los astilleros abandonados
no sería un verdadero choque que requiriera proyecciones Mentat de batalla, pero
Gilbertus sabía que cuando el lugar fuera destruido, el punto de mira cambiaría, y los
Butlerianos mirarían a cualquier otra parte.
Sí, siempre habría un nuevo objetivo, y Gilbertus no deseaba serlo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Ira, desesperación, venganza, arrepentimiento, perdón. Es muy difícil resumir la vida de uno en una simple
palabra.
—VORIAN ATREIDES, diarios privados, período en Arrakis

La gente del desierto iba a matarlo, Griffin no tenía ninguna duda sobre ello. Podría
luchar contra un oponente mano a mano, podía soportarlo… pero no le iría tan bien
contra una tribu entera.
Habían pasado diez años desde que Valya saltara al mar ártico para rescatarlo, y casi
tanto tiempo desde que la había salvado de los pescadores borrachos. Él y su hermana
eran un equipo fuerte, un equipo de supervivencia, pero no estaban juntos ahora para
ayudarse mutuamente. Extrañamente, se preocupaba más por ella que por sí mismo, y
esperaba que pudiera soportar la pérdida en caso de que muriera allí en aquel mundo
cubierto de arena.
Los Freemen lo habían llevado contra su voluntad a su escondite secreto, y ahora que
tenían sus respuestas, ¿por qué simplemente no lo devolvían a Arrakis City con una
sonrisa y una disculpa? A pesar de que el Naib había ordenado a sus seguidores expulsar
a Griffin y Vorian Atreides al desierto, Griffin pensó que podrían reconsiderarlo y
cortarles la garganta, drenar su sangre, y tomar su agua como un recurso para la tribu.
Eso era lo que había aprendido en su corto tiempo en Arrakis. Recordó la eficiencia con
la que gente en el callejón había matado al ladrón y llevado el cuerpo. Los habitantes del
desierto consideraban a los forasteros poco más que bolsas de agua caminantes.
Sabía lo que conseguirían con matarlo, no importaba cómo lo hicieran, y nadie se
daría cuenta del hombre de Lankiveil desaparecido de sus habitaciones, y el titular
asumiría que había abandonado sus alojamientos.
Griffin había estado a punto de regresar a su planeta natal helado y usar el dinero
restante para comprar el pasaje… pero en el último minuto, por un extraño giro del
destino, había encontrado y confrontado a Vorian Atreides. Era al menos la victoria
parcial que Valya habría querido, pero Griffin iría a casa para decirle a nadie sobre
aquello.
A menos que pudiera escapar. Griffin no podía soportar la idea de no ser capaz de
hablar con su familia una vez más. Aquello fue lo que finalmente lo convenció para que
actuara. Tenía que decirles a todos lo que había encontrado, especialmente a Valya. Tenía
que vivir para eso.
Los habitantes del desierto llevaban vidas duras y tomaban lo que necesitaban… y así
sería Griffin de ahora en adelante, haciendo su propio destino. Si el Naib decidía
asesinarlo de todas formas, Griffin iría al desierto, donde podría tener una oportunidad de
sobrevivir, aunque fuera mínima.

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Los Freemen colocaron sólo un guardia mediocre delante de su celda, confiando en


que las arenas interminables alrededor de ellos formaban una prisión ineludible.
Lloriqueando, fingiendo debilidad, Griffin exclamó al guardia que ingresaba.
—¡Un escorpión! ¡Me picó!
Cuando el hombre entró en la celda, con una expresión molesta e impaciente, Griffin
se giró y con toda su fuerza entregó un fuerte y veloz golpe, donde el cuello del guardia
cruzaba el hombro, aturdiéndolo. El Freemen había intentado reaccionar a tiempo,
estremeciéndose de nuevo, pero no pudo evitar ser golpeado, no esperaba este tipo de
habilidades de combate de lo que consideraba un debilucho extranjero. Cayó al suelo.
Jadeante y sudoroso, Griffin utilizó su propio cinturón para atar al hombre, y lo
amordazó con una muestra de la tela de la cama en su celda. Luego, en la oscuridad se
arrastró fuera de la cámara, recorriendo pasillos de piedra.
Varios Freemen se movían, pero se mantuvo en las sombras y esperó hasta que los
túneles estuvieran tranquilos de nuevo. Sabía que su hermana hubiera querido que
encontrara la celda de Vorian, matara al hombre mientras dormía, y escapara, pero
Griffin tenía ni idea de dónde mantenían a su enemigo. Por ahora, sólo podía esperar
escapar y sobrevivir a la terrible experiencia del desierto… para que pudiera llegar a casa
y a su familia.
Encontró la cisterna de almacenamiento donde los Freemen mantenían su suministro
de agua comunal, que era cuidadosamente regulada, pero no estaba vigilada. En su
cultura, eran más odiados los ladrones de agua que los asesinos, pero ya que los hombres
del desierto habían secuestrado a Griffin y aún podrían intentar robar el agua de su
cuerpo, se sintió justificado tomar un paquete y un litrojon completo. También encontró
un kit del desierto con una máscara contra el polvo y una brújula, en un estante de la roca
de suministros cerca de la puerta sellada de humedad exterior.
Se dirigió, con la esperanza de encontrar algún pequeño asentamiento o una
operación de cosechadoras de especia por ahí en el desierto árido. Sabía que sus
probabilidades no eran buenas. Había muchas formas de morir en el desierto.

***
Vor permanecía despierto, mirando las toscas paredes de piedra y observando su pasado y
su conciencia. Cuando los centinelas nocturnos sonaron la alarma, se balanceó fuera de
su duro jergón para dormir y tiró a un lado la cubierta de la puerta, seguro de que Andros
y Hyla habían regresado. Pelearía con ellos, era mejor morir en combate contra un
enemigo real, que ser exiliado por los Freemen.
Ishanti corrió a su habitación antes de que pudiera moverse por el oscuro pasillo, y
pareció aliviarse al encontrarse con él.
—Bueno, al menos los dos no fueron lo suficientemente tontos como para huir juntos.
—¿Huir? ¿Quién se escapó?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—El Harkonnen robó agua y huyó al desierto… aunque no tengo idea de lo que ese
loco quiera hacer por allí.
Las piezas encajaron en la mente de Vor como los engranajes de un mecanismo de
relojería.
—¿Qué tiene que perder? Tenían la intención de matarlo de todos modos.
—Ahora que se ha robado nuestra agua, es exactamente lo que haremos.
Vor ya se estaba moviendo.
—Lo detendremos. No puede haber ido muy lejos. Si el Naib pone al pueblo a
buscarlo, daremos con él, y podremos recuperar tu preciada agua. —No esperaba que
estuvieran agradecidos.
Antes de que pudiera responder, Sharnak los encontró, su rostro tan apretado como un
puño cerrado.
—Ahora vemos como los forasteros reembolsan nuestra cortesía.
Vor respondió con una sonrisa irónica.
—¿Cortesía? Usted le puso una capucha en la cabeza, lo drogó y lo secuestró de su
alojamiento. Ha amenazado con ejecutarnos a los dos. Tiene una extraña definición de
«cortesía».
Ishanti rió.
—El hombre juró una venganza de sangre en contra de ti, ¿y ahora hablas en su
nombre? Eres un hombre extraño, Vorian Atreides.
—Nada en la vida es simple. —Desde su dura conversación con el joven Harkonnen,
Vor había reflexionado mucho acerca de lo que le había hecho a los descendientes de
Abulurd. Echarle la culpa y el castigo a toda la familia por los pecados de su bisabuelo
era una cosa injusta. Su propio padre, Agamenón, había sido uno de los más grandes
criminales de la humanidad, y Vor se negaba a aceptar cualquier culpa por esos crímenes.
Griffin Harkonnen no se merecía eso, tampoco.
Por lo menos, Vor sabía que debería haber mantenido su promesa de rehabilitar el
registro de Xavier Harkonnen. Tal vez debería haber ido a Lankiveil para ver a los
descendientes de Abulurd, además, no tenía ninguna animosidad contra ellos. Se dijo a sí
mismo en voz baja:
—Si vives por siglos, tendrás un montón de tiempo para hacer las cosas que te
arrepientes.
Ahora que el ingenuo Griffin había escapado al desierto, Vor sentía una preocupación
genuina por él.
—Tenemos que encontrarlo y traerlo de vuelta. Luego, decidirá qué hacer con
nosotros, tome mi agua si es necesario, pero no la de él. No quiero que pague por las
cosas que yo he hecho.
—Es un extranjero idiota, y debemos dejar que los gusanos lo devoren —dijo el Naib
Sharnak.
Ishanti negó con la cabeza.

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—Ha robado agua y suministros a los Freemen. Recuperémoslos, por lo menos. Si


está tan decidido a morir, el tonto podrá hacerlo sin perder el agua. Vor y yo iremos
juntos.

***
Tomaron a aeronave de Ishanti, pero Vor insistió en operar los controles. La mujer del
desierto levantó las cejas.
—¿Estás seguro de que puedes manejar esto?
—He volando naves como esta durante varias vidas. —Despegaron desde la línea de
acantilados y se dispararon hacia la noche iluminada por la luna. Vor se asomó a través
del desierto de arena—. No se molestó en tratar de ocultar sus huellas; tal vez no sabe
cómo. Ha estado intentando correr.
Vieron los signos del paso de Griffin con la suficiente rapidez. Al salir de la línea de
rocas, se había puesto en marcha por las dunas que llenaban la gran cuenca. En el
horizonte occidental, a unos veinte kilómetros de la distancia, Vor discernió otra línea de
montañas; Griffin estaba corriendo directamente hacia ellas, probablemente con la
esperanza de llegar al refugio antes del amanecer. Ya había ido unos tres kilómetros
dejando penosamente una larga línea de huellas en la arena suave como la pista de un
ciempiés.
—Tu enemigo es estúpido, Vorian Atreides —dijo Ishanti—. Tiene suete de no haber
alertado a un gusano de arena con todo el tumulto que causó.
Durante el tiempo que Vor pasó entre los trabajadores de especia, el viejo Calbir le
había enseñado exactamente lo que debía buscar. En la luz de la luna a través de la
extensión ondulante de arena, vio una onda de vibración en la superficie, sombras que se
pulsaban hacia adelante en una ola concentrada.
—Lo ha hecho. —Vor aceleró la aeronave—. Tenemos que salvarlo.
—Sabía dirías decir eso. —Ishanti señaló hacia el oeste—. Se encuentra en una línea
de dunas escarpadas, suaves, pero ahora no podemos aterrizar allí. ¿Ves ese valle hacia el
este? Déjame en el borde de esas dunas.
—¿Qué vas a hacer allí?
—Llamar la atención de algún gusano. Desciende, y abandonaré así la aeronave.
Luego, puedes volar de nuevo y rescatar a ese idiota antes de que Shai-Hulud lo alcance.
—Ishanti agarró un paquete que estaba recortado a la pared interior de la cabina y se
agarró al marco de la puerta.
Mientras se dirigía en la dirección que ella había pedido, Vor le preguntó:
—¿Estarás bien?
Ella soltó un bufido.
—Me has visto convocar a un gusano antes. Estaré bien. —Abrió la escotilla y le
dedicó una sonrisa—. Date prisa, no tenemos mucho tiempo. Si no podemos salvar a tu
amigo, perderemos toda esa agua y el Naib Sharnak estará molestado. —Se rió de su

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

propia broma cruel. Entonces, mientras él maniobraba la nave, ella saltó y aterrizó en
cuclillas sobre la blanda arena. Cuando Vor giró la aeronave, la vio buscar en su mochila
sacando solo los elementos que necesitaba.
El joven Harkonnen había oído acercarse nave voladora, y ahora también vio al
gusano de arena levantar una ola seca directamente hacia él. La mitad de la enorme
cabeza emergió, un bucle abierto que levantaba la arena de las dunas.
Vor aceleró, pero si no podía aterrizar la nave en las dunas empinadas, no sabía cómo
podría salvar a Griffin a tiempo.
De pronto el gusano cambió de rumbo y cargó como un toro hacia donde Ishanti
esperaba. Debía de haber usado uno de los mecanismos Freemen sincopados que
enviaban vibraciones en la arena.
Vor encontró un lugar para aterrizar en un valle entre las dunas. Después de dudar,
Griffin tropezó y se resbaló por la ladera de dunas, corriendo hacia la aeronave. Podría
haber estado dispuesto a morir en el desierto, pero la vista del monstruoso gusano de
arena le había hecho cambiar de opinión.
El intenso Harkonnen abrió la puerta de la aeronave y trepó a bordo, pero se detuvo al
ver Vor.
—¡Tú! ¿Por qué has venido a por mí?
—Para salvarte. No había muchos otros dispuestos a hacerlo.
Griffin se arrastró dentro junto con una lluvia de arena y polvo, y luego tiró de la
escotilla y la cerró de nuevo.
—Debería haber robado una de estas aeronaves —dijo, mirando a los controles
universales—. Entonces no tendría que tratar contigo. —Se sentó en el asiento del
copiloto.
Vor sonrió con tristeza.
—¿Crees que esto significa que te perdono? —preguntó Griffin, sacándose la arena
de su bigote y perilla.
—No lo había pensado. Ahora guarda silencio. Necesito concentrarme para poder
rescatar a mi amiga. Arriesgó su vida para alejar el gusano de ti.
Ante el temor de que el ruido del motor de la aeronave pudiera atraer a la bestia, voló
alto, y entonces se lanzó hacia abajo tan pronto para ver a Ishanti trepando a lo largo de la
parte superior de una duna, ganando distancia de donde había plantado el dispositivo de
martilleo rítmico. Con una marcha intermitente como un ballet de inicio y parada, la
mujer del desierto corría paralela a una cuenca plana entre las dunas, un área que no le
ofrecía ninguna cobertura más que las propias dunas. Vor vio que podía recuperarla
fácilmente mientras el gusano estaba ocupado con el martilleador.
Mientras rodeaba un lugar estable para fijarse en la cuenca, Ishanti corrió por la cara
de la duna en un ángulo hacia él. De repente se tropezó en un parche de arena blanca, una
mancha pálida en las dunas. La arena empezó a ondular y levantarse por debajo de ella,
vibrando rítmicamente. Vor recordó una de las pacientes lecciones que Calbir le había
dado acerca de los peligros en Arrakis, incluyendo los parches de arenas. Ishanti debería

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haberlo visto, pero había estado huyendo, observando la aeronave. La sección de la duna
dejó escapar una serie de golpes mientras los granos de arena compactada se
desplomaron y se establecieron en configuraciones acústicas.
El ruido del parche fue mucho más fuerte que el golpeador, y Vor vio el gusano
acercándose, rápido. Ishanti lo vio, también, pero se había hundido en la arena suelta
hasta la cintura. El polvo la envolvió y Vor no se atrevió a aterrizar en cualquier lugar
cercano, porque la aeronave podría hundirse en la inestable arena.
La cabeza del gusano de arena emergió como un ariete a través de la pared de la duna,
atraído por las vibraciones aún potentes del parche.
Ishanti gritaba. Pudo ver el pánico en su rostro.
Griffin estaba aterrorizado, sus ojos muy abiertos.
—¡Nunca lo logrará!
Vor guió a la aeronave hacia abajo.
—Creo que puedo acercarme. Pásame esa cuerda del kit. —La aeronave voló más
cerca. Griffin desenrolló la línea y se lo dio a Vor—. Ahora átala en aquella barra.
Cuando la aeronave se precipitó hacia la única mujer atrapada en las dunas, Vor vio la
bestia sin ojos emerger hacia adelante. Y descubrió, a pesar de que se negó a creerlo, que
no llegaría a tiempo. Ishanti intentó desenterrarse de la arena que la había traicionado.
—¿Qué vas a hacer? —dijo Griffin—. No es posible. El gusano…
—¡Toma los malditos controles! —gritó, y tan pronto como Griffin tomaba el volante
de pilotaje, Vor abrió la escotilla y lo hizo volar de nuevo sobre sus pasos. Las brisas
sacudidas repentinas casi lo sacaron del asiento del piloto, pero se aferró a la cuerda
anclada. La aeronave corrió por las arenas, en curso de colisión con el gusano.
Envolviendo la cuerda alrededor de sus hombros, Vor se arrojó por la escotilla,
colgando en el aire abierto y seco. Los motores de la aeronave rugían, pero gritó aún más
fuerte.
—¡Ishanti! ¡Toma mi mano!
Griffin descendió más cerca, y Vor, colgado, confiando en la cuerda, estiró el brazo.
El gusano se alzó alto, abriéndose paso a través de la arena. Ishanti se estiró, pero
cayó en la cuenta de que Vor nunca podría hacerlo, nunca se acercaría lo suficiente. El
gusano se la llevaría y aplastaría también a la aeronave, pero Vor se negó a darse por
vencido.
Tomó la decisión de alejarse de él. En el último momento, Ishanti bajó su brazo y se
liberó de la arena, corriendo por la cara de dunas, lejos de la aeronave que se aproximaba.
—¡No! —gritó Vor, pero lo había hecho a propósito, sacrificándose.
La arena deslizándose y el cuerpo corriendo de Ishanti desvió al gusano por menor
grado. Luchando para escapar de la arena suelta, la valiente mujer se volvió y se enfrentó
al monstruo, haciendo caso omiso de Vor y la aeronave, aceptando su destino. Levantó
las dos manos, ya fuera en desafío o en oración, Vor no pudo decirlo.
Colgando de la escotilla, incapaz de detener al monstruo, Vor gritó a Ishanti,
rogándole, pero las palabras se marchitaron en su garganta.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

En un estruendo de sonido, el gusano de arena se levantó justo en frente de ella, y


Griffin apenas logró desviar su curso lejos de la cima de las dunas. El gusano envolvió a
Ishanti y se zambulló debajo de las arenas con ella, haciendo un túnel enorme y dejando
luego apenas una ondulación de lo que había sido.
Sintiéndose asqueado, Vor colgó allí hasta que Griffin lo arrastró por la cuerda y lo
subió el interior. Vor agarró los controles de la cabina y ganó altitud; le tomó un
momento darse cuenta de que otras cuatro aeronaves Freemen se acercaban, rodeándolos.
Así que el Naib Sharnak había enviado a otros también, pero ya era demasiado tarde.
Habían visto todo.
Griffin dijo nada. Estaba avergonzado.
El escuadrón del desierto voló cerca de la aeronave de Vor, y no trató de escapar. Se
dio la vuelta alrededor de la aeronave para seguir de vuelta el camino hacia la cueva.
—Dio su vida para salvarnos —dijo—. Volveremos con los Freemen.

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A veces no se necesitan muchos clavos para sellar un ataúd.


—EMPERADOR JULES CORRINO

Al Emperador Salvador Corrino no le gustaba ser testigo de una tortura, incluso cuando
era conducida en su nombre. Entendía que era una herramienta necesaria del estado, pero
prefería que fuera llevada a cabo donde no pudiera verla o escuchar los detalles.
Resultados. Todo lo que deseaba eran resultados. A veces, pensaba, no podía evitar sus
obligaciones.
La Dra. Zhoma agonizaba, atada en una cama de múltiples funciones, mientras que
uno de los encapuchados «técnicos de la verdad» ejercía su oficio en las sombras.
Irónicamente, el hombre alto y delgado llamado Reeg Lemonis había aprendido sus
habilidades y conocimientos de los centros de dolor del cuerpo humano durante varios
años en la división de formación especializada de la Escuela Suk. Por el momento,
Salvador estaba seguro de que la administradora Suk lamentaba que su escuela hubiera
producido aquellos graduados calificados.
Debido a que los Butlerianos veían mal la tecnología compleja, Lemonis se basaba en
dispositivos probados y verdaderos. Ya había utilizado el vicio de las extremidades para
aplastar dos de los dedos de Zhoma. Ahora, el hombre levantó la vista para reconocer al
Emperador Salvador mientras fijaba otra abrazadera para un choque eléctrico a la cabeza
de la doctora.
Roderick permanecía al lado del Emperador, notablemente perturbado. Zhoma gimió
e hizo sonidos incomprensibles, sólo algunos de los cuales eran reconocibles como
palabras. Había sufrido una notable cantidad de dolor antes de que Lemonis produjera
algún resultado de interés. Roderick se había enfermado y fascinado por el proceso, pero
el técnico de la verdad no había infligido daño físico real hasta que confesó su parcela.
Después de eso, incluso Roderick tuvo poca simpatía por ella.
Lemonis terminó de colocar la abrazadera de la cabeza, comprobó la conexión, y
miró hacia arriba.
—Es una información sorprendente, Sire. La buena doctora ha revelado algunos
secretos terribles, irregularidades financieras y los principales fraudes y confesó el
asesinato.
Salvador lanzó una rápida mirada a Roderick.
—¿Asesinato? ¿Quién era la víctima?
El torturador había grabado las palabras exactas, pero resumidas.
—Mató a su predecesor en la escuela, el Dr. Elo Bando. Le inyectó docenas de
sustancias químicas letales en su oficina, luego utilizó su posición para encubrir su
crimen y descartar la muerte como un suicidio.
Salvador parpadeó sorprendido.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—¡Pobre Dr. Bando! ¿Tanto quería su posición como para matar por ella? —Su
estómago se anudó, e hizo un sonido de disgusto.
—No… exactamente, Sire. Afirma que malversó grandes sumas de dinero suyo y casi
arruinó la Escuela Suk. También insiste en que fabricaba muchos tratamientos inútiles
para usted y le cobraba cantidades escandalosas.
La piel de Salvador hirvió, y su pulso se aceleró. El terrible dolor de cabeza había
regresado, como algo que tratara de salir del interior de su cráneo.
—Es una mentira; es necesario utilizar métodos más entusiastas para llegar al fondo
de esto. Obviamente, trata de ganarse el favor ahora, y va a hacer cualquier tontería para
detener el dolor.
La mirada de Roderick era ilegible.
—En ese caso, hermano, el resto de este interrogatorio es infructuoso. Lemonis es un
investigador de bisturí muy competente.
—Oh, ha estado diciendo la verdad —dijo el técnico de dolor sin darse cuenta de la
vergüenza del Emperador—. Y tiene más que decirnos acerca de la trama que le rodea,
Sire. No debería tomar mucho más tiempo hasta que sepamos que la puso a la altura.
Mientras Lemonis se trasladaba a su siguiente fase, Roderick miró a Salvador y le
dijo:
—Es una doctora Suk, administradora de la escuela… la persona que escogí para ser
tu doctora personal. Siento mucho haberte decepcionado.
—No es tu culpa; es inteligente y nos engañó a todos nosotros —dijo Salvador—. Y
tú fuiste el que la atrapó. —La Dra. Zhoma gritó. Salvador hizo una mueca, esperó a que
la interrupción finalizara, y agregó—: Confío en ti por completo.
Menos de una hora más tarde, el torturador se mostró satisfecho de haber adquirido
toda la información disponible. La Dra. Zhoma estaba quebrada, pero aún vivía cuando
Lemonis presentó sus resultados al Emperador.
—Esta doctora tiene una alta tolerancia al dolor. He dejado a su consciencia para que
pueda responder directamente a todas sus preguntas adicionales.
Salvador se sintió mareado, mirando hacia abajo a toda la sangre y sabiendo que
nunca habría sobrevivido la mitad de lo que Zhoma había soportado. Sus ojos estaban
desesperados, con el rostro magullado y ensangrentado. Se inclinó sobre ella, respirando
lentamente dentro y fuera, y puso una voz tan profunda y terrible como pudo.
—¿Cuáles eran tus planes para mí? ¿Eres una asesina?
—La Hermandad… —dijo. No podía mirar a los labios amoratados y los dientes
rotos, toda la sangre le hacía sentirse incómodo—. Registros de cría… usted no debe
tener hijos. Línea de sangre corrompida… Me enviaron para esterilizarlo.
Salvador echaba humo.
—¿Esterilizarme? ¿Quieren destruir la línea Corrino?
—No… sólo la suya. El linaje de Roderick deberían ser los Emperadores Corrino.
La frente de Príncipe Roderick se frunció en una profunda preocupación.

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—¿La Hermandad está maquinando contra el trono Imperial? —Lanzó una mirada a
Salvador—. Tenemos que alejar a Anna de ellas. ¡La enviamos allí para mantenerla a
salvo!
Pero Zhoma no había terminado. Lo que comenzó como una risa se convirtió en una
tos. Parecía sentir una oleada de energía desafiante y habló con una claridad absoluta.
—Después de ver cómo los Butlerianos lo tienen a usted bajo su pulgar, decidí que la
esterilización no era suficiente, que debía morir en su lugar. —Se dejó caer sobre la
mesa—. Me ejecutará de todos modos, así que e diré lo que todos están diciendo a sus
espaldas: Roderick sería el mejor líder, con diferencia.

***
Cuando los dos hombres regresaron al Palacio, después de cambiarse de ropa para
eliminar el sudor y las manchas de sangre, se sorprendieron al encontrarse con una
delegación sombría pero formal de Rossak. La Hermana Dorotea, otras dos Hermanas…
y Anna.
—Bueno —dijo Salvador, mirando a su hermano, mientras ambos se subían a la
tarima del trono en la sala de reuniones—. Supongo que es el momento afortunado, ahora
que sabemos lo que son realmente.
Roderick, sin embargo, entrecerró los ojos y miró a la delegación con preocupación.
Anna parecía confundida y desorientada, sin daño físico, pero… mal, de alguna manera,
y muy cambiada.
De la mano de la joven, Dorotea se adelantó y se inclinó. Su voz fue suave y contrita.
—Su Alteza, ha ocurrido una terrible tragedia.
Roderick se adelantó rápidamente para agarrar los brazos de su hermana,
comprobando para ver lo que estaba mal, pero Anna ni siquiera lo miró, sus ojos
posándose de un lado a otro, con la mirada bailando a un ritmo sin precedentes.
Salvador se mantuvo enfocado en la Hermana Dorotea.
—Explícate; y sepan que su vida, y el destino de toda la escuela de Rossak,
dependerá de su respuesta.
—Mi respuesta es la verdad y no cambiará, con amenazas o sin ellas. —No quitó la
mirada de Salvador—. Hace mucho tiempo, nuestra Reverenda Madre Raquella
sobrevivió a un envenenamiento que alteró la bioquímica de su cuerpo. Esta
transformación le dio acceso a un intenso control de cada aspecto de su cuerpo y abrió
una serie de recuerdos de sus generaciones pasadas. Se convirtió en nuestra primera
Reverenda Madre.
Salvador ya se estaba impacientando.
—Quiero saber lo que le has hecho a mi hermana, no una lección de historia en su
lugar.
Dorotea no se apresuró su explicación.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Durante muchos años la Hermandad ha estado tratando de recrear esa


transformación, exponiendo a voluntarias a productos químicos peligrosos, con la
esperanza de encontrar la manera. Prácticamente todas las voluntarias murieron en el
intento, pero hace poco me convertí en la primera nueva Reverenda Madre. Una vez que
la técnica fue demostrada, otras hermanas también hicieron el intento, por lo que ahora
tenemos más Reverendas Madres.
De pronto, Anna comenzó a recitar palabras a un ritmo acelerado; Salvador se dio
cuenta que eran todos los nombres de los planetas en el Imperio.
—Anna se convenció de que estaba lista, aunque ninguna de nosotras lo creía. Era
impulsiva, robó una dosis de la droga, y la consumió antes de que nadie pudiera
detenerla. Permaneció en coma durante varios días, pero no murió. Cuando se despertó,
se alteró, como pueden ver. —La voz de Dorotea se mantuvo notablemente estable—.
Pero no creo que sea una Reverenda Madre. Parece estar en un punto intermedio.
Molesto, Roderick preguntó:
—Y con tantas muertes por esta droga, ¿acaso no se la protegía lo suficientemente
bien como para mantener a nuestra hermana alejada? Ustedes sabían de sus problemas
emocionales. Esa fue la razón por la que la enviamos a la Hermandad; para que ustedes la
mantuvieran a salvo.
—Anna es extremadamente voluntariosa —dijo Dorotea—. E inteligente.
—Ahora soy más inteligente —interrumpió Anna con una voz diferente—. Hay gente
en mi cabeza, instructores especiales. Escúchenlos. —Vomitó un revoltijo de frases,
palabras y sonidos ininteligibles que no tenían sentido, como si se vertieran de un
recipiente en el que habían sido mezclados. Sus ojos azules eran como dos canicas
vidriosas, su expresión vacía.
Dorotea se veía preocupada.
—En el proceso de convertirse en una Reverenda Madre, una Hermana recorre una
vasta reserva de vidas femeninas del pasado, una serie de recuerdos. Anna parece
haberlo… logrado parcialmente.
De pronto, la joven detuvo su flujo de palabras inconexas y dijo con su propio tono
familiar:
—Las voces me están diciendo que me vaya ahora. No les gusta que me inmiscuya
entre ellos, pero es demasiado tarde. Ya estoy allí.
—Anna —dijo Roderick—. ¿Te gustaría sentarte y hablar conmigo ahora, en la forma
en que solías hacerlo? Ya estás en casa, donde estás segura.
No respondió, no dio ninguna indicación de haberlo oído. Sus ojos parecían asomarse
a un mundo interior oculto.
Una de las principales puertas se abrió, y Lady Orenna entró en el vestíbulo de
entrada, vestida con una túnica blanca y dorada.
—Acabo de escuchar que Anna ha regresado de nuevo a nosotros. —Corrió hacia la
afligida princesa—. Oh, pequeña, ¿cómo estás?

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Anna pareció oír su madrastra. Su rostro era una máscara de tristeza, mientras miraba
a la mujer mayor.
—Me hicieron daño.
—¿Quién te ha hecho daño? —preguntó Salvador, levantándose de su trono.
—Las voces. Me duelen cada vez que hablan… pequeñas agujas de dolor dentro de
mi cerebro.
La Emperatriz Virgen puso su brazo alrededor de Anna y la atrajo hacia sí.
—¿Por qué no te quedas en mi habitación esta noche, querida? Yo me ocuparé de ti.
Y mañana iremos dentro de ese arbusto que tanto te gusta.
—Me gustaría —dijo Anna—. Estoy en casa ahora.
El Emperador Salvador dirigió una mirada malévola hacia Dorotea y sus dos
compañeras.
—¡Esta es la segunda vez que la Hermandad me ha fallado en un día! ¡Cerraré y
dispersaré toda su escuela!
Roderick tocó el brazo de su hermano para mayor discreción.
—Pero hay algo más que necesitamos saber. Tal vez deberíamos tener más
discusiones sobre la respuesta adecuada a este problema. Una acción precipitada podría
ahora tener repercusiones en todo el Imperio.
La Hermana Dorotea los dejó asombrados cuando hablo:
—Emperador Salvador, entiendo su enojo. Gran parte de la Hermandad es corrupta y
debe ser eliminada, pero podemos salvar al resto. Algunas, como yo y mis compañeras
Reverendas Madres, creemos en un tipo diferente de Hermandad, otra destinada a
fomentar los propósitos nobles del Imperio. Es hora de quitar los excesos, cauterizar las
heridas, y avanzar por el camino adecuado.
Salvador hizo un bufido grosero.
—¡Sé todo acerca de los planes de su Hermandad, sus registros de cría, el complot
para impedir que tenga descendencia! Afortunadamente, atrapamos a su títere, la Dra.
Zhoma, antes de que pudiera esterilizarme.
La expresión de Dorotea se convirtió en desconcierto.
—No era consciente de ese plan, pero la Dra. Zhoma era una discípula de la
Reverenda Madre. No la conozco bien. Sin embargo, estoy de acuerdo de que el
programa de cría, Sire, es el corazón de la corrupción de la Hermandad. Hay secretos
oscuros entre las Hermanas de Rossak, pero le suplico que tenga en cuenta que algunas
de nosotras somos razonables y deseamos trabajar con usted… para usted, Sire. Algunas
de nosotras somos leales al Imperio y a la filosofía cautelosa de los Butlerianos.
—¿Cuántos son en su facción? —preguntó Roderick.
—Somos una minoría, pero muchas de las nuevas Reverendas Madres compartirán
mis preocupaciones más profundas.
—«No crearás una máquina a semejanza de la mente humana»—dijo una de las
compañeras de Dorotea, una mujer diminuta con una nariz redondeada y un lunar en la
mejilla izquierda.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Salvador se sentía decididamente incómodo.


—He oído la cita de Manford Torondo tantas veces, pero ¿qué quiere decir? ¿Qué
tiene eso que ver con lo que pasó con Anna? —La idea de la conspiración de Zhoma
colgaba aún fresca en su mente.
—La Hermana Gessie habla de lo más terrible que la Hermandad ha hecho —dijo
Dorotea—. En sus cuevas restringidas, utilizan computadoras prohibidas para mantener
los repugnantes registros de reproducción. Aún no se me permite el acceso a esa parte de
nuestra escuela, pero he visto las computadoras en mis Memorias.
Roderick se puso rígido.
—¿Máquinas pensantes ocultas dentro de las cuevas de Rossak?
—¿Qué? —El grito de Salvador hizo eco en la cámara de entrada abovedada.
—Hay una podredumbre en el corazón de la Hermandad, pero a algunas de nosotras
nos resulta inaceptable. Es por eso que quería traer de vuelta a Anna personalmente.
Necesitaba hablar con usted, señor, para informarle de esta parodia. Es necesario que
haya una purga de la orden, no una destrucción; insto a corregir del rumbo. Le ruego que
no castigue a toda nuestra orden por las acciones de unos pocos corruptos. La mayoría de
las Hermanas no saben de este terrible crimen, y se unirían a nosotras, si se les diera la
oportunidad.
—Y las computadoras ilegales —dijo Roderick—, ¿posee usted alguna prueba?
¿Puede encontrarlas?
—Estoy segura de ello. Podemos contar con la ayuda de Manford Torondo.
Con una mirada alarmada, Salvador dijo:
—No hay necesidad de involucrar a los Butlerianos. El Imperio es mi
responsabilidad. Enviaré un escuadrón militar para hacerse cargo de esto. —Miró a su
hermano, sintiéndose satisfecho por primera vez en todo el día—. Está decidido.

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Los Defectuosos han sido expulsados por las hechiceras, pero aquellos que sobrevivieron conocen las partes
más vulnerables de la selva mejor que nadie. Debido a mi historia pasada con ellos, los lugares secretos han
sido revelados para nosotras.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, dirigido a los fieles.

La Hermandad tenía que estar preparada. No sólo por la ráfaga de voces internas que le
advertían a Raquella de la crisis inminente, sino que también la Hermana Valya le había
dado una razón específica para alarmarse. Al convertirse en Reverenda Madre, Dorotea
había aprendido a través de las viejas memorias sobre las computadoras secretas de
Raquella.
Y tenía la intención de exponer la tecnología prohibida ante los Butlerianos.
Raquella tenía que hacer algo para proteger a la Hermandad antes de que las turbas
llegaran para destruir lo que no comprendían.
Dorotea también tenía aliadas entre las Hermanas, especialmente entre las nuevas
Reverendas Madres. Consternadas por la emergencia, muchas de las mujeres habían
estado pidiendo que se pusiera fin a los secretos. Nueve de las más vehementes
Reverendas Madres de Dorotea exigieron buscar en las cuevas superiores restringidas que
mantenían los registros de reproducción, con la confianza de que encontrarían una prueba
de tecnología ilegal.
Arriba, en el disco de las cuevas de cría, las cámaras aisladas celebraban estanterías
con montones de documentos impresos en láminas muy delgadas de papel. Durante
generaciones, las mujeres de Rossak habían compilado y mantenido aquellas montañas de
información, y requerirían de un ejército de Mentats para inspeccionar y analizar todo.
Sólo un subconjunto de Hermanas que trabajaban con estos registros genéticos en
papel sabía sobre la pared holográfica camuflada que ocultaba una cámara secundaria de
gran tamaño que contenía equipos prohibidos. Pero si las turbas Butlerianas o los
soldados imperiales saqueaban los túneles, exigiendo respuestas, alguien de seguro se
toparía con la habitación equivocada.
Raquella sabía muy bien que las aliadas de Dorotea no tenían pruebas concretas…
incluso las nuevas Reverendas Madres tenían recuerdos no secuenciales y poco fiables de
las últimas voces a las que ahora tenían acceso. Su nieta podría recordar algunas de las
acciones de Raquella de hacía mucho tiempo, antes del nacimiento de Arlett, pero desde
luego no podía estar segura de lo que la vieja Reverenda Madre estaba pensando o
haciendo ahora.
Sin embargo, revelar las computadoras era el equivalente a un decreto de
culpabilidad, y los sentimientos entre las Hermanas se inflamaron aún más cuando
Raquella se negó rotundamente a concederles el acceso, estacionando guardias hechiceras
adicionales en el alto camino y acusando a las aliadas de Dorotea de grave
insubordinación.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Se sentía impotente mientras observaba a las Hermanas tomar partido. Karee Marques
y sus Hermanas Mentats ya habían predicho que ocurriría un cisma oscuro en la
Hermandad. Raquella sabía que, si no abordaba abiertamente el tema, podrían ver la
evasión como una confesión.
Tenía que mantenerse firme y seguir siendo fiel a los objetivos que había establecido,
los objetivos críticos requerían medidas drásticas. Consultó con Karee, Valya, Sabra
Hublein, y otras quince Hermanas de su círculo interno más confiable, las que conocían
los secretos más profundos; y les dio sus instrucciones.
Luego, en un movimiento audaz, Raquella convocó a todas las integrantes de la
Hermandad para una reunión de emergencia en la madrugada. A medida que el cielo se
iluminaba con la brumosa salida del sol, más de un millar de participantes de la
Hermandad se dirigieron a la cámara de reunión más grande.
En una multitud tan grande, nadie se daría cuenta de la ausencia de la Hermana Valya
y de un puñado de ayudantas especialmente escogidas. Aquella sería su única
oportunidad.
Al frente del conjunto, la Reverenda Madre Raquella levantó las manos y esperó a
que el silencio cayera. Con sus viejos ojos, miró hacia el mar de rostros.
—Muchas de ustedes han estado ansiosas por un debate abierto. Tienen preguntas e
inquietudes. Ha llegado el momento para que hablen desde sus mentes, todas ustedes.
Voy a escucharlas y responder. —Asintió con la cabeza a dos guardias hechiceras, que
cerraron con llave la puerta, encerrando a todas las Hermanas dentro de la gran cámara—.
Nos quedaremos aquí hasta que hayan hablado de sus pensamientos, incluso si lleva todo
el día.
Raquella estaba lista para sus comentarios y preguntas.
Pero todo era una distracción. Tenía que ganar tiempo.

***
Con el resto de las integrantes de la Hermandad agrupadas para la reunión, Valya y una
docena de Hermanas leales se apresuraron a desmantelar los equipos prohibidos.
Detrás de la barrera holográfica, rompieron los componentes, quitaron todos los
densos módulos de almacenamiento de circuitos gelificados y elevadores suspensores
usados para la ventilación y acceso a los viejos pozos dentro de la ciudad del acantilado
hasta el fondo de la pared del cañón. A partir de allí, las trabajadoras silenciosas
transportaron los componentes sellados hacia la enmarañada selva. La Reverenda Madre
Raquella les había mostrado un escondite donde los equipos desmantelados serían
protegidos de los peligros donde nunca los encontrarían los fanáticos Butlerianos,
soldados imperiales, o Hermanas sospechosas.
Antes, cuando Raquella casi había muerto de la peste de Omnius, uno de los
Defectuosos la había llevado al hogar escondido de otros exiliados deformes en la selva.
En las cavernas bajo un deslizamiento de tierra caliza, el Defectuoso la había protegido y

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cuidado hasta que sanó. Nadie más había encontrado alguna vez el lugar, y el Defectuoso
había desaparecido en las décadas posteriores. La Reverenda Madre no había estado allí
en muchos años, pero recordaba.
Valya condujo a sus compañeras a la selva en una carrera sin aliento, pero con
eficiencia militar. El cenote perdido sería el escondite perfecto para almacenar los
equipos desmantelados y su información genética sin precio.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Mientras la Yihad de Serena Butler aún nos enseña, debemos utilizar cualquier arma concecible para combatir
a los enemigos de la humanidad. ¿Pero qué si esos enemigos son humanos disfrazados?
—TOLOMEO, diarios de investigación en Denali

Cuando terminó de reparar a la primera camada de caminantes cimek, Tolomeo sintió que
la emoción regresaba, así como también su optimismo. A medida que absorbía el estudio
de los sistemas mecánicos, casi olvidaba el dolor y la decepción de trabajar solo. Sin el
Dr. Elchan, la obra de Tolomeo se había convertido en una obsesión para restaurar y
arreglar algo que se había roto. Y tenía que hacerlo por el bien de la humanidad.
Las interfaces de mentrodos internos que se conectaban desde los nervios a las
extremidades blindadas eran extremadamente complejas, y Tolomeo todavía tenía mucho
que aprender antes de ser capaz de controlar un formulario del guerrero mecánico usando
impulsos neuronales. En el lado positivo, los cuerpos blindados eran máquinas sencillas
accionadas por motores, pistones, y cables y podrían ser controlados utilizando los
medios más tradicionales. Tolomeo construyó una pequeña cabina colgada debajo de uno
de los cuerpos de cangrejo. Sellada y presurizada, con entradas de disco duro vinculada a
los controles de las máquinas, la cabina estaba equipada con sistemas de soporte vital que
permitían a Tolomeo montar en el interior, mientras que exploraba el turbio paisaje
cáustico de Denali.
Cuando terminó de probar los sistemas, Tolomeo subió por la escotilla de la cabina de
control, se encerró en el interior, abrió las válvulas de los tanques de aire, y encendió el
sistema. La gran máquina zumbó, y el cuerpo de cangrejo se alzó sobre sus voluminosas
patas.
Incluso imaginándose siendo uno de los neo-cimek, se percató de que Elchan lo
habría regañado por tal arrogancia. Toda la vida de Tolomeo se había dedicado al
progreso y el mejoramiento de la civilización, nunca a la gloria personal. Sin embargo,
ahora, sabía que si tenía éxito con lo que tenía en mente, la gran fama y la admiración
generalizada muy bien podría ser suya. Si sobrevivía, y la gente entendía.
El veterano investigador movió una de las seis patas delanteras, seguido de otra, y
luego otra. Era una tarea complicada caminar en el aparto, para nada intuitiva, y le
asombraba que los cimek hubieran sido capaces de operar sus cuerpos de máquinas de
manera fluida, y en una gama tan amplia de configuraciones con las piernas y los brazos
de agarre, rodando bandas de rodadura e incluso alas.
Deseoso de practicar con la máquina modificada, y ver lo que podría descubrir y
salvar en el hostil paisaje, Tolomeo selló el hangar del laboratorio, despresurizándolo, y
utilizó una señal remota para abrir las puertas de la bodega. Humos verdosos enturbiaron
en el módulo del hangar.
Mirando a través de las ventanas de plaz de su cabina de control, puso a las patas
articuladas en movimiento. Delicadamente al principio, y poco a poco con más confianza,

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laboriosamente hacia fuera sobre la extensión de cantos rodados entre los módulos de
investigación de Denali. El velo de nubes tóxicas daba el entorno un aspecto onírico
distorsionado. La brillante luz de los módulos de investigación era opacada por la niebla.
Ajustando el movimiento de balanceo sincronizado de tres pares de patas, Tolomeo
cruzó la pista de aterrizaje plana donde las lanzaderas dejaban suministros, y luego se
aventuró más allá de las inmediaciones del centro de investigación.
Hacía años, durante la construcción de aquel puesto de avanzada secreto en una
antigua base cimek, técnicos en trajes ambientales habían explorado un kilómetro
alrededor de la instalación, pero no se habían atrevido a explorar más lejos. La misión de
aquel centro era llevar a cabo los proyectos de investigación más importantes lejos de las
miradas indiscretas de los Butlerianos; algunos de los científicos estaban interesados en la
cartografía del mundo inhóspito. A Josef Venport no le importaba el paisaje de Denali.
Tolomeo, sin embargo, se centró en tratar de localizar los restos de los viejos cimek, o
tecnología que podría poner al uso.
A medida que el cuerpo de la máquina se alejaba de las luces de la decoloración de
las cúpulas del laboratorio, activó sus iluminadores. Chorros de luz emergieron
brillantemente de sus ojos como como conos en los vapores de cloro que se
arremolinaban. En la cima de una subida, se encontró con un depósito de chatarra de
cuerpos cimek, grandes formas mecánicas esparcidas como carroña en un campo de
batalla. Habían caído en sobre sus patas, como los huesos de bestias prehistóricas que
habían llegado a un cementerio especial para morir. Para él, se trataba de un cofre de
tesoros.
Detuvo los pasos torpes de las patas de la máquina y se quedó mirando con asombro
y deleite, imaginando todas esas formas de guerreros funcionando nuevamente, un
ejército resucitado. ¡Tal fuerza podría oponerse a cualquier turba de Butlerianos!
Tolomeo se dio cuenta de que estaba sonriendo: si Manford Torondo venía a destruir las
instalaciones de Denali, la encontraría defendida por sus mayores pesadillas.
Incluso tendido sobre las rocas y desactivadas, las formas de los caminantes parecían
temibles. Tolomeo recordó historias sobre el titán Ajax, cuyo cuerpo de máquina había
sacrificado poblaciones enteras que se rebelaron contra él. En la pantalla de su
imaginación, previó que las máquinas cimek aplastarían a los supersticiosos Butlerianos,
a los Maestros Espadachines, y a todos con la intención de una destrucción sin sentido.
Dentro de la cabina sellada, trabajó los controles y torpemente levantó la pata
articulada frente a su andador, y luego la cerró. En su mente, se imaginó agarrando el
torso de Anari Idaho y aplastándola. Se imaginó que los salvajes de Manford se lanzaban
sobre el cuerpo del caminante, arrastrándose sobre ellos como piojos, golpeando y
rompiendo. Pero para los fanáticos no sería nada bueno. Aquellos caminantes cimek eran
demasiado poderosos.
Si tan sólo hubiera tenido acceso a un cuerpo mecánico como este antes, podría haber
matado a todos los Butlerianos que allanaron su centro de investigación en Zenith… e
incluso podría haber metido el cuerpo a tiempo para salvar la vida de Elchan, y podría

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

haber obligado a al sin piernas de Manford Torondo observar la masacre de los


Butlerianos, al igual que el hombre vil había hecho a Tolomeo testigo de la horrible
muerte de su mejor amigo.
Ahora, mientras operaba los controles externos de la cabina cerrada, se dio cuenta de
que aquellas extremidades y manos eran demasiado torpes para una batalla rápida y
fluida. Tendría que encontrar una interfaz neuronal directa para que él y otros defensores
de la civilización pudieran operar las máquinas con la delicadeza apropiada.
Cruzó laboriosamente el cementerio cimek y fue más lejos a lo largo de la cresta
hasta donde se disipaban los turbios gases. Allí encontró estructuras colapsadas, junto
con un centenar más de caminantes blindados. Tolomeo tenía la intención de hacer un
buen uso de aquel golpe de suerte: una nueva defensa que permitiera a los seres humanos
racionales hacer frente a los locos que querían hundir la civilización en una Edad Oscura.
Levantó el alto cuerpo andador, extendiendo el par de piernas frontales como un
hombre levantando los puños y maldiciendo a los dioses.

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El que está dispuesto a utilizar una herramienta malvada también es malvado. No hay excepciones.
—MANFORD TORONDO, el único camino

Demostrando plena confianza en la predicción del Mentat, Manford guió sus naves de
guerra hacia el sistema estelar de Thonaris. Estaba impresionado, y de alguna manera
asustado, por la manera en que Gilbertus Albans podía reunir montañas de hechos y
desentrañar patrones basados solamente en pistas sutiles. Los procesos de pensamiento de
los Mentats le recordaban a la brujería o a la computación sofisticada: cualquiera de los
dos le expresaban preocupaciones equivalentes. El Director afirmó que sólo estaba
demostrando cómo la mente humana era equivalente a cualquier computadora.
Aunque Gilbertus mostraba una admiración subyacente inaceptable para las máquinas
pensantes, como lo demostraron los inquietantes comentarios que había hecho a su clase,
Manford había llegado a la conclusión de que los Mentats y Butlerianos eran aliados
naturales, luchando en el mismo lado.
Dentro de su cabina privada a bordo de la nave principal de clase Ballesta, Manford
continuaba leyendo pasajes terribles de los diarios de Erasmo. Las crueles descripciones
del robot independiente sobre las torturas y experimentos que había infligido a
incontables seres humanos, junto con sus extrañas y repugnantes reflexiones sobre los
datos que recogía, no hizo sino aumentar el miedo y el disgusto de Manford. La gente ya
no captaba lo indescriptiblemente malas que las máquinas pensantes eran, y Erasmo, de
lejos, era la peor de todas.
Aunque Manford lo había negado antes, el líder Butleriano había decidido que
Gilbertus Albans era un aliado importante, y ahora le mostró a Gilbertus los diarios del
robot. Señaló algunas de las más atroces revelaciones.
—Se puede ver lo insidioso que es esto. Cada palabra es una prueba contra lo que
estamos luchando. Lo dice el mismo Erasmo: «Dado el tiempo suficiente, olvidarán… y
nos crearán de nuevo».
Gilbertus palideció mientras examinaba las densas páginas. Usando sus habilidades
Mentat, instantáneamente memorizó las palabras.
—La lectura de esto me da miedo —admitió. El director era un hombre tranquilo
preocupado por el funcionamiento de su escuela y la formación de sus estudiantes, y
todavía no parecía cómodo en unirse a esta expedición, a pesar del ambiente de
celebración a bordo de los buques. Citando la necesidad de la meditación para prepararse
para la próxima batalla, pidió permiso a Manford de ser excusado, y se retiró a sus
aposentos.
Las naves estándar más rápidas que la luz habían estado surcando por el espacio
durante la mayor parte de la semana. Desde que el puesto de avanzada de Thonaris era un
centro de fabricación muerto hacía mucho tiempo, los Butlerianos no se sentían lo
suficientemente urgentes para arriesgarse a utilizar los impredecibles motores plegadores

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

espaciales. Durante el viaje al sistema distante, la anticipación y la emoción aumentó


entre los Butlerianos, como la humedad caliente que llena un baño de vapor.
Manford había comenzado a sentir, sin embargo, que simplemente golpear otro
montón de máquinas ya muertas sería una victoria vacía, y significaba mucho menos que
sus seguidores pensaron que lo hacía. Aún así, Manford permitía a sus fanáticos destruir
enemigos del hombre de paja, aquellos que estarían dispuestos a seguirlo cuando
solicitara una acción similar contra los enemigos menos obvios, como los Apologistas de
las Máquinas, que trataban de racionalizar el uso de algunas máquinas pensantes. Sus
seguidores eran un arma que podía apuntar y disparar. Dejaría que la destrucción de los
astilleros de Thonaris fuera como una válvula de liberación de presión, y un acto
unificador.
La mente del hombre es sagrada.
Cuando los navíos llegaron al sistema estelar, se encontraron con la base de las
máquinas pensantes exactamente donde el Mentat había predicho. Pero Manford se quedó
asombrado al no encontrarse con un puesto de avanzada en silencio y congelado, sino un
bullicioso centro de actividad industrial, los complejos de fabricación llenos de líneas de
montaje automatizadas que fabricaban las placas del casco de metal y componentes
estructurales, arrojando penachos de calor y de escape. Varios muelles de construcción
enormes colgaban por encima de planetoides rotos, donde innumerables buques estaban
ahora incluso siendo construidos.
Sus compañeros observadores en el puente dejaron escapar un grito ahogado,
Gilbertus Albans entre ellos. Treinta buques patrulleros armados custodiaban las
instalaciones y Anari Idaho fue la primera en detectar el signo de la Flota Espacial
VenHold en sus cascos. Al menos otros quince buques de VenHold eran visibles en el
complejo. Aunque las naves Butleriana eran mucho más numerosas que el enemigo, los
buques patrulleros de VenHold se alinearon para hacer frente a la flota de Manford.
Una voz pomposa cruzó la línea de transmisión.
—Intrusos. Atención: esta instalación es propiedad y está siendo operada por Venport
Holdings. No son bienvenidos aquí.
Preocupado por la actitud confiada del hombre, Manford respondió:
—Esta instalación es un paraíso ilegal de tecnología de las máquinas pensantes.
Todas estas naves, fábricas, y materiales están prohibidos. Tenemos la intención de
destruirlos. —Se tocó el labio inferior, y añadió—: Les permitiré evacuar a su personal, o
no, como quieran. Es su elección.
Unos momentos después, el propio Director Venport apareció en la pantalla.
—¿Cómo te atreves a interferir con mis operaciones legítimas? No reconozco tu
autoridad. Estás invadiendo propiedad Venport.
Mientras tanto, Anari Idaho realizó una serie de exploraciones. Mientras Manford y
Venport continuaban mirándose el uno al otro a través de las pantallas, dijo:

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—Han reactivado catorce de las instalaciones de fabricación robóticas. Parece que las
máquinas están trabajando para él. Es probable que despierten al resto, si tienen la
oportunidad.
El líder Butleriano se sintió asqueado.
—Josef Venport, no sé si debo considerarlo terriblemente tonto o simplemente
malvado.
Venport endureció su expresión.
—Reúne a tus bárbaros y sal de inmediato, o presentaré una queja formal ante la Liga
del Landsraad y retener todos los servicios de transporte a cualquier planeta que no lo
denuncie. Exigiré también por las reparaciones: cada crédito, además de daños punitivos.
Más que suficientes como para quebrarlo y poner fin a sus tontas operaciones.
Anari miró como si quisiera ensartar la pantalla de comunicaciones con su espada,
pero Manford trató de permanecer exteriormente tranquilo.
—Mis naves han tenido sus instrucciones desde que partimos de Lampadas. Archive
cualquier queja que quiera, pero destruiremos estas instalaciones. —Apagó el
comunicador, y a continuación emitió órdenes a su primera línea de buques armados para
atacar a tres de las fábricas robóticas reactivadas.
Gilbertus Albans palideció.
—¿No debería darle tiempo para evacuar al personal?
—No destruiré su centro de administración o las naves de VenHold, pero esas son
instalaciones industriales robóticas. Si alguien quiere volver a despertar las operaciones
de las máquinas pensantes ya está condenado por Dios. Destruirremos el resto si él no se
rinde.
Cuando la flota Butleriana lanzó una descarga en los tres complejos de las máquinas
automatizadas, la destrucción fue bastante espectacular. Los tanques de combustible y
gases comprimidos explotaron; trozos de escombros voladores rebotaron en otras cúpulas
y destrozaron recipientes sellados.
El sistema de comunicaciones se iluminó una vez más, y Anari informó:
—Josef Venport desea hablar con usted otra vez.
—Ya me lo imaginaba. —Manford hizo gesto para aceptar la transmisión.
Venport lo miró apoplético.
—Eres un monstruo, ¿qué has hecho? ¡Había gente ahí! Y tengo gente en las otras
instalaciones también.
—Te ofrecí la oportunidad de evacuar. Ya has perdido. Tenemos más de doscientos
buques ¿Tienen intención de devolver el fuego con su puñado de naves de patrulla?
Responderé a cualquier acto de agresión destruyéndolos a ellos, también.
—Eres un hombre ignorante, Torondo —dijo Venport.
—Por el contrario, me considero inteligente y generoso, sobre todo ahora. Los que
optaron por trabajar en este complejo astillero fueron llevados por mal camino, pero
algunos todavía pueden salvarse. Como dije antes, permitiré que evacúe al personal.
¿Tres navíos serán suficientes para mantenerlos? Tiene una hora. Reúna a todos los que

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desea salvar, súbalos a bordo de los buques, y los recibiremos como prisioneros antes de
recomenzar la limpieza de este lugar. Sus propios crímenes, Director Venport, se
abordarán más adelante, después de la eliminación de esta plaga.

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¿Puede un cuchillo cortar más profundo que la consciencia de uno?


—VORIAN ATREIDES, diarios de Arrakis

Los Freemen se situaban en un círculo dentro de la cámara con paredes de roca; las
suertes de los hombres ya habían sido decididas. El Naib Sharnak fulminaba a la pareja,
pero, obviamente, trataba a Griffin Harkonnen como algo irrelevante, y colocaba la
mayor parte de la culpa a Vorian Atreides.
Y Vor la aceptó. No podía apartar de su memoria la expresión de Ishanti cuando llegó
a la inevitable conclusión de que no podría salvarla… y que no se rendiría. Se había
arrojado al gusano negándose a ser rescatada, por temor a que le costara a todos sus
vidas.
Sharnak negó con la cabeza.
—No sé qué valor Ishanti haya encontrado en su acto, pero estaba equivocada.
Ustedes le han quitado a una buena mujer su vida.
De pie junto a Vor, el joven Harkonnen parecía aplastado por lo que sucedido. Griffin
había seguido la búsqueda de un tonto, arrastrado por circunstancias que, obviamente, no
había entendido o no estaba preparado para enfrentar.
—Deberían haberme dejado morir ahí fuera —murmuró—. No pedí ser rescatado;
especialmente de parte de ti.
Vor no podía culpar al joven por tratar de escapar, a pesar de lo que el intento había
costado.
—No fue tu decisión —dijo—. Fue mía y de Ishanti.
—Dejar que murieras por ahí nos habría ahorrado un montón de problemas, y salvado
la vida de esa mujer —dijo el Naib.
Una vez solo en la aeronave en el desierto, Vor debería haber volado lejos y llevado a
Griffin a algún asentamiento lejano desde el que podría haber encontrado su camino de
regreso a Arrakis City. Pero las otras aeronaves Freemen los habían rodeado, y aunque
Vor podría haber tratado de escaparse, había regresado al campamento. Era una cuestión
de honor.
—Mi familia quería vengarse para comenzar nuevamente —dijo Griffin—, pero
lamento haberte perseguido alguna vez.
Con una expresión pellizcada, el líder de la tribu miró a los dos como si fueran niños
molestos.
—¡Ninguno de ustedes debería haber venido aquí! No pertenecen aquí. —Centró su
fulgor en Vor—. Nosotros no te conocíamos, Vorian Atreides, ni tampoco queremos
conocerte, y tus enemigos han causado un grave daño a nuestro pueblo. Y tú, Griffin
Harkonnen, has estado tan obsesionado con tu enemistad que no te fijaste donde pisabas
para alcanzar a este hombre.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Sharnak sacó un largo cuchillo lechoso de su cintura, y luego sacó una segunda daga
de uno de los hombres a su lado. Lanzó las dos hojas sobre el suelo cubierto de arena.
—¡Terminen con esto! Resuelvan su enemistad entre ustedes mismos. Ahora. No
queremos ser parte de ella, aunque tomaremos su agua después.
Vor sintió un vacío frío en el pecho.
—No quiero pelear con él. Esta disputa ha ido demasiado lejos ya.
El Naib fue inflexible.
—Entonces exigiré sus ejecuciones ahora mismo; ¿no intentarán ambos defenderse?
Sorprendido y sacudido, Griffin tomó el cuchillo. Miró la hoja, y luego a Vor.
—Mi hermana y yo tenemos invertida una vida de odio en este momento.
Vor no se movió para tomar el otro cuchillo. No tenía corazón para aquella pelea.
Sharnak miró a Vor con desdén.
—Ustedes los forasteros son tontos. ¿Tienes intención de dejar que simplemente te
mate mientras estás de pie?
—Envíenos al desierto —exigió Vor—, y haremos nuestro propio camino. Los
dejaremos en paz. —Permaneció tieso, con los brazos a los costados.
Disgustado y desdeñoso, el Naib espetó:
—Estás poniendo a prueba mi paciencia. No, he hablado. Mátenlos si no luchan. —
Los Freemen sacaron sus cuchillos y se acercaron más.
Vor, sin embargo, trató de negociar.
—Y al vencedor, ¿lo matarán de todas formas?
—Quizás sí, quizás no.
—Garantice la vida de quien gane. Prometa un camino seguro a la civilización. —Vor
entrecerró los ojos grises, y no se inmutó ante la tormenta de ira que cruzó por el rostro
de Sharnak—. O dejaré que me ataque; mejor él que los ladrones del desierto.
Los Freemen montaron en refunfuños, pero su líder dejó escapar una risa fría.
—Muy bien, por mi honor, le otorgaremos al ganador seguridad y estaremos
encantados de deshacernos de los dos.
Con gran renuencia, Vor se inclinó hacia el otro puñal y se enfrentó a Griffin. El
joven levantó la hoja de color blanco lechoso, moviendo el brazo de lado a lado para
comprobar el peso y la sensación del arma. Parecía dispuesto pero cauteloso.
—Tengo mi cinturón escudo —dijo Griffin—, y veo que tú tienes el tuyo.
¿Lucharemos como hombres civilizados?
—¿Civilizados? —dijo Vor—. ¿Crees que esto es civilizado?
El Naib Sharnak frunció el ceño.
—¿Escudos? No habrá escudos aquí; mano en mano, cuchillo contra cuchillo.
—Me lo imaginaba —dijo Griffin. Respiró hondo. Entonces, sorprendiendo a Vor,
lanzó una estocada hacia adelante. El golpe fue apenas un borrón de velocidad,
totalmente inesperado, y Vor regresó saltando, apenas esquivando la hoja afilada.
Alguien le había enseñado a aquel Harkonnen a luchar sorprendentemente bien.

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En respuesta, atacó con poco entusiasmo con su daga, y las reacciones de Griffin
fueron rápidas. El joven Harkonnen pasó el cuchillo a la otra mano y atacó de nuevo.
Alejándose, Vor sintió un tintineo cristalino cuando el filo le rozó el rostro.
Aquellas dagas Freemen no tenían empuñaduras reales, sin protección de la hoja. A
medida que los bordes se deslizaban a lo largo unos a otros, Vor tuvo que torcer su
muñeca para evitar un corte profundo a lo largo de los nudillos. Mientras que los
opositores colgaban aplomados, daga contra la daga, Vor extendió su mano izquierda y le
dio un fuerte empujón a Griffin en el pecho, por lo que el joven tropezó hacia atrás.
Entonces, cuando Griffin recuperó el equilibrio, Vor cortó una línea rápida por su bícep
izquierdo, extrayendo sangre, pero evitando una arteria.
—¿Te rindes? —Vor no quería matarlo.
El Harkonnen se estremeció, retrocedió unos pasos, y blandió su cuchillo para
protegerse.
—No puedo; en nombre de la Casa Harkonnen, debo luchar hasta la muerte.
Vor conocía muy bien la carga de honor de la familia. Aquella disputa de larga data
ya había agriado a los Harkonnen su contra por generaciones, y los matices de honor
añadían otras complejidades: si simplemente se rendía y dejaba que el joven triunfara,
dudaba si Griffin se sentiría reivindicado o satisfecho… y, sin embargo, los Freemen lo
llevarían a un lugar seguro.
Los Freemen lanzaban vítores e insultos por igual; Vor no creía que les importara que
hombre ganara, sólo querían ver derramar sangre por la muerte de Ishanti. El Naib
Sharnak observaba la competencia en sombrío silencio.
Vor volvió al ataque, empujando duramente. A lo largo de su vida, había adquirido
una gran experiencia en la lucha cuerpo a cuerpo, pero había vivido en paz y evitado el
combate personal por décadas. Estaba fuera de práctica. Sin embargo, se acercó al joven,
tratando de cortar de nuevo, pero no fatalmente.
Griffin, sin embargo, no tenía tales reservas, y luchaba con una habilidad inesperada y
precisa. Su técnica era diferente a todas las que Vor había enfrentado antes, y la duda en
los ojos de su adversario endurecía su confianza, como si oyera una voz alentadora en la
cabeza.
—¿Te he dicho que fui a Kepler? ¿A tu planeta? —dijo Griffin, sin dejar siquiera de
respirar—. Hablé con tu familia.
De pronto, Vor sintió frío. Levantó su cuchillo justo a tiempo para defenderse de un
ataque.
—Tu esposa, Mariella. Una anciana. —Las palabras de Griffin fueron rápidas—.
¿Sabes que está muerta?
Eligió el instante del shock con precisión, y su daga pasó a través de las defensas de
Vor y golpeó su pecho justo debajo del hombro: de ninguna manera una herida mortal,
pero muy dolorosa. ¡Mariella! Vor se sintió fuera de la lucha, sin embargo, el instinto de
supervivencia le mantuvo. Se apartó cuando Griffin saltó encima de él y levantó la mano

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

para bloquear otro corte, y luego, Vor lo empujó, golpeando a Griffin en el muslo. Los
dos hombres rodaron.
Sangrando por la herida en su hombro, Vor apenas podía mover el brazo derecho.
Estaba lleno de rabia.
En el suelo con Vor, Griffin lanzó otro golpe, una puñalada energética que Vor
bloqueó con su arma, pero su agarre fue demasiado débil, y la daga cayó de sus dedos. En
una última defensa, Vor alcanzó con su mano izquierda y agarró la muñeca de su
oponente para mantener la hoja apartada y lejos de él.
—¿Qué hiciste con ella?
Griffin clavó dos dedos rígidos en el profundo corte en el hombro de Vor. La
explosión de dolor hizo que Vor se mareara, y un momento después Griffin tenía la hoja
de color blanco lechoso presionado contra su garganta.
El joven finalmente respondió con un dejo de tristeza en su voz.
—Yo no la dañé. Llegué a Kepler durante su funeral. —Apretó el cuchillo más
cerca—. Nunca quise hacerle daño a tu familia, como lo hiciste tú con la mía. Sólo
quería… quería que supieras que todos los Harkonnen no merecen la desgracia que has
arrojado sobre nosotros.
Vor no rogaría por su vida. Se quedó quieto, sintiendo la hoja afilada contra su cuello,
esperando el corte profundo y definitivo. Sus muchos años, sus largas relaciones con
Xavier y Abulurd Harkonnen, y todas las generaciones siguientes, habían llevado a esto.
Dejó que sus palabras salieran en un susurro.
—¿Y tomando mi vida restaurarás el honor de tu familia?
Griffin se agachó sobre él, con los hombros encorvados. La hoja tembló contra la
arteria carótida de Vor. Las lágrimas brotaron de los ojos del joven, y su expresión pasó
de la ira a la incertidumbre y la consternación.
Finalmente, levantó la daga, se puso de pie con una mirada de disgusto, y lanzó el
cuchillo a un lado.
—Elijo no matarte, Atreides, como una cuestión de honor. Eres responsable de lo que
le hiciste a la Casa Harkonnen, pero yo soy responsable de mí mismo. —Con el pie
izquierdo, pateó los dos cuchillos bien lejos y se enfrentó al Naib y a los Freemen que
murmuraban—. La pelea ha terminado.
—Eres débil —dijo Sharnak—. Cruzaste la galaxia en busca de venganza, ¿y ahora
eres demasiado cobarde para matar a tu enemigo mortal?
Griffin frunció el ceño.
—No tengo que explicarle mi decisión a usted.
Vor se puso en pie. Su hombro sangrante le latía, pero bloqueó el dolor. Los
habitantes del desierto los miraron y se acercaron.
Sharnak apretó el puño.
—Griffin Harkonnen, robaste el agua de la tribu, y el crimen justifica tu muerte.
Vorian Atreides, eres su cómplice. La venganza de sangre puede ser mayor entre ustedes,

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pero la deuda de agua a mi pueblo debe ser pagada. Tomaremos el agua de sus cuerpos, y
es posible que el universo se olvide de los dos.
—Espere. —Vor rebuscó en los bolsillos de su apretado traje de desierto, con la mano
izquierda. La sangre había empapado su traje, pero la capacidad de absorción de agua de
la tela podría reclamarla, si vivía tanto tiempo. Sus dedos encontraron el paquete que
buscaba, y lo sacó. Tiró la bolsa pequeña en el suelo donde la arena todavía mostraba
patrones de su pelea—. Valoras al agua sobre la gente. Creo que lloraré a Ishanti más que
usted.
El Naib miró a la bolsa como si estuviera llena de escorpiones.
—¿Qué es esto?
—Si nuestro crimen es el robo de agua, lo pagaré con vales de agua cuando trabajaba
en el equipo de especia, todo lo que gané. Lo canjearás en Arrakis City por cinco veces el
agua que Griffin se robó.
Los Freemen miraron el paquete. Muchos en la tribu eran parias que nunca habían
salido de las grandes cuencas de arena, pero otros habían ido a la ciudad, y sabían cómo
gastar los créditos. El Naib parecía incierto sobre la oferta.
Vor presionó:
—¿Nos mataría de todos modos y acabaría por tomar mis créditos? ¿Su pueblo no
tiene honor, o simplemente son ladrones, después de todo?
Los Freemen no estaban satisfechos.
—Nos debe más que agua —señaló un guerrero.
—Tomen su agua —dijo otro.
Pero el Naib irguió.
—No somos ladrones, ni asesinos. No hay un número de vales de agua que nos pueda
pagar por el sufrimiento que han traído, pero Ishanti había encontrado algo de valor en
sus vidas. No tendré a su espíritu enojado con nosotros, así que haré esto por ella, no por
ustedes. —Sus cejas se juntaron, y luego se inclinó para agarrar los vales de agua del
suelo—. Pero tienen que abandonar el sietch e irse muy lejos.
Sharnak miró a los hombres del desierto, a la espera de que impugnaran su decisión,
pero él era su Naib. Respetaban sus palabras, y nadie hablaba contra él.
—Que así sea —dijo el líder de la tribu—. Uno de mi pueblo los llevará en la
aeronave de Ishanti. Sabemos de una estación meteorológica de monitoreo a muchos
kilómetros de aquí. Los dejarán solos. Utilicen la comunicación en ese lugar para enviar
un mensaje. Pero ni se les ocurra volver aquí.
En una demostración formal y fría de su censura, el Naib Sharnak les dio la espalda y
se negó a volver a mirar a Vorian o a Griffin, un acto inquietantemente similar a como
Vor había dado la espalda a Abulurd Harkonnen después de su condena por cobardía.
—No queremos nada más de ustedes, tampoco.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Las computadoras son seductoras, y darán uso de todas sus artimañas para hacernos caer.
—MANFORD TORONDO, el único camino

Para Raquella, todo aquello era objeto de pesadillas.


Ella, Valya, y una docena de observadoras hechiceras se paraban en lo alto del
acantilado, mirando a un cielo lleno de naves de guerra Imperiales de cascos dorados que
emergían como langostas de un gigantesco plegador espacial en órbita. Era media tarde, y
más allá de la fuerza de asalto el cielo estaba despejado y azul, engañosamente tranquilo,
con los lejanos volcanes dormidos.
Tan pronto como reconoció la insignia león de los Corrino, se dio cuenta de que no
era un ataque indisciplinado de una mezcolanza de fanáticos, pero eso no disminuyó su
preocupación. Anteriormente, podría haber asumido que una respuesta oficial Imperial
sería más razonable, más disciplinada, pero después de la tragedia de Anna, el Emperador
tenía todas las razones para ser iracundo.
Raquella sabía que su propia vida y la propia existencia de la Hermandad estaban en
juego.
—Por lo menos no trajo a los Butlerianos con él —dijo, mirando a Valya, que
permanecía pálida y tensa a su lado. Nave tras nave se posaron en el dosel plateado
púrpura que había sido designado como un área de aterrizaje—. Tal vez eso sea una
pequeña luz de esperanza.
En la ciudad cavernosa bajo el punto de vista alto, vio a Hermanas corriendo
alrededor en confusión. Oyó sus voces agitadas, sus gritos de alarma, incluso las
integrantes de la facción de Dorotea tenían buenas razones para estar preocupadas. Se
dieron cuenta de que podrían haber desencadenado un dragón.
A pesar de su formación y su foco en las capacidades mentales, a pesar de su
meditación y control muscular, las Hermanas no eran un ejército. Incluso el puñado de
descendientes de las hechiceras podían hacer poco para librar batallas con sus poderes
psíquicos.
El Emperador Salvador Corrino, por otro lado, había traído una fuerza militar con
todas sus armas.
Resistirse sólo serviría para antagonizarse y llovería la destrucción sobre la
Hermandad. No, no tenían que luchar, decidió Raquella. Aceptaría la culpa y morir por lo
que le había sucedido con Anna Corrino, si conservaban la Hermandad. Gracias al buen
trabajo de la Hermana Valya, ninguno de los investigadores Imperiales encontraría
pruebas de los equipos ilegales. Cualquier otra acusación que Dorotea había hecho caería
en redondo.
Mientras los soldados Imperiales uniformados desembarcaron de la nave de
transporte militar en las copas de los árboles, a la Reverenda Madre le llamó la atención
lo muy jóvenes que eran los hombres, incluso los oficiales que los seguían. El aire era un

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zumbido de maquinarias y terrible eficiencia, y violencia inminente. Pequeñas cañoneras


suspensoras caían a lo largo del escarpado acantilado, flotando en el lugar con armas
dirigidas hacia las entradas de las cuevas. Un bombardeo provocaría un descenso de las
rocas en los senderos, sellando los túneles, y matando a todas las Hermanas. Pero hasta
ahora no se habían efectuado disparos.
Karee Marques reunió a una docena de intimidantes hechiceras alrededor de
Raquella. Hacía mucho tiempo, sus legendarios poderes psíquicos habían inspirado temor
y miedo, pero aquello era poco más que un recuerdo borroso ahora.
—Ayudaremos a defender la Hermandad, Reverenda Madre —dijo Karee—. El
Emperador nunca intentaría una invasión tan audaz si tuviéramos más hechiceras.
—No hay nada que puedas hacer, Karee. Nos matarán si tratamos de hacer batalla. —
Comenzó a caminar a paso ligero—. Tenemos que encontrar la manera de satisfacerles.
Una enorme nave adornada flotó hacia la zona de aterrizaje ya repleta de gente, y
Raquella vio oficiales militares corriendo sobre sus funciones. En las copas de los árboles
polimerizados, los soldados se apresuraron a formar un cordón, preparándose para la
llegada de la nave insignia Imperial. Una rampa con pasamanos fue disparada desde el
costado del buque, y soldados uniformados caminaron a través de la rampa, con las armas
brillando y sus cargas listas. Tropas de élite… la guardia personal del Emperador.
Dos oficiales mayores les siguieron, y luego el mismísimo Emperador Salvador
Corrino emergió con su hermano, Roderick, y la imperiosa, caminando dos pasos tras
ellos, Hermana Dorotea.
Valya dejó en claro su disgusto.
—Como pensaba, Dorotea nos traicionó.
—Hizo algo, eso es seguro. Hablaré con ellos directamente.
Valya sacó coraje desde su interior, y se enderezó la espalda.
—Si el Emperador está aquí para exigir venganza por lo que le sucedió a Anna,
déjame acompañarla.
—Yo soy la Reverenda Madre. La responsabilidad es mía. —La sonrisa de Raquella
cargaba un poco de tranquilidad—. Pero, sí, quiero que vengas. Tal vez podamos salvar
esta situación, mostrarles lo que quieren ver. —Se volvió hacia la vieja hechicera—.
Karee, junta a las Hermanas Mentats y has que nos esperen en las cuevas con los
registros de reproducción. Permitiremos que el Emperador busque en cualquier lugar que
guste, y espero que podamos convencerlo de que la Hermandad utiliza sólo computadoras
humanas.
Karee Marques se alejó de prisa mientras Raquella y Valya descendían al camino.
En frente de la insignia Imperial, los asistentes ocuparon la creación de un pequeño
pabellón y una silla firme para el Emperador, de donde podía observar las operaciones.
Salvador vestía un uniforme militar completo con un arma chandler. Un derroche de
medallas, cintas y diseños de leones de oro a través del pecho hacían que su chaqueta roja
se viera más como un disfraz que como el uniforme de un verdadero comandante.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Cuando vio aproximarse a la Reverenda Madre, su voz resonó, amplificada a través de


sistemas de altavoces de las naves aterrizadas:
—El planeta Rossak está actualmente en cuarentena, en espera de una investigación
sobre las denuncias de crímenes atroces contra la humanidad.
Con su cabeza en alto, Raquella caminó por la extensión pavimentada de las copas de
los árboles, donde las naves habían desembarcado; su comitiva le siguió de cerca, pero no
se volvió hacia ellos.
—Su poder militar es impresionante, Sire, y estas Hermanas reconocen su autoridad.
—Se acercó más, sin mostrar miedo, y Salvador se apresuró a situarse en su trono
temporal. Roderick y Dorotea tomaron posiciones a ambos lados.
—Represento a esta escuela —continuó Raquella—, y hablo por estas mujeres. Envié
a nuestra Reverenda Madre Dorotea para devolver a su hermana, Anna, junto con mis
más sinceras disculpas por el daño que sufrió. —Hizo un gesto a las tropas militares que
estaban de pie en posiciones firmes alrededor del Emperador—. Obviamente, fue
insuficiente. ¿Qué más se me necesita para expiar ese terrible accidente?
Salvador se removió en su trono.
—No es por eso en absoluto por lo que hemos llegado. —Miró a Roderick con
irritación, luego levantó la barbilla y se aclaró la garganta—. Además de la tragedia que
afectó a nuestra querida hermana, hemos recibido informes de sus usos escolares de
máquinas proscritas para administrar sus extensos registros de reproducción de crías. —
Aspiró una bocanada silbando por la estrecha nariz—. También soy consciente de que
han realizado proyecciones sobre a qué familias e individuos les dan la posibilidad de
reproducirse, y yo no pasé la prueba.
Ahora Raquella sintió que sus venas se rellenaban con agua helada. No esperaba
aquello. Como Reverenda Madre, Dorotea tenía acceso a las Otras Memorias, y a través
de ellas podía haber aprendido acerca de las computadoras, pero no pudo haber sabido
acerca de la falla proyectada en la genética de Salvador. Las Hermanas Mentats no se lo
habrían dicho, por lo que sólo la Dra. Zhoma podría haber hecho esa revelación en
particular. O bien la médica Suk había traicionado a Raquella directamente, o había sido
capturada y torturada. El susurro de las otras voces de las memorias de repente se hizo
tan fuerte y alarmado que Raquella apenas pudo pensar.
Salvador bajó la voz a un gruñido, de modo que sólo Raquella y las Hermanas
cercanas pudieron oír.
—Sus registros de reproducción están fatalmente viciados si dicen que el Emperador
no puede permitirse un heredero. —Sus fosas nasales se dilataron, pareciendo
avergonzado de añadir aquella acusación a la lista de crímenes de la Hermandad, que no
quería llamar la atención sobre la idea de que su propia genética era defectuosa.
Raquella eligió ser audaz.
—¿La Hermana Dorotea dice estas cosas? —Sacudió la cabeza, fingiendo tristeza—.
Es de esperar. Recientemente ha tomado no más que veneno, una terrible experiencia casi
mortal, como parte de la transformación para convertirse en una Reverenda Madre.

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Delirios y daños psicológicos suelen ser consecuencia de una dosis masiva de


medicamentos que alteran la mente. Ustedes vieron los efectos secundarios
desafortunados que su querida hermana, Anna, sufrió como consecuencia de una
sobredosis similar. —Vio la ira en aumento en el rostro de Dorotea, pero siguió mirando
desapasionadamente al Emperador—. ¿Mi nieta también reveló que ella misma
permaneció en coma durante varios días antes de emerger, con vida, pero cambiada?
—¿Nieta? —El Emperador dirigió una mirada acusadora a Dorotea, y luego a
Raquella—. ¿Está diciendo que todo esto podría haber sido una alucinación? Si esta
mujer era inestable, ¿por qué la enviaron a la Corte Imperial?
Raquella continuó:
—La situación desesperada con Anna requirió una respuesta inmediata, y elegimos a
Dorotea, mi nieta, como nuestro representante a causa de su servicio pasado al Trono
Imperial. Creí que se había recuperado, pero ahora me temo que ha comenzado a sufrir
delirios.
La voz de Dorotea tuvo un borde afilado.
—La Reverenda Madre puede poner en duda todos lo que le desee, Sire. Pero la
Hermandad tiene una cámara llena de computadoras, esa es toda la prueba que
necesitamos.
—«De todas formas, los humanos son superiores a las máquinas»—dijo Raquella,
casi una entonación.
—No cite a la Biblia Católica Naranja por mí —estalló Salvador—. Acabo de lanzar
una nueva edición bajo mi propio nombre.
Ella respondió con más cuidado.
—Durante la Yihad, trabajé con Mohandas Suk para ayudar a las víctimas de la plaga
de las máquinas, por lo que he visto de primera mano los males de máquinas pensantes.
Vi a poblaciones enteras morir a causa de ellas, así que nunca lo intentaría recrear aquí.
Roderick Corrino dio un paso adelante cuando fue obvio que el Emperador no sabía
qué decir.
—Tenemos suficientes problemas como para justificar la búsqueda de Rossak y una
purga si es necesaria.
—Hay computadoras aquí —insistió Dorotea.
—¿Y dónde exactamente están estos equipos, nieta? —El suave cuestionamiento de
Raquella dejó en claro que se compadecía de la otra mujer—. ¿Los has visto, además de
en un sueño?
—Los he visto en mis Memorias. Las voces me hablaron de ellos, tus memorias me lo
dijeron.
Con un guiño de complicidad, Raquella habló al Emperador.
—Ya veo. Tiene voces en su cabeza. —Era todo lo que necesitaba decir.
—Muéstrame dónde guardan estos registros de reproducción, en cualquier forma —
exigió Salvador, levantando su trono—. Quiero ver los que se refieren a mi línea familiar,
y mi descendencia.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Con una sonrisa, Raquella dijo:


—Deje que le lleve a nuestros archivos en las cuevas restringidas.
Todo estaba preparado. Tablas de cría y árboles genealógicos laberínticos se
mantuvieron en forma manuscrita ineficiente pero resistente. Los archivos de ninguna
manera estaban completos, pero serían entregados al Emperador. Las Hermanas Mentats
habían reunido los volúmenes apropiados.
Mientras encabezaba la marcha por el sendero, la mente de Raquella corrió. ¿Qué
sabía el Emperador? ¿Había interrogado a la Dra. Zhoma? ¿Había conseguido ya la
doctora Suk suministrar un fármaco de esterilización química en su comida, o había
fracasado por completo?
—Como usted bien sabe, señor, la compilación de una amplia base de datos de
información genética ha sido un proyecto de vital importancia durante siglos en Rossak.
Tenemos información sobre los Butler y los Corrino, así como todas las familias
importantes. Las hechiceras, y mis Hermanas, nunca han hecho ningún secreto de esto.
Mientras que la amplia presencia militar se mantuvo en su posición, lideró al
Emperador y a su séquito hasta el sendero del acantilado restringido a las cuevas
superiores. Una vez dentro, Raquella les mostró la antigua cámara de las computadoras,
que ahora sólo contenía mesas, escritorios y estanterías llenas de copias encuadernadas de
registros de reproducción. Siete Hermanas Mentats vestidas de negro se sentaban en las
mesas absorbiendo información, a cargo de la hechicera-Mentat Karee Marques.
Karee sacó uno de los volúmenes de un estante, y se lo mostró al Emperador
Salvador.
—Señor, tenemos ocho Hermanas Mentats cuyas asignaciones a tiempo completo son
ingresar siglos de información a sus memorias, añadiéndose a lo que ya sabemos. Una
vez que tenemos los datos suficientes, podemos comenzar a realizar análisis y
proyecciones. Estas mujeres son equipos humanos, formadas en Lampadas en una
escuela apoyada por los Butlerianos.
Furiosa, Dorotea corrió los volúmenes a un lado, abrió varios de ellos, y los esparció
por el suelo. Su voz se hizo estridente.
—¡Las máquinas pensantes estaban aquí! ¡Bases de datos de ordenadores llenos de
siglos de información, elaborando proyecciones de linaje de generación en generación!
Roderick y el Emperador miraron otros volúmenes, al igual que algunos de los
impresionados oficiales militares. Con el rostro ruborizado, Salvador miró a Dorotea, que
parecía desesperada. Apartándose del grupo, salió corriendo de una cámara a otra,
buscando, pero no encontró nada. Por último, se puso de pie en una puerta, con una
expresión confusa y enojada en su rostro.
—¡Sire, deben haber escondido las computadoras en alguna parte!
Raquella respondió en su tono más razonable:
—Le invitamos a buscar en toda la ciudad acantilado, Sire. Sólo recuerde que las
«máquinas pensantes» de la Hermandad son nuestros ordenadores humanos. Con
Mentats, no necesitamos ninguna tecnología prohibida.

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Valya habló en tono nervioso, pero Raquella supo que el temblor en su voz fue un
acto de cuidado.
—Perdón, Alteza, pero es posible que la Hermana Dorotea sienta culpa por lo que
pasó a su pobre hermana. Dorotea trabaja en los laboratorios de investigación
farmacéutica de la Hermandad, y ella es la que formuló la dosis de veneno que Anna
consumió.
Los ojos de Dorotea se abrieron al oír aquello.
—Te di la cápsula a ti, Valya, no a Anna Corrino.
—Estás equivocada. Todavía tengo la dosis que me diste. —Como prueba, retiró una
pequeña píldora oscura de un bolsillo de la bata.
La vieja Karee Marques dio a Dorotea una mirada condenatoria, y entonces enfrentó
al Emperador.
—La Hermana Valya tiene razón, señor. Dorotea me ayuda en el laboratorio
farmacéutico. Los medicamentos están destinados a ser administrados sólo bajo las
circunstancias más cuidadosamente controladas, pero por error permitió que una dosis
muy peligrosa quedara en los laboratorios, sin ser monitoreada. Contra todas las
advertencias, su pobre hermana tomó el veneno.
Dorotea escupió en señal de protesta, pero Salvador claramente crecía en enojo e
impaciencia con ella.
—Hemos escuchado lo suficiente de ti por hoy. Veo que esta investigación tendrá que
ir mucho más lejos de lo que esperaba.
A pesar de que Raquella había hecho quedar a Dorotea en ridículo, no se sentía
segura. El Emperador no tenía pruebas, pero tenía sospechas. Manteniendo la
compostura, lo miró a los ojos y dijo:
—Usted tendrá toda nuestra colaboración, Sire.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Un oponente digno es más satisfactorio que cualquier recompensa financiera.


—GILBERTUS ALBANS, manual táctico, Escuela Mentat en Lampadas

Las explosiones que destrozaron tres de las fábricas automatizadas de Thonaris


eliminaron cualquier duda de la mente de Josef Venport. Ni siquiera él había esperado
que los bárbaros fueran tan sanguinarios… ignorantes sí, pero no tan viciosos.
—Maldito seas tú y tu estúpido miedo a lo que no comprendes —susurró. Todo lo
que Josef podía hacer era contener sus gritos en su interior. Deseó que Cioba estuviera
allí con él, pero al mismo tiempo se sentía aliviado de que estuviera a salvo en Kolhar.
No hacía mucho tiempo, cuando el científico Tolomeo había llegado a Kolhar
describiendo el ataque del asesino Manford en su laboratorio, Josef supuso que había
exagerado la magnitud de la violencia; ahora veía por sí mismo que los Butlerianos eran
perros rabiosos sin cadenas. Aún no se habían concentrado en el centro de
administración, pero Josef no esperaba ninguna simpatía por parte de la maravilla sin
piernas.
Se volvió hacia el Mentat a su lado.
—Mató a decenas de mi gente que estaban operando en las máquinas, destruyó esas
instalaciones. No se detendrá, ya lo sabes.
Observando la destrucción, los ojos de Draigo Roget se movieron hacia atrás y
adelante mientras varios pensamientos se arremolinaron en su mente.
—Ese acto precipitado fue diseñado para obligar a que renunciemos. Su fuerza militar
es muy superior a la nuestra.
En el comunicador, la voz de Manford raspó como cerdas de alambre cuando entregó
su ultimátum.
—Destruiremos las fábricas robotizadas restantes si no se rinde en cinco minutos.
Venport permaneció en silencio un rato largo, y luego se volvió para enfrentarse a
Draigo.
—¡Dame una alternativa, Mentat! Juro que no entregaré estos astilleros sin luchar.
Utiliza todo tu conocimiento táctico. Usa todo lo que tenemos disponible, y encuéntrame
una manera de derrotar a Manford Torondo.
—Eso será difícil, señor. Tendremos suerte si acaso salimos de aquí con vida.
Josef respiró, exhaló, y se quedó mirando fijamente el complejo Thonaris y la flota de
bárbaros que se avecinaba.
—Entonces, al menos encuéntrame una manera de hacerles daño.

***
Gilbertus ya había aprendido de memoria las posiciones de los diversos planetoides, las
principales instalaciones, las treinta naves armadas de patrulla de VenHold, los quince

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navíos de VenHold no categorizados en el complejo, y el grupo de buques en


construcción. Utilizando las técnicas que Erasmo le había enseñado hacía mucho tiempo,
se armó una imagen tridimensional mental de todo el complejo y luego se metió en ella,
tratando de encontrar defectos, imaginar alguna manera de que un opositor desesperado,
posiblemente suicida, pudiera usar esas piezas del juego para defenderse de la
abrumadora fuerza Butleriana. No esperaba que Josef Venport aceptara la derrota con
facilidad.
En la Escuela Mentat, Gilbertus había jugado muchos juegos tácticos como este con
su mejor alumno Draigo, aquellos experimentos pensados y sesiones de práctica que eran
muy parecidos a los juegos que él y Erasmo habían jugado en Corrin. Ahora que Manford
Torondo le había obligado a acompañar a la flota Butleriana, el ejercicio parecía mucho
más real para él. La experiencia de primera mano le daba los datos que no había poseído
previamente. La destrucción de aquellas fábricas automatizadas y los puertos espaciales
con sus naves a medio montar no eran lo mismo que acumular puntos en un marcador de
puntuación académico.
Aunque nunca podría decir esas cosas en voz alta, sobre todo en la presencia de los
Butlerianos, recordó con cariño la fría eficiencia de las fábricas robotizadas, la
previsibilidad de una salida continua. En lo que se refería a Gilbertus, su tiempo con
Erasmo había sido tranquilo y reconfortante, muy diferente a las salvajes emociones
mostradas por los volátiles Butlerianos. Trabajadores humanos reales acababan de morir
en esas explosiones. Todo era muy inquietante. Manford ni siquiera se había molestado
en investigar lo que tenía la intención de destruir.
A medida que el tiempo que Manford había prometido para destruir el resto de las
fábricas automatizadas se agotaba, un Josef Venport enfurecido transmitió su concesión,
pero Manford permaneció escéptico. Echó un vistazo a Gilbertus.
—¿Cuál es su evaluación, Mentat? ¿Está tratando de engañarnos, o es que realmente
está derrotado?
—No puedo leer su mente, pero en mi opinión basada en sus instalaciones, naves y
capacidades defensivas, el Director Venport tiene pocas maneras posibles de ganar este
asalto. Es un hombre inteligente y tengo que asumir que llegará a la misma conclusión,
por lo que creo que su entrega es sincera y legítima.
A menos que sea irracional. O posea información que no tenemos.
Pero Gilbertus no mencionó eso. Manford Torondo ya entendía sobre el
comportamiento irracional más de lo que cualquier Mentat jamás podría.

***
En muy poco tiempo, bajo las órdenes de Josef, Draigo logró inventar un plan
imaginativo que se aprovechaba de todos los posibles desechos de materiales que los
astilleros de Thonaris tenían que ofrecer. Josef había estudiado el plan y lo aprobó de
inmediato.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Bueno. Si todo será destruido de todos modos, prefiero perderlo mientras luchamos
contra los matones, que rendirnos y verlo desmontado todo. —Respiró hondo, cepillando
su bigote—. Quiero que anuncies una evacuación total por el canal abierto. Asegúrate de
que suene convincente. Prepara a continuación las tres naves.
Mientras tanto, sus instrucciones reales se codificaron y enviaron a través de un canal
de emergencia privado a todos los empleados leales a la Flota Espacial de VenHold. A
pesar de que despreciaba al tirano Butleriano, abrió una línea de comunicación
nuevamente.
—¡Muy bien, carnicero! Estoy reuniendo el resto de mi personal para la evacuación
inmediata. Estas son buenas personas. ¿Me das tu palabra de que no se verán
perjudicados?
Manford respondió con una mirada tan inhumana como cualquier expresión que Josef
hubiera visto en el rostro de un Navegante mutado.
—Si han cometido crímenes contra el alma humana, se enfrentarán a las represalias
de otro juez más terrible que yo mismo.
Josef levantó los ojos antes de recordar mantener su actitud derrotada.
—Esa no fue mi pregunta. ¿Van a estar salvo? —En la pantalla, no podía decir en
cuál de los muchos buques de guerra estaba a bordo Manford.
—A salvo de nosotros, sí. Pero este complejo será destruido. Envíe sus tres naves de
evacuación por encima, y mi pueblo completará nuestro trabajo aquí y sin derramamiento
de sangre innecesario.
Josef mantuvo el rostro inexpresivo. Tenía la intención de causar un derramamiento
de sangre muy necesario. Cortó la comunicación para que su gente pudiera seguir
trabajando en intimidad.
Las tres grandes naves de evacuación fueron lanzadas quince minutos antes de lo
previsto y pesadamente hacia la flota Butleriana.

***
Los navíos de evacuación eran grandes, probablemente robóticos reformados como un
insulto intencional de Josef Venport. Gilbertus reconoció el diseño y supo cuántos
pasajeros podían tener, aunque no reveló su fuente de información.
—Estoy sorprendido que el Director Venport los haya cargado con tanta rapidez, ya
que el personal está esparcido a través de los astilleros —dijo Gilbertus, aunque tenía
miedo que Manford interpretara su tono como admiración—. Tiene una operación muy
eficiente.
El líder Butleriano sonrió.
—Sus trabajadores deben estar aterrorizados. El miedo a la muerte hace que un
hombre se mueva rápidamente.
Gilbertus frunció el ceño mientras seguía estudiando los buques, haciendo cálculos en
su mente.

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Brian Herbert
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—No… no creo que esa sea la explicación. —Su sentido de la inquietud creció—. Por
favor, pregúntele al Director Venport cuál es el número total del personal evacuado.
Manford estaba desconcertado, pero distraído.
—¿Qué importa? Los mantendremos como prisioneros a bordo de sus propios
buques. Podemos solucionar el problema más tarde.
—Necesito saber el número. Es importante.
Con un encogimiento de hombros, Manford hizo un gesto hacia Anari Idaho, quien
abrió el canal de comunicación nuevamente. Después de unos momentos, un nervioso
Josef Venport apareció en la pantalla.
—¿Qué quieres ahora? Los tres navíos ya están en camino.
—Mi Mentat quiere saber exactamente a cuánto personal están evacuando.
—¿Por qué? Las naves ya están en camino. Cuenten cabezas cuando lleguen allí.
Contienen todos los que aún no han matado.
—Es muy insistente.
Gilbertus apareció a la vista junto Manford.
—¿Por qué a evita la respuesta, Director Venport?
El hombre murmuró algo despectivo sobre los Mentats y luego dijo:
—Seis mil doscientos ochenta y tres, pero puede no ser exacto. No sé exactamente
cuántos has asesinado cuando volaste esas tres fábricas. —Y terminó abruptamente la
transmisión.
Los cálculos se agolpaban en la mente de Gilbertus. Preocupado, se volvió hacia
Manford.
—No puede ser correcto. No ha tenido tiempo suficiente para mover a tanta gente.
Algo no está bien aquí.

***
A través del ventanal administrador de los astilleros de Thonaris, que él, de hecho, no
había evacuado, a pesar de su transmisión, Josef observó a los tres grandes navíos llegar
en medio de la flota bárbara. Los grandes buques habían sido construidos por las
máquinas pensantes, diseñados para la guerra para ser operados por robots. Los sistemas
automatizados no requerían de personal, sólo de un curso.
Muchos de sus trabajadores aterrados habían exigido un lugar a bordo de las naves de
evacuación, y cuando oyó sus quejas y gimoteos, Josef estuvo casi decidido a dejarlos ir a
bordo. Pero se mantuvo firme y envió las naves de evacuación. Vacías.
—El medio Manford piensa que todos nosotros creemos fundamentalmente en lo
mismo que él hace; ese es su punto ciego. Es hora que despierte a la realidad.
Draigo permaneció en silencio mientras observaba a los tres buques alejarse. Su voz
fue muy débil.
—Mi confianza se ve disminuida, señor, ahora que sé que Gilbertus Albans es uno de
nuestros rivales.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Josef le lanzó una mirada impaciente.


—Tu maestro ni siquiera sabe que estás aquí.
—Esa puede ser la única ventaja que tenemos. Los otros componentes del plan son
listos. Después de unos momentos puedo hacer una proyección más precisa y ofrecer
asesoramiento adicional, tan pronto como sea…
En ese momento, los buques de evacuación falsos explotaron entre los acorazados
Butlerianos y Josef dejó escapar un silbido agudo. La secuencia de autodestrucción
cuidadosamente sincronizada había sido impresionante. Atestando ya contra muchos de
los enemigos que podía llegar a alcanzar, las naves robóticas florecieron en metralla,
gases incandescentes, y nubes de vapor de combustible. La onda expansiva destrozó
nueve de las naves de Manford, mientras trozos de metal fundido del casco dañaban por
lo menos a seis más.
—Ojalá supiéramos cuál es el buque insignia de Manford, pero este es, sin duda, un
buen comienzo. —Josef sonrió—. Comiencen el resto de la operación, antes de que
tengan tiempo de reaccionar.

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Brian Herbert
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No siempre elegimos a nuestros enemigos o aliados. A veces, el destino interviene y toma decisiones por
nosotros.
—GRIFFIN HARKONNEN, carta hacia Lankiveil

El piloto del desierto los alejó del sietch, apenas diciendo palabra alguna. Vorian se sentía
mentalmente exhausto y triste. A pesar de que era un hombre que no se daba por vencido
generalmente, veía ahora muy pocas razones para ser optimista. Uno de los Freemen
había vendado su herida en el hombro, pero había hecho un pobre trabajo, como si no
esperara que Vor viviera mucho tiempo como para poder curarse. El brazo herido de
Griffin también había sido vendado.
Cuando el piloto los dejó a ambos en la estación de monitoreo climático, les dio un
litrojon de agua.
—El Naib Sharnak dice que han sobrepagado por esta cantidad. —Se alzó vuelo con
la aeronave, dejándolos atrás.
Solos en el desierto, permaneciendo ante la estación automática de monitoreo
climático, los dos hombres tendrían que enfrentarse entre ellos con el silencio y las
perspectivas diferentes que poseían en sus memorias.
La estación de monitoreo climático había sido instalada en un pequeño bastión de
rocas que se hallaba en el medio de una cuenca vacía, con sólo unas pocas islas de rocas
dispersas que salpicaban en las dunas ondulantes hasta donde la vista llegaba.
Vor abrió el refugio de la estación, su mente centrada en la supervivencia. Griffin
augardaba cerca de él, con impaciencia en su rostro.
—Tal vez haya algunos suministros de agua de emergencia, también.
—No hay agua. No aquí.
Encontraron un alijo de duras tortas de racionamiento, que los mantendría vivos,
siempre que pudieran contar con un rescate en los próximos días. Vor reconfiguró el
equipo con el fin de enviar una señal de ráfaga de amplio espectro, pero la estación de
energía solar estaba lejos en el desierto, por diseño. Dependiendo de la cantidad de
electricidad estática, el polvo y la arena que se acumulaba, y las tormentas en sus
distintos grados, las transmisiones eran a menudo degradadas a la incomprensibilidad.
Griffin insistió en enviar señales repetidas, transmitiendo a cada hora. En seguida
salió del equipo de la estación, limpiándose las manos.
—Envié una señal de nuevo, así que alguien estará obligado a venir pronto.
—Si es que alguien está escuchando. ¿Quién puede adivinar con qué frecuencia se
monitorean estos puestos?
—Alguien tiene que estar escuchando.
Vor no discutió. Había estado en Arrakis más tiempo que el joven Harkonnen y había
visto más de los rigores y privaciones. Griffin suponía que alguien montaría una
operación de rescate por puro altruismo, ya que esperaba que los seres humanos se

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

ayudaran mutuamente. Una vez, Vor lo había creído así, y si aquello fuera Kepler, no
tendría ninguna duda.
Pero se trataba de Arrakis.
Al principio, Vor pensaba que tenía poco que decirle a Griffin Harkonnen, pero el
hombre lo presionó para obtener información acerca de Xavier, y sobre Abulurd. Se
sentaron a la sombra del atardecer de la construcción de la estación que los refugiaba.
—Ha sido un largo tiempo —dijo Vor—. Toda una vida, de hecho. Me mudé a un
planeta diferente después de conocerlos, me convertí en una persona diferente. Bloqueé
todas esas memorias.
—Entonces desbloquéalas.
A medida que el calor palpitante presionaba en los alrededores, Vor pudo ver la
ansiedad en el rostro del joven. Cavó profundamente en sus recuerdos, tratando de
superar el obstáculo de la traición de Abulurd en el puente de hrethgir… y encontró que,
más lejos en el pasado, todavía tenía gratos recuerdos del bisabuelo de Griffin.
Podría haberle mentido al joven y fabricado historias para pintar un cuadro
falsamente optimista de su antepasado, pero no haría eso. Vor había ido demasiado lejos
y había aprendido demasiado para hacer tales compromisos, hallándose más allá de las
mentiras ahora. Pero sí le habló de cómo él y Abulurd habían luchado juntos contra las
olas de pirañas que Omnius había desatado en Salusa Secundus, cómo Abulurd había
optado por mantener su nombre Harkonnen incluso cuando el resto de su familia se
llamaban Butler, cómo Vorian había prometido ayudar limpiar el nombre de Xavier
Harkonnen de la injusta desgracia que la historia había acumulado sobre él.
—¿Y qué hay de Xavier? —preguntó Griffin—. ¿Qué recuerdas de él?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Cuando nos conocimos, éramos enemigos.
—Al igual que nosotros.
—Tengo muchas historias sobre Xavier, buenas historias…

***
Dentro de la estación de monitoreo climático a la tarde del día siguiente, Vor echó un
vistazo a las huellas barométricas y los patrones del viento que los sensores habían
recolectado, pero los datos meteorológicos no le sirvieron de mucho. Además de los
pocos materiales y herramientas, encontró un proyectil de arma mecánica, una pistola
maula cargada, aunque no estaba seguro para qué era el arma. ¿Para ahuyentar a los
bandidos, tal vez? Su escudo personal lo protegería contra los proyectiles, pero eran
pocos los hombres del desierto que lo llevaban. Mantuvo la pistola sin decirle a Griffin lo
que había descubierto.
Griffin gritó para que saliera.
—¡Una nave de rescate se acerca! ¡Alguien captó nuestra señal!

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Vor salió del refugio hacia el insoportablemente caliente y polvoriento calor, y vio al
hombre joven apuntando hacia el cielo blanquecino. Una aeronave volaba con motores
ruidosos trazando un círculo bajo, cambiando de rumbo, y dejándose caer para un
aterrizaje.
—Estaremos a salvo en breve. —Griffin agitó los brazos, y luego llamó por encima
del hombro—. Hay que buscar atención médica para tu hombro; si se infecta, podrías
perder parte de movilidad de tu brazo.
La ironía de la declaración divirtió a Vor.
—¿Estabas tratando de matarme ayer, y de repente estás preocupado acerca de mi
movilidad?
Griffin se volvió hacia Vor con una sonrisa sombría.
—Ahora, ¿quién le está guardando rencor a quién?
Después de escuchar al joven charlar sobre Lankiveil, sus planes de expansión de la
industria de la piel, la reciente pérdida desastrosa de su tío y todo un cargamento de
pieles, Vor había decidido que le gustaría visitar el planeta un día, si le permitían hacerlo.
Incluso consideraba invertir parte de sus fondos en las empresas Harkonnen,
estrictamente como un socio silencioso. Pero hasta el momento, no había mencionado
nada de eso. No era el momento adecuado.
La mayor preocupación de Griffin ahora era cómo decirle a su hermana Valya que la
necesidad de venganza se había resuelto, aunque no de la manera que ella habría exigido.
El joven esperaba que estuviera dispuesta a aceptar lo que tenía que decirle, y que había
estado trabajando de la mejor manera.
La nave de rescate aterrizó con una explosión de escape y un rugido de los motores.
En el tazón protegido rodeado de crestas rocosas, Griffin corrió hacia ella, agitando las
manos para llamar su atención, aunque el piloto seguramente ya lo había visto.
Vor se preguntó quién había interceptado su señal, y la cantidad que les costaría el
rescate. Griffin probablemente asumía que sería libre; Vor suponía que el joven no tenía
dinero, pero Vor podía obtenerlo de sus propios fondos a través del banco planetario
VenHold.
Los motores de la nave de rescate se apagaron. La escotilla se entreabrió y se deslizó
a un lado. Vor vio dos figuras en el interior cuando Griffin subía por la rampa, riendo.
Hyla fue la primera en emerger. Aunque Vor le gritó una advertencia, Griffin no tuvo
oportunidad.
El joven no la conocía. Ella extendió la mano para agarrarlo por el cuello, y sus ojos
sobresalieron, asombrado. Lo levantó del suelo, mientras luchaba, pero sin efecto.
Andros emergió de la nave al lado de su hermana, miró con desdén a Griffin, y luego
a Vor.
—¿Es alguien especial para ti?
—No, pero…

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La mirada de Hyla no se despegó de Vor cuando torció la muñeca en un gesto brusco


y rompió el cuello de Griffin, y luego lo arrojó a un lado como un trapo viejo. Se
desparramó en la arena, inmóvil.
Vor gritó:
—¡No tenían que hacer eso!
Hyla rió, un grito ronco como el de una bisagra sin aceitar.
—¿Qué importa? Hemos venido por ti, hermano.
Andros dijo:
—Tenemos que tomar una decisión. O dejamos que te unas a nosotros, así los tres
podremos recrear las grandes obras de los titanes juntos, o…
—O bien, te matamos en venganza del asesinato de nuestro padre.
Vor miró a Griffin Harkonnen, que yacía inmóvil en la arena, obviamente muerto; el
rostro flojo del joven no mostraba ningún dolor, sólo una confusión sorpresiva.
Volviendo a los gemelos, Vor dijo:
—No me gusta ninguna de las opciones.
Y corrió.

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A pesar de su capacidad para hacer muchos cálculos, los Mentats todavía tienen puntos ciegos.
—GILBERTUS ALBANS, comentario de precaución para la nueva clase

Durante tres días, las tropas del Emperador inspeccionaron los asentamientos de Rossak
cuidadosa y metódicamente, buscando cualquier signo de las computadoras que Dorotea
insistía que se encontraban allí. Y no hallaron nada.
Peor, el Emperador Salvador había hecho un anuncio atrevido hacia las masas de
Salusa de que había ido a Rossak para «destruir a las malvadas computadoras». Su
humillación se volvía más palpable con cada hora que transcurría.
Con cada fracaso, la Reverenda Madre Dorotea se volvía cada vez más insistente. El
Emperador se quedó con ella fuera de la entrada a las cámaras en lo alto del acantilado,
echando humo. Directamente sobre su cabeza, el cielo colgaba ominosamente gris.
—En sus garantías hice un espectáculo al traer a mis fuerzas Imperiales aquí,
Hermana Dorotea —gruñó—. Me hizo lanzar este esfuerzo vergonzoso, y no tengo nada
que mostrar por ello.
Incluso las Hermanas sospechosas en su facción habían sido incapaces de ofrecer
cualquier sugerencia. En su desesperación, el Emperador mandó a sus tropas para ir a
través de cada túnel y cámara por segunda vez, usando escáneres sónicos en las paredes
para detectar pasajes ocultos. Roderick supervisó personalmente la operación.
Mientras tanto, la Reverenda Madre Raquella se mantenía en calma, dando
instrucciones a sus Hermanas de cooperar en todos los sentidos.
—¿Cuándo admitirá que no hay nada que encontrar aquí, Sire?
—Cuando esté convencido de ello —la desestimó.
Durante la nublada tarde, un servicio de transporte comercial llegó con suministros
corrientes de fuera del planeta: una inocua entrega, pero el Emperador ordenó que todo
recipiente fuera abierto y revisado en busca de tecnología prohibida, algo que pudieran
usar para justificar su operación militar completa en Rossak.
Sus soldados se inquietaban, y las Hermanas, incluso las aliadas de Dorotea,
mostraban crecientes signos de ira ante la injusticia.
Salvador caminó fuera de su buque insignia, contemplando la ciudad acantilado, muy
angustiado. Dijo desde un lado de su boca a Roderick.
—¿Cómo saldré de este despilfarro y salvo mi cara? ¿No podemos pasar de
contrabando algunas computadoras de nuestros montones de basura en Zimia? Tenemos
mucho para el próximo festival de alboroto.
—Eso sería torpe, hermano. Nadie lo creería si los buques tienen que volar de regreso
a Salusa y luego volver aquí. —Siempre era la voz de la razón.
—Me veo como un maldito idiota —murmuró—. Debería haber dejado que Manford
Torondo viniera aquí después de todo. Dejarlo a él perder el tiempo buscando cosas que
no existen.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La frente de Roderick se frunció, y mantuvo su voz baja.


—Incluso si no encontramos equipo ilegal, todavía hay un problema grave aquí. Anna
ha sido dañada por negligencia, y los dos hemos escuchado la confesión de la Dra.
Zhoma de que la Hermandad quiere cortar tu línea de sangre. A pesar de que la Hermana
Dorotea parece estar desacreditada, en mi mente no lo está. Ha demostrado ser útil en la
Corte Imperial, y me inclino a creer en sus afirmaciones contra la Hermandad, a pesar de
que no tenemos ninguna evidencia sólida.
—Estoy de acuerdo contigo, y pienso en acusar públicamente a la Hermandad de
conspirar contra mí. ¡Revelar su plan insidioso de hacerme estéril!
Roderick frunció el ceño.
—No, Salvador, no debemos hacer eso. No es el tipo de cosas que queremos en el
registro público.
El Emperador dejó escapar un largo suspiro y asintió lentamente.
—Esto es condenadamente embarazoso. Pero necesito una solución práctica. Prometí
venir aquí y destruir sus ordenadores.
Había ordenado a sus naves terratenientes, a sus tropas de hacinamiento, y a los
comandantes que pusieran soldados a través de ejercicios de práctica de rutina en las
copas de los árboles polimerizados porque no tenían nada más que hacer. ¡Una pérdida de
tiempo! Tenía que poner fin a este asunto.
—Trae aquí a la Hermana Dorotea y a la Reverenda Madre Raquella. Diles que
traigan a todas las Hermanas Mentats, también, y alinéalas antes mí. —Salvador se cruzó
de brazos mientras tomaba una decisión—. Entonces informaré a los subcomandantes que
preparen a las tropas de regreso por la noche.

***
Respondiendo a la brusca citación del Emperador mientras el sol bajaba hacia la neblina
rojiza del humo volcánico, la Reverenda Madre llevó a la vieja Karee Marques y a las
otras Hermanas Mentats al buque insignia de los Corrino. Un guardia de élite armado se
alzaba a cada lado del trono temporal, para que el sol bajo no brillara en los ojos de
Salvador.
Dorotea ya esperaba allí, inquieta y enojada. La nieta de Raquella había simpatizado
inesperadamente con los sentimientos Butlerianos, desde su asignación en Lampadas,
pero se preguntaba si la verdadera razón de la rebeldía de Dorotea se derivaba más por
sentirse abandonada por las personas que estaban genéticamente relacionados con ella,
sin entender una enseñanza básica de la orden, que la única familia que sus integrantes
tenían era la Hermandad.
El Emperador se inclinó hacia delante en su trono temporal, apoyando los codos en
las rodillas. Miró fríamente a las ocho Hermanas Mentats, pero centró su mirada en
Raquella.

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—Reverenda Madre, me desprecian sus proyecciones de cría altamente cuestionables,


y sé que usted trató de impedir que yo tenga hijos. La Dra. Zhoma reveló todo.
Roderick estaba junto a su hermano, mirándola fríamente. La garganta de Raquella se
volvió tan seca que ni siquiera pudo tragar. Las voces en su mente estaban tan silenciosas
como una tumba.
—Cuando salimos de la capital, hice una promesa pública de destruir toda
computadora que utilizara la Hermandad. No puedo volver a Salusa con las manos
vacías.
Raquella se estremeció. Parecía estar mortalmente ofendida e incapaz de revelar los
verdaderos motivos públicamente. Había torturado y de alguna manera extraído la verdad
de la Dra. Zhoma, pero Raquella tenía el control supremo sobre su propia química
corporal y confiaba en que desearía la muerte antes que revelar nada.
—Pero han buscado por todas partes computadoras, Sire. No puede encontrar lo que
no existe. Tenemos solamente computadoras humanas aquí.
Asintió.
—Eso es sólo una cuestión de semántica. Todavía hay computadoras.
Un rápido movimiento de cabeza al capitán de la guardia de élite, y todos los rifles se
alzaron, dirigidos contra las ocho Hermanas Mentats.
Raquella retrocedió, y un grito de horror quedó atrapado en su garganta.
A su lado, Karee Marques levantó las manos en el último instante, la hechicera viva
más antigua de Rossak y Raquella sintió una grieta zumbando dentro de su cráneo cuando
la anciana fue golpeada, una ola de energía psíquica lanzada desesperadamente, un
remanente de la potencia que las hechiceras más poderosas una vez habían utilizado para
aniquilar a los cimek. Las otras Hermanas Mentats, sin embargo, no eran hechiceras.
Karee Marques no fue suficiente, y cuando el Emperador gritó, obviamente sintiendo
la explosión mental que surgía de ella, su guardia de élite abrió fuego. La andanada de
proyectiles afilados acribilló a las ocho Hermana Mentats. Las mujeres cayeron sobre el
dosel pavimentado como tallos de trigo rotos.
Asombrada de aún hallarse con viva, Raquella se separó y corrió hacia los cuerpos
arrugados, donde se arrodilló sobre Karee Marques, que yacía en un montón de retorcijos
macabros, su túnica blanca salpicada de rojo.
Un jadeo asombrado llegó desde todas las Hermanas que estaban observando desde
los acantilados sobre el dosel de aterrizaje, y varias comenzaron a aullar de rabia, o de
lamento y dolor.
Desde los acantilados, cinco hechiceras más rugieron en un aullido de resonancia que
resonó en las copas de los árboles y en las mentes de todos los que estaban reunidos
alrededor de la escuela. Ante el asombro del grupo que rodeaba al trono temporal de
Salvador, las hechiceras saltaron en el aire, de forma suicida hacia el buque insignia
Imperial dorado. Cayeron en picada hacia abajo, sus ropas blancas ondeando a su
alrededor pareciendo valkirias, descendiendo a un campo de batalla y luego frenando su
descenso, utilizando el control telequinésico para levitarse a sí mismas. Con el asesinato

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

en sus ojos, se zambulleron hacia el Emperador, desatando una nueva ola de embates
telepáticos. Raquella sintió que su cráneo temblaba por la presión psíquica, y se dejó caer
de rodillas.
Objetivo del asalto, Salvador gritó de dolor y apretó sus manos a las sienes, con los
ojos fuertemente cerrados. La sangre floreció por su nariz. Arriesgando su propia
seguridad, Roderick agarró el brazo de su hermano y trató de llevarlo lejos del trono.
Salvador se había derrumbado en el suelo junto a su trono, gimiendo, por lo que
Roderick jadeó una orden a la guardia de élite:
—¡Deténganlas!
Luchando de nuevo para ponerse en pie, Raquella gritó hacia arriba, mientras las
hechiceras continuaban su descenso.
—¡No! ¡No, no ataquen!
Apuntando sus rifles hacia arriba, los soldados dispararon contra las hechiceras en el
cielo, haciendo que las mujeres vestidas de blanco cayeran en montones y se estrellaran
sangrientamente destruidas entre las muertas Hermanas Mentats.
Raquella sollozó.
Salvador se tambaleó, su rostro salvaje contraído con el dolor y el shock. Cuando
empezó a murmurar una orden para continuar con la masacre, Roderick le agarró por los
hombros y le dijo:
—¡Detén esto antes de que sea demasiado tarde! Ya han muerto suficientes.
Dorotea se arrodilló delante del Emperador.
—Su hermano tiene razón, señor. Por favor, no mate a todas las Hermanas.
Salvador aspiró grandes bocanadas y, finalmente, recuperó el control sobre sí mismo.
Se limpió la sangre que goteaba de su nariz, ofendido por la mancha escarlata en el dorso
de la mano. Recuperó el equilibrio apoyándose a un lado del trono y controló su garganta.
Su voz retumbó desde los sistemas de altavoces de la nave militar aterrizada:
—¡Por orden Imperial, por el presente decreto que la Hermandad de Rossak sea
disuelta! Esta escuela será cerrada. Permanentemente. Todas sus participantes serán
dispersadas y enviadas de vuelta a sus hogares.
Los hombros de Raquella se curvaron, y no pudo apartar la mirada de las Mentats
asesinadas, o de las hechiceras caídas que sólo habían tratado de defender a la
Hermandad. Cuando miró al Emperador, su devastada expresión de odio le hizo
estremecerse.
Roderick Corrino rápidamente se interpuso entre ellos.
—Hay mucho valor en lo que las Hermanas han logrado. Propongo que la Reverenda
Madre Dorotea y ciertas Hermanas dignas regresen con nosotros a Salusa Secundus,
donde sus habilidades pueden todavía servir al Imperio. El resto…
Salvador parecía contento de tener a su hermano como demostración de fuerza.
—Todas las demás dejarán Rossak. Los registros de reproducción serán destruidos,
para no ser mal utilizados de nuevo. —Dio órdenes a sus tropas, que tomaron las armas
de fuego de la armería y el escuadrón marchó hacia las cuevas.

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Se volvió y miró a los cientos de mujeres aturdidas de pie en el balcón sobre el


acantilado.
—El resto de ustedes deben dispersarse a los vientos. ¡Su Hermandad es ilegal! —
Miró a la Reverenda Madre angustiada, satisfecho de ver cómo parecía derrotada—. Bien
—dijo—. ¿Ahora cree que tengo una línea de sangre débil e inferior?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Nuestros más grandes comandantes podrán articular los planes militares más intrincados, pero al final sólo
Dios determina quién gana cada batalla.
—MANFORD TORONDO, el único camino

Observando desde el puente de la nave, Manford se puso blanco cuando vio explotar a las
naves de evacuación, lo suficientemente lejos suyo para que no involucrarse. Varias
naves Butlerianas se habían cerrado para tratar de ayudarlos, pero ahora las ondas de
choques las separaron.
—¿Ese loco de Venport mata a su propia gente?
Mientras Gilbertus observaba, las alternativas se agolparon en su mente.
—Cabe señalar, señor, que Butlerianos a menudo toman acciones fanáticas similares.
—El hombre sin piernas respondió a la sugerencia con horror y negación, y Gilbertus se
apresuró en añadir—: Sin embargo, creo que es muy probable que esas naves estuvieran
vacías, piloteadas por sistemas automatizados y detonadas remotamente. Él y su personal
probablemente estén todavía escondidos en las instalaciones industriales.
—Entonces los encontraremos y los enviaremos al infierno. Ya hice mi oferta
compasiva, pero Venport ha demostrado qué clase de hombre es realmente.
Gilbertus asintió, continuando su evaluación fríamente. Más instructivo, pensó, es
que Josef Venport ha demostrado ser impredecible. Una acción tan temeraria,
imprudente, que no se parecía en nada a lo que habían hecho anteriormente. ¿Cuáles eran
las intenciones que lograría con ello? Sí, la estratagema había dañado a la flota
Butleriana, pero no lo suficiente para ganar la contienda. ¿Cómo esperaba salvarse a sí
mismo y a su personal de la inevitable represalia de Manford? Se trataba de un suicidio.
Los Butlerianos nunca aceptarían su rendición ahora. No tenía ningún sentido.
—¡Mentat, di algo! —exigió Manford.
—Debo recalcular en primer lugar. —Oh, cómo anhelaba tener a Erasmo allí para
ayudarlo…
Sin previo aviso, treinta naves de patrulla VenHold abrieron fuego, junto con por lo
menos diez de las otras naves del complejo. La matemática pura de la situación táctica
debía excluir aquellas posibles acciones (treinta o cuarenta contra más de doscientos), y
sin embargo, disparaban contra las naves Butlerianos agresivamente.
Mientras Gilbertus continuaba su reevaluación, varias explosiones estallaron cerca de
la estrella. El buque Butleriano adyacente explotó cuando sus compartimentos de
combustible fueron alcanzados.
Sin esperar instrucciones de Manford, la Maestra Espadachina Idaho gritó a través del
canal abierto.
—¡Todas las naves regresen el fuego, disparen a discreción! ¡Destruyan a esas naves!

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Las treinta naves de VenHold bombardearon a la flota Butleriana, acelerando más


rápido de lo esperado, y su armamento era mucho más poderoso que los navíos normales
de ese tamaño; Josef Venport lo había mejorado.
Gilbertus comenzó a refactorizar las variables. Tal vez las probabilidades no estaban
tan claramente a favor de Manford después de todo. Aquellas naves, efectivamente,
representaban una amenaza.
Los Butlerianos todavía tenían fuerza en los números, pero sus buques eran los
diseños obsoletos del Ejército de la Humanidad, buques militares excedentes que tenían
más de ochenta años de edad. Manford Torondo nunca había imaginado que podría
enfrentar una fuerte de resistencia, sino que simplemente esperaba que sus oponentes se
rindieran ante él por miedo.
Pero el despiadado hombre de negocios Josef Venport no era un hombre que se dejara
intimidar; Gilbertus empezaba a entenderlo mejor.
A continuación, la siguiente marcha del plan defensivo de Venport hizo clic en su
sitio.
Decenas más de naves enemigas se mudaron de los astilleros: construcciones a medio
terminar, cascos robóticos con motores apenas funcionales, esqueletos de naves estelares
que aceleraron estableciendo una formación. Cuando la flota llegó a los Butlerianos,
Gilbertus había asumido que dichas naves eran inoperables, pero cuando empezaron a
moverse, revisó su potencial táctico. ¡Una desagradable sorpresa! Venport tenía más del
doble de muchas naves para lanzar a la palestra de lo que al principio parecía.
Aquellos nuevos cascos tenían algunos sistemas de armas activos, pero
principalmente eran carne de cañón; se lanzaron contra los grandes navíos de la flota de
Manford, creando un caos aún cuando les caía encima toda la potencia de fuego
Butleriano. Aunque dañados, los navíos automatizados a medio terminar seguían
llegando, estrellándose en las apretadas formaciones Butlerianas.
Uno de las naves de patrulla de Venport explotó, pero el resto siguió disparando.
Gilbertus estimaba que por lo menos cuarenta de las naves de Manford habían sido
destruidas en las detonaciones sorpresa que seguía hacia aquella resistencia inesperada.
Mientras los buques Butlerianos se dispersaban empujados más cerca de los
principales puertos espaciales y las fábricas de asteroides, abrieron fuego de nuevo,
golpeando las fábricas restantes. Por lo menos cinco más fueron destruidos, sus cúpulas
rotas, vomitando fuego y fugas de atmósfera hacia el espacio.
Incluso para un Mentat, era difícil llevar la cuenta de todas las instalaciones
destruidas.
Cumpliendo con su deber, se presentó ante Manford con una evaluación revisada.
—Esos son buques automatizados, por lo que no tendrá ningún reparo en
sacrificarlos.
Anari Idaho jadeó.
—¿Impulsados por máquinas pensantes?
—Buques automatizados —repitió Gilbertus, sin dar muchas más aclaraciones.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El líder Butleriano lo fulminó con la mirada.


—¿Por qué no pudo predecir esto, Mentat?
—Debido a que no tenía los datos completos.
—Usemos parámetros nuevos. Estoy dispuesto a sacrificar a cada una de mis naves,
también. Considere a todos mis seguidores y naves prescindibles, siempre y cuando
ganemos esta batalla. La mente del hombre es sagrada.
—La mente del hombre es sagrada —repitió Anari.
—¿Todos son prescindibles, señor? —Otra contradicción; Gilbertus no señaló cuán
horrorizado Manford había estado cuando la gente de Venport tomó una decisión similar.
—A excepción de la vida de Manford —dijo la Maestra Espadachina—. Eso no es
negociable.
Manford estuvo mortalmente tranquilo cuando explicó:
—A puros asaltos es como ganamos la Yihad de Serena Butler contra Omnius y sus
máquinas pensantes. No podemos hacer menos ahora en esta batalla por el alma de la
raza humana.
Gilbertus estudió el patrón de movimientos de los buques, volvió sobre sus pasos, y
encontró intersecciones hasta que todas las posibilidades formaron una intrincada red en
su mente… una red que tenía un patrón extrañamente familiar. Sí, ahora mismo Erasmo
habría sido de enorme ayuda.
Varios buques más a medio completar se estrellaron contra las fuerzas Butlerianas,
embistiendo a algunos, volviendo locos a los sensores en otros, atrayendo el fuego como
piedras lanzadas contra un nido de avispas. Ese era su propósito, se percató Gilbertus. No
estaban destinados a sobrevivir.
El tiempo se ralentizó a un rastreo en la mente de Gilbertus cuando se internó en
modo Mentat y rápidamente creó sus propios patrones, revisando los movimientos de los
buques proyectados para poder minimizar las concentraciones de posibles daños. Con una
cuidadosa atención, pudo desentrañar la compleja maraña que su oponente había creado.
Gilbertus admiraba el plan que se había establecido en su contra. Era una pena que
tendría que derrotarlo.
Presa del pánico, los Butlerianos desperdiciaban disparos; varios buques atacaban al
mismo objetivo, mientras ignoraban a los otros.
—Para ganar tenemos que ser organizados, Líder Torondo. Tengo un plan, pero tiene
que dejarme guiar los disparos. Ordene a sus comandantes seguir mis órdenes.
—¿Usted me garantiza que los derrotaremos? —preguntó el líder.
—Es la mejor posibilidad.
—Ya veo. —Parecía decepcionado por la respuesta—. Muy bien, Mentat, nos dará
una victoria.

***

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Una vez que los planes se pusieron en marcha, mientras los mecanismos soldados eran
desplegados, Josef pudo admirar lo que su propio Mentat había concebido.
—Tenemos una oportunidad, Draigo. ¡Mira que destrucción! —Con fascinación
miraba los buques disparando, los proyectiles de punción, las explosiones en reacción en
cadena entre los tan apretados navíos Butlerianos. Las explosiones de fuego y las
propagaciones de escombros por todas partes eran a tan gran número que desde la
estación de Thonaris no se podía adivinar cuántos navíos de los bárbaros ya habían sido
destruidos.
Sintió que su corazón enfermaría al perder aquellas grandes capacidades industriales
que tantas naves habría podido crear para ampliar enormemente a la Flota Espacial
VenHold, ¡todo lo que podría beneficiarlo se convertiría vapor y restos! Era difícil, pero
en su mente trataba de amortizar la pérdida. No podía salvar la institución o la inversión
en aquel lugar, pero si paralizaba a los Butlerianos, el costo perdido estaría justificado.
Aunque Josef no notaba ninguna diferencia en el caos a su alrededor, su Mentat
observó los movimientos de los buques rivales cercanos, y dijo:
—Gilbertus Albans ha tomado el mando. Reconozco sus técnicas.
Pero para Josef, el caos del fuego de las armas y las naves que chocaban era
impenetrable.
Los ojos de Draigo se movieron de lado a lado mientras procesaba cálculos
intrincados.
—Tenemos una pequeña nave de supervivencia en el centro administrativo, señor.
Sugiero que nos alejamos de este centro de control. Gilbertus se dirigirá a ella en breve.
Nos localizará en momentos.
Josef no pudo creer lo que el Mentat acababa de decir.
—¡Pero estamos ganando! ¡Mira cuántas naves han perdido!
—Y todavía tienen muchas más naves que perder, señor. Ahora, sin embargo, están
operando sin restricciones, y en tales circunstancias, las reglas y las probabilidades
cambian. —Miró directamente a Josef, y no hubo una verdadera emoción y preocupación
en su expresión—. No podemos ganar, señor. Confíe en mí.
Por un momento, Josef se negó a escuchar… pero había confiado en Draigo y sus
planes tanto como confiaba en Norma Cenva. Siempre había confiado en sus talentosos
expertos, y sabía que sería un tonto si no lo escuchaba.
—Si estás convencido, entonces saldremos de aquí.
—¿Debo ordenar la evacuación de todo el personal que falta?
—Puedes intentarlo. Tendremos que esperar que los bárbaros dejen a algunos de
nuestra gente vivir, pero ambos sabemos que soy yo a quien quieren.
Josef y Draigo se encaminaron hacia la pequeña nave de evacuación, se encerraron en
el interior, y fueron lanzados desde la abrazadera de acoplamiento. Josef miró a la
estación de Thonaris por el ventanal mientras se alejaban, observando el cuerpo
congelado de Arjen Gates, montado en el exterior como un ornamentado trofeo, y sintió
su propia gran pérdida financiera y personal. ¡Qué desperdicio!

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La nave de evacuación no estaba equipada con motores Holtzman, y no tenían


Navegantes. No sabía cómo iban a escapar del sistema estelar en absoluto, pero Draigo
haría lo posible para que sobrevivieran una hora… aunque para esa hora tenía que ver la
destrucción de todo lo que le rodeaba. La pequeña nave se alejó del centro administrativo,
perdida en un frenesí de actividad, mientras un sinnúmero de naves eran azotadas por
proyectiles que volaban por todas partes.
—¿Y cómo proyectas que nos pongamos a salvo, Mentat?
El Mentat dudó por un momento incómodamente largo.
—Actualmente soy incapaz de determinar eso. —Josef sintió un gran peso en el
pecho. Nunca se le había ocurrido pensar que Draigo no podría tener una respuesta.
Momentos más tarde, una lluvia de proyectiles rasgó el centro administrativo vacío.
Viendo la prueba de las conclusiones de su Mentat, Josef se sintió perdido, incluso
desanimado, y por fin reconoció el cambio fundamental que Draigo había visto antes: los
bárbaros eran imprudentes, sin importarle tener que sacrificar cinco naves tripuladas por
cada una que destruyeran. El costo humano era asombroso, pero los fanáticos de Manford
estaban disminuyendo de manera constante a las fuerzas e instalaciones de VenHold. Los
puertos espaciales habían sido destruidos, junto con la mayoría de las fábricas
automatizadas.
—No escaparemos, ¿verdad, Mentat? Es sólo cuestión de tiempo antes de que nos
atrapen.
—Sin forma de plegar el espacio, no podemos escapar. —Draigo ajustó el sistema de
comunicaciones en el buque de evacuación—. He revuelto la transmisión para disminuir
su capacidad para encontrarnos. ¿Me permitiría que me ponga en contacto con su Mentat,
señor?
Josef frunció el ceño.
—¿Vas a negociar con los bárbaros?
—No lo creo. Pero me gustaría… despedirme de él.
Con un suspiro, Josef asintió.
—No tengo nada más que perder.
Mientras su pequeño bote salvavidas flotaba a la deriva entre los restos y el caos,
Draigo activó la pantalla y se identificó a los Butlerianos.
—Este es el Mentat al servicio de Venport Holdings. Me gustaría hablar con
Gilbertus Albans, por favor.
En momentos, su maestro Mentat apareció, sin una pisca de sorpresa.
—Reconocí tus tácticas, Draigo. Lamento que nos encontremos en lados opuestos del
campo de batalla en un enfrentamiento real en lugar de un juego.
—Un Mentat debe ser leal a su empleador. He hecho todo lo posible para defender a
Josef Venport y proteger estos astilleros; al igual que usted ha hecho su mejor esfuerzo
para destruirlos.
—A la orden de Manford Torondo —dijo Gilbertus.
Draigo tenía una sonrisa derrotada.

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—Tan pronto como me di cuenta de que había tomado el mando, mis propias
proyecciones mostraron que incluso con mis mejores habilidades no podría ganar. Tenía
el mejor conjunto de activos para usar en mi contra.
—Sin embargo, estoy orgulloso de ti. Has luchado bien. Pero entiendes que esto es un
adiós, Draigo. Manford Torondo no permitirá que seas prisionero.
—Su medio Manford puede irse al infierno —dijo Josef.
Manford Torondo irrumpió en el canal.
—El robot Erasmo escribió que los seres humanos no eran más que un recurso
prescindible, pero la verdad es que las máquinas son realmente prescindibles. Y sus
aliados.
Draigo apagó la transmisión.
Josef le miró con los ojos pesados.
—¿Alguna otra sugerencia, Mentat?
—Ninguna, señor. He revisado todos los datos conocidos.
Justo en ese momento, tan cercana y tan de repentinamente que incluso Draigo dejó
escapar un grito de sorpresa, una enorme nave de VenHold apareció, plegando el espacio
de la nada. Las puertas de la bodega de carga se abrieron como una boca que bostezaba
delante de la pequeña nave de escape.
Josef reconoció a la voz femenina como la de su esposa en su propio sistema de
comunicación. ¡Cioba!
—Norma Cenva y yo estamos aquí para ayudarte, Josef. ¡Los llevaremos a bordo! —
Sin preguntar cómo las dos mujeres habían sabido llegar allí, Draigo voló rápidamente su
nave hacia la bodega de la embarcación que los rescataba.
Debajo y detrás de ellos, los Butlerianos se dieron cuenta de la nueva nave y
volvieron sus armas hacia ella. Las primeras explosiones estallaron cerca, sin acertaar en
el blanco.
—¿Cómo supieron llegar aquí? —preguntó Josef por el comunicador.
En su vacilación, la voz etérea de Norma dijo:
—Ellos pueden tener Mentats, pero puedo ganarles con mi presciencia.
Mientras ardientes explosiones surcaban a lo largo de los astilleros, Josef vio que, de
hecho, todo se había perdido. El buque de Norma Cenva cerró su casco como un abrazo
alrededor de su nave de escape, y mientras Cioba corría a la bodega a ver a su marido, el
buque de carga desapareció en un pestañar en la seguridad del tejido espacial.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La persistencia es una virtud, pero la obsesión es un pecado.


—La Biblia Católica Naranja

Los hijos gemelos de Agamenón corrían tras él, dejando el cuerpo de Griffin muerto en
las arenas calientes.
Vor sabía que, si se atrincheraba en el interior de la pequeña estación meteorológica,
Andros y Hyla podrían atravesar la pared en cuestión de minutos. En cambio, trepó por
las rocas, subiendo a las piedras circundantes con las manos y los pies, haciendo su
camino justo por encima de un campo de bloques de una pequeña cresta. El terreno
abierto más allá podría haber sido bueno para las mediciones meteorológicas, pero
ofrecía a Vorian muy pocas opciones para escapar.
—¿A dónde estás huyendo, hermano? —lo llamó Hyla—. Convéncenos para
mantenerte con vida.
Él no respondió.
Andros y su hermana subieron pacientemente tras él, pasando por las rocas como
líquido que fluyera cuesta arriba, desafiando la gravedad. Cuando Vor llegó a la cima de
la cordillera, observó la empinada ladera del otro lado que no conducía a ninguna parte,
excepto a las arenas vacías. Quizá pudiera rodearla y tratar de trepar hacia la aeronave
aterrizada de los gemelos, pero habían apagado sus motores, y sabía que el inicio y el
proceso de despegue tomaría varios minutos; Andros y Hyla nunca le dejarían llegar tan
lejos por delante de ellos.
Todavía tenía su escudo personal y la pistola maula, el arma de proyectiles
funcionaba, aunque dudaba si sería eficaz contra los gemelos. Aún así, los proyectiles
podrían retrasarlos. Inclinó el arma y se volvió, preparándose.
Andros y Hyla estaban subiendo a través de una línea de rocas temblorosas que se
deslizaban por la pendiente. A pesar de que, genéticamente hablando, se trataba de su
hermano y hermana, no sintió ninguna duda, ningún remordimiento. Vor había matado
hacía décadas a Agamenón, y un poco más de sangre de la familia en sus manos ya no
haría ninguna diferencia. Había visto a aquellos dos asesinar a Griffin Harkonnen, un
joven noble que no había merecido morir así.
Aún en la escalada, Andros miró y gritó:
—Por lo menos tu mujer no corrió cuando queríamos hacerle preguntas. Y eso que
era una mujer vieja.
Mientras la ira inundaba a través de él, Vor apuntó a la frente del otro hombre y
apretó el gatillo. La fuerte detonación de la pistola maula sonó como una explosión
contenida, pero el objetivo de Vor, o el arma, se corrió. Una roca justo a la izquierda de la
cabeza de la joven explotó, y pequeños fragmentos de rocas rociaron en todas
direcciones. Andros se estremeció.

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Hyla se puso de pie y Vor disparó una segunda vez, apuntando directamente hacia el
centro de su pecho. Esta vez la bala la golpeó, y vio el cráter en su torso, el rojo
arrancando la carne en su esternón. El impacto la tiró hacia atrás, pero Andros desaceleró
para ayudarla y extendió la mano para agarrar su brazo. Ella gritó, pero recuperó su
fuerza muy rápidamente. Vor apuntó la pistola Maula de nuevo y apretó el gatillo. El
arma hizo solamente un chirrido. Lo intentó dos veces más, pero la pistola se atascó. La
desechó.
Los gemelos subieron tras él otra vez, haciéndolo en mucho menor tiempo. Pensando
rápido, buscando alternativas, Vor miró a través de las brillantes arenas ardientes, donde
los puntos minúsculos de roca sobresalían en intervalos extendidos como dientes
podridos. La más cercana estaba a casi un kilómetro de distancia. A todo correr por las
dunas polvorientas, necesitaría al menos quince minutos para alcanzarla, y nada en
absoluto que pudiera esperarlo por allí.
Sin embargo, tenía un plan.
Imprudentemente descendiendo la empinada ladera, saltando de un canto rodado
inestable al siguiente, llegó al final de las rocas y pasó a la arena, tropezando a través de
la superficie blanda. Ishanti le había enseñado a ocultar sus pasos, cómo moverse sin
ritmo, para no atraer a un gusano de arena. En aquel momento, sin embargo, Vor corrió a
su ritmo natural, ya jadeando. No tenía agua, y sus suministros estaban en la estación
meteorológica. Los gemelos estaban en camino.
Habían matado a Griffin.
Y a Mariella.
Detrás de él, Andros y Hyla comenzaron a descender la pendiente, cerniéndose a la
brecha. La voz de Hyla sonó fuerte cuando gritó:
—Incluso si llegas a esas rocas, ¿adónde vas a correr? ¡No hay nada más que arena!
Vor no perdió el aliento intentando responderles. Había sacado la mayor distancia
posible, pero no era suficiente, y fueron acercándosele. A medio camino de la
protuberancia rocosa cercana, decidió que era hora de llevar a cabo su mayor riesgo, con
la esperanza de que tuviera tiempo suficiente para llegar a las rocas.
Cuando activó el escudo personal, emitió un débil crujido vibrante. La electricidad
estática parecía cargar el polvo a su alrededor. Se desabrochó el cinturón escudo, salió de
la fuente de alimentación activa, y dejó caer la correa en la arena. Corrió con aún más
frenética energía hacia la pequeña isla de rocas, desenterrando reservas de fuerza dentro
de sí mismo que no sabía que tenía. Vor estaba seguro de que sus pisadas rítmicas ya
habían enviado una citación irresistible a un gusano de arena. Ahora, con el cinturón
escudo palpitante, no debe haber ninguna duda…
Los gemelos siguieron tras él por las dunas, siguiendo sus huellas como esperaba.
Andros gritó con su voz penetrante:
—¡Mira que corre como un cobarde! Eres una vergüenza para Agamenón.
La garganta de Vor le quemaba y sus ojos le picaban, pero cuando llegó a la cima de
una duna, vio que casi había llegado al afloramiento sólido. Al igual que un iceberg, las

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

raíces de la roca se hacían más grandes bajo la superficie. Unos cuantos pasos más, y
sintió roca debajo de la arena. Se subió rápidamente, jadeando, y luego se volvió para
mirar.
Andros y Hyla alcanzaron el cinturón escudo que había tirado. Sabían que se estaban
acercando, y que Vor no tenía a dónde ir más allá de su pequeña isla de roca. Los dos
estaban tan empeñados en la cacería que no parecieron darse cuenta de las vibraciones en
la arena, o la gran ondulación que corría hacia ellos.
Pero Hyla vaciló, sintiendo algo, mientras que Andros tomaba el cinturón de escudo
con el ceño fruncido amargo. Arrojó el dispositivo por encima del hombro, al momento
en que un gusano de arena se abalanzó desde debajo de las dunas, con sus fauces abiertas.
Levantando cientos de metros cúbicos de arena, la criatura se elevó tan alta que los hijos
de Agamenón parecieron diminutas motas cayendo un remolino.
El gusano se los tragó.
Vor se puso en cuclillas para ver el gusano de arena que rodeaba la zona. A pesar de
estar solo, sin provisiones, abandonado en medio del desierto, se sentía seguro por
primera vez en mucho tiempo…
Por fin tuvo tiempo para reflexionar sobre los problemas que había causado en
Arrakis, a pesar de que sólo había querido vivir allí en paz. Pensó en la gente que había
perdido recientemente: Ishanti, que lo había tratado tan bien, y Griffin Harkonnen, un
enemigo no deseado, que podría haber entendido e incluso perdonado a Vorian. Y pensó
en Mariella.
A través de los siglos se había entristecido por muchas pérdidas, pero ahora estaba
entristecido por la pérdida de aquellas tres vidas. Los Harkonnen le habían odiado por
generaciones desde el exilio de Abulurd, y tenía la esperanza de lograr algún tipo de
resolución. Pero una vez que la familia se enterara de lo que había sucedido a Griffin,
dudaba de que el odio fuera alguna vez curado.
Sentado en la roca solitaria, Vorian sintió los siglos de cansancio sobre él y deseó tan
sólo poder encontrar un lugar donde no tener que seguir mirando por encima del hombro.
Vio como el gusano finalmente se enterraba en la arena y se iba, pero decidió descansar
un rato antes de hacer su camino de regreso a la estación de monitoreo meteorológico y a
la aeronave que le podría llevar lejos de allí de una vez por todas.

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La mayoría de los eventos públicos patrocinados por los gobiernos son para mostrar espectáculos. Los líderes
inteligentes comprenden que las percepciones son la base de su poder.
—Estudio imperial de las prácticas gubernamentales

El edicto emitido por el Emperador Salvador Corrino permitía que las disueltas Hermanas
de Rossak tuvieran sólo unos días para abandonar su planeta y la escuela que la
Reverenda Madre Raquella había construido en los últimos ocho años. Había estacionado
a las fuerzas Imperiales para asegurarse de que sus órdenes se llevaban a cabo, mientras
que él regresaba a Salusa Secundus con Dorotea y un centenar de integrantes de su
facción. A Raquella no se le dio la oportunidad de decir adiós a su nieta ni a la Hermana
Valya, ni a cualquier otra.
Todas en la Hermandad serían dispersadas, viejas y jóvenes por igual. Sólo un
puñado de Hermanas con conexiones importantes podrían decidir dónde querían ir, pero
la mayoría serían enviados de vuelta a los mundos en los que habían vivido antes de ir a
Rossak.

***
Ser el hermano del Emperador no le da derecho a Roderick Corrino a una lujosa vida de
relajación. Al día siguiente de que las fuerzas imperiales volvieron de Rossak, anhelaba
dormir hasta tarde y relajarse en su cama con Haditha, y disfrutar del desayuno con ella y
sus hijos. Pero el Imperio lo llamaba.
No había dormido bien, atormentado por la ejecución impetuosa de Salvador de las
Mentats de la Hermandad, y la disolución de la Escuela de Rossak. Roderick tenía una
gran cantidad de daños que mitigar. Esperaba que la Hermana Dorotea pudiera
proporcionar una perspectiva perspicaz y estar dispuesta a trabajar con él. Roderick
seguía creyendo que las Hermanas entrenadas tenían un valor considerable, y se alegraba
de haber convencido a su hermano de mantener por lo menos a la facción de Dorotea. Era
mejor ganar algo que no tener nada de nada…
Roderick había hecho todo lo posible para salvar la situación. Usando los fondos del
banco de la Hermandad que el Emperador había confiscado, la Hermana Dorotea y cien
de sus seguidoras escogidas fueron seleccionadas para un nuevo centro de formación de
su orden en Salusa Secundus. No habría ningún programa de cría o libro de Azhar, y no
habría otras publicaciones o programas que primero no hubieran sido aprobados por los
representantes del gobierno Imperial.
La Hermana Dorotea daría luz cerca de la observación, pero Roderick siempre la
había encontrado valiosa. Todavía tenía que resolver sus ambiciones personales de sus
lealtades expresadas al Emperador; Roderick la necesitaba para determinar dónde se
superponían y donde podían entrar en conflicto…

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Al pasar sobre sus abluciones matinales, preocupado, pero lo más silencioso posible,
Roderick consideró los numerosos eventos críticos que tendría que equilibrar. Aunque su
hermano tenía el título y la gloria de ser el Emperador, Roderick pasaba más tiempo en la
aplicación de la política y la garantía de que el gobierno funcionara sin problemas, a
pesar de algunas erupciones de Salvador y sus decisiones desacertadas.
Demasiado habían hecho, en su opinión, para apaciguar a Manford Torondo y a sus
alborotadores seguidores; no porque Salvador creyera en sus puntos de vista extremistas,
sino porque habían ejercido el poder suficiente para intimidarlo. Las acciones temerarias
de Salvador contra la Hermandad eran claramente un intento de tomar la iniciativa de
Manford, pero no había ido bien. Roderick no negaba que los extremistas
antitecnológicos pudieran causar una gran cantidad de disturbios civiles, pero estaba más
preocupado de que su hermano había hecho muchas declaraciones sin antes consultarle.
Durante la mayor parte de sus vidas, Salvador lo había utilizado como caja de
resonancia, en busca de ayuda en las decisiones importantes. Roderick se preguntaba qué
había cambiado. Sintió un alejamiento por parte de su hermano, una desesperación y una
voluntad de sobrevivir. Tal vez sentía que estaba perdiendo el control de su Imperio. Pero
Salvador era su hermano y el Emperador legítimo, y Roderick tenía sus propias
funciones.
Necesitaba reafirmar su influencia sobre Salvador y ser la voz de la razón, antes de
que su hermano se convirtiera en un tirano. Durante los disturbios de la CTE y el baño de
sangre del Emperador Jules contra los delegados que buscaban refugio en el palacio,
todos habían visto el precio a pagar por permitir que las emociones y la paranoia se
ejecutaran sin control, pero Salvador no era muy buen estudioso de la historia…
Listo para el día, a pesar de que aún no había amanecido sobre la ciudad de Zimia,
Roderick salió de su ala privada y caminó por el pasillo hasta las oficinas de
administración privadas del Emperador. Se sorprendió de encontrar que Salvador ya lo
estaba esperando. Sonriendo, el Emperador dijo:
—Apresúrate. ¡Tengo buenas noticias que mostrarte!
Roderick se puso a caminar al lado de su hermano.
—En estos días, a los dos nos vendría bien un poco de eso.
Al igual que un niño emocionado retorciéndose para guardar un secreto, Salvador se
negó a decirle qué le aguardaba mientras cabalgaban en un carro rápido hacia la gran
plaza central de la ciudad capital, en medio de imponentes edificios gubernamentales.
Allí, los guardias Imperiales ya estaban en el trabajo de acordonar la zona, manteniendo a
una multitud de espectadores madrugadores cada vez mayor. Escoltado por las tropas de
uniformes dorados, los dos Corrino se abrieron paso a través de las personas. Roderick
olía un olor extraño, y un ardor irritó su nariz.
Con una sensación de déjà vu desgarradora en el estómago, se detuvo para mirar a un
cuerpo quemado y horriblemente mutilado colgando de un poste de luz, con un cable
grueso todavía retorcido alrededor del cuello. Las extremidades habían sido cortadas, la
cara era irreconocible, la piel y el pelo quemado.

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Salvador tiró del brazo de su hermano, radiante.


—¡Ven, ven! ¡Te encantará esto! —Bajó la voz hasta un susurro—. Se resuelven
varios problemas al mismo tiempo.
A pesar de que no le gustaba nada lo que veía, Roderick se adelantó con cautela,
tratando de no inhalar el olor de la carne asada. El cartel, colocado cerca del cuerpo
mutilado, decía en un garabato infantil: «EL TRAIDOR BOMOKO».
—No otro más —gimió Roderick—. Me pregunto a cuál pobre inocente las turbas
han lincharon esta vez.
Su hermano hizo un mal trabajo ocultando su sonrisa.
—¿Cómo sabes que no es el verdadero Bomoko?
—¿Después de todos estos años, y todas las víctimas mal identificadas? Lo dudo
mucho.
Salvador se inclinó para susurrarle, aunque el bullicio de guardias y curiosos ahogó
toda conversación normal.
—No es ningún inocente en esta ocasión, hermano. ¿No estás de acuerdo que esta es
una forma útil para disponer de la Dra. Zhoma? Dos pájaros de un tiro.
La cabeza de Roderick espetó, pero se contuvo de responder en voz alta.
Apuntalado oficiosamente en frente de una multitud congregada, Salvador levantó la
voz, sonando imperioso, asegurándose de que las personas en las inmediaciones podían
oírle.
—¡Tenemos que tomar esto en serio, hermano! ¡Realizar las pruebas genéticas y
determinar si hemos encontrado por fin el verdadero traidor, Touré Bomoko! ¡Sería
bueno poner esta larga pesadilla a descansar! Quiero supervisar este asunto
personalmente.
La expresión enojada de Salvador era bastante convincente, incluso mientras le
susurraba por la comisura de su boca:
—Y creo que sabes qué resultados quiero.
Roderick mantuvo su propia expresión estudiadamente sombría, aunque sentía una
gran alarma en el interior.
—Nadie lo creerá, Salvador. Ni siquiera es una cuestión de pruebas: la torpe autopsia
genética mostrará que se trata de una mujer, no de un hombre. Es imposible que sea
Bomoko.
El emperador se mantuvo imperturbable.
—Oh, puedes hacerte cargo de eso. Tengo confianza en ti. Emite un informe
exhaustivo, y daré mi sello de aprobación. Crema el cuerpo y elimina cualquier otra
evidencia. ¡Problema resuelto! Zhoma ha recibido la justicia que se merecía, y las turbas
pueden dejar de buscar a su hombre de la bolsa.
Roderick sabía el líder de la infame CTE había muerto probablemente en algún lugar
de un planeta distante, o al menos se ocultaba del egoísmo mezquino de la política
imperial. A Roderick le hubiera gustado estar lejos de la mezquindad, pero no podía
eludir sus responsabilidades. Un Corrino no se ocultaba.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—No te preocupes —dijo—. Yo me encargo de este lío.


Salvador estaba tan contento que le dio unas palmaditas a su hermano en la espalda.
—Siempre puedo contar contigo. Somos un excelente equipo, tú y yo.

***
La asignación resultó ser, en realidad, bastante simple. Fue un reto mucho más difícil
para Roderick ver a su hermana y decidir qué hacer con ella.
Encontró a Anna vadeando en un jardín de agua poco profunda con Dama Orenna,
recogiendo flores de colores y poniéndolas en una canasta. De pie juntas en el agua, las
dos mujeres se veían como niñas, y Roderick les sonrió. Era un agradable contraste con el
espectáculo dantesco al principio del día. La canosa Orenna, normalmente bastante
elegante, lucía un vestido simple empapado en la piscina; Anna llevaba unos pantalones
cortos y una blusa manchada de tierra. Parecía feliz.
Observando desde el borde de la piscina, Roderick dijo:
—Te ves mejor hoy, Anna. ¿Has descansado bien anoche?
—Flores para mi mente. —Con una dulce sonrisa, levantó una hermosa flor amarilla
con pétalos de delicados flecos—. Género: Nymphoides Limnanthemum, más
comúnmente conocida como el corazón flotante. Es un corazón para mi mente. —En su
cesta, señaló una flor blanca y negra y con hojas verdes de color púrpura—. Género: una
distachyus. Huele a vainilla y es comestible. ¿Quieres probar?
—No, gracias. —Su estómago había quedado asqueado del cadáver mutilado de la
doctora que había despachado recientemente.
La voz de su hermana parloteó:
—Puedo identificar todas las plantas en este estanque, y todas las plantas en los
jardines Imperiales. Sé otras cosas también. La química de la suciedad, el origen de las
rocas, los nombres científicos de todas las aves y los insectos. Estos jardines contienen
muchos ecosistemas; hasta ahora nunca vi todas las interacciones que tienen estos lugares
maravillosos.
Sin detenerse a respirar, Anna comenzó una disertación académica sobre el jardín,
pero se distrajo cuando las aves acuáticas con brillantes plumajes de color esmeralda
revolotearon por lo que se impulsó a dar detalles exhaustivos acerca de la región de
Salusa Secundus donde anidaban, y sus patrones migratorios. Entonces, ccomenzó a
describir los planetas y los sistemas estelares donde se encontraban aves similares, y
pronto se alejó de aquel tema en su totalidad, hablando acerca de la química de los
cementos, morteros, ladrillos y otros materiales de construcción, que de alguna manera
llevaban la matemática de la música.
La Dama Orenna salió del estanque, limpiando sus pies con un paño, y dijo en voz
baja:
—Estoy muy preocupada por ella.
Anna siguió divagando cuando Roderick respondió:

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—¿Todavía oye las voces extrañas en su interior?


Orenna asintió.
—Se derrumbó justo antes de venir aquí. Simplemente abrumada. Estas flores
parecen calmarla, sin embargo. —La mujer se sentó en un pequeño banco y descansó sus
pies—. Su mente puede estar dañada, pero es hiperactiva, llena de información sin
ordenar que arroja al azar. Si fuera capaz de controlarla y organizarla, tal vez la
conciencia regrese a nuestra querida de Anna.
—Siempre ha sido más inteligente de lo que le hemos permitido —dijo Roderick—.
Y ahora, tenemos que hacer todo lo posible para brindarle la ayuda que necesita.
—La Escuela Suk está en desorden; no nos atrevemos confiar su delicada mente a sus
psicólogos.
Él asintió.
—No, sólo puedo pensar en un lugar que podría ser capaz de entender su condición:
la Escuela Mentat en Lampadas. Ahí saben más acerca de la mente humana que nadie. Se
lo sugeriré a Salvador, y creo que estará de acuerdo.
Sin quitarse los zapatos o subiéndose los pantalones, Roderick se metió en el agua y
se abrazó a su hermana, como si quisiera protegerla de los demonios que atormentaban su
frágil mente. En sus brazos, ella se estremeció un poco, y luego lo miró a los ojos y
sonrió.
—Te amo —dijo Anna.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

La mayoría de la gente aspira a acciones nobles, pero esto es tan sólo una teoría. Cuando se enfrentan al
desafío de implementar sus convicciones, se encogen ante ellas, convirtiéndose en pragmáticos más que en
idealistas.
—JOSEF VENPORT, memo interno de VenHold

Después de que Norma lo rescatara de la catástrofe de Thonaris, Josef no se detuvo a


llorar la pérdida del personal o de las naves. Más bien, él y Cioba pusieron a toda la
compañía, a todas las explotaciones y operaciones subsidiarias, en alerta máxima.
Manford Torondo y sus bárbaros insanos ya no eran una mera molestia: los extremistas,
mortalmente destructivos, tenían que ser detenidos a cualquier costo. Y Venport Holdings
era una de las únicas fuerzas en el Imperio con activos suficientes para oponerse a su
salvajismo.
De vuelta en Kolhar, Josef estaba sentado en su oficina, tratando de cuantificar los
daños y las pérdidas. Cerca de seis mil empleados muertos, entre ellos varios cientos que
habían sido traslados desde Celestial Transport durante la toma de los astilleros. Incluso
era posible que algunos hubieran sido capturados por los bárbaros. Mediante el
interrogatorio a los supervisores de alto nivel podrían obtener información importante
acerca de las vulnerabilidades de VenHold. Estaba enfurecido.
Trece de sus más fuertes buques de patrulla de la armada habían sido destruidos. Las
setenta naves mecánicas recuperadas y los navíos parcialmente construidos, todos se
habían vuelto chatarra, junto con las bodegas de carga completa de equipos sofisticados y
maquinaria pesada, el rescate de un Emperador en materias primas procesadas.
Todo destruido.
Cioba entró en su despacho, y la miró. Ella entendía su inmensa gratitud por haberle
ayudado a mantener intacto el imperio comercial de su familia. El matrimonio había sido
uno de los más sabios negocios que había realizado.
Hoy en día, en lugar de su ropa de trabajo habitual, con su pelo largo ordenado bajo
un pañuelo, Cioba había dejado el pelo suelto hasta la cintura para secarse… y llevaba
una bata blanca y limpia que acentuaba la perfección el color pálido de su piel. Se
sorprendió por su apariencia, trayendo a su mente la imagen de una hechicera temible a
punto de participar en la batalla con un cimek.
Antes de que pudiera hacer comentarios, dijo:
—Hay otra crisis.
Las palabras fueron como un peso que cayera sobre su espalda.
—No necesito otra crisis.
Cioba se acercó a su escritorio.
—Esta se puede resolver; y nos otorgaría otro aliado poderoso.
Se sentó, y pasó los dedos sobre la superficie de su escritorio de madera caoba.
—Muy bien, dime al respecto.

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Ella describió la noticia que acababa de recibir sobre el desastre en Rossak, el


Emperador ordenando la ejecución de las Mentats de la Hermandad, incluyendo a la
abuela de Cioba, Karee Marques, así como la vergüenza y la disolución de la totalidad de
la escuela.
—El Emperador había oído rumores de tecnología ilegal en Rossak, y aunque no
encontró ninguna evidencia, las atacó, sin embargo.
—¿Tecnología ilegal? ¿Todo el mundo se ha vuelto loco?
—Todas las Hermanas recibieron la orden de abandonar Rossak. Algunas han
regresado a sus hogares, mientras que otras se han esparcido en puntos desconocidos.
Se puso de pie.
—¿Y nuestras hijas?
—Están a salvo. He enviado una de nuestras naves para recuperarlas. Pero hay
muchas otras mujeres que necesitan nuestra ayuda. —Sus ojos oscuros brillaron,
retándolo a estar en desacuerdo con ella.
—¿En qué sentido?
—Algunas de las Hermanas, aquellas con inclinaciones antitecnológicas, permanecen
a favor del Emperador, y las ha llevado de vuelta a Salusa Secundus. Las otras, sin
embargo, incluyendo a la Reverenda Madre Raquella, no tienen ningún lugar para ir.
Sugiero que les proporcionemos santuario. Envíalas a Tupile con las demás exiliadas, o
encuentra un nuevo lugar. La Hermandad continuará… y VenHold puede encontrar sus
habilidades de gran valor, como tú me encontraste valiosa.
—Por supuesto. —Se echó hacia atrás su cabello, considerando los beneficios que
podría obtener de aquel nuevo desarrollo—. Muy bien, has los arreglos para que nuestra
flota proporcione refugio a Raquella y a cualquier otra Hermana que lo solicite. Estarán
en deuda con nosotros.
—La Hermandad no se olvida de sus deudas —dijo Cioba, y lo sorprendió
inclinándose más y dándole un largo beso en los labios, antes de partir.

***
En la evacuación masiva, la mayor parte de las Hermanas ya se habían dispersado antes
de que el gran buque de la Flota Espacial de VenHold llegara, con una invitación de la
Hermana Cioba. Cediendo a su influencia, Josef Venport había dejado a su esposa
proporcionar santuario para Raquella y las Hermanas que se habían alineado
abiertamente con ella. La Reverenda Madre aprovechó la oferta.
Al salir de Rossak, a las mujeres se les permitió tomar sólo unas pocas prendas de
ropa y artículos personales, todos los cuales fueron inspeccionados. Aunque se habían
destruido todas las copias disponibles del libro de Azhar, Raquella sabía que muchas de
sus Hermanas Misioneras esparcidas tenían copias del libro, y diez Hermanas más habían
sido sometidas a la instrucción especial Mentat en la Escuela de Lampadas, donde
estaban memorizando el texto completo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

El Emperador Salvador había hecho un trabajo eficiente rompiendo a la Hermandad,


y había prohibido muchos de los principios básicos de la orden, pero Raquella todavía
confiaba en que el núcleo de sus enseñanzas y las metas de la organización sobrevivirían.
Se aseguraría de ello.
A bordo de la nave plegadora del espacio, guiada por un Navegante misterioso e
invisible, Raquella se sintió dolida al saber que algunas de sus más fieles Hermanas se
desanimaron a sí mismas, convencidas de que su orden fuera de la ley nunca podría
reagruparse otra vez. Muchas mujeres ya habían regresado a sus propios mundos natales
sin otras oportunidades, o se habían ido a otro lugar para comenzar una nueva vida. Tan
pronto como Raquella restableciera su escuela, lejos de la supervisión Imperial,
comenzaría a extender la mano y renovar aquellos contactos.
Los cuerpos de las Mentats y hechiceras sacrificadas habían sido arrojados a la selva
por debajo para que pudieran ser reasimilados en el ecosistema de Rossak… incluyendo a
la pobre Karee Marques, que había sido tan joven y atenta durante la plaga virulenta de
Omnius. Parecía que mucho más tiempo que décadas reales habían pasado desde
entonces.
Los registros de reproducción y computadoras desmanteladas permanecieron ocultos
en el cenote aislado, en lo profundo de la selva. Estaban a salvo e intactos… aunque las
Hermanas estuvieran en el exilio. Una vez que la Reverenda Madre hiciera un nuevo
hogar para aquellas mujeres, gracias a la ayuda de Cioba y Josef Venport, las
computadoras y los registros se podrían recuperar.
En primer lugar, necesitaba una nueva ubicación para la escuela.

***
Josef y su Mentat salieron al campo de los tanques de Navegantes. Draigo Roget no había
permanecido aturdido en absoluto tras haber sido rescatado.
—Incluso después de todo mi entrenamiento en Lampadas, aprendí una cosa
fundamental en la reciente batalla. —El Mentat estaba observando el tanque central,
hipnotizado por el remolino de gas de especia—. Me enteré de que incluso las
proyecciones más detalladas Mentat no son exactas. Aunque pensé que tenía todos los
datos completos, nunca podría haber predicho que Norma Cenva vendría por nosotros.
El amplio rostro de Norma se acercó a uno de los puertos de visualización de plaz.
Parpadeó.
—La presciencia es una variable que nunca podrá ser un factor en los cálculos
Mentat; incluso la presciencia en sí tiene muchas variables. Un Navegante utiliza especia
para imaginar innumerables caminos posibles a través del universo, y luego debe elegir
una caja fuerte. Pocas veces existe una sola opción.
Todavía enojado, Josef cortó sin más la discusión.
—Normalmente soy paciente con tus discusiones esotéricas, Norma, pero ahora nos
enfrentamos a una crisis. —Miró lejos del campo de Navegantes al puerto espacial

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distante de Kolhar donde los buques iban y venían: naves de carga, de transporte de
pasajeros y buques armados que habían utilizado en su conquista original de los astilleros
de Thonaris. Tendría que haber dejado a toda la fuerza de la que disponía en una postura
defensiva masiva…
—Kolhar va a ser un objetivo —dijo Josef—. Tenemos que defender este lugar y
crear escudos planetarios como los que custodiaban Salusa Secundus de los ataques de
las máquinas pensantes. Nuestros buques comerciales también deben estar equipados con
una protección de grado militar, así como con el armamento más avanzado.
El Mentat estaba compilando en silencio una lista en su cabeza.
—Tenemos miles de buques en la Flota Espacial VenHold, señor. Tal operación
requerirá un gasto masivo y conllevará un riesgo significativo.
—¡Entonces invertiremos el dinero y correremos el riesgo! No se equivoquen, esto es
la guerra, y los planetas del Imperio tendrán que tomar partido y recoger los beneficios, o
sufrir las consecuencias. Retiraremos los servicios de nuestros buques de cualquier
planeta que esté del lado de los bárbaros.
Las cejas del Mentat se juntaron.
—Venport Holdings sufrirá grandes pérdidas financieras como resultado. Si pierde
esta guerra, estará en el camino a perder mucho más, tal vez todo.
Josef le espetó:
—No ayudaremos a cualquier mundo que da la espalda a la razón y la civilización.
¿Dónde estarán los bárbaros cuando tracemos la línea? ¿Rechazarán toda la tecnología
médica, incluso cuando mueran? Ya han saqueado y destruido la escuela original Suk en
Zimia. —Negó con la cabeza—. ¿Renunciarán a su red eléctrica? ¿Sacrificarán su
calefacción y fontanería? ¿Apagarán las luces, dejando a la gente pasar sus noches
acurrucadas alrededor del resplandor de las velas? ¿Prohibirán el fuego porque es
demasiado peligroso? ¿Comerán su carne cruda? —Josef rió con amargura—. Veremos
lo entusiastas que son los seguidores del Medio Manford una vez que realmente
consiguen lo que quieren. Que les permita vivir como verdaderos primitivos por un
tiempo, incapaces de comunicarse con otros mundos, y verán lo rápido que cambian de
opinión y se caen a pedazos.
Durante mucho tiempo, Josef había tenido la intención de construir el poder de su
familia, almacenando y expandiendo la riqueza en tantos mercados como fuera posible.
Pero ahora que había arrojado el guante y entraba en una guerra mayor que nadie había
imaginado, se dio cuenta de que aquello era un choque de civilizaciones, una guerra entre
la razón y la superstición, entre el progreso y la barbarie. Y Josef no se iría sin pelear. La
humanidad racional necesitaba un campeón.
Sacó fuerzas de su nueva pasión.
—Podemos hacer frente a estos matones asesinos y exponerlos como lo que son.
Dejaremos a Manford Torondo sin piernas en las que sostenerse. —Hizo una pausa, no
queriendo ser humorístico—. Metafóricamente hablando, claro.
—Este conflicto podría llevar años… o décadas —advirtió Draigo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Que así sea. Tenemos los recursos de VenHold, nuestro conocimiento, e individuos
de pensamientos claros y dedicados. Lucharemos al pánico con inteligencia. ¿Cómo
podemos perder?

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¿Son sus principios el verdadero fundamento de sus vidas, o un escaparate? Si no están dispuestos a ponerse de
pie y declarar sus creencias para que todos puedan verlas u oírlas, no son creencias verdaderas sino meras
pretensiones.
—MANFORD TORONDO, dirigido a la Liga del Landsraad

Después de destruir los astilleros de Thonaris, los restos de la flota Butleriana de


Manford se encaminaron directamente hacia Salusa Secundus. A pesar de que habían
perdido más de sesenta naves ante Venport y sus amantes de la tecnología, los buques
restantes estaban maltratados, y cargaban cicatrices de guerra; la flota hizo un
espectáculo imponente, descendiendo en el puerto espacial de Zimia.
La sangre de Manford todavía caía caliente de la batalla, y anunció en todos los
canales, para asegurarse de que todo el mundo en Salusa escuchara la noticia:
—Hemos evitado una catástrofe de resurgimiento de las máquinas y derrotado a un
grupo de traidores humanos. Ahora volvemos a la capital del Imperio por apoyo y elogios
de la Liga del Landsraad y de cada miembro del gobierno.
Lanzaron imágenes de vídeo cuidadosamente editadas que mostraban el grado
temeroso de las fábricas robotizadas despertadas, cómo Josef Venport había burlado las
reglas de la cordura y la decencia. Inmediatamente después de la victoria, los Butlerianos
habían permanecido en Thonaris durante la mejor parte del día destruyendo el puesto de
avanzada y los astilleros. Venport, sin embargo, al parecer, había escapado.
De vuelta en los astilleros, después de experimentar la traición del magnate, Manford
anunció que ningún preso se tomaría después de todo. Cada colaborador de las máquinas
pensantes era culpable de crímenes abominables y merecía la sentencia de muerte. Tras el
bombardeo constante de los buques de guerra Butlerianos, Thonaris no fue más que una
nube de escombros calientes que se propagaba. Y Manford estuvo orgulloso de ello.
Si Emperador Salvador era sabio, estaría orgulloso de ello, también. Manford había
decidido quedarse en Salusa durante semanas y meses, si era necesario, hasta que tuviera
la oportunidad para hacer frente a los representantes del Landsraad.
Inmediatamente después de su llegada a la capital, envió una llamada a los
ciudadanos, pidiendo formalmente al consejo para una nueva votación para reemplazar
aquella que había sido interrumpida por la amenaza de bomba. Esta vez, Manford no
aceptaría ninguna excusa. Teniendo en cuenta que tenía más de 140 naves de guerra
repletas de simpatizantes, su petición recibiría una rápida aprobación, y se sometería a
una votación que tendría lugar dentro de dos semanas.
El propio Emperador Salvador instó encarecidamente a todos los representantes y
apoderados del Landsraad estar allí.
En el momento de la llegada de la fecha, los Butlerianos de Manford se habían
atrincherado en el puerto espacial, flexionando sus músculos en todo Zimia, reclutando

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

nuevos seguidores y recogiendo peticiones. Cuando se les recomendó a los ciudadanos


firmar con su nombre la declaración, muy pocas personas se negaron.
En la mañana prevista de la votación, Manford reflexionó sobre la mejor manera de
hacer una impresionante entrada a la Sala del Landsraad. Tres de sus seguidores llevarían
banderas de la trinidad inspiradas en los mártires de la libertad humana: la pálida Rayna
Butler, la hermosa Serena Butler, y su hijo, Manion, que había sido asesinado por el
demente robot Erasmo.
Manford llevaba una camisa suelta y sin adornos o medallas, a excepción de la
insignia de un puño negro apretado alrededor de un engranaje de las máquinas. Aunque
lideraba el vasto movimiento Butleriano, pensaba en sí mismo como un hombre sencillo,
una simple persona, y no tenía necesidad de embellecerse a sí mismo con medallas y
otras cosas. Esta vez, en lugar de ser transportado en un palanquín, como lo había hecho
previamente a la hora de abordar al Consejo del Landsraad, eligió montar sobre los
hombros de Anari Idaho. Esta comparecencia ante los nobles sería, después de todo, una
batalla tan importante como la reciente victoria en Thonaris.
A la hora prevista, con más de cincuenta mil de sus seguidores ocupando las calles y
la plaza alrededor de la Sala del Landsraad, Manford se detuvo por fuera de las grandes
puertas y ordenó que se abrieran de golpe. Anari lo llevó con orgullo dentro de la
gigantesca sala, junto con Gilbertus Albans y los tres abanderados inmediatamente detrás
de ellos. A medida que el hombre sin piernas se adelantaba, se sintió mareado y excitado
con las bendiciones de Rayna. Hoy sería un punto de inflexión en su batalla milenaria.
Su corazón se hundió, sin embargo, al ver que casi la mitad de los asientos estaban
vacíos. De nuevo.
—¿Cómo puede ser esto? —le dijo a Anari.
Podía sentir la ira y la tensión ya que los músculos del hombro se anudaban como
trozos de madera retorcida, pero el rostro de Anari permaneció estoico.
—No te desanimes. Sabemos que estamos en el lado correcto.
Le dijo a Gilbertus Albans:
—Mentat, ten en cuenta quien ha faltado. Quiero una lista completa más adelante.
—Ya estoy trabajando en ello.
Sin mostrar su consternación, Manford le dio un leve codazo a Anari como si fuera un
caballo, y lo llevó a la zona de habla. Un murmullo insatisfecho pasaba a través de la
multitud, pero alzó la voz, desafiante.
—Ya no podemos escondernos cobardemente detrás de los procedimientos
burocráticos. Hoy es el día que pasará a la historia con lo que creen. Hoy se debe tomar
una decisión y declararse del lado de la justicia, o del enemigo del futuro de la
humanidad.
Pero al mirar a todos los asientos vacíos, se dio cuenta de que muchos de los
representantes habían boicoteado extraoficialmente la reunión para su propia protección,
negándose a dejar constancia de cualquier manera. Debería haber sabido que sería difícil
reunirlos contra Venport Holdings, incluso con las espantosas imágenes que sus

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seguidores habían obtenido en Thonaris. Gran parte del Imperio dependía de los buques
de VenHold y sus extraños Navegantes para los viajes, los suministros y el comercio.
Muchos de los representantes ausentes ya podrían haber ido a su mundo natal para
establecer defensas o formar una resistencia activa contra él.
Pero el pueblo de Manford era más poderoso, y respondería con mayor vigor. Sabía
que muchos de sus seguidores morirían en la próxima lucha, pero no perdería de vista
todos sus nombres y los incluiría en volumen tras volumen de «El Libro de los Mártires».
Manford se volvió hacia el palco Imperial. Había alentado firmemente el Emperador
para expresar su apoyo formal a favor de la medida.
De mala gana, Salvador estaba en su palco privado para hacer frente a la sala medio
vacía.
—Todos sabemos los peligros de la tecnología sin control. No puedo evitar sentirme
lleno de alegría de que nuestro Imperio tiene una oportunidad de volver a los días más
simples, días de paz, la forma en que los seres humanos estaban destinados a vivir de
forma natural. —Hizo una pausa, como si hiciera acopio de valor, y les dijo—: Insto a
votar en apoyo a la resolución de Manford Torondo. —Luego se sentó, como si tratara
desaparecer lo antes posible.
Manford esperó, pero sabía que la votación sería mostrada en última instancia.
Presionado en una esquina, recordó las consecuencias de la indocilidad de los
representantes del Landsraad para votar abrumadoramente a mantenerse firmes en contra
de cualquier tecnología que pudiera ser interpretada como «demasiado sofisticada,
demasiado tentadora, y demasiado peligrosa».
Cuando aprobaron la resolución, sintió a Anari relajarse debajo de él; la tensión
drenaba de sus músculos como agua derramada. Pero Manford no había terminado aún y
se irguió lo más alto que pudo.
—Tenemos que ser específicos, así nadie tiene ninguna pregunta. El Emperador
Salvador solicitó que se estableciera de inmediato un comité ortodoxo para velar por las
industrias y los avances, y sofocar cualquier problema antes de que pueda convertirse en
un peligro. Todos los ciudadanos del Imperio debemos tener una lista completa de
tecnología aceptable e inaceptable, y el gobierno tendrá un brazo ejecutor. Soy voluntario
a asistir a mi pueblo en estos asuntos.
La resistencia de Salvador ya había sido rota; no había sido sorprendente que
cumpliera sin más argumento.
Terminando con su trabajo, por ahora, Manford pidió el levantamiento de la sesión.
Anari se volvió y siguió a los tres abanderados de la Sala del Landsraad. Salieron por las
puertas abiertas para hacer frente a la enorme multitud de partidarios Butlerianos. Alzó
las manos en alto en señal de victoria, y los vítores rugientes rodaron sobre él.
—Nuestro movimiento crecerá con mayor fuerza ahora. —Anari le sonrió con una
mirada de adoración.
Manford miró a la multitud y a los altos edificios.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Es posible que hayamos ganado hoy, pero la verdadera batalla acaba de comenzar.
Los seres humanos son débiles y no les gusta vivir sin sus conveniencias. Tenemos que
demostrar, por todos los medios posibles, que la justicia es mucho más importante que la
comodidad.

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Historiadores y científicos se enfrentan en direcciones opuestas: uno mira al pasado, el otro al futuro. El
científico sabio, sin embargo, escucha a los historiadores y observa al pasado para poder crear un futuro más
aceptable.
—TOLOMEO, notas en Denali

Cuando Tolomeo se enteró de la masacre en Thonaris, la noticia no hizo más que reforzar
sus pesadillas basadas en los restos de su laboratorio destruido, en el asesinato de su
compañero, y en el fanático Manford que había despreciado su regalo de nuevas piernas.
Debido a los Butlerianos, la superstición, la ignorancia, y la violencia se habían
convertido en norma en la sociedad. La gente racional se alejaba a la clandestinidad, el
progreso se detenía, y la humanidad empezaba a hundirse en el abismo de una nueva edad
oscura.
Por todo aquello, Tolomeo detestaba a Manford Torondo más que a nadie que hubiera
conocido.
A lo largo de la mayor parte de su vida, Tolomeo había sido un hombre pacífico,
inofensivo, siguiendo sus propios intereses y prestando poca atención a las disputas
políticas externas. La cruzada de Serena Butler contra las máquinas pensantes había
terminado décadas antes de su nacimiento, pero la continua paranoia Butleriana había
servido a los propósitos de Manford. La tecnología sólo era un enemigo imaginario que
Manford utilizaba para reunir a sus seguidores y construir su propia estructura de poder.
La reciente purga de la investigación biológica en Tlulax era una extensión de que los
Butlerianos deseaban eliminar toda la ciencia; el ataque a los astilleros de Thonaris había
sido de una escalada de violencia sin sentido. Y la reciente votación en la Sala del
Landsraad era un franco desafío a los seres humanos civilizados. En lugar de mantener a
los radicales Butlerianos en la franja, que operaban fuera del legítimo gobierno, la
resolución del Landsraad le había concedido a Manford Torondo una posición política y
el apoyo explícito del Imperio. Su extremismo estaba siendo doblado en la corriente
principal.
Tolomeo se sentía asqueado cuando veía a la civilización estrellarse a su alrededor.
Aquello no podía ser tolerado. ¡Las personas razonables tenían que luchar!
En un mensaje de súplica, el Director Venport había instado a todos los
investigadores de Denali a incrementar sus esfuerzos para defenderse contra el asalto
insidioso de Manford, galvanizando por lo tanto a los científicos exiliados.
Era hora del siguiente paso, decidió Tolomeo. Pidió una reunión especial con el
Administrador Noffe en el laboratorio de conservación de cerebros, donde las paredes
estaban llenas de tanques burbujeantes. Los cerebros expandidos de los Navegantes
fallidos colgaban en los fluidos de nutrientes, separados de la salida sensorial pero
mantenidos con vida. Tolomeo a menudo pasaba horas junto a esos cerebros incorpóreos,

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

preguntándose qué pensamientos podrían estar circulando a través de aquella materia


gris.
Ahora se volvió a Noffe (quien estaba acosado por las presiones que se ejercían sobre
él) y dijo:
—Tenemos una oportunidad, administrador. Tenemos que tomar medidas extremas
para hacer frente a una amenaza extrema.
—Estoy siempre dispuesto a escuchar sus ideas, Tolomeo. —Noffe a menudo parecía
distraído y abrumado, y permitía a Tolomeo completar una tarea importante sin su
conocimiento.
—Tienen que ser algo más que ideas. Sé que odia a los Butlerianos, como yo. Todo
investigador en Denali ha sido dañado por ellos, y no dudo de que Josef Venport autorice,
e incluso aplauda, lo que propongo. Cambiará todo.
El administrador lo miró con curiosidad.
Al mirar por última vez a los uniformes cerebros mejoradas, Tolomeo se volvió.
—Sígame. —Llevó al administrador tlulaxa al hangar hermético, donde los paneles
brillantes iluminaban su trío de reforzados caminantes cimek totalmente funcionales, un
simple vistazo a las máquinas imponentes que todavía inspiraban un miedo visceral en
Tolomeo.
La expresión de Noffe vaciló entre la intimidación y la admiración.
—¡Tres caminantes completos! —Se acercó, asombrado y nervioso—. Sabía que
estaba trabajando en los viejos artefactos, pero…
—He encontrado cientos. Los he estudiado, y los he comprendido, y entiendo que no
necesitan ser meros carroñeros de la antigüedad, como tecnologías derrotadas. Podemos
construir nuevos andadores, de formas más avanzadas que las de las máquinas con
mejores armaduras y armas más fuertes. ¿Crees que los viejos cimek fueron temibles?
¡Espere hasta que vea mis otros nuevos!
Noffe siguió mirando, y luego dijo en voz muy baja, obviamente con miedo de la
respuesta.
—¿Para qué?
—He estudiado los registros de la Era de los Titanes, el material original de las
memorias del general Agamenón, y antes de eso, el manifiesto de Tlaloc. En aquel
entonces, la raza humana estaba estancada, debilitada. Los Titanes eran ambiciosos, pero
en cierto sentido tenían motivos altruistas, también, aunque sus propias personalidades
agresivas provocaron su caída.
Se apartó de los poderosos caminantes, y le sonrió a Noffe.
—Podemos hacerlo mejor. Con los cerebros mejorados en el laboratorio
experimental, y con la mejor tecnología, podemos crear un nuevo conjunto de cimek, más
poderosos, más inteligentes y más adaptables que antes.
»Y necesitarán de alguien para guiarlos… posiblemente Josef Venport, si está
dispuesto a someterse a una cirugía radical. Si no es así, administrador, usted y yo

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podemos ser los primeros de la nueva generación de cimek. Como nuevos titanes,
podremos gestionar para evitar la inminente Edad Oscura.
Los dos hombres discutieron todo el daño terrible que Manford y sus seguidores
habían causado. Entonces Noffe reflexionó:
—Sí, podríamos lograr una victoria gloriosa. Una nueva Era de Titanes.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Una de las mayores bendiciones en la vida es descubrir tu talento a una temprana edad, y hacer algo productivo
con él.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL

Gilbertus Albans viajaba en un carruaje abierto, empujado por caballos que se abría paso
poco a poco a lo largo de las calles fangosas de la capital de Lampadas, la cual llevaba a
otros carros en un desfile victorioso. Junto a él se sentaba Manford Torondo en un asiento
especialmente diseñado, saludando a los transeúntes. El líder Butleriano y sus seguidores
estaban eufóricos con sus triunfos sobre los astilleros de Thonaris y la votación en el
Salón del Landsraad.
Para Gilbertus, ambas eran victorias pírricas. Había recuperado la confianza de
Manford demostrándole a los Butlerianos que no era un simpatizante de las máquinas,
pero tenía que ordenar sus emociones visibles. A pesar de que el núcleo de memoria del
robot le había aconsejado sacrificar los astilleros con el fin de mantener su reputación,
todavía sentía que había fallado de alguna manera a Erasmo. Y había odiado ser forzado a
derrotar a Draigo Roget en una batalla real y crucial. Gilbertus anhelaba un retorno a los
días de debates intelectuales desafiantes y juegos simulados con su alumno mejor.
Allí, en la ciudad medieval, como era Lampadas, vio un centro de actividad política y
comercial, un crisol de razas de la humanidad en las aceras y calles pavimentadas de
piedra. Las multitudes aclamaban, con gente izando pancartas que mostraban su imagen
heroica al lado de Manford. ¡Con qué rapidez y facilidad sus opiniones cambiaban!
Banderas Butlerianas de colores rojo sangre y negro colgaban de los edificios, aleteando
en la brisa fresca de la mañana.
Temblando en una ráfaga de viento, Gilbertus estiró el cuello de la chaqueta alrededor
de su cuello. La ciudad era una mezcolanza de edificios construidos por debajo de una
zona de convergencia del tiempo, en el que diferentes sistemas de tormentas se
enfrentaban a menudo encima de la cabeza, dando a los habitantes una mojada de lluvia,
relámpagos, truenos y viento, pero los líderes locales eran un grupo resistente, y parecía
que le gustaba la ubicación. Bases meteorológicas habrían ayudado, pero Manford nunca
aceptaría la tecnología.
En contraste con las celebraciones coloridas, Gilbertus olió las aguas residuales a
través de la ventanilla abierta del coche, el olor nunca habría sido tan frecuente en una
ciudad de alta tecnología, y ciertamente no en Corrin bajo la gestión de las máquinas
pensantes. Miró a la multitud con sentimientos encontrados. Quería mejorar la
civilización, promover la causa de la humanidad. A pesar del fervor Butleriano, eso no
podía hacerse por descarte y la destrucción de cualquier dispositivo o técnica que se
conectara remotamente con tecnología sofisticada.
No podía esperar a regresar con Erasmo, que se mantenía oculto, encerrado…
probablemente solo, y sin duda aburrido. Gilbertus estaba preocupado por haberse

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ausentado tanto tiempo. Muchos Butlerianos habían muerto durante el ataque a Thonaris;
si algo le hubiera pasado a él, ¿qué sería de Erasmo? Aunque Gilbertus había vivido
durante mucho tiempo, todavía era mortal. Tenía que encontrar la manera de garantizar la
seguridad del robot independiente, y pronto. Pero los humanos, o un grupo de seres
humanos, ¿posiblemente podrían supervisar una personalidad tan fuerte?
Manford se apartó de la multitud, con una expresión severa.
—Te veo preocupado, Mentat, en este gran día.
Gilbertus se obligó a sonreír, y saludó a la multitud.
—Te aman, también —continuó Manford—. Respetan el gran servicio que brindaste
para nuestro movimiento. Debe quedarse aquí y trabajar conmigo en nuestros esfuerzos
de expansión. Deje la escuela en manos de otra persona.
Gilbertus no había querido estar allí en primer lugar, pero Manford había insistido en
que las personas tenían que ver a sus héroes, y adorarlos.
—Gracias por decir eso, señor, pero mis deberes están en otra parte. Un nuevo
estudiante importante llegará esta tarde.
—Ah, sí. Anna Corrino. Es muy bueno que vaya a ser entrenada por alguien de su
calibre moral. Y estoy feliz de tener a la hermana del Emperador cerca, aquí mismo en
Lampadas, para que pueda… garantizar su seguridad.
Gilbertus luchó para controlar su expresión perturbada. ¿Manford estaba
considerando acaso a Anna como una rehén?
—Tengo entendido que es problemática, su mente dañada por la exposición al
veneno. Pero haré lo que pueda para ayudarla a través de sus dificultades. Tal vez las
técnicas Mentat sean beneficiosas.
Cuando el desfile llegó a su fin, Gilbertus salió del carro, y Anari Idaho recuperó a
Manford. Cada vez más, el Director estaba siendo obligado a tener relaciones más
estrechas con el líder del movimiento.
Durante más de una hora, obligado a permanecer en la recepción, Gilbertus estrechó
la mano, y la gente común entusiasta brotó por encima de él, elogiándolo, y le dieron
unas palmadas en la espalda. Posó en fotos con ellos, les felicitó por sus bebés, y se sintió
como el político que no quería ser.

***
Con mucho menos espectáculo, Gilbertus fue al encuentro de la hermana del Emperador
cuando arribó al puerto espacial. Anna Corrino tenía una expresión aturdida mientras era
trasladada junto a dos guardias del palacio que parecían ser gemelos, rubicundos,
hombres uniformados que parecían estar incómodos en Lampadas.
Vestida con una falda y una blusa que le daba el aspecto de una joven adolescente en
lugar de una de veintiún años de edad, Anna avanzó, su atención fija en todo lo que
revoloteara a su alrededor. No se percató de Gilbertus, pero hablaba sola en un constante
y murmurado monólogo.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Cuando Gilbertus se presentó formalmente, y no recibió respuesta alguna, uno de los


guardias asintió hacia él.
—El Príncipe Roderick Corrino le envía a su hermana. Se le ordena que le facilite
todo remedio disponible para su dolencia.
Gilbertus estudió a la mujer joven, escuchando recitar una letanía de información
diversa, y después de la incomprensión inicial, se dio cuenta de que estaba nombrando a
los representantes del Landsraad y a los apoderados de todos los miles de planetas del
Imperio.
—Estoy impresionado por tu capacidad de recordar, Anna. Es comparable solo con
nuestros estudiosos aquí. Un Mentat memoriza grandes cantidades de información y
puede recordarla a voluntad. ¿Tú ya puedes hacer eso? ¿Eres capaz de hallar los datos
que desees en cualquier momento? —Cuando ella no respondió, se volvió hacia los
guardias—. Puede ser todo un reto, pero hay una posibilidad de que también pueda ser un
gran éxito, teniendo en cuenta sus habilidades únicas.
—Con su permiso, señor Director, acompañaremos a la Princesa a su escuela. Es muy
inquieta, y muy inteligente. Debe tener cuidado de no dejar que se salga con la suya.
—Sí, por supuesto. No queremos que eso ocurra.
Gilbertus permaneció junto a Anna y escuchó mientras recitaba largas cadenas de
números, conjuntos de hechos, recuerdos y fechas de nacimiento de cada uno en el árbol
de familia Corrino/Butler.
Y pensó para sí mismo: Erasmo la encontrará muy fascinante.

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A veces los paquetes más atractivos son los más peligrosos.


—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, primeras notas desde el Palacio Imperial

El Emperador Salvador Corrino descansaba en su trono de cristal verde, observando


como una nueva concubina cantaba y bailaba para él en la gran sala de audiencias, una
encantadora joven que había arribado en recomendación de la Hermana Dorotea. Su
nombre era Angelina, y aunque Salvador se había mostrado reacio a acerarse nuevamente
a cualquiera de las mujeres capacitas de Rossak, Dorotea le intrigaba haciendo alusión a
otros entrenamientos físicos a los que algunas Hermanas habían sido sometidas.
En sus dos primeras noches de servicio como concubina, Angelina no le había
decepcionado. En absoluto.
A pesar de que una larga túnica la cubría desde el cuello hasta los tobillos, Angelina
demostraba que era extremadamente flexible, y encontraba su baile bastante provocativo.
Cada movimiento le recordaba a otros movimientos que había demostrado en la intimidad
de la alcoba, haciendo que Salvador olvidara rápidamente a la Emperatriz Tabrina.
Como formalidad, había invitado a Tabrina a ver espectáculo de danza de la
encantadora chica, pero se había negado. En las últimas semanas su relación había sido
plana, sin argumentos o pasiones; o cualquier otra cosa, para el caso. Era como si los dos
no estuvieran casados en absoluto, y vivieran en mundos separados. Últimamente había
estado pensando en seguir el camino de su padre, dejando que sus concubinas tuvieran
sus hijos y luego designar al sucesor.
Hasta el descubrimiento del esquema insidioso de la Reverenda Madre Raquella para
cortar con su línea de sangre, Salvador Corrino había dado poca importancia a los bebés,
a elevar los hijos o hijas… pero ahora le parecía una cuestión de honor. Cualquiera de sus
otras mujeres lo harían bien, si la Emperatriz no cumplía con sus obligaciones.
Se reclinó en su trono. Salvador no podía entender nada de las palabras de la canción
de Angelina, y no le importaba. Tenía una voz gutural que evocaba los tiempos y lugares
que había visto en los librosfilm pasados. A pesar de que la había invitado a bailar allí
con el fin de levantar su ánimo, finalmente le hizo un gesto rápido con su mano en el aire.
Era una diversión agradable, pero tenía tantas otras preocupaciones. Con una sonrisa
rápida en respuesta, ella se inclinó sumisamente y se apresuró hacia la puerta abierta.
Al menos Angelina era obediente. Tal vez iría a verla de nuevo esa noche… o no. A
pesar de que sin duda se complacía con ella, el Emperador tenía otras ocho concubinas, y
no quería hacer que la Hermana Dorotea se sintiera demasiado engreída. Dorotea
permanecía de pie cerca del trono ahora, notándose muy seria y leal, a pesar de que había
detectado el orgullo en su expresión. No había dudas de que estaba contenta de que al
Emperador le gustaba su elección de concubina.
Las fuerzas de Salvador habían completado la expulsión de todas las integrantes de la
antigua Hermandad de Rossak. La Reverenda Madre Raquella y cada Hermana, excepto

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

las que Dorotea había aprobado, también habían dejado el mundo selvático con poco más
que la ropa en sus espaldas. Esperaba que Roderick hubiera estado en lo correcto en su
sugerencia de salvar a algunas de las Hermanas inquietantemente capacitadas para el uso
Imperial, y estaba ansioso por descubrir cómo Dorotea y sus seguidoras elegidas a dedo
podrían servirle. Llevarían una estrecha observación.
El Príncipe Roderick estaba de pie junto al trono, listo para ejecutar las órdenes de su
hermano. A través de una puerta abierta, el Emperador Corrino vio a la gente pululando
alrededor mientras esperaban una audiencia con él. Candelabros inmensos colgaban en lo
alto, y las paredes estaban cubiertas con frescos heroicos por los mejores artistas en el
Imperio.
Ninguno de los atavíos llamativos le interesaba en aquel momento. Durante todo el
día, había estado sufriendo de un dolor de cabeza que le preocupaba y mucho, ahora que
no tenía médico personal. El Emperador Jules había sido atormentado con migrañas
crónicas antes de ser diagnosticado con tumor cerebral…
Después de que la atractiva concubina revoloteara fuera de la sala de audiencias,
Roderick consiguió volver a los negocios.
—Ocho personas están buscando una audiencia, Sire, entre ellos el Dr. Waddiz de la
Escuela Suk, un representante de Venport Holdings, y una atractiva mujer que quiere
hacerle una entrevista para el …
—Trae primero a Waddiz. Quiero hablar con él acerca de mis dolores de cabeza. —
Se sentía atrapado y sin acceso a médicos calificados; Los necesitaba, a pesar de que no
confiaba plenamente. Otros tres doctores Suk estaban de guardia en el Palacio, y les había
confinado a sus cuarteles, hasta nuevo aviso, sin saber si se atrevería a llamarlos de
nuevo.
El Dr. Waddiz era un hombre alto, de aspecto distinguido con piel curtida oscura. El
nuevo administrador en jefe de la Escuela Suk sabía muy bien que Zhoma había caído en
desgracia y fuera de servicio, y hasta ahora había sido lo bastante sabio como para no
hacer demasiadas preguntas acerca de lo que le había sucedido.
Se inclinó delante del trono.
—Señor, déjame ofrecer mis más sentidas disculpas de que el servicio de la Dra.
Zhoma fuera insatisfactorio. Era muy reservada y actuaba de forma independiente en
muchas áreas. Ahora que hemos comenzado a analizar sus registros privados, estamos
descubriendo irregularidades financieras, también. Usted puede estar seguro de que
investigaremos a fondo. —Waddiz hablaba de una manera nerviosa. Debido a las
declaraciones públicas, sabía con certeza lo que Salvador le había hecho a las Hermanas
de Rossak, y podría saber que la Dra. Zhoma había quedado atrapada en su parcela
aliada—. Por favor, no deje que este desafortunado incidente refleje el mal en nuestra
institución académica.
—Sí, sí. —Salvador se frotó las sienes—. La reputación de su escuela, sin duda se ha
visto empañada. —Le palpitaba la cabeza constantemente, y estaba seguro de que un

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tumor debía estar creciendo allí, presionando detrás de sus ojos, hinchándose dentro del
cráneo… ¿Cómo iba a sobrevivir si nunca conseguía un médico competente?
Waddiz se puso en pie, con la cabeza gacha.
—Bajo mi liderazgo, haremos todo lo posible para recuperar nuestra posición y
nuestras nuevas instalaciones en Parmentier trabajarán en estrecha colaboración con el
comité recientemente creado de Ortodoxia. Nos comprometemos a trabajar dentro de las
directrices que decida establecer para nosotros, Majestad.
Salvador lo miró con una expresión amarga y escéptica.
—La mejor manera de recuperar su posición conmigo sería garantizando la lealtad de
cualquier médico asignado a tocar mi real persona. Zhoma era la doctora Suk de más alto
rango. Si fue sorprendida tratando de hacerme daño, ¿cómo puedo confiar en otro
cualquier médico que usted proporcione? ¿Cómo puedo estar seguro?
Waddiz juntó las manos, y se inclinó de nuevo.
—Ya hemos estado estudiando el asunto, Sire, y nos damos cuenta de que no es un
problema exclusivo de un mecenas Imperial. Muchos personajes importantes temen
esquemas y asesinos, y un paciente es a menudo completamente vulnerable durante el
tratamiento. Nuestra ala psicológica está desarrollando un tipo de condicionamiento que
hará que un médico sea totalmente incapaz de hacer daño a una persona específica.
De pie junto al trono, Roderick interrumpió:
—¿Condicionamiento? ¿Se refiere a una programación como una máquina? Los
cimek añadieron restricciones de programación para evitar que Omnius les hiciera daño.
Waddiz se alarmó por la comparación.
—No… de esa manera. Un acondicionamiento especial mental, costoso e intensivo,
diseñado para proteger a un importante mecenas como usted, señor.
—No soy más que un importante patrón; yo soy el Emperador.
—Para usted, Sire, será el más alto nivel de garantía. Condicionamiento Imperial. Un
programa de verificación de lealtad intensa e infalible que se nutra profundamente en la
conciencia, dejando una huella que no se pueda borrar bajo cualquier circunstancia. Sólo
estamos en las etapas de prueba, pero los resultados son más que prometedores.
Roderick susurró consejos al oído de Salvador, y después el Emperador se dirigió a la
Reverenda Madre que aguardaba cerca del trono.
—Por lo tanto, Hermana Dorotea, ya que ha demostrado una intuición confiable en
cuanto a la verdad o la falsedad, ¿suena plausible el plan del médico? Por lo que se puede
decir, ¿está diciendo la verdad?
El nervioso médico se retorció bajo el escrutinio. En aquel momento, Dorotea miró a
Salvador y le dijo:
—Creo que tal condicionamiento es posible, y tengo la sensación de que no miente,
bajo ninguno de los indicadores.
Una vez más, Roderick susurró consejos, esta vez recomendando que no tendrían que
ser capas de pruebas adicionales las que se realizaran allí en Salusa Secundus, de modo
que los Corrino podrían ser completamente asegurados de médicos leales.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Finalmente, el Emperador asintió y dijo:


—Muy bien, Waddiz. Puede proceder con el programa. Necesito un médico
totalmente acondicionado tan pronto como sea posible.
Desde algún lugar, el médico encontró a su coraje.
—Gracias, señor, pero es sólo un programa de pruebas muy limitado en este
momento, y necesitaremos fondos adicionales…
Salvador lo apartó a un lado.
—Busca en el tesorero Imperial. Roderick, redacta la autorización de pago.
—Gracias, Sire. —Waddiz hizo una reverencia y se alejó rápidamente.
Irónicamente, tan pronto como el doctor Suk se marchó, el Emperador se dio cuenta
de que su dolor de cabeza se había desvanecido.
—Su Alteza —dijo Dorotea—, mis Hermanas y yo estamos agradecidas por la
oportunidad que extendió al invitarnos aquí. Me gustaría ser voluntaria de mis servicios
con mayor frecuencia como experta en la detección de falsedades. Señor, si me permite
estar de pie cerca de su trono durante las audiencias Imperiales, probaré serle de gran
utilidad.
—¿Pero puedo confiar en usted? ¿No es esa la cuestión, Dorotea? Quiero confiar en
usted, así como quiero confiar en mis médicos. Pero cosas malas han pasado, cosas que
hacen que me detenga.
Ella no vaciló mientras lo miraba.
—Permítanme demostrar mi talento, Sire, y le prometo que no será decepcionado.
Roderick interrumpió:
—Tal vez el Emperador la convocará para tareas específicas. Usted será notificada
cuando se la necesite.
Sintiéndose decepcionada, Dorotea se marchó con una reverencia formal, y el
Emperador Salvador se sentó en su trono. Tenía un largo día por delante, muchas
decisiones que tomar, muchos visitantes a lo que saludar, como era su deber. Pero había
otras funciones, y estaba soñando despierto que pudiera visitar a la Emperatriz en su
dormitorio esa noche en vez de a sus concubinas, y para un propósito específico.
Sí, Salvador decidió que era hora de que tuvieran hijos propios. Sólo para enfrentar a
la versión de Raquella y su Hermandad y sus predicciones de linaje monstruosos.

***
Esa noche, mientras Salvador soportaba un banquete junto a la Emperatriz Tabrina, como
era de costumbre, sintió que su vida estaba volviendo a la normalidad… pero eso no
quería decir que fuera bueno.
Mirando a través de la mesa, observó a Roderick y a su esposa, y a sus hijos bien
educados, mientras todos compartían postres entre sí. Haditha tomó un pequeño pastel, le
dio un mordisco y se lo ofreció a su hija. Roderick se rió de alguna broma que su niño
había hecho, y luego se inclinó y besó a su esposa en la mejilla.

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Salvador sintió una profunda sensación de añoranza por lo que su hermano menor
tenía. ¡Pero él era el Emperador del Imperio! ¡Miles y miles de mundos! ¿Por qué no
podía tener una buena vida familiar? ¿Por qué era eso tan difícil? Se sintió con suerte, y
tocó la mano de Tabrina.
Lo miró como si se hubiera limpiado excrementos en su muñeca.
—No me toques —jadeó.
Se retiró, dolido. Manteniendo su voz baja, protestó:
—¡Tú eres mi Emperatriz! ¿Por qué me tratas así?
—¡Hemos pasado por esto cientos de veces! Todo sería mucho más cálido si me
concedes un título y una posición en el gobierno. Durante muchos años vi a mi padre
trabajar en sus industrias; me sentaba en sus oficinas, aprendiendo de él. Tengo
habilidades, y sin duda seré una mejor ministra de comercio que ese idiota que has tenido
en el cargo durante cuatro años.
—¿Te atreves a chantajearme?
—¿Chantajearte? —Tabrina arqueó las cejas—. Sólo estoy haciendo lo que las
mujeres han hecho desde tiempos inmemoriales. ¿Esperas que me desmaye cuando me
tratas como una simple mascota? Pido unos deberes perfectamente razonables, y tú dices
que no. Yo soy la parte perjudicada, no tú.
—Pero necesito un heredero legítimo. El Imperio necesita un heredero.
—Y yo quiero ser ministra de comercio. —Retiró los brazos cerca de su pecho—. La
solución parece bastante obvia.
—Así que… si te doy ese título, ¿podrás llevar a mi hijo?
—Dame el título y los deberes. Entonces sí, te invitaré a mi dormitorio… en un
horario determinado. Más allá de eso, no tengo ningún control sobre si pueda o no quedar
embarazada.
Salvador entrecerró los ojos.
—¿Pero no harás nada para evitarlo?
—No haré nada para evitarlo. —Suavizó un poco su expresión—. Y creo que
encontrarás la disposición mucho más agradable, porque estaré más feliz con el nuevo
estado. Eso sí, no esperes que lo desee.
—No, nunca esperaría eso —dijo Salvador, mirando de nuevo a la pareja feliz de
Roderick y Haditha.

***
Dorotea colocó el frasco con loción en la suave mano de la nueva concubina.
—Se trata de una crema, de fácil aplicación. El Emperador Salvador nunca se dará
cuenta, siempre que mantenga su mente en otro lugar.
Angelina sonrió con frialdad.
—Pero, Reverenda Madre, ¿está segura de que no sentirá nada? ¿No lo sabrá?

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—Nosotras hemos formulado esto con mucho cuidado. Una sola exposición debería
ser suficiente para hacerlo estéril. No sabrá que nada ha cambiado, ni siquiera sospechará
que tiene un problema desde hace mucho tiempo. Y no te hará daño, tampoco.
La joven de extraordinaria belleza se inclinó.
—Mi preocupación no es para mí, sino para la Hermandad.
—Si haces esto, ayudarás a asegurar nuestro futuro. —Dorotea se alejó corriendo por
el pasillo oscuro en el exterior de las dependencias de las concubinas.
A pesar de su disputa con la Reverenda Madre Raquella, Dorotea había estudiado la
proyección de cría por sí misma. A pesar que las computadoras eran inherentemente
malas, no podía negar su exactitud. Sentía la responsabilidad de evitar que el más terrible
tirano de toda la historia azotara a la humanidad.

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Cada persona llora la pérdida de un compañero a su propia manera. Pero cualqiera sea el elogio de las flores,
los muertos permanecen muertos.
—Refrán zensuní

Cuando hizo su camino de regreso a la aislada estación de monitoreo meteorológico y a


la aeronave en la cual los gemelos habían desembarcado allí, Vor se arrodilló durante un
buen rato en la arena caliente junto al cuerpo de Griffin Harkonnen. La muerte del joven
fue tan completamente inútil y desgarradora como lo había sido la de Ishanti.
Griffin podría haber sido la mayor esperanza para restablecer las fortunas y el respeto
de la Casa Harkonnen. Sus habilidades habían sido sólidas y sus planes viables… pero
todo se habín extinguido.
Los enemigos de Vor seguían persiguiéndole y causándole dolor, siempre perdiendo
el objetivo verdadero, y tantos inocentes habían pagado el precio de esa deuda. Incluso
Mariella…
Envolvió el cuerpo de Griffin en una lona fina de polímero que encontró entre los
suministros dentro de la estación meteorológica. Podría haber dejado solamente al joven
allí, los elementos se encargarían de él muy pronto, pero Vor lo encontraba deshonroso.
Griffin Harkonnen lo había derrotado en un duelo, apuntado un cuchillo afilado a su
garganta, y luego concedido a Vorian su vida de nuevo. Vor le debía una deuda por eso,
pero aún más, Vor tenía que pagar una deuda con la Casa Harkonnen… no para exponer
excusas, no para explicarse, sino para reconocer su parte en el manchado del nombre de
Xavier Harkonnen y en la desgracia y sufrimiento acumulado en Abulurd y sus inocentes
descendientes.
Sí, las repercusiones volvieron a él. Respiró hondamente y de forma reconsiderada,
pero sólo un poco. Xavier y Abulurd y Griffin habían sido responsables de sí mismos;
Vor albergaba ilusiones sobre eso, pero también tenía parte de la culpa, y ahora lo
aceptaba.
Después de atar la lona alrededor del cuerpo, Vor levantó al joven sobre su hombro y
subió al volante, depositando el paquete envuelto detrás de los asientos de la cabina. Con
perseverante minuciosidad, completó la lista de control de vuelo, encendió los motores, y
se elevó fuera del suelo rocoso.
La aeronave era un modelo común en Arrakis: una brújula, los vínculos de control
climático, y las cartas de navegación lo guiaron de vuelta a Arrakis City. A principios de
la tarde, aterrizó en el borde del puerto espacial principal y se dedicó a tratar de encontrar
un vehículo para transportar el cadáver de Griffin de vuelta a Lankiveil, junto con un
mensaje a su familia que todavía tenía que escribir.
Los operadores de la línea de carga estaban desconcertados por su petición. Uno de
ellos preguntó:

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

—¿Se da cuenta de los gastos, señor? El envío de un cuerpo humano en el espacio no


es rentable.
—No me importa el costo. Él pertenece a su familia, su mundo y su hogar. Tengo que
enviarlo de vuelta allí. —Vor tendría que arreglar una transferencia de fondos de una de
sus cuentas en otro planeta, pero el gasto real no era un problema. Podría haber ignorado
la responsabilidad, dejado de lado a los Harkonnen otra vez, y dar la espalda a la culpa…
pero ese tipo de pensamientos ya habían causado demasiados problemas.
El operador de carga negó con la cabeza.
—He visto a tontos perdiendo dinero de muchas maneras. No le aconsejo esto, pero
sé que alguien aceptará su pago, si no lo hago yo. —Con un poco de convencimiento
aceptó el trabajo de todos modos.
Vor también se sintió obligado a dar a la familia de Griffin una explicación, aunque
no demasiada. Escribió el mensaje mientras que los hombres manejaban el cuerpo,
preparándolo para el envío.
«Griffin Harkonnen murió con honor, en la defensa de sus principios. Era un hombre
valiente, viajando por todo el Imperio, nunca eludiendo su noble misión. Él me encontró,
como su familia así lo exigía, y resolvimos nuestras diferencias. Con el tiempo,
podríamos incluso habernos hecho amigos, pero se encontró con una muerte inesperada y
trágica. Ahora, en el espíritu de su memoria sólo puedo esperar que su familia entienda y
perdone».
Vor hizo una pausa, decidiendo no revelar la existencia de los otros dos hijos de
Agamenón a la familia de Griffin. Aquel asunto se había resuelto, y los gemelos no
causarían más daño. Sin embargo, fue una batalla que los Harkonnen nunca deberían
haber tenido que luchar.
«Fue asesinado por bandidos del desierto,» continuó Vor. «Y los maté por haberlo
hecho. Su valiente Griffin fue vengado, y me uno a ustedes en la tristeza. Conocí a
Griffin sólo por un corto tiempo, pero llegué a admirarlo, y les aseguro, se ganó el
respeto duradero de su apellido».
Vor terminó de decir lo que quería decir, y después de que la funeraria de Arrakis
City sellara y conservara el cuerpo, colocó la carta en el compartimiento hermético de
almacenamiento de mensajes, y vio como era subido en el próximo buque de carga
saliente. Finalmente, sería transferido a Lankiveil.
Después de que el buque desapareciera, Vorian permaneció en Arrakis City por tres
días, pero pronto se dio cuenta de que no quedaba nada para él allí. Y con Mariella
muerta, no podía imaginar volver a Kepler, pues solamente podría exponer al resto de su
familia ante un gran riesgo.
Había trece mil planetas del Imperio. Seguramente podría encontrar otro lugar a
donde ir.
En la oficina del puerto espacial, ofreció sus credenciales, pagó una tarifa sustancial,
y firmó a bordo de un buque de carga VenHold que estaba previsto para salir con una

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carga de melange. Con un montón de solaris restantes en sus cuentas, volaría las rutas
espaciales por un tiempo, o desembarcaría en cualquier mundo que le interesara.
El futuro para Vorian Atreides, a pesar de su longevidad, era un hueco abierto y
vacío. Subió a la nave sin tener idea alguna de a dónde estaría atado, y no miró hacia
atrás al planeta desértico.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Las amenazas son sólo palabras, y tienen el inesperado efecto de advertir a tu oponente, lo que le permite
preparar una defensa u ofensiva. No creo en las amenazas. Creo en las acciones rápidas y duras.
—VALYA HARKONNEN

Luego de que la Hermandad fuera expulsada de Rossak, Valya fue enviada a Lankiveil,
en contra de sus deseos. Había sido alejada del planeta selvático y enviada a un transporte
espacial con muchas otras Hermanas, sin poder preguntarle a la Reverenda Madre
Raquella qué hacer o de qué manera podría preservar el núcleo de la Hermandad.
Todo se había perdido.
Sus familiares la recibieron en el pequeño planeta. Era su definición de hogar,
supuso: un lugar donde su familia la recibiría, sin importar cuáles vergüenzas o crisis
traía con ella.
Griffin aún no había regresado de su cacería de Vorian Atreides, pero su hermano y
hermana más pequeños estaban contentos por verla, y la llenaron de preguntas sobre la
Hermandad. No estaban interesados realmente, pero estaban felics de su regreso. Su
madre nunca había creído que un entrenamiento especial beneficiaría a Valya.
Desde la perspectiva de Valya, pensó, había aprendido muchísimo para conformarse
con una tranquila vida sin ambiciones. Aguardaba el regreso a casa de Griffin, cuando los
dos pudieran hacer planes y tomar nuevos caminos para restaurar a los Harkonnen a la
prominencia. Sus esperanzas de avanzar a través de la Hermandad, o a través de los lazos
de amistad con Anna Corrino, se habían escapado.
Recordó las palabras de la Reverenda Madre: La Hermandad es tu única familia
ahora. Pero la orden de la mujer había sido desmantelada, y su propia familia parecía
haber olvidado lo que significa realmente ser un Harkonnen. Habían tomado decisiones
débiles, que los llevaron al exilio en un mundo frío de océanos helados y climas duros.
Habían fallado en arañar el significado de los eventos políticos más allá de su propio
planeta de aguas negras. Continuaban decepcionándola.
Pero Griffin nunca la había decepcionado, y conforme los días pasaban, la
preocupación creció en su interior. Si podía saltar hacia las árticas aguas para salvarlo, lo
haría.
Una mañana, dos semanas después de su regreso, Valya ingresó en el área del living
principal de la casa de sus padres. El calor era abrazador, y pudo oler la sopa de carne de
ballena cocinándose en la cocina, una receta familiar condimentada con especias locales
y vegetales. Nunca le había gustado la cocina de Lankiveil.
Su padre conversaba largamente con Valya acerca de hacer modificaciones a su casa,
usando diferentes materiales para techos y un mejor aislamiento. No tenía ningún interés
en absoluto. Como líder planetario, Vergyl Harkonnen no hacía ningún intento de
avanzar la posición política de la Casa Harkonnen, y se encogía de hombros cuando

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recibía un aviso de que el proxy de Lankiveil en el Landsraad había firmado por la


petición de Manford Torondo y hecho público su apoyo a los Butlerianos.
Suspiró con disgusto mientras miraba a su padre ahora, sentado en una silla de
madera en bloques ante el fuego, absorto en un libro. En el tiempo que había estado
fuera, se había convertido en una persona muy pequeña. Si la Casa Harkonnen alguna vez
volvía a la fama y la gloria, no sería gracias a él, sino a ella y su hermano.
Griffin, ¿dónde estás?, pensó, sintiendo que algo estaba mal, muy mal.
Sonia Harkonnen estaba sentada en una pequeña mesa donde usaba una aguja y
cuerda gruesa para coser piezas de piel de ballena, haciendo una nueva capa para el
hermano menor de Valya, Danvis. El muchacho tenía catorce años, edad suficiente para
salir en expediciones de piel de ballena; sus facciones y gestos le recordaron a Griffin a
esa edad.
Valya estaba junto al fuego para calentarse. Todos los días desde que había regresado
a aquel mundo de hielo, había estado helada hasta los huesos; se había acostumbrado al
clima comparativamente cálido y agradable de Rossak. Su padre la recibió con una
sonrisa.
—Buenos días, Valya. —Su madre seguía con las mismas palabras, exactamente, y
hasta con su propia sonrisa vacua.
Valya no podía esperar para irse nuevamente de aquel lugar.
Cuando la Hermana Arlett la había reclutado en un día azotado por el viento en los
muelles, la mujer había descrito cómo la escuela en Rossak podría ser la ruta de Valya al
poder e influencia. Pero ahora la Hermandad era una criatura herida, buscando un lugar
para sanar… o morir.
—Guardamos una tortilla para ti cuando no viniste a desayunar. —Su madre hizo un
gesto hacia un plato que se calentaba en la chimenea.
Valya decidió llevar la comida a su habitación, donde podría pensar qué hacer a
continuación. Tomaba el plato y se volvía hacia la escalera de madera, cuando escuchó
un golpeteo urgente en la puerta. No era un sonido bueno, sus sentidos estuvieron en
alerta inmediata.
Su padre la desestimó con la mano y fue a contestar la llamada. Abrió la pesada
puerta para ver a dos pescadores locales que traían una entrega, un paquete rectangular de
casi dos metros de largo, sellado con etiquetas de transferencia de la Flota Espacial
VenHold.
—Llegó en el servicio de transporte ayer por la noche. Todavía estamos
distribuyendo.
Vergyl les dio las gracias, sintiendo curiosidad por el gran paquete. Valya le ayudó a
meterlo en el interior, pero había algo en el tamaño y la forma del recipiente que la
llenaba de pavor. Ajeno, su padre buscó en las etiquetas para ver si podía identificar el
nombre del remitente, pero Valya ignoró mensaje alguno y arrancó el embalaje, pelando
las capas de polímero.

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Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Fue la primera en ver el rostro sin vida de su hermano, con los ojos cerrados, las
mejillas cubiertas con un rastrojo de barba. Su barba estaba enmarañada, y había un rastro
de polvo en la frente y en su cabello castaño. Su cabeza colgaba en un ángulo extraño.
Conmocionado, su padre se tambaleó hacia atrás y chocó contra la pared y empezó a
sollozar. Su madre se apresuró a mirar con horror el cuerpo de su hijo. Era algo que los
padres nunca debían tener que ver.
Valya convocó a todo el entrenamiento que la Hermandad le había dado. Le habían
enseñado cómo estudiar una situación en un centenar de vistas instantáneas. Se quedó
inmóvil y observó, y luego se arrojó sobre el ataúd improvisado. En voz muy baja,
susurró el nombre de su hermano, sabiendo que nunca podría responderle de nuevo.
—Griffin.
Los dos pescadores que habían entregado el paquete se inclinaron respetuosamente.
Uno de ellos abrió el compartimiento del mensaje y le entregó un sobre a Vergyl
Harkonnen.
—Esto venía también, señor. Lo siento mucho, señor. —Su compañero entregó el
correo adicional, y ambos dieron un paso atrás.
Angustiado y sollozando, Vergyl abrió el primer sobre y sus manos temblorosas
rompieron la carta de papel, pero juntó las piezas para poder leer las palabras. Parecía
incapaz de comprender el mensaje como era incapaz de comprender la muerte de su hijo.
—Es… de Vorian Atreides.
Valya le arrancó la carta.
—¿Qué? ¡Ese bastardo!
Leyó el mensaje, a sabiendas de que el mismo podía estar repleto de mentiras. Escrita
en una firme caligrafía, el mensaje aseguraba que su hermano había muerto como un
héroe, tratando de defender a Vorian de contra unos atacantes. ¡Tonterías! Griffin había
ido a asesinarlo, no a salvarlo. ¡Aquel Atreides estaba implicando que eran amigos!
¡Tenía que ser una mentira, una completa mentira!
Una vez más, Vorian Atreides estaba piqueteando con su pulgar en los ojos de los
Harkonnen.
—Él asesinó a mi hermano. —A pesar de que no conocía las causas de la muerte de
Griffin, Valya sabía a quien cargar con la responsabilidad. Se sentía aún mucho más
personal ahora, y su deseo de matarlo mucho más justo.
También en el correo entregado por el buque de carga había un ostentoso documento
oficial, firmado, sellado y estampado: una proclamación de que Griffin Harkonnen había
pagado las cuotas requeridas y aprobado todos los exámenes requeridos, y que ahora se lo
había aceptado oficialmente como representante del planeta Lankiveil en el Landsraad.
Valya lo partió en dos.
—Esta vendetta nunca terminará —le susurró al cuerpo de su hermano—. Encontraré
a Vorian Atreides.

***

LSW 479
Brian Herbert
Kevin J. Anderson

Se retiró a su dormitorio y cerró la puerta. Sus padres asumieron que se había retirado
para llorar. En su lugar, metió su mano en el bolsillo, y sacó un pequeño paquete que
contenía una sola cápsula de la nueva droga de Rossak, una porción medida y precisa que
había tomado del laboratorio de la Hermana Karee. Era idéntica a la que Anna Corrino
había robado y tragado, la misma dosis que casi la había matado.
Valya sostuvo la píldora entre su pulgar y su índice, mirándola fijamente, tratando de
reunir el coraje de tomar el veneno que iba a matarla, o a transformarla. Anteriormente,
había dudado, preocupada de que su muerte pudiera causar un daño irreparable a las
ambiciones de los Harkonnen, pero ahora sentía exactamente lo contrario. Si podía
convertirse en una Reverenda Madre, con un control total y con acceso preciso a la
química de sus células, y a las memorias vivas de todas sus antepasadas, entonces sería
imparable.
Valya pudo visionar las numerosas maneras de dar caza y destruir a Vorian Atreides.
Las voces de las Otras Memorias la guiarían.
Cerró sus ojos y tragó la píldora.

LSW 480
Dune: Grandes escuelas de Dune: La Hermandad de Dune

Los retrocesos pueden dejarnos tambaleando fuera de curso, o pueden hacernos mucho más fuertes.
—REVERENDA MADRE RAQUELLA BERTO-ANIRUL, dirigida hacia la Hermandad

La lanzadera de VenHold descendió a través del claro cielo hacia el planeta que
aparentaba ser frío, pero aceptable para la vida. Un nuevo santuario, un lugar en donde
Cioba aseguraba que nadie las buscaría.
Incluso antes de la asistencia de Venport, Raquella había desarrollado un plan secreto
de supervivencia, trabajando de cerca con Karee Marques. Los fondos de la Hermandad
en cuentas fuera del planeta ya habían sido absorbidos por el sistema bancario VenHold.
Era una estrecha alianza que Raquella no había esperado realizar, pero podía ver su valor.
Acompañada por veintiocho andrajosas seguidoras que había reunido
clandestinamente, Raquella albergaba grandes esperanzas para esta misión de
exploración. Si aquel mundo resultaba ser aceptable, ya había hecho arreglos para
encontrarse con Hermanas adicionales que permanecían leales a ella. Con suerte, la Flota
Espacial VenHold las llevaría allí a todas.
La anciana sentía una obligación hacia todas y cada una de ellas. Aquellas mujeres le
habían jurado votos de lealtad. Necesitaba conseguir una nueva base de operaciones tan
pronto como fuera posible, para luego contactarlas, y reconstruir su escuela.
Wallach IX había sido uno de los Mundos Sincronizados bajo el control de Omnius,
gobernado por un tiempo por el traidor humano Yorek Thurr, y luego destruido hacía
años por el Ejército de la Yihad en un ataque nuclear. La mayor parte de la radiación
había muerto ya, y el planeta era potencialmente habitable para los humanos. Venport le
había asegurado a la Reverenda Madre de que ninguna nave comercial había visitado
jamás aquel lugar.
El transbordador se encaminó hacia un antiguo campo de aterrizaje de las máquinas
que había sobrevivido al holocausto. Un número de edificios de roca rodeaba al campo,
algunos colapsados. En la distancia, Raquella vio una línea de bosques raleados y picos
nevados. El hielo en las colinas cercanas brillaba bajo la tenue luz del sol celeste, Laojin.
Aunque las proyecciones sugerían que el planeta poseía un clima típicamente frío y
lluvioso, aquel día Wallach IX parecía estar mostrando su belleza natural en todo su
esplendor.
Se puso un grueso abrigo y bajó de la rampa de enlace sobre el pavimento agrietado.
Mientras las otras Hermanas descendían y se dirigían hacia los edificios más cercanos,
Raquella sintió una ráfaga de viento fuerte y frío que pareció cortar a través de su piel.
Éste era un ambiente muy diferente de las húmedas selvas de Rossak. Unas nubes oscuras
se cerraron rápidamente y escupieron un torrente de lluvia impulsado por el viento,
empapando a las mujeres antes de que pudieran ponerse a cubierto.
Temblando en las sombras de la bodega, Raquella dijo:

LSW 481
Brian Herbert
Kevin J. Anderson

—El Director Venport nos afirma que este lugar es seguro. Creo que hemos
encontrado nuestro nuevo hogar.
Allí, en un distante y robusto planeta, reuniría a tantas Hermanas como le fuera
posible y continuaría su formación en secreto. Por ahora, sus alumnas tenían simplemente
el objetivo de sobrevivir… pero pronto la Hermandad lograría mucho más que eso.

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