Juego en la primera infancia y en el ciclo vital.
María Fernanda García Pertuz
Licenciatura en educación infantil
Unigermana
Asignatura:
Expresión Corporal (Danza, Lúdica Y Juego)
Docente:
Carolina Cortés
Marzo 2 de 2025
Juego en la primera infancia y en el ciclo vital.
El juego es una actividad inherente al ser humano que trasciende la simple
diversión para convertirse en un pilar fundamental del desarrollo y el aprendizaje.
Desde la primera infancia hasta la vejez, el juego desempeña un papel crucial en
la formación de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Sin embargo, en
muchas ocasiones, se subestima su importancia y se le considera solo un
pasatiempo, sin reconocer los profundos beneficios que aporta a lo largo del ciclo
vital.
Imaginar el mundo de la infancia sin el juego es casi imposible. Las
primeras interacciones corporales con el bebé están impregnadas del espíritu
lúdico: las cosquillas, los balanceos, esos juegos de crianza de los que habla
Camels (2010): “Los juegos de crianza dan nacimiento a lo que denomino juego
corporal [...] nombrarlos como juegos corporales remite a la presencia del cuerpo y
sus manifestaciones. Implica esencialmente tomar y poner el cuerpo como objeto
y motor del jugar”. Estos juegos corporales iniciales que se despliegan en la
interacción entre la niña, el niño, su maestra, maestro y agente educativo
contienen toda la riqueza lúdica del arrullo, el vaivén y el ocultamiento, que son la
base de la confianza, la seguridad y la identidad del sujeto. Los contactos lúdicos
iniciales cuerpo a cuerpo van distanciándose y se empieza a ver a niñas y niños
empleando su cuerpo de manera más activa e independiente, en saltos,
deslizamientos, lanzamientos, carreras, persecuciones y acciones más
estructuradas que conforman juegos y rondas.
El momento de juego es un periodo privilegiado para descubrir, crear e
imaginar. Para Winnicott (1982), “el juego es una experiencia siempre creadora, y
es una experiencia en el continuo espacio-tiempo. Una forma básica de vida”. En
este sentido, se constituye en un nicho donde, sin las restricciones de la vida
corriente, se puede dar plena libertad a la creación.
En la primera infancia, el juego es el principal medio a través del cual los
niños y niñas exploran el mundo que les rodea. Durante esta etapa, el juego
sensoriomotor y simbólico permite el desarrollo de la coordinación, la creatividad y
la capacidad de resolver problemas. Además, fortalece la socialización, ya que los
niños y niñas aprenden a compartir, negociar y trabajar en equipo. A través del
juego, construyen sus primeras experiencias de autonomía y expresión emocional,
sentando las bases para un desarrollo equilibrado y saludable.
A medida que avanza el ciclo vital, el juego sigue cumpliendo un rol
esencial. En la adolescencia, se transforma en actividades recreativas, deportivas
y digitales que no solo brindan entretenimiento, sino que también fomentan la
identidad, la cooperación y el pensamiento estratégico. En la adultez, el juego,
aunque menos presente, sigue siendo una herramienta para reducir el estrés,
fortalecer las relaciones interpersonales y mantener una mente activa. Finalmente,
en la vejez, el juego cobra un valor terapéutico, ya que ayuda a preservar la
memoria, mejorar el estado de ánimo y mantener la calidad de vida a través de
actividades recreativas y sociales.
El impacto del juego no solo se limita al desarrollo individual, sino que
también tiene una función clave en la cohesión social. A través del juego
compartido, se establecen lazos de confianza, se refuerzan valores como la
empatía y la solidaridad, y se construyen espacios de convivencia en familia y
comunidad. En este sentido, el juego actúa como un puente intergeneracional,
permitiendo la interacción entre niños, jóvenes y adultos, enriqueciendo así las
relaciones humanas.
A pesar de sus múltiples beneficios, el juego ha sido relegado en muchos
contextos debido a la creciente demanda de productividad y rendimiento. En la
educación, la reducción del tiempo destinado al juego en favor de métodos más
estructurados ha limitado las oportunidades de aprendizaje significativo. En la
adultez, la presión laboral y las responsabilidades diarias dejan poco espacio para
el esparcimiento, lo que puede afectar la salud mental y emocional de las
personas.
Es necesario replantear nuestra visión sobre el juego y reconocerlo como
una necesidad en todas las etapas de la vida. Promover espacios de juego en la
infancia, fomentar el tiempo libre en la adolescencia y adultez, y garantizar
actividades lúdicas en la vejez son estrategias clave para el bienestar individual y
colectivo. Además, las nuevas tecnologías han abierto oportunidades para
diversificar las formas de juego, facilitando el acceso a experiencias interactivas
que pueden fortalecer habilidades cognitivas y relacionales en todas las edades.
En conclusión, el juego no es solo una actividad recreativa, sino un
recurso esencial para el desarrollo humano. Su impacto en la cognición, la
socialización y el bienestar emocional lo convierte en un elemento fundamental
que debe ser valorado y promovido a lo largo de toda la vida. Jugar es aprender,
crecer y vivir plenamente.
Referencias bibliograficas
Camels, D. (2010). “El juego corporal: el cuerpo en los juegos de crianza”.
Primer Seminario Internacional: la Infancia, el Juego y los Juguetes (2010, Buenos
Aires, Argentina). Flacso Argentina. Recuperado el 10 de noviembre de 2013 en:
http://www. semjuegosyjuguetes.com.ar.
Winnicot, D. (1982). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa