TEMA 3: ESTRUCTURA ARGUMENTAL
A. PREDICADOS Y ARGUMENTOS
Las palabras predicado y argumento son, por su condición de polisémicas, difíciles de definir en el contexto
lingüístico en que nos movemos; diremos de ellas la definición que nos interesa para este tema. Algunas expresiones
tienen un significado completo en sí mismas: dragón, aire, tiza, etc. Otras, sin embargo, tienen un significado
incompleto que requiere de más elementos para producir una proposición plenamente interpretable: requisar,
sobre (prep.), descubrimiento, etc.
Nuestro conocimiento del significado de las formas lingüísticas de los ejemplos anteriores nos indica que,
e.g., requisar necesita a alguien que requise algo. Por ello, secuencias como *La policía requisó son
agramaticales porque necesitan el algo que se requisa. Igual ocurre con descubrimiento, que necesita algo
que especifique su significado.
A las expresiones lingüísticas incompletas se las llama predicados.
Es un predicado aquella expresión cuyo significado exige la combinación con otras expresiones para ser
completado.
Aquellas expresiones que los predicados seleccionan para complementar su significado son los argumentos.
El procedimiento por el que los predicados toman los argumentos necesarios para completar su significado se
denomina saturación argumental. Así, el verbo requisar se satura argumentalmente para añadir la policía y las
drogas: la sintaxis organiza lo obtenido en la saturación argumental para obtener La policía requisó las drogas.
De esta manera, los predicados añaden argumentos de la misma manera que ocurre con las piezas de un puzle para
formar secuencias gramaticalmente válidas. Toda esta teoría se fundamenta en una concepción direccional en la
que la semántica da lugar a la sintaxis.
Antes de la producción de secuencias, existen en la mente multitud de expresiones lingüísticas que se saturan
según corresponda; estas expresiones se organizarían (sintaxis) y, finalmente se producirían. En resumen, diríamos
que la forma (sintaxis) va determinada por el significado (semántica).
Predicado refleja un problema terminológico. También llamamos así a la parte de la oración que versa sobre el
sujeto, siguiendo a Aristóteles, el primero que acuña el término. No debemos confundir estos dos significados,
aunque están relacionados; realmente, es importante remarcar que el predicado no tiene sentido sin el sujeto:
Aristóteles [PV escribió sobre gramática]. La relación que se establece entre ambos es sintáctico-semántico y
ciertamente impreciso. Sin embargo, es una relación fundamental en gramática, puesto que vincula ambos
módulos. En realidad, el predicado que define Aristóteles es algo relativo al significado de las expresiones que tiene,
posteriormente, refracción gramatical, i.e., concordancia.
De esta manera, el predicado se refiere semánticamente al sujeto y, por esta razón, concuerdan formalmente
(sintaxis). El término predicado, además, posee el significado más específico que ya hemos comentado: el de
expresión lingüística que exige argumentos.
Los verbos, los adjetivos, las preposiciones y algunos sustantivos son predicados en tanto que necesitan
argumentos para completar (saturar) su significado y en tanto que dicen algo (se predican) de esos
argumentos.
B. VALENCIA Y ESTRUCTURA ARGUMENTAL
Los argumentos se interpretan semánticamente, aunque no estén expresos verbalmente o de manera escrita. Si se
interpretan es porque son necesarios, de lo que se deduce que cierta expresión lingüística posee cierto argumento,
aunque no aparezca explícitamente. Los argumentos, por tanto, son necesarios para los predicados.
Los adjuntos, por el contrario, se añaden a los predicados, pero no son necesarios, sino opcionales. Su ausencia no
produce agramaticalidad, como sí sucede en el caso de los argumentos.
Decir Pepe dio regalos es perfectamente gramatical, aunque no aparezca, el adjunto en Navidad (Pepe dio
regalos en Navidad); sin embargo, decir *Pepe dio en Navidad es agramatical porque regalos es un
argumento y, por tanto, necesario para completar el significado del predicado dio.
Los argumentos, por tanto, son finitos según el verbo, mientras que los adjuntos son potencialmente infinitos.
Conocer la teoría argumental implica saber qué argumentos necesita cierta expresión lingüística y comprobar si se
puede recuperar semánticamente un argumento implícito, pero no explica por qué ciertos argumentos de ciertos
predicados son difíciles de omitir y, por tanto, de recuperar: algunos directamente no se pueden omitir; otros sí y
son semánticamente recuperables por el contexto.
En ello se diferencian de los adjuntos, que siempre se pueden omitir y que tampoco son recuperables
semánticamente porque no forman parte del significado del predicado en cuestión.
