Introducción:
El articulo habla sobre la educación socioemocional y menciona como esta tiene por propósito el
reconocimiento de las emociones propias y de los demás, así como la gestión asertiva de las
respuestas a partir de una adecuada autorregulación, lo que favorece las relaciones sociales e
interpersonales, además de la colaboración con otros.
Proporciona una visión completa sobre la evolución de la educación socioemocional y hace énfasis
en que sus raíces se encuentran en filosofías antiguas como el taoísmo, el budismo y el
pensamiento griego. Desde la antigüedad, diversas corrientes han analizado la relación entre
emociones y bienestar. Aristóteles destacó la importancia de regular las emociones para alcanzar
la felicidad, mientras que los estoicos como Zenón y Epicteto promovían la racionalidad sobre la
pasión epicteto propone centrar la atención y la razón en lo que corresponde a las acciones
propias, y desentenderse, no preocuparse ni angustiarse por las cosas que escapan del dominio
propio y la voluntad.
Además, se comienza abordar el concepto de “Emoción” y se dice como este termino es un
concepto contemporáneo.
El estudio científico de las emociones:
Se realiza un recorrido por los antecedentes científicos de las emociones en donde se destaca
como el estudio de las emociones se fortaleció científicamente en el siglo XIX con los aportes de
Darwin, quien sentó las bases para su análisis en humanos y animales. En el siglo XX, la psicología
evolutiva y el constructivismo destacaron la relación entre la razón, el conocimiento y las
emociones, mientras que la psicología humanista recalco la importancia de la subjetividad y la
educación en la afectividad. Paul Ekman identificó seis emociones básicas universales, y Howard
Gardner reconoció la participación emocional en sus inteligencias múltiples. Luego, Salovey y
Mayer desarrollaron el concepto de inteligencia emocional, que Goleman popularizó. Con los
avances en neurociencia, se comprendió mejor la interacción entre emoción y razón. Actualmente,
la educación socioemocional se integra en las escuelas para mejorar el aprendizaje y el bienestar,
abordándose desde enfoques preventivos y de crecimiento personal.
La educación socioemocional y el enfoque preventivo o de necesidades:
Durante mucho tiempo la educación formal se centraba en el desarrollo intelectual y físico
dejando de lado todos aquellos aspectos relacionados con las emociones y el bienestar integral de
los alumnos, sin embargo, con el paso del tiempo y con el surgimiento de nuevas problemáticas
como la violencia y conductas de riesgo se ha impulsado un cambio a este enfoque tratando de
atender los asuntos subjetivos o emocionales.
Se menciona como en los años 90, en New Haven ante una crisis social diseñó un Plan de Estudios
de Desarrollo Social. Este programa fue el origen del movimiento global de Aprendizaje Social y
Emocional, además de que investigaciones, como las de Robert C. Pianta, han demostrado que las
interacciones con adultos, incluidos los maestros, son fundamentales para el desarrollo emocional
de los niños. De la misma forma que estudios de Juan Casassus evidencian que la falta de atención
a las necesidades emocionales de los estudiantes puede derivar en conductas agresivas y afectar el
aprendizaje.
Se menciona que las interacciones que tienen los niños con los adultos tienen una gran influencia
en su desarrollo emocional y social y estas interacciones no solo competen a madres o padres de
familia sino también a los docentes y de ahí surge la necesidad de que tanto padres como
maestros trabajen también en el desarrollo de sus propias emociones.
En México, la educación socioemocional se integró al currículo en 2017, pero con un enfoque
instrumental, centrado en la autorregulación sin una conexión clara con valores y ética.
Educación emocional y aprendizaje
Se menciona como un cerebro emocionado es capaz de aprender de manera efectiva, pues el
aprendizaje está estrechamente vinculado a la curiosidad y la atención; sobre esto Francisco Mora
Teruel, neuroeducador español, asegura que no puede haber aprendizaje sin emoción, y que la
emoción por aprender a cualquier edad parte de despertar la curiosidad, la atención, el interés por
aprender, es decir, de emocionar el cerebro.
Se dice como en el cerebro intervienen estructuras cerebrales como el hipocampo el cual se
estimula ante experiencias agradables registrando en la memoria de largo plazo dichos
aprendizajes; por el contrario, ante emociones o experiencias negativas, la estructura cerebral que
se activa en modo de alerta es la amígdala, preparando una reacción de confrontación o huida.
Habla de como las emociones tienen una intervención potente en la interacción maestro-alumno,
relación fundamental en el proceso enseñanza-aprendizaje, y cómo las intervenciones de los
docentes impactan en los estudiantes de educación superior.
Además de ello también se toma en cuenta otro trabajo que hace referencia a la importancia del
clima emocional en el aprendizaje encontrando que el clima emocional en el aula, específicamente
las variables de la calidad de las interacciones entre maestros y alumnos, así como entre pares
tienen un fuerte peso en el aprendizaje.
