POSTÍTULO
ESCUELA DE FORMACIÓN RODOLFO WALSH
ACTUALIZACIÓN ACADÉMICA INFANCIAS Y OFICIO DOCENTE
TRABAJO FINAL
Autora: Cappelletti, Mayra Alejandra
E-mail: mayra240488@[Link]
MODULACION 6
Soberanía Alimentaria como paradigma en la construcción de un mundo mejor
para las Infancias
Resumen abstract
La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a consumir alimentos nutritivos y
culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su
derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que
producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas
alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas. Defiende
los intereses e incluye a las futuras generaciones. Nos ofrece una estrategia para resistir
y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, y para
encauzar los sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca para que pasen a
estar gestionados por los productores/as locales.
La soberanía alimentaria promueve el comercio transparente, que garantiza ingresos
dignos para todos los pueblos, y los derechos de los consumidores para controlar su
propia alimentación y nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y a la gestión de
nuestra tierra, de nuestros territorios, nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y
la biodiversidad, estén en manos de aquellos que producimos los alimentos. La
soberanía alimentaria supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y
desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y
generaciones.
Palabras Claves:
➢ Derecho, Consumo, Nutrientes, Economía.
Relato de experiencia
Muchas experiencias vivenciadas a lo largo de mi recorrido como docente me remiten y
me llevan a pensar en la alimentación y lo que emana en torno a ella, llevando a
preguntarme y cuestionar desde lo que consumimos cotidianamente hasta lo que
ofrecemos a diario a nuestras familias, alumnos, hijos entre otros.
¿Realmente somos conscientes de lo que consumimos y lo que consumen nuestros
niños y nuestras niñas? Dentro de la escuela ¿Cómo influyen las costumbres en la
alimentación? ¿Las familias demuestran importancia en los hábitos alimenticios?
Alimentación ¿Promovemos la alimentación saludable?
La vorágine de la cotidianeidad influye a la hora de darnos la posibilidad de pensar en
una buena alimentación, desde la organización cotidiana consumiendo preelaborados
hasta aquellos productos que se nos ofrecen mediante los medios de comunicación
(propagandas, ofertas, etc.), sin ni siquiera detenernos en su producción y
comercialización.
El ritmo de vida cotidiano nos lleva a, casi sin pensarlo, optar por alimentos ultra
procesados de cocción rápida y de fácil acceso en cualquier mercado, seleccionando por
precio y practicidad más que por calidad, sanidad, procedencia y aporte nutricional.
Patricia Aguirre plantea en su artículo “Alternativas a la crisis global de la
alimentación” que desde el siglo XIX, los alimentos han pasado de frescos a procesados
y en la actualidad, a ultra procesados, en un continuo que va de la cocina a la fábrica y
de la fábrica al laboratorio, todos los habitantes del planeta tienen a acceso a gaseosas,
caldos, galletitas, harinas, azúcar, lácteos conservados, lo que los nutricionistas
denominan “comida chatarra”.
El estado debería ser el principal garante de una alimentación sana, segura y soberana,
pero en la práctica real somos las madres y docentes las responsables de la alimentación
que ofrecemos y promovemos a las infancias. Repensar esa realidad con perspectiva de
género se hace imprescindible para remediar esa desigualdad en la asignación de roles y
tareas.
Por otro lado, necesitamos informarnos, romper mitos y poder realizar una lectura
integral que relacione lo que comemos con su modo de producción, los impactos que
produce en el ambiente y en nuestra salud. De que comencemos ya a cambiar hábitos de
a pequeños pasos pero firmes y sostenidos, dependerá que podamos construir un mundo
mejor para las infancias.
El primer alimento soberano es la leche materna, lo cual no significa que las mujeres
puedan sostener la lactancia solas ni tampoco que sean las únicas responsables de
planificar y llevar adelante una alimentación sana para sus familias. La lactancia
materna es un proceso que se lleva a cabo cuando el niño o niña recibe la alimentación
de la leche que produce su madre, considerándose ésta leche como el mejor alimento
para los infantes ya que cubre todas sus necesidades nutricionales. Siendo la forma más
ideal de alimentación. También genera sólidos lazos afectivos y emocionales entre la
mamá y su hijo o hija.
La lactancia materna es el primer acto de soberanía alimentaria, ya que es un recurso
natural y fisiológico de la mujer para la producción de leche para su bebé. Para Dadhich
(2018:01) “La lactancia materna es un método sostenible y soberano de proporcionar
alimentos y nutrición, lo cual es vital para la supervivencia, salud, y desarrollo de los
niños y para la salud de las madres.