Así, en Pepe dio regalos a los niños en Navidad alegremente, Pepe, regalos y a los niños son argumentos requeridos
de manera obligatoria por el significado del predicado y su obligatoriedad se demuestra en que siguen presentes en
la explicación, aunque no aparezcan expresos; por su parte en Navidad y alegremente son complementos opcionales
que enriquecen el significado de la proposición, pero que son prescindibles.
En suma, el verbo dar es un predicado que requiere 3 argumentos. Sin embargo, el verbo comer simplemente
requiere dos; y sonreír uno. Al número de argumentos que tiene un predicado lo llamamos valencia. De esta
manera, existen cuatro tipos de predicados según sus valencias:
Avalentes (∅): llover
Monovalentes (x): sonreír
Bivalentes (x, y): comer
Trivalentes (x, y, z): dar.
Existe discusión sobre la existencia o no de verbos tetravalentes (x, y, z, w), como vender (vender algo a
alguien por alguna razón); por esa razón, no la incluimos en la división principal, si bien queremos dejar
constancia de que existe polémica al respecto y reputados semantistas que lo defienden.
Se establecen distintos criterios para diferenciar argumentos de adjuntos, que, merece la pena hacer la advertencia,
son objeto de diversa problemática y tienen resquicios que hacen que estos sean infalibles:
1. Obligatoriedad: Los argumentos son obligatorios; los adjuntos, prescindibles.
Cuando no se puede omitir un elemento porque tal omisión produzca agramaticalidad, este elemento es un
argumento: *Juan reside es agramatical porque reside requiere 2 argumentos: Juan reside en Madrid.
Sin embargo, si la omisión del elemento no la produce, hablamos de un adjunto: Juan reside en Madrid (desde
pequeño). Este criterio se considera una condición suficiente, pero no necesaria para considerar que un elemento es
un argumento (o no), pues el argumento puede estar omitido (como el sujeto de (Juan) come siempre en casa) o
cognado (como el de comida en Juan come (comida) en casa porque el significado de la expresión está muy
relacionado con el del verbo en sí).
Si un elemento es obligatorio, es un argumento, pero no siempre funciona porque, en ocasiones, ciertos adjuntos
son necesarios en ciertos contextos, como apunta Ignacio Bosque. Así, en Este libro se lee, sería necesario incluir un
adjunto como fácilmente.
2. Sustitución por hacerlo: Para diferenciar argumentos de adjuntos, se puede sustituir al verbo y a un elemento
por hacerlo; si esta es satisfactoria, hablamos de un adjunto; si da por resultado algo agramatical, de un argumento:
Pedro [SV leyó [un libro] [en la biblioteca]] → Ana también lo hizo (= leyó un libro en la biblioteca: reemplaza
a todo el SV) → Ana lo hizo en la piscina (=leyó un libro: reemplaza al complejo formado por su verbo y su
argumento) → *Ana lo hizo una revista (≠ leyó en la biblioteca: no puede reemplazar al verbo y al CC sin
incluir también al argumento).
Esto demuestra que el verbo y su argumento forman una unidad indivisible. Si se sustituyen, tienen que sustituirse
juntos.
En la frase Fortunata vendió un collar a Jacinta por 1000 pesetas, un collar y a Jacinta son argumentos: es necesario
sustituirlos junto al verbo por lo hizo (*Fortunata lo hizo un collar, *Fortunata lo hizo a Jacinta) pero 1000 pesetas es
un adjunto (Fortunata lo hizo por 1000 pesetas).
Los verbos de esencia o estativos (tener, ser, estar, parecer, haber, etc.) no son sujeto de aplicación de este criterio.
Tampoco se puede usar este criterio para demostrar si el elemento que hace de sujeto es argumental o no: A mí me
gusta el vino → *(A) Ana también lo hace, es una secuencia agramatical: la prueba no permite determinar el estatus
argumental del sujeto de ninguna oración. De todos modos, en español los sujetos son siempre argumentales; no
ocurre así en inglés, donde en secuencias como it rains el sujeto, llamado expletivo, no es argumental.
3. Interrogación conjunta: Si interrogamos sobre dos elementos de una oración, podemos encontrarnos secuencias
gramaticales o agramaticales que aportan información sobre los argumentos o adjuntos de esta. Consideremos
Juan dio caramelos a los niños en Navidad en un albergue. Podemos preguntar por muchos elementos:
*¿Qué y a quién dio Juan? Vs. ¿Qué dio Juan a quién? Para preguntar simultáneamente por argumentos,
es necesario separarlos; es imposible preguntar por ellos juntos, en primera posición y coordinados -> uno
de ellos debe permanecer in situ.
¿Cuándo y dónde dio Juan caramelos a los niños? Vs. ¿Cuándo dio Juan caramelos a los niños dónde?
Con los adjuntos, es posible preguntar simultáneamente por ellos juntos y coordinados. De (1) y (2) se
deduce que no se pueden preguntar dos argumentos en primera posición y coordinados, pero ello se
puede hacer con los adjuntos. Esto se debe a las leyes sintácticas del movimiento y a la posición de los
elementos dentro del análisis arbóreo, incluyendo su movimiento dentro de este.
¿Cuándo y a quién dio Juan caramelos en el albergue? La mezcla de argumentos y adjuntos preguntados
en primera posición y coordinados no genera agramaticalidad.
En la frase Fortunata le vendió a Jacinta un collar por 1000 pesetas, podemos, tras preguntar ¿Qué y por cuánto
vendió Fortunata a Jacinta?, deducir que, en un collar y 1000 pesetas, al menos uno de ellos es adjunto. Al preguntar
*¿Qué y a quién vendió Fortunata por 1000 pesetas? Vemos que un collar y a Jacinta son dos argumentos. De esta
manera, se infiere que por 1000 pesetas, interrogado en la frase anterior, es adjunto.
Esta prueba presenta el problema de que son necesarios muchos complementos (adjuntos y argumentos) para
realizarlo. Es ilógico utilizarlo con verbos de valencia 1 o 2. Además, no ayuda a distinguir si, frente a lo que ocurre
en (2), (3) muestra un argumento y un adjunto o dos adjuntos, ni a distinguir el argumento del adjunto en el caso de
(3). A efectos prácticos, (2) y (3) solo muestran que no hay dos argumentos, nada más. Como en el caso de la prueba
anterior, esta no identifica el carácter argumental de los sujetos. De igual manera, los verbos estativos dan
problemas también para preguntar conjuntamente por razones pragmáticas o informativas.
4. Oraciones escindidas (enfáticas) Lo que hizo fue…
Se utiliza el verbo hacer, de nuevo, como proforma para retratar a otros verbos.
(1) Dada Juan durmió en su cuarto, (a) Lo que hizo fue dormir en su cuarto vs. (b) Lo que hizo en su cuarto fue
dormido. Si el par mínimo ofrece dos resultados gramaticales, el elemento que escinde es un adjunto.
(2) Dada Juan leyó una novela, (a) Lo que hizo fue leer una novela vs. (b) *Lo que hizo una novela fue leer, que ofrece
un resultado agramatical, nos indica que una novela es argumento porque no puede escindir la oración colocándose
entre el verbo hacer y el principal. De esta manera, solo los adjuntos pueden aparecer inmediatamente después
del verbo hacer en las oraciones escindidas. Esta prueba tampoco funciona para demostrar el papel argumental de
los sujetos
En la frase Fortunanta le vendió a Jacinta un collar por 1000 pesetas, Lo que hizo por 1000 pesetas fue
vender demuestra que por 1000 pesetas es un adjunto; sin embargo *Lo que hizo un collar fue vender es
agramatical y, por tanto, un collar es un argumento.
Por su parte, en La policía requisó las drogas a los narcos, *Lo que hizo a los narcos fue requisar las drogas es
agramatical y, por tanto, los narcos es argumento. Sin embargo, esta prueba con los complementos
indirectos no es precisa, por lo que deberemos utilizar otras complementarias para asegurarlo.
En conclusión, podemos decir que:
Hay más diagnósticos, pero estos son los más sencillos y eficaces, y los fundamentales
Los diagnósticos no son infalibles porque la relación argumento – adjunto es más compleja de lo que parece,
pero no podemos renunciar a ella porque es cierto que existen diferencias y jerarquías entre los tipos de
complementos
Los verbos estativos son problemáticos, así como el estatuto de ciertos dativos (CI), como en el caso de Le
arregló la bici a Juan, y de otros complementos
Varios de los diagnósticos solo funcionan con verbos que tienen más de un argumento.
Ninguno de estos argumentos identifica per se el estatus argumental del elemento que funciona como sujeto
sintáctico.
Un predicado tiene una estructura argumental, selecciona un número determinado de argumentos (valencia) y
requiere que estos tengan una interpretación semántica concreta (papel temático), que será lo que trataremos a
continuación.
Así, el verbo dar tiene una estructura argumental tal que exige tres argumentos: un agente (quien da), un
paciente (lo dado) y un destinatario (quien lo recibe): Dar (agente [X], paciente [Y], destinatario [Z]). La
teoría de la estructura argumental se sustenta en varios principios.
Uno de ellos, el principio de proyección, propuesto por Chomsky en 1986 (hasta 2005), indica que la estructura
argumental debe ser preservada en todos los niveles sintácticos; no puede sufrir cambios: la semántica (el lexicón)
gobierna la sintaxis y esta no puede cambiar a la primera. Por esto, a cada argumento le corresponderá
ulteriormente una función sintáctica.
Esta sistematización se hace tras seleccionar los elementos del léxico mental, la sintaxis ordena estas elecciones. La
sintaxis puede alterar el orden, pero
No puede no proyectar un argumento
No puede proyectar más argumentos de los que están especificados en la valencia del predicado:
o *La policía requisó → no proyecta el argumento
o *Isabel sonrió los dientes → proyecta más argumentos de los necesarios
o *La policía requisó las drogas el dinero → proyecta dos veces el mismo argumento.
Uno de los problemas del principio de proyección, según aducen las teorías construccionistas, es que existen verbos
que, para algunos contextos, cierto predicado requiere un número de argumentos. Su valencia es una, y, en otros,
el mismo predicado requiere otro número, la valencia cambia. El principio de proyección, por tanto, según los
lexicalistas, una parte de la semántica como origen de todo, y, por ello, demuestra una estructura muy
desarrollada, y esta proyecta la sintaxis. De esta manera, dar, que requiere 3 argumentos (agente, paciente y
destinatario) proyecta la estructura sintáctica [[Suj.] [dar [CD] [CI]]].
Las reglas combinatorias no modifican la estructura argumental, por ejemplo, no puede cambiar la valencia de
derretir (2) ni tampoco el género femenino de la palabra mesa. Las reglas combinatorias pueden generar la
estructura argumental de un predicado.
C. PAPELES TEMÁTICOS
C.1. EL CRITÉRIO TEMÁTICO
No se debe confundir función sintáctica con papel temático, esto es, no es lo mismo, esto es, el sujeto (función
sintáctica, plano sintáctico) que agente (papel temático, plano semántico).
En Clarín escribió La Regenta, Clarín sintácticamente es el sujeto y semánticamente el agente, La Regenta es
sintácticamente el objeto directo y semánticamente el paciente; por el contrario, en La Regenta fue escrita
por Clarín, La Regenta sintácticamente es el sujeto y semánticamente el paciente, mientras que Clarín
sintácticamente es el complemento agente y semánticamente es el agente.
De esta manera, aunque la sintaxis cambie los elementos de función, los papeles temáticos se mantienen porque,
según el principio de proyección chomskiano, la sintaxis no puede alterar la semántica.
Con el ejemplo anterior, escribir necesita dos argumentos (agente y paciente) y proyecta dos posibilidades:
[[Suj. – ag] [escribir [CD – pac.]]]; (b) [[Suj. – pac.] [escribir [CAg. – ag.]]]. La sintaxis necesita un sujeto, pero ignora
el papel que tiene este sujeto. La semántica necesita un papel temático, independientemente de la función
sintáctica que tenga el propio elemento. Por tanto, de acuerdo con la teoría proyeccionista, la estructura
argumental de un predicado define su valencia (número de argumentos) y el papel temático (interpretación
semántica) de los argumentos.
El papel temático es distinto de la función que, a posteriori, desempeñará el argumento en la sintaxis. El papel
temático se mantiene inalterable en la sintaxis, independientemente de la función que desempeñe el argumento.
De este modo, el agente es quien realiza la acción (noción semántica), pero el sujeto es quien concuerda con el
verbo (noción sintáctica). Comparemos las oraciones:
Juan abrió la puerta,
El viento abrió la puerta
La llave abrió la puerta.
Los tres elementos que funcionan como sujeto se pueden entender semánticamente como iniciadores de la acción
de abrir. Sin embargo, este iniciador no es igual en los tres casos; Juan es agente porque es el iniciador volitivo del
evento, consciente, del evento; el viento es causa porque es iniciador inanimado, no volitivo, del evento; y la llave es
instrumento, el medio que permite llevar a cabo un evento.
De esta manera, podríamos decir que existe un papel temático que es ser iniciador o que existen tres (causa, agente
e instrumento) agrupados en uno. En este punto, cada autor desarrolla una teoría propia que difiere de las otras
según se consideren más papeles temáticos o menos. Dowty habla de “protoagentes” (un solo papel temático) que
englobaría a los 3 concretos: agente, causa e instrumento. Sin embargo, esta distinción ayuda a distinguir tipos de
verbos: Juan / el viento abrió la puerta; Juan / *el viento sonrió. Los agentes y las causas suelen ser considerados los
papeles temáticos más importantes porque tienden más a ser sujetos. Consideremos ahora:
Bruto mató a César
Bruto vio a César
A César le gusta Roma
César odia la Galia.
En las dos primeras oraciones, A César es el elemento que recibe la acción de ver o matar, pero, en el primer caso,
es un paciente porque la entidad resulta afectada por la acción verbal, normalmente al sufrir un cambio de estado
(el elemento pasa de estar de un modo a otro); en el segundo, por su parte, es un tema, pues es la entidad hacia la
que se dirige la acción verbal, pero sin resultar afectada.
Las otras dos oraciones muestran que César es un experimentante porque es la entidad que experimenta la
emoción expresada por el verbo. El experimentante es un papel temático muy propio de los verbos psicológicos. En
estas oraciones, Roma y la Galia tienen funciones distintas. Roma se construye en nominativo y funciona como
sujeto, y la Galia se construye con acusativo y funciona como objeto directo. Sin embargo, su papel temático es el
mismo: es el “iniciador” que desencadena la emoción psicológica en el experimentante; en concreto, hablaríamos
de fuente, es decir, el argumento que desencadena o suscita la emoción o el estado psicológico denotado por el
verbo.
Los verbos psicológicos se caracterizan por tener un argumento fuente y un argumento experimentante. Otros
papeles temáticos son los que siguen:
Destinatario: entidad a la que se dirige en segunda instancia la acción del verbo (frente al tema o el
paciente, que son las entidades a las que se dirigen las acciones en primera instancia); los verbos de
transferencia (dar, enviar, contar, transferir, requisar, decir, etc..) suelen tener agente, tema y destinatario
Locativos: entidad que indica un lugar necesario requerido por el verbo; hablamos de locativos de meta
(Llegar a Roma), origen (salid de Roma) o ubicación (Estar en Roma)
Argumento de medida: extensión medible que indica lo indicado por el verbo (Medir 2 metros).
De todo esto se deduce que
No existe una lista unitaria de papeles temáticos porque el número (y qué considera cada papel) varía de un
autor a otro.
Las distinciones son sutiles y controvertidas: en Juan asustó a Pepe, ¿qué es a Pepe: paciente o
experimentante?; en Juan golpeó a Pepe, ¿a Pepe es meta o paciente?
Hay argumentos cuya interpretación semántica no cabe en la lista anterior, como Apuesto a que ganas una
carrera.
Bosque y Gutiérrez Reixat apuntan a que la teoría de los papeles temáticos carece de primitivos al no establecerse
una clasificación unitaria de los papeles ni criterios o pruebas para justificarlos. Sin embargo, estos nos son útiles a
la hora de establecer los significados que existen entre los distintos componentes de una oración. En cualquier caso,
Noam Chomsky, en 1981, antes de esta polémica sobre los papeles temáticos, habló del criterio temático, que cubre
dos cuestiones:
Cada argumento debe recibir un papel temático
Cada papel temático debe asignarse a un solo argumento (si bien este puede ser plural). Así, son
agramaticales *La habitación secreta contiene y *El viento abrió la puerta la ventana.
Después de hablar de los papeles temáticos y de argumentos, podemos definir con más precisión predicado.
Predicado es una función que toma argumentos para asignarles papeles temáticos, es decir, es una función que
necesita saturarse mediante los argumentos.
Una función es un algoritmo o regla que, dado un valor de entrada (imput), determina un valor de salida
(output).
Para que una expresión dé lugar a una proposición completa, el predicado debe haber satisfecho sus requisitos de
selección semántica, codificados en su estructura temática. A esto lo llamamos requisitos de saturación
argumental. Así, los núcleos predicativos seleccionan los papeles temáticos de sus argumentos en virtud de su
significado.
C.2 INTRANSITIVIDAD ESCINDIDA
Comparemos
1. El viento rompió la ventana
2. *El viento rompió la promesa.
La agramaticalidad de (2) se debe a que el complejo formado por el verbo y uno de esos argumentos (la promesa)
no es compatible con otro argumento (el viento). De esta manera, no todos los argumentos mantienen la misma
relación con el predicado. La relación entre lo roto y romper es más estrecha que la relación entre romper y el
viento. Por ello, en primer lugar, romper seleccionaría un argumento: lo roto (una promesa, la ventana, etc.) y,
posteriormente, pero teniendo en cuenta lo roto, se selecciona quién rompe (Pepe, el viento, yo, etc.), pero, como
hemos dicho, es necesario que quién rompe esté en relación con lo roto.
De esta manera, lo roto es un argumento interno porque se elige primero, y quien rompe es un argumento externo.
La jerarquía de los argumentos, así pues, se traslada a la sintaxis y un predicado puede tener como argumento un
predicado (con sus argumentos). En el caso de la oración anterior, romper y el argumento externo forman un PV,
que es el que requiere el argumento externo. Así la sintaxis funciona al estilo de las muñecas rusas, donde los
niveles inferiores no se ven a la hora de establecer argumentos o papeles temáticos. En cualquier caso, es
conveniente distinguir entre argumento externo y sujeto, que no tiene por qué ser lo mismo (los agentes tampoco
tienen por qué ser sujeto).
Consideremos los siguientes ejemplos:
1. a. Juan escribió una novela.
b. Una vez escrita la novela, era el momento de buscar editorial
2. a. Juan escribió una novela.
b. *Una vez escrito Juan, era el momento de buscar editorial.
De esto se deduce que un argumento interno puede funcionar en una construcción de participio absoluto; un
externo, sin embargo, no puede formar parte de ella y, por tanto, esta inferencia nos sirve para diferenciar
argumentos internos de externos, pues ello determina que los comportamientos sintácticos sean unos u otros. Las
cuestiones semánticas, los argumentos, como decimos desde el inicio, influyen en la sintaxis. Sin embargo,
comparemos ahora:
1. a. Juan escribió una novela.
b. *Una vez escrito Juan, era el momento de buscar editorial
2. a. Juan trabajó.
b. *Una vez trabajado Juan.
3. a. Juan murió.
b. Una vez muerto Juan, su novela tuvo mucho más éxito.
En (3), nos encontramos con que Juan es un argumento interno, lo que le permite participar de la construcción de
participio absoluto. Como decíamos antes, ser sujeto no implica necesariamente que el argumento que lo compone
sea siempre externo. (2) y (3) muestran verbos intransitivos, con valencia 1. Este tipo de verbos están escindidos,
esto es, semánticamente existen (a) verbos intransitivos con agente y (b) verbos intransitivos con paciente; estos
segundos son los que permiten que el sujeto sintáctico forme parte de las construcciones de participio absoluto
porque es la semántica la que incide sobre la sintaxis; la semántica explica los diferentes comportamientos
sintácticos de los argumentos.
Precisando estos conceptos:
Los verbos de (a) se llaman inergativos1: tienen un solo argumento (externo) y su papel temático es el de
agente.
Los de (b) se llaman inacusativos2: tienen un solo argumento (interno) y su papel temático es el de paciente.
Los sujetos de los verbos inacusativos funcionan como el CD de verbos transitivos (Juan escribió la novela →
Una vez escrita la novela…; Juan murió → Una vez muerto Juan…) en lugar de como los sujetos de los
inergativos o los transitivos.
En 1989, se propuso la Generalización de Burzio, que indica que, si un verbo tiene solo un argumento, este
argumento será sujeto. Trabajar (inergativo) y morir (inacusativo) tienen solo un argumento. Aunque el de trabajar
sea agente y el de morir, paciente, la función sintáctica de ambas es de sujeto independientemente de que a nivel
semántico sea un argumento externo o interno.
Se pueden impersonalizar verbos que no tienen valencia 0 mediante ciertos recursos sintácticos, pero, si
existe un argumento explícito, este es sujeto. Los sujetos pueden ser desempeñados por todos los papeles
temáticos existentes y el agente solo puede desempeñar la función de sujeto.
Existen una serie de diagnósticos que nos permiten saber si un verbo dado es inacusativo o inergativo. A estos
diagnósticos se los llama diagnósticos de inacusatividad.
1. Construcción de participios absolutos: El sujeto de los verbos inacusativos se comporta como el CD de los verbos
transitivos respecto a la construcción de participio absoluto, pues estos son argumentos internos. Sin embargo, no
se comporta como el sujeto de los inergativos, pues este es un argumento externo.
2. Derivación en –dor: Comparemos
1. Juan escribe novelas y Juan es escritor
2. Juan trabaja y Juan es trabajador
3. Juan muere y *Juan es moridor.
(3) da un resultado agramatical porque Juan, en esa oración, no es agente, sino paciente. Este procedimiento
permite diferenciar verbos con agente de verbos con paciente, pero no funciona siempre porque no todos los
verbos pueden derivarse en -dor y formar, por tanto, sustantivos. El sufijo -dor tiene un significado agentivo y nos
permite identificar el papel temático de estos argumentos, por lo que solo los verbos con agente pueden derivarse
mediante este sufijo.
3. Selección auxiliar: Es el diagnóstico fundamental de la intransitividad escindida, pero no se aplica en español
porque el verbo ser no se utiliza para la formación del tema de perfecto. Sí funciona en francés y en italiano.
Comparemos los siguientes ejemplos:
1. Jean a éscrit una roman
2. Jean a travaillé
3. Jean est mort vs. Marie est morte.
1
inergativo: verbo intransitivo cuyo único argumento es externo y tiene el papel temático de agente
(trabajar)
2
inacusativo: verbi intransitivo cuyo único argumento es interno y tiene el papel temático de paciente (morir)
Varias lenguas romances o germánicas utilizan distintos auxiliares para los tiempos compuestos de los verbos
inacusativos (être en francés) de los inergativos (avoir en francés). El castellano medieval también poseía esta
distinción: Mio Cid, en buena hora fuisteis nado o Calisto muerto fue vs. El rey Alfonso me ha desterrado.