Nuevos tiempos, nuevas competencias
Las competencias profesionales han evolucionado más allá del ámbito laboral, incluyendo
habilidades sociales y emocionales. Gardner (1983) amplió la noción de inteligencia con su teoría
de las inteligencias múltiples, destacando la inteligencia intrapersonal (autoconocimiento) e
interpersonal (empatía). Luego, Salovey y Mayer (1993) desarrollaron el concepto de Inteligencia
Emocional (IE), destacando su importancia en la adaptación y resolución de problemas.
Goleman popularizó la IE, resaltándola como clave para el éxito personal y profesional. Sin
embargo, críticos como Hartley (2003) argumentan que la educación emocional puede ser
utilizada para formar trabajadores altamente productivos pero sometidos a condiciones laborales
exigentes.
A pesar de las críticas, el desarrollo de habilidades socioemocionales permite afrontar el estrés,
mejorar la toma de decisiones y fortalecer la resiliencia, convirtiéndose en un recurso para la
autonomía y el bienestar humano.
Educación Socioemocional y Enfoque Positivo
La educación socioemocional se basa en la idea de la salud mental y el bienestar. La Organización
Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como el estado que permite afrontar el estrés de
la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a la comunidad.
El bienestar, según Bisquerra (2008), se relaciona con la felicidad y la calidad de vida. La
neurociencia ha demostrado que las emociones influyen directamente en la salud: las emociones
negativas deprimen el sistema inmunológico, mientras que la alegría, el optimismo y la esperanza
fortalecen el bienestar. Por otro lado, se menciona que la meditación a partir de dar calma a la
mente y centrar la atención en el aquí y el ahora beneficia muchísimo.
Sobre el bienestar, Davidson afirma que se trata de una habilidad y como tal se puede entrenar; se
puede aprender bienestar como se aprende cualquier otra habilidad, como tocar un instrumento;
esto es, entrenar el cerebro a partir de los hallazgos de la propia neurociencia como la acción de
los neurotransmisores, particularmente de las hormonas del bienestar: oxitocina, serotonina,
dopamina y endorfinas, para propiciar un estado de relajación y placer si se desarrollan las
prácticas que estimulan su producción: ejercicio, baile, convivencia, descanso, relaciones afectivas,
recreación, etc. Así, se estará estimulando y entrenando al cerebro para el bienestar. (Goleman &
Davidson, 2017).
Y finalmente se habla sobre la importancia del conócete a ti mismo’. El conocimiento de sí mismo
o autoconocimiento es la base de la competencia emocional y la primera dimensión de la
educación socioemocional.
Análisis personal:
Para mi esta lectura sobre educación socioemocional significo mucho…
Cabe mencionar que antes de comenzar con la lectura yo estaba pasando por un mal momento y
decidí hacer mi tarea para manetener mi mente ocupada en otros aspectos, pero resulta que al
sumergirme en ella encontré paz a mi problema y al finalizarla me sentia mas tranquila y con un
peso menos, primero comprendi el poder de las emociones, de reconocerlas tanto las mias
como las de los demás y a la vez la gestion asrtiva y los beneficios que esta ofrece en la vida
diaria. Luego mire las distintas perspectivas a llo largo de la historia y la evolución que estos
términos han tenido y en ese momento comprendi que en realidad este tema es tan subjetivo
que todos pueden tener la razón y a la vez nadie la tiene pero me quedo muy grabado lo que
Epicteto propone y la uimportancia de centrar la atención en lo que corresponde a mis propias
acciones ¡Sin cargar un peso que no es mio!
Por otro lado comprendi como el docente tiene una misión enorme en la sociedad por que
además de que como individuo constantemente buscamos esa famosa salud mental, estando en
el ámbito laboral su impacto es tan profundo y la interacion que se tiene con el alumno puede
ser un factor determinante en la autoestima y seguridad del niño, lo que desprende la uurgente
necesidad de que tanto padres de familia como docentes trabajemos en nuestro propio
desarrollo de las competencias emocionales lo que me hizo reflexiona aun mas y cimpredi que la
enseñanza no debe reducirse a un conocimietno mecanico o al mero procesamiento de la
información por que tal como se afirma “Cuando la enseñanza renuncia a proporcionar al
alumno ese mundo de valores que alimenta y fortalece la libertad, que es el objetivo primordial
de la educación occidental, no forma hombres, sino masa. (pp. 249 - 257).
Cabe mencionar que en el articulo tambien se destaca la importancia de la neurociencia en todo
este proceso y pata mi fue muy significativo entender como un cerebro emocionado es mas
propenso a aprender y me hizo muchísimo ruido lo que menciona Francisco Mora Teruel quien
asegura que no puede haber aprendizaje sin emoción, y que la emoción por aprender a
cualquier edad parte de despertar la curiosidad, la atención, el interés por aprender, es decir, de
emocionar el cerebro.