Para concluir en los materiales ofrecidos como Buen vivir – Lactancia Ministerio de
Cultura de la Nación, hoy en día se discute el concepto de «ciclo de vida» de los
productos de consumo y se hace hincapié en la necesidad de fomentar un esquema de
producción y comercialización que no se desentienda de los desechos. La leche materna
no genera desechos, más allá de los que la familia genera por sus actividades diarias: los
restos de comida que alimenta a la madre, el agua que se usa para lavar la ropa y los
utensilios de la familia. Por el contrario, la lactancia artificial genera desechos en todas
sus etapas de ciclo de vida, desde la producción hasta el consumo. Se generan desechos
por la quema de combustibles que producen la energía que necesita la industria; por los
procesos químicos que dan lugar a la fórmula láctea y a los elementos necesarios para
alimentar al bebé; por el transporte del producto a los puntos de comercialización; por
los paquetes que se descartan una vez utilizados; por el agua que se usa en el lavado de
los elementos necesarios para su preparación; por el consumo de energía que representa
su preparación (uso de agua hervida).
Al no generar desechos y no consumir energía, la lactancia materna es quizá la actividad
humana menos contaminante. Todos los actos del ser humano sobre la Tierra generan
una huella, en algunos casos indeleble y en otros difícil de borrar. Los científicos del
ambiente han introducido el concepto de «huella de carbono» para medir el impacto que
tiene una dada actividad del ser humano sobre la generación de gases de efecto
invernadero. El amamantamiento tiene una huella de carbono igual a cero.
Dicho de otro modo, lactar comporta un posicionamiento y no es sinónimo de dar el
pecho (incluso se puede dar, aunque a veces no haya pechos en ese cuerpo anatómico).
Lo más importante y lo que motoriza el acto es el deseo de amamantar y de brindarle
contenido a ese niño, ya sea nutricional, pero por sobre todo de tipo afectivo–emocional.
Finalizando con mi relato y experiencia he decidido realizar mi trabajo final en base a la
modulación de Soberanía Alimentaria, ya que desde nuestro rol de educadores, nos
permite poder llegar a mas hogares creando una conciencia de y pudiendo ofrecer
distintos medios de información, mediante talleres en nuestras salas, comenzar a
trabajar en conjunto con nuestro niños/as y familias de forma mancomunada para
generar cambios que permitan futuras generaciones poder contar con una alimentación
sana y adecuada, que aportes los distintos nutrientes a nuestros niños para tener un
crecimiento fuerte, libre de contaminantes en sus cuerpos, donde genere una economía
que permita crear una concientización de la contaminación no solo a nuestro medio
ambiente, sino a nuestro cuerpo internamente, lo que me lleva a retomar el material
ofrecido denominada,” Repensando las relaciones naturaleza sociedad en un planeta
finito” y en donde puedo visualizar que, la educación ambiental es el eje en el que hoy
debe apoyarse el cambio social y la educación. Es aquí donde radica la importancia de
educar a partir de problemas ambientales, ya que son situaciones que nos hacen
reflexionar y nos ponen en contacto con sistemas y realidades complejas que nos
ofrecen la oportunidad de ejercitar, participar y aprender sobre esta realidad. Por ello, la
ecociudadanía desafía a los ciudadanos para cultivar un nuevo paradigma social que
mire la complejidad en nuestro papel dentro de las sociedades, de una forma crítica, con
nuestras propias acciones y sus posibles repercusiones. Para ello, la educación
socioambiental se convierte en una herramienta fundamental e indispensable para
contribuir a hacer nuestras sociedades cada vez más humanas, sustentables,
responsables y democráticas. El estilo de vida neoliberal conlleva una grave
problemática social en la búsqueda de la felicidad y la satisfacción a través del consumo
desmedido e incontrolado de bienes y productos materiales. El problema de esta
actividad radica en que, a nivel social, el consumismo alberga una potente alta carga
negativa con impactos medioambientales catastróficos, llevando a una indiscutible
sobreexplotación de los recursos, cuya consecuencia es la escases o extinción de estos,
la contaminación ambiental, el aumento de la producción fabril y los desechos
industriales y domésticos, la biopiratería, el monopolio de los bienes naturales y el
patrimonio socioambiental por multinacionales así como otras graves secuelas.
La conducta que presenta el hombre o la mujer hacia el medio ambiente está
determinada por los nexos sociales, las relaciones actitudinales y los hábitos de
consumo. Cuando el hombre descubre que su conocimiento le da posibilidad y ventaja
para analizar y usar la naturaleza se considera a él mismo como una herramienta para
manipularla, preservarla, intervenirla o devastarla. Obviamente, este comportamiento,
es capaz de aniquilar nuestro ecosistema y, de esta manera, producir un irreparable daño
al entorno.
La educación socioambiental desarrolla la inteligencia ecológica como la capacidad y la
habilidad, para abordar de la mejor forma los retos que nos plantean los problemas
ambientales como un desafío. Por lo tanto, la educación ambiental debe instituir la
condición de ecociudadania, desarrollando la corresponsabilidad, el compromiso, la
ética ambiental y formando a personas con pensamiento crítico que incluyen al otro.
BIBLIOGRAFIA
• Lactancia, capital y soberanía alimentaria. La falaz escasez de la leche humana
Buen vivir: Lactancia. Ministerio de cultura de la Nación 2021.
• Alternativas a la crisis global de la alimentación, Nueva Sociedad N.º 262,
Marzo Abril 2016.
• Repensando las relaciones naturaleza–sociedad en un planeta finito.
Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales. Año 4, n VII, 2017.