Los verbos que se conjugan con el equivalente al español verbo ser son inacusativos. Además, la formación pasiva
perifrástica (formada con ser) también tiene un sujeto paciente. De esta manera, en la mayoría de las lenguas
romances, el verbo ser es el seleccionado para los verbos que necesitan un paciente; el verbo haber, para los que
necesitan un agente.
Los verbos inacusativos vienen de la voz media del griego y de los verbos deponentes latinos. Así, los
verbos inacusativos tienen independencia semántica e independencia sintáctica porque muestran
comportamientos sintácticos distintos, amparado en la evolución de las lenguas.
ALTERNANCIAS ARGUMENTALES
Llamamos alternancias argumentales a todos los verbos que parecen tener más de una estructura argumental. Esto
es negativo para las teorías lexicalistas, pues se considera que el verbo, en virtud de su significado, elige los
argumentos; sería impropio pensar en varias estructuras para ciertos verbos. Sin embargo, en algunos casos esto no
se cumple, por lo que podemos hablar de ciertas “lagunas” en la teoría de la estructura argumental. Según el
principio de proyección de Chomsky, la estructura argumental debe ser preservada en todos los niveles sintácticos y
a cada argumento le corresponde una función sintáctica; la sintaxis no podría, por tanto, ni no proyectaron
argumento ni proyectar más.
Las alternancias argumentales irían contra este principio, pero la realidad es que sucede. Secar, intuitivamente,
tiene valencia 2: secar (x, y). Sin embargo, en
(1)
a. Pepe secó la ropa.
b. La ropa se secó (por sí sola)
Podemos ver en b. una estructura anticausativa que no tendría agente explícito ni implícito. Hablaríamos en este
caso de una alternancia anticausativa que daría por resultado una voz media, al estilo del griego, por la que la ropa
padecería un proceso sin que pudiera remediarlo. En este caso, sería se la partícula que haría posible la alternancia:
es un se intransitivizador o un se de voz media. Para solucionar esta alternancia, se han propuesto distintas
opciones.
La primera es considerar dos entradas léxicas, es decir, existen dos verbos distintos: así, existiría
1. secar (agente / causa, paciente: [[sujeto] [verbo [CD]]])
2. secar (paciente: [[sujeto] [secar]]).
Esta solución es impracticable porque es antieconómica y porque la diferencia semántica es mínima. Puesto que la
alternancia es universal, no merece la pena explicarlo (en sí, no es muy explicable) dividiendo las entradas léxicas. La
segunda es la manipulación sintáctica. El principio de proyección indica que la sintaxis no puede cambiar la
estructura argumental. Acabaríamos con este principio hablando de que existe una estructura base, en este caso, la
transitiva, y, posteriormente, encontramos una derivada, originada por la acción del se de voz media, en la que el
agente / causa sería opcional y que esto se vería reflejado en la sintaxis, que manipularía la estructura argumental:
[[sujeto] [[secar [CD]]].
La tercera es la manipulación en el léxico. Tendríamos una variante básica bivalente, en el léxico desaparecería una
de las valencias y esto se vería reflejado en la sintaxis. La diferencia entre (2) y (3) es fundamentalmente teórica;
realmente, los resultados son los mismos.
Existen otras alternancias argumentales en las que no vamos a entrar en profundidad. Una de ellas, es decir, es la
locativa:
(1)
a. Juan cargó el carro de paja vs.
b. Juan cargó la paja en el carro.
En ambos casos, existiría un argumento locativo que puede, o no, ser CD. También podemos hablar de las
alternancias transitivizadoras:
(1) a. Juan lloró (inergativo) vs. Juan lloró la muerte de su padre (transitivo)
(2) a. El café se cayó (inacusativo) vs. b. Cuidado, que lo caes (transitivo).
Sin embargo, en (1) se añade un argumento interno y, en (2), un argumento externo.
En resumen, las alternancias argumentales son uno de los principales problemas para las teorías lexicalistas o
proyeccionistas. Las teorías construccionistas han propuesto que la estructura argumental se construye
directamente en la sintaxis, eliminando la barrera entre semántica y sintaxis. Esa solución, no obstante, también
tiene problemas. Explica el problema de los verbos alternantes, pero no explica el hecho de que muchos verbos
(como dar) no alternen; es decir, el hecho de que muchos verbos se construyan siempre de la misma manera.
Nótese que tanto las alternancias argumentales como los verbos inacusativos (entre otros fenómenos) existen
independientemente de la teoría con la que tratemos de explicarlos.
PREDICADOS NO VERBALES
Aunque los verbos son los predicados más números y más complejos, existen otras clases de expresiones
lingüísticas que también son predicados y que, por tanto, pueden seleccionar argumentos. Entre los predicados no
verbales, distinguimos sustantivos, adjetivos y preposiciones.