Por otro lado no comprendi muy bien que algunas personas consideren que el desarrollo de
habilidades socioemocionales puede verse como un recurso para paliar los efectos del estrés
laboral o que lo ven como un instrumento de manipulación y sometimiento pero lo que si
comprendi es que la educación socioemocional no se trata solamente de un posicionamiento
romántico sino que se centra en una visión objetiva de la realidad, para mi no es una estrategia
sino una necesidad que se debe de fortalecer en la vida diaria y en ese punto me dio mucha
esperanza y alegría lo que mencionaba la lectura respecto a que el bienestar es algo que se
puede ejercitar Davidson afirma que se trata de una habilidad y como tal se puede entrenar; se
puede aprender bienestar como se aprende cualquier otra habilidad, eso me dio alas para poder
sentirme mas segura y a la vez para saber que existen multiples maneras de buscar ese bienestar
mas allá de las circunstancias o de la adversidad, tales como la meditación y el
autoconocimiento ya que el artuiculo hace énfasis en el conocimiento de si mismo lo que desde
mi perspectiva considero que es la base de la competencia emocional y la primera dimensión de
la educaicon socioemcional.
Esta lectura sobre educación socioemocional tuvo un impacto profundo en mí. Antes de
comenzarla, me encontraba en un momento difícil y decidí enfocarme en mi tarea para
distraerme. Sin embargo, al adentrarme en el texto, encontré una inesperada sensación de paz y,
al finalizarlo, me sentí más tranquila, como si hubiera liberado un peso que llevaba conmigo.
Lo primero que entendí de la lectura fue que su propósito es entender el poder de las emociones:
reconocerlas, tanto en mí como en los demás, y aprender a gestionarlas de manera asertiva. Me di
cuenta de los enormes beneficios que esto aportaría a la vida cotidiana. Además, al explorar las
diferentes perspectivas a lo largo de la historia y la evolución de estos conceptos, entendí que la
educación socioemocional es un tema profundamente subjetivo, donde muchos enfoques pueden
ser válidos. Aun así, algo que quedó grabado en mí fue la propuesta de Epicteto sobre la
importancia de centrar nuestra atención en lo que realmente está dentro de nuestro control, sin
cargar con responsabilidades que no nos corresponden.
Otro aspecto que me marcó fue el papel del docente en la sociedad. Como individuos, buscamos
constantemente el equilibrio emocional, pero al leer el artículo me pareció importantísimo como
en el ámbito educativo, este bienestar cobra aún más relevancia.
La interacción del maestro con sus alumnos puede ser determinante en su autoestima y
seguridad, lo que resalta la necesidad urgente de que tanto docentes como familias trabajemos en
nuestro propio desarrollo emocional. Reflexioné profundamente sobre el verdadero propósito de
la enseñanza y llegué a la conclusión de que no debe limitarse al conocimiento mecánico o al
simple procesamiento de información. Como bien se menciona en la lectura: “Cuando la
enseñanza renuncia a proporcionar al alumno ese mundo de valores que alimenta y fortalece la
libertad, que es el objetivo primordial de la educación occidental, no forma hombres, sino masa”
(pp. 249-257).
Otro punto que me resultó significativo fue la relación entre neurociencia y educación
socioemocional. Me sorprendió comprender cómo un cerebro emocionado es más receptivo al
aprendizaje. La afirmación de Francisco Mora Teruel de que no puede haber aprendizaje sin
emoción resonó en mí, pues enfatiza la importancia de despertar la curiosidad, la atención y el
interés en los estudiantes para generar experiencias de aprendizaje significativas.
Si bien hubo aspectos del texto que no comprendí del todo, como la idea de que algunas personas
ven el desarrollo de habilidades socioemocionales como una herramienta para paliar el estrés
laboral o incluso como un mecanismo de manipulación, sí logré captar que la educación
socioemocional va más allá de un ideal romántico. No es solo una estrategia, sino una necesidad
que debe fortalecerse en la vida diaria.
Una parte del artículo que me llenó de esperanza fue la perspectiva de que el bienestar es algo
que se puede ejercitar. Davidson afirma que el bienestar es una habilidad que se puede entrenar,
al igual que cualquier otra. Este concepto me dio seguridad y optimismo, pues implica que existen
múltiples maneras de construir nuestra propia estabilidad emocional, sin depender únicamente de
las circunstancias externas. Estrategias como la meditación y el autoconocimiento cobran aquí un
papel fundamental, ya que el artículo destaca que el conocimiento de uno mismo es la base de la
competencia emocional y la primera dimensión de la educación socioemocional.
En conclusión, esta lectura no solo me brindó conocimiento, sino también alivio y una nueva
perspectiva sobre la importancia de la educación socioemocional en la vida diaria. Me hizo
reflexionar sobre mi propio bienestar y el de los demás, reafirmando la necesidad de fortalecer
estas habilidades tanto en el ámbito personal como en el educativo.