Hay sustantivos que son predicados y sustantivos que no son predicados. Los nombres propios son expresiones
saturadas en sí mismas porque denotan un individuo y, por tanto, no son predicados (Margot, Madrid, Lope). Los
nombres comunes se pueden aplicar a más de un individuo y, al hacerlo, se saturan por ligado al referirse a alguien
o algo (Chica (x), ciudad (x), gato (x)), por lo que tampoco son predicados: simplemente necesitan a aludir a un
elemento del mundo para saturarse.
Sin embargo, los nombres deverbales, al heredar la estructura argumental de los verbos de los que derivan, sí son
predicados: descubrir (x, y) → descubrimiento (x, y):
(1)
a. Colón descubrió América
b. El descubrimiento [de América] [por Colón].
Lo que cambia de a. a b. es la relación sintáctica entre los elementos, pero estos se mantienen.
Sin embargo, comparemos lo anterior con el caso del verbo estudiar:
(2)
a. Juan estudia matemáticas.
b. Un estudiante de matemáticas.
¿Y Juan? No se pierde un argumento, queda absorbido en la palabra derivada: un estudiante es una persona que
estudia. (Estudiante (x = Juan) ligado, (y = matemáticas) marcado). Estudiante absorbe a Juan; este está implícito en
estudiante. Este referente se percibe claramente si copulamos los dos términos que se pueden ligar.
Fumar tiene valencia 2:
a. Sara Montiel fumaba puros.
b. Sara Montiel era fumadora de puros.
La estructura se preserva en los derivados, pero de distintas maneras. En este punto, podemos hablar de un
diagnóstico más para diferenciar argumentos de adjuntos: los argumentos se heredan en los sustantivos
deverbales.
Por ejemplo, supongamos que desconocemos la valencia del verbo hablar: ¿Tiene valencia 3?
Ángeles les hablar a sus alumnos de gramática.
¿2? Ángeles habla de gramática.
¿1? Ángeles habla.
El sustantivo deverbal es hablador(a). Para la valencia 1, Ángeles es habladora, para 2, *Ángeles es habladora con
sus alumnos, y para 3, *Ángeles es habladora con sus alumnos de gramática. Concluimos, por tanto, que hablar tiene
valencia 1.
La aplicación de otros diagnósticos nos lleva a la misma conclusión:
(1)
a. *Lo que hizo de gramática fue hablar.
b. Lo que hizo con / a sus alumnos fue hablar
(2)
¿Sobre qué y a quién habló Ángeles?
(3)
a. Ángeles habló sobre sintaxis y Margot también lo hizo sobre semántica.
b. Ángeles habló con sus alumnos y Margot también lo hizo con los profesores.
El contraste (4) a. Sara Montiel es fumadora de puros. b. *Ángeles es habladora de gramática. nos explica que la
derivación nominal puede servir como diagnóstico para identificar la valencia de los verbos: aquellos elementos que
se hereden en el sustantivo derivado son argumentales, mientras que aquellos que no se hereden no son
argumentales, como ya hemos indicado.
Todos los adjetivos son también predicados; necesitan a otro elemento para completar su significado: no tiene
sentido hablar de las propiedades de algo o alguien si tales propiedades no hacen referencia a un individuo o cosa:
el gato simpático
el gato orgulloso.
El adjetivo se predica sobre su sujeto, al que necesita, pues es su argumento externo. Ciertos adjetivos pueden
tener alternancias: en el caso de orgulloso, hablamos de un adjetivo
con valencia 1: un gato orgulloso
con valencia 2: un gato orgulloso de su dueña: de su dueña es el argumento interno de orgulloso y la suma
de ambas se predica sobre gato.
Por tanto, los adjetivos se predican de un sustantivo; de la misma manera que un verbo predica un evento o estado
del sujeto, el adjetivo predica un estado del sujeto. De esta manera: (1) Juan tiene los ojos azules. → predicado
estativo. vs. Juan [predicado nominal es [núcleo del predicado alto]] → predicado estativo. Lo mismo ocurre con los
adjetivos que no forman oración y que se predican sobre el sustantivo: [argumento El chico] [predicado alto].
Por último, las preposiciones, en su uso habitual, son necesariamente relacionales por lo que, en virtud de su
significado, seleccionan dos argumentos: el pospuesto es el interno y el antepuesto, el externo: la casa de Juan. Lo
mismo sucede con las locuciones prepositivas. [SN [La casa n] [SPrep [de n] Juan t]]]. La preposición es núcleo de su
sintagma porque estas tienen significado léxico. El argumento pospuesto funciona como complemento del núcleo,
es decir, de la preposición.